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Nada más poner el pie en el piso en el que estaba la Torre de Gryffindor, Snape empezó a escuchar el ensordecedor ruido de la fiesta que había organizado dicha casa. El murmullo incesante de un montón de personas hablando, los cánticos sobre la casa de Gryffindor, la música…Le fastidiaba enormemente tener que ir a buscar a Anthea Landry allí. Ni siquiera sabía como iba a encontrarla. Seguramente le diría a algún alumno de Gryffindor de primero que estuviera en el pasillo que entrara a la torre y la avisara porque Nick Devoir la buscaba. Él era lo bastante inteligente como para saber que no debía meterse en la casa de Gryffindor sin invitación siendo él un Slytherin y encima con James Potter y Sirius Black por ahí dentro. Si lo veían decidirían convertirlo, según su rutina, en el blanco de sus burlas y en la nueva diversión de la fiesta.

Severus Snape llegó al Retrato de la Señora Gorda y se quedó unos segundos meditando. ¡Él no tenía porque ser el mensajero de Devoir! Pero lo cierto era que le estaba matando la curiosidad por saber que ponía en aquella carta y de quién procedía. En circunstancias normales sería imposible enterarse de nada que procediera directamente del Señor Oscuro, pero ahora que le había expuesto su plan a Nick…Parecía que el muchacho le tenía más consideración que antes. Se había dado cuenta de su talento…Quizás, si era paciente y lo hacía todo bien, podría llegar a ser alguien importante primero en los Sangre Pura y después entre los Mortífagos.

En esas estaba cuando escuchó risas provenir de las escaleras. Al reconocer la voz de Anthea Landry se giró de inmediato y le pareció muy interesante el hecho de verla junto a Axel Lance. Al final iba a resultar que si era cierto el rumor de que la noble Landry estaba enamorada de uno de los Lance de Gryffidnor, de uno de los mestizos.

'Hola, Anthea.'- Su propia voz le sonó fría.

Axel Lance dejó de sonreír inmediatamente al percatarse de su presencia y su cara delató odio e ira…Severus Snape pensó que aquello se estaba poniendo muy interesante y sonrió para sus adentros. Anthea Landry, en cambio, le sonrió como si nada ocurriera y muy natural le devolvió el saludo:

'¿Qué tal Severus?'

Snape se sintió decepcionado. Había creído que Anthea iba reaccionar de la misma manera que Lance al sentirse descubierta. Había imaginado por unos fugaces segundos que descubría la debilidad de la famosa Anthea Landry.

'¿Qué te trae por aquí?' – Prosiguió ella deteniéndose para entablar conversación.

'Nick Devoir me he dicho que quería verte y he venido a buscarte.'

'Muy bien.' – Respondió ella con una sonrisa. Se giró hacia Axel y le preguntó amablemente. – '¿Te importaría entrarme la escoba y la mochila en la torre?'

'No, claro que no.' – Axel cogió las cosas de Anthea y se le escapó una mala mirada hacia Snape. – 'Si tardas mucho te perderás la fiesta.'

'Volveré pronto.' – Aseguró ella.

Axel entró en la Torre de Gryffindor fastidiado por la intervención de Snape y la idea de seguirles se le pasó por la cabeza, pero una vez dentro, su hermano Darren y sus amigos lo cogieron, con las botellas de Whiky de Fuego en mano, y estuvo obligado a sumarse a la fiesta.

Anthea Landry y Severus Snape se encaminaron hacia el Cuartel General de los Sangre Pura. Durante un buen rato fueron en silencio, uno repasando mentalmente todo lo que acababa de suceder y la otra tratando de imaginar porque la requería Nick Devoir. Al llegar a la zona Prohibida, Anthea no aguantó más aquella incertidumbre:

'¿Es que hay reunión?' – Preguntó, pues la idea de que se fuera a determinar el día y la hora del ataque a los Merodeadores estaba anclada en su mente y no la dejaba en paz.

'No.' – Severus Snape ni la miró. – 'Y no te molestes en preguntarme. No se nada.'

'No hace falta que seas tan seco.' – Respondió Anthea algo irritada por las maneras de Snape.

Se quedaron en silencio otra vez. Anthea empezó a cavilar sobre la posibilidad de que la hubieran descubierto como espía y que fuera Snape el encargado de quitarla del medio…o que peor aún, que todos los Sangre Pura estuvieran escondidos en cualquier rincón, esperando el momento propicio para acabar con ella. ¿Y si Nick Devoir aparecía vestido a lo Sangre Pura? El pasillo estaba desierto y ya estaban en la Sección Prohibida.

'¿Qué hacías con Lance?' – Preguntó finalmente Snape.

'¿Que qué hacía con Lance?' – Anthea parpadeó atónita. La pregunta la cogió totalmente de improviso y le pareció toda una amenaza. – 'Me parece que eso es cosa mía.' – Le espetó ella algo molesta, pero rápidamente decidió arreglar aquello porque le había salido muy a la defensiva. – 'Juega en mi equipo y el partido ha acabado hace media hora. ¿Necesitas que te diga algo más o ya eres capaz de pensar que volvíamos del campo de Quidditch?'

'No te sulfures.' – Snape esbozó una sonrisa.

'Pues no hagas preguntas estúpidas.' – Le respondió Anthea con el tono altivo de una reina.

