Capítulo 2: "Una Inesperada Velada"

Los latidos de su corazón eran tan estrepitosos que se horrorizó al pensar si él podía escucharlos. Retrocedió un paso, observando luego a ese hombre casi con rencor. De pronto su mirada se detuvo en una pequeña mancha rojo oscuro de la mano que Inuyasha empuñaba. Arrugó el ceño y se aproximó otra vez, con duda acercó su mano a la suya hasta que al final la tomó entre las suyas, se sorprendió la calidez casi ardiente de su piel, pero evitó pensar más allá para concentrarse en la mancha que estaba en el dorso de su mano. Lo reconoció, era sangre seca. Le volteó la mano, inspeccionándola y entonces vio que en un costado de ella, entre el pulgar y el dedo índice, había una cortadura, no grande pero tampoco muy pequeña. De inmediato recordó cuando estaba al teléfono y escuchó el sonido de vidrios quebrarse.

- Se cortó...- Murmuró.

Miró a su alrededor, no tenía el coraje de hurgar en cosas ajenas y menos de desconocidos, suspiró y se quedó de rodillas, a su lado, tanteó con su otra mano el bolsillo de su bermuda y de ahí sacó su pañuelo. Se lo anudó en la mano a Inuyasha y luego volvió a mirarlo, sintiendo algo de pena.

¡Qué tonta era! ¿cómo había reaccionado así antes? ¡A ella no le gustaba! ¡Bah! Eso le pasaba por ser tan buena gente. Cerró con fuerza los ojos y sacudió la cabeza. No iba a pensar más en el asunto, Inuyasha Taisho no era de su agrado y lo que había hecho en nada la afectaba porque estaba borracho. Aspiró fuertemente y abrió lo ojos, dándose fuerzas sola. Se levantó y suspiró agotada, lo miró una vez más y luego volteó marchándose de allí rápidamente. Cuando cerró la puerta se encogió de hombros... si volvía a ver a ese tipo se iba a morir de la vergüenza por lo que había pasado. Dio dos pasos y sonrió. Bueno, si lo pensaba bien era muy probable que él ni se acordara del incidente puesto que estaba borracho... y dos... pasaría, con suerte, un par de meses o incluso años como para que el destino los volviera a juntar por casualidad otra vez...

- No pensaré más en el asunto...- Musitó, colocando las llaves en el auto y marchándose de allí.

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El cielo azul estaba ahí, como tanto lo quería, sopló una brisa calurosa que le recordó que, a pesar de ser verano, aún debía estar yendo a la universidad puesto que quería finalizar de una vez su carrera. Había que hacer sacrificios y vaya si lo estaba haciendo, a sus cortos 20 años era la más joven de su promoción. No era una prodigio, todo era pura responsabilidad, por eso terminaba la carrera un año antes que todos, debía terminar pronto.

Entregó la tesis a su profesor guía y cuando lo hizo sintió que se sacaba el mundo de sus hombros. Tenía grandes esperanzas porque si obtenía la más alta distinción tendría trabajo asegurado en el museo más importante de la ciudad... y sí que necesitaba pronto el dinero, era esa la razón de haber avanzando tan rápido en la universidad.

Se encontraba libre ahora... libre hasta dentro de dos semanas cuando supiera el resultado de su informe final. Dos semanas esperando... había trabajado tan duro que ahora se sentía casi inútil. Miró a su alrededor. Unas pocas personas se paseaban de aquí para allá y el sol sobre su cabeza era abrumador. Suspiró de cansancio y de pronto su teléfono móvil comenzó a sonar. Lo sacó del bolsillo de su pantalón de tela y miró la pantalla reconociendo el número de quien llamaba. Su corazón latió con fuerza y tragó apenas. Se lo llevó al oído.

- ¿Sango?

- Hola, Kagome ¿Cómo estas?

La joven suspiró y trató de borrar los recuerdos que tenía de la noche anterior.

- Bien, estoy en la universidad, acabo de entregar mi tesis.

- Vaya... felicidades... – Murmuró la otra y de pronto se quedó callada.

- ¿Sango?

- Anoche te molesté y... oye, no sabía que... la entregabas hoy... no dormiste y...

Kagome sonrió.

