Un chico, perdido para siempre

Capítulo 26 – Un paso necesario para seguir adelante

Abrió los ojos cansados. Hizo una mueca, la intensa luminosidad del ala hospitalaria lo hirió cegadora. Sólo algo contrastaba, algo rojo en la parte baja de su campo visual, la cabellera flamígera de Ginny que tenía apoyada la cabeza bajo su barbilla. Ginny a su lado rodeándolo en un abrazo protector. Incluso dormida lo cuidaba, así como él a ella. Pero Harry sabía que ya no estaba dormida, la apretó fuerte contra sí… ¿qué día sería? ¿por qué estaban en el hospital? ¿y por qué juntos en la misma cama?

Y entonces recordó todo.

La batalla. Percy y los mortífagos atacando a Ginny, Ron y Hermione. Ginny torturada… la misión de rescate… las creaturas oscuras… las arañas… Neville matando a Bellatrix… la ejecución sumaria de Wormtail… Harry poseyendo al dementor… vaciándolo de alma a Voldemort… la Maldición Mortal… arrastrándose por el suelo para llegar hasta Ginny… el intento que había hecho para contactarse con Severus…

—¡Oh Merlín, no! —gimió estremeciéndose, Ginny se apretó contra él. Pero Harry sacudía los brazos en el aire como tratando de espantar los recuerdos. Notó movimiento en uno de los costados y una figura de cabellos rubios inclinándose sobre él.

—¿Potter?

Malfoy le había agarrado los brazos intentando apaciguarlo. Pero Harry se resistía salvaje… peleando contra los recuerdos, peleando contra la pérdida de su amigo, peleando contra la pena. Pero era inútil… ésas no eran cosas tangibles, no podía pelear contra eso… lo único concreto contra lo que podía pelear eran Ginny y Malfoy.

Ginny trataba de calmarlo a través del vínculo, pero ella misma estaba bastante alterada por la pena que detectaba en Harry y por sus propios pesares. Su hermano había estado a punto de matarla.

Malfoy rogó. —¡Harry, pará…! Tranquilizate… Todo terminó… todo terminó.

Harry lo agarró de los hombros y lo miró directo a los ojos… pero aunque lo tenía tan cerca era como si no pudiera verlo.

—¡Severus! —gritó— ¿Dónde está? ¿Está m…? —no pudo completar la pregunta. Ginny lloraba con los ojos cerrados. Las emociones lo abrumaban… era demasiado y todo junto… y apenas si se había despertado…

Malfoy entrecerró los ojos y respondió: —¡Está dando clase! —no se molestó en disimular el tono de irritación— Está bien.

Las palabras fueron como un bálsamo. Harry dejó de sacudirse. Y Ginny se recompuso también al tiempo que se secaba las lágrimas con el dorso de la mano. Harry fijó su atención en Malfoy como si recién lo reconociera, estaba muy despeinado y tenía los ojos congestivos, como si él también acabara de despertarse.

—¿Malfoy? —susurró.

—¿Qué pasa, Harry? —la exasperación de su voz se había diluido hasta casi desaparecer.

—¿Él está bien?

—Sí… bien… está bien.

Harry cerró los ojos y se concentró en el vínculo. Lo localizó de inmediato, suspiró aliviado.

¡Estás vivo!, pensó Harry.

Y vos estás despierto, respondió Snape, voy a ir a verte apenas termine la clase.

Harry rió con ganas, abrió los ojos… y Malfoy estaba ahí, frente a él… y vivo también… sintió una explosión de felicidad en el pecho. Se volvió hacia Ginny… ella también estaba bien, su cuerpo se había curado. Ya no era esa masa torturada casi irreconocible yaciente en el claro. Estaban juntos y le sonreía. Todo lo terrible de la batalla había pasado… terminado.

Sufrió un ataque de alegría histérica marcadamente contrastante con la ola de pena de segundos antes. Ginny se incorporó, arrodillándose sobre la cama. Ella también rebosaba de gozo.

—¡Harry! —gritó— ¡Lo conseguiste! ¡Lo lograste!

Harry soltó los hombros de Malfoy y le acarició los cabellos rubios… y la mejilla… impregnándose de esa realidad dichosa… y lo besó con ímpetu en los labios… con tanto ímpetu que las narices chocaron entre sí dolorosas… pero poco importaba.

—¡Estamos vivos! —exclamó riendo. Y Ginny también reía. Y Harry volvió a agarrar a Malfoy de los hombros… y luego de las manos… y de las mejillas… se sentía extático… y Malfoy le sonrió… ¿qué otra cosa hubiera podido hacer sino sonreírle?

—¡Estamos vivos! —repitió Harry— Y Voldemort está muerto, ¿no?

—Lo lograste, Potter. —confirmó Malfoy asintiendo.

Harry no podía parar de reír y Ginny soltaba chilliditos de felicidad y saltaba de rodillas a su lado. —¡ESTAMOS VIVOS! —repitió una vez más gritando entusiasta.

Agarró a Malfoy de la toga y lo obligó a trepar a la cama. Se trenzaron en una lucha fingida de esas que a los chicos tanto les encantan. Y los tres reían a más no poder, celebrando el triunfo y el estar vivos… y no había sobre la Tierra una sensación más satisfactoria que ésa.

