N/A al final.

No tengo idea de que hice aquí *se encoge de hombros* porque creo que me salió algo raro el capítulo :^)

Creo que debemos hablar. —dijo Jason, parándose para buscar un lugar algo más privado. Percy parecía a punto de protestar, cuando otra luz apareció en la sala, dejando a tres personas más.

Frank tropezó.

Normalmente eso no sería un gran problema, es decir, gran parte de su vida se basaba en tropezar y tirar las cosas. Su abuela era consciente de ello.

Pero ahora mismo, frente a varias personas extrañas, vestidas de manera extraña y mirándolo de manera extraña, era simple y llanamente vergonzoso.

Jason y Percy observaron a Frank sonrojarse bajo la atención. Hazel lucía confundida a un lado.

Y Reyna parecía asesina.

Los tres nuevo eran, al parecer, Hazel, Frank y Reyna. Percy no estaba sorprendido.

—Um, ¿dónde estamos? —inquirió Hazel en voz baja. Su padre lo miraba con los ojos abiertos.

De todas la posibilidades, ¿Hazel? ¿su hija? Había pensado que no podía ser más que una coincidencia pero... Al parecer no. ¿Cómo se había librado de la muerte? ¿Estaba realmente viva? ¿Así era en el futuro? ¿Por qué?

—Apolo. —llamó Zeus. Reyna parpadeó en su dirección, y tomando una inspección más cercana, se dió cuenta de algo.

Estaba en el Olimpo.

Con rapidez, se arrodillo dando un suspiro. Su mente corriendo a mil por hora y tratando de darle sentido a todo, ya que estaba en el maldito Olimpo. Hazel parecía no saber si seguir o no su ejemplo.

Apolo corrió a donde estaban los recién llegados, poniéndole los dedos en la frente tanto a Hazel como a Frank, que apenas tuvieron tiempo de reaccionar. Luego, miró a Reyna—: Levántate, por favor.

Ella levantó la mirada, un tanto confundida. No dió indicio de emoción cuando el dios tocó su frente, aparte de cerrar brevemente los ojos. Ojos que se abrieron impresionados cuando la información llegó.

—¿Estoy en el futuro? —arrugó el entrecejo Hazel. Estaba terriblemente confundida, hace apenas unos instantes se encontraba en los campos de asfodelo y ahora estaba en el Olimpo, al lado de distintas personas que nunca había conocido.

—Los dioses existen. —Frank dijo confundido, deseando que todo esto fuera un sueño. Desgraciadamente, todo parecía demasiado real, por lo que no era obvio que no era un sueño. Esto explicaba... Bueno, nada, excepto quizá su extraña afinidad al arco, ¿no Apolo era algo así como el dios arquero?

—Presentense y digan su padre divino. —dijo con voz aburrida Zeus. Los nuevos se miraron entre si y Reyna dió un firme paso adelante.

—Reyna Ávila Ramírez-Arellano, hija de Belona. —dió un arco con elegancia. Zeus asintió, satisfecho de que alguien mostrara el respeto adecuado.

—Puedes ir con los demás.

Reyna se giró a donde el dios señalaba, pero se congeló. Ahí, con el pelo rubio y ojos azules, algo más alto y desaliñado pero definitivamente el mismo, Jason Grace la miraba apenado.

—Uh... Hola. —dijo dando un rígido saludo. Reyna se le quedó mirando.

—¿Pueden continuar? —suspiró el rey. Quería terminar ya con todo.

—Hazel Levesque, hija de Plutón. —Hades parpadeó a su forma romana, su mano moviéndose por inercia. No podía mostrar tal afecto por su hija.

Hazel miró tímida a donde los cojines se encontraban. Sonrió un poco cuando uno de los chicos le hizo señas frenéticas de sentarse a su lado.

—¿Llegaste primero? —preguntó Reyna. Jason asintió con los labios fruncidos.

—Yo vengo del futuro —confesó, viendo como Reyna retrocedió un poco a eso. El dios se lo había dicho, pero recibir la confirmación de Jason era extraño—. Algunos años más tarde.

—¿Cómo...?

—Estamos vivos —sonrió, pero parecía cansado—. Es mucho que explicar.

—¿Y tú? —preguntó Zeus a Frank. El chico musculoso se estremeció, pero finalmente habló.

—Soy Frank Zhank, y no se quien es mi padre. —dijo apenado. ¿Debía saber eso? ¿Por qué no lo sabía? Se sentía bastante pequeño y miserable ante la presencia de los dioses.

Zeus cambió su mirada a Percy, que se encogió de hombros señalando al libro—: Ahí lo dirá.

—Muy bien —exclamó satifecho—. Vayan a sentarse para que comienze la lectura.

—Me llamo Hazel, ¿quién eres? —preguntó la hija de Plutón, algo incómoda. Si ellos sabían de los dioses, también sabían quien era su padre y que hacía. Por suerte, el muchacho no parecía afectada a su presencia. De hecho, parecía felíz, lo que era un enorme misterio, ¿por qué estaría feliz por verla?

—Percy Jackson, ¿ya debes que vengo del futuro? —cuando Hazel asintió, él sonrió—. Bien, te puedo decir que ya nos conocemos.

—¿En serio? —preguntó entusiasmada, pero fue interrumpida.

—¿Percy Jackson? —espetó Reyna. Percy retrocedió un poco, ignorando a Jason que se reía disimuladamente.

—Lo siento, ¿si? —Percy levantó las manos—. El libro explica mejor todo esto... Creo, así que puedes sentarte y estar con Jason o algo. Sólo no me mates.

Hazel se miraba escandalizada. Frank se aclaró la garganta, haciendo que todos giraran la cabeza a él.

—Hum, ¿me puedo sentar? —preguntó. Percy asintió sonriendo y el chico optó por sentarse lo más alejado a ellos, sintiéndose excluido. Lo que significaba que quedó al lado de Hazel.

—El libro explica como nos conocimos. —susurró a la hija de Plutón, que asintió con una pequeña sonrisa.

Al final, todos se sentaron relativamente en paz. Thalia no se miraba contenta de que Reyna estuviera ahora al lado de Jason (imaginaba que así se sintió Percy al ser ella, por lo que se sintió un poquito culpable). Annabeth y Luke se presentaron a los nuevos con un simple hola y su nombre.

Thalia y Reyna se observaron por un momento, pero no dijeron nada. Cada una tenía una relación con Jason —de alguna forma u otra— y bien podian ser mejores amigas o grandes enemigas. Todo dependería de la situación.

Finalmente, Apolo comenzó—: Percy III

El semidios soltó un ruido lastimero, a lo que Jason le dió un par de palmadas en la cabeza a modo de confort. El rubio se dio cuenta de que no pudo hablar con Percy, de nuevo.

AFORTUNADAMENTE A PERCY NO LE DABAN MIEDO LOS FANTASMAS. La mitad de la gente del campamento estaba muerta.

—¿En serio? —Luke preguntó. Reyna asintió.

—Así es, esos son los lares. —respondió orgullosa. Frunció el ceño cuando vió que Luke esquivaba la mirada, sin notar las miradas amenazantes de Percy y Jason.

Hazel parpadeó. Quizás ella era una fantasma. Se preguntó como reaccionarían todos estos chicos cuando supieran que había estado muerta, aunque los dos del futuro probablemente ya lo sabían.

Resplandecientes guerreros morados estaban de pie fuera de la armería, puliendo espadas etéreas. Otros vagabundeaban alrededor de los barracones. Un chico fantasma paseaba a un perro fantasma por la calle. Y en los estables un tipo grandote de un rojo brillante con la cabeza de un lobo vigilaba una manada de... ¿unicornios?

—¿Unicornios? —la mirada de Annabeth se llenó de excitación infantil. Después de todo, aún era una niña.

Jason asintió sonriente. Ese lado de Annabeth era una nueva faceta—: Sí. Puedo enseñartelos cuando regresemos.

