N/A al final.
Todo lo que está en negrita (excluyendo la n/a... Duh) es de Rick Riordan.
Esto es un capítulo muuuuuy largo.
Varios abrieron la boca para hablar, pero antes de que alguien pudiera decir algo, un destello de luz blanca apareció de nuevo.
A un lado de Jason, Percy se tensó en alerta. Ambos miraron como la intensa luz que los hizo entrecerrar los ojos poco a poco se desvanecía para dejar a tres personas algo conocidas.
Jason no tenía idea de quién era el muchacho rubio, pero suponía por al forma en que Percy dejó escapar un jadeo sorprendido, que él sí.
—Q-que, ¿donde estamos? —preguntó con una voz pequeña Annabeth, y Jason pensó que no podía sorprenderse más.
Frente a ellos estaban Annabeth y Thalia, junto a otro muchacho. Los tres se veían cansados y algunos rasguños se dejaban ver. Lo más sorprendente; ambas eran niñas. Jason nunca creyó poder ver a su hermana más joven aún.
—Yo- —Thalia recorrió con la mirada el lugar, empalideciendo en cuanto vió a los dioses, que observaban silenciosos el intercambio—. Annabeth, inclinate.
Annabeth parecía a punto de protestar, pero rápidamente se fijó en donde estaba. Con un suspiro tembloroso, la semidiosa hizo una respetuosa inclinación.
Solo quedaba el chico más alto, que con obvia resistencia, dió un arco a los dioses.
—Presentense y digan su descendencia divina. —dijo finalmente Zeus, mirando críticamente al único varón del grupo. No había perdido la vacilación al inclinarse.
—Annabeth Chase, hija de Atenea. —habló la niña, mirando a todos lados con curiosidad y temor.
—Luke Castellan, hijo de Hermes. —murmuró con rencor el rubio de ojos azules. Jason abrió los ojos con comprensión.
—Thalia Grace, hija de... —con un titubeo en la voz, continuó—, hija de Zeus.
Cuando vio que los dioses no parecían en lo minimo afectados, suspiró aliviada. Luke se adelantó.
—¿Puedo preguntar para que nos han traído aquí? —preguntó, dirigiendo su vista al suelo. Ellos lo habían traído, ¿para qué? Nunca habían mostrado el más mínimo interés antes.
No importa pensó mientras apretaba los dientes. Desde donde estaba, podía ver qué su padre no parecía especialmente feliz de ver a su hijo, permaneciendo con una expresión en blanco. Al menos así lo veía él.
—Apolo. —llamó Zeus. El dios del sol, que se había mantenido en una discusión a susurros con Hermes, saltó con una sonrisa brillante en su cara.
Con paso ágil, se puso frente a los nuevos semidiosa tensos. Les sonrió tratando de parecer poco intimidante, cosa que sólo le consiguió miradas sospechosas.
—Aquí —alzó un dedo y se lo puso en la gente a Annabeth. Luke parecía dispuesto a darle una patada—. Les explicará todo.
Soltó a la niña ahora aturdida y rápidamente posó ambos índices en la frente de sus compañeros, que parpadearon confusos. Les había dado la información necesaria.
—¿Estamos en el pasado? —dijo incrédula Thalia.
—¿Dónde están los otros? —preguntó con brusquedad Luke. Apolo señaló en donde Percy y Jason se habían mantenido callados, con tres cojines nuevo a sus lados.
Percy... Percy sentía que su cabeza podía estallar. No solo estaba frente a una joven Annabeth (¡Su novia! Ahora mismo de sentía como —¿cuál era la palabra?— un pedófilo. Debía recordar que ella no era realmente su novia) Si no que también Luke, el mismo Luke que trató tantas veces de matarlo y murió frente a él, le devolvía la mirada con ojos feroces. Y claro, Thalia. Cara de Pino se miraba tan letal y hermosa (en un sentido totalmente fraternal, claro) como siempre. Aunque ni bajo tortura admitiría eso.
Jason solo podía mantener un brazo alrededor de su amigo en shock, pensando en la mejor manera de salir de esto. Thalia, ¿qué le diría a Thalia?
—Mmm. —Afrodita juntó sus manos debajo de su barbilla. Las reacciones de los chicos eran por más interesantes.
Luke jaló a sus compañeras y se detuvo frente a los mestizos mayores, componiendo una sonrisa timida y adelantándose con nerviosismo—: Luke Castellan, ¿quienes son ustedes?
Jason abrió la boca para contestar, pero Percy alzó una ceja impresionado. Luke era un increíble actor, pero él lo había conocido y era todo menos tímido.
—Percy Jackson —dijo, una sonrisa fácil deslizándose en su cara mientras se levantaba. Jason lo miró desconcertado—. Hijo de Poseidón, un gusto.
La boca de Thalia se abrió sorprendida, Annabeth frunció el ceño y Luke dió un paso atrás.
Percy le apretó el hombro a Jason, y él lo tomó como una oportunidad. Con una última mirada confundida, se paró.
Mirando a los ojos a Thalia, Jason habló—: Jason Grace... —un jadeo—, hijo de Júpiter. Creo que ya sabes quien soy, Thals.
Thalia abrió y cerró la boca, miles de emociones recorriendola. Su hermano, su hermanito, ¿estaba vivo? ¿Cómo? ¿Ella le había mentido? Consideró que fuera una mera casualidad, que este chico fuera algún Jason Grace cualquiera, pero la mirada a sabiendas que él rubio le daba era suficiente. Parpadeando de emoción, se fijó en su labio; una línea blanca fue su confirmación. De inmediato, se abalanzó y abrazó al rubio extrañamente mayor que ella.
—Uf. —Jason sonrió y abrazó con fuerza a su hermana. La extrañaba mucho.
Por su parte, Percy observó a un furibundo Luke y a una confundida Annabeth. Les sonrió, cosa que hizo a Luke entrecerrar los ojos—: Por si no lo sabían... Son hermanos. —aclaró. Nunca había pensado poder ver a un Luke celoso por Thalia, de todas las personas.
Zeus interrumpió todo con una tos ruidosa, alejándose un poco de una Hera bastante enojada. Los demás dioses rodaron los ojos.
—Es muy lindo y todo sus rencuentro, pero es necesario continuar con la lectura. —miró fijamente a Apolo, que abrió con rapidez el libro. Afrodita soltó una risita.
Los mestizos se sentaron, dejando a Thalia y Jason juntos. Percy resopló molesto, mirando el espacio ahora vacío de Jason.
—Bien —Apolo se aclaró la garganta—. Percy II.
—¿Tu cuentas la historia? ¿O la historia es sobre ti? —interrumpió de inmediato Annabeth, dirigiéndose a Percy. Apolo le frunció el ceño por interrumpirlo.
—Ambas. —dijo con una risa Percy. Le alegraba ver a Annabeth, pero no era la que él conocía. Y estaba bastante seguro de que en ese mismo instante, no era su persona favorita. Hijo de Poseidón y todo.
LO MALO DE CAER EN PICADO COLINA ABAJO unas cincuenta millas por hora en una bandeja de aperitivos, es que si te das cuenta de que era mala idea a mitad de camino, es demasiado tarde.
Jason comenzó a reír alegremente, demasiado para el gusto de Percy, que gruñó molesto.
—Creo que es obvio que es una mala idea. —señaló Luke con obviedad.
—No para Percy. —dijo alegremente Jason. Thalia pudo escuchar la familiaridad en su voz.
Percy esquivó a duras penas un árbol, rebotó contra una roca y dio vueltas mientras aterrizaba en la autopista. La bandeja de aperitivos no tenía dirección asistida.
Percy le dió un golpe en el hombro a un Jason demasiado risueño. Aunque de inmediato sacó la mano, sintiéndose un poco enojado.
—¡Jason! —gritó molesto. El rubio parpadeó y se fijó en su cara, parpadeando sorprendido—. Me electrocutaste, ¿enserio?
—Yo no...
Percy se fijó en la mirada de Thalia y entrecerró los ojos. Nadie aparte de Jason y su Thalia tenían derecho a electrocutarlo.
—Descuida —dijo, cambiando su vista al de ojos azules—. Ya no importa.
Jason miró desconcertado como Percy se separó de él para ponerse a escuchar a Apolo. ¿Qué había sucedido?
Escuchó gritar a las hermanas gorgonas y alcanzó a ver las serpientes de coral del pelo de Euríale por encima de la colina, pero no tuvo tiempo para preocuparse por ello.
—Las Gorgonas. —dijo con sorpresa Annabeth.
