LI
Alice miró a un lado y a otro con recelo. Se esforzó por intentar ver algo sospechoso que los delatara pero la abarrotada estación de trenes de King's Cross parecía estar tan normal como siempre. Tan solo Dumbledore destacaba y era el centro de atención. Parecía que lo habían sacado de una fiesta de disfraces con aquel gorro, la túnica morada y la larga barba blanca. Los pocos niños que había por allí se lo quedaban mirando asombrados. Alice pensó si Voldemort y los Mortífagos se habrían enterado ya de que Albus Dumbledore estaba ahí y deseó que así fuera y que su presencia los hiciera desistir. Era la primera vez que la batalla iba a tener lugar en pleno centro de Londres y con centenares de muggles rondando tranquilamente por lo que se iba a convertir en pleno campo de batalla y nadie sabía de fijo cuales podían ser las consecuencias.
Alice miró a todos lados otra vez, estaba nerviosa y es que Dumbledore le había asignado la misión específica de llevar a Robert Keith sano y salvo a Hogwarts y tener en sus manos la seguridad de una persona, que no era ni más ni menos que el padre de una amiga y una influyente autoridad en el Ministerio Mágico, la ponía más nerviosa que enfrentarse al mismo Riddle.
'Profesor, ¿ha visto a alguno de ellos?' – Preguntó Alice en un susurro.
'Lamentablemente sí.' – Contestó Dumbledore con el semblante serio. – 'Espero que Anne no tarde mucho en hacer lo que tiene que hacer.'
En ese justo momento sonó un suave tintineo, como si de una campana se tratara, por megafonía:
'Queridos usuarios del servicio de trenes de King's Cross…'
'Es Anne.' – Suspiró Alice con una sonrisa. – 'Por fin…'
La gente se detuvo a escuchar.
'Debido a diversas incidencias, el servicio de trenes ha sido interrumpido momentáneamente. Ningún tren tendrá salida hasta nuevo aviso. Sus billetes y reservas seguirán siendo válidos para cuando la línea haya sido reestablecida.'
Muchas personas empezaron a protestar en voz alta y rápidamente se agolparon en las taquillas pidiendo explicaciones. Los conductores de tren y revisores fueron avasallados a quejas a pesar de que ellos tampoco tenían ni uan mínima idea de lo que estaba pasando.
'Les rogamos que abandonen civilizadamente la estación hasta que esas incidencias hayan sido arregladas. Lamentamos los retrasos que podamos ocasionar.'
Alice se lamentó al ver que el mensaje de su compañera, Anne Warren, no había surtido efecto. La gente se negaba a abandonar la estación y exigía saber que graves incidencias habían podido cortar todas las líneas de trenes. Tras unos minutos en los que pocas personas hicieron caso de lo que se había dicho por megafonía, la campana sonó otra vez.
'Queridos usuarios del servicio de trenes de King's Cross…' – La voz de Anne sonó irritada esta vez. –'Les informo de que hemos recibido un aviso de bomba. Repito: un aviso de bomba. Abandonen la estación de King's Cross inmediatamente.'
'Genial, Anne…' – Se oyó decir a una segunda voz por megafonía y Alice reconoció a Frank. – 'Muy delicado el aviso…'
El pánico cundió con el aviso y la gente se precipitó en estampida hacia las salidas.
'¡Alice!' – La llamó Dumbledore. – '¡Acabo de ver a Benjy! ¡En el andén siete!'
Alice hizo un esfuerzo por localizar el andén siete y evitar a la vez que la gente la llevara hacia la salida o la tirara al suelo. Alcanzó a ver a Kinglsey bajando con Robert Keith del tren apeado en aquel andén. Dumbledore y ella se vieron obligados a separarse para avanzar.
'¡Alice!' – Alguien le cogió de la mano. – '¡Soy Fabian!'
Alice vio la cabeza pelirroja del chico entre la gente que los separaba y se abrió paso hasta que se encontraron.
'¡Vamos!' – El muchacho tiró de su mano y Alice vio que en la otra llevaba la varita. – '¡Hay que sacar a Keith de aquí! ¡Están por todas partes! ¡Es cuestión de seg…'
Fue como si la tierra crujiera. La voz de Fabian fue ahogada para dar paso a un ruido ensordecedor que casi le reventó los tímpanos. Ambos se vieron impulsados por una fuerza descomunal y cayeron al suelo. Milésimas de segundos más tarde una onda de calor se propagó por toda la estación acompañada de escombros de metal. Alice y Fabian se abrazaron en el suelo para tratar de protegerse. A todo esto le siguió un silencio aterrador y todo se llenó de humo.
'¡Alice!' – Escuchó la voz de Fabián como si fuera un leve susurro a pesar de que lo tenía al lado. – '¿Estás bien?'
Ella asintió y después levantó la vista y miró al frente. Entonces fue consciente de lo que había sucedido: el tren del andén siete había volado por los aires. A su alrededor había montones de cuerpos esparcidos, algunos inertes y otros que se movían débilmente.
La estación se había quedado casi vacía, las pocas personas que aún se mantenían en pie salían por las puertas de salida gritando asustadas.
'¡Ahí está Dumbledore!' – Exclamó Fabian. – '¡Con Keith, Kingsley y Benjy!'
Dumbledore y los demás estaban bastante alejados de la vía siete y parecían estar intactos. O bien se habían alejado del tren a tiempo o habían usado la magia a pesar de los muggles. Dumbledore estaba ayudando a Robert Keith a levantarse cuando un rayo de luz roja pasó entre ellos. Inmediatamente, el director de Hogwarts alzó un escudo protector para él y el político. Alice dio un respingo cuando de detrás de las llamas que quedaban de los escombros del tren explotado surgieron las siluetas de gorros negros puntiagudos.
'Ahí están…' – Alice sacó su varita. – 'Mortífagos.'