Percy también se animó al ver el su entusiasmo, pero parpadeó cuando Annabeth parecía desinflarse de la nada.

—Pero no soy romana. —dijo triste. Jason nunca la había visto actuar así, y por la cara de Luke y Thalia, ellos tampoco.

Reyna alzó una ceja, recordando lo aprendido. Griegos, quien lo diría.

—Eso no te impedirá verlos. —dijo con firmeza. Estaba segura de que podía dejarla entrar, los dioses no parecían oponerse y Jason probablemente la ayudaría. Incluso el chico ese, Percy Jackson, lucía dispuesto a ayudarla. Algo en la mirada de Annabeth le recordaba a su infancia.

La rubia le dio una sonrisa que devolvió vacilante

Ninguno de los campistas prestaban demasiada atención a los fantasmas, pero mientras el séquito de Percy andaba, con Reyna en primer lugar y Hazel y Frank al otro lado,

—¿Yo? —Frank se vió desconcertado. Hazel miró a Percy, que se explicó.

—Ahí es donde nos encontramos por primera vez —dijo. Luego se giró a Apolo—. No es por dudar ni nada, ¿pero usted les explicó lo que había en los capítulos?

Jason alzó una ceja: claramente, eso era lo más educado que Percy podía ser con un dios.

Apolo sonrió apenado; sólo les había explicado la situación. Percy dió un largo suspiro de sufrimiento, mientras daba una breve explicación de los capítulos anteriores. Los tres nuevos asintieron en entendimiento mientras Artemisa miraba con suspicacia a Apolo.

todos los espíritus dejaban de hacer lo que estaban haciendo y se quedaban mirando a Percy. Unos pocos parecían enfadados. Un joven fantasma menudo graznó algo parecido a "¡Greggus!" y se volvió invisible.

Percy resopló molesto, murmurando maldiciones al fantasma.

—Graecus. —remarcó las sílabas Jason, riendo cuando Percy siseó enojado sobre él.

—Vuelve a decir eso, Grace, y juro que... Que...

—¿Sí? —Jason lo miró con condescendencia, que se desvaneció a las palabras de Percy.

—Le digo a Piper. —dijo con simpleza. El rubio gruñó algo, pero no siguió molestando. Su novia era una fuerza a temer.

Artemisa miró a ambos niños. De verdad se preguntaba como los griegos y romanos se habían juntado; aunque había sido algo reciente, si el que los otros mestizos no supieran nada era indicio de algo. Aun asi, ambos eran extrañezas andantes.

Percy deseó que también pudiera volverse invisible.

—¿Se puede hacer eso? —inquirió Luke, con Annabeth mirándose igual de curiosa. Frank también parecía interesado.

—Con ayuda de algunos objetos, pero sí —explicó con lentitud el hijo de Poseidón, pensando—. Con ayuda de la magia en sí.

Los ojos de Hazel brillaron ante la idea. Luke asintió satisfecho y Frank suspiró decepcionado. Era poco probable que tuviera en sus manos alguno de esos objetos que serían de gran ayuda en algún momento vergonzoso.

Después de unas semanas él solo, toda aquella atención le hacía sentirse incómodo. Se mantuvo entre Hazel y Frank e intentó pasar inadvertido.

Jason sacudió la cabeza. Percy podía ser todo menos pasar desapercibido.

¿Estoy viendo visiones? —preguntó—. ¿O eso son...?

¿Fantasmas? —se giró Hazel. Tenía los ojos brillantes, como un diamante de catorce quilates—.

Hazel apretó la mano en un puño. No tenía buenos recuerdos en cuanto a piedras preciosas.

Se perdió la mirada culpable de su padre, o las preocupadas de los futuristas.

Son los lares. Los dioses del hogar.

Dioses del hogar—dijo Percy—. Como... menores que los dioses, pero mayores que los dioses de estar por casa, ¿no?

Atenea olfateó. No se molestó en decir nada.

—Eso... No tiene sentido en lo absoluto. —dijo Annabeth. Jason rodó los ojos.

—Por supuesto que no, es Percy. —comentó, pasando un brazo por los hombros de su amigo. El de ojos verdes se recostó a su lado, sonriendo algo avergonzado.

Reyna los observó de reojo. Era algo difícil ver que Jason confiaba más en el muchacho que había destruido su antiguo hogar, y aunque no guardaba mucho rencor, quería saber cómo se habían vuelto tan unidos.

Son espíritus ancestrales—le explicó Frank. Se quitó el yelmo, revelando una cara infantil que no pegaba con su corte militar o su abultado cuerpo. Parecía un niño pequeño que había tomado esteroides y se había unido a la marina.

Frank se puso rojo cuando las miradas se posaron el él. De hecho, la descripción de Percy era bastante acertada, ya que el chico aún mantenía una cara que discordaba con su cuerpo. De cualquier manera, a Frank le desagradaba un poco las miradas.

Jason asintió. Él se había sorprendido bastante al ver a Frank totalmente cambiado durante su viaje.

Los lares son un tipo de mascota continuó—. La mayor parte de ellos son inofensivos, pero nunca los había visto tan alterados.

—Están preocupados por el griego tonto destruyendo su ciudad. —se burló Jason. Percy no le pegó porque... Básicamente si había destruido la ciudad. Pero, ¡hey! La estaba defendiendo del ataque de los gigantes, no era su culpa.

Ares se quejó. A todo ésto, no había pasado nada de acción.

Me están mirando a mí—dijo Percy—. Ese chico fantasma me ha llamado Greggus. No me llamo Greg.

Jason a veces se preguntaba como Percy había sobrevivido. En serio. El griego no poseía un mínimo instinto de supervivencia.

Graecus—dijo Hazel—. Una vez te hayas acostumbrado a estar aquí, comenzarás a entender el latín. Los semidioses tenemos un sentido natural para ello. Graecus significa griego.

Reyna ladeó la cabeza. Quizás podía usar a los lares para preguntar varias cosas, ya que obviamente ellos sabían. Nunca se le había ocurrido. Aunque debia buscar alguno que no fuera tan tonto.

—¿Podemos leer latín también? —Thalia preguntó. Percy la miró brevemente, pero negó con la cabeza.

—Es cierto —Jason pareció tener una clase de revelación—, ningún otro semidios ha podido leer latín con la misma facilidad que Percy, al menos no uno griego. Yo nunca pude aprender griego.

Atenea entrecerró los ojos y Apolo miró fijamente a Percy. Quizás...

Luke señaló a Percy—: Pareces ser capaz de hacer muchas cosas.

Jason lo miró amenazador y los dioses rieron un poco. Thalia sintió el impulso de chocar las cinco con el hijo de Hermes, pero suponía que Jason no apreciaría el gesto.

—Supongo, ser un hijo de los tres grandes te da muchas opciones. —dijo Percy encogiéndose de hombros. Miró a su padre, que parecía divertido por alguna razón. Se recostó totalmente sobre Jason cuando él lo acercó aun más.

¿Eso es malo? —preguntó Percy.

—¿Malo? —repitió Thalia. Los dioses se miraron indecisos y Jason negó con la cabeza.

—No tiene nada de malo, pero los griegos y romanos no estaban en los mejores términos en ese momento y su descendencia no le será exactamente de ayuda a Percy. —pasó una mano por el cabello del pelinegro, que parecía bastante presumido por su posición. Reyna los miró.

En el tiempo que había estado en el campamento, Jason nunca se había mostrado cómodo. No había tenido ningún amigo cercano y tampoco familiares, así que, ¿por qué parecía tan a gusto con Jackson? Reyna consideró brevemente que fueran pareja, pero lo desechó al instante; ese era un cariño totalmente fraternal. Lo que lo llevaba a la misma pregunta: ¿Cómo y por qué eran amigos?

Frank se aclaró la garganta.

Quizá no. Pero tienes ese tipo de complexión, el pelo oscuro y todo eso. Quizá crean que eres griego. ¿Tienes familia de allí?

