Uchiha Corporation
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- ¿Mi jefe? Es un cerdo machista licenciado, un precoz espécimen de macho ególatra y subdesarrollado con necesidad de adulación constante, ¿Qué puede tener de atractivo?
-Saku, es obvio, su tra...
-¡Ino-cerda!
Sasusaku
Sin más preámbulo, los personajes pertenecen a Kishimoto-sama, por supuesto y muy a mi pesar
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Capítulo anterior:
-Me han llamado de la comisaría, detuvieron a tu padre.
- ¿¡Cómo?!, ¿Qué ha sucedido?... ¿Bajo qué cargos?
-Lo acusan de… -tomó aire-, lo acusan de homicidio –simplificó.
- ¿Homicidio? –el moreno sintió la aceleración de su ritmo cardíaco.
-Como el autor intelectual de un homicidio –corrigió-, aparentemente está buscando apelar, por lo que sé el hecho ha pasado hace ya mucho tiempo.
Sintió seca la garganta.
-¿Quién lo acusa? –preguntó finalmente el Uchiha.
El silencio del rubio sólo logró tensionarlo más.
-Fue acusado por… por Uchiha Itachi.
Pesadillas
Desvió la mirada, posándola de forma impaciente sobre el ventanal de aquella lujosa habitación. Nunca había notado, en los últimos veinticinco años, lo excéntrico y frío que resultaba ser su living. Nunca hasta esa tarde, en que su vista recorría nerviosamente la habitación, mientras se limitaba a esperar.
Esperar en un momento como ese, en el que a duras penas sí podía controlar su inquietud y su reflejo de levantarse de aquel maldito lugar e ir hacia la comisaría. De hecho, en cualquier otro momento de su vida eso es lo que hubiese hecho. En cualquiera.
Excepto, precisamente, en aquel.
Y si se preguntan qué es lo que lo detenía sentado en aquel mullido sofá, no era la indicación de su hermano mayor para hacer justamente eso, esperando a que él llegara… sino que, más tangiblemente, lo único que lograba suavizar su impaciencia era una pequeña mano que reposaba en su pierna. Y es que no era la simpleza de la mano de Sakura trasmitiendo sus treinta y seis grados de temperatura, sino que aquel gesto escondía en sí un millón de connotaciones. Aquello le estaba diciendo que ella lo apoyaba. Que ella estaría con él. Que no lo dejaría solo.
Que ya no estaba solo…
Nunca más.
-Tranquilo –aquel susurró llegó entonces a sus oídos.
Volvió a quitar la profundidad de sus orbes azabaches del marco del ventanal y los posó sobre el destello jade de la muchacha, quien sonrió ligeramente.
-Sé que es mucho pedir que te calmes, pero tu hermano está a punto de llegar y tú eres una persona muy fuerte.
-Está acusando a mi padre de planear un homicidio… a su padre –articuló.
-Sasuke –llamó-, seguramente vas a necesitar mucho de tu equilibrio y concentración esta tarde… trata de no perderlos aún.
-Por eso se disculpaba ese desgraciado, para eso volvió a Japón… para acusarlo a Fugaku de algo que no hizo, para destruir la reputación de una empresa en la que no supo encajar y para intentar volver a sabotearme lo que es mío.
La joven no acotó nada ante aquellas palabras. Era demasiada su convicción como para que alguien le contradiga…
-No lo juzgues, Sasuke –simplificó.
-No pidas tanto.
-No lo hago, sólo pido lo básico. Lo único que tienes como referente justificativo a toda esta situación es el hecho aislado de la detención de tu padre, luego simplemente has volado a Japón y te has sentado en este sofá… antes de dar un veredicto personal, infórmate de lo que verdaderamente ha ocurrido.
El Uchiha suspiró, calmándose.
-Gracias, Cerezo –susurró, dejando en sus rosados labios la marca de los suyos.
-No tienes que agradecerme, Sasuke-kun. Además, Sora ya está lo suficientemente preocupada como para que encima los aires estén tan alterados.
-Ella está en la habitación.
-Sí, pero tú bien sabes que no es tonta, y si nadie va a decirle nada, es que no hay nada bueno que decir… y evidentemente la preocupa.
