Las palabras del detective de Osaka
Habían pasado exactamente cinco minutos en los que Shinichi estando en frente de Heiji, esperaba un tanto ansioso a que el moreno Kansai de una vez por todas le dijera aquello que de alguna manera despertaba su curiosidad.
—Vamos Hattori, no tengo todo el día—Dijo Shinichi cruzándose de brazos, teniendo en su rostro una mueca de molestia. Mientras el moreno del oeste, un tanto nervioso, tenía su mirada clavada en el suelo.
—Verás, Kudo—Dijo con notable nerviosismo.
—¿Si? te escucho...
El moreno de Osaka, se quedó en silencio pensando en cual sería la mejor forma para decírselo, la decisión estaba tomada, no había marcha atrás.
—"Vamos Heiji, puedes hacerlo"—Se animó Hattori mentalmente—Verás Kudo...Es sobre Ran
—¿Eh, Ran?—Dijo acercándose rápidamente al moreno—¿Qué tienes que dec...?
—¡Heiji! ¡Kudo!—Shinichi fue interrumpido por el grito de Kazuha desde las escaleras.
Ambos detectives, se habían sobresaltado a causa del grito de la ojiverde, sobre todo Heiji pues habían ocasiones en las que llegaba a pensar que su mujer, era capaz de leerle la mente ó que simplemente llegaba a intuir sus acciones.
Kazuha bajó rápidamente las escaleras para acercarse al dúo que se encontraba en medio del salón.
—Dios mio, me teníais preocupada, mira que dejarme una notita como esa y luego desaparecer, ya os vale—Dijo con un tono lleno de preocupación.
—Lo sentimos—Se disculparon.
Kazuha no pudo evitar mirar de arriba a abajo a Shinichi, pues las pintas que traía no eran precisamente agradables.
—¿Se puede saber que te ha pasado, Kudo?—Preguntó Kazuha fijando su mirada en el ojiazul, acercándose a él.
—Ah... bueno, es una larga historia—Respondió riendo nervioso, colocando el dorso de su mano en la nuca.—No te preocupes estoy bien, no es nada grave
Kazuha, no parecía estar muy convencida, la expresión de su rostro la delataba. Ella iba a seguir hablando pero Hattori se le adelantó.
—Kazuha ¿dónde está Kotake?—Preguntó el moreno del oeste con la intención de cambiar de tema.
—¿Kotake? E-Está dormido—Respondió.
—Esta bien—Dijo Heiji— Será mejor que tú también te vayas a dormir
—¿Eh? pero yo quiero saber sobre qué iba el caso—Habló Kazuha con notable curiosidad.
—Pero mujer, no son horas para charlar—Le regañó Heiji a Kazuha—Además no tienes buen aspecto, pareces cansada
—¿Y que te esperabas, idiota? ¡Estaba preocupada!—Le grito—¿Como querías que durmiera después de ver que ni siquiera me has llamado?
Heiji suspiró, su esposa tenía razón, desde que Shinichi y él volvieron a casa para coger el coche y emprender su camino, no le había llamado a Kazuha ni una sola vez, pues había creído que lo de la nota era suficiente, pero la situación demostraba que fue una equivocación.
—Lo siento Kazuha, debí haberte llamado, pero de verás que me fue imposible, el caso nos mantuvo muy ocupados, de verdad—Heiji intentó suavizar la situación—¿Me perdonas?
"Me puede este idiota" Eso fue lo que pensó Kazuha después de ver lo tierno que se podía poner su marido cuando sabía que había hecho algo mal, ¿Como no iba a perdonarle cuando él utilizaba esa carita de cachorrito tan bonita? Era imposible.
—Esta bien, te perdono, pero que no vuelva a suceder ¿de acuerdo?—Dijo Kazuha con una sonrisa en su rostro. Heiji se acercó a ella para plantar un beso en su mejilla a modo de agradecimiento.
Shinichi los observaba detenidamente, pensando que, definitivamente Kazuha y Heiji habían nacido el uno por el otro, se querían demasiado y eso a pesar de sus incontables disputas, su amor era incondicional. Cuan grande era la nostalgia que sentía cuando veía esta clase de situaciones, pues Ran y él, solían actuar de la misma manera en sus tiempos de instituto, peleaban continuamente pero nunca llegaban a alejarse el uno de otro, ninguna discusión lo había conseguido.
Ninguna ni nadie pudo hacerlo, hasta sucedió lo inevitable en aquel simple parque de atracciones en el que se había encontrado con los hombres de negro, aquella maldita organización que no le había dado más remedio que, no solo vivir en el cuerpo de un niño, sino que también se había visto en el deber de abandonar el país para destruirla por completo, algo que por suerte pudo conseguir en un año teniendo la ayuda necesaria. Había pensando que por fin podría volver a Japón, pedirle perdón a Ran y empezar de cero.
El problema fue cuando volvió...
Shinichi jamás se habría esperado encontrar a Ran casada con otro hombre y lo peor de todo con dos hijos.
Desde aquello había tenido que sufrir en un silencio lleno de soledad durante cinco largos años, teniendo que, muy para su pesar, aceptar el castigo que el destino le había otorgado.
Cinco años muriendo en vida...Hasta que de nuevo sucedió lo inesperado. Su ángel había vuelto para envolverle con sus alas, deseando al igual que él, sentir la calidez en su pecho.
Shinichi no creía en las casualidades, pero si en las oportunidades. Es por eso que, en aquel momento no había querido perder la ocasión, como ahora, que deseaba más que nadie saber lo que su amigo con acento de kansai tenía que decirle sobre su amada.
Realmente necesitaba saberlo...
El ojiazul al ver que Heiji no daba señales de volver hablar a cerca del tema, decidió llamarle.
—Oye, Hattori—Ni caso—¡Hattori!
El estridente grito de Shinichi sobresaltó a la pareja.
—¿Qué quieres, Kudo?—Preguntó Heiji molesto mientras se acariciaba el oído.
—¿Me puedes decir que es aquello que tenías que decirme?—Cuestionó Shinichi con otra pregunta sin decir el nombre de su amada pues no quería que Kazuha se enterase—No es por nada, pero estoy cansado, así que dímelo de una vez
Aquello enervó a Hattori a causa de la presencia de su mujer, de alguna manera se sentía culpable... ¿Qué debía hacer?
—Kudo, dísculpame un momento, tengo que hablar un momento con mi mujer...—Dicho esto, cogió de la muñeca a su esposa y la jaló hasta la biblioteca, recibiendo a cambio, una mirada dubitativa, tanto por parte de Shinichi como de Kazuha.
Una vez allí, la soltó.
—Heiji pero a que ha...
—Se lo voy a decir—La interrumpió—Le voy a decir la verdad a Kudo.
—¿Otra vez con lo mismo?—Dijo Kazuha enfadada—Heiji si haces algo así yo...
—Kudo y Ran están juntos—Así sin más se lo dijo, haciéndola callar al instante.
—¿Q-Que?
—Kudo y Ran...están juntos, él me lo contó antes de llegar a casa, por eso Kazuha debo contarle a Kudo que tiene un hijo con Ran, él debe saberlo—La sujetó con firmeza de los hombros.
