LIII

La noche anterior, Hogwarts entero se había ido a dormir con la nueva de que Anthea Landry y Axel Lance estaban juntos. La noticia había tenido tanta resonancia entre los admiradores de ambos, que los pobres muchachos habían tenido que refugiarse en la Torre de Gryffindor.

Aquella mañana, el ambiente en el castillo estaba más calmado que por la noche o al menos durante el principio, parecía que todos iban a disfrutar de un tranquilo desayuno. En la mesa de Gryffindor estaban todos desayunando menos Lily y Sirius que se habían quedado rezagados por distintos asuntos. Los chicos hablaban y se reían de las magníficas caras que se les habían quedado al grupito de Devoir cuando Axel y Anthea se besaron en sus narices y los demás estudiantes.

'Ojalá hubiéramos tenido una cámara fotográfica.'- Murmuró Peter entre risas.

'No hace falta.' – Anthea besó a Axel, que estaba a su lado, en la mejilla. – 'Podemos repetirlo cuando queráis.'

'Sí, pero mejor nos besamos en la Sala Común de Slytherin y así fastidiamos solo a esos.' – Murmuró Axel antes de plantarle un suave beso en los labios. – 'Paso de que todas las amigas de Lyn se me pongan a llorar como ayer.'- Todos estallaron en carcajadas.

'Pues poca broma con ellas, Axel.' – Le dijo James riendo. – 'Hace un rato estaban hablando de no se qué de un Filtro de Amor ahí en el pasillo.'

Volvieron a reír todos menos Anthea, que asomó la cabeza por encima de la de los demás para localizar a las chicas de las cuales estaban hablando.

'Lyn me ha dicho algo así antes.' – Le dijo su hermano Darren, que tanto estaba al tanto de la pasiónq ue levantaba su hermano entre las amigas de su novia, como el odio que les tenía Axel a los de Slyhterin. En especial a Mafoy. – 'Yo que tú me andaría con cuidado.'

'Es verdad.' – Kaienne lo miró con seriedad. – 'Thomas y yo cortamos por culpa de un filtro de amor al principio de curso.'

Axel puso cara de pánico y los demás chicos se empezaron a reír divertidos. La peor pesadilla de Axel era dejarlo con Anthea ahora que por fin no tenían que esconderse.

'Y Remus también tiene experiencia con los filtros de amor, ¿verdad?' – Murmuró Sam mirando divertida al chico. – '¿En perfume, fue?'

Remus esbozó una sonrisa y a pesar de que no se sentía demasiado en forma, les relató su experiencia con la famosa felicitación de Navidad que le hizo enloquecer de amor.

'Mi consejo Axel, es que no te fíes de ellas.' – Finalizó Remus, haciendo caso omiso de las carcajadas de Peter y James. – 'No aceptes nada, por inofensivo que parezca.'

James le dio unas palmaditas en el hombro y con una sonrisa pícara le dijo:

'Bueno, no lo expliques como si hubiera sido una horrible experiencia.'

'¿Te parece poco que me recorriera en pleno invierno 30 Km en escoba?'

'Pero luego te hicieron recuperar el calor perdido, ¿no?' – Insistió James sonriendo, provocando las risas de todos los que estaban allí.

'¡Sssht!' – Remus le dio un codazo medio enfadado. – 'Cállate que viene Ió.'

La Ravenclaw, Ió Keith, pasó a saludarles antes de irse a sentar en su mesa.

'¿Qué tal, Ió?' – Preguntó James cuando la chica se paró en el pasillo. – '¿Desayunas con nosotros?'

'No gracias, ya he quedado con mis amigos.' – Le dijo con una sonrisa. – '¡Por cierto!' – Ió dirigió sus dos inmensos ojos azules a Anthea y a Axel. – '¿Cómo lo lleváis parejita? ¡Que sepáis que ayer disteis que hablar en Ravenclaw!' – Dijo riendo. – '¡Ah! Una cosa Axel, en mi torre, un par de chicas que te vieron cantar en aquella fiesta y que están coladitas por ti estaban cuchicheando sobre ofrecerte unos bombones o algo así. Yo de ti me andaría con cuidadito porque los de Ravenclaw nos las ingeniamos bien.'

'¿Más filtro de amor, verdad?' – Preguntó Anthea al tiempo que hacía tamborilear sus dedos sobre la mesa.- 'Estoy empezando a enfadarme en serio…' – La rubia se crujió los nudillos. – 'Cómo vea a alguna niñata revolteando muy cerca de Axel, acaba en la enfermería.'- Anthea se dirigió a Darren y a Ió exclusivamente. – 'Espero que hagáis llegar este mensaje a esas que quieren quitarme a Axel.'

'Yo me encargo de que eso se sepa en mi casa.' – Aseguró Ió riendo divertida. Después se inclinó sobre Remus y le besó en los labios. – '¿Qué tal estás?'– Le preguntó por su aspecto cansado y enfermo.

'Estoy bien, tranquila.' – Le dijo Remus al tiempo que le acariciaba una mejilla. – '¿Esta tarde estás libre?'

'Eres tú el que tiene clase.' – Le recordó con una sonrisa. – 'Pero te iré a buscar, ¿vale?'

'Te quiero.' – Le dijo Remus antes de besarla en los labios.

