LVIII

'Lily, por favor, di algo…' – Suplicó Sam. – 'Me está matando que estés tan callada.'

Hacía tan solo tres minutos que Sam y Lily habían dejado el claro atrás. Lily tan solo había abierto la boca para indicarle a Sam la dirección y el silencio de la pelirroja estaba poniendo cada vez más nerviosa a Sam. Notaba la frente de Lily apoyada en su espalda y sus brazos la tenían abrazada desde atrás para no caer porque iban a toda velocidad, pero Sam sabía que la mente de Lily aún estaba en el claro.

'Lily…' – Repitió intentando sonar tranquila al no contestarle ella. – 'No estés así.'

'Tu no has matado a nadie.' – Replicó ella.

'¡Y tú tampoco!' – Espetó Sam mordazmente y al momento se arrepintió. Quitó una mano del mango de su escoba y la puso sobre las manos de Lily, que estaban en su abdomen. – 'Perdóname...Estoy de los nervios.'

Lily asintió contra su espalda y Sam suspiró y se dio por vencida. Volvió a poner la mano en el mango de la escoba y se inclinó un poco más para ir más rápido. Empezaba a impacientarse porque el pasillo parecía no acabar, cuando vio aparecer al fondo una descomunal y fabulosa puerta de madera.

'Creo que hemos llegado.' – Anunció Sam aminorando la velocidad para aterrizar. – '¿Tengo que saber algo especial sobre el Manantial?'

Lily levantó la cabeza y aquello provocó que Sam se alegrara al verla reaccionar.

'No es fácil llegar al Manantial.' - Comenzó a explicar y Sam sonrió. – 'Primero hay un jardín lleno de plantas que nos dificultarán el paso. ¿Llevas la varita?'

'Sí…' – Asintió Sam, pero se mordió el labio al recordar que había sido incapaz de hacer magia en el claro. – 'Pero, verás…' – Dudó un instante. No quería hacer referencia al bosque por miedo a que Lily volviera a quedarse callada. – 'Da igual.'

'Bueno, después de atravesar el jardín hay una puerta cuyo pomo es un león. No trates de abrirlo con la mano porque el león te morderá. Usa Alohomora.'

Sam volvió a morderse el labio y comenzó a aterrizar. Decidió callarse sobre lo de la magia, quizás solo había sido cosa de los nervios y el mal momento. Puso los pies en el suelo y volvió a prestar atención a Lily.

'Por último, hay que atravesar una cortina de fuego.'

'¿¡QUÉ!?' – Chilló girándose completamente hacia Lily. – 'Oh, lo siento Lily....' – Murmuró al instante otra vez arrepentida. – 'Me va a dar algo a este paso...'

'Es solo una ilusión.' – Le explicó Lily sonriendo débilmente. – 'No te pasará nada.'

Sam movió la cabeza afirmativamente y ayudó a Lily a desmontar de la escoba. En cuanto Lily puso los pies en el suelo, se tambaleó y Sam corrió a aguantarla. Pasó el brazo de Lily por encima de sus hombros y ella le puso el suyo en la cintura para ayudarla a caminar.

'¿Estás bien?' – Le preguntó preocupada mirándola a los ojos. Al momento vio que en los ojos de Lily asomaban las lágrimas y Sam le dio un beso en la mejilla.- 'Lily, te prometo que tú no has matado a nadie.' – Sabía que aquel pensamiento estaba destrozando a su amiga.

Lily cerró los ojos y se secó con la maltrecha manga las lágrimas.

'Vamos a por el agua.' – Le anunció a Sam con voz que hubiera sido firme si ella hubiera estado mejor. - 'No perdamos el tiempo.'

Juntas abrieron la gigantesca puerta. Lily oyó a Sam dar un respingo al ver el frondoso y espeso jardín que tenían delante.

'No bajes la guardia y prepárate.' – Le susurró. – 'El fuego suele ahuyentarlas.'

Sam sacó la varita del bolsillo y apuntó al frente. Por dentro estaba temblando como un flan por si no le salía la magia y las plantas atacaban. Ella se sentía capaz de pelear con uñas y dientes, pero sabía que Lily no se aguantaba de pie y el color no había vuelto a sus labios ni a su cara. Comenzaron a caminar y el jardín se movió, Lily y Sam se detuvieron y la morena apuntó al frente. Pero entonces, para alivio de Sam y estupor de Lily, las plantas que tenían delante se movieron para dejarles paso. Formaron un túnel y dejaron el camino libre hasta una puerta pequeña de madera, en la que Sam llegó a ver un pomo con forma de león.

'¿Qué pasa aquí?' – Preguntó Lily con los ojos abiertos como platos. – '¿Porqué nos dejan pasar?'

'¡Ni idea! ¡Pero nos va perfecto!' – Exclamó Sam y agarró bien a Lily y la llevó a paso rápido hasta la puerta. – '¡Vamos! ¡Vamos!' – Dijo con urgencia, pues sabía que no podían perder el tiempo, ya que este jugaba en contra de ellas y las vidas de sus amigos.

La boca de Lily fue deslizándose centímetro a centímetro conforme se internaron en el jardín y las plantas no hicieron ni la menor intención de cortarles el paso. Pensó que algo raro estaba ocurriendo cuando la puerta del león se abrió para ellas, como dándoles la bienvenida al Manantial. Por su parte, Sam estaba radiante por el hecho de que no la hubieran puesto a prueba para ver si su magia funcionaba o no. Pero su alegría se disolvió por completo cuando la puerta se cerró a sus espaldas y antes ellas apareció aquella gigantesca cortina de fuego. El calor le quemó en la cara y se cubrió con el brazo que no sujetaba a Lily.

'Es una ilusión, Sam.' – Le dijo Lily para tranquilizarla. – 'No tengas miedo y sigue caminando hacia delante.'

'¿Si es una ilusión porqué me está quemando el calor en la cara?' – Preguntó ella recelosa. Miró el fuego y suspiró. – '¡Oh! ¡Que le jodan a todo! Si total, más burradas no puedo hacer hoy…Solo me falta tirarme al vacío desde la torre de astronomía y esperar que no me pase nada y habré completado el cuadro.'

Sam se mordió el labio y se dirigió a paso rápido hacia las llamas. Cerró los ojos cuando y se recordó por quién hacía todo aquello al entrar. El calor del fuego le abrasó la cara y las manos, pero ella continuó adelante cargando con Lily. Poco a poco el calor fue desapareciendo y una cálida brisa le acarició la cara. Al momento escuchó el sonido del agua caer.

'Puedes abrir los ojos.' – Susurró Lily con voz débil a su oído. – 'Pero escúchame antes. Hay algo que no debes hacer bajo ningún concepto o será el final para nosotras y para los nuestros en consecuencia.' – Lily notó aquel inmenso nudo en la garganta al recordar a sus amigos, pero aguantó, sabiendo que aún no podía derrumbarse. – 'No bebas el agua a no ser que yo te la dé y no la cojas hasta que ellas nos den permiso.'

Sam asintió y después abrió lentamente los ojos, con algo de miedo ante lo que pudiera encontrarse. Al hacerlo quedó absorta por la belleza de aquel magnífico lugar.

'Esto es precioso…' – Dijo en un suspiro mirando el manantial con los ojos abiertos y brillando de emoción. – 'Es increíble…'

Sam no lo podía creer, después de haber tenido que atravesar aquella cortina de fuego había esperado algo mucho más horrible. Pero aquel lugar…Nunca había visto un sitio tan hermoso, ni siquiera el Balcón del Verano, que ella adoraba, o los preciosos jardines de Hogwarts podían comparársele.

'Esto es muy extraño.' – Murmuró Lily con precaución. – 'Las otras veces que James y yo hemos estado aquí, las plantas no nos querían dejar pasar y la puerta del león no nos daba paso a menos que usáramos la magia.' – Frunció el ceño y trató de buscarle un porqué al hecho de que les hubieran dejado el camino tan fácil. – 'Es como si nos hubieran estado esperando…'

'A lo mejor se han enterado de lo del claro con todo el jaleo y han pensado que vendrías.' – Opinó Sam mientras ambas se acercaban al estanque. – 'En cualquier caso, hemos perdido menos tiempo del que creías que íbamos a tardar, ¿no?'

