XXII

'LILY!!!!'- Sam despertó llorando y gritando.- 'LILY!!!'

Miraba a su alrededor sin ver nada. No reconocía donde estaba. Y por su mente una y otra vez se repetía la misma imagen: Lily cayendo al suelo cubierta de sangre.

'LILY!!!!' – Tiró las sábanas y todo lo que había en la mesita. – 'LILY!!!'

Puso sus pies descalzos sobre el suelo y avanzó llorando.

'LILY!!!' – Las lágrimas caían sin cesar por sus mejillas.

Sirius sintió que el mundo se le caía encima. Caminó hasta Sam y le habló suavemente.

Esta ni siquiera lo escuchó, ni siquiera vio que lo tenía delante, ni siquiera sabía que Sirius estaba ahí.

'SAM!' – Sirius le cogió la cara desesperado ya. No podía ser que hubiera enloquecido! La obligó a mirarle. – 'SAM SOY YO! SOY SIRIUS!'

Los inquietos ojos de Sam por fin se centraron en algo. Su vista enfocó aquellos ojos y pérdida en aquel abismo gris, volvió en sí.

'Sirius…' – Murmuró llorando. – 'Han atacado a Lily…en el pasillo…'

'Tranquila Sam, todo ha acabado.' – Sirius abrazó a la chica. – 'Estas en la enfermería y Lily se esta recuperando, esta bien.'

Sam escondió su rostro en el pecho de Sirius y se desahogó llorando.

'Merlín…' – Black la abrazó con fuerza y la besó en la mejilla miles de veces. – 'Estas bien…'- Dio mil gracias por haberla recuperado. – 'No te he perdido.'

Segundos más tarde la Enfermera Pomfrey vino, la obligó a sentarse en la camilla y la trató detenidamente. Tras comprobar que estaba bien, los dejó a solas.

'Crucio…' – Recordó Sam sintiendo un escalofrío.

'Fue Bellatrix.' – Le explicó Sirius mientras la arropaba.

'No fui capaz de proteger a Lily.' – Murmuró decepcionada Sam.

'Diez contra dos no es un duelo muy razonable.' – Apuntó Sirius para darle ánimos.

'Fueron un montón de Sectusempras a la vez…' – Sam se reincorporó y tiró su almohada con rabia. – 'Hijos de la grandísima p…'

Sirius estalló en carcajadas. Sam seguía siendo la misma y estaba perfectamente.

'Cogimos a cuatro.'

'¿Sí?' – Preguntó con sonrisa maliciosa y un brillo en sus ojos negros.

'Bellatrix, Snape, Goyle y Byron.' – Le dijo Sirius con orgullo. – 'Y a los tres últimos se les ha quedado una cara preciosa, sobretodo a Byron y a Snape.' – Se besó sus nudillos.- 'Sois fantásticos.'- Sam se fijó en que los tenía hinchados y rojos y se imaginó que había ocurrido.- 'Pero no podrás vengarte de esos, ahora mismo están haciendo sus maletas para irse de Hogwarts y pasar a manos del Ministerio.'

'¿Los expulsan de Hogwarts?'

'Es el mayor castigo que puede aplicarles la escuela.'

'¿Quién paró Crucio? – Preguntó Sam. – 'Le debo la vida a quien cortó aquella tortura.'

'Fui yo.' – Sirius sonrió.

'¿Tú?' – Preguntó sorprendida. – '¿Pero como sabías que nos estaban atacando?'

'Ibamos los Merodeadores a hacer una de las nuestras, cuando nos encontramos con todo aquello.' – Le acarició la mano y Sam le sonrió con aquella sonrisa tan típica de Black. – 'Paramos el ataque de los Sangre Pura y se retiraron corriendo como gallinas en todas direcciones.'

'¿Y cuando fue aquello?' – Sam se tocó la cabeza. – 'No me di cuenta de nada…'

'Normal.' – Sirius se sentó en la camilla, a su lado. – 'Te tuve en mis brazos después de atrapar a Bellatrix. Estabas medio muerta y con los ojos en blanco.' – Sirius la besó en la mejilla y le susurró al oído: –'Casi me matas del susto.'

'Quizás debería haberme quedado un rato más así.' – Sonrió pícaramente.

