Uchiha Corporation
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- ¿Mi jefe? Es un cerdo machista licenciado, un precoz espécimen de macho ególatra y subdesarrollado con necesidad de adulación constante, ¿Qué puede tener de atractivo?
-Saku, es obvio, su tra...
-¡Ino-cerda!
Sasusaku
Sin más preámbulo, los personajes pertenecen a Kishimoto-sama, por supuesto y muy a mi pesar
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Capítulo anterior: Y se sintió feliz, sintió su corazón desfallecer y continuó con aquella caricia, que, segundo tras segundo, iba perdiendo la inocencia.
"Voy a besarte porque te amo, Sa-ku-ra"
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Sorprendiéndote
-Esta no es ropa como para ir a trabajar –se quejó-. Creo que mejor será pasar a cambiarme por el departamento.
El joven la observó con suspicacia, en cierto punto ella tenía razón.
La muchacha esperó una respuesta, parada del otro lado de la cama del Uchiha. Ya que esta vez, no habría lugar a confusiones. Esta vez, había dormido en la habitación de Sasuke.
Vio cómo el muchacho se acercaba peligrosamente a ella, sonrió por dentro.
-Ésta ropa te queda muy bien puesta –comentó, a centímetros de su rostro-. Pero insisto, quedarías mejor sin ella.
Sintió sus mejillas arder.
Y entonces la grave risa del moreno la distrajo.
-Tranquila, Cerezo –susurró, abrazándola por la cintura-. Ya te he dicho que sé que no eres como la mayoría de las mujeres.
Diferente.
Se había sentido una estúpida por haberse quedado dormida bajo la lluvia, rodeada por los brazos de aquel hombre, delirando las incoherencias de su presencia y soñando con la perfección de su tacto. Pero al despertar se dio cuente de que a él simplemente le había encantado. Porque había sido la primera, porque había sido única, había sido simplemente diferente.
- ¿Sabes? La primera vez que te vi no hubiese pensado que fueras tan dulce.
-Mph, la primera vez que me viste no lo era.
Se regocijó ante aquella respuesta y tomó sin avisos los labios de aquel hombre.
Supo que aquello le había gustado, ya que ahora sin previa advertencia, sintió su propio cuerpo contra la pared de la habitación.
-Feliz cumpleaños –le susurró, haciendo que su aliento chocara inescrupulosamente contra el cuello de ella.
-M-muchas gracias –atinó a contestar.
Y entonces sonó el móvil de la pelirrosada, quien, tras descubrir a penas se hubo levantado a su cartera en aquella habitación, había visto la buena cantidad de llamas perdidas que éste tenía.
Se alejó a regañadientes del Uchiha y atendió aquella llamada.
-Naruto –saludó.
- ¡Feliz cumpleaños Sakura-chan!
-Muchas gracias –sonrió.
-Oye, te he llamado durante toda la noche –regañó de forma más pícara de lo que ella hubiese esperado.
-Disculpa, pero digamos que he estado algo ocupada.
-Sí, justamente eso fue lo que imaginé –rió el rubio-. Las chicas se han dormido en tu departamento, fue de verdad gracioso su desconcierto cuando les dije que estabas bien.
- ¡Naruto! –reprochó, sonrojada.
-De todos modos estábamos algo preocupados, ya que por la noche Ino y yo estamos ocupados y queríamos saludarte personalmente.
-Humm, podríamos almorzar algo, ¿Qué te parece?
-Me parece perfecto –coincidió-. Yo invito, vayamos al restauran donde siempre solíamos ir.
-De acuerdo –aceptó ella.
-Oh, si quieres puedes invitar al teme que está contigo, por supuesto.
Y una oleada de sentimientos dominó su cuerpo.
-Está bien, voy a mencionárselo.
-Entonces les avisaré a las chicas, nos vemos –saludó, emocionado.
-Nos vemos, Naruto-kun –saludó ella.
Colgó la llamada y volvió la vista hacia el moreno.
-No vayas a trabajar hoy –propuso, pensativo-. Te puedo dejar en tu casa.
-Sinceramente no lo sé, tengo un ogro de jefe que podría enojarse –sonrió.
El Uchiha avanzó hasta ella.