Malfoy se sumó al juego y lo disfrutó… pero su contento era más medido. Él había estado despierto las últimas cuatro semanas… él sabía todo lo que había pasado.

Madame Pomfrey vino corriendo y gritando que se sosegaran… pero tuvo que esperar varios minutos hasta que Ginny y Harry refrenaron su ataque de jovialidad. Cuando consiguió que se calmaran un poco los examinó rápidamente, quedó conforme. Mandó traer comida y les ordenó que se alimentaran. Harry y Ginny se sentaron en el borde de la cama y procedieron a comer, degustando cada bocado con apetito… como si fuera una de las mejores comidas de toda su vida. Malfoy se sentó al lado de Harry, le apoyó la cabeza sobre el hombro y rodeándole la cintura con un brazo. Harry le acariciaba los cabellos con la mejilla entre un bocado y otro.

Dumbledore vino a verlos cuando terminaron de comer. Conjuró un mullido sillón y tomó asiento. Harry volvió a recostarse abrazando a Ginny y Malfoy permaneció sentado, calmo, a su lado sobre la cama. Los gemelos estaban curados pero todavía debían reposar unos cuantos días hasta recuperar las energías y restaurar las fuerzas al máximo. Y el contacto físico directo tenía un notable efecto beneficioso sobre el proceso, ésa había sido la razón por la cual madame Pomfrey los había puesto juntos en una cama.

—¿Cómo se sienten? —preguntó Dumbledore.

—Cansados. —respondió Harry.

—Pero bien. —completó Ginny.

—Me alegro mucho de oírlo. —dijo el director— Estuvimos muy preocupados por ustedes. Durante las primeras semanas nadie podía estar seguro de que volvieran a despertarse.

—¿Cuánto tiempo pasó? —preguntó Ginny seria.

—Treinta y dos días.

—Sí que es mucho tiempo. —dijo Harry.

—Estuvimos muy asustados. —retomó el director— Entre el daño que vos habías sufrido… —una mirada a Ginny—…y la inmensa cantidad de magia que gastaste… —una mirada a Harry—…realmente, teníamos miedo… de perderlos a los dos.

—Profesor… —comenzó a preguntar Harry, se le había hecho presente el recuerdo del shock mágico que había sufrido en la oportunidad anterior— Yo… quiero decir… ¿voy a…?

—Madame Pomfrey me ha asegurado que los dos se van a recuperar por completo, con todas sus capacidades y habilidades. —Harry suspiró aliviado, pero la pérdida de sus poderes no lo inquietaba tanto como otras pérdidas.

—Señor… —preguntó Ginny reacomodándose en su posición— ¿mi familia…?

Dumbledore asintió serio. —Me temo que Percy está muerto.

—Bien hecho. —dijo Ginny de inmediato. Dumbledore la miró con desaprobación. Harry lo encaró con ojos desafiantes, no le iba permitir reconviniera a su gemela.

—El resto de tu familia… están todos vivos. —prosiguió el director— Presumo que muy pronto vendrán a visitarte.

Ginny suspiró aliviada. —¿Hermione…? ¿Neville…? —inquirió Harry.

—Vivos y bien… Harry…

—¿Nicolas y Perenelle? ¿Remus?

Dumbledore asintió. —Harry… Ginny… quizá éste no sea el mejor momento para repasar la lista víctimas… ya habrá tiempo para…

—¿Son muchos…? —preguntó Ginny.

Dumbledore no respondió de inmediato. —Sí, lamentablemente… al mundo mágico le espera un largo y duro camino hacia la recuperación y la resignación… —sus ojos derivaron por un segundo hacia Malfoy, quien apartó la cara a un lado— Pero lo importante ahora es que ustedes se restablezcan…

Harry percibió una agradable calidez en el pecho… levantó los ojos hacia la puerta. Un segundo después entraron Nicolas y Perenelle Flamel. Enfilaron de inmediato a la cama. Malfoy se puso de pie dejándoles lugar y se alejó varios pasos, permaneció parado observando como si fuera alguien extraño que no quisiera interferir. Los Flamel asaltaron a Ginny y Harry abrumándolos con besos y abrazos. Perenelle se sentó sobre la cama y se recostó sobre el brazo de Harry estrechándolo en un abrazo.

Harry se sentía muy feliz de volver a verlos pero se inquietó también por el aspecto que presentaban. Parecían mucho más viejos… parecían haber envejecido décadas desde la última vez. Muchas arrugas les surcaban la cara y los cabellos… habían encanecido. Nada quedaba de la juvenil presencia de treinta y tantos… que hasta hacía unos meses habían mostrado.

—Perenelle… —empezó a decir Harry y le acarició un mechón de hebras grises frunciendo el ceño.

—Está todo bien, Harry. —dijo ella con voz muy suave— Usamos mucho de nuestra magia de vida para curar a los heridos, es uno de los talentos que tenemos… debido a que tomamos el elíxir durante tanto tiempo.

Harry sintió que se le humedecían los ojos. —Ustedes… les cedieron parte de su vida… —empezó a decir.

Nicolas asintió y con un breve gesto le restó importancia al asunto. —Nosotros ya hemos vivido mucho más que suficiente. —dijo sonriendo— Había otros que la necesitaban más.