En el andén siete, Kingsley Shackelbot y Benjy Fenwick empuñaron sus varitas y al momento Frank Longbottom, Anne Warren, Alastor Moody y Emmeline Vance se aparecieron a su lado con las varitas en alto.
'¡Vamos!' – Le gritó Fabian Prewett.
El corazón de Sam era un huracán de sentimientos opuestos que no le dejaban pensar con claridad. Sabía que lo que sus padres pretendían no tenía nada que ver con ella y aún así se sentía culpable por aquellos sollozos de Ió que le llegaban desde arriba; sentía la necesidad de ir a Londres y tratar de detener aquella locura, pero estaba sentada en las escaleras sintiéndose impotente, pues sabía que aunque estuviera en King's Cross no sería capaz de enfrentarse a sus propios padres, porque les quería…aunque los odiaba a la vez.
'¡Joder!' - Descargó su ira dándole un puñetazo a la dura pared de piedra y el dolor que le provocó consiguió arrancarle aquellas lágrimas que llevaba reteniendo desde que había escuchado el mensaje del Patronus. – 'Maldita sea…'
Gritó de rabia y eso le impidió escuchar varios pasos ajetreados en la escalera. Tan solo se dio cuenta de que había dejado de estar sola cuando la mano de Sirius le impidió golpear de nuevo la pared y la voz de su mejor amiga gritó con angustia:
'¡Sam, no hagas tonterías!'
Ambos, Sirius y Lily, estaban detrás de ella, en la escalera.
La muchacha dejó caer la mano que Sirius le sujetaba, se giró hacia él y al verle se echó a llorar y Sirius la abrazó con fuerza. Lily le acarició la cabeza suavemente y trató de consolarla:
'Sam, cariño, no es culpa tuya…' – Le dijo con voz dulce al tiempo que entrelazaba su mano con la que ella tenía en la espalda de Sirius. – 'No llores. No es justo que te sientas mal por algo que tú no has hecho.'
'Pero quiero hacer algo para pararlos…' – Murmuró ella mirando a Lily por enzima del hombro de Sirius. – '¡No puedo quedarme de brazo cruzados!'
'Sam, hay cosas que no están en nuestras manos.' – Sirius la besó en la mejilla y la miró a los ojos. – 'Esta es una de ellas. Sé que quieres ir a King's Cross y meterte en la batalla para salvar al padre de Ió y parar a tus padres, pero siendo sincero, no harías nada más que entorpecer a los de la Orden del Fénix y en consecuencia provocarías que ellos no pudieran concentrar todos sus esfuerzos en proteger a Robert Keith.'
'Pero me siento impotente…' – Sam escondió su cara en el pecho de Sirius. – '¡Necesito hacer algo!'
Lily le apretó la mano y Sam volvió a mirarla a los ojos.
'Quizás no puedas detener a los Mortífagos, pero si que puedes detener a los Sangre Pura.' – Lily le sonrió dulcemente. – 'Al fin y al cabo, los Sangre Pura son los Mortífagos de Hogwarts y como ellos, pretenden atentar contra la vida de cuatro personas que tanto para nosotras, como para sus amigos y familia, son muy importantes.' – Lily le señaló a Sirius con la mirada. – 'Para que nadie sufra como lo está haciendo Ió, porque un ser querido está en grave peligro, hagamos algo que si está en nuestras manos y echemos a los Sangre Pura de Hogwarts de una vez por todas.' – Lily le sonrió. – 'Sé inteligente. Devolvámosle el golpe a Riddlel.'
Sam se secó las lágrimas y miró a Sirius a los ojos.
'Te necesitamos arriba.' – Le dijo él. – 'Además, así también harás algo por Ió al proteger a Remus.'
'Esta bien.' – Asintió. – 'Gracias.'
Lily se acercó, la besó en la mejilla y le apretó la mano.
'Os espero arriba.'
Lily soltó su mano de la de Sam y desapareció por las escaleras de caracol. Al quedarse a solas Sirius estrechó a Sam contra él, en un abrazo que dejó descolocada a la chica a la vez que la llenó de alegría.
'No vuelvas a llorar por tus padres, Sam.' – Le susurró Sirius al oído. – 'Ellos no se merecen tus lágrimas…'
Una familia que no sabía apreciar a su hijo, que había sido capaz de desterrarla de ella, no era una familia por muchos lazos de sangre que tuvieran. Y quizás él, Sirius, podía entender que él hubiera sido renegado de los Black, pues para que mentir, siempre fue la oveja negra desde bien pequeño…pero Sam…Ella, que nunca había dado problemas como había hecho él, que siempre había demostrado su afecto por sus padres y no les había insultado nunca como él había hecho, que jamás trató de escapar de su casa porque creía en su familia y la quería…
A Sirius le parecía un pecado que los Hewitt hubieran apartado de ellos a una chica tan increíble, cariñosa y buena como Sam y por ello, odiaba verla llorar por su culpa.
'No puedo hacer nada, Sirius…' – Confesó ella con una sonrisa. – 'Quizás parezca una idiota, pero el caso es que a pesar de todo les quiero y yo nunca oculto lo que siento.'
Sam le cogió la cara con las manos y le besó suavemente en los labios.
'Pero te prometo que seré más fuerte por ti.' – Le sonrió. – 'Porque te quiero.'
Aquella frase solo le dio la razón a lo que pensaba y no le sorprendió darse cuenta de que admiraba a Sam por su capacidad de amar y su fortaleza.
Sirius y Sam se miraron a los ojos y se fundieron en un largo e intenso beso.
'Te amo, Sam.'
Sam le correspondió con otro beso y le cogió la mano y empezó a subir las escaleras.
'Vamos…Los Sangre Pura no os dejaran en paz y no abandonaran la escuela por gusto.'
King's Cross era un amasijo de polvo, escombros, humo y fuego. La Orden del Fénix y los mortífagos se habían ido separando conforme avanzaba la batalla y se habían ido esparciendo por toda la estación. Lord Voldemort aún no había hecho acto de presencia. Alice se debatía en duelo contra uno de los mortífagos, apenas a escasos metros de donde Dumbledore seguía luchando con Keith al lado. No había tenido oportunidad de desaparecerse con el político aún y el mortífago que luchaba contra ella no la dejaba ni respirar.
