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Hakuoki Shinsengumi Kitan, Todos los personajes le pertenecen a sus respectivos creadores (Otomate e Idea Factory Design), esta historia nació con el único fin de entretener sin ánimo de lucro alguno.

7. Lanza contra espada

—¡Saquen al Daimyo de aquí! ¡Ahora! — ordenó Kiyoshi a la escolta del Daimyo en cuanto recibió el aviso de su subordinado.

—Nosotros le acompañaremos— intervino Kondo, ¡Inoue!, ¡Heisuke!, ¡Hajime!, acompáñenme a escoltar al Daimyo, no hay tiempo que perder, señor Yamaguchi, dé la orden de evacuación.

—A todos los presentes— anunció el señor Yamaguchi— les pido que no cunda el pánico, ha surgido un imprevisto y les pido de favor que se retiren a sus hogares, sigan las indicaciones de los capitanes de las divisiones de lanceros para mejor seguri...

No había terminado de decir aquella frase cuando se escuchó un grito desgarrador y la muchedumbre comenzaba a correr, a lo lejos se observaba a un grupo de Ronins cubiertos todos por largas capas negras, con una catapulta, cuya carga arrojaron a los presentes desquiciándolos todavía más; resultaron ser cabezas de patrulleros discípulos de Kiyoshi.

¡Ishida-san! — chilló Yuzuki cuando el alcance de una de las cabezas rodó a sus pies.

—¡Destruyan todo! — ordenó uno de los del grupo quienes se lanzaron al ataque con katanas en las manos.

—¡Protejan al Daimyo!— ordenó Hijikata a sus hombres mientras preparaba su ataque junto a Kiyoshi

—Por aquí señor Yamaguchi— señaló Sannan al perplejo Daimyo mientras Kondo, Saito, Inoue y Heisuke formaban una barrera en torno a él y se encaminaron a la salida trasera del lugar mientras el resto de su escolta corría a combatir a los Ronins que intentaban acercarse a la gente.

¡Al fin un poco de diversión! — se alegró Okita mientras se lanzaba al ataque junto a Shinpachi, ambos con sendas katanas en mano.

—¡Kyouya! — Gritó Kiyoshi a su hijo — ¡ayuda a evacuar a los civiles!, queremos el menor daño posible...

—¡Yo también ayudaré! — dijo Yuzuki con determinación y odio en sus ojos por lo que le habían hecho a Ishida.

—¡Ni hablar!, ¡Te vas! — ordenó su padre.

—Pero.. Yo— empezaba a protestar su hija, cuando alguien le puso una mano en el hombro, se trataba de Harada, quien le tendió su lanza—.

—Úsala para proteger, no para asesinar, te cubriré las espaldas— añadió éste desenvainando su espada. La chica le dirigió una mirada agradecida y ambos se metieron entre el gentío para ayudar.

La batalla se desencadenó, los Ronins destruían todo a su paso y los lanceros trataban de evitar que llegaran a la muchedumbre que se aglomeraba en la salida trasera del terreno donde estaba montado el festival.

—Por favor, estén lo más tranquilos posible— sugería Yuzuki mientras ella, Kyouya y Harada apremiaban a la gente a que saliera en orden y no perdían vista de los lanceros que luchaban contra los espadachines, por fortuna ya no faltaba mucho para concluir con esa tarea.

Por otro lado, Hijikata y Kiyoshi luchaban con fiereza espalda con espalda contra diversos atacantes.

—Nunca pensé que se atreverían a hacer esto— gruñó Kiyoshi, esto solo puede ser obra de una persona pero.. No, ¡es imposible! — dijo hiriendo a un espadachín.

—De todas formas, hemos de estar alertas— advirtió Hijikata, no hemos localizado al líder de esta emboscada.

Mientras tanto, Kyouya y su grupo ya habían concluido de evacuar a los pueblerinos, cuando fueron atacados por tres Ronins, por lo que agradeció que su hermana fuera lo bastante desconfiada para portar su lanza y se defendía de su atacante.

