Uchiha Corporation
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- ¿Mi jefe? Es un cerdo machista licenciado, un precoz espécimen de macho ególatra y subdesarrollado con necesidad de adulación constante, ¿Qué puede tener de atractivo?
-Saku, es obvio, su tra...
-¡Ino-cerda!
Sasusaku
Sin más preámbulo, los personajes pertenecen a Kishimoto-sama, por supuesto y muy a mi pesar
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Capítulo anterior:
- ¿Puedes abrazarme, Sakura-sama?
La pelirrosada sonrió y llevó sus brazos alrededor de la pequeña cintura de la azabachada.
Por su lado, Sasuke se dignó a darse media vuelta y encontrarse a una Sora con los ojos cerrados, siendo abrazada por la espalda por su Cerezo. Casi no pudo evitar sonreír, ése era sin dudas el mejor paisaje que sus ojos habían admirado.
-No te enojes, Sasuke-kun, los pequeños son así –le dijo ella, acostada y acariciando el rostro de porcelana de la niña con su mano libre.
-Lo sé –dijo, acercándose a la muchachita y colocando su mano sobre la de Sakura, la cual descansaba en la cintura de Sora.
-Además, creo que estamos de acuerdo en que es una niña bastante singular -sonrió.
-Mph... definitivamente, no hay en este mundo dos Sora Uchiha.
Suspiró resignado… aquellos serían definitivamente unos muy difíciles y peculiares tres días.
¿Pero de qué podía quejarse? Aparentemente, ser tío era así…
Cerezo
Sintió sobre su rostro un cálido as de luz que le indicaba que era buen tiempo para levantarse. Se aferró más a lo que sea que estuviera abrazada y cerró con fuerza los ojos. Luego, decidida a levantarse de una buena vez, comenzó con pequeños y pausados parpadeos.
Y entonces lo recordó, recordó todo.
El viaje a Buenos Aires, el cual había hecho con Sasuke.
La cena de la noche anterior, con la pequeña Sora…y Sasuke.
La lluvia repiqueteando dulcemente, mientras se dormía… con Sasuke.
Y entonces sonrió casi inconscientemente cuando recordó que sus brazos se encontraban aferrados a algo… lógicamente, sería Sasuke.
Abrió los ojos, sorprendida y feliz al mismo tiempo, encontrándose al fin, con el codiciado dueño de sus abrazos.
Y algo en su cara se desfiguró.
Sasuke tenía cabellos azabaches… esa cosa no tenía cabello.
Sasuke contaba con un cuerpo esculpido a mano… esa cosa era insulsa y monótona.
Sasuke lucía con superioridad sus perfectos orbes oscuros… esa cosa no podría hacerlo ni en un millón de años.
Frunció el ceño, al entender finalmente, el principal conflicto de la situación.
Sasuke era un humano, y esa cosa, aparentemente era… un almohadón.
¿Qué hacía ella abrazada a una deforme bola de algodón cuando se había dormido entre los brazos del hombre más perfecto del planeta? Y sin falta, la cuestión principal…
¿Dónde demonios estaba Sasuke?
Y entonces sus ojos se dilataron del terror.
¿Y si la había abandonado después de una salvaje noche de…?
Un momento (frunció el ceño) la noche anterior no había pasado absolutamente nada liado directamente con eso, y si eso no había pasado había sido por… por la intromisión de cierta niña…
Giró su cuerpo lentamente a la derecha encontrándose entonces con la pequeña figura de la azabachada dulcemente dormida. Sonrió. Sus angelicales facciones relajadas y sus labios tenuemente curvados en una pequeña sonrisa conformaban un tierno retrato digno de observar.
Pero el encanto se rompió cuando recordó la pregunta del millón.
¿Dónde demonios estaba el Uchiha?
Porque, según su información, él no era sonámbulo, y era una total y completa falta de respeto que la dejara durmiendo sin mayores avisos tendida en la cama como si de un paquete se tratase… otra vez.
Y, como respondiendo a algún falso llamado, la puerta se abrió deliberadamente dejando ver del otro lado a cierto moreno.
-Sasuke –lo llamó, inevitablemente sonriendo.
