Capítulo 7: "Aceptación"

Quería que su amiga, por ahora, la dejara sola para así meditar sobre el asunto. Tenía mucho qué pensar. Sin embargo Sango se encargó de hablar y planear cosas que harían a futuro. Le mostró un catálogo que iba desde clases de baile, cabalgatas por los alrededores, sesiones de spa, buceo y otras cosas, hasta paseos en yate a las islas que estaban cerca.

- Ehh... o sea... que en lugar de relajarnos tendremos que participar en todas estas actividades...- Murmuró Kagome ya de mala gana. Pero no era por eso por lo que estaba así, era por sentirse de esa forma atrapada por Sango... si iba a ocupar todo su tiempo entonces... ¿Cuándo vería a Inuyasha?

- ¡Oye!- Se ofendió la otra.

La sacerdotisa trató de sonreír, tampoco quería ofenderla, Kagome no tenía corazón para rehusarse a cada una de sus peticiones, por extenuantes o tontas que fueran, al fin y al cabo Sango la había invitado... no podía ser tan malagradecida ni desconsiderada.

- Esta bien...- Pronunció dando un suspiro cansado-... haré lo que digas.

La joven saltó de la cama y aplaudió, feliz.

- Perfecto, salgamos de esta habitación, ahora que esta más fresco afuera será mejor.

Kagome se dio fuerzas para ponerse en pie. Se encontraba más tranquila, eso lo agradeció en silencio. Quizás esto era mejor, pensó mientras se peinaba el cabello. Quizás Inuyasha la había besado por... porque le recordaba a su novia muerta... porque él claramente aun la amaba, eso estaba de más ponerlo en duda. Tal vez lo mejor era alejarse de ese hombre, si se mantenía alejada no iba a caer tan fácil como ya lo había hecho dos veces... ¡dos veces!

El peine cayó de sus manos, ella se miró su propio reflejo, desconcertada.

Esto estaba mal...

Muy mal...

- ¿Qué sucede, Kagome?

Cerró con fuerza los párpados. Tenía un extraño sentimiento en el pecho, en el corazón y no comprendía que significaba todo lo que estaba sintiendo por ese hombre. Cuando recién lo conoció, es cierto, él llamó su atención pero ahora, luego de aquel primer beso en su departamento, algo dentro de ella, algo pareció despertar, o liberarse, algo que todavía le era imposible poder comprenderlo, ya no podía ignorarlo como antes, ahora, cada vez que lo veía o el simple hecho de escuchar su nombre, su propio cuerpo parecía reaccionar de una forma que nunca antes había experimentado. Algo había cambiado, su cuerpo, su mente, su corazón...

Era... ¿amor?

- ¿Kagome? ¿qué te pasa?

Pegó un brinco y miró a su amiga. Sentía que el corazón casi se le salía por la garganta... no, lo que estaba pensando era absurdo, completamente absurdo.

- Ehh, nada... nada...

Sango la observó con reticencia.

- Andas muy extraña...

Kagome sonrió y se armó de fuerzas que casi no tenía, la tomó por el brazo y trató de estar entusiasmada.

- Oye ¿no dijiste que iba a ver una banda en la playa? Quiero ir a verla.

Sango la miró con desconfianza, la joven sacerdotisa le sonrió y la instó a salir de la habitación. La otra muchacha al final se rindió y se dejó llevar pensando en que quizás el clima debía estar afectando en algo a Kagome.

Salieron al exterior, una brisa fresca y con aroma a mar inundaba el aire, el sol ya casi desaparecía bajo el mar, cuando llegaron a la playa se sorprendieron de ver mucha gente frente a un pequeño escenario. Kagome pensó que seguramente toda la gente que habitaba la isla estaba precisamente ahí. Miró a su alrededor, sentía la opresión en el pecho y la ansiedad casi consumiéndole el cuerpo porque lo único que quería era ver a Inuyasha.

¿Qué pensaría de ella? ¿por qué la había besado nuevamente? ¿sentía algo por ella?...

Kagome recordó a Houyo nuevamente. Lo había lastimado de alguna forma... no había correspondido a su amor... y si... Inuyasha no sentía nada por ella... eso... ¿le dolería?

Jadeó ante el pensamiento, casi sentía un punzante dolor en el pecho.

Claro que le dolería...

Por fin lo vio al final del sendero, bajando la playa, venía junto a Miroku, llevaba pantalones blancos y un sweater muy delgado, tenía el rostro tan tranquilo, tan relajado y mientras hablaba con su acompañante vio su hermosa sonrisa.

