XXXIII

Lily troceaba sobre la mesa unas hojas de la hierba de la sabiduría, ingrediente necesario para preparar la poción Multijugos. Sam con la manga de la túnica se tapaba la nariz y observaba lo que hacía su amiga con una mueca de asco dibujada en la cara.

'No pongas esa cara, Sam.' – Murmuró Lily algo molesta. – 'No es para tanto.'

'No, claro que no.' – Ironizó la morena.

Había anochecido en Hogwarts. La hora de la cena había acabado hacia media hora y ellas hacían tiempo en la Sala de los Menesteres hasta la hora de la reunión con Dumbledore. Lily seguía preparando la poción, se había pasado casi toda la tarde elaborándola y Sam había ido a llevarle algo de comida y se había quedado para hacerle compañía.

'Y después solo me queda el polvo de bicornio y habrá que dejarla reposar hasta mañana.' – Dijo la prefecta en voz alta mientras consultaba su libro, el que se notaba que era utilizado a menudo por la cubierta desgastada.

'¿A ti no te dijeron que no esta bien dibujar en los libros?' – Preguntó Sam haciéndose la listilla.

'Son apuntes, no dibujos.' – Lily le mostró las páginas del libro que estaban cubiertas de un montón de anotaciones con letra diminuta.

'¿De clase?'

'No.' – Lily echó la hierba de la sabiduría troceada al caldero. – 'Son el resultado de un par de experimentos a lo largo de todos estos veranos.'

'¿En serio?' – Sam abrió los ojos de par en par. – '¿Para que?'

'Era un pasatiempos para Snape y para mí.' – Respondió Lily sin alterar la expresión de su cara.

'Lily…ya sabes que yo nunca te dije nada sobre tu amistad con Snape…' – Empezó a decir la morena. – 'Pero ahora que están las cosas así¿tú estás bien?'

La pelirroja miró a Sam y se encogió de hombros. No claro que no estaba bien, pero que le iba a hacer si aquello no tenía solución. Sam volvió a abrir la boca para hablar, pero Lily levantó el libro d ela mesa, miró de bajo y tras comprobar que lo que buscaba no estaba en la mesa cayó en la cuenta.

'Oh no!' – La pelirroja se llevó las manos a la cabeza. – 'El polvo de bicornio! Me lo he dejado en la torre!'

Lily echó a correr y antes de salir de la Sala de los Menesteres se giró un último momento y le gritó a Sam:

'Ves removiéndola! No tardaré!'

La puerta no llegó a cerrarse porque al momento Sirius Black entró por ella con una expresión en la cara que no daba a entender que estuviera muy contento, sino todo lo contrario.

'¿Qué pasa?' – Preguntó extrañada Sam al verlo así.

'¿QUE QUÉ PASA?' – Gritó por todo lo alto Black mientras cerraba la puerta de un portazo. – 'QUE ERES UNA IRRESPONSABLE!'

'Eh, a mi no me levantes la voz así!' – Le respondió Sam con voz autoritaria.

'¡CÓMO SE TE OCURRE METERTE CON DEVOIR CUANDO ÉL ESTA CON TODOS LOS SANGRE PURA Y TÚ ESTÁS SOLA?'

Sam se mordió el labio inferior. Anthea ya había cantado lo que había pasado aquella mañana. Le sonrió a Sirius para ver si aquello hacia que se le pasara un poco el enfado, pero no dio resultado. Black caminó a grandes zancadas hasta plantarse delante de ella y prosiguió con sus gritos.

'Anthea me acaba de contar que magnífica idea has tenido esta mañana para pasarle la orden!' – Dijo Siriusclavando sus ojos grises en los suyos. – 'Te has metido con Devoir cuando estaban todos los Sangre Pura a su lado!'

'Empezó él!' – Se defendió la morena. – 'Yo solo me reboté!'

' Y lo desafiaste!' – Contestó Sirius. – 'TE PUSO LA VARITA EN EL CUELLO!'

