Celosas necesidades

Uchiha Corporation

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- ¿Mi jefe? Es un cerdo machista licenciado, un precoz espécimen de macho ególatra y subdesarrollado con necesidad de adulación constante, ¿Qué puede tener de atractivo?

-Saku, es obvio, su tra...

-¡Ino-cerda!

Sasusaku

Sin más preámbulo, los personajes pertenecen a Kishimoto-sama, por supuesto y muy a mi pesar

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Celosas necesidades

Terminó de acomodar los papeles, y miró indecisa su lista de pendientes. Ciertamente, ya no eran tantos como el martes anterior, pero aún eran los suficientes como para no dejarle en aquel día el descanso que tanto necesitaba.

Su vista voló hacia el reloj: las diez.

Por acto reflejo, mordió con fuerza su labio inferior. Luego, volvió a dirigirse hacia la oficina de su jefe.

Y es que desde que trabajaba en aquella empresa, Uchiha Sasuke nunca había llegado tarde.

Y mucho menos, si el retraso constaba de dos amplias horas de total ausencia.

En consecuencia, sus neuronas la llevaban hacia deducciones altamente probables, deducciones no muy profesionales… deducciones de cabellera rubia.

Y no es que eso le molestara en absoluto, pero necesitaba la firma de su jefe para comenzar con los pendientes de aquel día.

Como había dicho, sus pasos se dirigían, nuevamente, hacia la oficina del Uchiha.

- ¿Q-qué? –se animó a preguntar, mientras sentía un leve cosquilleo dominarla.

-Que me beses –volvió a repetir, de aquella forma sensual que ella tanto conocía.

Sin más interrogantes, la muchacha se limitó a cerrar los ojos y pasar sus brazos por el cuello de Gaara. Le parecieron eternos los segundos que tardaron en desaparecer las distancias y llegó aquel roce que había esperado por años.

- ¿Qué haces aquí, Haruno?

Una voz la sacó de sus pensamientos y, tras un leve respingo, giró a saludar a aquella figura.

-Uchiha, no lo creería, pero increíblemente llegó –sonrió irónicamente.

-Así es, tuve algunos contratiempos… pero que yo sepa, mi vida privada no es de su interés. ¿O me equivoco Ha-ru-no? –interrogó, acercándose y con una leve sonrisa plantada en los labios.

Retrocedió dos pasos por acto reflejo, al ver tal acercamiento de su jefe.

-No, en absoluto. No se equivoca –atinó a contestar.

El muchacho se acercó más ella, y otra vez el maldito recuerdo de otra cercanía la tomaba prisionera.

-Eso supuse –volvió a decir, a escasos centímetros de su rostro.

Primero fue un beso dulce, tranquilo, cargado de toda la necesidad que habían tenido ambos durante todos estos años… pero no tardó en convertirse en lo fogoso que ambos necesitaban. Inclusive antes de darse cuenta, sintió la lengua del muchacho explorando su boca sin pedir permisos y aquel acto no hizo más que incitarla a estrecharse más contra él y comenzar a jugar con sus rebeldes cabellos.

Empleó toda su fuerza de voluntad en dejar de besarlo y llevó sus labios hasta el cuello del joven… necesitaba saber que tenía el mismo sabor que siempre. Quería además dejar en él la marca inexorable de que había vuelto a sentir el calor de aquel hombre que tanto extrañó.

Ahora lo sabía, había algo dentro de sí que clamaba su nombre, algo que aún no sabía cómo llamarle, pero que la tomaba prisionera sin que siquiera lograse oponer resistencia. Algo que hacía que lo imaginara, que lo soñara, que lo buscara desesperadamente. Algo que a hacía delirar, delirar con la profundidad de sus pupilas, con la frialdad de sus palabras, con lo tersa de su piel, con el azabache de su mirada.

Y fue en ese preciso instante, que sus manos volaron a la camisa del joven, comenzando a desabrocharla de una forma casi animal. No con deseo, no con lujuria… con necesidad.

Necesitaba recorrer su nívea piel, necesitaba saber que era la única, necesitaba conocer al fin qué tan suaves eran sus negros cabellos con destellos zafiro, lo necesitaba.

Y algún sabio dijo alguna vez, que con la necesidad no se negocia.

