XXIV
Remus Lupin se sentía tremendamente mal aquel día. Su piel se había vuelto blanca, tenía ojeras de la mala noche que había pasado, se sentía cansado y se notaba el cuerpo entumecido y dolorido.
'Y aún queda lo peor…' –Pensó imaginando la noche que le esperaba.
Para su desgracia aquella noche era luna llena.
Iba caminando por uno de los pasillos de Hogwarts, en dirección a su sala común, cuando al girar la esquina, una chica de cuarto curso que venía corriendo perseguida por otro chico de su edad, chocó contra el prefecto.
Las piernas de Remus flaquearon y cayó al suelo.
'Lo siento!' – La niña de cuarto se agachó y empezó a recoger los libros que se habían caído de la mochila abierta de Remus. – 'Perdón, no te vi…'
'No tiene importancia.' – Murmuró Remus Lupin mientras se levantaba.
La niña de cuarto le tendió una mano a Lupin y estiró de él para ayúdarlo a levantarse. Sus mejillas se ruborizaron cuando reconoció al muchacho contra el que había chocado. Era uno de ellos! Avergonzada agachó la cabeza, bajó la mirada y temblando como un flan le tendió los libros al prefecto.
'Gracias.' – Respondió él sin ganas mientras cogía sus libros. – 'Adiós.'
Sin ni siquiera haber mirado a la chica continuó con su camino.
'Que soso¿no Ió?' – Murmuró el chico de cuarto mientras seguía con la mirada al prefecto de Gryffindor.
'Se lo veía enfermo…' – Respondió preocupada la chica.
'Bastante estúpido, además.'
'Oh, cállate!' – Ió se tocó la mano con la que había tocado a Remus y sonrió emocionada. – 'Me acabo de chocar contra Remus Lupin de Gryffindor!'
Remus Lupin entró en su sala común arrastrando los pies. Tan solo era mediodía y tenía la sensación de que en media hora la luna fuera a salir. Supuso que aquello se debía a que la pasada luna llena había sido muy fuerte y había seguido haciendo efecto en él después de que pasara. Por aquella razón Lily le había preparado aquella poción.
'Lunático!' – James se lo encontró cuando subía hacia el dormitorio y él bajaba. – 'Tenemos el problema peludo casi encima…' – Apuntó divertido cuando vio que mala cara tenía su amigo.
'Me cambio de ropa y me marcho ya hacia la Casa de los Gritos.' – Le respondió Remus con voz apagada. – 'Tengo la impresión de que me voy a transformar en cualquier momento.'
James le dio unas palmadas amistosas en la espalda para reconfortarlo. Le pasó un brazo por encima de los hombros y cambió su dirección par acompañarlo hasta el dormitorio.
'Vamos, te acompañaré con la capa invisible.'
'¿No ibas a ver a Lily?' – Preguntó Remus.
Entraron en la habitación y Remus se puso algo de ropa bastante destrozada ya y raída de otras transformaciones.
'Sí, pero primero te dejaré en la Casa de los gritos.' – James le sonrió. – 'Hoy llegaré el último. Seguramente ya habrá oscurecido, pero es que tengo entreno.'
'Tranquilo, no creo que nos movamos.'
'Ya sé que sin mí no os atrevéis a ir por el Bosque Prohibido.' – Fanfarroneó en broma. – 'Tengo la ruta para esta noche pensada.'
'El día que Dumbledore se entere…' – Se lamentó Lupin. – 'No dejéis que me acerque a Hogwarts, no dejéis que vaya solo, vigilad cada paso que hago…'
'Eh Remus, corta el rollo!' – Lo detuvo James. – 'Hacemos esto cada mes! Esta todo bajo control!'
Remus meneó la cabeza. Unas horas antes de cada luna llena les recordaba a los Merodeadores cuanto cuidado debían tener con él, los pasos a seguir, las prohibiciones… Era una responsabilidad muy grande convertirse en Hombre Lobo. Remus Lupin tenía miedo de matar a alguien y eso casi había llegado a ocurrir el año pasado, cuando Sirius quiso gastarle aquella "broma", si así se la podía catalogar, a Snape.
