Uchiha Corporation
.-.
- ¿Mi jefe? Es un cerdo machista licenciado, un precoz espécimen de macho ególatra y subdesarrollado con necesidad de adulación constante, ¿Qué puede tener de atractivo?
-Saku, es obvio, su tra...
-¡Ino-cerda!
Sasusaku
Sin más preámbulo, los personajes pertenecen a Kishimoto-sama, por supuesto y muy a mi pesar
.-.
Capítulo anterior: Abrió la puerta con ímpetu, mientras sonreía emocionada… y lo vio.
Sí, ahí estaba su disfraz, tendido muy delicadamente sobre su cama… y algo en su rostro se desfiguró en aquel momento.
Algo parecido a un tic apareció en su ojo izquierdo…
No, no y NO… algo definitivamente andaba mal, se había producido un error, no había duda.
Definitivamente, no iría a la fiesta con eso.
Perdiendo
- Y dime, ¿Qué es exactamente lo que te hace pensar que no me negaré? –indagó, con la burla signando sus palabras y una de sus cejas arqueada.
- ¿Y qué es lo que te hace pensar a ti que vas a negarte? –retrucó, desafiando a su amigo con la mirada.
-Bien, que yo recuerde, aún tengo control sobre mi persona, Uzumaki.
-Yo creo que tu padre no piensa lo mismo, Uchiha –contestó.
-Lo que él piense o no me es totalmente indiferente –se atajó, mientras rompía el contacto visual y observaba el gran ventanal-. Pero si hay algo de lo que puedes estar seguro es que no, repito, NO está en mis planes ir a ninguna fiesta de disfraces con motivos pseudo-melancólicos vestido como un sátiro con delirios de justiciero –determinó, contundente.
El rubio dibujó una pequeña sonrisa, ya vería el Uchiha cuánto le duraba su determinación…
-Ni lo pienses, no hay forma de que me convenzas –se atajó, leyendo las expresiones de su amigo.
Bien, quizás esta vez el hueso sería más difícil de roer.
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Definitivamente esa quinta era preciosa. El ostentoso resplandor de la luna alumbraba todos y cada uno de los detalles que no habían pasado de la vista de la organizadora. Luces, ambientación, música, todo. Y dicho paisaje era testigo de diferentes reencuentros entre los ya conocidos ex alumnos de cierta secundaria…
-No entiendo cómo me dejé convencer –se quejó apretando los dientes.
…o quizás no.
-Vamos, no te deprimas, que te queda muy bien esa capa –rió el rubio.
-Un chiste más, y compruebo el filo de la espada en tu cuello, usuratonkachi.
-Vamos, será una noche divertida… tranquilízate un poco.
-Sí, eso lo dices tú después de seis copas de sake… ¿Qué demonios aprendiste en América, dobe?
-Ya cállate, teme, además tú también tomaste. Cállate y baila un rato.
El lugar terminaba de llenarse, y una que otra persona se detenía a saludar a Naruto. Observó por unos instantes a su amigo, jamás en su vida se lo hubiese imaginado con ese disfraz de… ¿Sheriff?
Una sonrisa irónica se formó en sus labios. Nunca, nunca, jamás de los jamases… se permitiría ser redoblado ante la idea de su suerte de novia y vestir un traje así.
Claro que también había que admitir que al muchacho no le sentaba nada mal…
-Mira, ella es Hinata –susurró enderezándose y haciendo referencia a la muchacha que avanzaba hacia ellos.
Al fin la conocería. Años enteros pasó escuchando, soportando el inaguantable monólogo sobre la susodicha muchacha, y ahora conocería quién era la que le robaba el sueño a su… hermano.
-Buenas noches –saludó ella, con una sonrisa.
Nota personal: tu cuñada es la abejita.
Cuando Naruto calzó ese disfraz sugerido por aquella mujer, su mente pasó a deducir instantáneamente que ella iría disfrazada de vaquera o algo por el estilo, pero… ¿¡Abeja?!, ¿Dónde demonios cuadraba eso en la historia?
No lograba comprender por qué es que…
"Sasuke…" -reprochó una voz interiormente, deteniendo su procesión de pensamientos.
Oh, si… claro, cof cof… morbo.