Percy se encogió de hombros, sin darle importancia. Estaba más concentrado en recordar cómo había hecho las pases con Thalia.
El techo de los apartamentos que se alzaban debajo de él como la proa de un barco de guerra.
—Barco de guerra. —sonrió con cariño Jason. Percy murmuró algo con una sonrisa suave.
Colisión frontal en diez, nueve, ocho…
—Siete, seis, cinco... —canturreó Hermes sonriendo. Luke lo miró incrédulo.
Se las arregló para girar hacia los lados con tal de evitar que se le rompieran las piernas con el impacto. La bandeja se deslizó por encima del techo y salió volando por el aire. La bandeja se fue por un lado y Percy por el otro.
—Ouch. —murmuró con simpatía Apolo a Percy, mirando al semidios meditativo.
Semidios que sólo podía pensar en que no tenía ni la más mínima idea de cómo había comenzado el odio automático de Thalia. Quizá no fue tan buena idea presentarse como hijo de Poseidón.
En su caída hacia la carretera, un horrible escenario se le cruzó por la mente: su cuerpo estrellándose contra el parabrisas de algún coche utilitario, algún conductor molesto ntentando sacarlo del parabrisas. "¡Estúpido, chico de dieciséis años que cae del cielo! ¡Llego tarde!"
Algunos dioses dieron risas leves. Jason observó molesto a Percy.
—Deberias estar más preocupado por tí. —dijo. Frunció el ceño cuando él no contestó.
—Hilarante. —comentó con una sonrisa Luke.
Milagrosamente, una ráfaga de viento le llevó hacia un lado, lo suficiente para evitar la autopista y estrellarse contra un matorral. No era un aterrizaje suave, pero era mejor que el asfalto.
Annabeth se pasó una mano por la cara, ¿cómo había sobrevivido?
Percy gruñó. Quería tumbarse allí y dejar que pasara el tiempo, pero tenía que moverse.
—Será lo mejor si quieres salvar el campamento. —le animó Artemisa. Por alguna razón, le incomodaba ver al muchacho así. Parecía molestarse cada vez más y más por algo.
Se incorporó, sus manos estaban llenas de arañazos, pero no tenía ningún hueso roto. Seguía llevando su mochila. En algún lugar del descenso había perdido la espada, pero Percy sabía que aparecería tarde o temprano en su bolsillo en forma de bolígrafo. Era parte de su magia.
—¿Tienes magia? —inquirió Annabeth mirando a Percy. Creía que solo los hijos de Hécate podían hacer eso.
—No. Los objetos encantados no necesitan que su portador posea la habilidad, funcionarán de igual manera. —contestó en un extraño tono sabiondo. Jason resopló.
—Igual no necesitas magia para controlar la niebla.
—Igual no te pregunté nada. —espetó Percy de la nada, dejando a Jason y los demás dioses confundidos. Hasta ahora, Percy no había profesado más que cariño al hijo de Júpiter.
Jason se sintió herido. Miró como Percy se acomodaba en su lugar, sus dedos haciendo patrones extraños y su frente fruncida en concentración. Bueno, si él quería ser así, no era su problema.
Miró hacia la colina. Era difícil no distinguir a las gorgonas, con su colorido pelo reptiloide y sus delantales verde brillante del mercadillo. Estaban deslizándose por la colina, yendo poco a poco pero con más control que Percy. Aquellos pies de gallina debían de servir para escalar. Percy calculó que en cinco minutos le alcanzarían.
—No es mucho. —Hera observó de manera analítica a ambos hombres. Era tan obvio el problema, sinceramente, chicos.
—Reptiloide no es una palabra. —dijo Atenea, absteniéndose de darle un diccionario.
A su lado, un alta alambrada separaba la autopista de un barrido con calles amplias, casas acogedoras y altísimos eucaliptos. La verja estaba allí puesta para evitar que la gente cruzara la autopista e hiciera estupideces, como deslizarse en una bandeja de metal por entre los camiones.
—No creo que sea para eso. —comentó divertida Annabeth a Percy. Este asintió distraído.
Si Jason prefería estar con su hermana que con él, ¿qué podía hacer? No era nadie para mandarle o exigirle actuar de distinta forma. Después de todo, era su hermana, alguien con quien realmente estaba emparentado. Era estúpido ponerse a la defensiva, ¿verdad? Thalia siempre estaría primero.
Cerró los ojos. Deseaba que alguien más estuviera aquí con él, odiaba ésta lectura. Todos sus pensamientos... Se sentía débil.
pero la alambrada tenía agujeros enormes por los que Percy pudo acceder fácilmente al vecindario. Quizá podría encontrar un coche y dirigirse hacia el oeste, hacia el océano. No le gustaba robar coches, pero durante las pasadas semanas, en situaciones de vida o muerte, había 'tomado prestado' unos cuantos, incluyendo un coche de policía. Quería devolverlos, pero no le duraban demasiado.
Luke dió un silbido impresionado, observando a Percy con las cejas alzadas.
—¿De policía? —sonrió—. Apuesto a que nunca trataste con un camión entero.
Percy negó con la cabeza. Claro que no, aunque sería divertido. Su moral luchaba contra la idea pero mentiría al decir que el pensamiento no era atractibo.
—¿Tú ya? —desafió. Luke sonrió engreido.
—Por supuesto. —respondió pavoneandose. Eso le provocó una pequeña risa.
Jason frunció el ceño, ¿por qué Percy no estaba enojado con él? Percy toleraba más a un traidor que a Jason, quien se supone es su amigo.
—Estos niños de ahora. —dijo dramático Apolo.
Hermes sonrió—: Solo pensando en robar coches.
Miró hacia el este. Como supuso un centenar de colinas se extendían por el horizonte. En la falda de una colina había dos entradas a dos túneles distintos, uno para cada dirección de tráfico, observándole como las cuencas vacías de una gigantesca calavera.
—Encantador. —dijo sarcástica Deméter. Percy compuso un puchero.
Dónde debería haber estado la nariz, una pared de cemento sobresalía del
lado de la colina, con una puerta metálica, como la entrada a un búnker.
Debía de ser un túnel de mantenimiento. Eso era lo que los mortales podrían pensar, si eran capaces de ver la puerta. Pero eso es porque no podían ver a través de la Niebla.
Percy sabía que la puerta era más de lo que aparentaba.
Jason de verdad quería saber qué había hecho mal, porqué era obvio que Percy sólo estaba enojado con él. ¿Pero por qué? Los nervios lo estaban matando y no creía poder leer la parte de Reyna (porque obviamente Reyna tenía que estar) sin Percy a su lado.
Dos chicos vestidos con armadura flanqueaban la entrada. Vestían una extraña mezcla de cascos romanos emplumados, corazas, vainas, tejanos, camisetas púrpuras y deportivas blancas. El guardia de la izquierda parecía una chica, a pesar de que era difícil de decir a través de la armadura. El de la derecha era un chico bajo y fornido con un carcaj y un arco a su espalda. Ambos chicos sujetaban dos varas de madera con puntas metálicas, como si de unos arpones pasados de moda se tratara.
Percy sonrió nostálgico. Definitivamente necesitaba la presencia confortante de Hazel y las palabras torpes de Frank.
El radar interno de Percy sonaba como loco. Después de tantos días horribles, había alcanzado su meta. Sus instintos le decían que si podía llegar al interior de la puerta, encontraría la seguridad por primera vez desde que los lobos le habían mandado hacia el sud.
—Estás apunto de superar la primera prueba. —dijo aliviado Poseidón. Su hijo estaba apunto de llegar al campamento, apunto de estar a salvó.
Aunque si lo que decían las Gorgonas era cierto, el campamento dejaría de ser seguro. Al menos esperaba que su hijo descansara un poco, debía estar muerto sobre sus pies.
Entonces… ¿por qué estaba tan aterrorizado?
—Realmente es un griego. —dijo Artemisa. Se preguntan como el muchacho había sobrevivido.
Percy era asombroso. Eso era lo único que Jason podía pensar. Él a duras penas se había ganado algo de confianza con los griego en los meses que había estado ahí, y Percy en una semana ya lo habían coronado como líder a pesar de conocer su descendencia. ¿Cómo había logrado eso? Si era puro carisma o alguna extraña tracción mágica, no lo sabría jamás.
A pesar de ser tan peligroso pensó también, observando como la mano de Percy pasaba a través de un chorro de agua flotante convocada de algún sitio.
A lo lejos, las gorgonas habían aterrizado por el techo de los apartamentos. A tres minutos de distancia, quizás menos.