'Sí…' – Asintió Lily con alivio. A pesar de que desconfiaba de aquella facilidad para acceder al agua, estaba agradecida porque habían evitado perder un tiempo inútil peleándose con la plantas. Precisamente tiempo era lo que no podían malgastar. – 'Déjame a la orilla y después aléjate bastante. No cojas el agua y ni pienses en bebértela.' – Le advirtió otra vez.- 'Solo aléjate y guarda la varita. No quiero ofenderlas.' – Caminaron hasta la orilla y Lily la besó en la mejilla. – 'No te asustes y mantén la calma. Creo que no tenemos porqué tener problemas con ellas.'

'Eso de "creo" no me ha gustado como ha sonado.' – Le dijo Sam.

'Tranquila.' – Lily trató de sonreírle, pero solo consiguió que Sam se preocupara más por ella. – 'En menos de lo que imaginas tendremos el agua.'

Llegaron al borde de la inmensa charca y Sam le ayudó a que se quedara sentada en la orilla. En cuanto Lily quedó cerca del agua, Sam guardó la varita en su bolsillo, aunque se la dejó a mano por si acaso. Dio unos pasos hacia atrás y se quedó a una distancia prudente, observando a Lily y temiendo que la prefecta se rompiera ahora que ella ya no la aguantaba.

Lily se asomó al manantial y tuvo cuidado de no rozar el agua de allí. No quería tener ningún contacto directo con el agua por temor a ensuciarla con sus manos y que dejara de servirles. Había guardado en el fondo de su corazón todas las emociones y sentimientos que amenazaban con hundirla, para poder seguir siendo fuerte mientras conseguían el agua. Si aún estaba consciente, era porque se había prometido a ella misma que no iba a dejar que nadie más sufriera ningún daño por su causa. Cuando ella ya no pudiera hacer nada, entonces, se dejaría llevar por el dolor.

'Guardianas del Manantial de Goddric Gryffindor, por favor, salid a recibirme.' – Rezó para que las criaturas del fondo del estanque pudieran oírla a pesar de su débil voz. – 'Creo saber de la utilidad del agua que de este manantial emana y necesito vuestro permiso para poder usarla.'

En cuanto pronunció aquellas palabras el agua comenzó a revolverse y a burbujear. Distinguió moverse fugazmente algo en el fondo y entonces, vio tres sombras que progresivamente se acercaron a la superficie. Lily deseó que sus palabras hubieran sonado lo suficientemente respetuosas como para que las náyades no se ofendieran ni enfadaran. Sam gritó cuando tres criaturas salieron de un salto del agua y aterrizaron en la orilla, muy cerca de Lily. La boca de Sam se abrió visiblemente al ver a aquellas hermosas muchachas de vaporosos vestidos, que tenían las orejas en forma de aletas de pez y branquias en el cuello.

'Tú de nuevo aquí, bruja de Gryffindor.' – Saludó sin sorpresa y con voz melodiosa la hermosa náyade que Lily había visto la última vez adentrarse en el agua. – '¿Quién te acompaña?' – Preguntó mirando con desconfianza a Sam.

Las otras dos dieron unos pasos en dirección a la morena y Lily se apresuró en contestar:

'Es Sam Hewitt, también de la casa de Goddric Gryffindor.'

Suspiró cuando las otras dos detuvieron su caminar y volvieron a prestarle atención a ella. La hermosa criatura se acuclilló a su lado y la escudriñó con los ojos. Por alguna razón que Lily no supo definir, la escrutó aún más tiempo que la otra vez. Finalmente la Náyade arrugó la frente al verla cubierta de sangre y con tan mal aspecto.

'Está agotada.' – Señaló una de las otras dos náyades mirando a Lily. – 'No nos sirve ahora.'

Sam levantó una ceja, desconfiando. Lo que había dicho la Náyade no le había hecho ni puñetera gracia. Según sabía por Sirius, esas tres muchachas casi le habían ahogado en el fondo de su manantial y Lily había dicho que en "principio" no iban a tener problemas. Aquella frase había sonado claramente amenazante y a problemas.

'¿Qué te ha ocurrido?' – Preguntó la principal náyade sin hacer caso de su compañera.

'Eso no importa.' – Respondió Lily. – 'Necesito vuestra ayuda.'

'Claro que importa.' – La contradijo la hermosa criatura y Sam se llevó la mano al bolsillo. La Náyade le acarició el rostro a Lily con una mano y fijó los ojos en ella. Lily sintió un ligero alivio al estar en contacto con su mano. – 'Tu corazón está destrozado, tu magia está agotada y no llego a saber porqué.'

'Mis amigos están heridos de gravedad.' – Explicó Lily y sus ojos se llenaron de lágrimas. – 'Por favor, sé que vuestra agua les puede ayudar.'

'Explícate.' – Le ofreció ella sonriendo.

'Tú, que osas coger el agua que de aquí emana, vigila que tus manos sean limpias, pues serán ellas las que den vida o muerte.' – Repitió Lily y Sam puso toda su atención en ella. – 'Las manos de aquel que toca el agua son las que les da su poder o utilidad, si no me equivoco. Por ello, si las manos están limpias, el agua dará la vida, siempre que el que reciba el agua esté perdiendo la vida. Por el contrario, si las manos están manchadas…si el que toca el agua…' – Hizo una pausa y susurró. – '…ha matado a alguien, el agua se convertirá en algo parecido a un veneno mortal y le dará la muerte a aquel que la beba.'

Las tres criaturas miraron a Lily impasibles. Sam observaba admirada a su mejor amiga. Casi se le había olvidado la amenaza de las náyades al enterarse de lo que podía hacer el agua. ¡Iban a salvarles! Realmente, Lily había tenido toda la razón cuando meses atrás había dicho que el agua les iba a ser de utilidad en el futuro, estuviera equivocada o no en un principio.

'¿Comprendes porqué guardamos tan celosamente nuestro agua?' – Preguntó la náyade y Lily asintió. – 'Si todos los brujos fueran tan bondadosos como tú no habría ningún problema…Pero desgraciadamente, no todos los magos tienen un corazón tan grande como el tuyo y muchos de ellos se dedicarían a usar nuestro agua como método para acabar con la vida de las demás criaturas. Nosotras la custodiamos, pero son ellos los que le dan el poder y ante eso nosotras no podemos hacer nada.' – La náyade frunció el ceño y Lily bajó la mirada. Las emociones amenazan con subir por su garganta. – 'Asesinos…'

Lily estalló en llanto al oír aquella palabra y aunque las náyades no lo entendieron, Sam si que lo hizo y caminó lentamente hasta llegar a su amiga y la abrazó.

'Por favor…' –Dijo Sam. – 'Dejad que podamos llevarnos el agua para salvar a nuestros amigos.'

'¿Cómo sabemos que no la queréis para vosotras? Vuestro aspecto deja mucho que desear.' – Espetó una de las otras dos criaturas. – 'Nuestro agua no es para propio beneficio.'

'Tampoco nos serviría.' – Respondió Lily con las lágrimas rodándole mejillas abajo. – 'Nosotras no estamos perdiendo la vida, pero ellos sí.' – Lily sollozó al recordar a James tan malherido y a Anthea y a Axel bajo el árbol. – 'Por favor, dejad que nos la llevemos…os daré cualquier cosa a cambio.'

Sam vio brillar algo en la mirada dorada de las náyades que no le gustó.

'Llévate todo el agua que desees, Lily Evans.' – Accedió la náyade principal. Metió la mano en el agua y sacó de ella un cántaro de arcilla. – 'Tan solo te pedimos que vuelvas a visitarnos cuando estés mejor.' – La náyade le ofreció el cántaro. – 'Recúperate completamente. No importa que tardes meses.'

'Sam…' – La instó Lily. – 'Cógelo.'

Sam hizo el gesto de coger el cántaro, pero la náyade lo apartó de sus manos frunciendo el ceño.

'Te doy permiso a ti para que cojas el agua, no a ella.'

'Yo no puedo tocar el agua.' – Musitó Lily con un hilo de voz.

Las otras dos náyades dieron un respingo, pero la principal se levantó airada.

'¿Me estás diciendo que no puedes tocar el agua?' – Preguntó indignada y Lily no le contestó. – '¿¡Me estás diciendo que tus manos están manchadas!?'

Lily agachó la cabeza y Sam miró enfadada a la náyade.

'¡No ha matado a nadie!' – Gritó con rabia. – '¡Tan solo lo cree!'

La hermosa criatura torció el gesto y volvió a serenarse.

'¿Porqué crees eso, Lily?' – Preguntó comprensiva.

'Se me escapó la magia…' – Sollozó contra el hombro de Sam. – 'Y no sé que ocurrió con los que la recibieron.'

'Por ello venías buscando el agua la primera vez…' – Recordó la criatura pensativa.