'No bromees con eso.' – La regañó Sirius. – 'Ni cuando tengo a Lunático frente a mí en una noche de luna llena, lo paso tan mal.'

Sam sonrió reconfortada por las palabras del chico. Apoyó su cabeza en su hombro cariñosamente y lo miró.

'Gracias.'

Sirius pasó un brazo por la espalda de la chica. Sentado en la camilla se puso frente a frente con ella y con la otra mano le acarició la mejilla.

Ambos sabían perfectamente lo que les ocurría y los dos sabían lo que iba a ocurrir.

Sam pasó sus brazos por su cintura, pegándose a él sin dejar de mirarlo, ni sonreírle.

'Que tenga que pasar esto para que no demos cuenta…' – Susurró Sirius mirando con deseo los labios rosados de Sam. – 'Somos un par de idiotas.'

'Ninguno ha querido admitirlo hasta hoy.' – Sam acercó su boca a la suya, la lujuria se apoderaba de ella.- 'Aún así...'

'SAM!' – Gritó una voz al tiempo que abría las cortinas que rodeaban la camilla.

Los dos jóvenes se separaron en un visto y no visto. Sam se tiró hacia atrás tumbándose en la cama. Sirius se levantó justo a tiempo y le tendió una mano al hermano mayor de Sam.

'Hola Charles!' – Sonrió intentando disimular. – '¿Como van las cosas?'

Sam escondió sus mejillas sonrojadas bajo las sabanas.

'Muy bien, Sirius.' – Charles, que era tan alto como Sirius y muy parecido a Sam, le estrechó la mano con fuerza. Le estrujó tanto los dedos, que el pobre chico supo que los había pillado. – 'Me alegro de verte.'

'Mejor os dejo solos.' – Se zafó de la mano de Charles y salió de allí acariciándose los dedos maltrechos. – 'Sigue hecho un capullo…' – Murmuró enfadado cuando cerró las cortinas. – 'Ahora que por fin estaba todo claro…Maldito Charles.'

Se sentó en una silla que había frente las cortinas cerradas donde descansaba Sam y meditó. Sirius Black había tenido un gran dilema durante todo el día¿Era Sam otro capricho o se estaba volviendo tan idiota como James, que vivía enamorado? La atracción tan enorme que había ejercido Sam en él mientras ella dormía y las palabras de Anthea, le habían confirmado lo que tanto se temía. Pero no, Sirius Black era demasiado orgulloso para admitir que su peor enemiga, con la que cada día tenía una pelea, le gustaba. Su orgullo no se permitía estar enamorado, el orgullo de Black lo único que quería era enamorar.

Pero de la mañana a la noche todo había dado un giro drástico.

Al verla retorcerse de dolor en el suelo con Byron siseándole al oído, la ira afloró. Al tenerla entre sus brazos casi muerta, su corazón latió y sus sentimientos salieron a la luz.

Cuando vio que se la llevaban, se dijo que era un imbécil acabado, la iba a perder. Y cuando la recuperó en la enfermería, se prometió no volver a interponer jamás el orgullo frente a los sentimientos.

El dilema estaba resuelto. Sirius Black estaba enamorado de Sam Hewitt y lo aceptaba.

La voz de Charles lo sacó de sus pensamientos. El hermano mayor de Sam salió y cerró tras él las cortinas. Sirius se levantó y se acercó a él.

'Me marcho ya.' – Le pasó una mano por los hombros a Black y lo miró a los ojos. – 'Gracias por haberla salvado y por favor, cuídamela.'

'Esta en buenas manos.' – Black sonrió satisfecho. – 'No te preocupes.'

Charles levantó una ceja, escuchar aquellas palabras salir de la boca de Sirius no le inspiraba mucha confianza. Conocía muy bien al chico. Agachó la cabeza y le susurró al oído:

'Cuidarla y protegerla no implican ponerle las manos encima. No soy idiota y tengo que decirte que te he pillado en pleno ataque. Disimulas muy mal.' – Siseó con dureza. - 'Como toques a mi hermana te corto lo que tienes entre las piernas¿entendido?'

'Entendido Charles.' – Sirius sonrió a pesar de aquel nudo en la garganta.

'Adios Sirius.' – Salió de le enfermería con altanería.

Sirius bufó aliviado.

