Capítulo 6: "La Intensidad de un Beso"
Bajó las escaleras con lentitud, el ascensor le causaba claustrofobia y por eso no lo utilizó. Caminó cruzando el lobby y luego miró a su alrededor.
- Disculpe...- Preguntó a una mucama que lucía cansada-... ¿Dónde esta el comedor?
- Cruzando el salón, a la derecha.
Le agradeció y se dirigió aprisa al lugar señalado, se detuvo y acomodó rápidamente sus cabellos. Después de ser consciente de lo que hacía arrugó la frente y se mordió los labios, enfadada consigo misma. No tenía por qué "intentar" ser bonita cuando nunca iba a ser tan atractiva para llamar "su" atención. No valía la pena además...
Se detuvo justo a la entrada, aunque iba dispuesta a no comportarse como una tonta ni a dejarse a llevar por emociones que no comprendía, no pudo evitar sentir que se sonrojaba por completo y que los latidos de sus corazón se acelerasen cuando lo vio y él la miró directo a los ojos. Fue como si no hubiera malentendido entre ellos, fue como si de pronto algo... algo en su interior se estremeciese o vibrase, una ola cálida y deliciosa se apoderó de su pecho, de pronto se sintió feliz de verlo, de saber que estaba ahí, cerca suyo en un lugar tan hermoso como ese...
Apartó la mirada turbada ante toda aquella ola de sensaciones que había tenido, se asustó por lo que estaba sintiendo ¿qué le estaba pasando? Miró a sus amigos. Sango y Miroku tenían sus manos entrelazadas sobre la mesa y se hablaban y reían cómplices en voz baja. Se acercó enfocando la mirada en ellos y caminó con pasos firmes y seguros aunque por dentro sabía que su cuerpo parecía estar a punto de derretirse... si tan sólo dejara de sentir la mirada penetrante de Inuyasha...
- Hola chicos.- Saludó, brindándoles una sonrisa pequeña, lo miró nuevamente a él pero desvió de inmediato la vista.
- Vaya... te demorasteeee... pero te ves fantástica.
Abrió un poco más los ojos al notar como estaba su amiga.
- ¿Qué bebió?- Preguntó, mirando a Miroku.
- Dos aperitivos mientras te esperábamos...- Respondió el joven hombre y entonces tomó el pequeño vaso de cristal que estaba en la mesa y lo olisqueó-... ella quiso probarlo, el camarero dijo que era la especialidad de la casa.
- ¡Oye! No estoy ebrria- Se quejó la chica dándole una mirada desdeñosa.
Kagome tuvo que morderse la lengua para no reírse de ella. Miró la única silla disponible que rodeaba la mesa, era la que estaba entre Sango e Inuyasha, tragó con fuerza y se sentó, tomando entre sus manos la carta que se encontraba justo enfrente suyo.
- ¿Y ya ordenaron?
- No aun.
El que respondió fue Inuyasha, Kagome alzó la mirada hacia él, contrariada que le dirigiera la palabra en frente de otras personas, eran desconcertante sus actitudes, su forma de ser a veces, debía admitir que la sorprendía y mucho. La joven apartó el rostro y miró la carta otra vez, sabía que estaba siendo observada y eso alteraba su respiración y la ejecución de sus movimientos.
Un camarero de inmediato se presentó para recibir sus pedidos. Todos acordaron probar la especialidad de la región que consistía en arroz frito con pescado horneado. La conversación del almuerzo se centró en las risitas sin sentido de Sango, en las bromas que lanzaba Miroku a su novia y en la torpeza de ella para tomar los palillos y acercar un trozo de su comida a la boca.
- No comas mucho, Sanguito... te hará mal...
- Déjame, tonto... quiero comer tanto como me sea posible- Protestó la joven llevando un trozo de pescado a la boca pero se le cayó al plato a mitad de camino. Rió tontamente mientras su novio se desvivía por ayudarla.
- ¿Ves? Bebiste mucho y esto te hará mal al estómago.
Sango entornó los ojos.
- La culpa la tiene Kagome por hacerse esperar, por eso bebí tanto.
La muchacha la miró sorprendida.
- Yo no tengo la culpa que seas una ebria- Luego se mordió la lengua porque se acordó de Inuyasha. Cielos... pero él lucía bastante divertido de la escena, pareció no darse cuenta de su comentario. En todo caso no quería ofenderlo.
