XXVIII
Un rayo de luz se filtró por las cortinas entreabiertas de la ventana del dormitorio de Lily, Sam, Anthea y Kaienne.
El calendario que tenían las chicas en la habitación marcaba un día muy esperado por los enamorados: 14 de febrero.
La puerta de la habitación se abrió suavemente, sin hacer el menor ruido. Una silueta caminó de puntillas, dejó algo sobre uno de los escritorios y descorrió la cortina de la habitación con cuidado. No quería estropear la sorpresa. Echó una mirada rápida a las chicas para comprobar que seguían dormidas y se sonrió: ahí seguían, durmiendo como marmotas. Recogió lo que había dejado sobre la mesa y se sentó en la cama de una de ellas.
'Feliz San Valentín…' – Susurró mientras le daba un beso en la mejilla. – '…Lily.'
La pelirroja abrió los ojos con dificultad. Sus labios se entreabrieron por la sorpresa. James Potter la había despertado y sostenía un inmenso ramo de rosas rojas.
'James!' – Se reincorporó en la cama. – 'Qu…'
James no la dejó hablar, la besó en los labios y le tendió el gigantesco ramo de rosas con una sonrisa. Lily se tapó la boca con las manos y sus ojos verdes se llenaron de lágrimas.
'Para la más hermosa, la flor más hermosa.' – Le dijo James, con un brillo en los ojos.
Lily cogió el ramo, cerró los ojos, se las acercó al rostro y se dejó embriagar por aquel maravilloso perfume. El aroma de las rosas le recordó los ratos pasado junto a James en el Balcón de la Primavera.
'Eres un cielo!' – Dejó el ramo a un lado y lo abrazó con fuerza. – 'Eres…lo mejor que me podía pasar, James!'
James la abrazó ilusionado. Lily lo abrazaba con fuerza y le sonreía emocionada, contenta. Por primera vez en San Valentín, el chico de ojos cafés había recibido un regalo que no tenía precio: la sonrisa de Lily.
'Te quiero, te quiero!' – La prefecta lo besó una y otra vez. – 'James, ha sido un detalle precioso.'
Ella lo miró a la cara y volvió a besarlo, Lily no pudo evitar sonreír al ver aquella sonrisa de felicidad en James. James incluso se había sonrojado, algo muy poco frecuente en él.
'Oooohhh!!!!!!!!' – Kaienne sonreía emocionada. – 'Que mono, James!'
Las otras tres chicas se habían despertado con el escándalo que había armado Lily.
'Que suerte tienes, Lily…' – Anthea se levantó y cogió el ramo de rosas para olerlas. – 'James, todos los hombres tendrían que ser como tú.'
'Menudo romanticón estas hecho!' – Sam le dio una palmada en el hombro.
'Anthea, mira!' – Kaienne le señaló su escritorio. – 'Tú también tienes un par de regalos.'
Anthea se giró. Sobre su escritorio había dos paquetes, uno grande y otro diminuto con una nota. Los iba a abrir, pero la voz de Thomas resonó en la torre. El chico llamaba a Kaienne.
'Baja y dile a tu novio que no pegue esos berridos a estas horas!' – Bromeó James, quien tenía abrazada a Lily.
Kaienne se levantó de su cama de un salto.
'Luego me enseñas lo que es!' – Abrió la puerta con una sonrisa enorme. – 'Feliz San Valentín a todos!'
Anthea caminó hasta su escritorio, cogió los dos regalos y los miró con curiosidad. Cada año recibía montones de regalos, pero normalmente se lo daban los muchachos cuando la veían en el Gran Comedor. Pero aquel año dos presentes se habían colado en su habitación. Miró al escritorio de Sam y vio que la morena no tenía ninguno.
'¿Sam, tú no tienes?' – Preguntó extrañada la rubia.
Sam rebuscó por su cama, su escritorio y armario, pero la búsqueda fue en vano, pues no encontró nada.
