LX

Sam y Lily asomaron las cabezas al pasillo. Oyeron varios murmullos y rápidamente volvieron dentro.

'El hechizo ha funcionado mejor de lo que esperaba…' – Murmuró una voz femenina. – 'No creía que obtendríamos tan buenos resultados en 24 horas.'

'Cierto, es verdaderamente eficaz. Pettigrew ha mejorado considerablemente.'

Las siluetas de dos medimagos se dibujaron por un segundo en la cortina y después desaparecieron. Sam y Lily aguardaron en silencio y a la escucha.

'Por eso la hija de Landry despertó anoche. Su lesión cerebral era más reducida.'

'Sí, aunque pudo haber sido realmente grave.' – Contradijo el hombre. – 'Menos mal que la hija de Landry estará recuperada pronto.'

'¿Me lo imagino yo o temes a los Landry?' – Le acusó su compañera.

'Venga ya, Anny. Me dirás que tu no estabas acojonada por tratar a la hija de los Landry.'- Y en un susurro aún más bajo que Lily y Sam apenas pudieron oír añadió: - '¡Nos estábamos jugando nuestra carrera profesional! Si Hewitt no llega a aparecer con lo que fuera que le dio, Landry se nos hubiera ido. Y ni me quiero imaginar la que nos habría caído a ti, a Mark y a mí si se nos hubiera muerto la hija de los Landry.'

'Eres un exagerado y un cobarde.' – Resopló Anny. – 'Vamos a desayunar anda, Mark nos estará esperando.'

En cuanto oyeron la puerta de la enfermería cerrarse, Sam y Lily se precipitaron al pasillo cada una en una dirección. Antes de que Sam saliera corriendo Lily la agarró de la camiseta.

'¡Eh!' – Susurró Lily con el ceño fruncido. – 'El despacho está allí.' – Y le señaló la dirección contraria a la que Sam había tomado.- '¿Dónde vas?'

'A hacerle una visita a Ió.' – Respondió Sam mientras se soltaba.

'Creo que me acabas de contar que Remus te pidió que no intervinieras, ¿no?' – Le dijo Lily alzando una ceja.

'Bah…Lily, no fastidies.' – Replicó Sam poniéndose seria. – 'Te metiste de por medio cuando Kaienne y Thomas estaban peleados para echarles una mano. Seguro que también estás deseando ir a hablar con Ió sobre esto para que ella y Remus sigan juntos. ¿O no?'

Sam se llevó las manos a las caderas y alzó ambas cejas. Lily hizo una mueca de disgusto, suspiró y asintió. Sam sonrió triunfal y giró sobre sus talones.

'Pero esto no es una simple discusión de pareja, Sam.' – Le dijo Lily. – 'Y Remus te pidió que no trataras de convencer a Ió.'

'Lamento no ser tan legal como tú, Lily. Pero no estoy haciendo nada malo.' – Dijo ella sonriendo. Empujó a Lily en su dirección y le dijo: - 'Venga, vete a ver a James.'

Lily meneó la cabeza y finalmente se marchó a ver a James.

Sam sonrió orgullosa y caminó de puntillas por el pasillo. Con Lily ocupada con James y con Sirius y Remus seguramente roncando aún, ya nadie podía detenerle. Remus se enfadaría un poco con ella, pero valía la pena hablar con Ió si conseguía que todo volviera a ser como antes. Sirius había dicho que Remus había actuado noblemente, según Sam, Remus era tonto. No pensaba dejar que su mejor amigo cometiera otra estupidez. Sirius, Peter y James se tuvieron los unos a los otros cuando Remus se lo confesó y estaba segura de que ese hecho había ayudado a que aceptaran a Remus. Pero Ió estaba sola para decidirlo, tenía a su padre en el hospital y no era una temeraria ida de la olla como aquellos tres. Sería muy fácil que se le nublara la vista y eligiera la opción incorrecta y por ello, Sam se iba a encargar de hacerle el camino correcto bien visible.

Sam llegó a la cortina que cerraba la habitación de la Ravenclaw y miró a lado y lado para asegurarse de que no había nadie. Al comprobar que así era, su sonrisa se hizo más amplia aún. Suavemente agarró la cortina y comenzó a tirar poco a poco para no hacer demasiad ruido.

'¿Qué te crees que estás haciendo, Sam?'

Se le escapó un grito al oír su voz y soltó la cortina de golpe.

'Mierda…' – Gruñó y se giró para encarar a su tan odiado, en aquel momento, Sirius. – '¿De dónde porras has salido?' – Preguntó con una mano en el corazón.

Sirius esbozó una sonrisa burlona y le cogió del brazo para atraerla a él. Sam se dejó arrastrar derrotada y Sirius la besó suavemente en los labios. Sam volvió a bufar y miró con pena la cortina de Ió. ¡Había estado a punto!

'Venga princesa, vamos a desayunar.' – Dijo él riendo mientras la rodeaba por los hombros con su brazo bueno y la empujaba lejos de la habitación de Ió.

Sam apoyó la cabeza en el hombro de Sirius con desanimo y le cogió de la cintura con ambos brazos. Pasaba de enfadarse con él, ya buscaría otras oportunidades cuando Sirius bajara la guardia.

Del bolsillo trasero del pantalón de Sirius Black colgaba la Capa Invisible.

El corazón de Lily parecía una bomba de relojería, estallaba contra su pecho una y otra vez. La habitación donde según Sam estaba James, la atraía como un imán y le faltaba poco para perder el autocontrol y salir corriendo llamando a James a gritos. Necesitaba verle y comprobar que como había dicho Sam, estaba mejor que la última vez que lo vio en el claro. Se detuvo un momento para calmarse. No había perdido los estribos cuando Sam le había contado la jugarreta de aquel desgraciado y no quería perderlos al ver a James. Respiró profundamente y su corazón se sincronizó con su lenta respiración. No quería que se le escapara la magia nunca más. Comenzó a caminar más despacito y sus pies descalzos dejaron de hacer ruido al tocar el suelo. Cuidadosamente descorrió la cortina, muy poquito, lo suficiente como para que ella cupiera y se coló dentro. Avanzó poquito a poco, sin hacer nada de ruido y llegó a la camilla.

Una sonrisa tierna se le dibujó en la cara. James dormía profundamente, aunque se le reflejaba el dolor en el rostro. La sábana le cubría hasta la cintura y aunque a Lily le dolió ver tantas vendas cubriéndole el cuerpo, le alegró que ninguna estuviera manchada de rojo. Deslizó una mano hasta su cabeza y le revolvió el cabello con cariño. Se le empañaron los ojos de lágrimas, pues si ella hubiera tenido la varita, hubiera evitado que aquel miserable le hiciera eso a su James. Pero no había vuelta de hoja y Lily lo sabía. Recordó que James solo le había regalado sonrisas y fuerza cuando ella estuvo en su lugar, ahora le tocaba a ella. Poco a poco se inclinó sobre su cabeza y suavemente le besó en los labios. Cual fue su sorpresa al notar que los labios de James se movieron contra los suyos y una mano se posó en su nuca. Lily abrió los ojos de golpe y al momento James abrió los suyos y le puso fin al beso sonriendo contra los labios de Lily.

'James…' – Susurró Lily separándose un poco sorprendida.- '¿Cómo te encuentras?'

'Feliz de verte.' – Respondió él con una sonrisa y esbozó una mueca de dolor a causa de la herida que le cruzaba la mejilla izquierda. – '¿Estoy despierto o es que ya te echo tanto de menos que hasta sueño contigo?'

'Estás despierto.' – Le susurró Lily con una sonrisa mientras le besaba la mejilla.

'¿Te importa que lo compruebe otra vez?' – Preguntó con una sonrisa traviesa.

Lily rió divertida y esta vez se inclinó aún más sobre James. Apoyó ambos antebrazos a lado y lado de su cabeza y aguantó con ellos todo su peso para no rozar a James en nada más que no fueran sus labios. No quería que se le abriera ninguna herida por su culpa.

'Te amo…' – Le susurró Lily antes de besarle.

Se tendría que haber ahorrado las palabras mágicas, pero Lily no había podido evitar que salieran de sus labios. Como respuesta, los labios de James se movieron con necesidad contra los suyos y su lengua se coló en su boca para luchar con ímpetu contra la de Lily. James alzó ambos brazos sin importarle el daño que le causó el movimiento y llevó otra vez su mano a la nuca de Lily y con la otra abarcó con un brazo su espalda. El pecho de Lily chocó contra el de James cuando él hizo fuerza para pegarla a él. Apenas pudieron continuar besándose porque algo empezó a pitar sonoramente. Lily se separó bruscamente lo poco que James le permitió.

'¿Qué es eso?' – Preguntó Lily al adivinar la máquina que estaba pitando.

'Puto cacharro…' – Murmuró James fastidiado por la interrupción y al ver que Lily miraba con preocupación la máquina, le explicó lo que era.- 'Es una máquina que avisa a los medimagos cuando se me abre una herida. Les oí decirlo una vez que estuvieron por aquí y yo andaba medio consciente.'

Lily cogió con cuidado los brazos de James y se los quitó de encima. Los examinó y vio que ninguna venda se estaba manchando de rojo, entonces reparó en una mancha roja que comenzaba a aparecer en una venda del pecho de James.

'Ey, Lily. No pasa nada.' – Le dijo James al ver la cara de culpabilidad que se le estaba poniendo a su novia. – 'Estoy bien.'

'¿¡Qué no pasa nada!? ¡Mira esto!' – Chilló ella enfadada señalando la herida. – '¡No vuelvas a apretarme contra ti tanto! ¡Mira lo que has conseguido, burro!'

'Bueno, eso es problema mío. No he podido resistirme.' – La atajó James con una sonrisa traviesa y se oyeron pasos de fondo. – 'Venga vete.'

'¿Me estás echando?' – Preguntó Lily indignada.

'Sí. Los medimagos no te dejarán verme si descubren que se me ha abierto la herida por ti.' – Le explicó James con prisa. – 'Así que vete y vuelve cuando esto deje de pitar.'

'Eres increíble.' – Espetó enfadada.

'¡Nos vemos luego! ¡Te quiero!'

Lily rodó los ojos y salió de allí rápidamente. Encontró a la enfermera Pomfrey, que se dirigía al despacho con Ió sentada en una silla de ruedas y se ofreció a llevarla. En el despacho, Lily y Ió se reencontraron con Remus, Sirius, Axel, Kaienne y Sam. Los abrazos y los besos no faltaron y llovieron las felicitaciones, las palabras de amistad y de amor. Era pura felicidad lo que llenaba sus corazones y lo que dibujaba aquellas tremendas sonrisas en sus magullados rostros. Tras el desayuno los medimagos se presentaron para los habituales reconocimientos y Pomfrey se presentó con una bandeja llena de un montón de pociones, cada una con el nombre de su destinatario. Seguían liados con todo aquello cuando McGonagall se presentó para saludarles y anunciarles que padres y amigos estaban a la espera para verles.

Sirius y Sam caminaron cogidos de la mano por el pasillo de la enfermería. A diferencia de todos los demás, ellos no esperaban la visita de sus padres. Sabían que para los Black y los Hewitt ellos estaban muertos.

Kaienne estaba atrapada por su madre y por sus dos hermanos pequeños, pegados uno en cada una de sus piernas. El señor Green trataba de despegar a sus familiares para darle un respiro a su hija que le miraba sonriente, pero le suplicaba en silencio que la ayudara. Finalmente su madre se separó y entre ella y su marido agarraron a los hermanos de Kaienne. Justo en ese momento Thomas Barton entró en la enfermería junto a Darren Lance y Kaienne echó a correr hacia él. Los hermanos pequeños de Kaienne hicieron muecas de asco cuando su hermana mayor le plantó un besazo en la boca a su novio. El señor Green carraspeó sonoramente y Thomas soltó de inmediato a Kaienne y colorado fue a saludar a los padres de su novia, a los que ya conocía. Kaienne le sacó la lengua a Axel Lance cuando él comenzó a reírse, pero Axel dejó de reírse en cuanto vio a su hermano Darren y le dio un tremendo abrazo. Los padres de Axel y de Darren sonrieron enternecidos ante el cariñoso abrazo de sus hijos.

Sam y Sirius se sonrieron con complicidad y continuaron hacia delante. Sam le cogió por la cintura y Sirius la besó en la cabeza. Quisieran o no les afectaba ver a sus compañeros reunidos tan agradablemente con sus familias.