Harry se llevó una mano al pecho y envolvió el relicario entre los dedos. —Me salvó la vida…

—Qué bueno que así haya sido. —dijo Perenelle y le plantó un beso en la frente— Teníamos el presentimiento de que te iba a resultar útil.

Antes de que Harry pudiera agregar nada, la puerta volvió a abrirse e ingresó Severus Snape. Alto y fuerte… y casi sonriendo. Saludó a Nicolas y Perenelle con una gentil y profunda reverencia.

—Oh, por Merlín, Severus. Nada de formalidades ampulosas… que nos da vergüenza hombre… —dijo Nicolas sonrojándose.

Perenelle se puso de pie y lo recibió con un fuerte abrazo. —Es un gran gusto verte de nuevo, Sev. —murmuró.

—No sabía que habían vuelto.

—Presentimos que Harry se iba a despertar hoy. —dijo Perenelle guiñándole un ojo, contuvo una exclamación sorprendida y le acarició un mechón negro— Severus, ¡estás usando el tónico! —chilló encantada.

—Todo para complacerla a Ud., mi señora Perenelle. —dijo Severus y su mirada se cruzó con la de Harry. Se le acercó y le dio un firme apretón en el hombro.

—Estoy muy contento de verte despierto, Harry. —dijo con una intensidad inusitada en él.

—Y yo estoy muy contento de que estés vivo. —dijo Harry y le tiró los brazos al cuello estrechándolo contra si— Y gracias… —le susurró al oído.

oOo

Una hora más tarde volvió madame Pomfrey y echó a todas las visitas… a todos menos a Malfoy. Con él ni siquiera se animó a intentarlo. Malfoy casi no dijo palabra… se quedó sentado al lado de Harry todo el tiempo mientras los gemelos recostados dormitaban de a ratos.

A la hora de la cena vinieron a verlos Ron y Hermione. Apenas los vio, Malfoy se escabulló rápidamente hacia la puerta y salió. Dobby les trajo la comida y todos se sentaron para cenar y conversar.

—Tenías razón, Hermione. —dijo Harry— Sobre las profecías. Tus visiones eran reales. Y me ayudaron para decidir qué hacer al final.

—Me alegro de que estés vivo. —dijo ella pero no preguntó nada sobre qué era eso que había decidido al final para vencer a Voldemort. Nadie preguntó. Para Harry era mejor así… no sabía si estaba listo para hablar sobre el asunto.

—¿Y qué del resto de la escuela? —preguntó Ginny tras unos segundos de silencio.

—Reducida. —contestó Ron con ojos sombríos. Ya no parecían ser sus ojos. Estaban cargados de densa tristeza. —Las clases recomenzaron una semana después del ataque… pero nadie las toma muy en serio.

Hermione iba a protestar pero decidió finalmente no decir nada… lo que había dicho Ron era cierto después de todo.

—Los profesores se han vuelto muy benevolentes y aflojaron muchísimo las exigencias. —continuó Ron— Incluso Snape… aunque cueste creerlo. Es como si las clases no fueran más que una forma de empujarnos a retomar las cosas para seguir adelante. Pero lo cierto es que por ahora las cosas están demasiado enredadas y que va a pasar mucho tiempo antes de que vuelvan a lo normal.

—Todo parece haber enmudecido. —dijo Hermione solemne— Todos tratan de ir rearmando los pedazos… pero nadie quiere precipitar nada.

—¿Y fuera de la escuela? —preguntó Harry.

Hermione sacudió la cabeza. —Bastante mal está la cosa. Están todavía persiguiendo y capturando a los mortífagos que lograron escabullirse. Hay infinidad de juicios… y los testigos están obligados a declarar bajo Veritaserum. Por suerte Dumbledore logró posponer el juicio del Snape hasta el verano… cuando las cosas se hayan enfriado un poco. Creo que tenía miedo de que lo agarraran como chivo expiatorio.

—¡Si es de no creer lo mierda que son algunos del Ministerio…! —escupió Ron con vehemencia. Harry lo miró asombrado, la reacción de Ron había sido tan intensa… tan visceral.

—Harry… —retomó Hermione con voz muy suave—…te tenemos que contar también sobre Malfoy. Últimamente casi que no habla con nadie… pero… eh… —jugueteaba nerviosa con los dedos.

—¿Qué es, Hermione? —la instó Harry.

—Bueno… su madre fue sentenciada a prisión perpetua en Azkaban. Y su padre… —desvió la mirada hacia Ron pero el pelirrojo había agachado la cabeza. Bajó la voz hasta transformarla casi en un susurro. —Harry… Malfoy mató a su padre en el claro… para salvar a Snape.

Harry respiró hondo. Pobre Draco… no era de extrañar que se hubiese mostrado tan desazonado todo el día.

—Para cuando pudo salvarlo, Snape ya estaba muy mal, gravísimo… casi a punto de morir… —dijo Ron— Si no hubiese sido por los Flamel… le cedieron parte de su vida, al parecer.