-Vamos, apuesto a que resulta ser el mejor jefe que has tenido.
-Sí, pero sólo por el hecho de ser el único –contestó, esquivándole.
El moreno dibujó una leve sonrisa, no se había equivocado de mujer.
OoOoOoOoOoO
- ¡Brindemos! –gritó la rubia, emocionada.
- ¡Brindemos! –coincidió el morocho, con igual interés.
Ambos observaron a Kakashi, expectantes.
-De acuerdo, brindemos –suspiró, resignado y levantando su copa.
-Al fin y al cabo, sí resultó el plan –sonrió Fugaku.
-Sí, pero por poco –apuntó Tsunade.
-Pero ha dormido anoche en mi casa y eso ya es demasiado.
-Especialmente para mi sobrina, que no aceptaría algo así con cualquier hombre.
- ¿Qué acaso no estás contento, Hatake? –inquirió, observándolo.
-Por supuesto que estoy contento, estoy feliz por ellos. Porque ellos se ven felices.
-Y lo son –aseguró ella.
-Pero van a serlo más –agregó Fugaku.
- ¿Y si ya dejamos de meternos? Se aman, eso es suficiente…
- ¡Por supuesto que no! –chillaron al unísono.
-Tengo un muy buen regalo para el cumpleaños de Sakura –apuntó el mayor.
-Yo acabo de pasar a saludarla, a penas estaba llegando a su casa y venía con Sasuke –sonrió-. Me confesó lo mucho que le quería.
- ¡Brindemos! –volvió a exclamar el Uchiha, riendo.
Suspiró y levantó su copa, después de todo, por lo menos esta vez sí había un buen motivo para hacerlo.
OoOoOoOoOoO
Se miró al espejo y dibujó en su rostro una enorme sonrisa. Voló inmediatamente la vista hacia el reloj del comedor: las siete y media.
Volvió a mirarse en el espejo. Mierda, hacía mucho que no estaba tan de acuerdo con ella misma. Con su vestuario, con su estética, con sus pensamientos, con sus convicciones.
Con su vida.
Y entonces el sonido del timbre de su departamento distrajo su atención.
Lo único que le deprimía un poco aquella noche era el hecho de no poder brindar con la gente que más amaba, pero procuró que aquello no le causase mayor tristeza, después de todo había tenía un hermoso almuerzo con sus amigos y ya había recibido el hermoso regalo de la presencia de Uchi… de Sasuke, su Sasuke-kun.
Sin embargo, no se quedaría en casa aquella noche, ya que Hinata le había pedido si la acompañaba a un corto evento de la empresa familiar, y luego verían películas, engordarían con pochochos y reirían toda la noche. Hasta le había agradado tener que producirse con aquel hermoso vestido de tiritas color verde esmeralda, que relucía con gala su delicada figura.
Abrió la puerta del departamento, sorprendiéndose al encontrar del otro lado un enorme ramo de rosas.
La persona que las llevaba las hizo a un lado, dejando su rostro al descubierto.
-Gaara –saludó, confundida.
-Sakura-chan, feliz cumpleaños, ¿Te sorprendí? –dijo, dibujando una sonrisa.
-Sí, m-muchas gracias –le contestó-. Pasa.
Se dirigieron al comedor y la muchacha puso en agua las flores.
-Estás verdaderamente hermosa –dejó escapar, mientras ella se sentaba a un lado en el sillón.
-Muchas gracias.
-Te envíe un regalo, ¿Lo recibiste verdad?
Asintió con la cabeza, enfrentando el destello aguamarina de sus orbes.
-Sakura, tengo una pregunta que hacerte…
La joven tragó pesado.
- ¿Aun me quieres?
Lo observó estática ante aquella inquisición. Tan sincera, tan verdadera, tan dolorida.
-Gaara el hecho de que te quiera o no, no estuvo ni va a estar nunca en discusión. Porque desde un primer momento marcaste a fuego mi vida y aquel cariño no sólo no murió sino que permanece latiendo aquí –agregó, llevando su mano izquierda al corazón.
-Pero no de la forma en la que antes me querías, ¿Verdad? –ninguno desvió la mirada.
