Chapter 2
«... en el solsticio vendrá de nuevo ...»
Tiempo
Tiempo puede ser explicado de muchas formas.
Un matemático te dirá como tú puedes contar el número de segundos en un minuto, minutos en horas y horas en un día.
Un físico te explicara el tiempo en relaciona la velocidad, a través de distancia
Tiempo equivale a distancia dividida por velocidad
Un fabricante de relojes te explicara las mecánicas de los dispositivos, que lo valorizan. Como los engranajes de mueven en perfecta sincronización entre ellos y cuales materiales dan mejores vibraciones para que el mecanismo funcione
Tiempo es algo que medimos constantemente y que siempre nos hace falta.
Tiempo es irremplazable
Tiempo está siempre corriendo
El tiempo no se detiene
Los granos de arena no crecen, ellos caen y lo han hecho desde que existe el tiempo
El guardián del tiempo, sabe eso, y también sabe que con el tiempo no se debe jugar
El guardián ve lo que ningún otro ser vivo ve, las finas líneas, como hilos que tela de araña que se desenvuelven por el espacio infinitamente y conectan las vidas que están destinadas a tocarse. Finos hilos, vibrantes, delicados como la más fina ceda, pero infinitamente fuerte, más que cualquier metal que se pueda encontrar en el universo.
Estas cuerdas representan el tiempo en sí mismo, todas ellas conectan la vida de todos en una irrompible tela de circunstancias.
El guardián se ríe burlón ante el término ''coincidencia'', eso no existe.
Personas, lugares, eventos, suceden por que el tiempo lo dicta. Toma a las partes, los hace danzar, los mueve y hace sus destinos.
Tiempo es inexplicable, incambiable…
Pero algo ha cambiado
Algo ha salido mal
Si, la red ha dejado de ser lo que era.
Este hilo, no iba aquí, antes estaba en otro lugar, definitivamente algo ha cambiado. Algo mucho peor de lo que él se podría imaginar.
Los seres humanos tienen el poder de alterar el universo y moldearlo a su manera, el gusrdian sabe eso, y tiene el trabajo de supervisar y arreglar las desdichas que se puedan hacer o deshacer. Puede frenar todo mal en el universo y tratar de volver lo que es a lo que era. Todo lo que este mal con el tiempo y sus variantes.
El guardián busca al ser, ya ha pasado tiempo desde la última vez que lo ha visto.
La chica ha crecido, de un precioso y pequeño bebe, a una muchacha muy bonita. La ve cambiar de canal en la televisión y luego apagar todo he irse a dormir, tapándose con las colchas de colores. Sin saber que tan especial es y lo que ha ocurrido con el manto del tiempo gracias a ella.
Ella no tendría que estar allí, esto tiene que arreglarse. Ya pasaron más de mil años desde que ella nació, explicar cómo esto es posible sería una buena ayuda.
El guardián usa sus poderes y llama al gran mago, Merlín. El lo puede ayudar en este gran problema.
Merlín ya sabe lo que ha pasado, solo un mago como él podría haber movido los hilos en la tela del tiempo de esta manera, uno muy poderoso.
El guardián pide consejo al mago, o lo que ahora es Merlin. Un viejo alto de túnica, y barba canosa.
Merlin tiene un trabajo específico para esta alma, que ya de por sí está en un tiempo equivocado, en un momento equivocado. El guardián hace lo que el mago le propone y mueve el hijo de la chica de 22 años a un lugar oscuro, pero que precisa un rayo de luz.
Ya que la muchacha está interviniendo en lugares donde no debe, podría hacer algo bueno por el destino y ayudar a muchas otras vidas. El guardián sabe que esto no se debe hacer, pero el problema ya estaba hecho, solo se puede rezar y pensar en una manera para arreglarlo, no hay ninguna manera en que todo pueda salir peor.
¿O sí?
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«... en el solsticio vendrá de nuevo ...»
Mi madre murió cuando yo tenía doce años. Ella solía leerme cuentos antes de ir a acotarme, como casi todas las madres. Pero estoy segura que no todas tienen una voz tan hermosa y tranquilizadora como la de ella.
