Uchiha Corporation

.-.

- ¿Mi jefe? Es un cerdo machista licenciado, un precoz espécimen de macho ególatra y subdesarrollado con necesidad de adulación constante, ¿Qué puede tener de atractivo?

-Saku, es obvio, su tra...

-¡Ino-cerda!

Sasusaku

Sin más preámbulo, los personajes pertenecen a Kishimoto-sama, por supuesto y muy a mi pesar

.-.

Capítulo anterior:

Después de todo tenía un plan, y tenía cómo hacerlo. Tenía un objetivo, tenía lo medios perfectos…

- ¿Con quién? –preguntó, como para sí misma.

-Conmigo –contestó, grave y seguro.

...Tenía un cómplice.


Sentimientos inevitables

- ¿Y cómo estás tan seguro de que me quiere? –indagó, confundida.

-Sólo digamos que a lo largo de la vida uno termina conociendo a su ototo incluso más de lo que le gustaría –soltó el moreno.

La pelirrosada, por su lado, lo miró confundida.

Y es que Uchiha Itachi era un hombre de lo más intrigante. Tenía sus momentos de seriedad absoluta y algunos instantes de sonrisas efímeras pero profundas…

Era como un mar de secretos, como tener un por qué para todo. Para cada risa y para cada seriedad, un por qué el cual no tenía obligación de confesar a nadie.

Y de hecho, no lo hacía… y aquello lo volvía más intrigante todavía.

- ¿Quieres más café? –preguntó la muchacha, al recordar ser una buena anfitriona.

-No, gracias –contestó el joven-. ¿Sabes? Te agradezco que hayas aceptado ayudarme.

- ¿Ayudarte?

-Sí, tenemos un plan muy ingenioso, pero cada cual motivos diferentes para llevarlo a cabo.

-Entonces yo también debería agradecerte –sonrió la de ojos jade.

-Lo único que quiero pedirte es que… de todos modos hables con Sasuke.

- ¿Para escuchar qué? ¿Que no tengo los ojos de Tania? ¿Que ella es mejor que yo? Déjalo, estoy lo suficiente segura de que no es así como para ir y ponerlo en duda.

-Mira, sé qué es lo que ha sucedido y puedo asegurarte que todo esto fue una suerte de mal entendido –suspiró-, pero yo no soy quién para contarte algo así y tú deberías hablarlo con mi hermano. Pero…

La Haruno lo observó, analizando cuidadosamente sus palabras.

-Cuando él te cuente la verdad, sabrás que es completamente inocente de todos y cada uno de los cargos de los que lo acusas.

Sus ojos se dilataron por la sorpresa.

-Sí, él es inocente. No te usó, ni te traicionó, ni nada por el estilo. Pero sin embargo, nosotros tenemos pactado un plan…

-Y no quieres que retroceda por eso –lo interrumpió, sonriente.

¿Así que su Sasuke-kun era inocente?

Inocente…

Inocente…

- ¿Lo prometes?

-Lo prometo.

Su respuesta fue segura, cargada de emoción.

- ¿Puedo hacerte una pregunta? –inquirió, con la felicidad signando sus facciones.

-Adelante…

- ¿Crees que a Sasuke le haga bien que yo esté cerca?

-Sí, definitivamente te quiere mucho.

No tardó en responder, pero tampoco lo hizo con entera seguridad. Y entonces el Uchiha dibujó una pequeña sonrisa que haría temblar la confianza de cualquiera, y apuntó sus eternas pupilas hacia la muchacha.

- ¿Puedo ahora preguntarte yo algo? –casi siseó, afilando sus facciones.

-Claro –contestó.

- ¿Por qué mencionaste que sólo podrías ayudarme por cuarenta y ocho horas?

La muchacha bajó la mira, indecisa.

- ¿Prometes mantenerlo en secreto?

-Por supuesto.

-Tengo un pasaje a Estados Unidos para el domingo en la mañana, me lo regaló un viejo amigo, un viejo amor… invitándome a ir con él –soltó-. Había decidido acompañarle, alejándome así de Sasuke pero…

-Pero ahora no sabes qué hacer –completó el moreno.

-Así es.

-Ya veo. Bien, entonces empecemos con un plan intensivo, querida Sakura-chan –dijo, guiñando un ojo.

Sakura, por su lado, indagó en sus pupilas azabaches, encontrando en ellas un mar de convicciones…

OoOoOoOoOoO

-Entonces…

-Entonces fue un estúpido mal entendido, dobe –finalizó áspero.

El rubio desvió la mirada de su amigo y pasó su mano derecha enredando sus cabellos. Nervioso. Avergonzado.

-Perdona, teme –soltó, al ver a su amigo limpiando su labio inferior.

-Mph, ¿Qué no te ha parecido preguntarme antes de zamparme semejante golpe? –inquirió, como indignado.

-Pues, es que verla a Sakura-chan de esa manera me ha roto el corazón, y digamos que las neuronas pasaron a tomar un papel secundario.

