XXXIX

El expreso hacia Londres partía aquella mañana de Hogwarts. Desde primera hora todo fue bullicio y jaleo. Pero no toda esa expectación se debía al viaje, ni a que habían llegado las vacaciones, no. Se debía a que las mazmorras, las escaleras que bajaban a ellas y el rellano de abajo estaban destrozadas. Incluso una columna había sido derribada y el techo de una de las antiguas celdas del castillo se había derrumbado. Por doquier había escombros y para hacerlo más horrible, restos de sangre.

¿Una broma de alguien? No, ni siquiera los Merodeadores se atreverían a hacer algo así. Además la sangre señalaba a otra cosa, algo más cruel que una simple broma.

¿Una batalla? Sí, claro que sí. No había más. Tampoco hacía falta preguntar entre quién se dio esa pelea, todos lo imaginaban. Esos Sangre Pura habían vuelto a verse frustrados por esos misteriosos alumnos que los acechaban.

¿Pero porqué no habían escuchado los gritos, los estallidos, los conjuros y el derrumbamiento de la celda? Los profesores estaban terriblemente enfadados. Un simple conjuro en la puerta de cada uno de sus despachos había sido suficiente para evadirlos de la batalla, para evitar que intervinieran.

En el expreso, una de las implicadas en el suceso meditaba en silencio, a solas en un vagón. Se había marchado sin decir nada a los demás, tan solo dejando una carta. No había tiempo para explicaciones, lo que le había sido revelado la noche anterior requería ser confirmado cuanto antes por ella misma.

'Merlín…' – Murmuró la chica, presa de la angustia y de los nervios. – 'Que no sea cierto…'

En otro vagón, en la otra punta del tren, dos muchachos de Slyhterin meditaban también en absoluto silencio. Se habían encerrado allí dejando a sus compañeros de lado para acabar de resolver una asunto que los había dejado varias noches sin dormir. Regulus Black y Nick Devoir sabían que aunque ellos, los Sangre Pura, habían cogido absolutamente desprevenidos a los Gryffindors, se había confirmado que sus planes habían sido descubiertos otra vez más por estos últimos. Tres veces iban ya, cuatro contando la de Hewitt y Evans. No era casualidad.

'Un traidor.' – Siseó Devoir con la mirada cargada de ira. – 'Alguien esta pasando información.'

'¿Severus otra vez?' – Regulus arqueó una ceja.

'No, por mucho que Severus quiera a esa sangresucia, no le chivaría nada a Potter y los suyos.' – Nick sonrió divertido. – 'Piensa que lo llevan martirizando desde primero, Severus quiere verlos muertos.'

'Tienes razón, pero…' – Regulus frunció el ceño. – '…sinceramente, no veo capaz a nadie más de traicionarnos. Ningún Slytherin lo haría.'

Entonces los dos pensaron en la misma persona. Un mismo nombre les vino a la cabeza. Se miraron a los ojos, pero al momento desestimaron esa opción.

'Es imposible…' – Regulus rió ante la estupidez que acababa de pensar. – 'Anthea es más noble que todos nosotros juntos. No traicionaría los principios en los que ha sido educada desde pequeña.'

'Ella es como si fuera de Slyhterin. Es una tontería pensar que es ella la traidora, sobretodo teniendo en cuenta quien son sus padres.'- Nick se levantó, se acercó a la ventana y observó le paisaje. – 'Aún así hay alguien que esta pasando información.'

'Piensa que Dumbledore se entera de todo.' – Le dijo Regulus, mirándolo por el reflejo de la ventana.- 'El Señor Oscuro ya nos lo advirtió.'- Pero Nick no lo escuchaba, se le había ocurrido la solución.

'Te enseñaron en Durmstang a usar esa magia, ¿cierto?' – Devoir se giró y lo miró a los ojos. Estaba empecinado en seguir con su teoría de que había un traidor. – '¿La dominas, verdad?'

'¿La quieres usar contra los nuestros?' – La respuesta era obvia para Devoir, pero Regulus no se sentía muy cómodo. – 'No me gusta meterme en la mente de los demás.'

Devoir no le habló, sino que siguió mirándolo fijamente a los ojos.

'Se indignaran si uso Legermancia contra ellos.' – Regulus meneó la cabeza. – 'Pero lo haré.' – Accedió al final.

Ió Keith se removió en su cama de la torre de Ravenclaw. Abrió los ojos lentamente y miró el reloj. Se sintió algo avergonzada por lo tarde que era, pero no hizo ningún esfuerzo por levantarse, por que por una vez en su vida no tenía ganas de levantarse.

