XXXIV
Ió Keith se levantó muy pronto aquella mañana. Su prima Cloe dormía profundamente en la cama de al lado y la envidió por no tener ni la mitad de problemas que ella tenía. Por supuesto ni se imaginaba donde andaba metida Cloe.
Cogió de su armario el uniforme y la túnica de Ravenclaw y se metió en el baño. Se desvistió y se bañó con el agua muy caliente. Estornudó al salir, aquel maldito resfriado no se había ido aún. Se vistió y se miró en el espejo, sus enormes ojos azules reflejaban aquella tristeza en la que estaba sumida. ¿Cómo había podido acusarla Remus de ser una Sangre Pura? Metió una mano en la túnica y sacó la última nota recibida.
'Es tu ultima oportunidad. Sabes donde encontrarnos. Únete a nosotros o el Consejero Robert Keith pagará por lo que hizo.'
Atentamente, Los Sangre Pura.
Ió, enfadada, estrujó la nota entre sus manos hasta romperla. Sacó su varita y con un golpe de ella sobre su cabello y una simple palabra, se lo secó y quedó peinado liso, como siempre. Recogió el baño y guardó su pijama bajo la almohada en la habitación. Cogió sus libros de aquella mañana, los que había dejado preparados la noche anterior sobre su escritorio y salió de la habitación. Necesitaba desayunar sola aquella mañana, tenía que pensar cómo acabar con aquella situación. Había sido un maldito mes en el que cada día recibía una amenaza. No lo había dicho a nadie y tampoco pensaba hacerlo. Atravesó su Sala Común y salió a las escaleras de la torre.
Robert Keith, Consejero del Ministerio de Magia y padre de Ió Keith trabajaba con el Ministro de Magia. Su padre, que confiaba plenamente en ella, le había contado la nueva situación en la que se encontraba el Mundo Mágico. Y él mismo se encargó de evitar que el padre de Lucius Malfoy, persona de grandes influencias, introdujera en el Ministerio a un joven llamado Tom Riddlel. Desde aquel día las amenazas de aquel grupo llamado Sangre Pura no habían cesado.
Ió bajó las escaleras y frenó de golpe al ver a aquel muchacho de cabellos castaño claro y de mirada ambarina, que la esperaba apoyado en la pared a pesar de ser tan temprano.
El prefecto de Gryffindor levantó la cabeza, se quedó tan parado como ella. Había ido tan temprano para tener tiempo de calmarse, de pensar bien sus palabras, pero parecía que el destino no había querido que fuera así. Sus ojos ambarinos se encontraron con los de Ió.
Uno frente al otro. Ninguno de los dos sabía que hacer o que decir.
'Ió.' – Remus dio unos pasos al frente. – 'Quiero pedirte perdón por lo de ayer.'
'Remus, no se a que vino todo aquello, pero tengo que solucionar un par de cosas.' – Soltó Ió. No quería más quebraderos de cabeza. – 'Me he levantado pronto para solucionar esas cosas y lo siento, pero no quiero escucharte.'
Ió giró la cara y se cruzó con él, pues las escaleras para bajar estaban a su espalda. No quiso mirarlo a la cara cuando sus túnicas se rozaron y creía que el chico la iba a dejar en paz, cuando una mano la agarró del brazo.
'Deja que te lo explique.' – Le suplicó. – 'Por favor.'
'Lupin, te he dicho que no tengo tiempo.' – Le repitió sin mirarlo. – 'Y aunque lo tuviera no se si te lo daría.'
'Lo que estas haciendo no es propio de ti.' – Remus la giró hacía él. – 'Tú no eres así ni cuando te enfadas.'
'Tampoco es propio de ti hablar sin saber.' – Ió levantó la vista del suelo y lo miró a la cara. – 'Y es lo que hiciste ayer.' – Remus desvió la mirada. – 'Esa acusación fue un golpe muy duro para mí. Ni te imaginas cuanto me dolió.' – Se hizo el silencio.
Ió seguía pegada al pecho de Remus. El brazo de él aún la retenía.
'No eres la única que tiene problemas con los Sangre Pura.'
Ió alzó las cejas, sorprendida. Puso una mano sobre la mejilla de Remus y le obligó a mirarla a la cara.
'¿Por qué sabes tanto de ellos?' – Preguntó intentando leer en los ojos de él la respuesta.
