LIX
Al abandonar la Sección Prohibida del castillo de Hogwarts, Remus y Sirius se dieron cuenta de que la escuela estaba más revuelta que cuando habían entrado al Balcón por Lily. Ya no solo eran los grupos de prefectos los que buscaban a la prefecta desaparecida, sinó patrullas enteras de alumnos. Tuvieron que pegarse a las paredes de los pasillos para poder ir avanzando con cuidado de no tocar a nadie y que los estudiantes no les arrollaran al girar las esquinas.
Llegar a la enfermería supuso un alivio, aunque en el momento en que abrieron la puerta de la enfermería para entrar, Darren Lance, Thomas Barton y el resto se tiraron encima de las puertas literalmente para entrar. Remus y Sirius tuvieron que poner todo de su parte para cerrarles la puerta antes de que entraran y salir corriendo bien sincronizados cuando los tres medimagos y la enfermera Pomfrey vinieron a ver que pasaba. Aún bajo la capa, se metieron en una de aquellas habitaciones de paredes de cortinas que estaba vacía y aguardaron siendo invisibles hasta que los tres medimagos volvieron a sus quehaceres con los heridos y Pomfrey acabó de echarles la bronca a los de fuera por semejante alboroto, antes de explicarles como estaban sus amigos. Sirius y Remus, porque Lily se había quedado dormida por el camino, escucharon cómo la enfermera les decía que probablemente al día siguiente por la tarde pudieran pasar a verles. Después cerró la puerta y volvió al trabajo.
En cuanto Pomfrey desapareció, Sirius y Remus con Lily en brazos, salieron de debajo de la capa y se precipitaron al pasillo de la enfermería. No habían dado dos pasos cuando la cabeza de la enfermera de Hogwarts se asomó al pasillo y les vio.
La enfermera chilló sorprendida y segundos después los dos pobres muchachos se veían rodeados por ella y los tres medimagos. Mientras que Lily desapareció de las manos de Remus y Pomfrey la llevó levitando a una de las camillas vacías, él y Sirius se pegaron el uno al otro para aguantar la bronca en susurros, de tres medimagos terriblemente enfadados por haber puesto en jaque a toda la escuela con su repentina desaparición.
Desde el despacho de la enfermera Pomfrey Sam, Kaienne y Axel escuchaban todo el alboroto. Kaienne y Axel se habían despertado con los gritos de Sam y tratar de volver a dormirse después fue misión imposible. Los medimagos estaban como locos avisando a Pomfrey y a McGonagall de que dos de sus alumnos habían desaparecido misteriosamente. Al convertirse la enfermería en un gallinero, aislaron a los tres más graves en un poderoso hechizo y Sam aprovechó el momento. Estaba claro que no iban a salir de allí en algún tiempo, por ello Sam habló con Pomfrey y consiguió que les prestara su despacho para convertirlo en algo así como la Sala Común de la enfermería mientras estaban allí. Pomfrey estaba consternada con lo que había pasado, se desvivía por hacer cualquier cosa que pudiera aliviar a los alumnos ingresados y estaba también algo enfadada porque los de San Mungo se pasearan por su enfermería como si fuera de ellos. Prestarles su despacho le daba más control sobre los jóvenes y a la vez era un golpe para los de San Mungo. Quizás sus estudios eran mayores que los de ella, pero sin duda su experiencia les superaba con creces. Además, esa era su enfermería y ella mandaba allí.
Para Sam fue una bendición que la enfermera se mostrara tan receptiva y comprensiva con ellos. Al menos ahí tenían sofás, radio mágica y podían hablar sin temor a molestar a sus otros amigos y a los medimagos mientras trabajaban, ahora que parecía que los doctores habían dicho que al menos los que estaban más leves podían verse.
El despacho era lo suficientemente grande como para que cupieran dos largos sofás y una par de sillas situadas frente a la mesa del despacho. Un gran ventanal abierto a los jardines iluminaba la estancia.
'La han encontrado.' – Murmuró Kaienne al escuchar a Sirius y a Remus tratar de explicarse. Emocionada zarandeó a Sam, que estaba a su lado en el sofá con aire ausente. – '¡La han encontrado Sam! ¡Lily ya está aquí!'
Sam tardó unos segundos en comprender, cuando lo hizo echó la cabeza hacia atrás y suspiró sonriendo. Abrazó a Kaienne con cuidado de no dañarle el brazo roto y dejó que lágrimas de felicidad le corrieran por las mejillas. La puerta del despacho se abrió y la enfermera Pomfrey asomó la cabeza para darles la buena noticia con una sonrisa alegre:
'La señorita Evans ya está con nosotros.' – Informó. – 'Apenas tiene unos rasguños, pero está agotada y necesita dormir. Si se portan bien les dejaré verla antes de que se vayan a dormir.'
Sam se levantó del sofá y abrazó a la enfermera, que se puso colorada al instante.
'¡Gracias!'
'Bueno Sam, no es para tanto.' – Respondió la enfermera apartándola poco a poco. – '¿Cómo se encuentra el señor Lance?'
Las tres se giraron hacia el otro sofá que había en el despacho y en el que estaba Axel tumbado de lado, completamente grogui. Los ojos azules y apagados de Axel buscaron a los de la enfermera como respuesta.
'Aún le dura el calmante.' – Murmuró Kaienne sentándose en el brazo del sillón y acariciándole el cabello con cariño.- '¿Cuánto tarda en pasarse el efecto?'
'En unos minutos empezará a recuperarse. Procure no alterarse para que no se lo vuelvan a poner, Axel.' – Le aconsejó la enfermera. – 'Voy a rescatar a los señores Lupin y Black y los mando para aquí. Guarden reposo.'
Sirius estaba enfurruñado en una de las camillas vacías, siendo examinado por los dos medimagos. La medimaga Anny se estaba encargando de Remus porque había calado a Sirius. No quería fallar otra vez y ella sabía que el apuesto joven podía anularla con una simple sonrisa. Sus jefes no les permitirían cualquier otro error después de haber permitido que dos pacientes que apenas se sostenían de pié, se les hubieran escapado en las narices.
'Le aseguro que me encuentro perfectamente.' – Decía Remus una y otra vez. – 'Dísculpe el susto, pero le prometo que ya no volveremos a desaparecer. Ahora que nuestra amiga está aquí no tenemos porqué abandonar la enfermería hasta que ustedes nos den permiso.'
Anny arqueó ambas cejas y le miró con desconfianza a pesar de que el muchacho estaba siendo razonable y lo que decía tenía lógica.
'No traten de ganarse nuestra confianza ahora.' – Le dijo el medimago llamado Mark. – 'Tienen una edad para saber comportarse y si sabían donde estaba la señorita Evans deberían habérnoslo dicho en vez de escaparse a hurtadillas en su estado.'
'No nos estamos muriendo para estar aquí como presos.' – Replicó Sirius y con chulería añadió. – 'Y al paso que iban para encontrar a Lily, seguro que la hubieran encontrado cuando a nosotros nos dieran el alta.'
'Si volvemos a ver un movimiento sospechoso les ato a la cama.' – Amenazó el otro medimago. – '¿Nos entendemos?'
'Si nos queremos escapar otra vez, nadie nos lo impide.' – Espetó Sirius irritado.
'Sirius, córtate.' – Le regañó Remus.
En ese momento Pomfrey hizo presencia. Remus miró a Sirius, no sabiendo si preocuparse o alegrarse.