-Nada nuevo para ti –contestó con sorna-. ¿Así que también debería hablar con Sakura?

-Creo que sería lo mejor, si es que tienes algo importante que decirle –continuó, más seguro-. No la ilusiones con imposibilidades, Sasuke… ella no lo merece.

-Bien, ya has desconfiado de mí una vez, ¿Vale? Ahora tengo mi derecho a exigirte que no lo hagas.

-Dijiste tener un buen motivo por el cual no lastimarla, ¿Verdad?

-Lo tengo –confesó, alejando el hielo de su boca.

- ¿Cuál?

La pregunta de Naruto tensó notablemente el ambiente, dividiéndolo en dos. Por un lado, un rubio expectante y arrepentido, curioso. Por el otro, un moreno debatiéndose entre la verdad y la mentira, entre confesar o guardar para él aquellos vulnerables secretos.

Entonces el Uchiha dibujó una pequeña mueca torcida y desvió la mirada.

-Te dije toda mi vida que el amor era una mera cursilería que sólo creaba debilidades, y es eso lo que sigo pensando –dejó escapar.

El Uzumaki frunció el ceño.

- ¿La idea de la charla es volver a mostrar mi desacuerdo con aquella opinión?

-No exactamente –continuó-. Más bien es decirte que… que últimamente me siento más cursi y vulnerable que nunca, ¿Sabías?

Naruto lo apuró con la mirada, ¿A dónde demonios pretendía llevarlo?

-Vamos dobe, ¿Necesitas que te lo dibuje? Sakura es la mujer más hermosa e inteligente que haya conocido jamás. Es fría y es dulce, es sincera y perspicaz, es fuerte y a la vez parece tener la eminente necesidad de ser protegida. Ella es perfecta, lo he visto.

El destello zafiro de sus orbes se dilató de sorpresa.

-Sí, así es… yo… yo la amo, dobe, la amo con locura.

OoOoOoOoOoO

- ¡Esto es perfecto! –chilló, emocionada.

- ¡Cálmate Ino, todo el mundo nos mira! –pidió la azabachada.

-Pero míralo, es simplemente perfecto… sé que a Sakura le encantará –sonrió.

-Sí, lo sé, pienso igual que tú y sin embargo estoy segura de que aún en Australia no se han enterado.

-Ya, no seas tan amarga Hinata –pidió restándole importancia al asunto con un además de sus manos.

La joven Hyuga suspiró.

-Mejor apurémonos, está anocheciendo y si seguimos así, las cosas no estarán listas para mañana en la noche.

-Debes relajarte o le hará mal al bebé, además tenemos todo muy bien controlado –la de ojos zafiro torció el gesto, era uno triste-, excepto…

- ¿Excepto qué? –inquirió.

-Excepto Sakura, Sakura y sus sentimientos. Me he quedado realmente mal luego de lo que ha comentado Naruto… además, sonaba eufórico, habrá problema entre esos dos Hinata, y eso sólo va a lastimarla más –suspiró.

-Tranquila, he hablado con Naruto antes de alcanzarte aquí en la tienda –le dedicó una sonrisa cómplice-. Lograron solucionar las cosas, Sasuke le explicó al hiperactivo indomable de mi novio lo sucedido, aunque él no me contó la historia –hizo un pequeño puchero-, pero aparentemente resolvieron sus asuntos, es por eso que Naruto no está aquí con nosotras.

La rubia sonrió y alzó una ceja, ¿qué tenía eso que ver?

-Es que Sasuke le ha dicho que le debía una, y ha querido cobrársela, luego simplemente me dijo que era probable que no estuviera disponible en toda la tarde –explicó.

Ambas sonrieron.

-Entonces sí, todo está muy bien controlado…

OoOoOoOoOoO

- Así que, ¿Todo esto fue por una confusión? –preguntó, con el sabor amargo en la garganta.

-Digamos que después de todo, Sasuke sí merecía algo de credibilidad y confianza de nuestra parte… algo como no sé, preguntarle acerca de lo ocurrido, ¿Verdad?

-Sí, soy una perfecta idiota que se deja engañar por arpías rubias.

-No voy a negártelo –río el de ojos zafiro.

- ¿De verdad le pegaste? –preguntó, con preocupación.

-Tranquila, no es nada que el Todopoderoso Uchiha no pueda superar… y más con los cuidados de la enfermera Haruno –bromeó, divertido ante el tono carmesí en las mejillas de su amiga.

- ¡Naruto! –se quejó, lanzándole un almohadón.

-Ya, sólo pretendía ahorrarle la historia… -confesó, lo cual era verdaderamente cierto: conocía al Uchiha. Y él jamás le confesaría a la pelirrosada que sería incapaz de lastimarla porque la amaba con locura y… podría crearse otro mal entendido.

-Muchas gracias, Naruto-kun –sonrió la joven.