Miró la cama de su derecha donde hasta entonces había dormido su prima, Cloe Keith. Estaba hecha, su parte de la habitación recogida completamente, las fotos que ella tenía colgadas en la pared habían sido despegadas y su baúl ya no estaba. Ió se levantó y se metió en la ducha. Le parecía muy lejana la noche anterior, pero los moratones de su cuerpo a causa de haber caído rodando por las escaleras y una herida en la pierna se encargaban de recordarle que tan solo habían pasado unas horas.

Con el agua cayendo sobre su cabeza, recordó:

¿Cloe? – Había musitado incrédula al ver que la cara de su prima se escondía bajo esa máscara de plata. – '¿Tú una Sangre Pura?'

Las carcajadas histéricas de Yaxley en aquel momento se habían encargado de darle un toque más horrible a la escena. Alice lo había hecho callar de nuevo con un conjuro.

'Vale, chicos…' – La Premio Anual había decidido coger las riendas de la situación y organizar todo para ahorrarle a Ió aquella situación. – 'Axel llevas a Kaienne a la enfermería y luego vienes al despacho de Dumbledore, Lily tu también harías bien en acompañar a Sam…'

'Yo no voy a la enfermería.' – Contestó la morena con enfado. – 'Quiero enterarme de lo que va a pasar con estos dos desgraciados.'

'Lo dejo a tu elección, Sam.' – Había accedido la castaña. – 'Sirius, encárgate de Yaxley para llevarlo arriba, Lily, tu lo haces de Keith. James, a ti también te iría bien ir a ver a Pomfrey.'

'Estoy perfecto, no hace falta.' – Había respondido el moreno mirando con preocupación a la pequeña de Ravenclaw.

Ió se había quedado parada, mirando fijamente a su prima. En un momento había atado todos los cabos sueltos: las amenazas dejadas en su misma habitación, las ojeras de Cloe, aquellas últimas salidas nocturnas con la excusa de que tenía hambre…

Alice había mirado a Remus. El prefecto se había mantenido callado, a la espera de una orden que nunca llegó.

'Tomaos el tiempo que haga falta.' – Había musitado Alice apenada, desviando la mirada hacia la Ravenclaw. – 'No hay prisa…'

Lily había embrujado a Cloe Keith y la había hecho levitar. Cuando la Sangre Pura pasó por al lado de Ió, susurró:

'Lo siento, Ió.'

En ese justo momento la pequeña Ravenclaw se hundió. Sus llantos hicieron eco en el colegio. Remus la había abrazado fuertemente y se la había llevado de allí.

Ió salió de la ducha y se vistió. Contempló su rostro en el espejo y suspiró. El golpe de la noche anterior había sido muy duro para ella. Se secó el cabello con un golpe de varita.

'Por suerte todo se aclaró.' – Pensó mientras se cepillaba el cabello seco. – 'Cloe estará bien en Beauxbatons, lejos de la influencia de esos idiotas.' – Sonrió débilmente. – 'Y ella ya no estará amenazada tampoco.'

Cloe Keith se había introducido en los Sangre Pura a causa de las amenazas de estos, dos amenazas concretamente: La primera; que atacarían a Robert Keith, su tío, por ponerle trabas a Tom Riddlel en el Ministerio de Magia. La segunda; que atacarían a su prima Ió Keith, por ser sangre limpia y no querer unirse a ellos. Si Cloe no lo hubiera hecho, uno de los dos, ya fuera su tío o su prima habrían pagado. Todo esto lo reveló la muchacha ante Dumbledore cuando él regresó. Entre sollozos y ante la expectación de su prima y de los Gryffindors, Cloe Keith había revelado todo. Para protegerla, Dumbledore, los padres de Cloe y el mismo Consejero de Magia Robert Keith habían decidido mandarla a Francia, a Beauxbatons. Lejos de las diferencias de sangre, lejos de la inminente guerra.

La luz del sol filtrándose a través de las cortinas despertó a Lily. La pelirroja se tomó unos segundos antes de levantarse. Notaba los músculos entumecidos, pero ya no estaba cansada. A su izquierda, Sam dormía profundamente. Entre su flequillo negro se podía ver uno de los golpes que se había dado cuando cayó de la escoba. Lily se reincorporó en la cama y observó por encima de Sam la cama vacía de Kaienne. La muchacha seguía en la enfermería.

Lily se echó el cabello rojizo hacia atrás y suspiró. Había sido ella la que había estado expuesta al peligro durante más tiempo, pero había sido la única que había salido ilesa. Se levantó lentamente y miró hacia la ventana, hacia la cama de Anthea.

'¿Anthea?' – Preguntó al encontrarla vacía. Se levantó inmediatamente.