—Menuda nochecita— dijo Yuzuki bastante irritada mientras desarmaba a su atacante y lanzaba su espada lejos, no sin antes noquearlo con la parte no punzante de su arma.

—Pero no digas que no esperabas algo de adrenalina — dijo Sanosuke mientras luchaba con su enemigo, sus ojos destellaban la emoción característica de un guerrero.

—Sí tienes razón— admitió la chica y Harada observó que hacía el esfuerzo para que no se reflejara en su rostro el atisbo de una sonrisa.

—Ayudaré a nuestro padre — dijo Kyouya antes de salir corriendo hacia el lugar de batalla de su progenitor.

—También debo ayudar a los míos— le indicó Harada a Yuzuki — te recomiendo que te resguardes en un lugar seguro porque sé que estaría perdiendo el tiempo si te pido que regreses a casa.

—Puedo ayudar a combatir — aseguró la joven.

—¡No! — Negó Sanosuke con firmeza— sé que eres buena lancera, pero el campo de batalla no es para damas, déjalo en nuestras manos, es nuestro deber la protección de los débiles.

— ¡No soy una damisela en apuros!—protestó Yuzuki indignada.

—Yo sé que no— contestó Harada mirándola a los ojos — Por favor, confía en mí.

—Está bien — dijo la aludida con voz baja— iré a resguardarme, y dando un último vistazo al guerrero pelirrojo que se alejó; tomó su arma y emprendió la búsqueda de un lugar seguro por los alrededores del lugar cuando descubrió a una mujer con su hijo en brazos agazapada contra un árbol siendo amenazada por un Ronin vestido con una armadura negra y cubierto por un sombrero. A los pies de ambos se encontraba un cadáver, La chica supuso que se trataba del marido de la mujer.

—No nos hagas daño— lloraba la fémina — ten piedad de mi hijo, solo es un bebé.

—Estoy aburrido— le espetó el Ronin con aspereza — mis secuaces no consiguieron traerme la cabeza del Daimyo, no creía que el viejo Kiyoshi contaría con refuerzos... Estoy muy disgustado, con alguien he de descargar mi furia— dijo levantando la espada pero se interrumpió cuando una pedrada le llegó por la espalda, haciendo que se olvidara de su objetivo y volteó desconcertado.

—Realmente tienes bolas para agredir a gente indefensa— dijo una voz cargada del más puro odio a poca distancia. — ¡eres un desgraciado! — gritó Yuzuki, quien adoptó postura de ataque con su arma.

—Interesante — dijo el Ronin consiguiendo olvidarse de la mujer y se encaró a la chica que lo miraba, nadie se le había enfrentado de aquella forma ni mucho menos una joven.

—¡Qué espera para irse!— Le apremió Yuzuki a la mujer.

No necesitó oírla repetir la orden, ahora que su captor no le ponía atención, tomó a su hijo y echó a correr dejando a Yuzuki a solas con el Ronin.

—Tienes agallas jovencita — observó el Ronin esbozando una sonrisa macabra, la chica no conseguía verle la cara pero su instinto le indicaba que se trataba de una persona bastante peligrosa, tenía que llevarlo con los demás o se vería en serios aprietos.

—Eso me lo dicen siempre — dijo con voz firme.

—¡Qué bien!, porque serás tú mi entretenimiento esta noche, contestó el Ronin muy interesado.

Mientras tanto, en el área de combate, Kiyoshi y el grupo de Hijikata habían conseguido mermar las fuerzas de los Ronins; unos habían caído en combate a manos de los lanceros y otros habían emprendido la huida.

—Pff, ¡al fin terminamos!—dijo Shinpachi a Harada mientras flexionaba sus musculosos brazos.

—Sí, pero no olvides que me debes un sake— le recordó Okita con alegría— te gané la apuesta, derroté a más Ronins que tú— Shinpachi gruñó.

—¿Estas bien hijo?— le preguntaba Kiyoshi a Kyouya, quien se sostenía un brazo.