Jason comenzó a reír y Percy dejó escapar un sonido algo molesto. Tenía mucha mas familia de la que quería, el incidente de Crisaor estaba firmemente grabado en su mente. Y ni hablar de Pegaso.

—Supongo que eso es un sí. —sonrió Apolo. Había descubierto cual era ese recuerdo sobre Percy y no sabía si decirle al semidiós o dejar que lo descubriera solo.

Mirando a Percy jugar con las manos de Jason mientras hacía ruidos graciosos, decidió que le daría tiempo.

No lo sé. Como he dicho antes, he perdido la memoria.

—Es horrible. —se quejaron ambos futuristas.

O quizás...—vaciló Frank.

¿Qué? —preguntó Percy.

Probablemente nada—dijo Frank—. Los romanos y los griegos tenemos una antigua rivalidad.

—Eufemismo. —murmuró Hermes, mirando la cara agria de Atenea. Era más que una antigua rivalidad.

Luke alzó una ceja, ¿a que se refería su padre?

Percy miró con grandes ojos a Jason, que suspiró mientras lo dejaba acostarse en sus piernas. Maldecía que Annabeth estuviera pequeña aún, ya que sería una muy buena forma de amenazar a Percy para cualquier cosa. A veces no comprendía el eterno respeto que Percy le tenía a su novia. La única vez que se lo comentó a Piper, ella había comenzado a reír.

O quizás sí comprendia. Pensó con una mueca, viendo la manera natural en la que Annabeth jugaba con su daga. Dioses.

Algunas veces los romanos usamos graecus como insulto para alguien que es un extranjero, un enemigo.

—¿Insulto? —inquirió Thalia. Annabeth y Luke también parecían ofendidos.

Percy y Jason le hicieron señas a Apolo, que comenzó a leer, ya que Reyna parecía dispuesta a debatir. No quería saber qué pasaría en caso de que las dos chicas se pusieran a pelear.

No me preocuparía por ello.

Sonaba preocupado.

—Por supuesto. —sonó Jason divertido. Frank tosió un poco, tratando de no pensar en lo mucho que éste libro parecía contar de él.

Se detuvieron en el centro del campo, donde dos amplias carreteras pavimentadas con madera se encontraban en una T.

Una señal en el camino nombraba la carretera que llevaba a las puertas principales como Via Praetoria. La otra carretera, cortando por la mitad del campamento, se llamaba Via Principalis. Debajo de esas señales habían señales pintadas a mano que decían: BERKELEY A 8 KM. NUEVA ROMA A 1'5 KM. ANTIGUA ROMA A 11,716 KM. INFRAMUNDO A 3,710 KM (éste señalaba hacia abajo)

—Encantador. —dijo Luke. Hazel se estremeció.

RENO A 334 KM. PARA UNA MUERTE CERTERA, USTED SE ENCUENTRA EN EL LUGAR IDÓNEO.

—Por eso el Campamento Mestizo es mil veces mejor. —no pudo evitar decir Percy. Jason rodó los ojos, ignorando las miradas incrédula de los otros griegos. El campamento Júpiter estaba muy bien, muchas gracias.

Para una muerte certera, aquél lugar parecía bastante limpio y ordenado. Los edificios parecían estar recién pintados, estaba todo ordenado como si hubiera sido diseñado por un quisquilloso profesor de matemáticas. Los barracones tenían porches sombríos, donde los campistas descansaban en hamacas o jugaban a cardas y bebían refrescos. Cada dormitorio tenía un estandarte distinto en la puerta. Cada uno tenía un número romano y un animal distinto: águila, oso, lobo, caballo y algo que parecía un hámster.

—¿Hamster? —preguntó Frank, Luke parecía emocionado.

—¡Ese lugar está genial! —gimió molesto—. ¿De verdad no podemos ir?

—Supongo que podemos hacer una excepción. —sonrió Percy tapando la boca de Jason, que se veía dispuesto a refutar esa oración.

Reyna lo miró—: No estoy segura de que tengas tal poder en el campamento, Griego.

—Me nombraron Pretor. —se encogió de hombros Percy, omitiendo con facilidad el hecho de que ya no era uno. Reyna lo miró incrédula, no creyendo eso en lo absoluto, pero Apolo comenzó a leer.

Por la Via Praetotira, había tiendas anunciando comida, armaduras, armas, café, equipamiento para gladiadores y ofertas de togas. Una tienda de carruajes tenía un gran anuncio en la tienda: ¡EL NUEVO CAESAR XLS CON SISTEMA ANTIBLOQUEO DE RUEDAS, SIN DENARIOS DE IMPUESTOS!

—Odio las carreras de carruajes. —dijo con disgusto Percy. Jason lo miró curioso

—¿Tuviste una carrera de carruajes?

Percy nunca le había dicho eso, y sonaba interesante, ¿quizá podría agregar esa idea al Campamento...?

—¡Ni lo pienses! —el dedo de Percy picó la nariz del rubio, que comenzó a hacer bizcos—. No vas a agregar nada que tenga que ver con esas carreras.

—Vamos, Perseus, no seas aguafiestas.

—La respuesta es no. Es horrible, te lo digo yo que puedo controlar a los caballos. —finalizó. Los demás observaban el extraño intercambio de palabras.

En una esquina de las carreteras se levantaba el edificio más impresionante de todos, un edificio de dos pisos de mármol blanco con un portal de columnas como un banco anticuado. Había guardias romanos apostados en los lados. Por encima de la puerta había un estandarte gigantesco morado con las letras doradas SPQR cosidas junto a una corona de laurel.

Senatum Popolumque Romanum. —dijo lentamente Percy. Jason sonrió con orgullo falso.

—Aw, al fin aprendiste algo en tu vida. —comenzó a reír. Percy le dió un codazo.

¿Vuestros cuarteles principales? — preguntó Percy.

Reyna se colocó frente a frente de él, sus ojos seguían siendo fríos y hostiles.

Lo llamamos el principia.

Advirtió la agitación de campistas curiosos que les habían seguido desde el río.

—Chismosos. —murmuró Luke divertido. Percy hizo un sonido entrecortado.

—Se parecen a los peces.

Todo el mundo, volved a vuestros deberes. Os haré un resumen en la asamblea de esta noche. Recordad, esta noche hay juegos bélicos después de la cena.

—¿Juegos bélicos? —preguntó con interés Thalia. Reyna asintió.

—Sirven para entrenar, supongo que podrías intentarlo. —accedió, decidiendo que no ganaba nada con ocasionar una pelea. Thalia se miraba emocionada a ello.

El pensamiento de una cena hizo que el estómago de Percy rugiera. La escena de una barbacoa en un comedor le hizo la boca agua. La panadería en una de las calles cercanas olía demasiado bien, pero dudó que Reyna le dejara ir.

—No es muy buena idea perderte de vista. —señaló Hefesto, haciendo referencia a los eventos pasados. Percy se sonrojó un poco.

—Tiene miedo de encontrar el campamento ardiendo si te deja solo. —Hazel sonrió a las palabras de Jason, que sólo acrecentó el sonrojó del mestizo. Mestizo que maldecía tener un amigo tan bocón.

La multitud se dispersó a regañadientes. Algunos murmuraron cosas sobre las oportunidades de Percy.

Está muerto—dijo uno.

O esos dos que le han encontrado—dijo otro.

Sí—murmuró otra—. Dejemosle unirse a la Quinta Cohorte. Griegos con chalados.

Percy gruñó y Annabeth murmuró algo parecido a una amenaza. No era agradable escuchar los insultos.

Varios chicos se rieron, pero Reyna les lanzó una mirada de advertencia y se dispersaron.

—Le tienen miedo. —comentó Luke con tono divertido. Percy asintió con un escalofrío, intercambiando una mirada rápida con un Jason repentinamente pálido.

Una Reyna furiosa era algo de pesadillas, ellos lo sabían de primera mano. A la chica no le agradaban en absoluto sus bromas y Nico gozaba recordarles cierto incidente cada vez que podía.