-Primero no te quiero, te amo –corrigió-. Pero como el amigo que siempre estuvo y está cuando se lo necesita, como la persona en la que sé que puedo confiar de forma incondicional porque hay un afecto imborrable; así como tú sabes también que voy a estar siempre y para lo que necesites, porque me importas y te quiero mucho, Gaara-kun –intentó seleccionar con cuidado sus palabras.
El joven asintió entrecortadamente.
- ¿Pasaste la noche con Uchiha, verdad?
La pregunta, evidentemente, la tomó desprevenida.
-Sí, pero no pasó nada de lo que probablemente estás pensando.
- ¿Él es tu novio? –preguntó, ésta vez a escasos centímetros de sus lunas jade.
-No –contestó, acomodándose en el sofá. No le mentiría.
Y entonces, sin darse cuenta de cuándo fue que aquello ocurrió, sintió sobre sus labios la presión de los del muchacho. Tímidos y dóciles al tacto, al roce que se producía en aquel momento. Roce que, años atrás, la habría hecho delirar.
Pero ahora lo entendía, por Gaara no era precisamente amor lo que sentía en aquellos años.
Borró inmediatamente aquella conclusión de su memoria.
-Gaara –lo interrumpió, con suavidad.
- ¿Lo quieres a él, verdad?
-Creo que es él con la persona con quien… con quien voy a estar, lo siento, pero no puedo engañarte con cosas que no son. De verdad quiero ofrecerte la mejor parte de mi, porque sé que cuando lo necesité, tú me diste lo mejor. Pero no quiero mentirte, engañarte no vale la pena… es mejor que no muera esta relación que tanto valoro.
El muchacho asintió sin enfrentar su mirada.
- ¿Sabes que te amo? –la pregunta volvió a tomarla desprevenida.
Asintió, mientras él miraba hacia el suelo.
-Ojalá y nunca lo olvides, entiendo tu decisión Sakura-chan, y por lo menos me alegra que hayamos sabido cerrar este capítulo.
La joven rodeó el cuerpo del muchacho en un cálido abrazo.
-De verdad gracias por todo, Gaara-kun –le susurró.
-No, gracias a ti… y que tengas un muy feliz cumpleaños, que tengas un año maravilloso porque te lo mereces, Sakura-chan –la alejó dócilmente de su cuerpo-. Pero no quiero retrasarte más, al parecer ibas de salida y sólo estoy estorbándote –apuntó.
-No, tú nunca estorbas –le contradijo, sonriendo-. Tú sólo sabes ocupar un gran espacio en mi corazón.
El joven aseguró que debía retirarse y la muchacha, tras otro abrazo, lo saludó en el umbral del departamento, para luego recibir a una muy emocionada Hyuga, quien lucía de lo más arreglada y hermosamente producida.
-Apúrate, Sakura-chan, no quiero llegar tarde.
-Tomo la cartera y estoy contigo –gritó, desde la habitación.
OoOoOoOoOoO
Uchiha Itachi era inteligente, era pedante, era meticuloso y estratega. Era también ingenioso y sarcástico, era seco y calculador, era sutil.
En resumidas palabras, Uchiha Itachi contaba con varios atributos que enriquecían su persona, equiparando sus posibles defectos. Pero más allá de ese análisis detallado sobre la ya mencionada personalidad de aquel hombre, Uchiha Itachi era, ante todas las cosas…
Impredecible.
Sasuke frunció el ceño y se colocó en cuclillas, observando meticulosamente su frente. Era como tener un espejo, un espejo de menos tamaño y que rejuveneciera sus facciones.
Llevó su dedo índice a la barbilla, totalmente incrédulo de aquella situación. Abrió la boca en busca de dejar en el aire el vestigio de sus palabras, pero falló. No encontraba las palabras exactas para comenzar, si quiera entendía completamente la infamia de aquella situación.
Sintió a sus espaldas el humo que sopló un Itachi por primera vez nervioso, humo cargado de nicotina y centenares de sustancias tóxicas a las que jamás una persona coherente expondría a su propia la salud, y la de las personas que le rodeaban.
- ¿Quién mierda es ella? –la pregunta salió sin análisis previo.
-Soy Sora, señor. Y debería de tratarme con más respeto.