Pasaron por delante de la habitación de Ió, donde ella y su madre estaban sumidas en un tierno abrazo. Al parecer, Robert Keith, seguía en el hospital sin despertar.

Saludaron a los padres de Lily al cruzárselos en el pasillo y Brooke Evans se encargó de que ambos recibieran un cálido y amoroso abrazo de su parte, además de invitarles a venir a su casa aquel verano al enterarse de que el guapo Sirius era el chico de Sam.

'¿De dónde ha sacado la pelirroja ese carácter si su madre es tan empalagosa?' – Preguntó sorprendido Sirius cuando dejaron a la familia Evans atrás. – 'Su padre parece la mar de tranquilo.'

'Ja…Tu no conoces a Brooke. Será dulce hasta ser empalagosa, pero lleva recto a cualquiera.' – Le contradijo Sam riendo.- 'Y su padre más vale que esté así de tranquilo.'

'A James le ha tocado un suegro difícil.' – Se carcajeó Sirius.

Encontraron a los señores Lupin, los señores Pettigrew y al mismo Remus hablando en mitad del pasillo. Sirius fue a saludarles y justo cuando iba a presentar a Sam, Dorea y Charlus Potter entraron en la enfermería acompañados por McGonagall.

'¡Sirius!' – Exclamó Dorea en un grito que sonó a enfado, preocupación y alivio al mismo tiempo. Sirius tuvo que soltar la mano de Sam cuando la madre de James le abrazó tan efusivamente. – '¡Un día de estos me vais a matar de un susto!' – Le gritó al separarse. Le cogió la cara con las manos y prosiguió: – '¿¡Es que no podéis estaros quietos!? ¡Siempre igual! ¡Entre tú y James acabáis conmigo!'

Sam se quedó de piedra al ver que iba apareciendo algo parecido a la culpa en el rostro de Sirius. Dorea le soltó y el padre de James aprovechó para abrazar al muchacho.

'Me alegro de verte, Sirius.' – Susurró Charlus con alivio. – 'De verdad que casi nos da un infarto cuando el mismo Albus Dumbledore se presentó en casa anoche.'

'Sientos haberos preocupado' - Susurró Sirius agachando la cabeza.

Dorea Potter le engulló en otro abrazo y comenzó a hablarle como si fuera su propia madre.

'Bueno cariño, da igual. Ya todo ha pasado. Me alegra que no hayas acabado como James. No podría soportar que mis dos niños estuvieran tan mal.'

Sam sonrió enternecida y sintió algo de envidia. Sirius no podía decir que no tenía familia, los Potter lo eran. Dorea y Charlus actuaban como unos padres con él y James era su hermano. De repente, Sam se sintió terriblemente sola…

'¿Sam?'

Sam casi se chocó con su hermano Charles al girarse. No le dio tiempo ni a mirarle a la cara, pues su hermano mayor la envolvió en un abrazo.

'Que susto nos has dado.' – Susurró contra sus cabellos. – 'Cuando oí en el trabajo hablar de una fuerte pelea en Hogwarts imaginé que tu tenías que estar metida. Para variar no me equivoqué…'

Sam sonrió divertida y hundió la cabeza en el pecho de su hermano, cerrando los ojos. Hasta ese momento no se había dado cuenta de cuanta falta le hacía el afecto de su hermano mayor. Se separó lo justo de Charles al notar una mano acariciarle la cabeza con suavidad y con una sonrisa echó los brazos alrededor de Anne, la mujer de su hermano y la madre de su futuro sobrino. Anne se separó un poco de ella y poniendo los brazos en jarras refunfuñó:

'¡A ver si empiezas a cuidarte más, Sam! Al paso que vas entre dislocaciones de hombro y peleas te veo siendo mi compañera de habitación en San Mungo cuando nazca el bebé.'

'Es verdad.' – Corroboró Charles y pasando un brazo por encima de los hombros de su hermana añadió: - 'Se supone que es la madrina la que va a ver a su ahijado al hospital.'

Sam abrió los ojos como platos al oír aquello y sin volverlo a preguntar para que se lo confirmaran, comenzó a dar saltos y a gritar con alegría mientras abrazaba su hermano y su cuñada. Todo el mundo en la enfermería, quisiera o no, se enteró de que Sam iba a ser la madrina de su sobrino, Ni Charles ni Anne no pudieron frenar a Sam en su celebración y al final Pomfrey apareció para poner orden.

'Disculpe, enfermera Pomfrey.' – Murmuró ella sin sentirlo en lo más mínimo.

Sirius y Sam se sonrieron. Ambos tenían familia.

La enfermera Pomfrey se dirigió al grupo que formaban los Pettigrew, los Lupin y los Potter:

'Señores Potter, señores Pettigrew, si me acompañan podrán ver a sus hijos.'

Remus y Sirius intercambiaron una mirada preocupada. Los padres de Peter parecían estar descompuestos por lo ocurrido con su hijo y los de James no tenían mejor aspecto. Sirius le tendió el brazo a Dorea y Charlus apoyó una mano en su hombro. Remus pidió a sus padres que les acompañaran y así hicieron. Cuando la enfermera Pomfrey les señaló las respectivas habitaciones, Sirius notó a los padres de su hermano ponerse rígidos y escuchó a la madre de Peter estallar en llanto.

'Tranquilízense, por favor.' – Pidió Pomfrey con una sonrisa compasiva. – 'Me alegra decirles que ambos están conscientes y que han mejorado mucho respecto a ayer.' – Se giró hacia los Potter y más seria les dijo: - 'Por favor, intenten hacer entrar en razón a su hijo James y díganle que debe permanecer en esa camilla hasta que los medimagos digan lo contrario. Está como loco con la liga de quidditch y no deja de preguntar cuando va a salir de aquí porque tiene que comenzar a entrenar.'

Charlus y Sirius se sonrieron alegrados, pues eso quería decir que James estaba mejor de lo que creían. Nada más poner un pie dentro, Dorea se abalanzó sobre la camilla y ni Sirius, ni Charlus pudieron ver un trozo de James. Si no hubiera sido por los gritos que comenzó a dar James, hubieran jurado que Dorea Potter abrazaba a la camilla vacía.

'¡Mamá! ¡Que corra un poco el aire!' – Gritó James fastidiado y dolorido. – '¡Se me van a abrir todas las heridas otra vez y tengo que recuperarme en una semana! ¡Tengo que comenzar a entrenar para el partido contra Slytherin!'

Dorea Potter se separó bruscamente, obviamente enfadada por el comentario de su hijo. Sirius atisbó a ver a James cuando Dorea lo dejó libre. Sonrió al ver que su casi hermano había recuperado el color en la cara y que su cabello estaba tan revuelto como siempre. A pesar de las múltiples vendas y que se movía con cuidado haciendo muecas de dolor por culpa de las heridas, se le veía con energía y tan inquieto como siempre.

'¿¡Pero cómo te atreves!?' – Chilló indignada Dorea y Charlus corrió a tranquilizar a su mujer. – '¿¡Ayer me dijeron que habías estado rozando la muerte y tú solo piensas en el maldito quidditch!? ¡¡Te prohíbo tocar una escoba en todo un mes!!'

'No sueñes mamá. Sabes que no va a ser así.' – Replicó James con arrogancia.

'¡Ja! Ya veremos que me dices cuando te queme la escoba que te regalamos por Navidad.' – Contraatacó Dorea en el mismo tono petulante.

'No serás capaz…' – La acusó James horrorizado.

'Si no quieres ponerme a prueba más vale que hagas todo lo que te digan los medimagos.' – Le amenazó Dorea. – 'Y ya vale de ser así de insolente con tu madre. ¿Sabes el susto que nos has dado a tu padre y a mí? ¡He sufrido lo que no está escrito!'

James agachó la cabeza y murmuró algo culpable.

'Lo siento mamá…Pero es que… No ha sido una pelea cualquiera…'

Dorea Potter suspiró y se sentó en el borde de la cama. Su marido Charlus abrazó con cuidado a su hijo James.

'Dumbledore ya nos lo explicó, James.' – Le dijo su padre con una sonrisa. – 'No estamos enfadados. Por el contrario, estamos muy orgullosos de que no te hayas dejado llevar por esas ideas siendo tú hijo de magos.'

'Aunque preferiríamos que no hubiera llegado a tanto la cosa.' – Murmuró su madre y miró a Sirius que estaba plantado al lado de la cortina. – 'No te quedes ahí, cielo.'

Aquello cogió desprevenido a Sirius, que se puso colorado y avanzó hasta el núcleo que formaban Dorea, Charlus y James Potter. James le dedicó una sonrisa de burla por el sonrojo de sus mejillas.

'¡Sirius!' – Exclamó James y levantó con cuidado los brazos para abrazarle. – '¡Me alegra ver que por fin Mulciber ha dejado de acosarte! Mira que no poder plantarle cara…No estás en forma. Pensaba que se lo pondrías más difícil.'

'Cállate anda. Yo no soy el que ha recibido una paliza de la nariz.' – Le dijo Sirius a la vez que le daba un suave abrazo. – 'Capullo, nos has dado un susto de muerte.'

'Oh, venga ya…Ya sé que soy imprescindible en vuestras vidas, pero no ha sido para tanto.' – Murmuró él con una sonrisa chulesca. – 'Estoy perfectamente.'

La cortina de la derecha se descorrió y al otro lado apareció Peter con su familia y Remus con la suya. La boca de los Potter y de Sirius se deslizó visiblemente. El pequeño Peter emitía un débil resplandor amarillento, como si fuera una bombilla encendida.

'¿Qué guarrada te has echado encima, Colagusano?' – Preguntó James.

'Es el hechizo de los medimagos para reparar los órganos. Me han dicho que a Anthea se lo retiraron anoche.' – Explicó él. – 'Pero creo que yo voy estar así bastante tiempo.'

'Estás horroroso.' – Se burló Sirius y corrió a darle un caluroso abrazo. – '¡Cómo me alegro de verte, enano! ¡Luchaste como un campeón!'

Peter y él se fundieron en un abrazo. Remus les estaba mirando cuando oyó carraspear a James. Levantó la mirada y James se cruzó de brazos y le alzó las cejas. Inmediatamente Remus fue riéndose a abrazarle. James le estrechó con más fuerza que Remus a él y le susurró al oído:

'¿Estás bien?' – Preguntó preocupado y Remus captó a lo que se refería.

'Más o menos.' – Respondió él y al separarse le revolvió el cabello. – 'No te preocupes tanto por mí y dedícate a recuper... ¡CANUTO!'

James estalló en carcajadas cuando Sirius se colgó de Remus en un abrazo. Mientras que Remus intentaba quitárselo de encima sin demasiados miramientos, Peter vino a abrazar a James. Sus padres les observaban contentos.

Un suave murmullo invadía la enfermería. Sam y Lily estaban en mitad del pasillo presentándose a sus respectivas familias. A escasos metros, la familia Green insistía en susurros en invitar a comer a los Lance por lo que había hecho Axel por Kaienne. Ió Keith y su madre estaban hablando con la enfermera Pomfrey cuando las puertas de la enfermería se abrieron en un tremendo estruendo y una voz gritó a pleno pulmón:

'¡ANTHEA!'

Absolutamente todos aquellos que se encontraban en el pasillo se quedaron mirando boquiabiertos al hombre que acababa de romper la quietud de la enfermería de manera tan brutal. La mayoría no reconoció a aquel hombre alto, atractivo, de aspecto tan imponente y expresión altiva, ni a aquella enjoyada mujer que le acompañaba, vestida tan envidiablemente y que miraba con una mueca de asco a su alrededor, como si estuviera caminando por un estercolero. Tras ellos caminaba una elfina doméstica con expresión de temor.

Sam y Charles intercambiaron una rápida mirada que no pasó desapercibida ni a Lily ni a Anne. Antes de que ninguna pudiera preguntar por la pareja de brujos, Pomfrey saltó al pasillo seguida de la señora Keith. La madre de Ió emitió un grito al verles y cerró los puños a lado y lado de su cuerpo, crispada por la rabia.

'¿Qué pasa mamá?' – La voz de Ió sonó como un grito en la enfermería, que estaba en completo silencio. – '¿Quién hay?'