'¡Animo Link…'
'¡Impedimenta!'
Alice miró de reojo a sus compañeros: Fabian y Anne se debatían contra otros Mortífagos en el andén de delante. Frank había desaparecido de su vista, así como Ojoloco y Emmeline, a los que hacía demasiado rato que no veía. Escuchaba explosiones provenir de todos los rincones de la estación y mil rayos cruzaban el lugar de punta a punta. Benjy y Kingsley ayudaban a Dumbledore y a Keith.
'¡Avada Kedavra!'
'¡Protego!'
Alice saltó hacia el interior de un tren que tenía la puerta abierta y la maldición asesina rompió el escudo y resquebrajó la pared del vagón donde impactó. La Gryffindor se levantó rapidamente, con todos los sentidos en alerta y la varita en alto. ¿¡Cómo había sido tan tonta para bajar la guardia!? Aguardó expectante para ver si escuchaba a su oponente y después miró por la ventanilla, por si seguía fuera. Al mirar por la ventana vio a Frank enfrentándose a otro mortífago al otro lado del andén donde ella había estado y se sintió aliviada al saber que seguía vivo. Alice pensó en aparecerse a su lado, pero no se atrevía a tentar a la suerte. Había muchísimos hechizos desviados de ambos bandos y podía ser blanco de cualquiera de ellos.
'¡Everte Statum!'
El conjuro la pilló completamente de improviso y le alcanzó de lleno. Alice fue elevada en el aire y se golpeó con el techo para luego caer como un peso muerto al suelo. La varita le resbaló de las manos y aquel agudo dolor en la espalda la dejó paralizada.
'¿Sabes?' – Murmuró burlón el Mortífago tras la máscara. – 'Me va mucho mejor desde que me echaron de Hogwarts.'
'Por supuesto, Yaxley…' – Concedió Alice reincorporándose. Le había reconocido la voz. – 'Hogwarts es demasiado bueno para un desgraciado como tú o como Black.'
'¡Diffindo!'
Alice soltó un grito de dolor cuando el rayo de luz impactó en la espalda, rajándole el uniforme de Hogwarts y abriéndole un largo corte.
'Tranquila…'- Rió la serpiente. – 'Ahora mismo te mandaré derecha la lugar que te corresponde a ti, Shackbot…'
'No sueñes, inútil.'- Alice localizó su varita y le tendió la mano.
En questión de milésimas de segundos su varita la reconoció y voló hasta su mano justo cuando Yaxley atacó. Alice contraatacó a la vez. Los dos conjuros salieron de sus varitas con una fuerza tremenda y todo tembló. La muchacha comprendió que los conjuros explotarían al chocar y supo que si no se desaparecía saltaría por los aires. Cerró los ojos y dejó de notar el suelo. Apenas todo empezó a girar escuchó la explosión y sintió arderle la piel.
Mientras tanto en el despacho de Albus Dumbledore se llevaba a cabo la reunión:
'Considero que la situación es extremadamente grave y por ello creo que se deben tomar las máximas precauciones posibles.' – Minerva McGonagall tenía las manos entrelazadas sobre la mesa y miraba a sus alumnos con extrema seriedad. – 'Teniendo en cuenta como están las cosas fuera de la escuela…' – Miró fugazmente a Ió, que tenía la mirada pérdida en algún punto de la habitación. – '…y teniendo en cuenta de que Anthea ha quedado fuera de los Sangre Pura, no nos podemos arriesgar.' – Miró a cada uno de ellos al tiempo que pronunciaba las siguientes palabras: - 'Los Sangre Pura ya no tienen cabida en Hogwarts.'
'Así que hemos llegado al final de la misión que aceptamos cuando atacaron a Sam y a Lily.' – Pronunció James con una sonrisa decidida. – 'Vamos a echar a los Sangre Pura de Hogwarts.'
'A eso me refería, señor Potter.'
Todos se pusieron a hablar y a murmurar emocionados sobre el asunto, pero Lily no las tenía todas consigo. No creía que todo fuera tan fácil como una simple expulsión.
'Pero profesora…' – Lily tomó la palabra y los demás callaron para escucharla. – 'Solo se puede echar a un alumno si se tiene un motivo importante y a no ser que cojamos a los Sangre Pura con las manos en la masa no habrá motivo alguno para echarlos, ¿verdad?'
'Desgraciadamente así es.' – Asintió la profesora. – 'Habrá que tomar precauciones entorno a la seguridad de los señores Pettigrew, Potter, Black y Lupin.' – Informó la profesora mirando a los cuatro sujetos exclusivamente y en un tono de advertencia añadió: - 'Y eso quiere decir que ustedes deben implicarse en contribuir a su propia seguridad.'
James y Sirius abrieron los ojos de par en par y se miraron asustados al haber captado lo que la profesora les estaba intentando decir.
'¿Qué ha querido decir exactamente con esa última frase, queridísima e ilustrísima profesora?' – Preguntó Sirius con una sonrisa nerviosa.- '¿Me lo podría especificar?'
'Creo que está claro.' – Respondió McGonagall, pues era obvio.
'No se puede referir…' – Empezó a decir James con la voz ahogada.