Los cuentos eran de dragones y príncipes que rescataban a la princesa hermosa de la torre. Esos eran mis menos favoritos, pero que no haría para tenerla aquí conmigo y que me los leyera de memoria una y otra vez. También me contaba cuentos de humanos con super poderes, de niñas que caían en un agujero de conejo y salían a un mundo que solo podía existir en la imaginación. De magos y brujas peleando en guerras por poder. De villanos muy poderosos con muchos poderes. Niños con cicatrices con forma de rayos y lentes.
Lo que nunca me hizo falta fue la cantidad de imaginación que mi mente podía tener. Siempre me gustaron las historias, leerlas o escribirlas, y en este momento estoy escribiendo una. Yo era una chica normal, y no lo estoy diciendo por que sea humilde, realmente lo era, o eso creía.
Ya eso no importa, algo sucedió. Me van a llamar loca, pero esto no puede ser normal.
Aquí esta lo que me sucedió y como logre mi cometido en el destino. Ahora parece fácil mirar todo a distancia, pero no lo fue.
Parque botánico, Montevideo, Uruguay Junio 20, 2042
«... en el solsticio vendrá de nuevo ...»
Una muchacha de altura promedio, a sus veintidós años, está sentada en el sillón del comedor, atándose los cordones de sus zapatillas de correr, color amarillo flúor.
Tenía el pelo recogido en una cola de caballo, sus largos pelos color miel, con ondas bonitas y pronunciadas se movían en vaivén, mientras caminaba la cocina, para terminar de hacerse un café. Pulso el móvil en su muñeca y en ella aparecieron iconos desplegados en su clara piel. Tocó uno y de los parlantes de al lado de la Smart Tv, comenzó a salir una música movida, pues no quería volverse a dormir.
Voy de un lado para otro, arreglando la mochila para el trabajo y la lonchera con mi almuerzo.
Los deberes de nos chiquilines, ya estaba en la Tablet de vidrio, mi mochila de mano, revisados y con su nota correspondiente.
Hay veces que el tiempo pasa lento y tranquilamente, hoy no era uno de esos días. Era uno de esos donde todo contaba en hacerse. Levantarse había sido todo un trabajo duro en si mismo. Habia sonado el despertador y mis ojos seguían sin poder abrirse, a pesar de que ya no estaba durmiendo.
Por eso me estaba preparando un café bien cargado, doble o triple, ya no sabía. La cafetera ya habia sonado y me estaba atando los cordones de mis zapatillas nuevas. Las había visto en la tienda y ya me las había comprado.
Parecían cómodas y tenían estilo, que más podía pedir. Hoy las iba a probar. Ya había dejado todo pronto para la vuelta. Luego de una buena corrida y ejercicio físico, iba al trabajo y tenía que tener todo más o menos listo. Tome un bolso con algunas ropas, y una toalla para el sudor, además de una botella de agua y unas galletas de avena.
Yo trabajaba como profesora de inglés en una institución muy reconocida en el país. Era privada y allí iban niños desde normales hasta muy mimados.
Pero con un poco de carácter, los niños eran fáciles de sobrellevar. Los niños eran más fáciles que los adolescentes o que los adultos, por eso me gustaba dar clases a los niños, eran más sencillos, menos juzgadores y más soñadores.
Luego de tomar mi café que me quemo como tres veces el paladar y la lengua, Salí caminando hacia el parque más grande y hermoso de la zona, el Botánico de Montevideo.
Es un típico parque, con árboles, césped por doquier, flores, plantas, una quinta para estudiar, y esas cosas. Nunca había tenido mucha afinidad con la naturaleza, me gustaba, pero tampoco era que la amara. No me gustaban los bichos y tampoco muchos animales.
Tal vez algún perro y algún que otro gato, eran fáciles de manejar, muchas gracias y chau.
Me daban miedo un poco los pájaros, así que corrí un poco por la vereda para alejarme de un gorrión que piaba ceca de mi cabeza, hacia alguna rama del árbol más cercano.
Mientras corría desesperada para alejarme del pobre bicho con plumas y alas, no me di cuenta que estaba caminando por una cruzada de avenida y un auto paso tocando la bocina y gritando, más que diciéndome alguna que otra grosería.
-La puta que te pario a ti también, mi amigo! Que puta mierda, la verdad!-le respondí yo mostrándole el dedo medio, y a todo pulmón, siempre con un volumen que estaba para conductora de radio o camionero violador de mujeres de menos de treinta.