'Cómo te he dicho, no eres la única que tiene problemas con ellos.' – Le dijo Remus. – 'Perdoname por todas las cosas que te dije ayer. Se que no es propio de mí actuar como lo hice, pero no estaba en mis mejores momentos. Todo parecía venirse encima, parecía que habíamos caído en un pozo negro y que no podríamos salir de allí.'
'¿Habíamos?'
'Yo no estoy solo en la lucha contra los Sangre Pura.'
'Me alegro por ti.' – Ió se zafó de su brazo. – 'Los problemas parecen menores cuando tienes con quien hablar y en quien apoyarte.' – Cerró los ojos y se fue a marchar. – 'Estas perdonado.' – Se moría por besarlo, pero la necesidad de pensar como acabar con las amenazas hizo que se alejara de él.
Caminó lentamente hasta las escaleras y empezó a bajarlas. Sintió pasos correr y al momento la voz de Remus le dijo:
'Puedo ayudarte!'
Ió se detuvo y se giró. Remus estaba plantado en el rellano de arriba. La chica sonrió amargamente.
'No creo, esto solo puedo hacerlo yo sola.'
'Confía en mí.' – Bajó hasta ella y le tendió la mano. – 'Los problemas parecen menores cuando tienes con quien hablar y en quien apoyarte.' – Repitió con una sonrisa.
Ió titubeó. Primero alargó la mano y después la recogió, dudando. Miró a Remus. Era inteligente, amable, tranquilo. Le hacia falta eso, tranquilidad. Porque ya no podía más, porque tenia la descabellada idea de ir aquella misma noche y enfrentarse a los Sangre Pura ella sola para acabar con todo de una vez. Y le parecía estúpido, sabía cómo acabaría. Ió Keith sabía que esa no era la solución y Remus le ofrecía su ayuda incondicional. Él, a quien quería de verdad. Ió estrechó su mano con suavidad.
'Bien hecho.' – Remus le sonrió.
Ió se lanzó a su cuello y le abrazó. Enrojeció hasta la punta de la nariz cuando Remus la besó.
La mañana de aquel día en Hogwarts transcurrió con tranquilidad.
'Demasiada….' – Pensaba Lily Evans mientras miraba de reojo al grupo de los Merodeadores.
Estaban en clase de Encanatmientos, la penúltima de aquella mañana, y Peter, Remus, Sirius y James estaban más atentos de lo normal a la explicación de Flitwick. Por no variar la rutina de cada día habían soltado algún comentario que había hecho reír a la clase entera, pero no habían embrujado a nadie en todo el día, no habían probado los efectos del hechizo que Flitwick explicaba en ningún alumno, no habían tenido ningún enfrentamiento con nadie en toda la mañana.
'Lily, ¿a que viene esa cara?' – Le preguntó Sam por lo bajo.
'Míra a tu novio y al grupito de sus amigos.' – Le dijo Lily mientras copiaba en su hoja algo que Flitwick acababa de decir.
'Bueno, están un poco más tranquilos de lo normal, pero…'
'Algo traman. Algo van a hacer o algo han hecho ya.'
'No seas paranoica, Lily.' – Le dijo Sam. – 'Por una vez que se están portando bien y ya piensas que van a hacer alguna de las suyas.'
Como si quisieran confirmar las sospechas de Lily, Peter miró su reloj y sonrió. Fue a decirles la hora a Sirius y a James que estaban tras él, y se le puso cara de susto cuando cruzó la mirada con la de la prefecta pelirroja. Se giró corriendo y no se volvió a girar. Tras él, Sirius y James se sonreían socarronamente.
'¿Qué hora es Sam?' – Preguntó Lily.
'Pues faltan diez minutos y vamos a Herbología.' – Sam miró a Lily sorprendida. – '¿Qué pasa? ¿Te aburre Encantamientos? Pero si es tu favorita.'
'Pues claro que es mi favorita. Eso no se pone en duda.' – Le confirmó Lily, algo ofendida. – 'Y creo que deberíamos hacer más horas.'
'Oh Merlín…' – Sam dejó caer la cabeza sobre su libro. – 'Estas loca.'
Diez minutos más tarde los alumnos de sexto curso de Gryffindor se dirigían hacia los invernaderos de la profesora Sprout. En la entrada se juntaron con los alumnos de Huffelpuf, con los que mejor se llevaban de toda la escuela. Más ahora que Gryffindor había ganado a Ravenclaw aquel fin de semana. Aún quedaba el rencor...