—Eso no puede ser, Ran no me ha dicho nada—La ojiverde seguía sin creérselo.
—Según me dijo Kudo, su relación fue muy reciente, será por eso que no te ha dicho nada
—Heiji, ¿No me estarás mintiendo para salirte con la tuya, verdad?
—Tonta, ¿Como crees que yo podría llegar a mentir con algo así? —Hattori se quejó —Esto no es para andarse con bromas ni mucho menos para jugar, además, tú me conoces ¿Crees que estoy mintiendo?
La ojiverde miró a su marido fijamente a los ojos, y pudo ver la señal de sinceridad en ellos.
—Si...
—Oh vaya, Menos mal, ya estabas tardando...—Ironizó el moreno.
—Pero, no lo entiendo, ¿Por qué Ran no le ha dicho a Shinichi que Takheru es su hijo?—Preguntó Kazuha para sí misma—Si está con él, debería aprovechar para hacerlo
—Si, yo también pienso lo mismo
—Puede que esté esperando el momento adecuado para decírselo ¿No crees?—Supuso la moreno de Osaka.
—O puede que no piensa hacerlo, esa también sería otra opción—Acusó Heiji a Ran.
—No creo, Ran no es así, la conozco muy bien—Dijo Kazuha siguiéndole la contraria al joven kansai.
—Eso lo dices porque es tu amiga, yo no lo veo de ese modo, para mi es una necía que solamente le gusta dañar a Kudo
—Heiji no digas esas cosas, sabes perfectamente que eso no es verdad, Ran nunca le haría daño a Kudo intencionadamente, alguna razón tendrá si no quiere contarle nada—Kazuha defendió a Ran consiguiendo provocar en Heiji un gruñido de molestia.—Escucha Heiji, sé que Kudo es tu amigo y que por eso estás enfadado con Ran, pero ese motivo no es suficiente para que seas tú quien hable con él de algo tan delicado como eso, así que, deja que sea Ran quien lo haga, te lo pido por favor
—Esta bien, esta bien—Aceptó después de un largo silencio, dándose finalmente por vencido, pues la mirada suplicante de Kazuha había conseguido bajar todas sus defensas—Pero más le vale a Ran ponerse las pilas
—Lo hará, ya lo verás, mañana iré a su casa para hablar con ella—Le informó—Si es que eso te deja más tranquilo...
—De acuerdo
—Gracias cariño—Kazuha se abalanzó sobre su esposo para plantarle un corto beso en los labios.
—¿Esto es un sorborno?—Le preguntó Heiji pegando su frente contra la suya mientras ella le rodeaba el cuello con sus brazos.
—Puede...—Respondió sonriendo pícara.
—Eso no está bien señora Hattori—Le susurró al oído.
—¿Por qué no? Mientras te guste, estará bien—Dijo Kazuha para luego acercarse de nuevo a su esposo con la intención de atrapar en otro beso sus labios. Heiji había notado sus intenciones así que incitado por la acción de su esposa, comenzó a acercarse con el mismo deseo. Solo unos pocos centímetros más y...
—Jem Jem—El carraspeo de Shinichi hizo que la pareja se separa rápidamente.
—K-Kudo—Dijeron a la vez Kazuha y Heiji.
—Siento la interrupción—Se disculpó mirando hacia otro lado—Pero al ver que tardabais tanto decidí venir para saber que pasaba.
—Lo siento, Kudo—Dijo Kazuha—Fue por mi culpa
—¿Por qué dices eso? Si fue Hattori quien te arrastró hasta aquí—Replicó Shinichi mirando a su amigo con el ceño fruncido.
—Ya bueno, pero es que fui yo quien alargó la conversación—Contestó La morena con acento de Kansai sonriendo forzada.
—No te preocupes, no pasa nada—Dijo Shinichi sonriendo con los párpados cerrados. Luego dirigió de nuevo su mirada en el moreno quien se alertó al instante.
—¿Qué pasa?—Preguntó Hattori riendo forzado—¿Por que me miras así?
—Hattori, tenemos que hablar—Replicó Shinichi con otra pregunta cruzándose de brazos, luego se giró y comenzó a caminar.
—"Oh mierda"—Pensó Heiji sudoroso.
—Heiji ¿Qué les has dicho?—Le preguntó Kazuha en un susurro al moreno.—¿Acaso..?
—No te preocupes veré que hacer para salir de esta, ve a la habitación, luego hablaremos—Le replicó Hattori para de seguido seguir al ojiazul.
Shinichi se detuvo en la cocina teniendo las manos metidas en los bolsillos, manteniendo un rostro serio, sin querer demostrar lo realmente nervioso que estaba.
—¿Se puede saber qué es lo que tienes que decirme sobre Ran?—Shinichi fue directo al grano.
—Ah, sobre eso, verás—Heiji Intentaba buscar una excusa a modo de escape—Lo que tenía que decirte era que Ran está casada, tío
—¿Eh?
—Kudo, Ran está casada ¿Cuánto tiempo piensas durar así con ella?—A Hattori le dolía utilizar lo que su amigo le había contado como excusa, pero no le quedaba otra, pues no se le había ocurrido nada mejor.
Shinichi abrió los ojos a causa de la sorpresa, pero luego aquello se transformó en enojo.
—¿A qué viene esto ahora?—Preguntó el ojiazul de una forma fría, teniendo la mirada oculta bajo el flequillo.
—Yo solamente quiero verte feliz, Kudo—Le dijo Heiji—Y no creo que estando en esta situación llegues a serlo
—Soy feliz...
—¿Así, estás seguro?—Insistió Hattori. Sabía que tenía que parar, pero si él no era quien tenía el derecho de contarle el secreto de Ran, al menos intentaría hacer que su amigo reflexionara y buscase la manera correcta de estar con su amada y no vivir en una relación a escondidas.—Te lo volveré a preguntar ¿Estás seguro?
Shinichi se quedó en silencio, luego sonrió melancólicamente.
—Lo soy...pero no del todo—Respondió finalmente—Saber que Ran está en los brazos de otro hombre me está matando por dentro, me supera de sobremanera en algunas ocasiones, pero, esta es la única forma que me queda para poder tenerla a mi lado
—No, puede haber otra manera...—Replicó Heiji
—No la hay—Espetó Shinichi.
—Si la hay...—Dijo Hattori
—He dicho que no, Hattori, ya basta—Shinichi se apoyó contra la encimera de la cocina.
—Si quieres que sea completamente tuya, díselo—Insistió Heiji ignorando las palabras del ojiazul. Se acercó a él y apoyó una mano en su hombro—Escucha Kudo, por una vez, solo por una vez, sé egoísta
Una vez dichas las palabras, se apartó para luego dar un largo bostezo.
—Me muero de sueño—Dijo Heiji estirándose—Bueno me voy a dormir, estoy cansado ¿vienes Kudo?
Shinichi se giró con una ceja arqueada, mientras el moreno de Osaka salía de la cocina, realmente al ojiazul le sorprendía ver lo rápido que era Heiji cambiando de tema, indudablemente, era un caso a parte.