Los zapatos nuevos se habían llenado de barro luego de que al pasar el auto las ruedas me mancharon con un poco. Intente que se saliera un poco, pero no hubo mucho éxito. Todavía estaba un poco adormilada y me habia empezado a entrar el hambre, pues solo había desayunado café, proveniente del infierno, por lo que había parecido.
Llegue al bendito parque y comencé la caminata. Seguí por el camino principal, lleno de jacarandas, y lámparas más viejas que mi abuela, hasta el museo botánico y luego hasta la gran fuente de agua, llena de palomas que yo solo detestaba. Me aleje corriendo a una velocidad de trote y llegue a mi sendero preferido. El de los pinos.
Eran muy muy altos, de color verde si no estuviéramos en la entrada del invierno, hoy empezaba el invierno, hacían menos de quince grados, pero estaba disfrutable, no había viento y con una campera deportiva, daba.
Las ramas se mecían con un movimiento de vaivén, pero era un viento lejano, que no llegaba al suelo. El suelo estaba tapado por los cuerpos sin vida de las hojas y ramas viejas de los árboles y el color era un marrón pelirrojo muy bonito.
Mientras corría, me empezaba a despertar y me sentía mejor con mi alrededor. Pero no podía dejar de sentir que algo se retorcía en mi cuerpo. Como una predicción, un malestar que iba más allá de la salud, de mis órganos vivientes y latientes.
Sentía que me iba a caer por la madriguera de conejo y como Alicia, iba a caer a un lugar muy raro. Pero que iba a saber yo, tal vez solo estaba soñando despierta.
Has notado como a veces pasas la mirada y por el rabillo del ojo vez una silueta o un cuerpo que pasa rápidamente y que cuando doble verificas, ya no hay nada, bueno, cuando por mi rabillo del ojo vi que algo se movía, no era oscuro, era algo brillante, que pasaba a través de dos troncos de gruesos árboles y pinos. Pero cuando volví a mirar, la nieve, si era una niebla, con cuerpo de un brillante plateado se movía hacia un arbusto de mi altura y sacudí mi cabeza para volver a la realidad, pues eso, no podía ser real.
Pero al pestañear, y volver a enfocar la vista, esa niebla extraña seguía allí, se movía como danzando por el aire, era un pequeño gato, tenía forma de gato, pero no lo era, en cambio, era como si existieran, un fantasma. Pero los fantasmas no existen, ¿o si?
Que pregunta más estúpida, no existen, claro.
Asi que me Sali del camino, de pinos, y seguí dentro del pequeño bosque a la fantasmagórica criatura. El gato, me miro, lo que serían los ojos, pues tenían esa forma y me guiño muy descaradamente. Abri la boca sin poder crerlo y cuando el pequeño animal de luz propia se detuvo entre el césped, me acerque y pase la mano pálida a través de él. No tenía cuerpo, obvio, pero era muy cálido y me entro una alegría inmensa cuando mis poros hicieron contacto con esa niebla.
Lo último que recuerdo fue que mi cuerpo se sentía comprimido y que el calor era asfixiante y tenía ganas de respirar y no podía. La oscuridad me encerraba como si me hubiera metido en un sorbito de refresco y me hubiera quedado atorada.
Luego un sonido seco y un grito ahogado que creo que vino de mi parte y después nada mas.
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«... en el solsticio vendrá de nuevo ...»
…Magia ancestral se llevara a una niña, y la hará vivir su destino…
…El tiempo cambiara, y vidas se salvaran, pero solo si la niña se gana el favor de la serpiente…
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22 Diciembre 1946, Terrenos de Hogwarts, Escocia, Inglaterra, Reino Unido
Ella estaba muriendo, no había duda de ello. Las sombras se movían alrededor de ella, no tenía como escapar, o tenía muchos lugares, pero ninguno se veía seguro, todo era verde, verde oscuro, negro, marrón… Porque ella estaba en un bosque muy frondoso. Odiaba los bosques. De seguro había una enorme araña mirándola desde la rama más cercana del árbol al lado de ella.