Y luego de desechar tantas teorías, pasó a detenerse en la muchacha. Bien, estaba bien proporcionada, él debía sacarle cuando mucho algunos centímetros, llevaba aquel sedoso cabello azabache jugando al compás del viento y el traje le sentaba a la perfección. Sonrió, su amigo no hablaba cualquier cosa cuando decía haber encontrado a su mujer.
-Sasuke, ella es Hinata. Hina-chan, él es Sasuke –presentó.
-Mucho gusto –saludó la joven.
-Un placer –contestó, ahondando en el inmaculado brillo del iris de la muchacha.
- ¿Viniste sola? –interrogó ahora el rubio.
-No, con Ino –contestó, dando vuelta y haciéndole una seña a la chica.
Observó cómo venía ahora la otra joven hacia ellos… vestida como una suerte de… ¿gladiadora romana? Sí, le recordaba a cierta publicidad de gaseosa. Lo cierto era que aquel traje dejaba muy poco a la imaginación y estaba muy bien equipado si lo que buscaba era guerra. Que por la lanza que llevaba como aditamento, él sospechaba que si…
- ¡Naruto! –gritó, abrazando al aludido.
- ¡Ino, tanto tiempo! Quiero presentarte a alguien. Él es Sasuke, Sasuke… ella es Ino.
Ambos sonrieron a modo de saludo, para que luego aquella mujer de largos cabellos de oro y orbes zafiro continuara la charla con su amigo.
Si hay algo que debería admitir, es que las mujeres de aquella secundaria eran realmente bonitas.
- ¡Chicas! –chilló una voz a sus espaldas.
- ¡Ten Ten! –respondieron ellas al unísono.
Giró levemente para ver como se abrazaban y luego la recién llegada dedicaba una enorme sonrisa al resto de los allí presentes.
- ¿Caperucita roja?, ¡Te queda divino! –comentó Ino.
- ¿Y Neji de qué ha venido? Me lo he cruzado ayer y se negó a contarme –agregó la joven Hyuga, refunfuñando.
- ¿Neji? –indagó, confundida-. Neji venía conmigo hacia acá para saludarlas –continuó, inspeccionando el lugar con la mirada-. ¡Hyuga Neji, sal de atrás de ese árbol en este preciso momento!! –chilló, con una pequeña vena en la sien-. No voy a estar rastreándote toda la noche –finalizó.
Y entonces todos vieron como desde detrás de una vieja corteza, se asomaba el rostro de aquel joven… y todos, en el fondo, entendieron su actitud. Ya que no es cosa de todos los días ver al serio, fuerte y centrado Hyuga Neji, uno de los mejores promedios de su curso… metido en una suerte de pijama cuadrillé con un hacha de juguete en la mano. En otras palabras, de leñador.
Y hasta Sasuke Uchiha entendió en ese instante al pobre muchacho, y procuró vigilar que ningún delirio suicida hiciera que el pobre terminara en una trágica zambullida en la pileta del fondo…
Y fue en aquel momento en que algo los distrajo a todos los allí presentes, cuando de la mismísima nada las puertas de entrada se abrieron de par en par y repiquetearon suavemente contra la pared.
Un silencio sepulcral se hizo presente, mientras todas las miradas se dirigían a la figura que se encontraba en el umbral, quien estaba evidentemente algo cohibida.
Sus pupilas volaron hacia aquel lugar, encontrándose con algo que le tensó la mandíbula al instante. Recorrió la imagen de la joven un par de veces, antes de entender que, aparentemente, tanta belleza también era posible para los humanos… La recién llegada no llevaba uno de los disfraces más convencionales de todos, eso era claro.
Un pequeñísimo y ajustado delantal de enfermera era lo único que cubría su cuerpo de la exposición a la vista ajena, llevaba también la bincha característica de ese empleo, unas muñequeras con la cruz roja tatuada en ellas, el conocido estetoscopio y… una liga en la pierna izquierda.
Y, sin embargo, lucía de lo más elegante…
Reparó en su rostro unos minutos, llevaba consigo una graciosa peluca rosa chicle que le daba un toque especial al personaje que buscaba encarnar, y un sofisticado antifaz de plumas inmaculadas cubrían aquellas enigmáticas pupilas…
Mierda, era hermosa.
OoOoOoOoOoO
A esas alturas, su rostro debía verse como un tomate maduro… mínimamente. ¿Qué acaso todos habían olvidado que podían hacer otras cosas aparte de observarla? Y más de… esa manera.
