Desde cero
—Lo que has oído, Shinichi—Susurró la violácea comenzando a derramar las primeras lágrimas— Takheru es tu hijo
Una frase, solo una frase fue suficiente para conseguir que el corazón de su amado se acelerase, agitándolo hasta tal punto de dejarle sin oxigeno en los pulmones.
—Pero...
—Te lo he estado ocultando, lo siento—Continuo Ran, interrumpiéndolo.
—Esto tiene que ser una broma...No puedes estar hablando en serio—Replicó Shinichi, irritado.
Un conjunto de emociones recorrieron cada parte del cuerpo del detective del Este, quien teniendo la mirada desorbitada, la boca medio abierta y las manos aún posadas en los hombros de la karateca, intentaba asimilar aquella única frase que hizo que su mundo se pusiera patas arribas. Uno que creía haber devuelto a la normalidad después de recuperar a la mujer de su vida, aquella misma violácea que de nuevo con esas simples pero fuertes palabras, volvía a hacer que su esquema se rompiera irremediablemente en mil pedazos.
Ran notó como las manos de Shinichi se tensaban, apretándola un poco más pero sin llegar a hacerle daño. Ella, colocó sus manos encima de las del ojiazul para de nuevo insistir con sus palabras.
—No es ninguna broma, es la verdad—Dijo la violácea sin mirarle a los ojos —Me había quedado embarazada después de la última vez que nos vimos...
El ojiazul abrió los ojos como platos después de recordar su última noche con la karateca cuando siendo presa de la debilidad había acabado con Ran envuelto en las sabanas de su cama, convirtiéndose en el hombre más feliz del mundo, pero a la vez desgraciado pues sabía de antemano que tenía que marcharse a EEUU para atrapar a los miembros de la organización que seguían libres.
Frunció el ceño, empezando a ser finalmente derrotado por la ira mientras un chirrido de sus dientes hacia acto de presencia. Soltó a la luchadora de artes marciales, mirándola entre disgustado y furioso.
—¡¿Por qué no me los dijiste antes?!—Interrogó Shinichi alzando la voz. —¡¿Cómo has podido ser capaz de ocultarme durante todo este tiempo algo tan importante?!—Continuó Shinichi—¡¿Eres consciente de que por tu culpa he perdido cinco años, Ran?!
Para ser sinceros, la reacción de Shinichi no fue una gran sorpresa para la joven karateca ni mucho menos la brutal y fría actitud con la que éste se dirigía hacia su persona. Y no podía culparle por ello, lo sabía. Después de todo su detective se había perdido cinco años con un niño que compartía sus mismos genes. Tenía todo el derecho de enfadarse con su amada y de—por mucho que le doliese—odiarla porque según las circunstancias ella fue la única responsable de tal acto...¿Verdad?.
—No te lo dije porque estaba dolida por lo que me hiciste—Dijo en un inaudible susurro con la mirada sombría.
—¡¿Cómo?!—Exclamó Shinichi al no haber escuchado bien las palabras de la violácea a causa del enojo.
Ran a pesar de la gran culpa que le afligía no pensaba dejarse intimidar por la feroz conducta del ojiazul, pues ella como bien sabrán ustedes lo había hecho teniendo un motivo que había tenido que guardar durante muchos años en un rincón de su adolorido y frágil corazón siguiendo enamorada de ese hombre con el que de nuevo había hecho el amor sin poderlo rechazar siendo el origen de ello, el inmenso e intenso amor que sentía por el.
Era consciente en aquel entonces de que no estaba haciendo lo correcto, pues cometía el crimen que podría destruir cualquier matrimonio: El adulterio.
Lamentablemente, sus impulsos habían sido más fuertes que ella, empujándola para entregarse a otro hombre que no era su marido, pero si la persona que amaba más que a nadie en este mundo.
Después de lo sucedido supieron que no había marcha atrás, sobre todo Ran pues cuando vio que las cosas no habían salido como ella esperaba, decidió dejar que el destino fuese quien echara las cartas, teniendo ella solamente en la mente, el deseo de liberarse de esa maldita angustia que pinchaba su pecho como si se tratase de una aguja.
Así que con ganas de sacar lo que también llevaba dentro, frunció el ceño para de seguido cerrar los párpados con fuerza, mientras formaba dos puños con sus suaves y delicadas manos, teniendo a un enfadado e impaciente Shinichi clavando la mirada sobre su cuerpo.
—¡¿Como querías que te dijera que tenías un hijo conmigo después de lo que me hiciste aquella vez ?!—Ran le gritó a Shinichi siendo más clara—!Tú fuiste quien me había incitado para hacerlo!
—¡¿Pero qué estás diciendo?!—Replicó Shinichi exasperado al ver que la de ojos violetas le echaba el marrón encima—¡¿Ahora pretendes echarme la culpa de todo esto?!
—¡¿Y de quién si no?!...¡No negaré el hecho de que fue una mala decisión no contarte la verdad después de saber que habías vuelto, sé que eso fue un error mío ¿vale?, pero estaba dolida por lo que me habías dicho la ultima vez que nos vimos!—Ran elevó la voz para luego abrazarse a si misma mordiéndose el labio inferior. Shinichi no pudo rebatir a la violácea después de ver su triste escena, inconscientemente, su enojo había disminuido.
—Yo...
—¿Lo recuerdas, verdad Shinichi?—Le cortó la luchadora de artes marciales.
Por supuesto que lo recordaba, después de todo fue él quien había sido el causante de la ruptura del corazón de la mujer maravillosa de su universo.
Así fue como sucedió:
" Conan después de tomar el antídoto que Haibara había conseguido crear para hacer que volviese a ser Shinichi, abandonó la casa del profesor Agasa para dirigirse a su mansión, pues tenía una cita con la karateca, la cual la mencionada le había pedido hacia unas horas por teléfono.
Estaba verdaderamente cansado debido a la transformación de este último antídoto, algo que ya se esperaba porque cierta científica le había informado con antelación.
Aún así, no había podido negarse a la petición de su chica, sobre todo ahora que sabía que la probabilidad de volver a verla en un futuro, era imposible. Tenía una peligrosa misión que cumplir junto a los del FBI y no debía prescindir de la posibilidad de morir en el proceso, así que, aunque supiera que quedar con ella no era lo más apropiado, no había podido evitarlo, porque él también deseaba verla.
Entró a la polvorienta pero elegante mansión, luego miró el reloj que llevaba en su muñeca ver si había hecho esperar mucho a Ran. Masculló una maldición al ver que habían pasado más de dos horas desde la acordada.
Con prisa y sin tiempo que perder, empezó a buscar a la joven de ojos violetas decantándose por comenzar en la parte superior de la mansión, zona en la que desgraciadamente no la consiguió ubicar. Por la mente de Shinichi pasó la probabilidad de que su amada pudiese haberse cansado de esperar y llegado a marcharse de allí, pero otra padre le aseguraba de que debía seguir buscando debido a que conocía la virtud que caracterizaba tanto a la karateca: La paciencia.
Bajó rápidamente por las escaleras, eligiendo como guía a la intuición, la cual le había llevado a su lugar favorito del hogar, la biblioteca. Aquella estupenda sala que contenía innumerables obras literarias que a él le encantaban,y que si no fuera por la situación en la que se encontraba, tal vez estaría deleitándose con alguna de ellas.
Sonrió al sentir la nostalgia inundando su pecho.
El ojiazul, abrió la puerta de la habitación del conocimiento para luego entrar, deseando internamente hallar allí a su chica.
Y allí estaba, se alivió al reconocer a la silueta que le daba la espalda en frente del escritorio.
—Ran...—La llamó, notó un cosquilleo en el estómago al no utilizar su típico "neechan" o el distorsionador de voz. Era fantástico llamarla con su propia voz, se sentía genial.
—Shinichi...—Dijo sin poder mover un músculo después de girarse.
—Hola—La saludó con aquella actitud que tanto lo caracterizaba, ocultando no como mucho éxito los nervios que tenía en el cuerpo.