-No tienes de qué, es bueno que todo vuelva a estar en orden.

El rubio terminó su bebida y la colocó sobre la mesa, dispuesto a marcharse.

-Oye, por cierto Sakura…

- ¿Si?

- ¿Tú que sientes por Sasuke?

Se tensó. Se sonrojó. Se trabaron las palabras en su garganta.

Y desvió la mirada, mientras sentía sus mejillas coloradas.

Escuchó entonces una pequeña risa de su amigo.

-Sí, lo supuse –agregó-. Por cierto, ¿Harás algo por tu cumpleaños?

-Naruto-kun, mi cumpleaños es en dos horas y no, no tengo pensado hacer nada. De lo contrario lo sabrías, ¿Verdad?

- ¿Y por qué no harás?

La pregunta la tomó desprevenida.

Cuando cumplió diecinueve había dicho no porque estaba harta de grandes celebraciones.

A los veinte no quiso, ya que su vida estaba desarmada y no pensaba tener algo por lo que festejar.

A los veintiuno tenía a las personas que más amaba en América, y se limitó a ver películas con Hinata e Ino.

Y a los veintidós… Ahora que sí quiere alguna celebración, ahora que tiene la ferviente seguridad de tener aunque sea un motivo por el cual levantar la copa en su honor, ahora que las personas que más ama están con ella, cerca… ahora, ¿Por qué su cumpleaños pasaría desapercibido?

-Está bien, te comprendo, Sakura –se adelantó-. De todos modos, tengo una campaña fotográfica mañana en la noche, así que pasaré a saludarte por la tarde…

-No hay problema, supongo que saldremos con Hinata e Ino.

-Humm, me suena a que Ino tenía mañana reunión de Directorio… pero no esto seguro, pregúntale a ella.

-Oh, bueno… siempre está Hinata –apuntó.

-Sí, creo que pensaba pasar contigo mañana –volvió a sonreír.

-Muchas gracias por todo, Naruto-kun –le dijo, abrazándolo.

Sonrieron y se dirigieron hacia el umbral, abrió la puerta.

-Oye, Naruto –el joven estaba de espaldas.

- ¿Si?

Vaciló unos instantes, rodando la vista.

- ¿Crees buena idea que vaya a hablar con Sasuke? –preguntó a su amigo, cuando éste comenzaba a caminar.

-Creo que no hay mejor idea que vayas a hablar con Sasuke –contestó sin darse vuelta.

-Eso supuse –sonrió la joven.

-Entonces apresúrate, estás hermosa –le dijo, para luego dedicarle una sonrisa y salir del lugar.

Sonrió, Uzumaki Naruto era el mejor amigo que podría haber tenido. Cerró entonces la puerta y se dirigió a su habitación.

Se paró frente al espejo e indagó rápidamente en su imagen.

Sus sedosos cabellos caían en cascada sobre su hombro, mientras el destello jade de sus orbes resaltaba de tanta felicidad.

Se colocó una falda y una remera a juego, se decidió por algo de taco para regarle un poco de altura… aunque amaba ver qué tan alto era su Sasuke-kun. Dejó suelto sus cabellos y procuró acomodarlos bien, quería que él les regalara el toque salvaje, y a penas maquilló sus mejillas, después de todo, él les daría un teñido natural.

Sonrió al confirmar que se veía exactamente como ella quería verse, y entonces cerró el departamento y se encaminó hacia la mansión Uchiha.

Subió al primer taxi que pasó.

Le temblaron las piernas aún estando sentada.

Y un nudo se formó en su garganta.

Ya que ahora, ahora que no se encontraba escondida en la comodidad de su hogar, era que las interrogantes se podían ver de forma clara, ¿qué interrogantes? Bien, algo como…

¿Qué haré cuando llegue?

¿Qué pretendo decirle a Sasuke?

¿Debería pedirle perdón?

¿Cómo reaccionará?

¿Estará enfadado?

Y demás inquisiciones que merodeaban por su mente, recién logrando detenerse al sentir cómo el vehículo frenaba, estacionando en frente de una enorme residencia en cuyas rejas decía: "Mansión Uchiha"

- ¿Es aquí donde viene, señorita? –preguntó, extrañado.

-S-sí, ésa era la idea –tragó pesado y entregó al hombre el dinero.

Bajó del automóvil, ¿Y ahora qué?

OoOoOoOoOoO

-Tranquilo Uchiha, no hace falta que digas nada –se mofó la persona del otro lado del auricular.

- ¿Hablaste con ella? –preguntó, ignorando el tono de su amigo.

-Sí, se lo he explicado… ¿tú hablaste con Tania?

-La he llamado, pero no responde mis mensajes –dudó, casi no creía que ella hubiese sido la causa de aquel embrollo.

-Disculpa si sueno reiterativo pero…

-Sí lo sé, me lo dijiste –citó, exasperado-. Lo has repetido más de mil veces en las últimas cinco horas dobe, creo haber captado el mensaje.