- Sí la tienes... bebí y bebí esperándote... ¿por qué te demoraste? Ahh ya sé, ya sé, es por Inuyasha ¿verdad? No lo toleras.
- Cállate, Sango.- Sugirió Miroku.
Kagome enrojeció, miró a Inuyasha de reojo, él observaba hacia la ventana, haciéndose el distraído, mientras Sango hablaba fuerte y actuaba con torpeza.
- Es cierto... pensamos que no vendrías y ahora Kagome tendrá que aguantarse tu presencia... si fueras más amable... y más... sociable, hasta yo te querría mucho.
En ese momento Inuyasha sonrió y miró a la joven quien igualmente le correspondió. Fue una mirada sutil, cómplice, sólo ellos. Kagome sintió que se quemaba por dentro, apartó rápidamente la vista, volvía a sentir temblor en su cuerpo.
- No debes comer más, Sanguito, te hará mal... debes descansar.
- No no no no...- Levantó un dedo y miró a Miroku-... en media hora debemos ir al mue... muelle... sí, el muelle, porque sale una embarcación a ver las cuevas del norte... va a ser liiindo, tenemos que ir...- Se puso de pie pero tambaleó. El hombre la tomó por el codo rápidamente.
- Ni hablar, Sanguito, en el estado en que estas podrías caerte del bote.
Kagome también se puso de pie, le preocupaba el estado de su amiga, jamás la había visto así.
- Es cierto, no puedes ir así, sino te caes vas a devolver lo poco que has comido... no vayas...
La ayudó a subir a la habitación junto con Miroku a pesar de sus protestas. No tuvo el valor de dejar al pobre hombre sólo con ella, Sango, que en principio se había puesto obstinada y sólo deseaba salir de la habitación fuera como fuera, luego pasó al estado del llanto en donde se quejó con la muchacha de la inseguridad que le causaba casarse con Miroku puesto que él se lo pasaba mirando y coqueteando a cuanta falda se le cruzase por el camino.
- Menos mal no lo hace ya contigo, porque juro lo mataba...- Lloró.
Kagome miró a Miroku, éste lucía demasiado agobiado y apenado.
- Ellas no significan nada Sanguito ¿por qué no me crees?
Se estaba convirtiendo en una pseudo pelea de "matrimonio". Hubiera salido de ahí pero su amiga la tenía fuertemente abrazada al cuello.
- Esta tarde tenía planeado ir a ese paseo a las cuevas... – Siguió, lloriqueando, Kagome le dio golpecitos suaves en la espalda intentando tranquilizarla-... dicen que es muy romántico... – Sango alzó la mirada a Miroku-... era para ti y para mi... pero ni te lo mereces...
Kagome pudo notar el dolor del novio de su amiga. Quizás tenía sus fallas, pero él la amaba... estaba segura de eso.
- Sango...- Musitó la joven.
- Bien... mejor lo haré pedazos...- La muchacha sacó del bolsillo de su pantalón dos boletos y estuvo a punto de romperlos pero Kagome los tomó antes de eso. En ese instante Sango se levantó inesperadamente de la cama y corrió al baño, con clara intenciones de vomitar. Ella iba a seguirla pero Miroku la detuvo.
- Yo me encargo, gracias amiga- Musitó, poniéndole una mano en el hombro.
Ella no estaba muy segura de dejarla sola.
- Pero...- Suspiró y luego le entregó los boletos, Miroku meneó la cabeza.
- Déjalo, bótalos u... ocúpalos tú si quieres... - Torció la boca-... mejor ve a dar un paseo, yo me quedaré con ella.
Entró al baño y cerró la puerta, Kagome escuchó las palabras de amor de Miroku y el llanto de Sango. Ambos eran un caso, pensó.
Cuando salió de la habitación Inuyasha estaba tras la puerta, afirmado contra la pared, esperando. En cuanto se miraron a ella le volvió la taquicardia, él se acercó, la miró preocupado, Kagome retrocedió un paso, bajó la vista y se avergonzó de su propia timidez.
- ¿Cómo se encuentra?- Preguntó él.
- Esta... – Hizo una mueca, aspiró algo de aire y luego tuvo el valor de mirarlo. Sí estaba preocupado-... muy bebida... Miroku esta con ella, creo que después de esto dormirá toda la tarde.
- Qué lástima...- Murmuró suspirando y desviando la vista hacia el final del pasillo.