Kagome dejó de respirar. En ese instante el mundo entero dejó de ser importante para ella. Ya no escucha la voz de Sango, a su lado, ni los murmullos de la gente, ni el sonido de las olas o el viento. Una verdad muy grande estaba ahora en su corazón y lo comprendía: Le gustaba ese hombre... mucho, demasiado... quizás... más que eso. Se mordió los labios y se sonrojó por completo ¿Si él buscaba sólo pasar el rato con ella, si se había dejado llevar por el clima de la isla, por la soledad, por la ansiedad de estar con alguien...?

Cuando él la miró, todo cobró vida otra vez. Se sonrojó aun más y sintió la mano de su amiga sujetando su brazo. De inmediato volteó e intentó sonreír, pero casi percibía las lágrimas en los ojos ¿se estaba volviendo loca?

- ¡Son Tackey and Tsubasa!

No le respondió, estaba a punto de caer de tanto que le temblaban las piernas. Sentía que se aproximaba, sentía que la observaba…

- Ahh aquí estan las dos… - Replicó Miroku, a sus espaldas.

Las chicas voltearon de inmediato. Kagome apenas miró a Inuyasha, para su decepción él no la miraba, sino que mantenía la vista en el escenario.

Cuando bajó la vista sentía que las lágrimas pronto iban a caer. Qué vergüenza ¿por qué no podía controlarse? No debería dolerle tanto el que ese hombre no se fijara en ella, pensaba que si estaba siendo Inuyasha así, era porque el beso que en la tarde le había dado, no significaba nada.

- Creí que Kagome estaba descansando… - Dijo Miroku, dándole una mirada a Inuyasha quien no se dio por aludido, parecía que le daba lo mismo la conversación.

Sin embargo la muchacha sintió que se le aceleraba el corazón. Quizás Inuyasha le había contado algo… porque eran amigos ellos dos… pero… ¡oh! Moriría de vergüenza si Miroku se enteraba…

- Estaba dormida pero la obligué a venir- Respondió Sango.

Kagome observó de reojo a Miroku, este parecía tener la misma expresión de siempre… tampoco agregó nada más e Inuyasha se mantenía tan lejano como si estuviera en el planeta Marte.

No, él no sabía nada.

Uno de los integrantes del grupo musical habló un momento, se escucharon gritos de todos tipos, luego comenzaron a cantar y a bailar, la música sonaba estrepitosamente, era agradable estar ahí. La muchacha intentó concentrarse en los artistas, pero lo único que pensaba es que era obvio que ella no era nada para Inuyasha y que lo que había pasado no tenía importancia.

¿Por qué tenía que sentir ese dolor tan agudo y tan horriblemente amargo en la garganta?

- ¡Este grupo es fantástico!- Gritó su amiga, a su lado al tiempo que le daba un leve codazo en el brazo. Eso la volvió a tierra, intentó sonreír y concentrarse en la música otra vez.

- Son muy buenos- Admitió.

- ¡¡¡Ahhh!!! ¡Ese es muy lindo!- Chilló una chica que estaba a su lado.

Luego de media hora de música pop, bailes y coreografías bien coordinadas el ambiente se calmó para dar paso a la primera balada de la noche.

Miroku abrazó a Sango desde la espalda y ambos escucharon con atención la canción. Kagome observó que habían muchas parejas que hacían lo mismo. La melodía era emotiva, ella sin querer puso atención a la letra. Ésta hablaba de un gran amor y una triste partida.

- ¿Dónde esta Inuyasha? esa canción me recuerda a él...- Murmuró Sango ya que la música lenta permitía ahora hablar a un volumen más moderado.

- Pues sí...- Agregó su novio, dándole la razón-... se parece a... su vida con Kikyo... seguro que en estos momentos debe estar pensando en ella... aunque... esta medio raro últimamente... quizás... bueno no sé, quizás debería estar con alguien que lo haga olvidar... o quizás anda con alguien ¿no crees?

- ... Y dicen que nosotras somos las complicadas...- Agregó burlona la joven guiñándole un ojo a Kagome que sólo esbozó una débil sonrisa.

Miroku sonrió y le dio un beso en la mejilla, Kagome miró de reojo a su alrededor, Inuyasha ya no estaba cerca. Eso más la desilusionó. ¡Por Kami Sama! ¿Qué estaba haciendo ahí? Mejor sería volver a la habitación, dormir y ya mañana pensar bien las cosas. Quizás lo mejor era olvidarse de todo este asunto, si con suerte volvía a ver a Inuyasha y a solas le aclararía el tema, que ella no era el reemplazo de nadie, que... que...