'¡Yo recibí su magia y sigo viva!' – Exclamó Sam. – '¡Lily no es una asesina!'

La Náyade no le respondió a Sam y las otras dos tampoco dijeron nada. Durante unos segundos solo se escuchó el sonido del agua caer y los sollozos de Lily. La Náyade suspiró fuertemente y le tendió el cántaro a Sam.

'Coge el agua, Sam Hewitt. Tienes mi permiso. Al fin y al cabo, las intenciones de Lily son buenas.' – Anunció la criatura algo molesta. – 'Pero tú, Lily Evans, deberás volver como te he dicho antes, cuando estés recuperada completamente. Supongo que para entonces ya habrás averiguado si tus manos están manchadas verdaderamente.'

'¿Porqué tanto interés en que Lily vuelva a visitaros?' – Preguntó Sam con desconfianza y notó que Lily le daba un débil codazo en las costillas. – '¿Qué queréis de ella?' – Prosiguió sin cortarse. Le importaba poco que se ofendieran.

'Si no quieres que cambiemos de idea, vigila tu lengua, bruja.' – Le contestó la náyade algo irritada. – 'No quieras ofendernos con preguntas que no son de tu menester.' – Le volvió a tender el cántaro y Sam lo cogió. – 'Si no regresas, Lily, las consecuencias para aquellos que beban el agua serán fatales. No quieras adivinar lo que ocurriría y vuelve cuando estés recuperada.'

'Lo haré.' – Accedió Lily levantando la mirada hacia la criatura. – 'Prometo regresar.'

La Náyade le sonrió y volvió a acariciarle la mejilla. Otra vez, Lily notó aquel fresco alivio y cerró los ojos, a punto de dejarse ir. Más la náyade retiró su mano y junto a las otras dos volvió de un salto al agua. Sam se quedó mirando la superficie con desconfianza.

'Estúpidas…' – Pensó por no decirlo en voz alta.

'El agua, Sam.' – La instó Lily. – 'Cógela y no perdamos más tiempo.'

Sam llenó el cántaro hasta arriba. Se quedó parada al ver a Lily ya de pie cuando se giró. Le alegró ver que se había recuperado del escape de magia. Lily le dio la espalda y comenzó a caminar en silencio hacia la salida. Esta vez sin miedo, Sam atravesó el fuego. La puerta de león se abrió para ellas y las plantas se apartaron a su paso hasta mostrarles la gigantesca puerta de madera. La atravesaron y salieron al pasillo. Antes de que Sam pudiera decir nada Lily le tendió la escoba y comenzó a hablar con expresión seria:

'Debes darle el agua de tus propias manos a todos aquellos estén en peligro de muerte, ¿entiendes? Solo debes tocar tú el agua.' – Le explicó. – 'No sé si tendrá efecto en los que estén heridos, su finalidad es dar la vida a aquel que la está perdiendo. No lo es curar, pero aún así podrías probarlo.' – Lily la miró a los ojos. – '¿Alguna duda?'

'¿Vienes conmigo, verdad?'

Lily sonrió y negó con la cabeza. Sam abrió la boca para protestar, pero la sonrisa de Lily se torció. Sam se congeló cuando las lágrimas salieron a borbotones de los ojos de Lily y aún así, su amiga trató de controlarse.

'No puedo ir allí…' –Murmuró Lily pugnando por controlar ese torrente de emociones que le subía por el pecho. – 'No…trates de…convencerme. Solo perderías el tiempo…'

'Lily, por favor.' – Sam le cogió la mano y suplicó. Parecía a punto de ponerse a llorar. – 'No me hagas esto. Ven conmigo.'

Lily apartó la mano y se descubrió que temblaba de arriba abajo. Notaba las lágrimas gotear de su cara e ir empapando el ensangrentado uniforme. Pensó que verdaderamente tenía que tener un aspecto lamentable si había conseguido sacarle a Sam la preocupación a relucir.

'Lo siento, Sam.' – Murmuró ella y dio un paso atrás. – 'No puedes imaginar como me siento… ¡Me asusta saber que he matado a alguien! ¡No quiero saberlo! ¡NO QUIERO SER UN MONSTRUO!' – Gritó tratando de justificar aquel comportamiento tan cobarde que estaba teniendo. – '¡No quiero ver a nadie pasar por delante de mí en una caja de madera y saber que es culpa mía! ¡Me niego a estar bajo el mismo techo!' – Sollozó. – '¡No lo soportaré! ¡Solo quiero desaparecer!'

'¿Y nuestros amigos, Lily?' – Murmuró Sam también llorando. – 'Hazlo por ellos y ven. Hazlo por mí. Me está matando verte así.'

'Y yo me estoy muriendo también por todo lo que ha pasado…Entiende eso, Sam.' – Lily se tapó la cara con las manos y dio otro paso atrás. – 'Solo sé que me estoy hundiendo y que no sé si volveré a levantarme…' – La miró a los ojos y a Sam se le rompió el corazón. – 'Si alguno de los nuestro muere ya seguro que no podré seguir viviendo. Déjame ir, por favor y tú corre a darles el agua.'

Sam asintió enfadada y cogió la escoba. La pasó por entre sus piernas, cogió con cuidado el cántaro y agarró el mango de la escoba con una sola mano. Se elevó delante de Lily y la volvió a mirar:

'Lo siento.'

'No lo sientas.' –Le respondió Sam seria. – 'Solo te voy a dejar sola unos minutos, lo suficientes para que yo pueda darles el agua y que tú puedas sacar todo lo que llevas dentro. Ya sé que nunca te ha gustado llorar delante de nadie, vas a tener tus minutos para volverte loca llorando y gritando y golpeando lo que te dé la gana, después vendré por ti y no me moveré de tu lado nunca más.' – Le aseguró.

Lily se acercó a ella y Sam bajó la altura de su escoba hasta que quedaron cara a cara. Se abrazaron con fuerza y después Sam volvió a elevarse.

'Ve a la enfermería directamente.' – Murmuró Lily. – 'Los deben estar trasladando allí.'

Sam asintió y salió volando a toda velocidad por aquel largo e interminable pasillo de Hogwarts. Lily volvió a serenarse y sospechó que Sam no vendría a buscarla, pues había unas buenas manchas de sangre por todo el lugar por el que Sam había pasado. Lily comenzó a caminar para salir de aquel pasillo sin salida y conforme avanzó confirmó sus sospechas. Casi se podía seguir el rastro de Sam por las gotas de sangre.

Lily continuó avanzando y no supo si fue después de mucho o poco cuando llegó alúnico lugar en el que sabía que encontraría un poco de paz. La embargaba una especie de sopor que no le permitía estar plenamente consciente. Solo sabía que el corazón le dolía profundamente, que su cuerpo iba a dejar de responderle de un momento a otro y que las emociones que había estado ahogando iban a encontrar el aire. Avanzó bajo los arcos y pasó las piernas por la barandilla hasta dejarse caer. Caminó entre las flores, adentrándose en el alegre e iluminado lugar, que se le antojaba terriblemente oscuro y triste sin James. Llegó un momento en que sus piernas fallaron y Lily se derrumbó. Lily se acurrucó tumbada de lado entre las flores y cuando apoyó la cabeza y cerró los ojos, todo lo que había estado escondiendo y aguantando salió.

Las imágenes de la batalla se reprodujeron en su mente de principio a final haciéndola estremecer. En aquel terrible llanto decidió que nunca más saldría de allí para que no pudiera volver a hacer daño a nadie más. Estaba tan asustada que temblaba sin control. Pero claro, sus amigos no podían ayudarla. Les era imposible. Quizás no tenían el corazón pendiente un hilo para romperse como ella, pero sus vidas si que pendían de ese hilo. Lily extrañaba profundamente a James, pero no tenía fuerzas para levantarse. Hubiera sido tan fácil hacerlo con James a su lado…Si James moría, Lily sabía que nunca más se pondría en pié.

Finalmente, el sueño venció al llanto y Lily se durmió.

Remus se removió inquieto en la cama. Notaba el cuerpo pesado y dolorido, algo habitual después de una noche de luna llena. El dolor de cabeza era el de siempre, pero aquel traqueteó que oía, esas carreras y esos murmullos incesantes lo desconcertaron. La enfermería siempre estaba en silencio y en paz. Al menos ese era el recuerdo que tenía después de haber pasado una vez al mes por allí durante los seis años que llevaba estudiando en Hogwarts.

'Mmm…' – Gruñó levemente y comenzó a abrir los ojos.