Ió se marchó a desayunar con los de su casa con una sonrisa encantadora provocada por Remus Lupin. Los demás se pusieron a reír al verla tan contenta y antes de que pudieran retomar la conversación principal otra vez, Sirius entró en el salón. El guapo Merodeador atrajo todas las miradas femeninas del comedor, miles de suspiros y algún comentario que hizo gruñir a Sam. Sirius se recorrió el pasillo corriendo y se sentó entre Peter y James jadeando.

'Las tienes locas, ¿eh?' – Un bollo pasó rozando las narices de James. – 'Perdon, Sam.'

'Disculpas aceptadas.' – Dijo Sam antes de dirigirse a Sirius. – '¿Ya está?'

'Todo listo, princesa.' – Sirius le dio un suave manotazo a James en el brazo. – 'Tío, Lily casi me pilla y encima iba con McGonagall.'

'Pero no te ha podido ver.' – Afirmó James, más que preguntó.

'Por suerte no.' – Sirius se bebió de un trago el zumo de James. – 'Me debes una, ¿eh?'

'No te debo nada.' – Respondió James sonriendo orgulloso. – 'Si acaso, todos los de sexto estáis en deuda conmigo.'

Anthea, Axel, Darren y otros de séptimo y Kaienne le miraron sin entender.

'Os lo explico, pero no le digáis nada a Lily o me matará.' – Susurró James, haciendo que todos se inclinaran sobre la mesa y juntaran las cabezas. – 'Sirius ha soltado un par de Gnomos verdes de Austria en el invernadero de Sprout.'

'¿Dónde tenemos las Acacias enanas?' – Preguntó Kaienne.

'Teníamos.' – La corrigió Sirius sonriente. – 'A estas alturas ya no quedará ni una.'

'¿No os ha sobrado algún Gnomo de esos?' – Preguntó muy interesado Darren. – 'O algún bichito de esos a los que les gusta destrozar las aulas y esas cosas.'

Entre risas, los Merodeadores le dijeron que no tenían nada que le sirviera de momento, pero que estaban pensando en comercializar con criaturas que sabotearan las clases.

'¿Cómo se os ocurren estas cosas?' – Preguntó Axel divertido.

'James necesitaba tiempo con su pelirroja, Peter quería tirarle la caña a una de Huffelpuf, yo estoy deseando estar un rato con mi princesa, Remus tiene un resfriado de narices y necesita reposo…Vamos, que todos tenemos cosas mejores que hacer que ir a Herbología.' – Resumió Sirius. – 'Y nuestro querido Remus nos dio la solución.'

'¿Tú les dijiste como fastidiar la clase de hoy?' – Exclamó incrédula Anthea mirando a Remus. – '¡Si eres prefecto!'

'Me chantajearon.' – Resolvió él sin apartar la mirada del bollo relleno de chocolate que estaba a punto de engullir.

'¿Con qué?'

'Con comprarme todo el chocolate que quiera hasta que acabe el curso.'

Sam y los demás estallaron en carcajadas.

'No me lo puedo creer.' – Anthea esbozó una sonrisa incrédula. – '¿De veras?

'Creételo.' – Le dijo James. – 'Remus es un Merodeador también y si encima le pillas en un día especial y le haces una oferta que no puede rechazar…'

'Entiendo.' – Anthea miró a Remus pensativa. – '¿Así que si te chantajeo con chocolate puedo conseguir que me hagas los deberes?'

'Entre eso y los días en que Remus está más rebelde sí.' – Dijo Peter por él.

'Mmm…' – Anthea se quedó algo pensativa. – '¿Y que días te sientes más rebelde, Remus? Porque yo siempre te veo como un alumno ejemplar.'

'Los días cerc… ¡Ay!'

Los cuatro pies que habían dado una patada a Peter regresaron a sus respectivos lugares. Sam se sirvió más zumo sin que nada se le notara, James se llevó a la boca un par de cereales con aire distraído, Remus bebió de su café como si nada ocurriera y Sirius le dijo a Anthea:

'No hay manera de saberlo, querida Anthea.' – Se encogió de hombros. – 'Pero puedes ir probando cada día.'

'Lo haré.' – Respondió ella riendo. – '¿Un croissant de chocolote, Remus?'

'¡Callaos que viene Lily!' – Avisó James.

Lily llegó hasta ellos y se sentó al lado de Sam, al tiempo que dejaba caer su mochila al suelo y remugaba medio enfadada:

'Algún idiota a soltado Gnomos verdes en el invernadero.' –Lily lanzó una mirada inquisidora a James y a Sirius exclusivamente. – '¿No habréis sido vosotros?'

'Te recuerdo, querida Lily, que nosotros tenemos vigilancia las 24 horas del día.' – Le dijo Sirius como si fuera un reproche. – '¿Me quieres decir cuando lo podríamos haber hecho si no nos dejáis ni un minuto a solas?'

'Sí, es cierto…' – Accedió ella incapaz de imaginar que Sirius había hecho un trato con Sam y que había usado la capa invisible de James. – 'Perdonad. Pero como siempre estáis vosotros detrás de todas las gamberradas…'

'No pasa nada, Lily.' – James se inclinó por encima de la mesa y la besó en los labios. – '¿Ha ocurrido algo con las Acacias enanas?

'Que no queda ni una.' – Murmuró Lily mientras se servía zumo de calabaza. – 'Sprout me ha dicho que como era lo único que tenía preparado nos deja la tarde de hoy libre para estudiar.'

'Genial.' – Murmuró Sam con una sonrisa. – 'Porque aún falta un mes y medio para los finales y dudo que alguien se ponga a estudiar.'.

'Ahora en Pociones lo comunicaré a toda la clase.' – Finalizó Lily con aire enfadado.

