LII
Ió caminaba por uno de los pasillos del hospital de San Mungo. Acababa de amanecer y los rayos rojizos del sol le daban un color anaranjado al lugar. Ió estaba agotada, se había pasado la noche entera en vela junto a su madre, a la espera de que los medimagos consiguieran estabilizar a Robert Keith. Por fin, hacía una hora escasa, les habían dado la buena noticia: Robert Keith estaba estable y casi podían decir que fuera de peligro. Su madre le había pedido que volviera a Hogwarts porque necesitaba descansar, pero antes de regresar a la escuela, quería ver a Alice.
San Mungo no había vuelto a vivir una situación tan horrible como aquella desde los tiempos de Grindelwald. Todos los medimagos, sobretodo los más mayores, lo comentaban: magos heridos de gravedad, muggles muertos, otros heridos…
Ió se había enterado de que Alice, Fabian Prewett y Benjy Fenwick, eran los brujos que peor parados habían salido. Le habían dicho que incluso Fabian Prewett había pasado por quirófano.
Llegó a la habitación donde le habían dicho que Alice estaba y picó suavemente. Le abrió Frank Longbottom. El muchacho le sonrió y le revolvió el cabello antes de decirle muy bajito que pasara. Dentro había dos personas más que dormían en uno sillones; un hombre y una mujer, que debían ser los padres de Alice. En la cama estaba Alice durmiendo. Ió se acercó a la muchacha y le acarició una mano. Tenía un gran morado en la mejilla izquierda y varias rascadas en la cara. La pierna derecha la llevaba completamente vendada y por el camisón entreabierto, Ió pudo ver vendas alrededor de su torso.
'Alice…' – Ió le acarició la mano y la besó en la mejilla buena. – 'Gracias por todo.'
Frank se sentó a los pies de la cama.
'¿Cómo está tu padre?'
'Estable.' – Respondió Ió encogiéndose de hombros.
Frank suspiró largamente.
'Fallamos en el plan de evacuación de los muggles y de tu padre.' – Murmuró Frank con enojo. – 'Y lo hemos pagado caro.'
'Hicisteis todo lo que pudisteis, vosotros no tenéis la culpa de nada.' – Le dijo Ió mirándole a los ojos. – 'Dale las gracias a todos los de la Orden del Fénix por proteger a mi padre. Estoy en deuda con vosotros y cuando sea mayor de edad, si no puede ser antes, formaré parte de la Orden.' – Ió miró a Alice. – 'Antes tenía algunos prejuicios respecto a la Orden, ahora os admiro.'
Tan solo hacía unas pocas horas que había amanecido en Hogwarts y en la Sala Común de Gryffindor un par de personas ya estaban armando alboroto a pesar de ser domingo y tan temprano. El prefecto de Gryffindor, Remus Lupin, bajaba por las escaleras del dormitorio de los chicos seguido de su amigo James Potter, y aunque solía ser al revés, esta vez era James el que iba echándole la bronca a Remus.
'¡Joder James, ya vale!' – Bramó harto Remus al llegar al último peldaño de las escaleras del dormitorio de los chicos. – '¡Ya me he enterado!'
'¡Pues entonces vuelve arriba y ponte a dormir!' – Le gritó James desde un poco más arriba.
'¡Ió acaba de volver!' – Le informó Remus. Llevaba el mapa del merodeador en la mano y se dirigía al hueco del retrato. – '¡No pienso irme a la cama!'
James bajó las últimas escaleras de un salto y agarró a Remus del brazo antes de que el chico pudiera salir de la torre. El licántropo se encaró a él con una mirada cargada de agresividad que solía aparecerle cuando se acercaba la luna llena, pero James lo conocía bien y ni le temía, ni le intimidaba, por lo que no se movió.
'Escúchame…' – James le susurró al oído: – 'Mañana por la noche es luna llena y tú estás hecho una mierda cuando se acerca. Encima no has dormido nada, toda la puta noche has estado mirando el mapa por si volvía Ió, y seguro que estás peor que normalmente así que haz el favor de irte a descansar porque sino te vas a caer al suelo en cualquier momento.'
'James…' – Remus puso su mano sobre la que le retenía de James y con una fuerza insólita se soltó de su amigo a pesar de que lo tenía cogido con fuerza. – 'No voy a poder pegar ojo hasta que no sepa si el padre de Ió está bien o no y hasta que no la vea, ¿entiendes eso?' – Preguntó clavando sus ojos ambarinos en los de él. – 'Sé que lo haces por mi bien, pero primero voy a ver a Ió, después ya descansaré.' – Remus le señaló con una cabezada el sofá de la Sala Común. – 'Además, ahí tienes a otra persona a quien echarle la bronca por no descansar como debe.'
James miró extrañado hacia el sofá y distinguió un bulto cubierto por una manta. Al ver una cabellera pelirroja y un libro enorme y pesado supo de quien se trataba. Frunció el ceño enfadado y apretó los puños. Remus aprovechó el momento de distracción y salió a toda pastilla de la Torre, atravesando el Retrato de la Señora Gorda. James se dio cuenta de que se le escapaba cuando ya era demasiado tarde, así que decidió ir a ver porqué narices Lily no se había acostado en toda la noche.
James se asomó por encima del respaldo del sofá: Lily se había quedado dormida sobre un libro abierto, rodeada de otros más y del inmenso libro que había cogido en la biblioteca que hablaba sobre las criaturas del manantial. Su varita estaba en el suelo junto a un montón de pergaminos llenos de escrito y esquemas. James volteó el sofá, se puso en cuclillas, cogió uno de los pergaminos que había en el suelo y lo leyó con curiosidad. Lily había relacionado la palabra "Agua" con "Licantropía", "Descontrol de la magia" y "Heridas" y en todas ellas había un interrogante dibujado debajo.
¿Es que estaba buscando una cura para Remus? Las ganas de echarle la bronca y el enfado desaparecieron. Lily siempre estaba pensando en los demás.