—Y hay más… —continuó Hermione— Malfoy viene actuando un poco como loco desde la batalla. Asistió a muy pocas clases… se pasaba casi todo el día acá al lado de tu cama… cuidándote… duerme en esa cama de al lado —hizo una seña— pero… —desvió la mirada— Harry… ha estado acostándose con por lo menos una docena de personas distintas…

—No me importa. —se apresuró a decir Harry y era cierto. Harry sabía que lo que fuera que Malfoy hubiese hecho… había sido para poder superar la angustia, el mal trance… y durante todo ese mes no había contado con el consuelo de Harry…

—Igual me pareció que tenías que saberlo. —concluyó Hermione.

—Gracias… por habérmelo contado.

oOo

Durante los días siguientes recibieron infinidad de visitas en el ala hospitalaria. Molly y Arthur después de saludarlos efusivamente pasaron a regañarlos por haber entablado un vínculo tan peligroso en tiempos tan aciagos como los que venían de vivir… y luego le dieron a Harry una fervorosa bienvenida como nuevo miembro oficial de la familia y lo invitaron a pasar todo el verano en La Madriguera. Molly había traído consigo una canasta llena de comida casera… para ayudarlos a recuperar las fuerzas, según aclaró. Bill y Charlie vinieron juntos… Bill seguía muy deprimido, por suerte contaba con su hermano que hacía hasta lo imposible para levantarle un poco el ánimo. Fred y George vinieron un poco menos bulliciosos que lo habitual, pero así todo los hicieron reír durante casi todo el tiempo. Y se manifestaron encantados de contar con una nueva pareja de gemelos dentro de la familia.

También vino Lupin, con un aspecto muy demacrado y exhausto. Pero se mostró muy contento de verlos despiertos y recuperándose bien. Le dijo y le repitió varias veces a Harry lo orgulloso que sentía de él… y lo orgullosos que habría estados sus padres… y lo instó a que viniera a pasar el verano con él en Grimmauld Place. Técnicamente, la casa era de Harry, Sirius se la había heredado. Harry no se mostró muy entusiasmado con la invitación. Lupin había vivido en la noble casa de Black durante los dos últimos años y entre ellos habían llegado a un acuerdo de que Lupin se iba a encargar de cuidarla hasta tanto Harry se graduara. Recién entonces decidirían si iban a seguir en los mismos términos o si iban a introducir alguna modificación en el convenio.

Malfoy permanecía en el hospital junto a ellos prácticamente todo el tiempo. Salía de vez en cuando pero sólo cuando Harry estaba durmiendo. Harry nunca lo había visto salir o entrar. A diferencia de lo ocurrido la primera vez, durante las siguientes visitas de Ron y Hermione siempre se quedaba. Siempre estaba… pero hablar… hablaba muy poco. Igual Harry estaba muy feliz de tenerlo constantemente a su lado.

También venían a visitarlos los alumnos, en grupos de dos o tres. A veces reían, a veces lloraban pero todos sin excepción les expresaban su contento de verlos bien y recuperándose. Todos habían sido muy afectados por la batalla, Harry podía adivinárselo en los ojos. Una especie de sabiduría, de madurez, de comprensión del dolor… que antes no les había notado. La despreocupada inocencia de la adolescencia los había abandonado para no volver.

Descubrir eso lo había impresionado mucho, pero el shock fue mucho más pronunciado a la semana siguiente cuando se reintegraron a la rutina de la escuela.

Sólo quedaban la mitad de los alumnos. La batalla había cobrado una cantidad inmensa en vidas. Los de séptimo año eran sólo doce. Cho no estaba entre ellos, a pesar de que durante todo ese último año Harry no había hablado nunca con ella, se sintió profundamente triste cuando se enteró de que había perecido.

La pena era casi tangible y constante en los pasillos si bien los alumnos trataban de mitigarla con los sentimientos positivos de haber logrado la victoria. La escuela había resistido hasta la llegada de los refuerzos, la batalla final contra Ya Sabés Quién había tenido lugar en Hogwarts y Hogwarts había ganado.

Pero lo que había dicho Ron era cierto. Las actividades académicas eran más formales que reales. Un paso necesario para seguir adelante. Las obligaciones de estudio eran pocas pero las clases continuaban. Así como la vida continuaba como una imitación diluida de sí misma.

El dormitorio parecía mucho más silencioso, si bien los ronquidos de Neville eran tan sonoros como siempre. Los padres de Seamus y de Dean habían venido a retirar sus cosas en algún momento del mes que Harry había estado inconsciente. Naturalmente tampoco había podido estar presente en ninguno de los funerales. Gryffindor había perdido a muchos alumnos, el número se había reducido a la mitad.

Daba la impresión de que todos tendían a la introversión, a replegarse dentro de sí mismos. Pero teniendo en cuenta lo que habían tenido que pasar era natural que hubiesen cambiado. Vivir iba a ser duro para todos durante un tiempo… más bien largo que breve.

Psicosanadores concurrían de manera regular a Hogwarts para charlar con los alumnos, para ayudarlos a superar los sentimientos de tristeza consecuencia de la pérdida. Harry nunca iba a hablar con ellos, no creía que nadie pudiera ayudarlo. Nadie podría abarcar en toda su dimensión el trance que le había tocado vivir y él tampoco habría sabido cómo explicárselo. Cuando venían Harry bajaba a los subsuelos a visitar a Severus.