El detective con las manos metidas en los bolsillos, se acercó a la karateca mirándola tiernamente, una que cambió a preocupación después de ver varios rastros de lágrimas en el rostro de su amada.
—Siento haber tardado tanto en venir, no pude hacerlo antes, yo...—Ran puso el dedo indice en los labios de Shinichi, negando con la cabeza mientras le sonreía con amor.
—No tienes por qué disculparte, has venido, y eso es lo importante...¿No crees?
Shinichi la miró embobado, ¿Por qué tenía que ser tan dulce?. Ese fue el pensamiento que pasó por su mente, era realmente imposible no enamorarse de ella, de su rostro, de su sonrisa, de su bondad. Era increíblemente perfecta.
Cuanto se arrepentía de haberla dejado sola en ese parque de atracciones para seguir a Vodka a causa de su incontenible curiosidad. Si no lo hubiera hecho probablemente las cosas hubieran sido diferentes a las de ahora.
Podría haber sido...Feliz.
El ojiazul sujetó a Ran de la suave y delicada mano que todavía estaba posada en sus labios, la presionó con cuidado, como si temiese romperla, y la acarició.
Ran por su lado lucía sonrojada, el contacto de la mano de Shinichi era tan sumamente cálido que podría compararse a una pequeña llama sacada del interior de una hoguera. Como aquella vez, cuando por impulso le cogió de la mano rogándole que fuese al hospital después de verle en un estado deplorable.
—"Desde aquel día no volví a tocarte"—Pensó la violácea.
Anhelaba tanto no separarse de su lado, tenerle cerca, vivir junto a él sin importar las dificultades ni el misterioso caso en el que se veía involucrado. Nada. Para ella cualquier riesgo merecía la pena superar, si con eso, pudiera mantener intacto el hilo rojo que les unía.
—"¿Por qué el destino la ha tomado con nosotros de esta manera?, no es justo"—Pensó la luchadora de artes marciales con la rabia y la impotencia, apoderándose de su ser.
Shinichi notó como la mano de Ran temblaba, apretando con un poco de fuerza la suya, no le hizo falta ver su rostro, pues sabía que estaba llorando por sus inaudibles quejidos. Le dolía demasiado verla en ese estado, hasta tal punto de pensar que no había sido buena idea el aceptar la cita.
—Perdóname Ran—Susurró el detective del Este.
—Ya te he dicho que...
La violácea se calló brutalmente al verse envuelta en los brazos del amor de su vida.
—Shinichi—Dijo Ran con dificultad.
—Necesitaba hacerlo, déjame estar así... solo durante un rato, por favor—Le pidió.
Ran al reaccionar sonrió feliz, encajaba tan bien entre sus brazos, era como si estuvieran hechos el uno para el otro.
Ella sin perder más tiempo correspondió el abrazo, apoyando su cabeza contra el pecho de Shinichi. No pudo evitar ensanchar más aún su sonrisa al escuchar los latidos de su corazón, los cuales estaban bastante acelerados. Era indudablemente una hermosa melodía para sus oídos.
En ese preciso instante, inevitablemente,Ran recordó que tenía algo pendiente con su detective, algo que debía de haber aclarado hacia tiempo, pero que a causa de su ensoñación había retrasado. Por lo tanto, necesitada desesperadamente confesar aquello que no había podido responder delante del Big Bang, pues este fue uno de los principales motivos por lo que había insistido en tener esta cita.
¿Supongo que ustedes sabrían decirme a qué me refiero, verdad?...Exacto. A La declaración de Shinichi en Londrés, la misma que por alguna razón desconocida, la karateca no había podido sentenciar con "un si o un no". Y no estaba bien, así que ahora estando decidida, pensaba declararse sin importarle que los sentimientos de Shinichi probablemente hayan cambiado, pues solamente deseaba dar un cierre conveniente a ese asunto tan especial.
Al cabo de un rato, pensó que ya era el momento adecuado para hablar con el detective del Este sobre el tema.
—Oye, Shinichi—Ran se separó un poco de Shinichi para las miradas. En las adorables mejillas de la violácea se podía ver con claridad un tono rojizo que la cabeza de un fósforo podría envidiar—T-Tengo algo que decirte
—¿Qué ocurre?—Preguntó el ojiazul de forma benevolente.
—Yo... Sé que es demasiado tarde para decírtelo, pero aún así necesito hacerlo... —Por alguna misteriosa razón aquella frase consiguió poner nervioso a Shinichi, incluso le hizo sospechar a que se refería Ran.
—"¿Acaso ella va a...? No puede ser, no, no puede ser eso"—Pensó.
No quería que se le confesara, de ninguna manera, no ahora que iba a alejarse de ella.
—Ran no...
Y antes de que pudiera seguir diciendo algo más, los labios de la karateca apresaron los suyos absorbiendo sus pensamientos por completos y haciéndole sentir una serie de emociones mientras su mente repetía una y otra vez las hermosas palabras que su amada le había otorgado antes de besarle: "Te amo"
Shinichi al reaccionar, embriagado por la tentadora acción de su chica, la abrazó por la cintura para corresponderle con la misma dulzura.
Era el primer beso de ambos y lo sentían tan amargo que incluso dolía, porque a pesar de que ella tuviera la esperanza de que él se quedase no podría asegurarlo, pues siempre se encontraba presente en su interior la parte negativa que le decía todo lo contrario.
Shinichi había notado el intenso aumento del beso que sin tener objeción alguna siguió con el mismo ímpetu. Era verdaderamente adictivo.
Luego por la necesidad de respirar se separaron, dejando sus frentes pegadas mientras recuperaban el aliento.
Shinichi iba a decir algo, pero Ran se le adelantó.
—Quédate , por favor—Le rogó Ran, cerrando los párpados con fuerza.
Era tan notorio el dolor en sus palabras, tan intenso.
El ojiazul entrelazó sus dedos con los de la karateca, mirándola fijamente.
—Ran...—La llamó, ésta abrió los ojos para mirarle, y ahí fue donde pudo percibir una respuesta en los ojos del detective.
—"No va a quedarse"—Pensó.
Shinichi supo que la violácea había captado el mensaje. Odiaba tener que causarle tanto dolor, tanta desdicha, pues no se la merecía en absoluto, porque ella evidentemente era un ángel caído del cielo. Él sin embargo, era un verdadero idiota.
Como acto impulsivo, Shinichi sujetó la barbilla de Ran para levantar su rostro para clavar sus orbes azules en los suyos para transmitirle lo que le había hecho sentir hacía unos instantes.
—Ran...—Decía mientras la acercaba poco a poco, se detuvo cuando la tuvo a escasos centímetros— Te amo
Y la besó, devorando sus labios con más seguridad que en el primero, siendo la razón de ello la angustia y la depresión, pues a él también le había superado de sobremanera la situación.
La violácea inmediatamente le correspondió, olvidando toda su timidez, queriendo solamente demostrar lo mucho que lo amaba, compensar el tiempo perdido, aprovechando cada segundo de su reloj, porque lo que había aprendido durante la ausencia de su amado es que todo caso tanto de asesinatos como personal, no debía dejarse inconcluso.
Ese momento justamente fue cuando el beso dado con pasión se había vuelto descontrolado, pues ya no hablaba la cabeza sino más bien los instintos, los cuales fueron afectados por la soledad, tristeza y los miedos que se habían acumulado durante un largo tiempo de sus vidas a causa de la ausencia del otro, porque, aunque nadie lo supiese, ambos de necesitaban y lo estaban demostrando esa misma noche mediante contactos que ya habían pasado el límite de lo casto.
Estaban absolutamente seguros de a donde querían llegar, pues el cuerpo lo pedía, el corazón lo gritaba y el alma lo esperaba.
Finalmente entre besos y suspiros, se unieron mediante un vaivén de emociones durante aquella triste noche de luna llena.
Cuando los resplandecientes rayos del sol atravesaron las ventanas de la mansión Kudo, dos orbes violetas se despertaron para de seguido buscar con la mirada a su compañero, alguien que para su sorpresa no estaba por el lugar.
