Uchiha Corporation
.-.
- ¿Mi jefe? Es un cerdo machista licenciado, un precoz espécimen de macho ególatra y subdesarrollado con necesidad de adulación constante, ¿Qué puede tener de atractivo?
-Saku, es obvio, su tra...
-¡Ino-cerda!
Sasusaku
Sin más preámbulo, los personajes pertenecen a Kishimoto-sama, por supuesto y muy a mi pesar
.-.
Capítulo anterior: -Yo también te amo –confesó por primera vez, y el joven no pudo resistir a asaltar sus rosados y apetitosos labios.
Sora Uchiha
Pisó con toda su fuerza aquel pedal que obligaba al vehículo a acelerar. Maldijo por lo bajo y volvió a fijar la vista en el cansado pavimento.
Sin embargo, el coche parecía obstinado en no querer sobrepasar los setenta kilómetros por hora, o así se sentía él, ahora que estaba llegando tarde a uno de los momentos que había esperado, que más quería que llegasen. Y él tarde.
Pero no señor, no sólo tarde, la vida nunca es tan buena. Ya que además de tarde, estaba acomplejado ¿Por qué? Porque no estaba preparado psicológicamente para lo que debía afrontar, para la responsabilidad que ahora llevaban sus hombros. Cerró los ojos por un segundo, intentando reunir su concentración.
En la última media hora de viaje en la carretera que lo separaba de su destino, había sonado ya el timbre de su móvil unas cinco veces, y recién en la última había obtenido la respuesta que esperaba.
Y es que nadie le niega nada a un Uchiha.
Ni siquiera la empresa más prestigiosa de aerolíneas nacionales.
Aceleró aún más el automóvil, a punto de llegar al límite del velocímetro, mientras su ceño se fruncía aún más sin perder de vista la ya mencionada ruta.
-Te has excedido el límite de velocidad, será mejor que vayas más despacio –sonó replicante una vocecita desde el asiento trasero.
Frunció el ceño y observó por el espejo retrovisor un rostro sumamente parecido al de él, al de su madre.
Gruñó por lo bajo y alejó el pie que impulsaba el vehículo a tanta velocidad.
Bien, quizás sería mejor decir que casi nadie le negaba algo a un Uchiha.
OoOoOoOoOoO
Desvió la vista, nerviosa. Miró el reloj por décima cuarta vez aquella mañana y volvió a colocarse los lentes de sol. Se estaba acercando ya las diez en punto de aquella hermosa y soleada mañana, y hasta entonces no había siquiera rastros de él.
Mejor dicho, no había rastros de cualquier otra cosa que no fuera su misma ansiedad.
Ya que, para ser sinceros, nunca antes había estado en una situación similar. Sí, le habían llovido viajes en todo lo que fue su infancia y adolescencia, pero siempre le temió a eso de volar en avión y prefirió conocer todo el mundo existente a través de las seguras rutas terrestres.
Ahora bien ¿Dónde demonios estaba Uchiha Sasuke en aquellos momentos? Definitivamente, no donde debería estar.
Es decir, ahí con ella, apaciguando sus nervios o reteniendo sus valijas, abrazándola por la cintura y asegurándole que todo saldrá bien. Por el contrario, ahí estaba ella, muy sola en el aeropuerto, sin siquiera señales de humo que aseguraran la subsistencia de aquél moreno y agradeciéndole a Dios el que aquella muchacha haya anunciado el retraso de su vuelo.
- ¿Necesita ayuda? –la voz era de un joven castaño muy simpático.
Se equivocan si piensan que aquello le sorprendió, aparentemente, el verla a ella intentando luchar insaciable contra aquellas tres enormes y por demás pesadas maletas había despertado el ánimo caritativo de más de cinco personas en lo que llevaba de mañana.
Menos en las de Sasuke, por su evidente ausencia, por supuesto.
-No, muchas gracias –sonrió ella, sin reparar demasiado en otra cosas que no fueran el horario.
- ¿Sakura? –preguntó ahora el muchacho, sorprendiéndola.
