Uchiha Corporation

.-.

- ¿Mi jefe? Es un cerdo machista licenciado, un precoz espécimen de macho ególatra y subdesarrollado con necesidad de adulación constante, ¿Qué puede tener de atractivo?

-Saku, es obvio, su tra...

-¡Ino-cerda!

Sasusaku

Sin más preámbulo, los personjes pertenecen a Kishimoto-sama, por supuesto y muy a mi pesar

.-.

Capítulo anterior: Y así, feliz de que sus pensamientos se encontraran sumidos completamente en el presente, fue que quedó rendida ante los brazos de Morfeo.

Ignorando, quizás, la verdadera importancia que tendría en su vida aquel joven de cabellos azabaches que, momentáneamente, llamaba… jefe.

.-. Chap dedicado a one-san, por supuesto .-.


Molestia

Tercer día: finalizado. Suspiró profundamente, lo había logrado.

Claro que ese mérito no se lo atribuía sólo a ella, sabía también que si había superado el extenuante horario laboral había sido también gracias a Kaede-sama.

Había pasado por encima del hechizante silencio Uchiha y no se había reducido ante las nuevas ironías de su jefe. Mentiría si dijera que no le afecta en absoluto saber que su superior inmediato anda conteniendo sus ganas de arrojarla al vacío, pero sabía que podría vivir con eso… había entendido que el carácter de Sasuke era así por mera naturaleza.

Sin embargo, no fue así con Fugaku, con quien entabló muy buenas migas durante esos días.

Dibujó una enorme sonrisa y tomó su abrigo, salió lentamente de su oficina, mientras tarareaba una de aquellas dulces melodías que contagiaban alegría al entorno.

Uno de los espejos del pasillo le devolvió su imagen y se quedó observándola unos minutos. A penas sí se acostumbraba a llevar esas remeras holgadas y pantalones de igual talla… aunque ya hubiese pasado tanto tiempo. Sin sombra ni delineador que resaltara el hermoso contorno de aquellos orbes jade, y sin sus largos cabellos rosados meciéndose al compás del viento, sino que reprimidos y atados en una coleta baja.

Continuó con su camino, el día había sido maravilloso.

La primera de las llamadas había sido de…

-Regresaré antes de la próxima semana, y todo será como siempre…

La promesa del rubio aún resonaba en sus tímpanos, y es que nunca se acostumbraría a tener a su mejor amigo a tantas millas de distancia, durante aquellos nueve meses que se había ido.

El ostentoso brillo de la luna llena alumbraba tenuemente el pasillo que estaba recorriendo, mientras recordaba aquella segunda llamada con una enorme sonrisa tatuada en su rostro.

-Ya han confirmado la mayoría su asistencia para el sábado, espero también contar contigo, Sakura –dijo emocionada-. Ya te llegará la invitación con el lugar y la hora cuanto antes, sólo anticipo que será de disfraces.

Y es qe Ten Ten siempre tuvo toda clase de ideas a la hora de organizar un evento, pero… ¿Disfraces? Eso sonaba por demás divertido.

Sintió la tenue brisa de la soledad acariciar sus cabellos, no dudaría en ser una de las últimas personas en abandonar el edificio… pero había acabado con toooodos los pendientes que su jefe le había asignado, ¿A quién le importaba que fuesen las once de la noche? No a ella, no a su orgullo. Levantó entonces la vista y se encontró a si misma a unos pasos del elevador, y vio como aquel hombre la observaba interrogante desde la puerta de éste.

Enfrentó su mirada, una vez más. No entendía qué era lo que tenía contra ella… o, mejor dicho, lo sabía muy bien. Era simple. Era claro. Era una Haruno.

Sin embargo, ella se haría valer como Sakura. Se lo había prometido, y era mujer de palabra… no importaba que tan hechizante fuera el halo de misterio que envolvía a aquel hombre, ni la profundidad hipnotizante de sus oscuras pupilas. No importaba siquiera la atracción involuntaria que ejercía su simple presencia, capaz de obnubilar al ser más centrado.

-Buenas noches, señor Uchiha –saludó con cortesía y de una forma casi tan fría como la de él.

-Buenas noches –se limitó a decir, mientras ambos aguardaban a la espera de aquel elevador…

Claro, sin confiar plenamente en que aquel enorme edificio estuviera completamente desértico.

