¡hola!, bueno aquí la cuarta entrega.

Primeramente, me gustaría agradecerles a ustedes, todos y cada una de las personas hermosas que leen este fic y que me dejan sus Reviews, es una alegría inmensa leerlos.

Además les aclaro, ya que algunas me preguntaban... no no mataré a Makoto, tranquilas xD.

Saludos a EmiWasHereEV, Anakashi, Marihanitha, Aiiri, que me han dejado varios comentarios =) ¡gracias!.

y a todos los que se pasan a leer y dejarme un comentario, de verdad ¡es una gran felicidad leerlo!

sin más espero les agrade el nuevo cap =)


Capítulo 4.- I would Do Anything To You

Habían pasado la noche abrazados, Haru no había dormido en toda la noche, no podía.

Pasó la noche con su mirada fija en la pared, pensando en que podría hacer, si Makoto aceptaría su ayuda.

Sentía su camisa y su alma pesadas por el llanto del castaño, le dolía de una manera insana, tanto que preferiría mil veces que le sacaran el corazón, porqué simplemente prefiere eso, que desear no haber conocido a su mejor amigo. Su mejor amigo y primer amor.

Podría jugarse el cuello y toda el agua del mundo a que Makoto creía que Haruka estaba enamorado de Rin. Antes, y que por eso sentía tanta culpa de haber dañado emocionalmente al peli rojo.

No podía estar más equivocado. No se molestó en contradecirlo, porque tal vez terminaría confesándose y entonces lo alejaría, y eso es lo último que quería el moreno.

Había pasado noches en vela suspirando y dejando un poco de su alma cansada y desdichada en cada uno de sus suspiros.

Abrazó al castaño y respiró su aroma.

Con solo su aroma su dolor menguaba y su corazón se aceleraba tanto que podía sentirlo en la garganta a punto de salirse.

Amaneció y ambos asistieron a clases sin decirse nada. El ambiente en el club no era bueno, pero por lo menos hacían sentir el apoyo moral hacía ambos.

La semana terminó y el sábado fue un día de reflexión para Haru.

Desde muy temprano salió a caminar por la ciudad, sin rumbo fijo.

No habló ni buscó a Makoto, lo dejaría pensar y respirar tranquilo.

No comió en todo el día pero tampoco sintió hambre, y al anochecer regresó a su casa, vio a aquel peli rojo frente a su puerta, bien tal vez todo se había adelantado aún antes de planearlo.

El moreno caminó a paso firme y con la mirada fija y con fiereza hacía su invitado inesperado, el peli rojo le respondía la mirada.

— ¿Qué haces aquí Rin? —seco, simple y sin rodeos—.

— Aléjate de Makoto, deja de entrometerte Nanase —con la mención de su apellido la distancia entre ambos estaba fijada—.

— Es mi mejor amigo y que tú me lo exijas no servirá —.

— ¿Es que nunca estás conforme?, ¿siempre quieres tenerlo todo aún a costa de que puedas lastimarlo? —eso caló hondo en el oji azul ¿el lastimar a Makoto?, Nunca—.

— Tal vez el que teme eres tu Rin —no se dejó intimidar—.

— No tengo nada que temer, porqué Makoto al que quiere es a mí —.

— Escucha Rin —se estaba cansando— aún y que así sea, no te da el derecho para hacer lo que haces —se acercó al tiburón en forma intimidante— No lo mereces Rin —.

— Tu tampoco —se había dado media vuelta y no miraba al dueño de la casa— lo tuviste mucho tiempo y jamás hiciste nada —lo miró de reojo— incluso me alejabas de él —.

— ¿Qué es lo que buscas Rin? —lo miró con sus ojos entre cerrados—.

— Te lo dije —Matsuoka emprendió camino sin mirar atrás— Aléjate —se fue—.

Entró como alma que lleva el diablo, estaba furioso, ¿cómo se atrevía Rin a amenazarlo y exigirle algo?

No, sin duda algo no cuadraba en todo esto, no eran celos, no como los que él había sentido.

Era algo más, algo que no le gustaba, pudo ver la ira en sus ojos carmesí, pero eso solo lo enfurecía más.

Aún no sabía cómo, pero haría retroceder al de Samezuka sí o sí.

El domingo hizo su aparición y Haru sin dormir bien se levantó y salió de casa.

