LVI
El Bosque Prohibido temblaba, vibraba y se estremecía cuando alcanzaban a sus árboles aquellos haces de luz que tan mortíferos llegaban a ser. Las criaturas y animales huían apresuradamente de aquel caos desatado. La quietud y el silencio propio del bosque habían desaparecido.
Un enorme árbol cayó, indicándoles a Kaienne, Lily y Sam dónde estaba teniendo lugar la batalla. Lily se aferró al mango de la escoba, llena de determinación. Si no hubiera habido tanto en juego, ni loca habría hecho lo que iba a hacer. Sam se sumergió en picado en el bosque con Kaienne aferrada a su espalda y encogida en un intento de protegerse de las ramas y hojas. Lily la siguió sin dudar. Perdió a Sam nada más entrar en el bosque. Era imposible verla entre tanto verde pasando a toda velocidad a su alrededor si tenía ocupados sus sentidos en no estrellarse contra el follaje de los árboles. Las ramas le arañaron la cara y las manos y le rasgaron la ropa. Aún así, tampoco de eso se daba cuenta, pues solo escuchaba los gritos que le indicaban que estaba cerca.
Empuñó la varita, lista para atacar.
Se inclinó más sobre la escoba y ganó velocidad. Estaba segura de que James la felicitaría por aquel arranque de valentía y estupidez, que Sirius se lo echaría en cara cada vez que ella tratara de regañarles por saltarse las normas, que Peter se quedaría con la boca abierta y que Remus la miraría con fingido enfado para luego sonreírle. Eso, claro, siempre que llegara a tiempo. Esquivó árboles y más árboles y entonces, entre tanto verde, destacó una capa negra.
'¡Desmaius!'
El Sangre Pura dio un bote asustado y el rayo le alcanzó solamente la capa que empezó a arder. Lily pasó a toda velocidad junto a él para dejarle fuera de juego, pero la serpiente se defendió y Lily tuvo que dejarlo estar. Maniobrar con la varita y la escoba a la vez no le era tarea fácil. Voló al frente y llegó a un claro del bosque. Se alzó ante sus verdosos ojos la marea negra de Sangre Puras que lanzaban hechizos a diestro y siniestro contra los árboles y las rocas que había delante de ellos. Allí, refugiados, Sirius y James se organizaban para ir atacando de vez en cuando y mantener las distancias. Algo más escondido, Peter protegía a Remus que estaba envuelto en un escudo protector. Dio una rápida vuelta por encima de los Slytherins y se le cayó el mundo encima al ver a Sirius sujetándose el brazo derecho, que lo tenía completamente ensangrentado y a James con una raja que le cruzaba toda la mejilla izquierda. Peter temblaba al lado del inconsciente Remus, con la cara descompuesta por el miedo. Había un enorme árbol caído. Sin duda, el que les había avisado del paradero de todos ellos.
De Sam y Kaienne no había ni rastro.
Mientras Lily evaluaba la situación, los Sangre Pura atacaron y uno de los conjuros voló al árbol que James tenía más cercano. El árbol se quebró hacia el lado de James y el muchacho salió corriendo para evitar ser aplastado, exponiéndose a ser el blanco perfecto. La masa compacta de los Sangre Pura vio venir la oportunidad y alzaron la varita. A Lily se le escapó un respingo y actúo:
'¡FLIPENDO ÁRBOL!'
El tronco del árbol que estaba cayendo cambió súbitamente su dirección y se precipitó a toda velocidad hacia la masa de los Sangre Pura. Estos se separaron y salieron disparados en todas las direcciones. El árbol cayó en un golpe brutal y las ramas alcanzaron a un par de Sangre Puras.
Todas las miradas se clavaron en ella.
Lily, montada en la escoba, quieta en el aire y sujetándose solo por las piernas, empuñaba la varita con las dos manos apuntando aún al grueso árbol caído. En aquel segundo de confusión, su respiración forzosa era lo único que se escuchaba.
'¡Lily!' – Gritó James.
'¡Lily! ¡Nunca me había alegrado tanto de verte!' – Rió Sirius. – '¿Sabes que eres mi prefecta favorita?'
Lily suspiró aliviada al ver que a pesar de todo, esos dos estaban como siempre.
'Maldita sangresucia…' – Siseó Nick Devoir muerto de envidia por la extraordinaria fuerza de la magia de Lily. Salió de debajo de las ramas del árbol que le habían alcanzado y se tocó el hombro. Su mano se manchó de sangre y aquello le enfureció. – '¡No es justo!' – Gritó preso de una ira rayana a la locura.
Le torturaba hasta hacerle agonizar aquella maldita hija de muggles que una y otra vez demostraba ser una poderosa bruja a la que ni él ni sus compañeros nunca llegarían a pisarle los talones. Debía aniquilar a aquella muchacha que se saltaba las leyes naturales de la magia de inmediato. Era prioritario.
'¡Dodge, Malfoy, Mulciber, Dolovh y Black! ¡A por la sangresucia!' –Ordenó Devoir apuntando a Lily. – '¡Los demás a por los traidores!'
Lily tragó saliva. Su primera intención había sido dividirlos para ganar tiempo y hacer de ellos blancos más fáciles de atacar, pero si Sam y los demás no aparecían no tenía sentido. Los susodichos se agruparon en torno a Nick y los demás volvieron a la carga contra el lugar donde los Merodeadores se resguardaban.
Lily apretó las piernas entorno a la escoba y se preparó para crear el poderoso hechizo protector que consiguiera protegerla de aquellos seis ataques que iban a lanzarle. Tratar de huir con la escoba sería lo mismo que dejar caer la varita. La alcanzaría alguno de los hechizos.
Levantar el árbol y lanzarlo había sido más duro de lo que había imaginado y sus fuerzas amenazaban con flaquear. Pensó que en aquel momento no le importaría que se le escapara la magia, pero no notaba aquellas cosquillas en sus dedos. Escuchó a James gritar su nombre con desesperación y Sirius asomó la cabeza para buscarla, sin duda habían escuchado lo que Devoir pretendía y estaban incluso más aterrados que ella misma. Pero la otra parte de los Sangre Pura no les dejaba otra opción que defenderse.
Aquellos a los que Nick había llamado, alzaron las varitas en su dirección y seis voces gritaron a coro:
'¡Sectusempra!'
'¡Cave Inicum!'
El poderoso escudo la protegió a tiempo y los embrujos chocaron y lo hicieron vibrar. Lily sacó fuerzas de donde pudo para mantenerlo cuando los seis Sangre Pura comenzaron a lanzarle conjuros por turnos. Temió por su propia vida cuando escuchó un "Avada Kedabra" y el escudo se resquebrajó. Las carcajadas triunfales de Devoir se escucharon por encima de todos los demás gritos y la voz de James volvió a llamarla con angustia desde las rocas.
'Es mía…' – Anunció Dodge dando un paso al frente. – '¡Ava…'
'¡Everte Statum!' – Gritó una voz y Dodge recibió de pleno el hechizo.
Dodge salió volando por los aires y chocó contra un árbol. Sam apareció de entre los árboles, sonriente por su venganza sobre Dodge y con la mirada cargada de decisión. Kaienne estaba detrás de ella y su cara era la más pura preocupación.