Por suerte James detuvo aquella broma, y por eso James se había ganado toda la confianza que Remus pudiera tener. El licántropo sabía que ante todo, James Potter era fiel a quien quería y por ello sabía que nunca lo decepcionaría, ni haría nada que pusiese en peligro la vida de nadie o su amistad.
Tras dejar a Remus en la entrada del Sauce Boxeador volvió bajo la capa invisible hasta los jardines, donde se la quitó. Atravesó el recibidor, echó una ojeada a quien seguía comiendo en el comedor y después se dirigió hacia la enfermería. Al abrir la puerta se encontró con Sam que salía.
'Cuidado con lo que le dices…' – Le advirtió Sam bufando. – 'Está muy irritable…'
'¿Pomfrey le ha dicho que no se debe marchar aún?' – Adivinó James.
'Hasta mañana por la mañana no deja que Lily se marche.' – Asintió Sam meneando la cabeza. – 'Y te aseguro que eso le ha sentado extremadamente mal…'
'En fin…' – James rió. – 'Tengo experiencia en enfrentarme a la amargada prefecta Evans.'
'TE ESTOY OYENDO, JAMES POTTER!'
James se quedó mudo. ¿Cómo había podido Lily escucharlo desde allí?
'Suerte.' – Sam le puso la mano sobre el hombro. – 'Te hará falta.'
Después se marchó con una sonrisa burlona. James avanzó hasta la camilla de Lily con paso firme y seguro. Pura fachada, en realidad estaba algo nervioso, no le aconsejaba a nadie enfrentarse a Lily Evans hecha una furia.
'Hola Lily!' – Con una sonrisa descorrió la cortina.
'Hola.' – Respondió a secas la prefecta.
Estaba sentada en su camilla con las piernas cruzadas, tenía todos los libros de sus asignaturas a su derecha e izquierda. La pluma en una mano, el pergamino en la otra.
'Lily estas en la enfermería para descansar.' – Le dijo horrorizado ante aquella escena.
'Estoy harta de estar encerrada en estas cuatro paredes!' – Gritó por lo alto mientras dejaba en la mesa el pergamino y la pluma. – 'Dentro de dos semanas es la primera ronda de exámenes! No puedo faltar más días a clase!'
'Te recuerdo que estamos a lunes y que solo te has perdido cinco horas.' – James se sentó a su lado y la besó en la mejilla. – 'Venga, no te enfades, que mañana sales de aquí.'
'Podría haber salido hoy.' – Lily se cruzó de brazos.
James estalló en carcajadas al ver los morros de enfadada que ponía la chica. La abrazó y la besó en la frente.
'Esta noche no podré pasarla aquí contigo.'
'Lo sé, es luna llena.' – Lily descruzó los brazos y apartó el montón de libros. – 'Cuídamelo¿vale?'
'Deberías decirme que me cuidara yo.' – James le cogió el otro montón y lo dejó sobre la mesa. – 'Soy yo el que se expone al peligro de ser mordido.'
'Si no te ha mordido hasta ahora, no lo hará, don egocéntrico.' – Le respondió Lily. – 'Tengo mis teorías sobre lo que hacéis para poder estar al lado de Remus durante su transformación sin estar en peligro.'
'Quiero escucharlas.' – James arqueó las cejas. – 'Veamos si eres tan inteligente como dices ser.'
'Anímagos.' – Lily lo miró con superficialidad. – 'Ilegales, supongo, ya que no estáis en la lista.'
'¿Qué te hace pensar eso?' – James se sentía algo enfadado. No era posible que Lily lo supiera todo.
'La presencia de un hombre es peligrosa ante un licántropo ya que este puede morderle, pues lo considera una presa. Un animal en cambio, no entra dentro de esa concepción de "presa" de un licántropo, sino que lo considera un ser como él. Y mucho más, si ese animal tiene la mitad de mente humana y la mitad de animal, como él mismo.' – Le susurró al oído Lily para que nadie que hubiera fuera pudiera escuchar algo. – 'Y tú y Sirius sois muy buenos en magia, y estoy segura de que lo pudisteis conseguir. Y Peter podría haber aprendido, porque el chico es muy inteligente, solo que algo torpe.'
Lily separó su boca del oído de James y vio que este la miraba con indiferencia.
