Uchiha Corporation
.-.
- ¿Mi jefe? Es un cerdo machista licenciado, un precoz espécimen de macho ególatra y subdesarrollado con necesidad de adulación constante, ¿Qué puede tener de atractivo?
-Saku, es obvio, su tra...
-¡Ino-cerda!
Sasusaku
Sin más preámbulo, los personajes pertenecen a Kishimoto-sama, por supuesto y muy a mi pesar
.-.
Capítulo anterior: -Me gustaría saber en qué piensas –susurró, a penas conciente.
Ahora de algo estaba seguro.
Y ya no importaba si amar a Sakura era…
-En ti –contestó tranquila, dejándolo perplejo.
…un arma de doble filo
Promesas
El cálido sol que se filtraba por la rendija de la persiana había comenzado a molestarle desde hacía ya unos minutos, sin embargo, estaba demasiado sumido en el más hermoso y profundo de los sueños como para aceptar la cruda realidad de que aquella ilusa perfección era, en efecto, simplemente un sueño.
No fue coraje sino resignación lo que sintió al abrir los ojos y dejar a la vista aquellas profundas y afiladas pupilas, quienes escrutaron extrañadas la habitación.
Si no mal recordaba, aquella no era la enorme ventana de su habitación, ni mucho menos aquellos tonos manteca se asemejaban al verde frío que vestía su alcoba.
Frunció el ceño, su plasma no se comparaba con la pantalla plana de aquella sala y ahora que se detenía a la sensación de su espalda, ése tampoco era su colchón de plumas.
Se dio cuenta entonces que se encontraba de costado, seudo-contracturado en una cama de a penas plaza y media, y aparentemente arrinconado en un pequeño espacio del lugar por motivos de procedencia dudosa.
Y fue recién en ese momento que reparó en cierta fuente de calor que envolvía su espalda y seguía hasta terminar rodeando su cintura.
Y entonces lo supo.
Y sonrió.
Sonrió como hacía mucho tiempo que en su condenada y excéntrica vida no lo hacía.
Sonrió con verdaderas ganas de hacerlo.
Porque por primera vez, sus labios tenían algo que festejar.
Dio media vuelta con cuidado y se detuvo a observar las perfectas facciones de la mujer que lo acompañaba. Tan pequeñas, delicadas, tan inocentes, tan perfectas.
Colocó un pequeño mechón rosa a un costado para poder observarla con mayor lujo. Por supuesto volvió a sonreír.
Ella era simplemente todo lo que alguna vez hubo soñado, era de un color diferente a todo lo que conocía. Como si el egoísmo de la vida escondiera tan hermoso resplandor para su propia satisfacción, privando a miles de miradas de tan exquisita visión.
Y él era el afortunado, él era quien podía conocer y ver de cerca tan perfecto brillo.
La tomó con cuidado entre sus brazos y se rindió a aspirar el perfecto aroma que su pequeño cuerpo emanaba.
-A fresas…
Cuidó de no volver a caer dormido, no aceptaría la posibilidad de terminar ese momento.
-Nunca sentí necesidad de decir algo así… -comenzó, vacilante-, sinceramente, siempre creí que era iluso y patético, pero por sobre todas las cosas esclavizante. Pero ahora me doy cuenta que es mucho más que todo eso, quizás estuve toda la vida totalmente equivocado porque…
Cesó un momento, dudaba verdaderamente qué era lo que lo llevaba a hablar con el cuerpo dormido de aquella mujer.
Y entonces lo supo. Era necesidad. Necesitaba decírselo.
-Porque amar es hermoso… y yo te amo, Sakura. Te amo como no recuerdo haber amado a nadie… te amo por ser mi única esperanza de felicidad, molesta.
Sonrió sin poder evitarlo. Mierda, se estaba tomando aquello de costumbre.
Y entonces una pequeña vibración en su bolsillo derecho lo distrajo completamente. Tardó unos segundos en entender que su teléfono móvil estaba intentando comunicarle que alguien lo llamaba.
-Uchiha Sasuke –saludó, cuidando no alzar la voz.