Le dolía ser utilizada de esa forma... lo quería ¿por qué lo quería si ni siquiera lo conocía? Lo quería y le dolía saber que no era correspondida... tonta...

Sollozó en silencio mientras la canción casi terminaba, menos mal era de noche y sus amigos estaban ensimismados en ellos que no se dieron cuenta de su estado. La joven se llevó una mano a los ojos y secó sus lágrimas. Quizás nunca debió invitarlo... ni haberse dejado besar...

De pronto sintió un suave roce en su otra mano, ladeó el rostro asustada y vio a Inuyasha mirándola muy serio, de inmediato sintió que su mano era encerrada por la de él, la joven se asustó y se ruborizó, el hombre la jaló suavemente hacia atrás y mientras lo hacía se llevó una mano a los labios a modo de mantener en ella el silencio, Kagome lo siguió no sin antes dar una mirada aterrada a sus amigos esperando que no se dieran cuenta de lo que estaba pasando, pero Miroku y Sango estaban demasiados preocupados de sí mismos así que ni cuenta se dieron.

Mientras se dejaba arrastrar sin protestas por entre la multitud chillona y alborotada Kagome sólo tenía ojos para ese hombre, o lo que podía ver de él. Estaba sorprendida, levemente asustada, pero muy impresionada, aun tenía lagrimas en los ojos y un dolor agudo en el pecho, pero no era capaz de reaccionar ni pensar absolutamente nada, se había quedado literalmente en blanco, se sentía casi como una hoja envuelta por el viento.

Salieron de la multitud, el hombre caminó hacia la orilla de la playa, recorrió ésta con más prisa, la luz del escenario y las farolas dejó de iluminarles, ella no tenía miedo, pero si estaba ansiosa. Luego de un rato Inuyasha aminoró el paso, donde estaban estaba muy oscuro, si no fuera por la luna llena la visibilidad sería nula, el escenario casi era un punto brillante a la distancia, no se escuchaba ni siquiera la música, estaban alejados de todo, de todos. Inuyasha de pronto se detuvo y volteó. Kagome lo observó ansiosa, en ese instante dejó de respirar, la brisa nocturna era suave pero le desordenaba los cabellos, le ocultaba los ojos y luego se los develaba a él, esperó un eterno instante, el ruido de las olas era lo único que se dejaba escuchar, no había nada más, solo ellos dos, la muchacha no podía apartar la mirada de la suya, siempre había llamado su atención aquel inusitado color de ojos, pero también ahora le sorprendía la intensidad de ellos, la forma en que parecían penetrar sus pupilas, lo que provocaba en ella, en su cuerpo entero.

De pronto Inuyasha alzó la mano y la posó en su mejilla, la acercó más hacia si, ya que no la había soltado en todo momento. Kagome tuvo que alzar la barbilla para sostener su mirada, sintió su pulgar acariciando su mejilla, la mirada que él le brindaba ahora era de tristeza y preocupación.

- ¿Por qué llorabas?

La joven se sorprendió no sólo de su inesperada pregunta, sino del tono en que lo dijo. Fue un susurro angustioso, preocupado, como si a ese hombre le doliera la garganta o el pecho, Kagome entreabrió sus labios, luego se soltó de su mano y retrocedió un paso, dejó de sentir la caricia en su mejilla.

- No es nada...- Murmuró, bajando la vista.

- Pero te vi llorar.

La muchacha tragó con fuerza ¿cómo iba a decirle que lloraba por él? ¿Por qué quizás sólo jugaba con ella? ¿Por qué no significaba nada? Sólo una aventura, una manera de olvidar a la otra... que...

Se dejó caer en la arena sin fuerzas ¿a quien quería seguir engañando? Algo dentro de ella había cambiado tanto, tanto... no podía definirlo, pero de pronto él...

- ¿No me lo dirás?

Inuyasha se dejó caer en la arena, frente de ella, Kagome alzó la vista mirándolo y sintiendo aquel calor hermoso dentro de su pecho.

- Pensarás... que no es de mi incumbencia... – Musitó al fin.

El hombre frunció la frente.

- ¿Por qué?

La joven volvió a tragar. No. No podía decirle nada, apartó el rostro, miró hacia el mar.

- Es que… - Suspiró otra vez, luego lo miró- ¿Por qué te preocupas por mí?

Inuyasha pareció ofenderse, arrugó la frente, hizo una mueca de ironía y luego apartó la vista.

