XIX
'Esto es injusto!' – La cazadora Lyn Swan lanzó el trapo al suelo enfadada. – 'No puedo creer que nos hagan esto solo por defender a los jugadores de nuestro equipo!'
El equipo de quidditch de Gryffindor se hallaba en el baño de los prefectos cumpliendo su castigo por aquella pelea contra Slytherin después del partido.
'Se han pasado.' – Admitió Darren Lance. – ' Primero nos quitan cincuenta puntos y después nos castigan limpiando el baño de los prefectos a lo muggle!' – Cogió la fregona con gesto amenazante. – ' Empezó Slyhterin, ellos tendrían que estar aquí!'
'Ellos tienen más faena tratando de encontrar un cazador, un buscador y un golpeador nuevo.' – Murmuró Anthea sonriendo.
'Byron ya está aquí de nuevo.' – Anunció Sam. – 'Lo he visto esta mañana en el comedor…Pero su cara aún seguía un poco desfigurada.'
Se escuchó una carcajada general.
'Entonces esta listo para una de las mías.' – Jame se revolvió el pelo. – 'Y va a ser de las mejores.'
En realidad aquel castigo solo habrían tenido que cumplirlo Anthea Landry y Sam Hewitt, que fueron las que atacaron a los de Slyhterin en defensa de James. Pero el equipo entero de Gryffindor había irrumpido violentamente en el despacho de la profesora McGonagall, cuando se encontraban reunidos ella, el director Dumbledore, el profesor Slhugorn y Anthea (Sam continuaba en la enfermería).
En ese momento los profesores iban a decretar el castigo tanto para ellas dos, como para los que habían comenzado los ataques de Slytherin (ninguno estuvo presente ya que estaban o en la enfermería o en San Mungo).
Anthea dejó de fregar la bañera y recordó como se comportaron sus compañeros de equipo en el despacho de la profesora McGonagall:
'Son nuestras compañeras de casa, de equipo y nuestras amigas.' – Axel Lance había sido el primero en hablar. – 'La pelea la comenzó Dodge atacando a James, Sam solo hizo lo que todos nosotros teníamos en mente y Anthea igual, solo quiero recordar también que Anthea paró la pelea a su manera.'
'Nos parece injusto que solo ellas sean castigadas…' – Lyn Swan había mirado al director. Ella sabía que Dumbledore comprendería. – 'Queremos asumir el castigo con ellas.'
'Lo hemos decidido entre todos. Ellas son tan culpables como nosotros.' – Había dicho Darren Lance. – 'Somos un equipo para lo bueno y lo malo.'
'Aceptamos vuestra oferta.' - Dumbledore los miró orgulloso tras sus lentes en forma de media luna.
'Cincuenta puntos menos para Gryffindor.' – Murmuró la profesora con un semblante severo. Anthea se había tapado la cara con las manos al escuchar aquello. Gryffindor entero estaba pagando lo que ella había hecho. – 'Aunque agrego diez puntos por ese sortilegio tan bueno de Sam Hewitt.'
'Diez puntos más por la intervención de Lily Evans, que evitó la caída al vacío de James Potter.' – Agregó el profesor Slhugorn.
'Y otros diez por la unión que han demostrado y ese espíritu de solidaridad con sus compañeras de equipo.' – Añadió Dumbledore.
Los chicos se miraron aliviados. Al final solo habían sido 20 puntos…50 puntos anulados habrían provocado que el resto de su casa los odiara de por vida. 20 se recuperaban en un par de clases y aún podrían ganar a las otras tres casas, quedaba mucho tiempo hasta el final de curso.
'Pero eso no les quita su castigo.' – Había dicho Dumbledore. Conjuró con su varita un cubo y una fregona, una escoba y un par de trapos.- '¿Saben para que sirven?'
'Limpieza a lo muggle…' – Respondieron a la vez los hermanos Lance con una nota de fastidio en su voz. Su madre era muggle y hasta que no pudieron utilizar la magia ella los había tenido limpiando la casa con aquellos instrumentos.
'Correcto.' – Dijo Dumbledore divertido. – 'El baño de los prefectos, toda la primera semana cuando vuelvan a la escuela después de las Navidades.'
