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Lentamente ella empezó a abrir los ojos hasta dejarlos ensanchados. Mi pecho se oprimió, nervioso. Me pregunto qué habrá entendido con mi confesión. Es decir, podría tener miles de interpretaciones. Pero conociéndola, solo una se encontraba en su mente.

—¿Me quieres? —preguntó.

Dejé el tenedor que sostenía sobre el plato y lo alejé. Comenzaba a estorbar.

—Por supuesto. —respondí con un dejo de nostalgia que intuyo que no llegó a notar.

Un lado mío rogaba porque me rechazase, de esa forma volvería a ser libre... Libre de esos molestos sentimientos que me perturbaban y me impedían pensar con claridad. Tenía una misión que cumplir, no podía estar atada de esta forma.

Pero sucedió todo lo contrario. En vez de rechazarme, una radiante sonrisa empezó a formarse en sus apetecibles labios. No pude evitar descender la mirada y perderme en ellos. Tenía que mirar hacia otro lado con urgencia o esto terminaría en algo de lo que podría llegar a arrepentirme.

—Ivy...

No lo digas..., será mi perdición.

—Yo también te quiero.

Y lo dijo. Sus palabras me carcomieron por completo. La duda me invadía, ¿cómo me quería? ¿En qué sentido? ¿Qué hay del Joker? Una gran cantidad de intrusas preguntas atacaron a mis pensamientos, dejando a mi mente en blanco ante la carga de estas. La miré en silencio en un intento de descubrir la verdad detrás de sus pupilas. La luz de la luna entrando por la ventana seguía iluminándonos, y no podía dejar de pensar que era simplemente un momento perfecto.

Llevé la mano a su rostro y lo acaricié con ternura. Ella dibujó una suave sonrisa. Su rubio cabello; sus celestes ojos, esa mirada que desprendía locura pero también tristeza. Pensé que era el ser más bello del universo, y eso... me asustó. Me asustó porque lo que más temía finamente sucedió.

Me enamoré.

Mi palma se resbaló por su mejilla, apenada, pero su mano no me permitió desligarme. La sujetó con fuerza y volvió a acomodarla sobre su rostro.

—Te quiero, Ivy.

Entrecerré los párpados con el corazón pidiéndome a gritos ayuda de tan rápido que palpitaba. Me sentía una maldita adolescente y eso me avergonzaba.

Deja de repetirlo... ¿No ves que no puedo flaquear? No con la vida que llevo, no con lo que me propuse hace tiempo.

—Gracias por cuidarme —continuó, acariciándome el dorso con el pulgar—. Gracias por todo, eres la mejor amiga que podría pedir.

Oh... ¿Amiga? Claro..., eso es lo que entendió. No debería sorprenderme.

Corrió un poco el rostro y besó mi palma, estremeciéndome. Me miró de reojo conservando aquella perfecta sonrisa, y comenzó a acercarse lentamente hacia mis labios. Esta situación no se parecía en nada a una amistad, lo cual me hacía titubear... y tentarme.

—Ivy... —susurró mi nombre a escasos centímetros de mi entreabierta boca. Sujetó mi mejilla y se aproximó un poco más—. Eres tan hermosa...

Me perdí en sus ojos. No mentía al decir que me quería, no mentía al decir nada. Lo sé, pero solo por instinto. He manipulado a demasiada gente, sé cuando esconden algo. Sé sus más profundos sentimientos. Pero con esta chica todo siempre fue un enigma. Su mente era un mundo más allá de lo conocido, más allá de la cordura y de mis expectativas.

Pestañeé al captar como seguía acercándose con una clara intención de besarme. Sabía que su forma de expresar agradecimiento era extremista, pero este acto... lo sentía diferente.

—Las amigas no hacen esto... —me animé a hablar en un murmullo, buscando con la visión sus labios.

—¿Quién lo dice? —Rió por lo bajo—. Tú eres la menos indicada para decirlo, roja. —dijo, cerró los ojos y rozó sus carnosos labios contra los míos, despertando una hambruna insaciable en mi interior.

Tragué saliva con rudeza, rogándome parar. Rogándome detener esta locura que podía llegar a ser el inicio de mi perdición. En otra ocasión hubiese cedido, pero no podía. Estábamos hablando de Harley Quinn, después de todo. No era cualquiera para mí, no debía sentir algo así, no con alguien como ella. Con alguien tan... confundida pero importante para mí.

Desvié la mirada, bajando los párpados. Estaba avergonzada. Era la primera vez que reaccionaba de esa forma en mi vida. No estaba acostumbrada a no tener el control, cosa que notó.

—¿Qué te pasa, Pame? Tú no eres así. —bromeó con una socarrona sonrisa.

En efecto, tienes toda la razón del mundo. No soy así, por eso esto debe parar.

No obstante, mis manos no la detenían. Seguían intactas sobre las sábanas. Ella seguía sujetándome el rostro sin ganas de soltarlo. Me acarició con los dedos, destrozando mí defensa.

—Ivy..., está bien.