'Hola chicas!' – Anthea aprovechó el momento para abrazarlas a las dos a la vez. – 'Ahora que nadie nos presta atención, solo quiero recordaros que os quiero.' – Las besó en la mejilla a la dos y se alejó de ellas con Kaienne.
Lily rió y Sam meneó la cabeza con una sonrisa en los labios.
'Menos mal que la tenemos en la habitación.' –Dijo Lily. – 'A pesar de eso, la echo de menos a la hora de las comidas.'
'En un par de días todo volverá a la normalidad.' – La animó Sam.
'Sam…' – Lily giró sobre si misma lentamente, escudriñando con la mirada a todos los alumnos. – '¿Dónde están?'
'¿Quién?'
'Pues esos cuatro!' – Gritó Lily. – '¿Quién van a ser?'
'Lily no seas paranoica.' – Le dijo Sam. – 'Dejalos, habrán hecho campana.'
'Me preocupan.'
'A mi lo único que me preocupa es que esa Lila de China que hay que transplantar me escupa.' – Sam la cogió del brazo y tiró de ella. – 'Vamos, Sprout acaba de abrir la puerta del invernadero.'
Sin dejar de buscar a los Merodeadores, Lily se dejó arrastrar por Sam hasta el interior del invernadero. Una vez dentro, se colocaron alrededor de alargadas mesas, sobre las que había un montón de macetas medianas que contenían la Lila de China. Era una planta bastante grande con el tallo verde y con una flor enorme de color lila, que parecía una campana.
'Como les dije el otro día hoy transplantaremos las Lilas de China a una nuevas macetas más grandes y de tierra más seca.' – Empezó a decir la Profesora Sprout. – 'Ya saben que la humedad les afecta y hace que expulsen su jugo. ¿Jugo que qué propiedad tiene?'
Lily levantó la mano.
'Adelante señorita Evans.'
'El jugo de la Lila de China tiene fines terapéuticos.' – Dijo en voz alta la pelirroja. – 'Sirve para rebajar el hinchazón de una herida provocada por un mordisco de serpiente, una picadura o la inflamación de un tobillo torcido o cualquier otra extremidad o herida que este inflamada.'
'Perfecto.' – Sprout sonrió satisfecha. – 'Y ahora, tengan cuidado y colóquense las gafas y los guantes para evitar accidentes. Yo haré una demostración…'
Y de repente empezó a hacer calor en el invernadero. Mucho. Mucho calor y por arte de magia (nunca mejor dicho), las mangueras que habían en el invernadero se abrieron y empezaron a echar agua descontroladamente.
'Merlín!' – Sprout corrió a sacar su varita y a detener los chorros de agua.
'Oh no…' – Sam retrocedió cuando vio que su planta y la de sus compañeros empezaban a temblar. – 'Ni se te ocurra!' – Le gritó a la planta.
Anthea y Kaienne retrocedieron instintivamente cuando las plantas empezaron temblar y a hacer sonidos guturales. Como ellas, los demás alumnos supieron lo que venía a continuación.
El calor evaporó el agua de la manguera y…
Hogwarts enteró se tambaleó con la explosión. Filch se quedó sin palabras y corrió a buscar al Director Dumbledore cuando vio que el invernadero nº5 de la profesora Sprout rebosaba una viscosidad lila. Parecía que lo hubieran pintado por dentro de ese color. Dentro, cada alumno y la profesora Sprout estaban e,badurnados completamente en el jugo liloso de las plantas, que todas a la vez lo habían echado a causa de la humedad repentina.
'Los mataré…' – Lily se quitó las gafas y supo que cometería un asesinato si los veía aparecer. Eso habían estado tramando. – 'Como vengan ahora a reírse los mato…'
Sam se quitó las gafas y se miró con asco. Su túnica, sus zapatos, su cabello…Estaba toda pringada de aquella viscosidad lila.
'ME CAGO EN LAS PUTAS LILAS DE MIERDA!'
Escondidos en el invernadero del lado, entre las plantas, los Merodeadores se revolcaban por el suelo. Reían sin parar, sujetándose el abdomen que dolía en cantidad, llorando a mares de la risa. Desde dentro del invernadero, Lily pudo escuchar sus carcajadas.
'¿No los oyes?' – Le preguntó a Sam.
'Son unos capullos.' – Sentenció la morena. – 'Son unos malditos cabronazos.'
Pomona Sprout no tuvo más remedio que dar por terminada la clase.