Caminó hasta casa de su amigo castaño y su madre le dijo que se sentía enfermo y no había salido de la habitación.

Como siempre, simplemente subió a la habitación del castaño y se quedó con el mientras dormía.

Cerca de las 3 de la tarde Makoto despertó, enterándose que su familia salió en visita familiar y como el día siguiente era festivo lo aprovecharían.

Makoto tenía los ojos hinchados y rojizos, de tanto llorar y no dormir, estaba más pálido y demasiado ojeroso.

Le preparó algo de sopa y le obligó a que tomara un baño, pero de nuevo, ambos se metieron a la tina.

Al igual que el otro día se acomodaron pero la diferencia fue cuando Makoto hizo pequeñas sonrisas de felicidad y satisfacción que hizo al corazón de Haru acelerarse.

— Makoto —habló el moreno acariciando el cabello del castaño con su nariz—.

— Mmm ¿? —el más alto estaba tranquilo, por una vez se sentía pleno—.

— ¿Ha venido Rin a buscarte? —lo sintió tensarse al instante— tranquilo —lo abrazó de la cintura y escondió su cabeza en el espacio entre el cuello y hombro del castaño— solo quiero saber —.

— No —suspiró y recargó su cabeza en la morena—.

— Makoto —susurró y acercó su boca hacía el oído te Tachibana— es tiempo de que lo dejes —.

Un pequeño escalofrío recorrió toda la extensa medula del capitán de Iwatobi, pero fue tan placentero que cerró los ojos y disfrutó de la sensación. Dejó escapar un pequeño suspiro y al abrir sus ojos, buscó la mirada azulina de su acompañante. Sentía los ojos vidriosos por el deseo y la felicidad.

Tantas veces había soñado estar con Haruka de esta manera, que sentirlo real le provocaban unas ganas inmensas de llorar.

Nanase soltó su agarre en la cintura y dejó que se volteara. Se dejaba observar por aquella mirada verdosa que parecía transmitirle cariño, deseo y amor.

Se dejó a merced de su amigo y en un momento inesperado, recibió gustoso el beso que le proporcionaba su mejor amigo.

Su corazón galopante de felicidad se sentía pleno, podía jurar que de no ser por estar tan concentrados en el beso ambos podrían escuchar el palpitar del otro.

Makoto con ambas manos en el rostro de Haruka para profundizar el beso, mientras que Nanase posaba su mano izquierda en su nuca y la derecha en la cadera del castaño, para darle la confianza de seguir.

Tachibana en una explosión de valentía, se sentó a horcadas del más bajo. Fue tan rápido y con mucha intensidad que si no fuera por el sonido del agua caer de la tina de baño no recordarían en donde estaban.

— Haru… yo —estaba sonrojado y avergonzado, pero feliz—.

— Makoto —le devolvió la mirada con intensidad— salgamos —.

No tuvieron que decir más. Salieron de la tina entre trompicones hacía la cama del castaño.

Sin importar lo mojados que estaba, se tumbaron.

Era tanta la felicidad de ambos, que sentían que les faltaba el aire. Sentían que cada bocanada de aire era más densa que la otra.

Se miraron con intensidad con Makoto encima de Haruka, que a su vez le daba una mirada de aceptación.

Makoto lo besó suavemente, suave pero pasional.

Se pasaban sus manos de aquí para allá en ambos cuerpos, el moreno pasaba sus manos una y otra vez por la cabellera castaña, siempre le había fascinado y ahora tenía la oportunidad de acariciarla de manera distinta. Como siempre había querido.

Poco a poco fueron calmando sus ansias y rodaron, cambiando posiciones.

Haruka quería hacerlo sentir amado. Quería hacerlo de una manera dulce, de aquella manera totalmente desconocida para el castaño.

Besó suavemente su mentón y bajó lentamente, repartiendo besos dulces y húmedos. El cuello, justo en el pulso, en la base del cuello, su sobresaliente clavícula y entonces, cambió a la lengua. Pequeñas, dulces y pacientes lamidas. Por su tetilla erecta y pasándola después suavemente por las líneas de sus músculos marcados.

Era tan dulce y paciente que el castaño se sentía explotar. Gemía su nombre una y otra vez, sentía los ojos vidriosos por la pasión, por el amor, el deseo.