Los dos magos giraron la cabeza hacia el lugar de donde provenía la voz y mientras que el brujo no cambió su expresión altiva, la bruja pareció estar a punto de vomitar al ver a la madre de Ió. Al ver a la esposa de Robert Keith.

'¿¡QUÉ HACE MI HIJA EN EL MISMO LUGAR QUE ESTA ESCORIA!?' – Chilló la mujer enjoyada histérica.- '¿¡CÓMO SE HAN ATREVIDO!?'

Las expresiones de estupefacción de los allí presentes pasaron a ser de enfado e indignación. Sam y su hermano Charles bufaron con rabia sincronizados a la perfección. A Lily, Kaienne y Axel ya no les hacía falta que les dijeran quiénes eran. McGonagall salió del despacho de Pomfrey visiblemente alterada por semejante escándalo, seguida de los tres medimagos. Los señores Lupin, Pettigrew y Potter salieron al pasillo para ver quién estaba siendo tan desconsiderado y mal educado. Remus miró a Sirius y al atraer su atención le vocalizó el apellido que creía pertenecer a la pareja de brujos. Sirius le asintió con mala cara. La cara de Peter estaba fuera de lugar, pues estaba embobado mirando las lujosas vestimentas de la pareja de brujos.

'¡Señores Landry!' – Saltó Pomfrey enfadada. – '¡Respeten el silencio!'

'¿¡PORQUÉ MI HIJA NO HA SIDO LLEVADA A SAN MUNGO CON LOS DEMÁS!? ¿¡PORQUÉ HA PERMANECIDO EN ESTA POCILGA RODEADA DE TANTOS…'

'Cassandra, compórtate.' – La cortó Christopher Landry. – 'Debe haber habido un grandísimo error y por ello Anthea ha permanecido aquí.' – Miró a Pomfrey y a Minerva McGonagall que acababa de llegar para ayudar a su compañera. – 'Deseo hablar con el director Albus Dumbledore.' – Fue una exigencia.

'El director Dumbledore aún no ha regresado. Está atendiendo varios asuntos en el Ministerio, como usted ya debe saber.' – Contestó McGonagall cortante. – 'Si desean hablar pueden hacerlo conmigo. Soy la subdirectora.'

Cristopher Landry se giró hacia la elfina.

'Encárgate de que a tu ama no le falte de nada mientras nos la llevamos de aquí.'

La elfina se desapareció en un catacrac que volvió a escucharse al fondo de la enfermería. Se oyó a Anthea exclamar el nombre de su elfina con sorpresa. Christopher Landry dio dos grandes zancadas para acercarse a McGonagall. Siendo él verdaderamente alto, quedó muy por encima de la subdirectora, a la que miró con superficialidad desde arriba. Minerva McGonagall retrocedió hasta que sus miradas quedaron a la misma altura.

'¿En qué puedo ayudarle, señor Landry?' – Preguntó con acidez.

'¿Porqué mi hija no ha sido trasladada a San Mungo?' – Continuó exigiendo.-'¿Porqué se le avisó antes a mi hijo William que a mí, lo que le había ocurrido a mi hija Anthea?'

'Se avisó primeramente a William Landry por criterio del director Dumbledore. Supongo que su hijo ya le ha puesto al corriente de cómo dividimos a los heridos y las razones.' – Se limitó a responder McGonagall.- 'Por esas razones Anthea Landry no fue trasladada a San Mungo.'

La tensión del momento se hubiera podido cortar con el filo de una navaja. Los Landry no eran gente cualquiera, eran importantes, poderosos y…peligrosos. No convenía llevarles la contraria. Todo el mundo en la enfermería, a excepción de los Evans, se dio cuenta de la bomba de relojería que podía llegar a estallar.

'Esas razones están equivocadas.' – Murmuró entre dientes Christopher Landry.- 'Mi hija debería estar en San Mungo.' – Las aletas de la nariz se le dilataban revelando su enojo.

'Su hija está dónde le corresponde y si hubiera podido elegir cuando se derivaron a los heridos, estoy completamente segura de que hubiera elegido Hogwarts.'

'¡Está cometiendo una grave equivocación, subdirectora McGonagall!'

'Crea lo que quiera, señor Landry. No seré yo la que le obligue a creer en una mentira.' – Espetó McGonagall y de fondo se oyó a Sam carcajearse por el acertado comentario. – 'Pero le aseguro que su hija está en el lugar correcto. Los hechos lo prueban.'

'¿Qué hechos?' – Preguntó mordazmente el padre de Anthea.

'Su hija se sacrificó por un compañero de su misma casa.' – Explicó McGonagall.- 'Podemos decir que casi dio la vida por él.'

'¿¡ME ESTÁ DICIENDO QUE MI HIJA VALORA MENOS SU VIDA QUE LA DE UN MALDITO TRAIDOR, UN MESTIZO O UN SANGRESUCIA!?' – Chilló la madre de Anthea fuera de sí y se giró hacia los demás. – '¿¡QUIÉN TIENE LA CULPA DE QUE MI HIJA ESTÉ ASÍ!? ¡LO PAGARÁ MUY CARO!' – Entonces se acordó de algo y con una expresión de horror se giró hacia su marido otra vez. – '¡EL MESTIZO CON EL QUE SE BESÓ! ¡LO QUE NOS DIJO EL HIJO DE DEVOIR! ¡DEBE HABERLE SALVADO LA VIDA A ESE ASQUEROSO!'

Las puertas de la enfermería volvieron a abrirse y dos muchachos atrajeron la atención de todos los de allí. Se trataba de un hombre joven y un adolescente, extremadamente guapos y rubios los dos. Vestían también exquisitamente y no tardaron en plantarse frente a la pareja de brujos, la jefa de Gryffindor y la enfermera.

'Mamá por favor, baja la voz.' – Pidió William Landry muy seriamente.- 'Se te oye desde los jardines. Ten un poco de respeto.' – Bufó irritado y añadió:- '¿Qué más da dónde esté Anthea? Lo importante es que ella está viva y que se va a recuperar.'

'Gracias a una compañera de su misma casa e hija de muggles.' – Apuntó McGonagall.

'Mi hija se recuperará en casa.' – Sentenció Christopher Landry. – 'No rodeada de todos estos…'

'Papá, yo no hablaría así sin haber escuchado a Anthea antes.' – Le cortó su hijo mayor.- 'Puede darte una sorpresa.'

'No es conveniente que su hija Anthea sea trasladada en su estado.' – Expuso la enfermera Pomfrey, pues los medimagos estaban sin habla. – 'Está débil y los medimagos han ordenado que no se mueva bajo ninguna circunstancia.'

Los señores Landry le lanzaron una mirada de reproche a Pomfrey. Antes de que sus padres pudieran volver a abrir la boca, William Landry se les adelantó.

'Si lo deseáis puedo pedirle a Ayleen que venga a tratarla personalmente. Podemos retrasar nuestro traslado a Francia.'

'Que tu prometida mestiza se quede donde está.' – Replicó con desdén su madre. –'Suficientes desgracias ha traído ya a esta familia…'

William Landry estuvo a punto de rebotarse, pero una mirada furibunda de su padre le impidió poner en evidencia a su madre delante de tanta gente. El hijo menor de los Landry, Eric, se dirigió a la enfermera:

'Disculpe, ¿podría ver a mi hermana, por favor?' – Preguntó educadamente.

'Por supuesto. Siempre que respete las normas de la enfermería podrá permanecer cerca de ella.' – Asintió la enfermera.

'Muchas gracias. ¿Will me acompañas?' – Preguntó Eric Landry girándose hacia su hermano mayor. – 'Quiero verla.'

'Nosotros también vamos.' – Se adelantó su padre poniéndole una mano en el hombro.

Pomfrey se giró con una mueca de disgusto, pero no tuvo más remedio que acceder. Con Pomfrey a la cabeza, los señores Landry y sus hijos avanzaron por el pasillo de la enfermería entre miradas de desprecio. Cuando los Landry llegaron a donde los Potter, Eric Landry le sonrió a Sirius Black y al momento se llevó una cachetada en la nuca de su madre. Se frotó la nuca dolorido, pero se sintió mejor al ver que Sirius le sonreía también. Christopher Landry saludó con la cabeza a los Potter y Charlus saludó a su vez con expresión seria solo por cortesía. Dorea n i siquiera les dedicó una mirada.

Al desaparecer la familia Landry tras la cortina, estalló un ensordecedor murmullo repleto de palabras airadas, indignadas y de desprecio hacia los patriarcas de la familia Landry.

Anthea les estaba esperando cuando entraron. Estaba sentada en la cama, con la espalda recostada en un montón de mullidas almohadas que su elfina Betty le acababa de poner. Cassandra Landry emitió un gemido cuando vio el vendaje de la cabeza de su hija y el brazo escayolado y fue corriendo a abrazarla. Anthea le dedicó una mirada airada a su padre por encima del hombro de su madre. No estaba como para fingir que allí no pasaba nada, lo que había escuchado gritar a sus padres no la había dejado indiferente y esta vez no lo iba a ocultar.

'Mamá, tengo que hablar con vosotros.' – Espetó mordazmente Anthea.

Cassandra Landry se separó de su hija al notar el tono de enfado de su voz.

'Lo sé tesoro. ¡Sé que estás enfadada porque no te han llevado a San Mungo! ¡En esta escuela son todos unos incompetentes!' – Empezó a decir su madre indignada. – 'Tu padre y yo hemos decidido que te recuperarás en casa. Contrataremos a varios medimagos que te controlen las 24 horas del día y de…'

'No estoy enfadada porque esté en Hogwarts.' – La cortó Anthea y agradeció encontrarse mejor que la noche anterior. Necesitaba que el mensaje les quedara claro a sus padres y eso solo se cumpliría si hablaba con su fortaleza característica. – 'Os he oído.'

Christopher Landry le dedicó una mirada irritada a su hijo mayor, como si él fuera culpable de algo y luego volvió a mirar a Anthea.

'Tienes muchas explicaciones que darme, Anthea. Te dije que te salieras de los Sangre Pura para que no acabaras así.' – Se limitó a decirle su padre con expresión seria y enfadada. – 'Me desobedeciste.'

'No te desobedecí.' – Negó Anthea. – 'Nunca estuve en los Sangre Pura. Nunca he sido partidaria de lo que ellos hacen en la escuela.'

'¿¡Qué quieres decir!?' – Preguntó alarmada Cassandra Landry separándose de ella.

William Landry caminó hasta su hermana rápidamente y preocupado le dijo:

'Ahora no, Anthea.' – Le susurró.- 'No es el momento.'

'Pues yo creo que sí.'

'¿Porqué razón estás así entonces?' – Exigió saber Cristopher Landry.

Anthea comenzó a respirar agitadamente a causa del enfado. Odiaba que le exigieran nada y su padre solo parecía saber hablarle así. Anthea apretó los labios con rabia y decidió dejar de esconder sus verdaderos pensamientos a sus padres.

'Papá, ya hablaréis de eso cuando Anthea se recupere.' – Intervino Will antes de que su hermana cavara su propia tumba. – 'Podréis hablarlo en casa.'

La respuesta por parte de Christopher y Anthea Landry fue automática:

'No.'

Will bufó contrariado y se sentó al lado de su hermana Anthea, en la camilla. Apenado miró a su hermano pequeño, Eric. Hubiera querido ahorrarle lo que estaba por venir, pero ni su hermana ni su padre se caracterizaban por su paciencia.

'Creo en la igualdad. Los hijos magos de muggles son tan dignos de estudiar magia como yo.' – Cassandra Landry dio un respingo, pero Anthea prosiguió.- 'Odiaba profundamente lo que hacían los Sangre Pura en Hogwarts y luché en su contra el pasado amanecer. Por eso estoy así. Desde el principio…' – Anthea miró con dureza a su padre que se había puesto una máscara de impasibilidad. – '…estoy en el bando de Dumbledore. Si eres tan cercano como dicen a ese Ryddle, supongo que estarías enterado de que los Sangre Pura creían que había un traidor entre ellos.'

'No…' – Murmuró su madre con pánico. – 'Anthea, tesoro…'

'Yo era la espía.' –Anunció Anthea con orgullo. – 'Yo era la traidora.'

La máscara de Christopher Landry se resquebrajó. El patriarca de los Landry compuso una mueca de disgusto aterradora que pocas veces sus hijos y mujer habían visto en él.

'¿¡CÓMO TE HAS ATREVIDO, TREMENDA ESTÚPIDA!?'