'¿A cortarles sus correrías por la noche tras el toque de queda?' – Se adelantó la profesora inclinándose hacia ellos por encima de la mesa y alzando progresivamente la voz.- ¿A pasearse tranquilamente por la sección prohibida del castillo? ¿¡A saltarse las clases para realizar una de las suyas o simplemente para tomar el sol al lado de lago!? ¿¿¡¡A sus escapadas a Hogsmeade!!?? ¿¡O A ESAS INCURSIONES QUE HACEN AL BOSQUE PROHIBIDO!? ¡¡¡LUGAR QUE LES RECUERDO QUE ESTÁ FUERA DE LOS TERRITORIOS DE HOGWARTS Y POR LO TANTO PROHIBIDO!!!'- McGonagall se puso de pie, incapaz de aguantar aquella ira, y apoyándose en la mesa con las palmas de las manos casi se tiró encima de ellos al decir la última frase: - '¡¡COMO ME ENTERE DE QUE NO CONTRIBUYEN A SU PROPIA SEGURIDAD LOS MANDO DE UNA PATADA A CASA!! ¿¡SE LO ESPECIFICO MÁS SEÑOR BLACK!?'
'No profesora…' – Respondió Sirius algo cohibido. – '…ha quedado claro cristalino como el agua.'
Alice giraba sin parar visualizando la imagen del lugar donde Dumbledore, Robert Keith y Kingsley luchaban.
'¡Soy Alice!' – Gritó apenas se había aparecido para evitar que sus compañeros la hechizaran creyendo que era un mortífago. – '¡Soy estudiante de séptimo de Gryffindor! ¡La novia de Frank Longbottom!'
Cuando Alice apareció tendida en el suelo y con la espalda sangrando se encontró con la varita de Ojoloco tocándole la punta de la nariz.
'¡Alastor!' – Bramó Alice al tiempo que se apartaba rápidamente. – '¡No me apuntes con eso! ¡Soy yo, porras!'
'Dísulpa, Alice. Pero cualquier medida de precaución es poca hora mismo.'
El ojo de Alastor se volvió hacia atrás y al momento el auror se giró lanzando un hechizo certero a un mortífago que se disponía a atacar a Emmeline Vance por la espalda en la otra punta del andén. La muchacha se lo agradeció desde la lejanía. Alice miró fascinada al auror y dedujo que si había vuelto junto a Dumbledore era porque se había librado de sus oponentes. La Gryffindor evaluó la situación de sus comapñeros: Emmeline parecía estar bien y se batía en duelo con un mortífago y Fabian andaba cerca de ella también luchando con energía. Anne combatía junto a Benjy en un duelo doble y no parecía que tuvieran problemas. A unos metros de ella Albus Dumbledore se batía con tres mortífagos a la vez que no eran rivales para él y el cuarto lo mantenía Kingsley a raya con Keith a su lado, espalda contra espalda. Solo faltaba Frank…
'¡Soy Frank!'
Alice escuchó la voz de su novio como un eco y aún no había acabado de aparecerse cuando Alastor Moody ya le estaba apuntando con la varita. El muchacho dio un salto cuando se encontró la varita de Ojoloco en las narices.
'¡Que soy yo!' – Gritó a la defensiva. – '¡Entré a la Orden el mismo día que acabé en Hogwarts hace un año! ¡Y déjate de chorradas! ¡Acaba de pasar algo muy extraño!'
Alastor dejó de apuntarle pero su ojo volvió a girar en todas las direcciones.
'¿Qué ocurre muchacho?'
El ruido de la batalla: las explosiones, los conjuros, los gritos…todo fue aminorando.
'Estaba luchando contra uno de ellos y apareció otro y le dijo algo del Señor Tenebroso y susurraron el nombre de Alfred Dallas.'– Explicó Frank muy serio.
'¿¡Dallas!?' – Bramó Ojoloco. – '¿¡El juez del Tribunal Mágico!?'
'El juez.' – Aseguró Frank con un semblante serio. – 'Después se han desaparecido.'
'¡Albus!' - Alastor Moody se giró hacia el director.-'¡Frank di…'- Se calló al instante al percatarse de lo que ocurría
La batalla se había detenido. Alice y Frank se quedaron de piedra al mirar a su alrededor y ver que absolutamente todos los Mortífagos se habían desaparecido.
'¿Dónde están?' – Susurró Frank.
La situación era desconcertante.
'¿Qué porras está pasando?' – Gritó Benjy Fenwick aún empuñando la varita y con Anne pegada a sus espalda con la varita también en alto. – '¿¡Porqué se han largado!?'
'¡No bajéis la guardia!' – Ordenó Albus Dumbledore a los jóvenes. – '¡Atentos a cualquier percepción!'
Dumbledore le lanzó una mirada a Alastor Moody y el auror respondió al momento:
'Se han desaparecido.' – Informó con el ojo girando a mil revoluciones por segundo. – 'No están en la estación.'
'Albus, esto es muy extraño.' – Murmuró Kingsley. – 'Propongo poner al señor Robert Keith a salvo y después averiguar que está pasando.'
'Alice, ya sabes lo que hay que hacer.' – Le dijo el director a la Gryffindor. – 'A Hogsmeade. Aparecte donde ya sabes y después directa a Hogwarts y cortas la Red Flu al llegar, ¿entendido?'
La muchacha marchó hasta el político sin demorarse mientras que sus compañeros seguían en alerta máxima ante cualquier movimiento. El padre de Ió poseía aquellos inmensos ojos azules que tenía su hija y Alice sonrió al imaginar lo contenta que se iba a poner la muchacha cuando llegaran a Hogwarts. Cogió del brazo a Robert Keith y cerró los ojos para concentrarse.
'¡Frank dice que varios Mortífagos se han marchado y que hablaban de Alfred Dallas!'
Oyó decir a Ojoloco y al momento Albus preguntó serio:
'¿De Alfred?'
Alice se mordió el labio, le estaba costando desaparecerse. Suponía que se debía al golpe sufrido y a los nervios del momento. Respiró hondo para calmarse cuando Ojoloco gritó:
'¡ESTÁN AQUÍ!' – Informó el auror al tiempo que unas figuras negras empezaban a aparecerse como si fueran polvo negro surgido de la nada.- '¡Y VOLDEMORT ESTÁ CON ELLOS!'
'¡Márchate Alice!' – Gritó Dumbledore.