No era una mirada superficial, no señor. Las más de sesenta personas que había en aquella sala estaban, literalmente, clavándole la mirada sin mayores reparos.
"Para que reavives tus pasiones, Sak" Recordó la nota que había a un lado del traje.
No había dudas, mataría a Ino en breve.
Si no mal recordaba… le habían mencionado que al fondo de la estancia había una interesante pileta de natación.
Trató de mezclarse entre la multitud para encontrar alguna cara conocida… Demonios, nunca se había sentido tan incómoda en toda su vida. ¿Y cómo no hacerlo? Si se andaba paseando por ahí con más del cincuenta por ciento de su cuerpo al aire. Si Ino quería andar de exhibicionismos esa noche, ¡que lo hiciera con ella! Pero no, la tomó a Sakura de carnada, por supuesto… pero lo más increíble de todo eso, es que ninguna de las cuatro casas de disfraces por las que pasó para intentar encontrar algo mas decente que ponerse, tenían ni un solo atuendo que cubriera más que eso.
Lo único que había logrado conseguir era cambiar las botas de plataforma por unos zapatos de taco alto un tanto más delicados… claro que el detalle es que no sabía caminar con esas cosas encima.
…Y ahora tenía que andar como pisando huevos, con pasos pausados e imitando a las modelos para no terminar en el piso.
Si, todo había salido simplemente perfecto.
- ¡Sakura! –llamó una voz a su espalda.
La joven se dio vuelta y dibujó una enorme sonrisa.
- ¡Temari-san!, ¿Cómo has estado, tanto tiempo?
-Muy bien, muchas gracias –sonrió la rubia, quien vestía una hermosa yukata tradicional japonesa, junto con el abanico.
Era entendible aquel disfraz, ya que sus raíces eran japonesas… pero sus costumbres americanas.
- ¿Qué haces por aquí?, si no mal recuerdo tú te graduaste en Suna…
-Sí, pero ayer Shikamaru se mostró particularmente insistente en venir y me ha pedido que lo acompañe.
-Ya veo… ¿Así que ustedes dos están juntos? –preguntó, guiñando un ojo.
Observó el sonrojo de su acompañante y rió ante eso, y fue entonces que algo dentro de ella pareció dar un estrepitoso vuelco.
-Y dime… ¿Has venido tú sola a Japón?
-Así es, Sakura-san –comenzó-. En realidad he venido por cuestiones de negocios, pero las cosas están aparentemente demoradas, debería regresar mañana… pero sinceramente no sé como repercutirá en todo ese asunto.
-Ya veo, entonces espero que todo pueda solucionarse –agregó, haciendo un esfuerzo por dibujar una sonrisa.
- ¡Sakura, Temari! –sonó entonces la voz de Ino.
Corrección, lo que pronto será el cadáver de Ino
De vuelta viendo tantos rostros conocidos, tan hermoso grupo que había dejado atrás… y era conciente de lo mucho que a veces extrañaba a toda esa gente que siempre dibujaba una sonrisa en los labios de sus días más oscuros.
- ¿Y Hinata? –interrogó luego de un rato la pelirrosada.
-Se ha ido con Naruto –simplificó su amiga.
-Jajaja, y yo que pensaba pasar con Naruto algún rato de esta noche –rió la joven Haruno-. En fin, creo que iré un segundo al tocador –terminó, dibujando una sonrisa.
Trató de hacerse camino por entre la gente, cruzándose de por medio a un Shikamaru con un elegante Kimono y un Rock Lee disfrazado de cantante de rock con cierta tendencia a proclamar la llama de la juventud desaforadamente... También a un Kiba vestido de Sherlock Holmes, quien aseguraba que su mascota era Watson. Volvió a encaminarse hacia el tocador, cuando una voz conocida detuvo su paso.
-Buenas noches a todos –sonaron en el aire las palabras de Ten Ten, desde un micrófono en la pista de baile-. Primero que nada, espero que estén disfrutando esta noche tanto como yo, y que hayan apreciado del mismo modo este maravilloso reencuentro, luego de dos largos años –se detuvo a sonreír y prosiguió-. Pero ahora, quiero darle paso a la parte cursi y tranquila de la noche, ya que luego de haber comido y bailado ¿Verdad que viene muy bien una pieza tranquila? Por eso los invito a tomar de la mano a la primer persona que tengan al lado, y bailemos uno de esos lentos que tanto nos sirvieron de excusa en épocas de secundaria.
