Capítulo 5: "Sentimientos Contradictorios"

Observó a Miroku quien silbó distraídamente mirando el cielo azul. Era un hombre muy paciente y amoroso, pensó Sango. Vivían juntos hacía ya casi dos años y quizás las cosas podrían llegar a más si no fuera porque hacía poco ella había rechazado su propuesta de matrimonio.

- Te amo... pero no estoy segura si me amas de la misma manera...- Le respondió, suspirando.

Él la miró horrorizado.

- ¿¡Cómo!? ¿¿Dudas de lo que siento por ti??

- Cuando te babeas por alguna chica guapa que ves por ahí... sí, lo dudo.- Respondió firme.

Y por más que él juró y re-juró que ella era la única... la verdad es que Sango tenía miedo... tenía miedo de que Miroku la dejara por cualquiera después... dudaba si su amor era tan firme como el de ella.

El hombre apartó la mirada del cielo y la miró... y supo al instante lo que ella estaba pensando.

Le había propuesto matrimonio pocos meses atrás, para su sorpresa Sango lo había rechazado. No hubo una pelea, pero sus razones dejaron en manifiesto para el hombre que debía cambiar. Sabía que era su culpa... es que era tan irresistible no mirar a una mujer bonita... pero ellas no significaban nada comparadas con Sango ¿por qué ella no lo entendía? Quería hacer algo para remediarlo, pero la falta de tiempo de ambos debido a sus trabajos con turnos que raras veces coincidían, había dejado aquella conversación en el aire y sin solución aparente.

Quizás necesitaban ambos descansar... pensar bien... meditar el asunto a cabalidad. De ahí parte del viaje.

En parte... porque si era algo para afianzar la relación ¿por qué debían ir con más personas? Era absurdo, necesitan intimidad... pero en fin... sabía que Kagome entendería y les daría suficiente "privacidad".

La miró mientras ella observaba a la distancia.

- ¿Tú crees que vendrá?

La muchacha alzó una ceja. Luego sonrió.

- Kagome esta tan aburrida como una lagartija al sol... créeme, vendrá.- Su mirada de pronto se agudizó al ver la silueta que se acercaba, entre el tumulto no pasaba desapercibido, quizás era su porte, o el aire despreocupado y casi altivo. Sango volteó el rostro mirando asustada a su novio, Miroku dirigió la vista hasta donde ella momentos antes miraba, contrario a la joven él sonrió.

- Pero mira nada más...

En ese momento Inuyasha ya estaba en frente de ellos, llevaba gafas oscuras las cuales se quitó para saludar a sus amigos. Miroku se comportó de lo más normal incluso efusivo, sin embargo Sango no pudo evitar su turbación y también luego su preocupación. Aprovechando que Inuyasha observaba a su alrededor la joven tomó de la manga a su novio y lo acercó a ella, hablándole al oído.

- ¿Cuándo decidió venir?

- Ni idea...- Susurró el hombre.- ¿No lo convenciste tú?

- ¿Yo? Jamás podría convencerlo ¿lo fuiste a ver nuevamente? Quizás tú...

Miroku negó con la cabeza.

- No.

- Bueno...- Meditó su novia-... quizás simplemente cambió de idea.

El hombre hizo una mueca divertida.

- Inuyasha no cambia de opinión así como así a menos que sea por algo muy importante... no imagino qué o quien...

Ella lo miró desconcertada, apretó los labios, casi podía imaginar el vendaval que se aproximaba... habría guerra...

- Y Kagome también viene...- Murmuró apenas.-... Kami Sama... va a haber problemas...

Volvió a apretar los labios. Esperaba que Kagome fuera verdaderamente madura como para no enojarse por esto. Y que Inuyasha también lo fuera. Aunque tenía fe en su querida amiga, más no en él... desconfiaba un poco de su comportamiento, Kagome a veces era muy sensible, a decir verdad... quizás tendrían problemas debido a su humor de perros o tal vez a su últimamente afición a la bebida... tendría que vigilarlo… ay no, en que lío se había metido…

- Ahí viene ella. – Dijo Miroku con voz fuerte y alegre. Sango e Inuyasha dirigieron de inmediato la vista hacia el frente.

