Uchiha Corporation

.-.

- ¿Mi jefe? Es un cerdo machista licenciado, un precoz espécimen de macho ególatra y subdesarrollado con necesidad de adulación constante, ¿Qué puede tener de atractivo?

-Saku, es obvio, su tra...

-¡Ino-cerda!

Sasusaku

Sin más preámbulo, los personajes pertenecen a Kishimoto-sama, por supuesto y muy a mi pesar

.-.

Capítulo anterior: Y fue entonces que notó en los labios de Sasuke un extraño sabor que le recordó a aquel sentimiento que dominaba su cuerpo, al gusto del helado de aquella tarde.

Era el bien y el mal fundidos en su paladar.

Blanco y negro, formando el mejor de los grises.

Era la mezcla perfecta del mejor de los venenos.

Era como un sabor…

Agridulce


Doble filo

Suspiró, frustrada. Volvió a tomar el libro entre sus manos y procuró concentrarse. Llevaba más de media hora leyendo las primeras cinco hojas y ninguna de las palabras de aquella novela lograban cobrar un verdadero sentido en su mente.

Lo intentó de nuevo. Falló estrepitosamente.

Gruñó, estallando en enojo contra ella misma, y "Romeo y Julieta" se vio estrellado contra la pared más cercana.

Bien, primero y principal, la culpa de que no pudiese leer era de Shakespeare. Era de él por escribir tan confuso y era de él por el tema que había elegido. Shakespeare pareció disfrutar de aquel sentimiento en su vida y le habrá parecido una idea de lo más mona hacer una tragedia romántica a base de aquel estúpido sentimiento que lograba someter a personas débiles; pero, claro, ¡Le alegraba que el hombre fuese correspondido! Ahora bien, ¿Era necesario desarrollar toda la obra alrededor de aquello?

Bufó molesta. Bien, quizás la culpa no era de William, sino de su masoquismo, quien la instaba a leer algo así, y de ella misma… por aceptar.

Se acomodó en la cama y cruzó las piernas. Era hora de afrontar la condenada situación de una vez por todas.

Habían pasado ya más del cuarenta y ocho horas del domingo, y aún no había podido charlar consigo misma el tema de los acontecimientos ocurridos aquel día.

Claro, no eran acontecimientos sumamente relevantes, tan sólo el Uchiha y ella, con una unión de labios de por medio y una pasión que había olvidado que existía.

Lo había visto el lunes en el trabajo y él se había limitado a ignorarle, como si alguna suerte de secta alienígena le hubiese borrado la memoria por completo…

o cierta rubia estrafalaria le hubiese convencido de aquello.

Pero, ¿Cómo explicar esa condenada sensación que le oprimía el pecho?

Besar al Uchiha era adictivo, era excitante, era necesario y era perfecto.

Besar al Uchiha era punzante, era hiriente, era aberrante y era incoherente.

Las palabras del azabachado flotaban en el aire, haciendo que ahora dibujara una imborrable sonrisa en su rostro. Ya que besar al Uchiha era, además, sinónimo inexplicable de felicidad.

¿Pero de dónde venía toda esa felicidad?

El témpano de hielo había sucumbido ante su fragmentada autoestima, ¿Era ése un honor?, ¿Se estaba sintiendo bien con su orgullo? Es decir, había besado al cerdo más ególatra sobre la faz de la Tierra, y había besado simultáneamente al soltero más codiciado en todo Japón.

Pero… ¿Cuál era el grado de veracidad de sus palabras?

"…voy a besarte porque te quiero, Sakura"

Su potente voz podía reproducirse peligrosamente real en su mente, causando un desprevenido vértigo en su estómago.

Pero si la quería a ella, por qué es que Tania…

Tania Smith, su ex prometida. Había hablado con Ino sobre ella… al parecer la zorra era además una completa embustera.

-Dime con quién andas… -susurró, con su mente en Sasuke.

Tania e Ino eran compañeras de uno de esos cursos excéntricos que habían tomado, ambas devotas de la moda y el diseño de indumentaria femenina. Los sueños de ambas rubias recién comenzaban, a sus a penas dieciséis años.

Entonces un concurso invitó a los principiantes a enviar una colección de verano, la mejor colección sería conocida por el mundo, con atuendos desfilando en las pasaderas de Milán y París. Dos meses enteros fueron los que la joven Yamanaka había pasado sin dormir para completar sus dibujos.

La pelirrosada había intentado ayudarla, y la felicitó a la hora de ver finalizada su obra.