Lu8ego de despertarse de la mas larga siesta que había tomado en su vida, se dio cuenta que se había desmayado en el parque, donde había estado corriendo. Y eso que ella sabía que tenía sueño y estaba poco concentrada, pero, ¿dormirse en el medio de la nada? Tanto que ya se hizo la noche y esta perdida, porque solo está la luz de la luna y nadie la puede ayudar… Eso es otro problema, la verdad.
Lo peor, fue el descubrimiento de que ni siquiera estaba en el maldito parque, había ido allí desde que era pequeña, y la verdad que habían desaparecido todos los caminos humanos y no había fuentes, ni los ancianos árboles que conocía tanto. La pregunta era, ¿Dónde mierda estaba?
Hacia mas frio y mucho más viento desde que se había dormido y había una pequeña capa de nueve en el suelo. Lo cual lo hacía más raro, en Uruguay NUNCA nevaba, nunca. Eso todos lo sabían, era un hecho conocido, pero la nieve que caía del cielo nublado, si que era real, y además de la tortura del frio, su mente estaba repleta de luces rojas y avisos de peligro donde quiera que ella se moviera entre las ramas.
Cada tanto, cuando se ponía a descansar y la noche pasaba a día, podía escuchar ruiditos y susurros entre las ramas y arbustos de los claros que era pasaba o en los que estaba sentada para recuperar fuerzas.
Hacia mas de veinte cuatro horas que no probaba bocado y se sentía dolorida, asustada, cansada y totalmente perdida. Las galletas de avena las había repartido durante el día, para por lo menos tener algo que comer, no había comido ningún fruto en la frondosidad que la rodeaba por las dudas de que fuera venenoso.
Realmente iba a morir allí. Y lo peor es que no tenía ni idea de cómo había llegado a ese bendito lugar. Se preocupaba por su abuela, que siempre la iba a saludar por las noches antes de la cena y charlaba con ella hasta que las estrellas salían, o la vecina que le había pedido que le regara las plantas porque estaba de vacaciones.
¿Qué sería de esas personas? ¿se habrían dado cuenta de su ausencia? Su abu, seguramente si, eran lo único que cada una tenia para la otra, y se querían mucho.
De la nada ella sintió una presencia que antes no estaba allí. Dio varias vueltas en si misma, pero no podía ver quién o que era. Ya sabía que la estaban mirando a lo lejos desde antes que volviera a ser consiente, pero este sentimiento era diferente.
Tu sabes cómo termina la historia
Ella escucho un susurro cerca de su oído y su cuerpo tembló, más que de frío, de miedo. No era una muchacha muy miedosa, era simple, normal. Pero había algo en ese lugar y en los susurros de la naturaleza que le pedían estar paralizada, aunque eso era difícil ya que para poder estar caliente en ese lugar tan helado había necesitado moverse, también para poder encontrar una salida.
Algo dentro de ella sabía que esto no era normal, ella antes estaba en un lugar y este no lo era, era otro nuevo lugar y no lo podía explicar.
De repente vio que una silueta se apareció a unos cinco pies de ella y dio un pequeño respingo de susto, uno aletargado, pues ya no controlaba sus miembros y su cerebro se estaba congelando.
-Quién eres? Que es este lugar?- pregunto ella con voz fuerte y decidida, seguramente sonaba más de lo que en realidad lo estaba.
El viejo, la presencia que se le había aparecido, era un anciano, tenía barba larga y blanca. Mirada bondadosa y parecía muy paciente, el hombre levanto una mano para que dejara de preguntar.
-Todo a su debido tiempo, mi niña. Estas en 'el bosque'.- el viejo dijo con un estivo de sonrisa. Yo lo mire extrañada. Si, era un bosque, habia hayas, robles, pinos, sicómoros y tejos, así como maleza y espinas y ella había encontrado varios claros y algún que otro camino que no conducían a nada o eso ella creía. Había pasado por un minúsculo rio que pasaba por la mitad de un claro, en el cual había aprovechado para tomar agua muy helada de un agujero que habia hecho en el hielo. Sus pantalones de algodón deportivos y sus dos buzos de cierre ya estaban para tirar a la basura y tampoco daban mucho abrigo.
-El bosque?- mi voz dejaba entrever mi de confianza y tal vez un poco de burla. Obvio que era un bosque.
-El bosque prohibido, claramente.- su sonrisa no bacilo ni un instante y me comencé a inquietar.
