Capítulo 2: ¿Y ahora que hacemos, Vince?

- ¿Me voy a morir? – preguntó Shane sin apenas voz

- Puede. – dijo el médico, Shane palideció y le tembló el labio inferior. – Con estas características podrías hacer cualquier locura en cualquier momento. – le dijo – No puedes vivir solo. Tienes que vivir con alguien y como te has divorciado lo mejor es que vivas con tus padres de nuevo. Además si tus crisis nerviosas son muy graves estas te pueden llevar al ataque de corazón sin necesidad de correr o que te autolesiones…

- Apenas se pasan por casa… - dijo Shane mientras se secaba las lágrimas que comenzaban a salirle.

- Pues necesitas estar con alguien siempre... No puedes quedarte solo…

- ¿Qué puedo hacer si me descontrolo? – preguntó Shane con temor

- Cualquier cosa.

- ¿Cómo qué?

- Puede que en mitad de la noche el cuerpo te pida correr sin parar y eso te puede llevar a tener una taquicardia y un infarto, si te apetece, para relajarte puedes comenzar a darte cabezazos contra una pared… Puedes tirarte desde una ventana para liberar tensiones… Cualquier cosa Shane…

- Yo… No quiero que me pase… - murmuró Shane pasándose las manos por los ojos.

- Lo siento Shane pero es así… - dijo Tim

- ¿No me puedo tomar los antibióticos con más frecuencia? – preguntó con desesperación

- No. Además tendrás que hacerlo con menos frecuencia, si antes te lo tomabas cada 4 horas ahora lo tienes que hacer cada 12. – le dijo

- ¿Por qué…? – preguntó Shane con miedo

- Porque te está destrozando el hígado…

- Sabes que puedo hacer cualquier cosa si no tomo eso… Ya sabes como me pongo…

- Lo se Shane, por eso la mejor opción es que hables esto con tu familia. Vivas con ella y que por favor, seas amarrado cuando duermas. – pidió el neurólogo

- ¿Amarrado? – preguntó Shane algo nervioso

- Sí. Amarrado. De noche, sin el control de tu familia puedes salir a la calle con un brote de histeria o ira y no podemos permitirnos eso… - le dijo el médico

- Está bien… Seguiré tus consejos… - dijo Shane

- Lo siento mucho Shane… - dijo el médico levantándose y estrechándole la mano

- No lo hagas… Tú no tienes la culpa. Fui yo quien nací mal. – dijo Shane y se fue de la consulta con las pruebas bajo su regazo

Pagó en recepción y llamó a su padre. Concertó una cita con él en casa de este, así que Shane tuvo que ir al aeropuerto y coger un vuelo para Greenwich. Cogió un taxi para llegar al aeropuerto, durante el vuelo escribió todo lo que tenía que decirle a sus padres y seguramente no podría por su enfermedad y que los efectos de su antibiótico ya se le habían pasado.

Cosa que pudo comprobar el taxista, Shane se había pasado todo el tiempo golpeando el cristal con la cabeza y moviendo su pie izquierdo. Además de que no había parado de hablar de cosas sin sentido y de preguntar cuanto tiempo quedaba.

Vince recibió a su hijo en la puerta de la casa, lo notaba nervioso.

- Hola hijo… ¿Qué tal? – preguntó

- No sé, creo que bien, creo que debería de estar bien. Necesito café, tila quizás. No sé algo que me relaje. – dijo mientras se balanceaba

- Shane, ¿has tomado tu medicación? – preguntó Vince apoyando las manos sobre los hombros de su hijo para que dejara de moverse.

- Sí. Claro. Como siempre. Tengo algo que contaros, ¿está mamá dentro? – preguntó

- Si. Ella está…

- Coño un pájaro. – dijo Shane señalando al cielo

- Shane, Shane. Mírame. – pidió Vince cogiendo el rostro de su hijo con las manos - ¿Seguro que has tomado tu medicación?

- Claro. Entremos, entremos. Tengo que hablar con vosotros. Bueno no hablar, tengo que daros una cosa. – dijo Shane despeinándose

- Bien… - dijo Vince se apartó del camino para que su hijo casi saliera corriendo con paso decidido hacia dentro de la casa.