Claro que en aquel momento, la de ojos jade le había creído a su amiga cuando ésta dijo que había decidido no enviar sus dibujos porque prefería esperar y experimentarse, en lugar de que éstos dibujos habían sido saboteados por su compañera… y que ahora sus obras llevaban el nombre de "Smith Tania"

Obras que consiguieron la victoria y conocieron Francia y España… entre otras.

Y Uchiha no era un simple conocido de la muchacha, era su pequeño osito.

-Y yo su pequeño juego…

El sonido del timbre la distrajo de sus pensamientos.

Se acomodó levemente y se dirigió al recibir, para encontrar de aquel otro a cierta figura que la tomó por sorpresa.

-Sakura-chan –sonrió aquel hombre, depositando un suave beso en su mejilla.

-Gaara-kun, ¿qué haces por acá?

-Vine a verte –se limitó a contestar-. Te extrañaba –agregó, indagando en el brillo jade de sus orbes.

La muchacha se redujo a refugiarse en sus brazos y sentir su calidez.

-También te extrañé mucho, y si no te conociera pensaría que vienes a despedirte –agregó, con el leve matiz de tristeza que le causaba aquella posibilidad.

-Sí, me iré –continuó, apretándola contra su torso-, pero eso será en unos días, será luego de cierta fecha muy especial.

- ¿Vas a regalarme tu partida como obsequio en mi cumpleaños?, has perdido el romanticismo, Gaara-kun –ironizó, dolida.

- ¿Por qué mejor no dices que te regalo estos días que alargo mi estadía? –contestó el joven, mientras ambos pasaban a la sala.

OoOoOoOoOoO

-Novedades –pidió la voz de aquella mujer, con suma calma.

-Parece que comenzaron a aflorar los sentimientos –sonrió cierto azabachado.

-Muy bien, Fugaku ¡Ya ves como ha mejorado! –la rubia levantó la copa para celebrar.

- ¡Y brindo por eso! –su acompañante correspondió.

-Ha sido muy buena idea el invitarlos a ambos al parque de atracciones –lo felicitó, sonriendo.

-Muchas gracias, Tsunade –le dijo él-. Pero mejor idea eso de recibir el regalo de Gaara y pedirme que se lo diera a Sasuke personalmente ¡Le han picado los celos! Juro no haber visto así a mi hijo en lo que llevo de vida –sus ojos resplandecían.

-Para este momento, seguro ya se han besado –la sonrisa de la mujer refulgía en la iluminada habitación.

- ¿Por qué no te unes a la celebración, Kakashi? –preguntó a su amigo.

-Personalmente, no veo mucho que celebrar –su voz era neutra, no parecía enojado-. Hemos movido a personas como piezas de ajedrez y no nos han importado sus sentimientos. Cada uno por causas diferentes, que justificó como correctas… pero ahora empiezo a preguntarme qué tanto son el uno para el otro.

- ¡Son completamente el uno para el otro! –aseguró Tsunade.

-Claro, no sé si a ti te importa ver el corazón de tu sobrina haciéndose añicos por tener que elegir entre quien fue el amor de su vida y nuestro Rey en el partido.

-No te atrevas a decir eso, Hatake –contestó, aminorando su expresión.

- ¿No te replanteas qué hubiese pasado si Gaara volvía y ella, después de haberlo esperado todos estos años, decidía ser feliz con él? Con él, que la ama con locura.

- ¿Ahora estás diciendo que mi hijo no le conviene?

-Ahora estoy apostando por la felicidad de Sakura, que es lo que más extraño. Podrá estar más cerca de Sasuke que nunca, podrá haber colmado nuestras expectativas y podrá ser la mujer ideal para el Uchiha… pero hay cosas que no voy a poder callarme si no veo la felicidad tatuada en su rostro.

-Es decir que vas a traicionarnos –interrumpió la rubia.

-Los hemos traicionado a ellos de todas formas, digamos mejor que voy a redimir mi conciencia cuanto más pueda.

- ¿No viste los ojos de Sasuke, Kakashi? –la voz era, por supuesto, de Fugaku.

El joven sensei lo observó con recelo.

-Por primera vez, en ellos atisba algo que no sea frialdad. Hay en su profundidad alguna suerte de sentimiento, ahora brillan… ¿Vas a decirme que no notaste los cambios en su personalidad?

-Sí, pero una relación consta de dos personas… ¿Imaginas cómo se tomarían una decepción? Conozco a Sasuke, él se cerraría por siempre a los sentimientos, mientras que Sakura volvería a sumirse en la perdición de la soledad. En cuanto Naruto supiese esto, se enfrentaría a tu hijo y habría aquí un tercer dañado, Sasuke perdería a su amigo de toda la vida, dejando así en cero el saldo de personas que de verdad teme perder… ¿Qué pasaría si las cosas no son exactamente como las tienen planeadas?