—"Maldito imbécil"—Pensó Shinichi saliendo al igual que Heiji de la cocina.
—Por cierto Kudo...—Hattori llamó la atención de Shinichi—Insisto sobre el caso de hoy, no te lo creas tanto porque lo tuyo ha sido pura suerte
—Más quisieras...—Replicó Shinichi mirándole de reojo.
—La próxima vez te ganaré, no lo dudes...
—Olvídame—Respondió Shinichi con los ojos entrecerrados, subió rápidamente las escaleras para luego detenerse en el final de éstas—Por cierto, mañana comenzaré mi primer día en la comisaría, así que no os extrañes por mi ausencia— Luego, el ojiazul le dio la espalda a Heiji—Hattori, gracias por lo de antes, seguiré tu consejo, buenas noches
Shinichi sin esperar respuesta , desapareció de la vista de Heiji.
—Mucha suerte, Kudo—Murmuró el moreno del oeste con una sonrisa mientras subía las escaleras. Una vez estando en su habitación, se tumbó en la cama agotado.
—¿Cómo ha ido todo, cariño?—Preguntó Kazuha acercándose a Heiji—¿Ha ido todo bien?, ¿Has conseguido despistarle? ¿Has...?
—Oye, oye, cálmate Kazuha—Contestó Heiji forzando una sonrisa nerviosa—No me hagas tantas preguntas de golpe
—Entonces responde a la primera—Dijo Kazuha inflando los mofletes, algo que a Heiji le hizo gracia, pues le encantaba ver a Kazuha poner esa cara tan infantil, le parecía adorable.
—Por suerte todo ha marchado bien—Replicó Heiji atrayendo a su esposa para que se tumbase sobre su hombro
—Menos mal...—Respiró aliviada la chica de la coleta.
—Será mejor que hables mañana con Ran para que solucione esto porque sino me va a conocer...
—Tranquilo, lo haré—Le dijo Kazuha mientras alargaba un brazo para abrazar a su marido. Ambos se quedaron en silencio, sin decir ni una sola palabra, queriendo solamente estar abrazados.
Kazuha alzó su rostro para mirar a Heiji, quien estaba sumido en sus pensamientos.
—Heiji—El llamado de Kazuha le sacó de éstos.
—¿Si?
—Te veo muy distraído—Dijo aferrándose aún más al cuerpo del moreno—¿En qué estabas pensando?
—Oh, en nada...—Respondió—Bueno, pensaba en todo lo que ha pasado hoy
—Es comprensible, has tenido un día bastante ajetreado—Dijo Kazuha riendo.
—Demasiado diría yo, sinceramente, este caso me ha parecido una autentica locura—Contestó Heiji girando su rostro para mirar a Kazuha.
—¿Tanto? —Kazuha arqueó una ceja—Cuéntame sobre qué fue, anda
— Es muy tarde ¿No prefieres que te lo cuente mañana?—Respondió Heiji mientras jugaba con un mechón del cabello de Kazuha. Después de lo dicho Kazuha bostezó inconscientemente.
—No estoy bien—Respondió
—"Tan terca como de costumbre"—Pensó Heiji, luego besó su frente—Prometo contartelo mañana, no quiero que enfermes por no haber descansado bien, y menos todavía si el causante de ello soy yo
—Esta bien, esta bien—Kazuha se rindió con los ojos entrecerrados, Heiji se rió.
—Anda duerme—Dijo Heiji mientras envolvía a Kazuha entre sus brazos—Buenas noches Kazuha
—Buenas noches, Heiji—Replicó Kazuha mientras abrazaba a Heiji por el costado.
Mientras en la mansión Kudo los susodichos del lugar conciliaban el sueño, en la residencia Kaoshiro a Reizo le pasaba todo lo contrario, pues después de ver que su esposa se había quedado profundamente dormida, había decidido aprovechar el momento para llamar a su amante, pero lo que jamás se habría esperado era encontrar incontables llamadas y mensajes de aquella mujer que, sinceramente, le ponía de los nervios.
Yukiko Kudo.
Si, indudablemente teniendo a esa mujer del demonio encima suya, no podría llevar a cabo el plan de esperar a que las cosas se calmasen para decirle la verdad a Ran.
—Maldición—Murmuró apoyando la cabeza contra sus manos.
Cogió el teléfono, el cual había dejado hacía un rato encima del sofá, teniendo en concreto, un mensaje abierto. Reizo dirigió su mirada hacía la pantalla.
A primera hora de la mañana, cogeremos un avión para ir a Japón, si encontramos a Ran desconociendo lo que andabas haciendo en Nueva York, se lo contaremos nosotros.
"Yukiko Kudo"
—"Esta mujer"—Pensó Reizo.
Apoyó su cabeza contra el respaldo del sofá, ocultando su rostro con la mano izquierda. Debía pensar en como hablar con Ran al día siguiente pues tal como estaban las cosas, no le quedaba otra opción.
Reizo se quedó pensando en lo maravilloso que había sido conocer a Ran, tenerla como amiga, compañera y esposa.
Se alegraba tanto de que el destino la haya puesto en su camino, porque si no hubiera sido por ella, tal vez se habría hundido en la misería, sabiendo que no podría cuidar solo de su hija.
Y ahí fue cuando la conoció...
Ella Había sido su salvadora, su aconsejadora y la única persona que podía comprender su situación porque ella de cierta manera vivía una similar.
Sonrió expresando en su rostro una mueca llena de tristeza, pues sabía que el futuro de ambos se bifurcaría después de la verdad.
Pero esta era la realidad y debía aceptarla, doliera lo que doliese.
Entre reflexiones y recuerdos, Reizo finalmente se había quedado profundamente dormido en aquel sofá del salón de su casa.
Y así fue como pasó aquel largo y duro día en el inmenso país de Japón.
El ruido del molesto despertador dando la hora exacta de las seis y media, hizo que Shinichi abriera los ojos con pesadez.
Después de estirarse, decidió levantarse de un salto de su cama, apartar las cortinas y abrir la ventana. Le llamó la atención el tono rojizo que el cielo presentaba, teniendo como contraste unas cuantas nubes negras, signo evidente que afirmaba que hoy iba a llover.
Se alejó de la ventana con la intención de ir al baño para darse una buena ducha. Una vez cumplido ese proceso, se dispuso a elegir uno de sus trajes, aquellos que tanto lo caracterizaban. Cuanto estuvo listo, salió de su habitación para dirigirse a la cocinar y prepararse el desayuno.
Lo único que pudo hacer sin salir mal parado fueron dos tostadas un poco chamuscadas y un simple café.
—Algo es algo ¿no?—Murmuró Shinichi.
Miró el reloj que llevaba colocado en su muñeca izquierda, eran ni más ni menos que las siete en punto, aún tenía tiempo, así que podía tomarse el desayuno con calma.
El ojiazul mientras daba un pequeño sorbo a su café, recordaba seriamente las palabras del del detective de Osaka.
Sabía que Heiji tenía razón en cuanto a la relación de ambos se refiere, pues no era la correcta, aquella situación solamente conseguía hacer que uno de los dos sufriera y en este caso, era Shinichi.
