Uchiha Corporation
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- ¿Mi jefe? Es un cerdo machista licenciado, un precoz espécimen de macho ególatra y subdesarrollado con necesidad de adulación constante, ¿Qué puede tener de atractivo?
-Saku, es obvio, su tra...
-¡Ino-cerda!
Sasusaku
Los personajes de Naruto pertenecen a Kishimoto-sama, por supuesto
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Capítulo anterior: Quizás, y sólo quizás, la escabrosa idea de Hatake de mezclar al agua y al aceite por sobre las leyes naturales, no resultara tan mal como imaginaba. O quizás, costaría más de lo que ambos jóvenes pensaban, levantar luego los escombros que quedaran tras el colapso de dos polos tan opuestos…
Ególatra, frío y cínicamente atractivo
Nerviosismo. Palabra simple, definida claramente por el diccionario, sin demasiadas acepciones ni complicadas connotaciones a las cuales fuera sometida.
"Nerviosismo" sería lisa y llanamente eso. Claro que algo en el interior de Sakura comenzó a retrucar tal afirmación en aquel momento.
Su mirada jade apreciaba una vista maravillosa. La brisa primaveral revolvía sus sedosos cabellos (atados en una coleta) y jugaba inocentemente con aquella anticuada falda que vestía, la cual llegaba hasta por debajo de sus rodillas y era en un tono ocre. Respiró hondo, tratando de llenar sus pulmones con la seguridad de la que carecía en ese momento.
Parpadeó unos segundos, para luego volver a vislumbrar aquel esplendoroso edificio de compleja y sofisticada estructura, con aquellas imponentes puertas de vidrio y esa grandeza que destilaba en cada ángulo en el que se le viera.
Se acercó unos pasos y pudo verse reflejada en uno de los vidrios que adornaban todo su exterior, y admiró su camisa levemente amarilla holgada y desluciendo su figura. Volvió a suspirar.
Era evidente que no encajaría.
La fachada del edificio lucía años luz más presentable que su estilo. Claro que la siempre efusiva y dulce Sakura con aquel carácter fuerte que determinaba sin mayores problemas cada una de las decisiones de su vida, sentía sus piernas vacilar al momento de compararse con la simpleza del exterior de un… edificio.
-Tranquila, no van a guillotinarte, no está en riesgo tu vida, Sakura –susurró para si mientras volvía a avanzar otros pasos.
Y se equivocan si el veredicto de esta escena los hace pensar que la joven Haruno jamás asistió a una entrevista de empleo. Se equivocan si piensan que los titubeos son parte cotidiana de su vida. Podría decirse que esa muchacha era todo lo opuesto a eso, tan obstinada como orgullosa y tan segura como audaz.
Se sintió empujada por una agresiva persona que anteponía su apuro por sobre los buenos modales del "permiso" y "gracias", tras la cual casi termina en el suelo.
-Suficiente –determinó finalmente-. Haruno Sakura, vas a entrar a ese edificio y vas a brillar en tu puesto de trabajo, y vas a llenar ese bendito currículum y vas a demostrarle al mundo que eres mucho mejor de lo que podrían llegar a creer…
Y, tras esas palabras que se debatían entre el aliento y la obligación, entró decidida a una muy ordenada y bien ambientada recepción.
Se respiraba un aire calmado, a pesar de la presencia de varias personas, cada una inmiscuida en su mundo y haciendo los deberes que les correspondían.
Entraban, salían, escaleras, ascensores, ordenadores, consultas, programas. Todo en los últimos cinco segundos permaneciendo en aquella habitación.
-Ejem –carraspeó, una vez en frente de la recepcionista.
-Oh, lo siento –comenzó la muchacha de rubios cabellos, reparando en su presencia-, no estamos interesados en comprar ningún tipo de artículos de limpieza, señorita. Agradecería que se retirara.
Apretó con su mano derecha aquel portafolio que llevaba consigo.
-Ha hecho muy bien en no seguir adivinación –le contestó punzante, con una sonrisa-, ya que mi nombre es Sakura Haruno y soy la nueva secretaria personal del señor Uchiha –finalizó, tendiéndole la mano.
La mirada de la joven rubia la observó atónita e incrédula.
- ¿El señor Uchiha ha conseguido ya una nueva secretaria? –interrogó escéptica.