-Despertaste –le dijo él, acercándose.
Y, para la sorpresa de la muchacha, el joven atacó directamente con un roce sus desprevenidos labios.
- ¿Dónde estabas?
-Recuerda que vine a aquí por negocios, tuve que hablar con los representantes de la firma de Rud.
- ¿Y qué tal te fue? –indagó, eligiendo su ropa.
-Bien, hablaremos mejor hoy en el cóctel de esta noche.
- ¿Esta noche?
-Así es, esta noche se realizará el gran evento, necesito ayuda con los papeles –apuntó.
-¿Debo ir?
-Me gustaría que fueras –se limitó a responder, formando una mueca sonriente en la comisura de sus labios.
-Entonces iremos con Sora…
El Uchiha frunció el ceño, ella lo observó intrigada.
-No podemos ir con Sora –sentenció, revolviendo su maleta.
-¿Por qué no?
-Si aparezco en una de las noches más importantes del mundo empresarial con una muchachita exactamente igual a mí va a ser un banquete para la prensa, eso y sin contar que Fugaku sabría enseguida quién es ella, y que está conmigo.
-¿Y por qué no puede saberlo? Es el abuelo después de todo…
Hizo unos segundos de silencio, resolviendo cuánto podía o no contarle.
-No lo sé realmente, pero así lo pidió Itachi. Él tendrá sus buenos motivos.
-Porque Fugaku nunca quiso a mi madre –contestó una voz un tanto adormilada.
Ambos la miraron, expectantes.
-¿Por qué dices eso, Sora? –le preguntó la Haruno dulcemente, acomodando con cuidado sus oscuros cabellos.
-No sé por qué era, pero así me ha dicho mi padre.
-¿Y que quieren almorzar? –cuestionó finalmente el muchacho, zanjando el tema.
- ¿Ramen? –preguntó ilusionada.
-De acuerdo, buscaremos ramen –aceptó, guiñando un ojo a la pequeña.
OoOoOoOoOoO
Según el dicho popular, las mujeres pueden pasar horas y horas hablando sin que eso afecte sus cuerdas vocales.
Él ya había comprobado cuán cierto era eso.
Según lo que la gente decía, las mujeres eran terriblemente extremistas y exageradas; además de sensibles.
Lo cual, por cierto, también era verdad.
Pero lo que el menor de los Uchiha ignoraba, era la veracidad de quienes afirmaban que una mujer podía, literalmente, pasar horas eligiendo un atuendo. Y más si eso se trataba de un hermoso vestido de gala.
Aquello último, era algo que, tras dos horas sentado en una banca observando
impaciente el firmamento, Sasuke podía asegurar sin temor a equivocarse.
Observó el reloj: las seis.
Luego de recorrer todo Buenos Aires en busca de un condenado lugar que se dignara a vender ramen (o cualquier derivado capaz de confundir a un infante), después de haber fracasado estrepitosamente y haber tenido que donar la mitad de su sueldo en calidad de complacer todos los gustos de la pequeña Sora (por haber faltado a su palabra de darle Ramen ) y al terminar la segunda ración de helado (del cual parte terminó en el pantalón del azabachado, por cierto) lo habían persuadido de acompañarlas a comprar vestidos.
Sakura para esa noche, Sora…por diversión.
Pero jamás imaginó que dicha tarea ocuparía ya dos horas completas de su vida, ¿Quién demonios lo mandaba a viajar con dos mujeres? Tranquilamente pudo haber ido solo… pero no, ¡Él fue a América con dos mujeres!
Dos mujeres que sabían bien cómo complotarse en su contra.
Sí, su segundo nombre seguramente era Masoquista. Sasuke Masoquista Uchiha.
Admítanlo, era un nombre muy estético.
Meneó la cabeza… ¡Él era el hombre del lugar! Él impondría su voluntad y le haría entender a esas féminas con quién estaban tratando. Con el gran Uchiha Sasuke, por supuesto. Con el mismísimo heredero de Uchiha Corporation, la estrella indiscutida del mundo de los negocios.
Sí, ellas lo sabrían pronto.
Se levantó del asiento, seguro de sí mismo, y emprendió camino hacia de la puerta de aquel sofisticado lugar en el cual ambas se encontraban desde hacía ya ciento veinte minutos.