Kagome se acercó al grupo y les sonrió a todos por igual. Llevaba las mejillas enrojecidas, notó su amiga, pero quizás se debía a la agitación que le había producido el correr, ya que estaba algo atrasada. Para su completo alivio Kagome no estaba sorprendida por la presencia de Inuyasha, pero no lo miró. Sango pensó que se sentía algo atemorizada por él, como siempre.

- Inuyasha va a acompañarnos también, Kagome.- Dijo Miroku.

La muchacha sólo sonrió, bajó la vista y no dijo nada.

Sango pensó que más tarde tendría que hablar bien con ella, para que no hubiera problemas entre todos.

Los únicos que tenían asientos juntos eran Miroku y Sango, Kagome estaba tras ellos junto a un niño pequeño bastante inquieto que hablaba sin parar y que exasperaba a cualquiera. Inuyasha se encontraba al final de la fila, ya que había comprado los boletos a ultima hora lo único que había conseguido era estar en el peor lugar de todos. Pasillo, junto al baño.

Kagome agradeció que el viaje fuera relativamente corto, se puso los auriculares e intentó concentrarse en la película. El niño dejó de llamar su atención y también la película para sólo pensar en aquella visita que le había hecho a Inuyasha. A decir verdad, no había estado completamente segura de que él le hubiera hecho caso en lo del viaje, los días que habían pasado desde aquella vez (4 días), se habían hecho una tortura. Estaba pensando demasiado en él, sobre todo en aquella caricia impulsiva y desconcertante en su mejilla. ¿Por qué lo había hecho? Siempre había pensado que no era de su agrado.... pero ahora... habían tantos gestos... tantos detalles que la hacían pensar que... quizás... quizás...

Su corazón comenzó a latir fuertemente, un suave pero agradable calor se apoderó de su pecho, se sobó de pronto los brazos desnudos, un escalofrío había invadido su cuerpo.

Suspiró fuertemente y desvió la mirada hacia la ventanilla. Sólo vio nubes vaporosamente blancas que se deshacían y volvían a formarse impidiendo ver el cielo aparentemente azul.

Qué sería lo que le esperaba más adelante... quien sabe... pero de alguna forma aquello la atemorizó.

Miró a su lado, el asiento estaba vacío, el niño afortunadamente se había bajado ¿en Okinawa? Era probable, había sido la única parada.

Sólo un momento más tarde escuchó la voz del piloto en donde anunciaba el final del viaje, las azafatas recomendaron abrocharse nuevamente el cinturón y Kagome experimentó vértigo cuando el avión comenzó a descender. Miró por la ventanilla y las nubes que la acompañaron el trayecto completo comenzaron a desaparecer como espuma, pronto vio un trozo de tierra muy pequeñito, lo más visible era la pista de aterrizaje, pero lo que más sorprendió a Kagome era ver, rodeando la isla, el intenso color turquesa de las aguas. Jamás en su vida había visto aguas de ese color, en la bahía de Tokio el color era de un azul intenso, el de éste era como el de... las islas del pacífico sur.

- Bien...- Musitó para sí misma-... estoy lo bastante al sur para que el mar sea de este color.

No eran muchos los pasajeros en el avión ahora, no le extrañaba, había leído alguna vez que la gente no solía visitar muchos estos lugares después de la Segunda Guerra Mundial. Quizás por eso Sango la había traído hasta aquí, la isla era un perfecto paraíso con pocos turistas y bastante historia qué contar sólo con pasear un poco por los alrededores.

El aire tibio la sofocó cuando salieron de la sala del aeropuerto, el clima era bastante diferente al de Tokio. Kagome miró su mapa de mano y luego observó hacia el horizonte de mar pensando que en frente de ellos estaba muy cerca la isla de Taiwán.

- Aquí estamos, bienvenidos a Irabu Jima.- Anunció Sango.