Llegaron a la estatua de Salazar Slyhterin y después de que Anthea dijera la palabra en pársel, las serpientes bajaron del techo y formaron las escaleras. Anthea entró la primera con paso seguro y firme y al ver tan solo a Regulus Black y a Nick Devoir ocultó lo raro que le parecía todo aquello con una magnífica sonrisa, a la vez que con la yema de sus dedos tocaba su varita.

'Querida Anthea, toma asiento por favor.'

Nick se levantó y le tendió su mano. Anthea se la dio y este se agachó y le besó la mano. La chica reprimió las ganas de apartarse y de arrearle un golpe. Después, Nick la acompaño a la mesa y la ayudo a sentarse.

'¿Qué ocurre?' – Exigió más que preguntó muy extrañada por lo que estaba sucediendo.

Regulus Black se sentó a su lado y Nick Devoir lo hizo delante de ella. Snape se quedó allí, al lado de la puerta. Con un poco de suerte se podría quedar a escuchar.

'Verás, Anthea.' – Empezó a decir Regulus con voz calmada. – 'Hemos recibido una carta de Cristopher Landry, tu padre.'

Anthea frunció el ceño. ¿Qué tenía que ver su padre con todo aquello? Rápidamente recordó que la última vez que había hablado con su padre en persona este le había dicho que abandonara los Sangre Pura. No obstante, no le había hecho caso…pero a su padre nunca nadie le llevaba la contraria.

'¿Qué decía la carta?' – Preguntó temiéndose la respuesta.

'Tu padre te pidió que abandonaras los Sangre Pura cuando fuiste a casa, ¿verdad?' – Preguntó Nick tanteando el terreno.

No le hizo falta saber nada más. Anthea sintió como hervía la sangre en su interior. El miedo que había tenido segundos antes dio paso a una ira que empezaba a crecer. Regulus y Nick debieron darse cuenta de que se estaba enfadando porque intercambiaron miradas.

'Esperad, a ver si lo adivino…' – Susurró Anthea escrutando con la mirada a los dos muchachos. – 'Os ha dicho que debéis echarme.'

Regulus no contestó y a Nick no le dio tiempo, pues Anthea se levantó tirando la silla hacia atrás y picando en la mesa.

'¡Claro que sí!' – Bramó indignada. – '¡Eso ha hecho! ¡Como no me he salido yo por mi cuenta ha intervenido! ¡Muy típico de él!' – Señaló a Nick y a Regulus. – '¡Y vosotros le hacéis caso!' – Los acusó indignada. – '¡Esto es increíble!'

'Anthea…' –Murmuró Nick muy bajito. – 'Entiendenos…Tu padre es el brazo derecho del Señor Tenebroso.'

Anthea esbozó una sonrisa irónica. ¡A ella no el interesaban sus excusas! ¡No podían echarla! ¡No ahora que estaban al final de la misión! ¡No ahora que el último ataque era el asesinato de los Merodeadores!

'Sois unos cobardes.'

'No se trata de cobardía, Anthea. Hay una jerarquía establecida y tu padre está por encima de nosotros y de ti.' – Le explicó Nick molesto por el insulto de la chica. – 'Cristopher Landry nos ha ordenado que te prohibamos el acceso y nosotros debemos obedecerle.'

Anthea agarró una silla y la estampó contra el suelo.

'¡A MÍ NADIE ME PROHIBE NADA!' – Gritó furiosa. – '¡SOY ANTHEA LANDRY! ¡SIEMPRE HE HECHO LO QUE HE QUERIDO!'

'Cálmate, Anthea.' – Regulus se levantó con calma. – 'Tranquilízate, por favor. Puede que solo sea algotemporal.'

Nick se levantó también y la agarró del brazo. No pudo girarla hacia él porque no tenía fuerza suficiente para forzar a Anthea, pero ella le escuchó con la cara girada.

'Nosotros no queremos echarte…' – Le dijo serio y a Anthea le pareció que decía la verdad. – 'Habla con tu padre, estoy seguro de que podrás hacerle entrar en razón.'

Anthea sabía que no. No importaba que fuera su hija preferida y siempre le hubiera concedido mil y un caprichos. Precisamente por eso quería mantenerla al margen de la guerra. Además, que le armara un escándalo de esos suyos en los que gritaba una y otra vez quién era no serviría de nada, pues eso de reivindicar que era una Landry para conseguir lo que quería lo había aprendido de él. Su padre era firme en sus decisiones y si había intervenido había sido porque ella no le había hecho caso en el primer aviso que le dio. No era la primera vez que le hacía algo así.

'Es imposible que entre en razón.' – Anthea miró a Nick y recordó que estaba prendado de ella y decidió aprovecharse. – 'Decídle que me habéis echado. Mantenedlo en secreto.'

Nick negó con la cabeza.

'¿¡Por qué no!?'

'Creo que no entiendes cuan poderoso es ahora tu padre, Anthea.' – Nick esbozó una sonrisa. – 'Los que llevamos la Marca Tenebrosa en el brazo lo sabemos y si nadie se atrevía contradecirle antes, mucho menos ahora que es el más importante servidor del Señor Tenebroso.'

'Quiero leer la carta.' – Exigió con la respiración agitada y las mejillas coloradas. – '¿¡Donde está!?'

