Uchiha Corporation

.-.

- ¿Mi jefe? Es un cerdo machista licenciado, un precoz espécimen de macho ególatra y subdesarrollado con necesidad de adulación constante, ¿Qué puede tener de atractivo?

-Saku, es obvio, su tra...

-¡Ino-cerda!

Sasusaku

Sin más preámbulo, los personajes pertenecen a Kishimoto-sama, por supuesto y muy a mi pesar

.-.

Capítulo anterior:

-No voy a lastimarla, lo prometo –aseguró, empujando al rubio.

-Más te vale…

Y en aquel momento un sonido los distrajo a ambos. El sonido del celular de Naruto, para ser más exactos. Atendió impaciente al ver el nombre en la pantalla.

-Sakura…

Y entonces, tras los sollozos desesperados de la joven pelirrosada, las facciones del rostro del rubio se desfiguraron…


Relativamente cómplices

-Sakura, tranquila –susurró-. ¿Te ha pasado algo? –preguntó entonces, con la preocupación signando sus palabras.

El moreno, por su parte, frunció el ceño y prestó peculiar atención a la charla de su amigo.

- ¿Segura que estás bien?, ¿Y entonces por qué lloras?... Sakura sé que no eres alérgica a las flores así que no me mientas, ¿Estás en tu casa?... ya veo, estoy yendo para allá, tranquilízate, pronto estaré ahí…

Vio cómo las facciones de Naruto se relajaban.

-No tienes nada que agradecerme, y lo sabes. Procura tranquilizarte y espérame diez minutos, te quiero.

Y, tras aquello, se dio por finalizada la charla telefónica.

-No sé qué le ha pasado, pero si por algún motivo eres el culpable de ello lo sabrás.

-Cállate usuratonkachi, deja de decir estupideces… te dije que nunca la lastimaría –volvió a hablar, con seriedad.

-No tienes un historial que me aliente a creerte, teme –contraatacó.

-Pero ésta vez tengo una buena razón para hacerlo.

Amarla.

-Mira, Sasuke –continuó, recobrando la tranquilidad-. Sé que sueles deshacerte de esta manera de tus secretarias, pero ésta no es la ocasión.

Si supiera que sin ella no vivo…

-Naruto yo…

yo la amo.

TOC-TOC

Frunció el ceño al sentir el sonido de la puerta.

-Adelante –soltó, frustrado. Debía hablar con Naruto lo antes posible.

Y entonces entró en aquella oficina un hombre de porte atlético, vestido en un traje negro que resaltaba sus afiladas pupilas azabaches, mientras su cabello lucía atado en una coleta.

- ¿Qué haces aquí? –preguntó, cortante.

-Ototo, ¿Vas a decir que no me extrañaste? –inquirió con sorna.

La tensión se respiraba en la sala, y el rubio aprovechó la oportuna situación para desparecer del lugar.

-Sal de mi oficina o te sacará Seguridad.

-Tranquilo, vengo a hablar de negocios.

-No tengo nada que negociar contigo.

-Nuestra madre no opinaba lo mismo.

Y las palabras del joven Itachi, produjeron en su hermano un vacío que caló hasta lo más hondo de su pecho.

- ¿Qué tiene que ver mamá en todo esto?

- ¿Tomamos asiento? –su pregunta era afilada.

Sasuke frunció el ceño y acató la proposición.

-No vine aquí a pelear contigo –aseguró-. Como dije, vine a hablar de negocios, a rever las situaciones que me quedaron pendientes hace doce años.

- ¿Sabes? No tienes derechos de decir esto, no tienes derecho sobre la empresa ni sobre la familia…

-La ley no opina lo mismo que tú, y lo sabes –lo interrumpió-. No me hagas las cosas más difícil, ototo, no vine a por ti… sino por Fugaku.

- ¡Ja! Qué ingratitud escucharte decir eso. De todos modos, sería una linda escena ver a mi padre saboreando el dulce aroma de su hijo predilecto apuñalándolo por la espalda.

- ¿Su hijo predilecto? Mph, no creo que tengas planeado ir contra tu padre, Sasuke.