'¡Eres tan inútil, Dodge!' – Rió Sam sobrevolando al Slytherin que se retorcía en el suelo por el golpe recibido. – '¡Dedícate al ajedrez mágico, estúpido! ¡Aunque con lo pésimo que eres dudo que eso tampoco se te dé bien!'
Sam sobrevoló a los Sangre Pura en una rápida vuelta y junto a Kaienne lanzaron una lluvia de hechizos que los hizo disolverse y ponerse a cubierto. Lily pudo quitar su escudo y respirar aliviada.
'Pedona el retraso, Lily.' – Se disculpó Sam guiñándole un ojo. – 'Me he perdido por el camino con tantos árboles.'
Lily esbozó puso los ojos en blanco y Sam rió. Una explosión interrumpió el reencuentro y Sam, Kaienne y Lily se giraron para ver como la roca tras la cual se resguardaba Sirius volaba en mil pedazos. Una lluvia de piedras cayó sobre el Merodeador, que quedó tendido en el suelo cubriéndose con los brazos para tratar de protegerse. Carrow apuntó con la varita a Sirius, dispuesto a aprovechar la oportunidad, pero entonces Ió Keith apareció volando sobre su escoba. Entró en el claro a la velocidad de un rayo y no dejó de lanzar hechizos hasta que James ayudó a Sirius ha salir de aquella avalancha de polvo y piedras.
'¡Anthea y Axel están al llegar!' – Informó la Ravenclaw a las chicas al pasar volando por su lado.
Después se lanzó a la lucha. Relucía un sus ojos un afán de venganza por lo que le habían hecho a su padre y estaba dispuesta a dejarse la piel para devolverles el golpe a los Mortífagos a través de sus hijos.
Lily bajó de la escoba a sabiendas que se las apañaría mejor en tierra firme y Sam bajó a Kaienne cerca de los chicos. James y Sirius salieron de detrás de los árboles y las rocas y se involucraron en la lucha. Segundos después, Axel y Anthea aparecieron volando en escoba por separado, en el cielo.
La aparición de la hermosa y noble Anthea Landry provocó que la lucha se realentizara por parte del bando de los Sangre Pura.
'¡Anthea!' – La llamaron varios Sangre Pura con sorpresa y alegría al creer que venía a ayudarles. – '¡Anthea, estás aquí!'
La rubia descendió y se apeó de su escoba con elegancia. La lucha se detuvo por completo aunque nadie bajó su varita. Los Sangre Pura se reagruparon a un lado y en el lado de las rocas y árboles se agruparon James, Sirius, Lily, Kaienne y Peter a pie, cerca de Remus y volando sobre las escobas, Axel, Sam y Ió.
Ió buscó a Remus aprovechando el momento de tregua y profirió un grito al verle inconsciente y herido en el suelo. Bajó de la escoba a toda prisa y corrió hacia él.
'¡Remus!' – Le llamó con lágrimas en los ojos golpeando el escudo. – '¡Remus! ¿Me oyes?' – Ió se giró hacia James y le gritó: - '¿Qué le han hecho? ¿Qué le ha pasado? ¿Porqué está así?' – Caminó hasta James y le agarró de la camisa. – '¡Sabiáis que iban a atacar y os habéis pasado por el forro todo lo que acordamos en las reuniones! ¡Todo lo que dijo McGonagall!' – Les acusó con las lágrimas mojándoles las mejillas. – '¿¡Por qué no os habéis quedado en el castillo!?'
Sirius y Peter miraron hacia otro lado, Sam hizo oídos sordos ante la angustia de la Ravenclaw y se centró en Anthea. Lily la miró con tristeza y suspiró. Si Ió supiera la verdad todo habría sido más fácil y le habrían ahorrado el sufrimiento. James le cogió las manos a Ió y la apartó de él con serenidad.
'La lucha está a punto de empezar, Ió.' – Le dijo a la vez que empuñaba la varita. – 'Déjate de tonterías y céntrate. ¡Todos atentos y preparados para luchar!' – Ordenó a los demás.
'¡Si no hubierais salido nada de esto habría pasado!' – Le gritó ella enfadada.
'¡No seas cría, Ió! ¡Ahora no es el momento!' – Le respondió James alzando también la voz. – '¡Préparate para pelear!'
Ió se secó las lágrimas con la manga de la sudadera que llevaba y se apartó de James enfadada. Se situó cerca de Remus, le miró una última vez y empuñó la varita y se preparó para luchar. Los Sangre Pura lo iban a pagar el doble de caro por haberle hecho aquello a Remus.
Anthea se situó en medio del bando de los de Slyhterin y los Gryffindor y la Ravenclaw y esbozó una cálida sonrisa al dirigirse a los Sangre Pura.
'¿De verdad pensabais que me iba a perder esto?' – Preguntó en tono amable y los Sangre Pura se relajaron. – 'Chicos, soy Anthea Landry, la hija de Christopher Landry.' – Les dijo como si fuera algo obvio. – '¿Es que no me conocéis? ¿Cómo iba a quedarme quieta sabiendo lo que pretendíais hacer?' – El doble sentido de sus palabras le hizo gracia y se rió.
'Querida Anthea…' – Lucius Malfoy se descubrió la cara y le sonrió. – 'No sabes la alegría que nos das.'
'¿De veras?' – Preguntó Anthea haciéndose la sorprendida. – '¡Oh! ¡Vaya!' – Sonrió divertida y rodó la varita entre sus dedos con aire juguetón. – 'Veamos si puedo cambiar eso… ¡Desmaius!'
'¡Protego!'
El hechizo rebotó en el escudo creado por Devoir y Malfoy cayó al suelo por la impresión. Se la quedó mirando estupefacto, así como todos los otros Sangre Pura y Anthea les sonrió con maldad. A sus espaldas los Gryffindor se prepararon para la lucha.
'Lo sabía…' – Susurró Nick entre dientes. – '¡Sabía que había un traidor entre nosotros! ¡Sabía que no eras de fiar! ¡Te juntabas con Hewitt y Evans al principio de curso! ¡Las tratabas como a un igual a sabiendas de que una es una sangresucia y la otra una traidora! ¡Por eso te lo puse tan difícil para entrar!' – Gritó y a sus espaldas los Sangre Pura fueron soltando exclamaciones de asombro. – 'Pero eres una magnífica actriz, Anthea. Conseguiste engañarme. Tenías a Malfoy a tus pies y luego caí yo. Conseguiste entrar en los Sangre Pura. Nos tenías a todos engañados, embelesados con tu nombre y apellido, tu procedencia y tu porte de reina.' – Hizo una pausa y miró a Regulus. – 'Aún no sé como eludiste la Legeremancia de Regulus, pero el Señor Tenebroso lo averiguará.'
Regulus permaneció impasible bajo la máscara de plata y Sam tragó saliva y empalideció.
'¿Sabes cuando te descubrí?' – Inquirió Devoir. – '¡Quedó claro el mismo día en que besaste a ese mestizo delante de todos y después te fuiste a sentar con todos esos Traidores! ¡Aquel día me diste las pruebas! ¡Todas mis sospechas eran ciertas!'
