XXXV

Anthea se pasó aquel sábado metida en la Sala de los Menesteres junto a Axel. Los Merodeadores, Lily y Sam pasaron la tarde en el jardín, sentados bajo el gran haya al lado del lago, disfrutando del sol y el calorcillo de aquel día. Todos sabían que una vez Anthea volviera de la reunión, habría trabajo, problemas y se acabaría la calma y la paz. Por ello aprovecharon el día hasta que el sol se escondió tras Hogwarts.

En el Balcón de la Primavera Lily y James pasaban el rato antes del toque de queda, que al ser fin de semana se alargaba hasta las once y media. Los dos jóvenes estaban apoyados en la barandilla del balcón. Lily situada entre James y la barandilla, era abrazada por detrás por el chico. El olor de su colonia se mezclaba con el aroma de las flores que estaban a sus pies. Tenía él su barbilla apoyada sobre la cabeza de Lily.

'Lily…'

'Dime.'

'Te quiero.'

Lily, enternecida, se giró para mirarlo a la cara con una sonrisa radiante. James la besó suavemente y ella pasó los brazos por encima de sus hombros. Llevaban algo más de un mes saliendo juntos. Las peleas y los insultos de los cursos anteriores les parecían muy lejanos, aunque de vez en cuando volvían para recordarles que seguían siendo ellos dos: James Potter, el egocéntrico fanfarrón y Lily Evans la perfecta prefecta.

'Eres un cielo cuando quieres.'

'Venga ya, yo soy siempre un cielo.'

Lily estalló en carcajadas y James sonrió divertido.

'¿Así que aun crees que soy un fantasma y un egocéntrico? – James plantó sus manos en los costados de Lily.

'¿Tengo que contestarte a eso?' – Preguntó Lily riendo.

James levantó las cejas y se dispuso a hacerle cosquillas a la pelirroja. Y Lily se partía de risa y se removía inquieta, incapaz de poder aguantarlas. Finalmente tras un forcejeo lleno de risas, James acabó entre la barandilla y Lily, acorralado. Se clavaron los ojos.

James cogió a Lily por la cintura y la estrechó contra él. Se abrazaron mientras reían y finalmente se besaron. Allí, bajo la luna y las estrellas de aquel lugar se deshicieron de las túnicas y los jerséis. Las caricias recorrieron el cuerpo de cada uno sobre la ropa, bajo las camisas abiertas, mientras sus lenguas forcejeaban, se entrelazaban y jugueteaban. Ni se dieron cuenta de que la hora del toque de queda pasaba. Fue un momento que Lily abrió los ojos y accidentalmente vio la hora en el reloj de su muñeca cuando se separó bruscamente de él, cosa que fastidió enormemente a James.

'Oh Merlín!' – Lily quitó las manos de James de su cintura. – 'Ya pasa de la hora!'

'¿Y qué?' – James se bufó el flequillo negro que caía sobre su frente.

'Pues que a las doce Anthea tiene la reunión!' – Lily se abrochaba rápidamente la camisa.- 'Que son menos cuarto y deberíamos haber estado en la Sala Común hace quince minutos!'

'Bah…'

Lily recogió su jersey del suelo y cogió también el de James que estaba al lado. Al ver que el moreno seguía apoyado en la barandilla con la camisa abierta y sin tener la menor intención de moverse se lo lanzó a la cara.

'Quieres mover el culo!' – Espetó Lily.

James, haciendo gala de su reflejos para atrapar la sntich lo agarró antes de le diera en la cara

'Eh, no le metas prisas a este bombón!'

'Eres un idiota!' – Lily se mordió el labio, enfadada, recogió la túnica de James y la sacó por el balcón. – '¿Te vas a mover o no?'

'Que me amenaces con tirarme la túnica al campo no es muy buena estrategia.'

'¿A no?' – Preguntó la pelirroja con inocencia. – 'Pues entonces supongo que no te importara recogerla de ahí, como tampoco tienes prisa…'

Y la lanzó.

'Lily!' – James la fulminó con la mirada y miró hacia abajo, donde su túnica lo esperaba. – 'Eres increíble!' – Le dijo enfadado.

'Gracias.' – Respondió Lily mientras se ponía su jersey.

James dejó el jersey apoyado en la barandilla y después saltó abajo para recuperar su túnica. Cuando la estaba cogiendo escuchó como la puerta del Balcón de la Primavera se cerraba. Apretó los dientes enfadado.