Sin que Lily lo percibiera, Sirius y James se chocaron la mano por debajo de la mesa. Interiormente todos los de sexto que se habían compinchado y los que no, lo estaban celebrando.

El correo de la mañana llegó interrumpiendo la alegría que les acaba de dar la noticia de Lily gracias a los Merodeadores. Varios ejemplares del periódico mágico cayeron en la mesa y todos se apresuraron en cogerlos y leer la portada principal. Anthea dejó el periódico a un lado cuando una lechuza dejó caer un sobre rojo en la mesa, justo delante de ella. Leyó su nombre y apellido y frunció el ceño.

'Nada sobre Tom Riddlel.' – Informó Lily tras echarle un vistazo al periódico.

'Mejor.' – Dijo Kaienne dejando el periódico por ahí tirado como estaban haciendo todos sus amigos. – 'Menos preocupaciones.'

Anthea miró fijamente el sobre y alargó una mano hacia él, pero se retractó en el último momento y no se atrevió a tocarlo.

'¿Qué es?' – Le preguntó Axel, haciendo que todos prestaran atención al sobre rojo.

'Un Vocifeador.' – Observó Lily. Extrañada por que a la rubia le mandaran aquella temible carta, le preguntó: - '¿Sabes de quién es?'

'Lo imagino.' – Se limitó a decir Anthea. – 'E imagino porqué me lo mandan.'

'Que raro que no sea para ti y para mí, James.' – Dijo Sirius con cara de asco.

'Esa cosa es lo peor.' – Murmuró James. – 'Da igual que te vayas al último rincón de Hogwats para que no lo oiga nadie, las voces llegan hasta Hogsmeade.'

Anthea continuó mirando el sobre rojo sin saber muy bien qué hacer ante la mirada expectante de todos sus amigos. Finalmente, se armó de valor y lo abrió. En cuanto separó la solapa del sobre, este se alzó en el aire y la poderosa voz de Christopher Landry acalló al comedor de Hogawrts con sus gritos:

'¡ANTHEA LANDRY!' – Rugió y Anthea dio un salto en el banco. – '¡HA LLEGADO A MIS OÍDOS QUE ANOCHE TE BESASTE DELANTE DE TODOS CON UN MES…'

'¡Incendio!'

Anthea sintió todas las miradas del comedor puestas en ella, en su varita, en el vocifeador que ardía. El estómago se le revolvió cuando la voz de su padre se fue apagando, pero la palabra "mestizo" se escuchó. La chica miró a su alrededor, Kaienne, Remus y Peter se tapaban los oídos, los demás tenían la boca abierta, quizás por lo que había hecho ella o por la última palabra de la temible carta.

Anthea fijó la mirada castaña en el sobre mientras se consumía lentamente por las llamas y esperó a que quedara reducido a cenizas con una expresión fría y seria, que ocultaba toda la ira y la vergüenza que le provocaba el hecho de que su padre se hubiera atrevido a mandarle un vocifeador.

'¡Anthea!' – James le dio una suave palmada en el hombro que no consiguió variar aquella expresión de hielo. – '¡Eres una crack!'

'¡Ya ves!' – Corroboró Sirius sonriendo. – '¡James y yo nunca hemos tenido los cojones suficientes para destruir un vocifeador de Dorea Potter!'

Aquellas palabras no le hicieron sentirse mejor a Anthea. Ella no le temía a su padre. Si había hecho aquello había sido por puro orgullo. Primero, porque no iba a permitir que su padre la sermoneara a distancia y de aquella manera para que se enterara toda la escuela; segundo, porque su padre no tenía porqué meterse en su vida amorosa y por último, porque no iba a dejar que nadie de su familia tratara despectivamente a Axel.

Reparó en que aún sostenía en alto la varita y s dio cuenta de lo enfadada que estaba por lo blancos que se le habían quedado los nudillos de la mano que empuñaba la varita. Aflojó la fuera con la que la sujetaba y dejó caer su mano sobre la mesa. Una mano, la mano de Sam, se posó sobre la suya y Anthea cruzó la mirada con ella.

'Has sido muy valiente.' – Le dijo Sam con una sonrisa. – 'Cuentas conmigo.'

La máscara de impasibilidad se le cayó y los ojos se le humedecieron con el cariñoso gesto de Sam. La hija de los Hewitt se había dado cuenta de que la hija de los Landry empezaba a enfrentarse a su familia. Le sonrió y otra mano se deslizó hasta el montón que formaban la de ella y Sam. Era la de Lily.

'Yo también estoy aquí y trataré de ayudarte en todo, Anthea.'

Muy a su pesar iban a hacerla llorar. Ahí estaba Lily, siempre velando por los demás.

La mano de Kaienne fue la última en posarse sobre el montón:

'Llevo toda la vida contigo.' – Le dijo su mejor amiga. –'Y siempre lo estaré.'

Anthea le aguantó la mirada un instante a Kaienne y después la bajó para secarse una lágrima rebelde que se le había escapado. Con Kaienne pocas veces podía fingir.

'Gracias a todas, chicas.' – Les dijo agradecida. – 'No es menos de lo que esperaba.'

'Cuentas con todos nosotros, Anthea.' – Remus la miró a los ojos. – 'Ya te lo dije.'

'Sí.' – Apoyó Sirius guiñándole un ojo. – 'Admás, cuentas con un par expertos en ser las ovejas negras de la familia. Así que tranquila, te echaremos una mano.'