- No te preocupes, no pienses en ello, yo acepté y si lo hice era porque podía hacerlo.

Se produjo un leve silencio. La muchacha intentó reconfortarla, pero antes de decir nuevamente algo, Sango habló con seriedad.

- Te debo un gran favor ¿sabes?

Kagome se sobó un lado de la sien deseando borrar el caprichoso recuerdo de ese hombre que se intentaba apoderar de su mente.

- No me debes nada. ¿Llamaste ya para saber como estaba.... él? espero que no haya seguido con su escándalo.

- Aunque no lo creas... Inuyasha vino hace poco al hospital para pedirme disculpas...

Kagome arrugó la frente. ¿Pedir disculpas? no lo imaginaba en eso... era tan serio, tan... altanero...

- Me dijo que habías sido muy amable...

En ese instante, la joven volvió a recordar el beso. Su corazón latió con violencia nuevamente, pero del susto ¿se acordaría de ella? Pensaba que había estado lo bastante ebrio como para no recordarla... Kami Sama... ¿se acordaría del beso? Que vergüenza con Sango...

- Ehh... sólo... sólo lo dejé en su departamento, nada más.

Rezó internamente para que él no se hubiera acordado de esa vergonzosa escena y menos que se lo contara a Sango. Kagome esta segura que ese hombre, en su delirio, quizás la había confundido con su difunta novia.

- Espero que se haya portado bien y no te haya causado problemas.

Kagome esbozó una mueca.

- No te preocupes, se portó bien para lo que es.

La voz de preocupación de Sango desapareció.

- Ya sé que te cae pésimo... y es que en verdad Inuyasha es una persona algo complicada pero... cuando lo conoces mejor...

La muchacha evitó reír. No lo imaginaba amable ni simpático... quizás aquella vez cuando la vio con el libro y charlaron sobre él había sido picado por alguna clase de mosquito y debía tener fiebre, de ahí su conducta... la joven apretó los labios evitando reír de su propio pensamiento.

- Sango, no te preocupes, todo salió bien.

- Te lo quiero agradecer ¿sabes? ¿por qué no vienes esta noche a cenar a mi casa?

Alzó una ceja.

- ¿Tu? ¿haciendo la cena?- Se reiría pero le tenía respeto.

Sango se rió con suavidad.

- Bueno, ya, Miroku llevará comida china lista.... ven a acompañarnos.

La joven se sobó la frente, no muy convencida.

- Paso... no me gusta ser la que toca el violín.

- A estas alturas de nuestra relación ya nadie toca el violín...- Masculló Sango y Kagome pensó que sonaba amargada. Alzó una ceja nuevamente ¿estarían mal las relaciones entre esos dos?- Vamos, a las 8 ¿que te parece?... es bueno recibir visitas de vez en cuando ¿sabes? No puedes acudir a verme sólo cuando te pido un favor.

Chantajista, pensó la joven.

- Bien, bien... estaré a las 8 allá ¿estas satisfecha?

- Mucho. – Respondió Sango, sonriente y extrañamente complacida.

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Bostezó. Y luego miró la hora en su reloj de pulsera. No era tarde aun, había llegado a la hora acordada por Sango, pero sentía tanto sueño por no haber dormido lo suficiente la noche anterior que gustosa se hubiera quedado en casa y en su cama para descansar de una buena vez. Suspiró. El descanso tendría que esperar... nuevamente.

Golpeó con sus nudillos y esperó, tambaleándose sobre sus tobillos. La puerta se abrió y ella sonrió.

La sonrisa desapareció de su rostro.

- Hola.- Saludó ronco la persona que menos esperaba ver hoy.

Se le secó la garganta, se quedó paralizada.

Él alzó una ceja y luego bajó algo el rostro.

- ¿Estas bien?

- ¿Kagome? ¿Eres tu?- Gritó Miroku desde el interior.

En seguida apareció tras el hombre que había abierto, la joven lo miró y sintió que las mejillas le ardían. Tenía que concentrarse en el rostro del novio de su amiga, no podía mirar al otro, estaba avergonzada, abrumada y demasiado nerviosa como para mirarlo a la cara. Intentó sonreír.

- Hola... Miroku...

- Pasa, por favor, Sango viene en seguida.