Lily se dio cuenta de que el baúl de la chica no estaba y de que su parte del escritorio estaba recogida. Abrió la puerta del baño y lo encontró vacío. Al llegar a la ventana, que ella misma reparó aquel amanecer antes de que se acostaran, se dio cuenta de que encima de la cama había un sobre con su nombre, el de Sam y el de Kaienne escritos. Lily lo cogió y se sentó en el borde de la cama para abrirlo y después leer la carta:

Queridas Kaienne, Lily y Sam,

Sé que habíamos acordado pasar las vacaciones aquí y os aseguro que esa era mi intención. Pero anoche, mientras vosotros esperabais a Dumbledore en su despacho, yo no pude escaparme del Cuartel de los Sangre Pura, donde todos estaban reunidos celebrando la "victoria". Que aunque no fue del todo nuestra, tampoco fue la suya por que perdieron a Keith y a Yaxley. He pasado por el despacho de Dumbledore esta mañana para hablarle sobre Cloe Keith y, creo que la mandarán a Beauxbatons. Será lo más seguro para ella. Según me ha contado Devoir, a los Sangre Pura que echan fuera de Hogwarts los cogen como a seguidores fieles de Voldemort y Cloe Keith no tiene mucha pinta de ser de esos a pesar de donde acabó metida.

Pero volviendo a lo principal, que el expreso de Hogwarts se marcha en diez minutos, Nick Devoir me reveló algo sobre mi familia anoche. Es algo que debo verificar por mi misma, no podría quedarme aquí sin saber si lo que dijo Devoir es cierto o no. Volveré en tres o cuatro días, no me llevará más tiempo lo que tengo que hacer. Disculpadme si no me he despedido de vosotras, pero no quería despertaros, se os veía muy cansadas. La batalla de ayer fue increíblemente dura, solo espero que estéis todos bien.Me da rabia marcharme, necesito hablar con todos vosotros, pero esto es realmente importante. Estaré en mi casa, pero no enviéis ninguna lechuza.

Dumbledore sabe que me marcho, decídselo a los chicos y hacedme un último favor, dadle la otra carta que hay dentro del sobre a Axel, es para él. Cuidaos de los Sangre Pura Snape, Mulciber y Dolohv que son los únicos que se quedan aquí. Volveré en cuanto pueda.

Con cariño,

Anthea Landry

Media hora más tarde Lily atravesó el Retrato de la Señora Gorda y se encaminó hacia el Gran Comedor para desayunar, con la carta para Axel en el bolsillo. Al llegar al Gran Comedor, que estaba casi vacío porque la mayoría de alumnos estaban fuera, vio a Remus y a Sirius en la mesa y decidió sentarse con ellos:

'Buenos días, Remus.' – Lily besó a Remus en la mejilla y después sentó frente a Sirius. – 'Buenos días, Black.'

'Buenos días, Lily.' – Remus le sonrió.

'¿Todo bien, pelirroja?' – Preguntó Sirius.

'Estoy perfecta si te refieres a eso.' – Anunció con una sonrisa.- 'Estoy ilesa.'

'Pues vaya suerte.' – Sirius señaló a Remus. – 'Aquí Lunático tiene otra cicatriz que añadir a la colección y yo tengo una herida en el pecho que duele un montón.' – Se giró y miró hacia la mesa de Slyhterin. – 'Cuando agarre a Devoir…'

'Deberíais ir a la enfermería ambos. Pero ya veo que la terquedad de Sam se contagia. ¿James y Peter no han bajado?' – Preguntó Lily mientras se servía zumo de calabaza.

'Peter se ha marchado a casa, esta muy asustado por lo que ocurrió ayer.' – Explicó Remus mientras recogía el ejemplar de El Profeta que una lechuza dejaba caer en ese momento. – 'James esta durmiendo, la herida del brazo no lo ha dejado dormir apenas.'

'Subiré a verlo ahora después.' – Lily cogió al vuelo otro ejemplar del periódico mágico que otra lechuza dejó. – 'No quiero despertarlo si no ha dormido bien. A todos nos hace mucha falta descansar.'

'¿Sam y Anthea siguen dormidas?' – Le preguntó Sirius a Lily.

'Ah!' – Lily abrió los ojos al escuchar el nombre de la rubia. – '¿Habeis visto a Axel?' – Preguntó rápidamente. Casi se le olvidaba.

'Pues no…' – Remus señaló a la puerta del comedor. – 'Pero por ahí viene con su hermano.'

Darren Lance y Axel Lance venían riendo y bromeando con otro compañero de Gryffindor. Se sentaron en la mesa un poco más alejados de ellos.

'¿Para que lo quieres?' – Preguntó Sirius.

'Anthea se ha marchado esta mañana y ha dejado una carta para él.' – Explicó Lily mientras se levantaba. – 'Voy a dársela.'- Se alejó de ellos.

'¿Y por qué se ha marchado? ¿No quedamos en quedarnos todos aquí?' – Sirius miró a Remus y le dijo como si fuera obvio: – 'Anthea no necesita la protección de mamá como Colagusano.'