Sintió entonces cómo el joven frenaba con cuidado sus manos y separaba de su cuello los labios de la muchacha. Desentendida, buscó las pupilas del muchacho, encontrándose entonces con el destello aguamarina que volvió a traerla a la realidad.

-Te quiero, Sakura-chan –le susurró, para luego simplemente depositar un beso en su frente y volver hacia el comedor a recostarse sobre el mullido sofá.

-Gaara –susurró, con la mirada perdida y totalmente ida de aquella situación.

-Sasuke –corrigió con la voz ronca.

La muchacha abrió los ojos sorprendida, y se encontró nuevamente con su cuerpo atrapado entre la pared y la peligrosa cercanía que existían con su jefe.

-Uchiha –volvió a corregir ella, haciéndolo a un lado y regresando a su oficina.

OoOoOoOoOoO

-Uchiha –oyó cómo le corregía, helando su sangre.

Vio la figura de Sakura huir ante su desconcierto y dibujó entonces una sonrisa sarcástica.

- ¿Dijiste que querías verme? –una voz sonó a sus espaldas.

-Así es -contestó, sin siquiera darse vuelta.

Tragó pesado y entraron a aquella lujosa oficina.

Lo miró a los ojos, mientras tomaba asiento, y sintió cómo las palabras quedaban atascadas en su garganta. Maldijo por lo bajo, nunca había tenido inconvenientes en decirle nada a su mejor amigo… pero por aquella única vez, hubiese preferido que Kaede no estuviese con gripe y poder contárselo a ella.

-Vamos teme, me estás preocupando –comentó, observando a su amigo.

Voló entonces su mirada hacia el destello zafiro que tenía en frente, lo que le hizo recordar…

La besaba como hacía mucho tiempo no besó a una mujer, ésa noche no dejaría ni la más mínima parte de su cuerpo sin la marca Uchiha.

Sí, la deseaba demasiado.

Recordó entonces que aún estaban en uno de los pasillos de la mansión, por lo que la llevó hasta la pared y buscó con sus manos los perfectos muslos de su acompañante, incitándola a pasar sus eternas piernas alrededor de su cintura. Sonrió al ver que lo había conseguido.

La joven rubia ejerció entonces una presión muy poco salubre para el Uchiha, quien tuvo que aferrarse a su último atisbo de lucidez para llegar a su cuarto y desplomarse sobre la cama.

Se colocó sobre ella y recomenzó con la estampida de besos, sintiendo con placer como se estremecía ante su tacto. Y quería que así fuera, que se estremeciera sólo ante su tacto. Quería que sólo buscara su cuerpo, que sólo gimiera su nombre, quería verla únicamente para él. Quería que a él le dedicara sus hermosas sonrisas, que en él confiara más que en nadie, que a él le buscara en las noches tristes y que por él estuviera dispuesta a darlo todo.

La quería.

-Sakura –jadeó, mientras una de sus manos se dirigía directamente debajo de la falda de la muchacha.

Sin embargo, una mano lo detuvo en pleno recorrido.

- ¿Qué dijiste? –su voz sonaba estricta y con reproche.

- ¿Qué? –indagó confundido.

La joven quitó bruscamente su cuerpo de encima.

-Mira, en otro momento y hasta quizás no me hubiese molestado –continuó, mientras él la observaba estático-, pero de verdad me ha jodido que estuvieras pensado en la cabello de chicle cuando como mujer, ella no me llega a los talones –finalizó, para luego dar un portazo y desaparecer.

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- ¿De verdad dijiste "Sakura" estando con ella? –inquirió el rubio, incrédulo ante el relato.

-Bien, veo que tus neuronas aún están en su lugar y logran percibir mis vanos intentos de pedirte ayuda.

-Es que… simplemente no puedo creerlo –continuó-. ¿Pero en qué quieres que te ayude?

- ¿Qué demonios me está pasando? De verdad quería estar con Tania, y dejarla ir así no es digno de mi.

-Quizás resulta que en realidad, la querías más a Sakura-chan –dejó escapar.

Y aquellas palabras tan sencillas para el Uzumaki, hicieron más que estragos en el interior del Uchiha.

-Mira Sasuke, sólo quiero decirte algo –cambió su tono de voz, y he aquí el motivo por el cual hubiese preferido hablarlo con Kaede-. Puedes hacer lo que quieras y estar con quien se te plazca, pero voy a decírtelo una única vez, no voy a permitir que lastimes a Sakura-chan, ¿entendido?