La muchacha dejó el micrófono, las luces del lugar bajaron y el aire comenzó a ser mecido por la suave melodía de una tranquila canción.
Dio la vuelta para continuar con su camino, cuando repentinamente chocó contra una de las personas del lugar.
-Perdón –articuló vanamente, ya que estaba segura de que fue ahogado por todo el sonido del lugar.
Levantó la vista y se cruzó entonces con la figura de lo que parecía ser uno de sus ídolos cuando niña… Demonios, ¿Cómo era su nombre?
Batman…
No, Batman no era…
¡Superman!
No, él tampoco…
¿Spiderman?
No, definitivamente no era ése…
¿Qué acaso todos terminaban con –man?
No…
El zorro.
Sí, la persona que tenía en frente era, en efecto, el zorro.
Llevaba consigo un traje negro que lograba resaltar su buen porte, así como también aquel sombrero azabache subrayaba con gala sus facciones.
Indagó unos segundos detrás del oscuro antifaz y se encontró invadida por dos pupilas tan profundas y hechizantes como la mismísima noche, mientras los labios de aquel hombre se curvaban en una imperceptible sonrisa.
Mierda, era terriblemente sexy.
Un segundo, ¿cuándo fue la última vez que pensó así de un hombre?...
Vio como levantaba una mano en forma de muda invitación y, tras dedicarle una sonrisa, la tomó con delicadeza.
Sentía como tomaba con cuidado su cintura, mientras ella se aferró sutilmente a su torso, sintiendo entonces el magnífico estado físico del muchacho… continuó bailando al compás de la orquesta, cuando sintió sus piernas temblar ante el penetrante aroma de aquel muchacho.
Se aferró más a aquel hombre de forma casi inconciente, y sonrió al reconocer que había olvidado esa sensación de tener la garganta seca ante la simpleza de un roce. Y es que Sakura Haruno no vanagloriaba la estética, y tampoco se permitía idolatrar a entes carentes de sentido común y con pura soberbia con un cuerpo espectacular.
Sin embargo, le resultó difícil controlar a sus sentidos en el momento en que el joven optó por reducir las distancias, y se sintió halada por los fuertes brazos de aquel hombre que la tenía totalmente delirando incoherencias.
Buscó casi por acto reflejo su mirada y se encontró nuevamente con lo fugaz y lo eterno fundidos en la perfección de aquellas pupilas… que la acechaban como predadoras ante una presa indefensa.
Mierda, se sentía condenadamente vulnerable ante la simple mirada de aquel extraño.
Vio como su acompañante descendía con lentitud hasta acercarse de forma muy peligrosa a sus labios, y fue en ese preciso instante en que Haruno Sakura, la fuerte, orgullosa, repleta de autocontrol y la heredera del imperio monopólico Haruno, se rindió sin más excusas a cerrar los ojos ante la adictiva magia de aquel momento…
- ¡Sakura-chan!
OoOoOoOoOoO
-Así que crees que mientras más los fuerces a estar juntos, más se interesará Cupido en ellos –soltó, completamente irónico.
-Dije que no dejaría esto en manos del destino, es de la felicidad de mi propio hijo de lo que estamos hablando –contestó, aún con la mirada perdida en el resplandor de la ostentosa luna que se encontraba del otro lado del ventanal.
-Puedes valer tu peso en excusas que hagan que pasen juntos las veinticuatro horas del día, y eso aún no garantizaría que al final comenzaran a soportarse.
-Pero daría más probabilidades a que eso suceda –se atajó.
Suspiró resignado, Fugaku podía resultar de lo más obstinado.
-Tsunade se ha mostrado de acuerdo con ese utópico plan tuyo -dejó escapar, vencido.
-Así que se lo has comentado –reflexionó el mayor-. Bien, es una de las mejores noticias que me pudiste haber dado –sonrió-. Me pondré en contacto con ella lo antes posible… para ser francos, siempre tuve intriga en conocerla.
El de cabellos plateados dibujó una sonrisa y se acomodó en su asiento.
-Y te sorprenderás cuando lo hagas, puedo asegurarte que por suerte o por desgracia, no hay en este mundo dos mujeres como ella…
OoOoOoOoOoO
Cerró lo ojos un efímero segundo, mientras oía la música que guiaba su compás, y sentía entre sus brazos el pequeño cuerpo de aquella mujer que le había cautivado desde un principio. Se acercó más a ella de forma inconciente, y sintió bajo su tacto la delicadeza de aquella misteriosa desconocida.