Alice se concentró y pensó en Las Tres Escobas, en el pueblo de Hogsmeade. Notó como todo empezaba a girar a su alrededor y sus pies se elevaron débilmente y entonces la invadió una desagradable sensación. Notó el duro suelo de la estación y todo se detuvo de golpe. Al abrir los ojos vio que seguía en King's Cross y que a su alrededor la batalla se reanudaba con una agresividad que no había habido antes. Agarró fuertemente a Robert Keith y trató de desaparecerse otra vez. No pudo.
Escuchó la risa malvada de Lord Voldemort y al abrir los ojos se encontró con que unos ojos rojos la miraban burlonamente. Alice entendió lo que ocurría.
'¡Han hechizado la estación!' – Gritó presa de la histeria. – '¡No puedo desaparecerme!'
Ni siquiera llegó a saber si sus compañeros la habían escuchado o no. Solo tuvo opción de volver a la lucha.
Sobre la estación de King's Cross había una calavera brillante con una serpiente recorriéndola por sus orificios.
En la Sala de los Menesteres los muchachos estaban reunidos para acabar de planificar la defensa de los Merodeadores a pesar de la oposición de estos.
'Escuchad…' – Sirius tomó la palabra porque James hacía ya un buen rato que estaba enfurruñado sin abrir la boca debido a que Lily le había pegado un sermón de los suyos cuando James informó que con o sin amenazas de muerte, pensaba seguir saltándose las normas. – 'Entendemos que estéis preocupados, pero pensad que nosotros cuatro llevamos casi seis años enteros haciendo nuestras escapadas y que muy pocas veces nos han pillado. Tenemos maneras de escabullirnos para dar y vender. No es plan de que os machaquéis y que nos hagáis de guardaespaldas como se hizo con Lily.'
'Lily estuvo vigilada todo el rato y mira lo que pasó a pesar de eso.' – Objetó Sam. – 'Y aquella vez estábamos como ahora, sabíamos que iban a atacar, pero no sabíamos cuando.'
'Es cierto.' – La apoyo Anthea. – 'No cometamos el mismo error.'
'Yo considero que Sirius tiene razón.' – Remus miró a Lily y le dijo con una sonrisa.- 'No quiero decir que tú estés menos capacitada que nosotros porque ya sé que tu resolviste en unos minutos lo del Manantial mientras que a nosotros nos llevó su tiempo…Pero nosotros cuatro tenemos, y espero que nos guardéis el secreto…'
Peter dio un respingo al adivinar lo que iba a hacer Remus e iba a protestar, pero al ver que a James y a Sirius no les molestaba decidió callarse.
'…un mapa que nos indica dónde está cada persona de este colegio en cualquier momento, además de potentes hechizos ilusionadores y otras cosas más. Por el día los Sangre Pura no atacarán y por la noche, cuando salimos, siempre llevamos el mapa y otra cosa que nos hace imperceptibles.' – Explicó Remus. – 'Además, en el caso de que trataran de atacar, seríamos cuatro y al menos a uno le daría tiempo de mandar un Patronus a los demás.'
'No debéis preocuparos demasiado.' – Sirius les guiñó un ojo. – 'Estamos más que suficientemente preparados.' – El muchacho sonrió. – 'Yo casi que iría pensando en pararles alguna trampa como aquella vez con Hannah Lawrence y Lily como cebo, para que se descubran y así pillarlos y echarlos de Hogwarts. De los contrario, a nuestro querido James le dará un chungazo por no poder saltarse las normas.'
'No te lo tomes a cachondeo, Sirius.' – Le regañó Anthea. – 'Os recuerdo que la última batalla fue bastante dura y que hasta ahora los Sangre Pura siempre se han retirado. Esta vez, como ya sabéis, no lo harán y como ya dije en su día, se llevaran por delante al que sea con tal de conseguir su objetivo.'
'Anthea tiene razón.' – Ió abrió la boca por primera vez desde que el Patronus del lince había aparecido. – 'No sé si os habéis dado cuenta, pero lo que Riddlel está haciendo ahora mismo es alzarse contra el Ministerio.' – Hablaba con rabia y amargura y miraba a los Merodeadores enfadada. – 'Si matan a mi padre, habrá un hueco en el Ministerio y cuando se requiera a alguien para ocupar su lugar, los nobles votarán por Tom Riddlel como candidato y aunque no son mayoría, tienen otras maneras de meter a quienes les interesa en el Ministerio. La otra vez fue mi padre quien evitó que eso ocurriera, si él ya no está, no habrá oposición y Voldemort estará en el Ministerio.' – Ió miró a Remus, a Sirius, a James y a Peter y preguntó incrédula. – '¿Os creéis que cuando eso ocurra los Sangre Pura se quedarán cruzados de brazos? Como ha dicho Anthea, irán a por todas y ahora mismo ya van a por todas porque saben que muy probablemente Riddlel acabe en el Ministerio mañana mismo y cuando eso ocurra no los podrán echar de Hogwarts, pues cómo decía Lily antes, para Riddlel la muerte de unos Traidores a la Sangre no será motivo de expulsión. No seáis ingenuos.'
Ió se cruzó de brazos y giró la cara. La Ravenclaw había dicho una verdad tan grande como Hogwarts y había rebajado en un abrir y cerrar de ojos los humos de aquellos cuatro muchachos.
'Voy a tratar de averiguar el día que los Sangre Pura se piensan reunir o atacar.' – Anunció Anthea al tiempo que se levantaba. – 'Si los otros Sangre Pura no se han enterado aún de que me han echado o si me tienen un mínimo de confianza y respeto quizás pueda sonsacarles algo.'- Le puso una mano en el hombro a Axel y se miraron a la cara. – 'Voy a ser una Sangre Pura durante un rato mas.'
Los chicos miraron a Anthea sorprendidos. Remus y Sirius le iban a decir que no hacía falta, pero Anthea les fulminó con la mirada y ambos decidieron callarse. Si Anthea Landry quería hacerlo ellos no se lo iban a negar. Axel tiró de la mano de Anthea y la hizo inclinarse hasta que pudo besarla en los labios.