'No te metas con Peter, Canuto. El pobre esta asustado con el asunto de nuestro asesinato.'

'¿Pero tu realmente crees que esos nos pueden hacer algo?'- La sonrisa socarrona típica de Black se le dibujó en la cara.

'Ayer casi lo consiguen otra vez contigo. Ya van dos veces y a la tercera va la vencida, ¿no?' – Remus sonrió burlón. – '¿No crees que deberías empezar a asustarte un poco?'

'Bah…' – Sirius se encogió de hombros. – 'Conmigo no pueden.' – Bebió de su zumo de calabaza y se dio cuenta de algo. – 'Oye…'

Remus empezó a temerse algo por el brillo de la mirada de Sirius.

'¿Qué tramas?' – Preguntó desconfiado.

'Si Kaienne esta en la enfermería, Anthea esta en su casa y Lily esta ahí hablando con Axel…' – Sonrió pícaramente. – 'Sam esta solita en su habitación.'

'Inteligente deducción.' – Remus ojeó la portada de El Profeta. – '¿Y no vas a ir a despertar a Sam?' – No hubo repuesta. – '¿Sirius?' – Bajó el periódico y se encontró con que estaba solo en la mesa. – 'Ya tardaba…' – Sirius acaba de salir del comedor.

Axel Lance se sentó en las escaleras del recibidor para leer la carta de Anthea. Se revolvió el cabello rubio con parsimonia, con una lentitud provocada por el enfado. Abrió la carta con cuidado y sus ojos azules leyeron con avidez lo que Anthea había escrito.

Querido Axel,

Seguramente te enfades por todo lo alto cuando te expliquen que me he marchado sin despedirme y solo dejándote esta carta, pero no he querido despertarte. Sé que ayer volvisteis a las seis de la mañana de la reunión con Dumbledore y después del golpe que te dio Mulciber he querido dejarte descansar. Volveré en tres días, cuatro como mucho. Sé que te prometí pasar todas las vacaciones contigo en la Sala de los Menesteres, ¿me podrás perdonar que solo me pase seis días enteros contigo? Sé que lo harás cuando yo misma te explique el motivo por el que me he ido así, casi en secreto. No intentes ponerte en contacto conmigo y no te preocupes, si me ocurriera algo (que sé que siempre te estas preocupando por mí) te mandaría a mi elfina doméstica.

Me guardo las palabras bonitas de amor para cuando te tenga entre mis brazos en la Sala de los Menesteres.

Te quiero,

Anthea

Axel Lance suspiró. Salió a los jardines de Hogwarts para intentar calmar ese malestar provocado por la marcha repentina de Anthea.

Sirius giró el pomo de la habitación de Sam con sigilo. Abrió la puerta sin hacer el menor ruido y la cerró poquito a poco tras sus espaldas una vez estuvo dentro. Sobre el escritorio dejó una bandeja llena de dulces y con un vaso de zumo. Caminó de puntillas hasta la cama de Sam. Echó al gato de la chica de la habitación cuando vio que dormía junto a ella y el gato le bufó, según era su costumbre, antes de salir. Para evitar intromisiones, Sirius selló la puerta.

Sam dormía de lado, con el cabello negro desparramado sobre la almohada. Con una camiseta de tirantes finos y los pantalones de ositos que Sirius le había dicho una vez que eran horrendos. Sirius se puso en cuclillas y le apartó, con cuidado de no rozar la herida, el flequillo de la frente. La besó en los labios rosados suavemente y con ese simple roce ella despertó.

'¿Qué haces aquí?' – Preguntó para su sorpresa, con voz pausada.

'Ni un mísero "Buenos días"…' – Se lamentó Sirius. – 'Encima que te despierto con un beso como si fueras una princesa.'

Sam sonrió divertida y se reincorporó en la cama lentamente. Le dolía toda la espalda y el tórax a causa del golpe que se había dado cuando cayó de la escoba. Sirius se sentó en el borde de la cama y la besó en los labios.

'Es como aquel día en la Sala de los Menesteres.' – Sam estiró los brazos con pereza y sonrió. – 'Pero me podrías haber traído el desayuno a la cama hoy también.'- Añadió poniendo morros.

Sirius sonrió satisfecho y dijo:

'¿Y quién te ha dicho que no lo he traído?'

Una sonrisa se dibujó en la cara de la morena. Sirius sacó su varita e hizo levitar la bandeja que antes había dejado sobre el escritorio.

'¡Sirius!' – Sam se lanzó a su cuello y lo abrazó. – '¡Como te quiero!'

Rodeado por los brazos de Sam, Sirius siguió apuntando a la bandeja hasta que se depositó suavemente en la falda de la chica.