—No es nada padre— aseguró su hijo con voz tranquilizadora — solo es un rasguño superficial— dijo mientras miraba su brazo y en efecto, la herida no era profunda.

—¿Estamos todos? — Preguntó Hijikata.

—Sí— contestaron sus hombres.

—¡Esperen un momento!— dijo Kyouya alarmado — ¿Dónde está Yuzuki?.

Antes de que alguien pudiera responder, se escucharon gritos de auxilio, una mujer con un niño en brazos corría hacia ellos.

—Alguien... ¡Ayuda por favor!—imploró a Hijikata antes de caer de rodillas, el bebé estaba sollozando, ¡qué alguien la ayude!.

—Tranquila, ¿Qué ocurre?— le preguntó Hijikata con calma.

—Ro-ronin— respondió la mujer casi sin aliento— una.. Chica, portaba una lanza, me salvó, pero.. Se quedó atrás enfrentando al agresor.

—¡Oh, no!— gimió Kiyoshi palideciendo— ¡Yuzuki!.

—¿Por dónde están?— inquirió Hijikata con firmeza, a lo que la mujer les señaló el lugar, a lo que Hijikata salió corriendo en esa dirección, seguido de cerca por Harada, Okita y Shinpachi.

—Kyouya, quédate con esta dama— ordenó Kiyoshi en un tono que no admitía protestas, dejando a su hijo con expresión frustrada detrás.

El cansancio comenzaba a hacer acto de presencia en la joven Yuzuki, quien ya a duras penas podía bloquear con su lanza las estocadas de su agresor, que a su vez parecía bastante emocionado de que una mujer le presentara batalla.

— ¡Nada mal! — le felicitó el Ronin veo que tienes bien dominado el estilo Sojutsu, pero incluso eres prudente, no te atreves a atacar porque sabes que tienes las de perder, eso me gusta— dijo con regocijo— tu estilo me recuerda a un viejo rival que tuve.

— ¿Un viejo rival?—Preguntó la chica sorprendida y comenzaba a atar pequeños cabos en su mente.

—Sí, así es— sonreía el Ronin sin dejar de apuntarla con su espada— hace dieciséis años me enfrenté con un guerrero lancero y me derrotó. Eso mancilló mi honor, pero me tomé una pequeña revancha personal— añadió con picardía como si hubiera hecho una travesura— entré en su dojo y me di la tarea de descuartizar a su esposa, una mujer muy hermosa, me pregunto por qué no opuso mucha resistencia...

Pero no terminó de contar su historia, apenas le dio tiempo de bloquear una ofensiva estocada de lanza que le había dirigido la joven, sus ojos verdes destellaban locura e ira en su totalidad, le lanzó una mirada que lo hizo retroceder unos pocos pasos

—Así que eres tú— dijo con un murmullo suave pero mordaz, al Ronin le pareció que había recuperado fuerzas.

—Mira no sé lo que te pase, eso no tiene que ver conti.. — pero no lo dejó terminar, se vio un destello de la lanza, en cuya punta comenzó a brillar un líquido escarlata, le había hecho un tajo en la cara.

—Sí, si tiene que ver conmigo— dijo con una calma inusual— más de lo que te imaginas.

—¡Perra!— argulló el aludido mientras se sujetaba la mejilla donde había recibido la cortada. — ¡¿Quién demonios eres?!.

—¡¿Es que acaso no me reconoces?!, estalló con voz desquiciada e impregnada de odio. ¡¿No ves el reflejo de aquella mujer en mí?!, ¡Pero yo sí te reconozco ahora Tazaki Daichi! .

—No puede ser —dijo desconcertado ¿Ayami Kiyoshi?

—¡Sí que eres un completo imbécil!— gritó, ¡YO SOY YUZUKI KIYOSHI!, ¡Ella era mi madre!, ¡Y tú hiciste de ella una carnicería!.