'Me ha acojonado.' – Volvió hacia donde reposaba Sam. – 'Odio los hermanos mayores que tienen ese instinto tan protector con sus hermanas.' – Cerró los ojos abatido y se lamentó. – 'El cabrón de Charles me va a hacer la vida imposible.'

Sirius fue a abrir las cortinas, pero Sam se le adelantó. Salió tan solo con la blanca camisa y la falda de la escuela y avanzó descalza por el pasillo. Sam, con Sirius detrás preguntándole una y otra vez a dónde iba sin obtener respuesta, llegó hasta una habitación apartada de la enfermería. Descorrió las cortinas suavemente…

Encontró a Lily dormida en la cama. Tenía la piel muy blanca, con la palidez de la muerte aún. El cabello rojizo, descansaba suelto sobre la almohada. Colgado de la nada una inmensa bolsa llena de sangre, conduciendo la sangre por un tubo hasta el brazo izquierdo de Lily, donde le era inyectada por una aguja. La prefecta respiraba con dificultad y tenía las marcas de las heridas no curadas del todo.

'Lily…' – Murmuró a punto de echarse a llorar.

'Pomfrey ha dicho que en una semana estará como siempre.' – James, con los ojos hinchados de llorar, la abrazó. – 'Me alegro de que estés bien.'

'Soy una inútil…' – Las lagrimas cayeron por sus mejillas. – '¿Pero como he sido capaz de permitir esto? Se suponía que yo debía protegerla…'

'Sam no te tortures más.' – James le secó las lágrimas. – 'Diez contra dos.' – Le recordó. - 'Ha sido una suerte que no murierais ni tú ni ella.'

'Al menos evitamos lo que querían.' – Sirius le dio unas palmadas a James en la espalda para reconfortarlo. – 'Ese mapa es el mejor invento que jamás hayamos podido hacer.'

Sam se acercó hasta la camilla y besó a Lily en la frente. Le cogió la mano y se la estrechó suavemente.

'Lily, lo siento.' – Finalmente se hundió y empezó a llorar desconsoladamente. – 'Perdoname!'

'Sácala de aquí, Sirius.' – Murmuró James amenazando con derrumbarse de nuevo. – 'No dejes que Sam sufra más. Ha tenido suficiente por hoy. Todos hemos tenido suficiente, hay que ser fuerte.'

Sirius se acercó a Sam con el corazón encogido en un puño, la llamó suavemente y la quitó de al lado de Lily. La cogió en brazos y Sam ahogó su llanto en su pecho.

'Si alguien pregunta, le dices que esta conmigo en la Sala de los Menesteres.' – Le dijo Sirius antes de salir. En otras circunstancias aquello hubiera sido poner en bandeja una burla subida de tono, pero ningún Merodeador tenía ganas de bromear. – 'Creo que es el mejor lugar para que se calme y descanse bien.'

'De acuerdo.' – Le respondió James sentado en una silla al lado de Lily, con lágrimas cayendo por sus mejillas. – 'Cuídala.'

'Sé fuerte James.'

El chico moreno asintió, quiso decirle lo mismo a Sirius. Alguna palabra que lo animara, porque al fin y al cabo no hay nada más doloroso que ver sufrir a una persona querida. Más en aquel momento, sentía que no tenía voz. No tenía fuerzas.

Sirius dejó la enfermería llevando a Sam en sus brazos, caminó por los pasillos de Hogwarts y evitó volver a pisar el pasillo donde las atacaron. Tampoco quería que Sam viera el charco de sangre o el maldito escrito que los profesores aún intentaban borrar.

'Muerte a los Sangresucia y a los Traidores a la sangre en nombre de Lord Voldemort.'

No había escuchado jamás aquel nombre y tampoco se sintió jamás traidor a nada, pues la creencia de una sangre limpia le era completamente falsa. Pero se sintió orgulloso de haber abandonado su familia y no haber acabado como su prima Bellatrix.

Las puertas de la Sala de los Menesteres aparecieron. Para alivio de Sirius, Sam bajó de sus brazos y él pudo abrir las puertas sin ningún altercado esta vez. No supo bien, si lo que había aparecido había sido por ella o por él, pero sin duda era lo que ambos buscaban. Era una acogedora habitación, con chimenea de fuego que la calentaba, con un sofá, con una gigantesca cama…Pintadas las paredes de colores cálidos, con suaves cortinas de seda que aireaban dulcemente con la brisa de la noche.