Ella por su lado bajó confundida sus lentes de sol, intentando reconocer la identidad de aquél hombre.
Sus cabellos eran del color del chocolate y refulgían en dorados cuando el sol daba de lleno en ellos, sus facciones marcadas y su piel tostada. Sus ojos tenían un color especial, era como la miel, como el cobre fundido.
Eran ámbar.
-¿Giichi?
Sonrió tras ver la sonrisa afirmativa del joven.
En términos que podamos comprender, ellos habían sido compañeros en toda la secundaria. No grandes amigos, pero sí compartían una que otra charla interesante sobre política e inclusive ideologías. Giichi sobresalía por su inteligencia.
-Y… ¿qué haces por aquí? –preguntó ella.
-Sinceramente, busco vacaciones. Ya me he cansado de tanto trabajo, nunca pensé que la empresa familiar fuese tan extenuante –bufó -Imagino que debes estar en algo parecido –sonrió, dejando a la vista una perfecta hilera de dientes perlados.
-En realidad, todo lo contrario. Estoy aquí por un viaje de negocios. -¿Cómo pretendía convencerse a ella misma de aquello si ni siquiera lo afirmaba al exterior?- Debo asistir a un cóctel.
-Vaya, no he sabido que asumiste un cargo importante en Clixas SA.
-Es que de hecho, voy a ir en nombre de Uchiha Corporation –corrigió.
No se sorprendió al ver deformadas las facciones de su acompañante.
-Pero Uchiha Corporation… ¿No es su rival en el mercado de acciones? ¿Qué ha dicho tu padre de esto?
-Yo no estoy metida en el negocio familiar. De hecho, ha habido una determinada cantidad de tiempo que me ha llevado a resolver que sólo soy Haruno porque la ley así lo dice. Como ves, no trabajo en la empresa familiar, sino que, irónicamente, en la que siempre analicé como rival –intentó esbozar una sonrisa.
-Vaya –dejó escapar, asombrado.- Estás tan diferente desde la última vez que te vi. Debo admitir que esa sonrisa te sienta de mil maravillas, Sakura.
-Muchas gracias –contestó, algo apenada.
-No deberías de agradecerme. Por cierto, podríamos juntarnos un día a tomar algo y contar lo que ha pasado en nuestras vidas en este último tiempo.
-Sería genial –coincidió.
Y entonces sonó de fondo la voz salida de los altoparlantes.
-Oh, al parecer ese es mi vuelo –comentó-. Un placer haberte vuelto a encontrar, estás hermosa Sakura Haruno.
-También fue un gusto poder volver a hablar contigo –sonrió.
-Vale, ¿Vas a dejarme ir sin facilitarme tu número telefónico? –preguntó, tomando su móvil y acercándolo a ella.
-Definitivamente, eso no estaba en mis planes –rió y tomó el aparato, guardando así su número en la agenda del muchacho.
-Que tengas unas lindas vacaciones –se despidió.
-Son sólo una semana, que tengas tú una reunión amena.
…si es que mi jefe se digna a llegar.
Esto último lo completó únicamente en su fuero interno, mientras veía partir al ya mencionado castaño. Y ahí estaba ella de nuevo, esperando al azabachado que aparentemente se rehusaba a llegar.
-Sakura –Ese llamado la tomó desprevenida.
Su voz fuerte y grave, segura, penetrante e imponente.
-Pensé que nunca llegarías –comenzó, dándose vuelta y enfrentando la oscuridad de sus ojos.
-He sufrido un par de retrasos –suspiró.
-Si, ha sido una suerte que el vuelo se retrasase, de otra forma sería un problema –bufó, completa y evidentemente molesta.
-No me llevo bien con la suerte –sonrió, con autosuficiencia-, digamos que me llevo mejor con los contactos en la lista de mi teléfono –dijo, guiñando un ojo.
Ella sonrió, Uchiha Sasuke era verdaderamente increíble.
-¿Ha sido un contratiempo muy infructuoso? –preguntó, preocupada.