'Soy todo un caballero, yo.' – Dijo orgulloso Black cuando Sam empezó a engullir el desayuno. – 'Oye Sam…' – Ella apartó la vista del desayuno y puesto que tenía la boca llena de comida alzó las cejas para que Sirius continuara. – 'Deberías ir a ver a Pomfrey, ese morado del pecho no tiene buen aspecto.'

Sam puso cara de fastidio y se dio unos segundos para masticar y tragar el dulce que tenía en la boca.

'No, y no empieces con una de tus fabulosas charlas.' – Lo cortó antes de que Sirius pudiera replicar. – 'Bajaré después pero para ver a Kaienne. Si Pomfrey me ve esto me hará quedarme en la enfermería y no pienso quedarme ahí cuando estamos de vacaciones. Además…'- Le desabrochó la camisa a Sirius.

'¡Sam, no me metas mano!' – Sirius se mostró "escandalizado"con el atrevimiento de la chica.- '¡Córtate un poco!'

'No soy la única que debería ir a ver a Pomfrey.'- Le respondió Sam sin seguirle la broma. Puso su mano sobre el pectoral de Sirius, el cual estaba cruzado por una herida reciente y un poco ensangrentada.

'Me alcanzó el rebote de un Sectusempra.' – Sirius se miró la herida e hizo una mueca. – 'Pero apenas me duele y se curará en unos días. ¡Pero no toques que duele!'

'Pues menos mal que apenas te duele, me acabas de dejar sorda.'- Sam y Sirius se lanzaron una de aquellas típicas miradas de odio que se solían lanzar a principio de curso.- 'No me vengas diciendo que vaya a ver a Pomfrey cuando tu estas así.' – Protestó la morena enojada. Después suavizo la voz y suspiró.- 'Anda, déjame ver que puedo hacer…'

Sirius dejó que Sam le quitara la camisa y puso cara de pánico cuando Sam cogió la varita y le apuntó a la herida.

'Sam, que los dos sabemos que a ti la magia no…' – Se calló con la mirada furibunda de la chica. – 'Vale, estoy en tus manos…' – Se rindió al fin.

Sam cerró los ojos y después musitó unas palabras sin apenas separar los labios. Acto seguido, un rayo de luz azulada salió de su varita y cerró la herida de Sirius, dejando una fina cicatriz. Sirius se pasó la mano por lo que había sido la herida y miró a Sam asombrado.

'He estado estudiando hechizos de curación.' – Explicó Sam, sin quitar esa cara de enfado y preocupación, mientras devolvía la varita a la mesita. – 'Y no pongas esa cara, que yo también puedo estudiar. Otra cosa es que me apetezca, que es casi nunca.' – Añadió cuando Sirius la miró escépticamente. – 'Últimamente parece que tienes un imán para atraer el peligro…y ya van dos veces en las que los Merodeadores casi se quedan en tres.'

'Sam…' – Sirius se inclinó sobre ella riendo y la besó en los labios suavemente. Él sabía que cuando Sam se ponía seria y parecía enfadada, pero seguía intentando bromear, era porque algo la preocupaba mucho.

'No me gustaría perderte.' – Los ojos negros de Sam buscaron los de Sirius.- 'Me moriría si te pasara algo.'

'No te preocupes por mí, princesa…' – La besó en los labios otra vez. – 'Jamás me perderás.'

Lentamente, Sirius se dejó caer sobre Sam. Se fundieron en largos besos, en caricias, abrazos y palabras llenas de amor. Se regalaron las miradas; una perdida en un abismo gris, el otro en un abismo negro. Las lenguas se entrelazaban, selladas y atrapadas por los labios de ambos. Sus piernas, así como sus brazos estaban entrelazados sobre el colchón.

'Te quiero, Sam.' – Le susurró Sirius mientras le besaba el cuello.

Recorrió todo su cuello y el escote de la fina camiseta con besos. Finalmente sus labios se encontraron de nuevo…Pronto la ropa estorbó y perdieron completamente la noción del tiempo. Y es que el tiempo se detuvo porque solo estaban ellos dos. Nada más existía, nada más importaba.

'Eres lo que más quiero.'

Tan solo se sentían el uno al otro, tan solo eran Sirius y Sam.

Después de haberle dado la carta a Axell y de haber acompañado a Thomas Barton, el novio de Kaienne, a ver a la chica a la enfermería, Lily decidió encaminarse hacia la torre de Gryffidnor. Quería ver a James. Quería saber como se encontraba y si esa herida del brazo seguía teniendo tan mala pinta como la noche anterior. En su camino se cruzó con Ió que venía con Remus agarrado de la mano. El chico la había ido a buscar a la torre de Ravenclaw.