'Yo no se nada.' – Se defendió James cuando Sam lo miró inquisitivamente. –'Preguntale a Sirius, que es el responsable.'
'Es imposible que lo haya olvidado porque me dijo que tenía algo preparado.' – Sam se sentó en su cama y se cruzó de brazos. Lanzó una mirada furibunda a James. – 'Porque no se le ha olvidado¿verdad que no?'
'Ya te he dicho que no tengo ni idea.' – Le respondió James.
'Si vosotros lo planeáis todo juntos.' – Lily lo miró de reojo.
'Que no!' – Respondió James indignado. – 'Que las cursiladas así las prepara cada uno por su cuenta!'
'Ya…' – Lily se dirigió a la rubia. – 'Bueno Anthea, ábrelos y dinos quienes son!'
Anthea se sentó en su cama y cogió el paquete más grande. El papel de regalo era rosa claro con un lazo plateado, tenía una pequeña nota en la que decía: Para la magnífica Anthea Landry, Lucius Malfoy.
'Puaj…' – Anthea les enseñó la nota, desilusionada. – 'Es de Malfoy…'
'Harías bien en quemarlo.' – James sacó su varita y Lily se la quitó al momento. –'Seguro que está infectado, o tiene alguna maldición o bueno que más da, si es de la Veela da asco.' – Frunció el ceño y miró a Lily. – '¿Tu no habrás recibido nada del pelograsiento¿no?'
'James...' – El tono de la pelirroja sonó cansado.
'O del Capitán de Ravenclaw.' – Sam sonrió al ver que James se ofuscaba aún más. – 'Últimamente ronda mucho a Lily, James.'
'¿QUÉ?'
'Sam no digas tonterías!' – Agarró a James y lo sentó en la cama. – 'Y tú no le hagas caso¿No ves que esta enfadada porque no le dices lo que Sirius trama?'
'Bueno igualmente tenía pensado ponerlo en su sitio, mañana en el partido.'
'James!'
Mientras sus tres amigos estaban enfrascados en aquella absurda conversación, Anthea abrió el paquete de Malfoy: Bombones.
'Que original…' – Pensó Anthea.
Anthea dejó los bombones a un lado, cogió el diminuto paquete y lo puso sobre la palma de su mano para estudiarlo detenidamente. Tenía el papel de regalo de color granate y dorado.
'Gryffindor…' – Murmuró pensativa. Al momento la imagen de Axel le vino a la mente. – 'No puede ser…'
Cogió la nota y la leyó con ansia.
Para que no lo olvides nunca…
Pues aunque no te pueda besar cada día delante de todos, aunque no le pueda gritar al mundo que te amo, debes saberlo: Te quiero.
No ponía nombre… Las lágrimas resbalaron por sus mejillas.
'Anthea…' – Lily se levantó y la abrazó. – '¿Es de él?'
'Sí…' – Se secó las lagrimas y le enseñó la nota. - 'Tal y como dijisteis lo entendió.'
'¿Ayer fue?' – Preguntó Sam emocionada.
'Ayer.'
'Esto, no quiero romper este sentimentalismo.' – Espetó James. – 'Pero no me entero de nada.'
Lily y Sam lo fulminaron con la mirada.
'James, amor…' – Le dijo Lily con cariño mientras iba hacia él. – 'Ve y dile a tu amigo Sirius que su novia Sam quiere su regalo.'
'Me echas de aquí!' – Gritó James indignado. – 'Encima que…'
'Te amo!' – Le puso carita de niña buena.
'No se arregla con eso, Lily!'
'Yo creo que sí.' – Le plantó un beso en los labios, lo sacó de la habitación y cerró la puerta.
'Lo manejas como quieres.' – Sam rió. – 'Que fuerte…'
Lily se encogió de hombros y volvió al lado de Anthea. Sam se sentó frente a ellas. Anthea miraba el paquete con una sonrisita dulce.