Regulus Black se la sacó del bolsillo y se la tendió. Anthea se la quitó bruscamente y empezó a leerla.

Queridos Regulus Black y Nick Devoir,

Soy consciente de que noble trabajo estáis haciendo en Hogwarts y creed que me siento enormemente orgulloso de todos vosotros. Me llena de júbilo que unos muchachos tan jóvenes como vosotros hayáis sido capaces de comprender que gran injusticia nos asola en estos tiempos, en el que nos debemos esconder de los muggles cuando nosotros somos una raza superior a la de ellos. Aquí fuera hacemos todo lo posible por cambiar las cosas y vuestras familias estamos luchando por daros un mundo mejor. Confío plenamente en que cuando acabéis vuestros estudios os uniréis a nosotros en la verdadera guerra.

El motivo por el que escribo esta carta es mi hija Anthea. En vacaciones le mandé abandonaros, pues supongo que estáis al tanto de cómo servimos su madre y yo a Nuesto Seño Oscurr. Ella es una muchacha implicada, lleva nuestros ideales grabados a fuego en el corazón y supongo que por eso no os habrá dicho nada sobre abandonaros. Aún así, quiero que no la dejéis participar. No quiero que corra ningún tipo de peligro.

Debéis prohibirle a Anthea el acceso a los Sangre Pura. Sé que no os será fácil, pero decidle que yo lo he ordenado.

Espero que no llegue a mis oídos que me habéis engañado o que no habéis cumplido mi orden.

Cordialmente os saluda,

Christopher Landry.

La última frase había sido una clara amenaza para Regulus y Nick, Anthea lo había sabido entreleer. Ellos no se iban a arriesgar y su padre no iba a cambiar de opinión.

Anthea hizo de la carta mil añicos y los lanzó al suelo con rabia. Respiraba muy fuerte, temblaba de arriba abajo por la ira, los ojos le brillaban de rabia y sentía la necesidad de gritar y descargar toda esa frustración que la envolvía. Sacó su varita y la hizo rodar entre sus dedos mientras observaba con detenimiento todo lo que había a su alrededor. La mesa, el espejo, las columnas, los tapices, las sillas… Los muchachos debieron darse cuenta de que Anthea estaba eligiendo en que descargar su ira porque rápidamente sacaron sus varitas para protegerse, por si acaso.

'Ya veo que considerados son los Sangre Pura.' – Empezó a decir la rubia con una sonrisa malvada. –'Todo mi esfuerzo y el servicio prestado para nada…Yo soy capaz de desafiar a quien sea cuando sé que hago lo correcto…Ya veo que vosotros no…'- Anthea murmuró la palabra en pársel que Nick le había enseñado meses atrás para hacer salir de su varita el atavío de los Sangre Pura. – 'Yo no soy una cobarde, como vosotros…' – Y clavó su mirada castaña primero en Snape, después en Devoir y finalmente en Regulus.- 'Así que los Sangre Pura no quieren saber nada de mí...' – Cogió la máscara de plata y dijo: - 'Pues yo tampoco quiero volver a saber nunca jamás nada de vosotros.'

Tiró la máscara de plata hacía arriba y la apuntó con la varita.

'¡Confringo!'

Nick Devoir observó estupefacto como la máscara, símbolo de sus ideales, explotaba en mil pedazos y se sintió gravemente ofendido. Tanto, que sacó su varita y apuntó a Anthea. Ella, presa de la ira, le apuntó también. Al fin y al cabo…Ya nada tenía que perder. Había tantísima tensión en el ambiente, que era cuestión de segundos que la situación se convirtiera en un caos. Anthea y Nick se apuntaban respectivamente con las varitas, a punto para batirse en duelo. Severus Snape intuyó la característica locura de Devoir y la rabia infinita de Landry y decidió apartarse.

'¡Lo que acabas de hacer es un grave insulto!' – Rugió Nick.

'¿¡No desafías a mi padre pero si te atreves a desafiarme a mí!?' – Chilló Anthea.

La idea de que todos sus meses de sufrimiento, de fingir quién no era, de no poder estar con sus amigos y con el chico al que amaba, no había servido para nada la estaba matando. Se sentía capaz de enfrentarse hasta con el mismísimo Tom Riddlel con tal de que todo su empeño no quedara en algo inútil.

'¡Suficiente!' – Gritó Regulus Black plantándose entre ellos dos con los bazos extendidos.- '¡No cometáis una locura! ¡Es una tontería que os enfrentéis!'

'¡Ha hecho explotar nuestra máscara!' – Protestó Nick.

'¡Y ahora voy a quemar la capa!' – Añadió Anthea con una sonrisa.

'¡Antes de eso te m…'

'¡NICK!' – Lo acalló Regulus Black gritando como nunca antes lo había hecho. – '¡CÁLLATE!'- Ordenó.- '¡Y TÚ ANTHEA, MÁRCHATE Y NO TOQUES LA CAPA!'

Tanto Nick como Anthea quedaron extremadamente sorprendidos con la reacción de Regulus Black, aquel que nunca perdía la calma. Nick bajó la varita, no porque Regulus le hubiera hecho entrar en razón, sino porque jamás lo había visto tan enfadado.