'LILY!'

La pelirroja se había marchado a toda velocidad. Lily caminaba a toda prisa por la sección prohibida del pasillo mientras se ponía bien la corbata que James le había quitado antes. Aún llevaba colgada del brazo la túnica negra y tenía la camisa por fuera de la falda, bajo el jersey.

'Quien me vea así… Vete a saber que piensa…' – Pensó al girar la esquina.- 'Uh, perdón!'

Retrocedió por no chocar con el chico que también giraba la esquina. Ya le iba a regañar por estar fuera de su Sala Común después del toque de queda, cuando reconoció a Severus Snape. Ambos se quedaron plantados uno frente al otro, totalmente desconcertados. Lily notó como Snape la analizaba detenidamente, le extrañaba verla con la ropa tan mal puesta.

Para empeorar la situación apareció James por detrás de Lily. El Merodeador venía con la camisa completamente abierta, la corbata de Gryffindor sobre sus hombros y la túnica y el jersey colgados en la mano izquierda. Las facciones de ambos muchachos se endurecieron. Y entonces Snape, que analizó también de arriba a abajo a James, comprendió por que la prefecta venía tan mal vestida.

No supo del cierto, la prefecta, si la mirada de reproche que le lanzó Snape le dolió más que la irritó.

'Así que ahora te dedicas a magrearte por los pasillos con Potter.' – Siseó intentando sonar burlón. – 'Además de sangresucia eres toda una…'

No llegó a decir la palabra por que James se tiró sobre él de un salto. Cegados por la ira los dos, se golpearon de manera brutal. Enzarzados en una lucha tan agresiva que haría temblar a cualquiera. Y temblando se encontraba Lily.

'YA VALE LOS DOS!' – Gritó para intentar parar la pelea. – 'SEVERUS! JAMES!'

De nada servían sus gritos que tantas peleas entre los dos chicos habían detenido en cursos anteriores. Lily buscó en el bolsillo de su túnica la varita. Le temblaban las manos y se angustió más al ver que no la encontraba y que borbotones de sangre caían al suelo. James lanzó al suelo a Snape de un puñetazo y el otro le dio una patada en el estomago antes de caer. Lily metió la mano en el otro bolsillo y tocó su varita. La iba a sacar cuando un rayo de luz impactó en los dos chicos y los separó en el aire.

Lily se dejó caer al suelo al ver que Remus Lupin corría hacia ellos. La salvación.

'Lily…' – Remus mantenía embrujados a Snape y a James, le tendió una mano a la pelirroja y la levantó. – 'Tranquila, ayúdame anda. Mantén embrujado a James hasta que Snape se marche.'

Lily, con los nervios a flor de piel, embrujó a James. Después Remus deshizo su hechizo y Snape cayó al suelo lentamente. Remus se quedó atónito al verlo: de la nariz de Snape caía la sangre como si fuera un grifo abierto, tenía un ojo completamente hinchado, rojo y cerrado y los nudillos ensangrentados.

Snape miró con rabia a James, que seguía suspendido en el aire con aquella cara de ira que tan bien conocía. El Slytherin metió la mano en su bolsillo.

'No es buena idea, Snape.'- Le dijo Remus, leyéndole las intenciones. – 'No se que has hecho para que James se haya puesto así, pero te conviene marcharte.'

'Vaya, así que el salvador de la sangresucia y de San Potter ahora es el licántropo.'

'Snape, tus provocaciones no me afectan.' – Repuso tranquilamente Remus.

'Si se enterara la escuela entera si que te afectaría.'- Snape sonrió al ver como Lupin se ponía pálido.

'Si la escuela se entera, Snape, te haré pagar por ello.' – Rugió Lily con rabia. Sus ojos verdes brillaban de la ira y Snape no le podía mantener la mirada. – 'Lárgate. No le vuelvas a hablar así a Remus o haré que te expulsen de Hogwarts.' –Fue Snape quien se volvió más pálido de lo que ya era esta vez. – 'Te quitaré tu único hogar si lo dices. Y sabes que Dumbledore te expulsará si yo se lo pido.' – Snape la miró dolido, pero Lily le mantuvo la mirada impasible. No tenía derecho a amenazar con aquello a Remus.