-Sí, pero creo que solo lo ha comentado a su gente de confianza –continuó-. Le agradecería si me dijera a qué piso debo dirigirme –finalizó algo impaciente.
Una mirada asesina recorrió el cuerpo de Sakura, quien se felicitaba interiormente por la charla anterior, reconociendo al flaqueo de hace unos minutos como un simple delirio de debilidad, y saludando nuevamente a la Sakura original.
-Décimo piso, puerta A –masculló, continuando con sus tareas.
-Muchas gracias.
Se dirigió al elevador y luego hacia el piso indicado, mientras planeaba interiormente la futura charla con su jefe.
Sería fácil demostrar sus habilidades, porque las tenía. El sentido de líder y la inteligencia eran dones innatos de la pelirrosada, que la harían brillar en todo lo que desempeñara.
Lo único que sería difícil, sería tratar con un hombre mayor. Y no es que eso le molestara ni tuviera nada en contra, pero las ecuaciones son simples. Kakashi le había mencionado que el señor Uchiha tenía hijos, por lo que su jefe sería padre. Un padre entrado en años, dueño de una de las mayores y más prestigiosas empresas a lo largo del mundo. Eso, eso era demasiado similar como para que su conciencia no vacilara. Era demasiado para los recuerdos que…
Las puertas del ascensor se abrieron tras un leve sonido, y sus pensamientos se detuvieron en ese mismo instante. No iba a preocuparse por ello, aprendería a tratar con él y poder superarlo sin traumas psicológicos mediante…
O lo intentaría.
O quizás sería despedida en cuanto nombrara su apellido…
Bueno, tal vez debería ser más positiva… no todos son iguales, y no debería juzgar a alguien que ni siquiera conocía.
Y entre pensamientos y conjeturas, la imponente puerta de roble que la signaba como la oficina del "Presidente Uchiha" ó, "A" se alzó frente a ella.
Dos sutiles golpecitos fueron quienes anunciaron su presencia a aquella persona que se encontrara del otro lado, tomó aire y entró decidida.
Avanzó unos pasos admirando el escritorio, quien contaba con un sillón del otro lado que ese mismo instante estaba girando sobre su mismo eje, a segundos de conocer a su nuevo jefe.
OoOoOoOoOoO
Parpadeó apesadumbrado. A la vista ajena el joven estaba completamente despierto, pero su cuerpo parecía resistirse a aceptar dicha realidad. Aferró ambas manos al volante de su vehículo último modelo y observó la luz roja que le impedía el paso. Unas cosas y otras se agolpaban en su cabeza. Reuniones, contratos, charlas ejecutivas, horarios y ¡Dios!, nunca creyó que ese curso rápido que hacía fuera a ser tan complicado.
El resumen de su lamento se reducía entonces a las tres cortas horas de sueño que lo separaban del atareado día anterior, y del anterior, y del anterior…
Pero no, no señor, nadie en este mundo podía considerarse más fuerte que la terquedad del joven heredero Uchiha. Y si el susodicho había decretado querer ausencia de psicópatas empedernidas que lo acosaran indiscriminadamente por el simple hecho de tener el privilegio de conocer su agenda (entiéndase, sus secretarias), ni la extenuación, ni el cansancio, ni ningún otro ser por sobre la faz de la Tierra podría redoblar su decisión.
Además, él podía con todo. Es decir, llevaba 25 años pudiendo con cada uno de los temas de los que trataba el decálogo Uchiha… hasta el más ínfimo detalle.
Y entonces la luz de amarilla se tornó verde, y aquel atractivo joven de cabellos azabaches, piel nívea y orbes tan oscuros y hechizantes como la mismísima noche, pudo continuar con su trayecto hacia la empresa.
No sería un día tan complicado, si se lo compararía con los anteriores. Pero eso no era suficiente para animar el monótono espíritu que signaba al joven Sasuke desde hacía muchos años atrás.
Y al fin, sus profundas pupilas pudieron admirar el esplendor de aquel enorme edificio.
Dejó estacionado aquel flamante deportivo gris en el lugar correspondiente y se dirigió rápido hacia su oficina, después de todo, el día ya había comenzado sin él.