- Ahhh Sanguito, hubiéramos ido a Taipéi...- Dijo en voz alta Miroku, mirando con casi nostalgia en la misma dirección de Kagome.

- Sí...- Murmuró por primera vez Inuyasha y en un tono de voz que realmente sorprendió a Kagome por lo relajado-... ¿por qué eligieron este lugar donde parece que andan sólo las ánimas?

- ¿Quieren descansar o estresarse con el bullicio de los turistas y las fiestas nocturnas?

Kagome tuvo que reprimir la risa. Por la cara de los dos varones era obvio que preferían eso en lugar de este casi desolado lugar.

- Todo lugar que es desconocido puede brindar una gran entretención, el sólo echo de explorar y conocer ya es entretenimiento- Dijo como si les estuviera dando una lección. Los chicos sólo la miraron con derrota pero Sango sonrió feliz de que su amiga le estuviera dando apoyo.

Subieron a un taxi, ella se sentó en el asiento del copiloto, los demás atrás, eso le permitió ver con más claridad el paisaje. Viajando hacia el sur pasaron por un puerto pequeño y casi abandonado en donde habían varios navíos antiguos de guerra que estaban corroídos por la sal y el yodo, a pesar de eso eran impresionantes.

- Oye Inuyasha ¿y como es que decidiste venir?

Kagome pegó un respingo al escuchar la voz de Miroku formulando la temida pregunta. Hubiera querido voltear y ver el rostro de Inuyasha... qué iban a decir sus amigos cuando supieran la verdad... pero... si lo pensaba bien, no tenía nada de malo ¿entonces por qué le asustaba que lo supieran? ¿a qué le tenía miedo?

- Bueno... lo pensé mejor.- Fue su respuesta.

Casi sentía un cosquilleo en la nuca, pero sonrió para sí misma. Se emocionó de que él fuera un caballero. Tuvo una extraña sensación al darse cuenta que "compartían" un secreto.

- ¡Ja! ¿tu pensándolo mejor? Si eres bastante impulsivo...- Se burló su amigo.

- ¿Pero tienes reserva, Inuyasha?- Preguntó Sango.

- ¡Como si aquí estuviera copado!- Se burló su novio.

Kagome rió suavemente. Y una risa que hasta el momento desconocía se dejó escuchar atrás, sin pensarlo volteó y se sorprendió mucho cuando vio que el que se estaba sonriendo era Inuyasha. Él la miró y entonces ella creyó que el corazón había dejado de latir, volteó nuevamente. Era turbador a veces...

- Chicos, tengo un entretenido itinerario de actividades para todos...- Dijo Sango, sin darse cuenta de nada-... bueno... nosotros tres, tu Inuyasha...

- No te preocupes, sobreviviré acostado en la playa.

- Vamos, seguro hay vacantes, a menos que permitan fantasmas jajaja

Sango le golpeó el pecho con el codo a Miroku.

- En serio, gracias, no quiero hacer nada salvo estar tendido en la playa.

- Qué aburrido eres- Se quejó su amigo- Por favor, te lo suplico, necesito a alguien para no aburrirme tanto entre charlas de mujeres.

Sango volvió a golpearlo con su codo en el pecho.

- No, gracias- Respondió impasible Inuyasha.

Y en parte Kagome pudo respirar más tranquila...

- Ay, Kami sama...- Musitó de pronto.

Nadie le respondió porque todos quedaron igual de impresionados que ella.

- Esa es la playa Toguchi...- Dijo el conductor del taxi-... y este es el hotel Toguchi inn... van a ser muy bien atendidos aquí.

Era el lujoso hotel a donde habían llegado, construido completamente en madera con ambiente típico isleño y en su entrada dos grandes palmeras que se mecían con el viento. Bajaron y de inmediato un botones se ofreció con su equipaje, trasladándolos en un pequeño carro de cuatro ruedas, idénticos a los que hay en los aeropuertos para acarrear las maletas. Habían un par de personas en el lobby, otros más fuera de él, las mujeres usaban pareos, aquellas prendas floreadas y pequeñas que se colocaban en la cintura simulando una falda, y los hombres se paseaban en shorts y camisetas sin mangas. En el aire se sentía aroma a flores y bronceador, mezclado con jugo de coco y piñas y también se escuchaba una suave música hawaiana.

