Capítulo 4: "Invitación"

- Se enojó conmigo ¿puedes creerlo?

Inuyasha la miró sin saber qué decir. En verdad estaba algo desconcertado, había muchas cosas que no entendía de esa chica. A veces, él pensaba que podía haber alguna clase de "química" entre ellos porque... bueno, obvio que no era así... si cuando estaba cerca suyo se comportaba como un perfecto témpano de hielo. No era muy consciente de eso, sólo cuando recordaba su pésima actitud se lo lamentó.

- Lo siento...- Respondió apenas y luego resopló agobiado-... no creí... que mi visita le causara tanto malestar.

- No... no creo que haya sido malestar...- Musitó Sango, cruzándose brazos-... Quizás... se sorprendió de verte ahí... creyó que yo les había tendido una trampa.

Miroku terminaba de comer, se limpió la boca son una servilleta de tela y miró a su amigo que se encontraba sentado en el sofá, mientras Sango estaba de pie, frente a él, en ningún momento había dicho algo, pero creyó que era hora de dar su opinión.

- Sería absurdo que Sanguito hiciera de Cupido. Lo siento amigo, pero la misma Kagome dijo que tú eras tan serio y engreído...- Su novia pegó un brinco y le dio una mirada asesina, él levantó ambas manos en señal de inocencia - ¿Qué? Eso dijo Kagome... fueron sus palabras textuales jajaja...

Inuyasha bajó la vista y no dijo nada. Sango movió la cabeza negativamente. Ella pensó en lo tonto que a veces eran los hombres ¿cómo podían tomar tan a pecho algunas cosas? ¡Y tan poco atinado!

- Oye... Miroku...

- ¿Qué? Pero si es cierto, eso dijo ¿o no?

El hombre de ojos dorados alzó la vista y los miró a ambos, el fulgor de su mirada casi los atemorizó. Se puso de pie dando un suspiro cansado, pasó la mano por sus cabellos y tensó la mandíbula.

- ¡Feh! eso no me importa, no tengo cabeza para pensar en chicas tontas e infantiles como esas.

Sango esbozó poco a poco una sonrisa, él quiso fulminarla con la mirada pero esta vez la joven no se atemorizó, iba a decir algo pero luego se arrepintió.

- Las chicas son complicadas, amigo, no le hagas caso jajaja

Miroku parecía echarle sal a la herida, pensó su novia. Sango se acercó a Inuyasha deseando que el tonto de su novio dejara de hacer comentarios tan poco atinados. Posó una mano en su hombro y le habló.

- No hagas caso de las palabras de tu amigo, Kagome es una chica simpática, lo sabes… - Cuando vio que él esbozó una mueca amargada entonces la joven suspiró, casi derrotada- En fin, no me entrometeré en la vida de ustedes, lo único que te pido es que aclares la situación con ella… Kagome cree que yo les tendí una trampa la vez que fuiste al templo y desde ese día no me habla.

Miroku saltó otra vez.

- Y eso fue hace 3 días, amigo, créeme, mi novia necesita a su confidente pronto… sobre todo ahora que estamos de vacaciones…

Sango le dio una mirada asesina pero el joven hombre sólo sonrió.

- Inuyasha... no hagas caso a las palabras de Miroku, cada vez esta más loco.

- Ya sabes porqué es, cielito- Agregó su novio dándole una sonrisa forzada. Sango intentó ignorarlo, se volvió hacia el hombre- Luces cansado ¿estas bien?

Inuyasha resopló.

- Estoy bien. – Hizo una leve mueca- Mucho trabajo... necesito descanso tal vez...- Suspiró con agobio-... me voy amigos, nos vemos otro día.

Se marchó rápidamente de ahí y Sango supuso que más cansado, Inuyasha lucía abatido, triste. Le dio una mirada glacial a Miroku.

- Vaya, qué sutil fuiste ¿cómo se te ocurre decirle eso de Kagome? Lo has lastimado.

- Qué lastimar ni nada... no creo que le importe demasiado...

La joven se acercó a él aun disgustada, llevaba la frente arrugada.

- Tú me dijiste que era probable que a él le gustara ¿o no?