- ¡Feh! ¿no puedo? Cuando fuiste a mi departamento para invitarme a este lugar fui yo quien te preguntó por qué te preocupabas por mi.

Ella sonrió con completa inocencia.

- Quería ayudarte.

- Y lo hiciste…- Agregó con convicción- Ahora soy yo el que quiero ayudarte.

Kagome negó con la cabeza.

- No creo que puedas ayudarme…- Murmuró con dolor y bajando la vista.

- ¿Por qué no?

Se produjo un silencio demasiado profundo y eterno. Ella sentía que el corazón latía tan fuerte que iba a salirse de su pecho. Jugueteó con sus manos, nerviosa y alterada. No, no iba a decírselo… no ahora. Miró hacia el mar otra vez.

- Es una bonita noche ¿verdad?- Le preguntó en cambio, subiendo el tono de su voz y apartando un mechón de su frente- En Tokio no podemos ver las estrellas… mira ahora… quizás hasta podríamos ver una estrella fu…

Inuyasha se acercó a ella y la besó. Kagome se sorprendió, intentó apartarse pero el hombre la sujetó desde la nuca fuertemente, aun así la joven volvió a alejarse, intentó que la soltara, no le respondió a su beso que aun se mantenía casto, afortunadamente, se movió otra vez y levantó su mano con claras intenciones de golpearlo en el pecho, el hombre la sujetó con fuerza de la muñeca, a ella le dolió y abrió la boca para quejarse, de inmediato la boca varonil y posesiva se adueño de la suya, en el forcejeo Kagome cayó de espaldas y él siguió besándola, ese instante ella cedió y correspondió a su beso.

El beso que Inuyasha le brindó fue de ternura y consuelo, eso pensó Kagome cuando sintió sus labios suaves acariciaban los suyos, dejándola sin aliento. Él soltó su mano y ella tuvo el valor de abrazarlo, se sentía realmente en el cielo, en calma. Quizás estaba imaginando... ¿por qué habría de estarla consolando?

Apartó la boca de la suya y se quedó mirando a la distancia la oscuridad de la noche. Inuyasha pareció desilusionado, luego de un ronco suspiro apoyó la frente en su cuello.

- ¿No te gusto?- Murmuró el hombre de pronto en un susurro muy suave que provocó escalofríos en la muchacha.

Kagome ladeó el rostro y lo miró fijamente. El que él estuviera sobre ella la hacía sentirse indefensa, pero que le preguntara eso era...

- No... no es eso...

- ¿Y entonces?

La muchacha se movió e Inuyasha le dio el espacio para que se sentara en la arena. La imitó.

- Aun la recuerdas... ¿verdad?- Preguntó al fin. El hombre alzó una ceja, su rostro dolido cambió de inmediato, se tensó, lucía molesto ahora, pero eso no la amedrentó- Debo decirte que... no quiero que... que juegues conmigo...

- ¿Quién crees que soy?- La interrumpió él alzando la barbilla y esta vez sí estaba molesto.- ¿Qué clase de concepto tienes de mi?- Kagome no le respondió, pero bajó la vista, sintiéndose intimidada. Inuyasha lo notó, apretó los puños reprochándose su poco tino, sabía que había sido un poco rudo al hablarle, era tan fácil perder el control, debía controlarse, podía hacerlo. Suspiró y su rostro se suavizó, acercó una mano a una de la muchacha que yacía en la arena, la posó sobre ella con suavidad, Kagome de inmediato alzó la mirada a él sintiendo el loco latido de su corazón- Tienes un mal concepto...- Le dio una sonrisa de medio lado-... pero me he dado cuenta que nos estamos dejando llevar por los comentarios de nuestros amigos ¿verdad?

Ella resopló con fuerza entrecerrando los ojos y meditando sus palabras. Lo que él decía era cierto, era testigo de que Sango y Miroku decían cosas que no eran ciertas, pero era su culpa también, porque se los había dado a entender de alguna forma.

- Admito...- Respondió Kagome entreabriendo la mirada y posándola en la atenta del hombre-... admito que alguna vez les dije que tú no eras de mi agrado... pero lo dije porque creí que me odiabas o no te simpatizaba...

- Ya te expliqué que...

- Oh, sí... no te das con los extraños...- Y eso la hizo levantarse súbitamente, enfadada.

Inuyasha de inmediato se puso de pie y temeroso que se le escapara como anteriormente había sucedido, la tomó del codo y la enfrentó de una vez.

- ¿Por qué no me crees?- Demando con agitación.