- Wow... ¿estamos aun en Japón?- Preguntó Miroku y sus ojos se detuvieron en un gran monstruo de madera que estaba junto al ascensor del hotel.

- Da la impresión que fuera una isla de la Polinesia...- Musitó Sango- A de tener bastante influencia polinésica...

- Me encanta- Suspiró Kagome sin caber de emoción.

Ni siquiera era como lo había imaginado, no, esto lo superaba con creces. Kami Sama, era tan afortunada por conocer y tener la oportunidad de estar en un lugar como este, con lo pobre que era ni en sueños hubiera aspirado a tanto... quizás cuando trabajara... sí, pero como en 5 años más...

Les fueron asignadas sus habitaciones, Sango y Miroku por supuesto compartían una, había otra para Kagome muy cerca de la de ellos y para Inuyasha en otro piso. A él no le molestó. Quedaron de ir a descansar un momento y acordaron bajar a almorzar a las dos de la tarde.

Lo primero que hizo Kagome al cerrar la puerta de su habitación fue correr a la cama y zambullirse en ella, riendo. Era una cama grande y nada se parecía a la suya en donde apenas podía voltear sin temer caer al suelo. Después de acurrucarse y rodar un par de veces como una niña chiquita se levantó y caminó hasta el ventanal. El mar turquesa estaba tan cerca... era un sueño. Pero ahora lo que necesitaba era una ducha de agua fría porque el calor la estaba matando y necesitaba cambiarse con ropas más ligeras...

Luego de un largo baño sacó su ropa de las maletas y las ordenó en el closet, cuando miró su reloj notó que aun disponía de una hora antes del almuerzo acordado, decidió que iba a dar un paseo para explorar, salió del hotel por la parte trasera en donde había una gran piscina de esas que se confunden con el mar, con un bar acuático que era el deleite de las personas que estaban allí. Le dieron deseos de zambullirse, pero quizás no estaría mucho tiempo disfrutándola si luego iban a comer. Recorrió el gran patio del hotel y luego encontró un sendero de piedra en donde algunas personas caminaban acompañadas de sombrillas de sol y toallas de baño. Las siguió. Cruzó un pequeño bosque y al fin salió para ver el espectáculo que tanto esperaba. Pocas personas disfrutaban el paisaje, pero Kagome que quedó embobada con él. Bajó del sendero de piedra y sus sandalias tocaron la suave arena blanca de la playa. El mar estaba tranquilo, suave, sereno y ella lo primero que pensó era comprobar si las aguas eran tan claras como las había visto desde el aire. Se quitó las sandalias y corrió a la orilla, deseando además comprobar si el mar era tan tibio como decían en los libros que eran en la polinesia.

Cuando sus dedos tocaron el agua comprobó, complacida, que los libros tenían razón. Y sí, veía la arena bajo el agua. Caminó más hacia el interior, se arremangó el vestido simple que llevaba hasta los muslos mientras el agua le llegaba a las rodillas, miró a su alrededor nuevamente. Algunos pececitos de colores nadaban en la profundidad y una hermosa barrera de coral se encontraba más al interior. Era el paraíso.

- Ay... gracias Sango...- Murmuró.

Se quedó un momento recorriendo la orilla de la playa, sintiendo la suave brisa marina refrescándole el rostro, aspirando el aroma a sal y a bosque y calmando por completo sus sentidos. Se fue a la orilla y miró a su alrededor, pensando quizás que era hora de volver. De pronto observó una silueta que de no ser por la intensidad de su mirada ni el inconfundible largo cabello, hubiera pasado en parte desapercibida. Era él, Inuyasha, que bajaba a la playa y que al verla se detuvo. Kagome creyó que el corazón salía disparado de su pecho, luego le sonrió y volteó el rostro hacia el frente ¿vendría hasta ella? No, lo más probable era que no, quizás él haría una caminata, pero por un lugar distinto, sin embargo, Kagome aminoró el paso.