-Tienes razón, ¿Quieres ir a decirle que su padre está en camino?
-Tengo sincero temor ante tus delirios suicidas, y no quiero verte en la comisaría diez minutos después de que deje de vigilarte, ni mucho menos haciendo cualquier otra locura que no inmiscuya tu trasero en este sillón –apunto, reprochando.
Frunció el ceño.
-No soy un niño –gruñó, indignado.
-Sería más fácil si lo prometieras.
-Mph… lo prometo –siseó, indiferente.
Entonces la pelirrosada juntó suavemente sus labios con los de él, y le dibujó una leve sonrisa.
-Verás que todo estará bien –le dijo, antes de desaparecer por las escaleras ascendentes del salón.
Suspiró resignado al momento de volver a llevar su iris al ventanal. Llovía, llovía como si el cielo pretendiera caerse en plena primavera. Llovía como si fuese la última vez que iba a hacerlo. El gris intenso dominaba el firmamento y las gruesas nubes de algodón manchado aseguraban que aquella tempestad no cesaría pronto. Un haz de luz blanca dominó el firmamento.
Llovía como si el cielo acompañara su dolor.
-Ototo –saludó una gruesa voz.
-Itachi –contestó, clavando en el recién llegado sus ojos.
Fríos. Afilados. Acusadores.
-Sé que hay mucho que debo explicarte…
-Sí, de hecho lo hay –siseó, tajante-. ¿En qué mierda estás pensando, Itachi? –inquirió, parándose.
-Tranquilo –habló con calma-. Hay cosas que nunca nadie te ha dicho…
-Acusaste a mi padre de planear un homicidio… ¿¡El homicidio de quién?!
-Sasuke, cálmate –exigió, alzando la voz.
- ¿Que me calme? Pretendes mucho, Uchiha. Tú acusando sin pruebas a un hombre inocente y yo aquí teniéndote que escuchar al decirme que me tranquilice. Qué irónica resultó la vida.
-Lamentablemente, no lo estoy acusando sin pruebas.
Nuevamente, sus ojos acribillaron a su hermano mayor.
-No quiero empezar directamente con este asunto, no sé bien cómo van a darse las cosas de acá en adelante, por lo que verdaderamente me interesa que te enteres de otros asuntos… de los cuales es tu derecho saber.
Sasuke inspiró aire, tomando de él algo de calma y volviéndose a sentar en aquel mullido sofá.
-Yo me fui de casa cuando Hitomi quedó embarazada de Sora –comenzó-. Y no lo hice porque Sora haya sido un error, yo amaba a esa mujer con toda mi alma, e incluso un poco más. Pero Fugaku no estaba tan de acuerdo…
El menor entendió que lo mejor sería entrar en el pasado que su hermano le estaba relatando.
- ¿Por qué? –inquirió, indiferente.
-Porque Hitomi estaba enferma. Una enfermedad Terminal que haría que un día simplemente se fuera… y los Uchiha llevamos sangre pura en las venas, no enferma.
El menor abrió los ojos, sorprendido.
-Yo quería regalarle a esa mujer todo el tiempo de mi vida, mientras pudiese hacerlo… y entonces, la evidente consecuencia, era tener que renunciar a las responsabilidades en Uchiha Corporation. Ahí comenzaron los enfrentamientos con Fugaku, quien me veía como el futuro sucesor de su cargo en la empresa ¿Entiendes básicamente esa parte de la historia?
Asintió levemente.
-Ahora… ¿Cómo definirías tú a Mikoto, Sasuke?
El silencio fue pesado.
-Perfecta –contestó finalmente-. Era la mejor de las madres y la mujer más hermosa.
-No lo dudo, como madre era intachable y como mujer más que preciosa. Pero ella no era perfecta…como esposa. Mikoto… ella tenía un amante –paró el relato al ver la consternada expresión de su hermano-. Y Fugaku finalmente conoció aquella realidad. Él faltaba en la casa la mayor parte de la semana e impedía a ella su libertad, era completamente lógico que buscara amor en alguna parte. Nadie la culpa por eso.
Aquellas palabras suavizaron el semblante de Sasuke.