- Bueno...- Musitó y se rascó la mejilla-... eso creía... pero pienso que quizás la compara con Kikyo ¿no ves que tienen cierto parecido?

- Estas loco ¡No se parecen en nada! ¿y sabes qué? Para la próxima sé más sutil para decir las cosas.

Miroku suspiró y se puso de pie.

- Querida... tú también debes aprender a serlo... por algo tu amiga no quiere saber nada de ti.

Eso le dolió y mucho. Ya tenían problemas y ahora estos de alguna manera se habían vuelto peores debido a la intromisión en las vidas de sus amigos...

La joven vio a su novio ir a la recamara, luego cerró la puerta, pensó que estaría enojado, que eso lo confirmaría en cómo cerraría ésta, si iba acompañado de un fuerte golpe entonces lo estaba, pero para su sorpresa no fue así, Miroku sólo la cerró suavemente dejando que esta incluso quedara medio abierta.

Pero Sango no tuvo el coraje para ir a la cama aun. Se fue a la ventana y se quedó mirando las estrellas. Tenía que reconciliarse con Kagome, eso era uno de sus propósitos, el otro, afianzar las relaciones con Miroku... si las cosas seguían así... la relación de ambos no iba a durar mucho.

.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.

El hombre estaba en su departamento, cerró los ojos y otra vez los recuerdos del último día con la que iba a ser su esposa se adueñaron de sus pensamientos.

Inuyasha, que se encontraba recostado en el sofá, posó la mano en la frente y arrugó el ceño. No quería volver a recordar aquello, se sentía cada vez peor por lo que sucedió. El teléfono comenzó a sonar de forma estrepitosa, el joven hombre tuvo una punzada en la sien, comenzaba nuevamente la jaqueca. Se levantó con rapidez y atendió. No le extrañó escuchar la voz de su jefe. Esperaba de hecho ese llamado.

- ¡Inuyasha! ¿por qué no apareciste hoy? ¿Acaso estas enfermo o algo así?

Parecía que el mundo se iba a acabar... un reportero menos no iba atrasar la edición del periódico. Poco le importó en todo caso.

- ¿Se acuerda que me dijo que ya que no tomaba vacaciones hacía 4 años, podía hacerlo cuando quisiera?

Se escuchó un silencio casi gutural, Inuyasha esbozó una sonrisa malvada.

- Bueno… a partir de hoy estoy de vacaciones. Si quiere despídame, pero me tomaré las vacaciones igual- Y le cortó.

Por primera vez desde hacía muchísimo tiempo sintió que de alguna forma se había desquitado por algo. Se fue a la cocina, abrió gabinetes y sacó dos botellas, una de ellas era vino Cabernet Sauvignon, el otro una botella de vodka que conservaba desde hacía meses, cuando solía tragos para sus amigos, en una de las pocas veladas que había tenido en su departamento.

Quizás esto no lo emborracharía, pero al menos evitaría que pensara más… necesitaba dormir… dormir hasta cansarse.

.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.

Casi no podía creer lo que tenía en las manos. Sango, querida amiga, no era para tanto el disgusto… en realidad, no era un recuerdo doloroso para ella, lo que se lamentaba era no haber podido corresponder a sus sentimientos y el saber que él sufría por no sentir el mismo amor que ella sentía… el recuerdo de la mirada dolida de Houyo era lo que la hacía sentirse desmerecedora de que alguien la quisiera… había roto un corazón… no quería volver a pasar por lo mismo…

Miró y leyó nuevamente el destino de viaje del ticket de avión que tenía en sus manos.

- Ven con nosotros… para que me perdones- Dijo la joven.

A Kagome casi le saltan las lágrimas de sus ojos. Era muy amable de su parte... pero era demasiado.

- No… no tengo nada que perdonarte… sólo fue una tontería…- Le devolvió los boletos pero la otra no se los recibió-… No... no puedo aceptarlo...

- Vamos, te lo ruego. Nos divertiremos.

Kagome sonrió y luego meneó la cabeza.

- Estas loca ¿cómo voy a molestarlos en sus vacaciones? Ya te dije que no me gusta tocar el violín.

Sango entornó los ojos.