Por eso, después de haber perdido toda una larga noche sin dormir, había tomado la decisión de hablar con su karateca para que—aunque le doliera ponerla en esta situación— eligiera lo que deseaba hacer.
Una vez terminado el desayuno, se levantó de su asiento, intentando de momento, olvidar la complicada situación que vivía.
Al llegar a la entrada, cogió las llaves, tanto de la casa como las del coche, para luego salir de su elegante mansión.
Estando finalmente en el coche, alzó su mirada para observar el cielo después de escuchar las primeras gotas de agua mojando su parabrisas.
El ruido de un trueno le hizo recordar a su karateca, aquella mujer que le temía a las tormentas.
—"Ran..."—Pensó.
Sabía que tenía las de perder si la obligase a tomar una decisión,pero aún así, quería intentarlo, porque tal vez—Solo tal vez—podría existir la posibilidad de que quisiera comenzar una vida de amor incondicional junto a él, desde cero.
Con ese pensamiento, el ojiazul en su vehículo fue desapareciendo por aquella fría y larga carretera del distrito de Beika.
Mientras Shinichi se dirigía a la comisaria para comenzar su primer día de trabajo, Kazuha se encontraba en la habitación teniendo entre sus brazos al pequeño Kotake, quien había empezado a sollozar, consiguiendo despertar a los dos progenitores. Heiji, después de ver que su esposa había conseguido calmar al niño, no había dudado ni un segundo en volver a dormirse.
Kazuha a diferencia de él no había podido hacerlo, pues ya se había desvelado. Giró su rostro en dirección a la mesita de noche para comprobar la hora en el despertador.
—Las siete y media—Murmuró la ojiverde—Vaya, todavía es muy temprano
Luegó, Kazuha volvió su mirada hacía su hijo y sonrió enternecida al ver que la criatura estaba igual que ella.
—¿Quieres que te prepare el desayuno, cielo?—Preguntó la chica de la coleta, recibiendo por parte del niño una amplía sonrisa como respuesta.—Bien, pues vamos allá
Caminó en dirección a la puerta con sigilo para no despertar al hombre que reposaba en la cama con la boca medio abierta y respiración pausada.
Heiji en ese preciso instante, se veía increíblemente tierno. Parecía estar discutiendo con alguien porque no paraba de murmurar cosas y arrugar el entrecejo. Aquello a la ojiverde le había parecido muy divertido.
—"Mi querido idiota"—Pensó mientras salía de la habitación, cerrando con cuidado la puerta.
Bajó por las escaleras colocando a su hijo en su costado derecho para poder ver con más claridad por donde pisaba.
Al llegar a la cocina, se dispuso a preparar la comida tanto para Kotake, como para ese detective que seguramente no tardaría en despertar después de oler el rico y tentador olor del desayuno.
Al cabo de un rato, tenía todo el desayuno sobre la mesa, había preparado unas tortitas, un delicioso café y unas cuantas tostadas, tampoco nos olvidemos de la comida del niño, a la criatura le preparó una papilla de frutas variadas.
—Bien, voy a darle de comer a Kotake—Murmuró dirigiéndose al salón para coger al niño, pues lo había dejado en la sala antes de entrar en la cocina.
Mientras Kazuha le daba de comer al pequeño Kotake, un hombre esbelto, musculoso, y de tez morena, bajaba por las escaleras un poco despeinado, caminando a paso lento en dirección a la cocina.
—Buenos días, Kazuha—Saludó el moreno con acento de Kansai.
—Buenos días, cariño—Le devolvió el saludo.
—Mmm que bien huele—Dijo Heiji tomando asiento para deleitarse con el manjar que tenía en la mesa.
—Oye Heiji ¿Por qué no vas a despertar a Kudo para que nos acompañe?—Preguntó la morena mientras le daba una cucharada de papilla a su pequeño.
—Kudo no está—Replicó Heiji llamando la atención de Kazuha—Hoy comienza su primer día de trabajo en la comisaría, así que se habrá levantado más temprano
—¿Pero él no trabajaba ya con ellos?—Cuestionó Kazuha.—Lo digo por la nota que me dejasteís en la que decía que teniais que iros para resolver un caso
—En ese momento aún no trabajaba con ellos—Respondió dando un sorbo a su café—Y ahora que lo mencionas, Kazuha, debo contarte algo
—¿El qué?—Dijo Kazuha notando como se le erizaba la piel a causa de la penetrante mirada de Heiji.
—Sobre el caso de ayer—El detective del oeste dejó su taza de café en la mesa—No fue un caso cualquiera
Hattori le contó a Kazuha con lujo de detalles todo lo que había pasado en el día anterior. Cuando éste terminó su diálogo, se quedó en silencio, esperando la reacción de su mujer pues parecía desorbitada por la historia que había escuchado.
—Pobre Ran—Susurró Kazuha, notando como las lágrimas se deslizaban por su rostro.
—Kazuha, no llores—Heiji se acercó a ella para abrazarla—Ella esta bien, no ha sufrido heridas graves, tranquila
—Ahora entiendo el por qué del nefasto aspecto de Kudo ayer, había arriesgado su vida para salvarla...
—Si...
El detective del oeste lo único que pudo hacer fue consolar a su mujer mientras ella empapaba de lágrimas su pecho. Es por eso que no había querido contarle lo sucedido en el caso la noche anterior, porque sabía que no habría podido dormir debido a la preocupación que sentiría por su amiga.
—¿Estás mejor?—Preguntó después de ver que su esposa comenzaba a silenciar su llanto.
—Estaré bien cuando vea a Ran—Contestó limpiandose el rastro de lágrimas que había en su rostro. Se levantó—Tengo que verla
—Espera Kazuha—Heiji la detuvo.
—¿Qué ocurre, Heiji?—Interrogó Kazuha girándose hacia su esposo.
—¿No ves el tiempo que hace? Está lloviendo—Dijo Heiji—No puedes salir con este temporal, podrías enfermar
—¡Pero Heiji, yo quiero ver a Ran!
—Y la verás, no te preocupes, solo espera a que el clima se calme ¿de acuerdo?
—Si—Contestó la chica de Osaka después de relajarse.
Mientras todo esto sucedía, Ran estaba dándose una relajante ducha para despejar su mente. Cogió un jabón que desprendía un embriagador olor a fresas para de seguido llenar la esponja y pasarla por su cuerpo, se sentía realmente bien con cada gota que se deslizaba por su cuerpo.
Con los músculos completamente relajados, salió de la ducha para envolver su cuerpo con una toalla. Al secarse del todo, cogió uno de sus vestidos preguntándose internamente donde estaría su marido, pues desde que se había levantado no le había visto.
Bajó por las escaleras buscando a Reizo con la mirada y se sorprendió al encontrarle en una mala posición dormido en el sofá.
—Reizo, despierta, Reizo—Decía con su melódica voz mientras le sacudía levemente.
—¿Qué hora es?—Preguntó Reizo dándose un masaje en el hombro.
—¿Has dormido aquí toda la noche?—Cuestionó Ran con otra pregunta ignorando la suya.