-Una noche, cuando tenías tú alrededor de siete años, ocurrió en nuestra propia casa un hecho espantoso. Yo estaba estudiando con Deidara esa noche, y a las cuatro y media de la madruga recibí la llamada de la secretaria de Fugaku… mamá había muerto.
El menor volvió a sorprenderse tras ello, al fin se develaban sus dudas con respecto a aquella noche.
-Yo estaba completamente destrozado, y Fugaku me convenció de que no podíamos decírtelo, no podía acabar con tu ilusión… primero sería mejor que te acostumbraras a su ausencia. No te das una idea lo duro que resultaba para mí ver en ti su viva imagen, y tener que mentirte cuando preguntabas por ella.
-Por eso simplemente dejaste de acercarte –entendió.
-La velamos al día siguiente. Pero el incidente que llevó el premio mayor fue la presencia del enamoradísimo amante de Mikoto despidiéndose del cuerpo de su amada. Fugaku estalló colérico y tomó un cuchillo…
Se abrió entonces un silencio gutural.
- ¿Lo mató?
-No, pero sí logró intimidarlo con sus amenazas. Finalmente, las pericias dictaminaron que mi madre había muerto de cáncer de pulmón… Tres años más tarde conocí a Hitomi y comencé a dedicar en ella mi vida. Dos años luego de conocerla, nos comprometimos, y ya para aquel tiempo yo llevaba varios meses discutiendo con mi padre sobre mi entonces prometida. Él había centrado en mí todas sus esperanzas para la empresa y que yo tuviera esas locas ideas de casarme y tener hijos con la mujer que amaba, aunque eso estropeara mi carrera… era simplemente una blasfemia.
Nadie dijo nada durante unos minutos.
-Un año después, quise encontrar unos papeles sobre Mikoto que eran importantes para mí… pero en los cajones de Fugaku encontré algo sumamente extraño y escondido. No sé por qué la guardaba, pero era la firma de una coima… una coima a quienes habían realizado las pericias al cadáver de mamá. Ella no murió de cáncer, murió asesinada.
Y entonces resbaló la primera lágrima por la nívea mejilla del Uchiha menor. Lágrima que mezclaba en su simple composición las partículas más venenosas de la amargura y el dolor.
-Ese fue el papel que sostuve en mi mano esa misma noche cuando tuve con Fugaku la última de las peleas. Lo traté de asesino y, luego de eso, tomé mis maletas y no volví a pisar Japón.
- ¿Él la… mató? –era un susurro leve y a penas pronunciado. Un hilo de voz.
-Pasé ocho años buscando a la mejor amiga de mi madre, quien sabía todo sobre ella y sobre su amante. Quien debía conocer la verdad… sin embargo, cuando creí haberla encontrado y viajé a Japón para hablar con ella, sufrió un accidente. Todo lo que podía obtener de mi madre era un diario íntimo, donde la última de las hojas escritas decía el profundo miedo que sentía de morir alguna mañana sin que nadie se enterase. Fugaku parecía sumamente enfurecido al enterarse de su engaño.
Sasuke desvió la mirada.
-Entonces, después de ocho años de ceguera… empecé a tomar más en serio tu pesadilla, la cual habíamos tachado como una suerte de premonición.
Sus ojos oscuros se dilataron de la sorpresa. Aquella pesadilla la había tenido por primera vez la noche anterior de la muerte de Mikoto… y lo seguía atormentando desde entonces.
-Escucho un grito agudo, y me despierto. Me levanto de mi cama –comenzó a relatar, recordando las imágenes que lo agobiaban tan seguidamente-. Siento el miedo recorrer mi cuerpo en ese preciso momento, bajo las escaleras con cuidado y observo en el comedor cómo una persona intentaba capturar a Mikoto. Ella cae al suelo mientras el hombre toma un cuchillo…
Se detuvo, desentendido ante el miedo de que aquellas horrendas escenas formaran parte de la realidad.
-No llego a ver su rostro porque el hombre busca algo en una mochila, de espaldas a mi. Entonces los ojos de mamá se clavan en los míos, me sonríe como siempre lo hacía y me susurra un "te amo Sasuke, escóndete en tu habitación". Y eso es lo que hago cada noche que sueño aquello. Me escondo en el armario, con los ojos rojos y las mejillas repletas de lágrimas… y así es como despierto cada mañana.