- Que no tocas el violín... además ni te preocupes- Se encogió de hombros- Vas con nosotros pero puedes hacer lo que quieras, por favor, Miroku también esta de acuerdo, ya sabes que le gusta que le cuentes a cerca de esas leyendas del Sengoku.

La joven contuvo la risa del absurdo comentario. Miroku no iba a estar pendiente de ella para que le relatara historias...

Su amiga la miró con súplica.

- Por favor...

Suspiró. Jamás había viajado tan lejos porque no disponía del dinero para hacerlo... y se aburría mucho ahora... un descanso sería ideal antes de comenzar a trabajar... pero era demasiado, no podía aceptarlo.

- Es mucha tu generosidad, Sango, pero gracias.

- ¿Es que acaso quieres hacerme sentir mal? Debes venir con nosotros. Si te molestamos bien puedes salir a recorrer sola el lugar... pero ven, por favor...- Kagome seguía devolviéndole el ticket de avión. Su amiga bajó la vista y suspiró-... todo me sale mal... no quiero perderte, eres mi única amiga... Inuyasha también esta disgustado con nosotros... – Kagome dejó de sonreír-... ni siquiera quiere hablar con Miroku... bueno, él se lo tiene merecido... le dijo algunas... cosas al pobre... ¿sabes? Inuyasha se tomó vacaciones hace un par de días sin permiso... me temo que debe estar mal... no me gusta que este rodeado de fantasmas... quizás ha bebido... no lo sé... debería salir de ese departamento, si él viniera la pasaríamos muy bien, pero no nos escucha... nos preocupa...

- ¿Por qué se enojó con ustedes?

Sango la miró fijo ¿cómo iba a decirle lo que Miroku le contó con tan poco tino?

- Es que... – Trató de pensar rápido-... lo invitamos a las vacaciones también pero lo rechazó... entonces Miroku insistió y le sacó en cara eso de no olvidar nunca a su ex, que la bebida lo iba a destruir y... bueno, todo eso, sólo queremos ayudarlo.- Mintió en parte.

- Oh...

Ese hombre, pensó Kagome. Y su corazón le dolió al imaginarlo sufriendo aun. Y tuvo una idea que la hizo sonrojarse... miró a su amiga pero luego desechó el pensamiento, tragó con fuerza y finalmente suspiró.

- Bien... acepto... muchas gracias por invitarme.

Sango sonrió y la abrazó efusivamente, sin embargo Kagome sólo tenía una imagen en su mente, la imagen de aquel hombre destruido por el dolor, emborrachándose para olvidar las penas.

Ella era... sacerdotisa de un templo, debía hacer algo para ayudarlo, tenía que hablar con él... aunque la odiara... aunque no le simpatizara, su deber era primero antes que lo demás.

Aquella tarde caminó con pasos lentos y algo dubitativos hasta que llegó frente a su departamento. Lo recordaba claramente ¿cómo olvidarlo? No podía. Su corazón latió con fuerza y entonces pensó que quizás no era correcto estar ahí... quizás él... iba a decirle algo malo.

Alzó la barbilla dándose cuenta que actuaba como una chiquilla ¿qué tan malo podía hacer? Quería ayudarlo, debía hacerlo.

El ascensor la dejó en el piso 5. Cuando las puertas se cerraron tras su espalda quiso retroceder y volver a casa. Se dio valor y caminó hasta la puerta, ahí aspiró aire fuertemente y luego resopló, intentando calmarse, casi no podía creer lo muy nerviosa que estaba, apenas podía sostener las piernas y su corazón latía tan rápido que le dolía. Suspiró una vez más y golpeó.

Cuando lo hizo fue consciente de lo que estaba haciendo y quiso correr a esconderse. Pero apenas había ladeado el rostro buscando un lugar para hacerlo cuando la puerta se abrió.

Lo miró y sintió que sus mejillas se enardecían. Inuyasha abrió un poco más los ojos, sorprendido sin lugar a dudas de su inesperada visita. Kagome entreabrió los labios y notó que estos le temblaban, quiso decir algo pero no pudo, la garganta se había secado.

- ¿Tu?- Murmuró él, arrugando la frente.

Ella se avergonzó aun más. Tragó con fuerza e intentó no mirarlo a la cara.