'Dejame decirte que para lo inteligente que eres para unas cosas, te costó lo suyo darte cuenta, Devoir.' – Respondió Anthea con suficiencia. – 'Fuisties tan idiotas que permitisteis que os jodiera todos vuestros planes.'
'Tú…' – Gruñó Malfoy. – 'Asquerosa arpía… ¡Fuiste tú!'
'Sí.' –Concedió Anthea sonriente. Estaba disfrutando tanto aquel momento tan esperado que le sabía a gloria. – 'Y si mi padre no se hubiera metido donde no debía, ahora vosotros estaríais en casita, expulsados de Hogwarts. Todos listos para ser Mortífagos. Sois unos inútiles.'
'Pero no es así, Anthea.' – Replicó Devoir con malicia. – 'Hoy las cosas van a cambiar y mucho. Te aseguro que nadie saldrá expulsado de Hogwats. Los únicos que abandonarán Hogwarts hoy serán tu novio y tus amiguitos, solo que en cajas de pino y seguidos de un cortejo fúnebre. '
Las risitas escépticas de los del bando de Dumbledore interrumpieron a Nick, desafiándole. Sam, James y Sirius le sonrieron con burla.
'Perdona que lo dudemos tanto, Devoir.' – Espetó James con arrogancia.
El aludido se encaró a ellos y exclamó:
'¡Los Sangre Pura seguirán en Hogwarts y se harán con el control porque hoy Tom Riddlel accederá al Ministerio!'
'Dumbledore no lo permitirá.' – Replicó Anthea con voz firme.
'¿Porqué te crees que estos días no ha estado en Hogwarts? Siento decirte que los esfuerzos de la Orden han sido en vano. Dumbledore ya lo ha permitido…' – Rió él. – 'Pero bueno, tu padre te lo explicará todo mejor cuando venga a hacerse cargo de ti. Porque como comprenderás, nosotros no mataremos a la hija de Christopher Landry, lógicamente.' – Devoir le sonrió. – 'Aunque tampoco sé decirte con exactitud que será de ti. Estoy seguro de que tu padre sabrá suplicarle clemencia al Señor Tenebroso para que no te mate después de semejante traición. Pero seguro que después de quedarte sin el mestizo y los traidores la muerte será tu único deseo.'
'¡No adelantes acontecimientos, Devoir! ¡Vas listo si crees que puedes con nosotros! ¡Ya deberías haber aprendido la lección, estúpido! – Gritó enfadada Anthea. Comenzaba a perder la paciencia y los nervios por todas aquellas amenazas de muerte que estaba soltando Devoir. – '¡TE CERRARÉ ESA BOCA A PATADAS!'
'¡Has firmado tu sentencia de muerte al volverte contra nosotros, Anthea!' – Le gritó Devoir con dureza. – '¡Nadie abandona a los Sangre Pura! ¡Quizás Dumbledore pudo proteger a la sobrina de Keith! ¡Pero solo fue porque su familia la protegía! ¡Tú no tendrás familia que te proteja! ¡ACABARÁS MUER…'
'¡Palalingua!'
El hechizo acertó a su objetivo y acalló a Devoir al pegarle la lengua al paladar. Las miradas se volvieron hacia Sirius Black.
'Me estaba poniendo la cabeza como un bombo.' – Se explicó él.
Hubo un segundo de sonrisas en el bando de Dumbledore y entonces la batalla se desató. Dolidos y enrabiados por la traición de Anthea y sabiendo que nada tenían que perder, pues hicieran lo que hicieran, se les acabaría considerando unos héroes en cuanto Tom Riddlel pusiera el pie en el Ministerio, los Sangre Pura atacaron con más fiereza y agresividad que nunca antes.
Los conjuros comenzaron a volar de un bando al otro y el bosque se sumió en un continuo terremoto. Poco a poco los combatientes se fueron separando y esparciendo por el claro, provocando que los continuos conjuros y hechizos dañaran aquella zona del Bosque Prohibido. Los árboles de alrededor caían unos tras otros, la hierba y la maleza ardía en llamas, llenando el claro del espeso y tóxico humo del fuego. Las rocas en las que se habían estado refugiando los Merodeadores fueron resquebrajadas.
Sam volaba en su escoba y junto a Axel trataba de ayudar a los que estaban en tierra batiéndose en duelo. No por estar allí arriba corrían menos peligro. Los Sangre Pura les superaban en número y algunos como Dodge y Malfoy hacían puntería con ellos. Hubo una enorme explosión y uno de los árboles crujió. Sam ahogó un grito cuando vio que el árbol comenzaba a caer y que debajo estaban Anthea y Kaienne.
'¡CUIDADO!' – Gritó para avisarlas y apuntó a los Sangre Puras con los que las chicas peleaban para darles a ellas la oportunidad de salir de allí. – '¡Confundus! ¡Desmaius!'
Ante la inminente caída del árbol, los cuatro combatientes salieron corriendo en distintas direcciones. Los hechizos de Sam se estrellaron contra el tronco del árbol y le hicieron leves cortes. Sam volvió a apuntar a los dos Sangre Pura, estaba dispuesta a quitarles del medio de inmediato, pero entonces, Kaienne atacó y su hechizó hizo saltar por los aires la máscara de una de las dos sombras. El herido emitió un grito de dolor y se volvió contra Kaienne.
'¡ZACARAA!'
El conjuro dio de pleno a la Gryffindor y Kaienne salió despedida hacia atrás y cayó al suelo en un golpe brutal. Sam se inclinó sobre la escoba y apuntó al Sangre Pura que se cubría la cara ensangrentada con las manos. Iba a atacarle cuando el herido retiró las manos de su rostro y reveló su identidad.
'Regulus…' – Susurró Sam con agustia.
El hermano menor de Sirius Black tenía el atractivo rostro ensangrentado, compuesto en una mueca de dolor. Sam se plantó y fue su perdición. Ver a Regulus herido le hizo olvidarse de Dodge y el Sangre Pura no desaprovechó la oportunidad de tener a Sam Hewitt quieta en el cielo y paralizada.
'¡Crucio!'
La pelea se detuvo un segundo al oírse la maldición imperdonable.
Los gritos indicaron a todos quién estaba siendo sometido a la maldición y los que pudieron girarse o estaban en ventaja, vieron caer a Sam en picado hacia el suelo. Lily ahogó un grito y dio la espalda a sus dos oponentes para salvar a Sam:
'¡Aresto Momentum!'
Sam dejó de caer, desapareció por un segundo y después apareció tirada en el suelo donde comenzó a retorcerse y a doblarse de dolor. Dodge sonreía mientras murmuraba una y otra vez la maldición para darle más fuerza. Sonreía de puro gozo al oír gritar a Sam. Lily vio pasar a Sirius a toda velocidad en dirección a Sam y pisándole los talones le seguía James, yendo de espaldas y atacando a los tres Sangre Pura que les perseguían. Justo en ese momento uno de los dos Sangre Pura atacó y Lily notó una intensa descarga de dolor en la espalda y acto seguido fue impulsada por una fuerza invisible hacia los árboles. Chocó contra uno de ellos y cayó al suelo. El golpe la dejó confusa, pero tuvo que ponerse en pie cuando Devoir y el otro volvieron a cargar contra ella. Lily se vio obligada a prestar atención solamente a sus oponentes para que no volvieran a cogerla desprevenida, pero los gritos de Sam le taladraban la cabeza y le revolvían el estómago. La otra vez no la había oído gritar, pues ella quedó inconsciente la primera. Esta vez no había sido así y casi deseó desmayarse, pues los alaridos de Sam le dolían en el alma y la impotencia de no poder ayudarla la enfurecía y desesperaba a la vez.