La voz de la joven intrusa frente a Sasuke era la aguda característica de cualquier niña de ocho años, aunque la calma y el léxico utilizados por aquella criatura hicieron que el menor de los hermanos frunciera el ceño.
- ¿Has sufrido una emigración de neuronas, ototo? –su pregunta antecedió al siguiente cigarrillo.
-Intento convencerme de eso –se paró, aún con los ojos puestos en aquella desconocida-. Explícame de una buena vez el motivo por el cual me hiciste venir a tu departamento, voy a serte sincero llevo prisa –apuró, reteniendo los nervios.
-Deberías de haberte dado cuenta. Ella es Sora –presentó, dirigiéndole a la niña una sonrisa, gesto que impactó totalmente a su hermano-. Sora Uchiha.
- ¿Tu hija? –estático, decir estático sería poco para describir el estado de Sasuke.
Vio cómo la muchacha dibujaba una sonrisa casi imperceptible, aquella había sido una pregunta estúpida.
Sus largos y lacios cabellos azabaches caían sobre sus hombros, la oscuridad de sus pupilas lucía serena y profunda, las facciones refinadas y perfectas. Un plagio increíbles a las de Mikoto.
Mikoto…
-Sí –contestó finalmente-. Sora Uchiha es mi hija, en efecto… ¿Sorprendido?
-Más de lo que imaginas, es decir que ella es ¿…Mi sobrina?
-Vaya ototo, eres un genio –ironizó con tranquilad.
-No eres un tío de lo más cortés, podrías facilitarme tu nombre, ¿Verdad?
La observó perplejo, hablaba con calma y urgencia a la vez.
-S-Sasuke, Uchiha Sasuke –contestó, finalmente.
-Es una historia larga que sé que me preguntarás, y prometo contártela, pero no es lo importante ahora.
- ¿Y entonces qué lo es? –se enderezó y procuró mantener la serenidad.
-Debo salir unos días del país de modo urgente y Deidara debe acompañarme, no tengo otros amigos aquí en Japón y el tiempo no me permite viajar para pedirle el favor a una persona que sé que no me acribillaría con preguntas insoportables.
-Y supongo que debo ser la niñera de la pequeña.
-Con ser un buen tío alcanzará –corrigió ella.
-Es más parecida a ti de lo que te imaginas –dejó escapar, llevando nuevamente a su boca aquel cigarrillo.
El menor de los Uchiha hizo silencio por algunos segundos. Ahora la historia comenzaba a atisbar un leve sentido: los por qué de Itachi, la frialdad de Fugaku, la partida de su hermano mayor, su completa desaparición. Hasta la soledad con la que cargó toda su vida cobró en aquel minuto un leve amague de justificación.
Una hija.
No era un pormenor sin importancia, era una hija, era una nueva vida en este mundo formada por el amor de dos personas. Y él sólo conocía a una de ellas… definitivamente, habría mucho para preguntarle a Itachi.
-Fugaku no sabe que Sora viajó conmigo, y prefiero que él y su mafia no se enteren.
El menor frunció el ceño, ¿Qué tan malo podría ser aquello? Sabía que su padre no era la persona más caritativa y pacífica del mundo, pero de aquello a atentar contra una pequeña e indefensa niña que además era su nieta, había un abismo.
-Mira, sólo hazme caso, pase lo que pase, prefiero que él no se entere… y más estando yo fuera del país.
-De acuerdo –asintió, sin pensarlo.
Era verdad, Itachi no había sido el mejor de los hermanos, pero en el fondo aquello que los había unido hace ya tanto tiempo, seguía ahí. El mayor parecía tener sus buenos motivos para sus actos, y él debería entenderlo… por algo era su ototo. Además, no permitiría que aquella inocente niña sufriese la soledad que él había sufrido. Ella era tan parecida…
-Puedo dejarte dinero, está en vacaciones escolares por lo que no tendrás problemas con eso.
-No hace falta, mi cuenta puede hacerse cargo de la pequeña…
-Sora –corrigió ella, como hastiada-. Soy Sora, no "la pequeña" ¿podrás recordarlo?
-Haré el intento, Sora –le guiñó un ojo, cómplice. No dejaba de ser una pequeña.