'¿Por que eres tan condenadamente astuta?' – Espetó James sonriendo fascinado por aquella deducción de Lily. – 'Maldita sea, Lily. Nada se te escapa!'
'Soy la prefecta Lily Evans por algo.' – Respondió la chica con la misma chulería de la que hacía gala siempre James.
'Guarda…'
'Llevo guardando el secreto desde hace muchísimo tiempo.' – Le respondió Lily pegándose a él.
'Eres increíble.'
James cerró los ojos y la abrazó fuertemente. Las heridas de Lily estaban cruzadas y ya no tenía miedo de dañarla con tantos abrazos y besos. Además Lily se había recuperado muy rápidamente de aquel golpe.
'Cuando salgas de aquí te haré un regalo.' – Le confesó James.
'James, mira:' – La prefecta le señaló el montón de paquetes que se amontonaba frente a ellos. – 'Llevo tres días recibiendo regalos de todo el mundo: dulces para que no me quede anémica, ropa, libros, algunas joyas e incluso me ha regalado un chivatoscopio para que me avise si alguien me quiere atacar de nuevo.'
'Mi regalo es mejor que todos estos juntos.' – Le aseguró James mientras cogía un paquete y leía la nota que colgaba de él. – '¿¡Qué hace el Capitán de Ravenclaw regalándote un collar!?'
'Se me ha declarado esta mañana.' – Confesó Lily algo ruborizada.
'¿Y le has dicho que estas conmigo?'
'Sí, James, se lo dije.'
James esbozó una sonrisa triunfal y apuntó al paquete con la varita.
'¿Te importa si lo quemo?'
'Expelliarmus'
La varita de James saltó su mano y rodó unos metros más allá. James se quedó atónito y miró a su novia indignado.
'No uses la magia conmigo!'
'No pretendas quemar mis regalos.' – Le respondió Lily calmadamente.
'No pretendas quemar mis regalos.' – La imitó James con voz de pito.
Lily lo apuntó con la varita y le sonrió con maldad.
'Vuelve a imitarme, valiente.' – Lo desafió la pelirroja.
El chico moreno tiró el paquete hacia atrás, caminó hasta la camilla, se subió a ella y se acercó a Lily de manera que su varita le apuntaba el corazón.
'Embrújame ahora.' – La retó James. – 'A ver si eres capaz.'
'No hagas el tonto.' – Lily bajó su varita. – 'La magia no es para divertirse.'
James esbozó una sonrisa.
'Aunque tú solo la uses para eso.' – Murmuró Lily.
Se miraron fijamente, se aguantaron la mirada. Era un desafío para ver quien aguantaba más sin besar al otro. Los ojos verdes de Lily brillaban, los de James se movían nerviosos. Finalmente James bajó la mirada derrotado, la volvió a clavar en la de Lily y al mismo tiempo la besó. Con los ojos cerrados James fue dejando caer su peso sobre ella. Lily acarició con sus manos el pelo negro de James y su cuello y cedió hasta que su espalda chocó contra el colchón.
Tumbados sobre la cama de la enfermería, se besaron sin darse algo más que dos segundos para poder respirar entre aquellos largos besos. Lily bajó sus manos acariciando su espalda. Le desabrochó la túnica, le levantó el jersey y metió sus manos bajo la camisa de James. Recorrió acariciando suavemente la espalda y el abdomen de James.
'Lily…' – Murmuró James con la respiración agitada. – 'Si Pomfrey entra y nos ve así…'
'Que más da.' – La prefecta le mordió el labio inferior.
Minutos más tarde James salía corriendo por su vida de la enfermería. Llevaba la túnica en la mano y la camisa desabrochada bajo el jersey.
Pomfrey los había pillado in fraganti.
No es que estuvieran haciendo algo muy escandaloso cuando Pomfrey apareció. Tan solo se besaban tumbados en la camilla y James estaba con la túnica fuera y la camisa abierta bajo el jersey, porque su querida Lily Evans no era tan inocente como aparentaba ser. Pero bueno, aquello había sido suficiente como para que la enfermera diera un grito impresionante, escandalizada.
Y lo que vino a continuación fue la escena más cómica en la que James nunca se vio metido antes a pesar de todas sus gamberradas. Los segundos que Pomfrey había tardado en coger una escoba, James lo había tardado en darle un último beso a la avergonzada Lily, levantarse y coger su túnica al vuelo.