'¡DODGE!' – Rugió Sirius y cargó contra él con todo su cuerpo.
Las varitas de los dos brujos cayeron al suelo y los gritos de Sam cesaron. Sirius y Dodge rodaron por la hierba lanzándose mutuos puñetazos y patadas. Habían olvidado la magia.
Sam se quedó mirando el cielo. Era incapaz de moverse, de recordar o pensar. Solo era consciente de su propia existencia y de que el dolor había desaparecido. Nada más. Oía gritos y explosiones a su alrededor, pero no le importaban. Todo había dejado de tener sentido. Dos pies se plantaron a su lado y un rostro de plata se inclinó sobre el suyo. ¿Y qué? ¿Quién era él? En realidad tampoco le importaba. El individuo de la máscara de plata la apuntó con un palo de madera y Sam ni si quiera reconoció aquello como una varita. Le miró indiferente. De lo único que era consciente era que no había dolor. El individuo de la máscara empezó a murmurar algo, pero antes de que terminara un rayo de luz le alcanzó. Sam parpadeó y continuó mirándole indiferente. El individuo se quedó quieto y rígido y al final cayó hacia atrás.
'¡Sam!' – Llamó una voz y le apresaron el brazo y la levantaron de un tirón. – '¡Sam!'
Sam se quedó mirando al muchacho de ojos cafés y cabello despeinado que la sujetaba, pero no le respondió ni trató de zafarse de él a pesar de que la estaba zarandeando.
'¡Sam!' – Volvió a gritarle y ella se dio cuenta de la enorme herida que le cruzaba la mejilla izquierda y que le sangraba a mares. – '¡Joder, Sam! ¡Reacciona!'
Sam continuó mirando al muchacho que le gritaba y estaba turbado por la preocupación y el miedo. El muchacho frunció el ceño un momento. Sam vio en su rostro una chispa de duda que fue sustituida inmediatamente por la pura decisión. No le importaba para nada lo que el chico hubiera decidido. Sam parpadeó y al abrir los ojos vio venir hacia su cara una mano abierta. No le importó… ¿O sí?
'¡AH!'
La mejilla le ardió de dolor. Comprendió que alguien acababa de darle un bofetón y no le hizo ni puñetera gracia. Enfadada, clavó la mirada en la de James y sin que él lo esperara le asestó un puñetazo en toda la boca. James dio varios pasos hacia atrás y se tapó la boca con ambas manos a la vez que profirió un gruñido.
'¿¡Estás imbécil o qué te pasa!?' – Le gritó Sam hecha una furia.- '¿¡Porqué me has pegado!?'
'¡Porqué estabas ida!' – Le respondió James exasperado. Se tocó los labios y al ver la sangre supo que Sam se los acababa de partir al menos alguno de los labios, por no decir los dos. – '¿¡Eres una burra, sabes!? ¡Como salgamos de esta te vas a pasar corriendo todo el puto entreno del viernes!'
Un rayo de luz pasó entre los dos y Sam y James dieron un bote. James se puso delante de Sam al reconocer a los tres Sangre Pura que habían estado persiguiéndoles a él y a Sirius.
'¡Protego! ¿¡Quieres ponerte a pelear!?' – Le gritó histérico mientras repelía el ataque de los tres Sangre Pura.
Por mucho que a James le fuera la marcha, que le encantaran los duelos porque siempre ganaba y que disfrutaba creando conflictos, aquello le sobrepasaba porque la vida de sus seres queridos estaba en grave peligro. Perder a uno de sus amigos le aterrorizaba.
'¡No sé dónde está mi varita!'
'¡Genial, Sam!' – Espetó con sarcasmo. – '¡Eres increíble!'
'Oh, cállate James. Desde ayer que estás insoportable.'
Sam miró a su alrededor. Vio al Sangre Pura que James había quitado del medio petrificado en el suelo. No se paró a quitarle la máscara, aunque le picaba la curiosidad, y siguió buscando su varita mientras James la cubría. Un poco más alejados de ellos, Anthea y Regulus se batían en duelo. Más allá, Kaienne se había reincorporado a la lucha y peleaba con Axel en un duelo doble contra otros dos Sangre Pura, uno de los cuales era Malfoy, que había perdido la máscara hacia un buen rato. Entre las resquebrajadas rocas y los árboles caídos, Ió y Peter luchaban cada uno con un oponente distinto y los mantenían alejados del inconsciente Remus. En la punta opuesta, Lily se batía con Devoir y justo en ese momento acababa de acertar al otro Sangre Pura, que salió disparado en el aire y perdió la máscara: era Runcorn.
Sam continuó buscando y atisbó su escoba.
'No…' – Gimió al verla rota y en llamas. Las lágrimas afloraron en sus ojos. – 'Mierda… ¡Mi escoba! ¡Maldito Dodge!' – Se lamentó a gritos y le buscó con la mirada. Se lo iba a hacer pagar muy caro. Giró para buscarle. - '¿Qué porras…?'
Sirius estaba encima de Dodge y se estaba quedando bien a gusto soltándole un puñetazo tras otro en la cara. El Slytherin tenía la nariz torcida y de ella emanaban chorretones de sangre. En ese justo momento, Dodge le asestó un puñetazo en la barriga y Sirius se dobló. El Sangre Pura aprovechó y le hizo rodar hasta situarse encima de él. Comenzó a devolverle todos y cada uno de los puñetazos que Sirius le había dado. Sam apretó los puños. No lo iba a permitir. Por su escoba y por Sirius. Cerró los ojos y se concentró. Estiró la mano y gritó:
'¡Accio varita!'
'¡Por fin!' – Oyó decir a James cuando ella recuperó su varita. – '¡Ahora échame una mano con estos tres!'
'¡Dame un segundo!' – Le pidió y apuntó a Dodge. Lo tenía a tiro desde la derecha. El Sangre Pura no tenía ni idea de lo que le iba a ocurrir, estaba demasiado atento en reventarle la cara a Sirius. Sam saboreó su venganza unos segundos antes de gritar: – '¡Sectusempra!'
El rayo de luz rojiza atravesó el espacio como un disparo y certero, dio en su blanco. Dodge se retorció de dolor, se abrazó con los brazos y miró con ira hacia el lugar de donde había provenido el hechizo. Sam le sonrió burlona cuando sus miradas se encontraron. Segundos después, el Slytherin gritó de dolor, una multitud de cortes se le abrieron por todo el cuerpo y la sangre comenzó a brotar de ellos. Cayó gimiendo de dolor hacia un lado y Sirius se lo quitó de encima de una patada. El guapo Merodeador se levantó y le sonrió a su chica.
'Te quiero.' – Le articuló con los labios.
'¡Accio varita Sirius Black! ¡Accio varita Dodge!'