Tuvo que parpadear varias veces hasta que consiguió enfocar las cortinas blancas, cerradas alrededor de su camilla. Por la ventana se colaban los rayos rojizos del sol. Remus se reincorporó lentamente y miró al reloj que había en su mestita. Apenas eran las seis de la tarde.

'James, Sirius y Peter tendrían que estar por aquí…' – Pensó.

Volvió a tumbarse en la camilla y cerró los ojos. Se sentía demasiado exhausto aún.

Sonó un pitido y varias personas pasaron corriendo por delante de su camilla, hablando con prisa y algo de angustia.

'¡Oh! ¡Mierda! ¡Otra vez! ¡Voy a necesitar más sangre, Mark!'

Remus abrió los ojos. Se extrañó al escuchar hablar a un hombre joven y no a la enfermera Pomfrey, además de la mención al tal Mark. ¿Sería un alumno? Dudaba que los alumnos de Hogwarts le hubieran robado la enfermería a Pomfrey.

'La número dos también necesita otra. Esta a punto de acabarse y esta era solo la primera.' – Indicó otra voz, esta vez de una mujer joven y que no era la de la enfermera del colegio. – 'Si hubiera venido a la enfermería directamente no se habría ido desangrando por el pasillo.' – Murmuró enojada.

'Quedan reservas en la nevera, pero voy a San Mungo por si acaso.' – Informó una tercera voz que Remus tampoco reconoció. – 'Estaré de vuelta en unos minutos y de paso preguntaré cómo les va a los de allí.'

Las sombras de las tres personas se proyectaron en su cortina por un fugaz segundo. Algo gordo debía haber pasado si había personal del Hospital de San Mungo en la enfermería de Hogwarts. Escuchó como descorrían la cortina de la camilla continua a la suya y la silueta de una mujer, una medimaga, supuso, se dibujó en la cortina. La medimaga manejó algo y después suspiró. Remus se reincorporó en la cama cuando oyó hablar al hombre de antes muy cerca de allí. Cuando la medimaga se giró, Remus imaginó que el medimago estaría de pie al lado de la principal cortina.

'Menudo desastre…' – Murmuró el hombre. – 'Hace dos días lo de King's Cross y ahora esto. ¿En que estaban pensando estos críos?'

'Ya has oído al director antes. No ha sido culpa de ellos. Al menos no de los que nosotros estamos tratando.' – Replicó la mujer. – '¿Se sabe algo de la chica desaparecida?'

'Nada, siguen buscándola.' – Suspiró el hombre.

La medimaga salió de allí al lado y se unió a su compañero. Oyó descorrer otra cortina y Remus saltó de la cama con prisa. No le hacía mucha gracia lo que estaba escuchando y quería preguntar qué era lo que había ocurrido.

'De todas maneras, mañana esto será un caos. El Profeta tiene que estar deseando que alguno de los muchachos se despierte. Seguro que ya se estarán agolpando en las puertas de San Mungo para entrevistar a los desgraciados esos.' – Prosiguió la mujer y su voz sonó algo más alejada. – 'Pero me niego a dejarles pasar aquí. Dudo mucho que Dumbledore lo permita. Estos chicos necesitan descanso y reposo absoluto. Suficiente han tenido que pasar ya con esa estúpida pelea.'

Remus abrió los ojos como platos y una idea que no le gustó en lo más mínimo comenzó a formarse en su mente.

'A Hogwarts le puede caer una buena por parte del Ministerio. Sobretodo a Dumbledore y a los profesores por no haberlo visto venir.'

'Dumbledore y los profesores no tienen la culpa de tener unos alumnos que estén obsesionados con la estúpida pureza de la sangre.' – Replicó la mujer ofuscada.

'Dile tú eso a Christopher Landry.' – Se rió el hombre. – 'No dejan de rumorear que se está ganando al Ministro ahora que Keith está hospitalizado. Las cosas van a cambiar mucho, Anny. Deberías vigilar lo que hablas.'

'¡Pues es su hija Anthea la que ha estado peleando contra esos idiotas!' – Chilló la tal Anny indignada. – '¡Landry debería tener en cuenta eso!'

Remus se precipitó corriendo al pasillo, descorriendo la cortina de un manotazo. Los dos medimagos se giraron hacia él sorprendido. Rápidamente reaccionaron y fueron hacia él con las amables sonrisas características de lo médicos.

'Remus, estás en la enfermería de Hogwarts.' – Le explicó la joven medimaga que Remus identificó como a Anny. – 'Es posible que te encuentres algo confuso, pero quiero que sepas que está todo bien. ¿Te encuentras bien?'

'¿Qué ha pasado?'- Remus la miró desconcertado.- '¿¡Dónde está Anthea!?'

'Cálmate, chico.' – El medimago le puso una mano en la espalda. – 'Tranquílizate y deja que te examinemos te explicaremos todo.'

'¡Estoy bien!' – Gritó él enfurecido. – '¿¡QUÉ HA PASADO!?'

La enfermería comenzó a darle vueltas y las rodillas le fallaron. Remus notó como el medimago lo agarraba antes de que se cayera. Entre él y la medimaga lo arrastraron hasta la camilla y volvieron a sentarle. Comenzaron a examinarle aprovechando que se encontraba sin fuerzas, pero Remus dio un manotazo al aire y volvió a gritar:

'¿¡QUÉ HA PASADO!?'

La medimaga buscó algo en su bolsillo y Remus gruñó al ver una inyección.

La cortina de su izquierda se descorrió de golpe y Remus se quedó de piedra al ver a Sirius mirándole con mala cara.

'Baja la voz, Lunático.' – Le dijo este. – 'Vas a despertar a todo el personal.'

'¡Sirius!' – Se levantó la medimaga. – '¡Vuelva inmediatamente a su cama!'

'Estoy bien, queridísima Anny.' – Replicó él con una sonrisa que dejó a la doctora sin aliento. – 'Creo que puedo ayudarles con mi amigo. Le lanzaron un Obliviate durante la pelea y por eso está así. No se acuerda de nada.'

El medimago aprovechó el momento de estupor de Remus para acabar de examinarle, mientras que la medimaga trataba de no caer rendida ante los pies del apuesto muchacho de ojos grises. Remus comprendió que sino ponía de su parte los medimagos no les dejarían en paz. Se quedó callado y quieto y dejó al doctor hacer.

'¿Cómo te llamas?' – Preguntó el medimago cuando acabó de tomarle las constantes vitales.

'Remus John Lupin. Estoy a punto de cumplir diecisiete años y curso sexto en la Escuela de Magia y Hechicería de Hogwarts.' – Dijo él a pesar de que no le habían preguntado. – 'Y ese de ahí es mi amigo Sirius Orión Black.'

El medimago asintió asombrado y apuntó en un informe un par de cosas. Remus escuchaba de fondo a Sirius tirarle sutiles piropos a la medimaga y a esta riendo complacida.

'¿Recuerdas qué es lo que ha hecho que acabes aquí en la enfermería?'

'No.' – Mintió Remus después de fruncir el ceño para darle más credibilidad. – 'Es como si hubiera una laguna en mi memoria.'

'Entiendo.' – Asintió el doctor y volvió a escribir en el informe. – 'Remus, te voy a explicar porqué estás aquí.'

'Eso puedo hacerlo yo, señor.' – Dijo precipitadamente Sirius. - 'Creo que…'

Algo empezó a pitar sonoramente otra vez y ambos medimagos salieron corriendo con expresión de alarma hacia el lugar de donde provenía aquel pitido. Remus no protestó y dio gracias a lo que fuera que pitaba y que hacía que los medimagos desaparecieran. Sirius se quedó mirando por donde se habían ido los médicos con preocupación. El licántropo le miró de arriba abajo visiblemente preocupado.

'Das pena.'

Sirius sonrió burlón y al momento esbozó una mueca de dolor. Tenía los labios rojos e hinchados, con restos de sangre coagulada. Una gasa blanca le tapaba una herida en la frente y tenía el brazo derecho completamente vendado e inmovilizado. Remus no quiso ni preguntar por lo que no se podía ver, ya lo imaginaba.

'Te he salvado de ese calmante muggle. A mí me lo han puesto y te aseguro que no es nada agradable quedarte tieso y con cara de imbécil mientras los médicos te explican que ya está todo bien y que tus compañeros están a salvo. Deberías agradecérmelo en vez de decir que doy pena.' – Replicó Sirius y tomó asiento en la camilla, al lado de Remus. – 'Además, me alegra informarte que he sobrevivido a dos Crucio.'

Remus apoyó los codos sobre las rodillas y escondió la cara entre las manos.