William Landry se puso delante de su hermana instintivamente cuando su padre sacó la varita. Sin pensárselo dos veces, Landry padre embrujó a su hijo y lo lanzó hacia un lado, rasgando una de las cortinas. Los presentes en la enfermería vieron salir despedido al hijo mayor de los Landry y estrellarse contra un armario.

Cassandra Landry se desplomó sin sentido y antes de que tocara el suelo su hijo menor, Eric, la sostuvo. El pequeño de los Landry la dejó en el suelo inmediatamente cuando vio a su padre dirigirse hacia su hermana. Corrió hacia él y le saltó encima. Había visto lo que su padre le había hecho a su hermano Will cuando anunció que se iba a casar con una mestiza y no quería que también lastimara a su hermana.

'¡Para papá!' – Le gritó. Forcejeó durante un instante y consiguió quitarle la varita.

La cortina que daba con la habitación de James Potter se descorrió de golpe revelando a los Merodeadores y a sus familiares que miraron con horror la escena. Christopher Landry se quitó de una sacudida a su hijo Eric y Sirius Black lo cogió antes de que lo estampara contra la silla que había allí.

Entre una multitud de gritos Anthea le vio venir. La invadió el medio cuando su elfina Betty se plantó delante de ella para defenderla de su padre:

'¡No tocará a la señorita Anthea, amo!'

Christopher Landry alzó la mano hacia la criatura, pero Anthea se le adelantó:

'¡Betty te ordeno que te vayas a casa ya!'

La elfina se desapareció agonizando por no poder proteger a su ama. Anthea vio a mucha gente moverse a la espalda de su padre con rapidez, pero no con la suficiente. Su padre avanzó hacia ella con la mano alzada y le giró la cara de un bestial bofetón. Anthea rodó impulsada y al llegar la borde de la cama supo que se estamparía contra el suelo. Cerró los ojos sabiendo que aquello iba a doler, pero no chocó contra el duro suelo, sino contra algo más blando. Aún así gimió de dolor.

Los gritos y la conmoción se hicieron dueños de la enfermería. Anthea abrió los ojos al oír tremendo escándalo. Había mucha gente en la destrozada habitación y todos gritaban. Anthea notó el sabor a óxido de la sangre y se llevó la mano a los labios.

'Anthea, ¿estás bien?'

'Remus…' – Murmuró Anthea asombrada al ver que era él quién había impedido que se diera de bruces contra el suelo. – 'Sí…Estoy bien.'

Hubo más gritos y Anthea vio a Charlus Potter y a otro hombre que no conocía tratando de frenar a Christopher Landry. Minerva McGonagall comenzó a gritarle a su padre que se marchara de Hogwarts sin contemplaciones y Dorea Potter se unió a ella gritando a pleno pulmón. Anthea buscó a sus hermanos asustada: Will se estaba levantando con ayuda del hermano de Sam y otro hombre y Eric estaba con Sirius. Hubo más gritos y Anthea vio por las raídas cortinas a Axel luchando por zafarse de su hermano Darren consumido por la rabia e insultando tremendamente a su padre. La invadió una oleada de pánico. No quería ni imaginarse lo que podía llegar a hacer su padre contra la familia de Axel si él llegaba a oír lo que Axel le estaba gritando o si se enteraba de que él era su novio mestizo. Por suerte, Lily y Sam ya estaban ayudando a Darren, pues Sam tenía una idea de cómo se las gastaba Christopher Landry con la gente que no era de su agrado y sabía que había que parar a Axel.

Cassandra Landry se recuperó y se unió al jaleo, defendiendo con coraje a su marido y gritándole como una histérica a la madre de Ió. La cosa se estaba poniendo realmente fea conforme pasaban los segundos y Anthea cada vez estaba más atemorizada por las represalias que pudiera tomar su padre en contra de todos aquellos que la estaban protegiendo de su ira. De repente, entre todo el bullicio y todas las voces se oyó una clara y poderosa:

'¡DETÉNGANSE!'

Albus Dumbledore irrumpió en la enfermería poniendo fin a aquel caos. En unos escasos minutos el director Dumbledore puso orden e invitó a macharse a los padres de Anthea. Él mismo salió de allí con los señores Landry. En el momento en que los padres de Anthea abandonaron la enfermería de Hogwarts, todo volvió a estar tranquilo.

El arrullo de todas las conversaciones volvió a inundar la enfermería.

Remus depositó a Anthea en la camilla y se marchó cuando Will y Eric Landry regresaron para hablar con ella. Unas cortinas nuevas fueron conjuradas al instante por Pomfrey.

'Estúpido…' – Farfulló Anthea mientras se limpiaba con una toalla la sangre del labio. – 'Después de esto no pienso pisar su casa nunca más.'

'Le acabas de decir que eres una traidora a la sangre, Anthea. ¿Qué esperabas? Por eso te he dicho que no era el momento. Es una suerte que no te haya desheredado y desterrado de la familia como han hecho los Black y lo Hewitt con Sirius y Sam.' – Terció Will y se quedó unos segundos pensativo.

'No me importaría que lo hubiera hecho.' – Masculló Anthea. – 'Estúpido imbécil… ¿¡Cómo se ha atrevido a ponerme la mano encima!?'

'Papá te perdonara cuando se le pase. Te quiere más de lo que imaginas, pero ha sido un golpe muy duro para él. Se lo venía avisando con indirectas para que el disgusto fuera más suave…Pero no me quiso creer.' – Suspiró. – 'Mamá no soportará estar enfadada contigo. Ni aunque decidieras casarte con un muggle o te gastaras toda su fortuna se enfadaría contigo.' – Le dijo Will encogiéndose de hombros. – 'Además, papá me perdonó después de que nos peleáramos porque decidí casarme con Ayleen y eso que yo no soy su hijo preferido.'

'Yo no pienso perdonarle esto.' – Replicó Anthea con la toalla sobre el labio.

'Yo tampoco lo he hecho.' – Respondió Will señalándose una diminuta cicatriz en la cara. – 'Tranquila, el año que vienes cumples la mayoría de edad. Si no quieres venirte a Francia conmigo y con Ayleen te buscaremos un piso en Londres.'

'Esa idea me gusta.' – Anthea sonrió por fin. – '¡Mi propia casa con solo diecisiete años!'

'Pues te podrías venir a Francia conmigo y con Will.' - Murmuró Eric de morros.

Anthea sonrió enternecida y abrazó a su hermano menor. Las cortinas de la habitación de Anthea se descorrieron y Axel Lance asomó la cabeza con precaución y miró de reojo a los dos hermanos de Anthea. Anthea levantó la cabeza y sonrió al verle.

'Pasa Axel…' – Señaló a Will y a Eric. – 'No te comerán. Son de los nuestros.'

Axel caminó directo hacia ella y la abrazó con fuerza. Anthea dejó la toalla con sangre a un lado y le rodeó con su brazo bueno. Durante unos segundos se quedaron abrazados en silencio y con los ojos cerrados.

'Anthea, siento lo que acaba de pasarte.' – Se separó lo justo para mirarla a los ojos.

'Estoy bien, amor. Te quiero.' – Le besó dulcemente en los labios y se giró hacia Will y Eric con una sonrisa radiante. – 'Eric, Will, este es Axel Lance. Mi chico.'

Axel estrechó la mano de los dos hermanos de Anthea con una sonrisa ilusionada que fue correspondida por los dos hermanos de su novia. Después, un poco colorado se volvió hacia Anthea.

'Esto…yo también quería presentarte a alguien.' – Murmuró algo incómodo. – 'En realidad no pretendía hacerte pasar por esto tan pronto y sobretodo después de lo que acabas de pasar…pero mis padres insisten en conocer a la chica a la que le cayó el árbol en mi lugar.' – Axel se rascó la nuca. – '¿Te importa? Quieren darte las gracias.'

Anthea se puso roja como un tomate y miró con pánico a Axel.

'¿¡Q-qué!?' – Chilló nerviosa y al momento comenzaron los característicos temblores de ella. – 'Axel… ¡Necesito una semana al menos para prepararme psicológicamente! ¡Por no hablar de mi aspecto!' – Chilló histérica.

'Pensaban pasarse en unos días, te lo prometo. Pero es que Darren se ha ido de la lengua y les ha dicho que eres mi novia y ahora están insoportables.' – Farfulló con algo de enfado y miró a Anthea con expresión culpable. – 'Lo siento…de verdad.'

Se oyeron pasos acercándose hacia ellos y Anthea miró con horror a sus hermanos en busca de ayuda. ¡Si ella pudiera ya hubiera salido corriendo! Pero Eric no veía nada malo en que a su hermana le presentaran los padres de su novio con dos malditas escayolas, una venda en la cabeza, un labio reventado por su padre, unas ojeras de kilómetro y en pijama… Will simplemente lo estaba disfrutando de lo lindo, sabiendo lo importante que era para ella estar perfecta y dar buena imagen. Anthea miró a Axel horrorizada cuando una mano agarró la cortina.

'Te mato.' – Le vocalizó a su novio justo antes de esbozar una grandiosa sonrisa a una bruja que tenía toda la pinta de ser su madre.

La presentación de Anthea a la familia de Axel no fue la única situación extremadamente incómoda que tuvo lugar en la enfermería después del terrible suceso con Christopher Landry. Lily había dejado un momento a sus padres con Sam, su hermano y su mujer para poder ver a James. Los padres de Lily no tenían ni idea de que su hija pequeña tenía un romance con uno de los chicos de allí, pues Lily solía callarse aquellas cosas desde que su padre le puso tantas trabas al novio de Petunia cuando ella le presentó a la familia.

Encontró a los padres de Peter y Remus charlando en el pasillo y supuso que los de James y sus amigos estarían allí dentro con su novio. Nada más poner un pie dentro de la habitación de James se armó la de los mil demonios:

'¡Pelirroja!' – Gritó Dorea Potter y la estrujó en un abrazo. – '¿Has venido a ver a mi niño? ¡Oh! ¡Ya me ha dicho Remus que te debo a ti que mi rey siga aquí con nosotros! ¡No sabes cuanto te lo agradezco!'

Atrapada por la madre de James, Lily pudo distinguir las roncas carcajadas de Sirius entre el chorro de palabras de agradecimiento que le dijo Dorea Potter.

'¡Bueno mamá! ¡Ya vale! ¡Deja a Lily en paz!'

La madre de James no la soltó, mientras que según su costumbre, le respondía a su hijo.

'Vamos Dorea, vas a hacer que la pobre chiquilla se sonroje tanto como la otra vez.'

Lily reconoció la voz del padre de James. De fondo, Sirius seguía riéndose y a él se le habían unido Peter y Remus. Dorea le plantó un sonoro beso en la mejilla antes de soltarla. El padre de James se le acercó con una sonrisa.

'Perdona a mi mujer, Lily. Nunca logro pararla a tiempo.'

'Oh, no importa. Todo está bien.' – Replicó Lily con una sonrisa.

'¡EH! ¡Todos fuera!' – Empezó a gritar James. – '¡Soys tantos que no puedo ni verla!'

Charlus consiguió sacar a su mujer al pasillo junto a las otras dos familias y Remus, Peter y Sirius se pasaron a la habitación de Peter y corrieron la cortina para darles más intimidad.

James y Lily se encontraron. Sus miradas se clavaron la una en la otra en el instante en que quedaron solos.

'Te he echado de menos.' – Le dijo James con una cálida sonrisa.

Lily fue al reencuentro de James y se dejó arropar por sus brazos.

'No me apretes contra ti.' – Le dijo Lily seriamente. – 'Si se te vuelve a abrir alguna herida no vendré a verte hasta que estés recuperado completamente.'

Inmediatamente James aflojó el abrazo. Lily era capaz de cumplir con lo que había dicho y él no soportaba ya estar lejos de ella. La prefecta le sonrió y hundió la cara en su cuello, una de las pocas partes del cuerpo que tenía intactas.

'Te amo, Lily.' – Susurró James contra sus cabellos.

Lily levantó la cabeza y le miró a los ojos intensamente. Poco a poco fueron cubriendo la distancia que separaba sus labios y finalmente comenzaron con un suave beso. Lily no quiso profundizar para no provocar a James y que eso les hiciera volver a la situación de la mañana, pero antes de le diera tiempo a sellar el beso, las manos de James le cogieron la cara y su lengua le rozó el labio inferior. Lily no se pudo resistir y al abrir la boca la lengua de James se coló en ella y comenzó un beso que consiguió cortarles la respiración a los dos.