James miró a Lily con una sonrisa: tenía los ojos cerrados suavemente y los labios curvados en lo que le pareció una sonrisa triunfal. ¿Qué habría descubierto? Le dieron ganas de besarla, de besarla y tocarla, de sentirla, hacía días que sentía que ya no se podía aguantar y la mañana anterior, antes del partido, Lily le había dicho a su manera que ella tampoco podía más. Aún le daba rabia pensar como se les había fastidiado el día, a él, a ella y a todos sus amigos.
'Maldito Voldemort…' – Masculló enfadado al tiempo que se revolvía el cabello negro. No sé dio cuenta de que Lily se estaba despertando. – 'Desgraciado de mierda. ¡Cómo te odio, gilipo…'- Explotó James.
'¿Me estás diciendo eso a mí, James?' – Le cortó una voz.
'¡Lily!'
James se cayó al suelo de culo. Los ojos verdes de Lily estaban clavados en él.
'¿¡Cómo te iba a decir a ti eso!?' – Protestó James.
Lily esbozó una sonrisa divertida.
'Era broma, tontorrón.' – Lily se reincorporó en el sofá, se acercó a él y le besó en los labios. – 'Te quiero.'
Al notar los labios de Lily contra los suyos y al oírle decir las palabras mágicas, James se puso de rodillas, le cogió la cara con las manos y la besó con pasión. Adentrándose en su boca, buscando apagar a aquella sed pasional que últimamente lo consumía, con el contacto de sus lenguas. Después de largos segundos, fue Lily la que lo apartó suavemente con las mejillas encendidas.
'Si pretendías cortarme la respiración lo has conseguido.' – Murmuró Lily. – 'Si que te has levantado cono energías, hoy.'- Dijo riendo.
James esbozó una sonrisa pícara y se sentó a su lado en el sofá y al tiempo que se iba echando poco a poco sobre Lily, le susurró con la cara a centímetros de la de ella:
'¿No ves que ayer no las gasté?'
'Yo pensaba que el partido acabó con todas tus energías y que lo que te dijo McGonagall te quitó las ganas bromear y de juerga.' – Murmuró riendo Lily al tiempo que trataba de mantener una mínima distancia de seguridad entre James y ella, echándose hacia atrás.
'Pero no me quitó las ganas de ti.' – James sonrió cuando el sofá paró el distanciamiento de Lily, al chocar la espalda de ella contra el asiento y él pudo acomodarse encima de ella. – 'Y energía me sobra siempre.'
James hundió su cara en el cuello de Lily y le mordió suavemente. Ella sonrió y cerró los ojos y con una mano acarició el cabello de James y la otra la posó sobre su espalda. James le bajó la cremallera de la sudadera y le apartó los tirantes de la camiseta que llevaba debajo sin dejar de besarle el cuello. Notó a Lily estremecerse bajo él. James fue a besarla y al acariciarle el cabello, tiró sin querer el pesado libro del Agua que sonó fuertemente al golpearse y Lily recobró la sensatez de golpe.
'Espera James, para.' – Le dijo rápidamente mientras trataba de salir de debajo de él.
'¿Qué?' – Preguntó él fastidiado mirándola a los ojos y sin moverse.
'¡Estamos en la Sala Común!'
'¿Y?'
'¡Pues que puede bajar cualquiera!' – Lily se escabulló y consiguió escapar de James. – 'Y paso de que nos pase como en la enfermería con Pomfrey.' – Lily se levantó y se subió la cremallera de la sudadera. – 'Y además, hay algo que quiero enseñarte sobre lo del Agua del Manantial.'
'¿Y no puede esperar?' – Preguntó él sin moverse del sofá.
'¡Lo del agua es urgente!'
'¡A mí me parece más urgente que tú y yo…'
'¡Sssht!' – Lo acalló Lily colorada hasta la punta de la nariz. – 'No seas crío.'
'Te aseguro que los críos no hacen ni soñando lo que íbamos a hacer tú y yo.'
Lily agarró un cojín y le golpeó.
'¡Haz el favor!' – Le gritó. – '¡Ayer echaron a Anthea, a ti y a los otros tres os tienen amenazados de muerte, Alice no volvió de la batalla y ni siquiera sabemos si el padre de Ió está bien o no!' – Lily lo miró enfadada. – '¡No es momento de pensar en eso!'
En ese justo momento apareció el Patronus de un águila frente a ellos que con la voz de Ió anunció:
'Hola, James. Mi padre está bien dentro de lo que cabe y Alice está en San Mungo por las heridas sufridas en la batalla, pero seguramente en dos días le den el alta según Longbottom. Díselo a los demás porque yo me pienso pasar el día durmiendo, ya que apenas he dormido en toda la noche y no os preocupéis por mí, estoy bien. Estoy con Remus y yo me aseguro de que no lo toque ningún imbécil de esos. Os lo explicaré todo más detalladamente después.' – James esbozó una sonrisa socarrona y miró a Lily. – 'Gracias por todo vuestro apoyo de ayer.'
El águila se esfumó en un segundo y James volvió a mirar a Lily con una sonrisa chulesca.
'Ya no tienes excusa.'
'Idiota, no estaba buscando una excusa.'
'En serio, Lily.' – James se encaró a ella y la miró a los ojos. – '¿Me tienes miedo o algo?'
Lily no pudo evitar reírse al ver que James se lo preguntaba completamente en serio. El chico frunció el ceño enfadado porque ella se estaba riendo de él y cuando Lily se dio cuenta lo abrazó y le besó en los labios.
'No tengo miedo de nada, James.' – Le dijo al tiempo que lo cogía de la cintura. – 'Pero yo no soy como tú. Yo necesito tener la seguridad de que nada me va a estorbar, ni que nadie me va a ver como lo vas a hacer tú.' – Lily clavó sus ojos en los de él.-'Y antes quiero enseñarte y probar lo que he descubierto, porque es muy importante que averigüe si me equivoco o no.'