- ¿Has estado hablando con Shikamaru, verdad?

-Así es, Uchiha.

-Bien, es un riesgo que estamos corriendo –soltó, vacilante.

-Sí, pero un riesgo con demasiadas probabilidades –interrumpió Tsunade, seria.

-Pero es demasiado tarde ahora, ahora ya no hay vuelta atrás. Debemos intentar prevenir esa situación.

-Creo que deberíamos de replantear verdaderamente nuestro accionar. Decidamos lo que decidamos ahora, procuremos que sea por su bien –terció Hatake, sumido en sus pensamientos.

OoOoOoOoOoO

Era curioso. Sí, demasiado curioso.

Curiosa aquella lejana sensación de incertidumbre que se alojaba en su estómago y le producía tanto impotencia como un leve atisbo de felicidad.

Sí, era curioso.

Principalmente porque era nuevo. Y como todo buen ser humano, ante aquella peligrosa sensación desconocida (y aunque el Uchiha jamás lo admitiese) sentía, en el fondo, miedo.

Pero a la vez, como todo buen ser humano, sus instintos suicidas no dudaban ni un solo segundo en llevar sus pies justo al borde del acantilado, vendando con cuidado sus ojos y sonriendo sádicamente. Es decir, en una forma más simple y humana, no se alejaría de Sakura.

Observó la luz roja que lo obligaba a detenerse y suspiró. Hacía mucho tiempo que no conducía sin un lugar específico al cual dirigirse.

No quería regresar a la mansión, lucía de lo más tétrica en la noche… y más aun si llovía como entonces. No tenía ni las más mínimas intenciones de volver hacia la empresa, y tenía además el leve presentimiento de que su amigo el rubio estaba demasiado ocupado con cierta azabachada.

En conclusión, deambulaba por las casi desérticas calles de Tokio, únicamente acompañado por el repiqueteo de la lluvia contra su automóvil y la vana certeza de no saber dónde estaba parado.

A pesar de saber que se encontraba en la avenida principal.

Y fue entonces que una loca idea cruzó por su cabeza. Podría hacerlo: sólo debería desviarse dos calles y bajar otras cinco y ya estaría frena a su departamento.

Meneó la cabeza y desechó la idea de irrumpir en la morada de su secretaria y exigirle con fiereza la entrega de sus labios, saciando así toda la sed que aquella muchacha inocentemente le provocaba.

Y fue entonces que aquella punzada regresó, justo cuando entendió que lo único que hacía que no se encontrase ya en aquel edificio era la probable posibilidad de que ella no estuviera, como quien dice, sola.

Era la condenada posibilidad de que, más específicamente, estuviera con él.

Y no es que fuera cobarde, no es que tuviera miedo, pero algo en el fondo sabía que aquello desmoronaría en un segundo su enhiesto castillo de silenciosas ilusiones.

Sí, y más cursilerías semejantes. Ya que el Uchiha, desde que la conoció, no era más que un manojo de patéticas cursilerías.

Desvió la vista del semáforo, posando sus orbes en una pequeña plaza, a penas iluminada por algunos faroles y tan azotada por la lluvia como toda la ciudad.

Pero, para su sorpresa, no estaba vacía.

Volvió la vista al susodicho artefacto que le impedía continuar avanzando, ¿Cuándo tiempo duraban esas cosas?

Y entonces, casi entendiendo lo que había visto, regresó su mirada a un viejo columpio, donde una mujer delgada se encontraba sentada, con la vista perdida en el suelo y a penas meciéndose.

Casi ajena del fría que sometía a la ciudad, casi ignorante de la tormenta que arrasaba con todo a su paso, casi perfecta, casi intocable, casi imposible.

Y es que, a pesar de que el joven Sasuke estuviese lo suficientemente lejos de aquella hamaca como para no ver de quién se trataba esa persona, aquel color de pelo era simplemente inconfundible.

Y fue casi por acto reflejo que vio su mismo cuerpo saliendo de aquel despampanante deportivo y exponiéndose a las gentilezas de la lluvia, en camino directo hacia la joven Haruno.

Se encontró a unos pasos de la muchacha, y pudo notar entonces que, desde esa perspectiva, no lucía tan ajena de las condiciones climatológicas.

Su cuerpo tiritaba entumecido, mientras que sus manos temblaban levemente sujetadas al columpio.

La observó durante unos instantes, sus cabellos húmedos impidiendo ver el jade de su mirada, sus delicadas piernas expuestas a causa de aquel short rosa, al igual que sus hombros, al descubierto debido a aquella musculosa blanca.

-Sakura –la llamó, a escasos centímetros de su rostro.