—Ahora lo entiendo todo— dijo al fin Tazaki — retomando su postura ofensiva y la miró con interés renovado. — estabas oculta en aquél cuarto, por eso no opuso resistencia pensó que me la llevaría.

—¡Y ahora yo seré quien te descuartice a ti!— gritó triunfante la joven.

No había terminado de decir aquella frase cuando tres siluetas se interpusieron entre ella y Tazaki mientras que una cuarta la sostenía por ambos brazos por detrás, haciendo que su lanza cayera al suelo.

—¡¿Qué demonios creen que hacen?!— pataleaba Yuzuki fuera de sí a Shinpachi que era quien la sostenía mientras Hijikata, Okita y Harada apuntaban a Tazaki con sus respectivas espadas, — ¡Es mío!— chillaba con fiereza. ¡No interfieran!.

—¡Silencio!— resonó la colérica voz de su padre que había llegado a la escena y miraba con furia a Tazaki, que estaba de lo más tranquilo a pesar de que lo superaban en número.

—¡Qué sorpresa, Hatori!— saludó Tazaki como si hubiera visto a un antiguo colega.

—Daichi— murmuró con desdén Kiyoshi sin bajar la guardia.

—Han pasado dieciséis años— dijo— No esperaba que tuviera que encararme con tu hija antes que contigo, te juro que no la reconocí; pero ahora que la veo bien, es idéntica a su madre, salvo por el color de cabello y los ojos, recuerdo que los de tu mujer eran grises y su cabello era del color de la madera de ébano. No te ofendas compañero, no suelo recordar a mis víctimas destazadas.

—No caiga en provocaciones Kiyoshi-san— intervino Harada con calma, pero sus ojos ambarinos miraban con repulsión al hombre que había arruinado la inocencia de la joven Yuzuki.

—¡¿Qué asuntos tienes en Jozai?! — exigió saber Kiyoshi.

—Varios— respondió Tazaki— pero me temo que no sería la clase de cosas que te contaría precisamente a ti.

—¿Qué tal si te hacemos hablar, por las malas? — amenazó Okita con repudio, pues habían escuchado todo el relato que el ronin le había hecho a la joven.

—Me temo que hoy no joven caballero— respondió el aludido, envainando su espada— aunque me mataran, los planes que dominarán Jozai seguirían adelante— dijo con pereza— ya tuve suficiente diversión— dio un chasquido y seis ninjas aparecieron alrededor del grupo.

—¿Ya terminó de jugar señor Tazaki?— Preguntó el más cercano —el clan nos espera.

—Emprendamos la retirada, ya ajustaremos cuentas después; será cuando menos lo esperen — prometió Tazaki con desdén al grupo de Kiyoshi a lo que su escolta de ninjas lanzaron sendas bombas de humo que nubló la visión de los presentes.

—Se fueron— observó Harada una vez que se disolvió el humo. Todos envainaron sus espadas.

—¡¿Quieres soltarme de una maldita vez?!—gritaba Yuzuki fúrica sin dejar de forcejearle a Shinpachi.

—Solo si te calmas— le espetó éste.

—Suéltala Nagakura— Ordenó Hijikata.

Al verse libre, la joven no dudó en tomar su lanza, lista para salir en persecución de su enemigo pero Hijikata le cerró el paso.

—A un lado— dijo Yuzuki colérica, pero Hijikata le apuntó con su espada y ella lo miró con verdadero odio.

—Yuzu— le llamó Kiyoshi con voz calmada—¿Qué pretendes hacer?

—Irlo a buscar, desde luego — contestó ella sin dejar de mirar a Hijikata.

—Sobre mi cadáver— le dijo el lugarteniente.

Sin medir sus actos la joven le lanzó una estocada de lanza, pero Hijikata fue más hábil y consiguió desarmarla con un solo movimiento de espada.

—Hijikata-san ¿Qué hace?— preguntó Kiyoshi alarmado.

—No se preocupe Kiyoshi-san— le murmuró Okita por lo bajo — deje que Hijikata se encargue.

Harada y Shinpachi observaban la escena con gesto impasible.