Ambos se limitaron a observarse, compartiendo el dolor que aquella charla había traído aparejada.
-Exacto… -comenzó, finalmente-, acusé a Fugaku… de ser él quien envió a aquel hombre con el que sueñas tantas noches, Ototo.
Y así fue como se derramó la segunda de sus lágrimas. Voló la vista por la habitación, en busca de un punto fijo donde observar. Y entonces, justo cuando sus orbes oscuras pasaron por el pie de la escalera, fue que vio a la delicada figura de cierta pelirrosada, con sus lunas jade cubiertas de gotas saladas apuntando hacia los hermanos, mientras las pequeñas lágrimas resbalaban por su mejilla y morían en su cuello.
-S-sakura –articuló, dándose cuenta de que su voz estaba más quebrada de lo que había calculado.
La muchacha lo observó y atravesó aquel extenso salón sin decir una palabra y con una suave rapidez. Sasuke sintió entonces alrededor de su pecho los pequeños brazos de su Cerezo, a la cual abrazó con fuerza. Con mucha fuerza.
-Su abogado me comunicó que Fugaku quiere hablar con nosotros –soltó el mayor.
-No quiero hablar con esa basura –determinó, recuperando su tono de voz.
-Entonces no hay nada más que decir, intentaré que el juicio comience rápidamente –comunicó.
-Itachi… ¿Sabes lo que ha pasado con el amante de mamá?
-No, lo he buscado alrededor del globo y nada se sabe de él –negó-. Sino, él también hubiese podido declarar a nuestro favor –apuntó, dando media vuelta y dirigiéndose hacia la salida-. Por cierto, Sasuke… Tú no tienes por qué formar parte directa de esto. Tenías que enterarte, pero no quiero que sigas sufriendo, yo me ocuparé de esto.
El menor de los Uchiha asintió suavemente.
-Lo único que quiero pedirte es que cuides de Sora por unos días más. O aunque sea que se quede en la mansión, con Fugaku detenido es un lugar seguro –pidió.
-Por supuesto, la cuidaré –afirmó.
-Nos vemos, ototo -saludó, saliendo del lugar.
Pasaron unos minutos, mientras el ambiente intentaba asimilar lo recién acontecido…
-Abrázame –su voz fue ronca.
-Te estoy abrazando –contestó ella, aún cernida a su figura.
-Más fuerte.
Se aferró más a él. Con desesperación. Con ansias de poder decirle que no estaba solo, que era solo un sueño. Un mal sueño. El peor de los sueños. Una pesadilla.
-Tranquilo, todo va a estar bien –susurró luego de unos segundos.
-Explícame cómo debo sentirme ahora Sakura, ahora que sé que soñé durante más de veinte años con el homicidio de Mikoto. De mi madre. Cómo debo sentirme ahora, que sé que llevo en mis venas la sangre de esa lacra, al cual llamo padre.
-Sasuke –lo llamó, alejándose levemente. Se sorprendió al ver su expresión, turbia. Abatida, desolada-, eso no cambia tu presente. Eso es solo una voz del pasado que hace eco en el hoy, pero no debe modificarte. Tú sigues siendo Uchiha Sasuke, el ser más ególatra, altanero e impredecible que conocí. Tú sigues siendo el Uchiha Sasuke al cual yo amo y del cual me enamoré…
-Gracias, Cerezo –dibujó una desganada sonrisa.
-No, no me agradezcas. Es una situación horrible, pero se va a solucionar, es solo un mal trago. De nada sirve que te tortures ahora, ahora que lo mejor que puedes hacer es disfrutar de la vida, la vida que hoy nos está dando revancha… hoy podemos ganar, Sasuke, que esto no nos acobarde, amor.
Comenzó a acercarse lentamente hacia los labios del moreno, logrando un dulce y suave roce. Un beso perfecto. Un beso que regalaba fuerzas, que regalaba valor, que regalaba esperanza.
-Te amo, Cerezo –susurró, volviéndola a abrazar.
-Yo también te amo, Sasuke-kun.
Y así pasaron los primeros minutos, entre dulces y suaves besos con el poder de recomponer un corazón herido, un corazón maltratado que ahora se proponía sentir. Sentir como nunca sintió en su vida, asumiendo el riesgo de ser lastimado nuevamente.