—¡Shinichi!—Le llamó, pero no obtuvo respuesta, así que se temió lo peor.— No puede ser
Se levantó de un salto de la cama cubriendo su cuerpo con la sabana de la cama para luego buscar por toda la casa a su ojiazul.
—No, no, no, no—Decía una y otra vez al no encontrarle por ningún lado.
Ran había perdido la hermosa sensación de felicidad de su pecho, siendo sustituida por el pánico y el enojo.
No daba crédito de lo que estaba sucediendo, Shinichi no podía haberla abandonado de esta manera, no después de lo sucedido en la noche anterior. Imposible, pues sencillamente le daría a entender de que simplemente la había usado y jugado con ella.
No, eso no tenía sentido. Shinichi le había confesado de que también la amaba, por ello no podría existir esa opción.
Caminó corriendo a la habitación para vestirse, pues tenía la intención de ir a casa del profesor Agasa para comprobar si estaba allí o al menos saber donde podía encontrarlo. Pedía internamente que el presentimiento que en estos instantes la ahogaba, no tuviera nada que ver con su detective.
Al llegar a la habitación dispuesta a prepararse, un pequeño papel cuadrado encima de la mesita llamó su atención. Se acercó para cogerlo y se se sorprendió al ver que la letra escrita en el mismo, era de Shinichi.
Y en ese papel decía:
" Supongo que si estas leyendo esto es porque ya te habrás despertado, y que, probablemente sepas que no estoy en casa. Soy un miserable, lo sé. Sé que no se no será la mejor manera para decírtelo, pero no tenía otra alternativa.
Ran, no siento nada por ti, por eso quiero que me olvides, y para siempre. Sigue con tu con tu vida y busca a alguien que te haga feliz ,porque, el destino me ha desmostrado que ese hombre no soy yo. Lo siento. Adiós.
Shinichi."
Estrujo ese papel contra su pecho, notando que cada parte de su cuerpo se helaba como un cubito de hielo.
Dolía, dolía mucho. La persona que más amaba la había abandonado dejando una maldita nota para decirle que sus sentimientos repentinamente cambiaron.
Cayó al suelo sin poder mantenerse de pie, comenzó a sollozar como si de un niño pequeño se tratara, mojando con cada lágrima salida a ese trozo de papel.
Pasado un rato, la violácea salió de aquella mansión cabizbaja, teniendo el corazón partido, sin percatarse a causa de su sufrimientos de que cierta persona de orbes azules la observaba a escondidas con tristeza"
—Eso fue...—Murmuró Shinichi sintiéndose culpable
—Mentira ¿verdad? —Finalizó Ran.— Siempre he querido creer que fue así, porque, sinceramente no me había parecido normal que tan de repente hubiesen cambiado tus sentimientos hacia mi, supuse que lo habías hecho para que yo, en tu ausencia, dejara de esperarte—Luego sonrió tristemente— Pero siempre estaba otra parte de mi que me empujaba a creer que lo que me habías dicho fue de verdad. Por eso, nunca había podido enfrentarte y pedirte explicaciones. Decidí seguir con mi vida, tener una familia y ocultarte la verdad. Sé que no es una excusa suficiente para que me perdones y tampoco te pido hacerlo, pero...pero, entiéndeme Shinichi, tenía miedo, yo...
—Ran...
—Estaba tan triste también por tu abandono que me fue imposible de superar, así que nunca había tenido las fuerzas suficientes para atreverme a contártelo, lo siento Shinichi—La violácea continuó torturándose con su relato con la mirada sombría, luego varias lágrimas comenzaron a asomar.
Shinichi se sintió el hombre más desgraciado del mundo, un infeliz, un cobarde, pues era incuestionable el hecho de que era tan responsable como ella. No fue el ganador de la batalla ni mucho menos el perdedor y lo mismo pasaba en viceversa.
Aún así, la culpa lo carcomía por haber hecho que su violácea recordase un día que pese haber tenido su momento dulce, la amargura fue la especia más usada.
Y lo peor de todo esto es que su actitud con la karateca había sido realmente cruel a causa de la inesperada información, la cual fue la que le hizo olvidar no solo lo que le había hecho ese nefasto día, sino también las innumerables acciones que había procesado en contra de ella en el pasado cuando todavía vivía atrapado en el cuerpo de un niño
Se acercó a la violácea, colocó el dorso de sus dos manos en su rostro para de seguido limpiar las lágrimas dispersadas por sus mejillas con los pulgares.
—Ran, lo siento mucho, no debí haberme puesto así ...
—Tienes razones para hacerlo—Contestó.—Después de todo te he estado ocultando la identidad de tu hijo
—A pesar de eso, parte de la culpa es mía porque yo también fui un egoísta y un mentiroso. Supongo que debido a eso recibí este castigo—Admitió Shinichi cabizbajo— Perdóname por todo, Ran
—Yo también lo siento...—Ran sonrió, alzando la mano derecha para apartar el cabello que no le dejaban ver los ojos a su detective.
Shinichi apoyó su frente contra la de la karateca teniendo la mirada perdida, estaba siendo un día realmente agitado para él.
—Esto es una locura...tenemos un hijo—Dijo Shinichi— Es increíble
Esas palabras fueron maravillosas para Ran. Escuchar a Shinichi decir que tenía un hijo con ella había sido increíblemente reconfortante. Se alegraba en lo más profundo de su ser al ver que las cosas habían salido bien por una vez en su desdichada vida, la cual comenzó a radiar como haría un diamante bajo la luz del sol.
Ahora más que nunca, deseaba evolucionar junto al hombre que amaba, sobre todo ahora que su relación con Reizo iba a finalizar. Y ahora que lo pensaba, tenía que decírselo pues quería tenerlo al tanto.
Miró a su ojiazul, con la intención de darle la noticia, pero el ruido de una verja abriéndose la detuvo.
—Reizo...
—Ran...—Dijo Reizo. Luego posó su mirada en Shinichi, quien se había puesto extremadamente nervioso.
'Reizo empezó a caminar, acercándose con el semblante serio a la pareja, sin inmutarse. El detective del Este pensó que seguramente vendría directo hacia él para darle un buen puñetazo, siendo la razón de ello la para nada amistosa posición en la que el esposo de Ran los había pillado. Pero para su asombro aquello no sucedió, pues vio como el susodicho pasaba de largo hasta llegar a la puerta de la casa, lugar en el que se paró en seco.
—Ran...¿Y los niños?—Preguntó su esposo sin girarse.
—Probablemente estarán en sus habitaciones...
—Bien—Dijo, luego se giró con una sonrisaen su rostro, aquello dejó a Shinichi más confuso si es que se podía — Voy a ir a hablar con ellos
—De acuerdo...—Replicó sonriendo levemente, teniendo leves rastros de tristeza al recordar el rechazo de los niños
En cuanto a Shinichi, aquello simplemente no podría ser más extraño, el hecho de que el esposo de Ran no le haya enfrentado o ni siquiera juzgado sobre lo que había presenciado hacia unos segundos lo estaba dejando completamente perplejo, algo que no le pasó desapercibido a su amada, así que supuso que ya era el momento adecuado para informarle a cerca del detalle que haría que sus vidas diese un giro rotundo.
Mientras Ran hablaba con Shinichi, estaba en frente de la habitación de Takheru, donde ambos niños se encontraban.
—Takheru, Maru, abrán la puerta, por favor—Pidió Reizo.
Reizo suspiró pesadamente al hallarse ignorado, sabía que iba a pasar esto pues la karateca le había puesto al tanto por teléfono.
—Será complicado de que me hagan hoy—Murmurró Reizo revolviéndose el cabello.
Conocía bastante bien la terquedad de sus hijos, esos niños no eran fáciles de convencer ni mucho menos engañar o manipular, sobre todo Takheru, ese pequeño genio que ciertamente había heredado el aspecto del hombre que hacía un rato había visto junto a Ran.