Pudo ver el respingo que la joven dio a causa de la sorpresa, al igual que los gestos que le siguieron. Sonrió, de verdad que amaba la inocencia de esa mujer.

- ¿Q-qué haces aquí? –indagó, con un hilo de voz.

-Hacía mucho tiempo que no tenía pulmonía... Además es una buena excusa para no ir a la empresa por algunas semanas –sonrió, sentándose en el asiento contiguo.

-Veo que te has levantado de buen humor –susurró, con la mirada perdida.

-Mph, ¿Quieres que te lleve a algún lado? Vas a enfermarte si sigues aquí.

- ¿Y vas a decirme que eso sería de tu importancia?

-Tsk, tendría el doble de trabajo.

- ¡Ja!, No sé si debería agradecerte o echarte sobre el lodo.

-Humm, prefiero el agradecimiento… aunque he de admitir que la idea del lodo luce demasiado tentadora –agregó, tras una de aquellas irresistibles sonrisas.

Volvió a perder la mirada en la mismísima nada, aun con el cuerpo tiritando.

-Será mejor que nos apuremos, sino verdaderamente vas a terminar en la clínica –dijo, no pudiendo evitar el tono de preocupación que se escapó en aquellas palabras.

-No quiero –sentenció segura, aferrándose a aquel juego.

El Uchiha frunció el ceño.

- ¿Sucede algo? –indagó, extrañado.

-No voy a moverme, quiero permanecer aquí –repitió, con más seguridad que antes.

El joven volvió a mirarla sin comprender, con el ceño fruncido.

-No quiero poner en duda tu capacidad intelectual, pero creo que ambos entendemos que puede traer consecuencias el quedarte.

-No pretendo poner en duda tu capacidad intelectual, Uchiha, ¿Pero acaso no entiendes la palabra "no"? –atacó, enfrentando la profundidad de de su mirada.

-No es por ofender, pero la verdad no la comprendo –escupió.

- ¿Y qué tal la frase "Ya no molestes"?, ¿Te suena de algún lado, o no puedo pedir tanto a tus neuronas? –volvió a indagar, completamente agresiva.

- ¿Molesta? Oh, sí, podría definir así a algunas integrantes de mi corporación.

La Haruno lo fulminó con la mirada.

-Vete, o tú también terminarás en el hospital –agregó áspera, bajando la mirada.

Y entonces la muchacha sintió sobre sus hombros el peso de aquel impecable saco negro.

Abrió los ojos sorprendida de aquel gesto, y, acto seguido, se vio en el aire, elevada por el Uchiha.

- ¡Bájame! –chilló, al ver como el joven la tomaba entre sus brazos sin mayores problemas y la llevaba hacia el vehículo.

-Tú y yo sabemos que no voy a hacerlo, así que ahórrate las palabras, Haruno.

Era tan pequeña, tan perfecta. La sostenía con cuidado, como si se tratase de una muñeca de porcelana, hermosa y frágil. Sintiendo cómo quemaba en sus manos el simple roce con la piel de aquella mujer.

Refrenando sus instintos suicidas que lo incitaban a llevársela lejos, lejos para no volver.

Fugarse con ella.

Mierda, aquel delirio no sonaba tan mal como debería.

- ¡Bájame Uchiha!, ¡Bájame o te arrepentirás! –amenazó, echando patadas y golpeando la espalda del joven-. Si no me bajas yo… yo… ¡Voy a gritar!, Si, ¡Voy a gritar y a denunciarte!

-Ajá… ahora sí que me das miedo –ironizó, llegando al fin al deportivo.

Abrió la puerta del copiloto y la depositó sin mayores problemas.

OoOoOoOoOoO

Hundió la vista en el paisaje del otro lado de la ventanilla, esperando a que el joven subiese al auto.

Y cuando subiera tendría que escucharla, sí señor, ¿Quién se creía para tomarla así como si fuera un costal de papas y llevarla a donde quisiera sin su previo consentimiento?

¿Quién se creía para interrumpir su llanto, si estaba, justamente, llorando por él?

Sí, llorando por aquel espécimen en peligro de evolución, como una estúpida enamorada, clamando por la belleza de lo imposible y lamentándose de su estúpida realidad.

Y ahora, en lugar de disfrutar del frío que las gotas le producían al morir contra su cuerpo, se encontraba media intoxicada por la perfección de aquel perfume único. Ya que aquel saco, además de ser elegante y sofisticado, destilaba el aroma tan característico de su cuerpo, aroma que podía confundirse con la perfección y llevar a las fronteras del delirio.

Y eso era justamente lo que ella no debería hacer.