Ambas varitas volaron a las manos de Sam. Ella le tendió a Sirius la de él y se guardó en el bolsillo del pijama de ositos la otra. Sirius la alcanzó rápidamente, la abrazó por la cintura y la besó con ansiedad.
'Estoy bien.' – Le aseguró Sam adivinando el miedo que había pasado Sirius al verla siendo torturada otra vez. – 'Empiezo a acostumbrarme a Crucio.' – Bromeó.
Sirius volvió a estrecharla contra él y presionó sus labios contra su frente.
'Estás temblando, Sirius.' – Observó Sam.
'Ya lo sé.' – Respondió él con voz grave y sin soltarla. – 'Y no lloro porque James me dirá que soy un marica, pero estaba muerto de miedo por ti.'
'Cálmate, amor.' – Le susurró Sam y le besó en los labios. – 'Todo está bien, cariño.'
Sam reparó entonces en el estado de su chico. Tragó saliva al verle la multitud de aureolas de sangre que se concentraban alrededor de las tanta rasgaduras del uniforme, que sin duda eran profundas heridas. Uno de sus hermosos ojos grises estaba rodeado por un intenso golpe rojizo y las mejillas eran todo un mapa de arañazos, golpes y heridas, por no hablar de su brazo derecho. Sam le besó suavemente en los labios para no hacerle daño y se dijo que iba a tener sus dos ojos puestos en él para que no le hirieran más.
'¡Eh!' – Gruñó James a sus espaldas. Seguía luchando contra tres de los Sangre Pura. – '¿Sabeis lo que os digo sobre las muestras afectivas en los entrenos, Sam? ¡Pues te digo lo mismo para las batallas! ¡O todos o ninguno! ¡Ahora no es el momento! ¡Pon de tu parte Canuto! ¡Ya os hartaréis de morrearos y sobaros luego, joder!'
Sirius y Sam se miraron algo arrepentidos, pero se besaron una última vez más antes de separarse. Si James no fuera tan bueno en Defensa contra las Artes Oscuras y el mejor duelista de todos ellos, haría tiempo que los tres Sangre Pura con los que se estaba enfrentando lo habrían dejado tieso. Volvieron a la lucha y cada uno de ellos se centró en un oponente, comenzando tres duelos equilibrados al menos en número.
Anthea y Regulus se estaban enfrentando lejos de todos los demás. Ninguno de los dos atacaba al contrario con la agresividad y la ira que se podía percibir en los restantes duelos. No tenía ni punto de comparación. Seguramente porque entre ellos no había lazos que por muy finos que fueran les unieran…
'Lo intuía…' – Susurró Regulus y se secó con la manga de la capa la sangre que seguía emanándole de las heridas de la cara. Anthea detuvo su ataque para darle un tiempo al chico. – 'Primero Sirius, luego Sam… Creía que por ser hija de quién eras, sería imposible que te ocurriera lo mismo. Pero en el fondo sabía que harías como ellos y que te equivocarías al elegir, Anthea.' – Sonrió entristecido. – 'Quizás por eso no me siento traicionado del todo…Aunque me apena ir perdiéndoos.'
'Regulus, nunca es tarde.' – Le dijo Anthea mirándole a los ojos.
'¿A qué te refieres?' – Preguntó él a la defensiva.
'Eres inteligente, Regulus. Piensa y analiza porqué tu hermano, Sam y yo hemos decidido esto. Te he estado observando todo este tiempo y me he dado cuenta de que dudas.' – Confesó Anthea y bajó su varita. – 'Es cierto que hablas con verdadera devoción de ese mundo que Voldemot ofrece, que te encanta la idea de dejar de vivir a escondidas de los muggles. A nadie le gusta esconderse, lo sé bien, Regulus.' – Le miró a los ojos y comenzó a caminar hacia él poco a poco con la varita bajada. – 'Pero sus métodos no van contigo. Tú eres bueno. Me di cuenta de que no te gustaba que atacáramos a los alumnos. Además, no tienes la suficiente sangre fría como para llevar a cabo un asesinato.'
'No sabes de lo que soy capaz, Anthea.' – Le recriminó él mirándola enfadado.
Anthea continuó caminando y se plantó frente a él. Tuvo cuidado al tocarle la mejilla para no hacerle daño y le acarició dulcemente el rostro a la vez que le miraba a los ojos. La expresión de Regulus se serenó, todo él se relajó y bajó la varita.
'Sé que no eres capaz de matar a tu hermano. Sé que preferirías morir antes que tener que presenciar como matan o torturan a Sam. Tú no te has dado cuenta de tu expresión cuando Dodge la estaba torturando, pero yo te estaba mirando, Regulus. Sufrías porque la chica a la que amas le estaban haciendo daño. También sé que no podrás atacarme en serio a pesar de mi traición.' – Anthea le abrazó. Con lo grande y alta que era ella no tuvo problemas para rodearle con los brazos y cerrarlos alrededor de su espalda en un abrazo cálido. Regulus agachó la cabeza y la apoyó en el pecho de Anthea, derrumbado y abatido ante la verdad. – Nunca es tarde para rectificar, Regulus.' – Anthea le dio un suave beso en la mejilla. – 'Esta lucha no es para ti.' – Susurró y le puso la varita en la espalda. Regulus se tensó al comprender, pero ya no le dio tiempo a reaccionar. – 'Petrificus totalus.'
Anthea lo continuó abrazando cuando todo él se puso rígido y duro como una piedra. Lo arrastró hasta alejarlo de la batalla. Por suerte todo el mundo estaba demasiado concentrado en la pelea como para ver lo que ella estaba haciendo. Escondió al petrificado Regulus entre las raíces de un gigantesco árbol. Recordó lo que Lily y Sam le habían enseñado sobre hechizos de curación durante aquellas vacaciones y consiguió curar las heridas más superficiales de la cara de Regulus y cerrar un mínimo las más grandes. Le besó en la mejilla y se levantó.
'Ahora comprendo a Lily…' – Susurró Anthea. – 'No desaproveches la oportunidad que te estoy dando. No soy buena en encantamientos, pero seguro que estarás petrificado hasta que la batalla acabe. Total, con el jaleo que estamos armando no tardarán mucho en aparecer los profesores. Con un poco de suerte no te encontrarán a ti.' – Anthea le sonrió. – 'Estoy segura de que al final harás lo correcto. Sirius, Sam y yo confiamos en ti.'
Anthea giró sobre sus talones y se marchó. Comenzó a correr para volver a la batalla, deseaba con todo su corazón que sus amigos estuvieran sanos y a salvo. Las amenazas de Devoir habían hecho mella en ella y sus nervios. Estos, aunque no amenazaban con descontrolarse se habían resentido.
Axel y Kaienne luchaban codo con codo. Axel había bajado a tierra al ver el estado de la mejor amiga de su novia: Kaienne se había roto el brazo derecho al caer cuando Regulus Black la embrujó. Axel apenas tenía unos rasguños superficiales, pero a Kaienne el brazo le colgaba en una pose extraña y la chica estaba pálida y mareada a causa del dolor. Si hubiera habido un momento de tregua habrían hecho cualquier cosa por tratar de inmovilizarle el brazo, pero sus dos contrincantes, Malfoy y Amycus Carrow, no les daban tiempo ni para respirar. Peor aún, al darse cuenta del dolor que asolaba a Kaienne cada vez que se movía, habían concentrado su ataque en ella y Axel estaba haciendo todo lo que podía por protegerla y ahorrarle el dolor.