'Ves y no desesperes como antes ni hagas ninguna burrada, por favor.'
Anthea le devolvió el beso.
'¡Te quiero!' – Corrió hacia la puerta y antes de salir les dijo muy segura de ella misma. – '¡Nos vemos aquí después de comer!' – Estaba segura de que Malfoy o alguno de los otros se irían de la lengua.
Anthea marchaba con la energía y el ánimo recobrados. Pensaba realizar un último trabajo como espía e iba a realizarlo con éxito. Ni se imaginaba que mientras que ellos habían estado en el despacho de Dumbledore, los Sangre Pura se habían reunido en el Cuartel General por orden de Nick Devoir, quién les había informado de que Anthea estaba fuera y de que cualquiera que tuviera una mínima conversa con ella sobre los Sangre Pura y sus planes correría la misma suerte que un Traidor a la Sangre. Celebraron con fervor lo que estaba ocurriendo fuera del colegio y ni al marcharse Regulus, Nick y Snape les comentaron absolutamente nada a los demás del inminente ataque.
Unos minutos antes de la hora de comer Lily y Sam estaban en la habitación porque la morena le había pedido ayuda a su mejor amiga. Sentada sobre la cama, Lily aguardaba a que Sam dejara de rebuscar en su armario para que le contara por fin qué tenía tanta urgencia como para que hubieran dejado a los demás atrás al volver de la Sala de los Menesteres.
'¿Me vas a decir a qué viene tanto misterio, Sam?' – Preguntó la pelirroja sonriendo. – '¿O voy a tener que aprender legeremancia para saberlo?'
'¿Eres adivina o algo?' – Murmuró Sam aún rebuscando en el armario.
'No gracias. Además, ya sabes que dejé esa asignatura por que me parecía una tontería.' – Replicó Lily haciendo un gesto de desdén. – '¿Por qué dices eso?'
Sam por fin encontró lo que buscaba. Los cogió con sumo cuidado, salió del armario y cerró las puertas de una patada sin volver a recolocar todo lo que había sacado. Cuando vio que Lily la miraba con el ceño fruncido le dijo:
'Te prometo que en cuanto hagamos esto lo ordeno todo.' – La conocía tan bien como para saber que pensaba. Sam se fue a sentar a su lado y una vez allí le enseñó los dos frascos que contenían los recuerdos de Regulus Black de la sesión de Legeremancia. – 'Son los recuerdos de Regulus de cuando me descubrió. Me los dio para que ni yo ni él estuviéramos en peligro si alguna vez Voldemort le leía la mente.'
Lily cogió uno de los frascos y lo examinó a la luz del sol con curiosidad. Que los recuerdos y pensamientos se pudieran guardar era una de las cosas que más fascinantes le parecían de la Magia.
'Por favor, ¿me ayudarás a buscarles un escondite seguro y a sellarlo para que solo yo pueda abrirlo?' – Le pidió Sam. – 'Si alguna vez alguien del bando de Voldemort los ve, mataran a Regulus por traidor.'
Lily le devolvió el frasco y le sonrió.
'No tienes ni que pedirlo.' – La chica se levantó y sacó su varita.
En los jardines de Hogwarts, a la orilla del lago, estaban los Merodeadores. Ninguno de los cuatro se mostraba tan relajado como siempre. Remus no leía su libro, James no jugaba con su snitch y Sirius no estaba haciendo reír a Peter como habitualmente. Sentados bajo el haya, miraban al lago fijamente y aunque estaban ahí físicamente, ninguno de los tres se encontraba allí.
'Casi le digo a Ió que soy un licántropo.'
Durante unos segundos nadie dijo nada y Remus ya estaba pensando en repetirlo cuando James le miró con una ceja alzada y una sonrisa. Acto seguido miró a Peter y se encontró con que el chico tenía la boca abierta de par en par. Diez segundos después, le llegó el turno a Sirius.
'¿¡Qué!?'
Remus se empezó a reír a carcajadas.
'Tienes una capacidad de reacción que va a la velocidad de la luz.' – Ironizó James.- '¿A que sí Peter?'
'Todos sabemos que Canuto siempre ha sido algo más lento.'
James agarró a Sirius antes de que el chico se abalanzara sobre Peter y se dirigió a Remus que se secaba las lágrimas de la risa.
'Lunático, ¿piensas explicarnos ese "Casi se lo digo a Ió"?'
Remus asintió y los demás se sentaron a su alrededor formando un círculo, bien atentos a lo que iba a relatar su amigo.
'Lo que pasa es que Ió ha visto mis ojeras y que no me encuentro demasiado bien últimamente por culpa de la luna llena…'
'Normal, solo faltan dos días.' – Murmuró Sirius en voz baja. – 'Yo ya te he notado un poco más agresivo de lo normal esta mañana.'
'Pues cállate y no me interrumpas otra vez si no quieres saber lo agresivo que me he vuelto desde esta mañana hasta ahora.' – Espetó Remus al recordar que había sido su querido Canuto quién le había interrumpido. – '¿Estamos?'
'Je…' – Sirius esbozó una sonrisa. – 'Vale, rabioso.'
'Volviendo a lo de antes: cuando Ió me ha dicho todo eso me lo he tomado bastante mal y hemos empezado a discutir. Pero cuando me he dado cuenta de lo que estaba haciendo me he sentido un miserable porque en parte le estoy mintiendo y había decidido contarle la verdad.' – Remus se rascó la nuca y murmuró. – 'Pero cuando lo estaba haciendo ha aparecido tu Patronus, Sirius, diciéndonos que habían echado a Anthea de los Sangre Pura y lo he dejado estar.'
El chico de los ojos de ámbar esperó la reacción de sus amigos. Estaba levantando la mirada del suelo cuando alguien se le abalanzó encima dándole un abrazo. Reconoció a James porque empezó a zarandearlo con energía al tiempo que gritaba:
'¡Genial Lunático! ¡Eres un crack!' – James sonreía abiertamente. – '¡Ya sabía yo que podías hacerlo!'