Severus nunca le preguntó nada, tampoco le ofreció consejos ni un hombro para que llorara. Pero estaba siempre a disposición de Harry. Trabajando en silencio los días en que Harry no quería estar solo, o hablando de pociones o de algún tema teórico aburrido cuando el silencio empezaba a tornarse opresivo. Tampoco lo instó nunca a que se deshiciera de memorias usando el pensieve.

Las memorias podían ser muy dolorosas pero Harry juzgaba que era necesario conservarlas. Eliminarlas habría sido una forma de escapar de la realidad… una sofisticada forma de negación. La negación no ayuda a resolver los conflictos.

Harry pasaba mucho tiempo con Malfoy, solían pasear juntos en silencio y hacían el amor con frecuencia. Nunca hablaban de nada realmente serio. Todavía no estaban listos para eso. Malfoy nunca hablaba de la batalla, ni de sus padres, ni de su pasado, ni de su futuro. Cuando hablaba era del día presente, de cosas que habían pasado pocos minutos antes o de lo que iba a hacer durante las horas siguientes o de cómo se veía el lago ese día o las nubes o de una loseta del piso o de una de las piedras de la pared. Hacía comentarios sobre cosas insignificantes, pero hablaba de ellas como si fueran de gran consecuencia. Una de las tardes que habían pasado juntos sentados debajo del haya Malfoy había estado hablando durante quince minutos sobre una brizna de pasto que había arrancado y que hacía rotar entre sus dedos… eso había sido todo lo que había dicho en voz alta ese día.

Ron la estaba pasando muy mal también. Desaparecía durante largos períodos y nunca nadie sabía adónde había ido… o si regresaría. Deliberadamente se distanciaba de todos, Hermione incluida. Harry le había preguntado a Hagrid si durante esos intervalos Ron iba a su cabaña, Hagrid había contestado que ocasionalmente sí, pero que se iba enseguida si Hagrid intentaba entablar alguna conversación por más trivial que fuera.

Hermione ocupaba las horas que no eran de clases en la biblioteca o en la torre de Trelawney. Y pasaba mucho tiempo con Luna desde que Crabbe había sido enviado a Azkaban. Gracias al testimonio de Luna y de Crabbe mismo, ambos bajo Veritaserum, le habían dictado una sentencia de reclusión corta de cien días. Iba a quedar libre a fines del verano y volvería a la escuela para recursar el sexto año. Hermione y Luna compartían el amor por los libros, ambas se refugiaban en el mundo de las páginas escritas.

Con la única con quien Harry realmente hablaba era con Ginny. De hecho con ella compartía sus pensamientos. Ginny sabía cómo ayudarlo para hacerlo sentir real otra vez… para hacerlo sentir normal. A veces iban a volar juntos, o a nadar… y a veces Harry hasta se reía. Otras veces compartían sus pensamientos, comunicándose en silencio… y a veces Harry lloraba.

La fortaleza constante de Ginny se demostró incuestionablemente durante ese tiempo. Logró recomponerse relativamente pronto y casi por completo, algo que nadie más había podido… o acaso no habían tenido la voluntad de intentar. Muchos de los alumnos recurrían a ella… como si se tratara de un psicosanador más. Ella sabía convencerlos, sabía cómo hacerles creer que la vida podía y debía continuar incluso después de todo. Y de a poco, muy lentamente, la vida fue reencarrilándose… fue retomando su curso. A Harry lo admiraba todo lo que podía hacer ella por los otros, Harry sabía muy bien que él no hubiera podido.

Llegaron los exámenes y Hermione se esforzó por suscitar entusiasmo para estudiar entre sus amigos, incluso sabiendo que los exámenes no iban a ser difíciles. Harry le daba el gusto y se sumergía en los libros… aunque a él no le hacía falta estudiar… tenía todos los conocimientos de Snape. Ginny se dedicó a estudiar con dedicación, pero Ron ni siquiera se molestó en hacer de cuenta que estudiaba. Hermione solía quedarse mirándolo con ojos muy preocupados, pero eso lo único que conseguía era que él se distanciara aun más. Harry hubiese querido consolarla diciéndole que a la larga a Ron se le pasaría, pero era algo de lo que Harry mismo no estaba seguro… así que optó por quedarse callado.

oOo

Cuando los exámenes concluyeron, Harry vistió a Malfoy con las mejores ropas muggle que pudo encontrar en su baúl. Malfoy se lo permitió. Por supuesto que mal se correspondían con los estándares de atuendo de Malfoy, pero al menos ya no eran los andrajos que solía heredar de Dudley.

Tomaron el Knight Bus y se bajaron en Little Whinging. Harry sabía que volver lo iba a hacer sentir muy extraño, pero era algo que tenía que hacer. Caminaron por las calles evitando deliberadamente pasar siquiera cerca de Privet Drive y llegaron finalmente al cementerio. Fueron serpeando entre las lápidas hasta que finalmente llegaron a las tumbas de los Dursley.

Estaban cubiertas, completamente cubiertas, con todo tipo imaginable de flores. Flores encantadas para permanecer lozanas indefinidamente o por mucho tiempo al menos. Indudablemente muchos de sus fans habían venido a rendirles honores a los familiares del héroe vencedor de Ya Sabés Quien.

Harry soltó una carcajada siniestra. Malfoy se volvió a mirarlo sobresaltado.