Volvió a observar la determinación en las pupilas de Naruto… ya es la segunda vez que le veía así, y ambas habían sido por la flor de cerezo.

Mierda, de verdad no quería perder a aquel rubio insoportable como amigo.

Se limitó a asentir y hundir la mirada en el suelo, ¿Qué diantre estaba pasando?

OoOoOoOoOoO

-Mierda, si Sabaku era feliz en los Estados Unidos, ¡Debería de haberse quedado, justamente, en Estados Unidos! Que alguien me explique cuál era la eminente necesidad que el niño prodigio tenía de venir a irrumpir en nuestro plan.

El aire era tenso y a la vez de lo más descomprimido, sin embargo, la voz de Fugaku sacó de sus cavilaciones a los demás allí presentes.

-Sería mala idea que hagamos ahora otra movida… más con lo que hemos hecho con la prensa –comentó Tsunade.

El brillo ámbar de su mirada voló hacia las misteriosas pupilas de Kakashi.

-Ambos son de lo más orgullosos, quizás verdaderamente el Destino esté jugando a nuestro favor y caldee las cosas entre ellos de una forma natural –terció el joven sensei.

-Además, por lo que he sabido, no vino solo –la voz de aquella mujer volvió a hablar-. Ha venido con él una tal Tania Smith.

- ¿Tania Smith? –inquirió el Uchiha.

-Así es, ¿La conocen?

Ambos hombres dibujaron una sonrisa.

-Bien, quizás tu pensamiento no esté tan mal, Kakashi… -continuó Fugaku-. Las cosas van a caldearse, para bien o para mal.

OoOoOoOoOoO

-Déjame recapitular –pidió la muchacha, algo confundida-. Fuiste ayer a la cena de negocios, te encontraste con Gaara quien resultó ser el dueño de tan importante empresa y a la vez fue otra muchacha ex prometida de tu jefe. Moriste de celos de aquella muchacha durante toda la noche y luego Gaara fue hacia tu departamento, continuaste con los celos porque la joven se haya ido con Sasuke. Lo besaste y en el fondo, algo te decía que necesitabas con desesperación conocer el sabor del Uchiha… y hoy por mañana, mientras te estabas muriendo de celos de que Sasuke aún no llegara, irrumpió de la nada dejándote contra la pared y escapaste de eso sin mayores reparos, ¿Es así?

-Creo que estás equivocando algunas cosas Ino –la joven frunció el seño-. En especial eso de los celos, y además besé a Gaara totalmente conciente de que era, en efecto, Sabaku no Gaara.

-Sí, pero en el fondo te hubiese gustado cambiar esa realidad –volvió a hablar la rubia.

-Le dijo "pequeño osito" –refunfuñó, mirando hacia otro lado y olvidando la acotación de su amiga.

-Vaya, parece que de verdad tenían confianza.

Sí lo se, no me estás diciendo ninguna novedad –se quejó.

-Mira, por lo menos Sasuke está cambiando algo de su trato hacia ti.

La pelirrosada alzó una ceja.

-No te degrada, ni te insulta ni mucho menos pasas desapercibida en su vida Sakura. Ha demostrado que sí te tiene en cuenta y que en el fondo, le importas.

- ¿Y quién demonios dijo que a mi me importaba lo que Uchiha pensara o sintiera por mi?

La rubia dejó escapar un suspiro. Era irremediable, Sakura nunca cambiaría.

Volvió a ver a su amiga, había ido a ver a Ino en su hora de almuerzo y la rubia había dejado de lado todos sus pendientes para poder escucharla… de verdad ya no quedaban amigas como ella.

-Mira, tengo una idea –dijo, guiñando un ojo-. Esto no tiene demasiado que ver con nada, pero ahora que ya has superado esa etapa de tu vida y que ya descubriste que esta es tu gran revancha, ¿Qué tal si te regalo uno o dos conjuntos de ropa de verdad decentes?

La joven Haruno rió, Ino no tenía cara hablar de decencia.

-De acuerdo –aceptó-. Pero no tardemos mucho, porque debo volver a Uchiha Corporation.

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"Parpadeó unos segundos, para luego volver a vislumbrar aquel esplendoroso edificio de compleja y sofisticada estructura, con aquellas imponentes puertas de vidrio y esa grandeza que destilaba en cada ángulo en el que se le viera."