OoOoOoOoOoO

Un calmo silencio inundó sin mayores problemas aquella habitación. Ni uno ni otro hablaban, ambos sumidos en sus propios pensamientos…

El suave sonido de los hielos de su copa de vino resonando contra el cristal fue el único que se atrevió a romper aquel sigilo. Se removió en su silla y apuntó su mirada hacia el hombre que le observaba desde aquel otro lado del extenso escritorio

-No pidas que entienda ni que esté de acuerdo con lo que hiciste –dejó escapar, nuevamente meciendo su copa.

-Ya no tenía de otra –se excusó.

-Entonces deberías aceptar tu callejón sin salida, no someter a tu propio heredero a tu delirio de descendencia.

-Exageras, Hatake. Sasuke ya no es un niño, yo voy a retirarme pronto y no puedo dejar a un solterón codiciado al mando de tamaña empresa.

Volvió a abrirse otro silencio, donde Fugaku entendió la reprobación de su acompañante.

-Hubiese querido que él eligiera a la mujer que ama, pero está bien si me acuso por ser el culpable de que no crea en el amor –continuó, más pensativo-. Recela y controla sus sentimientos como un androide, de una forma tan envidiable como triste; ni yo mismo podría jactarme de haber conseguido eso que tanto anhelé, eso de no depender del maldito corazón. Pero lo ha logrado, y no va a dedicarse a amar a ninguna mujer, ni mucho menos ofrecer su nombre para que un juez divida sus bienes…

-No entendería a quién salió tan frígido –comentó sarcástico.

Una mueca irónica se curvó en los labios del mayor.

-No voy a negarlo, pero por eso mismo no puedo esperarle. Se casará cuando yo demande que así suceda y al fin heredará toda la fortuna. Le dije claramente que tenía prohibido, bajo cualquier concepto, despedir a Sakura Haruno… y no me arrepiento de ello.

- ¿Es necesario que te pida que te expliques, Uchiha?

Ella es mi última esperanza de que Sasuke se case por amor, si no es con ella, no será con nadie… lo sé. Has acertado en tu elección, Kakashi, la muchacha es la mezcla perfecta para ablandar el frío corazón de Sasuke…

-O congelar el de ella en el intento –interrumpió, recordando y temiendo ante las palabras de Shikamaru.

-En ese caso, en el caso de que ella desaparezca de la vida de mi hijo y pierda las esperanzas para él… Sólo en el caso de haber errado con Sakura Haruno, él deberá casarse, por haber faltado a mi palabra de despedirla, ¿No es un plan perfecto?

-Por supuesto, si jugaras a las estrategias en un gran tablero de ajedrez –atacó-. No traje a Sakura como carnada.

El moreno dejó en el aire los vestigios de una sonora risa que no tardó en retumbar contra las paredes del lugar.

-Y no lo será, además no pienso dejar las cosas a mano del destino –agregó, guiñando un ojo y descontracturando el ambiente.

Ambos se levantaron y se dirigieron hacia la enorme puerta de roble que separaba aquella oficina de las demás.

-Te debo una, Kakashi –sonrió a su amigo, mientras avanzaban en al penumbra de los pasillos.

-Hay un tomo Icha Icha Paradaise verdaderamente difícil de conseguir…

Ambos rieron.

-Buenas noches, Uchiha -sonó una voz al fondo del pasillo.

La mirada de Kakashi voló hacia los elevadores, donde dos muchachos se disponían a entrar, y luego hacia su amigo, quien comenzaba a formar en sus labios una sonrisa peligrosamente socarrona.

- ¿Qué tramas, Uchiha? –indagó sumamente intrigado.

El mayor esperó a que el ascensor comenzara, irónicamente, a descender para luego acercarse.

-Dije que no sería el destino el único que intercediera a favor de la pareja –comentó sonriendo.

-Estamos en el vigésimo piso, tardará en volver a subir… y el otro está descompuesto –se lamentó el platinado.

-Tranquilo, no hará mal bajar por las escaleras esta vez… para darles tiempo.

- ¿Tiempo, a qué? –inquirió nuevamente.

Llevó su dedo índice hacia el botón rojo a un lado del elevador y sonrió socarronamente.

-A que vuelva a componerse el elevador –concluyó, dirigiéndose hacia las escaleras y siendo seguido por un escéptico y admirado Kakashi.