-No hemos encontrado nada –lo interrumpió una Sakura recién salida.
-Es verdad, nada terminó de convencernos –aseguró la jovencita.
-He oído que por allí hay otro muy buen local –señaló la mayor.
-Entonces vamos, seguramente encontraremos –apoyó la azabachada.
-Apúrate, Sasuke –urgió la pelirrosada, empezando a caminar.
El Uchiha las observó, perplejo.
-S-sí, ya voy –soltó… definitivamente no era buena idea ser arma de tiro de dos mujeres irritadas…
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-Señor Uchiha, lo llaman.
Se acomodó la corbata de su traje y se dirigió hacia el intercomunicador de su habitación.
-Puede pasar la llamada –contestó.
Tomó el auricular y esperó a escuchar la voz del otro lado de la línea.
-Ototo –saludó.
-Itachi, ¿Qué tal estás?
-Bien ¿Cómo está Sora?
-Está con Sakura, en una hora saldremos, así que ella se quedará en la guardería del hotel.
-¿Te está siendo mucho problema, ototo?
-Creo que lo peor que me ha pasado es descubrir que le gustan las flores.
-Ja, ja, ja… ¿Tanto la recuerdas?
-Como si aún estuviera conmigo, Itachi.
-Entonces… creo que hay algo sobre Mikoto que debería decirte.
- ¿Qué?
-No ahora ototo, no seas impaciente. Por cierto… me gustaría pedirte perdón por anticipado.
-¿Y por qué te estás disculpando? –preguntó, desentendido.
-Mph, sólo procura escuchar la versión de la historia, ototo… y perdóname.
Y escuchó entonces, el tintineo de una línea cortada. Suspiró, después de todo Itachi era así por naturaleza.
Misterioso.
Inhaló hondo y observó el bolsillo de aquel elegante esmoquin. Y entonces, una pequeña sonrisa se dibujó en su rostro.
Aquella noche sería perfecta.
OoOoOoOoOoO
El color manteca de aquel vestido se adhería a su figura. Sus curvas resaltadas por aquel escote disimulado que dejaba a la imaginación lo suficiente y al ojo un tanto para hacer banquete. La gargantilla de cerezos rosados le sentaba perfecta, contrastando con elegancia con sus ojos y atuendo.
-Estás hermosa, Sakura-sama –comentó cierta muchacha, perpleja.
-Muchas gracias, Sora-chan –contestó, sonriendo.
-Por cierto, el tío Sasuke lleva ya más de una hora esperando en la recepción, yo creo que ya deberías bajar -comentó.
-Sí, ya estoy lista. Ven conmigo, y procura portante bien –dijo, guiñándole un ojo a la niña.
-Por supuesto, lo haré –aseguró, orgullosa de sí misma.
Ambas se encaminaron, ante la mirada inevitable de todo hombre que pasase, hacia el elevador del hotel. Bajaron los siete pisos que las separaban de la planta baja y, finalmente, desfilaron con serenidad hasta la recepción.
Y allí se encontraba, tendido sobre un sillón con la paciencia aparentemente renunciada, cierto azabachado que, en cualquier otra situación hubiese inspirado un respeto profundo; pero que, ésta vez, lucía más bien distraído y… resignado.
-Sasuke-chan, ya hemos terminado –anunció la niña, llamando la atención de aquel hombre.
Y fue inevitable aquella conjunción entre el jade y el azabache. Conjunción que a ella le sonó a perfección, y a él a deleite. Deleite de ver aquella pequeña figura esculpida en porcelana siendo engalanada con una prenda tan hermosa, resaltando su finura, su belleza. Resaltando el color de sus ojos y sus envidiables contornos, resaltando su gracia.
Su perfección.
-Estás hermosa, Cerezo –sonrió, tomando su mano y dejando en ella un leve beso.
La muchacha por su lado sintió sonrosarse sus mejillas.
-Señor Uchiha –llamó la voz de uno de los encargados-. La guardería está lista para recibir al infante Sora en cuanto usted disponga que así sea.
-De acuerdo. Pórtate bien –le recomendó, mirándola.