Se acercó con seguridad al ya mencionado edificio y se vio reflejada en él.

Sonrío. Llevaba unos vaqueros negros ajustados a su pequeña figura, una blusa blanca resaltaba su presencia y aquellos zapatos de tacón su elegancia. Una suave brisa alborotó inocentemente sus cabellos a su compás y su mirada jade regresó a la fachada de aquel edificio.

Volvió a sonreír.

Sonrió con orgullo.

Sonrió con altanería.

Sonrió con felicidad.

No volvería a ser intimidada por aquella compleja estructura, ni por ninguna otra cosa en esta vida. Ya que "nerviosismo" es lisa y llanamente eso, nerviosismo… y ahí se quedaba.

Se acomodó aquella cartera negra, la última novedad de Rose, y se encaminó hacia aquel enorme elevador.

Abrió la puerta de su oficina y en aquel preciso segundo sus pupilas se dilataron de la sorpresa.

Ya que un enorme oso de peluche reposaba sobre su escritorio. Sonrió.

Y sonrió nuevamente… mierda, no se cansaría eso.

Sí, definitivamente aquel oso de felpa era la mitad de lo que ella, y su expresión era la más tierna que había visto alguna vez.

Se acercó a él y leyó la tarjeta.

"Gracias por dejarme recordar tu esencia después de tanto tiempo"

Sonrió nuevamente y tomó al animal entre sus brazos, estrujándolo fuerte contra su cuerpo.

Y notó entonces que detrás de éste había una docena de hermosas rosas.

Sí, Gaara era indiferente, austero y perspicaz… pero también había logrado conocer su lado más dulce… y no se cansaría nunca de eso.

Claro que, muy en el fondo, algo en ella no podía obviar el hecho de que cambiaría su mundo por un gesto así de otro frígido azabachado que conocía bien…

OoOoOoOoOoO

Su reloj le confirmó su sospecha de que era ya el mediodía y refunfuñó al entender que la concentración no tenía ni mínimas intenciones de volver a formar parte activa de su ser.

Y así, resignado y con una extraña y molesta sensación en el pecho, fue que decidió ir hacia la recepción a pedir el detalle de las siguientes reuniones que tenía. Y es que por primera vez en mucho tiempo, su cuerpo le decía que era necesario salir de esas lujosas cuatro paredes y despejarse un rato para ordenar sus pensamientos.

Cosa que sería totalmente absurda, ya que sus pensamientos se centraban en estas nuevas decisiones de la empresa… y ya no había nada que ordenar.

Y quizás, sólo quizás y muy en el fondo, reparara en cierta pelirrosada que osaba agredir a su intacto orgullo… y sí bueno, tal vez también ocupara una ínfima parte de sus pensamientos un rival pelirrojo que conocía muy bien.

Pero sólo un poco.

Demasiado insignificante para ser mencionado como relevante.

Llegó entonces frente a la recepcionista, quien se sonrojó notablemente y comenzó a movilizar sus articulaciones de forma tal de que todo aquello que hiciese terminase en una pose sumamente sexy y de lo más natural.

¡Ja! Si la pobre ilusa supiese que no le importaba en absoluto.

Y entonces la profundidad de sus pupilas divisó, muy cerca de la puerta de entrada, a la figura de su progenitor… Hacía tiempo que no veía a su padre fuera de la oficina.

-Sasuke –saludó él.

-Mph –contestó.

-Ven, necesito que me ayudes con algo –llamó, dibujando una suerte de… ¿Sonrisa?

¿Qué le estaba pasando a Fugaku?

- ¿Estás bien? –atinó a preguntar, mientras se acercaba.

-Por supuesto que sí, hijo –contestó-. Toma, ha llegado esto para Sakura y te agradecería si lo llevas a su oficina.

Reparó entonces en lo que él tenía ganas de entregarle, siendo eso una enorme bola de pelo marrón con aparente aspecto inocentón.

Y para cuando sus neuronas amagaron a regresar, se encontró asimismo con el oso de peluche a cuestas y haciendo malabares para sostener aquel ramo de flores.

-Muchas gracias, hijo –dijo después el moreno, para simplemente retirarse.

Y sus pasos volvieron a encaminarlo hacia el elevador.

Sí, hubiese delegado eso a una figura más apta para el trasporte de objetos varios, pero decidió llevarlo él mismo… debería de cerciorarse de un par de cosas.