-Y tú quién diablos eres?- inquirí, ya temblando de frio.
-Yo soy Merlin, el mago. Y te voy a decir que ya era tiempo que volvieras a nuestras tierras.- ¿Lo que? Mago? Merlin, como la leyenda de Arturo. Entrecerré los ojos y lo mire más profundamente.
-Es esto algún tipo de broma pesada? Ustedes freaks ya llegaron muy lejos, mira que ser Merlin… Buen disfraz, por cierto!
-Definitivamente esto no es una broma.- la sonrisa se le borro y me miro apesadumbrado, como con pena. Odiaba esa mirada. Se acercó a mi unos pasos y yo me quede donde estaba, por mi terquedad y también porque estaba como un hielo.
-Que quieres decir?- pregunte al tun tun , con vos temblorosa.
-Es hora de que encuentres un lugar en tu mundo. Tengo algo para ti.- Busco algo entre sus pesados mantos, que ahora me daban ganas de arroparme en ellos, tenía mucho frio, la verdad. De ellas saco lo que parecía ser un palo de madera, color marrón rojizo y bien lustrado, parecía tener algún tipo de runa.
-Esta es la varita de tu madre. Espero que te sirva hasta que tengas la tuya.- Mi mandíbula cayó al suelo. Pensaba que me lo iba a creer? Que era esto? Sabrina la bruja adolescente, Harry Potter? Eso no existía.
-Mi madre?- Ella murió hace tiempo, no podría estar hablando de Cecilia. Imposible.
-No, no es imposible, Claire, o debería decir: Elaine.- MI boca que estaba ya en el suelo, de la consternación, se abrió mas y mis ojos parecía que se iban a salir de mis orbitas. El viejo me había leído la puta mente. Y me había dicho otro nombre, el cual e parecía extrañamente familiar.
-Estas en el año 1946 y todo va a estar bien, te lo aseguro. Toma la varita, la vas a necesitar, créeme. Hay cosas muy oscuras o peligrosas en este bosque y en donde te esperan. Debes escuchar todo lo que te diga.- me miro a los ojos y yo, sin poder salir de la consternación, le di permiso para hablar y el la tomo.
-Lo que debes hacer es salir de este bosque, esa es la parte fácil, pero también va a ser difícil. Lo que te espera en el castillo es aún peor. Debes salvarlo a el, y al hacerlo salvaras a miles, solo eso debes hacer. Pero debes prepararte, no va a ser pan comido. Entendiste, niña?
MI cara no había cambiado, una parte de mi cerebro seguía procesando todo y la otra trataba de ver indicios de la locura que tenía el hombre. Esto tendría que ser un sueño. Tendría que hacer como hacía en los demás sueños, pretender que todo estaba bien y seguir para delante
-Muy bien, como sea.- tome la varita, de su mano arrugada, y me aparté un mechón de pelo de la cara que se me había pegado en el sudor.
-Eres igual a tu madre, aunque tienes el valor y la locura de tu padre.- dijo con una sonrisa feliz y apremiante. Yo junte las cejas, el tipo era extraño. Mira las cosas que mi extremadamente buena imaginación creaba.
-Locura? Sí, tengo un master en eso, muy, muy loca. Hablando de eso ¿a quién tengo que salvar? Hay una persona que necesitan que la salven?
-Si.- el viejo se paseó adelante mío, mirando el suelo. Sus hombros parecían contener mucho peso. – Sálvalo y te dejaremos seguir en este mundo, si no lo haces cosas más oscuras que la leyenda, sucederán.
-La leyenda?- que mierda sucedía aquí.
-Tú la conoces.- sus manos se movían a medida que hablaba y luego dijo algo que me sobresaltó. -El único con poder para derrotar al Señor Tenebroso se acerca...-
-Nacido de los que lo han desafiado tres veces, vendrá al mundo al concluir el séptimo mes...- Concluí yo, sin dar pausa y pensarlo bien. Eso era parte de uno de los libros que mi madre me había leído. Harry Potter. MI madre era una fan de esos libros, se sabía todos los hechizos y nombres, siempre me había parecido muy aniñado todo, para no decir idiota.- espera un momento… Voldemort? Harry? A quien se supone que tengo que salvar?
-A Tom Riddle