-En realidad, fue simplemente una llamada de mi herma… de Itachi –se apresuró a corregir, vacilante-. Es que hace unos dos días, pidió un favor y yo no pude negárselo.
-Ya veo, me alegra que no estén a punto de morderse, como la última vez –sonrió.
-¿No te interesa saber cuál fue ese favor?
-No quiero entrometerme, entiendo que son asuntos privados entre ustedes.
-En realidad… puede que te afecte a ti en un leve aspecto.
Tragó pesado. Nunca había escuchado ese lejano temblor en la voz del Uchiha, mejor dicho, nunca había atisbado en su voz, tamaña muestra de vacilación. Y eso, definitivamente, no es nada bueno.
Y más si podría afectarla a ella en un leve aspecto.
-¿Qué favor te pidió?
El moreno desvió la vista a un lado y dio un paso a la derecha.
Y la pelirrosada se sorprendió con aquello que vio.
Era pequeña y de piel pálida, sus ojos eran oscuros y sus lacios cabellos azabaches enmarcaban sus delicadas facciones. Era toda una dulzura. Era simplemente hermosa.
-¿Quién es ella? –preguntó, poniéndose de cuclillas para quedar a su altura.
Aunque, siendo sinceras, a penas le llevaba a la niña una cabeza.
-Soy Sora –se presentó-. Sora Uchiha, ¿quién eres tú?
Tembló por un momento.
Piel pálida y perfecta…
Como la de Sasuke.
Pupilas afiladas y sumamente oscuras…
Como las de Sasuke.
Voz calma y autosuficiente…
Como la de Sasuke.
Rebeldes cabellos azabaches…
Como los de Sasuke.
Y ella era Uchiha…
Como Sasuke.
Lo miró, temerosa e incrédula ¿Qué diantres estaba pasando?
-Tranquila, yo soy la hija de Itachi, Sasuke-kun es en realidad mi tío –sonrió la jovencita.
-O-oh –atinó a decir, avergonzada de que sus pensamientos y sus estúpidas conclusiones fueran evidentes y tontas hasta para la niña.
-Mucho gusto, mi nombre es Sakura Haruno y soy la secretaria de tu tío –sonrió.
El jade de su mirada volvió a reparar en él, intrigado e interrogativo.
-Verás, debo cuidarla durante unos días –resumió.
La muchacha lo observó.
-Y eso quiere decir que… -apuró, no estaba en condiciones de sacar una conclusión medianamente decente.
-Que ella nos acompañará en nuestro viaje.
No dijo nada.
La miró, como estudiándola.
- ¿Ella?
El joven asintió.
La muchachita dibujó una imperceptible sonrisa sarcástica.
-Prometo que no voy a morderte –soltó la más pequeña, guiñándole un ojo.
La Haruno dejó escapar una leve risa y acarició los cabellos de la pequeña Uchiha.
-¿Sabes? Es justo que te advierta que será un tortura tener que soportar a Sasuke-kun –le respondió ella, en tono cómplice.
La menor se acercó al oído de Sakura y susurró:
-Sí, lo he imaginado, pero mi padre me ha dicho que no debo contradecirle o rezongarle ¡Hasta el sarcasmo me ha prohibido! Dice que no es correcto que le haga pasar un mal rato, pero él es verdaderamente…
-¿Pedante? –completó, murmurando.
La azabachada asintió, casi feliz de encontrar un alma que comprendiera sus penas.
-Verás que luego de un tiempo logras acostumbrarte, además puedo asegurar que, en el fondo a la derecha, Sasuke resulta ser de lo más gracioso y divertido.
Ambas rieron, ante la mirada expectante y el ceño fruncido del hombre allí presente.
OoOoOoOoOoO
Suspiró, total y completamente resignado.
Pero, ¿qué más podía hacer?
Acababa de llegar a un sitio desconocido, estaba en medio de una cuidad superpoblada de personas que corrían de un lado a otro observados por un paisaje realmente hermoso, y, como el peor de todos los males, estaba siendo acosado y reducido ante los caprichos de las dos mujeres que viajaban con él.