'Venga ábrelo!' – La instó Sam.
Anthea rasgó el papel y apareció una diminuta cajita de madera. La abrió con cuidado. Las tres dejaron escapar un gritito de asombro. Anthea cogió lo que había en su interior y lo sacó de la cajita. Una fina cadena dorada con un corazón dorado.
El castillo de Hogwarts estaba decorado con miles de corazones aquel día. Los alumnos repartían regalos, tarjetas…y las parejas se mostraban mucho más acarameladas. Después del desayuno, los jóvenes de Hogwarts marcharon hacia Hogsmeade en los carruajes. Era un bonito día de febrero, con un sol que irradiaba calor y energía.
Alice Shackelbot bajó del carruaje de un salto. Se estirazó y respiró profundamente. Alguien le tapó los ojos desde atrás y le susurró al oído:
'Feliz San Valentín.'
Alice apartó aquellas manos y se giró con una sonrisa.
'Feliz San Valentín, Frank!'
Empezaron a besarse y para fastidio de los dos enamorados alguien empezó a silbar y a gritar.
'Parejitaaaa!'
'Frank que la dejas sin aire!'
Frank Longbottom abrió los ojos, conocía muy bien aquellas voces aunque no eran tan agudas como las recordaba.
'No puede ser…' – Levantó la cabeza fastidiado y miró a los que habían sido su peor pesadilla en sus años de prefecto y Premio Anual.
James Potter, Sirius Black, Remus Lupin y Peter Petigrew lo saludaron con exagerado entusiasmo mientras se acercaban a Alice y a él.
'Merlín…' – Frank sonrió y les tendió la mano. – 'No hay manera de librarse de vosotros.'
'¿Cómo te va la vida en el Ministerio, Frank? – James estrechó la mano. – '¿Alguien te da problemas?'
'Por suerte ahí no aceptan a gamberros como vosotros.'
'Frank no te pases!' – Lo regañó Alice.
'¿¡Qué no me pase!?' – Preguntó indignado el chico. – 'Si fueron mi peor pesadilla en Hogwarts!'
'Venga ya, Frankie, admite que ahora nos echas de menos!' – Sirius le dio una palmada en la espalda. – 'Te hacíamos tus rondas de prefecto más divertidas!'
'Al único que hecho de menos es a Lupin.' – Frank sonrió al muchacho. Él era el único que en primero y segundo se había comportado medianamente bien, no como los tres delincuentes en potencia de sus amigos. – 'Me alegro de verte.'
'Yo también Frank.' – Remus le estrechó la mano.
'Bueno chicos, os lo quito.' – Alice lo cogió del brazo y les sonrió. – 'Que es mi novio y hace mucho que no lo veo!'
Se despidieron y Alice y Frank se marcharon a pasear por el pueblo de Hogsmeade.
'Ah, Frank.' – Alice le sonrió. – 'Esos cuatro son futuros miembros.'
'¿QUÉ?'
'Como lo oyes, Dumbledore me lo ha dicho y ellos lo saben todo.'
Frank se detuvo y meneó la cabeza. No le entraba en la cabeza que aquellos cuatro irresponsables fueran a ser futuros miembros de la Orden del Fénix.
'Presentaré mi dimisión a Dumbledore.' – Decidió. – 'O ellos o yo.'
'Frank!'
'¿Es que no los conoces?' – Le preguntó su novio. – 'Antes eran unos pequeños monstruitos, ahora lo serán pero en potencia!'
'No seas tonto.' – Le reprochó Alice. – 'Tinen mucho que ofrecer, son muy buenos.'
'En fin…' – Se rindió Frank. – 'Mejor estar en su bando que no en el contrario.'
Alice lo besó suavemente en los labios.
'Ah, Alice…' – Frank miró a su novia seriamente. – 'Debo marcharme dos meses a Alemania.'
'¿Por qué?'