-Siempre fuiste su preferido, su orgullo. Inclusive cuando se fue mamá, no dejaste de ser la luz de sus ojos… hasta que te fuiste, y él decidió no ver nada más.

- ¿Quedaste resentido por mi partida, verdad?

El menor de los Uchiha dejó escapar un gruñido.

-Eras lo único que me quedaba entre aquellas paredes –soltó, con amargura.

-Lo sabía, pero algunas situaciones de la vida son más fuertes que los propios deseos… y tú eras muy pequeño como para llevarte conmigo.

Los ojos de Sasuke brillaron por un efímero segundo.

- ¿Pretendías llevarme contigo?

-Por supuesto que lo hubiese hecho, pero te repito, eras menor… y además, debo admitir que me hubiese dolido privar a Fugaku de su último atisbo de familia.

-No pareció dolerte privarme a mí de aquello.

Y por un breve instante, los ojos del siempre frío Itachi Uchiha refulgieron de un matiz de dolor.

-No fue esa mi intención…

-Sí, llevo los últimos doce años tratando de convencerme de eso.

-Siempre intenté hacer lo mejor para ti.

-Murió mamá y me enteré de aquello diez meses después, ¿La tortura psicológica estaba incluida en aquellos planes, Itachi?

-No tenía el valor para contarte lo ocurrido…

- ¿Y con eso alcanza? Tenía siete años, ¡Siete! Sabía que algo estaba sucediendo, y de un día para el otro, Fugaku siquiera me dirige la mirada, parecía invisible a los ojos del mundo…

-No a los míos.

-Pero los tuyos no tardaron en viajar a Australia y mantenerse allí sin la más mínima de las explicaciones durante los últimos doce años.

- ¡Por supuesto que hay explicaciones!

-Por supuesto, abandono de hogar… tenías dieciocho, era totalmente legal.

-Fugaku me echó, no fui yo quien se fue por propia voluntad.

Los ojos del menor se dilataron de la sorpresa.

- ¿T-te echó?

-Tenía un sueño diferente al que él aspiraba para mí… y me dio a elegir: o aceptaba mi destino o me exiliaba. No tardé en decidirme.

- ¿Y ahora quieres venir por la parte monetaria que perdiste en el asunto?

-En parte. Sólo digamos que mis expectativas necesitan de Uchiha Corporation, y he venido a ocupar la parte que me pertenece.

- ¿Así que tendré que entregarte mi escritorio?

-Si fueras otra persona, no tardaría dos días en hacerte abdicar y ocuparlo yo mismo. Pero no, no he venido a eso.

-Mata mi intriga –invitó.

El aire fue perdiendo la tensión a la que había llegado.

-Vine a… a tomar la parte de las acciones que me corresponden... y a hacerme cargo de ellas.

OoOoOoOoOoO

-¿Y para qué has hecho eso? –preguntó la voz de una castaña.

-Porque la muchacha resultaba estar convirtiéndose en toda una molestia, debía quitármela de encima –contestó la rubia, cruzándose de piernas.

-Pues yo no estoy de acuerdo con lo que has hecho, eso es jugar sucio.

-Dicen que en la guerra y en el amor todo se vale, Eriko.

- ¿Y resulta que ahora empiezas a creer en todo lo que dicen?

-Mira, lo cierto es que Sasuke ha cometido un error al olvidar que hace tres años, cuando estábamos comprometidos, usualmente me quedaba a dormir en aquella suite. Y los errores se pagan caros. Todo lo que tuve que hacer fue colocar su ropa en el armario y el portarretrato de forma tal que cayera al primer movimiento.

- ¿Y en qué se ha equivocado la pobre chica?

- ¿La cabello de chicle? Ha cometido el error más grande de todos: creerme. Nunca haría algo como lo que ella hizo, a penas pronuncié dos palabras y había creído en todas y cada una de ellas… Como si la estúpida no se diera cuenta del amor en los ojos de Sasuke cuando la mira, cuando se acerca –frunció el ceño.

- ¿Envidia?, Ja-ja-ja –pronunció-. La alta y delgada, la perfecta cabellera rubia y los profundos ojos zafiro de Tania Smith están celosos de la pequeña y nada voluptuosa, cabellos de chicle Sakura Haruno?