Instantes después Pomfrey aparecía con una escoba en alto, dispuesta a arrearle como si se tratara de un ratón. Ya os podéis imaginar a James y Pomfrey enzarzados en una carrera de obstáculos, los que no eran ni más ni menos que las camillas. James iba saltando de unas a otras con grandes zancadas y derrapando bajo ellas para evitar los escobazos de la enfermera.
Sus agudos reflejos le habían salvado de un par de escobazos en la cabeza y sus piernas, acostumbradas al deporte, le habían salvado de morir a escobazos.
James Potter giró la esquina y subió las escaleras. Aún podía escuchar a Pomfrey gritar. Se agarró a la barandilla cuando ya estuvo a salvo y estalló en carcajadas.
'Que locura…' – Murmuró mientras se pasaba la mano por el cabello.
Cuando encontró a Sirius, Peter y a Anthea en la Sala Común y les contó lo que le había ocurrido, Sirius se tiró al suelo riendo sin parar. Llorando a lágrima viva. Anthea ahogó su risa en un cojín y Peter reía sin parar. Los otros Gryffindors que habían escuchado el relato de James, se desternillaban de risa.
'James!' – Axel Lance se acercó a él y se secó una lágrima. – 'Eres mi ídolo, tío.'
'Anda, ponte bien la ropa.' – Le dijo Anthea aún riendo. – 'Que si vas así irás provocando a las chicas de Hogwarts.'
'Es verdad.' – James se puso bien la camisa y el jersey, mientras respiraba hondo para recuperarse de la risa.- 'Y ahora no puedo hacer eso que estoy con Lily.'
'Estas hecho un liante.' – Murmuró Anthea riendo.
Las risas se iban apagando, pero en el momento en que James reía de nuevo, los presentes en la Sala Común estallaban en carcajadas imaginándose la escena.
'Deberíais haber visto la cara de Pomfrey!'
'Ojalá hubieras podido hacerle una foto!' – Murmuró Peter.
'Si me tengo que parar a hacerle una foto me coge y no salgo vivo.'
Sam bajó por las escaleras del dormitorio y se encontró a todos riendo sonoramente.
'¿Qué os hace tanta gracia?' – Preguntó sonriendo la morena.
'Que casi matan a James a escobazos!' – Dijo Sirius desde el suelo.- 'Una escoba en la mano de Pomfrey, la hace más peligrosa que teniendo una varita.'
'Vaya…' – Sam miró a James, que se estaba poniendo bien la ropa y sonrió pícaramente. – 'Ya veo que Lily ha canalizado esa furia de otra manera…'
La morena le tendió una mano a Sirius, que seguía en el suelo riendo como un loco.
'Es que Sam, Pomfrey nos ha pillado.' – Confesó James riendo. – 'La pobre ha dado un grito impresionante y me ha sacado a escobazos de la enfermería.'
'¿Qué os ha pillado?' – Sam abrió los ojos como platos.- 'Per…'
'Tranquila, ropa puesta.' – Le aclaró James. – 'No estábamos haciendo mucho más que besarnos, te lo prometo.'
'¿Y Lily muerta de la vergüenza, no?' – Preguntó Sam sonriendo.
'Pues sí.' – Dijo riendo James. – 'Yo creo que no podrá mirar a la cara de nuevo a Pomfrey.'
Cuando por fin se tranquilizaron, Sam y Anthea recogieron sus mochilas. Peter también lo hizo.
'¿No venís a clase?' – Preguntó Anthea la ver que los dos chicos seguían sentados en las butacas.
'Yo necesito recuperarme del sprint que me he dado para salir de la enfermería.' –Bromeó James.
'Y yo paso de aguantar a Binns dos horas seguidas.' – Sirius se estirazó en la butaca. – 'Me echaré la siesta por que esta noche va a ser muy larga.'
'¿Y Remus?' – Anthea no había caído antes en la cuenta de que faltaba él.
'Esta arriba durmiendo.' – Mintió Sirius. – 'No se encontraba muy bien.'
'Es verdad, esta mañana no tenía muy buena cara.' – Murmuró Anthea algo preocupada.