-Uchiha-sama –comenzó la secretaria-. Ya están aquí los inversionistas de Green y me extraña que aún no haya llegado, ¿Ha sucedido algo? Su padre dijo que le avisara cuanto antes, que no ha dormido en su habitación esta mañana.
Frunció el ceño, Fugaku no tenía por qué andar comentando su vida privada a sus empleados. Además, no le gustó para nada el tono demandante que utilizaba la secretaria, como si le debiera algún tipo de explicación.
Un segundo, un segundo… ¿Green? Sí, era una empresa de perfumes sumamente conocida y con una enorme importancia a nivel internacional, y, si sus neuronas no le fallaban, tendría una reunión con ellos el miércoles al mediodía…
- ¿Uchiha-sama?
- ¿Green? –indagó.
Su vista voló instintivamente hacia el reloj de la pared: doce y media.
¡Mierda!
-En seguida voy –aseguró.
Colgó el móvil y se levantó apesadumbrado, cuidó de no hacer más ruidos de los necesarios y ordenó a su cuerpo dirigirse al deportivo y correr hasta la empresa… suspiró, después de todo, ya estaba llegando tarde.
… por primera vez en su vida.
OoOoOoOoOoO
- ¡Esa es perfecta! –la voz de Hinata sorprendió al rubio.
Al rubio y a la vendedora, quien también sonrió ante la emoción de la muchacha.
- ¿Estás mucho más sensible, verdad? –susurró.
-El médico dijo que es lo más normal, además, Naruto-kun ¿Quién no sentiría tanta felicidad ante una manzana tan perfecta como ésta? –miró con esplendor la susodicha fruta.
-Bien, tomando en cuenta que aún conservas tu antojo, ¿Estás segura que es esa la que quieres? Te amo mucho, pero no volveré para cambiarla… otra vez.
-Sí, aún lo conservo ¿Por qué no lo haría?
-Bien, pasaste los primeros veinte minutos reeligiendo entre las rojas y las verdes, y luego los siguiente quince en comprobar la forma de cada una ¿No es suficiente para querer algo de helado?
- ¿Helado? ¡Si! Se me antoja uno de chocolate, pero no cualquier chocolate debe ser…
El Uzumaki suspiró. Ahí estaba su primera semana.
-Quiero un kilo que incluya ésta manzana –dijo, hacia la vendedora-. Quédese con el vuelto.
La muchacha sonrió y la azabachada se colgó de su brazo.
Reemprendieron camino, mientras la de ojos perla de daba fin a la suculenta fruta.
- ¿Seguro que no quieres?
-Creo que no querré volver a ver una manzana en los próximos veinte años, Hinata –sonrió, divertido.
La joven hizo un mohín de enojo que, más que intimidarlo, se le antojó de lo más tierno a su prometido.
-Prometiste no dejar que tu hijo nazca con cara de comida, así que ahora no te quejas.
-Lo sé, y no romperé esa promesa –rió.
La joven lo miró, deleitándose ante el semblante de su prometido.
-Ino debe estar esperándonos –apuntó el Uzumaki.
-Sí, mejor démonos prisa, quiero poder terminar con todos y cada uno de los detalles de la fiesta.
Los ojos del rubio resplandecieron.
Sakura tendría un buen festejo para aquella fecha que tanto odiaba celebrar, y la pelirrosada volvería a sonreír. Porque se lo merecía.
Y porque, como su mejor amigo, había prometido no permitir que el dolor volviera a acercarse a ella. Nunca más.
OoOoOoOoOoO
Hacía ya más de quince minutos que permanecía así. Y lo sabía.
Más de un cuarto de hora en los que se mantenía inmóvil, con los músculos tensados y con la determinante decisión de no moverse ni un ápice.
Y eso no significaba que Haruno Sakura tuviese delirios de una estatua de piedra, sino que se había propuesto firmemente no efectuar ningún movimiento que hiciese peligrar la veracidad de aquel momento.
Aquel momento en que se encontraba en su casa, tendida sobre una cama de su pertenencia, en un lugar estrictamente privado (suyo) y aún saboreando el potente y perfecto matiz de su aroma en el ambiente.
Volvió a cerrar los ojos, casi sintiendo en su mente la sensación que su simple presencia causaba en ella. Su cuerpo tan cerca, su aliento contra su nuca y su palpitar a escasos centímetros.