Anthea cruzó la mirada con Regulus y sintió lástima por él, parecía desquiciado. A pesar de todo lo apreciaba enormemente…Regulus odiaba las peleas entre la gente que le importaba…Aún recordaba cuan destrozado estuvo cuando Sirius se marchó de casa de los Black. ¿Se quedaría igual de destrozado ahora que ella quedaba fuera de los Sangre Pura? Bajó la varita y giró sobre sus talones para marcharse. Al llegar a la puerta se giró:

'Dísculpa, Regulus, si te he ofendido.' – Eran palabras sinceras.

'Dísculpame tú, por obligarte a marcharte.' – Respondió él al tiempo que se dejaba caer en una de las sillas abatido. – 'Lo siento.'

'Era cuestión de tiempo.' – Susurró Anthea.

A Severus Snape no se le escaparon aquellas últimas palabras. Nick y Regulus ni siquiera hicieron caso de ellas.

Anthea Landry estaba a punto de cruzar las puertas del Cuartel General de los Sangre Pura por última vez. No se recreó en echarle un último vistazo a la habitación, pues le repugnaba enormemente. Ni siquiera miró a Nick Devoir o a Severus Snape. Tan solo le regaló su atención a Regulus Black y a un bulto negro que yacía en el suelo y que no podía dejar de mirar… Aquel bulto negro que había sido la carga de la culpa a sus espaldas durante todos aquellos ataques en los que se había visto implicada.

La capa negra de los Sangre Pura.

Aferró su varita y susurró:

'¡Incendio!'

Anthea Landry bajó las escaleras que formaban las serpientes a paso lento. A cada escalón que bajaba se sentía un poco más libre. Al llegar abajo, las serpientes volvieron al techo y Anthea cayó al suelo de rodillas, aturdida por todo lo que había sucedido en tan pocos minutos y con la imagen de la capa de los Sangre Pura ardiendo aún en su mente. Nick Devoir aullaba de rabia arriba.

Las cosas habían cambiado y mucho.

Era libre.

Ya no era la espía.

Ya no había máscara de plata que la hiciera fingir.

Ya no había una capa negra que la reprimiera y la torturara con la culpa.

Fue entonces cuando la ira por haber sido echada la abandonó y cuando una realidad dura como la piedra la golpeó: James, Sirius, Remus y Peter estaban sentenciados a morir sin oportunidad de defenderse.

Incapaz de no poder hacerse a la idea, toda ella empezó a temblar y el aire le falló en los pulmones. Anthea se ahogaba en un mar de nervios y preocupaciones. Quiso coger aire, pero no pasó por su garganta. Intentó calmarse siendo consciente de que le estaba dando uno de sus ataques de ansiedad que siempre le provocaban los nervios y se abrió el cuello de la capa que llevaba. Intentó coger aire de nuevo, pero muy poco logró colarse en sus pulmones. Se llevó las manos temblorosas al cuello y palpó el colgante de Axel.

Le pareció que alguien la llamaba y llegó a ver la silueta de un muchacho que corría hacía ella. Imaginó que su cerebro le estaba jugando una mala pasada por culpa de la falta de aire cuando volvió a escuchar su nombre con total claridad.

'¡Anthea!'

Con solo escuchar su voz fue capaz de respirar. Cuando llegó hasta ella y la rodeó con los brazos dejó de temblar. Sus ojos azules consiguieron aplacar sus nervios.

Axel Lance siempre era su salvación.

'¿Qué te pasa?' – Le preguntó el muchacho mirándola preocupado. – '¿Qué te han hecho?'

Anthea se agarró a él, lo miró a la cara y cogió aire.

'M-mi padre s-se ha metido de por medio y…y me han echado.' – Murmuró sin apenas voz y con los ojos anegados en lágrimas. – 'Ya no soy una Sangre Pura.'

Axel esbozó una sonrisa y sus ojos azules brillaron al tiempo que soltó un grito de júbilo. La abrazó con tanto ímpetu que se tiró encima de ella, derribándola.. Anthea parpadeó atónita y miró a Axel, que la besó suavemente. El ataque de ansiedad de Anthea desapareció a causa de lo sorprendida que se quedó la muchacha. Anthea dejó de pensar por unos segundos en que la acaban de echar de los Sangre Pura para llegar a creer que alguien había embrujado a Axel.

'¿Tú estás bien de la cabeza?' – Le preguntó enfadada.

'¿Te has puesto así porque te han echado?' – Le preguntó él al quitarse de encima de ella.

Axel le pasó un brazo por la cintura y el otro lo pasó por encima de sus hombros al alzarla, para ayudarla a caminar. Anthea Landry clavó entonces sus ojos en los de él y fue consciente de nuevo de en que situación tan complicada se encontraban.

'¿¡No lo entiendes!?' – Gritó histérica y al momento volvió a faltarle el aire.

Salieron de la zona Prohibida del castillo y Anthea fue incapaz de decir nada más. Axel la guió por el castillo y ella imaginaba a dónde se dirigían. Unos pocos alumnos se los quedaron mirando, pero aquello no le importó a Axel, que seguía caminando con una sonrisa dibujada en la cara. Si no hubiera estado ahogándose, Anthea le habría gritado allí mismo que era un idiota.

Al girar uno de los innumerables pasillos de Hogwarts, la puerta apareció. La Sala de los Menesteres se convirtió en aquella habitación en la que siempre se convertía para ellos. Axel sacó a Anthea al balcón para que le diera el aire. La dejó en un cómodo banco de madera, se sentó a su lado y esperó a que la chica se calmara.