Esta vez no pudo replicarle, porque Sam sabía que aquello había sido muy peligroso, que podría haber acabado muy mal y que si no hubiera sido por Anthea, seguramente no estaría ahí.

'LO ESTABAS DESAFIANDO A QUE TE ATACARA!' – Prosiguió Sirius muy enfadado. – 'SI NO LLEGA A SER PORQUE ANTHEA LO HA SOBADO VETE A SABER QUE TE HACE! Y YA VISTE QUE NO SE ANDAN CON TONTERÍAS!' – Sirius la miró a los ojos, incapaz de entender porque Sam buscaba tanto el peligro. – 'CRUCIO¿LO RECUERDAS?'

'Sí…' – Respondió Sam algo fastidiada por toda la bronca. Lo peor de todo era que no podía defenderse o replicar, pues Sirius tenía toda la razón.

'PUES CUALQUIERA DIRÍA QUE NO TE HIZO DAÑO!'

'No, claro que no. Grité por amor al arte.' – Respondió Sam con ironía.

Sirius la miró fijamente y esta le aguantó la mirada. Sam no se arrepentía de lo que había hecho a pesar del peligro. A ella nadie la insultaba ni la llamaba traidora! Sirius se pasó la mano por la cara y comenzó a caminar de arriba a abajo de la habitación, mientras Sam lo observaba en silencio. Daba igual cuantas veces se lo repitiera, Sirius lo sabía. Sam era así por naturaleza y haría lo que le viniera en gana y si tenía que contestarle a Devoir delante de mil Sangre Puras lo haría sin que le importaran las consecuencias. Y aquello lo hacía temer, temer por su vida.

'Lo que has hecho no ha sido por valentía, Sam.' – Sirius acercó una silla que había en la Sala y la plantó delante de donde ella estaba sentada, para después sentarse él. – 'Ha sido una estupidez.'

'Pues estoy en Gryffindor por eso.' – Le replicó Sam algo picada. – 'Así que si para ti es estupidez, quizás deberías hacértelo mirar.'

Sirius apoyó los codos sobre las rodillas y con las manos entrelazadas, se aguantó la barbilla. Clavó su mirada en la de Sam. Era una terca! Una cabezona!

'Lo peor de todo es que lo sabes, sabes que ha sido una estupidez y sabes que te podría haber costado muy caro. Pero no haces nada para remediarlo.'

'No puedo soportar…' – Empezó a decir algo ofendida Sam.

'Lo sé, Sam.' – La cortó Sirius. – 'Sé que no toleras que nadie te hable mal, que te grite, te insulte o critique. Que lo que más te duele es que se metan con lo que tu eres y con lo que piensas.' – Sirius meneó la cabeza. – 'Pero debes aprender cuando puedes rebotarte y cuando no. Sé un poco inteligente! Mira por tú bien!'

'Mi bien es que…'

'Que nadie pisotee tu dignidad y que tu orgullo sea lo primero ante todo.' – La volvió a cortar Black. – 'Te conozco bien, Sam y creeme que puedo entenderte.'

'Pues entonces no me des la charla.' – Le replicó la morena. – 'Sabes que volveré a hacerlo.'

'Ahí está el problema.'

'¿Mi manera de ser es un problema?' – Preguntó incrédula y algo picada. – 'Que diga lo que pienso, que actúe así como siento que debo hacerlo… ¿Eso es un problema?'

Sirius suspiró. Se levantó y se colocó entre las piernas entreabiertas de Sam. No pensaba rendirse.

'Me encanta que seas impulsiva, que no te calles nada. Me gusta como eres y no te estoy pidiendo que cambies, Sam.' – Le dijo Sirius tranquilamente. – 'Tan solo quiero que pienses más en ti.'

'Pues…'

'Pues entonces hazlo.' – Le dijo mordazmente. – 'O al menos hazlo por mí.'