-Será sólo unos días, no te molestará mucho; no será desde mañana yo te llamaré cuando me vaya. Ella es muy callada y disfruta de la soledad, no la molestes mucho y todo andará bien. Oh, es alérgica a las frutillas y por lo demás puede ingerir lo que sea.
-Como mamá… -susurró.
El mayor dibujó media sonrisa, mientras veía perdido los ojos de su hermano.
-Es muy parecida a ella, en un montón de aspectos. De verdad no quiero que cuidarla te resulte una tortura ototo, pero ha heredado de su abuela la mayoría de sus genes.
Sasuke llevó sus pupilas hacia la figura de la jovencita. Parecía ajena a la charla, la mirada perdida en el suelo, sus cabellos delineando sus facciones y su delicadeza signando aquella pura esencia infantil.
- ¿Entonces puedo contar con que tú la cuidarás? –preguntó, a punto de terminar el tercero de los cigarros que había comenzado en aquella última media hora.
-Bajo una única condición –contestó, dirigiendo a su hermano la mirada.
- ¿Cuál? –indagó, por inercia.
-No quiero que fumes frente a ella, ni frente a mí –sus palabras eran duras y cargadas de reproche.
Itachi volvió a dibujar una enigmática media sonrisa y tiró al suelo la colilla de aquella arma letal, para luego observar a su hermano de refilón y apagar con la suela de su zapato la parte encendida del cigarro.
OoOoOoOoOoO
Ambas subieron al automóvil de la joven heredera, quien condujo, inesperadamente, hasta su mansión. Al parecer, había olvidado la invitación, y aquella era una de esas celebraciones de gente importante que sin invitación no te dejan pasar.
- ¿Quieres bajar? –preguntó la azabachada, abriendo su puerta.
-No es necesario, puedo esperarte aquí –dijo, cambiando el dial de la radio.
- ¿Puedes retocarte el delineador sin espejos? Vaya, te admiro –comentó, tomando las llaves.
- ¿Se me corrió?
-Sí, el ojo izquierdo nada más, pero es un buen desastre.
- ¿Tienes algún espejo?
-Humm, si quieres puedes pasar un segundo, tengo la sala de maquillaje recién remodelada y creo que va a fascinarte. O por lo menos a la antigua y feliz Sakura Haruno le fascinaría –sonrió.
-Entonces da por hecho de que sí –le devolvió el gesto y siguió a su amiga hacia el interior de aquella enorme residencia.
- ¿La sala de maquillaje se encuentra donde siempre? –preguntó.
La casa era verdaderamente enorme, pero Sakura conocía de ella hasta el más mínimo rincón.
-No, está a un lado de la sala de fiestas, me pareció más práctica –sonrió la azabachada.- Mira, quiero ver tu cara cuando veas los colores –apuntó, llevándola hasta el lugar.
Y allí se encontraban dos puertas de roble. La primera era muchísimo más pequeña de la segunda y contaban con su buena distancia.
-Fíjate si le puse llave –dijo, indicándole la puerta más pequeña.
Mientras tanto, la joven heredera abrió en sigilo la mayor de las puertas.
-¡Sakura! –gritó, sorprendida-. ¡Ven a ver esto! –volvió a decir, como incrédula.
La pelirrosada abrió los ojos de curiosidad y enseguida llegó donde su amiga, quien había ingresado a la penumbra de aquella enorme sala. La siguió.
Y en aquel mismo momento, se sintió encandilada por todas las luces del lugar, las cuales parecieron prenderse repentinamente, junto con los gritos de una buena cantidad de personas.
- ¡Feliz cumpleaños, Sakura-chan! –sí, aquello habían gritado.
Observó con una enorme sonrisa los rostros de los allí presentes y, antes siquiera de poder reaccionar, sintió alrededor de su cuerpo los brazos de cierto rubio.
- ¡Feliz cumpleaños! –repitió él.
-M-muchas gracias, Naruto-kun. ¿Pero y tu producción de fotos?
-Digamos que nunca existió tal cosa –rió-. ¿Qué tal te caen las fiestas sorpresas? –preguntó, guiñándole un ojo. Ella dibujó una sonrisa.
- ¡Sakura! –ahora el grito era de la joven Yamanaka, quien se colgó literalmente de su cuello.