Parte de él quería correr hacia la puerta en la colina. Tendría que cruzar la mitad de la autopista, pero sería un breve sprint. Podría llegar allí antes de que las gorgonas le alcanzaran.
—Supongo que no me visitarás pronto, sobrino. —dijo Hades con una pequeña sonrisa soncarrona. Percy asintió tímido.
—Supongo.
Thalia hizo una mueca, a su lado, Luke y Annabeth también. Así que él era Hades.
Parte de él quería ir hacia el oeste, hacia el océano. Allí es dónde estaría más seguro.
Allí era donde su poder era mayor. Aquellos guardas romanos en la puerta le hacían sentir nervioso. Algo dentro de él le decía: No es mi territorio, esto es peligroso.
—Muy peligroso. —susurró Poseidón. Rezaba (cosa extraña en un dios) para que su hijo siguiera sus instintos y siguiera el mar, donde estaría protegido.
Aunque suponía por la mirada determinada en los ojos verdes idénticos a los suyos, que eso no pasaría.
—Por supuesto que tienes razón— dijo una voz a su lado.
Percy se estremeció y Jason lo miró preocupado. Deseaba que Percy se mantuviera bien, aun cuando éste no le hiciera caso.
Algunos dioses también observaron preocupados al mestizo. Se veía una buena persona.
Percy saltó. Primero creyó que Beano se las había arreglado para atraparle de nuevo, pero la anciana que se sentaba entre los matojos era más repulsiva que una gorgona.
—¿Cómo una anciana puede ser más repulsiva? —preguntó casi con burla Thalia. Percy alzó una ceja y Jason se removió incómodo en su lugar.
Ahora mismo, ambos le recordaban a sus antiguas rencillas, cuando a Jason no le agradaba Percy. Jason tenía un buen autocontrol pero Thalia... Thalia era impulsiva y Percy aún más, una muy mala combinación.
—No es como si te hubieras enfrentado a las Gorgonas para comparar. —dijo Percy en tono condescendiente. Thalia le mandó una mirada asesina que Percy regresó.
Jason se había preguntado si la amistad de Thalia y Percy había sido instantánea. Claramente no.
Parecía una vieja hippie que había sido tirada de la carretera haría unos cuarenta
años desde dónde había estado recolectando basura y polvo desde entonces. Vestía un vestido de tela desteñida, con un edredón hecho jirones y bolsas de plástico. Su escasa mata de pelo era de un color gris-marrón, como las raíces de una planta seca, anudada con una cinta con el símbolo de la paz. Su cara estaba cubierta de verrugas y lunares. Cuando sonreía, mostraba exactamente sólo tres dientes.
—Eso es definitivamente asqueroso —confirmó Luke—, ¿pero cómo puede ser peor que una gorgona? Ella no te matará.
—Obviamente no es sólo una anciana —le dijo Annabeth con tono de "eres un idiota". Luke la miró desconcertado, normalmente ese tono era utilizado para cualquiera menos él. Pero mirando la sonrisa feliz de la chica, no tuvo corazón para decirle algo.
—No es un túnel de mantenimiento— le confió—. Es la entrada al campamento.
Jason sonrió. El campamento era magnífico.
Un relámpago recorrió la espalda de Percy. Campamento. Sí, de ahí era de dónde venía. Un campamento. Quizá era su hogar.
—¿Te hecharon por qué no te querían? —inquirió Thalia con burla. Percy la ignoró, absteniéndose de lanzar un enorme chorro de agua.
Claro que en el campamento lo querían, ¿verdad?
Jason miró preocupado a Percy. Para cualquier otro, no parecía más que indiferente, pero claramente eso le había afectado. Todos sus amigos eran conscientes de los problemas de inseguridad que Percy poseía —los dioses supieran donde los había conseguido. Jason sólo tenía claro la mirada enojada en la cara de Annabeth y la fría furia que emanaba Nico cuando el tema era mencionado— y ahora mismo, Thalia no ayudaba.
Quizá Annabeth estaba cerca.
—¿Te conozco? —preguntó confundida Annabeth. Percy tosió sonrojado bajo la atenta mirada de Luke y Thalia.
—Se podría decir que sí. —asintió nervioso. Se deslizó inconscientemente a Jason, que observaba ávido.
Pero algo iba mal.
Las gorgonas estaban oteando el horizonte desde el techo de los apartamentos.
Entonces Esteno señaló con alegría hacia la dirección de Percy.
—Nada de que preocuparse. —señaló Hermes. Percy se quejó.
La anciana hippie alzó las cejas:
—No hay tiempo, chico. Tienes que escoger.
—¿Quién es usted? —preguntó Percy, a pesar de que no estaba seguro de querer saberlo. Lo último que necesitaba era otra mortal inofensiva que resultara ser un monstruo.
—Lamentablemente, creo que és peor que el mounstro promedio. —dijo Jason.
Percy suspiró, parecía que últimamente hacía mucho eso. Pero por supuesto que era peor que cualquier mounstro, Juno o Hera, lo que sea, habían sido más problemas que ayuda. Percy no tendía a guardar rencor, pero parte de él no podía evitar enojarse con la reina de los dioses; vários meses de su vida que habían sido robados no volverían.
—Oh, puedes llamarme Junio— los ojos de la anciana relampaguearon como si hubiera hecho un chiste ingenioso—. En realidad, soy Junio, ¿no es cierto? Llamaron al mes así por mí.
—Oh. —exclamó Hera, su forma parpadeando levemente a su homónimo romano. Zeus hizo un sonido parecido a un gruñido.
—¿Qué podrías hacer allí? —preguntó Poseidón. No le gustaba escuchar cualquier contacto de su hijo con los dioses, ya que generalmente esto sólo generaba problemas.
Luke frunció el ceño. Tenía entendido que era bastante raro encontrarse con una divinidad —y gracias a el cielo por eso— así que, ¿por qué éste chico se encontraba con un dios al azar? Y no aprecia sorprendido por eso, por cierto.
—No tengo idea. —respondió Hera. Atenea parecía estar pensando en algo importante.
—De acuerdo. Mire… debería irme. Dos gorgonas se acercan. No quiero que la hieran.
—No soy precisamente un damisela en peligro, pero gracias. —dijo con satisfacción la diosa. Percy le dió una sonrisa incómoda, a lo que Zeus bufó.
Artemisa se sorprendió pensando en que eso había sido bastante amable. Después de todo, el chico aún estaba corriendo por su vida.
Junio acercó sus manos a la posición de su corazón.
—Ojalá le hubiera dado un ataque al corazón. —murmuró con malicia Jason, aun sabiendo que no le haría daño a nadie diosa. La esquina de los labios de Percy se retorcieron.
—¡Qué encantador! ¡Pero eso es parte de tu elección!
—Elección. —dijeron a la vez Atenea y Annabeth. Ambas pensaron lo mismo: Algo estaba pasando ahí, ¿por qué sino una diosa como Hera se molestaba en dar elegir a un semidios?
Llegaron a la misma conclusión: obviamente, era una prueba.
—Mi elección…—Percy miró nervioso hacia la colina. Las gorgonas se habían quitado
los delantales verdes. Unas alas salieron de sus espaldas… pequeñas alas de murciélago, que brillaban como el latón ¿Desde cuándo tenían esas cosas alas?
—Desde siempre. —replicó Hermes divertido. Luke gruñó.
Quizá eran de decoración.
—¿Decoración? —preguntó instintivamente Jason a Percy. El hijo de Poseidón frunció el ceño, abriendo la boca para contestar, pero Thalía interrumpió.
—Mira si eres tonto, ¿para qué otra cosa serviría? —interrogó la pelinegra. Jason consideró perderse algunos meses más para escapar de la mirada acusadora que Percy le mandaba.
Quizá eran demasiado pequeñas para sostener a una gorgona en el aire. Entonces ambas hermanas levantaron el vuelo desde los apartamentos y se dirigieron hacia él.
Genial, simplemente genial.
—Todo ese sarcasmo es simplemente hermoso. —Apolo comentó sonriente. Por alguna razón, veía algo familiar en la personalidad del muchacho.
—Sí, una elección— dijo Junio, como si no hubiera prisa—. Puedes dejarme aquí a merced de las gorgonas e ir al océano. Te garantizo que llegarás con toda seguridad. Las gorgonas se alegrarán de atacarme a mí y dejarte ir. En el mar, ningún monstruo te molestará. Podrás comenzar una nueva vida, vivir hasta una edad anciana placentera y huir del gran dolor que te aguarda en tu futuro.