- Hola...

Casi pega un brinco cuando lo vio a su lado. Inuyasha no la miraba, tenía la vista baja como si buscara algo en la arena. Kagome tragó fuerte y apartó el rostro enrojecido de él.

- Hola.

- ¿Hace mucho estas aquí?

Lo miró de reojo. Lo que veía era simplemente irresistible. Jamás lo había visto tan guapo con esos pantalones caqui anchos y la camisa holgada, blanca, muy delgada, tanto, que casi podía ver los músculos de sus antebrazos. Cielos...

- Ehhh, creo que sí... – Lo miró y él también lo hizo-... creo que perdí la noción del tiempo... no es hora almorzar, ¿verdad?

El hombre hizo una mueca desviando la mirada hacia la arena, se puso las manos en los bolsillos de forma descuidada.

- Ya casi... pero creo que podemos estar un rato más aquí...- Arrugó la frente-... Miroku y Sango tardarán un poco...

Kagome se detuvo, él lo hizo y ambos se miraron a la cara.

- ¿Cómo? ¿pasó algo?- Ella lo miró preocupada y algo sorprendida.

El joven hombre esbozó una sonrisa maliciosa.

- Pasé a su habitación, tenía intenciones de que me acompañaran a la playa pero... antes de llamar a la puerta escuché... – Al ver la cara tan inocente de Kagome él entornó los ojos-... estaban... "inaugurando" la habitación...

Ella alzó una ceja, parecía no entender el mensaje. Inuyasha la miró fijo y entonces al fin la muchacha lo captó, sólo pudo reír y voltear el rostro hacia el mar, un rubor inesperado había coloreado sus mejillas.

- Ahh jeje...

Siguieron caminando un momento, no se dijeron nada por un instante, Kagome de pronto pensó que estaba siendo observada y eso la hacía sentir más nerviosa, no entendía muy bien esto ¿por qué ese hombre lograba causar ese efecto en ella? Su corazón jamás había latido de esa forma, sus miembros nunca habían temblado tanto ni cuando tuvo el examen más difícil de su carrera, jamás en la vida había sentido aquel hormigueo, aquel calor, aquella extraña sensación en su pecho y en el estómago... y lo peor, nunca se había sentido más confundida como ahora.

- Y... ¿te gusta el lugar?

Ella sonrió y lo miró, dándose valor para no acobardarse tanto.

- Es muy hermoso, Sango tiene buen gusto, es ideal para descansar, ni siquiera anda mucha gente, es lo mejor ¿no crees? Ahh, cierto, Miroku y tú querían ir a Taipéi.

Inuyasha se encogió de hombros.

- Sólo era una broma...- Murmuró y de pronto la sonrisa que él tenía desapareció, la mirada dorada se desvió otra vez a la arena, hubo un silencio, una pausa, luego Inuyasha volvió a enfocar su mirada en la suya-... quería... agradecerte...- Kagome lo miró extrañada, sin saber a qué se refería-... por haberte tomado la molestia de invitarme.

- ¡Oh! Pero no fui yo, fue Sango.

Él ladeó el rostro y sonrió.

- Tus razones fueron las que me convencieron...

Se sonrojó más, turbada, desvió la mirada y no fue capaz de decir nada por un momento, Kagome trató de pensar algo, algo divertido para no sentirse tan incómoda ni avergonzada.

- ¿Te das cuenta que ellos creen que nosotros no nos llevamos bien?- Dijo al fin, sólo para romper el silencio entre los dos.

- Déjalos- Respondió Inuyasha y volvió a detenerse sólo para mirarla con detención-Es mejor que crean eso, nos dejarán en paz.

La joven lo pensó y luego sonrió. Resultaba una buena idea, Sango no la haría sentirse más incómoda actuando de Celestina... que a todo esto lo hacía muy mal.

- Siempre pensé que no te simpatizaba...- Murmuró ella, bajando la mirada y retomando la lenta marcha.