James se la quedó mirando en silencio. Lily podía llegar a ser tan dulce que era imposible negarse a ella. Resopló fastidiado y se revolvió el cabello antes de decirle:
'Está bien. Total, siempre te sales con la tuya.' – Murmuró James. – 'Vamos al Manantial a ver si llevas razón o no.' – Se separó de ella. – 'Voy por la escoba y vamos, un segundo.'
Lily lo siguió con la mirada hasta que él se metió por el hueco de las escaleras, pensando que se moría por James.
Ió y Remus caminaban por los pasillos de Hogwarts hacia el piso donde la Sala de los Menesteres solía aparecer. Se habían encontrado en las escaleras del recibidor, pues desde el primer momento en que Remus la vio aparecer en el mapa en los jardines, él se escapó de James y usó uno de los pasadizos secretos para llegar antes. Nada más verse, Ió y Remus se habían fundido en un cálido abrazo, momento en que Ió balbuceó dos palabras con una voz calmada que consiguió apaciguar la angustia de Remus:
'Está bien.' – Fueron las palabras. – 'Sigue inconsciente, pero está estable.'
Después se habían besado largamente y al separarse Remus se había desplomado en el suelo. Consiguió levantarse con ayuda de Ió y cuando ella le preguntó que qué le ocurría él respondió que habían sido los nervios de todo lo ocurrido y que no había dormido apenas pensando en ella y aunque no era del todo mentira, tampoco era cierto del todo.
'Pues vamos a descansar…' – Ió le cogió un brazo y lo pasó por encima de sus hombros para ayudarle a caminar. – 'Que yo tampoco he dormido nada esta noche.'- Sus grandes ojos azules estaban semicerrados y su voz sonaba débil.
'¿Qué sabes de Alice?'
'Está más o menos bien.' – Ió le miró a los ojos y le sonrió. – 'He hablado con Longbottom antes de venir y la he visto. Alice tenía un gran moratón en la mejilla izquierda y toda la pierna y creo que la espalda vendada. Va a estar unos días ingresada.'
'Envíale un Patronus a James diciéndole que está todo bien y que yo me quedo contigo.' – Le pidió Remus al tiempo que masajeaba la sien. – 'Esté bastante pesado, hoy.'
Ió mandó su Patronus, la hermosa águila como la de Ravenclaw que Remus le había enseñado a conjurar al enseñarle el hechizo "Experto Patronum"en aquellas sesiones de entrenamientos que hicieron durante las vacaciones. Después, la Sala de los Menesteres apareció para ellos y cuando entraron, se encontraron con una hermosa habitación que tenía una gigantesca cama y una mesa toda llena de comida porque a ambos les rugía la barriga. A pesar del hambre, Ió y Remus ni si quiera probaron bocado, se desplomaron sobre la cama, de tan agotada que estaba ella y tan enfermo él. Abrazados, con sus cuerpos bien pegados, se quedaron dormidos profundamente en un sueño tranquilo al fin.
James y Lily bajaron de la escoba al llegar frente a la gran puerta de madera que tenía los leones tallados, y esta vez, James dejó su adorada escoba fuera para no darles ninguna oportunidad a las plantas de destrozarla. Atravesaron el jardín de aquellas plantas sin demasiadas dificultades, aunque con algún que otro susto, y pasaron la puerta con el pomo del león con la facilidad del que atraviesa una puerta cualquiera, para finalmente, ser engullidos por las llamas.
'Lily, ¿estás segura de que esa es la manera de coger el agua?' – Le preguntó James por enésima vez desde que habían salido de la Torre de Gryffindor al aparecer el manantial tras el fuego. – 'Que los bichos esos no se andan con tonterías.'
'James, confía en mí.' – Lily le cogió de la mano y le recordó las palabras que él le había dicho más de una vez: – 'Jamás haría nada que te pusiera en peligro.'
'Me preocupas tú, no yo.'
'James, escucha…' – Lily y él se detuvieron frente al estanque, entre las verde plantas y las diminutas esferas multicolores. – 'Si para propio beneficio usas el agua que de aquí emana, nosotras, temibles guardianas, llenaremos tu boca de agua hasta la saciedad.'- Le recitó. – 'Lo que te están diciendo es que no puedes coger el agua si es para ti, pero sí si lo es para otra persona.' – Le explicó muy convencida.-'Y ahora vamos a comprobar esta primera parte, porque yo cogeré el agua y te la daré a beber de mis manos.'
'No.' – Negó James al momento. – 'Mejor la cojo yo y tú la bebes. Si esas arpías quieren llevarse a alguien al fondo del lago, que sea a mí.'
Lily suspiró largamente. James comenzaba a irritarla con tanta sobreprotección. Decidió callar y se desvistió hasta quedarse en ropa interior sin decirle nada más, por no empezar una discusión. Sujetó su varita con la boca y se metió en el agua. James se despojó de su ropa también y siguió a Lily nadando hasta atravesar la cortina de agua de la cascada y llegar a la gruta. Cuando James llegó, Lily había salido ya del agua y estaba sobre tierra firme leyendo la inscripción en voz alta. James salió del agua y releyó para él la inscripción. Lo que decía Lily tenía lógica si había interpretado bien lo que quería decir aquel grabado, pero si lo había interpretado mal tendrían problemas con aquellos seres que se movían por las profundidades del manantial. Lily miró al agua, examinándola, y se acercó a la orilla.
'Lily, no me convence dema…' – Empezó a decirle James cuando ella se estaba agachando en la orilla. – '¡LILY, NO!' – Gritó asustado.
Pero era demasiado tarde. Lily había hundido sus manos en el agua y poniéndolas de manera que formaban un cuenco, sacó el agua del manantial. James alzó su varita y se acercó a grandes zancadas a ella.