-Soy yo quien debería decirte eso, Sasuke-chan –contestó indignada.
La pelirrosada sonrió inevitablemente.
-Que tengas una buena noche, Sakura-sama.
-Igualmente para ti, guarda tus modales.
-Por supuesto. Adiós –saludó, para luego dirigirse junto aquel hombre.
-¿No crees que es injusto? Tú dijiste lo mismo que yo y a mí ya me ha perdido el respeto –espetó, con el ceño fruncido.
El moreno escuchó entonces una delicada carcajada.
-Sasuke, los niños son así –simplificó.
-Mph, ahora recuerdo por qué no quiero tener hijos –gruñó, avanzando hasta el deportivo.
-Es una pena, yo siempre quise ser mamá de seis niños –retrucó, enfrentando su mirada.
Y distinguió entonces en sus siempre afiladas orbes azabaches un atisbo de terror.
-Tranquilo Uchiha, sólo es broma. No creo que mi paciencia soporte a más de dos criaturas.
Pasaron ante la vista de una hermosa y muy ornamentada ciudad, donde las luces iluminaban su camino y la luna regalaba a sus ojos aquel ostentoso as blanco, regando así las más románticas de las veladas.
Y aquel deportivo rentable frenó frente uno de los más lujosos restaurantes.
-¿Aquí es el cóctel?
-Mph, podría decirse –simplificó, bajando del vehículo y olvidando por supuesto abrir la puerta de la joven.
-¿A qué te refieres con eso? –indagó confusa, bajando del automóvil.
-Digamos simplemente que es aquí donde venimos.
-¿Y la cena empresarial?
-Mph, será como una cena empresarial –sonrió de lado, acercándose a la muchacha-. Entre un jefe y su secretaria…
OoOoOoOoOoO
-¡¿Cómo que Sakura no se ha enterado?! –la exclamación de Ino sobresaltó a ambos.
-No hemos tenido tiempo de contarle, las cosas han pasado muy rápido –se excusó la azabachada.
-¿Pero cuánto llevan ya?
-De que nos enteramos será una o dos semanas, de embarazo llevo ya un mes –contestó ella.
-Ino de verdad tuvimos la intención de decirle, pero la historia entre ella y el teme no nos ha dado mucho espacio a hacerlo –coincidió cierto rubio.
-Pero mírate Hinata, esa panza ya es lo suficientemente obvia como para que ella se de cuenta antes de que se lo digan. Y va a enojarse.
-Ino, estamos hablando de Haruno Sakura, todos sabemos que no va a darse cuenta.
La rubia rió, después de todo su amigo tenía razón.
-¿Y que tal andan los preparativos de la boda?
-Será en el Closs Palace –sonrió la joven Hyuuga.
-¿En serio? –Preguntó, sorprendida-. El Closs Palace es el mejor salón en Japón según la dueña de Rose, dice que quiere que su hija se case en ese lugar.
-Sí, es realmente bellísimo –sonrió Hinata.
-Yo quería hacerlo en algún campo –suspiró el rubio-, pero sería un descontrol invitar ahí a tantas personas y por eso accedimos a buscar un salón de eventos.
La Yamanaka, por su parte, observó un segundo la reacción de ambos jóvenes. Ahora que lo pensaba, Hinata era la heredera de una enorme fortuna y Naruto era el joven por el que cualquier canal de medio mataría por auspiciar los gastos con tal de poder cubrir la ceremonia de matrimonio. Sin embargo, ellos conservaban la humildad que los caracterizó desde siempre.
Desde que ella conoció a aquel rubio hiperactivo y a aquella tímida muchachita que le regalaron su amistad.
-Pero por lo demás, aún no tenemos nada preparado –confesó la muchacha, frunciendo ligeramente el ceño.-Ahora que lo recuerdo, tú hablarías con las personas de las tarjetas –señaló.
- ¿Yo? –preguntó el rubio-. ¡Oh, claro! … creo que lo olvidé –sonrió.
-Sí, me he dado cuenta… podríamos pasar cuando regresemos al departamento.
-De acuerdo –aceptó.
-Saben que pueden contar conmigo para lo que sea, planear una boda es complicado.