Caprichos como por ejemplo aquel de salir a penas hubieron dejado las maletas en hotel para recorrer y conocer el lugar, "antes de que se haga muy tarde" cómo habían dicho, intentando justificar la maquiavélica propuesta.
Y ahí estaba él, en su BMW rentado (el cual no era tan bueno como el suyo propio) conduciendo por un camino de procedencia dudosa, con mucho más dudoso final, que podría dejarlo o bien en Puerto Madero (el lugar que precisamente querían conocer) o bien perdidos en aquella enorme cuidad.
Lo cierto es que la avenida era particularmente ancha y el tráfico particularmente importante. Sin mencionar todavía las protestas de las susodichas mujeres ante su irrefutable negativa de pedir ayuda con la orientación.
¿Cómo demonios había hecho el dobe para adaptarse a un lugar tan desconocido?
Y eso, sin mencionar el idioma, ya que su rubio amigo a duras penas manejaba el Inglés, que por cierto él podía hablar con total naturalidad.
-Sasuke, admítelo, estamos perdidos –suspiró, desde el asiento del copiloto.
-Por supuesto que no, Sakura, simplemente es que no tenemos completa idea del camino.
-Lo que, en lenguaje cotidiano, es estar perdidos, tío Sasuke –interrumpió, desde atrás.
¡Aquello no valía!, ¡Se habían aliado en su contra!
Nadie le había dicho cómo era eso de ser tío.
-Dije que no estamos perdidos y que no voy a pedir ayuda, así que espero que su madurez les permita entender que por razones de obviedad decisiones como esas van a ser tomadas exclusivamente por mi persona y espero que dejen de ser inútilmente cuestionadas –determinó, con seguridad.
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-Luego simplemente doblas a la derecha en el semáforo y llegas, no es muy difícil orientarte una vez estás ahí.
-Gracias –musitó, subiendo a regañadientes la ventanilla que había tenido que bajar para poder preguntarle a aquel hombre… sobre su ubicación.
-Lo ves, de otra manera no hubiésemos llegado jamás –sonrió la Haruno, triunfante.
-Mph –gruñó, encaminando al vehículo por el sendero correspondiente.
Y es que Argentina era un país del que, sinceramente, no conocía mucho. Pero al parecer, la joven pelirrosada no estaba en su misma situación, y aseguró haber oído hablar de una buena cantidad de hermosos lugares ubicados en ese país. El cóctel estaba programado en Buenos Aires, su ciudad más habitada.
Y era verdaderamente hermosa.
Y más se convencía de aquello ahora, que estaba ingresando por una amplia avenida y el paisaje era magnífico. Los faros de luz enriquecían el paisaje, mientras que, debajo de un imponente puente, el agua regalaba el reflejo de todo aquello que la miraba.
Había mucha gente que decidía cenar en uno de los lujosos restaurantes que el lugar tenía, atestiguados por aquella noche estrellada.
- ¡Ése debe ser el monumento a la mujer! –exclamó, situando su vista en una escultura recta detrás del puente.
- ¿Y cómo lo sabes, Cerezo?
La joven desvió la mirada.
-Mi madre me contó que aquí fue donde mi padre le propuso matrimonio.
El resumen de la pelirrosada hizo fruncir el ceño del Uchiha, separó los labios, dispuesto a preguntar…
-Podríamos bajar a observarlo más de cerca, ¿Verdad? –la voz de la muchachita parecía emocionada.
La mayor de las ahí presentes se precipitó hacia abajo a admirar el paisaje, el cual era simplemente hermoso.
La iluminación justa, los árboles tiñendo el ambiente de aquel verde que podía vislumbrarse, la gente en el puente admirando las aguas calmadas.
-Es hermoso… -susurró la joven Sora, admirada.
- ¿Quieren comer algo?
-Sería una gran idea –aceptó la Haruno-. Todos estos lugares parecen muy bonitos.