'¡Te he dicho que iba a ser yo el que cogiera el agua!' – Le gritó.
'Si estoy equivocada, el error y sus consecuencias son míos.' – Le respondió ella con tranquilidad, mirándole a los ojos. – 'Y ahora, bebe de ella, pues no quiero imaginar como se van a poner las Náyades si malgasto su agua.'
James se fijó en que a pesar de cómo había cogido Lily el agua con las manos, está se escapaba entre sus dedos y caía a la tierra. Le lanzó una mirada al estanque y le horrorizó ver que el agua, que tan calmada había estado dos segundos antes, ahora se removía como si estuviera viva, aumentando su movimiento cada vez más. Vio unas sombras negras en el fondo que se acercaban progresivamente a la superficie y no dudó más. Tomó las manos de Lily y bebió el agua que había en sus manos.
'¡Coge tu varita!' – Gritó después, poniéndose entre Lily y la orilla del estanque con la varita en alto.- '¡Corre!'
Lily miró el estanque y lo que vio la desconcertó sobremanera. Parecía que hervía el agua y todo comenzó a temblar como si de un terremoto se tratara. Varias sombras negras se dibujaban en el agua y vio clavarse en ella tres pares de ojos dorados. Por un momento creyó que se había equivocado y se agachó para coger su varita y entonces ocurrió: Del estanque salieron tres asquerosos seres de aspecto femenino con la piel verdosa y mugrienta, con los ojos dorados, colmillos afilados y con algas por cabello. La primera de ellas se lanzó sobre James y lo empujó lejos de Lily, las dos siguientes se abalanzaron sobre la prefecta y mientras que una le arrebató la varita, la otra llevó sus manos al cuello de Lily y la estampó contra la pared de roca, justo debajo de la inscripción.
'Tú, bruja insensata, te has atrevido a coger agua de nuestro manantial…' – Siseó la que la agarraba por el cuello con voz extremadamente aguda. – '¿Con que derecho?'
Lily escuchó a James llamarla con desesperación. Vio que el chico estaba atrapado por el cabello de la tercera criatura y que su varita estaba lejos de él.
'¿¡Me estás escuchando, estúpida!?' – Gritó el asqueroso ser.
Lily no lo entendía. ¡Estaba segura de que había interpretado correctamente la inscripción! ¿¡Porqué la amenazaban aquellas repugnantes criaturas!? ¡Según había leído en todos los libros y había visto en las ilustraciones, las Náyades, propias de Grecia, eran como hermosas muchachas, hadas del agua! La criatura le apretó con brusquedad el cuello y la hizo salir de su sopor.
'¿¡Con qué derecho has cogido el agua que de este manantial!?' – Insistió la criatura apretándole el cuello. – '¿¡Quién te ha dado permiso para hacerlo!?'
Lily trató de pensar. Debía de ser una especie de prueba. ¿Quién debería haberle dado permiso para coger el agua de ese lugar? El dueño, sin duda. Y el dueño de todo aquello era… ¡Claro! ¡El mismo lugar le había dicho en varias ocasiones quién era el dueño de aquel manantial! Recordó a cada uno de los leones grabados y tallados que había visto a lo largo del camino y la verdad vino a ella rápida como la última inspiración de aire que le permitieron hacer. Trató de decírselo, pero le apretaba tan fuertemente el cuello que le impedía hablar. Entonces, la voz de James rugió:
'¡GODRIC GRYFFINDOR!' – Bramó. – '¡SOMOS DE LA CASA DE GODRIC GRYFFINDOR Y POR ESO TENEMOS DERECHO A COGER SU AGUA!'
Las manos de la criatura dejaron de apretar en el cuello de Lily y el aire se coló en sus pulmones. Con las manos temblando se acarició el dolorido cuello y cerró los ojos. Al abrirlos y levantar la mirada del suelo, se encontró cara a cara con aquella repugnante criatura.
'Godric Gryffindor…' – Susurró Lily. – 'Leal y valiente de corazón.'
La criatura le hizo una señal a la que sujetaba a James y el chico se vio liberado de las algas y corrió hacia Lily, a la que puso tras de él, para protegerla de aquellas criaturas. James y Lily observaron atentos y con algo de temor a los tres seres. Se habían calmado en cuanto les oyeron decir el nombre del fundador de su casa. Entonces, la que había agarrado a Lily por el cuello hizo una mueca parecida a una sonrisa y acto seguido una luz cegadora emanó de los dorados ojos de las tres criaturas y envolvió el lugar.
Cuando Sam se despertó aquella mañana y vio que la cama de Lily estaba intacta empezó a mosquearse. La cama de Kaienne también estaba vacía, pero desecha, lo que quería decir que ya estaría desayunando y Anthea aún dormía profundamente. Miró el reloj y vio que eran las diez de la mañana y supuso que Lily se habría quedado dormida abajo o bien ya estaría desayunando.
Cogió la ropa del armario y se metió al baño para darse una ducha. Llenó hasta arriba la bañera con agua tibia y se quedó allí largo rato, mientras se despertaba del todo. Algo que siempre le costaba bastante. Los acontecimientos del día anterior le parecían un mal sueño, pero tenía muy presente que todo era real. Apoyó la cabeza en la bañera y suspiró largamente, le dolía recordar a Ió marchándose de Hogwarts para ir a San Mungo echa un mar de lágrimas y a Lily escribiendo aquella carta a sus padres, pidiéndoles que le dijeran si algún conocido suyo había sido muerto en el atentado de King's Cross. Por suerte, nadie cercano a Lily había sido asesinado.
'Y pensar que ellos dos son los responsables…' – Murmuró Sam en voz alta.- '¿Lo sabrá Charles?'
Sam no tenía ni idea de si su hermano sabía algo de en lo que andaban metidos sus padres. Que ella supiera, continuaban manteniendo relación y él sabía que sus padres habían cambiado bastante…Pero Charles nunca le había mencionado nada de supiera que eran mortífagos en ninguna de las cartas que se escribían.