'¡Menos besuqueo!' – Gritó Sirius desde el otro lado, que al ver que se habían quedado en silencio imaginaba lo que estaban haciendo. – '¡Evans vas a tener que volver al Manantial como te pases de la raya!'

'Sirius, haz el favor.' – Se oyó decir a Remus. – 'Déjales en paz.'

James gruñó enfadado y Lily aprovechó para poner fin al beso.

'¡Canuto cierra la puñetera boca!' – Le gritó James fastidiado, sabía que su madre le estaría escuchando desde fuera y era capaz de entrar para comprobar si lo que estaba diciendo Sirius era cierto o no.

Al otro lado, Peter, Remus y Sirius estallaron en carcajadas y James comenzó a murmurar por lo bajo. Lily le acarició la mejilla que no tenía dañada y se sentó en la camilla.

'Te amo.' – Susurró y rozó sus labios con los de él antes de que James volviera a las andadas. Entrelazó una mano con el de él y le miró a los ojos. – 'Siento muchísimo que estés así. Me quise morir cuando ese desgraciado te lanzó el conjuro y te dio.' – Le confesó con rabia.- 'No sabes lo mal que lo he pasado…Pensaba que me iba a morir sin ti…'

James la rodeó con los brazos desde atrás y apoyó su barbilla en el hombro de Lily. Las manos de Lily se posaron con cuidado sobre las entrelazadas manos de James, que descansaban en su barriga.

'Tranquila, Lily. Ya ves que estoy perfectamente y es gracias a ti.' – Le besó en el cuello.- 'Sé que fuisteis al Manantial en busca del agua y que acertaste. Gracias por salvarme la vida.'

Notó a Lily encogerse bajo sus brazos y se preguntó que no debería haber dicho.

'Bueno…' – Murmuró Lily con un hilo de voz. – 'Eso se lo dices a Sam. Fue ella la que te dio el agua y te salvó la vida. Yo me escondí en el Balcón de la Primavera y Sirius y Remus tuvieron que venir a buscarme.' – Abrió la boca para decir algo más, pero se calló. James se mantuvo a la espera, con sus labios sellados contra el hombro de Lily. Finalmente Lily prosiguió. – 'Se me escapó la magia otra vez cuando aquel desgraciado te hizo esto…Y bueno…No sé si…' – Tragó saliva. – '…maté a alguien.'

James tardó unos segundos en quitar los labios del hombro de Lily.

'Sinceramente, espero que te hayas cargado a Snape.' – Le confesó James.- 'No te voy a negar que no me importaría que hubieras matado a Snape o a alguno de los otros…Es más, desearía con toda mi alma que así fuera sino supiera que tu te sentirías fatal.'

Lily volvió a estremecerse y James la besó en la mejilla.

'Sé que estás aterrada por si realmente mataste a alguno de esos, Lily. Remus me ha puesto al día.' – Lily giró la cara hacia él y se pudieron mirar a los ojos. – 'Creo que puedes estar tranquila. Ni mi padre ni mi madre han oído nada de ningún fallecimiento y El Profeta tampoco ha dicho nada aunque nuestra noticia ocupaba la portada. Así que no te martirices, ¿vale?' – Retiró los brazos de su abdomen y la obligó a girarse hacia él para poder cogerle el rostro con las vendadas manos. Pegó su frente a la de ella y le dijo poniéndose serio. – 'Y no me hace ninguna gracia lo que he oído decir que tú decías anoche sobre que querías desaparecer y cosas de ese estilo.' – La miró fijamente a los ojos.- 'Nunca vuelvas a decir algo así, Lily. Se me revuelve todo solo de pensar que quisieras eso. Realmente me moriría si desaparecieras o te pasara algo malo.'

'Ya no pienso así, James.' – Susurró Lily con una sonrisa dulce.

'Ojalá hubiera podido estar contigo.' – Bufó James pasándole los brazos hasta volver a entrelazar sus manos en la espalda de Lily.- 'Me da muchísima rabia.'

'Tú estabas con un pie aquí y otro en el más allá, suficiente tenías.'

'Sí pero…Tu siempre estás por los demás… ¿Recuerdas que un día te dije que yo estaría para ti el día que necesitaras ayuda?' – Le dijo James algo enfadado. – 'Pues bien, para un día que tu te hundes…'

'James no seas crío. Era imposible para ti ayudarme.' – Lo cortó Lily rodando los ojos. – 'Vamos, todo da igual ahora.' – Lily le besó en los labios suavemente. – 'Si quieres ayudarme hazme el favor de recuperarte y ponerte bien, ¿vale?' – Y al oído le susurró para arrancarle una sonrisa. – 'Es difícil tenerte tan cerca y tener que resistirse…'

James sonrió travieso y la besó con fuerza.

'Me portaré bien, Lily. Todo sea por una rápida recuperación.' –Dijo riendo divertido.- 'Oye, perdona a mi madre. Es una impaciente y no puede estarse quieta ni un momento.'

'Eso me recuerda a alguien.'

James rió e hizo fuerza con los brazos para pegarla más a él. Al dirigirle Lily una severa mirada se detuvo y decidió cubrir la distancia con sus labios. Lentamente, Lily y James cerraron los ojos y justo iban a besarse cuando oyeron decir fuera:

'¡Hola! ¿Son ustedes los señores Evans?'

James y Lily abrieron los ojos de par en par al oír a Dorea Potter.

'Sí, yo soy Brooke y este es mi marido Charlie. Somos los padres de Lily Evans.'

Lily y James se miraron horrorizados cuando Dorea soltó una risita.

'No, no, no, no…' – Comenzó a decir James con pánico y trató de levantarse, pero se dejó caer dolorido.- '¡PAPÁ NO LA DEJES!' – Chilló mientras se retorcía de dolor en la camilla.

Afuera se oyó al padre de James decirle a su mujer:

'Dorea, cariño…'

'¡Déjame Charlus!' – Le cortó Dorea muy animada. – '¡Encantada de conocerles señores Evans!'

Lily tomó conciencia de lo que Dorea Potter pretendía hacer, pero ya era demasiado tarde.

'Somos los Potter, Dorea y Charlus para servirles. Los padres de James Potter, el novio de Lily, su hija.' – Aclaró.

La boca de Lily se deslizó hasta el suelo y sus mejillas comenzaron a teñirse de rojo. Lily se giró hacia James y vio a este pasarse una mano por la cara, desesperado.

'¿T-tú m-madre acaba de presentarse a mis padres como la madre de mi novio?' – Preguntó con un hilo de voz.

'Sí, Lily…'

Lily se sentó en la camilla de James y comenzó a abanicarse con una revista que había por allí. El corazón amenazaba con salírsele del pecho y el sonrojo iba en aumento.

'Lily, cariño, ¿estás bien?' – Le preguntó James preocupado por que a su pelirroja parecía estar a punto de darle un ataque. – '¿Llamo a Pomfrey?'

'Ni siquiera imaginaban que tenía novio…' – Murmuró Lily al borde de la histeria.- 'Me van a matar…'

Para acabarlo de redondear se oyó descorrer una de las cortinas y la voz de Sirius dijo riendo:

'Y bueno, ahora que lo padres ya se conocen, ¿para cuando la boda?'

La revista se le cayó a Lily de las manos. James supo que si se hubiera podido mover, Sirius hubiera muerto en ese mismo instante.

Albus Dumbledore regresó más tarde para hablar con cada uno de los heridos y familiares. Después de cariñosas despedidas y ruegos para que los jóvenes se centraran solamente en sus estudios y olvidaran lo que ocurría fuera, los familiares abandonaron la enfermería para la hora de cenar. Fue por orden de Madame Pomfrey, pues si hubiera sido por los padres y hermanos, se hubieran quedado toda la noche también.

Tras la habitual sesión de reconocimiento médico a cargo de los medimagos de San Mungo, la toma de las múltiples pociones y la cena, el director de Hogwarts les llamó para reunirse en las tres habitaciones de los tres más graves. Habían quitado la cortina que separaba la parte de James con la de Anthea para que cupieran todos: unos estaban sentados en sillas y otros habían invadido literalmente las dos camillas de los enfermos. Por ejemplo, Axel estaba tumbado en la camilla con la espalda descansando en la pared y Anthea apoyada en su pecho. Lily sintió hervir la sangre en sus venas cuando entró y vio a Sirius acomodado en la camilla de James, con las manos en la nuca y casi sin dejarle espacio a su novio.

'¡Tú!' - Le gritó sin compasión. – 'Saca tu culo de aquí.'

'Eh Lily, si te quieres tirar a James te esperas a que esto quede despejado.' – Le respondió él esbozando una sonrisa burlona.

Peter, Anthea y Axel empezaron a reír por el comentario y Lily se abalanzó sobre Sirius y le agarró del cuello de la camiseta.

'Salte de aquí ahora mismo o te juro que lo que te hizo Mulciber serán cosquillas al lado de lo que te haré yo.' – Masculló entre dientes Lily. - '¿Ha quedado claro?'

Sirius se soltó de la prefecta y tras lanzarle una mirada fulminante se salió de la camilla de James. Las carcajadas de los demás se oían desde el pasillo. Sam justo estaba entrando cuando vio a Sirius dejarse caer en una silla, refunfuñando por lo bajo.

'¿Qué te pasa?' – Preguntó Sam extrañada.

'Que Lily se quiere tirar a James delante de todos y me ha echado de la camilla.'

Sam arqueó una ceja y miró a Lily. La prefecta estaba poniéndole bien las almohadas a James para que pudiera apoyar la espalda en la pared y James sonreía encantado porque su pelirroja estuviera tanto por él.

'Pues yo no la veo por la labor.' – Replicó Sam en cachondeo.

Lily le lanzó una mirada odiosa a Sirius y después le explicó a Sam tranquilamente.

'Sirius se había apoderado de la camilla de James y con lo bestia que es, es capaz de darle un golpe y hacer que se le abra alguna herida.'

'Ya, como tú esta mañana. Que todos hemos escuchado los pitidos, querida Lily. Aunque dudo que tú se lo hayas hecho con un golpe.' – Contraatacó Sirius sonriendo socarrón.

Casi pudieron oír rechinar los dientes de Lily. James decidió intervenir antes de que Lily decidiera cumplir con sus amenazas y lo dejara sin su buen amigo Sirius. La prefecta no estaba de humor después del comentario que había soltado Sirius cuando Dorea Potter les dio la noticia los padres de Lily de que su hija tenía novio y que ella era la madre.

'Canuto, suficiente.' – Lo cortó James intentando sonar serio y agarró a la pelirroja del brazo y la atrajo hasta que la tuvo sentada en su camilla y pudo rodearla desde atrás con sus brazos. – 'No le hagas caso, Lily.' – Le dijo a su chica dándole un beso en la mejilla.- 'Está celoso porque lo has echado de mi lado.' – Añadió con una sonrisa burlona dirigida a Sirius.

Sirius estalló en carcajadas. Ya estaba empezando a maquinar para seguir chinchando a Lily, cuando Sam se le sentó en el regazo y ella pasó a ser lo más importante y digno de atención. Sirius y Sam se miraron intensamente a los ojos antes de besarse. Kaienne entró secándose el cabello mojado con una toalla, pues acababa de darse una ducha en el baño de la enfermería.

'¡Axel!' – Exclamó Sam con emoción. – '¿Crees que estaremos fuera para el sábado?'

'Eso espero.' – Contestó él. – 'Quiero ver el partido de Ravenclaw contra Slyhterin.'

'¡Eh! ¡Eh!' – Los detuvo Anthea algo indignada. – '¿Y qué pasa con James y conmigo?'

'Cariño, es imposible que tú y James estéis fuera el sábado.' – Le dijo Axel dulcemente. – 'Sam y yo ya nos vamos a tener que pelear un montón con Pomfrey y los otros tres para que nos dejen salir…'

'Pues yo tengo que ver ese partido como sea.' – Dijo James totalmente convencido. – 'Tengo que estudiarme el juego de Slytherin, ver todas las jugadas que hacen…'

'Tú no te vas a mover de aquí.' – Lo cortó Lily.