La joven se permitió observarlo un segundo, tuvo en deseo casi angustioso de poder tocar su rostro con sus manos, apartó la mirada otra vez casi asustada y se irguió, él la miró.
- Bueno... nos vemos más tarde...
Cuando pasó por su lado sintió su mirada penetrante, los miembros se volvieron torpes nuevamente, casi tropieza con sus propios pies, deseó salir pronto del alcance de su vista, era embarazoso todo esto, pero también de alguna forma era emocionante y halagador, aunque rápidamente se reprochaba su mente ingenua y pensaba que Inuyasha no es que tuviera interés en ella, sino que todo era producto de su fértil imaginación. Aun así... había algo que la atraía fuertemente y que antes lograba controlarlo pero que ahora ya no podía. Aunque ese hombre mintiera como la otra vez... o estuviera jugando con ella... o simplemente no sintiera nada hacia ella, había algo que no podía alejarlo ni de su mente ni de su presencia... y estaba ahí ahora... no, no se sentía atemorizada, no debía, sólo era un hombre y ella no tenía porqué sentirse así.
Apretó los boletos bajo su puño, suspiró con fuerza y volteó. Enfrentarse a su mirada fue más chocante aun, se había dado valor pero ahora volvía a sentirse pequeñita y tonta.
Lo que tenía que decirle se quedó atascado en su garganta. Ay, no ¿qué le estaba pasando? ¿por qué sentía este extraño temor? ¿era temor? Ni siquiera sabía que era lo que sentía, jamás había experimentado ese cúmulo de sensaciones frente a alguien ¿qué le estaba pasando?
- ¿Sí?- Preguntó Inuyasha, alzando sus cejas.
Kagome tragó con fuerza.
- Ehh... mira...- Y entonces sonrió, pero al hacerlo pensó que debía verse muy tonta o quizás él pensaría que estaba media loca-... son boletos, los del paseo a las cuevas submarinas... Miroku me los dio...- Se encogió de hombros, casi estaba segura que iba negársele, pero... no estaba de más preguntar-... ¿quieres ir?
Inuyasha la miró esta vez con reticencia, ella se ruborizó.
- ¿Me estas invitando?- Preguntó levemente sorprendido. Kagome sólo le dio una pequeña sonrisa, entonces él frunció el ceño mirándola fijamente, cuando lo hizo la joven le esquivó la mirada-... bueno... pensé que estabas disgustada conmigo...
Ella no sabía ni qué decir. Qué vergüenza... obvio que estaba disgustada con él... pero aun así no podía alejarlo de su vida... algo la empujaba hacia ese hombre, algo que no podía evitar aunque quisiera ¿qué tenía él? ni siquiera era de su gusto. Lo miró con reproche.
Sí, ¿qué tenía él? a veces soñaba con un hombre educado y amoroso, fiel y muy atento... confiable y honesto...
No es que la persona que tuviera enfrente fuera el más ruin de los hombres pero...
- Bueno... sí tú quieres...- Musitó Inuyasha, al ver que ella no le respondía.
Kagome volvió a tragar con fuerza.
- Ehh... la embarcación sale en media hora, en el muelle.
Él asintió.
- Te esperaré en el vestíbulo.
La desconcertó otra vez, porque pensó que la esperaría en el muelle, no en el mismo hotel, significaba que se iban a ir juntos desde ahí mismo... ¿quería él estar con ella? ¿podía ser?
Minutos más tarde y luego de cambiarse varias veces ropa hasta sentir la que mejor le favoreciera, bajó al vestíbulo sintiéndose nerviosa por verle a solas nuevamente.
Había un pequeño grupo de personas de todas las edades y junto con ellos el guía, un hombre dinámico y más o menos de la edad de Inuyasha que llevaba sombrero y pantalones cortos como si estuviera en un safari.
Kagome se unió rápidamente al grupo, el guía le sonrió y luego se sobó las manos.
- La persona que faltaba ya esta aquí, por favor señores, el bus nos espera para llevarnos al muelle.
Lo esperó a él que estaba al final, casi rezagado del grupo, recordó lo que la vez anterior le había dicho, eso de que no se sentía muy bien con los extraños... ¿sería cierto? Ella no le había creído... aun no lo hacía.
- Dijeron que el recorrido en barco duraba aproximadamente una hora...- Dijo Inuyasha, caminando a su lado.