Harry hizo un gesto con la mano señalando las flores. —Odiaban la magia. Odiaban al mundo mágico… y me odiaban a mí. Y de ahora en más y quizá durante mucho tiempo los fans de El Niño Dorado vendrán a visitar sus tumbas y a dejarles flores mágicas. Volvió a reírse sin humor sacudiendo la cabeza.

Malfoy le rodeó la cintura con un brazo. —¿Los vas a extrañar? —preguntó.

Harry negó con la cabeza. —Hay muchas cosas que no te he contado. Es decir, algo te había dicho ese día durante la penitencia en el armario de Snape…

—Un momento… —lo interrumpió Malfoy—…vos habías dicho que ese día habías mentido.

—La única mentira fue cuando te dije que vos no me gustabas.

Malfoy entrecerró los ojos. —Querés decir… ¿que ellos realmente te encerraban en un armario?

Harry asintió.

—Pero… ¿en un armario… armario…? ¿no es una exageración retórica? ¿no era una habitación chiquita sino un armario de verdad?

—El armario debajo de la escalera era mi habitación. —dijo Harry, hubiese querido usar un tono indignado, un tono que reflejara la misma indignación que se había dibujado en las facciones de Malfoy… pero no le había salido así. Parecía algo tan normal… apenas una pieza más del rompecabezas que cuando se completaba daba como resultado a Harry Potter. El armario era de él, su santuario, el lugar para refugiarse de la vida, para escapar de los Dursley… y hasta en ocasiones para escaparse y protegerse de sí mismo. El armario no le inspiraba resentimiento ni indignación.

Malfoy alzó una ceja, no podía creerlo… le dirigió una mirada de inconfundible reproche a las tumbas.

—Pero ahora quiero contarte… ahora voy a contarte todo.

Y Harry empezó a hablar. Le contó de su vida con los Dursley. Le contó de cómo fue enterarse de que era un mago… y de que además era El Niño Que Sobrevivió. Le contó de la noche en la que había perdido a su padrino y de la noche en que lo había contactado por primera vez… le contó de la visión y de cómo había salvado a Severus. Le contó de la posesión y de las dos semanas que había estado inconsciente… cuando todos creían que había ido a esconderse para entrenarse. Y le contó de cómo habían completado el vínculo con Ginny… que ella prácticamente lo había rescatado del borde de la muerte.

Y le contó a Malfoy sobre el combate final con Voldemort con detalles precisos de lo que había ocurrido.

—¿¡Poseíste a un dementor!? —chilló Malfoy con ojos desorbitados. Era el despliegue de emoción más intenso que Harry le había visto desde que había recuperado la consciencia en el ala hospitalaria.

—Sí. —confirmó Harry tratando de acordarse demasiado.

—¡Por los calzones de Merlín, Harry! ¡Eso es imposible! —Harry se encogió de hombros. Malfoy prosiguió: —Y no… no es que esté diciendo que hasta ahora no había sido documentado… hay todo un amplio campo de estudio sobre el asunto… y las conclusiones de todos los expertos siempre han sido las mismas… ¡los humanos no pueden usar magia mental sobre las creaturas mágicas!

—Pero un día durante una clase yo pude usar Legilimencia sobre Firenze. —argumentó Harry frunciendo el ceño— Él se dio cuenta y no pareció sorprenderse en lo más mínimo.

—¡Vos usaste Legil…! —Malfoy se interrumpió boquiabierto. Después de unos segundos sacudió la cabeza y suspiró profundamente— ¡Es totalmente… increíble!

—Sea como sea… —dijo Harry con un gesto de la mano para restarle importancia a la cuestión y poder proseguir— …después de eso quedé completamente drenado de fuerza. Lo cierto es que no sé como hice para usar la Maldición Mortal a continuación.

—Así que usaste la Imperdonable…. —dijo Malfoy serio.

—Sí.

—¿Te dolió?

—No.

Malfoy reflexionó unos instantes en silencio. —A mí sí me dolió.

Harry demoró unos segundos para entender… Malfoy hablaba de su padre… por primera vez lo mencionaba desde que había ocurrido.

Se produjo un largo silencio y de pronto Malfoy se puso a temblar… y Harry lo abrazó estrechamente. Malfoy ocultó la cara en el hueco del hombro de Harry para que no lo viera llorar. Pero un momento después podía sentir la camisa empapada… y Harry también estaba llorando. Llorar era necesario… era purificador… era un paso necesario para empezar a superar las cosas…

—Todo está bien. —susurró Harry consolador después de un buen rato.

—No, no está bien… pero al menos ya se terminó.

oOo

Cuando volvieron del cementerio fue a hablar con Dumbledore para preguntarle sobre su habilidad de hacer magia mental sobre creaturas mágicas. Le contó de la legilimencia sobre Firenze y de la posesión del dementor para poderle dar a Voldemort el Beso.

Dumbledore no pareció particularmente sorprendido. Le recordó el episodio durante quinto año cuando había tenido esa visión del ataque al señor Weasley a través de los ojos de Nagini.

—Verdad es que toda la documentación al respecto, y es mucha la que existe, tiende a probar casi con certeza que los magos no pueden ejercer influencia mental sobre las creaturas mágicas. —dijo Dumbledore— Pero también es incontestable que Voldemort podía poseer a esa serpiente… y que vos tuviste esa visión, no a través de Voldemort sino de la serpiente.