'Una misión.' – Frank la abrazó. – 'Él trama algo allí y Dumbledore quiere que lo descubramos, me voy con Emmeline Vance pasado mañana.'
Remus Lupin aguardó en la plaza de Hogsmeade a que llegara Ió Keith, la chica de Ravenclaw que últimamente lo traía de cabeza. Era tan bonita, tan inocente y tan alegre…
'Remus!' – Ió lo cogió del brazo y lo balanceó. – '¿Me oyes?'
'Ah sí!' – La miró sorprendido. – 'Perdón es que estaba pensando en... ¿Cuando has llegado?'
'Ahora mismo.' – Ió se encogió de hombros.
'¿Dónde te apetece ir?' – Le preguntó Remus. – '¿Has ido alguna vez al Mirador?'
'Pues no…' – Ió frunció el ceño. – '¿Hay un mirador en Hogsmeade?'
'Estamos en un pueblo en lo alto de la montaña, por supuesto que lo hay.' – Remus la cogió de la mano. – '¿Vamos?'
La gente se iba quedando con la boca abierta al ver a Remus Lupin caminando agarrado de la mano de Ió Keith. Sam, Sirius, Lily y James estaban tomando cerveza de mantequilla en Las Tres Escobas cuando llegó a sus oídos el nuevo cotilleo. Gina y Lora de su misma casa entraron en el bar y:
'¿Has visto a Lupin agarrado de la mano de esa Ravenclaw?' – Dijo una.
'Sí tía, esto es una mierda!' – Respondió la otra enfadada mientras tomaban asiento. – 'Primero Potter, después Black y ahora Lupin!'
'¿HOLA?' – La boca de Sam se deslizó varios centímetros. – '¿Acabo de escuchar que Remus esta con una chica?'
'Pues sí…' – Lily bebió un pequeño trago de su cerveza. – 'Yo ya sabía que ahí había algo.'
'¿Porqué siempre estas enterada de lo que siente todo el mundo?' – Le preguntó James a su novia.
'La gente confía en mí.' – Lily le plantó un beso en la mejilla. – 'Y además antes de que embrujarais la biblioteca siempre estudiábamos los tres juntos. A Ió se le notaba un montón y Remus, aunque al principio creía que era un capricho como las demás, después se fue dando cuenta de que no era así.'
'Nuestro licántropo se ha enamorado!' – Sirius rió. – '¿La llamamos lobita?'
'Buen mote.' – Corroboró James.
'Ni se os ocurra llamarla así!' – Gruñó Lily en voz baja. – 'Solo faltaría que se oliera algo de lo de Remus! Es muy lista y no me sorprendería que lo descubriera ella sola.'
'Pues cuando lo descubra veremos si en realidad se merece a Resmas o no.' – Sam bebió de su cerveza de mantequilla. – 'Eso sí, como le haga daño a Remus pagará las consecuencias.'
El mirador de Hogsmeade estaba situado en la parte alta del pequeño pueblo. Era una placeta lisa rodeada por vallas, para impedir que nadie cayera precipicio abajo. Si te asomabas podías ver todas las montañas, los valles y bosques de aquel maravilloso lugar. Ió se apoyó en la barandilla y miró al horizonte. Remus se situó tras ella, pasó sus manos por debajo de los brazos de Ió y la dejó atrapada entre la barandilla y él. Apoyó su barbilla en la cabeza de la chica.
'Antes pensabas en mí.'
'¿Cómo lo sabes?' – Le preguntó Remus tranquilamente.
'Tanto tú como yo sabemos que entre nosotros dos hay algo más que una simple amistad.' – Ió se puso cara a él. – 'Lo ponía en la carta que había esta mañana en mi mesita.'
La chica se puso de puntillas y lo miró con aquellos hermosos ojos azules.
'No sé del todo si solo soy un capricho en la lista de un Merodeador.' – Ió sonrió apenada. – 'La primera vez que hablamos tú ni siquiera me miraste a la cara.'