El ánimo del equipo estaba por los suelos. Podrían aceptar cualquier castigo, pero limpiar sin magia…Aquello era demasiado.
'Para que no le coincida con sus horas de entreno pueden elegir la hora a la que desean limpiarlo, siempre y cuando eso no incluya horario escolar.' – Dumbledore hizo desaparecer el cubo, la fregona y todo lo demás. – 'Y para evitar que utilicen la magia el conserje Filch les confiscará las varitas cada vez que entren al baño de los prefectos. Y deben llamarlo a él puesto que les dirá la contraseña del baño.'
Y en ello estaban aquel martes de la primera semana del segundo trimestre. Por segundo día consecutivo, a las cuatro de la tarde (ya que era la tarde libre de clases que les coincidía a todos), limpiando el baño de los prefectos. Lyn y Sam con bayetas y trapos limpiando los grifos, Darren fregando el suelo, Anthea y Axel limpiando la bañera vacía de agua y James y Brandon limpiando los cristales del baño.
Un auténtico equipo de limpieza.
'Limpiandole el baño a los prefectos…' – Bufó Axel Lance. – ' Y luego vienen ellos por la noche y lo ensucian de nuevo! Soy capaz de ponerme a hacer guardia y evitar que se bañen.'
'Bueno chicos, dejaos ya de lamentos.' – Les dijo James dejando por un momento de limpiar aquella ventana. – ' Estáis más pesados que en un día de entreno con lluvia!'
'Lo que tu digas, capitán.' – Le dijo Brandon fastidiado. – 'Pero admite que se han pasado.'
'Podría haber sido peor.' – James se encogió de hombros. – 'Pero después de haberme metido en tantos follones he aprendido tanto a escabullirme, como a admitir que si me pillan lo pago.'
'¿Cuántas veces has hecho tu esto?' – Preguntó des de la otra punta Sam.
'Uf…' – James frunció el ceño pensativo. – 'Creo que esta es la sexta.'
Los demás integrantes del equipo tuvieron un escalofrío.
'Eh, este castigo es de los más leves, así que menos quejas.' – James picó de manos. - 'A trabajar todo el mundo!'
Media hora más tarde el equipo de Gryffindor salía del baño y Filch les devolvía sus varitas a regañadientes.
'A esto no se le puede llamar castigo…' – Murmuraba con su gata al lado. – 'En mi época cuando el castigo podía ser físico los alumnos se comportaban y aprendían la lección.' – Miró a James a los ojos. – 'Y si me dejaran castigarlo a mi manera, usted ya estaría gritando de dolor en mi despacho.'
'¿En su despacho?' – Se burló James. – '¿No se referirá a ese armario que tiene lleno de escobas y fregonas?
Los jóvenes empezaron a reír sin darse cuenta de que McGonagall venía por sus espaldas.
'¿Otra vez esta con sus burlas, señor Potter?' – Puso una mano en el hombro del chico.
'No profesora.' – Dijo con una sonrisa. – 'Tan solo estábamos debatiendo si al despacho de Filch se lo puede catalogar de despacho.'
'No intente hacerse el gracioso conmigo, ya sabe que no funciona.'
La profesora buscó entre los jóvenes y encontró a quien quería encontrar guardándose su varita en el bolsillo.
'Señorita Hewitt, vengo a buscarla a usted.'
'¿A mí?' – Preguntó la morena extrañada. – 'Si solo llevo dos días aquí y me he portado bien!'
Sus compañeros de equipo sonrieron divertidos.
'¿Qué será lo que habrás hecho ya, Sam?' – Bromeó Lyn con los brazos en jarras e intentando poner cara de enfado.
'Sam, te he dicho muchas veces que debes coger ejemplo de Lily y no de mí y los Merodeadores.'
'Ya vale de cachondeo señores.' – Los cortó McGonagall. – 'Acompañeme al despacho del director, señorita Hewitt.'
La profesora pasó un brazo por los hombros de la chica y se la llevó a paso rápido de allí. Mientras se alejaban, los de Gryffindor seguían bromeando sobre aquella situación.