Sam se quedó muda.

'Tú sufriste muchísimo cuando atacaron a Lily, te dolía verla herida y te dolió no haber podido protegerla.' – Sirius le apartó un mechón de la cara y Sam bajó la mirada, se empezaba a sentir algo culpable. Entendía porqué Sirius se ponía de aquella manera. – 'Algo así me ocurrió a mi contigo, Sam. Y creo que ya te lo he dicho y te lo he demostrado muchas veces.'

'Lo sé…'

Sam pegó su cabeza a la suya. Puso cara de arrepentida cuando Sirius clavó su mirada en ella.

'Anoche James y yo pusimos un boggart en un fichero de Filch.' – Empezó a explicarle Sirius.

'¿Qué tiene que ver el boggart con esto?'

'Calla y escucha.' – Le dijo Sirius algo molesto por la interrupción. – '¿Sabes en que se convirtió el boggart cada vez que me vio?'- Sam negó con la cabeza. – 'En tú cadáver. En una Sam pálida, con los ojos en blanco y los labios morados, que camina hacia mí e intenta decirme que ha muerto por mi culpa.'

Sam miró hacia otro lado, se sentía culpable. Ahora había tomado conciencia de cuanto temía por su vida Sirius. Finalmente miró a Sirius y balbuceó un:

'Lo siento. No volveré a hacerlo.' – Al ver que Sirius alzaba una ceja añadió: - 'Te lo prometo.'

Sirius sonrió aliviado. Sabía que había hecho pensar y recapacitar a Sam, que ahora tendría más cuidado. Sam le correspondió la sonrisa al ver que Sirius ya no estaba enfadado.

'¿Me perdonas, no?' – Preguntó en un tono infantil.

'Te perdono.' – Sirius pasó sus brazos por la espalda de Sam y la estrechó contra él. – 'Te quiero.'

Sam sonrió, le cogió la cara con las manos y acercó sus labios a los de él con una sonrisa.

'Yo también.' – Y lo besó suavemente. – 'Esta es la segunda charla de filosofía personal que me das en lo que llevamos de trimestre.' – Dijo riendo.

'Y no se porque tengo la sensación de que van a haber muchas más…'

'No vas desencaminado.'

'¿Qué hay de lo que acabas de prometerme, querida Sam?'

Sam rió divertida.

'Cumpliré mi promesa.' – Le aseguró, aunque por dentro tan solo pensaba. – 'Lo intentaré, al menos…'

Se iban a volver a besar, cuando la puerta de la Sala de los Menesteres se abrió. James asomó la cabeza y los miró con una sonrisa socarrona, pero al momento fue apartado de un empujón y Lily entró corriendo en la sala portando un frasco en la mano derecha.

'Oh Merlín! Menuda cabeza!' – Iba murmurando agobiada, mientras volteaba la mesa y abría el frasco.- 'Sam!' – Miró a su amiga. – 'No has hecho lo que te he dicho!'

'Es que Sirius no me ha dejado!'

'A mino me metas en tus fregados Sam!'– Le espetó Sirius.- 'Yo tengo suficiente con los míos, como limpiar laputa lechuzería...'

Entraron Anthea, Peter, Remus, Kaienne, Axel y un James Potter, con el ceño fruncido por el empujón de su novia, a la Sala de los Menesteres.

'Le interesa más la poción que yo…' – Iba refunfuñando James.

'¿Podríais haber tardado un poco más no?' – Preguntó Sirius algo fastidiado.

Tan solo Remus, Peter y James rieron con su gracia. Los demás, con caras tristes y cansadas, se fueron sentando en las sillas y butacas que aparecieron en la Sala de los Menesteres. Nadie habló, tan solo se oía a Lily seguir lamentándose por su descuido.

'Eh!' – Dijo Sirius. – '¿A que vienen esas caras?' – Miró a Anthea.- '¿Qué le pasa a mi rubia favorita?'