Remus salió del baño masculino de la enfermería revolviéndose el cabello para tratar de secárselo con mayor rapidez. Verdaderamente era un fastidio no tener la varita a mano para cosas tan simples como esa. Pasó por delante de la habitación de Ió y se preguntó si ella seguiría allí o si ya estaría con los demás. La respuesta le llegó en el instante en que Ió descorrió la cortina, salió con la silla de ruedas a toda pastilla y le atropelló. El golpe no fue muy duro, pero sirvió para que Remus trastabillara y cayera al suelo y la silla de Ió volcara llevándosela a ella también.

'Ouch…' – Ió gimió de dolor por su pierna rota. Al ver que había alguien más en el suelo, comprendió que acababa de llevárselo por delante. Se puso roja de vergüenza.- '¡Perdón! ¡Ha sido culpa mía!' – Se disculpó rápidamente. – '¡No te había vis…'

Ió se quedó sin habla al ver que era Remus el que estaba allí tirado en el suelo, mirándola tan parado o más que ella. Ambos se quedaron pasmados al verse, sin saber que hacer. Desde que habían hablado la noche anterior no se habían dirigido la palabra y ambos, aunque más por parte de Remus, habían marcado entre ellos una distancia abismal.

'L-lo siento.' – Murmuró Ió agachando la cabeza. – 'No la controlo aún…'

'Tranquila.' – Replicó él y sonrió con nostalgia.

Remus acababa de recordar el día en que chocaron en el pasillo. Fue de aquella manera como todo comenzó. En silencio se levantó y se sacudió la ropa. Cogió la silla de Ió y la puso recta. Fue entonces cuando cayó en la cuenta de que iba a tener que ayudarla a sentarse en ella.

'E-esto…' – Balbuceó Remus nervioso. – '¿Quires que te ayude o…'

'¿O llamas a otra persona, no sea que me dé asco que me toques?' – Acabó ella mirándole a los ojos irritada. – 'No, Remus. Si yo no te doy asco, quisiera que me ayudaras tú.'

Remus se quedó sin habla, no sabiendo si tomarse aquello para bien o para mal.

'Oh, porras…' – Bufó Ió arrepentida al verle tan confuso. – 'Lo siento, Remus. No pretendía ser tan estúpida…'- Se meció el cabello y dijo con frustración. – 'No estoy muy bien desde que hablamos y bueno…tu ya sabes lo idiota que puedo llegar a ser.'

Remus se sentó en el suelo a su lado, con una sonrisa, y puso su mano sobre la de Ió. Ió levantó la mirada para posarla sobre la mano de Remus que cubría a la suya. Perpleja porqué era él el que había dado el primer paso y la estaba tocando, miró a los ojos a Remus. Supo que se iba a poner a llorar de felicidad cuando él le sonrió.

'Tú no eres idiota, Ió.' – Le dijo Remus con una sonrisa. – 'Lo que pasa es que yo soy un cobarde y un imbécil. También lo estoy pasando mal.' – Desvió la mirada un momento y frunció el ceño. Estuvo pensando unos segundos y después volvió a mirar a Ió a los ojos. – 'No sé si has decidido ya o no. Me gustaría ofrecerte una tercera alternativa menos radical a lo que hablamos. Que no todo se reduzca a negro o blanco. Si tu quieres, claro.'

'Soy toda oídos.' – Le respondió Ió aún asombrada.

'Verás, realmente no quiero separarme de ti y no te imaginas lo que me ha costado guardar las distancias hoy.'

'¿Coíncido contigo si digo que ha dolido?'

'Mucho.' – Respondió él sonriendo aún más.

'Eso es bueno.' – Ió sonrió por primera vez. – 'Por lo que significa, me refiero.'

Remus asintió para darle a entender que la había comprendido y confiado por la sonrisa de Ió, le apretó suavemente la mano.

'Le he estado dando vueltas…Confieso que tenías tu parte de razón cuando dijiste que era yo el que parecía querer alejarse. En el fondo estaba algo asustado.' – Hizo una pausa y se armó de valor. – 'Mis padres aceptaron mi condición porque son mis padres. Dumbledore siempre está dispuesto a dar una oportunidad a quien sea. Para Pomfrey no se trataba nada más que curar un par de rasguños al día siguiente de la luna nueva. He crecido con James, Sirius y Peter, es como si hubieran estado toda la vida conmigo y adoran el peligro, así que…era de esperar que me aceptaran. Lily es tan buena que es incapaz de dejar de lado a quien sea y Sam funciona por impulsos y por lo primero que se le pasa por la cabeza. Cuando se enteró de mi problema decidió que no le importaba y que para él iba a seguir siendo Remus…' – Remus sonrió al imaginar, por la expresión de Ió, que se estaría preguntando a que venía todo aquello. – 'Pero nunca me había encontrado con que una persona, que fuera mucho más que un amigo, pareciera querer aceptarme.'

'Supongo que es difícil para los dos.' – Ió se encogió de hombros.

'Por eso…' – Remus retiró su mano de la de ella y la miró a los ojos. – 'Te propongo un termino medio durante un tiempo para ver como nos desenvolvemos los dos. No se trata de ignorarnos el uno al otro como si no existiéramos, ni de seguir como antes porque las cosas han cambiado.'

'Ser amigos.' – Resolvió Ió con una sonrisa. – '¿No es eso?'

'Eso es.' – Asintió Remus y le tendió la mano, como para sellar un trato. – '¿Aceptas?'

'Claro que sí.'

Ió y Remus se dieron la mano mientras se miraban sonrientes. Sin duda era lo que ambos necesitaban para comenzar a reestablecer la confianza entre ellos y disipar poco a poco las dudas que tenían los dos. Remus pasó un brazo por la espalda de Ió y el otro por debajo de sus piernas. Ió se agarró a él pasando un brazo por encima de sus hombros. Finalmente Remus y Ió se levantaron con una sonrisa de alegría dibujada en sus rostros.

'¿Iban para la reunión?' – Preguntó una voz a sus espaldas.

'Sí.' – Remus se giró aún sosteniendo a Ió para encararse al director Dumbledore. – 'Es que hemos tenido un pequeño accidente.'

'¿Una colisión?' – Aventuró el director esbozando una sonrisa bondadosa.

'Exactamente.' – Respondieron a la vez y rieron al darse cuenta.

De pie frente a aquellos magullados jóvenes que habían estado velando por la seguridad de sus compañeros de escuela y porque Hogwarts siguiera siendo la ejemplar escuela que era, Albus Dumbledore se inclinó ante ellos y se quitó el sombrero azul que llevaba.

'Gracias.'

Los alumnos se miraron unos a otro entre incómodos y orgullosos. Era realmente intimidante ver a alguien tan importante como su director, el mismísimo Albus Dumbledore, haciéndoles una reverencia. Dumbledore se irguió y sonrió, posando sus bondadosos ojos azules un instante en cada uno de ellos.

'Salvaron a Hogwarts cuando estuvo en peligro y yo estaba demasiado ocupado para hacerme cargo de ello.' – Les dijo con la voz inundada de gratitud. – 'Siempre les estaré agradecido. No crean que en algún momento les abandoné o les olvidé, siempre tuve presente el esfuerzo que esto suponía para ustedes. Sé los dolores de cabeza que esto les ha provocado.' – Miró a Anthea. – 'Y sé lo que han sufrido.' – Hizo una pausa y con voz solemne continuó. – 'Para mí son una referencia ejemplar, un modelo a seguir. Demostraron fuerza, inteligencia, valor y humanidad. La unión que existe entre ustedes se percibe con una simple mirada. Esa amistad…ese amor…Tienen toda mi admiración.'

Dumbledore les sonrió e iba a continuar cuando la cortina de atrás se descorrió de un golpe y apareció una muchacha bajita, de cabellos y ojos castaños, que tenía un leve moratón en la parte izquierda de la cara y andaba con ayuda de una muleta.

'¡ALICE!'

Los que pudieron se levantaron para recibirla.

'Siento la tardanza.' – Dijo entre besos y abrazos de sus compañeros. – 'Pero es que entre el papeleo del alta, la multitud de periodistas, los agentes del ministerio y todo el follón que hay en San Mungo, me ha sido imposible llegar antes.'

Con Alice acomodada y solo después de que le explicaran la batalla, Dumbledore pudo continuar.

'Les debo una multitud de explicaciones y estoy seguro de que ustedes tienen un montón de preguntas, así que será mejor que comencemos si quieren dormir algo esta noche.' – Les miró a todos en general y preguntó: - '¿Quién quiere empezar?'

'Yo.' – Saltó Lily con la mano levantada como si estuvieran en clase. Sus amigos rieron pero ella no hizo caso, estaba demasiado nerviosa y solo quería respuestas. – '¿El Ministerio ha abierto una investigación, verdad?' – Preguntó dejando de lado la pregunta que la estaba matando.

'Exacto. Tuvimos que avisar al Ministerio de que al parecer se había producido una fuerte pelea entre nuestros alumnos. Era imposible mantenerlo en silencio como las otras veces, pues los heridos eran muchos y varios de gravedad. Además, todo Hogwarts se levantó por los ruidos de la batalla.' – El director comenzó a pasearse arriba y abajo, por delante de ellos. – 'En cuanto yo mismo firmé las expulsiones de aquellos Slytherins, los padres y el Departamento de Educación Mágica se me echaron encima por tantas expulsiones y el terrible altercado, así que el Ministro de Magia dictaminó que se abriera una investigación.' – Dumbledore se acercó a la mesita de James, donde había montones de chucherías y chocolates. – '¿Puedo?' – Preguntó señalando las ranas de chocolate.

'Sí, sí.' – Respondió inmediatamente James, divertido por la calma del director ante el enorme lío en que estaba metido Hogwarts y él. – 'Cógalas con total confianza, señor director.'

'Gracias.' – Se la llevó a la boca y la estuvo saboreando durante un par de segundos. – 'Me encantan.' – Aclaró con una sonrisa. – 'Pues bien, durante todo el día de ayer hubo personal del ministerio investigando el lugar del suceso y sus varitas se requisaron para ser sometida a un reconocimiento exhaustivo. Se les devolverán mañana, según me han dado a entender un par de conocidos míos.' – Su sonrisa se hizo más amplia al recordar algo. – '¡Oh sí! También se entrevistaron a los alumnos de Hogwarts para ver si ellos sabían algo sobre porqué se había producido aquella pelea y adivinen qué coincidió en las declaraciones de todos ellos.'

'Sangre Pura.' – Dijeron todos a la vez.

'¡Exactamente! Quise intentarlo, pero veo que fracasé estrepitosamente al intentar ocultarles a mis alumnos lo que ocurría aquí dentro. Me está bien merecido.' – Dumbledore meneó la cabeza y prosiguió. – 'Las entrevistas se hicieron individualmente, de manera que los entrevistados no se juntaran con los que no habían sido entrevistados aún. Al facilitarles a los alumnos los nombres de los que habían protagonizado la pelea, todos dejaron caer el nombre del grupo al ver que había tantos de Slytherin. Muchos les explicaron los ataques que aquel grupo había cometido contra los hijos de muggles y todo aquel que tuviera algo que ver con ellos. También se habló de un grupo de estudiantes que mantenía a ralla a esos Sangre Pura y ellos apostaron por ustedes al oír sus nombres. En cuanto los investigadores vieron que todas las declaraciones coincidían, pasaron a entrevistar a todos aquellos que una vez fueron atacados por los Sangre Pura: Cooper, Mill, Birge, Lawrence…' – Dumbledore citó a todos los jóvenes y al acabar dijo. – 'Seguramente, ustedes tres…' – Miró a Lily, Sam y Axel. – '…también deberán declarar mañana sobre cuando fueron atacados. Las declaraciones serán más que suficientes para dictaminarles como culpables y darle una explicación a la expulsión de esos chicos. Pero supongo que las varitas acabarán de confirmarlo todo. Así que ustedes quedan impunes y podrán continuar sus estudios sin ningún problema en Hogwarts y ellos quedarán expulsados y en manos del Ministerio.'

'¿Los van a mandar a Azkaban?' – Preguntó Peter con los ojos abiertos como platos.

'Lamento desilusionarle, Peter, pero absolutamente todos son menores.'

'Sí, Yaxley y Bellatrix eran los únicos mayores de edad.' – Refunfuñó Alice.

Se extendió un murmullo de fastidio, rabia y reprobación. Por muy terrible que fuera Azkaban, era allí donde deberían estar encerrados.