'Quizás no sabe nada.' – Susurró. – 'O quizás sí y trata de ocultármelo como el hermano de Anthea a ella.'
Sam recordó entonces que Anthea les había explicado que su hermano se había marchado a vivir a Francia con su prometida para huir de la guerra y de Voldemort, pues él, a pesar de ser un sangre limpia no quería tener nada que ver. Sam se reincorporó en la bañera pensando sobre eso. Charles también era de sangre limpia y sus padres estaban al servicio de Voldemort… ¿Y si también habían pretendido que Charles y Anne se hicieran mortífagos? Sam salió de la ducha a toda pastilla…
Abajo en el comedor, Sirius y Peter arrasaban con el desayuno en compañía de Kaienne y de Thomas y de Axel y su hermano Darren. Thomas y Darren hablaban del atentado de King's Cross e indagaban sobre quiénes habían podido ser los autores, mientras que los que estaban enterados del asunto preferían hacerse los suecos y concentrarse en cómo de maravilloso era el desayuno.
'Los muggles que sobrevivieron decían que habían aparecido de las llamas personas disfrazadas de negro y con máscaras en forma de calaveras.' – Decía Thomas con el ejemplar del periódico mágico del día anterior sobre la mesa. – '¿No os recuerda a algo?'
'Por supuesto.' – Intervino Darren con una expresión seria. – 'Al grupo de idiotas que tenemos aquí.' – Darren miró a su hermano Axel. – 'Esos sangre limpia que nos atacaron iban vestidos así, ¿verdad Axel?'
Peter abrió la boca para corregirle con el nombre del grupo, pero Sirius se le adelantó y antes de que metiera la pata, le enchufó un bollo que le llenó toda la boca y le impidió hablar. Axel cogió la jarra del zumo y le preguntó a su hermano:
'¿Crees que tienen relación?'
Las puertas del comedor se abrieron y Lyn Swan entró al comedor. Darren se levantó y le hizo una señal para que se acercara a ellos y al sentarse le respondió a su hermano:
'Está claro que sí.' – Dijo Darren completamente convencido. – 'Todos lo comentábamos ayer. Y en los pasillos solo se oía decir eso una y otra vez.'
'Sí…' – Thomas le lanzó una mala mirada a la mesa de Slyhterin. – 'Y que extraño fue que los de Slyhterin estuvieran tan tranquilos y tan sonrientes, cuando los de las otras tres casas estábamos consternados con lo ocurrido.'
La mesa de Slyhterin contrastaba enormemente con las mesas de Hufflepuf, Ravenclaw y Gryffindor, pues mientras que en las tres últimas había silencio y miradas cargadas de preocupación y tristeza, en la de Slyhterin todo eran risas y alegrías.
'Eso es porque esos hijos de puta son los que van atacando a los alumnos y porque sus padres son los que mataron a los muggles.'
Lyn Swan se sentó con ellos y miró con rencor a la mesa de Slyhterin. Absolutamente todos se la quedaron mirando estupefactos por su actitud y algunos, además, bastante sorprendidos. Estaba claro que lo de la guerra y Voldemort iba a dejar de ser secreto muy pronto.
Darren miró a Lyn fijamente y cuando ella cruzó con su mirada con la de él, el chico se dio cuenta de que tenía los ojos rojos e hinchados.
'¿Has estado llorando?'
'La madre de mi amiga Kate fue herida de gravedad en el atentado de King's Cross y hoy nos ha llegado una carta de Kate en la que nos decía que su madre había muerto en el hospital por esas heridas.' – Lyn se crujió los nudillos y dijo con rabia. – 'Mulciber se ha reído en mi cara cuando me ha oído decir en el pasillo que le he pedido a McGonagall un permiso especial para ir al funeral. ¡Decía que era una estúpida por importarme la muerte de un muggle!' – Picó enfadada en la mesa y gritó histérica. – '¡Está claro que él es de esos estúpidos y que sus padres asesinaron a la madre de Kate!'
En el comedor todo el mundo se había callado con los gritos de la Gryffindor. La mayoría de alumnos miraban hacia la mesa de los leones. La casa de Slyhterin lo hacía sin disimular su burla. Lyn se pasó la mano por la cara y murmuró:
'Deberían echarlos de Hogwarts y meterlos en Azkaban.'
'Pronto estarán fuera.' – Le dijo Sirius con una sonrisa. – 'Ya lo verás.'
En ese momento Sam Hewitt entró corriendo en el comedor y se plantó junto a ellos en dos zancadas. Respiraba agitadamente y tenía una expresión de extrema preocupación y enfado.
'Como alguien no me explique qué está pasando mato a alguien.'
'Cómo están los ánimos esta mañana…' – Susurró Peter sorprendido.
'¿Qué pasa, princesa?' – Sirius la agarró de la mano y la sentó sobre sus rodillas.
'Lily no ha dormido en la habitación.' – Dijo intentando calmarse. – '¡No está en la biblioteca, no está en la lechucería, no está aquí, no está en ninguna parte!'
'Cálmate, está con James en el Manantial.' – Le dijo Sirius sacando una nota de su bolsillo. – 'Mira, la ha dejado James.'
Queridos Canuto y Colagusano,
Después de recordaros que soy el más buenorro de los Merodeadores, os comunico que Ió está aquí y que Lunático está con ella, supuestamente "durmiendo" (aunque más que dormir, seguro que a Remus se le está despertando una cosa que yo me sé…). Pero bueno, se ve que el padre de Ió sigue en el hospital pero que está mejor. Yo me voy con Lily a ver que ha descubierto del agua del puñetero manantial (que posiblemente se incendie un día de estos "accidentalmente"). Si no se nos llevan las arpías esas al fondo de lago, estaremos ahí para la hora de comer. Podéis empezar a preocuparos a partir de la una si no hemos vuelto. Informa a los demás.