Escuchó entonces la risa del rubio.

-Son las once uzuratoncachi, ¿Crees buena idea que vaya a saludarla?

-Ella siquiera imagina que sabes que es su cumpleaños, yo diría que mejor te quedes en casa, suele resultar un tanto más seguro para tu estabilidad emocional hablar antes con ella.

- ¿En casa? De acuerdo, entonces la llamaré.

- ¿Y qué tal si mejor dejas de adelantarte a las situaciones, teme?

El moreno frunció el ceño.

- ¿Entonces debo aparentar que no sé que cumple años?

-No, sólo quédate ahí y ya… además no ha sido una tarde inútil después de todo.

-Y te agradezco por ello –gruñó.

-Te lo debía, ¿Verdad?

-Va a encantarle –increíblemente, su voz sonaba ilusionada.

-Conozco a mi amiga, te aseguro que va a encantarle.

-Sí… esperan, están llamándome –Sasuke escuchó entonces la voz de una de sus empleadas, había pedido que le avisasen cuando su hermano regresara a la mansión, tenía cosas que hablar con el-. Bien, dobe, ha vuelto el traidor y tengo cosas que aclarar con él.

-Ni siquiera a ti te gusta llamarle así, no te obligues a hacerlo –apuntó.

-Mph, ¿Quieres alejarte algún tiempo de la psicología de Hinata? Estás que asustas.

-Ja, ja, ja, de acuerdo, tomaré ese apunte. Nos vemos mañana.

-Nos vemos –saludó, colgando el teléfono.

OoOoOoOoOoO

¿En qué tipo de delirio podría ocurrírsele aparecerse así de improviso?

Vio cómo la pequeña camarita de seguridad giraba directamente a su rostro, y casi podía sentir la mirada del oficial de seguridad del otro lado del vidrio polarizado de aquella cabina.

Tranquila…

- ¿Se le ofrece algo, señorita? –un hombre de porte musculoso y uniformado se le acercó.

-Yo… bueno, y-yo… ya sabe –tartamudeó.

¿Y qué más podía hacer?

Y entonces una pequeña bocina se escuchó a sus espaldas, haciéndola sobresaltarse.

Era un automóvil.

Perdón, era uno de esos monstruos último modelo, con un motor que rugía de mero ego y las luces de neón azules que resaltaban el tono plateado del vehículo.

Y era enorme, era imponente.

Sasuke…

Tanto el guardia como ella atinaron a hacerse a un lado al ver que la potente bocina quería pedir el paso para poder ingresar. Las rejas se abrieron.

El coche avanzó hasta quedar frente a ellos…

La ventanilla del piloto daba justo al colorado rostro de la Haruno.

Y sus piernas temblaron, obviamente.

-Voy a pedirle que por favor se retire –la voz del guardia sonó como un eco distante en sus tímpanos, ya que estaba demasiado ocupada observando la exasperante lentitud con la que aquella oscura ventanilla había comenzado a descender.

-Ella no va a retirarse, porque viene conmigo.

Y lo dijo aquella voz grave, potente, demandante.

Observó el filo azabache de sus pupilas y agradeció mentalmente su gesto.

-Sube –invitó, señalando el asiento del copiloto.

Pero, más allá de que su cerebro haya mandado la clara orden de aceptar lo invitado por aquel hombre, sus piernas parecían negarse a obedecer, clavadas en el aquel sitio de pura perplejidad.

-Vamos, no muerdo, Sakura-chan –sonrió de lado, luego observó a lo hombres allí presentes.

-Disculpe, Uchiha-sama… nosotros no sabíamos que ella… -comenzó el guardia.

-No hay problema –lo frenó, viendo entonces el cuerpo de la Haruno acomodándose en el asiento.

El aroma que se respiraba dentro de él era penetrante, profundo.

-Muchas gracias –le susurró la muchacha, mientras el auto hubo avanzaba hacia adentro.

- ¿Y se puede saber qué hacías por acá?

Y aquella pregunta que a cualquier otra persona le hubiese resultado atemorizante, a ella le sonó a confiada. Ya que, por más que parecía severa, por lo poco que le conocía, sabía que Uchiha Itachi no andaba preguntando esas cosas a desconocidos… a menos que fuera de su interés.

Y si eso era de su interés, entonces había confianza.

Confianza como para no inmutarse ante aquello.

-Pensaba hablar con Sasuke.

El joven rió sarcásticamente.

-Ya veo, a juzgar por tan angelical atuendo, no me cabe duda que venían a hablar –ironizó, comenzando a estacionar.

Sintió hervir sus mejillas.

-Este… b-bueno…

- ¿Conoces la historia?

La joven asintió.

-Al dejarte a ti, continué avanzando y me encontré con Tania… Y podría decir que luego de una pequeña tortura psicológica, la siempre astuta Smith casi terminó confesando.

-Puedes resultar muy perspicaz y persuasivo –apuntó.