-¿Qué le diremos a Sora? –preguntó ella dulcemente.
-No mucho, por ahora. Hay un juicio desarrollándose y creo que hay que ser pacientes antes de decirle a la niña que su abuela fue asesinada por su abuelo…
-Ella no es tonta, Sasuke, sabrá cómo hacer que confesemos –apuntó, siendo consiente de su vulnerabilidad en aquel momento y de cómo la pequeña podría aprovecharse de eso.
-Podríamos ir con Itachi para ayudarle en lo que podamos… y dejar a Sora con Naruto.
-Sí, creo que es una buena idea… Mientras tanto podría hablar con Ino y Hinata y pedirles que hagan todo lo que esté a su alcance para que esto no se cuele y trascienda en la prensa.
El joven asintió agradecido y la muchacha se dispuso a marcar el número de su mejor amigo.
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-¿Qué acaso no lo entiendes? –gritó, maniático-. ¡Esto no es un juego! Esto es la vida real, esto es el presente… y yo, yo no estoy con él ahora –volvió a rugir, fuera de sí.
La joven rubia lo observó estupefacta. Nunca, en lo que llevaba de vida y siendo amiga del rubio, lo había visto en aquellas condiciones.
-Tranquilo, es lo mejor que podemos hacer, hay que esperar a hablar con Sakura o Itachi y saber lo que sucede.
-¿Qué no lo entiendes? –repitió-. ¡Necesito estar con Sasuke ahora! El teme debe estar sufriendo como nunca antes en su vida, y yo aquí, atado por una maniática psicópata y por su mejor amiga, totalmente imposibilitado.
-Naruto, verdaderamente, esto es lo mejor –la suave voz de Hinata intentó calmar la situación.
Por otro lado, el cuerpo del joven Uzumaki aún se encontraba aferrado entre unas cuantas sogas, sentado sobre una silla traidora y completamente carente de desplazamiento.
-¿Y por qué demonios creen que esto es mejor? –rugió.
-Mírate, Naruto –comenzó la joven Yamanaka-, en tu estado, no lograrás hacer nada bueno. Sasuke deberá ir a la comisaría y si tú lo acompañas a hablar con Fugaku, no vas a resistir a echarte encima de él. No ayudaría a la situación el que tú también terminaras detenido.
-Por eso hay que esperar a que Itachi nos asegure que ya no habrá más charla con Fugaku por el momento y que las cosas ya no están en su peor punto. Tranquilo amor, todo va a salir bien –intentó tranquilizarlo-. Además, Sakura está con él, y yo en lo personal confío mucho en ella.
El rubio se detuvo por un momento.
-En eso tienes razón, Sakura-chan sabrá qué hacer –suspiró-. Pero no quiero sentirme una molestia, soy el mejor y único amigo de Sasuke por lo que merezco la oportunidad de ayudar –recriminó.
Y entonces, el teléfono celular del rubio comenzó a sonar en su bolsillo.
-Yo atiendo –se ofreció la joven Hyuuga, tomando el aparato-. Sakura –saludó.
Los rubios allí presentes se dedicaron a escuchar la única parte de la charla que podían con suma atención, hasta que la muchacha bajó el aparato y consultó con su mejor amiga.
-Debemos apañar ante la prensa el escándalo, creo que podemos mover las influencias justas y lograrlo –apuntó-. Además, en nombre de Uchiha Sasuke también podemos ayudar bastante, ¿No crees, Ino?
-Sí, podremos hacer eso –pensó-. Dile que no hay problema, nosotras nos encargamos.
-Le dije, pero el problema es que entonces, Naruto debería quedarse a cuidar a la sobrina de Sasuke… Naruto solo –continuó.
-¡De niñera! ¡A mi no van a ponerme de niñera! –aulló-. ¡Yo puedo hacer mucho más que cambiarle los pañales a una niña!
-Oh, ya veo… –meditó un segundo-. No importa, Hinata, debemos movernos rápido y será mejor que comencemos inmediatamente. Está bien, que Naruto cuide a la niña.
- ¡Les dije que no! ¡Me niego rotundamente a ser de niñera en un momento así!