—¿Eh? Si...me quedé pensando y acabe durmiendo aquí—Le contó Reizo con notable seriedad después de recordar lo que tenía que hablar con Ran.
—¿Es por el trabajo, verdad?—Interrogó inocentemente—Tan mal está tu cliente
—Ah no, no es eso Ran, yo...
Reizo dio un largo suspiro mientras se revolvía el pelo, no sabía como empezar pues le parecía bastante díficil hablar de ello.
Ran le miraba con una expresión dubitativa, nunca había visto a su esposo en ese estado, tan cansado y agobiado.
Algo le decía que lo que estaba a punto de escuchar no iba a ser nada bueno.
—Escucha Ran yo tengo que decirte algo...—Informó sin mirar a la susodicha.
—Reizo, ¿qué es lo que pasa...?
Un largo e incomodo silencio se hizo presente, Reizo sabía que había llegado el momento de la verdad, este era el mejor momento.
Si su matrimonio con Ran iba a llegar a su final, sería el quien lo acabara y no otras personas que se habían metido en su vida.
—Estoy con otra mujer...—Soltó sin más, fijando por primera vez su mirada en ella.—Estoy...con otra mujer Ran
—Tú...
—Si, te he estado engañando, nunca hubo un cliente, bueno en cierto modo lo era pero a la vez no...¡Ahhh! ¿Qué estoy diciendo—Reizo se cubrió la cara con ambas manos, intentando acompasar la respiración para poder decir las cosas con claridad—Lo que quiero decir es que estoy con otra mujer, y no es una mujer cualquiera...Es, la madre de Maru
Reizo detuvo su diálogo al ver que no obtenía ninguna respuesta, retiró las manos de su rostro para encontrarse con algo que le rompió el corazón.
La mujer que le había ayudado durante tantos años derramaba incontables lágrimas teniendo la mirada oculta bajo el flequillo.
—R-Ran yo, lo siento—Se disculpó—Lo siento tanto
—Reizo...—Le llamó con la voz rota—Yo también lo siento
—¿P-Por qué te disculpas?¡Si soy yo el que ha fallado en nuestra relación, no tú¡
—Te equivocas—Dijo la karateca—Yo también te he fallado Reizo, porque también estoy con otra persona, y tampoco es una persona cualquiera, sino el padre de Takheru
Reizo abrio exageradamente los ojos, pues realmente no se podía creer lo que sus oídos acababan de escuchar.
Ambos habían cometido el mismo pecado. Se traicionaron y no con simples personas, sino con las mismas que una vez el destino les obligó a dejar.
Es irónico que la vida te devuelva algo que es tuyo cuando ya tienes otra cosa ocupando ese lugar. Ese era el caso de Ran y Reizo.
—¿Qué haremos ahora? ...Quiero decir con los niños—Preguntó Reizo cogiendo la mano de Ran.
—Creo que deberíamos contarles la verdad, de que Takheru tiene otro padre y Maru otra madre
—Esto será lo más díficil—Respondió Reizo con un tono lleno de tristeza, luego recordó una cosa que debía preguntarle a Ran—¿Sabe Kudo que Takheru es su hijo?
—Pero, ¿Tú como sabes que...?—Dijo Ran
—Por sus padres—La interrumpió—Los mismos que tú enviaste para que me espiasen y averiguaran lo que estaba haciendo en Nueva York, fue bastante sencillo de deducir, solamente tuve que encajar unas cuantas piezas y listo
—Lo siento—Se disculpó arrepentida.
—No tienes por qué, la verdad es que sino hubiera sido por ellos no me habría atrevido a confesarte la verdad—Reizo sonrió
—Entiendo...—Replicó Ran.
—Dime, ¿Qué tienes pensado hacer?—Preguntó Reizo.
—Pensaba en hablar primero con Takheru y después con su padre—Respondió Ran comprendiendo su pregunta.—¿Y qué harás tú?
—Tenía pensado traer a Fumie para que Maru la conociese...
—Ya veo...—Contestó Ran estando cabizbaja.
—¿Cuando se lo vamos a decir a los niños?
—No lo sé—Dijo en un inudible susurró.
—Tranquila—Reizo apoyó una mano en el hombro de Ran—Buscaremos el momento adecuado, no te preocupes, todo saldrá bien
—Eso espero Reizo, eso espero...
Mientras Reizo y ran compartían su secreto, ni siquiera se habían percatado de que una persona había estado escuchando la conversación de ambos desde el principio.
Takheru, dio inaudibles pasos hacia atrás para no ser escuchado, luego se dirigió a la habitación en la que se encontraba Maru.
—Maru, vamos, despierta—Decía mientras la sacudía.
—¿Qué ocurre?—Preguntó Maru frotándose un ojo.
—Yo...tengo que decirte algo—Replicó Takheru convirtiendo sus manos en puños. Maru observaba a su hermano un tanto anonadada pues nunca le había visto de ese modo—Papá y mamá nos engañaron.
—No te entiendo, hermanito—Dijo Maru acercándose a él preocupada, después de ver que su hermano por primera vez en mucho tiempo, derramaba varias lágrimas.—Takheru...no llores
—¡Como no voy a llorar cuando escuché decir a mamá que mi papá no es mi papá y que mamá no es tu mama, tonta!
—¿Qué dices?—Interrogó con notable duda—Eso no puede ser
—Si que lo es, les escuché hablando, ahora quieren decírnoslo para separarnos—Takheru se levantó de la cama , colocándose en frente de Maru.
—Pero, yo no quiero que nos separen—Ahora era Maru la que comenzó a llorar—No quiero, no quiero
—Yo tampoco quiero que nos separen, y para que eso no suceda tendremos que escapar de casa
—¿Escapar?—Maru alzó su mirada para encontrar la de Takheru, quien se encontraba firme y con decisión.
—¿Acaso quieres que nos separen?—Takheru obtuvo como respuesta una negación con la cabeza por parte de Maru.
—Entonces vistete—Le ordenó—Yo iré a prepararme, cuando vuelva estate lista
Y sin esperar respuesta, Takheru salió a toda pastilla de la habitación de Maru para adentrarse en la suya y prepararse para la huida.
Al cabo de unas horas, la residencia Kahoshiro se vio rodeada de policías por la desaparición de dos niños.
Ran intentando controlar las ganas de llorar les informaba y daba fotos a los policías que habían venido al lugar.
—Por favor, encuentren a mis hijos—Rogó la karateca haciendo una reverencia.
—No se preocupe, haremos todo lo que tengamos en nuestras manos—Dijo el policía para luego correr en dirección hacia el coche patrulla y emprender la marcha.
Ran no había podido seguir conteniendo las ganas de llorar, se abalanzó a los brazos de Reizo y lloró como una niña pequeña.
Shinichi por otro lado, después de escuchar por la comisaría quien es habían desaparecido, no había tardado ni un segundo en comenzar también la búsqueda.
Al llegar a su coche, sacó el teléfono para pedir refuerzos.
—Habla con Kaito Kuroba—Contestó de forma divertida—¿Con quién hablo?