Un abrazo (posiblemente el último que os dé),
Cornamenta.
Sam dejó escapar un largo suspiro de alivio. Le devolvió la nota a Sirius y se sentó en el banco para tomar su desayuno. Comenzaron a hablar del partido del día anterior y de cómo iba a acabar la liga de quidditch y a mitad de la conversación llegó el correo. Era evidente que toda la comunidad mágica estaba muy preocupada con lo sucedido ya que hubo cartas para todos los alumnos, excepto para Sam y otros pocos más. Los muchachos empezaron a leer sus respectivas cartas. Incluso Dorea Potter había escrito a James y Sirius, no para echarles la bronca y pedirles que hicieran bondad, sino para informarles un poco de lo que estaba pasando ahí afuera. Sam esperó con algo de angustia que cualquier lechuza dejara caer una carta para ella, la respuesta de Charles era lo que estaba esperando, pues le había mandado un correo hacía unos veinte minutos. Finalmente, cuando la oleada de lechuzas abandonó el Gran Salón, se dio por vencida y volvió a llenarse el vaso de zumo mientras sus amigos continuaban leyendo sus cartas. Iba a beber un sorbo del zumo cuando una segunda oleada de lechuzas entró en el Gran Comedor dejando caer los ejemplares de El Profeta del día. Se llevó el vaso a los labios y empezó a beber mientras ojeaba la portada. El titular de la primera portada decía en letras enormes: "Miembro del Ministerio muere asesinado."
Sam abrió los ojos de par en par y se atragantó con el zumo. Empezó a toser sonoramente sin soltar el periódico y sus amigos dejaron de leer sus cartas.
'¿Qué pasa?' – Preguntó Kaienne.
Sam le tendió el periódico mientras que Axel y Peter cogían otros de los ejemplares que había sobre la mesa y empezaban a leer la portada. Los tres dieron un respingo y se quedaron sin habla.
'¿Se puede saber qué está pasando?' – Sirius, enormemente mosqueado, le arrebató el periódico a Peter de un manotazo y leyó el titulo completo. – '"Miembro del Ministerio muere asesinado. Alfred Dallas, juez del tribunal mágico, muerto por la maldición imperdonable."' – Sirius bajó el periódico. – 'No es el padre de Ió, así que tranquilizaos todos.'
'Leelo en voz alta, Black.' – Le pidió Thomas.
'Alfred Dallas, juez del tribunal mágico fue encontrado ayer noche asesinado en su propia casa, con signos de haber sido víctima de la maldición imperdonable "Avada Kedavra". Sobre el hogar del juez había dibujada en el cielo la misma marca que los autores del atentado de King's Cross, producido esa misma mañana, dejaron.' – Sirius hizo una pausa y miró a Sam y a Peter. Axel y Kaienne también intercambiaban miradas de preocupación.- 'Esto ha hecho que los aurores relacionaran inmediatamente ambos casos. Mientras que el Departamento de Justicia Mágica abre una investigación para descubrir al posible asesino u asesinos, toda la atención se centra en quién ocupara el nuevo lugar como juez del tribunal mágico. Son varios los candidatos, entre los miembros del jurado, aunque no será hasta mañana, cuando se produzcan las elecciones en el Ministerio, cuando se sepa quién será el nuevo Juez.' – Sirius hizo otra pausa. Estaba seguro de que tarde o temprano se iba a encontrar el maldito nombre de Voldemort. – 'Este hecho supondrá una vacante en el jurad. La mayoría de nobles ha propuesto ya un candidato. El mismo que propusieron hace varios meses, cuando otro miembro del jurado se jubiló. Este candidato no es ni más ni menos que un joven prometedor de gran talento y de ideas conservadoras llamado Tom Riddlel. La otra vez el muchacho no fue aceptado porque el Consejero Robert Keith, político de ideas progresistas, hizo varias movilizaciones para impedirlo y lo consiguió. Esta vez puede que no ocurra, ya que el Consejero del Ministro de Magia se encuentra en estado grave en el hospital debido al atentado de King's Cross.'
Sirius, Sam, Peter, Axel y Kaienne se miraron.
'Esto no puede estar pasando…' – Murmuró Sam.
Los ojos de Lily y James tardaron varios segundos en acostumbrarse de nuevo a la luz normal. Continuaban quietos en el mismo sitio y sin sus varitas. James delante de Lily, en un gesto protector. Cuando la luz se disipó, James no supo si alegrarse o lamentarse al ver a las mismas muchachas que habían tratado de ahogar a Sirius en el sitio donde segundos antes habían estado aquellas repugnantes criaturas. Por el contrario, Lily esbozó una inmensa sonrisa y salió corriendo de detrás de él hasta plantarse frente a la muchacha que estaba más cerca.
'¡Soys Náyades!' – Gritó emocionada.
Eran hermosas muchachas de cara agradable, de finas facciones y dorados ojos. Con largos cabellos dorados-castaños, que vestían vaporosas túnicas de seda. Si no hubiera sido por aquellas orejas en forma de aletas y las branquias de sus cuellos, cualquiera hubiera dicho que eran humanas.
'Disculpa si te he hecho daño, bruja de la casa de Gryffindor.' – Habló con voz melodiosa la que había sujetado a Lily por el cuello. – 'Pero es nuestro deber proteger el agua de este manantial con la vida si es necesario.' – La Náyade le tendido una mano amistosa. – 'Has sido capaz de atravesar el jardín, la puerta y las llamas. Has conseguido entender la inscripción y decirnos porqué mereces nuestra agua.'
Lily le estrechó la mano con una sonrisa, sin dejar de observar atentamente y analizar a cada una de las hermosas criaturas allí presentes. La náyade miró de reojo a James y le dijo:
'Procura que tu amigo no aparezca nunca por aquí porque no saldrá vivo otra vez.'