'Y recordad que mi casa esta abierta a todo el mundo.' – Anunció James riendo.

Anthea sonrió y sintió una oleada de afecto hacia todos ellos.

'Gracias a todos, de verdad.' – Entonces Anthea miró a Axel, que estaba serio y seguía mirando el sobre hecho cenizas. – 'Axel, mírame…' – Susurró suave.

Los ojos azules de Axel se posaron en los suyos.

'Siento traerte problemas con tu familia.'

'No seas tonto, tu solo me traes felicidad, paz y amor.' – Anthea le besó en los labios. – 'Justo lo que más necesito, así que no vuelvas a decir algo así, ¿vale? Te quiero mucho.'

Anthea y Axel volvieron a fundir sus labios. Anthea lo tenía muy claro, Axel era parte de ella, parte de su orgullo, y todo aquel que fuera en su contra se las vería con ella. A nadie le permitiría insultar o dañar el amor que sentía por el mestizo Axel Lance.

Sin embargo, ya lo habían hecho. Lo acababan de hacer con aquel vocifeador y al hacerlo habían provocado la ira de Anthea Landry y eso no iba a quedar así.

'Ahora, si me disculpáis un momento…' – Dijo Anthea al tiempo que se levantaba. – '…voy a dejar cuatro cosas claras a los lameculos de mi padre.'

Antes de que nadie pudiera reaccionar, Anthea se plantó en dos zancadas en la mesa de Slytherin, frente a Nick Devoir y las demás serpientes de Lord Voldemort.

'¿Quién os creéis que sois?' – Espetó bruscamente.

Devoir, Malfoy, Dolovh, Dodge, Snape y Alecto Carrow se giraron en el banco al oírla. Anthea los miró uno a uno a los ojos. Narcisa Black, Mulciber, McNair, Amycus Carrow, Regulus Black y Runcorn dejaron de desayunar.

'¡Anthea!' – Exclamó Devoir con fingida sorpresa. – '¿Qué te trae por aquí?'

La mano de Anthea voló al cuello del uniforme de Devoir. La chica lo sacó del banco de un tirón y lo levantó hasta dejarlo a su altura. Los Slytherins dieron un respingo y mientras que algunos sacaron sus varitas, otros permanecieron quietos, confusos, sin saber que hacer: defender a su líder o amenazar a la hija de Christopher Landry.

'No estoy para bromas, Devoir.' – Murmuró con dureza la rubia, con su cara a centímetros de la de Nick. Los pies de Nick no tocaban el suelo. – 'Me da igual que seas el perrito faldero de mi padre y que planees con él el estúpido juego de guerra de Hogwarts al que jugáis.' – Axel y James se pusieron a su lado; Remus, Sam, Lily, Sirius y Kaienne estaban a un paso de distancia y los de séptimo estaban todos de pie en la mesa de Gryffindor. La mayoría de leones tenían las varitas en la mano.- 'Pero no te equivoques: yo no soy Christopher Landry. Soy Anthea Landry y no permito a nadie que me diga lo que tengo que hacer.'

'Suéltame.' – Murmuró Nick rojo y con la voz ahogada por la presión que ejercía Anthea.

Anthea puso cara de asco y lo dejó caer al suelo. Malfoy y Dolovh corrieron a ayudarle a levantarse y Anthea echó una rápida mirada para ver quién de las serpientes osaba apuntarla con la varita. Los Carrow, Dodge, Mulciber y Runcorn la apuntaban sin vacilar. Si no supiera que tenía a todo Gryffindor respaldándola quizás se hubiera preocupado por su integridad física un poco.

'Ya que parece que tienes más comunicación con mi padre que yo misma…' – Prosiguió Anthea, ajena a las cinco varitas de las que podía ser blanco. – '…dile de mi parte que si quiere hablar conmigo que venga directamente a verme, pero que no trate ponerme en evidencia delante de Hogwarts, porque no lo permitiré. Recuérdale que a mi nadie me dice lo que tengo que hacer y que yo decido con quién estoy.'

Nick se deshizo de un manotazo de Dolovh y Malfoy y miró consternado como todos los estudiantes de Hogwarts lo miraban a él, riéndose por cómo lo estaba humillando Anthea. Gryffindor, Ravenclaw y Hufflepuf lo miraban sin disimular lo divertido que les estaba pareciendo la situación. Devoir, rayando la locura, sacó su varita y apuntó a Anthea a la cara. La amenaza fue tan clara que la mesa de Gryffindor se levantó, varitas en alto, y lista para tomar parte en la pelea si alguien atacaba a algún miembro de su casa. Slytherin no se hizo de rogar y respondió de la misma manera.

El Gran Comedor quedó sumido en un silencio tenso, que rompió la voz de Ió:

'¡Slyhterin!' – Gritó de pie sobre la mesa de Ravenclaw. – '¡Si tocáis a Gryffindor, Ravenclaw os lo hará pagar!'

Remus miró boquiabierto hacia la mesa de Ravenclaw, donde Ió Keith, su niña de aspecto angelical, estaba subida sobre la mesa, con la varita en alto y con toda la casa de Ravenclaw respaldándola, de pié y empuñando las varitas. James, Sirius y Peter alzaron los puños y animaron a Ió, enormemente divertidos y emocionados.

'¡Ió eres una crack!' – Le gritó James.

'¡Ravenclaw, sois la hostia!' – Rugió Sirius, tras unas sonoras y roncas carcajadas.