—Oye Kuroba soy yo, Kudo—Dijo Shinichi.
—¡Kudo!—Grito eufórico—¿A qué se debe tu llamada amigo?
—Necesito que me ayudes
—Te escucho...
Shinichi comenzó a contarle a Kaito sobre la desaparición de los hijos de Ran. Kaito ya conocía a los niños pues sus hijos estaban en la misma guardería.
—¿Ha quedado todo claro?—Preguntó Shinichi
—Como el agua, detective—Respondió—Bien, nos vemos en un rato—Y colgó.
—Voy a llamar a Hattori, cuantos más seamos mejor—Decía mientras buscaba el número de su amigo para llamar.
Mientras tanto en la mansión Kudo, Hattori hablaba por teléfono alzando aquella voz que tanto lo caracterizaba.
—Si, Kudo, esta bien, adiós—Se despidió
—¿Qué ocurre Heiji?—Preguntó Kazuha mientras observaba a su esposo ponerse la chaqueta.
—Los hijos de Ran han desaparecido—Respondió de forma apresurada—Preparense mientras yo pido un taxi, rápido
—Si—Kazuha sin seguir cuestionando a su marido, decidió obedecer para no perder más tiempo, pues la situación lo requería.
Al cabo de un rato, Heiji y Kazuha se encontraban dentro de un taxi en dirección a la residencia Kaoshiro.
Llegando finalmente a su destino, bajaron del taxi y tocaron el timbre. Kazuha y Heiji escucharon a alguien venir corriendo a la puerta para de seguido abrirla con brusquedad.
—Kazuha, Hattori—Los mencionados pudieron descifrar la decepción en el rostro de la karateca. La violácea se apartó, invitándoles a pasar. Kazuha entró a diferencia de Hattori, quien se había quedado plantado en la entrada. Ambas mujeres se quedaron mirando al moreno con una expresión de duda.
—¿Por qué no pasas Hattori?—Preguntó Ran.
—No gracias, yo tengo que irme para ayudar en la búsqueda de los niños—Informó.
Y sin decir nada más salió corriendo, dejando a las susodichas oberservando como giraba la esquina para desaparecer de su vista.
—Este Heiji...—Dijo Kazuha con los ojos entrecerrados. Luego giró su rostro para fijar la mirada en su amiga y sonreír de forma comprensiva—Ran...
Y por segunda vez, la karateca no pudo evitar desplomarse, se abalanzó a los brazos de su amiga y comenzó a llorar.
—No llores Ran, seguro que Kudo y Heiji los encontraran, estate segura—Le decía Kazuha mientras le daba leves palmaditas en la espalda.
—¿Shinichi también les está buscando?—Preguntó Ran separandose un poco de su amiga.
—Si, llamó a Heiji hace un rato y le informó de lo sucedido para que se uniera en la búsqueda—Le contó mientras Ran cerraba la puerta de la casa—Al parecer mi marido a pensado en todo, ha querido traerme aquí para que te hiciera compañia
Ran se quedó en silencio pensando en las palabras de Kazuha, el hecho de que Shinichi siempre estuviera haciendo algo por ella le llenaba el alma pero a la vez le quemaba por dentro, pues cada vez que recordaba que tenía que decirle la verdad a su detective, sentía que su cuerpo se helaba por completo.
Seguramente la odiaría después de conocer su secreto, el cual había ocultado durante varios años. Tenía miedo y tanto que lo tenía, pero no permitiría que sus miedos le hicieran seguir guardando la verdad, nunca más.
—Ran ¿estás sola?—Preguntó Kazuha dejando al niño en el suelo.
—Si, Reizo decidió unirse a la búsqueda ya que con este temporal sería díficil encontrarlos—Contestó Ran estrujando su jersey con la mano.
—"Ran..."—Pensó Kazuha abrazandola—"Por favor Dios, que Kudo y Heiji les encuentren"
Mientras tanto Shinichi al ver que la lluvia habia cesado, salió del coche para tomar el aire mientras esperaba a dos personas.
—Llegas tarde—Se quejó Shinichi.
—¿Y qué culpa tengo yo? Había un atasco del demonio, tuve que abandonar el taxi y venir corriendo—Se defendió el detective del oeste con los ojos entrecerrados.
—Y encima Kaito también sigue sin aparecer—Suspiró el ojiazul con notable molestia
—Llevo aquí un buen rato detective—Dijo una voz en el oído de Shinichi, consiguiendo provocar que un escalofrío recorriera su cuerpo.
—Maldito Kuroba, no vuelvas a hacer eso—Shinichi se tapo la oreja—¿Y cuánto tiempo llevas aquí?
—Unos diez minutos—Respondió con las manos metidas en los bolsillos—¿Y bien, cuál es el plan?
—Ya que la lluvia ha parado podrías volar—Sugirió el moreno de Osaka.
—Si claro, para que vuelva a llover, me parta un rayo, dejar a mi esposa viuda y a mis hijos sin padre—Dijo Kaito cruzándose de brazos— Me niego
—"Este imbécil"—Pensó Heiji—¿Entonces que sugieres?
—Son niños no pueden haber ido muy lejos—Respondo Kaito colocando los dedos en la barbilla.
—Yo no subestimaría a ese crío, es muy astuto para la edad que tiene—Replicó Hattori chasqueando la lengua.
—Hmmm...aún así no deja de ser un niño por muy astuto que sea—Insistió Kaito—Yo me arriesgaría en buscar por los alrededores del barrio de Beika, tal vez tenga algún lugar secreto o algo en el que esconderse
Ante las palabras de Kaito, Shinichi soltó una pequeña carcajada llamando la atención de ambos.
—¿De qué te ríes Kudo?—Preguntaron al unísonio.
—Es que me acordé de algo que solía hacer de niño—Les contó—Cuando era pequeño me enfadaba mucho con mis padres porque no tenían tiempo para mí, así que en más de una ocasión me escapé de casa y me escondía en lugar durante todo el día—Continuó—Han habido veces en las que mis padres no tuvieron más remedio que llamar a la policía. Pero todo acabó cuando mi padre descubrió mi lugar secreto...un momento lugar secreto—Un rayo de luz pasó por su mente.—Claro, ¿como no lo había pensado antes, seré estúpido
—No me digas que ya sabes donde se esconden los niños—Dijo Kaito riendo entredientes.
—Si esos niños son tan curiosos como lo fui yo de niño, habrán descubierto sin duda alguna, ese lugar—Shinichi se subió al coche bajo la atenta mirada del mago y el moreno—¿A qué esperan? Vamos suban
El trío emprendió su viaje hasta un viejo parque en el que solo habían columpios desgastados y un enorme árbol desnudo.
—Kudo ¿Crees que pueden estar aquí?—Preguntó Kaito.—¿Como puedes suponer eso?
— Desde que mis padres me pillaron comencé a venir a jugar con Ran a ese lugar, creo que, lo más seguro es que ella les haya contado esta historia y los niños hayan acabado buscándolo
— Pero eso es una suposición ilógica ¿y tú eres detective?—Molestó Kaito a Shinichi.
— Cierra el pico, Kuroba...