'Es algo gordo¿Eh Sam?' – Gritó la voz de James.
Cuando giraron la esquina y los perdieron de vista y de oída para alivio de la profesora, McGonagall decidió contarle a su alumna lo que ocurría. Al menos debía prepararla para lo que se iba a encontrar.
'Sus padres están aquí, señorita Hewitt.'
'¿Cómo?'- El corazón de Sam empezó a latir con rapidez, aquello no podía significar nada bueno.
'Verá Sam, han venido a buscarla.' – Le dijo apenada McGonagall.
'¿Para qué?' – Preguntó enfadada.
Ambas se detuvieron frente a lo que era la puerta del despacho del director, la profesora dijo la contraseña y la puerta se abrió dejando ver unas escaleras que subían en círculo.
'Se lo explicaran ellos.' – La profesora puso una mano en el hombro de la muchacha.-'Señorita Hewitt, trate de controlarse y de no ser muy impulsiva. Piense las cosas antes de hablar.'
Sam dejó a la profesora abajo y subió las escaleras hasta llegar al despacho del director Dumbledore. Picó a la puerta suavemente y el director le dio permiso para entrar. Se encontró con sus padres frente a ella y con el director sentado en su silla.
'Tome asiento señorita Hewitt.' – La invitó el director amablemente señalándole una silla con la mano. La muchacha se sentó sin ni siquiera saludar a sus padres. Estaba demasiado atónita. – 'Sus padres desean hablar con usted.' – El director hizo una pausa. – 'Siento decirles que este asunto es de mi incumbencia y desearía estar presente en esta conversación si su hija me lo permite.' – Miró a Sam con una sonrisa esperando una respuesta.
'Por supuesto, señor director.' – Respondió Sam educadamente, después miró a sus padres. – '¿Qué es lo que pasa?'
La madre de Sam se acercó a su hija y se agachó a su lado. Sam se libró de la mano de su madre que trataba de posarse sobre su brazo lastimado.
'Dime porqué estáis aquí.' – Sam la miró con seriedad. – '¿Está Charles bien?'
'No estamos aquí por tu hermano, cariño.'
'¿Entonces?'
'Tu padre y yo hemos decidido cambiarte de escuela.'
Sam levantó las cejas y sonrió.
'¿Es una broma, no?'
'No, mañana mismo ingresarás en Beaxubatons.'
Sam miró a su madre y después a su padre, al ver que sus rostros eran serios miró al director. La expresión de Dumbledore tampoco le dijo que aquello fuera una broma.
'¿PAPA Y TÚ ESTAIS LOCOS?' – Sam estalló en cólera. – '¿¡QUE ES ESO DE QUE ME SACAIS DE HOGWARTS Y ME METEIS EN BEAXUBATONS SIN MI PERMISO!? – Se levantó de la silla.
'SAM HEWITT NO NOS LEVANTES LA VOZ!' – Le ordenó su padre con voz de trueno.- ' Y MUCHO MENOS TE ATREVAS A INSULTAR A TUS PADRES!'
'¿Pero os creéis que soy una niña aún?' – Siguió gritando aunque no tan fuerte. – '¿Creeis que podéis dirigir mi vida como os de la gana¿Qué me podéis cambiar de escuela sin mi permiso?'
'Sam, somos tus padres y sabemos lo que te conviene.'
'Esto es una locura¿Me podéis explicar al menos que de malo tiene Hogwarts?' – Sam se dejó caer en la silla abatida. - 'Lo digo simplemente por que no lo entiendo!'
'En su misma situación me encuentro yo.' – Agregó Dumbledore.
La madre de Sam suspiró. Sabía que lo que iba a decir haría montar en cólera a su hija de nuevo, pero daba igual como se lo tomara. Sam debía marcharse de Hogwarts. Debían alejarla de aquella chica y debían educarla así como él se lo había ordenado.
'No queremos que sigas teniendo relación con hijos de muggles.'
Sam comprendió inmediatamente que se referían a Lily.
'Es increíble!' – Espetó Sam con sarcasmo.- 'Estoy alucinando con vostros!'