-Elige el que más te guste –le sonrió galante.
La Haruno lo observó por unos segundos, a punto de declinar aquella propuesta. Opción que finalmente desechó y se adelantó unos pasos, observando las entradas de tan elegantes restaurantes.
Por su parte, Sasuke admiró en silencio la hermosura de la muchacha que había comenzado a caminar, y es que aquella perspectiva de la espalda descubierta de la joven, luciendo un hermoso y radiante vestido blanco, era verdaderamente digna de un dios.
Y entonces observó cómo la pequeña se disponía a seguir a Sakura.
-Mph –la llamó, haciendo que ella se voltease.
-S-o-r-a, dijiste que intentarías recordarlo.
-Y lo recuerdo –se atajó.
- ¿Y entonces? –preguntó, extrañada.
-Tsk… es que creo que… mph… ya sabes… -mierda, nadie le dijo que sería tan difícil ser tío.
-Oh, entiendo –contestó ella, para luego retroceder esos dos pasos y tomar la mano derecha del moreno.
-Eres muy astuta –comentó, observándola.
-Gracias.
-Perdón, eres demasiado astuta –corrigió, ante la sonrisa autosuficiente de ella.
- ¿Vienen? –llamó la voz de cierta pelirrosada.
-No te impacientes, Cerezo… ¿Qué miras? –preguntó incomodado, ya que la joven no había alejado de su persona aquellos penetrantes lagos jade desde que dio media vuelta.
-No, nada –sonrió, acercándose-. He encontrado un hermoso lugar, podríamos cenar allí –finalizó, para luego tomar la mano libre de Sora.
El Uchiha la miró unos segundos. Tan delicada, tan hermosa, tan dulce.
-Ni tú ni yo queremos que la desgastes, tío, mejor ya vayámonos a comer –urgió la niña, entrando al dichoso lugar donde por fin cenarían.
-Buenas noches –saludó el Uchiha, haciéndose cargo de la situación.
Además, maneja de lo mejor el inglés.
-Buenas noches, señor. ¿Una mesa para usted y su esposa? –preguntó la mesera, quien luego bajó la mirada y observó a la pequeña- Oh, para tres, ¿Verdad? –corrigió.
El joven asintió y fueron guiados hasta una mesa de tres personas.
-Muchas gracias –dijo, antes de que se fuera la muchacha.
- ¿Por qué no le has dicho que no soy tu esposa? –preguntó, una vez acomodada.
El muchacho la observó sorprendido, en el currículum de la muchacha no decía nada sobre saber cualquier idioma.
-No me gusta el inglés, eso es todo –se atajó ella-. Pero te hice una pregunta.
-Porque no tengo que darle a nadie explicaciones sobre mi vida, la muchacha puede creer lo que le plazca sin que eso me afecte –respondió, indiferente.
-Pues parecía no sacarte la vista de encima, a penas sí notó a Sora-chan –se quejó.
-Entonces deberías de estar muy feliz de ser mi esposa –clavó en ella la acechante profundidad de su mirada. Era sensual. Era sutil. Era incitante.
Se alegró al ver el tonó carmesí de sus mejillas.
Era tan tierna cuando quería.
- ¿Aquí no hay ramen, verdad?
La pregunta de la niña los sorprendió, la Haruno le sonrió.
-No, Sora-chan, aquí no hay ramen, pero hay un montón de otras comidas de lo más sabrosas que puedes probar –le indicó.
- ¿Tampoco habrá dango de postre?
-Lamento decirte que no, pero el helado es verdaderamente rico ¿Lo has probado?
-Nada es tan rico como el dango –corrigió.
-Verás que puedes llevarte una sorpresa, ¿Verdad, Sasuke-kun?
-Mph.
La comida pasó tranquila, las charlas resultaron de las más amenas y la pequeña Sora permaneció en silencio gran parte del rato. Había comprobado que no era autista, pero en aquella cena tranquilamente pudo haber entrado en duda… era tan callada, tan misteriosa, que no podía entender su corta edad.