- ¿Para las cuevas submarinas? Pensé que... – Sonrió avergonzada-... pensé que era bajo el mar.
- Ah, no, no...- Inuyasha no se rió de su ignorancia, eso Kagome lo valoró mucho-... son cuevas marinas, están sobre la superficie del mar, pero son muy extensas y las recorreremos en su interior... no tienes claustrofobia... ¿verdad?
La joven lo miró apretando los labios. Claustrofobia... quizás... un poquito... tal vez era peligroso ir después de todo.
- No te preocupes, no pasará nada- Le prometió él como si le hubiera leído la mente.
Apenas lo miró. Toda esa actitud tan preocupada... no sabía que podía ser así, sinceramente no lo imaginaba siendo así... quizás quería impresionarla. Este ultimo pensamiento la divirtió ¿con qué razón tendría él que impresionarla? Pensó que ya estaba imaginando tonterías, pensando cosas que no eran.
El aire afuera era caliente, no como cuando había ido a dar un paseo a la playa, ahora era casi asfixiante, Kagome se alegró de haber escogido pantalones a la rodilla y una camisa sin mangas de color rosa, pero aun así pensó que quizás hubiera sido mejor quedarse en el hotel o en la playa a ir a las famosas cuevas marinas. Aunque cuando Inuyasha se sentó a su lado bien poco le importó el calor. De pronto hasta se sintió feliz de compartir ese momento con él, sin embargo, no encontró valor para comenzar una nueva conversación. Se enfocó en mirar el paisaje exótico de allá afuera, mientras el bus recorría la carretera.
Diez minutos más tarde llegaron al muelle. No era lo que imaginaba, ciertamente esperaba un lugar lleno de botes pesqueros y gente vendiendo productos de mar ¿de donde pensaba tanta tontera? Estaban en un lugar paradisíaco, obvio que no se iban a encontrar con ese tipo de cosas. Bajaron del bus y ella vio muchos yates algunos pequeñitos en donde no cabían más de dos personas y otros más grandes en donde seguramente algún importante millonario lo utilizaba para navegar. Más que un modesto muelle era una exclusiva marina.
Kagome comenzó a mover impacientemente los pies, esperando, mientras el guía los hacía formarse y subir de a dos al pequeño barco que los llevaría a las cuevas. Miró de reojo a Inuyasha que se encontraba a su lado y que en ese instante sacaba del bolsillo superior de su delgada camisa un par de gafas oscuras y se las ponía. Vio el efecto que causó en las mujeres que allí estaban... y vio también la mirada casi sarcástica que le dieron a ella.
Se sintió ínfima... poca cosa a su lado, pero fue un pensamiento efímero porque luego pensó que esas mujeres tenían de acompañantes a hombres que no eran precisamente un modelo de catálogo como Inuyasha.
- Esto será interesante...- Murmuró de pronto él, a su lado, justo cuando ella subía al barco, tomándole la mano para que no tuviera problemas al subir.
Un acompañante del guía les entregó los chalecos salvavidas, ambos se lo colocaron rápidamente. Se sentaron uno al lado del otro, ella junto a la barandilla donde el aire de mar refrescó en algo sus mejillas enrojecidas, aun así seguía haciendo mucho calor. Agradeció que la embarcación tuviera un techo que los cubriera del agobiante sol.
- ¿Por qué lo dices?
El hombre volteó el rostro y la miró.
- ¿Si?
- Dijiste que esto iba a ser interesante- Respondió ella.
- ¡Oh!... – Él se revolvió incómodo en su asiento, se quitó las gafas porque el sol ya no le molestaba, sin embargo apartó los ojos de ella-... es que... mira...- Y apuntó con su dedo a una esquina de la embarcación. Allí habían dos violinistas y un elegante garzón que comenzaba a servir copas de champán-... esto esta destinado especialmente a las parejas.
Fue en ese momento que miró a los demás como debía hacerlo desde el principio. Todos eran parejas, se hacían arrumacos, se recostaban sobre el pecho del otro o se besaban, eran de distintas edades y hasta unos muy ancianos, a decir verdad ellos eran los únicos más jóvenes y... que no eran pareja.
- Jaja... con razón Sango insistía en venir... pero qué cursi es mi amiga.- Lo decía más para hacer del ambiente algo divertido en lugar de embarazoso, como lo estaba sintiendo.
- Pensé que todas las mujeres eran cursis.- Dijo él mirándola con atención.