La espié de reojo y atajé su mano que, comparada con mi piel, se encontraba en demasía fría.

—Te quiero, Pame.

Mi labio inferior se desprendió, entusiasmado. Mi respiración se aceleró, desesperada. Estaba a punto de rebalsar.

Ah... No puedo más.

—Está bien... —repitió, acortando de nuevo la distancia—... haz lo que quieras conmigo.

Abrí los ojos de golpe.

—De esa forma, yo podré hacer lo que quiera contigo. —finalizó, deslizando la lengua por mi comisura.

Y eso fue todo. Ese obvio permiso destruyó por completo mi caparazón.

Mordiéndome el borde del labio, atrapé su rostro con ambas manos y destruí esa maldita distancia. Presioné los labios sobre los suyos con fuerza; con exasperación, como hacía tanto tiempo quería hacerlo. Harley no tardó en mostrarse complacida, enredando las manos en mi cabello y perdiéndose en él, proporcionándome caricias que juré jamás olvidar.

—Harley... —suspiré sobre su aliento, para luego entreabrir los labios y asomar la lengua por ellos. Los suyos me imitaron y me dio una cálida bienvenida que no pude rechazar.

Sonrió sobre mi piel y se adentró en mí. Nuestras lenguas se enredaron de una armoniosa pero también exasperada forma, creando una explosión en mí, ahora, en demasía acalorado cuerpo.

Caí de espaldas en la cama, junto con su cuerpo, que no tardó en acorralarme. Si no me detenía esto iba a terminar en una locura. Pero... ¿a quien quería engañar? Su locura era lo que más me encantaba y necesitaba.

Con la respiración entrecortada, presioné su labio superior y me desplacé hasta el inferior, succionándolo.

Tan deliciosa...

Era todo, estaba rendida. Y eso solo podía significar una cosa; ahora nada iba a detenerme de hacer lo que quisiera con ella, de lo que tanto venía reprimiendo. Ya no tenía a mi querido caparazón que me protegía, y no podría estar más complacida por ello.

Dibujé una ganadora sonrisa y la aparté un poco con las manos, pero no la solté. Era muy tarde, no la dejaría ir.

—Ya era hora de que cayeras en mis garras... Quinn. —musité y deslicé la punta de la lengua dentro de su labio superior, elevándolo. Ella sonrió lascivamente. Gesto que adoré.

—Era cuestión de tiempo, Poison.

Abrí los ojos, un tanto sorprendida. ¿Así que no era solo yo la única implicada en esto?

—¿Por qué te sorprendes? —cuestionó en un murmullo, mientras comenzaba a quitarme mi traje por los hombros— ¿Todavía no sabes con quién estás tratando?

Elevé una traviesa comisura y llevé las manos a su larga playera que usaba para dormir. Empecé a levantarla y unos perfectos y simétricos pechos que ya conocía rebotaron frente a mis apagados ojos.

—Eso mismo te pregunto, Harley. No creo que sepas con quién estás tratando.

—Oh, claro que lo sé. —Impulsó el cuerpo y se acomodó entre mis piernas—. Estoy tratando con la villana más preciosa que conocí en mi vida.

Ahogué un jadeo al percibir como sus manos delineaban mi cintura y ascendían por ella hasta capturar mis pechos.

—Que a todo esto, siempre deseé. —agregó, presionándolos.

Me sonrojé mientras detallaba en primer plano como agachaba la cabeza y se sumía en medio de mis atributos. Sus cabellos me acariciaron, generando que tiritara.

—Hueles bien... Siempre hueles tan bien, tal como una flor.

Sus labios besaron mi piel y aquella voraz lengua empezó a deslizarse por las curvas de mis pechos hasta atrapar uno de mis pezones, que ya se mostraba entusiasmado.

—Ah... —jadeé, estirando el cuello hacia atrás. Enredé los dedos en su desordenado cabello y la apegué más contra mi pecho. Necesitaba sentirla con urgencia, en especial a esa traviesa rodilla que estaba presionando mi entrepierna.

Me dejé llevar por completo, percibiendo gratamente como sus manos acariciaban todo mi cuerpo, dándole una especial atención a mis partes más sensibles.

—H-Harley... —Giré el rostro hacia el costado, agitada y frunciendo los dedos contra la sábana. Ella elevó los ojos por encima de mi vientre y me sonrió con una dulzura que jamás tuve el placer de presenciar hasta hoy.

—Te quiero, Ivy.

La contemplé desde lo bajo y le sonreí también.

—Y yo a ti, mi pequeña psicópata. —musité, acomodando un rebelde cabello detrás de su oreja.

Emanando una burlona risita, volvió a su deber. Ella tenía por completo el mando; estaba ganando la batalla, y quizás también la guerra.

Pero lo que Harley no sabía..., es que no solo se había ganado mi cuerpo, sino también mi corazón.


Segundo capítulo entregado de este fic que todavía no sé en qué va a terminar jaja.

¡Gracias por leer y comentar!

¡Los leo en el próximo!