'¿Cuándo os atacaron los Sangre Pura?' – Preguntó adivinando qué era lo único que había podido pasar.

'Medio minuto después de que te desmayaras.' – Sirius le puso una mano sobre el hombro. – '¿Quieres que te diga como están los nuestros primero o que te explique como fue todo?'

'¿Quién luchó?' – Preguntó levantando la cabeza, muerto de la preocupación.

'Todos luchamos, Remus.' – Respondió él con una sonrisa compasiva cuando el licántropo se estremeció. – 'Y todos hemos salido mal parados, aunque me alegra comunicarte que todos seguimos vivos. Somos demasiado para los Sangre Pura.' – Sirius movió el brazo lastimado e hizo una mueca de dolor. – 'Del bando de las Veelas no puedo decirte lo mismo. En realidad no lo sabemos. Los medimagos nos tienen aislados de todo. Bueno mejor dicho a mí, que soy el único que se ha despertado. Estaba empezando a aburrirme.'

'¿Cómo están los demás?' – Preguntó Remus no menos nervioso.

'Si no quieres un calmante de los buenos tomate con calma lo que te voy a decir, ¿vale?' – Le dijo Sirius seriamente y después le dio unas amistosas palmaditas en la espalda. – 'Ya por adelantado te digo que no nos dejaran verles, aunque están todos aquí en la enfermería. Si me trabajo un poco más a Anny quizás cuando el otro se vaya a cenar nos permita verles. Además, a Pomfrey ya la tengo en el bolsillo.'

'Adelante.' – Murmuró Remus con voz sombría. – 'Cuéntame como están.'

'James, Peter y Anthea son los que están peor.' – Musitó Sirius. – 'Yo no aguanté hasta el final…Creo que me perdí algo y eso que me perdí fue lo que le pasó a James. O la rata de Devoir o el desgraciado de Snape, que eran de los últimos que quedaban en pie se ensañaron con James y…le lanzaron un Sectusempra que casi se lo carga de las heridas que le abrió. He oído que tardaron mucho rato en cerrárselas y que por ello perdió muchísima sangre. Ese pitido de antes dice que una de las heridas de James se ha vuelto a abrir.'

Remus cerró los ojos y una punzada de culpabilidad de le recorrió al recordar que hacía unos momentos había dado gracias por aquel pitido. Sirius le revolvió el cabello y Remus le miró a los ojos:

'¿Sabes que fue Snape quien inventó ese conjuro en quinto? Se lo confesó a Lily el año pasado antes de que comenzaran a llevarse mal.'

'Solo espero que Snape esté muerto.' – Terció Sirius sin mostrar ni un ápice de piedad en la voz. – 'James está muy mal. Según he oído lo estabilizaron con algo que trajo Sam y que ella le dio a beber. Pero bueno…' – Sirius miró a Remus a los ojos. – 'Los medimagos han dicho que hará falta tiempo para que se recupere.'

Sirius se quedó callado y cuando Remus le miró vio que se estaba mordiendo el labio. Remus le pasó un brazo por encima de los hombros y pegó su cabeza a la suya. Ambos habían estado a punto de perder a una parte de ellos mismos con James.

'Se va a poner bien, Canuto.' – Le susurró Remus. – 'Ya sabes lo fuerte y testarudo que es.'

Remus se secó varias lágrimas rebeldes que caían por sus mejillas y se preparó para escuchar lo que había sido de aquel al que ambos consideraban como su hermano pequeño.

'Peter…' – Susurró con voz ahogada.

'Peter se estaba enfrentando a Alecto Carrow cuando cayó. Te estaba defendiendo junto a Ió.' – Explicó Sirius y Remus se sintió morir. Debería haber sido al revés. Él debería haber estado protegiendo a su novia y al pequeño Peter. – 'Recibió también Sectusempra, pero hay que dar gracias a que la tía esa es bastante coja con la magia.' – Sirius suspiró. – 'Lo que ocurrió fue que perdió también mucha sangre y se le han dañado un par de órganos. Por ahí estaban comentando no se qué de un nuevo hechizo inventado que podía repararle los órganos, aunque llevaba su tiempo.'

Remus asintió. La siguiente era Anthea. Los ojos se le llenaron de lágrimas otra vez a Remus al recordar lo mal que la había tratado en el campo de quiditch.

'Nuestra rubia le ha cogido el gustillo a eso de sacrificarse por los demás.' – Sirius sonrió. – 'Se ve que un árbol les cayó encima a Axel y a ella. Fue Anthea la que recibió todos los golpes de las ramas en un intento de proteger a Axel, porque cuando levantaron el árbol, he oído decir que estaba sobre él cubriéndole con su propio cuerpo.' – Sirius hizo una pausa. – 'Anny me dijo que tiene un brazo fracturado por diversas partes, que tiene un pie roto también y que recibió un tremendo golpe en la cabeza. Temen que su cerebro haya sido dañado y por ello la tienen también con el mismo hechizo de Peter. Además, su espalda está algo magullada, pero gracias a Merlín no se fracturó la columna vertebral o el cuello, por lo que podrá caminar. Podría haber sido mucho peor.'

'Joder…' – Remus volvió a esconder la cara en las manos. Sirius le frotó la espalda suavemente.

'Para ti era imposible ayudarnos.' – Le dijo Sirius sabiendo como se sentía Remus. – 'Nadie te culpa.'

Ambos se quedaron en silencio. A Remus todo aquello le parecía surrealista, pero el aspecto de Sirius le confirmaba que aquello era la pura realidad y que tres de sus amigos habían seguido jugándose la vida hasta después de terminar la batalla.

'¿Y Ió?' – Preguntó finalmente armándose de valor. – '¿Qué le pasó a ella?'

'Dolovh se estuvo divirtiendo y no paró hasta que James, Sam y yo llegamos. Para entonces le había roto una pierna.' – Murmuró Sirius con rabia. – 'También le abrió una brecha en la cabeza, pero por lo que he oído la tienen controlada. Está bien, Remus.'

Él asintió pero ya no se atrevió a seguir preguntando. Se estaba poniendo enfermo.

'Axel también fue víctima de medio Sectusempra y le hirieron algo más, pero estoy seguro de que no va a tardar en despertarse. Anny me ha dicho que más o menos estaba como yo.' – Aseguró Sirius. – 'Lo malo va a ser, cuando se entere de cómo está Anthea. Fijo que le enchufan el calmante ese.' – Sirius se rascó la nuca y suspiró. – 'Kaienne tiene un brazo roto y se le complicó un poco la cosa por culpa de eso, pero también decían que estaba bien dentro de lo que cabe.'

'¿Sam?' – Preguntó Remus con angustia, aunque la tranquilidad de Sirius le daba confianza.

'Mi princesa está ahí.' – Sirius señaló a la cortina que tenían delante y que los separaba de la otra camilla. – 'Se ve que apareció más tarde. Se marchó del claro con Lily y trajo algo que le dio a beber a Anthea, James y Peter y que les ayudó. Quería marcharse otra vez, pero cuando entró aquí ya no la dejaron salir porque se estaba desangrando, aunque ella no se daba cuenta. Anny me ha dicho que no dejaba de decir que no sentía dolor, pero finalmente perdió el conocimiento.' – Sirius se levantó de la camilla y caminando sin hacer ruido, se asomó al pasillo sacando levemente la cabeza para ver si estaba despejado. Al no ver a nadie supo que los medimagos estaban ocupados en la otra punta de la enfermería con James.

'¿Y Lily?' – Preguntó Remus.

Sirius suspiró y cerró la cortina.

'Lily ha desaparecido.'

Remus se levantó de un salto y le miró con el ceño fruncido:

'¿Cómo que ha desaparecido? ¿No estaba en el claro como todos? ¿Porqué no regresó con Sam?'

'Ya te he dicho que yo no duré hasta el final. Ni si quiera estaba consciente cuando Sam volvió y ella era la única que sabía dónde estaba, pero perdió el conocimiento antes de que le diera tiempo a decir nada. Anny me ha dicho que McGonagall reunió a los prefectos para buscarla y supongo que eso están haciendo.' – Explicó Sirius preocupado. – 'He pensado en ir por el Mapa, pero no hay manera de que me dejen salir de aquí. Si Dumbledore apareciera por aquí o incluso cualquier profe nos dejarían ir, pero están liados con avisar a los padres, la investigación que está abriendo el Ministerio…Se ha liado una buena.' – Concluyó Sirius. – 'Esto es como estar en Azkaban.'