Pero eso no era lo importante, ahora lo que tenía que hacer en vez de pensar en la astucia o apariencia de cualquier susodicho, era buscar una manera que le permitiese entrar a la habitación para así hablar con los niños, pues el hecho de estar en conflicto con dos personas que quería profundamente, le dolía. Colocó su brazo derecho delante de la puerta para luego apoyar su cabeza, intentando controlar los nervios causados por las circunstancias.
—Vamos pequeños, os ruego que me deís la oportunidad de explicaros como sucedieron las cosas, dejadme hacerlo por favor...
—Que nos dejen...—Corrigió una voz femenina, acercándose a Reizo.
—Ran...
—Este problema lo tenemos que afrontar los dos juntos, ¿no te parece?
—Si —Contestó el susodicho con una sonrisa de aceptación. Después recordó el momento que había presenciado y no había podido evitar las ganas de preguntarle—¿Cómo ha ido todo?
A Ran no le hizo falta cuestionar esa pregunta, pues entendió perfectamente a qué se refería.
—Le he dicho la verdad sobre Takheru—Le contó, Ran vió que Reizo seguía esperando más datos, algo justificable después de verla tan cerca de Shinichi—También le he contado nuestra situación
—Entiendo...está bien—Reizó miró al trozo de madera que le impedía pasar al otro lado—Ahora solo nos queda este problema
—¿No han querido abrir, verdad?—Interrogó Ran.
—No...—Contestó— Llevo un buen rato pidiendolo, pero me no me han hecho ningún caso
La violácea supo que sería inútil hacer lo mismo que Reizo, así que intento pensar en varias opciones. La primera y arriesgada, sería entrar por la ventana, algo evidentemente peligroso debido al clima presentado. La segunda fue derrumbar la puerta de una patada. Aquella le convencía bastante, pero podría existir la posibilidad de que los niños estuvieran cerca, así que tampoco. Pero hubo una tercera opción la cual como un rayo había pasado por su cabeza, era perfecta por su comodidad y simpleza, así que sin más tiempo que perder salió corriendo en dirección a las escaleras bajo la atenta mirada de Reizo ,a quien ni siquiera le había dado la ocasión de preguntar.
Segundos más tarde, Ran volvió teniendo en su mano derecha un taco de llaves amontonadas en un llavero.
Ahí fue cuando Reizo calló en la cuenta de que tenían todas y cada una de las duplicaciones de las llaves de la casa.
—"Que sagaz"—Pensó orgulloso de la violácea mientras ésta después de girar la llave, abrió la puerta para finalmente entrar.
La ex-pareja visualizó a los niños sentados juntos encima de la cama, dándoles la espalda.
—Takheru, Maru—Les llamaron Ran y Reizo.
—No queremos hablar con vosotros...—Se atrevió a decir Maru.
—Pero nosotros si, Maru—Replicó Reizo con tristeza—Dejen que justifiquemos lo que hemos hecho, por favor
—Si, mis pequeños...—Dijo Ran entonando una voz de súplica.
Ninguno de los dos dio respuesta, por ello Ran y Reizo, compartiendo una mirada llena de complicidad, decidieron empezar a narrar su relato.
—Vuestra madre y yo nos conocimos hace cinco años—Reizó pudo captar un atisbo de interés en las criaturas— Nos habiamos hecho muy amigos después de conocernos, al cabo del tiempo comenzamos a encontrar refugio el uno en el otro, compartiendo nuestros problemas para desahogarnos. A parte de eso, nuestra relación era muy buena así que no tuvimos contradicciones cuando decidimos estar juntos a mediados del tiempo, sobre todo cuando una de las razones que nos llevo a desear hacerlos, fuisteis vosotros
—Así es, ambos decidimos casarnos al cabo de un tiempo para que ustedes pudieran tener una vida normal...Una familia—Continuó Ran, acercándose a ellos.—Si no os hablamos a cerca de esto fue porque nos pareció un poco pronto para hacerlo, así que optamos por hacerlo más adelante, cuando estuvierais preparados para ello
—Es cierto...—Reizó sonrió con tristeza.
—Por favor mis pequeños, no os enfadéis con nosotros—La violácea se colocó de rodillas en la cama para abrazar a Maru y a Takheru.— Queríamos hacer lo mejor para vosotros para que no sufrierais y tuvieseis que presenciar nuestro sufrimiento por estar solos. Sois lo más importante que hay en nuestra vida y por nada en el mundo podríamos haber permitido que eso sucediera.
Una lágrima cayendo sobre la mano de la luchadora de artes marciales llamó su atención. Era de la pequeña Maru, quien comenzó a hipar sollozando, para de seguido, después de un rápido giro abrazar a la karateca, dándose por vencida.
Maru pese a su gran resistencia junto a su hermano hacia cualquier situación, simplemente, el melancólico diálogo de sus padres fue tan insoportable como el calor del hierro recién sacado del horno de un herrero. Por ello cuando había escuchado que toda acción por parte de ambos había sido solamente por el bien de su hermano y ella, no le pareció justo seguir enfadada con ellos, no sabiendo que la intención fue hacerles felices.
Takheru por su lado seguía inmóvil, inmerso en sus pensamientos mientras de sus ojos también brotaban algunas lágrimas.
Estaba demasiado aturdido porque las inesperadas palabras de su madre lo habían pillado desprevenido, pero aún así continuaba con la incomprendida actitud que lo convertía sin duda alguna en un niño diferente y especial que nadie llegaría a comprender.
Menos Ran, su madre. Ella era la única persona que no necesitaba cuestionar a su hijo para saber cuales eran las misteriosas incógnitas que revoloteaban por su mente, así que sin previo aviso, le acercó más hacia ella para luego hundir la cabeza en su diminuto hombro, acercarse a su oído y susurrarle una simple, pero importante frase, la cual hizo que abriese los ojos como platos.
—¿Quieres saber quien es tu padre, verdad?
Mientras todo esto sucedía, Shinichi estaba ubicado dentro de su coche en frente de la comisaría, manteniendo una conversación telefónica con el detective de Osaka, quien habiendo insistido pesadamente, acabó consiguiendo lo que quería, conocer con lujo de detalles los hechos sucedidos del ojiazul cuando estuvo a solas con Ran.
—Menuda sorpresa, tío—Dijo alucinado el moreno del Oeste—. Y yo que pensaba que un gafe como tú jamás podría tener tanta suerte
—Oye, oye, no te he contado esto para que te hicieras el gracioso, Hattori—Replicó Shinichi mientras baja de su auto.
—Solamente estoy siendo sincero, Kudo—Heiji reía entredientes— Seamos sinceros lo tuyo nunca ha sido ser un hombre afortunado
—Esto me pasa por hablar de mis asuntos con maldito imbécil—Shinichi se quejó, luego entrecerró los ojos— La próxima vez mantendré la boca cerrada
—Oh venga ya, no puedes estar hablando en serio, soy tu amigo—Heiji se levantó del sofá (lugar en el que estaba sentado en la casa de Ran) para dirigirse a la entrada y salir a la calle.
—Pues te lo estás buscando por tus comentarios de payaso, Hattori—Respondió el ojiazul, entrando por la puerta de la comisaría.
—Bueno, bueno, ya lo dejo—Contestó el detective del Oeste, luego sonrió de forma sardónica— A veces se me olvida que tus absurdos berrinches se deben a que estuviste atrapado en el cuerpo de un niño, se nota que esa misteriosa droga te ha afectado el circuito neuronal
—Vaya, pues no sabría que opinar sobre ti después de haber tardado casi tres años en declararte a Kazuha—Ironizó Shinichi contraatacando.
—¿Y eso que tiene que ver?—Cuestionó el moreno con acento de Kansai.
—Supongo que lo mismo que mis berrinches junto a mi problema neuronal...