-Quizás tengas razón, pero volviendo a lo nuestro, ya que estás aquí tan bien producida ¿Te parece iniciar con el plan?

- ¿Iniciar…?

-Sí, no será complicado. Tú sólo sígueme la corriente, ¿Vale?

- ¿Y qué piensas hacer? –se adelantó.

-En el fondo hasta te parecerá divertido, presta atención a las caras de Sasuke –le guiñó un ojo y bajó.

Itachi abrió la puerta de la muchacha y emprendieron camino hacia la casa.

Y entonces sintió la mano derecha del moreno cernirse alrededor de su cintura.

- ¿Pero qué estas…?

-Tranquila, sólo somos amigos, no voy a inventar nada relacionado con eso.

Lo observó, completamente desentendida y luego siguió los pasos del muchacha, quien aún tomaba su cintura y teñía levemente sus mejillas. Después de todo, por más que fuese por un simple trato, no estaba acostumbrada a semejante confianza de un desconocido.

Llegaron entonces a la puerta de la mansión, y en aquel preciso instante el mayordomo la abrió.

Itachi dibujó una sonrisa y se adentró con ella al vestíbulo.

-Ha sido una hermosa noche, Sakura-chan –le dijo, mirándola a los ojos y soltando una leve risita.

Ella también sonrió, después de todo el moreno sí tenía pensado mentir.

Y aquella puesta en escena resultaba de lo más divertida.

-Eres de lo más sorprendente, Itachi-kun –sonrió ella, haciendo honor a la verdad.

-Muchas gracias –dejó escapar él.

- ¿Itachi?

Y entonces una voz, quien era portada por un ceño bastante, bastante fruncido, irrumpió la actuación de la joven pareja.

-Ototo –saludó él.

-Creí haberte dicho algo –siseó, sin dirigir una mirada a la pelirrosada.

-Oh, sí, por eso procuré regresar temprano… debemos ver esos papeles –apuntó.

- ¿Y qué haces aquí con Haruno? –indagó entonces, gélido.

Y aquello dolió.

-Hemos salido a pasear, y como buen caballero, la he invitado a tomar algo en casa.

Y ahora sí, las filosas y cortantes orbes del azabachado repararon en el brillo jade de la muchacha.

Y en aquel preciso instante, sintió cómo su mundo se venía de cabeza, cómo sus convicciones se desplomaban y perecía todo aquello no relacionado con la eternidad y la hermosura de aquellos ojos oscuros, tan fríos y tan cálidos, tan seguros y temerarios… tan desafiantes.

Pero sintió su pulso desfallecer cuando en las asesinas pupilas del Uchiha atisbó un as de diversión, un as de creatividad, una idea que seguramente sería más interesante para él que para ella.

Tragó pesado.

Que Uchiha Sasuke pensara algo de aquella manera, era simplemente peligroso.

Para ella y para su salud mental, por supuesto.

Sintió cómo Itachi aferraba más su cintura, ante la mirada de su hermano.

Él también sonrió.

Los labios de ambos jóvenes curvados en una suerte de mueca amenazadora que hubiese hecho temblar a cualquiera. Menos a ella, claro está.

Ella estaba de lo más intrigada por aquel lenguaje secreto con que ellos parecían estar comunicándose. Era como un desafío silencioso, y habían aceptado el duelo.

Ahora sí tembló.

Aparentemente, ella era el premio.

-Como te decía, Itachi, por tu propia salud, no vuelvas a acercarte a ella –siseó, sin sacar la mirada de la pelirrosada.

- ¿Por qué? –indagó, con sorna y apretando aún más su cintura.

El menor de los Uchiha se acercó hacia ellos y tomó la mano de la muchacha, para luego acercarla a él bruscamente.

Por supuesto, Itachi soltó su agarre.

-Porque es mi mujer –contestó, aún sin dejar de observar únicamente los ojos de Sakura.

Quien por cierto, para aquel momento se encontraba en plena súplica desesperada a sus pulmones para poder continuar respirando tal y como necesita cualquier persona medianamente normal.

Y entonces (y sin previo aviso, muy fiel a su costumbre) una mano de Sasuke se aferró a la pequeña cintura de la muchacha, mientras que la otra tomó posesivamente su cuello y, acto seguido, sus labios estaban siendo atacados por los del Uchiha, quien parecía no querer dar tregua y probar todo lo que tenía a su paso.

Con ferocidad.

Sintió el sonrojo de sus mejillas.

Pero no pudo hacer más que pasar los brazos alrededor de su cuello y continuar con aquel juego que parecía gustarles a ambos.

Una aguda risa retumbó en la habitación, mientras se separaban.

-Creí que no lo habías superado, te juzgué mal hermanito.

-De hecho me habías juzgado bien, no lo había superado –aceptó, con una sonrisa de superioridad-. Pero digamos que en estos últimos días me di cuenta de una par de cosas importantes, como por ejemplo que debería romper la cara de todo aquel que la tocase sin mi consentimiento –aquello fue con sorna.