—Escoge esa. —dijo de inmediato Hermes, siendo acompañado por un asentimiento entusiasta de Apolo.
—Yo también creo que es una buena idea. —Poseidón habló. Percy bajó la mirada a su pantalón.
Había pasado por muchas cosas y lo sabía, sabía que hubiera sido una mejor opción perderse en el mar, así hubiera evitado cosas como... Tártaro. El nombre aún le pesaba y era una muestra de lo mucho que le había afectado eso. ¿Debió haber escogido la otra opción?
Percy no lo sabía, pero estaba seguro que de ser así, ninguno de sus amigos habría sobrevivido. Y estaba contento con ese resultado.
Miró a Jason; claro que no serviría de nada si se mantenía peleados con ellos. Bien, quizás estaba siendo algo infantil, pero realmente le molestaba que no le dijera nada a Thalia por sus comentarios ofensivos. Debía haber una manera de solucionar esto.
Percy estaba seguro de que no le gustaría la segunda opción.
—Nunca es buena la segunda opción. —se lamentó Luke. Annabeth rodó los ojos.
—¿O?
—O podrías hacerle un pequeño favor a una anciana—dijo—. Carga conmigo hasta el campamento.
Sí, definitivamente debía haber una manera de solucionar esto, pensó Percy. Sólo estaba el asunto de que quizás ahora Jason estuviera enojado por su indiferencia.
Las relaciones de verdad que nunca habían sido su fuerte.
—¿Cargar con usted? —Percy esperó que estuviera bromeando. Entonces Junio se levantó las faldas y mostró sus morados pies hinchados.
—No puedo llegar allí por mí misma—dijo—. Carga conmigo, a través de la autopista, a través del túnel, a través del río.
Percy no sabía a qué río se refería, pero no sonaba fácil. Junio no parecía demasiado ligera.
Las gorgonas estaban a pocos metros de ellos. Seguro que se estaban relamiendo en aquél momento, como si supieran que la caza ya había terminado.
—Me encanta ese optimismo. —comentó con ironía Apolo. Percy se encogió de hombros.
—Debe estar tan cansado. —arrulló Afrodita para consternación del semidios. Observó con algo parecido al miedo a la diosa, rogando a todo ser que lo escuchara que por los dioses no se metiera en su vida amorosa.
Percy miró la anciana.
—Y tengo que cargar contigo a este campamento, ¿por…?
—Siempre es bueno preguntar. —dijo sabiamente Luke. Percy sonrió un poco.
—¡Porqué sería todo un acto de bondad! —dijo—. Y porque si no lo haces, los dioses morirán, el mundo tal como lo conocemos perecerá y todo aquél de tu vida anterior será destruido. Pero por supuesto, no les recordarás jamás, por lo que supongo que entonces no te importará. Estarás seguro en lo más hondo del océano…
Algunos se quedaron en silencio. El futuro del Olimpo no podía depender de un sólo semidios, ¿no es cierto?
Jason dudó. De ser él, no están seguro de haber escogido la misma opción. Claro que su honor le causaría problemas, pero después de todo, no poseía lazos fuertes con nadie. No tenía alguna familia a la que esperar en caso de que se perdiera o...
Basta se dijo no ayudará tener autocompasión.
Zeus miró con detenimiento al hijo de su hermano. El chico, Percy algo, era importante. ¿Debía tomar medidas? Su hermano no apreciaría eso y parecía que Apolo le había agarrado cariño. Incluso Artemisa no usaba sus usuales insultos.
Percy tragó saliva. Las gorgonas chillaron como si estuvieran entrando en batalla.
—Si voy al campamento—dijo—, ¿mi memoria volverá?
—Poco a poco—dijo Junio—. Pero te advierto, ¡sacrificarás muchas cosas! Perderás la marca de Aquiles. Sufrirás dolor, miseria y todo lo que has conocido hasta ahora cambiará. Pero quizá tengas una oportunidad de salvar a tus amigos y a tu familia para reclamar tu vieja vida.
—Bueno, creo que la elección es obvia. —masculló Ares jugando con un cuchillo. Artemisa alzó una ceja.
El muchacho escogería el mar, obviamente. No sabía porqué una parte de ella sentía que esa no sería su decisión.
Zeus entrecerró los ojos. El destino del mestizo dependería de su elección.
Jason miró a Percy, ¿había sido advertido de las consecuencias? ¿y aún así escogió salvar a su familia, que no recordaba, por la más mínima oportunidad?
—Veinte a que dice que sí va al campamento. —apostó Apolo. Hermes suspiró.
—Supongo que yo también veinte a que sí. —dijo con falso pesar. Ares sonrió.
—Veinte a que no. —lanzó el dinero que Apolo atrapó con eficacia. Hefesto levantó la vista de su trabajo.
—No quiero estar de acuerdo con él —señaló a el dios de la guerra, que sonrió burlón—, pero veinte a que no.
Los cuatro chicos miraron a donde Dionisio dormitaba, ignorando totalmente a Artemisa que murmuraba algo de muchachos tontos. Como sintiendo las miradas, el dios del vino bostezó.
—Veinte a que no. —dijo, lanzando también el dinero. Deméter lo miró.
—¿Estabas escuchando? —inquirió, a lo que él respondió con una sonrisa.
—Claro que sí, soy un dios. —sonrió a la diosa disgustada.
Y Percy se removió incómodo en su sitio. Era bastante raro que apostaran por su opinión, y se sentía algo tocado por la confianza de Hermes y Apolo. Oh, bueno, ya sabía quién tendría algunos dracmas más en el bolsillo.
Las gorgonas estaban dando vueltas a su alrededor. Estarían estudiando la anciana, intentado descubrir quién era la nueva participante del juego antes de mover ficha.
—¿Qué pasa con los guardias en la puerta? —preguntó Percy.
Junio sonrió.
—Oh, te dejarán pasar, cielo. Puedes confiar en esos dos. Entonces… ¿qué dices? ¿Ayudarás a una indefensa anciana?
—Cuando lo ponen así... —dudó Annabeth. Ella sabía cuál hubiera sido su elección, y reconocía lo noble que sería ayudar a los demás. Aún así, salvar a su familia no estaba en sus prioridades.
Percy dudó que Junio fuera indefensa. Como mucho, aquello era una trampa. Aunque quizá fuera una especie de examen.
Percy odiaba los exámenes. Desde que había perdido su memoria, toda su vida era una hoja en blanco. Era _, de _. Se sentía _, y si los monstruos le cogieran, él estaría _.
—Una hermosa descripción. —rió Luke. Apolo negó divertido con la cabeza.
Entonces pensó en Annabeth, la única parte de su antigua vida de la que estaba seguro. Tenía que encontrarla.
—¿Sólo me recordabas a mí? —preguntó sonrojada Annabeth a un igualmente rojo Percy. Empezaba a sospechar que clase de relación tenían, y por las miradas de Luke y Thalia, ellos también.
—Oh, hermano. —sonrió Jason cuando un temeroso Percy se acercó a él, tratando de escapar de las miradas asesinas de los otros dos mestizos. Sólo a Percy le pasaban éstas cosas.
Luke estaba algo molesto. ¡Annabeth era una niña! No importaba que Percy obviamente venía del futuro y por tanto Annabeth podía estar más grande, o que había demostrado una racha protectora y ser una buena persona. Nop, Annabeth era su hermanita y él la protegería.
Thalia también estaba molesta. Más que nada porque, de todas las personas, era el hijo de Poseidón. Annabeth debía tener mejor gusto.
—Cargaré contigo—le dijo a la anciana.
Los dioses volvieron a quedar en silencio, ésta vez siendo interrumpido por el grito de victoria de Apolo.
—¡Sí! ¡Paguen! —exclamó con alegría, siendo secundado por Hermes. Los otros tres dioses pagaron con expresiones molestas.
—No lo puedo creer, perdí veinte dracmas por los sentimientos de un chiquillo. —se lamentó Ares. Afrodita le dió unas palmadas en la mano, divertida.
—Eso es tener lealtad. —comentó Hades. Atenea asintió, pensando que era demasiado leal.
—Eso es algo bastante humilde. —le dijo Annabeth a Percy, que sonrió de manera suave.
—Sólo trato de salvar a mis amigos. —respondió. Jason se acercó un poco a él.
Era más ligera de lo que esperaba. Percy intento ignorar su ácido aliento y sus manos llenas de callos rodeándole el cuello.
—Iugh.