—Yo no veo nada fuera de lo normal—Habló Heiji arreglándose la gorra.
—Es difícil de localizar, como bien he dicho, tienes que ser curioso para poder verlo—En el rostro de Shinichi se formó aquella sonrisa que tanto lo caracterizaba.—Sed curiosos y podréis verlo
El detective del Oeste y el mago de guante blanco comenzaron a buscar con la mirada alguna parte del parque que fuese peculiar, sonrieron cuando dieron con el lugar.
A unos metros más adelante, se podía visualizar un extraño matorral que a la vista de cualquier persona podría pasar inadvertido con simpleza.
—Que curioso—Mumurró Kaito
—Te sorprendería saber lo que hay más adentro—Le dijo Shinichi comenzando a caminar.
—Y dime Kudito ¿Solías esconderte ahí con tu novia Ran para hacer cosas malas?—Heiji ante las palabras del mago comenzó a reirse a carcajas mientras Shinichi estando más rojo que un tomate se giró para darle a Kaito un buen golpe, pero cuando lo hizo ya no estaba.
—Maldito Kuroba, tienes la lengua demasiado larga...
—Eso significa que estoy en lo cierto ¿verdad?—El mago siguió con su juego apareciendo de repente al lado del moreno del oeste.
—Cállate...—Gruño Shinichi sonrojado.
—Vale, vale, no te enfades cielo—Kaito agitaba una mano de arriba a abajo recibiendo a cambio un chasquido del sonrojado de Shinichi.
—Será mejor que nos adentremos—Sugirió Heiji.
—Si tienes razón—Respondió un Kaito riendo divertido y un Shinichi malhumorado
Los tres empezarona caminar para acercarse al matorral, Shinichi apartó la cantidad de ramas amontonadas para poder observar con claridad la zona.
—Vamos a sacar de allí a esos niños, esto puede derrumbarse en cualquier momento—Informó Heiji con la intención de entrar, pero Shinichi lo detuvo—¿Qué haces Kudo?
—Iré yo—Dijo el ojiazul—Vosotros quedaos aquí
—¿Estás seguro?—Interrogó Heiji no muy convencido.
—Por supuesto—Contesto el detective del este—Este lugar es más pequeño de lo que parece, no podríamos entrar los tres
—Entiendo—Heiji se agachó para observa mejor el pequeño agujero.
Shinichi para poder entrar en el pequeño agujero, tuvo que ponerse a cuatro patas y para tener una vista más cómoda, iluminó el lugar con su reloj
—Bien, hasta luego—Se despidió
—Kudito, si encuentras algo tuyo y de Ran, guardalo para que no lo vean los niños—Dijo Kaito en un tono pícaro consiguiendo nuevamente provocar una carcajada en el detective de Osaka.
—Maldito Kuroba, cuando salga de aquí me las pagará—Murmuró el ojiazul entredientes.
A medida que iba avanzando, Shinichi pudo percatarse de lo bien cuidado que estaba el lugar y eso era algo bueno porque era un signo evidente de que alguien solía venir a este lugar. Tenía la corazonada de que solo ese niño de tan solo cinco años, pero con un coeficiente intelectual bastante alto, podría ser capaz de haber dado con su escondite de hacía unos años.
Sonrió satisfecho y a la vez aliviado después de ver como esas dos criaturas se abrazaban entre ellas para darse calor.
—"Oh...Menos mal"—Pensó Shinichi acercándose a ellos para de seguido alargar la mano con la intención de despertarlos—Vamos pequeños, despierten
Takheru y Maru comenzaron a abrir los ojos para luego mirar desorbitados al hombre que los observaba con una expresión llena de ternura.
—Es el señor de la otra vez...—Takheru pensó en alto inconscientemente.
—El mismo—Respondió Shinichi señalandose con el dedo pulgar sonriendo de oreja a oreja.
—¿Qué está haciendo usted aquí y como supo sobre este lugar?—Cuestionó Takheru.—Si ha venido para hacer que volvamos a casa ya puede estar saliendo de aquí
—Eh, eh, eh, cálmate chico—El ojiazul agitó las manos de lado a lado, luego se acomodó junto a los niños, quienes se pusieron de pie desconfiando de él.—No os voy a obligar a volver, solo quiero hablar con vosotros
—Estás mintiendo—Dijo Marú estando detrás de Takheru.
—Seguro que si, todos los adultos son iguales—Gruño con rabia Takheru—Solo saben mentir
El detective del este reflejando la seriedad en su rostro, fijó su mirada en los pequeños.
— ¿Por eso os habéis escapado?—Preguntó Shinichi, pero no obtuvo respuesta—¿Saben?, las mentiras no siempre suelen ser malas, hay ocasiones en las que son necesarias para no hacer daño a las personas que son importantes para ti...
—No estoy de acuerdo, mentir nunca ha sido bueno—Negó Takheru.
— Dime, ¿qué clase de mentira os hizo huir de casa? — Cuestionó Shinichi mientras que Takheru le miraba de forma amenazante, sin tener la intención de contestar a sus preguntas, el ojiazul suspiró— Esta bien, esta bien, si no queréis hablar lo aceptaré, pero chicos debo llevaros conmigo porque vuestros padres están desesperados por vuestra desaparición, están muy tristes ¿Acaso os gusta hacerles sufrir?
La pequela Maru parecía ser convencida a diferencia de Takheru, quien en ningún momento había dado la señal de ceder, pero aquello a Shinichi, más que enfadarle le hizo gracia.
—"Tan testarudo como su madre"—Pensó el ojiazul.
—No pienso salir de aquí—Avisó Takheru.
—¿Y qué piensas hacer, esconderte el resto de tu vida en esta cueva?—Atacó Shinichi—Si estás enfadado con tus padres por no sé que cosa, deberías echarselo en cara y no guardartelo
—No quiero...—Susurró con la mirada sombría, mientras en los ojos de Maru se acumulaban varias lagrimas—No quiero verles, les odio
Una lágrima rebelde se deslizó por la mejilla de Takheru, la cual había conseguido derrumbar a Shinichi en cuestión de segundos. Sin poder evitarlo, se acercó a ellos y les abrazó con todo el cariño del mundo.
Y fue en ese instante donde Takheru irremediablemente sollozó como nunca, sintiéndose extraño y a la vez aliviado.
Les apretó más todavía entre sus brazos al escuchar que sus sollozos iban en aumento, tenía que ser algo grave para que decidieran huir de su hogar, o tal vez una simple tontería sin sentido, pues él en sus tiempos solía escaparse continuamente por cualquier cosa.
Un imperceptible ruido alertó a Shinichi, giró su rostro visualizando los alrededores, notando que la tierra en pequeñas porciones caía sobre ellos.
—Niños esto se va a derrumbar, tenemos que salir de aquí—Avisó Shinichi haciendo que el miedo se adentrase en el cuerpo de las criaturas.—Venga vamos
Sin admitir objeciones, el ojiazul empujó levemente a los pequeños para que salieran corriendo pues sus diminutos cuerpos—A diferencia de él— se lo permitían.
Mientras tanto Heiji y el mago de guantes blanco estaban esperando un tanto aborrecidos a que apareciese de una vez por todas su compañero.