Anthea tardó unos minutos en volver a respirar con normalidad, durante los cuales Axel esperó pacientemente, mirándola y hablándole suavemente para tratar de calmarla. Las manos de ella temblaban entre las de Axel.

'¿Qué te preocupa?' – Le preguntó finalmente.

'¿¡Yo creo que es obvio, no!? – Gritó sintiéndose impotente y los ojos se le llenaron de lágrimas. – '¡No sé cuando atacaran a los chicos! ¡Ya no soy parte de ellos y no podremos saberlo! ¡Ha fallado la misión! ¡Todo mi esfuerzo no ha servido para nada porque los atacaran sin que podamos preparar su defensa! ¿¡Y si consiguen su objetivo!? ¿¡Y si los matan!?' – Se echó a llorar.

Axel la estrechó contra él y la abrazó fuertemente al tiempo que la besaba en la cabeza.

'Que no vayamos a saber el día y la hora de su ataque, no significa que no podamos defenderles y protegerlos.' – Le dijo. – 'Tenemos recursos, maneras de comunicarnos y esos cuatro tienen mucha experiencia en salir airosos de situaciones un tanto complicadas.' – La besó en la frente. – 'Hablaremos con Dumbledore, Alice y los demás y estaremos preparados.'

Anthea se separó de él y lo miró estupefacta al ver que Axel sonreía abiertamente.

'¿¡Cómo puedes estar tan tranquilo!?'

Axel le plantó un beso en los labios.

'¿No está claro?' – Preguntó él riendo. – 'Ahora eres libre y ya no tienes que fingir.'

La volvió a besar y esta vez se recreó más tiempo.

'Todo el mundo va a saber hoy lo que amo a Anthea Landry.'

Remus aprovechó el momento de descuido de sus tres amigos para largarse de la Torre de Gryffindor. Al salir al pasillo se dio realmente cuenta del jaleo que estaban armando los Gryffindors y entendió porqué Lily se había puesto echa una fiera hacía escasos momentos porque no la dejaban leer en paz aquel ejemplar tan gordo que últimamente siempre acarreaba. Decidió escurrir el bulto cuando el sombrero picudo de la profesora McGonagall asomó por las escaleras que subían hacia el piso de la casa de Gryffindor. Estaba seguro de que iba directa a acabar con la fiesta.

Remus llegó al recibidor en el preciso momento en que Ió salía de la biblioteca con sus amigas. Como era costumbre, las amigas de Ió se despidieron de ella sin ocultar aquella envidia sana que le tenían a la chica por estar con uno de los Merodeadores y saludaron a Remus a lo lejos ya sin la antigua timidez con la que solían hacerlo, pues Remus había pasado alguna tarde con ellas y Ió. Cuando el chico les correspondió el saludo montaron el habitual escándalo.

Ió se acercó guardando un par de libros en la mochila y cuando acabó, Remus la besó en los labios y le pasó un brazo por la cintura.

'¿Vamos al lago?' – Preguntó Ió con una sonrisa.

'Perfecto, por que hoy el día acompaña.'

Salieron del castillo y atravesaron los jardines de Hogwarts en dirección al lago. Brillaba un sol radiante y ya empezaba a hacer el calorcillo propio del verano a pesar de estar en primavera. El jardín de Hogwarts estaba plagado de flores.

'¿Qué tal ha ido la fiesta?'

'Muy bien, aunque ya se estaban pasando…' – Remus rió. – 'Ni me quiero imaginar la que van a montar Sirius y James si Gryffindor gana la Copa.'

'Tranquilo, no llegarán a hacer esa fiesta.' – Le aseguró Ió muy segura de lo que decía. – 'No tienen posibilidades.'

'Pues yo creo que si que las tienen.' – Respondió él pensativo y Ió frunció el ceño. – 'Sobre todo después de ver este último partido. Dudo que Slyhterin pueda con ellos y son los últimos que les quedan por vencer…Y tratándose de James, no parará hasta conseguir la victoria.'

Llegaron al lago y Ió se quitó los zapatos y los calcetines para caminar por la orilla del lago sintiendo el agua fresca hasta sus tobillos.

'¿Desde cuando te interesa el Quidditch?' – Preguntó la chica con una ceja alzada.

'Desde el día en que conocí a James, a Sirius y a Peter. Al principio no dejaban de hablar de eso y de que querían entrar en el equipo de nuestra casa.' – Remus sonrió al recordar aquel primer año en Hogwarts en el que encontró tan fantásticos amigos. – 'Menudos eran ya por aquel entonces…'

Ió se echó la corta melena rubia hacia atrás y sonrió al ver a Remus embelesado en sus recuerdos. Se le antojó tan mono que no pudo evitar ponerse de puntillas para besarle. Remus volvió en sí al notar el leve roce de los labios de Ió contra los suyos. Rió y la abrazó con cariño.

Nunca, años atrás, había sido capaz de imaginar que en aquel maravilloso colegio llamado Hogwarts, encontraría a tres muchachos que se convertirían sus mejores amigos en todo el sentido de aquella palabra. Palabra que él había creído que le estaría prohibida por su condición de licántropo. Tampoco llegó a imaginar nunca que aquella niña pelirroja que se cruzó en el tren se convertiría en alguien tan especial para él, como si de una hermana se tratase, ni que aquella niña morena y escandalosa que no cesaba de protestar en el andén llegaría a ser también una amiga.