-Ya cállate, no estás siendo mi amiga de ésta manera.

-Sabes mejor que yo que Sasuke te ha olvidado, de hecho, lo acabas de admitir ¿Por qué no dejas que sean felices?

-Él será feliz, feliz conmigo… como tuvo que haber sido desde un principio.

- ¿Siempre lo amaste, verdad?

-Fue el primero con quien no me acosté por interés –soltó, con amargura.

-Sé que te dolió ser un juego en su vida, a tu corazón y a tu orgullo.

-Mph, él siempre creyó que también para mí ha sido un juego, procuré que así fuera… no permitiría que agregara mi nombre a su lista. En su vida fui especial, fui diferente… pensé que con eso alcanzaría.

- ¿Y si te limitas a amarlo de una forma más pura? No quiero ser tu cómplice en esto.

-Sería renunciar a él, además… ya lo eres.

La castaña suspiró, después de todo… Tania no cambiaría.

OoOoOoOoOoO

- ¡Es igual que todos! –el grito de la muchacha sonó como una queja desgarradora.

El rubio por su lado, se limitó a acariciar la mejilla de su amiga, quien se encontraba acostada a un lado de él, y apretar su puño izquierdo.

-C-creí en él –dejó escapar, mientras una lágrima furtiva la traicionaba-. De verdad creí en él.

-Lo sé, Sakura, lo sé… -volvió a decir, mientras secaba las lágrimas de la pelirrosada.

Y entonces el sonido del timbre los distrajo a ambos.

- ¿Puedes ir tú?

El joven asintió y salió de la habitación.

Dolida.

Traicionada.

Lastimada.

Estúpida.

Así se sentía la Haruno en aquellos precisos instantes, mientras recordaba el sabor del tacto del Uchiha sobre su piel, la exquisitez de su presencia, el inigualable sonido de su voz.

Su imperfecta perfección.

Y ahora, después de haber desahogado ante su amigo aquella pena, debía admitir que se sentía mejor. Aunque aquel dolor seguía instalado en su pecho.

- ¿Quién era? –preguntó, cuando el rubio hubo regresado.

Y entonces el jade de su mirada reparó en el enorme ramo de rosas rojas que Naruto traía en sus manos.

-Supongo que son de Gaara –dejó escapar, entregándole también una tarjeta.

Gaara.

Él había sido el primer motivo de sus desvelos cuando joven, su primera ilusión, su primera sonrisa no forzada después de años de no dibujar ninguna. Y lo había amado, de eso estaba segura. Estuvo segura en aquel momento, y su seguridad perduró los siguientes tres años de su partida…

hasta que lo conoció a él.

La muchacha tomó la nota dentro de la carta.

-Te traeré algo para tomar –sonrió el rubio, en vano intento de levantar su animo-… y arreglaré un par de asuntos con mi amigo –masculló luego, a lo que Sakura por supuesto no oyó.

Observó el impecable sobre que acompañaba el ramo.

Era como siempre, fondo blanco y tinta roja.

La firma de su antiguo prometido decoraba el pie de la pequeña carta, y entonces se dispuso a leerla:

"Hace tres años te despedí en un aeropuerto, hace tres años el destino nos obligó a separarnos y no supimos cómo ir contra él, cómo pelear por nuestra felicidad. Y ésta es la primera piedra con la que no me permitiría caer dos veces… porque te amo, Sakura.

Siempre tuyo, Gaara"

Frunció el ceño, claramente había algo que no estaba entendiendo.

Y entonces fue cuando vio que detrás de aquella pequeña tarjeta se encontraba otro papel. Un papel con datos grabados, un papel con una fecha impresa. Un boleto.

Boleto a Nueva York.

OoOoOoOoOoO

Perfecto, y ahí estaba Itachi.

En su casa.

Metiéndose sin permiso, en su vida.

En sus asuntos.

En su empresa…

Era verdad, como hermano mayor, siempre necesitó de aquel moreno y desde niño el mayor de los Uchiha fue un pilar muy importante, especialmente después de la partida de la única mujer que había amado, por la cual había llorado ríos de lágrimas.