Lily bajó al Gran comedor caminando a grandes zancadas y con una cara que daba a entender claramente que no estaba de buen humor. Se había duchado en el baño de los prefectos para que en la habitación, las otras tres chicas se pudieran limpiar cuanto antes aquella viscosidad. Le quedaba aún un cuarto de hora antes de que empezaran sus clases de la tarde y podría comer, aunque deprisa.
'Hola Lily.' – Anthea se unió a ella con la misma cara de ira.
'Hola Anthea.' – Le respondió Lily con un tono de voz que dejaba ver como se sentía. – 'No te deberían ver tan cerca de mí.'
'Me importa una mierda quien me vea cerca de ti en este momento.' – Respondió Anthea. – 'Y como alguien me diga algo voy a liar una que ni se lo imaginan. Lo que le hice a Morrison en el partido parecerá que fueron cosquillas al lado de lo que le espera al que me haga enfadar hoy o se ría de mí.'
Anthea abrió la puerta del comedor de una patada. Ni la Premio Anual Alice que aún estaba comiendo se atrevió a decirle nada. No quedaba mucha gente en el comedor, tan solo los Gryffindors y Huffelpufs que habían sufrido la broma y un par de alumnos más de las otras dos casas. La mayoría de damnificados se lo habían tomado con humor y elogiaban la ingeniosa idea de los Merodeadores, porque todo el mundo sabía que habían sido ellos a pesar de que estos no lo habían reconocido oficialmente.
'Hoy como contigo.' – Sentenció la rubia.
'Vale, pero tengo que hacer algo antes.' – Lily siguió caminando.
La pelirroja buscó con la mirada a cuatro sujetos y encontró a dichos sujetos sentados en la mesa, comiendo el postre mientras reían y bromeaban. Lily sacó su varita y se dirigió a ellos a grandes zancadas.
'Levicorpus!'
'EH!' – Gritó Sirius cuando se notó ascender en el aire. – '¿Qué coño pasa?'
'¿¡Pero que es esto!?' – El postre se le resbaló de las manos a Peter y su flan se espachurró contra le suelo.
Remus optó por callar cuando se dio cuenta de que la pelirroja era la que los había embrujado.
'¿Quién ha sido el capullo?' – Gritaba James zarandeándose en el aire. – 'Que se va a enterar!'
'He sido yo.'
James giró la cabeza y tragó saliva al ver a Lily. La chica los apuntaba con la varita y su cara daba miedo. Las varitas de los cuatro muchachos cayeron al suelo. Colgados el revés en el aire, sujetándose las túnicas y con las corbatas molestándoles al lado de la cara, supieron que ahora pagarían por lo que habían hecho.
'Evans bájanos!' – Ordenó Sirius.- 'Ahora mismo!' – La multitud se congregó detrás de Lily.
Empezaba el espectáculo.
'SOIS UNOS MALDITOS IRRESPONSABLES!' – La voz de Lily resonó entre las paredes del Comedor. – 'ESTOY HARTA DE VUESTARS PUÑETERAS BROMAS! ESTOY HASTA LAS NARICES DE VOSOTROS Y VUESTRAS GRACIAS! LA MAGIA NO SIRVE SOLO PARA DIVERTIRSE! ESTAIS EN SEXTO! DEBERÍAIS DAR EJEMPLO A LOS QUE SON MÁS JOVENES QUE VOSTROS!'
'Oh, vamos Lily, admite que ha tenido gracia.' – Le dijo James con una sonrisa.
'MIRA COMO ME RIO, JAMES!' – Ironizó la pelirroja. – 'JA, JA!'
'Evans, ¿porqué no puedes tomártelo como una broma como todo el mundo?' – Le preguntó Sirius.
'Si "todo el mundo" me incluye a mí, déjame decirte que estas equivocado, Sirius.'
Anthea se plantó al lado de Lily y sacó su varita. Sirius tragó saliva y rezó para que Sam no apareciera también. La bestia de Anthea, la fiera de Lily y Sam con sus rabietas momentáneas eran una combinación muy peligrosa.
'Ahora me voy a cobrar lo que habéis hecho.' –Anthea miró a Lily, divertida. – '¿Qué te parece un Densaugeo, Lily?
'Prefiero un Furununculus.' – Lily sonrió con malicia. – 'Ese conjuro no saben como invertirlo.'
Anthea sonrió satisfecha y los apuntó con la varita.