Ió lo cogió de la mano y tiró de él para seguir caminando. Ió Keith le parecía a veces un sueño que se volvía realidad cuando estaba junto a ella, cuando la veía, la besaba, la tocaba o escuchaba su dulce voz. Le parecía toda una locura que sus aquellos hermosos ojos saltones y azulados se hubieran fijado en él…Le parecía increíble que una muchacha tan hermosa e inteligente se hubiera enamorado de él, un hombre lobo.

'¿Hacemos un alto?' – Preguntó ella al tiempo que sacaba los pies del agua. – 'Se me están helando los pies.'

'Es que no estamos en verano aún, señorita.'

'Que gran observación, señor Lupin.' – Rió ella sarcástica.

Ió se fue a sentar sobre la hierba, a la sombra de unos cuantos árboles que habían allí en la orilla. Se las apañó para dejar las piernas al sol y que así se le secasen los pies. Remus la observó con una sonrisa y suspiró antes de ir con ella. ¿Cuándo iba a ser capaz de decirle que era un Licántropo? Era lo único que le inquietaba. Ni los Sangre Pura, con esa idea de asesinarle, conseguían hacerle sentir mal o deprimido.

Remus se sentó a su lado y se miró los zapatos.

'Los tienes llenos de barro.' – Observó Ió.

'¿Y quien me ha hecho caminar por la orilla del lago que apenas esta fangoso?'

Remus pegó su frente a la de Ió mientras ella se reía.

'Te quiero.' – Le soltó mirándola a los ojos. – 'Y mucho.'

Ió se le tiró encima y lo besó. Al abrir los ojos, Remus se encontró con que Ió le miraba a los ojos muy seria.

'Tienes ojeras.' – Anunció.

'Siempre las tengo.' – Replicó él tumbándose en la hierba y así distanciando su cara de la de Ió.

No convencida, Ió se sentó sobre su abdomen y volvió a acercar su cara a la de él, con una expresión extremadamente seria y Remus empezó a sentirse acorralado e incómodo.

'Son más grandes que las que tienes siempre.' – Observó ella sin dejar de mirarle. – 'Y ahora que me fijo, hoy estás bastante pálido.'

Remus se reincorporó de golpe y al hacerlo tiró a Ió. La chica soltó un bufido molesta y se sentó en la hierba:

'¿Qué te pasa?'

'¿Te importaría dejarme en paz?' – Le espetó Remus a la defensiva y con el corazón a mil. – 'Ya sé que no tengo buena cara hoy.'

'Tampoco hace falta que te pongas así.' – Le replicó ella picada. – 'No he dicho nada malo que yo sepa.'

'No, claro que no.' – Ironizó él.

'No, si encima tendré yo la culpa.' – Murmuró Ió incrédula. – '¿Sabes que también estás más estúpido?'

'¿Y sabes que tu estás siendo más entrometida que de costumbre?'

Ió abrió los ojos de par en par y miró a Remus que se estaba levantando.

'¿¡No puedo fijarme en como está mi novio!?' – Gritó ella.

Remus le lanzó una mirada furibunda y le gritó fuera de sí:

'¡No!' – Y giró sobre sus talones. – '¡Y déjame en paz!'

Ió se quedó de piedra al ver que Remus se marchaba para regresar al castillo.

'¡No sé que concepto tienes tú de relación! – Le gritó enfadada y le tiró uno de sus zapatos que pasó rozándole el brazo. – '¡Pero desde luego que en el mío entra saber como se encuentra la otra persona!' – Remus Lupin se detuvo porque empezaba a tener remordimientos por como se estaba comportando y el segundo zapato lanzado por Ió le dio de pleno en la cabeza.- '¡Si tanto te molesta quizás deberíamos replantearnos lo nuestro!'

Remus se giró hacia ella, llevándose una mano a la dolorida cabeza. No supo del cierto si fue el golpe del zapato o la última frase de Ió lo que le despertó y le hizo ver que estaba siendo un tonto acabado y un cobarde. Remus se lamentó y suspiró, estaba huyendo de Ió porque ella estaba viendo indicios de lo que él quería ocultarle: la Licantropía.

Ió seguía sentada en la hierba y Remus dudó unos segundos si acercarse o marcharse. Tenía un nudo inmenso en la garganta.

'Joder, Remus…' – Se dijo a si mismo pasándose la mano por la cara. – 'No puedes ser tan cobarde…No te pusieron en Gryffindor porque sí.'

Empezó a caminar hacia Ió y ella se levantó.

'Es ahora o nunca…' – Iba pensando Remus, lleno de decisión. – 'Se lo digo ahora y que no importen las consecuencias…Si no la pierdo por la Licantropía, la voy a perder por tonterías como estas y por mentirle.'

Nunca había sido tan valiente y había tenido tanto miedo a la vez. Ió se plantó delante de él con los brazos cruzados, esperando a que él le dijera algo, que se excusara por lo idiota que había sido.

'Esto…Ió…' – Empezó a dar rodeos, pues estaba completamente nervioso. – 'Verás…Es que…No sé como decirte esto…'

Ió descruzó los brazos y suspiró. Lo miró a los ojos y le dijo con una sonrisa:

'Ya sé que es por el Noctum.' – Le abrazó y apoyó su cabeza en su pecho. – 'No importa.'