'No es propio de Lily desaparecer porque sí cuando pasa algo como esto.' – Remus se agarró el puente de la nariz y cerró los ojos. Estaba al borde de que le diera un ataque al corazón. – 'Debe haberle pasado algo cuando volvieron al castillo. ¿Estaba muy mal herida?' – Preguntó para ver como de lejos podía haber llegado.

Sirius negó con la cabeza y caminó de puntillas hasta la cortina que había a la derecha de la camilla de Remus. Puso un momento el oído ara ver si los medimagos volvían y agarró la cortina.

'Se pasó todo el rato peleando contra Devoir y Runcorn, pero esos no podían con ella. Es lo último que sé de Lily, después Mulciber me estuvo sometiendo a Crucio y ya no fui capaz de pensar o sentir nada más que el dolor. Pero creo que la cosa se puso algo chunga al final…' – Sirius se giró hacia su amigo. – 'Tenemos que ir a buscarla.' – Le dijo y Remus asintió. – 'Tiene que estar aquí cuando James y los demás despierten y tenemos que saber que le ha pasado a nuestra prefecta para desaparecer así. Remus vigílame que todo esté despejado.'

Antes de que pudiera decir nada, Sirius se coló en la otra improvisada habitación y Remus se fue hasta la cortina principal y puso el oído por si oía volver a los medimagos. Tenía clarísimo que tenían que ir a por Lily, así que comenzó a estrujarse la cabeza para trazar un plan.

Sirius tragó saliva. Se había metido allí sin dudarlo dos veces, pero ahora estaba quieto y tenía la mirada clavada en el suelo. Era la segunda vez que iba a ver a Sam en la camilla de una enfermería y la otra vez le había afectado lo suficiente como para que su mayor temor fuera perderla. Cerró los ojos y suspiró. Recordó que ella no había dado ninguna muestra de debilidad mientras tuvieron que luchar, que le había salvado dos veces la cordura y que como siempre, había hecho alguna burrada de las suyas al exponerse directamente al peligro sin pensar en las consecuencias.

'¿Piensas hacer que me levante yo a besarte y abrazarte? Qué poco caballeroso…'

Sirius alzó la mirada de golpe. Sam le miraba sonriente desde la camilla. Estaba más pálida de lo habitual y eran varias las vendas que cubrían sus diversas heridas. Bajo sus ojos destacaban las moradas ojeras, pero sus labios se curvaban alegres en una sonrisa. De dos bolsas distintas colgadas en el aire, una de color rojo y otra transparente, bajaban sendos tubos que estaban conectados a su mano izquierda. Casi tiró la mesita cuando se abalanzó sobre ella para abrazarla.

'Ey, tranquilo.' – Rió ella cuando Sirius la abrazó. – 'Ugh…Vas a acabar el trabajo de los Sangre Pura como no vayas con más cuidado.'

Inmediatamente Sirius aflojó su abrazo. Sus miradas se encontraron por fin y esta vez, sin temor a que nadie les atacara o intentara matarles, se recrearon en los ojos del otro. Sobraban las palabras disfrutando por fin de aquella paz. Sam le acarició la cara con la mano que tenía libre de la vía y le besó en los labios suavemente, pues recordaba lo que le había hecho Mulciber.

'Te amo.' – Susurró ella y le abrazó fuerte con ambos brazos. – 'Siento no haber podido ayudarte más. Odio que hayas tenido que pasar por esa tortura.'

'Shh…' – Chistó Sirius contra sus cabellos al notar la rabia creciente en la voz de Sam. – 'Ahora solo quiero que te recuperes. No quiero que pienses en nada de lo que ha pasado. Ya no existen los Sangre Pura en Hogwarts. Nosotros hemos terminado nuestro trabajo y ahora volveremos a centrarnos solamente en nuestros estudios, amigos, fiestas y el quidditch. Todo ha acabado.' – Rozó sus dañados labios con la mejilla de ella. – 'Te quiero muchísimo.'

Volvieron a mirarse a los ojos y Sam volvió a posar sus labios sobre los de Sirius con suavidad. Al separarse, Sam apoyó la cabeza en el pecho de Sirius y se quedaron en silencio, abrazándose. Les parecía que hacía años y años desde la última vez que habían podido estar juntos sin pensar en nada más que ellos dos.

'Oh…' – Sam alzó la mirada y dijo con horror. – 'Lily…'- Murmuró al recordar los últimos momentos en los que estuvo despierta.

'La están buscando.' – Le dijo Sirius antes de que ella se alterara. – 'Y ahora vamos a salir a buscarla Remus y yo. Tranquila. ¿Sabes porqué no vino contigo a la enfermería?'

Remus podía oírles desde el otro lado. Sam asintió y musitó:

'Se le descontroló la magia y acabó con la pelea. Rompió los escudos que yo había conjurado y su magia nos afectó a todos…aunque no tuvo el mismo efecto en nosotros que en los Sangre Pura.' – Explicó Sam. – 'Lily cree que los ha matado y me pidió que no la obligara a estar en el mismo lugar que ellos cuando quise traerla. Me dijo que no soportaría saber que realmente ella les había asesinado…y cuando le hablé de vosotros para ver si eso conseguía que viniera, me dijo que no sería capaz de seguir viviendo si alguno de nosotros moría.' – Sam se meció el pelo y los ojos se le llenaron de lágrimas. – 'Estaba tan destrozada que no quise ni mencionar a James…Habría sido demasiado cruel por mi parte. Lily estaba a punto de caerse a pedazos…' – Sam comenzó a llorar. – 'Nunca la había visto así y me sentía impotente porque no podía ayudarla con ese dolor. Me confesó que estaba como muriendo por todo lo que había ocurrido y otra vez he vuelto a caer antes que ella. ¡Justo cuando más me necesita! ¡Le dije que volvería a por ella!'

Sirius la estrechó contra él con su brazo bueno cuando Sam estalló en llanto. Escuchó pasos, pero no tuvo la intención de apartarse de ella. Los medimagos podían irse a la mierda tranquilamente, no tendría ningún reparo en mandarles él mismo si se encabezonaban en apartarlo de Sam. Pero no fueron ellos los que aparecieron, ni fue la cortina principal la que se descorrió. Remus abrió la cortina de la derecha y fue a sentarse con ellos en la camilla de Sam. Sirius pudo ver la preocupación grabada a fuego en el rostro de su amigo al saber lo que había pasado con Lily.

'Remus…' – Sam dejó a Sirius y echó sus brazos alrededor del licántropo. – 'Traémela, por favor. Seguro que te escucha a ti. Puedes ponerte en su lugar mejor que nadie y entenderla con todo esto de la puñetera magia.'

'Voy a ir por Lily, Sam.' – Le dijo Remus mientras le acariciaba la cabeza y la rodeaba por la espalda con la otra mano. – 'La voy a traer de vuelta, ¿vale? Te quiero.'

Sam asintió contra su pecho y Remus la besó en la cabeza. Después miró a Sirius:

'James llevaba la Capa Invisible encima, si como a los demás os han dejado la ropa al lado de la camilla, la capa tiene que estar allí.' – Comenzó a explicarle Remus. – 'Sam o Sirius, necesito que los distraigáis para que pueda colarme donde James y coger su capa. Después todo será tan fácil como salir de aquí, ir por el Mapa y traer a Lily.'

'Yo voy contigo.' – Anunció Sirius y besó cuidadosamente a Sam en la mejilla. – '¿Eres capaz de mantenerlos entretenidos?'

'Por supuesto.' – Replicó ella secándose las lágrimas y separándose lentamente de Remus. – 'No os hace falta el Mapa. Lily tiene que estar en el Balcón de la Primavera. Me juego lo que queráis. Sino, ya la habrían encontrado.'

Remus y Sirius asintieron. El licántropo abrazó a Sam con cuidado y la besó en la mejilla, Sam le besó allí también. Remus marchó hasta la cortina y volvió a asomar la cabeza para ver si el pasillo estaba despejado. Sirius volvió a posar sus labios sobre los de Sam y le sonrió:

'Diez minutos y verás a Lily.' – Prometió.

Segundos después Sam comenzó a gritar que algo le dolía y Sirius y Remus volvieron corriendo a la camilla del licántropo. Los medimagos aparecieron corriendo y cuando los dos chicos vieron dibujarse sus siluetas entorno a la de Sam salieron disparados hacia la otra punta de la enfermería.

'¿Cuál es?' – Susurró Remus mientras los gritos de Sam llenaban la enfermería.