Demonios, no tenía idea qué era lo que lo impulsaba a tanto interés hacia la muchacha, tanta necesidad; pero definitivamente, no era una de sus sensaciones favoritas en el mundo… sentía cómo ardía en el estómago.
Indagó en sus ojos, y se encontró entonces con el destello esmeralda más profundo que tuvo la suerte de conocer detrás de aquel elegante antifaz. Era un brillo extraño, exótico, único.
Se sintió altamente patético ante la cursilería de aquellos pensamientos, pero antes de lograr replantearse aquella forma de actuar, se encontró asimismo acercándose a aquellos perfectos y tan deseados labios de la muchacha…
Su pulso se aceleró, la sintió temblar bajo su tacto.
- ¡Sakura-chan!
Abrió los ojos con brusquedad mientras se reincorporaba y se alejaba de ella casi por inercia, tan sólo sosteniéndola por la cintura… ¿Qué demonios estaba pasando?
- ¡Sakura-chan, estaba buscándote! –observó la situación unos segundos, y vio como la figura de cierto rubio conocido se acercaba hacia ellos.
- ¡Naruto-kun! –oyó la voz de aquella muchacha, mientras se echaba en los brazos de su amigo.
Rememorando…
"Nota personal: la abejita es tu cuñada"
¿Dónde pudo haberse confundido con una enfermera de lo más sexy capaz de estremecer hasta el poro más dormido de tu ser?
-Te extrañé –le dijo la desconocida dulcemente, mientras se separaban.
-También yo, y lo sabes –sonrió el muchacho-. Oye, quiero presentarte a alguien –continuó.
Y quizás esta fuera la parte en la que él cuadraba en el asunto…
-Sakura, él es el amigo del que les hablé –comenzó, a lo que el aludido dibujó una sonrisa-, Sasuke Uchiha.
-Mucho gusto –dejó escapar el joven, increíblemente, no por mera cortesía.
Vio entonces cómo los labios de la joven se curvaban en una ininteligible mueca.
-Sasuke ella es mi amiga de la infancia, mi hermanita menor –prosiguió con entusiasmo.
-No hace falta, Naruto-kun –lo interrumpió igual de dulce-. Él ya me conoce –determinó, enfrentando audazmente la mirada del Uchiha.
Por acto reflejo, Sasuke alzó una ceja y rogó a su mente que le ayudara… ¿Él conocía a la chica?
Un segundo, un segundo… no, definitivamente, eso era imposible. Pero se parecía demasiado… es decir, si quizás (y sólo quizás), ésa no fuese una peluca… no, mejor sería dejar de delirar.
Haruno Sakura no tenía unos ojos tan espectaculares.
Haruno Sakura carecía (como todas las demás mujeres sobre la faz de la Tierra) del poder de hacerlo estremecer realmente.
Haruno Sakura no contaba con ese cuerpo, esculpido como en porcelana.
Ni mucho menos con aquellos labios que suplicaban ser besados con todos aquellos sentimientos desconocidos para el joven Uchiha.
Definitivamente, ésa mujer no era, se repite, no era Sakura Haruno.
- ¿La conoces? –interrogó confundido el Uzumaki.
-Por supuesto –se adelantó la joven, acercándose hasta quedar frente a él.
Observó cómo se quitaba con cuidado el precioso antifaz inmaculado…
-Sakura Haruno, su secretaria –saludó, con una filosa sonrisa clavada en los labios.
Atinó a sonreír de la misma manera, como última arma de defensa… luego de quedar tan expuesto ante esa mujer.
-Uff, es una suerte –interrumpió un desentendido Naruto-. Siempre son un lío las presentaciones.
El rubio observó el rostro de uno y de otro, hasta que…
-Espera un segundo, ¿Dijiste su secretaria?… ¿Tú eres la erudita que está logrando sobrevivir a las invictas garras del Uchiha? –preguntó con sumo entusiasmo.
-Una completa molestia –corrigió el azabachado.
-Un jefe intolerable –contraatacó.
Mierda, de verdad estaba perdiendo. Perdiendo en su propio juego, perdiendo bajo sus reglas, perdiendo ante una mujer, perdiendo ante ella.