'Llevo años tratando con los jóvenes de esta escuela y no conseguirán nada con amenazas de ese tipo. Los muchachos están bien. Lo único que los señores Black y Lupin necesitan ahora es estar con sus amigos y relajarse. Deberían dejarles en paz y dedicarse a los alumnos que están más graves.' – Comenzó a decir la enfermera, provocando que Sirius sonriera satisfecho por el rapapolvo que les estaba pegando a los medimagos. – 'Black, Lupin, en mi despacho se encuentran las señoritas Hewitt y Green y el señor Lance. Estoy seguro de que están deseando verles.'
Sirius saltó de la camilla asegurándose de que los tres medimagos se daban cuenta de su gigantesca sonrisa de burla. Remus se le unió y ambos muchachos salieron al pasillo.
'Debería echarles un ojo y no fiarse.' – Oyeron decir a uno de los medimagos.
'En mis muchos años de experiencia nunca un alumno se me ha escapado de la enfermería. Creo que sé cómo debo atender y cuidar de ellos.' – Espetó con tono petulante Pomfrey.
Sirius y Remus ahogaron aquellas risas para no fastidiar el farol de la enfermera que acababa de liberarles. Al pasar por delante de las tres habitaciones, Remus se quedó parado y Sirius tuvo que tirar de él. Abrieron la puerta del despacho de Pomfrey y nada más poner un pie dentro, una masa oscura se tiró al cuello de Sirius. Sam enrolló las piernas alrededor de la cintura de Sirius y este estuvo dando pasos hacia atrás hasta que su espalda chocó contra la pared. Una vez apoyado, abrazó a Sam mientras esta lloraba de felicidad por haber traído a Lily. Remus pasó por el lado de la pareja y le sonrió a Kaienne. Ella seguía sentada en el brazo del sofá y nada más verle fue a levantarse.
'¡No te muevas, Kaienne!' – Le dijo Remus y se acercó rápidamente y la abrazó con cuidado. Kaienne le rodeó con el brazo bueno y le besó en la mejilla. – 'Me alegro muchísimo de verte. ¿Cómo estás?'
'Duele un poco, pero no tanto como en el bosque.' – Le dijo ella sonriendo y volvió a abrazarle. – 'No sabes el susto que nos diste cuando llegamos y te encontramos ahí tirado en el suelo. Lamento no haber podido estar antes allí para ayudarte, Remus.'
Remus notó otro pinchazo de culpabilidad en el corazón.
'Todo está bien, Kaienne.' – Le aseguró y miró a Axel. – '¿Qué le ocurre?'
Antes de que a Kaienne le diera tiempo a explicárselo, Sirius se acercó riendo a carcajadas. Se acuclilló en el sofá, al lado de Axel y le dio un amistoso puñetazo en el hombro.
'¿Qué tal sienta el calmante, eh?'
Axel no pudo hacer nada más que mirarle con fastidio. Moverse o hablar era misión imposible.
'Se puso fatal cuando le contaron como estaba Anthea y los medimagos no se anduvieron con tonterías.' – Explicó Kaienne mirándole con compasión.
'Menuda cara de idiota se te ha quedado, tío.' – Siguió burlándose Sirius.
'Sirius no te pases.' – Lo regañó Sam.
'Ya verás que se recupera rápido.' – Le dijo Kaienne al novio de su amiga al sentarse otra vez en el brazo del sofá. – 'Con lo fuerte que es Anthea no tardará nada.'
Sam le cogió la mano a Remus y este la abrazó con cuidado.
'Gracias por traer a Lily.'
'¿Qué fue lo que le disteis a Peter, Anthea y James?' – Le preguntó Remus.
'El agua del Manantial.' – Anunció Sam con una sonrisa radiante. – 'Sentaos todos, poneos cómodos y os explico el final de la batalla y lo del manantial.'
Sam le tendió la mano a Sirius y cuando este se la dio, lo guió hasta el sofá vacío. Se sentaron el uno al lado del otro y Sirius pasó su brazo bueno por encima de los hombros de Sam. Kaienne se quedó en el brazo del sofá, junto a la cabeza de Axel y Remus se sentó en el otro brazo, a los pies del muchacho. Sirius les relató a media verdad lo que ocurrió cuando los Sangre Pura les encontraron en el Bosque Prohibido y cómo Remus acabó supuestamente fuera de juego porque eran minoría. Kaienne continuó relatando cómo Lily les había explicado lo que pasaba y cómo se habían puesto en marcha. Entre Sirius, Kaienne y Sam le relataron la batalla a Remus y finalmente Sam continuó con lo que había pasado cuando tan solo quedaban ella, James y Lily en pie. Sam no mintió sobre Lily y les explicó su problema con la magia. Sabía que a Lily no le importaría, pues lo habría hecho ella si hubiera estado allí. Para cuando relató la parte del manantial, Axel ya se había recuperado completamente.
'De manera que le debo a Lily que Anthea siga viva.' – Murmuró Axel cuando Sam acabó. – 'Ahora mismo tengo una deuda tan grande con Lily que no creo que pueda saldarla nunca.'
'Es verdad.' – Asintió Kaienne sonriendo. – 'Menos mal que contamos con ella.'
Sam les sonrió. Sirius apoyó su mejilla en la cabeza de Sam y miró a la ventana. Vio que la noche ya se había cernido sobre Hogwarts. Imaginó que la pequeña Ió debería despertar de un momento a otro y se le hizo un nudo en la garganta al ver que en consecuencia él iba a tener que decírselo a Remus ya. ¿Qué quedarían? ¿Segundos? Entrelazó sus dedos con los de Sam y miró disimuladamente a Remus. Lo descubrió pensando y adivinó por la expresión de su cara aquella culpabilidad que seguía atenazándole por no haber podido participar en la lucha.
'Sabía que podríais aceptar a Lily. Espero que me ayudéis a hacer que se acepte ella misma si alguien del otro bando la palma.' – Susurró Sam. – 'Si hubiera sido yo, os aseguro que no tendría ni un mínimo remordimiento, pero no será fácil para Lily si eso ocurre.'
'Entre todos podremos.' – Le aseguró Axel con seguridad.- 'Después de todo lo que hemos pasado juntos, nada, por malo que sea, puede ser un obstáculo en nuestra amistad.'
Sirius volvió a mirar a Remus cuando Axel dijo aquello. Ahora Remus se estaba mortificando por ocultarles la Licantropía a sus amigos.
'Estoy completamente de acuerdo.' – Corroboró Kaienne riendo. – 'Si no pudieron los Sangre Pura, nada puede ya separarnos.'
Otro golpe para Remus. Sirius se pasó la mano por la cara con desesperación y pensó en cambiar el tema de la conversación. Se oyeron pasos que se acercaban al despacho.
'Gracias a los dos, de verdad.' – Les dijo Sam sonriente. – 'Soys increíbles. Me alegra tener a un compañero de equipo y a una compañera de habitación tan buenos como vosotros dos.'
La puerta del despacho se abrió y la enfermera Pomfrey se asomó. Sonrió al verles sentados tan cómodamente y hablando tranquilamente. Le alegró ver que su despacho obtenía tan buenos resultados.
'No saben cuanto me alegra verles tan bien.' – Les dijo y pasó y cerró la puerta. – 'Veo que ya se ha recuperado, señor Lance.'
'Sí…' – Asintió él. – 'Y estoy tranquilo.' – Añadió provocando que Sam y Kaienne rieran.