Ella debería ponerlo en su lugar, debería dejar que se fuera con su amiga imitación barata de Barbie Girl y que fuera feliz con ella.

Debería enseñarle al ego del Uchiha que no jugaría con ella, que no la lastimaría, que no tenía ese poder.

Pero en lugar de eso, estaba totalmente perdida en su aroma, sintiendo la calidez de aquel pequeño espacio y estúpidamente feliz por aquella linda actitud de haberla arrastrado como un costal de papas llevándola donde quisiera sin su previo consentimiento.

Por preocuparse por ella.

Sintió la puerta abrirse y a Sasuke sentándose y poniendo en marcha el vehículo.

Y en aquel ínfimo instante en que se cruzaron sus miradas, pasó de sentirse indignada a una verdadera estúpida.

¿Qué había sido todo la caprichosa escena que le había planteado?

Volvió la vista hacia la ventanilla, sintiendo cómo comenzaban a avanzar.

¿Y hacia dónde iban?

Abrió la boca dispuesta a preguntar, pero el aliento se negó a escapar de sus labios.

-A mi casa, dudo que esta noche estés en condiciones de tomar buenas elecciones por iniciación propia –contestó, como leyendo en su mente la pregunta.

No acotó nada, no sin sentir su piel estremecerse y su pulso dilatarse sin previo aviso.

- ¿Y podría saber quién te dijo que quería ir a tu casa? –interrogó, ahora con una sonrisa.

-Bien, ¿Y se podría saber a quién le interesa tu consentimiento? –contestó, sonriendo.

-De acuerdo, creo que a mi puede importarme lejanamente.

-Mph, considera que serás la envidia de más de una, eso es todo.

- ¡Ja! No creo que tengan mucho que envidiar…

-Por supuesto, solamente vas a dormir bajo el mismo que el soltero más codiciado de todo Japón.

-Error, voy a dormir bajo el mismo techo que el idiota más modesto que tuve la desgracia de conocer –corrigió.

-De acuerdo, me alegra saber que por lo menos ya no contradices la idea de dormir en mi casa. Espera, ¿esto no fue demasiado fácil? Hummm… comienzo a pensar que tenías bien premeditado esto de pasar la noche conmigo –sonrió, divertido.

-Claro, en realidad todo esto es un enorme plan para poder envenenarte y salir exonerada. Es decir, todo un accidente –continuó, sarcástica.

Y se abrió entonces un profundo silencio entre ambos.

Mierda, quién diría que algún día terminaría así… así con el Uchiha.

Sasuke era el hombre más perspicaz, más inteligente y más guapo que había tenido la suerte de conocer.

Sasuke era el hombre más egocéntrico, más cínico y más impertinente que había tenido la desgracia de cruzarse.

Y es que sentir aquello por él era, sin dudas, un arma peligrosa.

Sasuke era el único que causaba en ella esas sensaciones. Esa falta en sus pulmones por su sola presencia, esa indescriptible sensación en el estómago, ese inaudito temblor en sus piernas.

Pero, vamos, ¿Cuántas mujeres podrían decir lo mismo?

Ino se lo había advertido antes de comenzar a trabajar con él: tenía un encanto inevitable.

Se había propuesto no caer ante él, no sucumbir ante su hechizo. Se había propuesto no ocupar un nombre más en su eterna lista de admiradoras con obvias carencias cerebrales a las cuales recurrir a la hora de una charla mínimamente interesante.

Quería ser más que su orgullo, más que su ego.

Y sin embargo, ahí estaba ella, sin poder controlar su cuerpo ante la simpleza de su presencia.

Y sin embargo, así estaba ella, amando sin remedio aquella ingrata situación.

Volvió a sentir el silencio chocar contra su piel. Pero vamos, ¿Qué demonios podía decir, si sentía la tensión de ese beso todavía contra sus labios?

¿Qué acaso el Uchiha lo había olvidado?

Tanto ayer como aquel día en la mañana lo había visto, y habían hablado...

Pero el trato era el de jefe a empleada.

El de un entero desconocido.

Pero, ¿Qué podía esperar? Había sólo una persona con la que Sasuke era diferente, y se apellidaba Smith.

Y he ahí la herida por la cual moriría desangrada.

Agridulce, sí, así sabía aquella sensación.

Su parte buena, su parte mala.

Amar a Uchiha Sasuke, era definitivamente un arma peligrosa.

-Gracias –dejó escapar casi sin darse cuenta, recordando la preocupación de aquel hombre por ella.

-Mph –dejó escapar, aun concentrado en el volante- ¿Te han mencionado alguna vez lo bipolar que puedes llegar a ser?

-Creo que me lo han dicho alguna vez –puso su esfuerzo en sonar indiferente, pero casi fue traicionada por la debilidad de sus cuerdas vocales.