'Hija, tu eres Sam Hewitt, desciendes de una familia ancestral de nobles magos.' – Le intentó explicar su madre cariñosamente. – 'Tienes la sangre pura, la magia te rodea! No debes juntarte con una raza inferior!'
'Siento decirle Señora Hewitt, que lo hijos de muggles que estudian aquí son tan magos como usted.' – Dijo enfadado Dumbledore.
'No se atreva a compararnos con esos.' – Le respondió el padre de Sam.
'¿Sabes quien son en realidad esos seres inferiores, papá?' – Sam se levantó enfurecida y señaló a sus padres con el dedo índice. – 'La gente que piensa como vosotros! Vosotros sois inferiores solo por creeros mejor que nadie por tener la "sangre pura"!' – Picó con el puño en la mesa del director. – 'Cada persona que hace magia es por que la lleva dentro! Da igual si sus padres son magos o no! Si descienden del mismo Slyhterin o de un muggle!'
'Sam, no hay marcha atrás.' – Le dijo su madre mirándola enfadada también. – '¿Cómo es posible que una Hewitt hable así de su familia¿¡Cómo es posible que traiciones así a toda la saga de los Hewitt!?' – Cayeron lágrimas por las mejillas de su madre.- 'No avergüences más a tu familia hablando así!'
'Te vas de Hogwarts ahora mismo!' – Ordenó su padre.
'NO!'
'Haz tu equipaje y nos vamos a casa.'
'YA ESTOY EN CASA!' – Gritó histérica Sam. – 'HOGWARTS ES MI CASA! AQUÍ ESTA MI VIDA! MIS AMIGOS!'- Miró a su madre y a su padre. – 'AQUÍ ESTÁ LILY Y AQUÍ ME QUEDO! YO DECIDO POR MI!'
El padre de Sam sacó su varita y apuntó a su hija, pero Dumbledore interpuso.
'No se atreva a atacar a una alumna de mi escuela.' – Dijo el director Dumbledore muy seriamente. – 'Aquí yo soy responsable de ella y yo la protejo y velo por su seguridad. Sam ha hablado y ha dicho que no se marcha. Vuelvan a su casa. Les invito a marcharse de Hogwarts.'
'Sam o vienes con nosotros o te olvidas de tu madre y de mí.'
'Os habéis vuelto unos radicales…' – Murmuró la muchacha escondida tras el director. – '¿Pero quien os ha lavado el cerebro? Antes no erais así!'
'Sam tú eres diferente a esa Lily, debes venir con nosotros!' – Suplicó su madre entre sollozos.
'Soy diferente a vosotros.' – Salió de detrás de Dumbledore y miró a sus padres con lagrimas cayendo por sus mejillas.- 'Y por eso no iré y me quedaré en Hogwarts.'
'Olvídate entonces de que tienes padre y madre.' – Le replicó bruscamente su padre. – 'Olvídate de todo lo que concierne a los Hewitt y jamás te vuelvas acercar a nosotros y a nuestra familia.'
Sam se secó las lágrimas y le aguantó la mirada.
'Si así lo queréis.' – Dijo con voz firme. – 'Ya no soy una niña, no soy una muñeca sin razón a la que podáis manejar según vuestra manera de pensar.'
'Entonces yo no tengo, ni jamás tuve una hija.'- Sentenció el Señor Hewitt.
Sin dar más explicaciones salieron del despacho del director.
Dumbledore se giró hacia su alumna y le puso una mano en el hombro para reconfortarla en aquel momento tan duro y difícil. Sam se dejó caer en la silla, hundida…
¿De verdad había sido desheredada y expulsada de su familia?
No podía creerlo, no era capaz de asumir que a partir de aquel momento no tendría padres. Le era imposible admitir que sus padres la odiaban y renegaban de ella.
'¿He hecho lo correcto, Director Dumbledore?' – Preguntó abatida. – '¿He hecho bien en renunciar a mi familia?'
'Dísculpame Sam si no he intervenido más en esta conversación, pero era una lucha que debías hacer tú sola.' – El director la miró a los ojos. – 'Era tu decisión. Tu elegías obedecer a tus padres o a ti misma.'