'¡Animo Linky!' – Gritó Carrow.
'¡Protego!'
'¡Evert…'
'¡Impedimenta!'
Axel comenzó a respirar con dificultad. Carrow y Malfoy sonreían divertidos. Se lo estaban pasando en grande ante su agonía por proteger a Kaienne. Volvieron a lanzarles una sucesión de conjuros, uno tras otro sin parar, pero esta vez los conjuros fueron suaves y algo inofensivos:
'¡Expelliar…'
'¡Impedimenta!'
'¡Furununculus!'
'¡Protego!'
Carrow y Malfoy se miraron y estallaron en carcajadas. El sudor resbalaba por la frente de Axel y su respiración se podía oír desde lejos. Axel comprendió lo que estaban haciendo esos dos: trataban de cansarle para quitarle del medio y asestarle el golpe a Kaienne. No quiso mirar a Kaienne a pesar de que la oía gemir con los labios apretados a su espalda, para no perderse ninguno de los movimientos de aquellos dos. Necesitaban la ayuda de sus compañeros o acabarían mal. Carrow y Malfoy volvieron a lanzarle un chorro de inofensivos e insultantes hechizos que solo conseguían enfadar a Axel y le impedían hacer otra cosa que protegerse. Así estaban, cuando Carrow cambió súbitamente la dirección en la que apuntaba su varita y la dirigió a Kaienne:
'¡No!' – Gritó Axel y apuntó a Kaienne: - '¡Protego!'
'Acabas de pifiarla, Lance.' – Susurró Malfoy a su espalda. – '¡Everte Statum!'
Axel comprendió tarde. El conjuro le alcanzó a él y salió volando y girando sobre sí mismo. Mientras estaba en el aire atisbó una cabellera rubia y la voz de Anthea le llamó con miedo, pero a la voz de Anthea la superó el grito desgarrador de Kaienne. Axel cayó cerca de los árboles y se golpeó la cabeza y todo el costado derecho. Se reincorporó lentamente y vio a Malfoy acercándose a él con una expresión desquiciada. Miró tras él y llegó a ver a Kaienne tirada en el suelo y a Carrow pisándole el brazo roto. Kaienne gritaba de dolor y Carrow no había visto a Anthea. Ella le apuntó con la varita y bramó:
'¡Diffindo!'
El alarido de Carrow fue horrible y el profundo corte peor aún. Anthea se lo quedó mirando, impertérrita, fría como el hielo, mientras el muchacho se dejaba caer con la espalda sangrando y sin conciencia. A unos pocos metros, Alecto Carrow se quedó mirando con la boca abierta a la rubia y a su hermano. Una súbita oleada de odio y rabia invadió a la Slytherin y Peter, que estaba luchando contra ella, se quedó paralizado del miedo por lo que pudo leer en sus ojos. La Sangre Pura le clavó la mirada y rugió:
'¡Sectusempra!'
Segundos después la voz de Ió gritó:
'¡PETER HA CAÍDO!'
El miedo atenazó a todos los del bando de Dumbledore.
'En un minuto estaré de vuelta y te ayudaré a acabar con la niñata.' – Le dijo Alecto a Dolovh refiriéndose a Ió. – 'Dame dos segundos para que Anthea se arrepienta de lo que ha hecho.'
Ió miró con horror a su amiga Anthea. Anthea estaba de espaldas a ellos y Alecto comenzó a caminar hacia ella con la varita alzada. Le fue a gritar para avisarla, pero Dolovh le vio las intenciones.
'¡Palalingua!'
Ió trató de gritarle a Anthea, pero solo le salió un gemido de su garganta que apenas se oyó. Dolovh estalló en carcajadas y Ió le miró con odio y con lágrimas de impotencia contenidas en sus ojos.
'No deberías haberte distraído, estúpida cría.' – Siseó Dolovh con una sonrisa. – 'Mmm…Si no recuerdo mal justo ahora habréis empezado a aprender a lanzar los hechizos con la mente. Así que por muy lista que seas, Ravenclaw, no puedes atacarme ni defenderte si no puedes pronunciar bien el conjuro.' – Dolovh se regodeó con el terror que comenzaba a invadir a Ió. – 'Bueno…Le daremos un disgusto más a la señora Keith y al señor Keith.'
Dolovh la apuntó con la varita y Ió hizo lo mismo aunque sabía que de nada serviría. Dolovh rió y le señaló a Remus con la mirada. Ió le miró sabiendo que quizás sería la última vez que lo viera y a pesar de todas las heridas y el mal aspecto de Remus, lo encontró hermoso.
'Que lástima que no esté despierto para protegerte, ¿verdad? Seguro que se enfada mucho conmigo cuando le despierte para decirle que he acabado contigo.' – Se burló Dolovh. – 'Vamos a reírnos un rato. ¡Levicorpus!'
Ió quedó suspendida en el aire por el tobillo. Trató de pronunciar algún hechizo, pero tenía la lengua pegada al paladar y era imposible. Dolovh sonrió y movió su varita en dirección a uno de los árboles y Ió cerró los ojos.
Anthea le acarició la cara a Kaienne. Las manos le temblaban descontroladamente. Kaienne se retorcía de dolor sujetándose el brazo que Carrow le había estado pisando y gimoteaba llorando. Anthea comenzó a llorar también y cogió su varita:
'Lo siento, Kaienne…' – Sollozó mientras le apuntaba el brazo. – 'Voy a tratar de inmovilizártelo. Intenta estarte quieta, por favor. ¡Férula!'
Un cabestrillo salido de la nada se le anudó por todo el brazo y el hombro y se lo inmovilizó. Kaienne gritó cuando el cabestrillo le recolocó los huesos y Anthea estalló en llanto.
'Perdón.' – Sollozó con lágrimas inundándole las mejillas. – 'Perdoname, Kaienne…'
Todo se volvió negro ante los ojos verdes de Kaienne y de repente no sintió nada más.
Anthea se levantó de su lado y suspiró aliviada porque su amiga hubiera perdido la conciencia. Así al menos se ahorraría el sufrimiento. No quiso gritar a sus compañeros que Kaienne también había caído por no desmoralizarlos. Como la última vez, la batalla se les estaba yendo de las manos y aquella vez no estaba Alice para salvarles dando la sorpresa. Solo les quedaba aguantar hasta que llegaran los profesores. Volvió a apuntarla con la varita:
'¡Protego!' – Exclamó con firmeza para que el escudo fuera poderoso.
Anthea se secó las lágrimas y miró a su alrededor desolada. Lily seguía luchando como una campeona contra Devoir y Runcorn. No parecía estar herida de gravedad, ni cansada, al contrario que sus oponentes. Era la viva imagen de la decisión y la concentración. Sam peleaba con dureza contra McNair y ella en cambio, si que parecía exhausta, y aunque McNair estaba más herido, tenía más energías que Sam. James y Sirius corrían hacia donde Ió había gritado que Peter había caído, perseguidos por sus ponentes. Anthea abrió los ojos de par en par al ver a Ió golpeándose ahora con un árbol, ahora con el otro. Le rechinaron los dientes de pura rabia al ver a Dolovh riéndose mientras la torturaba de aquella manera. Dio un paso en su dirección cuando la llamó una voz:
'¡ANTHEA!'