'Tranquila, no tiene intención de volver después de lo amables que fuisteis.' – Ironizó James con una sonrisa arrogante.
'No pretendas enfadarnos, joven brujo.' – Le amenazó la criatura. – 'No te conviene.'
'Dísculpale, suele ser así de arrogante y además está algo asustado aún.' – Intervino Lily haciendo de mediadora y lanzándole una mirada furibunda a James.- 'No pretende enojaros, ¿verdad James?'
James no respondió y se quedó contemplando la "fascinante" pared de roca de la gruta como si con él no fuera la cosa. Lily respiró hondo para tratar de calmarse al verle pasando de todo y pensó que quizás les ahorraría trabajo a los Sangre Pura.
La náyade le levantó la cara a Lily y clavó su mirada dorada en la verde de ella. Lily imaginó que la estaba analizando y le sostuvo la mirada pero de manera que no pareciera desafiante, porque James ya se estaba encargando de hacerse el gallito y después del susto que les habían dado, no parecía muy sensato volver a provocarlas. Finalmente la hermosa criatura le habló.
'Has tenido suerte…'
'¿Por qué?'
'¿No conoces los poderes de nuestro agua, cierto?'
'Esperaba que vosotras me lo dijerais o que me dierais alguna pista para adivinarlo.'
'¿Sabes que podrías haber matado al chico?'
Lily la miró sin entender y se giró hacia James. James seguía en su línea de paso de todo, pero le levantó el dedo pulgar del puño para indicarle que él estaba perfectamente. Lily se giró hacia la náyade.
'¿Por qué lo podría haber matado?'
La náyade sonrió y giró sobre sus talones sin decir ni media palabra. Lily observó angustiada como las otras dos náyades daban un salto y volvían al estanque. Antes de que la que le había hablado hiciera lo mismo le gritó:
'¡Espera por favor!' – Se acercó a ella y la miró a los ojos. – '¡Dime si tu agua puede curar la Licantropía! ¡Si puede hacer que la magia de un brujo no se descontrole!'
'Nuestra agua no puede curar una maldición, ni puede competir con la magia pues fue esta quién le dio su poder.' – Le dijo la náyade sin variar la expresión seria de su cara.
Lily bajó la mirada derrotada y se mordió el labio inferior, estaba enfadada pero sobretodo muy decepcionada. James se acercó a Lily y le puso una mano sobre la cabeza. Ahora entendía porqué tanto interés en descubrir que tenía el agua, porqué le había dedicado tantas horas de estudio y de investigación.
'No hay cura para Remus y no hay cura para mí.' – Masculló Lily enojada cruzándose de brazos. – 'Todo ha sido en vano…'
La náyade metió sus pies en el agua y miró de reojo a Lily. Sus verdes ojos no habían dicho que tuviera malas intenciones o que fuera malvada, sino todo lo contrario. Así que decidió darle una última pista sobre su agua, aunque parecía que a la muchacha ya no le interesaba.
'Tú, que osas coger el agua que de aquí emana, vigila que tus manos sean limpias, pues serán ellas las que den vida o muerte.'
La náyade empezó a susurrar aquella frase una y otra vez a medida que se fue adentrando en el estanque. Lily y James prestaron gran atención a lo que decía mientras ella se iba sumergiendo. Para cuando se hundió en la profundidad, ambos habían memorizado la extraña frase.
Hogwarts entero estaba enganchado a las radios mágicas y las lechuzas tenían más trabajo que normalmente, de Dumbledore no se sabía nada…Y todo aquello era debido a lo que se estaba cociendo fuera del colegio. La mañana pasó volando entre nuevas noticias, rumores y demás. La hora de la comida en el gran salón tan solo fue un hervidero de nuevos rumores e indagaciones sobre todo lo que estaba ocurriendo en la comunidad mágica.
En el medio de la mesa de Gryffindor James, Remus, Lily, Sirius, Sam, Peter y Kaienne comían tranquilamente y trataban de hablar a pesar de aquel murmullo general incesante. Estaban todos de cháchara menos Lily, que remenaba su comida y tenía cara de "como me hables te mato". James estaba riendo a carcajadas por culpa de Sirius, cuando Remus le dio un codazo y le preguntó disimuladamente.
'¿Qué le has hecho?'
James le miró sin entender y todos los demás pusieron la antena para escuchar disimuladamente. Remus le vocalizó el nombre de su novia.
'¿Yo?' – Preguntó él a la defensiva. – '¿Qué pasa, que Lily solo se puede enfadar por mi culpa?'
Sirius y Peter le miraron, se miraron y asintieron. James agarró la barra de pan y se puso a arrearles al tiempo que les seguía gritando.
'¡No jodas, James!' – Le gritó Sirius protegiéndose con los brazos. – '¡De las mil veces que Lily se ha enfadado, novecientas noventa y nueve has tenido tú la culpa!'
'¿¡Y vosotros qué, capullos!?' – Gritó James hecho una furia y utilizando la barra de pan a modo de bate de quidditch. – '¡También habéis hecho las gamberradas conmigo!'
'¡Nosotros no la perseguíamos todo el día para pedirle para salir!' – Gritó Peter desde debajo de la mesa.
'¡Y no estarías vivos si lo hubierais hecho!'
James continuó usando la barra de pan como arma, mientras Sirius ponía su plato como escudo y Peter se dedicaba a tirarle patatas fritas medio escondido bajo la mesa. Al cabo de dos minutos aquello se había convertido en el show del gran comedor y los demás, sobretodo los de séptimo de la misma casa alentaban la pelea.
'¿Y si los paras, Remus?' – Le preguntó Kaienne.
'Sí…' – Sam se quitó de la cabeza una pata frita desviada. – 'A mí ya me están tocando las narices…'
'Dejemosles un rato más a ver si se matan y me dan una alegría.'
'Pues yo no los dejaría…'- Kaienne miró de reojo a Lily, que estaba como ellos en pleno centro de batalla. – 'Como le den…'
'Rodarán cabezas.' - Murmuró Sam.