'Tranquila, en dos días se le pasará ese resfriado.' – Sam la cogió del brazo. – '¿Vamos?' – Miró a Peter. – '¿Vines Petigrew?'
'Sí!' – El pequeño muchacho se marchó con ellas.
Minutos más tarde los dos guapos de Gryffindor se quedaron solos en la torre.
'Sigo flipando con lo tuyo y lo de Sam.' – James le lanzó un cojín. – 'Era lo último que me esperaba.'
'Yo también.' – Admitió Sirius. – '¿Qué nos ha pasado James? Ni tú ni yo somos los de antes…'
'Hemos perdido el interés por tocar un culo distinto cada día.' – Se lamentó James.
'¿Crees que nuestra popularidad se verá resentida?' – Preguntó Sirius melodramáticamente.
'Tu popularidad de pichafloja se va a ver resentida, Canuto.'
'Jamás me imaginé ligado a nadie hasta los cuarenta.' – Sirius meneó la cabeza. – '¿No hay manera de que se te olvide que estas…enamorado?'
'Por Merlín! Sirius Black diciendo que está "enamorado"!' – James se revolvió el pelo. – 'Lo que hacen las mujeres…'
'Y no todas.'
'No todas.' – Corroboró James.
'Al menos tu madre no tendrá que preocuparse de que le salgan nietos de todas partes.'
'¿Le escribimos contándole que somos muy responsables y muy maduros, y que tenemos novia?' – James sonrió.
'Yo escribo!'
Queridos Charlus y Dorea Potter,
Os escriben vuestros queridos hijos James Potter y Sirius Black (cautivadores del sector femenino por nuestra gran belleza, admirados por el sector masculino por nuestra popularidad y por nuestras astutas bromas, idolatrados por todos los alumnos de Hogwarts y siendo el ojito derecho de los profesores por nuestras excelentísimas notas), para daros la grata noticia que viene relatada a continuación:
Siendo a pesar de nuestra temprana edad, personas adultas extremadamente responsables. Hemos decidido ligar nuestras vidas a dos hermosas muchachas de esta escuela. Muy seguramente habréis oído hablar de Lily Evans, la prefecta de Gryffindor y de Sam Hewitt, la cazadora del equipo de Gryffindor. Son estas dos muchachas nuestras novias, siendo Lily Evans, alias la Pelirroja, la novia de James desde hace cuatro días. Y Sam Hewitt, alias la Borde, la novia de Sirius Black des de hace tres días.
Sabemos, Dorea, que esto te alegrará enormemente, ya que tus temores de quetle salgan miles de nietos bastardos de debajo las piedras no se cumplirán.
Se despiden cordialmente los muy maduros y responsables hijos vuetsros,
Sirius Black y James Potter.
En la cocina de la gran casa de los Potter:
'¿Debo preocuparme?' – Dorea Potter miró con una ceja levantada a su marido.
'Son buenos chicos Dorea.' – Le respondió él. – 'Se portaran bien.'
'Eso espero.'
Sirius Black observaba al atardecer al equipo de quidditch de Gryffindor entrenar. No era uno de sus hobbies pasar frío en las gradas del campo en pleno invierno, pero Sam había decidido comenzar a entrenar y él quería asegurarse de que no le ocurría nada mientras entrenaba. Otro susto como el pasado y le daría un infarto.
La morena Sam Hewitt no se había reincorporado completamente al equipo. James no lo había permitido, pues sabía que su hombro aún no estaba bien y temía que en una mala maniobra con la escoba, al intentar dar un pase o al coger la quaffle, hiciera que acabara estrellada contra el suelo. Por eso le había mandado volar a una velocidad media alrededor del campo, para que ella misma viera hasta que punto podía controlar la escoba y si le dolía el hombro.
'Bueno, hasta ahora todo ha ido bien.' – Pensó la morena volando sobre su escoba. Sus cabellos ondulados bailaban a causa del aire. – 'Acelero un poquito más y a ver que pasa. Si consigo que salga bien, en el próximo entreno, entreno plenamente.'