Había tres improvisadas habitaciones de paredes de cortinas delante de ellos: una de James, otra de Peter y otra de Anthea, sin duda alguna. Sirius se encogió de hombros y señaló la que estaba más a la derecha.

'Vale.' – Respondió Remus señalando a la de la izquierda.

Cuando Sirius asomó la cabeza en la suya, Remus tuvo la impresión de que James iba a estar en la del medio, pero aún así miró a la que había elegido por si acaso.

Gimió al ver a Anthea metida en una especie de burbuja centelleante. Estaba conectada a varios tubos que tenían distintas bolsas de colores en sus extremos. A pesar de que estaba arropada hasta el cuello, Remus imaginó lo que debía estar pasando su amiga por su expresión de sufrimiento. El vendaje alrededor de su frente le hizo estremecer. Sacó la cabeza de allí y se encontró temblando. Sirius no tenía mejor cara que él cuando sacó la cabeza de la habitación de la derecha.

'Peter.' – Se limitó a decir y Remus asintió.

Los dos se quedaron quietos frente a la cortina del medio. Ninguno quería entrar, no querían verle de aquella manera. Habían visto a James innumerables veces en la enfermería por culpa del quidditch, pero sabían que aquello no iba a ser lo mismo. Sobretodo después de haber visto a Peter y a Anthea.

'No voy a poder con esto…' – Murmuró Sirius. – 'Lo sé.'

Remus le pasó un brazo por los hombros y cogió la cortina con la otra mano.

'James nos llamaría nenazas…' – Le dijo intentando bromear para suavizar el momento. – 'Y lo tendremos el resto de nuestra vida tocando las narices con que no tuvimos los huevos suficientes para verle. Además, si se despierta y no hemos traído a Lily nos mata.'

Sirius asintió, pero clavó la mirada en el suelo. No le importaba ser un cobarde por una vez. Remus abrió la cortina y le empujó adentro. Notó como Remus se ponía rígido a su lado y Sirius se estremeció. Sirius alzó la vista hacia el licántropo y vio lágrimas caer por sus mejillas. Tenía la mirada clavada en James y estaba destrozado. Por segunda vez en aquel día, se armó de valor y dirigió su mirada.

James estaba tendido sobre la cama con los ojos cerrados y una mueca de dolor dibujada en su cara. Estaba pálido a más no poder. Una burbuja de oxígeno le atrapaba la nariz y la boca. Tenía un parche blanco cubriéndole la raja de la mejilla que le habían hecho al comenzar la batalla. Como Sam y Anthea, varias bolsas de diversos colores flotaban en el aire y se conectaban a él mediante tubos. Las sábanas le tapaban hasta el pecho y aquello era suficiente para imaginar el resto, pues la gran mayoría de los brazos los tenía vendados, así como varios parches como el de su cara se repartían por su cuello y pecho. En cada venda que cubría una herida, tenía enganchadas a su piel diminutas pegatinas que se conectaban a una especie de máquina en la que había una luz que ahora estaba apagada. Sirius imaginó que era eso lo que pitaba para avisar de que alguna herida había vuelto a abrirse.

'Remus…' – Sirius le dio un codazo porque no aguantaría mucho más. – 'Vamos a buscar la Capa.'

El licántropo asintió y se lanzó hacia la silla donde estaba la raída y ensangrentada ropa de James para coger la Capa Invisible. Sirius se acercó a su casi hermano a paso lento. Le puso la mano en la cabeza y le susurró al oído.

'James, despierta pronto capullo…Si no, no podrás ver a Lily cuando te la traigamos.' – Le despeinó el cabello. – 'Y no querrás perderte el partido de quidditch de este fin de semana de Ravenclaw y Slytherin…Recuerda que quizás podáis optar a la Copa.'

'Sirius la tengo.' – Informó Remus mostrándole la Capa Invisible de James. Sirius asintió y Remus le cogió la mano a James. – 'Vamos por Lily, James. Tu recupérate pronto. Hoy me encargo yo de todo.'

Remus y Sirius se metieron bajo la Capa Invisible y salieron de la habitación de James. Caminaron por el pasillo en silencio y pasaron por delante de las demás cortinas que resguardaban a Ió, Kaienne y Axel. Finalmente pasaron por delante de la de Sam, que seguía gritando que algo le dolía y llegaron a la puerta. La abrieron cuidadosamente y salieron de la enfermería.

'¿He oído la puerta?' – Preguntó el doctor extrañado.

'Debe haber vuelto, Mark.' – Respondió la medimaga mientras seguía tratando el supuesto brazo que estaba matando a Sam de dolor.

'¿Mark?' – Preguntó el medimago y nadie respondió.

Sam se calló y suspiró satisfecha.

Sirius y Remus tuvieron cuidado de no pisar o tocar a nadie. Eran muchos los que había congregados en aquel pasillo de la escuela, frente a las puertas de la enfermería. Darren Lance estaba sentado en un banco con los amigos de él y de su hermano de séptimo. A su lado, estaban Lyn y Brandon, abrazados, lamentándose por la suerte de sus compañeros de equipo. El novio de Kaienne, Thomas Barton también estaba allí, sentado en el suelo y cubriéndose la cara con las manos. Sus amigos le hacían compañía. Remus sintió lástima por las amigas de Ió, que también estaban en un rincón a la espera de noticias. Sirius y Remus siguieron hacia delante, aunque se morían de ganas de decirles a aquellos destrozados muchachos que todo iba bien, que no se preocuparan.

'Sirius…' – Remus le dio un codazo y le señaló hacia delante. – 'Atento a no tocar a nadie.'

A lo largo de todo el pasillo se repartían los alumnos de Gryffindor de todos los cursos a la espera de noticias sobre el estado de salud de sus compañeros de casa. Pasaron con cuidado entre ellos. Comentaban algo sobre los Sangre Pura y ambos supieron que toda la escuela estaba al tanto de lo que había sucedido. Muchos insultaban con rabia e ira a los de la casa de Slytherin, otros hablaban de la investigación que estaba abriendo el Ministerio, pero la gran mayoría hablaba de expulsiones tanto para la casa de Slytherin como para la casa de Gryffindor. Aunque decían que no iban a permitir que nadie de su casa saliera expulsado. Sirius y Remus continuaron adelante y suspiraron aliviados cuando vieron que solo era el pasillo de la enfermería el que estaba tan concurrido. Apretaron el paso.

Al llegar al pasillo en el que estaba el Balcón de la Primavera salieron de debajo de la Capa. Remus le tendió la capa a Sirius y corrió después a levantar la antorcha que les abriría las puertas al balcón. Cuando las piedras de la pared se apartaron y dieron lugar al abovedado pasillo que daba al balcón y al prado, Remus fue el primero en entrar.

'Ahí esta.' – Murmuró Remus tras escrutar con la mirada el campo de flores.

Sirius se asomó con él a la barandilla y distinguió a una persona tirada en la hierba, entre las flores.

'Es ella. Es imposible no ver esa cabellera roja.' – Suspiró Sirius con alivio.- 'Por fin.'

Inmediatamente Remus saltó la barandilla y bajó. Sirius se pasó la mano por la cara. Conocía tan bien a Remus como para saber que se sentía culpable por no haber podido pelear y por todo lo que estaban sufriendo sus amigos. Por ello se estaba esforzando tanto en hacer cualquier cosa que pudiera aliviar a sus amigos, como traer a Lily. Si Lily volvía y comenzaba a recuperarse, todos dejarían de sufrir y podrían comenzar a descansar y a recuperarse sin ninguna preocupación más. Sirius escondió la cara entre las manos y maldijo. ¿Cómo le iba a decir al bueno de Remus que Snape se lo había dicho a Ió? Esta vez le tocaba a él cargar con todo el peso, pues era imposible que lo dijera James.

Remus echó a correr cuando vio que Lily no se movía. La encontró hecha un ovillo, dormida entre las flores. Sus ropas estaban rasgadas y manchadas de sangre reseca. A primera vista no parecía tener ninguna herida grave, pero aún así parecía frágil. Tuvo la impresión de que se podía romper con la menor brusquedad.

'Lily…' – Susurró con suavidad y se agachó a su lado y le acarició la cara. – 'Lily… ¿me oyes?'

Al no ver ningún signo de respuesta en ella, decidió cogerla para llevarla a la enfermería. Pasó un brazo por su espalda y otro por debajo de sus piernas. Consiguió que apoyara la cabeza en su pecho y la acercó más a él para que no se le cayera. Iba a levantarse cuando ella le habló:

'Remus, no me muevas.' – Susurró con voz débil sin abrir los ojos.