Ella le sonrió y pasó. Comenzó a respirar fuertemente. Sentía que le ardía la nuca. ¿qué estaba haciendo Inuyasha también ahí? ¿por qué? Pensaba que la cena de agradecimiento era para ella, no para ese chico... al contrario, con lo mal que se había portado...

- ¡Hola Kagome!

Sango apareció en la sala sonriendo ampliamente. Las amigas se abrazaron y en ese instante musitó cerca de su oído.

- ¿¡Qué hace él aquí!?

Cuando se apartaron la otra sonreía con burla, pero no dijo nada.

- ¿Cómo has estado Kagome?- Preguntó Miroku, tan atento y simpático como siempre- Me contaron que ya entregaste tu tesis final...

- Ehh... sí, esta mañana- Sonrió- Ya estoy lista.

- Vaya... terminar la licenciatura en tres años es de prodigios ¿verdad Inuyasha?

Kagome se sonrojó más y no pudo evitar mirar al hombre que la observaba muy callado, con la frente arrugada, casi inspeccionándola.

- Claro- Murmuró al fin, ronco.

La joven ladeó el rostro hacia Sango que terminaba de arreglar la mesa y sonreía divertida. Deseó asesinarla...

¿Qué era todo esto?

¿Lo tenían planeado Sango y Miroku?

Miró al novio de su amiga... la sonrisa burlona que le daba le develó que esos dos se habían confabulado... y se sintió avergonzada, enrabiada y traicionada, pero se lo aguantó estoicamente.

¿Es que acaso ella hablaba en hebreo? ¿Cuántas veces le dijo a Sango que entre ese hombre y ella no había ni habría nada? No eran compatibles, era absurdo, tonto querer hacer esta clase de citas.... que vergonzoso...

Se cruzó de brazos y se acercó más a su amiga, la miró con dolor.

- ¿Por qué me haces esto?- Murmuró.

Sango caminó aprisa hasta la cocina, Kagome la siguió rápidamente.

- ¿De qué hablas, Kagome?

La veía recolectando los platos y los palillos afanosamente. Su amiga jamás había sido muy hacendosa, menos con la cocina.

- Lo sabes perfectamente...- Masculló, cruzándose brazos- ¿qué hace él aquí otra vez?

La joven de cabello castaño dejó de sonreír y se detuvo para mirarla fijamente, esta vez con seriedad, la otra tragó con fuerza.

- ¿Tanto te molesta que este aquí? El pobre esta solo ¿no te da pena eso? Me extraña de ti...- Frunció el ceño y Kagome pensó que su amiga sí que sabía cómo hacerla sentir fatal-... que vives en un templo y además tienes un corazón tan bondadoso ¿por qué lo aborreces tanto?

- No... no lo aborrezco...- Murmuró avergonzada y entonces desvió la mirada-... es sólo que...

- No es bueno que lo dejemos solo, por eso Miroku lo invitó a venir esta noche, así evitamos que se emborrache nuevamente, además, trajo un vino muy bueno- Sonrió y lo alzó en alto para que ella lo viera.

Vino de exportación. Como si eso a ella le importara, pues no bebía vino. Suspiró y pensó que lo mejor era relajarse. Pensándolo bien... ese hombre nunca le había hecho nada malo... bueno, salvo dejarla hablando sola aquella vez, cuando conoció a la que sería su novia... ¿acaso por eso sentía rencor hacia él? ¿Porque había preferido a la otra y no a ella? ¿Porque había dañado su orgullo? Podría ser, debía aceptarlo, que eso le había dolido... pero es que... le hubiera gustado, por una vez siquiera, que un hombre tan guapo como ese se hubiera fijado en ella. Kagome se horrorizó internamente por su propia actitud. Siguió a su amiga hacia la sala y miró otra vez a Inuyasha, que conversaba animadamente con Miroku. Lo contempló. Era raro para ella verlo así, tan... normal, hasta simpático... ¿acaso era cortante sólo con ella? Bueno... ya sabía que había gente que simplemente no se toleraba. Sonrió con ironía...

No, no tenía por qué odiarlo, ni sentir rencor, ni nada por el estilo contra él...

"Relájate Kagome... es sólo un chico... además perdió a la novia..."