En realidad, sí podía, Itachi había sido un niño prodigio, a esa edad él ya había logrado asombrar a todo un clan… labor que Sasuke aún no conseguía.
El helado de distintos sabores supo cubrir el lugar del postre, y fue algo que los tres disfrutaron.
Y así, bajo el enorme cielo estrellado que los observaba, es que se dispusieron a regresar al hotel.
OoOoOoOoOoO
Había sido una noche inolvidable. Tanto el lugar como la cena, pero lo más maravilloso estaba aconteciendo ahora, a un lado de ella.
Luego de salir del restaurante se habían dirigido hasta el estacionamiento del hotel (el que por suerte se encontraba a dos cuadras de él) y ahora sus ojos podían admirar una escena que nunca habría creído tan perfecta:
A su izquierda se encontraba la pequeña Sora, aferrada a la mano de su Sasuke-kun. Podrán decir que es una estúpida por conmoverse por eso, pero verlo así, era como ver a un Sasuke diferente, este Sasuke era frágil, era sensible, era vulnerable. Eran tan parecidos aquellos Uchiha (el mayor y la menor) que parecía la mismísima hija de Sasuke la que tomaba en su mano, aferrándola a él y asegurándole seguridad.
La hija de Sasuke… necesitaría una madre, necesitaría a alguien a quien amar para poder ver esa escena y que derrita su corazón.
¿Sería ella?
¿La vida sería tan Buena?
No, las cosas no suelen ser tan perfectas.
A excepción de ese momento.
Ahora que Sora parecía cabecear y, sin media palabra, el moreno la alzó en sus brazos y se encontraba asegurándola contra su pecho. Ahora ella podía dormir en paz.
¿Quién no podría con Sasuke Uchiha velando tu sueño?
-Sakura –la llamó, tomó conciencia de que se encontraban frente al elevador, por lo que regresó al mundo real y tocó el botón que traería el elevador a la planta baja.
-Es muy dulce cuando duerme –comentó ella, ingresando a aquél reducido espacio.
- ¿Se detendrá ahora? –preguntó, recordando.
La muchacha sonrió.
-Eres una molestia, Ha-ru-no –siseó, acercándose con la muchacha.
-Y tú un jefe insoportable, U-chi-ha –contestó, acercando su rostro desafiante.
Y desfiló un beso.
Uno que a Sasuke, obviamente, le costó mantener, debido por supuesto al peso extra que debía llevar.
- ¿Cómo dormiremos? –preguntó, al llegar al octavo piso.
-Tío Sasuke –llamó la pequeña, desde sus brazos.
- ¿Mph?
- ¿Llueve?
La joven observó por la ventana, precisamente había comenzado a llover.
Eso la había despertado.
Qué gran oído.
-Los tres tenemos habitaciones separadas –apuntó el azabachado-. La mía tiene comunicación interna con la de Sora –volvió a decir, llegando al fin al cuarto 710-. El 709 es el de Sora y el 708 el tuyo –dijo luego, entregándole las llaves.
La joven azabachada pidió bajar de los brazos de su tío.
-Que tengan una buena noche –saludó la pelirrosada.
-También para ti, Sakura-sama –saludó la niña.
-Buenas noches, Cerezo –dijo él, acercándose.
La joven le esquivó, sin intenciones de hacer ningún tipo de espectáculo frente a la menor, y se dirigió a su habitación.
La habitación era enorme y hermosa, todo bien ubicado, la decoración envidiable. No se dedicó a observarla demasiado y se colocó el camisón. Era verde claro con tiritas. Estaría bien para aquella noche calurosa.
Se acostó en la cama, deleitándose con el sonido que aquella lluvia veraniega le regalaba al repiquetear contra el techo del lugar. Ahh, eso era música, sin dudas.
Y entonces la sobresaltó el sonido de su celular, vibrando en la mesita de luz.
Lo tomó y observó cómo la pantalla le avisaba de un nuevo mensaje de texto.