Mientras gemía el nombre del moreno, pasó delicadamente sus manos por la espalda del más bajo, de arriba hacia abajo y viceversa. En un arrebato de pasión, al sentir que explotaría, pasó sus manos por el pecho de su acompañante, hasta llegar al cuello y pasarse al rostro tomándolo con ambas manos, guiándolo así a besarlo.

— Haru —lo miró con intensidad al terminar el beso— hazlo —.

Ambos estaban sonrojados, y aunque la orden lo desconcertó, ni tarde ni perezoso Haruka lo complació.

El moreno suavizó la mirada, diciéndole con ella "confía en mi", eso marcó la pauta.

Lo besó de nuevo, transmitiéndole cariño, pausada y dulce mente, mientras lo acariciaba. Sus manos bajaron delicadamente el bóxer del más alto. Delineó sus músculos con cada fibra de sus dedos, disfrutó un poco más la visión de su fantasía hecha realidad, el corazón de Haruka desbordaba felicidad.

Comenzó a acariciarle el miembro, pero el castaño lo detuvo.

— Haru, no aguantaré mucho más —le faltaba el aire, jadeaba y estaba por demás ansioso—.

Con una muda sonrisa en sus ojos, Haruka se recostó a su lado izquierdo y lo volteó para que el castaño le diera la espalda, con su mano izquierda separó suavemente la nalga de Tachibana y dirigiendo su miembro con su mano derecha, hacia la estrecha entrada, se hundió lento y placentero.

Makoto se había acostumbrado a una intromisión por demás invasiva, intimidante y algunas veces dolorosa, esto era diferente. Era cariñoso, dulce y paciente, estaba descubriendo una faceta de su mejor amigo que jamás se creyó posible conocer.

El castaño sentía las embestidas cuidadosas y llenas de cariño, mientras que el moreno le rodeaba la cintura con ambos brazos y sus palabras dulces en su oído "Makoto", "Makoto te quiero", "Eres especial". Era tan dulce que lo hacía sentir feliz, amado… justamente como no creía que alguien podría sentirse.

Sentía que lo que Haru le decía era sincero, pero que sin duda le hacía sentir que se había perdido, se había perdido en el camino con Rin. Había pasado de ser positivo y optimista a ser completamente lo contrario, esperando lo peor al día siguiente.

El esperar siempre el ser lastimado por su ingenuidad y tomar solo lo que le ofrecen y no lo que el realmente quiere. Haru en estos días le había hecho sentir completo y feliz.

Jadeaba gritando su nombre, sentía el éxtasis cerca, hace tanto que había dejado de sentir cuando estaba a punto de acabar, se le antojaba una eternidad.

Casi a punto de alcanzar el climax, tomó con su mano izquierda, la propia del moreno, la acercó a su corazón. Quería que sintiera que tanto lo quería, como incluso dolía y lo hacía feliz en partes iguales aquel sentimiento.

Y gritando el nombre del otro alcanzaron la cumbre del placer, se quedaron en la misma posición. Makoto besaba dulce mente la mano de Haru y este le respondía con dulce besos en su nuca.

Tanto habían querido esto, que ninguno reparó en el cansancio de su cuerpo, al contrario, solo pensaban en lo completos que se sentían.

Makoto se durmió pensando que es lo que haría de ahora en adelante, pero Haru, Haru tenía ahora más que claro que haría una visita a su amigo de la infancia, entendería si o si.

Solo dame una oportunidad Makoto —le había susurrado, pero el castaño ya estaba dormido—.

Con cuidado salió del castaño, los tapó a ambos con una sábana y abrazándolo fuertemente, siguió los pasos de su amigo al mundo de los sueños.

Tal vez Makoto hubiese cambiado su forma de ver las cosas, tal vez alejarlo de Rin no sería tan malo. Tal vez solo, tal vez él tampoco merecía a Makoto, pero trabajaría día a día para serlo.

El quería a Makoto y si eso incluía jugársela al todo por todo para mantenerlo a su lado de la forma que él quiere, en una relación, entonces que así sea.


¿reviews? ¿tomatazos? ¿amenazas? ok ya... espero les haya gustado! =)

solo diré que de verdad tuve que poner un "playlist" de canciones medio tristonas... porqué si no de plano no me salían las palabras... en fin... ¡nos leemos! =)