Hazel—dijo Reyna—. Ven con nosotros. Quiero tu informe sobre lo que paso en las
puertas.

Hazel parpadeó sorprendida; normalmente nadie tomaba en cuenta su opinión.

¿Yo también? —dijo Frank—. Percy me ha salvado la vida. Tenemos que dejarle...

Reyna le lanzó a Frank una mirada muy severa, éste retrocedió.

—Sabio movimiento. —dijo solemne Jason. Percy afirmando con un movimiento nervioso.

—Eso es interesante. —Artemisa dijo con una leve sonrisa. Ambos muchachos no habían mostrado el más mínimo temor a los dioses o monstruos, pero parecían aterrados de molestar a la chica.

Reyna parecía pensar lo mismo a juzgar por la ceja levantada en sus dirección.

Y Frank sólo deseó volverse más chico. Ellos definitivamente no estaban ayudando; Reyna se veía bastante capaz de amenazarlo. O matarlo. No sabía que era peor.

Me acuerdo de ti, Frank Zhang—dijo—. Estás en probatio. Has causado bastantes problemas esta semana.

Un suspiro salió de la boca del romano. Por supuesto que había causado problemas, eso era típico de él.

—¿Alguna vez fuiste probatio? —Percy preguntó a Jason. Este no respondió.

Las orejas de Frank se volvieron rojas. Frank jugueteó con una pequeña tableta de una cuerda colgada de su cuello. Percy no había prestado mucha atención a eso, pero parecía como una etiqueta con su nombre de plomo.

—¿Cómo un soldado? —inquirió Annabeth, haciendo un gesto rápido a la mirada confusa de Percy—. Ya saben, con las placas de identificación.

Con una maniobra dramática con las manos, Percy negó con lentitud.

—No tengo ni la menor idea de que estás hablando. —dijo con tranquilidad el moreno, ignorando el chillido frustrado de Annabeth.

Jason rodó los ojos. Percy a veces podía ser una pequeña bola molesta, era obvio que si sabía cuales eran esas placas. Sería mejor que la Annabeth de su tiempo nunca se enterara de sus bromas.

Ve a la armería—le dijo Reyna—. Consulta nuestro inventario. Te llamaré si te necesito.

Pero...—Frank se detuvo—. Sí, Reyna.

Corrió.

—Cobarde. —soltó Ares. Frank frunció el ceño, extrañamente no intimidado por el dios guerrero.

—Yo creo que simplemente es precavido. —dijo Percy, sonriendo inocentemente cuando Reyna lo miró.

Reyna hizo que Hazel y Percy entraran en los cuarteles generales.

Ahora, Percy Jackson, veamos si podemos sacar algo de esa memoria.

—Te llevarás una decepción, éste lugar lleva hueco siglos. —comentó Jason chocando los nudillos sobre la cabeza de Percy, que le dió un manotazo y se apartó con rostro indignado. Thalia rió.

El principia era incluso más impresionante por dentro. En el techo brillaba un mosaico que representaba a Rómulo y a Remo adoptados por una loba (Lupa le había contado esa historia miles de veces a Percy). El suelo era de mármol pulido. Las paredes estaban cubiertas de terciopelo, por lo que Percy se sintió como si estuviera dentro de la carpa de la tienda de campaña más cara del mundo. Por la pared a sus espaldas se alzaba una exposición de estandartes y postes de madera con medallas de bronce, símbolos militares, supuso Percy.

—El Campamento Júpiter es un lugar digno. —se pavoneó Zeus, ignorando a Hades que se burlaba y a Poseidón que resopló de mal humor. Ellos no habían sido muy queridos en Roma y no le tenían gran aprecio.

En el centro había un hueco, como si el estandarte principal había sido retirado para limpiarlo o algo parecido

—Limpiar. —se burló Jason, haciendo a Percy hacer una mueca.

Recordaba que aún tenía una charla pendiente con el romano. De verdad tenían que hablar al final de capítulo.

En la otra esquina, una escalera bajaba. Estaba guardado por un par de barrotes de acero como una celda. Percy se preguntó qué había allí dentro ¿monstruos? ¿Un tesoro? ¿Semidioses amnésicos que Reyna encerraba?

—En serio, ¿doy tanto miedo? —espetó Reyna a Jason y Percy. Ambos adolescentes intercambiaron miradas de pánico, sin saber que responder.

—Bueno... Verás, Reyna... —comenzó Jason con nerviosismo. La verdad es que ella sí daba un poco de miedo.

—Bueno, sí —dijo con tono de obviedad Percy, haciendo a Jason querer darle un golpe cuando vió el leve destello de dolor en la cara de la semidiosa. Sin embargo, el mestizo continuó—. Pero eso no tiene que ser algo necesariamente malo. Es decir, Anna- mi novia me dijo una vez que daba miedo, pero no por eso no está conmigo. Supongo que hay que aceptarlo y vivir con ello. —finalizó con una leve sonrisa, tratando de aligerar el ambiente.

Jason lo miró un poco impresionado, pero Percy mantuvo los ojos sobre la hija de Belona. Sabía que no era algo precisamente lindo que te dijeran que dabas miedo, después de todo, a él le había dolido ver la mirada atemorizada de Annabeth al controlar los ríos venenosos, pero había llegado a un acuerdo consigo mismo. Y esperaba que Reyna también hiciera eso.

Lentamente, Reyna asintió. Estaba acostumbra a que la gente le tuviera miedo pero... aun así se sentía mal.

—Si ayuda en algo —interrumpió Hazel con un sonrojo—, yo no creo que sea algo malo.

Reyna parpadeó, pero Annabeth asintió—: Sí, además siempre es bueno para asustar a los enemigos.

—Y los niños son unas gallinas. —señaló Thalia. Reyna sonrió suavemente, mostrando su agradecimiento. Quizá podía hacer amigos.

Jason miró a Percy, dando un silbido.

—Vaya discurso ahí, señor Jackson. —le palmeó la espalda, ignorando los intentos de defensa de su compañero.

—Cállate, Grace.

Afrodita miró a los semidioses enternecida. Podía sentir la unión que se formaba, y suponía que los libros estaban haciendo su trabajo. Era bueno ver a los hijos de los dioses de esa manera; sin guerras ni conflictos. Eso demostraba un gran avance.

En el centro de la sala, una larga mesa de madera estaba llena de pergaminos, libretas, agendas electrónicas, dagas y un gran pote de cristal lleno de gominolas, algo que parecía no ir acorde lo demás. Dos estatuas a tamaño real de galgos ingleses, una dorada y la otra plateada, flanqueaban la mesa. Reyna anduvo por detrás de la mesa y se sentó en una de las sillas de respaldo alto. Percy deseó que pudiera sentarse en la otra, pero Hazel también se mantuvo de pie. Percy tuvo el sentimiento de que le tocaba decir algo.

Jason abrió la boca para decir algo, pero Percy se la cubrió con la mano. No hacía falta ninguno de sus comentarios, de verdad.

Entonces...—comenzó a decir. Las estatuas de los perros enseñaron los dientes y gruñeron.

Percy se quedó helado. Normalmente le gustaban los perros, pero aquellos le miraban fijamente con sus ojos de rubí. Sus colmillos parecían ser tan afilados como cuchillas.

—Es que están afilados como cuchillas. —señaló alegremente el rubio, quitando la mano de su boca. Percy dijo algo que nadie entendió, pero que probablemente era un insulto.

Tranquilos, chicos—les dijo Reyna a los galgos.

Dejaron de gruñir, pero siguieron mirando fijamente a Percy como si se lo estuvieran imaginando como un hueso.

No atacarán—dijo Reyna—, a no ser que intentes robar algo o que se lo ordene yo.

—No creo que eso sea un gran alivio. —murmuró Hera. El libro estaba causando diversas reacciones, pero aún tenía dudas de porqué o para que era eso.