—¡Tómala de nuevo!— le ordenó con frialdad, ¡Atácame si realmente estas dispuesta a matar!

Con rabia, la joven tomó su arma y atacó con fiereza a Hijikata, quien bloqueaba con facilidad sus estocadas.

—¿Eso es todo lo que tienes?— Preguntó — No creo que Tazaki sea menos hábil que yo, tus ataques no son nada.

Aquel comentario enfureció más a la joven, que empeñaba todas sus fuerzas con cada golpe de lanza, no conseguía hacer retroceder al guerrero de ojos violeta.

—¿Crees que es fácil?, ¿Tienes la frialdad en la sangre capaz de terminar con la vida de otra persona?, ¿Estaría tu madre satisfecha con tu proceder? ¿Harías lo que le hicieron a otra persona,? — añadió antes de volverla a desarmar y derribarla al suelo.

El impacto de las palabras de Hijikata logró que Yuzuki desistiera de su ataque; en su lugar se quedó arrodillada con la mirada perdida en el piso.

—Escucha Yuzuki-san— se agachó Hijikata y le dijo con voz amable— sé que pasaste por un momento muy duro, pero te prometo por mi honor como Samurai, que Tazaki recibirá el castigo que le corresponde por lo ocurrido hace dieciséis años, de eso nos encargaremos nosotros; ya no cedas al odio, Te lo juro con mi propia espada— añadió levantándole la mirada con su mano.

—Es..ta bien— contestó ella con la voz apagada.

—Bien, eso zanja ese asunto— se levantó Hijikata y le tendió una mano amistosa, que ella aceptó para ponerse de pie.

—Será mejor que vayamos a casa— mencionó Kiyoshi posando las manos sobre los hombros de su hija. — ha sido una noche muy larga y todos estamos cansados.

—De seguro Kyouya nos espera— dijo Shinpachi

—Entonces vámonos — sugirió Okita, y todos emprendieron la marcha de regreso a la explanada del festival mientras Yuzuki los seguía en silencio.

—Las manos de una dama no deben mancharse de sangre, me pareces muy bonita y delicada como para llegar a esos extremos— le mencionó Harada en voz baja situándose a su lado cuando notó que ella se rezagaba un poco.

Yuzuki se detuvo en sus pasos.

—Yuzu, ¿ocurre algo? — Preguntó su padre quien se percató también de su retraso

Y entonces ocurrió. La joven comenzó a sollozar, gruesas lágrimas resbalaban por sus mejillas, sacando a flote las emociones que por varios años llevaba contenidas, cayendo de rodillas, intentando contenerlas como mejor podía.

—Llora, no te reprimas más — le alentó Sanosuke mirándola con compasión arrodillándose a su lado y se sorprendió cuando ella lo abrazó fuerte sin dejar de llorar.

—Nosotros nos adelantaremos— avisó Hijikata, llevándose consigo a Okita y Shinpachi.

Kiyoshi se quedó contemplando la escena en silencio agradecido de que por fin su hija abriera sus sentimientos.

—Se quedó dormida— le dijo Harada a Kiyoshi después de un largo rato, mirando la expresión serena de la joven.

—Fueron demasiadas emociones para ella— observó Kiyoshi.

—Sí no le molesta, yo la llevaré— sugirió Sanosuke cargando con ella en su espalda.

—Regresemos a casa muchacho— los demás se preocuparán.

Y así ambos emprendieron el camino de regreso a casa. Yuzuki esbozó una leve sonrisa de tranquilidad mientras dormía, su carga emocional se había liberado.

Continuará…

Ya hizo su aparición el antagonista principal de esta historia,TazakiDaichi, viejo rival deHatoriy el asesino de la madre deYuzuki, es unroninbastante sádico ¿qué otros planes tendrá contraJozai?. Por otro lado, ¿quién mejor queHijikatapara controlar la rabia de la chica? la verdad no se me ocurría nadie mejor que él. Espero que sigan disfrutando la historia.