'El día que chocamos en el pasillo no era uno de mis mejores días.' – Remus la besó en la frente. – 'Estaba enfermo.'
'Fui yo la que se acercó a ti otra vez.' – Dijo con su dulce voz. – 'No juegues conmigo, por favor…'
'No estoy jugando contigo, Ió.' – Remus le sonrió dulcemente y clavó su mirada de miel en la de ella. – 'No podría hacerte daño. Y aunque sea pronto para decirlo…Te quiero.'
Remus entrecerró los ojos y se acercó a los labios de Ió. En la biblioteca y en la Sala de lso Menesteres, cuando la ayudaba a estudiar, siempre los había mirado con anhelo. Había tenido que reprimir las ganas muchas veces. Aquella represión por fin había acabado y por ello la besó.
Anthea regresó a la torre de Gryffindor cuando los chicos se hubieron marchado a Hogsmeade. Se le hacía extraño encontrar el castillo tan vacío y tan tranquilo. Tan solo los alumnos de primero se habían quedado en la escuela por ser demasiado pequeños para ir a Hogsmeade, y los pequeños habían aprovechado el buen día para jugar al quidditch en los jardines. Madame Hooch se había ofrecido a arbitrarlos y a poner un poco de orden en el juego.
Anthea dijo la contraseña y entró en la torre a través del Retrato de la Señora Gorda. Caminó tranquilamente por la sala, pensando en Axel más que nada y de repente:
'Feliz San Valentín, Anthea.' – La voz la sacó de su ensimismamiento.
Axel estaba apoyado en la pared y le sonreía.
'Axel!' – Con una sonrisa se tiró a él y lo abrazó.
'Señorita Landry que nos van a pillar!'
'Si no hay nadie!'
'¿Y si entra un crío de primero?'
'Un obliviate será suficiente!' – Anthea lo besó en los labios. – 'Pensaba que te habías ido a Hogsmeade!'
'Preferí quedarme aquí y poder pasar el día contigo.' – Axel la miró con sus bonitos ojos azules. – 'No quiero desaprovechar oportunidades así.'
Se besaron apasionadamente, Axel acarició la cara de la chica y al acariciarle el cuello notó la cadena. Se separó de ella y le sonrió.
'¿Te ha gustado?'
'Eres un sol, Axel. Muchas gracias! ' – Anthea lo abrazó. – 'Supe que era tuyo en cuanto vi los colores del papel.'
'Así aunque haya algún día que no nos podamos ver o encontrar, sabrás que sigo ahí.'
La mirada castaña de Anthea se perdió en la de Axel. Se miraron profundamente y sus labios se acercaron lentamente.
'Te quiero un montón!' – Anthea lo besó con tanta fuerza que Axel se dio un cabezazo contra la pared.
'Ay…'
'Lo siento!' – Avergonzada se mordió el labio inferior.
'Eres una bruta.' – Axel sonrió y se acarició la cabeza dolorida. – 'Que mañana jugamos contra Ravenclaw, no quieras lesionarme!'
'Podríamos jugar sin ti…' – Bromeó Anthea.- 'Con mi fuerza y mi talento sería suficiente para ocupar tu lugar!'
'¿Sí?' – Axel la levantó y la abrazó con fuerza. – 'Pues vamos a ver quien es más fuerte de los dos! A ver si puedes librarte de mi abrazo!'
Pasaron la mañana entre juegos y risas, entre largas charlas abrazados, entre besos y caricias. Antes de que se cerniera el atardecer sobre Hogwarts, decidieron saciar aquellas ganas de amarse en el dormitorio de Axel. No sabían cuanto tiempo pasaría hasta que pudieran estar juntos de nuevo.
Conforme iba pasando el día, Sam estaba cada vez más molesta con Sirius. A Lily, James la había despertado con un ramo de rosas, a Anthea su chico le había regalado un hermoso collar con un significado muy especial, a Kaienne, Thomas le había echo un álbum de fotos que tenía fotos desde el primer día en que se pusieron a salir, hasta aquel día.