—Pero justo antes… —Harry frunció el ceño reflexionando, tratando de recordar—…justo antes del Beso… Voldemort mismo dijo que era imposible la posesión… y lo dijo con vehemencia… ¿por qué la sorpresa y el descreimiento si él ya lo había logrado antes?

—Harry, Voldemort había estado experimentando sobre sí mismo durante décadas antes de la noche en que te atacó por primera vez. Esa noche te transfirió poderes y habilidades. Después del ataque a Arthur pudimos deducir que gracias a uno de esos experimentos, Voldemort había logrado una conjunción… había logrado amalgamarse con una de las especies de serpientes mágicas.

—¿Qué quiere decir con conjunción o… amalgama…? —a Harry al oír las palabras se le había venido a la cabeza algo de naturaleza sexual.

—Quiero decir que separó una parte de sí mismo e integró esa parte en la serpiente.

Harry se tomó un par de minutos para asimilar el asunto. —¿Me está Ud. diciendo entonces…? —dijo finalmente—¿…que Voldemort no sólo no era sangrepura… sino que ni siquiera era completamente humano?

El director frunció el ceño. —Sinceramente… no me había puesto a considerarlo desde ese punto de vista.

—¿Y cuál podría haber sido el propósito de hacer algo así?

—Sólo es posible especular al respecto. Las serpientes son de sangre fría… quizá pensó que al alearse con la serpiente se volvía un ser más complejo… más difícil de matar por lo tanto. Hay ciertas especies de serpientes que pueden vivir durante siglos… un basilisco, por ejemplo. Por otro lado, la esencia espiritual de las creaturas mágicas está entretejida con la esencia espiritual del mundo… lo que implica que cuando mueren sus almas no abandonan este Mundo… no trascienden a la otra dimensión más allá de la muerte.

A Harry se le antojaban especulaciones un tanto traídas de los pelos.

—Entonces… podríamos admitir que Voldemort era en parte serpiente… y que gracias a eso podía poseer a las serpientes… ¿qué tiene que ver eso conmigo y con mi habilidad para… para hacer… no sé como llamarlo… lo que yo puedo hacer?

—Repito lo que había mencionado antes… Voldemort te transfirió habilidades cuando te atacó en la cuna.

—¿Quiere decir que yo soy en parte serpiente? —preguntó Harry sarcástico.

—Sólo mágicamente hablando.

—¿Y eso explicaría que yo pueda lograr magia mental sobre las creaturas mágicas? —preguntó Harry no muy convencido.

—Eso creemos.

—Pero eso implicaría que Voldemort también poseía la habilidad… pero él no podía… él sólo podía poseer a las serpientes.

—Verdad… Voldemort no podía porque él "sabía" que era algo imposible y por lo tanto nunca se molestó en intentarlo. Pero vos desconocías "que era imposible". Decidiste experimentar… probaste con Firenze y pudiste hacerlo. No te influenció el preconcepto de la "imposibilidad" teórica puesto que lo desconocías.

Harry dejó oír un ronquido que conllevaba claramente algo de risa. —¿Me está diciendo que si Severus me hubiese dicho que no me molestara en probar Legilimencia con creaturas mágicas porque era algo "imposible"… que no estaríamos acá hablando puesto que el resultado de la guerra habría sido distinto?

Dumbledore alzó las cejas y sonrió: —La experiencia puede ser mejor maestra que los libros y el conocimiento que encierran.

Harry escondió la cara en las manos, lo exasperaba que Dumbledore hablara tan a ligera sobre algo que era tan determinante para él… le estaba diciendo que se sumaba otro factor que lo singularizaba… que lo hacía distinto… otra cosa más que lo separaba del mundo mágico. Y encima Dumbledore no se había sorprendido… Dumbledore lo sabía de antes…

—¿Hace cuánto que sabe todo esto sobre mí? —preguntó apretando los dientes.

Dumbledore respiró hondo. —No lo sabíamos. Empezamos a sospecharlo desde el ataque a Arthur.

—Cuándo dice "nosotros"… ¿a quién o quiénes se está refiriendo? ¿Al Departamento de los Misterios? —Harry sentía que lo invadía una onda de rabia.

Dumbledore asintió. Las piezas encajaron en su cerebro… y la rabia se le incrementó.

—¡Ellos habían encontrado una forma de matar a Voldemort en cuerpo y alma! ¡Ud. lo sabía! ¡Ud sabía lo que yo iba a tener que hacer! —el tono de voz había ido en aumento, Harry tenía ganas de destruirle el despacho otra vez.

—Harry… —dijo el director con voz muy suave— ¿habrías podido hacerlo de haberlo sabido de antemano?

La rabia de Harry se congeló. Pensó en el dementor… la cosa que más lo asustaba… recordó cuando en tercer año había estado a punto de ser víctima del Beso. Pensó también en las ocasiones de las que había salido gravemente afectado ese año… el shock y el coma mágicos. Pensó en cómo habría reaccionado si le hubiesen dicho lo que se suponía que tenía que hacer.

—No… —admitió finalmente—…no habría podido.

oOo

La fiesta de despedida estaba por dar comienzo. Harry bajó a los subsuelos para ir a buscar a Malfoy. El tener que irse de Hogwarts lo ponía nervioso porque sabía lo que traería el verano.