Se abrigó más entonces con aquel saco, procurando guardar en su memoria el perfecto aroma que emanaba la prenda, el cual amenazaba con inutilizar el último atisbo neuronal que para entonces le quedaba.

Doblaron una esquina amplia y entonces el vehículo se encontró frente a unas imponentes rejas de plata, que se abrieron de par en par ante su llegada. Avanzaron hasta el aparcamiento, para luego estacionar tranquilamente.

Suspiró mientras el azabachado se bajaba del automóvil y, antes siquiera de que efectuara movimiento alguno, su nívea mano se posó en la manija de la puerta del copiloto y la abrió, dibujando en su rostro una sonrisa.

- ¿Puedes bajar o prefieres que te cargue? –preguntó, con sorna.

-Mph, para ser sincera, ninguna de las opciones es verdaderamente tentadora.

- ¿Lo que me deja la elección a mí? –aquella pregunta suponía un claro peligro de ser literalmente arrastrada por el moreno hasta llegar a dondequiera que fueran, por lo que prefirió entrar a su casa con algo más de dignidad, teniendo en cuanta además que aquella era la primera vez.

Y no podía negarlo, la curiosidad la invadía por completo.

Hizo el amague de devolverle el abrigo, a lo que el hombre se negó de inmediato y comenzó a caminar por el hermoso entorno verde (algo demacrado debido a la noche espantosa) hasta llegar a la puerta principal.

El mayordomo les indicó que pasaran, a lo que los jóvenes obedecieron e ingresaron a una hermosa habitación bien decorada, con cuadros adornando las paredes y la entonación de colores como dogma principal.

-Éste es el vestíbulo –comenzó el Uchiha.

-Es hermoso –dejó escapar.

-Preparen la habitación de huéspedes –ordenó, a una mucama.

- ¿Cuál de todas? –interrogó ella.

-La mejor –casi gruñó, en voz a penas audible.

Algo dentro de la pelirrosada ardió de emoción al escuchar esas palabras.

OoOoOoOoOoO

-Ino, ¿Qué tal estás? –saludó la joven Hyuga, entrando en el departamento de su amiga.

-Muy bien, pasen –invitó-. ¿Cómo andan ustedes?

-Excelentes, gracias –sonrió ahora el rubio, entrando tras su novia.

Hinata buscó en la nevera algo de bebida, mientras los rubios tomaban asiento en el sillón.

-Me extraña verlos por aquí a esta hora –dejó escapar la Yamanaka.

-En realidad, ¿No está Sakura contigo? –Naruto levemente había cambiado su tono de voz-. Verás, estoy llamándola desde hace un rato y no he tenido noticias de ella…

-Quizás esté con Gaara –señaló.

-En realidad, lo llamé a él disimuladamente… pero estaba solo.

-Sabes como es tu amiga, seguramente debe haber salido a despejarse… ¿No crees exagerado preocuparte así?

El Uzumaki dibujó una sonrisa.

-Tienes razón, es sólo un mal presentimiento… no debería darle importancia.

-Te lo dije –Hinata había tomado asiento a un lado de él.

- ¿Y qué hay con el cumpleaños de Sakura? –preguntó Ino, emocionada.

- ¡Una gran fiesta sorpresa, sin dudas!

-Es verdad, hace tiempo que no festeja esa fecha –apuntó la azabachada.

-Sí, ¿Cuánto podríamos organizar en tres días? –preguntó, emocionada.

-Mucho –aseguró su amiga-. Hagámoslo en mi casa, ya saben, la mansión Hyuga me tiene a mi como única dueña debido a las vacaciones que mis padres se tomaron –guiñó un ojo con perspicacia.

-Sí, podríamos invitar a todas las personas que asistieron a la fiesta de Ten Ten –propuso la de ojos zafiro.

- ¡Gran idea! Además –continuó el rubio, aumentando su emoción con cada sílaba-, debe haber globos y buena comida, música de la mejor. Sí, todo debe ser hermoso, una noche eterna, con cada detalle bien guardado… como será nuestra boda –lo último lo dijo casi sin darse cuenta, perdiéndose en las orbes perla de su novia.

- ¡Naruto! –lo reprendió ella.

El muchacho parpadeó y se tapó la boca con culpa.

- ¿De qué me he perdido? –indagó entonces, con elocuencia.

-Pues… etto… -balbuceó.

-Es que, nosotros –intervino Naruto, miró a su novia para encontrar su aceptación-. Es decir –ahora sonrió-... Hinata y yo vamos a casarnos.

- ¿En serio? ¡Los felicito! –dijo, abrazando a ambos-. ¿Saben ya cuando?