Y ahora no había excusas para impedir que la felicidad llenara su cuerpo, ya que no había sido un sueño tantos hermosos momentos. Primero él se había preocupado (algo no muy usual en el Uchiha) luego la había llevado a su casa para protegerla, después había accedido a pasar con ella la noche, como una pareja romántica ¡Eso tenía que significar algo!
No se haría en la cabeza el cuento de que ambos se amarían hasta el final de los tiempos, ni tampoco que el azabachado correspondía exactamente todos y cada uno de los sentimientos que a ella la embargaban, pero de todos modos, aquello ya alcanzaba para ser feliz.
Llevó su vista hacia el reloj, eran ya las dos de la tarde ¿Tanto había dormido? Algo en el fondo de ella no se sorprendió de aquello, el sol que se filtraba por la ventana delataban que ya había pasado el medio día.
¿Pero aquello importaba?
Por supuesto que no.
Se levantó perezosamente y se incorporó en la habitación, se lavó la cara en el cuarto de baño y se propuso recordar dónde había dejado su ropa la noche anterior. Al ver que no se encontraba a los pies de la cama, presumió que la mucama la habría guardado por la mañana… quizás Sasuke había pedido que la atendieran.
Frunció la nariz en aquel momento, mientras un escalofrío trepaba por su columna vertebral. Por un lado, no quería volver a vivir aquellos excéntricos lujos de los que había sido presa la mejor parte de su vida… pero era tan dulce que el témpano de hielo Sasuke-kun hiciera algo así que no podía evitar sentirse halagada.
Se dirigió hacia el armario, por ser el lugar más evidente donde podría guardarse la ropa.
Se exaltó cuando algo dentro de aquel impecable mueble de madera cayó al suelo al abrir sus puertas. Llevó sus ojos hacia el objeto, identificándolo como un portarretratos.
Se mordió el labio inferior tras descubrir el vidrio hecho añicos en el suelo, procuraría pedir disculpas por aquello. Se agachó y lo tomó con cuidado de no lastimarse…
… y entonces la vio.
La fotografía que acompañaba aquel cuadro.
Montañas nevadas como el perfecto paisaje.
Diversión.
Un clima perfecto para esquiar.
Una hermosa pareja disfrutando aquel exquisito entorno.
Sus labios fundidos en un precioso beso.
Tan estéticos.
Ella rubia, él moreno.
Ambos hermosos.
Hermosos juntos.
Juntos como deberían estar.
Juntos como estaban entonces…
Una punzada inevitable se hundió en su pecho, aquella imagen debía de ser cuando ellos estaban comprometidos… sin embargo, se veían tan bien juntos. Él no acaparaba la atención en la fotografía, ya que la despampanante belleza aristocrática de la Smith también llamaba la atención. Era como si… si se complementaran.
Levantó la vista, y otra leve punzada volvió a clavarse en su pecho.
Algo estaba mal.
Había un error.
Aquel armario estaba lleno.
Lleno de ropa de mujer.
De minifaldas extravagantes que quedarían hermosas en un par de bronceadas y torneadas piernas, de musculosas que sabrían resaltar la voluptuosidad de cierta rubia. Era como si… como si fuese el armario de Tania.
Y que nadie pregunte por qué Tania, y no cualquier otra mujer.
Un agujero se instaló en su estómago.
Y entonces, deliberadamente, la puerta se abrió tras su espalda.
Giró de forma instintiva, y la rabia dominó entonces su torrente sanguíneo.
- ¿Sakura? ¿Qué haces por aquí? -preguntó, extrañada.
-Tania, ¿Nadie te ha enseñado a tocar la puerta, para respetar la privacidad ajena? –escupió.
La rubia frunció el ceño, desentendida.
-Sí, lo sé, pero no es algo que haga muy seguido al entrar en mi habitación.
- ¿T-tu habitación?
-No en el sentido estricto de la palabra, es mi alcoba en casa de osito ¿Por qué?
Le tembló la garganta mientras asimilaba la información, y entonces se vio sin el aliento necesario para emitir alguna respuesta coherente.
Entonces la rubia suspiró, como resignada.