Efectivamente, dos segundos más tarde, un trozo inmenso de carne se estampaba en la cara de la prefecta. Los de séptimo de Gryffindor que estaban animando se callaron al momento y la multitud que se había congregado se disolvió en un visto y no visto. De repente, la carne con patatas fritas se había convertido en lo más interesante que todos habían visto en su vida. Sirius, James y Peter se quedaron en la misma posición, helados como estatuas y acojonados a más no poder. Lily se quitó el trozo de carne y lo dejó caer en el plato sin mirar a los tres culpables.
El silencio del gran salón era aterrador.
La prefecta levantó la mirada del plato y…
'¡LILY, CÁLMA!'
'¡NO LO HAGAS!'
'¡LILY, PORFAVOR! ¡QUE ME DEJAS SIN NOVIO!'
'¡POR TU VIDA! ¡NO HAGAS ESO!'
'¡QUE TE LOS VAS A CARGAR!'
'¡QUE ERES PREFECTA!'
Si no la hubieran frenado, Hogwarts entero hubiera acabado ardiendo el llamas y los Sangre Pura se hubieran podido retirar.
Una vez con James, Sirius y Peter calmaditos, calladitos y sentaditos como niños buenos y con una marca de la hermosa mano de Lily en la mejilla cada uno como herida de guerra (entre otras), el comedor volvía a estar como siempre.
'Os podéis considerar afortunados.'
Desde que Lily había descargado toda su ira en aquellos tres sujetos, volvía a estar de mejor humor y ya comía. Sam y Remus se mofaban de sus tres amigos y se reían a pura carcajada de ellos recibiendo solo como respuesta malas miradas por su parte, pues ninguno se atrevía a rebotarse ya que Lily les iba lanzando miradas amenazantes cada pocos segundos.
'¿Ha sido por lo del manantial, verdad Lily?' – Le preguntó Remus con una sonrisa.
'He conseguido coger el agua.' – Afirmó Lily aún de morros. – 'Pero no tiene la utilidad que yo pensaba…'
'¿Y qué utilidad tiene?' – Preguntó Sam.
'Aún no estoy segura…'
Las puertas del gran comedor se abrieron y una hermosa Anthea Landry entró en el comedor. La chica caminaba firme y segura, con la cabeza bien alta y lucía una sonrisa brillante que delataba toda su alegría. Fue presa de todas las miradas del comedor desde el primer momento en que puso el pie en el Gran Salón.
'¿Creéis que se sentará con nosotros ahora que ya no es de ellos?' – Preguntó Peter.
Kaienne, Lily y Sam se miraron y se sonrieron.
'Seguro.' – Afirmó Kaienne. – 'Pero antes hará otra cosa.'
A pesar de que Peter ni si quiera lo imaginaba, James, Sirius y Remus lo intuían y supieron que habían acertado cuando Axel Lance se levantó en la mesa de Gryffindor, salió del banco y empezó a caminar en dirección a Anthea, entre las mesas de Slytherin y Gryffindor.
Anthea Landry y Axel Lance no dejaban de mirarse mientras caminaban desde puntas opuestas a su mutuo encuentro y ninguno de ellos escondió aquella felicidad que los invadía. Tampoco se les pasó por alto que el comedor entero estaba pendiente de ellos y sabían que aquellos murmullos hablaban sobre ellos.
'Preparaos para otra de las mayores noticias del año…'- Susurró James divertido. – 'Se va a armar el mismo escándalo que cuando tú y yo empezamos a salir.' – Le dijo James a Lily.
Anthea y Axel finalmente se encontraron. En el primer momento ni siquiera se atrevieron a tocarse, solamente se rieron. Anthea se acercó más a su chico y Axel se sonrojó. Entonces Anthea le cogió la cara con las manos suavemente y pegó su frente a la suya y sin dejar de mirar aquellos hermosos ojos azules le dijo:
'Ya te dije que muy pronto todo el mundo se iba a enterar de lo que nos queremos.'
Axel pasó los brazos por su talle, rodeándola completamente y atrayéndola hacia él.
'No eras tú el único que estaba deseando dejar de esconderse…' – Prosiguió Anthea. – 'Y tengo que darte las gracias y pedirte perdón.'
'¿A que viene eso?'
'Te metí en todo este rollo que solo nos ha traído desgracias y sufrimiento y encima te obligué a escondernos…' – Anthea le acarició la mejilla y le sonrió dulcemente. – 'Y si no te hubiera tenido a mi lado, no habría podido con nada.'
Anthea se puso de puntillas y le besó.
'Te amo, Axel.' – Le susurró. – 'Y no lo negaré nunca.' – Clavó sus ojos en los de él. – 'Ya sea delante de los de Slytherin, de todos los nobles, mis padres o del mismo Voldemort.' – Volvió a besarle suavemente.- 'Te amo.'
'A veces pienso que no me merezco a alguien como tú.' – Susurró Axel conmovido hasta el corazón. – 'Te quiero, Anthea.'
Axel Lance fundió sus labios con los de Anthea Landry.
Nunca un simple beso les supo como aquel.
Era como la primera vez.
Primero fue un reducido sector de la mesa de Gryffidnor encabezado por los Merodeadores, Sam y Lily. Después les siguieron los alumnos de séptimo, amigos de Axel, y finalmente, Gryffindor entero, Ravenclaw y Hufflepuf estallaron en aplausos y vítores mientras los dos enamorados continuaban besándose.
¡¡¡Holaaa!!! ¡Pues aquí iba el nº52! Y dentro de una semana o así llegará el próximo, aprovechando que ahora son las vacaciones de Navidad. Seguramente, en estos días, subiré algo más además del próximo capítulo.
¡Muchísimas gracias por todos los reviews del capítulo anterior! ;)
¡Un besazo enorme y Felices Fiestas!
Eneida