Sango llamó a todos a la mesa, la muy malvada sentó a su amiga junto a Inuyasha. La comida estaba deliciosa y charlaron los tres bastante, ahora el que estaba más callado era Inuyasha, apenas habló un par de veces y casi a regañadientes. La muchacha pensó que en verdad su presencia le era incómoda para él, así como le sucedía a ella. Apenas lograba mirarlo por el rabillo del ojo, notó que el tenerlo tan cerca, a su lado, la hacía temblar. Pero lo dominó lo mejor que pudo.

Si hubiera sabido que vendrías anoche, amigo, hubiera pedido permiso y te estaría esperando con un par de copas...- Se divirtió Miroku, sonriendo y tomando en broma la vergonzosa situación de la noche anterior. Inuyasha sonrió apenas-... no, en serio, cuando quieras, podemos ir a unos de esos clubes desnudista que hay por la ciudad...

Sango de inmediato lo golpeó en el costado, Kagome rió al igual que Inuyasha. Entonces en ese instante el joven ladeó el rostro y la miró.

- Por cierto... yo...

La muchacha enfrentó el rostro al él, por primera vez en la velada. No pudo evitar admirar el hermoso color de sus ojos. Era extraño sentirse observada así por esos ojos. Se sentía casi... halagada... pero.... ¿qué iba a decirle?

- Quiero agradecerte el que me hayas ido a dejar a mi departamento- Agregó muy serio pero también algo avergonzado.

A ella casi se le paraliza el corazón. ¡Kami sama! que no se haya acordado del beso ¡que no se haya acordado del beso! Bajó la vista y se fijó que la mano que estaba herida y en la cual torpemente había dejado su pañuelo, había una bandita.

Tragó con fuerza y desvió la mirada.

- No fue nada- Respondió y de puro nervio bebió un sorbo de vino.

Se lo tragó. Definitivamente el vino no le gustaba, por muy exportado que fuera.

- Yo... me comporté de una forma vergonzosa...- Musitó apenas, casi en voz baja, se notaba que le costaba mucho reconocer un error.

Kagome tenía la vista fija en su plato de comida y no se atrevía a preguntarle si se refería a su estado de ebriedad o al beso que le había dado.

- ... casi no me acuerdo de lo que pasó... así que... si hice algo mal... si me comporté de mala manera...

La joven ladeó el rostro y lo miró. ¡¡Gracias al cielo!! ¡Él no se acordaba! ¡genial! Tan feliz y aliviada estaba que le sonrió, y esta vez fue con sinceridad.

- No te preocupes, no me diste problemas.

Inuyasha la miró fijo, muy fijo, era como si... de pronto abrió la boca y luego se arrepintió, volteó el rostro hacia el frente y acercó los palillos a su boca, comiendo.

Kagome se encogió de hombros. Se estaba acostumbrando a aquellas actitudes medias raras de él.

Luego de la cena pasaron a la salita de estar en donde conversaron amenamente. En realidad lo hicieron tres de ellos. Inuyasha se mantuvo tan taciturno y pensativo que Kagome llegó a pensar que él aun se sentía avergonzado por lo que había hecho... o estaba ahí sólo por cumplir con sus amigos, no porque quisiera.

Suspiró y apartó la vista de ese hombre. Era un ser muy complicado, eso era todo.

- Bien...- Se puso de pie y al hacerlo, Miroku e Inuyasha se pusieron de pie también, Kagome sonrió-... he pasado una agradable velada pero ya debo volver a casa.

- Noooo, no te vayas aun, Kagome- Suplicó su amiga- Compré pastel...

La chica la miró fijamente. Malvada... sabía que eso era su debilidad...

- En verdad tengo que irme, es muy tarde y... me siento cansada.- Respondió.

MUY cansada, si apenas había dormido las últimas semanas por trabajar tan arduamente en su tesis final. Añoraba dormir, añoraba su cama y despertar... despertar cuando quisiera, no cuando el despertador sonara.

- Bien...- Dijo al fin su amiga, notando en verdad que estaba cansada-... pero es muy tarde y no puedes irte sola a tu casa, que Miroku e Inuyasha te acompañen.

Le sonrió.

- Voy a estar bien, vivimos cerca, no me pasará nada.

Miroku salió de la habitación y luego volvió con una chaqueta, Kagome insistió.