La segunda ronda de correo de la mañana irrumpió en el salón. Totalmente desconcertadas, las lechuzas dejaron caer las cartas y paquetes y marcharon volando a toda prisa, pues hasta ellas se habían dado cuenta del peligro de la situación.

Lily miró a la mesa de los profesores con un nudo de angustia en la garganta; la mitad aún no habían bajado a desayunar o no estaban y Binns y Flitwick estaban demasiado impresionados viendo como su salón estaba a punto de convertirse en un campo de batalla como para reaccionar.

'¿Van a dejar que hagamos nuestra propia guerra aquí?' – Pensó indignada. – '¡Si a alguien se le ocurre lanzar un hechizo todos vamos a acabar muy mal!'

Nick Devoir miró a su alrededor. Quizás no era de los mejores en la magia, pero era inteligente y no hacía falta serlo mucho como para ver que Slytherin tenía las de perder. Decidió que no atacarían con magia, no se iba a arriesgar a que lo dejaran fuera de juego por una estupidez como aquella ahora que los Sangre Pura estaban a punto de asestar un golpe mortal. Pero tampoco iba a dejar que Anthea le humillara delante de todo Hogwarts sin que él se defendiera.

'Y dime, Anthea…' – Guardó su varita con la idea de que todo el mundo las abajara, pero no consiguió nada. – '¿Debo decirle a tu padre que estás saliendo con el mestizo o …'

'¿O qué, Devoir?'

'¿O mejor me espero a que te canses de él?'

Anthea frunció el ceño. No había entendido la amenaza u ofensa que Nick trataba de hacerle saber, pero pensó que tampoco iba a importarle mucho lo que le dijera aquel idiota. Nick se giró hacia Malfoy con una sonrisa divertida y este le sonrió.

'Deja que yo se lo explique a ella y a todo Hogwarts, por favor, Nick.' – Pidió Lucius Malfoy con su característica cortesía al tiempo que daba un paso para ganarse la atención de todos. – 'Anthea, querida…En realidad, lo que Nick no sabe es si debe decirle al señor Landry que casi todo los muchachos de Hogwarts se han…Mmm… ¿Cómo decir esto sin que suene demasiado vulgar?' – Preguntó pensativo Malfoy. – '¡Oh sí! ¡Ya lo tengo!' – Malfoy esbozó una sonrisa burlona y miró a Axel Lance exclusivamente. – '¿Cómo decirle que su hija es y ha sido siempre una mujer de...uso público?'

Axel le propinó tal puñetazo que le borró la sonrisa a Malfoy y a la vez que lo tiró al suelo, provocó que los Slyhterins le atacaran. Una multitud de hechizos volaron hacia él, pero ninguno llegó ni siquiera a rozarle el cabello, pues los Gryffindors: sus amigos de séptimo, Darren, Anthea, los Merodeadores, Lily, Sam…alzaron sus varitas y le protegieron.

Slyhterin, Gryffindor y Ravenclaw atacaron. Un sin fin de hechizos comenzaron a volar de un bando a otro, reventando jarras, platos, bancos y mesas y dañando a varios estudiantes. Consternada, Lily avanzó hasta el límite que los separaba de los Slyhterin, esquivando hechizos y bramó:

'¡Cave Inicum!'

Una poderosa burbuja se extendió sobre todo Gryffindor y Ravenclaw, impidiendo que ningún conjuro de los Slyhterins pudiera dañarles y a la vez, deteniendo la pelea.

En ese preciso instante, las puertas del comedor se abrieron de par en par:

'¡Deténganse!' – Bramó la voz de la subdirectora Minerva McGonagall desde la puerta del Gran Comedor. – '¡Deténganse ahora mismo! ¡Bajen sus varitas!'

Los profesores que faltaban irrumpieron en el Gran Salón a toda prisa y los que ya estaban bajaron de la mesa de los profesores para detenerles.

A pesar de que aún les quedaba un largo trecho por recorrer a los profesores, los estudiantes empezaron a bajar sus varitas y Lily retiró el hechizo. Ningún alumno se atrevió a contradecir las órdenes de McGonagall, salvo uno que aprovechó el breve momento de relajación: Tobías Dodge.

'¡Everte Statum!'

El rayo de luz dio de pleno en su blanco: Sam Hewitt. Ante las atónitas miradas de sus amigos, compañeros y profesores, Sam Hewitt fue lanzada con brutalidad sobre uno de los bancos que se partió por la mitad cuando cayó sobre él.

'¡SAM!'

Fueron muchos los que gritaron su nombre y muchos los que quisieron devolvérselo a Dodge, pero Lily alzó el hechizo protector automáticamente y una multitud de hechizos provenientes de ambos bandos impactó en él. Lily, no se detuvo a ver si su esciudo resistía o no y salió corriendo para socorrer a Sam.

'¡TE ACORDARÁS DE ESTA, DODGE!' – Bramó James furioso golpeando el escudo protector de Lily con el puño. – '¡HARÉ QUE TE TRAGUES LA VARITA!'

'Calma, James…' – Remus lo agarró del brazo, pero no tenía fuerza suficiente aquel día y se le escapó. – '¡Solo le estás dando lo que quiere!' – Le gritó cuando James volvió a golpear el escudo y vio a Dodge riéndose de él. – '¿Es que no lo ves?'

'James, para.' – Peter fue en ayuda de Remus y agarró a James por los brazos y lo alejó del borde del escudo. – 'Ahora no puedes hacer nada. Vamos a ver cómo está Sam.'