Remus la abrazó y sintió un nudo en la garganta. Sintió ganas de llorar.

'No.' – Susurró muy bajito, como si le doliera hablar. – 'No es por el Noctum…'

Ió levantó la cabeza y le besó en los labios.

'Dime que te pasa.'

Remus tragó saliva y se preparó para lo que iba a decirle.

'Es que yo soy…'

'¡LUNÁTICO!'

Era la voz de Sirius. Ió miró a derecha e izquierda, tratando de averiguar dónde estaba Sirius. Vio que un enorme perro plateado venía corriendo hacia ellos llamando a Remus por su apodo y reconoció el Patronus de Sirius Black.

'Remus, mira…' – Ió se lo señaló con el dedo.

Remus Lupin miró al cielo suspirando. Por una parte estaba seguro de que en cuanto cogiera a Sirius le iba a dar una paliza por la interrupción, por otro lado, estaba pensando en regalarle algo de chocolate por haberle librado de confesar su Licantropía.

'Remus…' – Ió llamó su atención cogiéndole del brazo. – 'Tiene que ser por algo de los Sangre Pura.' – Adivinó.

El Patronus de Sirius se plantó frente a él y habló con la voz de Sirius:

'¡Lunático! ¡Deja de meterle mano a la niña bonita y déjala respirar!' – Dijo a modo de regañina. – 'Bueno, y ahora que seguro que has sacado tu perversa mano de debajo de la falda de la inocente Ió te explico la razón de mi Patronus para que dejes de cagarte en mí por joderte tu fiesta.'

'Cuando te enganche Sirius…' – Soltó Remus, colorado, a pesar de que su amigo ni siquiera podría escucharlo. – 'Te vas a enterar, pedazo de capullo.'

'Chicos, tenemos problemas y de esos tan gordos que superarían a Slughorn, así que atentos: Los Sangre Pura nos acaban de joder la misión. El loco de Devoir y mi hermano han echado a Anthea de los Sangre Pura.'

Remus y Ió se miraron. Aunque fuera Sirius Black el que se lo anunciaba no podía tratarse de una broma. Ió se llevó las manos a la cabeza y se mordió el labio angustiada.

'Joder…' – Susurró. – 'No puede ser.'

'Tranquíla, Ió.' – Remus le pasó un brazo por encima de los hombros para darle fuerzas, pero lo cierto era que él había empezado a preocuparse de verdad.

'Nuestra rubia está bien, dejando de banda el hecho de que tiene uno de sus famosos ataques de ansiedad. Sé que suena muy fuerte y que se nos acaban de poner las cosas tremendamente mal, por eso mismo nos vemos en cinco minutos en el despacho de Dumbledore. Ánimo chicos .Nos vemos ahora.'

Frente a la gárgola que daba paso al despacho de Dumbledore, estaban Axel y Anthea esperando a los demás. Habían enviado sus Patronus a Lily, porque sabían del cierto que se encontraba sola en su habitación y suponían que ella se había encargado de avisar a los que estaban en la fiesta de la Sala Común y a los que restaban. Fueron Lily, James, Sam, Sirius y Peter los primeros en llegar. Nada más ver a Anthea, se acercaron para abrazarla. Anthea tenía los ojos hinchados y rojos de llorar, y se le notaba que estaba deprimida, además de consumida por los nervios. Axel Lance en cambio, recibió a sus amigos con abrazos y sonrisas cargadas de felicidad.

'¡Anthea!' – James le tendió los brazos con una sonrisa inmensa.- '¡No estés triste!'

Capitán y golpeadora se abrazaron. Mientras abrazaba a James, la chica miró a los demás y les dijo:

'Lo siento.'

'¡No seas tonta, mujer!' – Sirius apartó a James de un empujón y abrazó a la chica. – '¡Ya era hora de que te cogieras unas vacaciones! ¡Te las mereces!'

Lily también le dio un abrazo a Anthea cuando Sirius se la dejó. La besó en la mejilla y le sonrió dulcemente.

'Gracias por todo, Anthea. Has sido el pilar de todo nuestro grupo durante muchísimos meses.' – Le secó las lágrimas de culpabilidad que le empezaban a rodar por las mejillas. – 'Ahora te toca descansar y ser feliz.'

Anthea volvió a abrazar a Lily, llenándose de su ternura y de su afecto, que tanto le hacían falta a ella en aquel momento.

'Axel…' – Sam le dio un codazo en la barriga y le sonrió con picardía. – '¡Me alego por ti!'

Axel sonrió y le dio un abrazo a su compañera de equipo. Al separarse vio que Peter tenía una cara de miedo que no se la aguantaba y se sintió culpable por su alegría.

'James, Sirius, Peter…' – Les dijo el muchacho muy serio. – 'Perdón por…bueno, mi alegría.'

James y Sirius se le tiraron encima.

'¡Pero que imbécil eres!' – Sirius le dio una fuerte palmada en el hombro. – '¡Si nos alegramos por ti!'

James le revolvió el pelo.

'Bueno, yo no tanto porque ahora voy a tener que estar pendiente de que tú y Anthea no hagáis manitas mientras entrenamos.' – Dijo James en una fingida seriedad. – 'Y entre vosotros dos y Lyn y Darren…'

Los tres muchachos estallaron en carcajadas.