-Por supuesto, delegaré a tu cargo el vestido, no confío demasiado en mi buen gusto.
La rubia sonrió emocionada.
Y entonces el sonido del celular del joven Uzumaki distrajo la charla.
La azabachada se dirigió hacia el tocador, mientras que su amiga traída de la cocina algunos aperitivos extra.
-Disculpen –dijo, mientras atendía el susodicho aparato-. Habla Uzumaki Naruto –saludó-. Sí, lo conozco, él es mi mejor amigo. ¿Quién dice que está hablando? Oh, ya veo… ¡¿Cómo?! ¿Cuándo ha sucedido? No, él no se encuentra en el país, salió por negocios. Sí, yo voy a avisarle –le tembló la voz por un segundo-. D-de acuerdo… en seguida lo estoy llamando.
Y, de hecho, ante la atónita mirada de las muchachas allí presentes, el rubio se dedicó a discar el número tan rápido como sus nervios se lo permitieron.
OoOoOoOoOoO
La luna y el delicado destello de aquellas velas eran las únicas que se atrevían a iluminar tenuemente aquel ambiente. Y es que en el centro de una amplia y muy bien decorada terraza, dos jóvenes se encontraban cenando muy amenamente, acompañados por el suave compás de música clásica que sonaba de fondo.
-Eres increíble Uchiha, voy a admitir que lograste sorprenderme –sonrió-. De verdad creí que asistiríamos a una cena de negocios.
-Era verdad que mi padre me insistió en que viajara para conseguir la firma con Rud, pero me negué a ello rotundamente, hasta que mencionó el pequeño detalle del acompañante. Por suerte, veníamos negociando en Japón con aquella marca por lo que hoy en la mañana terminé con la firma y me dediqué a buscar la terraza más hermosa de todo Buenos Aires para poder cenar tranquilos.
-Y la encontraste, Sasuke-kun. -Comentó, encantada con el lugar. -Es lo más hermoso que he visto.
-Me alegro, creo que nos merecíamos una cena así ¿Verdad?
La pelirrosada asintió tenuemente, para luego simplemente perderse en la inmensa profundidad de aquellas pupilas. Tan seguras, tan intimidantes, tan superiores y al mismo tiempo, tan vulnerables.
Por primera vez, lograba distinguir con seguridad aquel matiz de sensibilidad que nunca, desde aquel primer día cuando golpeó su escritorio y enfrentó sus pupilas, creyó que llegaría a ver en los perfectos ojos del Uchiha.
Levantó la vista, las estrellas lucían altivas en el firmamento. Y volvían a dibujarse en el espejo de aquel lago, cuyo puente y bordes se encontraban delicadamente iluminado. Como en un sueño.
-No sé si sea el momento -comenzó, observándolo-, pero sinceramente tengo ganas de decírtelo. Una vez mi madre me contó que Fujimaro le había pedido matrimonio en uno de estos lugares, me lo describió hermoso, y yo, como buena niña, imaginé el más romántico de los lugares… pero nunca creí que vivirlo fuese tan perfecto como lo soñé en esa tarde de abril.
Sintió la inescrutable mirada del joven sobre ella.
-¿Quién es Fujimaro?
-Mi padre. Fujimaro Haruno.
El azabachado abrió los ojos, incrédulo.
-¿Fujimaro Haruno? ¿El dueño de Clixas SA?
La muchacha se limitó a asentir.
-Pero Clixas SA es nuestro…
-Lo sé, son una suerte de rivales. La empresa de mi familia controla buena parte de las acciones de toda América.
El muchacho la observó aún atónito.
-Vamos, ¿Vas a decirme ahora que crees que soy una espía? Hace muchos años que no veo a mi padre.
-¿Y eso por qué?
-Porque es un cretino. Porque quiso obligarme a vivir una vida que no era la mía, porque no supo aceptarme y amarme tal cual era. Porque intentó sabotear mis sueños y mi felicidad a costa de la satisfacción personal que le causaba saber que su hija sería la empresaria más reconocida a nivel mundial.
-No sabía que él tenía una hija.