Sam Hewitt tardó unos segundos en reaccionar tras el golpe y no reconoció a Sirius y a Lily hasta que no pasaron unos segundos. El hombro izquierdo le ardía de dolor, pero lo movió y comprobó que Dodge no se lo había vuelto a descolocar. Notó la mano de Sirius en su espalda ayudándola a reincorporarse y a Lily sujetándola por un brazo.

'¿Estás bien?' – Le preguntaron los dos a la vez con aprensión.

'Mmm…' – Sam se llevó una mano a la cabeza y soltó un gruñido de dolor. – 'Estúpido Dodge…' – Murmuró con fastidio. – 'Me ha pillado completamente desprevenida.'

'¡Señorita Hewitt! ¿¡Cómo está!?' – McGonagall se acercó a ellos rápidamente, atravesando el corro de Gryffindors que se había congregado alrededor de la malherida Sam. – '¿Está herida?'

'No.' – Sam se puso en pie con la ayuda de Lily y Sirius. – 'Solo me duele la espalda, la cabeza y el hombro, pero no.' – Dijo con algo de ironía. – 'Auqnue siento unas ganas irrefrenables de darle una patada en los dientes a Dodge.'

'Será mejor que vaya a ver a Pomfrey.'

Antes de que Sam pudiera replicar como siempre hacía, Sirius la cogió en brazos y se le llevó a la enfermería. Los profesores disolvieron rápidamente a ambos bandos y los hicieron regresar a sus respectivas mesas a pesar del lamentable estado en el que habían quedado por culpa de los hechizos. A continuación Minerva McGonagall subió a la tarima de los profesores y comenzó a descontar puntos a diestro y siniestro a las tres casas que se habían visto implicadas, aunque le concedió 50 puntos a Lily por su encantamiento protector. Después, McGonagall les echó una terrible bronca que llegó hasta los habitantes de Hogsmeade y finalmente anunció que deberían recoger, limpiar y arreglar el gran comedor y que si algo parecido volvía a ocurrir en la escuela, suspendería la competición de quidditch, cosa que hizo que a James casi le diera un infarto.

Mientras McGonagall los ponía a caldo, Lily reparó en una carta tirada entre los restos del desayuno: iba dirigida a Sam.

Sam no fue a clase hasta después del descanso. La chica había acabado con un coscorrón en la parte posterior de la cabeza, el hombro izquierdo hinchado y la espalda decorada con un moratón que tenía la forma del banco de la mesa de Gryffindor.

'A este paso voy a acabar llena de cicatrices.' – Murmuró fastidiada cuando estaban en clase de Defensa Contra las Artes Oscuras.

'Tranquila, Sam.'- Remus, sentado junto a Lily, se giró hacia atrás para hablarle en un susurro. – 'No conseguirás superarme, si es eso lo que te preocupa.'

'Tu estás muy animado aunque hoy es luna llena, ¿no?' – Le susurró Lily muy flojito.

'¿Lo estoy?' – Remus se encogió de hombros. – 'Estos días atrás estaba peor…Aunque a partir de que el sol empiece a caer no me voy a poder aguantar de pie.'

Un diminuto avión de papel cayó entre los libros de Remus y Lily y otro fue a parar a Sam y a Sirius. Reconocieron al instante el mágico avión de papel inventado por James que los Merodeadores utilizaban para comunicarse en clase si los separaban o en los exámenes para "poner en común" las respuestas. Los cuatro muchachos se giraron hacia arriba, donde James estaba con Peter. James les indicó con su pluma que escribieran en el papel. En cuanto lo abrieron apareció la caligrafía de James:

'Lily, ¿supongo que no querrás ponernos vigilancia esta noche también?'

'No, James. Pero no me hace ni pizca de gracia que estéis los cuatro solos ahí afuera.'

'Querida Lily, aunque tu sabes nuestro secreto, es imposible que nos reconozcan los demás.' – Escribió la caligrafía de Sirius.

'¿Qué secreto?' – Preguntó Sam.

'El secreto Merodeador que utilizamos para que Remus no esté solo.' – Explicó Peter.

'Si me lo permitís, se lo explicaré a mi princesa esta tarde.'

'Hazlo, pero asegúrate de que nadie puede oírte, Canuto, o te cortaré lo que tienes entre las piernas.'

'Relájate Cornamenta. Ni que tuvieras los mismos instintos asesinos hacia mi persona que tiene Lunático.'

'Yo no tengo instintos asesinos hacia ti, ya sabes que te considero como mi hermano, Canuto, pero es que siempre tienes todas las papeletas para cagarla en este asunto.'

'Sí…Eso es verdad…'

'Querido Canuto, yo no negaré que muchas veces he querido estrangularte.'

'Gracias. Yo también te quiero, Lunático.'

'¡Eh! ¡Dejaos de tonterías!' – Los cortó la caligrafía de Lily. – '¡La cosa es seria!'

'Cierto. Sobretodo la de James, que lleva tiempo sin mojar.'

'¡SIRIUS!' – Gritó enfadado en un medio susurro James.

'Bueno, está tarde quizás. ¿No, Lily? Que si no James nos matará a físico en el entreno de quidditch de hoy…'

'Sam, cállate. No pienso escribir nada más hasta que no nos centremos.'

'¿Pero entonces vas a tirarte a James está tarde o no?'

'…'

'Sirius, si no quieres que te eche de mi casa, cállate.'

'Canuto, venga, deja a Lily y a James con sus relaciones sexuales en paz.'