'Sam, intenta dormir.' – Le dijo Sirius mientras se quitaba la túnica de Hogwarts y se la daba. – 'Y ponte esto, no quiero que cojas frío.'

Sam se miró antes de coger la túnica. Debía tener un aspecto deplorable, con los ojos rojos, el cabello negro enmarañado y la camisa y la falda manchadas de sangre.

'Sirius, ya sé que estoy hecha un asco pero…' – Sam lo miró a los ojos. – '…duerme conmigo, por favor.'

Black le sonrió con ternura, la cogió en brazos y la llevo a la cama. La arropó y le echó su túnica por encima. Después se tumbó de lado a su lado y le pasó un brazo por encima.

'Sam…' – Murmuró Sirius. La chica lo instó a seguir con una mirada entristecida. – 'Eres preciosa.' – La chica sonrió y Sirius pegó su frente a la suya. – 'Siempre has sido una bonita princesa, y aunque ahora mismo no vayas tan guapa como el baile, eres hermosa.'

'Gracias Sirius.' – Sam lo abrazó y cerró los ojos. – 'Gracias por todo.'

James acercó su silla lo más que pudo a la cama donde Lily seguía durmiendo. Apoyó la cabeza en el colchón sin soltar la mano de la chica. La enfermera Pomfrey le había dicho que debía dormir, pero aquello le parecía imposible. Antes de dejarle verla, Dumbledore le había dicho que debía ser fuerte, que Lily necesitaría unas manos fuertes que la ayudaran a levantarse. Se habían acabado las ganas de llorar, las lágrimas se habían ido con la fuerza. Y la ira por lo ocurrido, había sido superada por la preocupación y su dolor.

James se levantó de la silla. Acarició con ternura la frente de Lily, recorrió sus facciones con una caricia llena de amor y se detuvo en sus labios, morados en aquel momento.

Cuando Lily por fin le había dicho en el Balcón de la Primavera que lo quería, se había sentido el más feliz del mundo, se la comió a besos. Había atacado a Remus, a Sirius y a Peter con abrazos y besos llenos de alegría y euforia, llevándose un buen puñetazo de Sirius. Había gritado por cada pasillo de Hogwarts que hoy era el día más feliz de su vida, porque Lily Evans le había dicho que le quería. Por que por fin estaban juntos.

Y aquel 12 de Enero que había sido el mejor día de su vida, se había convertido en la peor noche de su vida también.

Besó los morados labios de Lily y la última lágrima que le quedaba resbaló en sus labios entreabiertos. Se sentó de nuevo y apoyó la cabeza en el colchón, desolado.

'James…'

James levantó la cabeza de golpe.

'¿Lily?' – Preguntó para asegurarse de que la chica había hablado a pesar de tener los ojos cerrados.- 'Lily¿me oyes?'

'Hola…' – Murmuró Lily débilmente.

'Lily!' – La mirada verde de la chica se clavó en la suya. – 'Lily¿Cómo estas?'

'Pues, creo que un poco mal…' – La prefecta sonrió con esfuerzo. – 'Me duele todo.'

James le acarició la cara con cariño y la besó en los labios seguidamente.

'Te quiero, te quiero, te quiero, te quiero, te quiero, te quiero, te quiero…'

'Pensé que una vez se acabara la pesadilla de "Lily sal conmigo" no habría otra más.' – Bromeó la pelirroja. – 'Pero ya veo que has encontrado otra nueva frase.' – Alzó el brazo derecho y acarició la cara de James. – 'Pero de esa frase, no creo que me harte jamás.'

'Pensé que morirías.'

'Nadie puede con la prefecta de Gryffindor Lily Evans.' – Lily le sonrió dulcemente. – 'Debes dormir, se te ve cansado. Ve a la Sala Común.'

'Pienos instalarme aquí hasta que te recuperes.' – Le informó James. – 'Y nadie me saca de aquí, ni aunque me tire de los pelos.' – La besó en los labios de nuevo. – 'Ni aunque tú me lo ordenes me voy de tu lado.'