—Menudo rencoroso estás hecho—Se carcajeó Hattori— Solamente quería hacer que recordases con humor el tiempo en el que fuiste Conan, no te lo tomes a mal
—Sinceramente no es algo que me agrade recordar —Shinichi suspiró.— Tuve que fingir que era un crio de ocho años y si podría ser peor, tuve que vivir bajo el mismo techo que Ran, engañándola...No entiendo dónde le ves la gracia
—Fue difícil para ti, lo sé...—Admitió el moreno— Pero bueno, ya no es ningún problema del que debas preocuparte, después de todo, ya está solucionado en todos los sentidos ¿verdad?
—Si...—Evidenció.
— Oye Kudo, y hablando sobre tu antigua identidad. ¿Habéis hablado sobre eso Ran y tú, verdad?
—Sinceramente, no—Respondió Shinichi.— Necesito un poco de tiempo para encontrar la manera apropiada de confersarselo
— No necesitas buscarlo, Kudo—Contestó Heiji.
—¿Qué quieres decir con eso?—El ojiazul no comprendía
—Ella sabe que fuiste Conan—Hattori fue breve.
—¿Cómo va a saberlo si nunca se lo he contado?
—Es bastante simple, alguien que no fuiste tú se lo ha dicho—Le contó el moreno.
—¡¿Qué?!—Se escandalizó el ojiazul, alzando la voz en medio de la comisaría hasta tal punto de llamar la atención de todos sus compañeros.
—Kudo, ¿te ocurre algo?—Preguntó Takagi al susodicho.
—¿Acaso ha pasado algo grave?—Esta vez fue Sato la que le interrogó.
—N-No, no, no os preocupéis—Dijo Shinichi agitando su mano libre de lado a lado. Luego volvió a centrar su atención en la conversación con su amigo de Osaka.
—¿Quien ha corroborado eso?—Cuestionó nervioso en un susurro el ojiazul.
—Solo puedo decirte que lo sé de muy buena fuente...
Heiji notó una extraña presencia a sus espaldas, así que rápidamente se giró para saber de qué se trataba.
—!Demonios Kazuha, me has asustado!—Se quejó alarmado.
—Ni que fuese un fantasmá—Kazuha se colocó las manos en la cintura—¿Se puede saber que haces aquí con este frió?. Te vas a resfríar
—Tranquila, estoy bien—Respondió Heiji mientras se acercaba a su esposa—Estoy hablando con Kudo
—¿Así?
—Oye Hattori—Shinichi llamó a Heiji al otro lado del teléfono—¿Cuando piensas contestarme?...Llevas un buen rato ingnorándome
—Ah, lo siento Kudo, estaba hablando con mi mujer—Le contó el moreno mientras ponía el dorso de su mano en la nuca.
—Ya veo...¿Y bien?—El ojiazul seguía esperando ansioso.
Ciertamente el detective del Oeste cuando no había escuchado por parte de su amigo esa parte del relato—Conan y Shinichi eran la misma persona—Se tomó la libertad de anunciarle al ojiazul—de una forma "natural"—que la karateca estaba al tanto de ese interesante punto, teniendo la intención de dar con su aporte un buen empujón.
Una vez cumplido ese proceso ya no tenía por qué seguir metiendo las narices, se sentía bastante satisfecho con su trabajo. Ahora solamente quedaba la parte en la que Shinichi después de contar por sí mismo la verdad, preguntase a la de ojos violetas cómo se había enterado de tan reservado secreto.
Dicho esto, Heiji con aquella faceta que tanto lo caracterizaba decidió decirle a Shinichi unas cuantas palabras más para finalizar la charla.
—Kudo, yo no tengo nada que decirte porque solamente Ran tiene la respuesta— Y colgó.
—¿A qué te refieres con eso de que Ran tiene la respuesta?—Curioseo la ojiverde.
—Eh, a nada importante, no te preocupes—Conectó Heiji rodeándola con un brazo mientras volvían a entrar a la casa de la violácea.
—Heiji te conozco, cuéntamelo. ¿quieres?—La chica de la coleta hizo un puchero, derrumbando las defensas de su marido.
—Esta bien, esta bien—Aceptó— Le he dicho a Kudo que Ran ya sabe que él era Conan Edogawa hacía unos años
—¿Por qué has hecho eso?—Kazuha se alarmó.
—¿Por qué no tendría que hacerlo?—Su esposo arqueó una ceja, luego sonrió— Entre ellos las cosas se han arreglado completamente. Ran acabó confesando que Kudo era el verdadero padre del crío
—¿De verdad?
—Si..—Heiji asintió— Y por suerte todo ha salido muy bien. Es por eso que me planteé añadir ese minúsculo detalle—Continuó— Lo mejor para esos dos es que todos y cada uno de los cabos estén desenvueltos para que así más adelante no haya necesidad de tener que solucionar ningún tema relacionado con sus pasados. ¿No piensas lo mismo Kazuha?
Las palabras de Heiji sonaron con bastante lógica para la joven de la coleta, a pesar de no estar bien el hecho de que fuese él quien hubiera soltado esa significativa información de la vida de Kudo, pero la verdad es que no podía molestarse por dicho acto porque como bien había dicho las cosas no habían salido mal. Soltó un largo suspiro para de seguido regalar una sonrisa a su esposo, dándola como el símbolo de la razón.
Aunque, había algo que provocaba bastante curiosidad en la ojiverde de Osaka, pues desconocía lo la violácea tenía pensado hacer. Miró de nuevo a su detective con la duda marcada en su rostro.
—¿Y ahora qué pasará?—No hacia falta agregar más palabras para que Hattori comprendiese su pregunta.
Y tenía razón, pues en cuestión de segundo el moreno del Oeste, hizo una mueca de burla.
—¿Te han dicho alguna vez que eres muy cotilla?
—¿A qué viene eso ahora?—Para Kazuha ese comentario fue un ataque bastante gratuito. Se cruzó de brazos fastidiada mientras que Heiji mirándola divertido, se acercó para plantar un beso en la frente.— ¿Y esto que significa?
—Significa que te lo contaré todo cuando volvamos a la casa de Kudo—El moreno miró el reloj—. Creo que estaría bien que nos fuéramos ahora ya que seguramente a esos dos les llevará mucho tiempo lo que estarán haciendo ahí arriba
—¿A qué te refieres?—Interrogó confusa.
—Como bien te he dicho, te lo contaré todo en la casa de Kudo, así que ponte el abrigo mientras yo voy por Kotake ¿Esta bien?
—De acuerdo—Se rindió Kazuha, siendo presa de la curiosidad.
Mientras los de Osaka se preparaban para abandonar la residencia Kaoshiro, Ran y Reizo decidieron mantener una conversación con ambos niños, quienes expresaban una reacción llena de sorpresa en sus rostros. Especialmente el pequeño Takheru, pues después de escuchar el nombre de su verdadero padre se había quedado totalmente boquiabierto.
Shinichi Kudo.
Exacto, se trataba del mismo hombre que le había dejado ayudar en el caso de la desaparición de su madre, dándole la libertad para resolver el enigma, consiguiendo finalmente gracias a un trabajo en equipo ubicar a la violácea justo a tiempo.
Después de aquello se había enterado accidentalmente de la cruda y triste realidad, la cual hizo que actuase por impulso, alejándose junto a su hermana Maru de sus padres, deseando no volver a verles nunca más, siendo la mentira el combustible de semejante dolor. Estaba completamente seguro de que nadie sería capaz de llegar a encontrar la cueva que yacía escondida entre los matorrales, pero ahí se encontraba nuevamente Shinichi para demostrar todo lo contrario. Con ello había conseguido una gran admiración por parte de la criatura, la cual aumentó cuando el ojiazul se quedó en dicho lugar para evitar su derrumbamiento con unos cuantos palos.
Ahora más que nunca le gustaría conocer al susodicho que poseía el título de padre. Su acelerado corazón hacia que los nervios se transportasen por todo su ser, hasta tal punto de de notar sus manitas temblar al igual que un ligero cosquilleo se procesaba cada vez con más intensidad.