'¿Cómo estas Ió?' – Le preguntó Lily con una sonrisa dulce.

'Estoy un poco cansada y dañada, como todos.' – La Ravenclaw sonrió algo forzada y Lily pudo leer en sus ojos que seguía tan triste como lo había estado anoche. – 'Pero tengo los ánimos mejor que ayer.'

'Me alegro.' – Miró a Remus con una fingida seriedad. – 'Cuídala bien, ¿eh? Que es la pequeña.'

'Yo la cuido mejor que nadie, ya lo sabes.' – Dijo orgulloso Remus.- 'Y tú ve a cuidar a James, que estará falto de mimitos de su pelirroja favorita. Ya sabes lo que le gusta que estén por él.'

Lily rió divertida y siguió con su camino. Subió las escaleras y estas cambiaron cuando iba por la mitad de ellas, dejándola en el piso donde estaba la torre de los Premios Anuales. Lily se quedó mirando la gárgola que custodiaba la Sala Común de los dos Premios Anuales. No sabía si Alice se encontraría allí o seguiría en el despacho de Dumbledore intentando averiguar sobre su novio, Frank.

Anoche se habían enterado de que el mismo Dumbledore había salido a buscarlo a ella y a una compañera, porque llevaban desaparecidos tres días y aquellos que trabajaban para Dumbledore fuera de la escuela no conseguían encontrarlos. Alice estaba destrozada desde entonces, Yaxley había conseguido hacer que perdiera la calma con lo que le dijo durante la batalla y cuando encima, Alice vio que Dumbledore volvía sin noticias de su novio, se había desesperado tanto que había acabado por gritarle al mismo Dumbledore.

Lily iba a marcharse cuando la gárgola se abrió y la misma Alice salió a paso rápido, con la mirada perdida, sin darse cuenta ni de quien había delante de ella.

'Alice…' – Lily la agarró del brazo cuando pasó por su lado y ella se sobresaltó.

'¡Lily!' – Parpadeó y se detuvo. - 'No te había visto.' – Dijo la castaña sintiéndose un poco culpable. – 'Perdoname, es que no estoy en uno de mis mejores momentos.'

'Lo sé.' – Lily le sonrió con dulzura y le acarició el brazo para reconfortarla. – '¿Se sabe ya algo de Frank?'

'No.' – Alice puso una expresión severa. – 'Pero como tarden mucho más en decirme algo, voy a coger a Mulciber o a Dolovh y los voy a usar como rehenes hasta que sus padres me devuelvan a Frank y a Emmeline.' – Miró a Lily y no pudo evitar que lagrimas cayeran por sus mejillas. – 'Es gente como sus padres los que les han hecho algo a Frank y a Emmeline…Esos desgraciados de los Mortífagos…'

No hizo falta que Alice dijera nada más, para que Lily comprendiera que estaba hablando de los seguidores de Voldemort que había fuera de la escuela. La pelirroja abrazó a Alice y la besó en la mejilla.

'Los encontrarán, Alice.' – Le dijo Lily mientras le acariciaba el cabello. – 'El mismo Dumbledore salió anoche a buscarlos.'

'Y volvió sin ellos y sin noticias.'

'Cálmate, Alice. Todo irá bien.' – Lily le sonrió tiernamente y se separaron. – '¿Dónde ibas?'

'Al despacho de Dumbledore.' – Alice respiró hondo. – 'Me ha enviado una lechuza diciendo que tiene noticias. Pero no sé si son buenas o malas.'

'Te acompaño.'

Alice no podía sentirse más agradecida en aquel momento. Pues necesitaba a alguien a su lado, no sabía cómo iba a reaccionar ella misma si le decían que Frank estaba muerto.

No tardaron ni cinco minutos en llegar al despacho de Dumbledore porque Alice marcaba un paso rapidísimo. Les faltaba poco para correr. Al llegar, la castaña gritó la contraseña antes de que la gárgola tuviera tiempo a preguntarle y subió las escaleras de dos en dos. Lily tuvo que subir las escaleras despacio porque por mucho que hubiera dormido tenías las piernas como flanes por la pasada batalla. Se detuvo un momento para descansar y entonces se oyó a Alice sollozar arriba del todo. Lily subió las pocas escaleras que le quedaban de tres en tres. Se preparó para lo peor, atravesó la puerta y abrió la boca desmesuradamente cuando vio a Alice comiéndose a besos a Frank Longbottom.

'¿Qué se le ofrece señorita Evans?' – Preguntó Dumbledore con una sonrisa.

'Oh, nada señor.' – Lily sonrió enrojecida por la vergüenza y la carrera. – 'Solo venía a acompañar a Alice.'

'Entiendo.' – Dumbledore salió de detrás de su mesa y le tendió una mano a una joven morena de cabello ondulado que estaba sentada en una butaca. – 'Permíteme, Emmeline, que te presente a Lily Evans.'