Pero un día, sin importar nada, simplemente se fue.

Sin decir a dónde.

Sin decir por qué.

Se fue como se había ido Mikoto, sin decir adiós y sin tener planeado regresar.

Y entonces quedó solo. Y aprendió a querer a la soledad.

No como compañera, no como amiga, no como hermana. Como estrategia apta para ya no sufrir la pérdida de alguien que amara. Para ya no sentir aquel profundo vacío en su pecho, para ya no ser devorado por el más desgarrador de los dolores: la ausencia.

Y ahora él era un hombre diferente al pequeño y frágil Sasuke que Itachi había conocido antes de irse, y suponía que su hermano también sería una persona sumamente distinta. Un completo desconocido.

Desconocido en el cual no volvería a confiar tan fácilmente, y más si dicha persona tiene las intenciones declaradas de usurpar parte de la empresa que tanto trabajo les había costado llevar a la cima.

No volvería a poner su cariño en aquel traicionero, no volvería a sufrir. Ahora su coraza estaba armada, ahora era indestructible…

o casi.

Porque por ejemplo, ahí estaba él, viendo cómo el servicio doméstico lo recibía cual rey retornando al palacio… no como el traidor que verdaderamente era. Deshaciéndose en bienvenidas y sonrisas (pícaras por parte de las muchachas, cómplices las de los jóvenes) mientras él pasaba como si de un fantasma se tratase. Nadie se inmutaba siquiera.

Frunció el ceño, después de todo, era él quien llevaba viviendo allí los últimos veinticinco años.

-Creo haberte indicado ya que los papeles que buscas están en a oficina, no entiendo tu insistencia por venir aquí –soltó, indiferente.

-Simplemente porque ésta es también mi casa, Sasuke-chan –contestó con cierta frialdad.

El menor apretó los dientes.

-Pareces molesto, ototo. Sinceramente, pensé que te alegrarías más de verme.

-En realidad, esto es una gran fiesta sorpresa y debo hacerte creer que no te quiero –ironizó-. Sino lo arruinaría todo.

-Dime, ¿Y vendrá la muchacha que estaba hoy en casa?

Sasuke arqueó una ceja.

-No creo que no la reconozcas, tenía el cabello rosado.

Y entonces los oscuros y ahora afilados ojos del menor de los hermanos, resplandecieron a la tenue luz del lugar, al momento en que los allí presentes terminaban de dispersarse y el joven apretaba inconcientemente los puños.

-No eres estúpido. No voy a repetírtelo dos veces. No te acerques a ella.

- ¿A Sakura-chan?

- ¡Ni la nombres! –rugió-. Sakura es una mujer que vale más que nadie en este mundo y tú un bastardo traidor que regresó con hambre de dinero, no permitiré que tu simple presencia la ensucie Itachi, y estoy hablando en serio –continuó, gélido.

-Vamos, no te exasperes, después de todo tú tampoco eres como quien dice el príncipe azul e inmaculado de los cuentos.

Vio como su hermano dibujaba una suerte de mueca.

-En estos últimos doce años, entendí que no me gusta repetir las cosas –escupió, para luego darse vuelta y emprender camino a su habitación.

-De acuerdo, iré a la empresa a por los papeles –sentenció el otro moreno, saliendo de la sala.

Suspiró y dirigió sus cansados pasos hasta su cuarto, necesitaba estar solo. Necesitaba pensar. Necesitaba hablar con ella.

Porque desde la noche anterior, no había tenido ni la más mínima noticia, siquiera un llamado, una carta, una señal de humo… nada.

Y eso, evidentemente, no era una buena señal.

Abrió la puerta mientras dejaba escapar un suspiro, de verdad lo había desorientado la repentina reaparición de Itachi en su vida. Porque desde que se había ido, las cosas fueron mucho más difíciles, los dolores más intensos, las derrotas más frecuentes, las sonrisas escasearon. Porque en tan pocos años había perdido lo que más amaba en su vida, porque ya no tenía siquiera una familia.