Ran pudo reparar en la incontrolable energía que desprendía su hijo, así que para transmitirle fuerza le sujetó obteniendo con ello tu total atención, le sonrió.
Reizo por su lado teniendo el mismo coraje que Ran, se acercó a Maru para de seguido cogerla entre sus brazos.
—Supongo que tú también estarás deseando saber quien es tu madre ¿no es así cariño?—Dijo Reizo, acariciando el cabello de la niña.
—Si...—Respondió Maru con un eje de tristeza mirando a Ran.
—Bien, iremos a tu cuarto pequeña—Informó. Luego echó un ojo a la violácea— Os dejaremos a solas, Ran. Cuando acabes tenme al tanto porque necesito hablar contigo
—De acuerdo...—Replicó la luchadora de artes marciales recibiendo a cambio un asentimiento.
Una vez padre e hija salieron de la habitación del pequeño Takheru, Ran se levantó y se acercó a la ventana. Sabía cual sería la siguiente pregunta de su hijo, no cabía duda de ello.
—¿Cuando lo conoceré?— Y ahí la tenía.
—Lo antes posible —Contestó Ran apoyada de espaldas en el marco de la ventana.
—¿Y cuánto tiempo es eso exactamente?—Ran admitía que su hijo había heredado de su gran propulsión por las preguntas, sin embargo el mal genio que en estos instantes emitía el pequeño Takheru debido a la inquietud, era sin duda alguna, algo asemejado a su padre.
—Tenía pensado llamarle hoy para arreglar en un día de estos una salida entre vosotros—Le dijo— Seguro que estará encantado con la idea porque, él también tiene ganas de conocerte
—¿Sabe que yo soy...?—Interrogó Takheru desorbitado.
—Si, también se acaba de enterar de que eres su hijo, para ser exactos, se enteró hoy mismo...
—¿A él también le habías mentido?—Esa pregunta no se la esperaba, había sido un golpe muy bajo.
—No tuve elección, lo siento—Contestó la karateca con la mirada sombría mientras sonreía melancólicamente— Han pasado demasiadas cosas en el pasado que me habían llevado a tomar esta decisión, tú eres un niño, así que no lo comprenderías
—Mmmm, ¿Y él te ha perdonado?—Otra inesperada cuestión que definitivamente la dejó sin aire.
—Si...—Manifestó Ran en un inaudible susurro que solo Takheru pudo escuchar.
—Ya veo... E-Entonces supongo que yo también puedo hacerlo...—Hablo con un leve sonrojo en sus adorables mejillas. La karateca incrédula se aproximó hacia él para ponerse de rodillas y encontrar su mirada.
—¿De verdad que me perdonas?
—¿No lo acabo de decir mamá?—Respondió con otra pregunta esquivando la mirada de su madre.
—Gracias, gracias, gracias, mi bebé—Ran lo abrazó con ternura.
—¡Mamá! que ya no soy un bebé—Se quejó Takheru queriendo liberarse de los brazos de su madre—¡Mamá, suéltame, que me asfixias!
—Esta bien, Takheru—Decidió soltarle sintiéndose completamente liberada de sus problemas. Por fin podría decir que la vida le estaba sonriendo como ella siempre había deseado.
De repente, el sonido del móvil proveniente de su bolsillo la sacó de su ensoñación. Se asombró al leer el nombre de su amado en la pantalla del aparato.
—Tengo que atender esta llamando, es importante—Takheru simplemente asintió, vislumbrando un notable brillo en las pupilas de su madre. No había podido rechistar. Ran embriagada por primera vez en mucho tiempo por la felicidad, abandonó la habitación de Takheru para finalmente atender a la llamada— ¿Shinichi?
—Hola Ran—Saludó el ojiazul con la voz un poco temblorosa.— ¿C-Cómo estás?
—Muy bien, ¿y tú?—Sonaba bastante alegre.
—Un poco cansado, pero bien—Replicó.
—No te sobreesfuerces, podrías enfermar—Advirtió su amada preocupada.
—Estaré bien, no te preocupes—Ran le llamó cuando vio que no contestaba.
—Bien, bien...Y bueno, ¿a que se debe tu llamada?—Quizá no debió de haber dicho eso, pensó la violácea.
—¿Te molesta?
—Por su puesto que no—Confesó con dulzura— Puedes llamarme cuando quieras
—En realidad si que lo había hecho por algo—Ran frunció el ceño cuando Shinichi rompió la escena de esa forma.— Verás Ran...Tengo que hablar contigo sobre algo importante
—¿De qué se trata Shinichi?—Interrogó medianamente intranquila.
—No es algo de lo que me gustaría conversar por teléfono, así que dime...¿Podríamos dialogarlo en mi casa?
—S-Si, claro—Contestó Ran después de un silencio que a Shinichi le había parecido interminable.
—Te recogeré cuando salga del trabajo—Le avisó. De repente la voz del inspector Megure llamando al ojiazul se escuchó por la comisaría— Ran, el trabajo me llama, tengo que dejarte
—Tranquilo, no pasa nada—Le tranquilizó— Estaré esperándote, Shinichi
—Te quiero, Ran...—Confesó el detective del Este.
—Y yo a ti
Y colgaron.
Ran mostró en su faz una expresión llena de ternura, pues pensó que esta misma noche tendría el momento perfecto para comunicar a Shinichi de que su hijo quería relacionarse con él. Estaba tan feliz.
Un pequeño símbolo en forma de carta en la parte superior de la pantalla de su móvil hizo que saliera de su atmósfera de paz. Entró en la bandeja y lo abrió.
"Sentimos habernos ido sin avisar, Ran. Kotake tenía hambre y a causa de los nervios se nos olvidó traer el biberón y la leche. Espero que lo comprendas.
Kazuha."
—Vaya, se han ido—La violácea se apenó, pues ni siquiera se había percatado de la ausencia de sus amigos. Pero luego recordó que más tarde estaría en la mansión de Shinichi, por lo tanto aprovecharía para disculpar al igual que agradecer por el apoyo de Kazuha y la colaboración de Heiji.
Ran a causa del agitado día a penas había comido, teniendo como signo evidente el rugido proveniente de su estómago por lo que, decidida, caminó para dirigirse a la cocina queriendo preparar algo calentito. Minutos más tarde, la de ojos violetas oyó unos pasos avecinándose hacia la zona.
—Hola...—Saludó Reizo entrando a la cocina.
—¿Cómo te fue con Maru?—Preguntó Ran, sin andarse con rodeos.
—Más o menos...—Respondió mientras se sentaba en una silla en frente de la luchadora de artes marciales.— Dice que quiere conocer a su madre
—Eso es fantástico—Dijo Ran, dejando una taza de chocolate en la mesa para Reizo, quien se había quedado inmerso en sus pensamientos. La karateca supuso que necesitaba que tenía problemas, así que le cogió de la mano devolviéndolo al mundo. Había estado junto a Reizo durante mucho tiempo y bien sabía que algo no andaba bien con él cuando actuaba de esa manera— ¿Cual es el problema, Reizo?
—Su madre...Fumie—Manifestó finalmente.
—¿Qué pasa con ella?—Cuestionó la de ojos violetas, quien se temió lo peor— ¿Acaso...no quiere conocerla?
—No es que no quiera...
—¿Entonces?
—Su madre necesita estar curada del todo para cuando tenga que tener a Maru con ella—Reizo se masajeó la sien— El caso es que a Fumie le queda un largo tiempo de terapia, y no sé si desearía intentarlo teniendo todavía problemas con el alcohol
—Ya veo— Ran agachó la cabeza, pensando.— Yo creo que debería arriesgarse, al menos por Maru, porque no sería justo para ella tener que esperar, sobre todo ahora conociendo toda la verdad
—Eso es lo que pienso yo, pero no Fumie...—Reizo se cubrió la cara con ambas manos.
—¿Por qué no vuelves a Nueva York para convencerla de venir aquí?—Le sugirió la karateca. Riezo la miró confuso, pero a la vez intrigado— ¿No crees que sería bueno para su terapia tener a Maru cerca como apoyo?