Ella no pedía nada! Un regalo era lo de menos! Tan solo le molestaba que Sirius no le hubiera dicho ni un maldito: Feliz San Valentín! Le molestaba que en todo el puñetero día hubiera sido ella la que había tenido que ir a besarlo y a abrazarlo, por que el muy idiota parecía estar pasando de ella!
Sam Hewitt se estaba enfadando tanto que finalmente, mientras volvían de Hogsmeade en el carruaje, estalló.
'ERES UN IDIOTA SIRIUS!'
Lily, James, Remus y Ió se callaron al momento. Ió miró a su chico asustada y Remus se maldijo por dentro, quizás no debiera haberla presentado a sus amigos aquel día. Justamente el día en que Sirius Black había planeado aquello y él que conocía tan bien a Sam, sabía de antemano que se pondría de aquella manera.
'¿Se puede saber a que viene eso?' – Preguntó el moreno sintiéndose ofendido. – '¿Qué he hecho?'
'Nada!' – Gritó Sam.
'¿Y entonces?'
'ESE ES EL PROBLEMA!' – Se levantó dentro del carruaje. – 'NI UN FELIZ SAN VALENTÍN! NI UN BESO, NI UNA CARICIA O UN ABRAZO QUE HAYA VENIDO DE TI EN TODO EL DÍA!'
El carruaje se detuvo. Habían llegado a Hogwarts. Sam abrió la puerta y lanzó una mirada asesina a Sirius Black.
'TE ODIO, SIRIUS!'
Cerró la puerta del carruaje dando un portazo y se marchó enfadada.
Dentro, los muchachos dejaron escapar un suspiro de alivio.
'Bueno chicos, yo me doy prisa que aun tengo que acabar de prepararlo!' – Sirius se levantó y abrió la puerta. – 'Encantado de conocerte Keith!'
'Sigo sin ver bien lo que ha hecho.' – Murmuró Lily cuando Black se hubo marchado. – 'Me ha sabido muy mal ver a Sam tan enfadada y triste todo el día.'
'Pero es que si no guardábamos el secreto no tenía gracia.' – Respondió James. – 'Además, ya verás que luego viene bien feliz.'
'¿Pero que ha pasado?' – Preguntó Ió enormemente confusa. – '¿Se han peleado en serio?'
Remus y James le contaron a la chica todo lo que había preparado Sirius. Ió sonreía cada vez más por cada palabra que escuchaba.
'Que bonito!' – Exclamó cuando lo comprendió todo. – 'Aunque yo como Lily, creo que se ha pasado, Sam estaba muy triste!'
'Mujeres…' – Murmuró James. – 'A todo le ponen pegas.'
Se llevó un puñetazo de Lily en el hombro.
Sam atravesó las puertas de Hogwarts sin mirar a nada o a nadie. Caminó con rapidez hasta la torre de Gryffindor y atravesó la Sala Común sin saludar a ningún compañero. Subió a su habitación y cerró la puerta de un portazo. Se tiró en su cama a punto de ponerse a llorar y entonces...
'¿Qué es esto?' – Cogió la nota que había sobre su cama y la abrió.
Ahora querida Sam, ven a nuestro tan escondido lugar. Vístete como en el baile, pues toda esta noche será para recordar. Seca tus lágrimas, ahoga tu llanto y guarda tu enfado, hoy solo debes sonreír. Solo debes ser feliz.
Sirius.
'Maldito Sirius…' – Sam se secó las lagrimas. Ahora lo entendía todo. – 'Cuando lo coja lo mato…'
Se levantó y sacó de su armario el vestido del baile. Se lo estaba poniendo cuando Anthea y Lily entraron en la habitación.
'Vosotras lo sabíais!' – Les dijo en tono de reproche.
'Nos hemos enterado en el desayuno, Sam.' – Lily la abrazó. – 'Pero no queríamos estropear la sorpresa de Sirius.'