-No te culpo, cuando decidí irme de casa, él me dio por muerta. Como si simplemente el aire me hubiese suprimido, sólo se dedicó a imposibilitarme las cosas. Ningún empleo me aceptaba, nada en lo que él ponía mano me salía bien. Por eso ingresé a Uchiha Corporation, le fue imposible jugarme en contra en la mismísima empresa rival.
- ¿Y por qué nunca…?
- ¿Por qué nunca te lo comenté? Porque es un momento de mi vida el cual yo creo que también suprimí de mi memoria. Pero ahora que vuelvo a ser feliz, siento el valor de contártelo. Además tenía ganas de decirte que tú y yo somos más parecidos de lo que crees –le dedicó una pequeña sonrisa, antes de dar un sorbo a su copa.
-Me dejas sorprendido. Nunca te imaginé como la hija del gran magnate…
-¿Por qué lo dices?
-Porque nunca vería coherente que estuvieras trabajando para mí. Y más como secretaria.
La muchacha dibujó una sonrisa.
-Puedo asegurarte que soy más feliz ahora siendo secretaria que en todos los años en los que fui dueña. Dueña de todo. ¿Sabes? Antes solía ir muy seguido a lugares así de bonitos como este… pero creo que nunca los observé realmente. Ahora pienso que son inigualables.
El moreno se limitó a curvar tenuemente los labios. Definitivamente, aquella mujer era una caja de Pandora.
-¿Y por qué me estás contando todo esto ahora?
-Porque… -desvió la mirada-, porque lo que siento por ti es algo que nunca me había pasado, y quiero que me conozcas tal cual soy. Quiero que sepa de mi pasado y de mis verdaderas raíces…
El muchacho la observó, sorprendido ante tal confesión. Tomó un trago de su copa.
-Desde niño viví en la enorme mansión Uchiha –comenzó, pensativo-, era una casa muy grande para una familia pequeña, y yo no solía pasar mucho tiempo con mi padre. Por en cambio, con mamá, estaba siempre detrás de ella ayudándola con sus labores domésticos. Amaba ver la hermosura de Mikoto cuando tendía la ropa y el viento revolvía sus cabellos. Tiempo después sabía que, psicológicamente hablando, sufría algo como el complejo de Edipo. Lo cierto, es que además de ella, sólo pasaba algún tiempo con Itachi…
Se hizo un pequeño silencio, en el que la suave brisa se encargó de jugar con sus cabellos.
-Cuando tenía cinco años, mi madre se propuso unirme más a mi hermano. Y lo logró. Itachi pasó a ser como un héroe para mí… Hasta que un día cuando tenía siete años, repentinamente, mamá ya no volvió a casa. Fue así de simple, nadie me dijo nada, a pesar de que pasaba el día preguntando por ella… era como si el viento la hubiese desaparecido. Todo lo que me quedaba eran recuerdos, recuerdos y una horrible pesadilla que lograría atormentarme por años. Inclusive en la noche de ayer, después de un mes sin tenerla, por lo que hoy me levanté más temprano de lo usual.
La joven se quedó perpleja ante el relato.
-Un año después, mi hermano me resumió que había muerto. Ni cómo, ni por qué, ni nada. Mi madre había muerto, matando también mis esperanzas de volver a verla. Cuando tuve veinte me atreví a desafiar a mi padre y a exigirle que me contara qué le había sucedido. "Cáncer de pulmón" fue su respuesta… aquel día dejé de fumar.
Y el Uchiha sintió entonces cómo unos delicados brazos envolvían su figura, sin saber en qué momento exacto la muchacha se había levantado y avanzado hacia él.
-Eso ya pasó –le susurró al oído, sentándose sobre su regazo-. Ahora las cosas son diferentes, Sasuke-kun.
-Sí, tienes razón. Luego de perder a mi madre, luego de que mi hermano se fuera, prometí no volver a querer, no volver a dañarme –la observó-. Ahora las cosas son diferentes, Cerezo. Y quiero agradecerte por eso.
-Agradécele al destino -propuso, sonriendo. -por juntarnos.
Y el moreno no pudo evitarlo, las sonrisas de Sakura eran, sin lugar a dudas, de lo más contagiosas.