"Si le temes a la lluvia puedo cuidarte esta noche, cerezo"
Tembló sin necesidad de comprobar quién se lo había envidado. Eso obviamente no era necesario.
Había sido Sasuke.
Y la propuesta sonaba de lo más tentadora. Volver a pasar la noche entre los brazos del Uchiha, oliendo el aroma de su perfume, embriagada con el compás de su respiración, sintiéndose invencible entre sus brazos. Aquel ya era un sueño, uno que podría hacer realidad….
…otra vez.
Y no es necesario decir que no lo dudó ni una sola vez, tomó su bata y se internó en el silencioso pasillo. Sintió los piernas perder levemente la estabilidad y su respiración levemente agitada. Era evidente cómo terminaría aquella noche… tragó pesado, al sentir su pulso amenazando con delirar taquicardias.
Llegó a la habitación 710, la observó por un segundo y tomó valor.
Abrió la puerta sin llamar, sabía que el azabachado la esperaba sin necesidad de dar aviso de ello.
Y ahí estaba él.
Recostado en la cama con su bien trabajado pecho reluciendo sin nada que lo tapase, sus brazos colocados sensualmente detrás de su cabeza y su pantalón negro incitándola a que ya no durara en ese lugar ni un solo segundo más y con su sonrisa autosuficiente instalada en el rostro. Él.
-No tengas miedo, Sa-ku-ra –la llamó, levantándose y acercándose a la pelirrosada.
Cerró la puerta, vacilante, para luego encontrarse con los brazos del Uchiha sobre su cintura, obligándola a dar media vuelta y enfrentarse con aquella sonrisa desafiante.
-Cerezo… -y he ahí su respiración chocando contra el lóbulo de su oreja, la receta justa para incitar a huir lo último de coherencia que le quedaba.
Sintió los labios del Uchiha sobre los suyos, y simplemente aceptó sin chistar la huelga de sus neuronas, correspondiendo a aquella caricia de forma casi animal.
Sus manos volaron hacia el cuello del muchacho, quien no tardó en aprisionarla contra la pared.
Sintió el tacto de Sasuke por debajo de su camisón, rozando con provocación su vientre, haciéndola delirar. Y entonces la lengua de aquel hombre comenzó a trazar un camino en su cuello, con el que luego tomó más recaudos y se encargó de dejar en él una marca que, tras producir en ella varias descargas eléctricas, quedaría por un tiempo considerable tatuada en su piel.
Ambas manos del hombre llegaron a sus muslos, incitándola a enroscar sus piernas alrededor de su cintura. Invitación qué, por supuesto, no denegó. Y lo besó con pasión, lo besó con hambre, lo besó con lujuria.
Su suave y delicado cuerpo rebotó en la enorme cama, mientras la lasciva mirada de Sasuke la recorría sin recaudos.
Antes de poder percatarse de los instintos animales del Uchiha, sintió su mano derecha trazando el recorrido de sus piernas y, antes siquiera de darse cuenta, vio volar su bata inmaculada por la habitación. Sonrió.
-S-Sasuke… -gimió entonces, con los ojos cerrados.
OoOoOoOoOoO
Un dios, sólo alguien de esa categoría merecía estar en aquella situación.
Situado sobre el cuerpo de la mujer más perfecta del mundo, deleitándose con la marca que él había trazado en su cuello y oyendo sus gemidos como canto de sirena. Gemidos que él le provocaba.
Pero no podía describir lo que ella provocaba en él.
Lo que provocaban en ese mismo instante sus piernas, su cadera, su cintura, sus pechos, sus mejillas sonrosadas y el tono carmesí de sus labios.
Provocaban hambre, provocaban sed, provocaban a despertar a los instintos más salvajes y homicidas.
Ya que cada rincón del cuerpo de aquella mujer parecía pedir ser devorado, devorado insensible y salvajemente. Y él no se negaría ante aquello.
Dirigió su mano derecha por debajo de aquel hermoso camisón hasta encontrarse con el descubierto pecho de la Haruno. Perfecto, no habría ningún tipo de batalla campal con sostenes ni nada por el estilo.