-"Otra vendedora de productos de limpieza" –pensó resignado al ver a pocos centímetros a dicha muchacha.
Llevaban viniendo toda la semana, eran simpáticas y hasta atrctivas, de todas formas lo único que le quedaba pensar era que la inteligencia de la pobre muchacha no le permitía comprender el complejo hecho con el millón de diferentes y complicadas connotaciones que la frase "Ya tenemos un proveedor de limpieza, muchas gracias" podría significar. Suspiró y la pasó de largo sin mayores reparos, haciendo que la muchacha casi cayera en aquel acto.
Sí, quizás si fuera vendor en lugar de vendedora sus deducciones no comprometerían la inteligencia de aquella muchacha…
-Muy buenos días, señor Uchiha –saludó con efusividad la recepcionista.
Conocía muy bien a esa joven, y sabía a la perfección que babeaba por él desde el primer día que piso esa empresa. Pero ella simplemente no era su tipo de chica… así como ninguna lo era. No es que fuera un machista compulsivo, ni que tuviera depuesta a la raza femenina... bueno si, las mujeres habían conseguido en su vida un lugar no muy privilegiado, ¿Pero cómo podría pensar diferente si todas se acercaban con intenciones no poco sucias?
Y no es que despreciara a las mujeres en general, después de todo, la persona que aquel hombre más quería en el mundo (por no decir, la única persona a la que en verdad quería) era una mujer.
En lo único que difería a las mujeres entre las ya mencionadas psicópatas, era que respetaba a quienes se merecían respeto… y, en fin, no iba a obligar a nadie a no besar el suelo que él pisara, ellas eran libres. Libres de no merecer su respeto.
Una taza humeante de café doble lo esperaba en su oficina, a un lado de ésta, todas y cada una de las notas más importantes de los periódicos. Se sentó cómodamente en aquel mullido sillón transportable, del otro lado del escritorio, y comenzó con una de sus rutinas matutinas por excelencia.
TOC-TOC
Sonó en el aire dos golpes a la fría superficie de roble.
-Adelante –contestó sin mayor interés, dándole otro sorbo al café.
La figura de una mujer con sus buenos años encima, canos cabellos y rostro amable se presentó del otro lado.
A simple vista denotaba ser una mujer mayor, pero a la vez su vestimenta formal y sofisticada y la serena posición de sus facciones, demostraban una gran jovialidad.
-Kaede –saludó el azabachado.
-Buenos días Sasuke-chan –contestó la mujer.
- ¿Qué sucede? –indagó luego, mientras ella tomaba asiento frente a él.
-Aunque dudo que lo hayas notado hoy es lunes –anunció.
El joven hizo una extraña mueca.
- ¿Lunes? He tenido dos semanas de lunes constantes, ¿Por qué éste sería diferente?
-No sé si los haz notado pero hoy es también primero de mes… -continuó.
-Y eso quiere decir… -apuró, con un ademán en las manos.
-Que fue decretada a ésta como la fecha límite para que consigas asistente, Sasuke-chan –dijo, como resignada.
-Ya dije que no quiero secretarias, y punto final –determinó a regañadientes.
-Bien, pero Fugaku no dice lo mismo. Te dio una fecha límite, una que no cumpliste… por lo que él mismo encontró para ti una secretaria adecuada –anunció rápidamente, previendo la reacción del allí presente.
Y tal como Kaede pensaba, los ojos de su pequeño Sasuke lanzaron llamas al enterarse de la decisión tomada por su progenitor.
- ¿Mi padre tomó esa decisión? –interrogó conteniéndose-. ¡Será mejor que alguien le cuente a Uchiha que a esas alturas de la vida es mejor tomarse sus debidas vacaciones y planear su jubilación! –estalló-. O mejor, podría entretenerse con alguno de esos juegos importados de damas chinas que a él tanto le interesan, o podría coleccionar estampas. Pero no, dedica su vida a complicar la mía.
-Sasuke, las cosas no son tan así… -interrumpió.
-No, Kaede-sama, una asistente personal no es nada más que una molestia. Yo puedo encargarme de todo completamente solo… ¡Ahora Uchiha con delirios de buen padre! Si me nombra como autoridad absoluta, no puede contradecirse pasando por sobre mis órdenes.