Ella hizo una mueca graciosa, avergonzada, se apartó un mechón de su flequillo a un lado de la frente.
- Ehh... no todas... o quizás sí...
Apartó el rostro dirigiéndolo al mar y cerró los ojos con fuerza ¿por qué se comportaba como una tonta? Seguro Inuyasha pensaría que estaba medio loca.
Les sirvieron una copa a cada uno, el guía habló algo pero Kagome ni siquiera prestaba atención, se sentía emocionada, agitada, alterada y atemorizada, todo al mismo tiempo. Sólo reaccionó cuando todos alzaron sus copas y al sonoro "salud" que corearon. Elevaron anclas y los violinistas comenzaron a tocar.
- En realidad esto es muy cursi...- Musitó, mirando su copa. No la bebió, no estaba acostumbrada al alcohol.
La embarcación avanzó por las aguas con lentitud, al principio fue casi imperceptible para la chica, sin embargo cuando voltearon de dirección ya estaban alejados un poco de la costa y el viento soplaba sobre el mar más fuerte, provocando que el oleaje fuera algo brusco, avanzar sobre cada ola era como andar sobre la montaña a rusa, la embarcación subía a lo alto con la cresta de la ola y luego bajaba con poca delicadeza sacudiendo la embarcación. El miedo comenzó a apoderarse de Kagome.
- Dicen que las cuevas están hechas de piedra caliza...
Ella lo miró intentando enfocar los ojos en los suyos, pero la verdad ya todo subía y bajaba.
- ¿Eh?
- ¿Te sientes bien?
Desvió el rostro hacia el mar, sentía el sudor en su frente.
- Sí, sí.
Se produjo un silencio breve, la música cesó por un momento.
- Mira...- Apuntó Inuyasha.
Y entonces se acercaron a la orilla en donde había una montaña de piedra imponente, donde una boca enorme y oscura los esperaba, se internaron en ella, la embarcación dejó de sacudirse, se deslizaba ahora por las aguas en completa calma, el guía comenzó a hablar otra vez del tiempo en que se había formado la cueva, de lo que estaban hechas, etc. No lo escuchó, se concentró en mirar las estalactitas que colgaban desde la parte superior de la roca, en la claridad del mar en donde los peces de distintos colores, formas y portes nadaban junto a la embarcación, un par de peces saltaron por sobre la superficie maravillando a todos, Kagome se inclinó más y estiró su mano para tocar el agua, un pez de forma extraña se acercó a ella, la joven estaba dispuesta a tocarlo, de pronto sintió un tirón en su otro brazo y se vio arrastrada hacia su asiento, era Inuyasha quien aun sostenía con mano su brazo, la miraba con suma seriedad.
- Esa era una manta...
- ¿Manta?
- El cuerno que lleva en su lomo es letal... ¿recuerdas al domador de cocodrilos?
- ¡Oh!
Resopló con fuerza, había estado en peligro y él la había salvado.
- Gra... gracias.
Inuyasha la miró fijamente, ella volteó el rostro hacia el mar... no tenía el valor de sostenerle la mirada... nunca podía.
La embarcación siguió avanzando, la luz comenzó a escasear, el guía dijo que era mejor no encender la luz de la embarcación para que así las personas pudieran admirar la brillantez que causaban los huevecillos de algunos peces y que se reflejaban en el fondo del mar. A Kagome ya comenzaba a incomodarle el saber que estaban en una caverna que parecía interminable. Imaginaba que si sucedía algún terremoto o un deslizamiento de rocas quedarían atrapados en aquel lugar. Jamás había sentido tanto miedo como ahora, la claustrofobia comenzaba a afectarle, comenzó a respirar con agitación, necesitaba respirar aire limpio, aire fresco, sentir el viento nuevamente, ver el sol aunque le quemara el rostro. Se revolvió en el asiento y cerró los ojos, elevó una oración a Kami para salir pronto de allí.
- ¿Te encuentras bien?
Abrió los ojos y lo miró. La oscuridad que había no era tanto como para verlo perfectamente a la cara. No se avergonzó de su miedo, no tenía fuerzas para fingir estar bien.
- No... en realidad... no...
Inuyasha se acomodó en su asiento acercándose más a ella, la miró con atención, estudiando sus ojos, el color de su rostro.
- ¿Qué sucede? ¿estas mareada?