Son Argentum y Aurum.

Plata y Oro—dijo Percy. Los significados en latín le venían a la cabeza como dijo Hazel que harían. Había estado a punto de preguntar cuál era cuál. Entonces se dio cuenta que era una pregunta estúpida.

—Sip, incluso para tí sería sumamente estúpido. —declaró Jason. Percy se giró haciendo un puchero, su frente frunciéndose en descontento.

—Basta de Bullying. —exigió, frunciendo aun más el ceño cuando Jason no parecía dispuesto a parar de discutir, una sonrisa algo soberbia plasmada en su cara.

—Puedes sentarte aquí. —Luke señaló el sillón a su lado, a lo que Jason abrió la boca para protestar. Por supuesto que su Percy no se sentaría allí.

Sin embargo, en un movimiento rápido, el hijo de Poseidón ya se encontraba ahí, sonriendo al otro rubio—: Gracias. —dijo, luciendo infinitamente satisfecho.

Luke se miró desconcertado. No creía que hiciera caso a su sugerencia. Oh, bueno, no hacía ningún mal, Percy era bastante agradable.

Apolo continuó con la lectura sonriendo. Las caras que el hijo de Júpiter hacía eran sin duda divertidas.

Reyna dejó caer la daga sobre la mesa. Percy tenía la vaga sensación de haberla visto en algún lugar antes. Su pelo era negro y brillante como la piedra volcánica, peinado en una simple coleta que caía por su espalda. Tenía el porte de un espadachín, relajada pero vigilante, como si estuviera lista para entrar en acción en cualquier momento. Las arrugas de preocupación en sus ojos le hacían parecer más mayor de lo que probablemente era.

—Exijo una descripción igual de épica. —dijo Luke. Percy hizo una mueca en su interior: no creía que Luke tuviera una descripción precisamente.

Ya nos conocemos—dijo—. No recuerdo cuándo. Por favor, si pudieras decirme algo...

Lo primero es lo primero—dijo Reyna—. Quiero ir tu historia. ¿Qué recuerdas? ¿Cómo has llegado hasta aquí? Y no mientas. A mis perros no les gustan los mentirosos.

Argentum y Aurum gruñeron para enfatizar lo dicho.

—¿Detectan las mentiras? —preguntó con interés Hefesto. Reyna asintió, la imagen de sus galgos llegando a su mente.

—Precisamente. Son bastante útiles.

Percy les contó la historia, cómo se despertó en la mansión hecha ruinas en los bosques de Sonoma. Describió lo ocurrido con Lupa y su manada, aprendiendo su lenguaje de gestos y expresiones, aprendiendo a sobrevivir y a luchar.

Apolo recordó su bienvenida. Definitivamente él sabía luchar.

—¿Viviste con los lobos? ¿Eso te conviertes en alguna especie de cachorro? —preguntó Luke a Percy, que abrió y cerró la boca sin saber que responder.

Lupa le había hablado de los semidioses, los monstruos y los dioses. Le explicó que era una de los espíritus guardianes de la Antigua Roma. Los semidioses como Percy eran los responsables de continuar con las tradiciones romanas en los tiempos modernos, luchando contra monstruos, sirviendo a los dioses, protegiendo a los mortales y continuando la memoria del Imperio.

—Esa es una buena descripción de lo que deben limitarse a hacer. —dijo Ares, jugueteando con una granada.

Hermes miró a Luke. Parecía bastante enojado por el comentario.

Percy suspiró al ver a Luke apretar los dientes en enfado. Debía encontrar una manera de hacerle ver que estaba equivocado.

Había pasado meses entrenándole, hasta que se hubo hecho tan fuerte y duro y fiero como un lobo.

—Supongo que pasaste la prueba. —sonrió Apolo, mirando al semidiós susurrar algo en el oído del hijo de Hermes. Algo pasaba ahí.

Cuando estuvo satisfecha con sus habilidades, le había enviado al sud, contándole que si sobrevivía al viaje, podría encontrar un nuevo hogar y recuperar su memoria.

—Debes ser importante si se ha decidido hacer todo esto sólo para tí.

Nada pareció sorprender a Reyna. De hecho, pareció encontrarlo muy típico, excepto por una cosa.

¿No tienes recuerdos? —preguntó—. ¿Sigues sin recordar nada?

—Creo que eso se ha dejado claro. —murmuró Atenea, disfrutando de molestar a los romanos.

Luke se veía pensativo. Algo había dicho Percy que lo puso a pensar.

Momentos difusos y sin sentido—Percy miró a los perros. No quería mencionar a Annabeth. Parecía demasiado privado, y seguía sin saber dónde encontrarla.

La sonrisa de Afrodita se agrandaba conforme la lectura y el color en el rostro de Percy avanzaba. Ares consideró alejarse de ella, ya que de verdad daba miedo, cosa que no admitiría ni bajo tortura, claro.

Estaba seguro de que la había conocido en un campamento, pero este no era el lugar correcto. Tampoco quería contar el único recuerdo claro: la cara de Annabeth, con su pelo rubio y sus ojos grises, la forma en la que reía, en cómo ponía sus brazos a su alrededor y cuando le daba un beso cada vez que hacía algo estúpido.

Debió de haberme besado mucho, pensó Percy.

—Ni una palabra. —dijo Percy levantando una mano, sintiéndose infinitamente avergonzado. Luke le dió una mirada amenazante mientras abrazaba a Annabeth, pero nada más.

Thalia observó a la niña rubia, que se aclaraba la garganta igualmente sonrojada. No estaba feliz con su elección de pareja pero definitivamente no era su asunto, por lo que no diría nada.

Afrodita se veía irremediablemente satisfecha. Percy suspiró irritado, observando con ojos de cachorro a Jason para que viniera a rescatarlo de su vergüenza. Jason, por supuesto, lo ignoró.

Tenía miedo de que si le contaba a alguien sobre su recuerdo, se evaporaría como un
sueño. No podía arriesgarse a eso.

—Eso es algo dulce. —señaló Hera. Percy sólo desvió la mirada.

Reyna agarró su daga.

En parte lo que nos cuentas es normal para los semidioses. A cierta edad, de una forma u otra, encontramos nuestro camino a la Casa del Lobo. Somos examinados y entrenados. Si Lupa cree que valemos, nos envía al sud para unirnos a la legión. Pero nunca he oído nada parecido, sobre perder la memoria. ¿Cómo encontraste el Campamento Júpiter?

Jason ladeó la cabeza. Era cierto, ¿cómo lo había encontrado? El obtuvo ayuda —en el sentido vago de la palabra— para llegar al campamento Mestizo, ¿fue lo mismo para Percy?

Percy le contó sobre sus últimos tres días, las gorgonas que no morían, la anciana que se convertía en una diosa, y el encuentro final con Hazel y Frank en el túnel de la colina.

—Mi héroe. —entonó con sarcasmo Jason. Percy le sacó la lengua, con Hazel observando divertida sus interacciones.

Hazel continuó la historia a partir de ahí. Describió a Percy como bravo y heroico, lo que le hacía sentir incómodo.

—¿Lo siento? —dijo Hazel. Percy le hizo un gesto de que no importaba.

Todo lo que había hecho era cargar con una anciana.

—Yo creo que hizo más que eso. —murmuró Frank. Reyna asintió pensativa.

Reyna le estudió.

Eres demasiado mayor para ser reclutado. ¿Cuántos tienes? ¿Dieciséis?

Eso creo—dijo Percy.

Percy hizo un ruido ahogado. Había odiado no saber nada sobre él mismo.

Si pasas demasiados años tú solo, sin entrenar o ayudar, deberías estar muerto.

—Ese positivismo es asombroso. —dijo Apolo. Reyna se encogió de hombros; ella sólo estaba marcando los hechos.

—La mayoría de los semidioses ve el vaso medio vació. —dijo Jason. Suspiró cuando vio que nadie comprendió la referencia.