'Que he tenido que besar a Malfoy para que me dijera que la Sangre Pura es Cloe Keith.' – Respondió enfadada la rubia. – 'Eso pasa.'

'Ah…' – Sirius entendió entonces porque Axel Lance también tenía esa cara de amargura y se ahorró la pregunta. Miró a Remus y vio que este estaba ayudando a la prefecta y que se reía con ella. – 'Bueno, al menos al final no era Ió.'

'Algo bueno en el día de hoy.' – Agregó Sam. – '¿Y tú Kaienne¿Qué te pasa?'

'Dígamos que no acabo de asimilar todo esto de la guerra.' – Respondió la morena de ojos verdes. – 'Dame diez minutos más y volveré a estar como antes.'

'Te dije que era mejor que no lo supieras.'

'Prefiero saberlo, así no me pillará de improviso.' – Kaienne se encogió de hombros. – 'Además, a partir de ahora os podré echar una mano.'

'Oye Kaienne, de esto a Thomas no le digas nada.' – Le dijo Anthea.

'Tranquila, guardaré bien el secreto.'

'Ahora solo falta ver que cara pone Dumbledore cuando le digamos que Axel y Kaienne están al tanto de todo.' – Peter miró a los dos nuevos. No aprobaba que estuvieran allí y que se hubieran enterado de todo. – 'Creía que esto era solo cosa nuestra.'

'No seas celoso, Peter!' – Sirius le palmeó la espalda con fuerza. – 'Ahora somos más!'

James consultó el reloj que había en la Sala de los Menesteres.

'Pelirroja, si no nos vamos ya llegaremos tarde.'

'Un momento.'

James hizo una mueca de fastidio. Lily intentaba clavar la cantidad exacta de polvo de bicornio que necesitaba la poción. Era una tarea un poco difícil, pues cuando echaba un pellizco más la balanza marcaba que se estaba pasando y si quitaba, aún le faltaban unos pequeños miligramos y ya que iba a utilizar un ingrediente un poco peligroso unos días después para acelerar el proceso, sería bueno que todo lo demás estuviera perfecto. La prefecta arrugó la nariz cuando se volvió a pasar.

'Dejame probar, Lily.' – Le dijo Remus.

El licántropo le quitó un pellizco de polvo de bicornio a la muestra y después empezó a añadirlo mientras lo espolvoreaba con sumo cuidado. Lily controlaba la aguja de la balanza con todos los sentidos puestos en ella.

'Ya!' – Gritó.

Remus dejó de espolvorear y junto a Lily se aseguró de que allí hubiera la cantidad exacta. La mirada ambarina y la esmeralda de Lily se cruzaron con complicidad. Así era. Justo lo necesario.

'Bien echo prefecto!' – Lily lo abrazó. – 'Eres genial!'

Remus se sonrojó ante el cumplido. James tosió a propósito y los dos jóvenes lo miraron con una sonrisa en los labios, Lily aún abrazando a Lupin.

'Es la hora.' – Informó James.

'Ya lo sabemos, James.' – Lily se separó de Remus y volvió a observar la poción.

'Pues vamos o llegaremos tarde.' – Dijo él impaciente.

'Espérate un momento, no seas plasta.' – Le respondió Lily mientras remanaba la poción.

'¿Cómo que plasta?' – Preguntó indignado James. – '¿Yo¿James Potter un plasta?'

'Sí James¿Ves que me esté dirigiendo a alguien que no seas tú?'

Remus, Sam y Sirius se miraron entre ellos.

'¿Vamos pasando?' – Preguntó Sam. – 'No quiero escucharlos.'

'Yo tampoco.' – Anthea se levantó de la silla.- 'Suficientes tonterías he tenido que escuchar hoy.'

Los jóvenes abandonaron la Sala de los Menesteres y dentro de ella tan solo quedaron Lily y James gritándose el uno al otro.

'Te recuerdo que aquí la plasta numero uno eres tú!'