Algo que sorprendió al Uchiha mayor.

-Ototo, ototo, ototo –suspiró-. Mejor apela a las pocas neuronas que ésta mujer te ha dejado vivas y no atentes contra tu propia vida.

Y volvieron a dedicarse otra mirada.

Una parecía pedir perdón, la otra parecía aceptarlo. Ambos estaban agradeciendo.

-Creo que tienen cosas que hacer, mejor me dedicaré a dormir –soltó el mayor, dando vuelta y dirigiéndose a las escaleras-. Si es que ningún grito me lo impide –soltó, nuevamente entre la broma y la perspicacia.

-Entonces da por seguro que no podrás –contestó, a lo que ambos sonrieron.

La muchacha, por su lado, hacía su mayor esfuerzo por poner sus ideas en orden y que sus neuronas se dignaran a pasarle alguna teoría de lo sucedido, o por lo menos algún entendimiento de algo. Por ejemplo, ¿Por qué es que gritarían si…?

- ¡Sasuke! –chilló indignada, dando un golpe al brazo del muchacho.

Y él dejó escapar una leve carcajada, dejándola perpleja.

Era grave, era fuerte, era segura. Adictiva. Era el sonido creado para deleite de dioses.

¿Cómo podía ser que aquel hombre jamás sonriese si lo hacía con tamaña elegancia?

Observó cómo el hombre miraba el reloj y sintió seca la garganta.

-Ven –la llamó-. Hay algo que quiero mostrarte.

La tomó de la mano y la encaminó entre las salas y pasillos de aquella enorme mansión, la cual denotaba su lujo hasta en el más mínimo detalle.

Llegaron entonces hasta un gran ventanal cubierto por cortinas blancas, cuyos hermosos bordes dorados delineaban su perfección. Del otro lado se lograba ver el hermoso patio trasero del lugar, el verde sobresalía entre todos los colores.

Sasuke deslizó el ventanal corredizo y ambos salieron, quedando expuestos al ostentoso brillo de la luna, quien los bañaba con su tenue manto de luminosidad.

-Es hermoso –dejó escapar, anonadada con tanta belleza.

Los árboles, las plantas. Todo perfecto. Inclusive aquella enorme pileta de natación, quien entregaba al lugar aún más porte.

Se detuvo a observar el particular tamaño de aquella piscina.

-Itachi ha querido hacer natación de pequeño, y un entrenamiento personalizado era indispensable –explicó, encogiéndose de brazos.

La muchacha sonrió.

Y entonces sintió alrededor de su cuerpo la calidez de los brazos del Uchiha cerniéndose a su figura. La perfección de su tacto rozando su piel, el penetrante aroma de su perfume.

- ¿Sabes? –el aliento del joven chocó entonces contra el lóbulo de su oreja, arremetiendo contra lo último de cordura que a ella le quedaba-. Desde que era niño, más precisamente desde los siete años, había un sueño que me seguía, me atormentaba, no me dejaba dormir –se detuvo, apretando más aquel abrazo-; mejor dicho, era una pesadilla, la más horrible que podrías imaginarte. Al principio la soñaba todas las noches, después de dos años, sólo era de vez en cuando… pero en los últimos meses, he vuelto a tenerla de forma constante.

Volvió a detenerse, haciendo estremecer a la muchacha.

-Excepto en las últimas dos semanas –continuó, casi sonriendo-. Suena extraño y quizás hasta estúpido. De hecho, no sé qué hago contándote algo que quizás siquiera es de tu importancia… Pero creo que es justo que por lo menos te de las gracias, ya que me di cuenta que es desde que te conozco que aquello deja de atormentar mis noches.

Y entonces sintió cómo su pulso hacía el amague de detenerse ¿Qué estaba sucediendo?, O mejor, ¿Qué había sucedido con el témpano de hielo?

No importaba.

¿Cómo podría importarle si el hombre que amaba estaba reteniéndola entre sus brazos, confesando lo importante que era en su vida?

Simple, no podría.

-Claro que es de mi importancia –sonrió la joven, alejándose de él.

Entonces sus pequeñas manos se posaron en las mejillas del Uchiha, rozándolas con cuidado. Nunca creyó que su tersa piel fuese tan adictiva.

- eres de mi importancia Sasuke-kun –lo dijo en un susurro, haciéndolo estremecer.

La muchacha lo miró.

- ¿Tienes frío? –preguntó confundida.

Era verdad, las nubes amenazaban a llover, pero el día era el más caluroso del año.

-No –susurró, acercando su rostro al de ella.

Y entonces se escuchó el lejano sonido del reloj dando su primera campanada, anunciado la medianoche. Los labios del Uchiha se curvaron en una sonrisa.

-Feliz cumpleaños, Sakura –le murmuró, para luego rozar suavemente sus labios.