¿Hijo de Neptuno? Debes tener un aura muy poderosa que podría atraer todo tipo de monstruos.

Sí—dijo Percy—. Me han dicho que huelo.

Jason rodó los ojos y algunos rieron. Percy debía conseguir un filtro de boca-pensamientos.

—Idiota. —dijo. La mirada ofendida del principe del mar sólo aumentó las risas, para disgusto de este.

Reyna casi sonríe, lo que le dio un respiro a Percy. Quizá fuera humana y todo.

Reyna miró a Percy con una ceja alzada, a lo que él levantó las manos—: Estabas muy seria.

—Por supuesto que sí. —murmuró Jason. Reyna sacudió la cabeza con una pequeña sonrisa en los labios.

Debes de haber estado en algún lugar antes de la Casa del Lobo—dijo.

Percy frunció el ceño. Junio le había dicho algo sobre que estaba dormitando, y tenía un vago sentimiento de haber estado dormido, quizá durante mucho tiempo. Pero no tenía sentido.

—¿De aquí a cuando algo tiene sentido? —preguntó Thalia a la nada.

—Los dioses no tienen sentido. —sentenció Luke. Las divinidades fruncieron el ceño.

Hermes miró a su hijo con curiosidad. Sonaba algo resentido, ¿por qué? había notado que algo estaba mal con el muchacho cuando este se negó a mirarlo, pero no tenia ni idea de que era.

Reyna suspiró.

Afrodita dijo algo por lo bajo. Todos esos niños ya tenían una gran carga por delante, los pobres. No debería ser así.

Percy se deslizó un poco a los lados: debía recuperar su lugar junto a Jason.

Bueno, los perros no te han comido, así que supongo que estás contándonos la verdad.

—Es poco probable que se equivoquen. —afirmó el dios herrero. Percy se movió un poco más.

De acuerdo—dijo Percy—. La próxima vez, ¿podemos usar un polígrafo?

—¿Podrías dejar de ser tan repelente? —espetó Atenea, con Artemisa dando un asentimiento leve. Percy abrió la boca, pero Ares lo interrumpió.

—Debes tener más respeto por la autoridad Punk. —dijo. La cara de Percy se oscureció.

—Yo voy a tener respeto a quien me dé la gana —gruñó molesto—. Aprecio mucho a Reyna y no necesito que me lo digan, mucho menos unos dioses que no se han ganado el más mínimo de respeto.

—No le vamos a mostrar nada a un mortal. —tronó Ares levantándose de su asiento. Los ojos de Percy se entrecerraron y sintió un extraño arranque de furia.

Jason miró a Percy, pero no dijo nada cuando éste se paró. Reyna se veía sorprendida y los demás semidioses cautelosos.

—Un mortal que, por cierto, les ha mantenido a salvó sus puestos en esos tronos bonitos —dijo hastiado—. Al que no pueden atacar por órdenes de los destinos y al que tampoco dañarán si no quieren una rebelión con los demás mestizos, claro.

Los dioses parpadearon. ¿Seguramente el niño no tenía tal poder? El hijo de Júpiter no confirmó ni negó las palabras de su compañero, pero definitivamente parecía dispuesto a seguir órdenes.

—¿Cómo sabes lo de los destinos? —preguntó con calma Apolo. Primero, debía saber la manera en que el adolescente había conseguido esa información, ya que era obvio que no había estado ahí cuando la noticia fue dada.

Percy desvió la mirada de un furibundo Ares a el dios del sol. Murmuró algo por lo bajo y luego carraspeó—: Es obvio. Ningún dios pasa más de algunos minutos en mi presencia sin aguantar amenazarme, algo los está deteniendo.

—Aquí sólo hay algunos mestizos, ¿cómo piensas ganar? —inquirió Dionisio, que se había levantado con el ajetreo.

La sonrisa de Percy era viciosa.

—¿Y quien dice que son estos mestizos? —preguntó burlón—. Futuro, ¿recuerdan? Y hay muchas personas que les gustaría vengarse de algunos padres indiferentes...

—¡Percy! —dijo Jason de pronto, parando su discurso. Luke parecía particularmente afectadoa eso y Jason pudo notar que la fuente detrás temblaba. El rubio semidiós jaló a su compañero junto a él, sentandolo en el acto—. Basta.

Percy parpadeó, dando un vistazo a su alrededor. Parecía sorprendido. Luego, sus ojos se abrieron en shock, para luego comenzar a murmurar disculpas.

—Jason, yo no quería...

—Lo sé —le dió una mirada extraña—. Señor Apolo, por favor.

El gemelo arquero miró a el romano susurrar cosas a un afectado Percy. Abrió el libro con algo de confusión y comenzó a leer, las miradas poco a poco yéndose.

Zeus, que no había intervenido, frunció el ceño. Eso confirmaba muchas cosas.

Jason hablaba algo con Percy en voz baja. El hijo de Poseidon se veia avergonzado con la mirada baja.

Reyna se levantó. Estaba de cara a los estandartes. Sus perros metálicos miraban a todos lados.

Aunque aceptara que no eres un enemigo—dijo—, no eres un típico recluta. La Reina del Olimpo no aparece por sí sola en este campamento, anunciando a un nuevo semidiós. La última vez que un dios mayor nos visitó...—negó con la cabeza—. He oído leyendas sobre esas cosas. Y un hijo de Neptuno... eso no es buena señal. Especialmente ahora.

Percy dijo algo a Jason, a lo que el semidiós rubio sonrió triste. De vez en cuando, los demás miraban con cautela en sus dirección sin decir nada.

¿Qué hay de malo con Neptuno? —preguntó Percy—. ¿Y a qué te refieres con 'especialmente ahora'?

—Siempre es malo. —dijo con más calma el chico. Poseidón se veía preocupado.

—Eso creo. —asintió Jason, su mano frotando círculos calmantes en su espalda. No parecía sorprendido por todo el escándalo, sólo algo triste.

Percy había tenido algunos ataques de ira luego de que la guerra había terminado, seguro ninguno tan potencialmente peligroso como ese, pero los había tenido. Según Will, era uno de los efectos de haber pasado por tantas cosas. Trastorno de estrés postraumático, así lo había llamado, o TEPT. No había sido el único que lo había padecido y todos los hijos de Apolo estuvieron bastante atareados con el asunto, ya que, ¿cómo ayudar a los demás con sus problemas cuando tú mismo los tenías?

Percy se había mantenido algo taciturno con el diagnóstico, pero con ayuda de los demás mejoraba. Nico fue de especial ayuda con su humor negro que, de alguna manera, hacía a Percy sonreír. Y Jason, claro, que procuraba estar siempre con él. Era una especie de dar-ganar. Jason vigilaba a Percy y Percy le ayudaba a despertar de pesadillas o salir de Flashbacks, un método sencillo que funcionaba hasta ahora, aunque a veces fuera al revés.

Hazel le lanzó una mirada de advertencia. Reyna siguió andando de un lado a otro.

Has encontrado a las hermanas de Medusa, que no han sido vistas durante cientos de años. Has agitado a nuestros lares, quienes te llaman graecus. Y vistes símbolos extraños, esa camiseta, esas cuentas en tu collar. ¿Qué significan?

—Eres un 2012 andante. —dijo con satisfacción el rubio. Por supuesto, sólo consiguió miradas confusas y un bufido de Percy por su pobre intento de broma.

Percy miró hacia su camiseta naranja hecha jirones. En algún tiempo había tenido letras, pero ahora estaban demasiado borradas para leerse. Debía de haberse deshecho de esa camiseta hacia semanas. Se había destrozado pero, no se atrevía a deshacerse de ella. La seguía lavando en charcos y fuentes lo mejor que podía y se la volvía a poner.

—Es una de tus conexiones al pasado. —dijo Hazel, aún sorprendida con todo el estallido. Percy asintió con cansancio.

Y en cuanto al colgante, las cuatro cuentas estaban decoradas con un símbolo distinto cada una.