Lily rió divertida. Le revolvió el pelo despeinado a James y se levantó un poco, lo suficiente para rozar sus labios con los suyos. La lengua de Lily entró furtivamente en la boca de James…No tardó James en demostrarle todo lo que sentía por ella. De nuevo, como aquella mañana en aquel mágico lugar, como la noche anterior en la Sala de los Menesteres, los dos se envolvieron en aquella única sensación. Ni se dieron cuenta de que el tiempo pasaba mientras se besaban. Cuando la respiración se hizo agitada y Lily empezó anotar aquel dolor cerca de los pulmones, al subir y bajar su pecho, se separó con suavidad.

'Descansa James.' – Lo besó una última vez. – 'Duerme, yo estoy bien.'

'¿Te irás de Hogwarts?'

'No pienso marcharme de Hogwarts hasta que acabe de estudiar.' – Le respondió Lily con seguridad. – 'Mi sueño está aquí dentro James y nada ni nadie me lo va a quitar.'

James la besó de nuevo antes de sentarse en la silla.

'Snape, Bellatrix, Goyle y Byron cayeron.' – La informó James con orgullo.

'¿Dónde está Snape?'

James no supo cómo reaccionar cuando la chica pelirroja mencionó a aquel individuo.

'¿Y que importa Snape?'– Le respondió James molesto.

'Intentó protegerme!' – Gritó Lily. – 'Intentó frenarlos y después gritó un Protego muy bajo, pero que también me protegió!'

James estaba alucinando.

'SNAPE TE ATACÓ!' – Gritó preso de la ira.

'SNAPE NO ME ATACÓ!' – Gritó Lily.

'¿QUÉ DIFERENCIA HAY ENTRE EL QUE TE ATACA Y EL QUE SE QUEDA MIRANDO SIN HACER NADA AL RESPECTO?'

James no podía entender porque Lily defendía al asqueroso de Snape.

'¿ERES SORDO? TE HE DICHO QUE ME PROTEGIÓ!' – Lily intentó levantarse, pero al mover las piernas sobre el colchón fue consciente de cuan dañado se encontraba su cuerpo. Se dejó caer en la cama retorciéndose de dolor. – '¿Dónde está?'

'Lo van a expulsar.'

'James, por favor…'

'No pienso hacer lo que estas pensando.' – Le advirtió James dándole la espalda. – 'Lo siento, pero no.'

'Es inocente.'

'Es culpable.'

'Si no hubiera sido por mi Protego, el de Sam y el de Snape, yo no estaría aquí.'

'No.'

'Por favor.'

'No te aproveches Lily, no lo haré.' – James evitó mirarla, si lo hacía sucumbiría ante su voluntad. – 'Se merece que lo expulsen.'

'Me atacaron siendo yo inocente, no permitas que expulsen a Snape siendo inocente.'

'NO ES INOCENTE!' - James propinó una patada a la silla.

La mano de Lily lo agarró de la túnica y su voz suplicó.

'James…' – Su voz sonó segura pero al girarse vio que varias lágrimas caían por sus mejillas. – 'Por favor…'

Mientras se dirigía a toda prisa hacia el despacho de Dumbledore, se iba repitiendo lo mismo una y otra vez: 'Soy un gilipoyas por hacerle caso!' Jamás se perdonaría lo que iba a hacer, pero no podía evitarlo. No soportaba ver llorar a Lily y por ella lo hacía.

Se cruzó con McGonagall acompañando a Snape con su baúl hacia la puerta de Hogwarts. Los detuvo y sin mirar a Snape, porque si lo hacía estaba seguro de que lo mataría, le habló a McGonagall.

'Lily ha despertado y ha dicho que aunque Snape estaba con los Sangre Pura, no la atacó, sino que la protegió.' – Apretaba sus puños cerrados y respiraba agitadamente. – 'Lily no quiere que lo expulsen, dice que es inocente.'

'¿Esta seguro de lo que dice Potter?' – Preguntó McGonagall extremadamente seria.

'Vengo a decírselo yo, porque Lily no se puede levantar de la cama.' – Miró a McGonagall con el rostro lleno de ira. – 'Por mi lo podrían meter en Azkaban, que es lo único que se merece. Pero Lily asegura que es inocente.'

'Bien Potter, ahora mismo hablaré con el director.' – Le respondió la profesora. – 'Snape, venga conmigo.'