Y así fue que, ante su sorpresa, fue saludada por una buena cantidad de personas. Se alegró de que Ten Ten estuviera allí, al igual que lo estaba Shikamaru, Chouji, Kiba, Shino, Rock Lee, Neji y dos o tres muchachas que lograba recordar de aquella amada secundaria.
-Eres una buena mentirosa, Hyuga Hinata –le dijo sonriendo.
-La situación lo ameritaba, Sakura-chan –le guiñó un ojo.
- ¡Sakura! –un grito irrumpió entonces desde la puerta principal.
Aquello de llegar tarde parecía contagioso.
Ya que quien había proferido aquel chillido no era ni más ni menos que cierta rubia, acompañada de su antiguo sensei.
Les sonrió y abrazó a ambos.
- ¡Muchas gracias, Kakashi-sensei! Hacía tanto que no lo veía, lo extrañaba –le dijo al mayor, abrazándolo.
-Niña ya deja de llorarle a Hatake y baila un rato, que para eso son las fiestas. Y hablando de fiestas, ¿Verdad que hay sake?
-Por supuesto que pensamos en usted, Tsunade-sama –rió Ino-. Venga, he comprado sake y del mejor –guiñó un ojo y ambas rubias fueron hacia un costado de la muy engalanada habitación, donde había comida y bebida.
- ¿Me haría el honor de bailar conmigo? –la voz de Naruto la distrajo.
Le sonrió y tomó su mano, yendo ambos hacia la pista en el centro de la sala.
Casi todas las personas se encontraban moviéndose al compás de aquel ritmo centroamericano que caía muy bien para animar el festejo, y debía admitir que su rubio amigo derrochaba carisma y sensualidad al bailar. Era evidente que había pasado allí el tiempo necesario para aprender aquella destreza.
-Han estado planeando esto, ¿Verdad? –preguntó gritando, debido a que de otra manera no la escucharía.
-Por supuesto –admitió-. Sakura-chan resulta muy fácil de engañar –le sonrió.
-Eso no es verdad, es sólo que mienten muy bien –se defendió, mientras él le daba una vuelta.
Y es que la noche sabía a perfecta. Sólo un mínimo defecto. Una pequeña imprecisión. Una imperceptible ausencia.
Él.
Ya que justamente, estamos hablando de su ausencia.
-Hemos dejado los regalos para el final –confesó, divertido.
- ¿Regalos? ¡No debían de regalarme nada! –protestó.
El rubio le guiñó un ojo.
-Vamos, yo sé que va a gustarte.
La pelirrosada frunció el ceño.
Y entonces, y de la mismísima nada, el lugar sufrió un gran apagón que provocó que tanto la música como las luces se detuviesen. Todo quedó sumido en la más profunda oscuridad.
Aferró inconcientemente la mano de su amigo, quien le devolvió el gesto sin darle mayor importancia.
- ¿Qué sucede? –susurró, sin que sus pupilas terminaran de acostumbrarse a la sombra.
Lo cual no fue totalmente necesario, ya que en aquel momento una luz blanca cubrió la puerta principal. Miró desentendida hacia aquel lugar.
Se abrió entonces la puerta de roble, ante el asombro completo de la joven Haruno.
Se mantuvo en silencio el lugar, expectante.
Hasta que, dejándose al descubierto por aquel potente resplandor inmaculado, se hizo presente una figura.
Rebeldes cabellos azabaches.
Pupilas profundas y afiladas.
Rasgos delineados y aristocráticos, perfectos.
Sonrisa casi imperceptible.
Y por supuesto aquel cuerpo digno de un dios, el cual lucía a la maravilla aquel traje negro, encajado a su bien trabajado torso.
Sin dudas, Sasuke.
-Queríamos que saliese de la torta, pero por algún motivo no logramos convencerlo –susurró el rubio, riendo-. ¿Por qué mejor no vas a saludarlo?
La pelirrosada dibujó una sonrisa y se abalanzó sobre el recién llegado.
- ¡Sasuke-kun!
-Feliz cumpleaños, Cerezo –dijo él, aferrando a su cuerpo el de la muchacha.