'Pero si no se lo he dicho…'
'¡Lo estabas haciendo!' – Gritó él emocionado. – '¡Si no hubiera sido por la interrupción se lo habrías dicho! ¡Te has atrevido! ¿No lo entiendes?'
'Sí, si que lo entiendo…' – Repuso él sonriendo. – 'Pero ahora mismo no podría hacerlo.'
'¿Por qué?' – Preguntó Peter agarrando a James para que se saliera de encima de Remus.
'Por Ió.' – Remus se reincorporó y suspiró. – 'Si le suelto que soy un hombre lobo ahora que su padre está en peligro de muerte, la dejaría más destrozada de lo que ya lo está y no puedo hacerle eso.'
'Ahí tienes razón.' – Asintió Peter. – 'Si recibe más sobresaltos yo creo que le dará algo.'
'Esperaré a que se calmen las cosas y entonces se lo diré.'
James se puso en pie y le revolvió el pelo a Remus, provocando la envidia de Peter.
'Eres genial, Lunático. ¿A que si, chicos?' – Preguntó a los otros dos con una sonrisa. – '¿¡Eh!? ¿¡Que es esa cara, Canuto?'
Sirius parecía enfadado, tenía el ceño fruncido y la mirada clavada en el suelo. Apretaba los labios y estaba cruzado tanto de brazos como de piernas. El muchacho miró a Remus y este se dio cuenta de que su amigo se sentía culpable.
'Siempre lo jodo todo.' – Refunfuñó Sirius. – 'Lo siento, Remus.'
Remus sonrió y en vez de decirle nada, se tiró sobre él y le revolvió su tan preciada cabellera. Cuando consiguió dejarlo tan despeinado que parecía que tenía el mocho de la fregona por pelo, se apartó y le dijo con una sonrisa.
'Estamos en paz.'
Sirius le tendió la mano a Remus y el chico se la estrechó con una sonrisa.
'¡Vale!' – Oyeron decir a James y al girarse vieron que sonreía malvadamente con Peter al lado y que ambos los apuntaban con las varitas. – '¡A por ellos, Colagusano! ¡Por dejarnos fuera del juego!'
'¡No estábamos jugando!' – Gritó Sirius al verle las intenciones. – '¡Era un ajuste de cuentas!'
'¡ADELANTE PETER!'
De nada sirvió…Peter y James les embrujaron y les hicieron levitar hasta el lago, donde los dejaron hacer cerca de la orilla antes de tirarse en plancha encima de ellos.
Sam y Lily se sentaron entre las flores del Balcón de la Primavera.
La prefecta había propuesto esconderlo allí porque le parecía el lugar idóneo. Hogwarts era el lugar más seguro del mundo y el Balcón de la Primavera, la existencia del cual lo conocían muy pocos afortunados, era el mejor lugar para esconderlo dentro del castillo. Hubieran podido esconderlo en la Sala de los Menesteres, pero Ió se había quedado dentro con sus amigas, a las que habían ido a buscar porque la Ravenclaw las necesitaba.
Habían descorrido varias losas del balcón hasta hacer un hueco, y habían guardado allí los dos frascos dentro de un cofre de madera que Lily había hechizado para que solo Sam pudiera abrirlo cuando ella lo tocara. Por si acaso, habían sellado también las piedras de la pared con un hechizo algo complejo.
Al acabar habían decidido sentarse en la hierba y comer allí mismo algo de comida que se habían encargado de coger en las cocinas antes de ir hacia la zona prohibida del castillo. últimamente se les habían pegado demasiadas costumbres de los Merodeadores.
'Esta tarde iba a venir aquí con James…' – Murmuró Lily aspirando el olor a flores. – 'Me parece que además de la Sala de los Menesteres es el único sitio donde puedes tener un mínimo de intimidad en todo el castillo.'
Sam rió divertida y se atragantó con la comida. Empezó a ponerse roja y antes de que pasara al color morado, Lily sacó su varita y dijo:
'¡Anapneo!'
'Uff…Gracias, ¿Qué haría yo sin ti?'
'Morirte.' – Respondió Lily con seguridad.
'Que graciosa.' – Sam decidió dejar la comida a un lado y le preguntó: - '¿Es que has cancelado tu cita con James?'
'Bueno…' – Lily se echó el pelo hacia atrás. – 'Después del disgusto que le ha dado McGonagall y de la bronca que le he echado yo después no está muy receptible…'- Miró a Sam y se encogió de hombros. – 'Supongo que ya se el habrá pasado el enfado, pero tal y como están las cosas ahora mismo…'
'Sí…' – Sam hizo una mueca de rabia. – 'El día empezaba genial y se nos ha fastidiado por completo…' – Miró al cielo. – 'Cada hora que pasa sin saber nada de cómo van las cosas ahí afuera me pongo peor…Ojalá que Alice, el director y los de la Orden vuelvan pronto y con Robert Keith salvo y sano.'
Lily le dio un beso en la mejilla y le dijo con una sonrisa dulce.
'Seguro que ya no tardan nada en volver.' – Miró su reloj de muñeca y se levantó. – 'Ya han pasado dos horas.'
Sam se levantó también.
'Vamos a ver que ha conseguido nuestra rubia.'
Abandonaron el Balcón de la Primavera y al salir de la zona prohibida notaron que el ambiente en Hogwarts era más movido de lo normal. Montones de alumnos estaban reunidos por los pasillos y la mayoría escuchaban las radios mágicas con atención. Sam y Lily se miraron al ver las caras de preocupación de los estudiantes y temieron lo peor.
'¡Sam! ¡Lily!'
Las dos Gryffindors se volvieron y vieron a Kaienne bajar por las escaleras a toda prisa con una radio mágica en la mano y con un ejemplar del Profeta en la otra. Sam se puso pálida cuando Kaienne les enseñó la portada del periódico que traía una foto de la estación de King's Cross en la que se veía a un montón de gente correr despavorida.