'Perdona que te diga, si acaso soy la numero uno en responsabilidad!'

'En aburrimiento diría yo.' – James se cruzó de brazos y le sonrió con chulería.

'¿Me estás llamando aburrida?' – Preguntó Lily ofendida.

'¿Prefieres aguafiestas?'

'Y tú eres un imbécil con el ego tan grande como este castillo!' – Espetó Lily.

'Grítalo más fuerte que nadie se ha enterado!' – Le respondió James.

'Con que te enteres tú y que le pongas remedio de una vez me conformo!'

Remus meneó la cabeza y Anthea rodó los ojos.

'Ay, Merlín…' – Murmuró Anthea.

Sam y Sirius se iban riendo sonoramente. A pesar de que habían abandonado la Sala de los Menesteres las voces de sus dos amigos resonaban por todo el castillo.

'¿Por qué no has cerrado la puerta, Peter?' – Le preguntó Remus.

'Creía que saldrían ahora.'

'¿Tú crees que el día que se casen seguirán con estas discusiones tan tontas?' – Le preguntó Anthea a Sam. – 'Son unos críos!'

'Cuidado con lo que dices que vienen por ahí.' – Les advirtió Kaienne quien miraba hacia atrás. – 'Ah, ya han parado.'

Lily y James los estaban alcanzando. Los dos iban lo más posiblemente distanciados entre si. Lily pegada a la pared de la derecha, caminaba con la cabeza bien alta. En el otro extremo, pegado a la barandilla, James la miraba de reojo y sonreía divertido. Enfadar a Lily siempre fue y siempre sería uno de sus pasatiempos favoritos. Le encantaba verla tan orgullosa y altiva, con los ojos verdes brillando de la ira y las mejillas sonrojadas después de la tan típica discusión.

Llegaron ante las gárgolas que daban paso al despacho del Director Dumbledore. Allí, en la puerta, Alice les estaba esperando. La Premio Anual dijo la contraseña y las estatuas dieron paso a las escaleras que conducían al despacho de Dumbledore. El Director estaba acariciando a su fénix, Fawkes, cuando ellos llegaron arriba. Con una sonrisa les dijo que se sentaran en las distintas sillas que él mismo había preparado para ellos. Kaienne y Axel tenían una silla para ellos también.

'En primer lugar, muchachos…' – El director se paseó entre ellos con una sonrisa en los labios. – '…mis más sinceras felicitaciones. Estoy verdaderamente orgulloso de ustedes, creo que no lo podrían estar haciendo mejor, teniendo en cuenta que en tan poco tiempo han conseguido tanto.'

Los jóvenes se sonrieron entre ellos.

'Anthea, se que todo esto está siendo excesivamente duro para usted.' – Le dijo el director mientras la miraba. – 'Por eso le pido disculpas.'

'No sé preocupe, señor. Yo elegí que fuera así porque quise.' – Le respondió Anthea. – 'Todos nos estamos sacrificando por el bien de todos los alumnos de Hogwarts. Además Lily esta fabricando poción Multijugos para que puedan sustituirme de vez en cuando.'

'Magnifica idea.' – El director miró Lily. – 'Pero la poción Multijugos tarda muchos meses en elaborarse y no disponemos de ese tiempo.'

'Estára disponible en un mes.' – Le dijo Lily. – 'Verá, hay un pequeño ingrediente que acelera su elaboración…Y lo usaré.' – Por un momento temió que Dumbledore se lo prohibiera. No estaba aprobado por el Ministerio la utilización de ese ingrediente en la poción Multijugos. Mas que nada porque parecía que tan solo ella y Snape conocían que efecto ejercía sobre la poción.- 'Así que nos será de gran utilidad.'

'Vaya, Lily! Que sorpresa!' – Se acercó a ella y le guiñó un ojo. Los temores de LIly desaparecieron, Dumbledore confiaba en ella. – '¿Podrá contarme su secreto?'