Llegó a la oficina de su secretaria y dejó la susodicha masa informe con delirios de oso de felpa sobre el escritorio y le dirigió entonces una mirada asesina.

Encontró en ese momento, muy delicadamente puesto sobre las flores, un pequeño sobre donde se encontraría, seguramente, el nombre de la persona que agregaría a su próxima lista de asesinados.

Pero no, cuál fue su sorpresa al encontrar en lugar de eso, una simple e inocentona frase que licuó hasta la más espesa gota de sangre: "Gracias por dejarme recordar tu esencia después de tanto tiempo" Y fue en aquel ingrato momento en el que se mente se dignó a entender la condenada situación.

No podía ser tan estúpido, todo era demasiado evidente.

Doce rosas rojas, ¡Qué original! Había visto esas condenadas flores en su auto durante más de dos años y ahora que regresó decide regalarle, ¡Rosas rojas! Claro, para demostrarle su constante ineptitud y su completa falta de imaginación.

Y un exageradamente gran oso de procedencia dudosa, como una seudo-mezcla entre el tío Cosa y un perro goloso. Pero en realidad, no eran aquellos obsequios lo que tanto le habían irritado, y es que… ¿¡Qué demonios significaba esa frase?!

¿Cuál era el condenado sabor que él había probado?

¿Qué acaso Sakura tenía en su congelador helado de chocolate?

Y algo parecido a un tic apareció en su ojo izquierdo.

Pero antes de entrar en lo que la gente normal denominaría como un ataque de nervios (o celos) la respuesta apareció en su mente como por arte de magia: la mafia china.

Sí, sí, decían por ahí que era muy buena y que no dejaban rastro de nada.

Claro, además tendría un precio no muy accesible, pero tener que rematar Uchiha Corporation sería incluso una tontera a comparación con las deudas que estaría dispuesto a aceptar a cambio de la intervención de la ya dicha organización.

Sus pasos eran agresivos mientras regresaba a su oficina.

De acuerdo, sí, ¡Admitía al mundo que estaba celoso!

Sí, así como oyeron, ¡C-E-L-O-S-O!

Condenada y malditamente celoso de su conocida secretaria de exótico cabello rosado y sonrisa deslumbrante (la cual por cierto nunca era dirigida a su persona) y ojos extravagantes que contaban con la capacidad de hacerte perder en ellos como una trampa insufrible que te despoja inevitablemente de tu último anhelo de cordura.

Y ahora que ya lo había admitido (y sentía por cierto un par de kilos menos sobre su persona) ya no reprimía al susodicho tic en el ojo izquierdo que rogaba por salir.

Tomó aire y se relajó sentado en la mullida silla de su escritorio, debía tranquilizarse, eso era seguro.

Sí… mar en calma, mar en calma…

Y así pasaron una cantidad indescifrables de minutos, mientras lograba convencerse que definitivamente aún le afectaba el sake que había tomaba ayer… tanto como le afectó cuando pronunció el nombre de su secretaria en presencia de Tania.

Sí, el sake… el culpable de todos los males.

Y entonces, del otro lado de su puerta entreabierta, vio pasar la figura de una muchacha dirigiéndose hacia la oficina de su secretaria.

Observó entonces el suave movimiento de unos cabellos rosados que conocía muy bien y fue casi por inercia que siguió su paso.

Llegó hasta la puerta de la oficina de la muchacha y la vio entonces descubriendo aquel regalo. Y algo dentro de sí tembló al ver a la joven tan elegante y sensualmente vestida, ya que esa indumentaria combinada con su complexión física, hacía parecer que se debatía entre una colegiala y toda una exitosa empresaria. Se llenó de deseo y de ternura a la par, y entre tanto caos de sentimientos comenzó a perder de vista a un ya muy perjudicado autocontrol.

Vio entonces como los labios de esa mujer volvían a curvarse de felicidad, una felicidad aparentemente infinita. Felicidad que, por cierto, comenzó a despertar en él ciertos instintos animales y seudo-homicidas… ¿Tanto le importaba aquel condenado pelirrojo? Y entonces observó como abrazaba con fuerza aquel peluche.