Alcanzó el primer carril de tráfico. Un conductor hizo sonar el claxon. Otro gritó algo que se perdió con el viento. Muchos se giraban y miraban irritados, como si tuvieran que aguantar esa clase de intervenciones en la autopista, adolescentes cargando mujeres mayores a través de la carretera principal de Berkeley.
—Definitivamente casual. —dijo Luke. Le daría una oportunidad al chico, después de todo, no cualquiera elegía la miseria y el dolor propio por el mero pensamiento de una persona que no recordaba al cien.
Una sombra apareció por encima de él. Esteno le llamó llena de júbilo.
—¡Chico listo! ¡Nos has traído una diosa para entretenernos!
¿Una diosa?
—¡Oh, vamos! —explotó Atenea para diversión de los demás. Percy la miró con la expresión en blanco.
—¡Podía ser cualquiera!
Los demás rieron de la expresión incrédula de la diosa de la sabiduría. Jason sonrió divertido, pensando en que debía hablar con Percy.
Junio sonrió, inocente, mientras murmuraba:
—¡Ups! — cuando un coche casi les atropelló.
—Ups. —repitió de mal humor Percy.
En algún lugar a su izquierda, Euríale gritó:
—¡Atrápales! Dos precios son mejor que uno.
Percy corrió a través de los carriles restantes. De alguna forma se las había apañado para llegar a la mitad de la autopista. Vio a las gorgonas aterrizando, coches esquivándolas mientras cruzaban la carretera. Se preguntó qué verían los mortales a través de la niebla ¿pelícanos gigantes? ¿Suicidas con alas de murciélago?
—Eso es tener imaginación y lo demás son tonterías.
La loba Lupa le había dicho que las mentes mortales podían creer cualquier cosa, excepto la verdad.
Percy corrió hacia la puerta en la falda de la colina. Junio pesaba más y más a cada paso. El corazón de Percy repiqueteaba. Le dolían las costillas.
—Tenenos que hablar. —finalmente dijo Jason a Percy. Él lo miró con una expresión confusa pero asintió.
No tenía idea de que había alentado a Jason para charlar con él, pero así podría también arreglar las cosas.
Uno de los guardias gritó. El chico con el arco tensó una flecha. Percy gritó.
—¡Esperad!
—Frank. —sonrieron Percy y Jason. El romano siempre era una buena compañía.
Pero el chico no estaba apuntándole a él. La flecha voló por encima de la cabeza de Percy y una gorgona aulló de dolor. La segunda guarda meneó su lanza frenéticamente incitando a Percy a darse prisa.
—¿Te ayudaron así como así? —preguntó Annabeth. Percy se encogió de hombros; él tampoco tenía idea de porque le habían ayudado, después de todo, no lo conocían.
Quince metros para alcanzar la puerta. Diez metros.
—¡Te tengo! —chilló Euríale. Percy se giró mientras una flecha impactaba contra su frente. Euríale se precipitó contra la autopista. Un camión chocó contra ella y la hizo retroceder unos metros, pero ella escaló por la cabina, se sacó la flecha de la frente y alzó el vuelo.
—Es bastante peligrosa. —Luke se dió cuenta de que éstos mounstros no eran como nada que se habían enfrentado. Era mucho más letales.
Thalia se estremeció. A ella tembien le parecían bastante peligrosas.
Percy alcanzó la puerta.
—¡Gracias! —les dijo a los guardias—. Buen tiro.
—Percy, no puedes ir por la vida felicitando a posibles enemigos. —regañó Jason sin poder evitarlo. Percy hizo un puchero.
—Pero es un amigo.
—Aun así. —insistió. Percy asintió renuente.
—¡Debería haberla matado! —protestó el arquero.
—Bienvenido a mi mundo— murmuró Percy.
—No creo que quiera escuchar eso. —señaló divertido Hades. El mestizo era definitivamente curioso y único.
Primeramente pensó que sería como cualquier otro hijo de Poseidón; leal, claro, pero con unas ganas de demostrarle a todos lo poderoso y hables que eran. Le sorprendía que hasta ahora, este chico no había mostrado la más mínima inclinación a querer sobresalir. De hecho, parecía querer desaparecer detrás de la toga que traía puesta.
—Frank—dijo la chica—,
—Hazel. —canturreó con entusiasmo Percy, extrañando a la chica dulce. Bueno, la verdad extrañaba a todos, incluso la oscura presencia de Nico o el exitado parloteo de Leo.
hazles entrar, ¡rápido! Eso son gorgonas.
—¿Gorgonas? —la voz del arquero se quebró. Era difícil hablar sobre él llevando el yelmo, pero parecía robusto como un luchador de lucha libre, de unos catorce o quince—.
Percy y Jason, ambos, rieron. Puede que Frank hubiera dado un gran cambio y ya no pareciera un bebé musculoso, pero seguía siendo el mismo chico un tanto torpe y dulce.
¿La puerta las detendrá?
En los brazos de Percy, Junio se rió socarronamente:
—No, no lo hará. En guarda, Percy Jackson. ¡A través del túnel, a través del río!
—¿No puedes ser más alentadora? —Demeter preguntó a Hera, que no parecían lo absoluto lo siento.
—¿Pero dónde está la diversión en eso? —sonó divertida. Era bastante aburrido pasarse los días sólo paseando el Olimpo, por lo que aprovechaba los momentos de diversión.
—¿Percy Jackson? —la guardia tenía la piel más morena, con el pelo rizado sobresaliéndole por los lados del yelmo. Parecía más pequeña que Frank, quizá tuviera trece. Con la vaina de la espada llegándole casi al tobillo. Aún así, hablaba como si fuera la que estaba a cargo de todo
—¿A cargo de todo? —bromeó Jason a Percy, que sonrió avergonzado.
—Parecía bastante capaz, ¿bien? —dijo—. Además, eres bastante consciente de lo que puede hacer.
—. De acuerdo, obviamente eres un semidiós. Pero, ¿quién es…?—miró a Junio—. No importa. Entrad. Las mantendremos a raya.
—¿Ves? —le hundió un dedo en las costillas Percy. Jason se retorció.
—Hazel—dijo el chico—, ¿te has vuelto loca?
—¡Id! —les instó ella.
Frank maldijo en otra lengua… ¿latín? Y abrió la puerta:
—¡Vamos!
—Confiaron en tí inmediatamente. —se dió cuenta Jason. No era común de los romanos, ¿por qué habían confiado tan rápido en Percy? Y que él llevara una anciana a sus espaldas no era precisamente la imagen de la confianza.
Percy entró tambaleándose con el peso de la anciana, quién definitivamente pesaba más a cada paso que daba. No sabía cómo podría la chica esa, Hazel, mantener a raya a las gorgonas, pero estaba demasiado cansado como para discutir.
Percy miró disgustado a Hera. No había ayudado en lo absoluto.
El túnel estaba tallado en la roca, del tamaño de un pasillo escolar. Al principio, parecía un típico túnel de mantenimiento con cables eléctricos, señales de alerta y cajas de emergencia en las paredes, bombillas en sus lámparas por todo el techo. A medida que se internaban en el túnel, el suelo de cemento cambiaba a un suelo hecho con teselas de mosaico. Las luces se convertían en antorchas que ardían pero no soltaban humo. Unos metros más para adelante, Percy vio un recuadro de luz solar.
La anciana pesaba más que un montón de bolsas de arena. Los brazos de Percy comenzaron a arderle. Junio tarareaba una canción en latín, como una nana, lo que no ayudaba a Percy a concentrarse.
—Al menos te mantienes en forma. —trató Luke de verle el lado bueno. Percy gruñó.
Detrás de ellos, las voces de las gorgonas resonaban en el túnel. Hazel gritó. Percy estuvo tentado de dejar caer a Junio e ir a ayudarles, pero entonces todo el túnel retumbó con el sonido de rocas cayendo.
—Definitvamente debiste dejarla caer. —susurró Jason a Percy, ya que Hera los miraba como si se atrevieran a hacerlo.
Por el túnel retumbó un graznido, como el que habían hecho las gorgonas cuando Percy les había dejado caer una caja de pelotas de bolera en Napa. Miró hacia atrás. El final oeste del túnel estaba lleno de polvo.
—¿No deberíamos ir a ver si Hazel está bien? —preguntó.
—Estará bien, espero…—dijo Frank—. Ella se mueve bien bajo tierra. ¡Sigue moviéndote! Casi hemos llegado.
—Sólo un poco más. —rogó Poseidón. Apolo se veía preocupado.
—¿Casi dónde?
Junio soltó una risita.
—Todos los caminos llevan ahí, niño. Deberías saberlo.