-Mi padre, mi mejor amigo… ¿Qué acaso bailabas conmigo porque soy el siguiente en tu lista? –atinó a decir.
-En realidad, bailaba contigo por tener el encanto de desconocer tu personalidad.
Las últimas sílabas de aquello parecían salir quebradas desde su garganta, y luego simplemente la muchacha comenzó a caminar en dirección contraria.
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-Ella no se merece ese trato de tu parte –afirmó, de una forma demasiado seria para ser Naruto-. Conozco a Sakura desde niños y puedo asegurarte que si hay alguien diferente al resto, ésa es la pequeña Haruno… y que tú te hayas olvidado de lo que el amor significa, no quiere decir que las personas que no lo merecen paguen tus deudas.
-Entiendo que la conozcas, dobe, pero ella es realmente una molestia –aseguró, haciendo a un lado aquel molesto antifaz junto con el sombrero.
-Pero no voy a permitir que lastimes a esa molestia, Uchiha.
Mierda, ¿Y ese Naruto de dónde había salido? El pequeño rubio defendiendo algo de tal manera… eso sonaba completamente a increíble. Y, sin embargo, ahí estaba, sin una contestación válida con la cual responder.
- ¿Qué tal si vas a decirle que lleva un muy bonito disfraz? –preguntó, con una sonrisa.
-Dame una buena razón para hacerlo –exigió.
El rubio le dedicó una sonrisa, mientras emprendía camino hacia su novia.
-Bien, que de verdad lleva puesto un muy bonito disfraz, y no puedes decirme que no piensas lo mismo.
Suspiró, estaba literalmente entre la espada y la pared.
Como muchos de los aquí presentes deben saber, el orgullo Uchiha no tiene límites ni fronteras… sin embargo, si hay algo que el joven Sasuke sabía era que no perdería su amistad con aquel rubio molesto. Eso no estaba siquiera dentro de sus posibles especulaciones, o por lo menos no sería por orgullo…
Y fue casi sin darse cuenta, que sus pasos se encontraron siguiendo el rastro que había dejado la pelirrosada.
-Si, Uchiha, ya ves que eres un completo idiota –se reprendió, conforme se alejaba del tumulto de gente.
Se notaba que su mejor amigo de verdad la apreciaba… y que el sentimiento era muy correspondido de parte de la joven. Demasiado correspondido.
Es decir, por primera vez había visto sonreír a Sakura Haruno, ¡Y qué sonrisa! Aquellos labios curvados de felicidad era un atentado contra la maldad.
"Y el autocontrol"
Pero tanto homenaje a la perfección no iba dirigido a él, claro que no, nunca iba dirigido a él. Ni de la tal Haruno, ni de nadie.
De hecho, de la mujer con la más hermosa sonrisa que en su condenada vida había conocido, solo recibía una sarta de ironías para tenga y guarde reservas hasta para sus nietos. Un comentario punzante tras otro… pero eso no era todo, no señor, no era todo. Además, era aquella mujer la que le estaba enseñando a ser derrotado, a perder.
Cerró con fuerza los puños, ¿Por qué demonios no consiguió una asistente por él mismo antes de finalizar el plazo? De esa manera, jamás en su vida se hubiese cruzado con aquel brillo jade que estaba haciendo replantearle cada maldito aspecto de su vida, como si todo lo que llevaba viviendo los últimos veinticinco años mereciera ser directamente tirado al tacho. Entonces que alguien responda, ¡¿Por qué?!
"Orgullo"
Exactamente, había sido por orgullo, por no querer ceder ante su padre... porque ¿saben otra cosa? Así es, siquiera su propia familia lo había aceptado. De hecho, la única persona por la que se había sentido amado… le había dejado ya hace mucho tiempo, le había dejado junto con un indescriptible dolor clavado en el pecho, que silenciosamente estrangulaba todas y cada una de las venas encargadas de alimentar al corazón, con una sensación de vacío total tatuada en la garganta, y la tristeza repercutiendo en una ya nublada y muy ingrata pupila, a la que juró no volver a humedecer, nunca más.
"Soledad"
Sí, así la llamaban muchos, soledad. Sin embargo, los mismos que la llaman la juzgan… ya que tras aquel doloroso y mudo "Adiós" la soledad había escalado en su vida hasta una de sus primeras posiciones, la soledad pasó a ser su compañera, su cómplice, su amiga.