- Mareada y...- Respiró con fuerza apartando la mirada y elevándola al techo de la cueva-... no me gusta sentirme encerrada... creo que soy claustrofóbica... o algo así...
- Entonces no debimos venir...- Murmuró el hombre con un tono de rudeza. Kagome lo miró con casi rencor.
- No te obligué...- Musitó con un débil desdén.
- ¡Lo digo por ti!
Lo miró impresionada, con los labios entreabiertos, él estaba agitado y preocupado y eso la desconcertó. No dijeron nada más el resto del camino, pero aun así Kagome sentía que el hombre se había acercado más a ella, sus hombros y sus brazos se tocaban, si le pasaba algo bien podría afirmarse en el y esperar recuperar energía. No pudo hacerlo y se armó de toda la fuerza que tenía para soportar el miedo terrible que le invadía. Se enterró las uñas casi en las piernas.
Luego de un momento que pareció una eternidad salieron de la cueva al aire fresco y el sol. Kagome miró a su alrededor aliviada y poco a poco comenzó a recuperar el color. Se juró jamás volver a repetir semejante viaje... nunca más, por hermoso que fuera.
Volvieron al muelle y subieron otra vez al bus que los llevaría al hotel, no hicieron comentario alguno, Kagome estaba demasiado cansada de su miedo como para fijarse incluso en Inuyasha. Apoyó la cabeza en el vidrio del bus y cerró los ojos. Sentía que no tenía más fuerzas ni siquiera para volver a ponerse de pie.
Quizás se quedó dormida, o se había desmayado, no estaba segura, pero en cuanto entreabrió los ojos se sentía muy mareada y alguien la llevaba en brazos. Era un par de brazos fuertes y un pecho muy cálido, ella levantó la cabeza y vio el rostro de Inuyasha. Se sentía muy desconcertada, muy turbada, frunció el ceño y se movió intentando bajarse. Ya estaban en el hotel.
- ¿Qué? ¿qué pasó? Bájame, por favor.
- ¡Oh!- No le obedeció, sólo se detuvo y la miró muy fijamente- ¿Te encuentras bien?
- Sí, sí, bájame, por favor...
- Te desmayaste, debió ser porque controlaste todo lo que pudiste tu miedo... he visto esto antes... no debiste reprimirte tanto.
Arrugó la frente, se movió con brusquedad hasta que logró que el hombre la dejara en el piso. Kagome se tambaleó y apoyó la espalda en la pared. Él se acercó a ella y posó ambas manos sobre su rostro, encerrándola con su cuerpo, la joven entrecerró los ojos y respiró con fuerza.
- No... no me reprimí...- Murmuró y entonces entreabrió la mirada.
Lo miró fijamente, estudiando el color de sus pupilas, de ver más allá quizás podía descubrir su alma en aquel mar de fuego tan hermoso e inusual. No se avergonzó ahora de mirarlo de esa forma, no apartó el rostro como antes porque ya no podía hacerlo, su respiración se volvió más agitada, quizás se iba a desmayar nuevamente pero no estaba muy segura si era por el colapso anterior o por la agitación que él le producía, no estaba ya segura de nada.
Inuyasha la miraba con intensidad, tanta intensidad que a la muchacha comenzaba a arderle el cuerpo entero. Fue un momento mágico, ese instante en que pareciera que de pronto el mundo había dejado de girar, cuando uno ya no escucha el ruido del mundo, en que pareciera que el tiempo de pronto se había detenido. La mirada dorada de Inuyasha de pronto se apartó de sus ojos y bajó a sus labios, que estaban entreabiertos, que buscaban aire aun para llenar sus pulmones... él volvió a mirarla a los ojos y entonces se acercó. Cuando lo hizo Kagome cerró los ojos y esperó. El corazón había dejado de latir.
Los labios de Inuyasha rozaron los suyos con suma sutileza, pero el sólo roce fue como una descarga eléctrica, sintió las piernas temblar y hubiera caído al suelo sino fuera porque el hombre ágilmente bajó sus brazos y aprisionó sus manos en su cintura. La besó con más audacia, entreabriendo su boca y apoderándose de sus labios, la joven posó sus manos sobre su pecho y se dejó llevar, no era el primer beso que daba, ella antes había tenido un novio, pero jamás, JAMAS había sentido toda esa emoción, ese escalofrío, ese deseo y esa sensación de que estaba en las nubes con un beso. Cuando Inuyasha deslizó su lengua y la deslizó dentro de su boca ella creyó morir y revivir. No, nadie le había dado un beso de esa forma, el ronco jadeo de él casi le hizo perder la razón, eso la debilitó más de lo que estaba, sus labios ya no respondieron y se apartaron de los del hombre, ella afirmó el rostro en su hombro mientras Inuyasha la sostenía fuertemente, parecía que se iba a desmayar otra vez.