'¿Estás herida?' – Preguntó al momento con miedo por si la había dañado al moverla.

Lily negó con la cabeza y musitó con voz más firme:

'No quiero salir de aquí.'

'Tiene que verte un médico.'

'Estoy bien.' – Masculló Lily y Remus se tranquilizó un poco al oírla hablar con más firmeza aún.

'No puedo dejarte aquí, Lily. Sé racional.'

'Me niego a estar bajo el mismo techo que ellos.'

'No queda ninguno en Hogwarts.'

Lily gimió y volvió a cerrar los ojos. Remus la notó encogerse en sus brazos.

'¿A cuantos maté?' – Preguntó con un hilo de voz.

'¡A ninguno!' – Bramó él. – '¡No has matado a nadie, Lily!' – Lily hizo una mueca de dolor y Remus se arrepintió de haber gritado. – 'Perdoname, Lily. No era mi intención gritarte.' – Le dijo con voz suave. – 'Te prometo que no has matado a nadie.'

Lily abrió los ojos y clavó su mirada en la de Remus. Él leyó la desconfianza en su rostro y supo que aquello le iba a llevar un rato. No le importó, le debía mucho a Lily. Lily le había hecho entrar en razón cuando él quiso marcharse de Hogwarts el año anterior, ahora le tocaba a él hacer que Lily fuera capaz de abandonar el Balcón y seguir adelante. Quitó la mano por la que le sujetaba las piernas y se sentó en el suelo manteniéndola contra su pecho.

'¿Qué temes?' – Le preguntó.

Lily frunció el ceño y le dijo irritada:

'No me preguntes lo mismo que te dije yo cuando querías largarte.' – Murmuró enfadada. – 'No te va a servir de nada. Me quedaré aquí y ya saldré cuando me de la gana.'- Gruñó.

'Si no fuera porque Sirius le ha prometido a Sam que te traeríamos de vuelta en diez minutos te diría que tenemos todo el tiempo del mundo. Además, los chicos comienzan a despertarse y James te va a necesitar cuando despierte. Si tu no estás allí es capaz de levantarse para venir a buscarte y te aseguro que tal y como está, moverse es lo último que le conviene.' – Le dijo Remus intentado sonar razonable y muy a su pesar prosiguió sonando más severo: – 'Si no vienes por las buenas, Lily, Sirius y yo te llevamos por las malas.'

Lily le lanzó una profunda mirada de odio y Remus la besó en la mejilla. Le mataba hacérselo pasar mal, sobretodo porque era la dulce Lily.

'Quiero tratarte como me trataste tú. Odiaría tener que usar la fuerza contigo. Te aprecio y te quiero demasiado para ser un burro y un bestia.'- Explicó él. – 'Sé que necesitas ayuda, como yo la necesité en su momento. Acéptala, por favor.'

Lily bufó y pasó los brazos por el torso de Remus, abrazándose a él.

'Temo ser una asesina, Remus.' – Susurró. – 'Nunca tuve intención de matarles. Solo quería que todo acabara. Tanto dolor y tanta violencia estaban acabando conmigo.'

'No has matado a nadie, Lily. Te lo juro.' – Le dijo Remus, aunque no sabía si eso era del todo cierto. – 'Todos sabemos que eres demasiado buena para hacer algo tan espantoso. Si se te escapó la magia fue porque la batalla te alteró demasiado. Estoy seguro de que todos estaban igual de alterados que tú, solo que tú eres especial y por eso ocurrió aquello.'

'No soy especial, soy peligrosa. Soy un monstruo. Al final Petunia tenía razón…' – Lily suspiró. – 'A los que no controlan la magia los encierran por la seguridad de la Comunidad Mágica. Lo sé muy bien. Esa es una razón de más por la que no quiero salir, fijo que el Ministerio ya está investigando.'

'Los que están ahí encerrados es porque no tienen ni un mínimo control de la magia. Tú la controlas y si se te escapa es porque tienes mucha magia dentro, no porque seas una desequilibrada. Alguna explicación razonable tenía que tener el hecho de que seas la mejor de nuestra promoción y que todos los encantamientos te salgan a la primera. Simplemente eres una fuera de serie. Estoy seguro de que Dumbledore podría echarte una mano sobre como canalizar ese exceso de magia. Ya ves, si puede mantener a un hombre lobo en Hogwarts sin que nadie se entere o salga perjudicado, puede con una proeza como tú.' – Le dijo Remus mirándola a los ojos y notó como Lily bajaba un poco las barreras defensivas. – 'Por lo del Ministerio no te preocupes. Investigarán el escenario, preguntarán a los pocos que quedaban de pie cuando detuviste la batalla...'

'Snape.'

'Ya nos aseguraremos de que Snape mantiene el pico cerrado y nosotros somos una tumba.' – La cortó Remus. – 'Sobre las varitas, apuesto a que no te hizo falta la tuya…Así que cuando las sometan a revisión no habrá de qué preocuparse.' – Se encogió de hombros y sonrió al notar que el abrazo de Lily era suave. – '¿Mejor?'

'Un poco.' – Admitió ella y se quedó sentada. – '¿De verdad está tan mal James?' – Preguntó y al momento los ojos se le llenaron de lágrimas.

'Él, Peter y Anthea están bastante mal.' – Asintió Remus con una sonrisa compasiva. – 'Los demás tienen un par de cosillas cada uno, pero nada que no se cure con un par de semanas de reposo.' – Remus la miró a los ojos y le dijo seriamente. – 'Supongo que imaginas lo difícil que va a ser mantener a James quieto y a Sam a raya para que no la líe demasiado porque quiera salir de la enfermería.'

Lily sonrió y asintió.

'Eso es.' – Remus pasó el brazo por debajo de sus piernas y la levantó en brazos. Se dirigió a la barandilla del balcón. – 'Pero antes de que tengas que ponerte en plan sargento con esos dos necesitas descansar y que te curen esos rasguños. Así que rumbo a la enfermería.'

Lily miró a Remus a los ojos y le besó la mejilla.

'Gracias, Remus. Te quiero un montón.'

'¿Y a mí no?' – Preguntó Sirius desde arriba del balcón. – 'Ya te vale, Lily…'

Remus se la tendió a Sirius y este la agarró con el brazo bueno. Lily puso todo lo que pudo de su parte para subir allí arriba y abrazó a Sirius. Estaba claro que necesitaba descansar, no tenía fuerzas.

'A ti también, Sirius.' – Concedió ella con una sonrisa dulce. – 'A pesar de que a veces querría estrangularte también te quiero. Me alegro de verte mejor que en el claro.'

'Yo también me alegro.'

Remus subió y volvió a coger a Lily en brazos. Sirius metió la mano en su bolsillo, pero se detuvo antes de sacar la capa y miró a su amigo con mala cara. Remus le arqueó una ceja.

'Otro secreto Merodeador que se va a tomar por culo.' – Masculló Sirius.

'Vamos, Sirius. No importa.'

'Sí claro…'

Lily les miró confusa.

'Nos va a llevar más de diez minutos si no la usamos.' – Le indicó Remus. – '¿Quieres que Sam se preocupe?'

Sirius bufó enfadado y sacó la capa de su bolsillo. Entonces le sonrió burlón a la prefecta y se la echó por encima. Desapareció. Lily dio un respingo y escuchó a Sirius reírse muy cerca de ella. Un segundo después Sirius aparecía de nuevo con una expresión triunfal. Lily no necesitó que se lo explicaran. Después de que Remus le insistiera a Sirius, este los cubrió a los tres con la capa y juntos pudieron rumbo a la enfermería de Hogwarts.

¡¡Holaaa!!

Bueno, como veis mi vena de malota ya se me ha pasado. He decidido no matar a ninguno de los personajes(tanto de Rowling como los míos) por ahora, como habéis podido comprobar. Además de por no provocaros(más me valía no hacerlo...) y porque no he encontrado un escondite lo suficientemente bueno, porque les tengo cariño y les queda una segunda parte por delante. ;P

Sé que quedan cosas que dijisteis y pedisteis en los reviews por aclarar, arreglar y explicar, las tendréis en el próximo capítulo.

Prongs: Lamento que no te gustara demasiado lo del descontrol de Lily. La verdad es que yo de Xmen conozco solo cuatro personajes por un videojuego de cuando era peque. Ha sido pura coincidencia.

En fin, que nos vemos en el próximo capitulo...

Os voy a echar de menos cuando esto acabe, pero me dejo la despedida para dentro de unos días.

¡Un beso enorme enorme! ¡Os quiero!

Eneida