OoOoOoOoOoO

Le dirigió una mirada cargada de arrogancia y se adentró al elevador, ella lo siguió en silencio. Y es que podía asegurar que odiaba más a esa joven por cada segundo que pasaba.

Y no era un odio sin fundamento, por supuesto que no, Uchiha Sasuke no era un caprichoso (NA: ejem, ejem, cof cof) y es que desde que la muchacha le había caído excepcionalmente bien a Fugaku, había descendido aún más en su criterio de intereses.

Es decir, el frío y autoritario, el frígido y cerrado Uchiha Fugaku, había dejado escapar una risita gracias a la susodicha usurpadora con falsos aires de grandeza. ¿Cuándo había sido la última vez que su padre bajaba sus barreras en presencia de un extraño? Y, claramente, alguien que le caía bien a un ser tan despreciable, no podría caerle bien a él.

Oprimió el botón que decía planta baja, y el suelo bajo sus pies comenzó a descender estrepitosamente, causando un leve cosquilleo en su estómago.

Volvió a dirigirle otra leve mirada, entendiendo que la joven pelirrosada se limitaba a acomodar algunas cosas del bolso que llevaba. Dejó escapar un leve e imperceptible gruñido.

Es decir, era entendible que la muchacha no se le tirara encima, después de todo era eso lo que él buscaba en una secretaria, también era comprensible el hecho de que no se doblegara a su órdenes sin mayores reparos, era casi aceptable el hecho de que no sólo no sucumbiera ante sus ironías sino que tuviera la altura de contestarlas, era inadmisible que lograra terminar con todas las asignaturas que él le demandaba. Pero era sencillamente imposible que la muchacha no dirigiera ni una única mirada en su dirección, siendo un espacio tan cerrado y el aire tan escaso.

"Escaso el aire en mi cerebro" se reprochó mentalmente, seguro de que sería más interesante debatirse sobre la firma del contrato con Lups…

Sintió como el descenso se detenía y su cuerpo se precipitaba hacia una de las paredes del lugar, como seco resultado de la inercia que producía el detenimiento del elevador. Sintió entonces sobre su cuerpo el calor ajeno de aquella muchacha y maldijo por primera vez a sus instintos al verse así mismo abrazándola por la espalda.

Ambas respiraciones se habían agitado, pero aparentemente, aquel artilugio ya había decidido no continuar con su camino…

OoOoOoOoOoO

Podía notar como su corazón se había estremecido de sobre manera por lo ocurrido anteriormente, sintió su cuerpo aprisionado alrededor de aquellos fuertes brazos que la rodeaban. Volvió a regular su respiración, y se maldijo interiormente por la poca incomodidad que sentía en esa posición.

El pequeño espacio de dos por dos no sólo estaba a oscuras, con aparentes fallitas técnicas e inmovilizado por tiempo indeterminado, sino que además estaba pendiendo de un hilo en el aire, y podría precipitarse en cualquier momento…

Y, sin embargo, se sentía condenadamente segura en sus brazos.

Ningún mal llegaría a ella en aquella posición… nunca más.

Sintió cómo dejaba de sujetarla y ambos se separaban lentamente, y fue entonces cuando notó lo tensos que estaban sus músculos en aquel momento.

Divisó entonces una pequeña luz proveniente de un encendedor que el joven había prendido, y aparentemente buscaba algún interruptor.

- ¿Fumas? –indagó antes siquiera de replantearse aquella pregunta.

-Fumaba –se limitó a contestar, a regañadientes.

Un pequeño botón les proporcionó un tenue resplandor que con suerte llegaba a alumbrar los rostros de los jóvenes.

- ¿Qué haces? –inquirió nuevamente, tratando de disimular los nervios.

Sintió la profundidad de aquellas oscuras pupilas calando en lo más hondo de sus huesos.

-Intento llamar a alguien, a estas horas no hay nadie en la empresa –respondió mientras marcaba números de su teléfono celular.- Maldición, no hay señal –volvió a articular, cerrando bruscamente el aparato.

La muchacha se sentó en el suelo, contra una de las frías paredes del lugar.

-No me gustan los espacios cerrados –confesó, repentinamente.

- ¿Eres claustrofóbica? –interrogó, mientras ambos se sorprendían ante la ausencia de ironías a lo largo de aquella… ¿Charla?