—¿Al castigo? —preguntó Percy.
—¿Por qué castigo? —entrecerró los ojos Jason a Percy, que esquivó su mirada.
En serio, ¿por qué lo primero que se le venía a la mente a Percy era un castigo?
—A Roma, niño—dijo la anciana—. A Roma.
Percy no estaba seguro de haberla oído bien. Era cierto, su memoria había sido borrada. Su cerebro no se sentía bien desde que se había despertado en la Casa del Lobo. Pero estaba seguro de que Roma no estaba en California.
—Claro que no. —dijo Annabeth, curiosa en cuanto a lo que la diosa se refería.
Jason sonrió. Nueva Roma fue y será su hogar; se sentía bastante orgulloso de todo lo que representaba ser un romano, por lo que su sentimiento nacionalista salía a flote.
Siguieron corriendo. El brillo del final del túnel se volvió más brillante, y al final salieron a la luz del sol.
Percy se quedó estupefacto. A sus pies se abría un gigantesco valle de varias millas de ancho. La base del valle estaba moteada con pequeñas colinas, explanadas doradas y zonas forestales. Un pequeño riachuelo en el centro cuyo curso sinuoso formaba un lago en el centro y formaba una G mayúscula por todo el perímetro.
—Eso es...
—Espera, aún sigue.
Podrían haber estado en cualquier punto del norte de California, con álamos y eucaliptos, colinas doradas y cielos azules. Y esa gigantesca montaña… ¿Monte Diablo, se llamaba?alzándose en la distancia, justo dónde debería estar.
Pero Percy sintió que se adentraba en un mundo secreto. En el centro del valle, acurrucada por el lago, había una pequeña ciudad de edificios de mármol blanco con tejados de tejas rojas. Algunos tenían cúpulas y otros portales con columnas, como si fueran monumentos nacionales. Otros parecían palacios, con puertas doradas y jardines enormes. Podía ver una plaza céntrica con columnas que no sujetaban nada, fuentes y estatuas. Un anfiteatro romano de cinco pisos brillaba a la luz del día, situado junto a una arena elíptica como un circuito de carreras. A través del lago hacia el sur, otra colina estaba poblada de edificios incluso más espectaculares: templos, supuso Percy. Varios puentes de piedra cruzaban el río en su cruce por el valle y, al norte, una larga línea de arcos de ladrillos se alargaba de las colinas hasta la ciudad. Percy creyó que eran como una vía del tren elevada. Entonces se dio cuenta de que era un acueducto.
—Es realmente un buen lugar. —sonrió Percy a los otros tres mestizos, que se veían algo fascinados por la descripción.
—¿Ahí es dónde se supone que vamos los semidioses? —preguntó con emoción Annabeth. Su cara cayó junto con la de los otros dos cuando Jason negó con la cabeza.
—Varios van allí, pero ustedes no. —dijo Jason de manera insensible.
Percy atrajo la atención a él cuando vió que parecían a punto de protestar—: Ustedes son griegos, van a otro campamento. Y descuiden que es aún más genial.
—Eso ni tú te la crees Perseus, es obvio que el campamento Júpiter es mejor.
—No es cier-
—¡Chicos! —Apolo alzó la voz. Nada bueno salía de una pelea entre un griego y un romano—. Las opiniones para después, es hora de leer.
Artemisa lo miró impresionada—: Nunca creí llegar a ver el día en que dijeras eso y mira que soy inmortal.
Los demás rieron y Apolo comenzó a leer de mal humor.
La parte más extraña del valle estaba situada justo debajo de él. Como a unos doscientos metros, justo al pasar el río, había algo parecido a un campamento militar.
Se trataba de un cuadrado de unos cuatrocientos metros con terraplenes por los cuatro costados, protegido con puntas afiladas. Fuera de los muros corría un foso seco, también salpicado de puntas. Torres de vigilancia de madera se alzaban en cada esquina, en cada una había un centinela con una ballesta gigantesca cargada.
Unos estandartes morados colgaban de las torres. Una amplia puerta abierta a un lado del campo, llevaba hacia la ciudad. Otra puerta más estrecha estaba cerrada a un lado del río. Dentro, la fortaleza rebosaba de actividad: docenas de chicos iban y venían de los barracones, cargando armas y puliendo armaduras. Percy oía el ruido metálico de los martillos en la forja y olía la carne siendo cocinada en una barbacoa.
—No es por ser malo, pero no creo que haya algo más genial que eso. —señaló Luke, tratando de no molestarse por la selectividad romana.
Jason sonrió a Percy como si hubiera ganado una gran batalla, a lo que él respondió con un gesto grosero.
Algo acerca de aquel lugar le recordaba muy familiar, aunque no todo estaba bien.
—Campamento Júpiter—dijo Frank—. Estaremos seguros una vez…
—No es cierto, yo nunca estoy seguro. —lloriqueó Percy mientras Jason le palmeaba la espalda al tiempo que rodaba los ojos.
Afrodita sonrió, era algo lindo verlos actuar así de nuevo.
Unos pasos resonaron por el túnel. Hazel apareció a la luz del día. Estaba cubierta con polvo de piedra y respiraba con dificultad. Había perdido su yelmo, por lo que su pelo rizado caía por sus hombros. Su armadura tenía profundas marcas de garras de gorgona. Uno de los monstruos le había pegado una etiqueta de 50% de descuento.
—Eso es cruel. —hizo una mueca Hermes. Jason sonrió.
—Cruel es bueno. —dijo, desconcertando a el dios ladrón.
—Prometiste dejar de ver los libros de Piper. —dijo Percy a Jason, que sonrió tímido.
—Las he ralentizado— dijo—. Pero estarán aquí en cualquier segundo.
Frank maldijo.
—¿Qué dijo? —inquirió Jason. Percy rió.
—Nada particularmente malo, no te alarmes.
—Tenemos que cruzar el río.
Junio se apretó más al cuello de Percy.
—Oh sí, por favor. No puedo dejar que mi vestido se moje.
Percy se mordió la lengua. Si aquella señora era una diosa, debía ser la diosa de las hippies apestosas, pesadas e inútiles.
Jason se ahogó mientras Annabeth y Luke miraban preocupados entre Percy y la diosa. Thalia alzó una ceja de manera impresionada.
—Ow, Jason, no sabía, ¡Jason! —Percy empujó al de ojos azules cuando éste comenzó a pegarle.
—Vamos, Perseus, ¡Que no es muy difícil aprenderse los nombres y características!
—Habla por tí, ¡¿Tienes idea de lo que tardé en reconocer a un dios griego como para que me salgan con que existen romanos?! Y no olvidemos a los Kane y el primo de...
—¿No dirás nada, querida? —preguntó Deméter a Hera, que se encogió de hombros con una sonrisa malévola.
—Creo que está pensando en lo divertido que es molestar al chico. —respondió Hades por ella. Deméter lo miró feo.
Pero había llegado lejos. Sería mejor que siguiera arrastrando con ella.
Sería todo un acto de bondad, había dicho. Y, si no lo hacía, los dioses morirían, el mundo que conocemos perecería, y todo el mundo de su vida pasada sería destruido. Si aquello era un examen, no podría evitar suspender.
—No debes suspender ningún exámen. —regañó Annabeth. Percy asintió mansamente, para la gracia de Jason.
Se tambaleó un par de veces mientras corrían hacia el río. Frank y Hazel le seguían de cerca.
Llegaron a la orilla del río y, Percy se detuvo para tomar aliento. La corriente era rápida, pero el río no parecía profundo. Sólo estaban a un tiro de piedra de cruzar las puertas del fuerte.
—Vamos, Hazel— Frank ajustó dos flechas al mismo tiempo—. Escolta a Percy para que los centinelas no le disparen. Ahora me toca a mí para mantener a los malos a raya.
—Tan lindo. —comentó con una sonrisa de tiburón Jason.
—Todo un príncipe azul. —le siguió el juego Percy. Ambos estallaron en carcajadas para consternación de los demás.
Hazel asintió con la cabeza y se metió en el arroyo.
Percy comenzó a seguirla, pero algo le hizo vacilar. Por lo general, le encantaba el agua pero aquél río parecía… poderoso, pero no necesariamente simpatizante.
—Es tu lado griego, sentí lo mismo en la Casa Grande. —dijo Jason. Artemisa entrecerró los ojos.
El hijo de Júpiter había estado en el otro campamento, quizá mientras el chico —Percy— estaba en el romano. Sonaba como... Un intercambios. Un griego por un romano. La pregunta era, ¿por qué?