'De todas maneras, no saldrán impunes.' – Les dijo el director. – 'Y las declaraciones que ustedes hagan mañana servirán para acrecentar el castigo que ellos vayan a recibir.'

La expectativa de que pudieran ayudar en el castigo de los Sangre Pura, les animó a todos. Sirius y Anthea, increíbles intérpretes los dos, comenzaron a simular la tan desgraciada, horrible y dura pelea que les había llevado a aquellos extremos para la declaración. Sus dramáticas declaraciones hicieron reír a los demás.

'Profesor Dumbledore…' – Le llamó Lily con voz trémula. – '¿Murió alguno de ellos?'

Se hizo el silencio. Todas las mirada se clavaron en Lily, pero ella solo podía mirar a su director. Necesitaba la respuesta. James la estrechó aún más contra él cuando Dumbledore dejó de sonreír y se le revolvió el estómago al ver que por la mejilla de Lily caían las lágrimas.

'No, Lily.'

El suspiro de alivio fue general. Lily hundió la cabeza en el cuello de James y se dejó arropar por él, libre por fin de toda aquella angustia y tensión. En un momento todo volvió a ser alegría y felicidad.

'Pero…' – Comenzó a decir Dumbledore mirando a Lily exclusivamente. – '…les ocurre algo muy extraño. Los medimagos de San Mungo están seriamente preocupados.'

'Bah…' – Espetó Sam haciendo un gesto desdeñoso. – 'No importa lo que les pase por muy malo que sea. Se lo tienen merecido.'

'No.' – Negó rotundamente Lily, seria otra vez. – 'Sí que importa. ¿Qué les ocurre?'

'¿Porqué tanto interés, señorita Evans?' – Pidió el director.

'Porque lo que sea que les ocurra es culpa mía.' – Dijo Lily con firmeza y mirando a los ojos a su director confesó: - 'Mi magia se descontrola, profesor Dumbledore y se me escapó dos veces durante la batalla. La última, poniéndole fin a esta, pues…' – Vaciló al recordar la horrible expresión de Snape.- '…los pocos Sangre Pura que quedaban de pie, ya no lo estaban cuando aquello acabó.'

Dumbeldore miró con expresión seria a Lily. Había sido ella a la que se le había descontrolado la magia, la que había lanzado por los suelos a todos los profesores…la que le había traído el recuerdo de Ariana.

'¡Así que fuiste tú la que hizo que no sintiéramos dolor!' – Exclamó Ió asombrada.

La Ravenclaw pasó a ser el centro de atención y Lily alzó una ceja, extrañada.

'¿Cómo?' – Preguntó.

'Tu magia, aquel fenómeno tan extraño, hizo que Sam y yo no sintiéramos dolor.' – Explicó Ió para todos y Dumbledore puso especial atención. – 'Al principio creíamos que estábamos muertas, ¿verdad Sam?'

'Sí y hay algo más…' – Sam reflexionó un momento antes de continuar hablando. – 'Después de lo que hizo Lily os estuve buscando a todos y al darme cuenta de que vosotros dos…' – Señaló a Axel y a Anthea. – '…estabais debajo del árbol, cogí la varita para moverlo y sacaros de allí.' – Sus ojos volaron a los de Lily. – 'No pude. Lo intenté varias veces y no pude. Hasta ahora pensaba que había sido por los nervios y la preocupación, pero durante toda la batalla me sentí así y pude hacer magia sin problemas. Después de que tu magia se descontrolara, era como si la mía hubiera sido anulada.'

El silencio volvió a apoderarse de la habitación. Una vez la batalla había acabado, absolutamente todos habían estado pensando en sus amigos, pues era lo prioritario y habían olvidado que estuvieron expuestos a una magia salvaje y descontrolada. Hasta entonces no se habían parado a pensar en si aquello les había afectado.

'Siempre he roto cosas…' – Murmuró Lily contrariada.

'No toda la magia ha sido descubierta aún.' – Intervino en tono tranquilo Dumbledore. – 'Me gustaría hablar de esto más detalladamente con usted, Lily. Pero creo que puedo darles una aproximada e hipotética, por supuesto, explicación.'

Dumbledore había captado la atención de todos ellos, en especial la de Lily.

'Existe una magia que es más poderosa que cualquier otra. Es magia blanca por supuesto y se mueve por el sentimiento más hermoso que las personas poseemos.' – Hizo una pausa y miró a Lily a los ojos. – 'El amor.'

Sirius no se pudo contener y se le escapó el principio de una carcajada, que fue cortada por una mala mirada de Sam.

'Como usted, Sirius, no muchos lo tienen en cuenta y creo que esa es la razón por la que sea un territorio tan desconocido.' – Le sonrió a Lily y le preguntó amablemente: - '¿Qué deseaba justo antes de que se le escapara?'

'Que terminara.' – Susurró Lily con un hilo de voz al recordar aquel macabro escenario.- 'Que se acabara el daño, el sufrimiento, el dolor y que no hubiera más magia. Solo nos estábamos haciendo daño con ella.'

La sonrisa de Dumbledore se hizo más amplia.

'Su magia hizo un hechizo y tuvo éxito.' – Las caras de asombro hicieron reír al director: - '¿No lo ven? La batalla terminó, nadie quedó en pie en condiciones de luchar. Ió y Sam, las únicas que quedaron en pie no sentían dolor, no sufrían a pesar de sus múltiples heridas y...' – Miró a Sam divertido. – '…les anuló la magia, a todos, para que no pudieran seguir haciéndose daño.'

'¿Puede ser eso posible?' – Preguntó Lily perpleja. – '¿Cómo pude hacer un hechizo si no lo conjuré?'

'Es lo que le decía antes. Es una magia poderosa, desconocida que solo se guía por el amor. En este caso, el amor por todos sus amigos. Quería protegerles del daño y del dolor y eso sucedió. Les protegió.'

James la besó en la mejilla y le susurró con una sonrisa:

'Tonta, en vez de atormentarte como hiciste tenías que haber estado celebrando tu magnífico hechizo.' – La besó en el hombro y sonrió. – 'Eres fantástica, Lily. Te quiero.'

Lily sonrió a pesar de que no las tenía todas consigo. Oyó carraspear a Remus y al mirarle Lily a los ojos y ver su sonrisa supo lo que le quería decir. Lily agachó la cabeza con una sonrisa. Debería haberles hecho caso. Sam le sonrió con cariño desde el regazo de Sirius.

'¿Ves como era imposible que hubieras matado a alguien? Justo hiciste lo contrario. Nos protegiste.' – Sam le repitió las últimas palabras de Dumbledore para que las tomara muy en cuenta. – 'Tú, Lily, nos protegiste.'

'Bueno, en el caso de ellos es valida su explicación.' – Admitió Lily, pero por su tono de voz todos supieron que no era lo único que tenía que decir. – '¿Y en el caso de los Sangre Pura? ¿Cómo les afecté a ellos? Dudo mucho que todo fuera tan bonito y hermoso, porque las caras de Devoir y Snape eran de puro terror.'

Antes de que Dumbledore pudiera contestarle a eso, Ió bufó sonoramente y masculló:

'Teneís una manía de echaros las culpas y sacar lo peor de vosotros que es exasperante.'

Remus estalló en carcajadas, enormemente divertido. Sabía que el comentario también iba para él. Ió ladeó una sonrisa al oírle reír. Sirius, Sam y Lily parpadearon sorprendidos por el buen rollito entre esos dos. ¿Qué había sido de las miradas tristes y la ignorancia mutua entre Remus y Ió?

'Los Sangre Pura tampoco podían usar la magia. Creo que dijeron que Narcisa Black pudo hacer un sencillo hechizo hoy, pero que acabó exhausta. Los medimagos están realmente frustrados porque no consiguen averiguar el porqué. Pero supongo que poco a poco recuperarán su magia.' – Informó Dumbledore.- 'Los agentes del ministerio también están algo frustrados, pero por otra razón…' – Volvió a mirar a Lily. – '¿Había algo más que deseara, que la preocupara o que pensara justo antes de que su magia se descontrolara?'

'Bueno…' – Titubeó Lily tras mantenerse uno segundos en silencio. – 'Tuve miedo…porque estaba segura de que se sabría mi problema y me encerrarían por ser una inestable. Los pocos de ellos que quedaban de pie vieron que algo raro estaba pasando y que yo era la causante…y me aterraba la idea de que luego pudieran contarlo y que entonces me encerraran.'

El director Dumbledore casi saltó de alegría.

'¡Eso es!' – Exclamó con una sonrisa enorme.- '¡Gracias por aclarármelo, Lily! ¡Eso confirma mis sospechas! ¡Me da la razón! ¡Es la prueba!'

'¿Qué prueba?' – Preguntó James por todos.

'¡El hechizo de Lily! ¡No es una simple hipótesis! ¡Les hechizó a todos! Los últimos de ellos que quedaban de pie son incapaces de decir nada sobre los últimos momentos de la batalla. Es como si hubiera alguien embrujándoles con Palalingua.' – Explicó él lleno de júbilo. – 'Puede estar tranquila Lily, nadie tiene ni idea de lo que allí sucedió en los últimos minutos. Solo ustedes y ellos, y al parecer ellos no pueden decir nada.'

El corazón de Remus comenzó a darle sacudidas al darse cuenta de lo que aquello podía significar. Buscó a Sam con la mirada y vio que ella ya le estaba mirando con una sonrisa. La morena apartó la mirada para preguntarle a Dumbledore:

'Nadie además de nosotros sabe que a Lily se le escapa la magia.' – Afirmó ella y Dumbledore asintió. – 'Nadie sabe porqué nos encontrábamos en el bosque aquel amanecer y no en Hogwarts.'

Axel, Anthea y Kaienne se quedaron algo confusos con lo último que había dicho Sam, pues parecía no tener sentido. Pero todos los que estaban al tanto del problema peludo de Remus Lupin supieron porqué había dicho aquello Sam y esperaron sin respirar la respuesta.

'No, señorita Sam.' – Esbozó otra vez una bondadosa sonrisa y preguntó: - '¿Algo más desean saber?'

Los muchachos se miraron unos a otros, pero nadie más tenía qué preguntar. Poco a poco, sumidos en aquel agradable silencio, fueron siendo ya conscientes de que aquello había llegado a su fin. Hogwarts volvía a ser la segura escuela de magia y hechicería que había sido siempre.

'La misión que comenzamos cuando atacaron a Sam y a Lily se ha acabado.' – Dijo James solemnemente, con la voz cargada de fuerza, orgullo y felicidad. – 'Los Sangre Pura han perdido. Hogwarts es nuestro.'

Albus Dumbeldore asintió y Sirius comenzó a aplaudir. Pronto se le unieron los demás y al final acabaron por levantarse aquellos que podían. Unos a otros fueron abrazándose y felicitándose. Celebrando aquella victoria que tanto les había costado conseguir.

Dumbledore les observó emocionado, abrumado ante aquella gigantesca y hermosa amistad.

'Señores, cálmense.' – Acabó diciendo al final.- 'Ya tendrán tiempo de celebrar todo cuando yo me haya marchado y Sirius saque esa botella de Whisky de Fuego que esconde bajo el colchón de su camilla.' – Bromeó el director y ellos rieron y volvieron a guardar silencio. – 'Hay algo que me estoy muriendo por saber. Me pica demasiado la curiosidad.' – Miró a Sam. – '¿Qué les dio a Peter, Anthea y James? ¿Qué fue eso que les salvó?'

'Oh, le dejo el honor de explicarlo a Lily.' – Dijo Sam con una sonrisa orgullosa. – 'En realidad todo fue gracias a ella.'

Albus Dumbledore miró a la sonrojada Lily y después de que ella se girara para darle un suave beso a James en los labios le explicó al director de Hogwarts como había empezado la historia del Manantial, de principio a final. Cuando Lily acabó su relato, aguardó expectante a la reacción de Dumbeldore. El director estaba enormemente asombrado y divertido.

'Vaya…Creía que el Manantial de Goddric Gryffindor era solo una de las muchas leyendas de Hogwarts.'- Musitó, aún digiriendo todo lo que acababa de escuchar. – 'Así que, si no lo he entendido mal, ese agua retuvo la vida de James, Peter y Anthea.'

'Eso es.' – Confirmó Lily. – 'El agua puede hacer dos cosas: quitar la vida, es decir matar. O retenerla, hacer que no se escape, que no se muera si se está perdiendo la vida.' – Lily se dirigió a sus compañeros. – '¿Lo entendéis? Sé que cuesta un poco.'