Ella se giró con la varita en alto y las rodillas semiflexionadas lista para repeler cualquier ataque, pero nada sucedió.
'Aquí, zorra.' – Le indicó Alecto.
Anthea notó un nudo en la garganta al ver a Malfoy sujetando a Axel por la espalda y a Alecto, de pié, tocándole el cuello con la punta de la varita. Alecto y Malfoy la miraron y sonrieron ante la expresión de horror de Anthea.
'Te voy a devolver lo que le has hecho a mi hermano de una manera que te duela aún más.' – Explicó Alecto y puso la varita en el pecho de Axel y susurró: - 'Diffindo.'
Axel apretó los labios para que no se le escapara un grito de dolor cuando la varita de Alecto fue bajando por su pecho, cortando la piel a su paso. La cara se le descompuso a Anthea entre el enfado y el horror:
'¡Para!' – Rugió y dio un paso hacia ella.
'Quieta, Anthea.' – Le aconsejó Alecto sonriendo. – 'Quieta o me lo cargo.'
'Alecto, te juro que como le hagas más daño lo lamentarás.' – Masculló Anthea con dureza. – 'Estáte quieta.'
'¿Me lo vas a impedir tú?' – Se burló la Slytherin y puso la varita en el hombro derecho de Axel. – 'Diffindo.'
Axel clavó la mirada en la copa del árbol bajo el que estaban y se mordió la lengua. Escuchó a Anthea sollozar y se le partió el corazón.
'Anthea, no llores.' – Le pidió Axel.
'Eso es, Lance. Tu dale más dramatismo a la escena.' – Replicó Alceto riendo. – '¡Que romántico! ¡El Mestizo y la Noble! Lo vuestro es para escribir un cuento…'
Los ojos azules de Axel se clavaron en los de color castaño de Anthea para tratar de darle ánimos, pero justo tuvieron el efecto contrario.
'Alecto, para por favor.'
Los tres: Malfoy, Alecto y Axel se quedaron de piedra al oír aquellas palabras. Anthea cayó de rodillas al suelo y sollozó.
'¿Estás suplicando?' – Espetó Malfoy con un deje de incredulidad. – '¿Estás suplicando por la vida del mestizo?'
Anthea asintió entre lágrimas y Alecto estalló en carcajadas, divertida porque había conseguido hacerle suplicar a la mismísima Anthea Landry. Estaba segura de que era la primera vez que Anthea suplicaba a alguien en toda su vida o se postraba de rodillas ante alguien. Malfoy en cambio, redujo la presa que le tenía hecha a Axel Lance a causa de la conmoción.
'Tú.' – Murmuró Malfoy incrédulo y repugnado. – 'Una de las descendientes de los mismísimos Landry rebajándose por la vida de un mestizo. Y estoy seguro de que si fuera un sangresucia también te rebajarías de esta manera…' – Malfoy negó con la cabeza. – 'Eres pura escoria, Anthea.'
Todo sucedió muy rápido: Axel se zafó de Malfoy y le dio un puñetazo, Alecto le apuntó con la varita y Anthea apuntó a su vez a Alecto.
'¡Sectusempra!'
'¡Zacaraa!'
El hechizo de Alecto alcanzó a Malfoy y a Axel por igual. El conjuro de Anthea alcanzó a Alecto. A la vez que Malfoy y Axel sintieron rajarse su piel por distintas partes, Alecto salió despedida hasta estamparse contra el suelo. Ella no se volvió a levantar.
Anthea salió corriendo cuando la sangre manó de los diversos cortes que le habían producido a Axel y le sujetó cuando el muchacho amenazó con caerse.
'¡Axel!' – Le dijo a la vez que ambos resbalaban al suelo en un regadío de sangre. – 'Axel, ¿me oyes?'
'Estoy bien.' – Respondió Axel haciendo muecas de dolor. – 'No me ha dado del todo…'
Quedaron sentados en el suelo y Anthea le cogió el rostro y comenzó a darle rápidos besos en los labios. Malfoy se alejó de ellos con pasos tambaleantes. Anthea se le echó al cuello a Axel y comenzó a llorar desconsoladamente.
'Cálmate, Anthea.' – Le susurró Axel al notar que respiraba con dificultad y los espasmos que sacudían todo su cuerpo. – 'Estoy bien, el hechizo solo me ha dado a medias. Respira profundo y trata de calmarte, amor.' – Le susurró con voz suave a la vez que le acariciaba la cabeza. – 'Te quiero.'
Malfoy observaba repugnado la escena. No lo entendía. No comprendía qué tenía el maldito mestizo que no tuviera él para que Anthea fuera capaz de suplicar y llorar de aquella manera tan desconsolada. Él era mil veces mejor que Lance, era un sangre limpia. Malfoy sintió náuseas cuando se dio cuenta de que la noble Anthea Landry estaba enamorada del mestizo Axel Lance. Lance no iba a ser uno de los caprichos que Anthea usaba para pasar el rato, como lo había sido él.
'Muy bien Anthea…' – Susurró Malfoy y apuntó a la pareja.
Axel le vio venir, sus ojos azules se clavaron en los suyos con un matiz de horror.
'¡Bombarda máxima!'
Axel agarró a Anthea y la tiró sobre el suelo. El haz de luz pasó rozándole la espalda y reventó uno de los árboles que tenían detrás. Volaron astillas, piedras y ramas y el bosque crujió. Los árboles comenzaron a caer uno tras otro.
'Has vuelto a pifiarla, Lance.'
Axel le quitó la varita a Anthea y apuntó a Malfoy.
'¡Desmaius!'
Malfoy quedó fuera de juego. Axel suspiró aliviado, pero entonces algo crujió tras ellos. Anthea le agarró de la camiseta y le hizo rodar, se sitúo sobre él y se hizo todo lo grande que pudo. Axel la miró extrañado, pero entonces lo vio venir: la copa del árbol cayó sobre ellos.
Silencio.
'¡ANTHEA! ¡AXEL!'
Lily luchó desesperada por zafarse de sus contrincantes. Llevaba todo el rato peleando con ellos y viendo caer uno tras otro a sus amigos. Runcorn y Devoir no podían con ella a pesar de ser dos contra uno, pero Lily tampoco podía con ellos. Se le llenaron los ojos de lágrimas cuando el gigantesco árbol que había caído ocultó a Axel y a Anthea y comenzó a llorar cuando ellos no respondieron a su llamada. Miró a su alrededor y vio que estaba sola en la explanada donde había tenido lugar la lucha. Los cuerpos de Kaienne, los de Axel y Anthea ocultos bajo el árbol y los de varios Sangre Pura se esparcían por el claro junto a las llamas, el humo y los árboles caídos.
Era desolador. Estaban perdiendo.
Lily atisbó a Sirius, James, Sam y Ió luchando en las rocas que resguardaban a Remus.