Sólo un entero desconocido que decía ser su padre, pero que no decía nada más.

Y ahora, como si nada, en menos de dos semanas, tenía todo de cabeza. Aquella barrera de defensa que se había impuesto para evitar volver a sufrir se veía sucumbiendo ante la simple presencia de cierta pelirrosada, su mejor amigo parecía estar por enfadarse con él, y su hermano regresaba de la mismísima nada.

¿Cuándo perdió las riendas de su había? ¿En qué momento había dejado de tener el control de la situación?...

Oh, claro, cuando la conoció.

Cuando la vio delante de sus ojos y la confundió con una vendedora.

Cuando arremetió en su contra y recibió ironías.

Cuando comenzó a conocer la maravillosa persona que era.

Cuando entendió que no había mujer más hermosa que ella.

¡Ella!

Era ella evidentemente la culpable de todo.

De que flaquera como flaqueaba entonces, de no tener la fuerza suficiente para afrontar aquella situación… Ella.

Mentira. Sino fuera por ella, él no tendría un motivo por el cual sonreír, ella era el pequeño as de luz entre tantas nubes, ella era su ángel de salvación, su camino hacia la felicidad.

Entró a su habitación, frunció la nariz al descubrir la luz de su recámara encendida.

-¿Qué haces aquí? –preguntó, al ver al rubio sentado sobre su cama.

Y entonces, sin siquiera recibir respuesta por parte de su amigo, éste se levantó y volvió a tomar el cuello de su camisa, empujando su cuerpo hasta la pared… Demonios, ¿Qué estaba sucediendo? ¿Qué era esa expresión en el rostro de Naruto?

- ¿Qué demonios…?

-Pensé que había sido claro –escupió, conteniendo la rabia.

- ¿Qué mierda haces, dobe? –preguntó, complemente desentendido.

- ¿Qué hiciste tú? ¿Dónde demonios estaba tu sentido común? ¡Te advertí que no te metieras con ella!

-Explícate de una condenada vez –exigió, empujándolo con fuerza.

-La usaste, como a todas Uchiha –no podía creer el ver a su pacífico amigo en semejante expresión de furia-. ¡Te dije que no lo hicieras!

Hablaba de ella, estaba seguro.

- ¡No hice nada! –gritó.

- ¿Que no hiciste nada? –repitió, acercándose y con los puños apretados.

Sasuke, por su lado, se hizo a un costado disimuladamente e intentó poner en orden sus ideas.

-Nunca le haría nada malo.

- ¡Ya cállate, infeliz! , ¿quieres saber una cosa? Lo lograste, mira, te aplaudo –ironizó-, has logrado hacer llorar a la persona que más tiene merecido ser feliz, y es lo que está haciendo en este preciso momento, llorando inocentemente por un imbécil que por supuesto no lo vale, llorando por una mierda que no le importó lastimarla, llorando por ti, Uchiha –volvió a escupir.

¿Era ese Naruto? Indagó sus ojos entre el desentendimiento y el temor, esto iba mal. Tragó pesado cuando llegó a atisbar un destello rubí en sus orbes, uno del que nunca había sido testigo.

-Naruto yo…

Vacilar. Sí, vacilar no era una buena idea, pero era la única alternativa a la que atinó a apelar, vacilar.

Él era su compañero, su consejero, su amigo, su cómplice.

Ellos reían juntos, ellos se ayudaban cuando la ayuda era necesaria, el rubio solía demostrar su cariño, el moreno buscaba disimularlo más.

Ellos eran como hermanos.

¿Qué mierda estaba sucediendo?

Y entonces, antes de poder seguir analizando ideas en sus pensamientos, antes inclusive de continuar con su insulso balbuceo, y mucho antes de lograr comprender aquella insensata situación, fue que sintió en su mejilla izquierda, el ardiente dolor que desembocó en un pequeño hilo de espeso líquido rojo escarlata rodando por sus labios.

Fue que sintió aquel potente golpe, propinado por el puño de su amigo.

OoOoOoOoOoO

- ¿¡Y ahora qué!? –el gritó de la rubia exaltó a los allí presentes.

Kakashi suspiró, Fugaku observó exasperado la habitación.