-Convengamos que tu padre es el dueño de toda la empresa Sasuke, además estás descansando mal, tienes una sobredosis de estudio, y tu cuerpo está entumecido de tanto entrenamiento físico… debes dejar de exigirte tanto –aconsejó.
El joven masajeó sus sienes, volviendo a calmarse.
-Muchas gracias por el café, Kaede-sama –concluyó, dando fin a la charla.
Y es que cuando Uchiha Sasuke le agradecía a Kaede algo, era sinónimo de paz en cualquier situación. Y si la circunstancia era de esa índole, eso sólo significaba que una palabra más haría estragos… Claro que eso era una regla general.
La mujer suspiró resignada y salió del lugar, lista para continuar con sus actividades.
Mientras tanto, el menor de los Uchiha giró aquel cómodo sillón sobre su eje y admiró el hermoso paisaje de la ciudad del otro lado de aquel gran ventanal.
Personas de todas las edades y culturas se amontonaban en los cansados pavimentos de las calles para continuar con aquel día que había empezado.
Y entonces la autoritaria figura de su padre se recreó en su mente. Pero si Fugaku quería marcar su autoridad como modo eterno de soberanía sobre el débil e indefenso Sasuke que él solía ser… el hombre se equivocaba. Y se equivocaba como nunca, porque de débil e indefenso, él ya no tenía nada. Había cambiado, y aunque su padre no había podido apreciar jamás ese cambio por falta de tiempo (entre otras insulsas excusas), él se lo haría saber.
TOC-TOC
Otros suaves golpes sonaron en el lugar, frunció el seño, sus pensamientos volvían a ser interrumpidos. Suspiró molesto y giró nuevamente para quedar de frente a la puerta.
Pero en ese momento, algo en su rostro se desfiguró…
"Perfecto, lo que faltaba"
OoOoOoOoOoO
Sintió como era embargada por una gran sorpresa al momento en que vio todas sus hipótesis derrumbadas. Es decir, a simple vista, ese muchacho no contaba con canas o arrugas, y su cuerpo estaba muy lejos de parecer el del anciano que esperaba encontrar. Ese joven no aparentaba ser mucho mayor que ella.
-Buenas tardes –reaccionó al fin la muchacha.
Se hizo un leve silencio en el cual vio el brillo jade de su mirada, perderse en la oscuridad y profundidad de sus orbes oscuros…
Fue él quien rompió el contacto y dejó escapar un leve suspiro.
-Muchas gracias, pero ya contamos con un distribuidor de productos de limpieza –simplificó, dando vuelta nuevamente el sillón.
Y el rojo volvía a apoderarse de sus mejillas, ¿¡Pero que todos andaban por el mundo con complejos de adivinos frustrados?! Apretó los dientes, el hombre si quiera había preguntado quién era, ni la cortesía siquiera de un nombre, una referencia. Nada.
Sus pasos fueron más rápidos inclusive que sus neuronas, y encontró a su propio cuerpo frente al escritorio del altanero muchacho que le daba la espalda, dando un muy poco sutil golpe contra el escritorio y recibiendo una incrédula mirada del muchacho.
-En realidad se equivoca, señor Uchiha –comenzó con notada ironía y una fingida sonrisa-. Mi nombre es…
-Ha de ser uno muy importante, para atreverse a tratarme de un modo tan insolente –la interrumpió frío y seguro.
-Como le decía, mi nombre es Sakura Haruno, su nueva secretaria. Y me gustaría decirle que es un placer conocerlos, a usted y a sus modales, pero no mentir es un mandamiento que pienso cumplir.
El moreno alzó una ceja. La miró expectante y fue entonces que pareció reaccionar.
-Lo siento, señorita, pero no tengo ninguna secretaria y vuelvo a decir que creo poder prescindir de su inoportuna presencia en mi oficina…
-Hay un contrato firmado que decreta que lo soy, y al pie de la página está el nombre de "Uchiha Fugaku".
Sí, ahora estaba sumamente confundida. Ella sólo quería comenzar su primer día en aquel empleo, pero para variar, ya estaba con el pie izquierdo. ¡Pero no era su culpa! Era un egocéntrico, altanero, maleducado…
-Dime quién te ha recomendado, ¿O has venido directamente de las sábanas de mi padre?
¡Y un completo desubicado!
