Capítulo 7: Vente conmigo...
Shane se levantó tarde, por primera vez desde su visita al neurólogo había dormido toda la noche del tirón, vio como el despertador marcaba las nueve y fue inmediatamente a levantarse para tomarse su ansía medicación. Se sonrojó al darse cuenta de que se había quedado dormido abrazado a Glen, y agradeció que este estuviera dormido y con el libro apoyado sobre su abdomen para que no se diera cuenta.
Miró a sus pies, el tic en la pierna seguía pero Shane no le volvió a dar importancia. Cuando apoyó la pierna en el suelo gritó del dolor y Glen se despertó de un salto.
- ¿Qué te pasa? – preguntó que estaba con el brazo totalmente estirado pues Shane había ido a parar al suelo
- Nada… Dios, el tic que tenía anoche sigue estando ahí, he apoyado la pierna y siento como si me la hubiera partido… - explicó Shane sujetándose la pierna
Glen saltó por la cama, se agachó y cogió a Shane en brazos para depositarlo en la cama.
- A ver, antes de nada. ¿Dónde están tus pastillas? – preguntó pensando que lo mejor sería relajarlo y luego ya mirar a ver como iba la pierna
- En mi maleta, en el bolsillo de fuera.
Glen las buscó soltando a Shane, este no se movió de la cama bueno, no se bajó pero si dio varias vueltas en ella atosigado por el dolor. Glen le entregó los medicamentos y este se los tomó.
- A ver… - dijo Glen cuando ya hicieron efectos - ¿La pierna derecha? – preguntó
- Sí… Dios, duele. – dijo Shane quieto
Glen cogió de la goma elástica de los pantalones a Shane y tiró hacia abajo.
- ¿Pero que haces? – exclamó
- Te voy a dar un masaje. – explicó Glen – Puede que el dolor solo sea de los músculos que has tenido en movimiento continuo toda la noche, se hayan atrofiado y distendido. Voy a masajearte la pierna para que cada tendón se ponga en su sitio. ¿Te parece bien? – preguntó
Shane asintió y dejó de tocarse la pierna. Glen dejó el pantalón del pijama por ahí y se sentó en la cama a la altura de las rodillas de Shane. Le cogió la pierna dolorida y comenzó a masajearla con fuerza.
- Aaaau…. – se quejó Shane
- Lo siento. – se disculpó Glen, pero siguió a ello
Al rato, Shane ya no notaba dolor en la pierna solo las suaves manos de Glen pasando por ella.
- Creo que ya… - dijo Shane
- Sí. Ya no tienes el tic. – dijo Glen y se puso muy rojo
- Oye, que te has puesto como Heidi el día que le vino la regla… ¿Qué pasó? – rió Shane
- Tienes una erección… - advirtió Glen
Esta vez el que se puso rojo y salió corriendo al baño fue Shane. Glen se levantó, agitó la cabeza y medio sonrió, a veces Shane era muy vergonzoso para cosas que tenía que ver con su enfermedad, al menos creía que era eso lo que le había provocado la erección. Estuvo tentado de entrar al baño y observar lo que hacía pero lo dejó para llamar a Vince y que fuera a por él.
Se vistió, hizo su maleta y recogió toda la ropa de Shane dejándole la limpia fuera. Esperó a que Vince llegara y el aprovechó para irse.
- ¿Ha pasado buena noche? – preguntó Vince antes de que Glen saliera
- Sí… Ha dormido de un tirón. – contestó Glen
Vince le cogió del brazo y le miró con los ojos abiertos de par en par.
- ¿De un tirón? ¿Qué a dormido de un tirón? – exclamó
- Sí… Estuve hasta las siete despierto y no se despertó… - explicó Glen - ¿Por? ¿Pasa algo?
- Eh… Que nunca desde que está en casa había dormido de un tirón…. – explicó Vince - ¿Le has dado algo?
- No… Solo le estuve leyendo un poco de esto… - dijo enseñándole la portada del libro que llevaba en la mano. – Debió de aburrirle y por eso se quedó dormido tan pronto…
- Me sorprende…
Glen no dijo nada más y se fue pues tenía que desayunar y su avión salía a las doce.
- ¿Qué te ha hecho Glen? – preguntó Vince entrando
- A mí nada. – respondió Shane vistiéndose
- Pero me ha dicho que has dormido toda la noche del tirón…
- Es verdad, pero no me ha dado nada…
Vince se encogió de hombros y regresaron a Greenwich.