La de ojos perla volvió a la comunicación en el móvil.
-De acuerdo, Sakura, nosotros nos encargaremos de la prensa y Naruto de cuidar a Sora. No, no tienes nada que agradecer, suerte. Besos.
-Muy bien, vamos.
- ¡No iré a ningún lado! ¡No iré a cuidar a una niña! –rugió, con lo que sólo consiguió la peor de las miradas que aquellas muchachas le podrían haber dedicado.
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- ¡Eso no está bien! –dijo, corrompiendo la calma que rodeaba el lugar-. Fugaku está preso, Kakashi. ¡Él mató a su esposa!
-Tanquila, Tsunade… –contestó con serenidad-. No te adelantes a los hechos.
-¿Tú lo sabías y no dijiste nada? –inquirió, indignada.
-Te dije que mantuvieras la calma –continuó, pensativo-. Ahora sólo hay que pensar…
-¿Pensar? ¡Pensar qué! Estoy hablando en serio, esto dejó de ser un juego, esto ya no trata de presumirnos ser Cupido. Esto es la vida real, ¡es un delito! Un homicidio…
-Tsunade, escúchame con atención, para el tiempo en que esto ocurrió yo ya conocía muy bien a Fugaku, y a pesar de ser bastante mayor que yo hicimos muy buenos amigos. La noche en que mataron a Mikoto, yo había accedido a quedarme en la empresa y ayudarlo con unos papeles… y entonces sonó el teléfono. Yo sé lo que realmente pasó con Fugaku.
- ¡Tú eras su cómplice! –acusó-. No puedo creerlo yo…
-Tsunade –la llamó, mirando entonces los inmensas irises ámbar de la mujer-. Quiero que escuches algo y lo diré una sola vez. Ahora presta atención, ¿De acuerdo?
Asintió con calma y se dedicó a inspeccionar en la mirada de aquel misterioso hombre.
-Fugaku es inocente -y en el aire reinó un silencio sepulcral.
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El ambiente era dominado por el silencio en su totalidad. Tan solo dos personas se encontraba en aquella extensa habitación, y sus miradas se cruzaban de forma desafiante. Ni uno ni otro iba a ceder, ni mucho aceptar la derrota.
-Ya, dime que está pasando –exigió, amenazante.
-No tengo por qué informarte de nada –siseó con seguridad.
Lo observó por un momento conteniendo la rabia. Entonces chasqueó la lengua: cambio de planes. La psicología siempre funcionaba con los hombres.
–Está bien, entiendo que no me digas nada. Después de todo –continuó, restándole importancia-, si te han dejado de niñera es que no eras de gran importancia. Seguramente ni siquiera te tienen informado.
-¿Qué dijiste, niña? –estalló.
-Que les resultaste una molestia –contestó con simpleza.
-¡A mí sí me tienen informado! –aseguró.
-Entonces pruébalo, Naruto… Si es que puedes, claro –desafió.
-¡Claro que puedo! Lo que sucedió es que Itachi acusó a Fugaku se planear un asesinato y… -tapó sus labios al ver la reacción de la niña, ¡Demonios! Le habían dicho que no le contara a Sora sobre lo sucedido.
-¿Eso es lo que está sucediendo? –preguntó, decepcionada-. ¿Y nadie me dijo nada? –frunció el ceño. La situación no era para nada superflua como para que la hayan omitido de tal manera.
Observó entonces los profundos ojos celestes del joven Uzumaki y en su mente comenzó a idearse un pequeño plan inocentón que les haría entender a los hombres de la familia Uchiha qué tan malo podría ser enfrentarse con una mujer.
Una mujer Uchiha.
Una mujer como ella.
-Naruto, debe ser demasiada presión para ti… ¿Quieres probar algo de sake? Seguramente calmará tus nervios –sonrió al observar el semblante del rubio. Él estaba preocupado, lo que era un sinónimo de aceptación-. No te preocupes, una única copa no te hará mal.
Sonrió para sí… definitivamente, haría uso de sus tácticas de manipulación.
Y de la amplia agenda del joven actor.
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-Está bien que te lo tomes con calma –le dijo con dulzura, desde el asiento del copiloto-. Ya oíste a Itachi, no vale la pena que esto te lastime ahora –le sonrió.