'Eso es.' – Pomfrey se sentó detrás de la mesa de su despacho. – 'El director Dumbledore y los profesores les mandan sus mejores deseos y les piden disculpas por no haber podido pasar aún. Siguen arreglando papeles y avisando a todos los padres. Ya saben que jaleo se ha armado. Mañana sus familiares y sus amigos podrán visitarles durante todo el día.'
'¡Genial!' – Exclamó Kaienne con alegría. – '¡Necesito ver a Thomas!'
'¿Y a tus padres no? Menuda hija estás hecha…' – Bromeó Axel.
'No te pases, Axel.' – Kaienne le señaló con el dedo y fingió enfadarse. – 'Aunque me estuviste protegiendo todo el rato, no voy a dejar que te metas conmigo ni una pizca.'
Axel se carcajeó y abrazó con cuidado a Kaienne. La mejor amiga de su novia le dio un beso en la mejilla. Los dos sabían que se iban a llevar incluso mejor que antes.
'Bien. Después de informarles sobre los planes para mañana, les informo de que la cena para ustedes está servida. Les está esperando en la mesita de al lado de sus camillas con las correspondientes pociones que se deben tomar cada uno. Por favor, compórtense y bébanselas todas. Los medimagos volverán a examinarles y a curarles las heridas cuando ellos regresen de cenar.' – Explicó la enfermera. – 'Por último, me alegra comunicarles de que las heridas del señor Potter han dejado de sangrar, que el señor Pettigrew ha mejorado considerablemente y que la señorita Landry anda medio despierta.'
Todos dieron un respingo, pero Axel y Kaienne se levantaron de un brinco. La enfermera alzó la mano hacia ellos para indicarles que aguardaran, porque ya los veía salir a toda pastilla para verla.
'Estoy dispuesta a dejarles que la vean cuando los medimagos se vayan a cenar, pero deben ser extremadamente cuidadosos y prometerme que mantendrán la calma.' – Añadió mirando exclusivamente a Axel y él asintió seguidamente. – 'Bien. Por último, la señorita Evans sigue dormida por lo que les agradecería que si quieren hablar lo hagan aquí. No hagan demasiado ruido allá afuera, ¿entendido?'
Los muchachos asintieron y Pomfrey se levantó para salir.
'¡Oh, sí!' – Exclamó Pomfrey. – 'La señorita Keith también ha despertado. Ya saben que ella tiene la pierna rota y que no puede moverse. Estoy segura de que agradecerá que se pasen a verla y a charlar.'
'¿Puedo ir ahora?' – Preguntó Remus poniéndose en pié.
El corazón de Sirius comenzó a latir frenéticamente. Le entró calor y comenzó a sudar. Sam le miró preocupada al notar que Sirius le apretaba la mano que tenía entrelazada a la suya con más fuerza.
'Espere a que los medimagos se marchen a cenar, por favor, señor Lupin.'
Remus asintió tranquilamente y volvió a sentarse en el sofá. A Sirius se le escapó un suspiro que llamó la atención de Remus.
'El brazo.' – Mintió cuando los ojos ambarinos de Remus se fijaron en él.- 'Lo he movido y acabo de ver las estrellas.'
Remus volvió a prestar atención a Pomfrey que continuó dándoles un par de instrucciones. Sam le arqueó una ceja a su novio, extrañada por su comportamiento. Sirius miraba de reojo a Remus y parecía a punto de ponerse a hiperventilar. Sam iba a preguntar, pero lo relacionó todo antes de hablar.
Ió. El secreto de Remus.
Sam apoyó la cabeza en el hombro de Sirius y pasó un brazo por encima de su abdomen para abrazarle.
'Yo me quedaré por si necesitas ayuda.' – Le susurró al oído antes de besarle en la mejilla. – 'Te quiero.'
Pomfrey abandonó el despacho y Kaienne y Axel salieron pitando tras ella para asegurarse de que los medimagos les veían cenar y beberse todas las pociones. Quizás así se marcharan antes a cenar y ellos pudieran ver antes a Anthea. Remus se levantó también y les miró con una sonrisa al ver a Sam tan acurrucada sobre Sirius:
'¿Venís a cenar o queréis tiempo para vosotros dos solos?'
Sirius tragó saliva y Sam le dio un apretón en la mano y habló por él.
'Remus, queremos hablar contigo.' – Le dijo mirándole a los ojos directamente. – 'Ocurrió algo que tiene que ver contigo durante la batalla y queremos explicártelo para que no te pille por sorpresa.'
Remus la miró confundido, pero rápidamente volvió a sentarse en el sofá. Comenzó a preguntarse que podía ser y sospechó que el asunto tenía que ver con su Licantropía, sinó lo hubieran hablado delante de Axel y Kaienne. Sam volvió a apretarle la mano a Sirius.
'Sirius…' – Le llamó en un susurro y él la miró a los ojos. – '¿Puedes o lo hago yo?'
'No. No.' – Negó rotundamente Sirius. – 'Lo tengo que hacer yo.'
'Los Sangre Pura se enteraron de lo de mi Licantropía.' – Se les adelantó Remus con voz sombría.
Sam y Sirius le miraron sorprendidos. Remus apoyó los codos en las rodillas y escondió la cara en las manos. Se hizo el silencio. Sam dejó a Sirius y fue a sentarse al lado de Remus, apoyó la mejilla en su hombro y le abrazó.
'No importa. No te preocupes, Canuto.' – Remus lvantó la cabeza y miró a Sirius. – 'Sabía que tarde o temprano Snape se iría de la lengua. ¿Ha sido él no?' – Sirius asintió. – 'Dumbledore sabía que existía aquella posibilidad, pero ambos pensábamos que Lily influía lo suficientemente en él como para que se mantuviera callado. Ya veo que lo que Lily piense de él ha dejado de importarle a Snape.' – Remus suspiró con rabia. – '¿Quiénes lo saben? Bueno, no importa tampoco. Seguro que en cuanto se enteren los padres yo me tendré que largar de Hogwarts.'
'Mulciber y McNair solamente.' – Le dijo Sam y aterrada por la posibilidad de que Remus se tuviera que ir añadió apresuradamente: – 'Pero recuerda que la magia de Lily les afectó por completo. Quizás eso juegue a nuestro favor y estoy segura de que Dumbledore no permitirá que tengas que marcharte. Hará algo. Seguro que ya lo está haciendo.' – Sam frunció el ceño y después le sonrió. – 'Estos medimagos no tienen ni idea de tu pequeño problema peludo y eso que debería ponerlo en tu ficha médica. Dumbledore se habrá encargado de taparlo en San Mungo y seguro que ahora lo está tapando para que la prensa no se entere. Seguro que también interfiere en la investigación.'
Remus hizo una mueca, no completamente convencido. No quería darse falsas esperanzas. Abandonar Hogwarts sería ya muy duro de por sí, si encima tenía esperanzas de poder quedarse aún sería peor. Se pasó la manos por la cara, entristecido.
'No te irás.' – Afirmó Sam muy segura de ella misma.- 'Sé que no te irás.'
'¿Alguien más lo sabe?'
Silencio.
Sirius se levantó y se acuclilló frente a Remus.
'¿Qué pasa?'
Sirius clavó sus ojos grises en los ambarinos de su amigo.