'¿Que ha pasado?' – Preguntó Sam con aprensión. – '¿Qué han dicho de Keith?'
'Nada aún.'
'Gracias a Merlín…' – Suspiró Sam aliviada.
'Sam, Lily…' – Susurró Kaienne con media voz. – 'La batalla ha acabado, las autoridades mágicas están inspeccionando King's Cross y han dicho que hay al menos una decena de muggles muertos y una treintena de heridos.'
Lily se llevó las manos a la boca y los ojos se le llenaron de lágrimas. Sus padre no vivían en Londres, pero tenía familia allí y varios amigos de la escuela primaria que iban a sus escuelas en tren cada día. ¿Qué habría sido de ellos?
'Dejaron la Marca Tenebrosa sobre la estación.' – Finalizó Kaienne.- 'Según decían en la radio la batalla ha acabado hace al menos media hora al llegar los aurores del Ministerio. Lo que más me preocupa es que seguímos sin noticias de lo que ha ocurrido con Robert Keith.'
Sam se sintió desvanecer. Se le nubló la vista y perdió el equilibrio. Tanteó la pared para no caerse al suelo y notó que unas manos la sujetaban.
'Sam, ¿estas bien?' – Le preguntó Remus.
'Princesa, ¿qué te pasa?' – Sirius le cogió la cara y Sam parpadeó hasta que pudo ver bien.
'Es-estoy bien…' – A pesar de todo no soltó ni a Remus ni a Sirius.- 'Tranquilos… ¿Y Lily?'
'Ahí…' – Le señaló Remus con la mirada.
James estaba con ella. La prefecta estaba e leyendo el artículo con lágrimas cayéndole a mares por las mejillas y James la tenía abrazada por detrás. Al final Lily estrujó el periódico y lo dejó caer.
'¡No iba con ellos!' – Gritó llorando y mirando a James. – '¡No tenían nada que ver! ¡Ni si quiera estaban en igualdad de condiciones! ¡No tenían derecho a quitarles la vida!'
Lily se tapó la cara con las manos y se abrazó a James. El muchacho la rodeó con los brazos y la envolvió con todo su cuerpo y su capa de las miradas de los demás, pues sabía que Lily odiaba que la vieran llorar. Le acarició la cabeza y trató de consolarla, al tiempo que reprimía esa ira por lo que habían hecho magos como él. Desde la época de Grindelwald, nunca un mago había matado a un muggle y de aquello hacía una veintena de años.
Axel Lance los encontró en el pasillo. Llevaba él también el periódico en la mano y se veía que estaba realmente conmocionado, al ver a Lily y a James abrazados y a Kaienne con la radio mágica supuso que ellos también se habían enterado. El muchacho les dijo que debían ir para la Sala de los Menesteres para reunirse con Anthea, pero la Gryffindor los encontró antes de que fueran hacia allí.
'¡Anthea!' – Exclamó Kaienne al verla y salió corriendo hacia ella. – '¿Cómo ha ido?'
'Muy mal.' – Anthea se mordió el labio inferior con rabia. – '¡Son unos malditos cobardes!'
Los demás se acercaron al escucharla gritar, imaginando que algo había salido mal.
'¡Devoir les ha dicho que Christopher Landry castigará severamente al que colabore con su hija! ¡Les ha dicho que estoy fuera! ¡Que quemé la capa y destrocé la máscara!' – Gritó Anthea fuera de sí. –'¡Y ninguno se atrevía a decirme nada! ¡Cobardes de mierda!'
Axel la agarró del brazo y le susurró al oído:
'Baja la voz. Te está escuchando todo el mundo.'
'¡No me importa!' – Bramó Anthea con los ojos llenos de lágrimas. – '¡Nick Devoir y los demás pagarán por esto!'
Axel la atrajo hacia él y la abrazó. La chica estalló en llanto y empezó a pedir perdón por haber fallado. Entre todos trataron de calmarla y cuando lo consiguieron decidieron que establecerían con los chicos el mismo sistema de protección que utilizaron con Lily, mientras no se les ocurría lago más efectivo. En esas estaban, hablando en mitad del pasillo, cuando oyeron un montón de pasos provenientes del hueco de las escaleras cambiantes. Al asomarse a la barandilla descubrieron el porqué de tanto alboroto: un grupo de Ravenclaws, las amigas de Ió concretamente subían por las escaleras a toda prisa y Ió iba a la cabeza.
'¡Ió!' – La llamó Remus. – '¡IÓ!'
La chica miró hacia derecha e izquierda sin dejar de correr y al llegar al rellano los vio a todos. Corrió aún más y saltó a los brazos de Remus llorando. Por un momento todos pensaron en lo peor. Sam volvió a tambalearse y Sirius tuvo que sujetarla.
'¿¡Qué te pasa, Ió!?' – Preguntó Remus alarmado. – '¿Qué ha ocurrido?'
'¡Mi padre!' – Sollozó ella. – '¡Está en San Mungo! ¡No saben si se salvará!'
Todas las personas que se habían ido congregando estallaron en murmullos.
¡¡Holaa!! ¡¡Cuanto tiempo!! Bueno, ya imaginaréis que me ha sido imposible subirlo antes, primero porque había que estudiar y segundo porque empezaba a escribirlo y no me acababa de gustar hasta que este me convenció más. Sé que prometí poner más de Sirius&Sam y Lily&James, pero como la otra vez, no conseguía encajarlo en el capítulo...Ya habéis visto que se ha liado una enorme...Eso sí, os aseguro que tendreis rato de esas dos parejas y que no tardaré tanto como esta vez en subir el próximo capítulo porque ya no tengo más examenes hasta Enero. Así que un beso enorme! ¡Y como siempre, muchísimas gracias por vuestros reviews!
¡Nos vemos muy prontito! ;)
Eneida