-Gracias, en serio, Sakura… muchas gracias. Intentaré hacer todo lo posible para que esto no me afecte, o me afecte lo menos posible –contestó él, mientras daba el último giro que los conduciría hacia la enorme mansión Uchiha.
-Hablé con Hinata hace tres horas, dijo que habían podido apaciguar a la prensa –la muchacha clavó la mirada del otro lado del parabrisas-. ¿Ese no es el automóvil de Ino? –preguntó confusa, a lo que el moreno observó el vehículo que estacionaba frente a su residencia.
-Sí, creo que es el auto de Yamanaka –apuntó, mientras aparcaba a un lado de aquel sofisticado BMW.
-¿Qué hacen aquí, chicas? –preguntó confundida, al ver los hermosos vestidos que las jóvenes llevaban puestos.
-Lo mismo estábamos por preguntarte, Sakura –se adelantó Hinata-. Ha llamado Naruto y nos ha dicho que ustedes tenían una sorpresa, que ofrecerían una fiesta esta noche…
-¿Una fiesta? –interrumpió el azabachado.
Y entonces, las delicadas manos de la pelirrosada se posaron en la espalda de su flamante novio, para luego indicarle que dirigiera su vista hacia el interior de aquella enorme casa.
Por lo que, sus profundas lunas azabaches no tardaron en dirigirse hacia su jardín, el cual se encontraba totalmente atestado de los más reconocidos modelos de vehículos. Frunció el ceño y tomó la mano de su novia para internarse en el lugar.
Y exactamente como la rubia y la morena, todos allí estaban sumamente elegantes. Es decir, los casi cincuenta intrusos que se habían metido en su casa lucían como condes y condesas asistiendo a un banquete. Demonios, ¿Qué diantres estaba pasando?
-¡Naruto! –llamó, al verlo entre la multitud. El joven era uno de los tantos vestidos con frac.
-¡S-Sasuke! –Saludó, algo tambaleante –. ¿Cómo estás amigo?
-¡Tenías que cuidar a Sora! ¡No subastar mi casa! –bramó, mientras se acercaba.
-¿Sora? Oh, sí… es una niña muy simpática…
-¿Qué?... ¿Naruto estuviste tomando? ¡Apestas a sake!
-Relájate teme, no vas a tener ese humor en tu propia fiesta de compromiso –sonrió de lado, aún tambaleándose debido a los escasos reflejos que el abuso de alcohol le permitía conservar.
-¿Fiesta de qué…?
-Sí, la prensa está por llegar. Ya saben que vas pedir la mano de… hip, Sakura-chan esta noche.
-¿Que yo qué…? –se detuvo, disociando por un segundo toda la información que había recopilado.
Y entonces, repentinamente, todo llevaba a un mismo punto…
-¡Uchiha Sora! –aulló fuera de sí.
Varias personas voltearon a observarlo. Puso su mejor cara de circunstancia y dibujó una pequeña sonrisa. De acuerdo, la prensa estaba por llegar…
Aparentemente, sí habría compromiso aquella noche.
¡Hello!
Aquí Hana dando señales de humo, o algo por el estilo. Demoré demasiado con el chap, lo sé y pido sinceras disculpas por eso, pero ya estamos llegando al final y quería darles lo mejor que podía, en lugar de estropear la historia en estos momentos.
Espero sineramente que les haya gustado esta actualización extraoficial! Es decir, volveré a subirla el domingo y desde entonces, continuaré con las posteriores actualizaciones n.n de forma regular Por lo que agradezco su paciencia y apoyo, y pido disculpas por abusarme de ello un poquito.
Pero como estoy diciendo mucho últimamente, ¡Los extrañé! y por eso pretendo responder todos los reviews de este capítulo reencuentro, porque hace mucho que no sé nada de ustedes ni ustedes de mí, y estoy ansiosa por poder responderles.
Ahora, me despido y espero qe podamos leernos pronto. Dejé en la parte inferior de mi profile anotadas mis últimas novedades por lo que, a quien le intere, puede despejar allí sus dudas o curiosidad.
Besos y que tengan una heeermosa semana.
Hana