'Un momento.' – James agarró de la túnica a Snape y lo miró a la cara.

Severus Snape tenía la cara irreconocible, llena de moratones, con la sangre reseca, con los ojos morados…Tenía un brazo vendado y James supuso que se lo había roto cuando le pegó. Además caminaba cojo.

'Si te quedas en Hogwarts, te aseguro que te haré la vida imposible.' – Lo amenazó James. – 'Préparate, por que te voy a devolver el sufrimiento de Lily y de Sam triplicado.'

'¿Cómo está Lily?' – Preguntó el Slyhterin.

James perdió el control y le dio un puñetazo que lo tiró al suelo.

'POTTER!' – McGonagall se interpuso entre ellos.

'¿Y TIENES EL MORRO DE PREGUNTAR POR ELLA?' – Gritó fuera de sí. – 'COMO TE LE ACERQUES TE MATO! HIJO DE PUTA!'

'POTTER YA ES SUFICIENTE!' – Gritó McGonagall más asustada de James que enfurecida. – 'VUELVA CON EVANS!'

El chico agitado, enfadado y nervioso caminó de vuelta a la enfermería. Al llegar donde Lily reposaba, la miró enfurecido:

'Ya está.' – Dijo simplemente.

'Grac…'

'Te has aprovechado.' – Le replicó James enfadado al tiempo que se acercaba a ella. – 'No lo vuelvas a hacer, Lily. Jamás.'

Lily se reincorporó a pesar del dolor y lo abrazó. Escuchó los rápidos latidos del corazón de James y notó su pecho bajar y subir agitadamente a causa del enfado.

'Perdoname James, pero entiende que…'

'No me pidas que entienda nada.' – Murmuró con dureza. – 'Olvidemos esto, jamás me lo voy a perdonar.'

Lily apoyó la cabeza en su pecho, se sentía un poco culpable por haberle pedido a James aquello. Pero había escuchado perfectamente aquel débil Protego de Snape, que la había ayudado a salvarla y se lo debía al Slyhterin. Lily se sintió aliviada, su perdido amigo de la infancia Severus Snape, no era malvado y aún la quería. A pesar de todo, había un mutuo respeto y un mutuo afecto escondido en el fondo de sus corazones.

En la Sala Común de Gryffindor, Remus Lupin meditaba sentando en una de as butacas. Le estaba siendo imposible dormir. Los sucesos de aquella noche y un montón de temores, rondaban por su pensamiento. Les habían permitido ver a las heridas para calmarlos y después los habían obligado a volver a la torre de Gryffindor. Sirius y James la habían liado tanto que al final, con tal de que se callaran, lo habían dejado quedarse.

El estado de Lily era lamentable, pero Dumbledore había dicho que estaba afuera de peligro y aquello lo tranquilizaba. Pero de Sam no sabía nada, si había despertado o no, si como amenazó Byron, su mente había sido dañada o no. Fueron diez segundos interminables los que tardaron en encontrar aquel pasillo, diez segundos largos en los que los gritos de Sam habían resonado por todo Hogwarts. De todo aquello hacía ya más de dos horas. Si Sirius no había vuelto destrozado a la Sala Común, era que Sam estaba bien.

'Lupin…'

Anthea Landry bajó en pijama y envuelta en una bata por las escaleras. La pobre chica había perdido su esplendorosa belleza aquella noche.

'¿No puedes dormir, Landry?' - Remus le sonrió y le hizo un hueco en el sofá donde él estaba sentado, frente a la chimenea. – 'Todo esta bien ya, cálmate.'

Remus sabía que de lo que pecaba aquella chica era de inseguridad, nerviosismo y preocupación. La rubia se sentó en el hueco que le había dejado Remus, miró el suelo con la mirada apagada y musitó:

'Sé todo lo que ocurre, se lo que ha ocurrido y porqué.'

'¿No estarías tu entre ellos infiltrada, no?' – Preguntó Remus mirando a la chica.

'No, es más difícil de lo que parece.' – Le negó Anthea. – 'Estaba hablando con Dumbledore cuando todo ocurrió.' – La rubia clavó su mirada castaña en la de él.

Remus Lupin le cogió la mano.