Le dolía todo el cuerpo, estaba agotada, tenía heridas por todos los sitios y no podía más. No podía seguir viendo tanta destrucción, tanto daño… Los gritos le taladraban la cabeza y le encogían el alma. Quería socorrer a Kaienne y a Peter. Quería sacar de allí debajo a Axel y a Anthea y asegurarse de que no le habían contestado solo porque habían perdido el conocimiento. Que seguían vivos y que no habían sido aplastados. Deseaba que todo acabara. Deseaba que se detuviera toda la masacre que habían organizado los Sangre Pura.
Sangre Pura.
Todo era por su culpa.
A Lily le hacían cosquillas los dedos.
Ió escuchaba las voces de sus compañeros como si estuvieran muy lejos de ella. Notó una mano cálida posarse en su mejilla y aquel contacto le hizo saber que en realidad estaban cerca. Parpadeó lentamente y Sam apareció ante ella.
'Ió... ¡No! ¡No te muevas!' – Las manos de Sam le impidieron moverse y la Ravenclaw la miró extrañada. – 'Tienes la pierna rota.'
No había sido consciente de aquel agudo dolor hasta que ella se lo dijo. Dolía en lo más profundo, como si tuviera hielo quemándole frío en la pierna. Tuvo claro que no se movería, pero vio a James y a Sirius luchando ante ellas y alzó la cabeza para buscar su varita. Pensó que al menos desde el suelo sería capaz de hacer algo por ayudarles, pero entonces notó la cabeza pesada y al llevarse la mano a ella se le empapó de sangre.
'Estoy tratando de cerrarte la herida.' – Le indicó Sam. La morena le apuntaba a la cabeza con la varita y de ella salía un vaho azulado. – 'Nos hemos deshecho de Dolovh. No te preocupes por él.' – Le dijo.
'¡Sam!'
La morena se giró al escuchar la voz de Sirius. Él se enfrentaba contra Mulciber y por un momento creyó que le pedía ayuda a él.
'¡James necesita ayuda!'
Sam miró a su capitán y lo vio en el suelo. Había perdido la varita y McNair y otro Sangre Pura que aún no había perdido la máscara se cernían sobre él, listos para atacar. Sam se puso en pie de un salto y bramó:
'¡Sectusempra!'
Los dos Sangre Pura dieron un salto para apartarse y el conjuro pasó entre ellos. James rodó sobre sí mismo y agarró su varita y justo apuntó al Sangre Pura de la máscara.
'¡Animo linky!'
La máscara le estalló en la cara y el Sangre Pura gritó y se la cubrió con las manos. James se puso en pie de un salto y sonrió.
'¿Qué, Snape? ¿No te he hecho un favor?' – Se burló. – '¿No te molestaba la máscara con esa napia?'
Snape se quitó las manos de la cara y le apuntó:
'¡Diffindo!'
'¡Protego! ¡Evert…'
'¡Impedimenta! ¡Sectusempra!'
'¡Protego!'
Snape y James comenzaron a caminar uno entorno al otro sin darse la espalda. James le sonreía burlón a pesar de que estaba a punto de desmayarse. Por fin iba a poder darle su merecido a Snape. Severus Snape también le sonreía, pero con suficiencia.
'Te vas a caer de un momento a otro.' – Le susurró Snape.- 'La noche de juerga te está pasando factura.'
'Tú caerás antes que yo. Eso te lo garantizo.'
'Te equivocas.'
'¡No puedes conmigo, Snape! ¡Soy mejor que tú!' – Le espetó James riendo y saboreó las palabras que iba a decir a continuación. – '¿Porqué sinó me gané a Lily? Te la quité. Te robé a tu amiga y ella pasó a ser mi novia. ¿Cuántas veces has soñado con eso tú, Snape?' – Se burló. – '¿Todas las noches?'
'¡Cállate Potter!'
'Nunca saborearás sus besos. Nunca la tendrás entre tus brazos. Nunca podrás tocar su suave piel o sentir su cálido cuerpo ceñirse al tuyo.' – James rió aún más. Pensó que seguramente Lily le hubiera hecho callar y se habría enfadado de lo lindo si le hubiera escuchado por hacer sufrir a Snape de aquella manera, pero ella estaba lejos peleando.
'¿¡Cómo podría querer eso de una sangresucia como ella!?'
'¿Quizás porque estás enamorado de Lily? ¿Te crees que no lo sabía?' – James sonrió arrogante. – 'Espero que la envidia te corroa hasta el fin de tus días. No te mereces otra cosa.'
'¡CÁLLATE!'
Al alarido de Snape se le sumó el grito de Sirius. James oyó a alguien caer al suelo y no pudo evitar la tentación de mirar al oír a Sam chillar. Se le paralizó el cuerpo entero al ver a Sirius tendido en el suelo, desarmado, y a Mulciber con un pie sobre su pecho apuntándole con la varita a la cara.
'Creo que podemos hacer esto más fácil, Severus.' – Comentó Mulciber riendo. – 'Si quieres vengarte de Potter ahora es el momento. Si él se mueve yo me cargo a Black.' – Mulciber se dirigió a Sam y espetó: - 'Lo mismo te digo McNair, haz lo que te de la gana con Hewitt y si ella se defiende mato al primero de los Merodeadores.'
James comenzó a respirar con fuerza a causa del enfado y apuntó a Snape con la varita.
'No voy a permitir que juguéis con nosotros.' – Espetó James rabioso.
'No te queda otro remedio, Potter.' – Rió Snape. – '¿O vas a ser tú el causante de la muerte de tu mejor amigo?'
'Hijos de puta…' – Susurró Sam. – 'Pobres de vosotros si lo hacéis.'
'Cállate Hewitt y tira la varita.' – Le ordenó McNair, pero Sam no la tiró. – 'Sueltalá o le digo a Mulciber que use Crucio con tu novio.' – Le sonrió burlón. – '¿Quieres hacerle pasar por eso, Hewitt?'
'Sam, ni se te ocurra.' – Le dijo Sirius desde el suelo. – 'Si lo haces ya no nos quedará nada.'
'Potter, haz lo mismo.' – Ordenó Snape. – 'Tira la varita.'
Ninguno se movió. Snape y James continuaron apuntándose mutuamente con sendas varitas y a su lado, Sam y McNair seguían en la misma actitud. Ió deslizó lentamente su mano hacia donde Dolovh la había estado torturando, recordaba que se le había caído por aquel lugar. Con un poco de fuerza aún podría convocarla y ayudar a sus amigos.
'Muy bien.' – Resolvió Mulciber. – 'Esto os pasa por cabezones. ¡Crucio!'
Desde la otra punta del claro, Lily oyó gritar a Sirius.
¡¡Hola a todos!!
Pues aquí iba la primera parte de la tan esperada batalla. Dejad de comeros las uñas, anda.
¡Muchísimas gracias por todos los reviews! Siempre son un subidón y me hacen muy feliz.
¡Y como siempre dar a bienvenida a los que habéis empezado a leer hace poco!
En respuesta a tu pregunta Myrywatson95: Sí, tengo pensado hacer una segunda parte aunque no inmediatamente. No me gustaría dejarlo todo aquí, le he cogido demasiado cariño a la historia como para darle un punto final.
Nos leemos pronto ;)
¡Besitos!
Eneida