- ¡Por Kami! Debo llevarte con un médico...- Masculló agitado.
- No... – Susurró entrecerrando los ojos pero sonriendo secretamente por sentirse tan cerca de él-... no... necesito descansar... llévame a la habitación, por favor...
Inuyasha dudó un segundo, luego volvió a tomarla en brazos y la llevó a la habitación.
La dejó en la cama mientras Kagome se acurrucaba en ella, no quería abrir los ojos porque no volvía a tener el valor para mirarlo nuevamente. Sintió que él dejaba una manta sobre su cuerpo y luego se sentaba a su lado.
- Vas... ¿vas a estar bien?- Murmuró al fin.
Hubiera querido abrir los ojos y mirarlo, saber si estaba preocupado, pero no se atrevió, aun sentía que era como arcilla en sus manos.
- Sí... sí... sólo necesito descansar... gracias...- Respondió muy bajito.
Él no cedía a dejarla, pero tampoco Kagome se atrevió a decir algo más. Finalmente el joven hombre suspiró y se puso de pie.
- Bien... entonces... te veré después.
No le respondió, pero la promesa de su frase le aceleró los latidos de su corazón.
La puerta finalmente se cerró y Kagome se acurrucó más en la cama. La escena del beso la tenía grabada en la retina y la hizo estremecer. Aun sentía que estaba en las nubes, nunca había experimentado tal sensación en su vida, tanta agitación. Cerró más los ojos sin creer lo que había pasado, relamió sus labios, éstos todavía tenían el gusto dulce del champán y el frescor de la boca de Inuyasha... evocó otra vez el momento, el jadeo de ese hombre, el calor de su cuerpo, la posesividad de sus labios en los suyos, la caricia de sus manos en su cintura...
- ¡¡Kagome!!
Casi se cae de la cama del susto. Cuando abrió los ojos se sorprendió de ver a Sango acercándose como si nada a su cama. Al parecer se le había pasado la borrachera.
- Sango...
- ¡¡Despierta perezosa!! ¿has estado durmiendo toda la tarde? ¡Qué horror amiga! ¡Y eso que no te emborrachaste como yo!
La joven sólo sonrió, se sentó en la cama y trató de prestarle atención, pero casi no podía porque aun estaba bajo el extraño hechizo de ese beso en el pasillo...
- Eh... sí... sí... parece que ya estas mejor.
Sango sonrió.
- Estoy perfectamente. Lamento haberte dejado solita tanto tiempo amiga, te traje para que te divirtieras y estas aquí, dormida en una tarde tan bonita... ¿estas afiebrada?- Se acercó y le tocó las mejillas, preocupada.
- No... no... es... calor... – Tartamudeó, la otra frunció el ceño-... estaba... descansando...- Agregó, acomodándose el cabello. Las manos aun le temblaban.
- Entonces ahora iremos a la playa ¡Vamos! Va a ver un grupo muy bueno que tocará junto al mar, te va a gustar, Miroku viene con nosotras... ya, levántate, levántate, querida amiga, no volveré a dejarte sola tanto rato de ahora en adelante.- Le prometió.
Kagome la miró fijamente... si supiera que ahora sólo deseaba que la dejara tranquila...
Continuará...
N/A: Jeje... es muy divertida esta Sango... ni sabe que esta molestando ahora... en fin, gracias por todos sus mensajes, sí, vuelvo a repetir, los leo todos, también leo los que me van dejando en mis fics anteriores porque los reviews se van directamente a mi correo, gracias por tanto apoyo y por leer.
Me salió extenso este capítulo, me dolió la muñeca jeje, pero me gustó como quedó, me gusta esa sensación de "amor secreto" entre los dos, y sus amigos pensando que no se toleran, a pesar de que ya se besaron, aun hay cosas qué aclarar entre los dos... en fin...
Gracias por leer hasta aquí, cuídense mucho, nos vemos en el próximo capítulo.
Lady Sakura Lee.