—Cada una explica un suceso importante del campamento mestizo. —explicó Jason. Los demás asintieron satisfechos, excepto por Reyna, que notó el afecto entrelazando su voz.

Una mostraba un tridente.

—Fuí el primer hijo de Poseidón en décadas. —dijo Percy a modo de explicación. Hades frunció el ceño.

¿Por qué Poseidón no tendría hijos en tanto tiempo?

Otra una miniatura del Vellocino de Oro.

—Las barreras del campamento eran débiles y necesitamos arreglarlas, por lo que en una búsqueda conseguimos el Velloncino de Oro. El original. —aclaró de nuevo. Los que sabían de la leyenda se veían sorprendidos.

La tercera estaba pintada con el diseño de un laberinto

—En esa, uh, entramos al laberinto. El original. —dijo con un chillido final, golpeando la mano de Jason cuando éste lo pellizcó. Lo miró molesto, pero Jason no le prestaba atención.

—¿Es enserio? ¿Estaba el minotauro? —preguntó Luke. Percy hizo una mueca.

—En realidad me lo encontré antes. Puede estar fuera del laberinto. —se lamentó. Luke se estremeció.

y la última tenía la imagen de un edificio, ¿quizá el Empire State? Las cuentas tenían nombres grabados en ellos.

—Esa fue de la batalla de Manhatan —dijo, su tono de voz diferente—. Sucedió debajo del Olimpo, una batalla contra un... Sujeto poderoso. Los nombres de los que murieron ese día están grabados en la cuenta.

Las miradas de todos se dirigieron a las bolas de arcilla en su cuello. Percy tenía la mirada perdida, por lo que Apolo continuó.

Las cuentas parecían importantes, como las fotografías de un álbum familiar, pero no podía recordar qué significaban.

—Ahora lo haces. —dijo Annabeth. Percy sonrió levemente.

No lo sé—dijo.

¿Y tu espada? —dijo Reyna.

Percy comprobó su bolsillo. El bolígrafo había reaparecido como siempre lo hacía. Lo sacó y entonces se dio cuenta de que no le había enseñado nunca la espada a Reyna. Ni siquiera Hazel y Frank la habían visto. ¿Cómo sabía de ella Reyna?

—Ella lo sabe todo. —susurró en tono conspirador Jason. Reyna rodó los ojos.

Demasiado tarde para hacer que no tenía espada. Había destapado el bolígrafo. Contracorriente volvió a su forma original. Hazel ahogó el aliento. Los perros ladraron.

—Mi espada es genial. —se regocijó Percy, ignorando el "si claro" que Jason soltó.

¿Qué es eso? —preguntó Hazel—. Nunca he visto una espada como esa.

Yo sí—dijo Reyna, sombría—. Es muy vieja, diseño griego. Acostumbrábamos a tener de esas en la armería pero...—se detuvo—. El metal se llama bronce celestial.

—Suena bien. —dijo Luke. Frank no comentó, ya que él prefería los arcos.

—Lo es. —dijo Percy con una sonrisa, mientras jugaba con un bolígrafo entre sus dedos. Jason murmuró un presumido por lo bajo.

Es mortal para los monstruos, como el oro imperial, pero aún más raro.

¿Oro imperial? —preguntó Percy.

Reyna desenvainó su daga. Ahora sí que lo veía bien, la hoja era de oro.

—No me digas, Sherlock.

El metal fue consagrado en tiempos antiguos, en el Panteón de Roma. Su
existencia fue guardado por los emperadores, algo para que sus campeones pudieran destrozar los monstruos que pusieran en peligro al Imperio. Acostumbrábamos a tener armas como estas, pero ahora... no tenemos. Yo uso esta daga. Hazel tiene una spatha, una espada de caballería. Muchos legionarios usan una espada más corta llamada gladius. Pero tu arma no es romana del todo. Otro símbolo de que no eres el típico semidiós. Y tu brazo...

—Nunca fuí el típico semidios, ni siquiera en el Campamento Griego. —dijo Percy, recordando. Annabeth lo miró intrigada.

¿Qué le pasa? —preguntó Percy.

—Ahora tengo un tatuaje. —alzó su brazo Percy y Reyna alzó las cejas. Al parecer, se había quedado bastante tiempo.

Eso generó muchas preguntas entre los dioses, especialmente Atenea. Apolo miró con atención el tridente que marcaba la piel de Percy, recordando una Lira en un brazo parecido...

Reyna alzó el suyo mostrándole el antebrazo. Percy no lo había visto hasta entonces, pero tenía un tatuaje en él: las letras SPQR y una espada cruzada con una antorcha y cuatro líneas paralelas.

—Bellona. —dijo Reyna, mirando su brazo que sólo tenía dos líneas en ese momento.

Percy miró a Hazel.

Todos tenemos— coincidió, alzando su brazo—. Todos los miembros de la legión
tenemos.

El tatuaje de Hazel tenía las letras SPQR, pero ella sólo tenía una línea y su emblema era distinto: un jeroglífico como una cruz con brazos curvos y una cabeza.

Hazel abrió la boca para preguntar, pero Reyna se adelantó—: Sí, es el símbolo de Plutón.

Ella asintió. Aunque aun se preguntaba cómo estaba viva ahí, ¿también era obra de los destinos?

Percy se miró los brazos. Unas pocas rascaduras, un poco de barro y algo de queso derretido de los Cheese'n'Wieners, pero no tenía tatuajes.

—Ya no es así. —dijo Jason, mirándose su propio antebrazo. Eran muchas mas líneas.

Así que nunca has sido miembro de la legión—dijo Reyna—. Esas marcas nunca se pueden borrar. Creí que...—negó con la cabeza, como si negara una idea.

Hazel se adelantó.

Si ha sobrevivido tanto tiempo sólo, quizás haya visto a Jason—se giró hacia Percy—. ¿Has visto alguna vez un semidiós como nosotros? Un chico con una camiseta morada, con marcas en su brazo...

El rubio parpadeó sorprendido, para luego sonreír feliz. Miró a Hazel agradecido—: No pensé que nadie estuviera al tanto de mi desaparición, digo, todos se veían tan preocupados por Percy...

Percy también sonrió. Le alegraba saber que era de importancia para los demás campistas. Luego frunció el ceño.

—... Pero no estaba seguro de que también lo estuvieran por mí. Gracias. —dijo a Hazel. La chica se sonrojó un poco, pero también sonrió.

—No creo que deba recibir méritos por algo que aún no he hecho, pero de nada. —dijo.

Percy miró a Jason, pero no comentó nada. Lo que había dicho sonó un tanto inquietante, ¿de aquí a cuando Jason pensaba tan poco de él?

Hazel—la voz de Reyna se endureció—. Percy ya tiene bastante en lo que preocuparse.

—Descuida, no es ningún problema. —dijo Percy, cambiando rápidamente su expresión a una sonrisa fácil.

Percy tocó la punta de su espada, y Contracorriente se convirtió en un bolígrafo.

Nunca había visto un chico como vosotros. ¿Quién es Jason?

—Un rubio idiota —se burló Percy—, y un dork total.

Jason gruñó molesto. Reyna no podía negar que Jason parecía bastante nerd con esos lentes de lado y la postura encorvada.

Reyna le lanzó una mirada de odio a Hazel.

—Descuida, es su yo usual. —tranquilizó Percy a Hazel, que parecía avergonzada de molestar a la hija de Bellona.

—Cuida tus palabras, Jackson. —dijo Reyna. Presentía lo que iba a decir a continuación, y no le gustaba en lo absoluto, no con Jason en la misma habitación.

Él es... era... my colega— señaló a la segunda silla vacía—. La legión normalmente tiene dos pretores electos. Jason Grace, hijo de Júpiter, era nuestro otro pretor hasta que desapareció el pasado octubre.