-Ya le he dicho que lleve a sus amigas a otra habitación, que ésta es mía, pero siempre dice que mientras más me recuerda, mejor la pasa –bufó, como exasperada-. Ojalá entendiera que por ahora sólo somos amigos.
Y un terrible vuelco hizo estragos en su corazón.
-O-oh –atinó a articular.
Se enderezó y, casi por acto reflejo, se encaminó con cierta prisa hacia la puerta.
-Disculpa –le dijo, para luego continuar por el corredor.
Dejó que las lágrimas se escaparan de su rostro sin oponer mayor resistencia, y, acabado el pasillo, echó a correr.
Tenía una leve idea de hacia dónde dirigirse, pero no era el hecho importante en aquellos minutos. Había dormido en la cama de Tania, en la cama más sucia que debía existir en aquella mansión y él… él había disfrutado del morbo de la situación.
Después de todo, ella había caído.
Caído como una ilusa.
Caído ante el plan del Uchiha.
Chocó contra lo que parecía ser una persona en aquella huída desesperada.
-Perdón –articuló, para reanudar la marcha.
Pero una mano tomó su muñeca.
- ¿Qué sucede? –su voz era grave y varonil…
-Suéltame –ordenó, ¿Qué hacía Sasuke allí?
Oh, claro, era su casa.
-Tranquila –volvió a decir.
- ¡Te dije que me soltaras! No vuelvas a poner un dedo sobre mi, ¡Entendido! –estalló, con la mirada en el suelo. No permitiría que él le viera llorar.
Llorar por él.
Y entonces una elegante y sonora risa dominó el ambiente. Subió la vista, desentendida, al distinguir tanta diversión.
-No soy quien crees que soy –y entonces reparó en el aspecto del muchacho.
Alto, buen mozo, de rasgos varoniles y su cabello azabache recogido en una coleta.
Sintió la pigmentación cubrir hasta el más ínfimo poro de su rostro.
-Oh, d-disculpa yo…
- ¿Eres amiga de mi hermano, verdad? –indagó, con una sonrisa.
Lo miró con duda.
-Lo siento, no me he presentado. Un placer, soy Uchiha Itachi –comenzó, depositando un suave beso en la mano de la pelirrosada-, el hermano mayor de Sasuke-chan.
Dolieron aquellas palabras, ¿Tan común era que llevara a sus amigas?
-Y tú eres…
-S-sakura, Haruno Sakura –articuló.
- ¿Itachi Uchiha? –una voz a su espalda los distrajo-. ¿Itachi Uchiha entablando conversación? Ja, eso sí que no me lo creo.
Y entonces un rubio de cuerpo atlético y ojos azules se acercó a ellos.
-Mph, la muchacha resulta ser divertida –contestó, encogiéndose de hombros.
-Vaya, acabas de entrar en el libro de récord mundiales, hiciste que Uchiha sonriera antes siquiera de decirle tu nombre –volvió a hablar, aplaudiendo y con suma diversión.
-Tsk –gruñó ahora el moreno.
-En fin, mi nombre es Deidara y como podrás imaginar, soy amigo del androide aburrido que ves aquí –enfatizó, señalándolo.
La pelirrosada dejó escapar una leve sonrisa.
-Haruno Sakura –se presentó.
-Bien Sakura ha sido un placer conocerte, resultas muy bonita y divertida –se sonrojó ante la confianza del rubio-, espero que podamos vernos pronto, sucede que ahora Itachi estaba por comenzar con lo que había venido a hacer a Japón.
El aludido bufó.
-Nos vemos –volvió a saludar el de ojos zafiro.
-Adiós –contestó ella, a ambos muchachos.
Observó cómo los jóvenes se alejaban y suspiró, ahora que volvía a recordar qué es lo que hacía ella en la mansión Uchiha. El dolor volvió a dominar su cuerpo, pero con mayor tranquilad. Llevó sus pasos hacia la salida y casi le sonrió al mayordomo cuando salió del lugar.
Y nuevamente un enorme agujero llenaba su pecho.
Se había prometido no caer ante el Uchiha, y ahora entendía el precio de romper promesas…
-Naruto –susurró.
Sí, ésa era la respuesta.