Volvió a apretar los dientes, ¿Siempre tenía que pasar lo mismo? He ahí otra vez discutiendo con su jefe el primer día de trabajo y tratando de conservar un puesto que se merece.
Pero admitía también que jamás en su vida conoció a un ser tan despreciable y desagradable como aquel que tenía en frente.
-No, para variar sus neuronas no han podido sacar buenas conjeturas. Me ha recomendado Hatake Kakashi.
Y tras esa simple frase, el muchacho pareció congelar sus expresiones y observarla con estupor.
- ¿Hatake Kakashi? –repitió luego, regresando.
-Así es –simplificó impaciente, esperando una reacción.
-Estás a prueba. No quiero que estés aquí y no voy a esmerarme en disimularlo, demuestra que vales algo antes de que tu ineptitud salte a la vista… y podrás conservar el puesto.
-Shanaroo!!, ¡Estás trabajando! ¿Oíste Sakura? ¡Tienes un empleo, tienes un empleo!
Y sí, en momentos como ese se deja evidenciada una insoportable vocecita que solía estar completamente contrariara con sus pensamientos y que la molestaba más veces de las que ella podría desear. Ahí hablaba nuevamente su molesta insoportable "inner".
Estoy trabajando para el cerdo más ególatra e impertinente que tuve la desgracia de conocer –le recordó.
-No, ¡Estás trabajando para un bombón bañado en chocolate! Kyaaaa, estas veces envidio no ser tú y poder tirármele encima –sí, con cascaditas en los ojos.
-De acuerdo, tampoco pienso simular que usted es mi jefe preferido y espero que su ego no se dañe en el proceso.
-No se preocupe, eso es directamente proporcional con su importancia. En pocas palabras, el viento tiene el poder de llevarse sus palabras señorita Haruno.
-Me alegro entonces de que el remordimiento y la conciencia que yo sí tengo el privilegio de poseer no me recriminen.
-Me gustaría decirle que la envidio, pero tampoco es mi intención apelar a la mentira.
Y, tras la última palabra, se redujeron a un cruce de miradas que podría fácilmente sacar chispas.
El norte y el sur, el blanco y el negro, el si y el no. Ellos eran simplemente polos opuestos, que desgraciadamente sólo coincidían en esa inaudita facilidad de replicar…
-Comienza mañana a las ocho en punto, ¿Entendido?
-Por supuesto –contestó, dispuesta a dar media vuelta y retirarse.
-Ah, y… le recomendaría cuestionar su indumentaria –masculló mientras la joven abría la puerta y volvía a darle la espalda.
-Prometo que eso sucederá, luego de que usted se replantee su moral –contestó, para luego cerrar la puerta tras de sí.
Se vio saliendo por aquella lujosa puerta hacia la calle con cierta sonrisa en los labios, tenía empleo. No la habían botado en la primera entrevista, y ahora sí podría demostrar todo el potencial que podía sacar a flote.
-Disculpe señorita, ¿Le interesaría la adquisición de lo últimos y más modernos artículos de limpieza? –sonó una voz a sus espaldas.
Giró sobre su propio eje y observó a una simpática muchacha de castaños cabellos con… exactamente su mismo atuendo.
-N-no, gracias –vaciló.
Mordió su labio inferior y comenzó a recorrer las calles que la separaban de su departamento.
-Bien, quizás sí cambie esta falda –comenzó a susurrar para sí misma-. Después de todo tengo empleo, es decir, un buen empleo con un jefe con complejo de autosuficiencia y por demás ególatra, impertinente, vanidoso y descaradamente…
-Atractivo –finalizó la susodicha vocecita, a quien, esta vez, no pudo contradecir.
Shanaroo, le has gustado?! n.n espero que este nuevo chap también haya sido de su agrado, creo que ha quedado un tanto largo... ustedes avisen si piensan lo mismo u.u
Bien, simplemente fue un choque de egos, y quiero aclarar que sí, Sakura tiene detrás de ella una historia que justifica la reacción ante Sasuke-kun!
En fin, ya saben, para quejas y comentarios review, como soy nueva por estos lados, agrdecería verdaderamente que me ayuden a mejorar n.n
Nos leemoss prontito, prometo traer lo antes posible un nuevo chap!
Saludoss.