Los pensamientos de Atenea llevaban la misma línea. Ella veía que los dos chicos se llevaban bien, por lo que era obvio que el motivo era juntar a ambos campamentos. Hacer que se llevaran bien. Y sospechaba que Hera era la culpable. ¿Quizá era algún plan para derrotar a Gea? No veía como podía ayudar, ya que había más probabilidades de acabar en desastre, ¿habría alguna profecía involucrada?
—El pequeño Tíber— dijo Junio, con simpatía—. Fluye con el poder del original Tíber, el río imperial. Esta es tu última oportunidad de retirarte, niño. La marca de Aquiles es una bendición griega. No puedes llevarla si quieres pisar territorio romano. El Tíber la borrará.
Poseidón hizo una mueca. Era una decisión difícil.
Percy estaba demasiado exhausto para entenderlo todo, pero entendió lo principal.
—Si cruzo, ¿no tendré la piel de acero nunca más?
—Tu nivel de comprensión me asombra, hermano.
—Estaba cansado, ¿sí? Así que cállate. —espetó Percy. Jason lo miró inocente.
Junio sonrió.
—¿Entonces qué? ¿Seguridad, o un futuro de dolor y posibilidades?
—En serio te estás diviertiendo, ¿no es así? —suspiró Zeus. La sonrisa de Hera se amplió más.
Detrás de él, las gorgonas chillaron al salir del túnel. Frank disparó las flechas.
Del centro del río, Hazel le llamó:
—¡Percy! ¡Vamos!
—No te conocía y ya te daba ánimos. —arulló Jason. Percy suspiró.
—De verdad, cállate.
En las torres de control, los cuernos sonaron. Los centinelas gritaron y giraron sus ballestas hacia las gorgonas.
Annabeth, Percy pensó.
—¡Aww, son tan lindos! —el fuerte chillido de Afrodita hizo saltar a todos de su lugar.
—¡Mujer, cálmate! —gruñó molesto Ares a Afrodita, que lo ignoró por completo.
—Pero tienes que mirarlos, ni siquiera la recuerda y haría todo por ella —exclamó entusiasmada. El sonrojo de Annabeth e acrecentó y Percy parecía mortificado—. Esto es hermoso, ¡hermoso!
—Ahí se fue tu dignidad. —comentó Jason. Percy parpadeó saliendo del shock y le dió un fuerte golpe, de tal manera que se perdió la mirada amenazante de Thalia.
Se sumergió en el río. Era de un frío helado, mucho más de lo que había imaginado, pero no le molestó. Una nueva fuerza surgió a través de sus miembros. Sus sentidos se estremecieron como si le hubieran inyectado cafeína.
—Así que así se siente. —exclamó sorprendido Jason. Percy asintió algo presumido; le encantaban sus poderes.
Llegó al otro lado y bajó la anciana mientras las puertas del campamento se abrían. Docenas de chicos con armaduras salieron. Hazel se giró con una sonrisa aliviada. Entonces miró por detrás de los hombros de Percy, su expresión cambió a horror:
—¡Frank!
—¿Frank? —preguntó Jason, su tono algo preocupado. Percy rodó los ojos con cariño.
—Está bien, señora mamá gallina. —dijo. Chilló cuando Jason le pellizcó en venganza.
Frank estaba a mitad del río cuando las gorgonas le capturaron. Ambas se precipitaron desde el cielo y lo tomaron por ambos brazos. Gritó de dolor mientras las garras se le clavaban en la piel.
—Auch. —murmuró sin simpatía Ares.
Los centinelas le gritaron, pero Percy supo que no podrían tener un tiro claro. Podrían acabar matando a Frank. Los otros niños sacaron las espadas preparados para ir al agua, pero llegarían tarde. Sólo había una manera. Percy sacó las manos.
—Tú sólo quieres presumir. —señaló Jason. Percy abrió la boca y se llevó la mano con falso dolor.
—¿Moi? —inquirió como si tal idea fuera escandalosa. Jason chasqueó la lengua.
—Sí, tú —se detuvo—. Y es Je, no Moi.
—De hecho, se puede traducir como ambas dependiendo de las circunstancias. —finalizó Percy con petulancia. Jason se veía sorprendido.
—¿Cómo sabes eso? —preguntó Jason. Percy hizo un gesto a Annabeth, que platicaba con Thalia sobre algo—. Oh, cierto.
Tuvo una intensa sensación de tirón en el estómago, y el Tíber obedeció a su voluntad. El río creció. Se formaron remolinos a cada lado de Frank. Unas manos gigantes acuosas surgieron de repente de la corriente, copiando los movimientos de Percy. Las manos gigantes agarraron las gorgonas, que soltaron a Frank de repente. Entonces las manos levantaron a los monstruos que graznaban en un apretón de líquido sólido.
—¿Puedes hacer eso? —preguntó Luke con admiración. Percy agitó las manos y, segundos después, un pequeño chorro de agua atravesaba su manos.
—Claro que sí. —aplaudió inocente, y el chorro de agua cayó sobre el rubio. Annabeth ahogó una risita
—¡Hey! —dijo con irritación Thalia cuando el agua la alcanzó. Chispas saltaron de su piel, pero Percy no se veía preocupado.
—No seas amargada, Cara de Pino. —bromeó. Se congeló cuando se dió cuenta de lo que había dicho.
—¿Cara de Pino? —preguntó confundida. Percy hizo señas frenéticas a Apolo, que se apresuró a leer, dejando a Thalia confusa e irritada.
Percy oyó gritar a los otros niños y el apoyo, pero él se mantuvo centrado en su tarea.
Hizo un gesto golpeador con los puños, y las manos gigantescas dejaron caer a las gorgonas en el Tíber. Los monstruos tocaron fondo y se convirtieron en polvo. Unas nubes brillantes de esencia de gorgona lucharon para volverse a formar, pero el río las separaba como una licuadora. Pronto todo rastro de gorgona fue arrastrado por la corriente. Los remolinos desaparecieron, y la corriente volvió a la normalidad.
—Eso fue...
—¡Impresionante! —Luke hizo un puchero cuando Annabeth lo interrumpió, era la segunda vez—. ¿Puedes hacer más?
—Ño. —espetó con infantilismo el Luke, para consternación de Annabeth. Se abrazó a la niña mientras miraba con desafío a Percy, que alzó las manos sonriendo ampliamente.
—No haré nada, lo prometo. —dijo. Luke asintió satisfecho.
Annabeth sólo miró confundida, pero se sentía bien ser abrazada.
Percy estaba en la orilla del río. Sus rompas y su piel vaporeaban como si las aguas del Tíber le hubieran dado un baño de ácido. Se sentía expuesto, desnudo, vulnerable…
—Adiós a la maldición de Aquiles.
En el medio del Tíber, Frank tropezó alrededor, parecía aturdido pero perfectamente bien. Hazel se metió en el río y le ayudó a llegar a tierra.
—Debieron haberlo ayudado antes. —murmuró Percy a lo que Jason le palmeó el hombro.
Entonces Percy se dio cuenta de lo callados que estaban los otros niños. Sólo la anciana Junio parecía imperturbable.
—Pero por supuesto. —clamó Hera. Era muy, muy divertido.
—Bueno, ha sido un viaje encantador— dijo—. Gracias, Percy Jackson, por traerme al Campamento Júpiter.
Una de las chicas hizo un sonido asfixiante.
—¿Percy… Jackson?
—¿Reyna? —adivinó Jason. Percy asintió rápidamente.
Sonó como si reconociera su nombre. Percy se centró en ella, esperando ver una cara familiar.
Ella era obviamente la líder. Vestía una capa majestuosa morada por encima de su armadura. Su pecho estaba decorado con medallas. Debía tener la edad de Percy, con unos ojos oscuros y penetrantes y un largo pelo negro. Percy no la reconoció, pero la chica le miró como si le hubiera visto en sus pesadillas.
—Suena linda. —señaló Luke sin mala intención. No se esperaba las miradas asesinas de Percy y Jason.
—Ni lo pienses. —siseó Jason. Percy hizo un gesto amenazante y Luke tragó.
—Bien, bien.
Junio rió deleitándose.
—Oh, sí. Os lo pasareis muy bien juntos.
Entonces, sólo para acabar de hacer el día completamente extraño,
—Ya era extraño. —dijo Thalia, intrigada en cuanto a la reacción de ambos. Mentiría al decir que no estaba celosa por el tono protector que se había diseñado de su hermano en el nombre de la chica, ¿quizás era su novia?
la anciana comenzó a brillar y a cambiar de forma. Creció hasta que era una brillante diosa de dos metros vistiendo un vestido azul, con una capa que parecía la piel de una cabra por encima de sus hombros. Su cara era severa y majestuosa. En su mano había algo coronado con una flor de loto.