Él siempre había sido su respuesta, quien la contenía, quien la instaba a seguir y no dejarse derrumbar, quien le arrancaba una sonrisa en los peores momentos, en quien podía confiar la vida. Naruto.
Fue recién en la tercer calle que se dio cuenta que lo que llevaba puesto era una camisón, bufó y se ruborizó antes de tomar el taxi más cercano. Necesitaba pensar.
Necesitaba anular a aquel desgarrador músculo que la había llevado al borde del delirio y volver a dar poder a sus neuronas, poder para que volvieran a llevarla hacia su eje. Llevarla lejos del dolor, lejos de la desilusión y del sufrimiento. Lejos de Sasuke.
-Lejos de Uchiha –se corrigió, mientras entraba en su departamento.
Y ahora sí, en la penumbra de su privacidad, las lágrimas podían escurrirse por su rostro sin prejuicios morales.
Tomó el teléfono y sus dedos marcaron casi por inercia.
Era verdad, estaba destrozada. A penas podía controlar sus sollozos y no podía creerse tanta desilusión junta…
Pero no volvería a llorar por el Uchiha después de aquel día.
Era una promesa.
OoOoOoOoOoO
Había sido extraño conocerla.
Sus certezas se habían vuelto un manojo de dudas, sus convicciones se transformaron en simples caprichos y sus más frías anécdotas en cálidos recuerdos.
Había sido extraño no darse cuenta en aquel primer momento la mala idea que fue no conseguir antes una secretaria, ya que ahora podía ver claramente en sus lunas jade la forma en la que logra hipnotizarlo.
El sabor de sus labios era ahora su única y más fiel adicción, y ya casi no entendía porque es que no lograba controlarse en su presencia. Controlar aquellos instintos suicidas de probar su prohibición.
Pero más precisamente, en lo que su mente divagaba en aquel preciso momento, es en que había sido extraño lo acontecido la noche anterior. Como si los cuentos de hadas verdaderamente existieran.
Había sido como la mismísima perfección asomando su rostro para poder contemplarla con adoración. Como si el destino hubiese querido regalarle una merecida revancha a su existencia… era la mismísima felicidad acariciando sus mejillas.
Felicidad que no había conocido nunca… ni siquiera con Tania.
Curioso, la joven Smith no había mencionado para nada a su secretaria… sabía que en el fondo ella siempre sintió algo especial por él, y ahora como buena amiga entendía aquella situación.
Sí, es conciente de que la mujer es una maldita bastarda embustera, pero vamos, después de todo él también lo es.
O lo era.
Era extraño, pero ya no sentía su alma tan sucia, sus intenciones tan desviadas o su avaricia a flor de piel. Su egoísmo no signaba sus acciones y su soberbia encontraba, increíblemente, fronteras.
Pero lo más curioso del asunto, es que todo aquello le agradaba.
No lo admitiría, no señor, pero le agradaba.
Más allá de desorientarlo, le agradaba.
Se volvía cursi y estúpido, y le agradaba.
Cambiaba su frigidez por poeta empedernido, y le agradaba.
Dejaba su mueca por sonrisa de galán mal pagado, y le agradaba.
La amaba, y, ¡Maldición, le agradaba!
Irónicamente, amarla le daba el leve sentido a su vida, del que siempre careció.
Sí, así de patético se sentía… y le agradaba.
Y, créase o no, estamos hablando del Todopoderoso Sasuke Uchiha.
¿Y qué es lo que estaba haciendo?
Sus pensamientos lo llevaron al currículum de la muchacha, quien le informó al azabachado que se encontraba a escasos dos días de su cumpleaños.
Y quería figurar de alguna manera en aquella fecha tan importante para la pelirrosada.
Nunca creyó verse envuelto en la penosa situación de tener que regalar algo a una persona. Mejor dicho, de comprar algo por sus propias manos en lugar de las de su secretaria de turno… pero aquella vez quería hacerlo.
Le daría a su secretaria el mejor de los obsequios… el único problema, es que no sabía cuál podría ser.
Cuando era pequeño, era la anciana Kaede quien le ayudaba a hacer lo más preciosos obsequios a la persona que más amaba en el mundo, y luego se regocijaba con la enorme sonrisa que Mikoto le regalaba tras un tímido "Feliz cumpleaños"
Pero ahora, Kaede estaba de viaje para pasar tiempo con su recién nacida nieta, y no quería molestarla por aquella situación.