Él podía cargar su alma sin ayuda de nadie, él estaba completamente a favor de la autosuficiencia ¿Qué mejor que no depender de otro ser humano para ser feliz? Sí, eso es lo que odiaba, la maldita dependencia…
Después de todo, tanto dolor fue únicamente causado por el error humano, ¿Qué había de malo en contar con una inteligencia que le permitiera no tropezar dos veces con la misma piedra?
Había tomado decisiones, decisiones a fuerza de sus propias heridas, de su misma sangre, decisiones que haría valer por sobre su vida misma.
Después de todo, si el dolor es una mera sensación ¿Qué hay de malo en no sentir?
"Todo"
-Nada –se corrigió, mientras se reprochaba mentalmente tanto replanteo innecesario.
Y entonces se detuvo, a penas se oía vanamente el murmullo de la muchedumbre, justo cuando aquellas oscuras pupilas se posaron en una delicada figura, sentada sobre la hierba y con los pies siendo acariciados por el agua de aquella pileta.
La observó un momento, la brisa mecía sus cabellos por primera vez sueltos, sus piernas se movían jugando con el agua, mientras la falda que llevaba a penas sí cubría lo necesario. Su piel lucía tan tersa como la seda, y su encanto ululaba impunemente en el ambiente, mientras la inocencia parecía tatuada a fuego en su rostro. En sus facciones, en sus labios... en sus ojos.
La primera vez que la vio, pensó que tenían un odioso parecido, pensó que quizás y sólo quizás, en el fondo ambos eran iguales… que habían sido cortados con la misma tijera.
Pero no, después de todo en aquella noche él había descubierto que aquella niña que parecía jugar a ser mujer era, además de terriblemente sensual y encantadora, de lo más querida entre sus amigos… y que, muy contraria a su política de perfección humana, (alias "Autosuficiencia") y vanaglorias a la victoria… ella era feliz, ella conocía el dulce sabor de sus labios curvándose ante la inmensidad de aquel ingrato sentimiento, ella conocía de cerca el rostro de la felicidad.
"Naruto"
- ¿Te has perdido, Uchiha?
Volvió a lo que aparentemente era el mundo real y se encontró asimismo a unos pasos de la muchacha, y su tono sarcástico flotando en el aire.
"Sakura, estás muy bonita esta noche"
-Haruno, tú… -comenzó, llegando al filo de la pileta, junto a ella.
-Sí, lo sé –lo interrumpió ella, mientras se paraba-, soy una completa molestia, ¡De las peores secretarias que pasaron por tu oficina!, Ya ¿eres feliz? Lo admito, a penas puedo con todo el trabajo que mandas y llevo ojeras de tanta extenuación.
Estaba completamente posesionada, parecía sentirse…
"Dolida"
Furiosa, colérica… vaya, de verdad que esa muchacha le odiaba.
Perfecto, uno más a aquella extensa lista de nombres que le odiaban… y había algo dentro de él que no le sorprendía.
Observó sus facciones totalmente desencajadas, sus ojos carentes de todo brillo y su pequeña figura imponiéndose ante él, aún más pequeña ante la ausencia de aquellos zapatos de taco alto.
- ¿Pero sabes qué? Lo más gracioso del asunto es que de verdad necesito el empleo, y creo que si tú y yo lo pensáramos dos segundos, es esa la única razón contundente por la que soportaría a un jefe tan egocéntrico y soberbio como usted.
Y, tras sus últimas palabras, dio media vuelta.
Notaba su pulso acelerado y un inexplicable sentimiento dominando su torrente sanguíneo... ¿Tanta basura pensaba que era?
Sí, lo había dicho, aunque con otras palabras.
Y por supuesto que iba a contestarle, oh si, lo haría. Le informaría a esa mujer sobre su extravagante inutilidad y su pequeño problema de eminente bipolaridad en cuestión de segundos, y luego la dejaría ir sin importarle mínimamente alguna respuesta de su parte.
Sí, estaba claro.
Eso haría.
-
-
Esperen.
Esperen un segundo.
Algo no había salido según el plan.
¿Qué hacía su condenada mano derecha reteniendo la huía de la muchacha?
¿Qué hacían sus labios que no comenzaban con el desfile de sarcasmos?
La joven, ante el agarre, empujó el cuerpo del Uchiha, quién aún se encontraba totalmente desentendido de la situación… y comenzó una estrepitosa y húmeda caída.