Un beso dulce, cargado de palabras y sentimientos. Cargado de amor.

La joven quedó desentendida después de eso, luego sonrió.

-Muchas gracias, Sasuke-kun –contestó, sin poder evitar el sonreír y abrazarlo con fuerza.

-Espera –la frenó, alejándola unos centímetros y llevando su mano derecha al bolsillo de su chaqueta. Saco una fina cajita alargada-. Feliz cumpleaños –volvió a decir, entregándosela.

La joven la tomó, aún desentendida ante semejante gesto del muchacho. La abrió con cautela y encontró dentro de ella una hermosa gargantilla de plata.

Era elegante y sofisticada, y su dije la dejó simplemente impresionada. Era una hermosa flor de cerezo, constituida por varios pequeños diamante rosados, los cuales brillaban a la luz de la luna.

-Es hermosa –dijo-. Pero no puedo aceptarla, Sasuke, es demasiado.

El Uchiha frunció el ceño.

-Por supuesto que no es demasiado –contraatacó.

-De verdad, no era necesario algo tan hermoso –volvió a decir, dibujando una sonrisa e intentando devolverle el obsequio.

-Pero yo quería regalarte eso, y de hecho fue sólo la gargantilla porque Naruto dijo que de lo contrario te enfadarías –gruñó, más para él mismo.

Ella rió.

-Además, ¿Vas a negarme el honor de colocarla en tu cuello?

¡¿Y cómo demonios pretendía el muchacho una respuesta positiva si utilizaba aquella sensualidad en sus palabras?!

Por supuesto que no contestó, como si tuviera en sus pulmones el aire suficiente para ello. En su lugar, asintió levemente y dio media vuelta, para luego levantar sus cabellos y dejar al moreno el paso libre para colocar aquella hermosa gargantilla.

Y luego de haberlo logrado, la pelirrosada sintió en aquella sensible zona el tacto de la lengua del muchacho. Algo que llevó los impulsos eléctricos de lleno a su columna vertebral. Algo que la estremeció. Algo que aniquiló el último atisbo de cordura con el que creía contar.

Y el joven no detuvo su caricia, sino que, por el contrario, pareció recobijarse al ver el efecto que había causado en ella, y continuó sin remordimientos con aquella húmeda tarea.

Ambas manos del Uchiha se colocaron en su cintura, mientras uno comenzó a subir lentamente, haciendo que los ya mencionados impulsos se duplicaran.

-Sasuke… -suspiró, lo que evidentemente pareció emocionarlo más.

- ¿Qué sucede, Sa-ku-ra?

Dios no podría contradecirlo, ¡aquello había sido un ronroneo!

Uno que, por cierto, hizo que el cálido aliento del muchacha chocara contra su cuello.

Y entonces, un pequeño amague de lucidez pareció asomar en la mente de la joven Haruno, recordándole que cada año sus amigas solían sorprenderla a las doce, yendo a su casa.

-Debo irme –dijo, separándose.

- ¿Qué sucede? –preguntó, frunciendo el ceño.

Buscó su cartera, ¿Dónde demonios la había dejado?

-Cada año pasan las chicas a saludarme, debo irme –volvió a decir, dando media vuelta y encarando la mansión.

Pero entonces se detuvo, al sentir cómo sujetaba su muñeca.

-Quédate, Sakura –se quedó sin aliento, ¿Se lo estaba pidiendo?-. Quédate, por favor –volvió a susurrar.

¡Se lo estaba pidiendo! Uchiha Sasuke, su jefe, el hombre que amaba por sobre todo en este mundo, estaba pidiendo que se quedara con él.

¿Quién de ustedes podría negarse? Si alguna responde que podría, sinceramente merece unas buenas felicitaciones, ya que en aquella situación la pelirrosada siquiera logró sopesar aquella vana posibilidad de negarse.

Por el contrario, entre su falta de neuronas y su acumulación de instintos, se abalanzó sobre él sin previo aviso, haciendo que éste cayera y que ella terminara sobre él.

Y lo besó, lo besó con la pasión que necesitaba regalarle.

Se separó recién cuando descubrió que esta vez, eran sus pulmones quienes le pedían que recordara el respirar.

Sasuke lucía sorprendido.

-Pareces cómoda –soltó.

-Lo estoy –aceptó ella.

¿Y cómo no estarlo? Si se encontraba cómodamente reposada sobre el bien formado pecho del Uchiha, sintiendo la calidez de su cuerpo y el embriagante aroma que éste destilaba.

Colocó su cabeza en su pecho, sintiendo los latidos de su corazón. Habían perdido el ritmo, él estaba sintiendo. Sonrió.

Sintió entonces cómo uno de sus fornidos brazos estrechaba su cintura, mientras la otra se dedicaba a jugar con sus rosados cabellos.

Y entonces cayó la primera gota.

Gota que, por cierto, desencadenó una lluvia espesa en el siguiente minuto.