Dumbledore había usado sus influencias para que la "Inquisición Ministerial", como Harry la llamaba, no lo molestara hasta tanto no concluyera el ciclo lectivo. Y hasta el momento no lo habían convocado para que les comunicara los detalles del duelo último con Voldemort.

El tiempo en la escuela sin interferencias políticas lo había ayudado a recomponerse en parte pero el período de gracia tocaba a su fin. Iba a tener que declarar, probablemente bajo Veritaserum, y el asunto lo inquietaba sobremanera.

Harry también estaba decidido a testificar en el juicio de Severus. No fuera que terminara, como había dicho Hermione, como un chivo expiatorio. No sabía si el simple aval del "héroe" iba a ser suficiente para exonerarlo, quizá iba a verse obligado a dar más detalles… sobre el vínculo entre ellos, por ejemplo.

Malfoy sonrió cuando Harry le regaló una rosa. Encantada, naturalmente. Los pétalos eran plateados y el tallo verde Slytherin. Malfoy lo besó tiernamente en los labios y juntos emprendieron el camino hacia el Gran Salón.

—Hasta ahora no me has dicho cuáles son tus planes para el verano. —preguntó Harry— ¿Dónde te vas a alojar?

—Eh… —Malfoy titubeó un instante y bajó la cabeza como avergonzado— Voy a parar en la Mansión Snape… le otorgaron a Snape mi custodia, justo esta misma semana. Ha iniciado también trámites para que pueda recuperar al menos parte de los bienes familiares… pero no abrigo demasiadas esperanzas al respecto… lo más probable es que el Ministerio se quede con todo.

—Lo siento… —susurró Harry.

—Bueno… paciencia… mejor hablemos de otra cosa.

—Yo me voy a repartir entre Grimmauld Place y La Madriguera… y me gustaría que vinieras a visitarme… —dijo Harry levantando una ceja inquisitiva.

Malfoy alzó una comisura. —¿Que te vaya a visitar? ¿A la casa de los Weasley? ¿Me estás cargando?

—No… te lo estoy diciendo en serio.

Malfoy suspiró dramáticamente. —Bueno… si no hay más remedio.

Harry sonrió y lo castigó con un leve puñetazo en el hombro. Pero iba a ser un gran gusto poder tenerlo cerca siquiera de vez en cuando durante el verano.

El Gran Salón estaba de bote en bote. Habían sido invitados los familiares, los de los sobrevivientes y los de los fallecidos. La decoración era muy sobria, nada del despliegue de colores de otros años.

La Fiesta ese año era un tributo, un homenaje… de recordación y de despedida.

Los profesores no estaban en la cabecera. Se habían sentado desparramados en las mesas de sus respectivas Casas y los pocos que no habían estudiado en Hogwarts habían elegido la Casa con la que se sentían más identificados.

En el sitio de la mesa de profesores se había levantado un inmenso panel-monumento. Para recordar a los que habían partido. Había fotografías, dibujos y otros pequeños objetos recordatorios. Y flores… y cintas decorativas… y crespones. Alumnos y adultos estaban adhiriendo al panel cartas, poemas y otras cosas muy preciadas que les recordaban a sus seres queridos.

Harry recorrió con los ojos el recinto tratando de ubicar las caras de sus seres queridos que todavía seguían vivos. Severus, Remus, los Weasley y los Flamel. Ron, Hermione, Neville, Luna. Dumbledore y McGonagall.

Con Malfoy de la mano se acercaron al monumento. Harry sacó de un bolsillo una foto de sus padres en el día de su boda, con Sirius riendo y guiñándole a Lily. La adhirió en un lugar libre entre cintas negras y flores.

También pegó fotos de Cedric, Cho, Seamus, Dean y Christopher. Y de otros alumnos que había conocido y había apreciado. Pegó también un viejo recorte de El Profeta en que aparecía Fleur durante el Torneo de los Tres Magos.

Giró la cabeza hacia Malfoy que había pegado fotos de algunos de sus compañeros y una pequeña foto de sus padres.

Harry sacó del bolsillo una foto más. La de un chico de once años, de cabellos negros rebeldes, terriblemente desordenados, de inmensos anteojos de marco redondo y con una cicatriz con forma de rayo sobre la frente. El chico le sonreía tímidamente. En sus ojos Harry podía ver lo maravillado que se sentía por ese nuevo mundo que lo rodeaba. Podía ver esperanza por un futuro que se le abría. Podía ver el sentimiento de dicha porque la vida se transformaba en algo bueno y porque finalmente había encontrado un lugar para él en un mundo del que podía sentirse parte.

Y frente a ese monumento recordatorio de cientos de muertos, en ese recinto en el que se derramaban tantas lágrimas, Harry miró la imagen de ese chico inocente y supo con triste certeza que lo había perdido para siempre.

FIN

Nota del traductor:

Espero que les haya gustado tanto como a mí.

Gracias a todos los que me acompañaron hasta acá. Gracias a la autora que me dio permiso para compartir esta historia con ustedes. Gracias a todos los que dejaron sus comentarios.

Nos reencontraremos pronto, si Dios quiere, con otra nueva historia.

Chau.

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