- No, no, no hay necesidad, en serio, estoy acostumbrada a andar a estas horas por aquí, es un barrio seguro- Y avanzó hacia Sango y le besó la mejilla, esta no estaba muy convencida- Gracias, ya no me debes ni un favor más, por favor.

La joven de cabello castaño le sonrió.

- Voy a salir de vacaciones... espero podamos estar juntas más tiempo ¿te parece?

- Genial- Respondió.

Volteó y miró a Miroku con una sonrisa.

- En serio, no hace falta que me acompañes...

El hombre suspiró fuertemente, entonces Kagome miró a Inuyasha, la sonrisa que tenía en los labios desapareció para él.

Le hizo un gesto con la cabeza, a modo de despedida.

- Que estes bien.

Fue lo único que pudo decir.

Inuyasha apretó la mandíbula, ella vio como su Manzana de Adán se agitaba en su garganta, el joven tenía una mano en el bolsillo de su pantalón, la observó un segundo, tenso, finalmente el hombre hizo una inclinación con su cabeza.

- Que estes bien también.

No pudo negarlo, Kagome se sorprendió de sus palabras. No sonaba fingido...

Pero se sintió muy tranquila y hasta feliz. Al menos no se acordaba de lo sucedido la noche anterior.

Y estaba aceptando poco a poco a ese hombre y su forma de ser complicada. Sonrió a la noche y caminó despacio por la calle, apenas iluminada por el alumbrado público y la luz de la luna en lo alto. Pensó en que ya no sentiría rencor contra él. Ni tampoco dejaría que su presencia la alterara, ese hombre jamás se fijaría en ella... le parecía absurdo imaginarse a ella misma con un hombre así a su lado. Sonrió otra vez y pensó complacida en lo que iba a hacer ahora que estaba de vacaciones...

Desde el balcón del departamento de Sango y Miroku, y mientras estos se encontraban en la cocina haciendo como que lavaban la vajilla (en realidad Inuyasha los escuchaba claramente y lavando no era precisamente lo que estaban haciendo), él observaba muy serio a la silueta femenina que se alejaba calle arriba. Sus ojos dorados estaban fijos, como un halcón cuando posa su mirada en su presa. Atento, concentrado en su seguridad... y mientras la observaba sacó del bolsillo de su pantalón un trozo de tela blanca muy delicado y suave al tacto. Apartó la mirada de la joven para concentrarse en el pañuelo que ella le había puesto en su mano herida.

Había estado a punto de entregárselo esa noche... pero por algún extraño motivo no había podido hacerlo...

Tampoco había podido decirle que en verdad se acordaba claramente de lo sucedido la noche anterior, después de media docena de tazas de café, la borrachera en algo se había disipado...

Se acordaba claramente la forma amable en que ella se había comportado... y del beso que él mismo le había dado...

Continuará...


N/A: Hola a todos, muchísimas gracias por los más de 30 mensajes que me dejaron, leí cada uno de ellos y se los agradezco de corazón.

Con respecto a la historia, quizás no entiendan mucho la actitud de Inuyasha pero ¿quien no se ha encontrado con alguna persona así? ¿como que desconcierta? y al final, cuando uno lo conoce, no es lo que esperaba y todas esas actitudes que encontrábamos incomprensibles o extrañas son todo lo contrario, para nosotras las mujeres, muchas veces pensamos que no le gustamos a tal chico porque éste no te habla o al contrario, nos molesta de forma burlista ¿verdad?...

En fin, ya dije que esta es una historia simple, será relativamente corta aunque no sé de cuantos capitulos será, ya veremos y... bueno, gracias por leer hasta aquí nuevamente.

La persona que me preguntó por qué en mis fics describía siempre a un Inuyasha con cabello negro pues mi respuesta es la siguiente jeje: ¿que acaso no lo tiene negro como humano? y puesto que estas historias se basan en seres humanos no en deidades ni bestias, no puedo colocarlo con su cabello plateado de hanyou, no corresponde, sería irreal. Pero en "Bajo un Hechizo de Luna" cuando él se transforma, ahí al ser bestia tiene su cabello plateado, colmillos y garras jejeje...

Nos vemos, cuídense mucho y nos vemos pronto ;)

Lady Sakura Lee