'Chicas, chicas!' – Remus les hizo un gesto con las manos para que se calmaran. – 'Recapacitad! Vosotras nos sois así de agresivas ni de vengativas!'
Sirius y James asintieron rápidamente, dándole la razón al Merodeador. A Remus lo escucharían y le harían caso. Era su última oportunidad. Lily pareció calmarse y Anthea bajó la varita. Los tres Merodeadores empezaron a pensar que quizás no saldrían tan mal parados.
'Hombre, yo diría que sí, Lunático.' – Murmuró Peter. – 'Anthea es una bruta y Lily tiene muy mal carácter.' – La mirada de Lily ardió y Anthea se crujió los nudillos.
'Te quieres callar, Peter!' – Rugió Sirius, quien estaba realmente aterrado. – 'Manten esa bocaza cerrada!'
James alcanzó a darle una colleja a Peter. Anthea los apuntó de nuevo con la varita y Remus rodó los ojos.
'¿Quién me mandó juntarme con vosotros en primero?' – Murmuró fastidiado el licantropo.
'La próxima vez os lo pensareis dos veces antes de meteros con Anthea Landry y Lily Evans' - Dijo Anthea.
Para su suerte o no, cuando Anthea estaba pronunciando el hechizo apareció McGonagall y las dos muchachas tuvieron que detenerse.
'Señoritas Landry y Evans!' – Gritó mientras corría hacia ellas. – 'No hagan ninguna barbaridad! Vengo yo misma a comunicarles a estos cuatro gamberros que se deben reunir conmigo en mi despacho ahora mismo por lo ocurrido!'
Anthea guardó la varita y chasqueó la lengua fastidiada. Lily miró a la profesora y muy amablemente les preguntó.
'¿Quiere que los baje?' – Era ella la que los mantenía en el aire con su varita.
'Por favor, Evans.' – Pidió la profesora.
Lily guardó su varita y los cuatro chicos cayeron dándose enormes golpetazos contra la mesa, el banco y el suelo. Lily y Anthea se giraron con gracia y altanería y se marcharon a comer bien lejos de ellos. Los cuatro se pusieron en pie lentamente, doloridos por que Lily los había dejado caer al vacío.
'He escrito a sus familias.' –Dijo McGonagall con una expresión muy severa en la cara. – 'Y usted Black, no crea que se librará, Dorea Potter y Charlus Potter vienen ya hacia aquí.'
'Oh, no!' – James se llevó las manos a la cabeza y miró a Sirius.
'Dorea nos va a matar!' – Dijeron a la vez.
'Y deberán transplantar para mañana por la mañana, las cincuenta plantas que se deberían haber transplantado en su clase de Herbología de hoy.' – Comunicó McGonagall. – 'Además de limpiar sin magia el invernadero de esa mugre. Quizás así aprendan a valorar la magia.'
Remus bufó asqueado. Odiaba limpiar a lo muggle.
Una hora más tarde, los padres de James, Remus y Peter estaban reunidos en el despacho de McGonagall con sus respectivos hijos. No hace falta decir que cada uno se llevó una bronca tremenda, incluido Sirius Black. Aquella noche no pudieron cenar, pues si lo hacían, no les daría tiempo a limpiar el invernadero, que rebosaba del jugo de la Lila de China y tampoco llegarían a transplantar las 50 plantas para la mañana siguiente.
'Bah, la culpa es de Sprout.' – Sirius estaba fregando el suelo dle invernadero. – 'Nos incitó diciendo lo que ocurría si se humedecía el ambiente.'
'Lo puso a huevo, es verdad Canuto.' – Corroboró James mientras limpiaba los cristales.- 'No puede decirnos eso y esperar a que nos quedemos de brazos cruzados! Habría sido un pecado no hacerlo!'
'Tienes toda la razón.' – Peter limpiaba le techo con una fregona de mango largísimo que le permitía llegar ahí arriba. – 'Somos los Merodeadores, ¿Qué se pueden esperar?'
Detuvieron su limpieza al ver que Lunático no agregaba ninguna justificación. Remus Lupin estaba alineando todas las Lilas de China en la mesa y estaba pensando en lo que Dumbledore le había dicho a Ió cuando habían ido a visitarlo a su despacho.