Y entonces alguna suerte de lamparita se encendió en su cabeza: Naruto.
Y como si hubiese sido por arte de magia, justo en aquel preciso momento la puerta de su oficina se abrió, dejando entrar a cierto rubio.
Sonrió, tenía tantas cosas que contarle.
Sin embargo, el semblante preocupado del recién llegado hizo que el moreno frunciera el ceño.
- ¿Qué sucede? –interrogó, mientras su amigo se sentaba y apoyaba los codos sobre el escritorio.
- Sakura –dejó escapar, con la mirada perdida.
- ¿Qué le sucede a Sakura? –volvió a preguntar, con preocupación.
-Es que… desde ayer por la tarde que no aparece. La busqué por todos lados, no está en su casa, no está donde Ino ni con Gaara… intenté hacer la denuncia, pero me dijeron que hasta pasadas las veinticuatro horas no puedo hacer nada –agregó, desesperado.
Tragó pesado.
-Naruto, no te preocupes…
- ¡¿Que no me preocupe?! , ¿Qué estás diciendo? Sakura podría haber sufrido algo horrible y no puedo hacer nada, ni siquiera sé dónde está –agregó, exasperado y fuera de control.
-Ella está en mi casa –dejó escapar, escrutando en las reacciones de su amigo.
- ¿Qué? –inquirió, escéptico.
El moreno se levantó de la silla y se dirigió hacia el enorme ventanal, perdiendo en la ciudad su mirada.
-Ella pasó la noche en mi casa, y está complemente a salvo…
Y entonces sintió las fuertes manos del rubio tomándolo del cuello de su camisa. Observó, complemente desentendido, las reacciones desencajadas de su amigo.
-Mira Sasuke, yo sé muy bien qué es lo que haces con las muchachas. Sé que cuando te encaprichas con alguien no te detienes hasta verla suspirar por cada gesto tuyo y luego simplemente, buscas otra diversión. Sé que las mujeres no te interesan y no se han ganado tu respeto… pero te advertí que ésta vez, hablamos de Sakura Haruno, y no tienes permitido agregar su nombre en tu lista.
No atinó a responder, jamás había visto esa reacción en el pacífico Uzumaki.
Apretó el cuello de su camisa.
-Tú eres mi mejor amigo, y lo sabes. Sabes cuánto me importas y cuánto te aprecio, pero Sakura es mi hermana menor y la amo demasiado como para dejar que la corrompas y que sea tu muñeca, ella no lo merece y tú no la mereces a ella… no permitiré que ensucie tus sábanas Uchiha, y estoy hablando en serio, aléjate de ella.
-No voy a lastimarla, lo prometo –aseguró, empujando al rubio.
-Más te vale…
Y en aquel momento un sonido los distrajo a ambos. El sonido del celular de Naruto, para ser más exactos. Atendió impaciente al ver el nombre en la pantalla.
-Sakura…
Y entonces, tras los sollozos desesperados de la joven pelirrosada, las facciones del rostro del rubio se desfiguraron…
Hello, ¿Qué tal?
Sinceramente, no fue un chap que me haya deslumbrado y tranquilos que el malentendido va a solucionarse, ya que en realidad la situación apunta a otra cosa n.n jajaja
Como verán, estoy regresando a la puntualidad xD y tengo especulado lograr mantenerme en ella. Por otro lado, de verdad me sorprendí cuando vi los más de 350 reviews! de verdad, agradezco muchísimo su apoyo y su interés por esta historia, y espero no desilusionar sus espectativas n.n
Oh, no vaya a ser que lo olvide... ¡Itachi! La idea original, era incluirlo antes del décimo capi, pero nuestro querido Itachi ha tenido que esperar un poco más. No va a ser un Itasaku, como quizás alguien piense (así que no especulen con ello) pero sí podríamos decir que va a resultar como pieza interesante en su relación.
En fin, mejor dejo de parlotear. Que tengan todos una muy bonita semana y nos leemos de nuevo el próximo domingo.
¡Bessos!
Hanako-14