-Me ha contado Naruto lo sucedido, y aún no he tenido el valor de hablar con Sakura –volvió a decir, completamente culpable.

-Tsunade, tranquilízate –pidió Kakashi.

- ¿Que me tranquilice? –preguntó, incrédula-. ¡Naruto tenía planeado destripar a Sasuke! Estaba furioso, colérico… sólo le había visto así una vez, y fue hace tanto tiempo que lo había olvidado.

- ¿Sabes exactamente lo que sucedió? –preguntó Fugaku.

-No, a penas sí entendió el balbuceo constante de Naruto, estaba más preocupado pensando en cómo darle a Sasuke su merecido que en relatarme la historia.

- ¿Tanto quiere a Sakura? –volvió a inquirir el moreno.

-Sakura fue desde siempre como su hermana menor –contestó Kakashi-. Siempre la ha cuidado como a tal, inclusive se mantuvo pendiente de ella la vez que Haruno le prohibió juntarse con el rubio… también yo lo recuerdo colérico, pero no tanto.

-Repito, ¿Y ahora que?

-Ahora habrá que esperar –decidió Hatake-. Ahora sí habrá que confiar en las manos del Destino.

Fugaku suspiró, Tsunade terminó en un único movimiento el pequeño vaso de sake.

OoOoOoOoOoO

Verdaderamente, no sabía con exactitud qué hacía allí.

Era como entrar en la boca del mismísimo lobo… claro que tenía una ventaja.

Sabía que el lobo no estaba en su cueva. Y ésa era simplemente una de las ventajas de ser su secretaria.

Pero a pesar de saber que Sasuke solía irse temprano los jueves, no contaba con el valor necesario como para entrar allí y presentar su renuncia.

Después de todo, aquello sería lo más coherente.

Alejarse del Uchiha, ¿Qué más sino? Porque estaba segura que hasta al más devoto del masoquismo le parecería la mejor solución. La más aceptable. La más productiva. La más dolorosa.

La mejor.

Se acomodó mejor aquel sofisticado piloto obsequio de Ino y se dispuso a entrar, había prometido ya que aquel edificio no lograría atormentar ni por un solo segundo su seguridad.

¿Pero qué podía hacer? Hubo sólo un pequeño momento en su vida en el que se sintió grande y segura, invencible. Que se sintió con poder a todo, que se sintió feliz. Y aquello había sido entre sus brazos.

Suspiró, había tomado aquella decisión, y ya no se arrepentiría. Dio el primer paso…

- ¿Qué haces aquí?

Una voz sonó a sus espaldas. Se giró, extrañada.

- ¿Itachi? –preguntó, intentado recordar el nombre de aquella persona.

Fuerte, seguro, de facciones aristocráticas y porte innato.

igual que su hermano.

- ¿Venías a ver a Sasuke, Sakura? –indagó.

La joven bajó la mirada y sintió el dolor que aquel nombre le causaba.

-Estás peleada con él, ¿Verdad? –preguntó, casi preocupado.

Meneó la cabeza, aún sin levantar la mirada.

-Entonces él te hizo algo malo –ella permaneció inmóvil-. Ya veo… -suspiró-. Verás –la llamó, tomándola del mentón y haciendo que lo viese-, pensé que mi hermano había crecido en estos últimos años, pero veo que no.

-Él simplemente eligió por algo que a mi me hacía mal –lo defendió.

Mierda.

Él la engañaba, la ilusionaba, se reía de ella, le mentía en la cara, la utilizaba y la traicionaba. Él la usaba como el as en su manga vacía.

Y ella lo defendía.

Lo defendía cómo si de verdad tuviese razones válidas para aquello, como si esa traición fuese justificable.

Mierda.

-Mira, ha de ser muy estúpido si eso fue lo que hizo. Le importas mucho.

-Sí, también creí eso –dibujó una pequeña mueca.

El moreno pintó entonces una sonrisa enigmática.