Claro que los reflejos del ser humano resultan ser de lo más interesantes, ya que a sabiendas de que eso no impediría que terminara completamente empapado, tomó a la pelirrosada por el brazo… y ambos terminaron en un interesante zambullido en la pileta.
Se enderezó mientras se incorporaba, mientras veía al cuerpo de su acompañante luchando contra el nivel de agua que llevaba aquella pileta.
- ¿No sabes nadar? –indagó, tendiéndole una mano.
La joven la tomó a regañadientes, consiguiendo al fin estabilidad… era evidente que ella no lograba hacer pie.
Notó cómo la muchacha se había tranquilizado, y hasta leía un deje de vergüenza bañando sus pupilas.
La llevó con cuidado hasta el borde de la pileta, y ambos se sentaron en él.
-Está mojada, pero de todos modos es tu culpa –gruñó, mientras colocaba la capa de su traje en la espalda de la joven.
Y sus miradas se encontraron en aquel preciso momento, mientras sus cabellos mojados enmarcaban las preciosas facciones con las que contaba. Nuevamente estaba siendo asechado por aquellas lunas esperanza, y antes de siquiera poder detenerse asimismo, se encontró colocando sus manos en el rostro de aquella pequeña flor de cerezo… y, lentamente, buscando reducir la distancia entre ambos.
Sintió sus brazos alrededor de su cuello y su respiración agitada, mientras veía cómo sus preciosos ojos se cerraron.
Mierda, ¿Desde cuando el pulso del todopoderoso Uchiha Sasuke se agitaba?
Y entonces, en aquel delirio de lucidez, entendió lo estaba a punto de hacer.
Estaba por besarla.
Besarla a ella, su molesta secretaria.
A ella, quien lo iba derrotando en su propio juego.
Besarla.
Se separó en aquel mismo instante y emprendió su camino hasta su deportivo, aparcado en la entrada. Lo encendió sin dudarlo un segundo y puso la música a todo volumen, mientras echaba la cabeza sobre su asiento y dejaba en el aire el vestigio de un profundo suspiro.
Mierda, ante ella, definitivamente estaba perdiendo.
"Perdiendo la cordura…"
Holas!, ¿Que tal están?
Como ven, llegué a tiempo escribiendo el chap n.n y este es uno de los pocos con los que me siento de lo más conforme. En un primer momento, había imaginado más interacción por parte de los demás personajes, pero he concluido en dedicárselo principalemente a nuestra parejita.
La idea principal era hacer una presentación un tanto más enigmática (cuando se enteran de la identidad del otro) y terminar ahí con el capítulo... pero como se habrán dado cuenta, (por el propio amor hacia mi vida) me abstuve, y prolongué el largo de este chap... con lo cual espero que no les haya resultado tedioso u.u
Con respecto a lo que viene, planteé bastantes interrogantes en este capi (unos más extravagantes que otros) y la verdad estoy ansiosa por continuar escribiendo, ya que (a mi parecer) está por llegar la mejor parte... y quizás sea directamene importada de los Estados Unidos n.n jajaja
Ahora bien, hablando de los disfraces... sinceramente estaba más segura de que adivinarían el de Sakura antes que el de Sasuke (yo sé que queríamos verlo menos tapado, pero hubiese sido un atentado contra su personalidad!) pero, increíblemente, le han acertado a su disfraz! Es decir, Saku-ann, muchísimas gracias por leer y comentar, ya ves que nuestro querido Sasukin ha terminado yendo del zorro (agradecimientos a Naruto)
Pero lo más interesante de todo esto, es que todavía no sabemos qué es lo que pensaba y sentía Sakura ante toda esta situación... ¿Quebrarse así ante el Uchiha? jajaja, ¡y ni hablar de la suerte de mafia que han armado Fugaku y Kakashi! En otras palabras, ellos serían como mis infiltrados en la historia, por y gracias a ellos van a comenzar a suceder las cosas.
O.O Al parecer, veo que me he extendido demasiado con las notas de autora u.u pero es que realmente quedé de lo más conforme con el chap, y espero que ustedes tengan la misma opnión. Lo único que adelanto, es que entre el chap 7 y el 8 (especialmente) vamos a conocer el pasado de nuestra Haruno... ¿Se imaginan algo?
Saludoss y en una semanita nos estamos leyendo! n.n
-Hanako14-