'Pero Lunático, es que si llevan el mismo ritmo que llevaron para ponerse a salir…No pienso dejar que a James se le marchite. O espabilas, pelirroja, o le busco a otra que no sea tan estrecha.'

El libro de Defensa Contra las Artes Oscuras de Lily voló a la cabeza de Sirius, acertándole de lleno en la cara. La clase entera se giró hacia el muchacho y compartió su dolor y alguna que otra risa. James y Sam no pudieron aguantarse y estallaron en carcajada y el profesor Vreeland estuvo a punto de descontarles más puntos a Gryffindor. Sirius se tapó la dolorida cara con las manos y se aguantó el grito de dolor y mil maldiciones que le habría lanzado a la prefecta si no hubiera sido tan allegada a su novia y amigos.

'Lily…' – Le susurró Remus al oído cuando ella estaba colocando bien sus apuntes con aire enfadado y roja hasta la punta de la nariz. – '¿Qué te preocupa de esta noche?'

'Que Snape lo sabe.' – Murmuró ella seria tanto por lo que le había dicho Sirius como porque le inquietaba lo que pudiera ocurrir aquella noche. – 'Estoy segura de que no se lo ha dicho a los demás Sangre Puras y dudo mucho que se atrevan a atacar al anochecer. Snape haría lo posible por evitarlo porque no es tonto y la idea de enfrentarse a un hombre lobo o que le muerda le aterroriza.' – Lily frunció el ceño.- 'Pero es la única noche que Snape sabe con certeza que vosotros cuatro estaréis solos y seguro que decide aprovecharlo.'

'Quédate con el Mapa del Merodeador esta noche si así estás más tranquila.'

Lily parpadeó atónita.

'¿Con ese mapa de los puntitos?'

'Sí.' – Asintió Remus. – 'Así podrás controlar los movimientos de los Slytherin por la noche. Tendremos media vigilancia.'

'¿No lo necesitáis vosotros?'

'Yo marcharé antes de que se ponga el sol a la Casa de los Gritos y estos tres pueden arreglárselas para llegar allí sin ser vistos y sin el mapa.' – Le dijo Remus. – 'Y así…si ves que esos se mueven por la noche…' – Remus vaciló y clavó la mirada en la mesa. A continuación susurró: – 'No permitas que se acerquen al bosque…ni que salgan a los jardines…Me moriría si llegan a encontrarnos y llego a morderles.'

Lily le dio un beso en la mejilla.

'Apuesto a que Snape se suicidaría antes de ir a buscarte una noche de luna llena. Y te recuerdo que la casa de los valientes es la nuestra, esos no salen al bosque de noche ni que Voldemort los amenace con Crucio.'

Remus y Lily comenzaron a reír. El profesor carraspeó y ambos muchachos se pusieron serios, iban a volver al trabajo cuando otro mensaje volvió a aparecer escrito en el papel de James.

'¿Qué os hace tanta gracia por ahí abajo? ¿Estáis planeando traicionarme y liaros sin que yo lo sepa? Me chivo a Ió, ¿eh Lunático?'

'James, no digas chorradas. Lee: le vamos a dejar a Lily el Mapa, esta noche.'

'¿Es que mi pelirroja favorita piensa hacer alguna gamberrada?'

'No, eso lo dejo para vosotros. Paso de superaros en eso también.'

'Ja, ja…Que chistosa, cariño.'

En un par de líneas Remus les explicó lo que Lily y él habían acordado y el porqué.

'¿Y a Anthea, Kaienne, Ió y Axel no les pensáis decir nada?' – Preguntó Peter.

'Colagusano, ¿eres tonto?'

'Sirius, no te pases. El golpe que se dio de pequeño le afectó, ¿vale? Tiene menos neuronas que tú y no deberías meterte con él por eso.'

'¡Que no jodas James! ¡Poca broma con esto! ¿Qué pregunta es esa, Colagusano?'

'Peter, no les diremos nada porque no les podemos decir el secreto de Remus.' – Explicó Sam.

'Además, que nos vayan a atacar hoy es casi imposible.' – Añadió Remus. – 'Lo tendrían más fácil cualquier otro día.'

'A pesar de eso, insito en quedarme con el Mapa esta noche si me lo permitís.'

'Tus deseos son ordenes, Lily.'

'Para James solo. Trátalo bien, ¿eh?'

'Tranquilo, Sirius. Lo trataré mejor que a ti.'

'Más te vale.'

'¿Me estás amenazando?'

'Si quieres interpretarlo así…Pero te recuerdo que tu libro de DCAO está en mis manos. Como le pase algo al mapa lo quemo o quizás decida devolvértelo y te lo tire a la cabeza.'

Remus arrugó el papel y lo lanzó antes de que Sirius y Lily volvieran a picarse. Una vez terminada la conversación por los papelitos Remus, Lily y James (porque era su asignatura favorita), volvieron a prestar atención al profesor, mientras que Peter volvió a las nubes y Sirius y Sam se pusieron a hablar en voz baja. Al finalizar la clase, el profesor mandó deberes y cuando Lily abrió su agenda para apuntarlo, cayó de ella la carta que había recogido en el comedor y que iba dirigida a Sam. Antes de que se le olvidara, la cogió y se giró a la mesa de atrás para dársela a Sam. Tuvo que carraspear para que su mejor amiga y Sirius dejaran de darse besitos, aprovechando que Vreeland estaba sacando algo del armario:

'Ehem…'

Sam alzó las cejas y se giró hacia delante con una sonrisa.