Y entre el ya mencionado descontrol en el cual predominaban los celos, la envidia comenzó a calar importantes posiciones. Y no solamente envidia del condenado intento de animal que estaba siendo injusta e inmerecidamente abrazado por la Haruno, sino que además de cierto enemigo que tenía, que parecía ser de suma importancia en la vida de su secretaria.

Y ella seguía ahí, sonriendo tras el descubriendo de la docena de doce originales rosas.

Y fue entonces, entre tanto desentendimiento de sensaciones e ininteligibles sentimientos que dominaron su alma, que quien se encargaba del control de su cuerpo no se percató de que el azabachado estaba comenzando a avanzar hacia la pelirrosada.

-Haruno –llamó él, a sus espaldas.

La joven dio un respingo del susto y se dio vuelta, encarando con fiereza las pupilas del Uchiha.

Claro que su sorpresa fue grande al leer tanto desfile de ¿Sentimientos? En él, y fue casi por inercia que comenzó a retroceder, hasta chocar con el filo de su escritorio y tener que afrontar la profundidad de aquellos iris que la acechaban.

Mientras tanto, y juntando en él toda la calma del mundo, tomó con cuidado aquel gran oso de felpa y, olvidando entonces toda la calma acumulada, lo lanzó del otro lado de la puerta de la habitación.

Entonces ocupó el espacio que antes los separaba debido al ya mencionado oso y dibujó en su rostro una sonrisa.

Llevó sus manos hacia las mejillas de la muchacha y acercó su rostro con desquiciante lentitud, pero quería que aquellos segundos fueran eternos.

Sin embargo, la necesidad venció a su afán y rozó entonces sus labios con los de ella, sintiendo la calidez y la dulzura que éstos emanaban.

Se acercó más a ella, llevando una de sus manos hacia la cintura de la muchacha y profundizando aquel contacto que tanto había deseado.

Y es que en ese preciso momento fue que entendió que la necesitaba, desde siempre.

Que necesitaba probar ese sabor que Gaara tanto se jactaba de conocer.

Sí, es a ella a quien necesitaba sentir suya

A ella a quien tenía que abrigar entre sus brazos como primera condición de supervivencia.

Con quien quería pasar el condenado tiempo que le quedara a su vida.

Aunque no se hubiese negado a cambiar su último aliento por el amor de aquella mujer.

Irónicamente, la única que no deliraba por él.

Sintió entonces sus pequeños brazos alrededor de su cuello, y buscó con más locura sus labios... Claro que los abandonó en el instante que se decidió por dejar en el cuerpo de la joven su marca, y se dirigió al suave cuello de la muchacha.

Y fue entonces que descubrió su gusto por los cerezos, ahora que probaba el sabor de tan adictiva fragancia.

-Sasuke…

Volvió a buscar sus labios con fiereza tras entender que su nombre dicho por sus labios lo hacía delirar.

Mierda, ahora se daba cuenta.

Recién ahora lo sabía.

Demonios, y es que el causante de tantas incoherencias juntas…

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No era el sake… era amor.


Y he aquí Hanako redimiéndose! n.n

Bien, tengo que ser breve, ya que sigo sin pc (por lo que ayer no resubí el chap) y espero sinceramente poder llegar la semana próxima. Lo cierto además es que hace 7 días exactamente que no paso por ff, ni por internet, ni por ordenador, ni por nada relacionado a la seudo-tenología del siglo XXI, y quedé realmente sorprendida al leer todos los reviews! De verdad, muchas muchas gracias, no podría explicar cuánto subió mi ánimo semi-asesino hacia la empresa de telefonía n.n

Por otro lado, los comentarios del capi anterior fueron de Suzaku Uchiha, quien tuvo la amabilidad de dejarme secuestrar su ordenador y organizar bien el capitulo pasado y este n.n que espero que les haya gustado.

Y ahora sí, tenemos a un Sasuke celoso y que entendió sus sentimientos por la pelirrosada! aleluya? jajaja, y ahora còmo sigue? no lo tengo escrito, pero sí tengo esa respuesta, así que si encuentran el chap el próximo domingo quizás encuentren sorpresas n.n

Sé que Tania no les cayó de lo mejor, y esa era en el fondo la intención n.n pero qué puedo decir, amo su cinismo... jajaja ¿Mala o buena?

En fin, espero poder actualizar en los 7 siete días usuales, saludoss y que tengan una linda semana (y si Dios ilumina mis conexiones en red, mucho mejor n.n)

-Hanako14-