-No exactamente, pero será en menos de dos meses –contestó ella.

- ¿Y eso por qué? –inquirió, perpleja.

-Por el estado de Hinata, naturalmente –contestó, como con obviedad.

- ¡Naruto! –volvió a protestar, ruborizándose.

El rubio la miró desentendido, y luego sus ojos reflejaron sus ganas de lanzarse al vacío sin paracaídas.

- ¿Hay algo que quieras confesarme, Hinata? –alzó una ceja.

-Etto… yo… es decir… Naruto y yo estamos…

-Hinata no quiere entrar al altar con la panza redonda, y yo entiendo esa decisión.

Los ojos de Ino se dilataron de la sorpresa.

-Eso quiere decir que…

-Sí, que estoy embarazada –dijo finalmente, con una sonrisa y un tono carmesí en sus mejillas.

- ¡Los felicito! –volvió a decir, abalanzándose sobre su amiga.

OoOoOoOoOoO

Esperó a que Sakura se cambiara con la ropa que les había facilitado una de las mucamas. La joven le había agradecido el gesto y había entrado a aquella habitación hacía ya diez minutos… por un momento temió que se haya quedado dormida.

Resistió a la tentación de entrar deliberadamente y comprobar así que ella seguía ahí, de pie y sumamente despierta. En otras palabras, con la capacidad de permanecer conciente y regalarle otros minutos de su simple presencia.

El sonido de la puerta abriéndose lo distrajo, por lo que dirigió allí la vista enseguida.

-Creo que me queda algo grande –rió la joven.

El Uchiha llevó entonces su mirada hacia el camisón que, efectivamente, le quedaba algo grande. Las mangas largas de la prenda sobrepasaban sus frágiles muñecas, mientras que el volado (que se vería corto en bastantes maniquíes) le colgaba hasta por debajo de la rodilla.

Sonrió inconcientemente. Aquella imagen se le antojó a peligrosamente tierna.

Además, ahora la siempre sonriente Sakura Haruno, también le estaba dedicando a él una sonrisa...

-De verdad muchísimas gracias –dejó escapar.

-No tienes nada que agradecer –le interrumpió.

-Pero quiero agradecerte. Significa mucho para mi que te preocupes, Sasuke –le dijo, enfrentando su mirada.

Comprobó una vez más que aquel brillo jade era incomparable.

-Entonces de nada, Sakura.

Sonrió.

- ¿Pero no es demasiado? ¿No hay acaso una habitación mas… pequeña?

El muchacho aventuró sus ojos hacia dentro de la alcoba.

-Yo creo que esta muy bien, ¿no te gusta?

La joven se apresuró a mover las manos de un lado a otro.

-No, no es eso… pero quizás es mucha molestia que permanezca aquí –continuó, cuidando las palabras.

El azabachado frunció la nariz.

-Mira –dijo mientras ingresaba, tras un suspiro-, hay televisión, equipo de música y hasta cuarto de baño propio. Es verdaderamente hermosa, pero quizás no haga tanto problema si duermo en una habitación más simple, es sólo esta noche.

-No –negó, meneando la cabeza-. Tú estás bien en ésta habitación.

Bufó sin acotar más nada, después de todo era el cuarto de sus sueños.

La alcoba era amplia y en tonos manteca. La cama de plaza y media con hermosos acolchados y almohadones, las paredes finamente pintadas y todo lucía un hermoso toque de sofisticación y elegancia.

Un bostezo se escapó de los labios de la esmeralda, los cuales se le antojaron de lo más suculentos. Hizo un esfuerzo por mantener el control de su cuerpo, lo cual era estúpidamente difícil en presencia de aquella mujer.

Un potente trueno hizo sobresaltar a ambos, especialmente a la pelirrosada, quien se sonrojó ante aquel hecho.

El muchacho dibujó una tenue sonrisa.

-Que duermas bien –le dijo, en afán de dejarla descansar.

Acudió a todo su autocontrol para dar media vuelta y emprender el camino hacia la puerta, cuando repentinamente sintió cómo una pequeña mano tomaba de su muñeca. Se dio vuelta desentendido, para observar el rostro cabizbajo de la muchacha, quien aún no le soltaba.

-Quédate –había intentado sonar a una orden, pero sus cuerdas vocales lo habían disfrazado de una súplica desesperada.

- ¿Que me quede? –repitió, atónito.

-Sí –pidió esta vez, con más seguridad.

Levantó la mirada y enfrentó sus pupilas con las de él, luego la joven dibujó una sonrisa.