'Ió.' – Murmuró Sirius y agarró la cara de Remus con ambas manos y pegó su frente a le de él. – 'Ió se enteró.' – Le dijo. – 'Ió comenzó a gritarle a James cuando llegó al claro y te vio tendido. Creía que estábamos haciendo alguna de las nuestras y la lío delante de los de Slytherin. A nadie le pareció extraño como se puso Ió, salvo a los que lo sabemos. Un poco antes de que hartaran a Lily, nos habían desarmado a Sam, a James y a mí. Ió seguía consciente, pero no podía ayudarnos y a nosotros nos tenían a tiro. Iban a acabar con nosotros, pero Snape quiso vengarse antes de hacerlo…y nos dio donde más nos podía doler a los Merodeadores. Fue a por tu secreto y se lo reveló a Ió, sabiendo que aquello era lo que más podía mortificarnos a los cuatro.' – Sirius hizo una pausa y clavó sus ojos en los de Remus. Los tenía fuertemente cerrados. – 'Remus, pensabas decírselo hoy mismo según nos dijiste. En realidad no ha cambiado nada. Estabas preparado para que ella lo supiera. Llevas mucho tiempo preparado. Me dijiste que mi Patronus te interrumpió cuando se lo estabas diciendo la tarde que echaron a nuestra rubia de los Sangre Pura. No ha cambiado nada.'
'Ha cambiado todo.' – Replicó él separándose de Sirius y de Sam bruscamente. Comenzó a caminar arriba y abajo del despacho, nervioso. – '¡Todo es distinto! ¡He escuchado hablar de los hombres lobo a Snape un montón de veces! ¿¡Qué le dijo!? ¿¡Que era peligroso!? ¿¡Qué cómo no le había mordido ya!? ¡Ió tiene que pensar que soy un monstruo! ¡Debe odiarme por haberle mentido! ¡Ya visteis como se puso el día que nos enteramos de lo de la Orden del Fénix solo porque lo hacían a espaldas del Ministerio! ¡Imagínate que creerá sobre tener un hombre lobo a escondidas de todos en Hogwarts! ¡Y que encima ella haya estado liada con él! ¡No me querrá ver ni en pintura! No después de todas las estupideces que dicen los libros sobre nosotros y que estoy seguro que ella cree.'
'Remus, te olvidas de que Ió es tu novia. Os queréis.' – Le dijo Sirius. – 'Lleváis meses juntos y han pasado muchas cosas en todo este tiempo: estuviste protegiéndola de las amenazas, estuviste con ella cuando se supo que Cloe estaba en los Sangre Pura, le enseñaste a defenderse y a pelear en las vacaciones, luchaste en cada batalla con un ojo puesto en tu oponente y otro en que no le pasara nada, estuviste con ella cuando se supo lo de su padre.' – Sirius se plantó frente a él. – 'Eso es lo que cambia todo. Mira, Ió está en Ravenclaw, es inteligente. Dudo mucho que se deje llevar por lo que le han enseñado o por lo que le dijo Snape, sin pararse a pensar todo lo que ha vivido a tu lado. No creo que pase por alto su propia experiencia junto a ti y si lo hace, solamente demostrará que no te merece.' – Sirius le abrazó con fuerza. – 'No te acojones, Remus.' – Le susurró. – 'Vé y háblalo con ella. Trata de hacerte entender si ella tiene dudas. Deja a un lado los complejos. Tienes tanto derecho como yo, Sam o cualquier otro a tener amigos, a estar rodeado de gente que te quiera, a amar a alguien y que ella te ame a ti. Siempre te lo hemos dicho y es la pura verdad. Si James o Peter pudieran te lo volverían a repetir, lo sabes. Sé valiente.'
'Remus…' – Sam le acarició la cabeza. – 'Axel y Kaienne decían antes que ya nada puede separarnos. Yo estoy de acuerdo con ellos. Después de haber luchado codo con codo por protegernos entre nosotros y de haber demostrado en más de una ocasión que somos capaces de dar la vida los unos por los otros, esto es insignificante.'
Remus abrió la puerta del despacho y se marchó sin decir nada, cerrándola a su espalda. Sirius agachó la cabeza y suspiró. Los brazos de Sam le rodearon desde atrás y sus manos se anudaron en su abdomen. Sam apoyó la cabeza en su espalda y susurró:
'Lo has hecho bien.' – Le besó en la espalda. – 'Siempre te he dicho que se te da bien entender a los demás y que tus charlas de filosofía personal ayudan siempre. No podrías haberlo hecho mejor.'
'¿Qué vamos a hacer si Ió no lo acepta?'
Sam se quedó callada y se tomó unos momentos para pensar antes de responder a lo loco como siempre hacía.
'Hablar con ella y hacérselo entender. Quizás haga falta tiempo, pero ella y Remus seguirán juntos.'
Sirius rió y las manos de Sam botaron sobre su barriga.
'¿Qué?' – Preguntó ella curiosa cuando Sirius se giró y la estrechó contra él con el brazo bueno. – '¿Qué te hace tanta gracia?'
'Pensaba que dirías algo así como darle una paliza o torturarla hasta que lo entendiera. Es más bestia y propio de ti.'
'¿Esperas que me ría?' – Preguntó arqueando una ceja y al momento se puso seria. – 'Me he hartado de peleas…Reservaré mi agresividad para los partidos de quidditch.'
'Seguro…'
'¿No te lo crees?' – Preguntó ella indignada y Sirius sonrió burlón como respuesta. – '¡Muy bien! ¡Apostemos!'
'Si quieres perder, allá tu…'- La besó en los labios suavemente. – 'Vamos a cenar y a esperar a Remus.'
Remus cogió el borde la cortina y la separó lentamente. Hasta hacía nada había estado deseando que le dijeran que Ió había despertado, incluso había estado maquinando para colarse en su habitación en un descuido de los medimagos. Moría por verla hasta hacía unos escasos segundos. En aquel justo momento en cambio, solo deseaba salir corriendo y huir. Estaba terriblemente asustado por la posible reacción de Ió al verle. ¿Estaría enfadada por la mentira y le gritaría? ¿O simplemente se pondría a temblar al ver al monstruo de pesadilla que había estado en su vida todo aquel tiempo? Sin lugar a dudas, prefería los gritos.
Dudó sobre entrar o no.
Remus sabía que le debía una explicación a Ió, que había estado luchando por protegerle. Si no hubiera estado velando por él y se hubiera centrado en ella misma, seguro que su pierna no estaría rota, ni habría sufrido tanto. Él se había batido en duelo con ella varias veces en los entrenamientos y sabía lo fuerte y hábil que era. Incluso James había reconocido que era dura de roer combatiendo. Si estaba tumbada en esa camilla y si su vida había llegado a peligrar había sido por culpa de él. Además, le debía una explicación por haberle mentido y ocultado ser un hombre lobo, un licántropo.
Era su Ió. La amaba. Se lo debía.
Maldita maldición. Maldita Licantropía.
El sueño que siempre le había parecido Ió estaba a punto de acabarse. Iba a volver a estrellarse contra una realidad en la que era rechazado y odiado sin fundamento. Esta vez, la única diferencia era que Ió tenía todo el derecho a odiarle…De alguna manera había estado jugando con ella al mentirle. Lo que viniera a continuación solo sería la cosecha que él mismo había sembrado. Cerró los ojos y entró.
'Remus…'
Sonrió con tristeza. Aquella vocecilla dulce e inocente siempre le había alegrado el día.
Abrió los ojos y aquella mirada de cielo se clavó en él. Ió tenía la espalda apoyada en un montón de mullidas almohadas. Alrededor de su cabeza había una fina venda, sujetando un parche blanco en el lado derecho de su cabeza, entre la melena rubia. Una bolsa llena de un líquido transparente colgaba de la nada y se conectaba por un tubo a su mano izquierda. La pierna derecha le sobresalía de las sábanas revelando la blanca escayola.