'Si claro.' – Lily le sonrió. – 'Si promete guardarlo.'

'Se lo prometo, Lily.'

El Director volteó su mesa y se sentó en su silla. Cruzó las manos y miró a Anthea.

'¿Podría informarme de todo lo que sabe, antes de darles las nuevas instrucciones a seguir?'

'Si, por supuesto.' – Anthea metió la mano en el bolsillo de la túnica, rebuscando algo mientras decía. – 'Los Sangre Pura son como usted ya sabe, seguidores de Tom Riddlel. Dentro de la escuela Nick Devoir, de sexto curso de Slyhterin manda, recluta y decide los objetivos. Que yo sepa, tan solo Nick se ha reunido con Riddlel y la última vez que lo hizo fue en estas Navidades. Desde entonces no lo ha vuelto a ver.' – Frunció el ceño al ver que no encontraba en su bolsillo lo que estaba buscando. – 'Según rumorean los demás Slyhterins, Riddlel esta en el extranjero. Regulus Black, otro Sangre Pura, que como también sabe ha vuelto de Durmstrang, dice que lo vio allí.'

'Una información muy preciada la que me acaba de proporcionar.'

'Pero si usted ya sabía que estaba allí.' – Le dijo Alice. – 'Envió a Frank y a Emmeline a Alemania por ello¿no?'

'Alice…' – Dumbledore levantó una mano para que esta callara.

'Perdon.'

'Contínue Anthea.'

'Nick quiere atacar al mayor numero de hijos de muggles posibles que estudien aquí para que cunda el pánico y estos dejen de estudiar magia. A la vez intenta convencer a muchos alumnos de que los sangresucia (perdón por utilizar esta palabra) son inferiores a los magos de sangre limpia o mestiza, aunque aún no saben si incluir a estos últimos entre los seres superiores o no.' – Anthea finalmente sacó de su bolsillo lo que estaba buscando. Un trozo de pergamino enrollado. – 'Los Sangre Pura organizan reuniones en las que Devoir propone los ataques y como llevarlos a cabo, los demás acatan las ordenes sin vacilar. Están encantados con la tan importante misión que tienen de librar al mundo de los sangresucia y de los muggles. Según me ha dicho Lucius Malfoy, la próxima reunión será dentro de poco y yo podré participar en ella y en el ataque. Le informaré de sus planes en cuanto asista. - Le tendió a Dumbledore el trozo de pergamino. – 'Y esto es la lista de todos los Sangre Pura que hay en Hogwarts desde las tres ultimas incorporaciones.'

Dumbledore cogió el trozo de pergamino que la joven le tendía, lo abrió y empezó a leer los nombres en voz alta.

'Nick Devoir, Lucius Malfoy, Antonin Dolohv, Alecto Carrow, Amycus Carrow, Bin Mulciber, Albert Yaxley, Walden McNair, Regulus Black, Severus Snape y Cloe Keith.' – El rostro de Dumbledore ensombreció. Cerró los ojos y dejó el trozo de pergamino sobre la mesa. – 'Que desperdicio. Once muchachos echando por la borda sus vidas.'

'Hay más en Durmstrang.' – Le informó Anthea. – 'Se dice que son una tercera parte de los estudiantes. Según me contó Regulus Black, aquellos que fueron seguidores de Grindelwald se están uniendo ahora a Riddlel.' – Anthea miró algo extrañada a Dumbledore. El director parecía haber envejecido en un solo segundo. – 'Los padres de estos Sangre Pura, y puedo incluir a los míos, le prestan todo su apoyo a Riddlel y lo están ayudando a subir escalones en el Ministerio. No tardarán en darse muestras de esto en las leyes que se promulgan. Debería advertir al Ministro de Magia y advertirle de mi familia, están muy cerca del poder y eso es lo que Riddlel esta buscando.'