Recordaba muy claramente lo que habían hablado:
'No se preocupe señorita Ió.' – Había dicho Dumbledore a la muchacha. – 'Su padre impidió que ese joven tuviera un cargo en el Ministerio porque yo se lo pedí. Por ello mismo me hago cargo de la seguridad de su padre y de la suya en este colegio.' – El director le había mirado directamente a él. – 'Lupin se encargará de que no le ocurra nada aquí en Hogwarts. Es buen chico y muy astuto, estará bien protegida.'
'¿Y mi padre?' – Había preguntado angustiada Ió.
'Pondré dos personas para que velen por su seguridad.' – Remus había sonreído. Sabía que Dumbledore estaba organizando la defensa fuera de Hogwarts. Había más gente trabajando para él y por la causa fuera… ¿Eran esas personas a las que Alice siempre eludía? Seguro que sí. – 'Esta misma noche visitaré a su padre y le llevaré sus dos nuevos guardaespaldas.' – Le sonrió a Ió. – 'No tiene que temer por él.'
'Gracias, señor director.' – Ió recuperó aquel brillo de alegría en sus ojos.
A salir del despacho, cuando estuvieron a solas ella y Remus, se tiró a los brazos del Merodeador como otras tantas veces.
'Gracias, Remus!' – Y le plantó un beso en los labios a pesar de que estaba colorada.
El Merodeador rió divertido y la besó con fuerza. No podía hacer nada, le encantaba aquella chica.
Sonrió tontamente al recordarla. Pero como si le dieran un bofetón, el paño que James estaba usando para limpiar los cristales le fue estampado en la cara. Comprendió el enfado de Lily y de Anthea cuando escuchó a sus tres amigos reírse. Se quitó el paño y murmuró:
'Si pudiera transformarme voluntariamente en lobo, ahora mismo estaríais corriendo como gallinas por el invernadero.'
Los otros tres aún rieron más fuerte y James se acercó darle un abrazo. Al líder de los Merodeadores le encantaba que Lunático fuera capaz de bromear con su problema peludo, significaba que todo estaba bien.
Acabaron la limpieza y se dispusieron a transplantar las cincuenta plantas. Era la una de la madrugada. Lo peor de todo es que lo tenían que hacer sin usar la magia, McGonagall les había confiscado las varitas hasta el amanecer.
'Canuto, Cornamenta…' – Dijo Remus mientras cogía una de las plantas. – '¿Qué vamos a hacer con las chicas?'
'Pues nada, esta claro.' – Repuso muy rápidamente Sirius. – 'Yo no pienso arrastrarme detrás de ellas para que me perdonen.'
'Pues yo si que lo voy a hacer.' – James le acercó una maceta vacía a Remus. – 'Solo faltaría que Lily y yo termináramos por una idiotez así. Además, Sam y Anthea estan en mi equipo y a los jugadores hay que mantenerlos contentos para que jueguen bien.'
'A ti lo que te da miedo es que Sam de un golpe de estado en el equipo.' – Le dijo Remus riendo.
'Esa es otra…' – James sonrió. – 'Encima tengo planeado hacer físico esta semana, solo faltaría que Sam me revolucionara a los chicos y los pusiera en mi contra.'
'Pues yo, como Sirius, no pienso arrastrarme detrás de ellas.' – Dijo Peter muy convencido y altanero. – 'Ninguna de ella es mi novia y puedo pasar sin que me hablen.'
'Pues perdona que te diga, Colagusano.' – Remus sonrió burlon. – 'La segunda ronda de exámenes esta al caer… ¿no necesitas aprobar Encantamientos, Transformaciones y Pociones?'
'Ehm…sí.' – Peter se dio cuenta de que grave era su situación. – 'Le pediré perdón a Evans.' – Decidió asintiendo.
'Sois unos cobardes!' – Espetó Sirius. – 'Suplicarles perdón por que les hemos gastado esa broma!' – Exclamó exasperado. – '¿Os habéis vuelto locos?'
'Tú cállate Canuto, que eres el que esta más jodido de los cuatro.' – Rió James.
'Anda ya…'
'Lily y Sam solo nos ignoran…' – Dijo Remus mientras transplantaba una planta. – 'Pero a ti, cuando Sam te ve, primero de aporrea a golpes y después pasa de ti.'
James y Peter rieron bien fuerte. Sirius siguió transplantando plantas como si aquello no le importara. Aunque era verdad, en cuanto Sam lo había visto en clase de Estudios muggles lo había machacado a golpes con el enorme libro y después no le había vuelto a hablar en toda la tarde.