Y a pesar de todo, de las mentiras, del daño y del sufrimiento Ió le sonrió. No hubo gritos, ni caras enfadadas, ni miradas que le rehuyeran. Solo una cálida sonrisa y unos hermosos ojos brillantes en aquel hermoso rostro aniñado.
Remus se sintió aún más un miserable.
'Lo siento, Ió.' – Murmuró y giró sobre sus talones. Verla tan lastimada era superior a sus fuerzas. No quería hacerle más daño.
'¡Remus!' – Le llamó Ió con ansiedad. – '¡No te vayas!'
Dándole la espalda, Remus se detuvo. No podía negarse a nada que ella le pidiera.
'Necesito hablar contigo, por favor.' – Le suplicó Ió. – 'Quédate.'
'¿De verdad me quieres cerca de ti?'
La pregunta cogió desprevenida a Ió, que parpadeó confusa varias veces y se removió inquieta en la camilla. Remus le escuchó y supo que Ió había intuido porqué le hacía aquella pregunta.
'He decidido no creerme nada que no haya salido de tus labios.' – Respondió ella con seguridad. – 'Por favor…Quédate y hablemos.'
Remus volvió a darle la cara y se sentó en la silla que había al lado de la camilla. La Ravenclaw siguió con la mirada sus movimientos. Remus mantuvo una distancia entre él y Ió, aunque lo que más deseaba en aquel momento era tocarla, besarla y abrazarla y decirle cuanto la amaba. Más no se lo permitió. No sabía cómo iba a reaccionar Ió y no quería acelerar el momento del rechazo. Todavía era muy pronto. Quizás aquella fuera la última vez que la tuviera tan cerca. La Ravenclaw se recostó en las almohadas y le miró a los ojos.
'¿Cómo estás?' – Le preguntó con voz cansada.
'Eso debería preguntártelo yo, Ió.' – La contradijo él con una triste sonrisa.
'En realidad es menos de lo que aparenta ser.' – Volvió a sonreír. – 'Llevo tantas pociones tomadas y tanto medicamento en vena que no siento nada de dolor. Aunque quizás es el fenómeno del claro que sigue haciendo efecto.' – Murmuró pensativa.
Ió se quedó callada y Remus no hizo nada por continuar la conversación. Durante un largo rato ambos se mantuvieron en silencio y en aquel periodo de tiempo, ni si quiera se atrevieron a mirarse.
'Remus…' – Ió volvió a mirarle a la cara. – '¿Porqué estabais en el bosque este amanecer?'
Remus desvió la mirada y al hablar, habló con voz sombría.
'Te mentí.' – Fue claro y sincero.
A Ió le dolió más que cuando lo supo en la batalla. Notó temblar su labio inferior y se lo mordió para que Remus no lo viera, aunque en sus grandes ojos azules afloraron las lágrimas. Ió clavó la mirada en las sábanas.
'No tengo Noctum. Soy un hombre lobo. Un licántropo si lo prefieres…' – Continuó él. – 'Me mordió Fenrir Greyback cuando era un niño y fui maldito.' – De reojo vio a Ió estremecerse en la camilla al nombrar al terrorífico protagonista de los cuentos infantiles que pretendían asustar a los niños magos.- 'Anoche era luna llena y una vez más yo iba a transformarme.' – Prosiguió Remus. – 'Por seguridad de todos los alumnos marcho a la Casa de los Gritos y allí me transformo. James, Peter y Sirius pasan la noche conmigo y me vigilan. Al amanecer vuelvo a ser el de ahora y ellos me traen hasta aquí.' – Suspiró. – 'Anoche hubo luna llena.' – Repitió y se atrevió a mirarla a los ojos. La decepción, la confusión, la ira y el miedo se turnaban en la cara de Ió. – 'Por eso estábamos en el bosque. Estábamos de vuelta.'
'¿Quién sabe lo que…eres?' – Atinó a preguntar ella con voz ahogada. El corazón le latía a mil.
'Mis padres, Dumbledore y Pomfrey.' – Comenzó a enumerar Remus. – 'James, Peter y Sirius…A ellos se lo dije yo sobre tercero. Lily lo adivinó no sé decirte cuando, pero no fue hasta el año pasado que me confesó que lo sabía.' – Hizo una pausa y continuó con voz amargada. – 'Snape tenía la mala costumbre de perseguirnos y lo acabó descubriendo, aunque casi no lo cuenta. Como a ti, Snape se lo dijo a Sam.'
Ió se encogió en la camilla y una infinidad de sentimientos la embargaron. Hubo otro largo silencio durante el cual, Remus no se atrevió a mirar a Ió. Llegó a pensar que quizás el miedo la había paralizado y pensó en marcharse. Como siempre, a Ió no se le escapó lo que pretendía hacer y antes de que Remus moviera un músculo le habló:
'Quédate.' – Pidió y Remus la miró confundido. Esperaba que Ió le dijera justamente lo opuesto. – 'Las palabras de Snape calaron más hondo en mí de lo que me quería permitir y no quiero que sea así.' –Se explicó Ió al notar el enfado que iba creciendo en ella al sentirse engañada. – 'Lo sabíais todos y me lo ocultasteis cuando yo sospeché. Lily me mintió y todos le seguisteis el juego.' – Les acusó con rabia.
'Lily te mintió porque me correspondía a mí decírtelo. Los demás le siguieron el juego por mí. Todos sabían y estaban de acuerdo en que era yo el que tenía que decírtelo.' – Le dijo Remus en defensa de sus amigos. – 'Solo yo te mentí, Ió.'
'¿Puedes entender cómo me siento, Remus?' – Preguntó Ió con rabia clavando sus ojos en los de él. – 'Es como si…Como si yo no te importara. Ni a ti, ni a ellos.'
'No pienses eso.' - Le replicó él tranquilamente.- 'Si no me importaras no estaría aquí diciéndote la verdad. A ellos te aseguro que les importas mucho. Cuando comenzaste a sospechar que algo raro me pasaba, ellos me animaron para que te lo dijera. No lo hice por cobardía. No la tomes con ellos, Ió.' – Le pidió Remus mirándola fijamente a los ojos. – 'Solo yo te he estado engañando. Tienes todo el derecho del mundo a enfadarte conmigo, odiarme, rechazarme…' – Murmuró Remus desviando la mirada de ella. – 'Me apartaré de ti si eso quieres.'
Ió no le contestó. La Ravenclaw se dejó caer entre las almohadas, ocultándose de la mirada de Remus. Ió se tapó la cara con la mano derecha y comenzó a llorar en silencio.
'Lo siento de verdad, Ió.' – Murmuró Remus y se levantó, pero antes de que pudiera dar un paso Ió le agarró de la camiseta.
'Espera, quédate.' – Volvió a suplicar entre lágrimas.
Remus se giró lentamente y cuando la vio llorando, se le partió el alma.
'¿Porqué me mentiste?' – Preguntó Ió ya sin estar enfadada. Era puro dolor lo que reflejaba su cara contraída por el llanto. – '¿No confiabas en mí?'
'¡Por supuesto que confío en ti!' – La contra dijo él rápidamente y luchó contra el deseo de abrazarla.- 'Ió, me daba miedo que me rechazarás y que te apartaras de mí por mi condición. Necesitaba tiempo para hacerme a la idea de que pudieras aceptarlo o rechazarme. La sola idea de perderte me hacía agonizar, pero tras un tiempo comprendí que si no te perdía por revelarte mi secreto, te perdería por no decírtelo. He estropeado muchas veces nuestras citas por culpa de tener que ocultártelo.' – Remus levantó una mano para secarle las lágrimas que rodaban por sus mejillas, pero en el último momento se arrepintió y dejó caer la mano. – 'Estoy seguro de que no me ves como antes. Tienes que tener miedo y hasta asco de mí por ser lo que soy.'