'¿Qué pasa?' – Preguntó divertida. – '¿Tú también quieres besitos y mimitos, Lily?'

'Prefiero que me los des en la intimidad de la habitación.' – Bromeó ella poniéndole morritos.

'¿Se puede saber que hacéis en la habitación vosotras?' – Espetó Sirius algo molesto.

Las dos muchachas se sonrieron con complicidad y no respondieron, provocando exactamente lo que querían: que Sirius se mosqueara. El muchacho sonrió con arrogancia y le mostró a Lily su libro y alzó ambas cejas repetidamente, diciéndole que podía hacer con él lo que quisiera.

'Ten, Sam' – Lily le tendió la carta y decidió pasar de la cara de Sirius. – 'La lechuzas debieron traerla en la segunda ronda de correo, pero con la que se había liado la dejaron tirada por ahí y la encontré por casualidad.'

Sam sorprendida, se inclinó, cogió la carta con lentitud y la giró para ver quién la escribía. Al ver el nombre de su hermano, rasgó el sobre sin demasiados miramientos y al sacarla, ente las prisas y los nervios la arrugó.

'Porras…' – Sam trató de alisarla antes de ponerse a leer.

Querida hermanita,

Siento responderte tan tarde, pero es que Anne y yo no hemos parado en casa.

Tranquila que no es porque me hayan venido a buscar papá y mamá para que me haga Mortífago. Creo que después de perderte a ti, no se atreven a pedirme que me una a ellos por miedo a perder al único hijo que ellos consideran que les queda. Tampoco me voy a unir a ellos, obviamente. Y eso de que me largue del país y me esconda, como decías tú en tu carta tampoco me apetece. Si quieres ir al extranjero me lo dices y nos vamos de vacaciones, pero no pongas excusas baratas. Nada de irnos a vivir fuera, que como en casa no se está en ningún sitio. Así que déjate de chorradas y céntrate en tus estudios porque como me vengas a casa con alguna suspendida se te va a caer el pelo y el extranjero no lo vas a pisar este verano.

Bueno, volviendo a lo de antes, casi se podría decir que durante dos días enteros hemos vivido en San Mungo. Resulta que el tío de Anne, ese que está un poco loco, metió los dedos en un enchufe muggle para ver qué ocurría y casi se muere. Por suerte ya está en casa, hasta que haga otra de las suyas…En San Mungo ya lo conocen, imagínate. Eso ocurrió antesdeayer y nos pasamos el día en el hospital. Al volver de San Mungo nos llegó una carta que decía que una amiga de Anne estaba de parto, así que ya nos ves de vuelta al hospital ayer por la mañana y tu carta tirada en la mesa.

Y ahora prepárate, Sammy, porque te vas a caer de la silla o de donde estés cuando leas lo siguiente: Al volver de San Mungo de ver a la amiga de Anne, Anne empezó a encontrarse fatal y vomitó todo lo que comió. Yo estaba muerto de miedo pensando que había cogido algún virus o algo del hospital, así que me la llevé corriendo para allí, los medimagos la miraron y…tachán, tachán!!!!!!!!!

¡¡¡¡VOY A SER PAPÁ!!!!!

Sam saltó en la silla y soltó un grito de júbilo que asustó a toda la clase. El profesor se giró sobresaltado y observó, estupefacto, como Sam Hewitt se tiraba sobre su compañero de mesa: Sirius Black. Sam lo abrazó y besó y estrujó al tiempo que continuaba gritando emocionada. Después se giró hacia su amiga, que la miraba con la boca abierta por el escándalo que estaba organizando en plena clase y el ceño fruncido...Pero ni la prefecta pudo hacer nada.

'¡¡¡LILY!!!' – Sam se tiró por encima de la mesa y derrapó hasta caer sobre su amiga, tirando libros, pergaminos, plumas tinteros... – '¡¡¡ME HAS DADO LA MEJOR CARTA QUE HE RECIBIDO EN MI VIDA!!!' – La besó en la mejilla miles de veces y con los ojos anegados en lágrimas de alegría gritó: - '¡¡¡MI HERMANO VA A SER PAPÁ!!!'

'¡Oh Sam!' – Lily la abrazó también. – '¡Enhorabuena!'

'¡Un aplauso por la tía Sam!' – Gritó James a toda la clase y todos los alumnos empezaron a aplaudir y silbar.

Remus le revolvió el cabello a Sam y ella dejó de besar a Lily para tirarse sobre Remus y abrazarlo y besarlo.

Sam Hewitt no cabía en sí de gozo y alegría. Se sentía tan viva, tan feliz, con tanta fuerza y energía que necesitaba sacarlo y compartirlo con todos los demás. Como siempre, Sam Hewitt era puro sentimiento y la chica lo demostró pasando por todos sus amigos para abrazarles y sin importarle ir saltando de mesa en mesa, corrió hasta Kaienne y Anthea para recibir su felicitación y compartir su felicidad.

Revolucionó a toda la clase con su alegría.

El profesor Vreeland decidió dar por terminada la clase porque sabía que nadie sería capaz de calmar a Hewitt y que Potter y Black no dejarían de animar a la clase para que siguieran celebrando que la muchacha iba a tener un sobrino.

¡¡¡Holaaa!!!

Pues como ya dije, no he tardado demasiado, creo... En fin, espero que os haya gustado y que estéis pasando unas felices fiestas. El próximo capítulo lo dejo para el año que viene ;)

¡Próspero año nuevo!

¡Gracias por los reviews!

¡Y un besote enorme!

Eneida