- ¿Puedo invitar a Glen a comer el día de acción de gracias? – preguntó Shane en el vuelo
- ¿Invitarle? ¿A comer? Bueno… Pero no sé porqué…
- Me cae bien, solo eso. ¿Quiénes vendrán? ¿Paul, Steph, las niñas…? Me gustaría que viniera él también porque se está portando bien conmigo y eso… - murmuró Shane rojo
- Me parece bien. – aceptó Vince – Llámale y si él no va a comer con la familia pues que venga a casa.
Durante el viaje en avión, Glen pensó que podría invitar algún día a Shane a cenar. Quería conocer más sobre su enfermedad y aconsejar a Vince de cómo podría reaccionar si este tenía algún ataque de ira o histeria. Pero sobretodo, quería cenar con él para saber más de su persona, quería saber cuales eran sus hobbies, sus gustos sobre la música y literatura y también sus gustos sobre lo personal.
Quería saber porque le ha había hecho la pregunta sobre si le quería, no sabía como interpretarlo ahora así que prefería no pensar en ello para no comerse la cabeza.
Tenía unas ganas inmensas de llegar a casa y descansar, así que cuando lo hizo emitió un gran suspiro de alivio. Soltó las llaves en un cesto que tenía sobre una mesita que había en la entrada y se apoyó en la puerta cerrándola. Soltó las maletas en el suelo y acarició al cocker negro que se le acercó moviendo el rabo contento al ver a Glen.
- Hola Holly. – saludó el dueño sonriendo
Acarició al perro durante un rato hasta que subió a su habitación a soltar las maletas. En el pasillo superior, las paredes estaban repletas de carteles de películas famosas enmarcadas: El padrino, El resplandor, Los simpsons…
Entró a su habitación donde todos los muebles eran de colores oscuros: el gran armario que había a su izquierda, la cama que tenía enfrente donde las sábanas y el edredón también eran de colores oscuros. Deshizo la maleta echó a lavar la ropa sucia y la rellenó con ropa limpia para tenerla lista para el próximo show.
Bajó a la cocina donde ninguna pared quedaba libre pues estaba llena de muebles de cocina, alacenas y electrodomésticos. En mitad de la estancia había un gran mueble bar con la vitrocerámica. Al fondo una gran cristalera que daba al jardín trasero donde se veía una mesa, un par de sillas y una gran piscina cubierta. Se preparó un sándwich y con una cocacola cenó allí mismo.
Fue al salón a ver la tele, este tenía una decoración simétrica. Al fondo tenía una chimenea y en el centro de la habitación había tres sofás de cuero negro orientados hacia un televisor de plasma que descansaba junto a la pared. Detrás de los sofás había una mesa-comedor rodeada por seis sillas.
La madera de la mesa, al igual que la de las estanterías que rellenaban la estancia con libros, música y videojuegos, eran de color oscuro. No es que Glen fuera muy colorista, pero al menos se olvidaba que tenía cuarenta años cuando jugabas a videojuegos tales como: Crash Bandicot o Gran Telf Auto.
Se tendió en el sofá y puso el televisor.
- Coño, un capítulo de House. – dijo riéndose – Joe… Es repetido… - dijo al darse cuenta. Desvió la vista a la parte superior de su DVD donde descansaba la carátula de la misma serie con el mismo capítulo que estaban retransmitiendo ahora.
Glen cerró los ojos, el cansancio le venció y se durmió. Soñó que ocurría algo muy parecido a lo que le ocurrió con Shane en las duchas, salvo que el no tenía ropa y no "duchaba" a Shane sino que le masturbaba.
Se despertó de golpe y rotó los ojos por todo el salón, dejó descansar la vista en una pequeña estantería donde descansaban varias fotos. Tenía una de él con su ex mujer de la que se había separado hace muchísimo, otra de sus hijastras, que a pesar de no tener ningunos lazos con él cuando se divorció de su madre, les tenía cariño. Y al lado, una foto de su último ex: Isaac.
Le había querido muchísimo, y aún lo seguía haciendo, pero hacía seis meses que había fallecido. Glen zarandeó la cabeza al recordarlo, lo había conocido en un parque de atracciones y juntos habían compartido 3 maravillosos años de sus vidas. Una semana antes de que muriera le diagnosticaron un cáncer cerebral terminal, le dieron seis meses pero las cosas se complicaron y duró una semana.
Nadie de la empresa supo de esa relación, solo Stephanie y fue porque Glen le pidió días de permiso para enterrarle y pensar.
Gracias a Dios ahora sentía algo hacia otra persona y ya solo pensaba en complacerle, aunque no creía que podía ser complacido de la misma manera.