Llegaron Remus y Ió y ambos abrazaron a Anthea y no la dejaron en paz hasta que se aseguraron de que estaba en perfecto estado. Cuando llegó Kaienne, la rubia fue hacia su mejor amiga y se echó a llorar al tiempo que la abrazaba. La escena consiguió emocionar a los demás, como aquella vez que habían atacado a Lily y a Sam.

'Joder…Tanto sentimentalismo.' – Sirius se giró. – 'Me van a hacer llorar y todo.'

'No sabía que fueras tan sensible, Sirius.' – Le dijo Lily riendo.

'¡Yo no soy sensible! – Rugió él.

'Ya, y por eso se te cayeron las lágrimas en Navidad cuando mi madre y mi padre te dijeron todo aquello.' – Se burló James.

Ió, Sam y Lily se partían de risa.

'¡Tú también acabaste llorando!' – Se defendió Sirius.

'¡Fue por tu culpa!'

'Bueno, chicos ya vale.' – Remus puso paz, como de costumbre. – 'Que ya nos hemos enterado de que sois unos lloricas.'

'¡REMUS, TE LA ESTÁS JUGANDO!' – Bramó Sirius.

Anthea y Kaienne volvieron a ellos y la discusión cesó. Lily dijo la contraseña y la gárgola les dio paso al despacho del Director Dumbledore. Subieron las escaleras y se extrañaron al escuchar varias voces provenientes de arriba y el ruido de pasos yéndo y viniendo les indicaron que había jaleo en el despacho del director. James se adelantó en el último tramo de las escaleras al escuchar el bullicio y entreabrió la puerta unos centímetros:

'Albus, Alastor pide que nos demos prisa.' – Decía alguien.

'Es Gideon Prewett…' – Informó James a los demás, que estaban apelotonados en la escalera, en voz baja. – 'También está Emmeline Vance, Alice y McGonagall.'

'No seas cotilla, James.' – Lily lo quiso apartar. – 'Entremos de una vez.'

'¡Estás loca!' – Susurró James agarrándola. – 'Me quiero enterar de lo que pasa en la Orden del Fénix.'

'Señor Potter y compañía.' – Albus Dumbledore abrió la puerta con una sonrisa bondadosa. – 'Siento decirle que aún no es miembro de la Orden y por lo tanto no pueden saber lo que aquí sucede.' – Les hizo un gesto para que entraran y al ver la cara de Anthea preguntó: - '¿Qué ha ocurrido?'

La misma Anthea iba a tomar la palabra cuando el Patronus de un lince entró por la ventana.

'Albus, Riddlel acaba de llegar a King's Cross y los Mortífagos se han empezado a mover. Warren me ha dicho hace un momento que los Hewitt y los Malfoy van por Robert Keith, pero Fenwick y yo nos encargamos de protegerle.'

Ió dio un respingo y Sam tragó saliva.

'Lo peor es que esto está abarrotado de muggles y Alastor dice que los Mortífagos nos superan en número.'

El lince se esfumó y Dumbledore empezó a dar órdenes.

'Gideon, ves en busca de los Aurores.'

El pelirrojo cogió polvos flu y se metió en la chimenea para desaparecer un segundo después.

'Alice, Emmy, nos vamos para King's Cross.' – Les dijo Dumbledore, y las muchachas se fueron a la chimenea para desaparecer también. – 'Minerva te dejo a cargo de la escuela y de todo lo que acontece aquí.'

'Vete tranquilo, Albus.'

Dumbledore se iba a meter en la chimenea también cuando Ió Keith saltó y lo agarró de la túnica.

'Profesor, deje que vaya.'

'Le prometo que verá a su padre aquí esta misma noche, Ió.' – Le dijo el director. – 'Ahora debo marcharme.'

Ió apretó los puños y se alejó de la chimenea. Dumbledore desapareció tras decir el lugar donde quería aparecer. Minerva McGonagall se acercó a la Ravenclaw, pero Ió pidió con un gesto que se la dejara en paz y se dejó caer en una de las sillas de la estancia con la cara ensombrecida por la preocupación.

Sam Hewitt la observó y se mordió el labio sintiéndose culpable. Dio un golpetazo en la pared y se marchó del despacho de Dumbledore porque no soportaba ver así a Ió por culpa de que sus padres tenían intención de matar al de ella.

Sam se sentó en uno de los escalones de la escalera de caracol y dio otro golpetazo en la pared.

'Mierda…'

¡Hola! ¡Aquí va el Nº50! La verdad es que cuando empecé esto no imaginaba que fuera a dar para tanto y lo cierto es que estoy muy contenta por llevar esos 50 capítulos y ver que nadie se ha aburrido de la historia, sino que parece que cada vez más gente la lee.

Mil gracias a blacksam12, Anna Kiyouyama, augusblackevans, Triss Evans, Armelle Potter, Prongs, Camila, leniis, Colibrí Black(con ese mega review XD), lily merodeadora, Evasis(con otro super review), jhl89, Joslin Weasley, Columbine Elfglitter, Jusse, Saiyuri11, lupinablack, keniliz y lili tonks por vuestro tiempo y vuestros reviews!

¡Un BESO ENORME para todos!

;)

Eneida