—¿Por qué está tardando tanto Kudo?—Interrogó malhumorado Hattori.
—Habrá recordado algo y se habrá quedado allí fantaseando, tal vez—Se burló Kaito apoyándose en la pared.
—Oye ,como sigas con eso, Kudo te va a dar una palíza—Dijo Heiji riendo entredientes.
—Eso si es que me pilla—Replicó Kaito agachandose para observar la pequeña cueva, luego acercó el oído escuchando pasos apresurados—Aquí vienen
—Ya era hora...
De repente los niños salieron con la respiración agitada, apoyando las manos contra las rodillas, intentado recuperar el aliento.
—¿Estáis bien?—Preguntó Kaito poniéndose a la altura de los susodichos.
—SI—Respondieron al unísonio.
Hattori se extrañí por la ausencia del ojiazul, así que se acercó para comprobar si estaba a la vista.
—Que raro, Kudo no sale—Se extraño el moreno de Osaka.
—Estará de camino
—La cueva se estaba derrumbando—Informó Takheru alertando al mago y al detective.
—No me digas que...—Kaito y Heiji se temieron lo peor.
—¡ Oye Kudo! ¡¿Me oyes?!—Le llamó Heiji al igual que Kaito. Llevaban un minuto llamando al ojiazul pero no daba ninguna respuesta y eso les preocupaba.
Takheru aprovechando su tamaño, volvió a adentrarse en la pequela cueva ingnorando los incontables gritos de los demás, Maru iba a seguirle pero Heiji la sujetó antes de que lo hiciera.
—¡Hermanito!—Grito Maru entre lágrimas siento observada tristemente por Heiji y Kaito.
Takheru corría apresuradamente volviendo al lugar del comienzo en el que para su sorpresa había encontrado a Shinichi. colocando unos palos que estaban en el lugar como soporte para que la cueva no se derrumbara.
—Uff, por fin he acabado—Dijo Shinichi limpiándose la frente bajo la atenta mirada de Takheru—Este sitio contiene muchos recuerdos de mi infancia, no quiero que se caiga
Takheru no contestó.
—Venga vámonos, pequeño—Le pidió Shinichi.
Al cabo de un rato, ambos salieron de la cueva con éxito recibiendo a cambio sonrisas llenas de satisfacción. Takheru fue abrazado por Maru, mientras que Kaito se dedicaba a molestar a Shinichi, esta vez, con la ayuda de Heiji.
—Bueno será mejor que volvamos—Propuso Kaito finalmente mirando a los niños—Sus padres deben de estar muy preocupados
—No queremos volver—Negó Takheru.
—Pero teneis que hacerlo,no podeis quedaros en la calle, hay críminales y os podrían secuestrar o matar—Kaito y Shinichi miraron con los ojos entrecerrados al moreno de Osaka, debido a la poca sensibilidad de sus palabras.—Así que os guste o no, os llevaremos a casa
—"Oye, oye"—Pensó Shinichi. Luego se puso a la altura de los susodichos—No podemos dejaros aquí, la policia os está buscando y vuestros padres están mal, teneis que volver
Takheru y Maru agacharon la cabeza, sabiendo que no tenían más remedio que aceptar irse a casa, a pesar de no desear hacerlo por nada en el mundo.
Heiji llamó a Kazuha para informarle de que habían encontrado a los niños, algo que había aliviado bastante a Ran, quien sin esperar llamó a Reizo para que dejase de buscar junto a la policía.
Al llegar a casa, Ran se apresuró a abrazar a sus hijos pero éstos simplemente se limitaban a no corresponder.
—¿Se pueden saber donde estabais?—Preguntó entre enfadada y aliviada, pero no obtuvo respuesta—Os estoy hablando, contesten
—No tengo por qué darle explicaciones a una mentirosa—Susurró Takheru.
—Pero ¿de qué estás hablando?—Ran realmente no comprendía nada.
—Esta mañana te he escuchado, lo he escuchado todo y por eso...¡os odiamos a los dos!—Gritó con rabia para luego sujetar a Maru de la muñeca y entrar en casa rápidamente.
—"No me lo puedo creer"—Pensó girandose con la intención de seguirlos, pero Shinichi la detuvo
—De momento déjales solos—Dijo Shinichi—Cuando se calmen las cosas intenta hablar con ellos
—Shinichi...—Dijo la karateca sintiendo una calidez deslizarse por su rostro, de nuevo inevitablemente, había comenzado a llorar, sintiendo que su corazón en cuestión de segundos se había hecho trizas. Sus hijos se habían enterado de la verdad de la manera más cruel y descuidada, deseaba internamente que al menos le dieran la oportunidad para dejar que Reizo y ella les explicaran el motivo por el cual lo hicieron, para que al menos comprendieran que nunca lo hicieron con malas intenciones.
O eso deseaba que hicieran.
—Será mejor que entremos, aquí hace frío—Propuso Kazuha.
—No gracias, yo ya cumplí con mi trabajo, así que si me disculpan, me voy—Informó el mago dándoles la espaldas para luego—Usar una bomba de humo— y desaparecer.
—Este tío, tan presumido como siempre—Criticó Heiji con un tono irónico.
—Bien, pues será mejor que nosotros entremos, os esperamos dentro, vamos Kazuha—Heiji cogió a su esposa por la cintura para de seguido entrar a la residencia Kaoshiro.
Shinichi al ver que por fin se había quedado a solas con Ran, la envolvió entre sus brazos, apegándola todo lo posible a su cuerpo, mientras ella correspondiendo al abrazo, mojaba su camisa con cada lagrima que salía de sus ojos.
Las palabras que había escuchado por parte de su hijo, atravesaron su corazón como estacas, haciendo que el dolor que ya sentía aumentara sin control.
—Shhh, por favor Ran, cálmate, sabes que no me gusta verte llorar—Le susurró al oído mientras le acariciaba el cabello.
Ran alzó la mirada para encontrarse con su amado, quien le sonreía enternecido y limpiaba las lagrimas con la mano derecha.
—¿No vas a preguntarme por qué están así los niños?—Preguntó volviendo a colocar su cabeza sobre el pecho de su amado.
—¿Para qué mentir? Me gustaría saberlo para pensar que no fui el único que escapaba por tonterías—Dijo Shinichi divertido.
—No es por una tontería—Respondió en un susurró para de seguido volver a mirar a su amado—No lo es, Shinichi
—¿E-Entonces?—Shinichi no entendía por qué estaba tan nervioso—¿A qué de sebe?
—Shinichi yo..tengo algo muy importante que decirte y si no te lo cuento ahora, tal vez no encuentre otra ocasión—La expresión de tristeza la cual añadía un toque de seriedad en el rostro de Ran le había dejado bien claro a Shinichi de que no era nada que careciera de importancia.
—Ran, ¿Que pasa?—Interrogó acercando su rostro hacia su amada pero ella lo detuvo colocando las manos en el pecho del detective sonriendo con tristeza—Ran...
—Shinichi—Dijo después de un largo silencio—Takheru, es tu hijo
—¿Qué?