'Gracias por su consejo, Anthea.' – Le dijo el director recuperando su estado de calma imperturbable de siempre. – 'No sé preocupe por lo que pueda ocurrir afuera. Detener el avance de Tom Riddlel fuera de Hogwarts no esta en sus manos.'

'De momento…' – Murmuró enigmática Alice.

'Alice…' – Le reprochó el director.

'Disculpe.'

'Pero lo que ocurre en Hogwarts y detener el avance de Voldemort aquí dentro si que esta en las manos de todos ustedes.' – Miró a Axel Lance y a Kaienne Green. – '¿Estan dispuestos a sacrificarse y a prestar toda su ayuda posible?'

'Por supuesto.' – Respondió decidida Kaienne.

'Y muchas más personas si lo supieran se unirían a la causa.' – Añadió el cazador de Gryffindor. – 'Creo que…'

'Eso llegará más tarde, señor Lance.' – Le cortó Dumbledore con una sonrisa. – 'Pero llegará ese momento, no se preocupe.'

El muchacho asintió.

'Les propongo muchachos, frustrar uno a uno los planes de los Sangre Pura.' – Empezó a decir Dumbledore. – 'Anthea deberá avisarme cada vez que vaya a haber un ataque, los profesores nos encargaremos de pillarlos con las manos en la masa, como mugglemente se dice.' – Rió divertido por la frase. – 'Poco a poco irán cayendo y seguro, que cuando Nick Devoir se huela algo, organizará un ataque a lo grande. En este ataque a lo grande, que sospecho que Nick y los demás organizarán antes de que se acabe este curso, los cogeremos a todos.'

'Entonces¿ahora todo queda en manos de Anthea?' – Preguntó James algo fastidiado. A él no se le había olvidado que habían atacado a Lily y aunque el director no hubiera estado de acuerdo con él, James quería venganza. – '¿Los demás no vamos a hacer nada?'

'Cuento con ustedes para que nos ayuden a cogerlos.' – Les dijo Dumbledore. – 'Podrán participar en la captura.'

James esbozó una sonrisa en la que dejaba ver que estaba satisfecho con la respuesta. A su lado, Sirius, Sam y Anthea también se sentían complacidos con la respuesta y fantaseaban con su venganza. Porque aunque estuvieran en el bando de la magia blanca, también eran humanos y no podían evitar sentir odio y querer devolverles el daño a aquellos que no se arrepentían del dolor y sufrimiento causado.

Abandonaron el despacho de Dumbledore con la ligera sensación de que todo empezaba a resolverse. Sabían y sentían que poco a poco todo volvería a la absoluta normalidad. La disolución de los Sangre Pura estaba muy cerca.

'En tan poco tiempo has sacado mucha información, Anthea.' –Le dijo James cuando volvían hacia su torre. – '¿Cómo lo has hecho?'

'Regulus se lleva bien conmigo y me cuenta todo, a Lucius lo mimo un poco y le hago un par de carantoñas y me dice todo lo que quiero saber, como lo de Cloe Keith y con Devoir, me insinúo un poco y parece que se olvida de que el es el cabecilla.' – Anthea sonrió orgullosa. – 'Menos Regulus, a Devoir, a Malfoy y a los demás los puedo manejar bien.'

'Chico…' – Sirius puso una mano sobre el hombro de Axel. – 'Estás con lo que se llama una mujer fatal.'

'La perdición.' – Agregó James.

Axel no sonrió. La idea de lo que estaba haciendo Anthea con los Sangre Pura para sonsacar la información no le hacía ni pizca de gracia.

'Axel.' – Anthea lo agarró de la mano y le sonrió débilmente. – 'Vamos a la Sala de los Menesteres, quiero hablar contigo.'

'Vamos.'

Axel y Anthea se separaron de los demás y se desviaron del camino a la Torre de Gryffindor.

'Hablar…Ya, seguro!' – Dijo sacrcásticamente Sirius. – 'Le vais a dar a la lengua pero de otra manera!'