'Jamás comprendí porque hablaban así de los hijos de muggles. Siempre supe que se creían mejores por ser nobles y de sangre limpia, pero cuando yo entre en Gryffindor vi que tener la sangre limpia o no, no significaba nada.' – Murmuró Sam.
'Fue una terrible sorpresa para ellos cuando fuiste enviada por el sombrero seleccionador a Gryffindor.' – Le explicó el director. – 'Tus padres vinieron junto a los de Black para pedirme explicaciones. Pero tu siempre fuiste impulsiva, apasionada, rebelde y valiente y por eso el sombrero te puso en Gryffindor y su decisión no se pudo cambiar.'
Sam recordó la discusión en la que estuvo presente en aquel mismo despacho cuando fue enviada a Gryffindor, seis años atrás. Pero cuando ella dijo que quería estar en Gryffindor aceptaron su respuesta y no la obligaron a cambiarse o la apuntaron con la varita. Jamás la habían amenazado con la varita hasta aquellos instantes anteriores.
'Pero…antes no eran tan radicales, no sé si es porque yo era más pequeña y no me daba cuenta de las cosas o qué…antes no eran así.' – Sam escondió su cara entre sus manos. – 'Es como si algo o alguien les hubiera metido esas ideas aún más fuertes en la cabeza.' – Dumbledore suspiró. – 'Sin duda me he perdido algo ahí fuera, y eso ha cambiado a mis padres.'
'Señorita Hewitt…Sé que es muy joven y puede ser que esto la asuste...' – Empezó a decir Dumbledore – 'Pero creo que después de lo ocurrido debe saberlo.'
'Adelante señor director.'
'Esta escuela siempre ha sido una burbuja que los ha protegido de todo lo que ocurría en el mundo exterior, Hogwarts es el lugar más seguro del mundo mágico. Pero no puede protegerlos eternamente y las cosas tarde o temprano se acaban colando aquí también. Como lo que le ha ocurrido a usted hoy y como lo que le ocurrió en su día al señor Sirius Black.' – Miró a Sam a los ojos. – 'Corren rumores entre toda la comunidad mágica, rumores de tiempos difíciles y de tiempo oscuros.'
'¿Va a haber una guerra?' – Preguntó asustada la chica morena.- 'Pero si todo parece estar en orden!'
'No todo esta en orden, querida alumna. Aquí la verdadera realidad que se vive fuera es muy difícil de percibir.' – Dumbledore sonrió apenado. – 'Como usted ha dicho hay alguien ahí fuera ganando poder… Y lo que usted ha vivido hoy aquí, ha sido solo una muestra.'
'Así que hay un mago oscuro ganando poder para hacer una guerra.' – Sam rápidamente cayó en la cuenta de los Sangre Pura.- 'Y en la escuela ya hay muestras de eso…'
'Usted ha elegido hoy sin saberlo en que bando quería estar.' – Le reveló Dumbledore. – 'Y me alegro de que este en el bando de la Magia blanca.'
'Por Merlín…' – Sam se sintió destrozada. – 'Mis padres están en el otro bando, en el de la magia oscura…'
'Se acercan tiempos difíciles para su generación.' – Dumbledore le puso una mano en el hombro. – 'Sea valiente.'
Cuando Sam salió cabizbaja del despacho del director ya había oscurecido. Jamás en su vida se había sentido tan hundida, tan desolada, tan sola…tenía tantas ganas de llorar…
'¿Sam?'
Se encontró con Lily y Remus al girar la esquina. Lupin le hacía de guardaespaldas aquella tarde. Lily le levantó la cara a su amiga con dulzura.
'¿Por qué estás triste?' – Le preguntó suavemente.
'Os dejo a solas.' – Lupin se dio cuenta de que debía marcharse y lo así lo hizo.
'Gracias Remus.' – Murmuró Lily agradecida. – 'Sam¿vamos a la sala de los Menesteres?
La chica solo asintió. Ambas caminaron por los pasillos y Lily solo tenía en mente la frase: "Un lugar donde hablar tranquilamente". La repitió una y otra vez hasta que una puerta de madera apareció en la pared. Cuando entraron, Sam se tiró a sus brazos y se puso a llorar desconsoladamente.
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Eneida