Un minuto más tarde, James caminaba ayudado por Remus y Lily, quienes los sujetaban manteniendo los brazos de James sobre sus hombros.

'Lily…' – Remus que seguía pálido a causa de lo que le había dicho Snape, miró a la pelirroja. - ¿Crees que…'

'No se lo dirá a nadie.' – Le respondió Lily con voz segura. – 'Snape odia estar en su casa, Hogwarts es su único hogar y lo último que quiere es perderlo.' – Lily miró con decisión al frente. – 'Y si lo hace un obliviate a todo el mundo y Snape expulsado.'

Remus se quedó más tranquilo y le sonrió a la prefecta. Pero Lily no lo miraba, estaba demasiado alterada aún, se concentraba en calmar su carácter.

'James…' – Remus levantó una ceja y miró a su amigo. – '¿Qué ha sido esta vez?'

'Has visto a Snape celoso.' – James sonrió burlón.

'¿Cómo iba a estar celoso?' – Lily lanzó una mirada furibunda a James.

Unos pasos resonaron en un pasillo cercano. Rápidamente Remus sacó de su bolsillo un trozo de pergamino, o eso le pareció a Lily.

'Juro solemnemente que mis intenciones no son buenas.' – Murmuró con la varita sobre el pergamino.

'¿Qué es eso?'

En el pergamino se dibujó un mapa de la escuela y aparecieron varios puntitos. La boca de Lily se deslizó varis centímetros y sus ojos se abrieron de para en par, clavados en los tres puntitos que tenían sus respectivos nombres.

'Ah, pensaba que no lo habías traído.' – Suspiró aliviado James. – 'Eso, Lily, es uno de los mayores tesoros de los Merodeadores.'

'Es Anthea.' – Aclaró Remus. – 'Girad a la derecha y vamos a verla.'

En un par de segundos llegaron al pasillo por el que Anthea caminaba apresuradamente y con una cara que revelaba preocupación. Remus la llamó y Anthea alzó los brazos dejando escapar un:

'Por fin!' – Llegó hasta ellos. – '¿Dónde porras estabais?' – Reparó en el aspecto de James. – '¿Qué te ha pasado?'

'Snape.' – Dijo Lily. – 'Se nos pasó la hora, Anthea. Perdónanos.'

'Por Merlín!' – La rubia puso los brazos en jarras. – 'Se suponía que los problemas no empezaban hasta que yo volviera de la reunión! Y se suponía que a y media íbamos a estar todos en la Sala Común!' – Murmuró enfadada. – 'Y llega la hora en que me tengo que marchar y faltáis tú y James! Remus sale escopeteado sin decirnos que pasa y encima Sirius y Sam tampoco han llegado aún!'

'¿Sirius y Sam no han llegado?' – Preguntaron los tres a la vez.

'No!' – Respondió Anthea exasperada. – 'Hacerme esto justo antes de la reunión! ¿¡Cómo porras voy a calmarme yo y voy a estar tranquila si esos dos no han vuelto y encima, James, tu apareces sangrando!?

'Cálmate Anthea.' – La instó Lily. – 'Tu ves a la reunión, nosotros buscaremos a esos dos.'

'Seguro que se estarán sobando él uno al otro en cualquier pasillo.' – Dijo James.

'Marchate Anthea, Alecto y Amycus Carrow ya te están esperando.' – Remus miraba el mapa. – 'Te esperaremos despiertos.'

Anthea se echó la melena rubia hacia atrás y bufó enfadada.

'Cómo vuelva y haya pasado algo más os enteráis de quien soy yo.' – Amenazó.

Y se marchó caminando rápidamente, pero con elegancia y altanería.

'¿Dónde estarán Sam y Sirius?' – Preguntó angustiada Lily.

Como Anthea había dicho, supuestamente los problemas empezaban al volver ella de la reunión, pero no había sido así. Sam y Sirius se habían encontrado con un par de trabas.

Veinte minutos antes ellos dos paseaban, agarrados de la mano, por la orilla del lago. Aquel simple gesto, que meses antes había repugnado a Sirius y que él mismo defendía con todo su ser diciendo que era una cursilería estúpida, ahora le encantaba. Le encantaba porque era Sam la que caminaba a su lado. Sam, la otra rebelde, que cómo él era capaz de plantarle cara al mundo entero sin importarle nada.