—¿Estas insinuando de que la traiga a vivir en Japón?—Interrogó.
—Si...—Susurró Ran—. Es una buena opción porque nadie sale perdiendo. A pesar de que Maru no sea mi hija, la he sentido como si lo fuese. Además de eso, también está Takheru quien la echaría de menos si tú llegases a tomar la decisión de llevártela a New york—Sonrió con tristeza— Siento haber pensado de forma egoísta, pero no pude evitarlo
—Ran, te entiendo—Reizo apoyó la mano en el hombro de karateca— No te aflijas, nunca he pensado en alejar a Maru de vosotros, pues eso habría sido demasiado egoísta
—Muchas gracias Reizo—Le agradeció Ran.
—¿Sabes?, debería hacerte caso y pedirle a Fumie que se viniera a vivir aquí...
—Me parece muy bien— Le Dijo la karateca a Reizo— ¿Cuándo volverás?
—Si a ti no te importa, llamaré hoy mismo para reservar un billete para el día de mañana...Así soluciono este problema lo antes posible
—No hay problema, hazlo—Ran aprobó la propuesta. Ambos con una mirada, dieron fin a sus diálogos.
Se levantaron a la vez con el propósito de seguir con sus deberes. Cuando la violácea estuvo a punto de marcharse, Reizo sin previo aviso la abrazó, sorprendiéndola.
—Gracias por todos estos años, Ran. Me siento afortunado por haber encontrado a una mujer tan maravillosa como tú, me has ayudado mucho, y por eso me siento en deuda contigo—La de ojos violetas correspondió al abrazo, teniendo el mismo sentimiento Reizo.
—Lo mismo digo, me alegra mucho el haberte conocido, espero que a pesar de nuestra separación, sigamos siendo buenos amigos—Le dijo Ran cuando se separó.
—No lo dudes—Expresó Reizo.
Aquella íntima conversación había sido tan breve como intensa, al igual que conmovedora y emocionante. Por fin las cosas habían tomado una forma contundente, no había sido fácil, pero eso importaba poco cuando las cosas flotaban sin necesidad de hilos invisibles que podrían llegar a romperse a causa de cualquier inconveniente.
No, esta vez no, pues ya estaba la alegría, el bienestar y la satisfacción como nuevos motores de sus ,ahora, dichosas vida.
Ran recordó su cita con Shinichi, por lo que no había dudado en ponerle al tanto.
—Reizo, esta noche he quedado con Shinichi... me preguntaba si tú podrías...
—Puedes ir—Reizo la interrumpió— Yo cuidaré de los niños
—Esta bien, gracias—Como contestación, Reizo le guiñó un ojo para de seguido desaparecer por la puerta, dejándola a solas. Realmente sentía estar por las nubes, pues cuerpo debido a las tantas descargar de culpa y mentiras se había aligerado. Y era maravilloso.
Mientras la karateca disfrutaba de la fantasía que más había deseado, Shinichi había decidido llamar a su amigo con acento de Kansai para informarle sobre sus planes, pero lo que jamás se habría esperado, fue escuchar la voz de dos misteriosas personas.
—Mama, papá, ¿Por qué no me habéis avisado de que vendríais?—Preguntó el ojiazul con un tono lleno de fastidio.
—¿No es evidente?, queríamos darte una sorpresa Shin-Chan—Explicó Yukiko con la actitud que tanto la caracterizaba.— Además de eso, tenemos un tema pendiente en Japón
—¿Un tema pendiente?—El detective del Este arqueó una ceja— ¿Cuál?
—Eso es un se-cre-to—Le dijo Yukiko marcando las silabas.
—No podemos decírtelo, hijo—Sentenció Yusaku. Shinichi gruñó al ver que sus padres no parecían tener la intención de contar el verdadero motivo de su visita a Japón, pero prefirió dejarlo estar, pues se sentía demasiado feliz para exasperarse por culpa de la manía de sus padres. Sin más, de dio por vencido, dejando las cosas tal cual estaban.
—Esta bien, como queráis...—Acabó diciendo Shinichi— Por cierto mamá, necesito hablar con Hattori, ¿podrías pasármelo?
—Por supuesto, espera—Yukiko se acercó a Heiji y le entregó el teléfono.
—¿Qué pasa Kudo?
—Pasa de que había llamado para avisarte de que no estuvieras cuando volviese del trabajo por la zona porque pensaba traer a Ran—Le contó.
—Uhhhh, no te gusta perder el tiempo, eh Kudo—Le susurró Heiji a Shinichi poniendo una cara pervertida.
—No es eso imbécil—Le insultó el ojiazul sonrojado— Quería hablar con ella sobre mi pasado estando tranquilos, sin que nadie nos molestase...
—Comprendo...
—Pero con la inoportuna visita de mis padres no veo que sea buena idea llevarla para allá—Shinichi se apoyó en una ventana para ser golpeado por la brisa— Bueno, buscaré un lugar en el que pueda estar con Ran para conversar más en calma
—En resumen, no vas a dormir aquí—Dijo Hattori.
—Puede, no lo sé con exactitud...
—Kudo, si vuelves les contaré a tus padres todo lo que hiciste con Ran—Le amenazó Heiji en otro susurro.
—¡¿No serás capaz?!—Exclamó Shinichi, aturdiendo al moreno.
—Sabes bien que si lo soy, así que más te vale no asomar el pelo por aquí. Yo por si acaso estaré atento a la puerta preparado para ponerte en un aprieto. Bien, eso es todo, nos veremos mañana Kudo—Musitó Heiji antes de colgar.
—Maldito seas, Hattori—Gruñó Shinichi entredientes. Finalmente volvió a su labor.
Al cabo de unas horas la jornada laboral del joven Kudo había llegado a su fin, tenía más ganas que nunca de ver a su karateca, pues no había nada mejor que perderse en los ojos de aquella mujer que devolvía a su cuerpo la energía perdida. Era su medicina.
Guardó en su bolsillo el móvil que recientemente el cual había usado para enviar un mensaje a su amada, dándole el aviso de que dentro de diez minutos estaría delante la puerta de su cada. Y así fue para la sorpresa de Ran, por primera vez no había podido quejarse de la impuntualidad de su detective. Se subió al coche y le dedicó una de aquellas sonrisas que tanto le gustaban para de seguido con todo el anhelo del mundo, darle un fugaz pero tierno beso en los labios.
Luego, el ojiazul emprendió la marcha siendo el silencio otro compañero en el camino, algo que la karateca había decidido romper después de ver que no cogían la ruta que les llevaría a la mansión Kudo.
—No vamos a ir a mi casa—Dijo Shinichi sabiendo lo que había pensado la violácea— Mis padres están de visita y seguramente no nos dejarían tranquilos, así que, he pensado que podríamos ir a cenar mientras hablamos de nuestras cosas en una habitación que he reservado en el Hotel de Beika
—¿En el hotel de Beika?—Replicó Ran para de seguido cerrar los ojos y relajar su cuerpo en su asiento— Hacia tanto que no había ido a ese lugar... que recuerdos
Era evidente que Ran lo había dicho por la última cena que habían tenido hacia unos años , la misma que el detective del Este no pudo acabar a causa de su transformación.
—"Esta vez no permitiré que nada ni nadie me separe de ti, Ran"—Pensó el ojiazul con seguridad.
Media hora más tarde, se encontraban delante del magnifico y famoso hotel ubicado en el centro de Beika.
Shinichi y Ran sin tiempo que perder, se adentraron en el edifico, se acercaron al mostrador y recogieron la tarjeta correspondiente a la habitación que había sido reservada. Subieron por el ascensor, el cual tenía por los cristales permitía deleitar la vista de cualquier persona, siendo protagonistas de ello las luces de la ciudad.
—Es precioso ¿no te parece, Shinichi?—Ran apoyó la cabeza en el hombro de su amado, quien igual de maravillado entrelazó inconscientemente sus dedos con los de la joven karateca.
—Ya lo creo, Ran...