Y entonces se escuchó en el fondo de la sala la misma canción que había bailado en la fiesta de disfraces. Ésta vez ni uno ni otro dudó en llevar su cuerpo al ritmo de aquel suave y delicado compás.
Apoyó dulcemente su cabeza en el pecho del muchacho.
-Hay algo que quiero decirte, Sasuke-kun –le susurró.
-Escucha, tengo un regalo –sonrió, ignorándola.
Y ella, a penas siendo conciente de sus palabras, observó con devoción aquella sonrisa. Los labios del Uchiha curvados de felicidad, de una forma inédita, que jamás había visto. Y todo gracias a ella. Por ella era que él sonreía.
Y ése era el sabor de la felicidad.
-Ya basta de regalos, Sasuke-kun –se quejó, haciendo un gracioso puchero.
-Pasé hoy por la empresa y Fugaku me interceptó –comenzó-. Me ha dicho que hay para Uchiha Corporation una invitación de lo más importante a un cóctel en el exterior, en América. Me he quejado, ya que la convención duraba aproximadamente tres días… pero luego me dijo que no podía negarme, que debía ir si era el sucesor de toda la compañía.
La joven perdió en el suelo la mirada, tres días lejos de Sasuke.
Tres días con Sasuke cerca de muchas americanas de lo más bonitas…
-Entonces –continuó, aferrando más la cintura de la muchacha-, me dijo que un trabajo tan importante no podía hacerlo solo, y que debía llevar cuando menos a mi secretaria –soltó, observándola.
La joven lo miró anonadada, ¿Saldría del país con su Sasuke-kun?
- ¿E-en serio? –preguntó.
-Por supuesto –respondió él.
- ¡Sasuke! –lo abrazó con fuerza, y luego tomó deliberadamente sus labios.
-Me habías asustado con la primera parte.
-Lo sé, pero quería sorprenderte.
-Lo hiciste –aseguró ella, rodeando su cuello con sus brazos.
- ¿Y tú qué quería decirme hoy?
-Esto no va a sorprenderte tanto –le dijo, como decepcionada.
-Haz el intento –desafió.
Acercó sus labios hasta el roce en la comisura de los de aquel hombre, quien cerró los ojos por inercia. Entonces la joven llevó sus labios por el níveo cuello de Sasuke, hasta llegar a rozar con delicadeza el lóbulo de su oreja.
-Sasuke-kun… -susurró, provocativa, sintiendo al hombre estremecerse.
- ¿Q-qué? –fue ronco y entrecortado.
-Yo también te amo –confesó por primera vez, y el joven no pudo resistir a asaltar sus rosados y apetitosos labios.
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A que también los he sorprendido a ustedes en algún punto ;) jajaja, bien aquí va mi confeción, estoy subiendo el chap sin leerlo previamente para poder corregirlo en su totalidad. Sé que no está bien, pero la falta de tiempo resulta ser más fuerte que yo, por lo que prometo resubirlo habiendo corrgido los errores ortográficos/gramaticales que probablemente haya n.n
¿Qué les pareció el chap? Me ha gustado mucho la idea de la pequeña Uchiha! ¿A ustedes no? Además, ya ven como mantengo la felicidad de la pareja (no quiero que esto se vuelva como las novelas de las tres aquí en Argentina u.u) así que todas tranquilas, nadie va a salir afirmando estar embarazada de Sasuke! jaja
Bien, les agradezco su comprensión con respecto a mi falta de tiempo y mucho más por su apoyo incondicional hacia esta historia, que de verdad es sumamente importante para mí y para su continuidad!
Voy a dar todo de mi para tener listo el siguiente chap para el domingo, pero advierto que será algo corto (para no afectar la trama) ya que sino sería un lío.
En fin, saludoss y espero que tengan una hermosa semana!
Oh, por cierto, rainbow'off, te hiciste cargo de lo que había dicho yo sobre el review, y para ser sincera hiciste muy bien ya que fue tu comentario el que me hizo replantearme las ideas! Por lo que es justo que te lo agradezca y mucho n.n de verdad me sirvió repensar lo que estaba haciendo, y además tu interés de que diera lo mejor de mí me ha sorprendido n.n Así que saludos para vos y espero que podamos hablar algún día n.n
Besoss!
Hana-chan