'Sirius…' – Sam se pegó a él, apoyó la cabeza en su brazo y lo agarró metiendo su mano en el bolsillo trasero del pantalón de él. – '¿Qué vas a hacer en estas vacaciones de Semana Santa?'

'Pues…no sé, James aún no ha dicho si quiere volver o qué.' – Sirius se rascó la nuca. – 'Aunque con lo enfadada que estaba Dorea la otra vez…Y aquella pedazo de bronca…Creo que nos vamos a quedar aquí.'

'Dorea Potter os lleva rectos a los dos, ¿eh?' – Rió Sam. – 'Debe ser extraordinaria!'

'Para sus sermones, ni te lo imaginas.' – Aseguró Sirius. – '¿Tu te crees que cada semana nos manda un Vocifeador exigiéndonos que hagamos bondad?'

Sam estalló en carcajadas. Des de aquella broma en el invernadero, cada lunes por la mañana llegaba la lechuza de la familia Potter con un Vocifeador en el pico. Normalmente James y Sirius se iban para escucharlo en la intimidad, pero aún así la voz de la señora Potter resonaba entre las paredes de Hogwarts. Des de qué recibieron el primero, Lily se moría de ganas por conocer a Dorea Potter. Le encantaba el carácter de aquella mujer. Era capaz de llevarlos a raya en la distancia.

'¿Y tú Sam?' – Sirius se detuvo bajo el haya en la que siempre estaban los Merodeadores. – '¿Qué vas a hacer estas vacaciones?'

'Charles y Anne me han mandado una lechuza diciéndome que vaya.' – Explicó Sam mientras soltaba a Sirius y miraba al lago. – 'Charles tiene todas mis cosas, las fue a buscar a aquella casa y dicen que me han preparado una habitación.'

'Entonces me dejas solo en Hogwarts.' – Murmuró Sirius decepcionado. – 'Pues como la pelirroja no se vaya y la de Ravenclaw tampoco, me va a tocar aguantar la vela.'

'Oye para el carro.' – Sam se giró y sonrió. – 'Yo no he dicho que me vaya aún. Es más, no pensaba irme.'

'¿No?'

'No quiero estorbar.'

'Sam tu no estorbas.' – Le dijo Sirius. – 'No empecemos con las tonterías.'

'Sirius, quiero un sobrinito.' – Le aclaró Sam con una sonrisa picarona.

Sirius rió y abrazó a Sam.

'En verano ya se hartarán de mí.'– Sam pasó los brazos por el cuello de Sirius y este apoyó la espalda en el tronco del haya, mientras la abrazaba.

'Y yo echaré de menos a mi eterna enemiga.' – Sirius pegó su frente a la de ella. – 'Lo llevaré con un humor de perros si no te veo en todo el verano.'

'Vaya…y eso que cada año al acabar el curso, me decías que ojalá no nos encontráramos ni por casualidad!'

'Bueno, tú me decías que ojalá me diera un golpe de calor y la palmara.' – Le replicó Sirius. – 'Yo nunca fui tan brusco.'

Sam sonrió y rozó sus labios con los de Sirius. Cuando este hizo ademán de besarla Sam echó hacia atrás la cabeza.

'Sam, me estoy empezando a enfadar.' – Murmuró entre dientes Sirius.

Sam sonrió con suficiencia. Esta vez entreabrió los labios rosados al acercarse a Sirius y le lanzó una mirada seductora. Pero Sirius no cayó en la trampa de nuevo. La alzó, la puso entre el tronco del haya y él, y se pegó a ella hasta atraparla completamente.

'Esta vez no me la juegas.' – Le susurró con la voz ronca por el deseo.

Esta vez, teniendo a Sam atrapada, sin escapatoria, sació aquel deseo de besarla que lo estaba matando por las insinuaciones de ella. Entre Sam y Sirius dominaba el juego de la seducción. Había amor, sí, pero sobretodo había mucha pasión. Se besaron con furia i rabia, las lenguas mantenían un pulso constante, así como sus cuerpos, el uno contra el otro. Y la respiración se empezaba a agitar, cuando el calamar gigante sacó uno de sus tentáculos y como queriéndolos estorbar lo dejó caer en el agua y los salpicó. Se separaron lentamente y se bebieron con la mirada mientras se besaban una última vez.