Él, por su parte, no pudo hacer más que asentir tontamente y obligar a su cuerpo a mantener la cordura en un momento como ese. Intentó vanamente controlar los atolondrados latidos de su corazón y la fuerte presión que ejercía ahora su torrente sanguíneo.

La de ojos jade se recostó en la cama y el tomó asiento a su lado.

-Gracias –escuchar aquel susurro fue el último atisbo de conciencia que notó ante de caer ante el delirio eminente de su presencia, de su respirar a tan escasos centímetros.

Procuró no ocupar mucho espacio, y se propuso contemplarla. Esta vez sin miedos y sin disimulos, ya que era ella misma quien prácticamente lo había autorizado.

Además, sentado en la cama tenía más posibilidades de observar la relajación de su rostro mientras intentaba conciliar el sueño. Sintió entonces en su mano derecha la calidez de los dedos de la muchacha.

La tomó dulce y posesivamente, a lo que vio dibujada una sonrisa en su rostro adormecido. Él también sonrió.

-Sakura yo… -las palabras se atolondraron en su garganta.

Vio como la joven se movía levemente y volvía a quedar en su posición, entendió entonces que estaba dormida.

Llevó su mano izquierda a delinear con cuidado el rostro de su acompañante. Sintiendo cómo quemaba su tacto bajo su piel.

Y entonces lo decidió.

Mañana sería un arduo día en la empresa, con reuniones y demás chárara inservible que lograría complicar su existencia. Sin embargo, no dormiría aquella noche.

Si hay algo que Sasuke Uchiha había aprendido en aquellos últimos diez días, es que hay cosas en las que la vida te da oportunidades únicas, oportunidades que hay que saber disfrutar en ese momento o llorar lo que te queda de existencia por no haber sabido hacerlo.

Y tener a la joven Haruno durmiendo plácidamente a tu lado, con la respiración calmada y una inconciente sonrisita instalada en los labios, era, en efecto, una de esas cosas.

Se puso de costado y se recostó a un lado de ella. La abrazó con delicadeza y concentró su mente en el pensamiento de qué pasaría ahora por los sueños de la Haruno. Sonrió inconcientemente al atisbar la posibilidad de ser él el protagonista.

En lo que llevaba de vida, nunca había sentido aquella ingrata sensación de felicidad ante una simpleza como esa.

Y, por primera vez en su vida, su orgullo no tuvo el poder de reclamarle nada.

Por primera vez en su vida, continuaría haciendo lo que hacía en aquel momento sin una razón coherente para aquello… inclusive afrontando al día siguiente las consecuencias.

Y es que por primera vez en su vida, Uchiha Sasuke tenía una buena razón.

Una razón no a base de ciencias exactas, sino que de sentimientos. Ahora lo entendía mejor que nunca, ahora definitivamente no había dudas. La amaba.

Aunque resultara ingrato y peligroso, al mismo tiempo que perfecto.

La amaba.

Y no podía contra sus ganas de gritarlo al mundo entero.

Porque el amarla, por sobre todas las cosas de este mundo, lo hacía feliz.

La acurrucó más contra su pecho y depositó un suave beso en sus labios, mientras descubría que no podría resistir más la pesadez de sus párpados cansados.

Aún era ajena, pero no importaba qué tan peligroso fuese amar a Sakura Haruno. No importaba si estaba cometiendo el mismo error que hacía ya veinte años… esta vez estaba dispuesto a lo que sea por aquel infinito sentimiento. Contra viento y marea, y lo que tuviese que afrontar.

Sonrió en su último recuerdo de conciencia, había tomado una decisión después de todo.

-Me gustaría saber en qué piensas –susurró, a penas conciente.

Ahora de algo estaba seguro.

Y ya no importaba si amar a Sakura era…

-En ti –contestó tranquila, dejándolo perplejo.

un arma de doble filo.


¿Me redimí?


Gente linda, qe tal? por mi lado tratando de creer que hice un chap por el qe verdaderamente haya valido la pena esperar. Asi que por favor, no maten mi ilusión n.n

jajaja, como ya dije, los chaps van a ser actualizados como de costumbre, pero no serán tan largos como éste (por una cuestión de ausencia de tiempo) y no quiero cambiar ni deformar la trama sólo para estirar algo insulso.

En fin, no qiero hacer comentarios, porqe no aseguro cuánto vaya a durar el momento de felicidad de la parejita ya que aún me debato en si la trama se presta para contener mis pequeñas modificaciones y que tenga un tiempo más de vida antes del epílogo.
En fin, muchísimas gracias a todos por su apoyo incondicional, verdaderamente lo valoro mucho y es un estímulo de lo más importante para continuar! n.n

Saludoss y qe tengan una hermosa semana todos!


-Hanako14-