-Vamos a mojarnos si continuamos aquí –comentó el joven.

Lo cual no era completamente cierto, ellos ya estaban mojados.

La muchacha se sentó, permitiéndole a él hacer lo mismo.

-No me importa –determinó, segura.

Y entonces, casi se arrepintió de aquello. Ya que al levantar la mirada, logró observar los oscuros cabellos del Uchiha pegándose contra su nívea piel de porcelana. Tan perfecta, tan tersa, tan apetecible. Pero aquello no fue lo que la hizo temblar, sino que, en el fondo de las eternas pupilas azabaches, aparecía algo que nunca había distinguido en aquellos ojos.

Era deseo.

-Vas a besarme, ¿Verdad? –preguntó sensualmente, él entendería aquel juego.

-Adivinaste –contestó, acercándose peligrosamente.

- ¿Para comparar mi sabor con el de ella?, ¿Para saciar tu apetito?, ¿Para matar tus dudas?... –a diferencia de aquella vez, ésta lo dijo de forma tranquila, calmada, incitante.

-Porque quiero besarte –contestó, haciéndola estremecer.

-Aléjate –invitó ella, recostando sobre la húmeda hierba su propio cuerpo.

El moreno sonrió, estaba entendiendo.

- ¿O qué? –preguntó, colocando su rostro sobre el de ella.

Su cuerpo, sobre el de ella.

-O tendrás tu merecido, Uchiha… o te alejas o tendrás tu merecido –en la noria aquello había sido verdaderamente un mal merecido, ahora el Uchiha sabía que de hacerlo, hasta reclamaría aquel merecido.

Pero a ella eso no le preocupaba, estaba segura que aquel sabor ya no era agridulce.

Sintió el pecho del joven rozando con el suyo, su aliento muriendo en su rostro, impidiendo que la lluvia llegara a ella.

-Dije que voy a besarte, Ha-ru-no –dijo.

Mierda, aquello se estaba volviendo una tortura ¡que la besara!

Y entonces, bendiciendo la buena memoria del muchacho, sintió cómo sus fuertes manos tomaban los brazos de ella y los colocaban sobre su cabeza, sujetados con fuerza sobre el pasto.

Y aquello era… incitante.

Sus cuerpos se pegaron aún más.

Y los labios del Uchiha volaron hacia el lóbulo de su oreja.

- Y me importa muy poco tu consentimiento –demonios, ¿Cómo podía tener tanta memoria hasta para los diálogos?-. Ya te lo dije, voy a besarte, y para no entrar en dudas estúpidas…

"Voy a besarte porque te quiero, Sakura"

Aquella parte de su discurso no podría olvidarla siquiera en un momento como ese, en el que estaba segura que su cerebro había dejado de funcionar por tiempo indeterminado. Cerró los ojos esperando que el silencio de Sasuke fuese llenado por aquellas dulces palabras.

Pero no fue eso lo que escuchó, no fue eso lo que el joven dijo. Abrió los ojos, sorprendida, mientas finalmente sentía la experta lengua del Uchiha explorando sin su consentimiento todo aquello que le entraba en gana, jugando con la suya como si con fuego se tratase.

Y se sintió feliz, sintió su corazón desfallecer y continuó con aquella caricia, que, segundo tras segundo, iba perdiendo la inocencia...

"Voy a besarte porque te amo, Sa-ku-ra"


¿Qué tal, gente linda?

Bien, queridos lectores y lectoras he aquí actualizando uno de los chaps que más me han gustado (sí, todos sabemos que es por el final) así que, a pedido del público (y de la autora, y de los personajes) y por una decisión unánime ¡Se lo dijo!

Simple y claro, por lo que no habrá malos entendidos después de esto n.n ¡Al fin! Por otro lado, la parte mala. Me han mencionado por ahí (y estoy segura de que es lo que muchos esperan) que no publiqué ningún lemmon, por más que determinadas situaciones se prestasen (como ésta, por ejemplo) pero lamente enormemente cometarles que no estoy en plan de llegar hasta eso u.u

Me gusta leerlos y hasta corregirlos como beta, pero no me creo capaz de escribri uno, perdonen

Pero, como siempre, hay parte buena, y es que los tortolitos están juntos y no pienso separarlos (por ahora) ni terminar la historia en las siguientes semanas (aunque no vaya a durar mucho más)

En fin, vuelvo a agradecerles de todo corazón sus comentarios y su apoyo! de verdad son incondicionales a la hora de escribir y hacer que esta historia crezca!

Y, antes de despedirme, un saludo a todas aquellas mamás alrededor del mundo. Para los que la tengan cerca y para quienes tienen que desearle de lejos un feliz dia, para quien le susurre eso al viento y para quien sepa que ella siempre lo acompañana. Ya que, al fin y al cabo, todos, absolutamente todos, somos hijos ¡Feliz día ma!

Que tengan una hermosa semana.

Bessos!

-Hanako14-