'Tenemos que volver.' – Dijo Sirius mientras dejaba de apoyarse en ella.

'Sirius.' – Sam le cogió la mano y le plantó un beso en la mejilla. – 'Te quiero.'

'Yo también te quiero princesa.'- Sirius le sonrió, la cogió en brazos y la besó.

Riendo feliz, con ella en sus brazos y pegada a su pecho, emprendió el camino de vuelta hacia el castillo de Hogwarts. Atravesaron las puertas de Hogwarts que se cerraron segundos después.

'Dos segundos más y nos quedamos fuera.' – Sam suspiró aliviada. – 'Menos mal, solo me faltaría tener que pasar la maldita noche fuera.'

'Se puede entrar a Hogwarts por otros lugares que no la entrada principal.'- Sirius la bajó al suelo. – 'En vacaciones te haré de guía turístico.' – Sonrió emocionado y los ojos grises le brillaron. – 'No tienes ni idea de cuantos secretos guarda Hogwarts, ni cuan misterioso es.'

Sam sonrió y subió las escaleras del recibidor.

'Vamos, en cinco minutos tenemos que llegar.' – Le dijo a Sirius.

El Merodeador la alcanzó y juntos emprendieron el camino hacia su Sala Común. Iban en silencio, atentos por si Filch o la Señora Norris aparecían. Subieron las escaleras que al momento cambiaron y los llevaron al segundo piso.

'Mierda de escaleras cambiantes!' – Farfulló Sam.

'Eres una mal hablada.'

'Oh, disculpe.' – Bromeó Sam. – 'Olvidaba que estaba con Lord Black.'

'Oh, mierda!' – Masculló Sirius al ver detrás de Sam un gato castaño y rayado.

'Oye, si no quieres que yo hable mal da eje…'

Pero Sirius la cortó, la agarró de la mano y tiró de ella para ponerla a correr junto a él en dirección contraria. Sam se giró y vio a la Señora Norris que los perseguía con parsimonia y empezaba a maullar para avisar a Filch de que había encontrado a un par de alumnos haciendo de las suyas.

'Maldita gata!' - Masculló Sirius y de repente se le ocurrió una idea fantástica.

Dejó de correr y se encaró a la gata con malicia. Sam tiró de su mano.

'¿¡Quieres correr!?' – Le dijo la morena. – 'Filch va a aparecer de un momento a otro!'

'Ve tú Sam.' – Sirius empezó a caminar hacia la gata.

'Sirius, ¿¡qué haces!?' – Sam tiró de su brazo. – 'No le hagas nada malo a la gata!'

'Tan solo voy a asustarla.' – Se giró hacia Sam y le dio un beso corto en los labios. – 'Tú ve para la Sala, en cinco minutos estoy ahí.' – Sam abrió la boca para replicarle. – 'Vamos ve, te juro que no le voy a hacer nada!' – Sabía que Sam le tenía un especial cariño a los gatos.

Sam meneó la cabeza y después se marchó a paso rápido. Se metió por los sinuosos pasillos de su escuela y se alejó del Merodeador.

'Señora Norris…' – Sirius se frotó las manos. – '¿Preparada para correr?'

Sirius miró a derecha e izquierda, hacia arriba y abajo, no había ni fantasmas y los personajes de los retratos estaban dormidos. Segundos después era envuelto en una luz dorada y en su lugar aparecía un inmenso perro negro. Sirius ladró y después salió en carrera tras la Señora Norris.

Mientras tanto Sam corría a toda prisa por los pasillos. Se había asomado a un pasillo y había visto a Filch de espaldas a ella. Por suerte cuando el conserje se giró, ella ya había salido corriendo en dirección contraria.

'Maldita sea!' – Masculló al escuchar la voz de Filch a lo lejos.

Y de repente, al pasar por delante de una estatua, unas manos salieron de la nada. Le taparon la boca y la metieron por un hueco que apareció al pie de la estatua. Sam forcejeó asustada, pero se detuvo al ver que era Regulus Black quien tenía la mano sobre su boca. Regulus se puso el dedo índice sobre los labios, indicándole que se callara y la dejó libre. El Slyhterin apuntó hacia arriba con la varita y el agujero en el que había sido introducida se cerró, dejándolos a oscuras. Regulus le hizo un gesto para que la siguiera, había dentro del agujero un pequeño pasillo y al final una pequeña puerta de madera. Regulus la abrió y entró, Sam lo siguió. Dentro había una diminuta estancia con dos butacas, una mesa y una estantería llena de libros. Sam miró a su alrededor sorprendida, escuchó a Filch pasar por encima de ellos farfullando improperios sobre los jóvenes.