- Ehh... yo...- Tragó otra vez y suspiró con fuerza. Qué tonta había sido. Ni siquiera tenía un discurso preparado, nada, la verdad sus pasos casi la había llevado sola a ese lugar, quería ayudarlo, es cierto, pero ahora era muy consciente de no saber cómo.

- Pasa...- Dijo Inuyasha, interrumpiendo su pensamiento.

Kagome alzó el rostro y volvió a mirarlo a los ojos. Él se había puesto a un lado dándole paso a que entrara a su departamento. Podría rechazar la idea pero... le sorprendió aquel gesto, era muy amable de su parte permitirle la entrada nuevamente. Le sonrió apenas y entró.

Cuando la puerta se cerró tras su espalda sintió escalofríos. Pero fue sólo un segundo, de pronto algo más llamó su atención. Era el desorden que había allí dentro. Y no pudo evitar mirar las botellas de licor que había sobre una mesa.

- Me sorprendes que andes por aquí ¿ha pasado algo?

Ella se giró sobre sus talones y lo enfrentó. Admitía que no estaba ebrio pero sí llevaba algo de barba en su mentón, tenía el cabello enmarañado y bajo sus ojos había tenues sombras negras que debelaban un poco dormir. Pero se veía muy guapo, a pesar de todo eso. Sintió las mejillas arder mucho más y se quitó el pensamiento de la mente.

- Ehh... bueno... ehh...- Le latía tan fuerte el corazón que sentía su palpitar en la garganta. No sabía qué decirle otra vez.

Él en un principio lucía sorprendido, luego asustado, después impaciente y finalmente, cuando Kagome se quedó mirándolo sin saber qué decir, su rostro de suavizó. De pronto la miró de una forma tan directa que la joven casi sintió vibrar su corazón. Había algo, algo en su mirada, en el calor que emanaba su cuerpo, en su rostro perfecto... algo que la dejó absorta, casi sumida en un sueño. Bajó la vista. Algo le pasó. Algo que la conmovió, que afloró, que invadió su cuerpo con una corriente cálida y exquisita. El sol de allá afuera, ese débil del atardecer, pareció iluminar aun más la habitación.

- Estaba preocupada... por ti.- Dijo al fin.

Inuyasha se sorprendió otra vez, pero el efecto que eso causó fue más grande. Sus labios se entreabrieron, su pecho se infló dejando de respirar por un par de segundos. No lo esperaba de ella, claro que no, para nada. La miró fijamente, buscando en el interior de su mirada la sinceridad de sus palabras ¿sería cierto? Pero... ¿por qué? Arrugó el entrecejo, tragó con fuerza.

- ¿Por mi?- Murmuró en un hilo de voz. Ella asintió e Inuyasha de pronto sonrió con ironía- ¡Feh! ¡Pensé que me detestabas!

Kagome se vio de pronto en la dura realidad. Sintió escalofríos de ver a ese hombre irónico, frío, despectivo. Bajó la mirada.

- No odio a nadie...- Murmuró.

- Anda, sé sincera, aunque seas sacerdotisa debes tener esa clase de sentimientos por las personas, es lo normal- Agregó y se encogió de hombros.

La joven lo miró nuevamente.

- No te detesto... – Sabía que ahora su rostro completo debía ser un perfecto tomate, pero siguió adelante-... hay cosas que... bueno... eres tu quien me detesta.

- ¿¿¿Yo???

Kagome entreabrió los labios, lo miró estupefacta. Luego le sonrió.

- Sí...

- ¿De dónde sacas eso?

La joven apretó los labios, ahora estaba avergonzada. No se atrevió a decirle y enumerarle todas aquellas actitudes, silencios, miradas que le hicieron pensar en eso. ¿Estaría burlándose de ella? Era lo más seguro, no podía estar tan equivocada. Pestañeó varias veces, turbada.

- Bue... bueno... – Encogió los hombros-... no importa. Vine porque... Sango y Miroku me invitaron a pasar las vacaciones con ellos... y... me preguntaba... ya que va el grupo... ¿por qué no vienes con nosotros? Es mejor que quedarse en la ciudad, soportando este calor.