'Vamos chica! Date prisa!' – Anthea sacó su varita. – 'Vístete y yo te peino con un conjuro…'
'NI SE TE OCURRA!' – Le prohibieron Lily y Sam a la vez. Ambas sabían que las consecuencias podían ser fatales.
'Vale…' – Murmuró Anthea enfadada.
Diez minutos más tarde, Sam salía corriendo de la habitación. Se cogió los bajos del vestido y bajó las escaleras con el peligro de caer rodando. Atravesó la Sala común ante las miradas sorprendidas de los Gryffindors y le sacó la lengua a Remus y James por haberles ocultado que a Sirius nada se le había olvidado. Vestida de princesa, con aquel largo vestido azul y con el cabello negro, largo y ondulado cayendo por su espalda llegó a la sección del castillo donde se encontraba el Balcón del Verano. Levantó una antorcha y la pared se abrió.
Sus ojos negros brillaron por la sorpresa. A lo largo del pasillo, montones de velas colocadas en fila la condujeron hasta el balcón, que estaba iluminado por velas también. En el balcón había una mesa redonda con cubiertos para dos. Dos velas largas y rojas, junto a una rosa roja decoraban la mesa. Sam no se lo podía creer… Sirius Black le había preparado una cena en un balcón que daba a la playa.
'¿Sirius?' – Preguntó con una sonrisa.
Más él no el no le respondió, continuaba escondido bajo el balcón.
Sam se rodeó la mesa y encontró un rollo de pergamino que supe que era para ella. Deshizo el nudo del cordón que lo mantenía enrollado y leyó en voz alta:
Ocultos tras miradas de odio se encontraban nuestros sentimientos.
Tras aquellas palabras que pretendían dañarte, se encontraban las palabras que decían amarte.
Atadas con cuerdas de orgullo las ganas de besarte, atrapadas quedaban por altanería las ganas de abrazarte.
Cuantas veces vagué por los pasillos de esta escuela intentado sacarte de mi mente! Cuantas veces en este mismo lugar me torturé por quererte!
Malditos tus labios por no querer mis besos. Malditos tus ojos, por no querer mirarme. Maldito tu pelo, por llevarme al enredo de tu amor. Maldito tu perfume por ser aire de mis pulmones. Maldita tu sonrisa, por ser inalcanzable. Maldito tu cuerpo por llamarme.
Maldita tú, Sam Hewitt! Dueña de mi corazón.
Fueron duras represalias, duras confrontaciones entre mente y corazón!. Y parecía que el orgullo iba a ser el vencedor, cuando en un segundo todo se rompió.
Tendida entre mis brazos, fría como la muerte, con los ojos en blanco…Temí perderte!
Cuantas veces me maldije por no saber protegerte! Tantas veces me maldije por no haber podido quererte! Mi vida se iba con la tuya…
Más la vida quiso darme otra oportunidad y esta vez la lección esta aprendida.
Por amarte y por besarte, daría mi vida.
Sirius Black
Se dejó caer en la silla y no pudo evitar que las lágrimas rodaran por sus mejillas.
'Eh, no pretendía hacerte llorar!' – Sirius saltó la barandilla del balcón, vestido tan elegantemente como en el baile y sonriendo. – 'Quería hacerte sonreír!'
'Sirius…' – Sam lo abrazó y estalló en llanto. – 'Gracias…'
Sirius rió y la besó suavemente. Le secó las lágrimas y la estrecho con fuerza.
'Ojalá pueda pasar el resto de mis días contigo, Sam.' – La besó de nuevo.- 'Porque sería le mayor regalo que podría recibir.'
Sam lo abrazó con fuerza.
'Te amo, Sirius.'
'Te amo, Sam'
El príncipe y la princesa pasaron una hermosa velada en aquel balcón.