- ¡Hola mamá! – dijo saludando a su madre con dos besos – Hola George. – dijo saludando al perro con efusividad

- ¿Shane a tomado su medicación? – preguntó Lynda a Vince

- Él me dice que sí… - respondió Vince encogiéndose de hombros

- Verás tengo que deciros algo. – dijo Shane quitándose la chaqueta y remangándose la camisa – No. Creo que lo mejor será que os lo de por escrito ya que… ¡Anda George si has venido a que juegue con tu pelota! Dámela que te la lanzo. – dijo haciéndole caso al perro

- Shane. Habla. – exigió Vince con tono autoritario

Shane lanzó la pelota, rebuscó en su chaqueta y sacó la nota que había escrito en el avión.

- Tomad y leedla. Creo que yo… No puedo. – dijo Shane sentándose en el sofá

Vince leyó la nota en voz alta:

"Queridos papá y mamá:

Si os he dado esta nota probablemente es porque estoy tan hiperactivo que no puedo contaros lo que me ha dicho hoy el neurólogo. Veréis. Mi enfermedad a crecido a un punto bastante alto, los medicamentos no me hacen efectos porque tratan los síntomas de los adultos que padecen esta enfermedad y yo aún sigo teniendo los mismos problemas que la infancia. Tengo que tomarme los ahora cada 12 horas porque me estoy destrozando el hígado y solo me hará el efecto adulto, además de relajarme solo un poco.

Puedo morirme. Puedo salir cualquier día correr y que me dé un ataque al corazón o que del mismo nerviosismo que sufro cuando me pongo así tener un infarto. El médico me ha recomendado que viva con vosotros y que vuelva a la lucha libre para que me pueda entretener en algo que requiere concentración y para que vosotros controléis todas mis acciones.

Además me ha dicho que de noche dormiré amarrado a la cama pues podría salir y vosotros no me podréis controlar porque aún dormís.

Espero poder luchar de nuevo, me da igual el papel que tenga solo necesito luchar. Y no podré desempañar el empleo de antes, no puedo llevar las cosas de la empresa porque no se que podría hacer con ellas.

Tengo que ir a recoger mis cosas de Nueva York siempre y cuando me deis permiso para quedarme y vivir de nuevo con vosotros y tengo que encargarle a una farmacia la cama que me ha prescrito mi neurólogo.

Siento que os haya tocado un hijo así.

Shane B. Mcmahon"

Lynda no daba crédito a lo que leía y le quitó la carta a Vince de las manos para leerla ella de nuevo y comprobar que era verdad lo que decía y que era verdad que su hijo podría morirse en cualquier momento.

- Shane… Lo que pone en la carta es verdad, ¿eso te ha dicho tu neurólogo? Mírame por favor y dímelo. – pidió Vince agarrando a su hijo de la muñeca que se había vuelto a levantar del sofá pues no podía estarse quieto

Shane mantuvo el contacto visual con su padre durante medio minuto.

- Sí, es verdad. – fue lo único que le dijo durante ese periodo y siguió jugando con el perro

- Hijo, siéntate y relájate. YA. – exclamó Vince

Shane se sentó y estuvo como un minuto quieto, luego comenzó a retorcerse en el sofá abrazando el cojín.

- Claro que te puedes quedar aquí hijo… Esta siempre será tu casa. – dijo Linda

- Gracias mamá, necesito ir a Nueva York mañana. ¿Quién me acompaña?- preguntó

- Yo mismo hijo. Sacaré ahora mismo los billetes y se lo comunicaré a tu hermana. – dijo Vince

- Vale. Gracias papá. – dijo Shane levantándose - ¡JODER! – exclamó y se restregó los ojos para no llorar – Quiero que pasen ya las 12 horas, quiero… Quiero tranquilizarme… - pidió sin dejar de moverse

Lynda salió de la habitación y fue a la cocina. Necesitaba llorar a solas. Le dolía muchísimo ver a su hijo sufrir de esa manera, y más cuando este gritaba que quería sentirse mejor y veía que no podía.

Vince regresó a la cocina y abrazó a su mujer intentando reconfortarla.

- No puedo verle así. – dijo abrazándose a su marido. – A él le duele, a mí me duele…

- A mi también me duele, pero a nacido con ello y no se puede cambiar…

- Pero puede morir… - dijo Lynda

- Lo sé, pero cuidaremos de él para que no le pase nada… - dijo Vince

Ella asintió y se oyó la puerta cerrarse. Fueron al salón pero vieron que Shane no estaba ni tampoco el perro.