-No exactamente, pero no me han sucedido cosas muy gratas en lugares así.

Y, para su asombro, el joven se sentó a un lado de ella, observando en la dirección contraria.

-Es un espacio demasiado reducido, ¿Cuánto oxígeno habrá?... –se preguntó, más así mismo que a su compañera.

-No te preocupes, podemos agradecer la presencia de esa planta, no moriremos asfixiados en breve… ¿Cuánto tardará el elevador en volver a funcionar?

La observó con un deje de sorpresa ante su respuesta, y fue en aquel preciso instante en que su resplandor jade se cruzó con la oscuridad de esas orbes solitarias.

Demonios, no podía dejar de mirarlo, aunque comenzaba a notar la agitación de su sangre debido a eso, mientras su pulso amenazaba contundente en delirar taquicardias.

¿Qué demonios estaba pasando?

- ¿Por qué me tratas así? –se animó a preguntar, para luego recriminarse por lo que fuera que estaba evitando que sus neuronas funcionaran adecuadamente.

-Porque eres una molestia –contestó con simpleza.

-Oh, disculpe, habló el jefe más ameno sobre la faz de la Tierra –contraatacó sarcástica.

Y un incómodo silencio se abrió paso entre ellos.

¡Dios! Cómo le odiaba, no podía ser tan… repugnante. Tan engreído, tan cínico, tan… ¡Agr! Tan… Sasuke.

Tan guapo.

Tan interesante.

Tan misterioso.

Tan difícil de enamorar.

Y esa otra voz interior que deliraba incoherencias, seguramente era producto de algún importante problemita psicológico que debería hacerse tratar en breve.

- ¿Terminaste con tus pendientes de hoy? –su voz sonó fría y autoritaria.

Lo fulminó con la mirada, ¿Qué otra razón habría para que estuviera dejando la oficina casi a media noche?

-Por supuesto –contestó, indiferente, mientras se levantaba.

-Mañana será el doble –articuló en voz baja, mientras imitaba a la muchacha.

-Si tiene algo en contra mío dígamelo, Uchiha –desafió mirándolo a los ojos.

-Creo haberte dicho ya que eres una molestia.

-Bien, las pilas y pilas de trabajo que me da no dicen lo mismo. Parece que se tomó el mes sabático y me relevó a mí sus deberes.

Vio como el joven clavaba en ella su mirada mientras se acercaba lentamente, retrocedió unos pasos mientras reñía con el inaudito temblor de sus piernas. No se explicaba por qué demonios sentía que su corazón luchaba insaciable por salir de pecho ante el simple avance de tan ególatra ser, ni mucho menos la razón por la cual sus ingratos sentidos amenazaban con desaparecer en cuestión de segundos, mientras sus neuronas tardaban cada vez más en recordarle que de quien estaban hablando era de la persona más repulsiva que había tenido la desgracia de conocer, y que sólo hacía eso para aumentar su ya inflado ego.

Chocó entonces con la paded, mientras en aquella penumbra el muchacho casi le deba alcance.

Tragó pesado. Mierda, ésa sería su perdición…


Lo sé, están todos perdonados... pueden odiarme si quieren u.u

Pero antes de que llegue a mi algún intento de homicidio, quiero desearles a todos mis queridos lectores y lectoras, un muuy feliz día del amigo! n.n Este es el presente que se me ocurrió hacerles y espero que les haya gustado y hayan disfrutado este cap tanto como yo escribiéndolo.

Además agradecer por todo el apoyo que estoy recibiendo con esta historia, la verdad no puedo creerlo.. ah, y con respecto a lo que dije en el chap anterior, me han encantado sus ideas y la mayoría de ellas pasó por mi cabeza, pero lo cierto es que tengo la mitad del siguiente capi escrita y puedo decir que ciertos temas comienzan a notar el rumbo, es decir, pueden opinar en este si quieren n.n

Ahora, antes de despedirme, qiero dedicarle el chap y desearle el mejor de los días a one-san que hizo que amara la cultura del manga y el animé, me arrastró hasta fanfiction, me alentó a comenzar a escribir y me envició completamente con Naruto... entre otras cosas. Así que Ro, ya sabes, muy muy feliz día de mi parte.

Saludos a todos y, como ya dije, que tengan un muy hermoso día del amigo!