Mala idea se le ocurrió. Sam aceleró y durante los primeros segundos todo fue bien, pero vino una ráfaga de viento y su escoba se desestabilizó. A causa de aquel cambio de dirección tan brusco provocado por el viento, el hombro le pinchó y soltó la escoba con aquella mano.
'SAM!' – Gritó aterrada Lyn Swan al ver como la escoba de su compañera se movía sin ningún control. – 'SAM AGÁRRATE!'
'No puedo…' – Murmuró con una mueca de dolor.
La escoba dio un giro brusco y Sam salió despedida. Se sintió caer al vacío varios metros. Pero un rayo de luz impactó en su cuerpo y al momento quedó suspendida en el aire. Dirigió la vista hacia abajo y vio como Sirius la apuntaba con la varita desde la grada.
'Uf…' – Suspiró aliviada.
Segundo más tarde el guardián del equipo, Darren Lance, la cogía sobre su escoba y el resto del equipo la rodeaba.
'SAM!' –James voló hasta ella aterrado. – '¿ES QUE ERES TONTA O QUÉ TE PASA?' – Todos los jugadores, menos Darren que la sujetaba, se marcharon volando de su alrededor. La bronca que James le echó a Sam fue una de esas que nunca se olvidan.
No era algo propio de James regañar a alguien de aquella manera, pero los acontecimientos lo habían dejado muy sensible en lo que se refería a la seguridad de sus amigos.
'TE PROHÍBO QUE PISES EL CAMPO HASTA QUE YO TE LO DIGA!' – Gritó el capitán de Gryffindor para terminar su sermón. – 'COMO TE VEA VOLAR SOBRE LA ESCOBA ANTES DE QUE YO TE LO DIGA, TE ECHO DEL EQUIPO! Y LO DIGO EN SERIO!'
Sam le aguantó la mirada a su capitán. Quería decirle a James que no era nadie para gritarle, pues era algo que ella no toleraba. Tampoco era nadie para prohibirle nada y se lo hubiera dicho si no hubiera sido porque Darren Lance le aconsejó al oído que aguantara y no respondiera. El equipo de Gryffindor pocas veces veía a su capitán enfadado de aquella manera, y según ellos era una suerte. James era extremadamente divertido, el rey del buen rollo incluso, pero cuando se enfadaba de verdad, nadie se atrevía a contradecirlo o a ponerse en su camino.
Darren Lance bajó a Sam hasta Sirius, volando sobre la escoba y este la recogió tomándola por la cintura y dejándola en el suelo. Sam mantenía la cabeza agachada y la mirada clavada en el suelo.
'Es un idiota.' – Murmuró refiriéndose a James.
'No digas eso, Sam.' – Sirius defendió a su amigo. – 'Hace cuatro días casi os matan a ti y a Lily! Y a pesar de ello hoy coges y te pones a hacer el payaso sobre la escoba! Si no llego a estar aquí caes al vacío!' – Gritó Black enfadado. – 'No ves que nos haces sufrir a los demás con tus tonterías!'
'Me da igual eso!'
'Ah¿así que no te importa que la gente que te quiere se preocupe por ti?' – Preguntó Sirius. – 'Eres bastante egoísta.'
'Cállate!' – Sam levantó la cabeza y lo miró con rabia. Aquellas palabras la habían herido. – 'Quiero volver a jugar, eso es todo!'
'Pues hazlo con calma.' – Le dijo Sirius, se sentía mal al verla llorar. Le secó las lágrimas y la abrazó. – 'Poco a poco¿vale Sam?'
'No vuelvas a decir jamás lo que has dicho antes.'
'Perdóname, lo he dicho sin pensar.' – La besó en los labios. – 'Ya sé que no eres egoísta y que tampoco quieres que suframos por ti.' – Sirius clavó su mirada en la de ella. – 'Pero no hagas tonterías hasta que estés bien. Se buena chica, por favor.'
'Haré lo que pueda.'
'Nada, sigues igual de cabezona que siempre.' – Bufó Sirius fastidiado por la terquedad de la chica. – '¿Que tengo que hacer para que me tomes en serio¿Tengo que ir a buscar a Lily? Por que parece que ella es la única a la que obedeces.'
La morena se encogió de hombros y miró hacia otro lado.
'Bueno Sam, me voy con Remus.' – Sirius le acarició la mejilla. – 'Nos vemos mañana al amanecer.'