La vista fue hermosa para la pareja, pero más increíble fue la habitación o más bien Suite que Shinichi había reservado. Los colores junto al sofisticado le daba un toque bastante cautivador, sobre todo por aquella impresionante mesa teniendo la comida preparada para comer en la mesa.
—Si que son eficaces—Le susurró Shinichi a Ran en el oído, abrazándola por la espalda— Les había pedido por teléfono que una vez nos viesen entrar lo preparasen todo. ¿Te gusta?
—Es precioso, me encanta—Le contestó para de seguido girarse, queriendo conectar su mirada con la del ojiazul.
—Me alegra escucharlo—El detective del Este depositó un beso en la frente de Ran—Tengo hambre... ¿Cenamos ya?
—Claro—Ran aceptó sonriendo de forma tierna.
La cena había transcurrido con normalidad. Shinichi y Ran solamente se habían dedicado a recordar sus tiempos de instituto, riendo entre ellos en esa hermosa velada mientras la luz de la luna era otra lámpara en esa noche casi estrellada.
Cuando acabaron, Shinichi pensó que ya había llegado el momento adecuado para hablar de la identidad de Conan Edogawa, un niño de lentes que hacia unos años había sido su capa de camuflaje para no ser reconocido por los hombres de negro.
El ojiazul la miró teniendo los nervios a flor de piel, mientras que ella con un brillo en sus ojos, esperaba curiosa a que diese inicio a su relato.
—Ran, esto...— Shinichi se aclaró la garganta— ¿Recuerdas que te dije que tenía algo de qué hablarte?
—Claro, ¿no era por eso que estamos aquí?—Replicó la violácea riendo divertida.
—Si es verdad...—Dijo el detective un poco avergonzado al verse dominado por los nervios.
—Dime, ¿de qué querías hablarme?—Interrogó la karateca.
—Verás, es algo que ha pasado hace muchos años, pero creo que lo más correcto sería aclararlo para que nuestra relación no tenga más secretos...ni mentiras—Confesó Shinichi, teniendo la completa atención de su amada— Bueno lo que quería decirte es que...¿te acuerdas de un niño con gafas de la edad exacta de ocho años que había vivido en tu casa?
—¿Te refieres a Conan?—Preguntó Ran acomodando su mejilla en el dorso de su mano, teniendo como soporte su codo contra la mesa.
—Si—Corroboró el ojiazul, luego clavó su mirada azulada en los ojos violetas de Ran—Lo que pretendo decirte es que ese niño, Conan Edogawa...era yo
—Lo sé—Respondió inocentemente sin pestañear.
Aquella actitud a Shinichi no le había sorprendido en absoluto, pues ya estaba al tanto del conocimiento de la karateca, sin embargo él, a pesar de contar con ese dato no había podido evitar agitarse cuán gelatina. Pero ya lo había soltado así que ya podía respirar hondo sin sentir presiones, aunque, había una cosa que provocaba sus instintos, y era que le gustaría saber como su violácea se había enterado del secreto que siempre había pretendido alejar de ella.
—Ran, ¿Cómo lo supiste?—Preguntó.
—Te vi en un caso de asesinato detrás de mi padre haciendo cosas extrañas—Le contaba la violácea— Desde aquel caso, había decidido tenerte vigilado más de cerca, pero sin llegar a hacer que te dieras cuenta. Un día llegue un poco tarde a casa y casualmente estabas en la oficina de mi padre, estando solo y a oscuras. En vez de entrar para sorprenderte, preferí quedarme fuera espiándote. Supe de inmediato que estabas hablando con Hattori porque había conseguido descifrarlo por el tono de su voz. Y ese día supe que Conan eras tú...porque él te había llamado Kudo.
—¿Y por qué después de escuchar aquello no me plantaste cara?—Preguntó sorprendido.
—Porque tu conversación con Hattori había sido sobre mi...—Manifestó.
Cierto, pensó Shinichi cuando recordó con más claridad la noche en la que había decidido llamar al moreno del Oeste para hablarle sobre la investigación que estaba llevando a cabo para descubrir la verdadera identidad de Rum. Cuando el tema había finalizado Hattori—como de costumbre— le preguntó si seguiría extendiendo su mentira con su amada. Shinichi no había tardado en contestar a la respuesta del susodicho..."Aún no le diré la verdad porque eso significaría ponerla en peligro"
—No voy a negar el hecho de que me haya enfadado contigo por haberme ocultado algo tan importante—Expresó la de ojos violetas— Pero cuando me había calmado, acabé dándome cuenta de que lo hacías para protegerme. Había logrado comprenderte, Shinichi
—Ran...—Un brillo en los ojos de Shinichi hizo acto de presencia, quien agradecido, cogió a la karateca de la mano— Perdóname por habértelo ocultado, había sido un caso muy peligroso y no quise involucrarte
—Lo sé, por eso te perdoné hace mucho tiempo—Dijo Ran con una mirada llena de ternura.— No debería quererte tanto maniático de los misterios
—¿A quién llamas tú maniático de los misterios, eh?—Shinichi fingió enfado.
—No veo a otro detective en esta habitación...—Se burló, siguiendo el juego
—Se está excediendo, señorita—El ojiazul se levantó de su asiento para de seguido aproximarse peligrosamente a su chica, y cogerla rodeándola por la cintura— ¿Sabe?. Podría meterse en serios problemas por su osadía
—¿Así?—Replicó la karateca, viendo como su amado acercaba su rostro al suyo.
—Si—Musitó haciendo que ambas narices se rozaran, sin romper la conexión visual con la de los ojos violetas.
—Asumiré el riesgo—La fragancia del perfume del ojiazul aturdió los sentidos de Ran.
—¿Estás segura?—El detective comenzaba a rozar sus labios, haciendo que la karateca incapaz de hablar cerrase los ojos, como prueba de completa entrega.
Shinichi derrotado por su propio juego, la besó, pero fue un contacto corto al igual que apetitoso. Había sido tan embriagador que en cuestión de segundos se fundieron en otro, siendo más apasionados, entusiastas e impacientes.
Ran se colgó del cuello de su detective, dejándolo saborear con la lengua cada parte de su cuello, alterando irremediablemente sus emociones hasta tal punto de hacerla gemir. Ahí fue cuando la chispa de Shinichi se convirtió en una llama que ni siquiera el mar podría apagar.
Codiciado por la música de la musa de su universo, el detective la cargó entre sus brazos, mientras se deleitaba con el beso que le daba su karateca.
Las caricias empezaron a ser más atrevidas cuando estuvieron encima de la cama. Shinichi quien empezó a besar cada parte del cuerpo de Ran, comenzando a retirarle ese bonito bonito, el cual en estos instantes le parecía un verdadero estorbo que no había tardado en arreglar. En un chasquido de dedos se lo quitó, dejándola completamente desnuda delante de él. La violácea notando la esencia ardiente en su ser no se había quedado atrás. Devoró los labios de su detective mientras con sus largos dedos iba desabrochando cada botón de su camisa hasta que su último objetivo fue deshacerse de su cinturón para quitarle los pantalones.
Una vez desnudos, sus cuerpos se unieron en uno, derritiéndose mediante besos, caricias y gemidos, anhelando que aquella noche durase para toda la eternidad.
Era maravilloso...
Sobre todo porque ese día marcaba el inicio de una nueva etapa, el inicio de un futuro en el que las lagrimas serían de felicidad y no por lamentables desdichas.
Una nueva vida para los dos.
Y juntos...Desde Cero.
Continuará...
Autora; Hola preciados lectores, sé que me he retrasado con esta continuación, la verdad es que las cosas se me fueron amontonando y por esos mismos motivos no he podido publicar "Sueño" antes. Bueno, finalmente lo he conseguido traer. Espero que lo hayan disfrutado. Quiero agradecer todos y cada uno de los comentarios, peticiones y paciencia por parte de ustedes, me hace feliz tener tan buenos lectores, gracias por seguir conmigo en esta pequeña historia.