Percy intentó calcular. No había prestado atención al calendario siendo salvaje, pero Juno había mencionado que ahora estaban en junio—. ¿Estás diciendo que lleva desaparecido ocho meses y aún no le habéis sustituido?

—Y dices que no te quieren, eres un presumido. —dijo Percy a Jason. El romano se encogió de hombros.

No era lo mismo. Había sentido lo mucho que extrañaban a Percy en el otro campamento, con él había sido diferente.

Quizá no haya muerto—dijo Hazel—. No nos rendimos.

Reyna hizo una mueca. Percy tuvo la sensación de que aquél chico llamado Jason debía de ser más que un colega.

—De todos los momentos, ¿no podías ser el usual sesos de algas? —susurró entre dientes Jason. Claro, había superado lo de Reyna, pero era incómodo escucharlo.

Reyna carraspeó, pero no dijo nada. Hasta ahora, su interacción con Jason no parecía de pareja, por lo que suponía que no lo eran.

Las elecciones solo suceden de dos maneras—dijo Reyna—. O bien la legión alza a alguien en un escudo después de un gran éxito en el campo de batalla, y no hemos tenido demasiadas batallas últimamente, o celebramos una votación al anochecer del 24 de junio, en el Festival de Fortuna. Que es en cinco días.

Percy frunció el ceño.

—Espera... Oh, no. —Percy se sonrojó. Jason alzó una ceja.

¿Tenéis una tuna?

El suspiro de Jason y las carcajadas de Luke sólo acentuaron su sonrojó. No era divertido, en lo absoluto.

—¿Tuna? —dijo incrédulo Frank. Percy hizo un puchero.

Fortuna—corrigió Hazel—. Es la diosa de la suerte. Lo que suceda en su día puede afectar al resto del año. Puede bendecir el campamento con buena suerte o... con muy mala suerte.

—Yo creo que les dieron la mala suerte, mira que tenerte que soportar... —Jason esquivó el golpe de Percy con eficacia, una sonrisa divertida extendiéndose en su rostro. La felicidad en su cara hicieron ver mas joven al usualmente preocupado semidiós.

Reyna y Hazel miraron ambas el hueco entre los estandartes, como si pensaran en algo que echaban de menos.

De repente, un escalofrío recorrió la espalda de Percy.

—¿Sientes frío? —preguntó de la nada Luke, con una sonrisa deslumbrante en dirección a Percy.

—Em, ¿no? —su respuesta salió como pregunta. La sonrisa de Luke se acrecentó y Jason se veía suspicaz.

—Porque, ya sabes, puedo calentarte...

—¡Ignoralo! —ordenó el romano molesto, apretando de manera posesiva a Percy. Por supuesto, el semidiós no entendía el enojo de Jason o porque todos estaban riendo. Luke se veía ridículamente satisfecho. De nuevo.

Percy se dio cuenta de que debía de averiguar que sucedía, oidba estar en la ignorancia enciertos asuntos.

El Festival de Fortuna... las gorgonas mencionaron algo sobre eso. Y Juno. Dijeron que el campamento sería atacado ese día, algo sobre una grandiosa diosa malvada

—Diosa malvada. —repitió Hermes con diversión. Los mestizos eran bastante entretenidos.

—Cara de tierra me odia. —lloriqueó Percy.

llamada Gea, y un ejército y la muerte siendo desatada. ¿Me estás diciendo que ese día es esta misma semana?

—Eso es alentador y lo demás son tonterías.

Los dedos de Reyna tamborilearon por la empuñadura de su daga.

No dirás nada de eso fuera de esta sala— ordenó—. No quiero tenerte desatando el pánico en este campamento.

—Sí, Percy. No desates el pánico en el campamento, Percy. No digas ninguna tontería, Percy. No seas idiota, Percy.

—No hay necesidad de usar el sarcasmo, ¿sabes? —gruñó Percy. Jason no parecía en lo absoluto lo siento.

Entonces es verdad—dijo Percy—. ¿Sabes lo que está pasando? ¿Podemos detenerlo?

Percy acababa de conocer a aquella gente. Ni siquiera estaba seguro de gustarle a Reyna. Pero quería ayudarles.

—Aw, míralo que lindo. —arrulló Jason. El gruñido de Percy se acrecentó. Reyna parecía dividida entre la molestia y la gratitud.

Eran semidioses, igual que él. Tenían los mismos enemigos. Además, Percy recordó lo que Juno le había contado de él: no sólo aquel campamento estaba en peligro. Su vida pasada, los dioses, y el mundo entero podrían ser destruidos. Lo que fuera a venir, era enorme.

Reyna hizo una mueca. Definitivamente lo que venía era algo grande. Y no estaba segura de estar preparada para ello.

Hemos hablado bastante—dijo Reyna—. Hazel, llévale a la Colina de los Templos. Encuentra a Octavian. De camino puedes responder las preguntas de Percy. Háblale de la legión.

—Octavian es el ser mas cruel de toda la historia.

—¿Por? —la pregunta de Annabeth tenía sentido. La respuesta de Percy, no.

—Mató a mi Almohada-Panda de peluche. —la rubia mir óa Percy, pensando que estaba bromeando.

No lo hacía.

Sí, Reyna.

Percy tenía muchas preguntas en mente, pero sentía que su cerebro estaba a punto de derretirse.

—Eso parece algo normal. —dijo Annabeth. Percy la miró con expresión traicionada.

—No también. —gimió. Thalia sonrió con orgullo.

Pero Reyna dejó claro que la audiencia había terminado. Enfundó la daga. Los perros metálicos se levantaron y aullaron, moviéndose hacia Percy.

Buena suerte con el augur, Percy Jackson—dijo—. Si Octavian te deja vivir, quizá odamos compartir información... sobre tu pasado.

—Octavian puede irse mucho a la- —Jason detuvo a su compañero con un golpe.

Apolo cerró el libro.

—Capitulo terminado.

—Disculpen la interrupción pero, necesito hablar con Percy. En privado, ¿bien? Gracias. —y sin dar tiempo a nadie de hablar, Jason se llevó a Percy con él.

Los dioses sólo miraron como el rubio se llevaba a su amigo mientras murmuraba en distintos idiomas. Percy lo seguía sin dar resistencia.

Y la luz apareció otra vez.

Creo que debo dar disculpas por tardar tanto, pero... Como lectora se que no valen mucho, pero aun asi, lo siento por no actualizar :(

El nuevo cap está listo después de muchas pruebas —borré esto como mil veces hasta que estuviera listo. Sufrí, en serio— que no necesito contar. Así que... ¿Cómo quedó? Se supone que ya debía estar listo desde hace dos días, pero FanFiction me trolleo y elimino mis editados. Imaginense mi hrror.

Creo que es todo. Siento que dejo muchos cabos sueltos (escribí este capítulo un día si, dos no y uff... Avísenme si algunas partes no tienen coherencia) pero creo que ya es hora de publicar. Por supuesto, agradezco muchísimo los reviews, favs y follows. Cada que tengo una notificación me pongo a chillar como puerco (? Y perdon por no responder, si a alguien le molesta eso. Es solo que no me da tiempo.

Pero si puedo hacer esto: muchas gracias a FerDiAngelo, GeminisDraconis, Lu-Chan 23, anubis172001, Jenciel, Alex0552 y Snyder850 por dejar sus lindos reviews. Los adoro 3

So, me despido y nos leemos próximamente. Los quiere, Pads.

(Me siento genial dejando mi firma. Déjenme \\\\)

Pd. Hace poco estudié sobre el TEPT y me pareció que sería algo que Percy y varios otros sufrirían. Quiero decir, no vas al Tártaro y sales inmune, asi como tampoco sufre una guerra y te vas normal. Para los que no saben, El TEPT (o Trastorno de Estrés postraumático) es lo que comúnmente sufren los veteranos de guerra o cualquier persona que halla pasado por algún evento traumático. No tiene cura y se caracteriza por pesadillas, Flashbacks, ataques de ira, pánico, etc.