'Anthea que nos puedes decir la verdad!' – Bromeó James. – 'Que a nosotros no nos tienes que mentir como a los…'

'JAMES!' – Gritaron todos a la vez.

El capitán de Gryffindor rió al ver que todos lo miraban aterrados por lo que había estado apunto de gritar.

'Estaba todo bajo control.' - James rió divertido y se revolvió el pelo. – 'No pensaba decir lo que todo estáis pensando.'

Lily bufó con enfado.

'Que te pasa, Pelirroja? – James se puso a su lado y la agarró por la cintura. – '¿Te he asustado?'

'Tan solo has demostrado que sigues siendo igual de inmaduro que siempre.'

James se detuvo y miró a la prefecta enfadado.

'Nosotros vamos tirando.' – Se apresuró a decir Remus.

Rápidamente dejaron a James y a Lily a solas en el pasillo. Los dos se quedaron uno frente al otro aguantándose la desafiante mirada.

'Estás muy irascible desde lo de Snape.' – James rompió finalmente el silencio.

'Lo sé…' – Lily suspiró y abrazó a James. – 'Verás, es que me he pasado toda la tarde elaborando la poción y justamente en esta poción Snape y yo hicimos algunas mejoras. Es imposible que no recuerde muchas cosas cuando lo que estoy haciendo es algo que solía hacer con él.' – Las manos de James le acariciaron la espalda y la cabeza. – 'Y aunque no lo parezca, yo también puedo hundirme como Sam, como Anthea o como Remus…' – Agregó mientras clavaba su mirad verde en la de él. – 'Perdona si me he pasado contigo esta tarde.'

'Tranquila, Lily.' – James la abrazó con fuerza y le sonrió. – 'Puedes derrumbarte cuando quieras, yo te ayudaré a levantarte.'

'Gracias.' - A pesar de toda su chulería, James sabía comportarse cuando debía, pensaba Lily.

Se besaron con ternura, suavemente.

Axel y Anthea caminaron en silencio hasta la Sala de los Menesteres. La puerta de madera apareció en la pared de piedra y entraron. La Sala se había transformado en una espaciosa habitación, con un balcón y un sofá. No le hicieron caso al sofá, sino que salieron al balcón. Los dos se apoyaron en la barandilla y aspiraron el frío viento de aquella estrellada noche.

'No estés así…' – Le dijo dulcemente Anthea. – 'No merece la pena.'

'No puedo remediarlo, me fastidia en cantidad.' – Axel clavó sus ojos azules en los de ella. – 'Tendrías que haber visto que cara de imbécil se me ha quedado cuando me he asomado a la ventana de la torre y te he visto en el jardín dándote el lote con Malfoy.'

'Te aseguro que he tenido que hacer esfuerzos por no vomitar.' – Anthea apoyó los codos en la barandilla. – 'Me he pasado una hora entera después lavándome los dientes y enjuagándome la boca con jabón.' – Recordó con un deje de fastidio y amargura en la voz.

Axel sonrió débilmente y Anthea se acercó a él y lo abrazó por la espalda.

'Ya se que es duro, pero aguanta un poco más.' – Le dijo Anthea. – 'Yo de momento sé todo lo que necesitábamos saber, a partir de ahora lo mantendré a raya.'

'¿No piensas volver a besarlo?'

'Ni muerta.' – Aseguró Anthea. – 'Ahora que estoy dentro y que me enteraré de todo no tengo porque venderme.'

Axel sonrió aliviado por lo que le había dicho Anthea. Axel se giró y apoyado en la barandilla, con ella totalmente atrapada entre sus piernas y sus brazos la besó. Anthea rodeó su cuello con sus brazos y sonrió, antes de volverlo a besar le dijo en un susurro:

'Te quiero.'

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Espero q os haya gustado! Disfrutad de las vacaciones!

Un beso enorme y mil gracias x vuestros reviews!

Eneida