La chica morena agarró la mano del director y se levantó con un poco de esfuerzo. Era bella, pero su cara denotaba que no lo había pasado muy bien últimamente, además, su túnica estaba raída. Emmeline Vance le tendió una mano a Lily y le sonrió.

'Encantada de conocerte, Lily.'

'Igualmente.'

'Creo que lo mejor será que dejemos a Alice y a Frank a solas un rato.' – Propuso el director Dumbledore cuando la pareja empezó a besarse con pasión. – 'Emmeline, te acompañaré a la enfermería para que Poppy te vea. ¿Quiere quedarse a mirar, Lily?' – Bromeó el director.

'¡No!' – Lily enrojeció aún más y miró al director tremendamente avergonzada porque se había quedado embobada mirando a Alice y a Frank. – '¡Además yo ya me iba!'

Se despidió y salió del despacho del director casi corriendo, dejando atrás a Dumbledore y a Emmeline Vance enormemente divertidos por su reacción.

Tras darse una buena carrera hasta su torre, Lily atravesó el retrato de la Señora Gorda y sin pensarlo dos veces subió a la habitación de los Merodeadores. Picó a la puerta suavemente y como James no le respondió, supuso que estaba dormido y entró despacito sin hacer ruido.

La habitación estaba completamente iluminada por al luz del sol, las ventanas estaban abiertas de par en par y las cortinas ondeaban con el viento. Lily casi se mareó al ver el desorden que reinaba en la habitación.

'Son tíos…' – Se dijo a si misma.- 'Si no está mamá son unos vagos y no recogen.'

Las cuatro camas estaban vacías y tras la puerta del baño se escuchaba el agua de la ducha caer. Lily imaginó que James se estaría duchando y decidió esperarlo. Saltó todos los obstáculos y se sentó en la cama de James. Analizó detenidamente la habitación y puesto que tanto desorden la estaba agobiando, sacó la varita, conjuró un hechizo y todo volvió a su lugar. Entonces, la pelirroja pudo fijarse bien en cada lugar de la habitación: La parte de Peter estaba llena de fotos de los cuatro chicos y de alguna que otra estrella del quidditch. La de Remus era la más ordenada, tenía colgadas en la pared un par de fotos con sus amigos y un calendario que marcaba las fases lunares. Sirius se llevaba la palma en cuanto a fotos, pósters de motos muggles, alguna que otra actriz y una enorme bandera de Gryffindor que llegaba hasta la parte de James. Lily sonrió divertida al ver, en la parte de James, todos aquellos pósters de famosas estrellas del quidditch, la bandera de Gryffindor, la de su equipo de quidditch favorito y varias fotos que tenía también con sus amigos.

Tomándose toda la confianza del mundo se tumbó en la cama y se estirazó. Alcanzó a ver, entonces, en la mesita de James, una foto enmarcada. Lily la cogió y no pudo evitar poner aquella cara de tonta enamorada. En la foto salían ella y James el día del baile de Navidad. Y entonces notó un calorcillo cerca de su oído y alguien le susurró al oído.

'¿Qué haces aquí?'

Lily dio un bote y dejó la foto rápidamente. James, que acaba de salir del baño con unos tejanos y sin camiseta, reía divertido por el susto que le acaba de dar a la pelirroja.

'¿¡Es que siempre tienes que aparecer así!?' – Espetó la pelirroja mientras se encaraba a él.

'Oye Lily, no te enfades que tendría que ser yo el que se enfadara.' – James se revolvió el cabello mojado y se lo despeinó. – 'Pensaba que ya no vendrías a verme.'

'Pensaba venir a verte después de desayunar…' – Empezó a explicar Lily mientras se sentaba en la cama e intentaba mirar a James a la cara y no a los cuadraditos que se le marcaban en el abdomen. – '…pero he tenido que ayudar a Axel, a Barton y finalmente a Alice.'

James se sentó a su lado y la besó en los labios.

'Te lo perdono por ser tú.'

'¿Cómo tienes el brazo?' – Le preguntó preocupada Lily.

'Bueno…' – James le enseñó la herida, aún abierta y un poco sangrante y se encogió de hombros. – 'Al menos me ha dejado de arder ahora, no he pegado ojo desde que volvimos de la batalla.'

'¿No has descansado nada?' – Preguntó escandalizada la pelirroja.

'No me dejaba el dolor.'

'¿Y porqué no has bajado a ver a Pomfrey, eh?' – Lo machacó con la mirada. – 'Eres un irresponsable y un insensato.'

'Gracias, ¿algo más?' – Le preguntó sonriendo burlón.

'¡Sí!' – Lily lo tumbó sobre la cama. – '¡Que te pongas a dormir ahora mismo!'