Lily estaba cenando junto a Kaienne y un par de compañeras más, cuando James pasó por su lado y después de darle un beso en la mejilla le susurró al oído:
'Te espero en el balcón…' – Le dio una pequeña nota y Lily la cogió.
'Ahora voy.' – Lily le devolvió el beso con una sonrisa.
La prefecta abrió la nota y la leyó por dentro:
Te dije que cuando salieras de la enfermería te haría un regalo, sé que he tardado, pero no me lo tengas en cuenta. En diez minutos encontrarás ese regalo que te prometí en el Balcón de la Primavera.
Lily sonrió. Verdaderamente se sentía muy afortunada por tener a James. Aquella mañana la había despertado con un ramo de rosas rojas…El maletín de mantenimiento que ella le había comprado para su escoba por catalogo, no le alcanzaba ni a la suela del zapato comparado con el detalle que James había tenido.
'Malditos exámenes!' – Pensó. – 'Si no hubiera sido por ellos habría podido preparar lago más bonito!'
Sabiendo que aquello no podía quedar así, dejó de cenar y se fue a toda prisa hasta su habitación. Una magnifica idea se le ocurrió por el camino. Al llegar a su habitación buscó con ansia lo que quería y una vez encontró la foto que le sacaron a ella y a James el día del baile, le construyó un marco con magia y en un momento escribió unas tiernas palabras.
Se había tardado un poco, pero había conseguido lo que quería. Al menos que fuera un reglo un poco más especial. Estrechando contra sí aquel regalo para James, corrió hasta el Balcón de la Primavera. Al llegar levantó la antorcha correspondiente y entró a paso rápido en el que se había convertido su lugar favorito de Hogwarts. Al no ver a James en el balcón, dedujo que estaría en el campo de flores. Sin miedo esta vez, saltó la barandilla y cayó entre las flores. Al levantar la mirada del suelo se quedó paralizada.
'Que es…' – Las palabras se ahogaron en su garganta. – 'Es…no puede ser…'
Lily no podía creer lo que sus verdes ojos estaban viendo. Frente a ella, un gran y hermoso ciervo la miraba fijamente. Lily tragó saliva¿James sabía que su animal favorito era el ciervo¿Cómo lo había podido averiguar?
Lily caminó hasta el ciervo como si estuviera hechizada. Alargó su mano y acarició el morro del animal. El majestuoso ciervo, dobló las patas delanteras y Lily comprendió. Lily montón a lomos del ciervo y este la paseó por aquel campo de flores, por le riachuelo y por el bosque del Balcón de la Primavera. Estaba haciendo realidad uno de sus sueños de cuando era niña: pasear como una princesa a lomos de su animal preferido, el ciervo.
'¿Tu no sabrás donde esta, James no?' – Le preguntó al ciervo.
Lógicamente ella no esperaba obtener una respuesta del animal, pero la obtuvo. El ciervo fue envuelto en una luz dorada que cegó a Lily, cuando la chica abrió los ojos encontró a James que le sonreía y la sostenía a caballito en lugar del ciervo.
'Estoy aquí.'
Lily no tardó en asimilar y comprender.
'Animago…' – Lily lo miró sin quitar la cara de sorprendida. – 'Eres un ciervo!'
'Respuesta correcta!'- James la bajó y estalló en carcajadas.
'No te rías de mí!'
'¿Te ha gustado el regalo?'
'Me ha encantado!' – Respondió ella con una sonrisa.- '¿Sabías que…?'
'Para que están los cómplices como Remus y Sam?'
Lily meneó la cabeza, no habái sido la única engañada aquel día...James pasó los brazos por su cintura y ella dejó caer los suyos sobre los hombros del chico. Enormemente felices, acercaron sus rostros y se besaron.
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Feliz San Valentín a todas! Espero q os haya gustado!
Tengo que daros las gracia porq os tomeis la molestia de dejarme reviews! No sabeis cuanta ilusión me hacen!
Un beso enorme!
Eneida