'Cuéntame que sabes, Anthea.' – Le pidió amablemente.

'En le Mundo Mágico hay un joven llamado Tom Ryddle, o como el quiere que lo llamen: Lord Voldemort.' – Anthea sintió un escalofrío. El licántropo le apretó la mano para reconfortarla.- 'Hablé con él estas Navidades en una fiesta de mi familia, me embrujó con la Imperius sin usar su varita y durante un tiempo me tuvo a su voluntad. Es malvado y extremadamente poderoso.'

'Entiendo.' – Remus dedujo que aquel encuentro con ese joven, era la causa de que Anthea hubiese estado tan deprimida desde que volvió de vacaciones. – 'Sigue, Anthea.'

'Ese joven ha influido a todos los magos nobles, a los "sangre limpia".' – Anthea se lamentó. – 'Los padres de Sam, los de Sirius, los míos…Se ha puesto a esos nobles de su parte con la idea de prometerles un mundo en el que los muggles no tendrán cabida, en el que no habrá nadie de sangre sucia y tan solos los verdaderos sangre limpia como ellos vivirán. Quiere crear una estirpe de sangre limpia, que use la Magia Negra'

'Que estupidez más grande.' – Murmuró Remus dándose cuenta de la gravedad de la situación.

'Fuera de Hogwarts las cosas se están poniendo muy verdes y aquí dentro, los hijos de esas familias de sangre noble son los que forman los Sangre Pura.' – Su mirada se ensombreció. – 'Los Sangre Pura actúan en su nombre, Tom Ryddle los dirige y ellos matarán y atacarán en su nombre.'

'¿Sabe Dumbledore todo esto?'

'Es lo que le estaba contando cuando ocurrió todo.' – Anthea suspiró. – 'Según Dumbledore se acerca una guerra. Una guerra que ya está al caer y que enfrentará la magia negra, la de Lord Voldemort, con la magia blanca.'

Remus Lupin intentó asumir las palabras de Anthea.

'¿Tienes miedo?' – Le preguntó con amabilidad.

'Sí.' – Confesó Anthea. – 'Pero ya he decidido a que bando voy a pertenecer y más después de lo que he visto hoy.' – Anthea miró al muchacho. – 'Estoy con la magia blanca, estoy con Dumbledore. Me enfrentaré a Lord Voldemort y a mi familia, a todos los que conozco desde pequeña y renegaré del apellido Landry.'

Remus sonrió y le acarició la mano.

'Todos nosotros estamos en el bando contrario a Voldemort. Estaremos juntos en la guerra y lo combatiremos.'

Anthea lo miró agradecida. En todos los años que llevaba en Hogwarts habái hablado poco con Remus Lupin, pero había escuchado de él muchísimos comentarios. Todos ellos buenos. Ahora sabía porqué. Tan solo hablando con él, los problemas parecían menores.

'Soy una Traidora a la sangre y si en la guerra muero por ello, moriré orgullosa.'

Lupin la abrazó para reconfortarla. El chico ya se había dado cuenta de en que situación tan complicada se encontraba Anthea, era peor que la de Sirius o la de Sam. Pues a ellos los seguía protegiendo una parte de la familia, a Sirius su tío y los Potter, a Sam su hermano y la familia de la novia de este. Cuando Anthea Landry renegará de su familia e hiciera conocer a los ancestrales Landry su decisión, nadie la apoyaría. La posibilidad de que Anthea muriera a manos de su familia que era tan radical, era una posibilidad enorme. Ella lo sabía y Remus Lupin se dio cuenta entonces porque la fantástica Anthea Landry había acabado realmente en la casa de los valientes de Godric Gryffindor.

Por suerte para todos ellos, aún les quedaba un tiempo de paz, felicidad y amor. Había que aprovechar ese tiempo como si fuera el último día de su vida. Pues por desgracia, para algunos de ellos, cualquier día podría ser el último.

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Hola:p

Me alegro de haberos sorprendido en el capítulo pasado. Ya no volveré a ser mala y no creo q vuelva a complicar las cosas...(Pero quien sabe...jejeje)

A partir de ahora todo irá bien, y os anuncio que iré pensando el final del ff.

Muchísimas gracias x los reviews! Siento haber tardado en subirlo, pero esq estoy de examenes!

Besitos!

Eneida