'Pues ya que estas aquí prefiero hacer otra cosa.' – James la atrajo hasta tumbarla sobre él. – 'Y por como me estas mirando, creo que tu también.' – Le susurró al oído.

Lily enrojeció hasta la punta de la nariz y se separó un poco. Sacó la varita de su bolsillo y le apuntó a la herida. Se la curó en un momento.

'Primero duermes y después ya hablaremos.' – Lily le acarició la cara y James le cogió la mano para besársela. – 'Haz el favor de quedarte aquí durmiendo.'

'La única manera de que no me escape es que me vigiles.' – Dijo James al tiempo que la abrazaba y la volvía a colocar sobre él. – 'Así que quédate conmigo, por favor.'

Lily le sonrió con dulzura y James la estrechó aún más contra él. Se fundieron en un beso.

'Te quiero.' – Le dijo Lily al tiempo que apoyaba la cabeza sobre su hombro.

'Yo más.'

'Venga ya…' – Lily rió y le acarició el pecho. – 'Ponte a dormir.'

'Pues deja de provocarme con esas caricias.'

'Pues deja de provocarme tú y ponte una camiseta.'

'¡Eh Lily, con estas sugerencias no hay quien se duerma!' – Protestó James. Lily rió divertida y dejó la mano quieta sobre su pecho. Le besó en los labios una última vez.

'Dulces sueños, James.'

Anthea bajó del expreso de Hogwarts arrastrando su baúl sin hacer mucho esfuerzo a pesar de lo que pesaba. Esperó a que el bullicio de alumnos y padres se calmara e intentó que los Black, que habían venido a recoger a su hijo no la vieran. Finalmente un hombre joven la llamó al tiempo que se acercaba. Era un chico de unos 26 años, alto y atractivo y rubio como ella.

'¡Me alegro de verte hermanita!' – Dijo al tiempo que le daba un caluroso abrazo.

'¡Hola William!' – Anthea le besó en la mejilla.

'La próxima vez, si puede ser, avisa con más tiempo si piensas venir a casa.' – Le pasó un brazo por encima de los hombros y embrujó su baúl. – 'Has tenido suerte de que hoy tuviera fiesta.'

Anthea le sonrió y juntos atravesaron la columna que llevaba a la estación de King's Cross muggle. Mientras charlaban, recorrieron toda la estación y finalmente salieron a la calle donde William Landry tenía aparcado un lujoso coche. Montaron en él.

'¿Se puede saber qué a ha venido este repentino capricho de pasar las vacaciones en casa?' – William la miró extrañado mientras ponía en marcha el coche. – 'Si siempre estás intentando librarte de las fiestas que dan papá y mamá y sabes que vas a tener que asistir a un montón si estás aquí.'

'Cualquiera diría que no te alegras de verme.' – Respondió algo molesta Anthea.

'Si que me alegro, tonta.' – La besó en la mejilla antes de volver a la carretera. – '¿Qué tal una sesión de compras?'

Anthea lo miró pícaramente.

'Cómo sabes comprarme.'

'Te conozco demasiado.' – Will le guiñó un ojo.

'Oye, y ¿dónde están papá y mamá?'

William Landry se puso serio de repente. Anthea lo miró preocupada.

'¿Qué pasa?'

'Ellos están bien…' – Dijo Will con voz seria. – '…pero se marcharon con los Devoir y los Malfoy anoche y aún no han regresado…y no se fueron para una de estas fiestas de ricachones que se dan.'

Anthea tragó saliva, apoyó los codos sobre las rodillas y la cabeza sobre las manos.

'¿Se han hecho Mortífagos, verdad?'

Will detuvo el coche de golpe y miró a Anthea sorprendido.

'¿Qué sabes tu de eso?'

Que Will no se lo negará tan solo se lo confirmó.

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¡Hola! ¡Después de tanto tiempo he vuelto! Y sí, antes de que me echeis la brona hay una explicación razonable: En el último mes y medio he tenido los examanes de final de trismetre, los de recuperación y de subir la nota y la famosa SELECTIVIDAD o lo que es los mismo, las pruebas de acceso a la universidad. Y como me estaba jugando mi futuro, decidí aparcar el ff un tiempo.

Siento haberos hecho esperar, pero ya estoy de vacaciones y os puedo asegurar que en menos de una semana subiré el próximo capítulo. Ahora tengo todo el tiemo del mundo.

Así que muchas gracias por los reviews pasados, que me subieron la moral en cantidad y aquí teneis el nuevo chap. Más calmado y tranquilo que el anterior, porque el otro ya dio de si.

Le doy la bienvenida a Kaixo y espero que hayais disfrutado del capítulo.

Un beso enorme!!

Eneida