'¡No te tengo asco, Remus!' – Le dijo histérica. – 'No te estoy rechazando tampoco.' – Sollozó y las lágrimas cayeron hasta las sábanas. – 'No sé cómo reaccionar. No sé que hacer. Estoy perdida…' – Volvió a recostarse en las almohadas y se tocó la cabeza. Remus imaginó que debía dolerle. Ió bufó y le habló con los ojos cerrados por el dolor:- 'Antes de que llegaras tú le he estado dando vueltas…No me cuadra lo que dicen los libros sobre los licántropos y tu persona. Estoy confusa y esperaba que tú trataras de convencerme de que el Remus con el que yo he estado hasta ahora ha sido un licántropo todo el tiempo. Creía que me dirías que no tenía nada que temer, que todo iba a seguir igual y que yo acabaría por dejarme llevar y pasar de las dudas y de los prejuicios. Pero no has hecho nada de lo que esperaba…Solo has justificado a tus amigos y de ti has dicho lo peor. Has dado por sentado que iba a rechazarte sin saber mi opinión.' – Ió le miró a los ojos. – 'Te he pedido que te quedaras porque necesitaba aclarar las cosas, porque no quiero perderte y me saltas con que te vas a apartar de mí si yo quiero. Y encima… ¿Llevas la cuenta de cuantas veces te he pedido que te quedes en todo este rato?' - Ió bufó entristecida. – 'Empiezo a pensar que eres tú el que no me quiere a su lado.'
'¡No!' – Remus frunció el ceño.
'Tengo la sensación de que quieres dejarme.' – Confesó Ió bajando la mirada.
'Eso no es cierto…' – Le negó él.
'¿Pues dónde está el problema? ¿Por qué no luchas por mí? Para que me quede a tu lado y sigamos juntos.'
Remus suspiró y desvió la mirada.
'¡Por eso me parece que eres tú el que quiere dejarme!' – Ió se pasó las manos por la cara. – 'No quiero borrar lo que he vivido este tiempo contigo. No me arrepiento de haberte conocido y te sigo queriendo…Pero tengo miedo Remus…Porque siento que tú no me quieres.'
'Soy un hombre lobo, Ió. Un monstruo de pesadilla.' – Espetó Remus picado. – 'No me digas que al oír eso solo tienes miedo de que no te quiera. Acabas de decirme que tienes dudas y prejuicios. Tampoco me has negado que me tengas miedo…'
'Te veo distinto.' – Admitió Ió siendo sincera, mirándole a los ojos. – 'Si que es cierto que me produce una sensación extraña, que me hace sentir insegura…Pero ya te he dicho que pensaba que tú te encargarías de quitarle importancia a esa parte y en cambio no has hecho otra cosa que darle más. Por eso me parece que eres tú el que quiere alejarse de mí ahora que lo sé.' – Ió suspiró. – 'Estoy completamente perdida y odio sentirme así… Creía que tu conseguirías disipar mis dudas...No lo has hecho y yo ya no sé...¿Qué es lo que quieres tú?'
Remus apoyó las manos en la camilla. Se inclinó sobre la cara de Ió y la besó en la frente. Ió se estremeció al contacto.
'Quiero que decidas por ti misma.' – La miró a los ojos y le secó las lágrimas. – 'Te amo más de lo que imaginas, Ió. De eso no tienes que tener ninguna duda. No quiero dejarte, pero sé que nadie se queda igual cuando le dicen que su novio es un hombre lobo y por eso quiero que tu sola te aclares. Me he equivocado al mentirte, lo correcto hubiera sido decírtelo cuando ya sospechaste la primera vez, pero fui un egoísta y no quise perderte tan pronto. Me encariñé más de lo que imaginé contigo y llegué a enamorarme de ti, por eso he tardado tanto. Lo siento si te he hecho daño al mentirte y lamento todas las veces que te hice enfadar o sufrir por mi comportamiento. Comprenderé que no quieras volver a dirigirme la palabra y no vendré a buscarte si decides terminar con esto. Te dejaré en paz.' – Volvió a besarla en la frente. – 'Gracias por protegerme en el claro y arriesgar tu vida por la mía.'
Los celestes ojos de Ió se clavaron en los ambarinos de Remus y un instante después, Remus abandonó la habitación.
Sirius y Sam estaban cenando sentados en la camilla de la morena cuando Remus entró y se dejó caer abatido en la silla de al lado. La pareja intercambió una mirada de preocupación antes de que Sirius le hablara:
'Lunático…' – Dejó la bandeja con la cena a un lado de la cama. – '¿Cómo ha ido?'
Remus se pasó ambas manos por la cara y no respondió. Sirius tragó saliva al sospechar que la cosa había ido algo mal. De reojo, Sirius vio a Sam apretando el mango del cuchillo con fuerza y decidió quitárselo antes de que cometiera un asesinato y perdiera su apuesta tan pronto. Ella también había entreleído que no todo había salido bien. Dejó el cuchillo lejos de Sam y volvió a mirar a su amigo. Remus apoyaba los codos en las rodillas y ocultaba la cara en las manos. Sirius bufó con rabia. Le mataba ver sufrir a Remus y no sabía como iba a levantarle el ánimo. Seguro que James hubiera sabido que hacer o decírle. Antes de que Sirius tuviera tiempo a decir nada, Sam cometió la burrada más grande que podía cometer en aquel momento.
'¿Lo habéis dejado?'
La pregunta del millón. Sin tantear el terreno, sin sutilezas ni indirectas. Directa al grano. Esa era la impulsiva de su novia. Sirius abrió los ojos como platos y miró a Sam enfadado. Ella ni siquiera se inmutó, dejó la cena a un lado y bajó de un salto de la camilla. Se plantó frente a Remus y le apartó las manos del rostro. No se las soltó, sino que las entrelazó entre las suyas.
'¿Qué ha pasado?' – Preguntó amablemente, invitándole a hablar.
Los ojos negros de Sam se clavaron en los de él. Sirius les observó desde la camilla y el repentino enojo que le había producido Sam desapareció al recordar que esos dos se consideraban mejores amigos también.
'Ió estaba enfadada porque le había mentido.' – Le explicó Remus. – 'Creía que no se lo había dicho porque no confiaba en ella y le confesé que no se lo había dicho porque me daba miedo perderla y porque creía que me rechazaría en cuanto lo supiera.' – Remus pegó su frente a la de Sam. – 'Me faltó poco para salir corriendo. Pero no lo hice porque ella me insistió en que me quedara. Decía que no quería perderme.'
'¡Entonces lo aceptó!' – Exclamó Sam con una sonrisa.
'Está muy confundida, Sam. No sabe que creer de los Licántropos. Si lo que dicen los libros y las creencias de la gente o lo que vivió junto a mí.'
'¡Pues está claro que lo que vivió junto a ti!' – Dijo sonriendo aún más. – '¿Qué le dijiste?'
'Que decidiera ella misma.'
La alegría de Sam fue sustituida por el estupor.
'¿¡Porqué!?' – Chilló y al momento Sirius le tapó la boca y la miró con severidad.