'¿Qué hacías después del toque de queda en los pasillos?' – Regulus, sentado en la butaca, sonrió.

'¿Qué haces tú?' – Sam le miró con suficiencia.

'Los sento, Sam. Eso es cosa mía.'

'Tranquilo, ya lo sé de todas maneras.' – Rió Sam orgullosa.

Regulus Black se volvió pálido como la muerte y se levantó.

'¿Qué sabes exactamente?' – Preguntó con brusquedad.

'Supongo que habrás quedado con alguna chica y Filch te habrá estado a punto de pillar.' – Mintió Sam.

Regulus se sentó en la butaca riendo, por un momento había tenido la impresión de que Sam sabía que iba a la Reunión de los Sangre Pura.

'No deberías haberme ayudado, Regulus.' – Sam puso los brazos en jarras. – '¿Qué harás si Devoir se entera de que has ayudado a la Traidora?'

'Y no creo que seas una traidora.' – El hermano menor Black la miró seriamente. – 'Tan solo creo que estas equivocada y que es mi hermano quien…'

'Regulus, estoy harta de esa canción.' – Lo cortó la morena. – '¿Te repito otra vez quien decidió? ¿Te doy las razones?' – Sam sonrió amargamente. – 'Lo sabes todo, así que asimílalo.'

'Pero…' – Regulus se levantó.

'Estamos en bandos distintos.' – Sam caminó hasta la puerta de madera para marcharse. – 'Ojalá tengas suerte y no sufras demasiado.'

Sam giró el pomo de la puerta y la abrió, pero la mano de Regulus la cerró de nuevo antes de que ella pudiera salir. Sam se volvió y se encontró pegada a Regulus, con su cara a centímetros de la suya. Regulus aún se apoyaba en la puerta.

'Si esa chica aparece ahora, creerá algo que no es.' – Murmuró Sam, un poco a la defensiva. – 'Así que mejor…'

Los labios de Regulus se posaron sobre los suyos impidiéndole acabar la frase. Sam cerró los ojos, no le devolvió el beso, pero tampoco opuso resistencia o lo separó. Millones de bonitos recuerdos se agolpaban en su mente. Regulus se separó poco a poco, intentando ver en su semblante serio y decidido alguna reacción. Más Sam abrió la puerta y se marchó diciendo:

'No deberías haber hecho eso.' – Antes de cerrar añadió. – 'Tú y yo somos enemigos, entérate de una vez.'

Recorrió el oscuro pasillo y sacó a varita para abrir el hueco y salir de allí. Caminó haciendo resonar sus pasos, le daba igual que Filch la encontrara, si la encontraba mejor, así podría deshacerse de esa rabia, de esa frustración. El cabello ondulado se movía al compás de sus pasos, los ojos negros, para su pesar, lloraban. Regulus Black y Sam Hewitt no podían ser amigos, por mucho que él se empeñara. Sabía Sam, que lo que había hecho Regulus no era una demostración de amor, sino más bien de amistad. Para él la amistad podía y debía seguir viva, para Sam no. No quería acabar sufriendo como Lily sufría por Snape. Por mucho que doliera…Debía acabar.

Anthea no tardó en llegar a la sección prohibida del séptimo piso. Contempló con curiosidad aquella zona de la escuela, estaba algo más oscura y abandonada que las otras zonas del castillo. Anthea empezó a caminar más lentamente a medida que avanzaba en la penumbra. Unas armaduras negras como el carbón, puestas a cada lado, parecían ir observándola. Y ella caminaba lentamente, altiva, pues a pesar de que no compartía la ideología de su familia, conservaba la nobleza de la saga Landry. Era un lugar algo tétrico, pensó, pero no tenía miedo. El miedo era algo que ella muy pocas veces había experimentado. Como no sabía donde se encontraba la estatua de Salazar Slyhterin, giró en el primer pasillo que quiso. Se dejó llevar y sus pies la llevaron al lugar correcto. Llegó a algo parecido a una habitación sin, cuya única salida era la que ella había venido recorriendo. Delante de ella se alzaba una estatua majestuosa de Salazar Slyhterin y allí, dos sombras ataviadas con capas negras y máscaras de plata la esperaban. Miró al techo y no pudo evitar abrir los ojos de par en par al ver a dos serpientes de piedra enormes que se entrelazaban e indicaban en el techo a su dueño, Salazar.