'Yo no.' – Saltó Peter. – '¿Nos revivió?'

'No.' – Negó Lily armada de paciencia. – 'No estabais muertos, ni tampoco os ha hecho inmortales o algo parecido. Si hubieras estado muerto el agua no habría servido. No puede resucitar a un muerto, lo que hace es que si un vivo está muriéndose, es decir, perdiendo la vida, el agua la retiene.'

Dumbledore decidió intervenir cuando vio la cara de Peter.

'Dígamos, señor Pettigrew, que tenemos un vaso lleno de zumo de calabaza. El vaso le representa a usted y el zumo, que está dentro, representa su vida. ¿Lo entiende?'

'Si no entiendes eso es para darte una paliza, Colagusano.' – Le advirtió Sirius.

'Señor Black, tenga paciencia.' – Le reprendió el director. – 'Si inclinamos el vaso, el zumo empieza a derramarse. Esto representa a cuando usted estaba perdiendo la vida. Pongamos ahora que tenemos una tapadera para este vaso, que representa el agua del manantial. Si tapamos el vaso, el zumo deja de derramarse. Usted deja de perder la vida, deja de morirse.'

Todas las cabeza se giraron hacia Peter y el aludido se sonrojó fuertemente. Al ver la expresión socarrona de Sirius y de James espetó:

'Lo he entendido.'

'¡Gracias Merlín!' – Gritó Sirius alzando las manos al cielo y provocando las risas de los demás.

'Hay algo más sobre todo esto del Manantial, profesor Dumbledore.' – Comenzó a decir Sam y aunque Lily le vocalizó un "No", ella no le hizo caso. – 'Las náyades nos dejaron llevarnos el agua a cambio de que Lily regresara allí. Quieren algo de ella.'

Expresiones de alarma, miedo y mucha preocupación se dibujaron en los rostros de los jóvenes. Lily bufó irritada, pero Sam prosiguió:

'Si Lily no regresa, algo malo les pasará a James, Anthea y Peter. Ellas lo dijeron.'

Dumbledore frunció el ceño y miró a Lily.

'¿Le dieron un plazo de tiempo?'

'Dijeron que no importaba que tardara meses.' – Lily se encogió de hombros. – 'Me dijeron que cuando volviera debía estar recuperada plenamente.'

La cara del director terminó por asustar más a los chicos, en especial a James, que volvió a replantearse incendiar el Manantial, como ya había pensado una vez.

'Si no importan los meses, dejaremos esa visita aplazada hasta el curso que viene y yo mismo le acompañaré. ¿Le parece bien?'

James, Remus y Sam se sintieron un poco más tranquilos. Lily asintió sin poner objeciones.

'Me parece bien, señor director.'

Albus Dumbeldore miró su reloj de muñeca. Se oía el traqueteo del carrito en el que Pomfrey solía traer la cena de los chicos y las pociones acercarse. Dumbledore se levantó.

'Tienen que estar hambrientos y necesitan descansar. Es hora de que marche.' – Les sonrió. – 'Por favor, a partir de ahora, no más escapadas al Bosque Prohibido ni a la sección Prohibida de Hogwarts. ¿No les dicen nada los nombres?' – Bromeó y los chicos volvieron a reír. – 'Sean buenos. ¿Viene Alice?'

Alice se despidió de ellos con besos y prometió bajar a verles a la mañana siguiente. Dumbledore descorrió la cortina y saludó a Pomfrey, que justo estaba a punto de entrar. Antes de que pudiera dar un paso, alguien le agarró de la túnica.

'¡Espere director!' – Exclamó Ió. – '¿Qué ha pasado con Ryddle? ¿No era ayer o hoy cuando se iba a hacer la selección para el nuevo miembro del jurado?'

Se hizo un silencio abrumador. Con la pelea, casi todos habían olvidado que Ryddle estaba a las puertas del Ministerio desde el atentado en King's Cross y el asesinato de juez del tribunal mágico. Ió en cambio, no podía olvidar la razón por la cual su padre seguía en San Mungo sin abrir los ojos. Remus le pasó un brazo por los hombros para reconfortarla y Ió puso su mano sobre la que él tenía en su hombro. La mandíbula de Sirius y Sam cayó en picado hasta el suelo. ¡Aquello era demasiado! Lily y James intercambiaron sonrisas. Sirius miró de reojo a Sam, sospechando que su novia se le debía haber escapado en algún momento.

'No tiene de qué preocuparse, Ió.' – Le dijo el director con expresión tranquila. – 'El Departamento de Investigación del Ministerio y los aurores creen que lo ocurrido en King's Cross con su padre, la muerte de Alfred Dallas y la presentación por los nobles de Ryddle para ocupar el cargo de jurado con sus ideas de la sangre limpia, no son simple casualidad. Para colmo, sucedió en Hogwarts algo muy similar a lo de King's Cross y los implicados eran justamente hijos de los nobles que respaldan a Ryddle…Era una tremenda coincidencia de personas e ideales para ser una simple casualidad.' – Albus Dumbledore sonrió. – 'Los del Ministerio se han dado cuenta de que lo que se oye en la calle no son simples rumores. Han tomado medidas y de momento es imposible que Tom Ryddle acceda al Ministerio por las buenas.'

'Cree que lo hará por las malas.' – Replicó James. – 'Usted apuesta por la guerra de la que nos habló.'

'Ryddle no se va a rendir.' – Murmuró Alice con voz sombría. – 'No es que apostemos por una guerra, James…' – Hizo una pausa y finalizó mirándoles a todos.- 'Ya estamos en guerra.'

La sinceridad de Alice fue un golpe duro para todos. Al fin y al cabo, si que había acabado la guerra en Hogwarts, pero justo acababa de empezar la verdadera guerra allá fuera. Las sonrisas desaparecieron.

'Por suerte…' – Intervino Albus Dumbledore. – '…somos muchos los que estamos en contra de lo que Ryddle pretende y la unión hace la fuerza. Ustedes lo saben mejor que nadie. ¡Oh! ¡Claro! Y también contamos con algo que Ryddle y los Mortífagos no tienen…' – Dumbledore sonrió. – 'La clave para ganar una batalla por muy perdida que esté. El amor.'

Las sonrisas iluminaron otra vez los rostros de aquellos jóvenes.

Kaienne sonrió y su pensamiento voló a su novio Thomas y a su querida familia.

Peter se encontró con las miradas de sus tres mejores amigos, James, Sirius y Remus.

Axel acarició la mejilla de su hermosa Anthea y durante unos segundos se miraron a los ojos. Axel se prometió a sí mismo no permitir que nada más dañara a Anthea, Anthea pensó que por proteger a Axel recibiría tantos golpes como hicieran falta. Suavemente juntaron sus labios.

Ió apretó con más fuerza la mano que Remus tenía sobre su hombro y entrelazó los dedos con los de él. Adoraba aquellos ojos de ambar. Era un licántropo, cierto, pero era Remus y sabía que seguiría amándole tan profundamente como antes. Que poco a poco todo volvería a ser como antes. Remus se inclinó sobre Ió y la besó en la frente. Ella le sonrió y sus hermosos ojos azules brillaron emocionados. Quizás, pensó Remus, si que le estaba permitido amar.

Sam se giró sobre el regazo de Sirius y le acarició el rostro. Sirius la abarcó por toda la espalda con su brazo sano. Perdidos, uno en un abismo negro y la otra en un abismo gris. Una simple mirada entre ellos siempre había bastado. Lo que había sido odio en un principio, se había convertido en un amor fuerte y pasional al final. Los dos rebeldes. El impulso y el pensamiento razonado. La antítesis. Y a pesar de eso encajaban mejor que las piezas de un puzzle. Sam recorrió con su dedo índice los labios de Sirius. No necesitaban una familia, solo necesitaban a sus amigos y por supuesto, el uno al otro. Sirius y Sam se besaron profundamente.

James apretó más a Lily contra él. No le importaban las heridas, la quería cerca, la necesitaba. Y por ello, aunque sus brazos le dolieron al rodearla desde atrás, se aguantó el gruñido de dolor que se le estuvo a punto de escapar cuando Lily se giró en la camilla poniéndose de cara él. Lily le dirigió una mirada severa y James sonrió burlón. Nunca iban a ponerse de acuerdo. Era imposible. La perfecta prefecta y el perfecto gamberro. Había llovido mucho desde aquellas inigualables peleas entre Lily Evans y James Potter en un pasillo del colegio de Hogwarts. Todo había cambiado tanto y a la vez tan poco.

Eran opuestos. Ella el orden y él la anarquía. Ella el límite y él la libertad. La calma y la energía. Pero por muy distintos que eran y por mucho carácter que tenían, se aceptaban, se comprendían, se amaban. Lily sonrió finalmente, rendida ante él y pegó su frente a la de James a la vez que clavó sus ojos en aquellos ojos vivaces castaños. Había temido tanto perderlo, le necesitaba tanto en su vida…James posó una mano en su blanca mejilla y se perdió en aquellos ojos verdes. Lily era su vida, su alegría. Suavemente su fundieron en un cariñoso beso lleno de amor.

Juntos podrían superar cualquier guerra.

Son muchas las historias que tratan de reflejar ese amor que existía entre James y Lily. Cómo comenzó. Esto solo ha sido un quizás de lo que pudo ser.

Un quizás de Lily y James.

-FIN-

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El corazón me va a cien, por no hablar de lo que me tiemblan las manos sobre el teclado... Quizás parezca una tontería, pero es increíble lo que se puede llegar a sentir. Ni yo misma sé decir si estoy alegre o triste. Supongo que como muchos de vosotros. La verdad es que cuando comencé el fic no tenía ni idea de que fuera a llegar tan lejos. Teniendo en cuenta que era una novata aquí cuando comencé a escribirlo... Ha sido una experiencia increíble, eso por descontado, y más que nada ha sido gracias a vosotros. Por la buena acogida que ha tenido. Estoy más que satisfecha.

Así que: MUCHÍSIMAS GRACIAS.

Porque le disteis una oportunidad a mi fic al leer el summary, por todos esos reviews, por vuestro tiempo, por el apoyo, por arrancarme esas sonrisas, ¡¡¡por haberos leído 60 capítulos!!! ¡Y algunos en apenas dos días! Es flipante. Tiene muchísimo mérito. Ah y os queda el epílogo, así que aún no os libráis de mí. ;)

Sé que he prometido hacer una segunda parte y aunque confieso que me da miedo, porque se dice que las segundas partes nunca fueron buenas, lo haré e intentaré hacerlo lo mejor posible. Todo sea por volver a emocionaros.

Gracias de verdad a todos aquellos que alguna vez me dejasteis un review: ColibríBlack, Evasis, NaruGato, Launian, Prongs, Popis, Saiyuri11, Krysi Weasley Granger, jhl89, Joslin Weasley, sanny-potter, Columbine Elfglitter, Armelle Potter, Agusblackevans/Rose B. Evans, flor, lupinablack, moony y sunny, leniss, Nerea, Chika Black, Miss Cinnamon, Ceciss, rachel black87, Ariadna Black87, marcelistic, robin-dumbledore, Nachita, joselin cambar, Druella Black, chizuka-moon, Nixi Evans, Minerva Tonks Black, Ariana Lovegood, Uchiha Sumiko, Blackgirl-Marauder, Valen Potter Cullen, , Diluz, Javitha.-weasley, Sandra, Blue Ewilan Kamille, Jusse, LaynaLore, kaixo, Amparito_Black89, karlyta tonks, Lily Evansss, sprr21, KaTT*, daniela black, Loredanna Pacciolla, Cristelos, Dramione Black, solcidisz, , micaela, Xarito Potter, maialen, natys, lily merodeadora, gatty, lilitonks, Triss Evans, keniliz, Ayla 1986, blacksam12, Anna Kiyouyama, Ivonne, Camila, Lirius Black, sofia, james black, Desiré, Lils Cullen, .isa, Belen Potter, Mirywatson 95, aaaaaaaa, María, justweasley, elocin, LilyLuna, lily, pazita, mari, TinaaH, nina-co...

Matadme si me he dejado a alguien después de leerse esos 60 capítulos.

Nos despedimos finalmente en el epílogo. ;P

¡Un beso muy MUY grande y un abrazo ENORME!

Eneida