Inuyasha la miró como si no entendiera lo que estaba diciendo. Kagome reconoció que si ella estuviera en su lugar y fuera él quien le estuviera diciendo eso realmente estaría desconcertada también. El hombre no dijo nada, pero la miró tan fijo que la abrumaba demasiado. Tal vez no fue buena idea decirle eso ¿Quién era ella para él? apenas lo conocía... Sango o Miroku eran sus amigos, no ella.

- ¿Y tú vas a ir?

Kagome sonrió avergonzada.

No quería pero... quizás no sea mala idea... todos necesitamos descanso ¿no?

El joven hombre la miró muy fijo, la muchacha pensó que tal vez no iba a aceptar, había ido muy lejos después de todo...

Inuyasha suspiró. Su escudo de frialdad y estar a la defensiva de pronto desapareció. Él caminó sin rumbo fijo por la pequeña habitación, Kagome lo siguió con la mirada, expectante, finalmente el hombre se detuvo junto a la ventana, sus ojos dorados observaron el agonizante atardecer ¿Qué caso tenía seguir ahí? El recuerdo de ella lo estaba volviendo loco... a veces la odiaba, porque al fin y al cabo Kikyo no había sido una víctima... pero él se había sentido culpable del accidente... miró de reojo las botellas de licor que estaban sobre la mesa... había estado a punto de bebérselas todas... hasta que llegó esa niña... Kagome... ella... que a veces le recordaba a su ex novia... la mujer sin corazón...

Volteó y la observó otra vez. No, no se parecían en nada realmente. Había una gran diferencia entre ambas... y sobre todo, había honestidad en sus palabras... y preocupación... preocupación por él... tragó fuertemente.

- Entonces... ¿no te importaría?

Kagome le sonrió.

- Claro que no. Te hará bien ¿no crees?

- Entonces iré.- Respondió.

La joven sonrió aun más. Inuyasha se acercó otra vez a ella, la miró a los ojos, Kagome dejó de sonreír cuando él acercó su mano a su mejilla, la caricia la paralizó, lo miró con pánico, su corazón casi salió del pecho, se estremeció.

- Gracias por venir hasta aquí...- Murmuró el hombre y su pulgar se movió lentamente en su mejilla.

Avergonzada retrocedió un paso sintiendo el cuerpo de plomo y que no le respondía, trató de respirar, pero apenas podía hacerlo, jadeó y volteó hacia la puerta con rapidez. Se detuvo cuando tuvo la mano en el pomo, necesitaba tranquilizarse ¿Qué era eso que estaba sintiendo? Percibía aun el tacto sutil de su mano en su mejilla... se humedeció los labios, se volvió con lentitud hacia él otra vez, pensó que el par de segundos en que le había dado la espalda había sido suficiente para recobrar la compostura, pero ahora, cuando lo miraba nuevamente a los ojos... no era pena lo que estaba sintiendo por él precisamente...

- Nos vemos- Musitó e intentó sonreír para no parecer tan boba.

- Nos vemos- Respondió él.

Kagome salió rápidamente de allí. Antes de entrar a su departamento esperaba encontrar un hombre frío, sarcástico quizás, alguien que no iba a tomar en serio sus palabras y hasta quizás le daría una buena reprimenda por estarse entrometiendo en asuntos que no le importaban... sin embargo, no esperaba, para nada, que se hubiera presentado una situación como esta. Cada encuentro con ese hombre era más desconcertante... sin embargo estos últimos... eran "agradablemente" desconcertantes...

Continuará...


N/A: Hola a todos nuevamente, agradezco sus comentarios, me agrada leerlos, son muy interesantes jeje, gracias por su apoyo y de antemano gracias por los casi 100 reviews. Gracias por leer.

Bueno, como se habrán dado cuenta, las cosas ya van avanzando poquito a poco, sí, Miroku es bien poco atinado, pero hay hombres que son así jaja... y Kagome, ella preocupada por los demás aunque la verdad más que preocupada esta interesada... a ver dónde la lleva esto, hay muchas cosas qué aclarar entre estos dos aún, créanme.

Nos vemos, cuídense mucho y gracias por leer hasta aquí.

Lady Sakura Lee