La sintió estremecerse bajó su tacto, sonrió por dentro al ver la reacción de la joven ante aquello impulsos que él estimulaba.
Ya que ella ahora, estaba total y completamente bajo su control…
…Y la haría suya.
Ésa sería la primera vez en una lista que contaría con millones de ocasiones en las cuales oiría de sus rosados labios su nombre entre gemidos.
…Suya.
Y entonces detuvo el movimiento al tiempo que escuchó el último sonido que se le hubiese ocurrido escuchar. El último que hubiese querido escuchar.
Había sido claro y monótono, y supo que la pelirrosada también lo había oído, porque ahora, ante su confusión, se acomodaba el camisón e intentaba salir apresuradamente de aquella cama.
Aquél sonido volvió a escucharse, mientras él permanecía pasmado, sin hacer el más mínimo movimiento, mientras la pelirrosada buscaba su bata en el suelo de la habitación.
TOC-TOC
-Pasa –era la voz de la Haruno, quien intentaba regular su respiración y se escondía con sus cabellos, el rojo profundo de su cuello.
-Tío Sasuke –llamó, desde el umbral, media dormida.
- ¿Qué sucede, Sora-chan? –preguntó la muchacha, al ver el estado de anonadamiento de él.
-No es que le tema a las tormentas, pero creo que será mejor si no duermo sola esta noche –susurró, somnolienta.
-No hay problema –continuó ella-. La cama es grande y podemos dormir los tres, ¿Verdad, Sasuke-kun?
Sintió sobre su cuerpo la mirada de Sakura. Y entonces entendió por primera vez la situación.
Gruñó y frunció el ceño.
Ahora lo comprendía.
No habría sexo aquella noche.
Recostó su cuerpo sobre el mullido colchón, dándole la espalda a ambas.
-Ven, acuéstate en el medio –le indicó, para luego recostarse ella a un lado de la pequeña.
- ¿Puedes abrazarme, Sakura-sama?
La pelirrosada sonrió y llevó sus brazos alrededor de la pequeña cintura de la azabachada.
Por su lado, Sasuke se dignó a darse media vuelta y encontrarse a una Sora con los ojos cerrados, siendo abrazada por la espalda por su Cerezo. Casi no pudo evitar sonreír, ése era sin dudas el mejor paisaje que sus ojos habían admirado.
-No te enojes, Sasuke-kun, los pequeños son así –le dijo ella, acostada y acariciando el rostro de porcelana de la niña con su mano libre.
-Lo sé –dijo, acercándose a la muchachita y colocando su mano sobre la de Sakura, la cual descansaba en la cintura de Sora.
-Además, creo que estamos de acuerdo en que es una niña bastante singular -sonrió.
-Mph... definitivamente, no hay en este mundo dos Sora Uchiha.
Suspiró resignado… aquellos serían definitivamente unos muy difíciles y peculiares tres días.
¿Pero de qué podía quejarse? Aparentemente, ser tío era así…
¿Qué tal ha estado? Me reí mucho escribiéndolo, y lo hice en dos días poniendo lo mejor de mí (y un poco más) así que espero que a ustedes también les haya agradado n.n
Muchísimas gracias a Hatake'Fer por betearlo y poder subirlo hoy sin errores! n.n
Bien, como dije, fue más humor que trama en sí, pero amo este estilo de capítulos bonus en los cuales nadie se hace mala sangre leyéndolos y en el fondo tienen su gracia propia. Como se habrán imaginado, el destino fue Argentina (por las obvias razones de que conozco más el lugar y se me facilita la interacción en la historia) En fin, muchísimas gracias a todos los que gastan su tiempo leyendo el fic, y a quienes dejan también comentarios! Como sabrán, de verdad son muy importantes para incitar a salir lo mejor qe pueda escribir.
Espero que tengan una muy hermosa semana y nos leemos el siguiente domingo!
Besoss,!
Hana-chan