Hera se regocijaba en su trono. Era una buena descripción.
Zeus miró con cautela a su esposa, normalmente él era el egocéntrico pero... Quizás un poco de orgullo no haría daño.
Si era posible que los campistas parecieran más estupefactos, fue entonces. La chica del manto púrpura se arrodilló. Los otros la imitaron. Un chico se arrodilló con tanta rapidez que casi es atravesado por su propia espada.
—Octavian. —adivinó de nuevo Jason,pero ahora el veneno se adueñaba de su voz. Percy se lo confirmó de nuevo con expresión de desagrado.
—¿Quién es Octavian? —preguntó Annabeth ante el obvio disgusto. Percy olfateó y Jason se aclaró la garganta.
—Un idiota.
—Un asesino de pandas.
Jason miró a Percy con cara de ¿enserio? A lo que él asintió.
Hazel fue la primera en hablar:
—Juno.
Ella y Frank se arrodillaron, dejando a Percy siendo el único en pie, pero después de haberla cargado durante todo este rato, no estaba muy dispuesto a mostrarle respeto.
Hera normalmente encontraría eso molesto, pero él chico le agradaba. La valentía que había mostrado le hacía interesante a su parecer.
Apolo definitivamente sentía una familiaridad. Había visto esa valentía antes, ¿pero dónde?
—Conque Juno, ¿eh? —dijo—. Si he aprobado tu examen, ¿puede devolverme mi memoria?
La diosa sonrió.
Como la actual. Percy sintió escalofríos.
—A su tiempo, Percy Jackson, si tienes éxito aquí en el campamento. Lo has hecho bien, lo que es un buen comienzo. Quizás aún hay esperanza para ti.
—Pero aquí no. —los nudillos de Jason golpearon la sien de Percy, que lo apartó de un manotazo.
Se giró hacia los otros chicos.
—Romanos, os presento al hijo de Neptuno. Durante meses ha estado dormido, pero ahora está despertado. Su destino está en vuestras manos. El Festival de Fortuna se avecina, y la Muerte debe de ser desatada si tenéis alguna esperanza en la batalla. ¡No me falléis!
—Eso es inspirador. —sonrió Ares. Sentía una batalla acercarse y eso le emocionaba.
Juno brilló y desapareció. Percy miró a Hazel y a Frank para algún tipo de explicación, pero parecían igual de confusos que él.
—Hablando en serio, ¿por qué confiaste tan rápido en ellos? —preguntó Jason. Percy no era la persona más sociable exactamente y le intrigada la automática conexión.
—No sé, ¿instinto? —la respuesta sonaba débil incluso para él. Jason frunció el ceño.
Frank estaba sujetando algo que Percy no había visto antes: dos frascos de arcilla con tapones de corcho, como dos pociones, una en cada mano. Percy no tenía ni idea de dónde las había sacado, pero vio a Frank metérselas en los bolsillos. Frank le echó una mirada como diciéndole: ya hablaremos más tarde.
—¿Sangre de gorgona? —preguntó Hefesto. Percy asintió, observando el animal robótico que el dios tenía en la mano.
La chica con el manto morado se adelantó. Examinó a Percy con atención, y éste no puedo evitar pensar que quería atravesarle con una daga.
—Creo que quiere más que eso. —Luke dijo, repasando a Percy con la mirada. Éste abrió la boca confundido, pero Jason le tapó los oidos de manera escandalizada.
—¡Tú! —gruñó a Luke—, no perviertas a ésta alma inocente.
El rubio sonrió con soberbia, no inmutandose por la mirada implacable de Jason. Los demás dioses comenzaron a reír, las risas de Apolo y Hermes sonando sobre los demás.
—¿Eh? —Percy observó a Jason confundido—. ¡Sueltame!
—Continuemos con la lectura. —sonrió Thalia. Annabeth se veía igual de perdida que Percy, lo cual Afrodita no sabía si era algo adorable o tonto.
Artemisa miró incrédula a Percy; ¿realmente no comprendía la insinuación?
—Así que…—dijo fríamente—, un hijo de Neptuno, que viene con la bendición de Juno.
—Espera —Annabeth alzó una mano—, ¿eso significa que tienes poderes de He- Juno?
Percy parpadeó sorprendido—: Nunca lo había pensado, ¿tú que crees?
Jason se encogió de hombros. Realmente no tenía idea.
—Mira—dijo—, mi memoria está borrosa. Em… en realidad, no tengo recuerdos. ¿Te conozco?
La chica vaciló.
—Seguramente se derritió ante tus ojos de foca bebé. —dijo Jason. Percy se puso rojo.
Luego de que Piper hubiera dado su opinión sobre los ojos de Percy, era una broma interna del campamento bromear sobre ello. Percy no estaba muy feliz con eso.
—Soy Reyna, pretor de la Duodécima Legión. Y no, no te conozco.
—Sí, claro.
Lo último era mentira, Percy lo supo ver en sus ojos. Pero también entendió que si discutía con ella sobre eso, delante de sus soldados, no lo reconocería.
—Eso es una observación... Muy buena. —dijo Atenea, analizando a Percy con atención.
Artemisa también se sorprendió. Parecía que si era alguien diferente.
—Hazel—dijo Reyna—, hazle entrar. Quiero interrogarle en el principia. Entonces le enviaremos a Octavian. Debemos consultar a los augures antes de que podamos decidir qué hacer con él.
—¿Te dejó pasar? —preguntó Jason, sabiendo que incluso antes de la locura, Octavian y Percy ya parecían tener una rencilla.
—Sí. Ni idea porqué.
—¿A qué te refieres—preguntó Percy— a 'decidir qué hacer' conmigo?
—Definitivamente hay algo más ahí. —dijo en voz alta Luke, sonriendo con descaro a la mirada de Jason.
La mano de Reyna se tensó sobre su daga. Obviamente no estaba acostumbrada a que sus órdenes fueran cuestionadas.
—Antes de aceptar a nadie en este campamento, debemos interrogarles y preguntar a los augures. Juno dijo que tu destino está en nuestras manos. Tenemos que saber si la diosa nos ha traído a un nuevo recluta…— Reyna estudió a Percy como si estuviera dubitativa … O…—dijo más esperanzada— a un enemigo al que matar.
—Esa niña me cae bien. —sonrió Ares. Hera olfateó.
—A mi no, ¿está insinuando que traería algún enemigo al campamento? —preguntó con disgusto. Nadie le respondió.
—Creo que debemos hablar. —dijo Jason, parándose para buscar un lugar algo más privado. Percy parecía a punto de protestar, cuando otra luz apareció en la sala, dejando a tres personas más.
10,000 palabras.
Wow, nunca en mi vida había escrito tanto, es sorprendente para mí, de verdad.
Creo que debo una disculpa por la tardanza, pero... Bueno, tuve algunos problemas y la mitad del capítulo se borró en un ataque de estupidez de mi parte. Lo siento, de verdad. Trataré de ser más puntual.
Explicaré algunas cosillas que creo importantes sobre este cap:
Primero, las parejas serán Canon. Todas. Y tomaré a Solangelo como mero capricho mío, ya que dije que las PDA no eran compatibles con ésta historia. La relación de Luke y Annabeth será meramente platónica y fraternal.
No busco tener un bashing de ningún personaje. Así que espero que perdonen la actitud de Atenea y Thalia. No tengo ningún rencor personal con ninguna, de hecho, Thalia es de mis personajes favoritos. Simplemente así quiero que se desarrolle la historia.
Hay que ser conscientes de que esta historia planeo hacerla llenas de sentimientos. Ya saben, sacando a relucir los problemas que cada semidios posee y arreglarlos con el transcurso de la lectura. ¿si me explico?
Y creo que es todo. Le decisión de incluir a Annabeth de esa edad era que prefiero que Percy no se centre en su relación. Ya que esto no gira entorno a las parejas, a pesar de que estarán presentes.
Ahora sí, es todo xD. Muchísimas gracias por todos los reviews, favs y follows. Son hermosos, en serio, los amo 3
Saludos y muchos abrazos, Pads.
PD. Percy es alguien muy celoso. Punto.
PD2. Jason está preocupado por la inocencia de Percy.
Pd3. Luke no xD.
PD3. ¿Alguien tiene alguna idea de a que se refiere Apolo?