Al día siguiente Remus, Peter y James no pararon de perseguir a las chicas hasta que estas los perdonaron finalmente. Sirius tan solo tardó unas horas más, el tiempo necesario que le llevó tragarse el orgullo, pedir perdón a Anthea y a Lily…y bueno…Conseguir llegar hasta Sam, conseguir que no lo embrujara, quitarle la varita para mayor seguridad y después evitar que lo machara a golpes. Digamos que tuvo que hacer más esfuerzo que el que hicieron los otros tres Merodeadores para conseguir ser perdonado. Lo que cuenta es que al final lo consiguió.
Y así, tras este último incidente, llegaron días de calma y paz a Hogwarts. Sin que apenas se dieran cuenta, se encontraron con el mes de Marzo encima. El frío aminoró y el sol empezó a brillar alegre otra vez.
El sol de uno de aquellos primeros días de Marzo dio de pleno en la cara de Anthea, que era la que dormía al lado de la ventana. No la molestó aquella cegadora luz, sino que se levantó de un salto y abrió bien las cortinas para que aquel sol bañara toda la habitación con su calor.
'Hoy, esta tarde estará lista la poción!' – Pensó llena de felicidad.
'Anthea…por tu vida, cierra esas cortinas…' – Sam se tapó la cara con la almohada.
'Buenos días chicas.' – Lily se estirazó en la cama con una sonrisa.
'Buenos días.' – Kaienne se reincorporó. – '¿Y esa cara de felicidad Anthea?'
'Hoy es el día que la poción llega a día 30 en reposo.' – Explicó Anthea, mientras cogía ropa de su armario. – 'Así, que a partir de mañana, podré pasar más rato junto a Axel y menos con Malfoy y todos esos capullos sin cerebro!'
Se metió en el baño mientras tarareaba una canción. Cerró la puerta y Lily y Kaienne se sonrieron alegradas por el cambio de humor de la rubia. La puerta del baño se abrió de golpe y Anthea salió dando brincos. Se le había olvidado una cosa muy importante. Se tiró de un salto sobre Lily y la abrazó.
'Gracias por todo!' – Le plantó un beso en la mejilla. – 'Te adoro!'
Anthea bajó al Gran Comedor y se fue a comer a su mesa de Gryffindor. Los fines de semana, como los Sangre Pura bajaban a horas distintas y dispersos podía desayunar con los suyos. Hablaba con Kaienne sobre un nuevo cotilleo cuando Amycus Carrow se le acercó y la llamó.
'Anthea, ¿puedo hablar contigo un momento?' – Preguntó el Slyhterin.
'Por supuesto.' – Se levantó de la mesa. – 'Disculpa un momento Kaienne.'
'Tranquila.'
Siguió a Amycus Carrow hasta el recibidor.
'¿Qué pasa?' – Le preguntó Anthea cuando se detuvieron.
'Me ha dicho Nick que te informe de que esta noche hay reunión de los Sangre Pura.' – Le dijo en un susurro. – 'A medianoche pasaré a buscarte por tu torre, estate a esa hora al pie de ella y evita que nadie te vea salir.'
'Hoy es sábado, todo el mundo se quedará despierto hasta tarde.' – Protestó Anthea. – 'Dime dónde es la reunión y yo iré.'
'En la sección prohibida del castillo, en el último piso, en la sección Oeste.' – Le dijo Amycus muy bajito. – 'Esperame en una estatua de Salazar Slyhterin, ahí te recogeré. Eres nueva y no sabes como entrar aún.'
'Ahí estaré a medianoche, Amycus.' – Anthea sonrió, el corazón le iba a cien por hora. – '¿Debo vestirme de alguna manera en especial?'
'No, ya te daremos ahí tu nuevo uniforme.'
'Gracias, Amycus.'
'Nos vemos, Anthea.' - La rubia se giró y caminó de vuelta al comedor.
A Anthea Landry le brillaban los ojos castaños, la sonrisa de satisfacción no se podía borrar de sus labios. Caminaba con pasos firmes, con elegancia y con la cabeza bien alta. Se sentía más ligera. Se sentía feliz, para nada nerviosa o asustada. Estaba feliz porque esa noche los Sangre Pura firmaban sin saberlo su sentencia de muerte. Era el principio de su disolución.
¿Os he dejado con la intriga? Jejeje...
Muchísimas gracias x los reviews!! No me cansaré de repetirlo, sois unicas!
Un besazo enorme!!
Eneida