'Aquí estoy.' – Dijo Anthea.

El corazón latía impaciente por conocer el cuartel general de los Sangre Pura en Hogwarts.

'Bienvenida Anthea.' – Murmuró una de las sombras.

Anthea inclinó muy levemente la cabeza y sonrió. La otra sombra miró hacia el techo, hacia las dos serpientes entrelazadas y murmuró algo en una lengua que Anthea no entendió. Le parecieron simples silbidos cargados de eses. Las dos serpientes que habái en el techo, "cobraron" vida y se separaron, bajaron hacia el suelo, manteniendo la cola pegada al techo. Anthea comprobó anonada como en realidad las dos serpientes eran las dos baranda de una escalera de piedra que subía hacia le techo. Siguió a los dos Sangre Pura y subió las escaleras de las serpientes. Comprobó, que ahí no acababa el misterio, había una puerta negra, con un pestillo a lo ancho, en forma de serpiente que impedía abrir la puerta.

'Nosotros podemos pasar.' – Susurró una sombra.- 'Pero tú aún eres una intrusa aquí.'

No le hizo falta preguntar que debía hacer, pues la otra sombra sacó una pequeña daga de oro y se la tendió.

'Aboca tu sangre sobre la serpiente.' – Le indicó. – 'La próxima vez te reconocerá con solo poner la mano sobre ella.'

Anthea cogió la daga que le tendían. No estaba asustada, no le asustó la idea de tener que herirse. Sin vacilar se hizo un corte en la palma de la mano, lo suficientemente grande como para que rajara una buena cantidad de sangre. Su cara no reveló el dolor y los dos Sangre Pura se avergonzaron al recordar las muestras de miedo que habían mostrado ellos cuando Devoir les había indicado hacer eso mismo. Anthea puso la mano sangrante sobre la serpiente y al momento esta se iluminó por una luz anaranjada, cobró vida como lo habían hecho las otras dos y se enfiló por la pared, dejando libre la puerta. Los dos Sangre Pura le abrieron las puertas.

'Merlín…' – Murmuró asombrada mirando al frente.

Ante ella se abría una enorme habitación cargadas de columnas, estatuas y otros diversos ornamentos que hacían referencia a Salaza Slytherin. En medio, una mesa de mármol grisáceo, y alrededor de ella todos los Sangre Pura, con los rostros descubiertos, pero vestidos con la capa negra, le sonrieron. Anthea sonrió. Lo había conseguido. Hizo una pequeña reverencia y dijo con voz emocionada:

'Es todo un honor, ser parte de vosotros.' – Sus ojos castaños brillaban. – 'Serviré fielmente a la causa, Sangre Pura.'

Nick Devoir, quien estaba sentado en una especie de trono a la cabeza de la mesa, se levantó y fue a buscar a Anthea. Le tendió una mano y después de que ella la cogiera con suavidad, la llevó hasta su silla. A su derecha.

'Es un honor para nosotros, noble Anthea Landry, tenerte entre nosotros.' – Le retiró la silla y la ayudó a sentarse.

Nick Devoir irradiaba de felicidad. Se sentó en su trono y con voz solemne y poderosa comenzó su discurso:

'Fieles siervos de Nuestro Señor Oscuro, una vez más estamos reunidos para acatar las ordenes del Señor Tenebroso. Ordenes que todos sabéis cuales son.' – Sonrió. – 'Liberar nuestro mundo de esos inferiores para establecer nuestro imperio de sangre noble, de sangre limpia y pura. Ellos, como bien sabéis carecen de las virtudes que nosotros poseemos. La naturaleza así lo dispone y así lo quiere. Carecen de la mayor virtud y gloria que pueda existir: la magia.' – Miró a los otros Sangre Pura, que escuchaban como hipnotizados hablar a Nick. – 'El Señor Oscuro, es el elegido para gobernar en este nuevo mundo. Debemos seguirle, creer en él ciegamente, pues él mejor que nadie nos puede llevar a ese mundo de gloria. Él lo puede construir y nosotros estamos aquí para ayudarle.' – Sonrió con maldad. – 'Por eso, nosotros, sus fieles vasallos dentro de Hogwarts, debemos colaborar y debemos limpiar al escuela de Sangresucias y de todos aquellos que se opongan a nosotros, de todos esos traidores.' – Masculló con asco.- 'De esta manera, prepararemos a los jóvenes para la sublevación, que pronto será.' – Cruzó las manos. – 'El miércoles que viene, a las diez de la noche Andreas Birge, de Ravenclaw, el sábado a las once Catherine Davyl de Huffelpuff, el lunes siguiente Hannah Lawrence de Gryffindor.'- Anthea tragó saliva. – 'El traidor de Dumbledore esta alerta, así que solo quiero que vayan a San Mungo esos tres sangresucias. Las muertes las dejaremos para final de curso, cuando estemos mejor preparados. No quiero que se repita lo de Evans y Hewitt. Belatrix y Byron pagaron por su estupidez y desobediencia con la expulsión.'

'¿Y James Potter y los suyos?' – Anthea vio como Snape se levantaba para hablar, tenía el ojo derecho morado y cerrado. La rubia lo atribuyó a la pelea con James.

'Ya te dije que lo resolveríamos más adelante.' – Le dijo Devoir, Anthea hizo esfuerzos por controlar aquel nerviosismo en que se empezaba a sumir. – 'Serán las muertes de Potter, Black, Lupin y Pettigrew las que cierren este curso.'

Snape se sentó de nuevo, no conforme del todo.

'¿Alguien más tiene algo que objetar?'

Nadie más dijo nada, por lo que Devoir dio la reunión como finalizada. Los Sangre Pura se levantaron y empezaron a marcharse. Anthea se levantó con la intención de marcharse. Debía hablar inmediatamente con Dumbledore, organizar la defensa de aquellos estudiantes.

'Anthea, no te marches.' – Le dijo Nick, poniendo su mano sobre su brazo y volviéndola a sentar. – 'Quiero hablar contigo a solas.'

Lucius Malfoy hizo una mueca de desagrado y se marchó indignado. Tan solo había besado a Anthea una tarde, después ella jamás le había permitido volver a hacerlo, le había marcado una distancia. A Malfoy le carcomían los celos, mientras que Anthea se mostraba más distante con él, con Nick parecía ir estrechando los lazos de ¿amistad? No, Nick Devoir no tenía amigos, pero no rechazaba a ningún amante.

'¿Qué ocurre, Nick?' – Le preguntó Anthea cuando se quedaron a solas.

Nick Devoir se levantó y le tendió una mano, que la ayudó a levantarse muy suavemente. El Slyhterin la miró de arriba abajo. Si hubiera podido, Anthea le habría dado un bofetón tan fuerte que lo habría lanzado derecho al suelo. Nick sacó su varita.

'Saca la tuya, voy a darte tu uniforme.'

Anthea sacó su varita, pero no se la dio. Nick apuntó a la varita de la chica y murmuró algo en aquella lengua extraña. De la varita de él salió una luz plateada que dio en la varita de ella.

'Cuando necesites tu uniforme tan solo pronuncia esta palabra en pársel.' – Devoir siseó una palabra en la lengua de las serpientes.

'¿Hablas pársel?' – La boca de Anthea se desprendió unos centímetros. – 'Merlín…'

Nick rió halagado por su sorpresa y la tomó de la cintura. Anthea puso sus mansos en los antebrazos de él y dio un paso hacia atrás. El Slyhterin se abalanzó sobre ella, y Anthea lo detuvo sujetándole los brazos y retrocediendo.

'Dísculpame, Nick.' – Dijo. – 'Pero esto no es algo propio de una noble de mi categoría.'

Nick sonrió sarcásticamente.

'¿Qué es ese tatuaje de tu brazo?' – Preguntó Anthea con curiosidad.

Las mangas de la capa se habían arremangado levemente y dejaban ver un dibujo en el antebrazo de Devoir. Nick la dejó ir, se arremangó el brazo izquierdo y le mostró el tatuaje de una calavera con una serpiente saliéndole por la boca.

'La Marca Tenebrosa.'

Muchas gracias por los reviews pasados! Espero vuestras opiniones sobre este chap.

Un beso enorme!

Eneida