Él le siguió el paso, por un largo instante no dijo absolutamente nada, Kagome se atrevió a mirarlo de reojo sólo para ver su reacción, pero Inuyasha mantenía la vista fija en el frente con la mirada casi perdida, llevaba un aire de completa melancolía.

- En realidad... – Dijo al fin y se detuvo, ella lo hizo también y ambos se miraron a la cara-... no... no soy una persona muy comunicativa con los extraños... si creíste que no te hablaba o te miré de alguna manera que te haya incomodado... jamás ha sido esa mi intención... me cuesta... – Sonrió y luego bajó la vista-... me cuesta confiar en los que recién conozco.

Kagome apretó los labios, lo miraba con suma seriedad, en realidad bien poco creyó lo que decía porque recordaba un incidente... tan claramente...

- ¿En serio?- Él la miró, la joven le habló con suavidad pero muy seria. Estaba a punto de decírselo, pero tampoco tenía corazón para remover el recuerdo de ella... su novia. Apretó otra vez los labios y el encanto que los envolvía desapareció. – Bueno. Creo que es hora de volver, iré a mi cuarto primero.

Kagome le hizo un gesto con la mano y corrió playa arriba desapareciendo pronto en el bosquecillo. Inuyasha observó turbado a la pequeña silueta que se alejó de pronto de él ¿qué había pasado? De pronto ella se había vuelto desconfiada y cortante... como si no hubiera creído en sus palabras.

No estaba acostumbrado a dar explicaciones, menos a pedirlas por cosas sin importancias, pero en ese momento tuvo la imperante necesidad de preguntarle qué era lo que había pasado ¿por qué había cambiado? ¿qué había dicho o hecho que la disgustara de esa forma? Si fuera como antes, despreocupado, no le hubiera dado importancia al asunto, lo hubiera olvidado, pero ahora era diferente... necesitaba saber... quería SER ante ella una buena persona... tenía la necesidad de ser ante sus ojos una buena persona... y no era el hecho de que Kagome fuera una sacerdotisa... era algo más... algo más...

La joven entró a su habitación y se fue directo al baño a lavarse el rostro. ¿Quién creía él que ella era? ¿tonta? Si recordaba claramente aquella vez, cuando ambos habían comenzado una conversación debido al libro de historia que llevaba en su regazo, cómo la abandonó para irse directo hacia Kikyo. Había coqueteado con esa mujer desde el primer instante, tanto, que la ignoró a ella por completo... ¿a quien quería engañar con eso de "no... no soy una persona muy comunicativa con extraños"?

Kagome apartó el rostro del chorro de agua, lo secó con una toalla y se miró en el espejo. Lo que más detestaba era la gente poco honesta, poco sincera... ¿por qué mentía así? ¿y por qué le enfadaba tanto que hubiera sido así con ella cuando la conoció? ¿quería que Inuyasha hubiera sido como lo había sido con Kikyo?... se llevó la mano a los ojos, agobiada.

- Qué me esta pasando...

Continuará...


N/A: Hola, gracias otra vez por todos sus reviews, me alegran el día jeje.

La isla de Irabu (Irabu Jima) existe, obviamente. Buscaba un lugar que estuviera dentro de Japón pero que fuera muy hermoso y alejado de todo, mirando por google earth encontré esta pequeña isla. Esta ubicada al sur de la isla de Jpaón y pertenece al distrito de Okinawa. Mirando fotos me sorprendió el lugar, es realmente hermoso, las aguas son muy claras y la isla no es tan habitada, era perfecta para lo que necesitaba, pondré fotos en mi facebook por si tienen curiosidad, sino simplemente véanlos por google earth (adoro este programa ._.)

En fin, con respecto a la historia, hay malentendidos que aun se producen debido a que nuestra parejita no se conoce del todo, pero estan de vacaciones, juntos en una isla preciosa, seguro encontrarán tiempo para charlar y quien sabe qué más... a menos que Sango, sin querer, no se los permita y obligue a Kagome a asistir a cuanto evento la tenga inscrita jaja.

Nos vemos, gracias por leer hasta aquí y por su apoyo.

Lady Sakura Lee