'Contrólate.' – Le dijo y Sam rodó los ojos. Sirius miró a Remus y le sonrió. – '¿Quieres que ella haga como nosotros, no? La has dejado decidir libremente sin tratar de retenerla o apartarla como cuando nos lo dijiste a nosotros tres.'
'¿Te acuerdas?' – Preguntó sorprendido Remus.
'¿Cómo olvidar el día que nos diste la excusa perfecta para comenzar a saltarnos la ley y las normas a lo grande?' – Replicó Sirius riendo sin quitarle la mano de la boca a Sam. – 'Ha sido muy noble por tu parte dejarle elegir sin interferir, Remus. Ya verás que todo acaba bien. Tienes un don para atraer a la gente.'
'Y para repelerla. Solo me hace falta la luna llena.'
Sirius rió y le dedicó una sonrisa.
'En serio, Remus. James y Peter estarán orgullosos de ti.'
'No podía hacerle más daño a Ió. Si ella no está completamente segura, nosotros no volveremos a ser tan felices como antes. No podríamos seguir adelante si me tuviera miedo o si la hiciera sentir insegura.' – Susurró él. – 'Nadie más que ella se merece ser completamente feliz y aunque me va a matar si decide alejarse, lo aceptaré y me quedaré con los recuerdos del hermoso sueño que fue.'
Sirius notó la boca de Sam abrirse en su mano y antes de que pudiera reaccionar, Sam le dio un mordisco. Sirius retiró la mano dando un aullido de dolor y la miró con odio.
'En mi opinión deberías estar comiéndole la cabeza a Ió para que sigáis juntos.' - Dijo Sam de muy mal humor.- 'Respeto tu decisión, aunque te adelanto que yo también he tomado la mía y he decidido que no voy a dejar que Ió se equivoque al decidir.' – Informó muy segura de ella misma. – 'Mañana le haré una visita.'
'Sam, no intervengas.' – Le dijo Remus muy seriamente. – 'Eso es solo cosa de Ió.'
'No te preocupes, Lunático.' – Le dijo Sirius sacudiendo la mano mordida. – 'La tendré vigilada.'
Remus le sonrió agradecido. Sam les lanzó una mirada de odio a cada uno y después se fue hasta la camilla. Se sentó lo más lejos posible de Sirius y les sacó la lengua, haciéndoles reír.
'Dáis asco.' – Murmuró Sam entre dientes.
'Voy por mi cena.' – Remus desapareció por la cortina, pero puso la oreja.
'Sabes que es mentira.' – Replicó Sirius sonriendo burlón.
'Os odio.'
'Suelta algo que pueda hacerme dudar al menos.' – Volvió a decir Sirius para picarla.
'¿Me estás vacilando?' – Oyó decir a Sam enfadada. – 'Estoy empezando a picarme.'
'¿De verdad?' – Preguntó Sirius en tonito inocente.- ' A este paso vas a perder la apuesta...'
'Eres imbécil.'
Remus estalló en carcajadas y regresó con ellos. Era imposible mantenerse serio cuando Sirius y Sam se peleaban.
'De eso no hay duda, Sirius.' – Dijo Remus riendo.
'Lunático, ¿de que parte estás?' – Le preguntó Sirius.
'De la tuya por supuesto.' – Respondió él. – 'No le quites el ojo de encima, por favor.'
'Os habéis puesto en mi contra y yo solo quiero ayudar.' – Masculló Sam en un tono infantil de enfado. – 'Malas personas.'
Sirius sonrió divertido. Cuando Sam se ponía en aquel plan no se podía resistir. En dos pasos se plantó frente a Sam con el brazo bueno abierto para abrazarla, pero Sam estiró la pierna y le puso el pie en el pecho para guardar la distancia. Remus se tapó la boca para ahogar la risa.
'Estoy enfadada, no me vengas de buenas.'
Sirius le apartó el pie, pero Sam puso la bandeja entre ellos.
'Venga ya, princesa.'
'Ni princesa ni nada.' – Le respondió ella. – 'Llevas las de perder, Sirius y tengo una bandeja. No me provoques.'
Segundos más tarde Pomfrey oía desde su despacho a Sirius gritar y el sonido de una bandeja estrellándose contra el suelo. Sam había perdido la apuesta. Inmediatamente, Pomfrey se levantó enfadada y marchó a poner orden en su Enfermería.
Axel abrazó a Kaienne cuando ella salió de la habitación de Anthea. Kaienne le sonrió y con un movimiento de cabeza le indicó que entrara. Axel asintió y corrió la cortina para entrar. El corazón comenzó a darle sacudidas en el pecho al ver a Anthea yaciendo en aquella camilla, más cerca de la muerte que de la vida, con todos aquellos tubos que se le unían en la mano derecha. La sábana le cubría hasta el pecho y Axel pudo verle el brazo izquierdo enyesado desde un poco más abajo del hombro. La escayola del pie izquierdo abultaba la sábana. Anthea tenía los ojos cerrados y el dolor se veía reflejado en su cara.
Axel caminó hasta ella y Anthea abrió los ojos y le buscó con ansiedad. Sonrió al verle y de repente se sintió mucho mejor. El dolor aflojó y es que para ella, aquel muchacho de ojos azules era el mejor calmante que le podían dar.
'Anthea, amor…' – Axel se inclinó con cuidado y la besó en los labios. Agarró la silla que había y la acercó lo más que pudo a la camilla sin dejar de mirarla. Tras sentarse, llevó su mano hasta la de Anthea y ella la colocó encima para entrelazar sus dedos con la de él. Axel posó la otra mano en la mejilla de Anthea y le acarició con los dedos suavemente mientras que apoyó la barbilla en la almohada justo para que pudieran mirarse a la cara. – 'Nunca más vuelvas a hacer algo así por mí.'
'Lamento no poder…prometerte eso.' – Susurró ella con voz débil. Respiraba con dificultad. - 'Tú me…apartaste del…conjuro de Malfoy.'
Axel le besó el hombro. Una parte del cuerpo de Anthea que había quedado sin dañar.
'Te amo, Anthea.'
Anthea sonrió y cerró los ojos.
'Quizás…me duerma…' – Susurró. – 'Me cuesta…estar despierta.'
'Duérmete, cariño.' – Le dijo Axel y volvió a besarla en el hombro.
'Quédate…' – Pidió e hizo una mueca de dolor. – 'Diles que…quiero que estés…aquí.'
'Me quedaré toda la noche a tu lado.'
Anthea giró la cara hacia él y Axel apoyó su cabeza en la almohada. Estuvo mirándola hasta que el sueño vino a buscar a Anthea y ella se durmió mirando el azul del cielo de los ojos de Axel.
Cuando Lily despertó aquella mañana, miró a su alrededor confundida. No tenía ni idea de donde se encontraba. Fue a reincorporarse y notó el cuerpo pesado y dolorido. Entonces lo recordó todo y reconoció la enfermería. Suspiró y cerró los ojos, pensando que otra vez la invadiría le pánico de la noche anterior. No ocurrió. Se alegró al sentirse en paz con ella misma. El sol comenzaba a entrar por las ventanas, iluminando tenuemente la enfermería. Solo se oía a los pájaros cantar. Lily supuso que Hogwarts aún no se había levantado y se recreó en la tranquilidad de lugar. Iba a girarse pero notó un peso en su cintura, extrañada descubrió un brazo que descansaba allí. Lentamente se giró y vio a Sam dormida a su lado en la camilla. Lily rió y se giró de cara a ella.
'Buenos días dormilona.' – Le dijo dándole un beso en la mejilla. – 'Levanta que tenemos que ir a clase.'