-En serio, puede asegurarte que de verdad le importas… hasta me animaría a decir que te quiere como a nadie –la joven abrió los ojos de la sorpresa-, lo que sucede es que suele equivocarse y puedo hasta imaginar lo que hizo… pero, ¿sabes? si Sasuke hace cosas estúpidas, si Sasuke lastima a quien no lo merece, tú no debes huir de Sasuke. Sasuke debería recibir una buena lección, y eso es todo.

- ¡Ja!, ¿El Todopoderoso Sasuke Uchiha? Seguramente estará riendo de mi estupidez…

-Lo dudo, pero dudo también que esté madurado… como debería hacer –volvió a dejar escapar un leve suspiro-. Mira, ya es de noche y no pretendo retenerte más tiempo… pero creo que lo que Sasuke necesita es un poco de su propia medicina.

La pelirrosada lo observó, aquella idea sonaba de lo más intrigante y tentadora.

- ¿Qué debo hacer?

-Demuéstrale que no es lo más importante en tu vida, que tiene el riesgo de perderte para siempre –contestó el joven.

- ¿Cómo?

-Mph, ignóralo a veces… Dale celos –dijo, a lo que la joven dibujó una pequeña sonrisa.

Aquello sonaba bien.

Muy bien.

- ¿Darle celos?

-Con otro hombre –respondió, parecía de lo más divertido con aquella situación.

- ¿Otro hombre? –la muchacha arrugó la nariz, no tenía a nadie en mente.

No podía pedírselo a Naruto, sería desleal. No le diría absolutamente nada a Gaara, sería antimoralita.

- ¿Con quién? –preguntó, como para si misma.

.

.

La joven dibujó una pequeña sonrisa, ¿Había oído bien? ¿Itachi Uchiha había dicho eso?

No, no podría ser posible. Definitivamente, aquello era perfecto, era el cielo abriéndose en un día nublado y regalándole a ella y sólo a ella un pequeño as de luz para calentar su ya entumecido cuerpo.

Le demostraría a Sasuke Uchiha que ella valía mucho más de lo que él creía, que era una mujer con todas las letras, haría que en estos dos días que le quedaban en Tokio, el Uchiha delirara su nombre. Y sería hasta entretenido, el plan de Itachi era muy bueno. Era tentador. Era divertido. Era jugar con fuego… era arriesgarlo todo, era la posibilidad de ganar.

Podría conseguirlo, estaba segura.

Sí, Sasuke, serán cuarenta y ocho horas de lo más divertidas…

Después de todo tenía un plan, y tenía cómo hacerlo. Tenía un objetivo, tenía lo medios perfectos…

¿Con quién? –preguntó, como para sí misma.

Conmigo –contestó, grave y seguro.

...Tenía un cómplice.


¡Hello! ¿Qué tal?

Vale, no he solucionado la situación, como quien dice en el sentido literal de la palabra "resolver" pero si lo hacía, le quitaba el humor a los siguientes chaps, y no pude vencer a la tentación! Como dije, no va a ser un Itasaku, y (si nos las modifico) quizás no les guste del todo mis argumentos para aquello (bien, a las más pervertidas seguro van a caerles bien) pero es lo que la historia necesita n.n jajaja

Me pareció de lo más tierno poner así a Naruto, el rubio es todo un amor ¿Quién no quiere tener un amigo así? Arg! Ojalá y si existieran los hombres así. Oh por cierto, ¿Tiene audiencia masculina Uchiha Corporation? De verdad me gustaría saberlo de ser así. Por lo que, chicos, ¡Háganse notar! jaja

Mph, ¿qué más decir? Subí en término (y llegué por poco) pero llegué. Porque, por cierto, tengo otra idea rondando mi cabeza (pero es para cuando termine este fic) y no lo sé, me pareció interesante y me gustaría saber su opinión, por lo que mejor dejo de parlotar y les dejo el summary ;)

Espero que tengan una hermosa semana y nos leemos el domingo siguiente,

¡Bessos!

.

Era un reto fácil. Simple. Sin mayores complicaciones. Nada que la joven Haruno no pudiese resolver, sólo era un mes de convivencia… "-No lograrás atormentarme, Sasuke-kun"… ¿Verdad?

.

¿Comentarios al respecto?

¿Lo merece?

-Hanako14-