Sam asintió y lo abrazó fuertemente. Se dejó embriagar por la colonia de Sirius y notó como sus fuertes brazos la rodeaban y la estrechaban contra él. Entre los brazos de Sirius Sam se sentía segura, y el amor que le daba el chico, era lo que más la consolaba y conseguía calmar su enojo. Se besaron apasionadamente con aquella puesta de sol sobre sus cabezas y se despidieron hasta la mañana siguiente.
Ya pasaba la media noche, cuando Snape, rompiendo las normas, salió de la sala común de Slyhterin. Avanzó escondiéndose en las esquinas y tras la estatuas, temeroso de encontrarse con Filch o algún profesor. Le habían dado una oportunidad de seguir en el colegio y no la podía desperdiciar tontamente. Y con aquella escapada se estaba jugando la expulsión definitiva de Hogwarts, pero debía hacerlo. Debía hacerlo si quería tener la conciencia tranquila de nuevo. Debía ir hasta la enfermería y verla. Y si no lo hacia aquella noche, no lo haría nunca. Sabía que aquella noche había luna llena y que James estaría con el licántropo y por eso era su única oportunidad de ver a Lily sin salir mal parado.
Snape sabía el problema de Lupin por la broma de Sirius que casi lo había matado. Pero Snape le prometió a Dumbledore el año pasado que callaría y así lo había hecho. Ni los Sangre Pura tenían la mínima idea que Remus Lupin era un hombre lobo.
Finalmente llegó sin ningún problema a la enfermería. Abrió cuidadosamente la puerta y caminó por el pasillo que había entre las camillas. Si Pomfrey lo encontraba, siempre podía poner la excusa de que le dolía el brazo que le había roto James.
Descorrió una cortina que estaba cerrada y la encontró. Lily Evans dormía profundamente. Su cabello rojo resaltaba entre las sábanas, sus párpados cerrados ocultaban sus preciosos ojos verdes. En su blanca piel podía ver las cicatrices de las heridas provocadas por el Sectusempra.
Se había sentido realmente mal, culpable. Le había dolido verla casi morir a sus ojos y por ello cuando llegaron los Merodeadores no se movió. Snape quería que lo atraparan y quería pagar por no haber sido capaz de protegerla, por haber permitido que la atacaran. Pues la quería. Severus Snape quería a Lily Evans, tanto por que era su amiga de la infancia, como por que era una persona realmente buena, amable y comprensiva con todo el mundo.
Se acercó embobado por la hermosura de la joven y agachó su cabeza para besarla en la mejilla. Pero al agacharse sus ojos enfocaron algo que tenía entre las manos, algo dorado que tenía sujeto suavemente, pegado a sus labios y a su mejilla. No tardó en reconocer aquel maldito objeto.
La snitch dorada de James.
La visión del fanfarrón de James se le presentó en la mente al ver la pequeña pelota dorada. Dio un paso atrás sin poder quitar la vista de la snitch.
'Es cierto entonces…' – Murmuró con odio. – 'El rumor es verdad…'
Miró a Lily y se sintió traicionado. Giró sobre si mismo y se marchó a grandes zancadas de la enfermería. Regresó a su sala común haciendo sonar sus pasos en el silencioso castillo de Hogwarts. Temblaba de rabia, de enfado, de…
'JAMES POTTER TE ODIO!' – Gritó desde una ventana de las mazmorras de Slyhterin.
Severus Snape respiraba agitadamente, con las fosas nasales que se abrían y cerraban al compás. Miró al cielo con amargura, para intentar borrar de su mente la imagen de James, que lo hacia enfermar de rabia.
James Potter tenía todo lo que el jamás llegaría a tener. Era todo lo que él nunca sería. Una sangre limpia, tenía popularidad, calidad jugando al quiddicth, una destreza excepcional con la magia y una astucia incomparable. Además era guapo y era admirado por todos…y lo peor de todo…había enamorado a Lily Evans.
James Potter le había quitado a Severus Snape su tesoro más preciado. Le había robado a su Lily, y por eso lo odiaba a morir.
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Muchas gracias x los reviews!
Espero q lo hayais disfrutado!!!!
Un beso enorme,
Eneida