Sam hizo un mohín y sin abrir los ojos, medio dormida aún murmuró asqueada:
'Lily, paso de ir a clase hoy…'
Lily estalló en carcajadas y Sam abrió los ojos de golpe. La prefecta se tapó la boca con las manos para ahogar la risa cuando Sam miró confundida a su alrededor. Sam arrugó la nariz al reconocer que estaban en la enfermería y se giró para mirar la hora en un reloj que había en la mesita.
'Te mato…' – Espetó al ver que apenas eran las siete de la mañana. Se dejó caer en la cama con un bufido de rabia y le dio un amistoso golpe a Lily en el brazo.
'Eh, cuidadito que aún no me he repuesto de ayer.' – Le dijo Lily con fingida severidad.
Sam la miró con cara de fastidio y Lily volvió a reír. Sin que Lily la viera venir, Sam saltó encima de ella y la abrazó con una sonrisa.
'¡Por fin estás aquí! ¡Casi me dio algo cuando me dijeron que habías desaparecido!' – Le gritó separándose un poco de ella. – '¡Nunca jamás vuelvas a hacerme lo de ayer!'
'Vale, vale…' – Aceptó Lily feliz y la abrazó con fuerza. – 'Ya te dije que lo sentía. Por cierto, ¿qué haces aquí?'
Sam se sentó en la cama con las piernas cruzadas y Lily se sentó frente a ella.
'Es que ayer por la noche me piqué con Sirius y pasaba de hablar con él, pero como sabía que vendría aunque fueran las tantas de la madrugada, decidí venirme aquí contigo a dormir.' – Sam sonrió satisfecha. – 'El muy idiota no ha venido, tal y como yo esperaba. Seguro que piensa que me he enfadado en serio.'
'Sam, a veces te pasas. No deberías hacer sufrir a Sirius. No se lo merece.' – La reprendió Lily recordando que Sirius y Remus la habían traído de vuelta. – '¿Y no te puso pegas Pomfrey para venir conmigo?'
'Bah…' – Sam hizo un gesto con la mano para quitarle importancia. – 'Como Axel iba a pasar la noche al lado de Anthea porque ella lo pidió a los medimagos en un momento que estuvo despierta, yo me vine aquí y no me dijeron nada.'
'¿Medimagos?' – Preguntó Lily extrañada.
'Ah, es verdad. Tu no tienes ni idea de nada.' – Se acordó Sam. – 'Deja que te ponga al día antes de que vayamos a desayunar.'
Le relató absolutamente todo lo que se había perdido mientras había estado en el Balcón de la Primavera y luego dormida en la enfermería. Lily escuchó atentamente y le alegró oír que todos sus amigos habían ido mejorando su estado en el día de ayer. ¡El agua del Manantial había servido con los que iban camino al más allá! Felicitó a Sam por haberles conseguido esa improvisada Sala Común en el despacho de Pomfrey y se descubrió con unas ganas terribles de abrazar a su familia cuando Sam le comunicó que aquella mañana tendrían visitas. Le tranquilizó saber que Dumbledore no había podido pasarse a verles, porque según Sam estaba tapando agujeros en la investigación abierta por el Ministerio y le alegró saber que en aquel día también podrían hablar con él. Pensaba hacer caso a Remus y explicarle al director lo que había ocurrido con su magia. Le preguntó con algo de temor si sabían algo de los de Slytherin, pero Sam le dijo que los medimagos los tenían aislados y que solo sabía que los estaban tratando en San Mungo. No oír nada acerca de ninguna defunción sumió a Lily en un estado de pura calma.
'Pues si que me he perdido cosas…' – Murmuró la prefecta. – '¿Hay algo más que haya pasado?'
Sam dudó y se mordió el labio inferior. Lily se iba a acabar enterando tarde o temprano, pero no le parecía prudente alterar a su amiga tan pronto otra vez. La miró a los ojos y vio que Lily ya la había calado.
'¿Qué más ha pasado?' – Le preguntó entrecerrando los ojos.
'Eh…' – Titubeó Sam para ganar tiempo. – 'Prométeme que vas a estar tranquilita y relajada, ¿sí?' – Lily le asintió seriamente y Sam cerró los ojos. - 'Ió sabe lo de Remus.'
'¿¡Se lo dijo!?' – Gritó Lily emocionada con los ojos brillando de felicidad.
'Bueno, Remus se lo dijo porque…' – Sam tragó saliva. – '…Snape se lo dijo a Ió antes.' - La boca de Lily se deslizó varios centímetros.-'Ya sabes, James siempre que puede le toca las narices a Snape y cuando nos obligaron a tirar la varita, Snape quiso vengarse de James. Tú dijiste que Snape siempre encontraba la mejor manera de hacer daño a alguien y claramente dio en el blanco…Le dijo a Ió el secreto de Remus y bueno, Sirius y James lo pasaron fatal. Y Remus lo pasó peor aún ayer, cuando habló con Ió.'
Lily la miró incrédula y Sam atisbó una chispa de ira en los ojos de la prefecta. Lily abrió la boca para hablar, pero la cerró al momento y frunció el ceño. La cara de rabia de la prefecta aterrorizó a Sam. Sam pensó en pedir ayuda cuando Lily comenzó a respirar agitadamente a causa de la ira y saltó de la cama cuando Lily retorció las sábanas.
'Eh…Lily, cariño, tranquilízate.' – Le dijo nerviosa. – 'Todo está bien. Remus y Ió ya hablaron entre ellos para aclararlo. Relájate.'
Lily se dejó caer en la cama y se tapó la cara con las manos. El miedo acudió a ella por si su magia volvía a descontrolarse y respiró hondo para tratar de calmarse. No notar las cosquillas en los dedos la hizo sentirse mucho mejor y no tardó en recobrarse. Volvió a levantarse y vio que Sam la miraba con precaución.
'Todo está bien.' – Dijo Lily intentando sonar convincente. – 'Es solo que…Se acabó.' – Lily puso un mechón de su cabello tras su oreja y con expresión seria murmuró: - 'Teníais razón, Sam. Estaba equivocada sobre Snape… ¿Cómo he podido estar tan ciega?' – Se le llenaron los ojos de lágrimas. – 'No lo creía capaz de tanto…De ser tan miserable y rastrero. No se contentaba con la idea de matarles, sino que además reveló el secreto de Remus.' – Lily retorció las sábanas. – 'Traidor…' – Masculló con rabia y alzó los ojos hacia Sam. – 'Más vale que no se vuelva a cruzar conmigo nunca más. Esto no se lo perdonaré nunca…El daño a Remus…y que casi mate a James.' – Una lágrima se escurrió por su mejilla. – 'Le odio.'
Sam suspiró y en silencio abrazó a su amiga.
¡¡Hola!!
Tranquilos todos, el fic no se ha acabado aún. Pensaba cerrarlo en este capítulo y hacer un epílogo, pero para variar me he encontrado con que soy incapaz de escribir menos. Cuando he visto en el word que ya me estaba excediendo, he decidido cortar lo que iba a ser el capítulo final en dos. Por eso me he tardado tanto.
En resumen, que la despedida se retrasa un poco más. ;P
Como siempre, muchísimas gracias por los reviews. Quizás yo consigo emocionaros a vosotros con lo que escribo, pero vosotros también conseguís emocionarme un montón con vuestros reviews. Así que gracias.
Popis: Dumbledore y Lily te aclararán tus dudas con el agua en el próximo capítulo.
¡Un besazo!