-Por cierto, creo que el cielo pretende decirte algo –susurró el Uchiha, con un toque misterioso en su voz.
Inmediatamente, sus lunas jade volaron hacia el firmamento, donde cuatro avionetas comenzaron a volar, dibujando en el aire sus piruetas. Era un grandioso espectáculo. Hasta que en un momento, las cuatro continuaron con sus vueltas, pero ahora despedían algo como un gas blanco.
Entonces sus preciosos ojos verdes se dilataron.
Los aviones dibujaban algo que no lograba descifrar.
Las avionetas no estaban jugando. Ellas escribían un mensaje. Un mensaje de amor. Un mensaje de Sasuke. Un mensaje para ella.
Sonrió ampliamente, mientras tomaba sin permisos los labios del moreno y se permitía fundirse en la perfección más eterna. La perfección del roce sus labios.
"Te amo, Cerezo"
Y era el mismísimo cielo quien lo decía.
-Sakura –susurró, mientras ella se acomodaba en su regazo.
-Muchas gracias, Sasuke-kun –sonrió, emocionada.
Y entonces, en un astuto movimiento, la mano derecha del Uchiha viajó hacia su bolsillo y extrajo de él una pequeña caja rectangular.
-Hay algo que quisiera preguntarte –carraspeó, nervioso.
La muchacha se limitó a observarlo.
-¿Quieres ser oficialmente mi novia, Sakura?
Y su brillo jade refulgió de felicidad, mientras veía cómo el hombre abría la pequeña caja, sacando de ella, una pequeña pulsera que jugaba en perfecta combinación con su gargantilla.
-Por supuesto que quiero, Sasuke-kun –respondió, uniendo nuevamente sus labios a los de él.
Definitivamente, perfección es como podrían llamarle a aquella noche.
Su brindis fue con una elegante copa de champagne, mientras los labios de ambos jóvenes se encontraban curvados de felicidad.
No más rubias estrafalarias intentando hacer terreno sobre él. No más noches de confusiones y angustias. No más lágrimas. No más malos entendidos. Sasuke Uchiha era ahora formalmente parte de su vida.
Y entonces el sonido del teléfono móvil los distrajo a ambos, quienes se dedicaron a comprobar de cuál celular se trataba.
-Naruto –sonrió el azabachado-. Pero creo que no voy atenderlo –simplificó, guardando el aparato.
-Atiéndelo, quiero contarle la noticia –sonrió ella, a lo que el joven contestó la llamada.
-Dobe –saludó.
- ¿Dónde demonios estabas? Estuve llamándote de hace más de una hora…
-Creo que no tenía señal, ¿Sucedió algo?
El rubio suspiró con exasperación.
-Me han llamado de la comisaría, detuvieron a tu padre.
- ¿¡Cómo?!, ¿Qué ha sucedido?... ¿Bajo qué cargos?
-Lo acusan de… -tomó aire-, lo acusan de homicidio –simplificó.
- ¿Homicidio? –el moreno sintió la aceleración de su ritmo cardíaco.
-Como el autor intelectual de un homicidio –corrigió-, aparentemente está buscando apelar, por lo que sé el hecho ha pasado hace ya mucho tiempo.
Sintió seca la garganta.
-¿Quién lo acusa? –preguntó finalmente el Uchiha.
El silencio del rubio sólo logró tensionarlo más.
-Fue acusado por… por Uchiha Itachi.
Como verán, por el momento sigo viva, y he aquí dignándome a actualizar n.n Como muchos sabrán, estoy poco a poco reacomodando mis problemillas con los tiempos, pero las cosas van a descontracturarse realmente al acabar diciembre (sí, el Santo mes de diciembre...) por lo que no puedo asegurar a ciencia cierta cuándo será la siguiente actualización, si el domingo próximo o algún día de semana.
Estamos entrando ya en los últimos chaps de esta historia, por lo que quiero agradecerles por su paciencia y apoyo, quienes siempre me alientan a continuar y dar lo mejor de mí. Así como también a mi beeeta! a la cual le debo parte de este chap n.n
Por lo que, sin más, espero que tengan una muy heeermosa semana y qe nos leamos lo antes posible.
Besoss!
Hana