Los ojos dorados estaban tan clavados en los suyos que le dolió la vista. Ella se mordió el labio. Había tanta pasión en sus gestos, en sus palabras, en su sola presencia que la hacía por momentos tener casi taquicardia. Entrecerró los ojos e intentó calmarse, luego lo enfrentó.

- Siempre dices eso... que te cuesta relacionarte con personas que apenas conoces... pero recuerdo la vez que conociste a...- Ella se cayó, mordiéndose el labio. Ahora se arrepentía de reprochárselo ¿quien era para decirle eso?

El hombre suavizó el agarre de su mano en su codo, se acercó a la joven, tanto, que sus cuerpos se tocaron, en Kagome aquello provocaba una descarga eléctrica que descontrolaba sus miembros ¿por qué tenía que ponerla tan nerviosa? Apartó la mirada nuevamente de la suya, sintiéndose intimidada.

- ¿Qué?- Sonrió Inuyasha, ya comenzaba a reconocer las reacciones de Kagome. Acercó sus labios a su oído sabiendo que eso le afectaría- ¿Qué ocurre? Dímelo, dímelo todo ahora... me desconciertas... eres un enigma para mi, dímelo, por favor...

La joven apenas ladeó el rostro que le ardía completamente y lo miró, impresionada. A estas alturas los latidos de su corazón los sentía atascados en su garganta. No estaba segura si podría hablar ahora...

- Yo...- Lo miró fijamente recordando aquel vergonzoso momento. Se había sentido minúscula aquella vez, despreciada, casi humillada. Se apartó de Inuyasha ahora y alzó la barbilla. Aparentemente había recuperado el temple, lucía normal para él, aunque por dentro aun temblaba por completo-... fue aquel día en que... conociste a Kikyo...- Dijo al fin, de inmediato el hombre pareció que lo había fulminado un rayo ¿cómo era posible que el sólo nombre de ella lo dejara en ese estado? Kagome casi deseó morir ahí mismo.

- Lo... lo recuerdo...- Fue lo único que murmuró él.

Se produjo un leve silencio, el hombre la miró ansioso, esperaba que prosiguiera, aun no entendía adónde ella quería llegar. La joven no lo soportó y se desahogó.

- A ella se le cayeron las llaves y se las recogiste... – Frunció el ceño-... te pusiste a conversar mucho... creo que ahí no fuiste tímido...

Inuyasha alzó ambas cejas, de pronto sonrió, eso la avergonzó.

- ¿Te acuerdas de todo eso?

Kagome lo miró con recelo, pero no dijo nada.

- Fue ella la que me habló, yo sólo le respondí, lo que haría cualquier persona...- Se explicó, pero parecía estar a punto de reírse de ella-... tu apenas me hablabas... intenté charlar contigo pero... nunca podía... el libro de historia fue una buena excusa...- En ese instante la joven se sorprendió y dejó de respirar.

- ¿Te acuerdas de eso?

- Admito que siempre llamaste mi atención... pero creí que no me soportabas... cuando apareció Kikyo fue ella la que me habló, me preguntó cosas, yo sólo le respondí... cuando quise volver a tu lado aquella vez... ya no estabas, te habías marchado... creí que no te simpatizaba...

Kagome bajó la vista ¿cómo había podido malinterpretarlo tanto? ¿y él a ella?

- De... ¿de verdad?

Inuyasha la volteó con suavidad recibiéndola en su pecho. Kagome tragó con fuerza, lo miró y le pareció increíble que aquel hombre tan hostil, tan reservado y tan arisco se estuviera comportando de esa manera con ella.

- Hay tantas cosas que debemos aclarar...- Suspiró Inuyasha, deslizó una mano por el mentón de la muchacha y dejando descansar su frente en la suya, ella entrecerró los ojos dejándose llevar y pensando que él tenía razón, mucha razón, había tanto que aclarar porque debido a sus inseguridades y prejuicios todo había salido mal desde el principio. Él apartó el rostro sólo para mirarla en su totalidad. Sonrió otra vez cuando vio las mejillas enrojecidas de ella, de su mirada limpia y cálida que le miraban de frente, sin temor, que se estremecía sólo con tocarla-... pero esta noche no... si te pido... que... que me juzgues ahora por lo que soy y no por lo que fui o como te traté... ¿me lo permitirás? ¿aceptarás?

Kagome sentía que se estaba mareando ¿qué estaba sintiendo? Había algo tan grande dentro de su pecho, una calidez, un remezón, una sensación indescriptible que se iba haciendo más y más poderosa... y era por él, por ese hombre que apenas conocía... que de pronto había remecido sus convicciones, su mente e incluso su esencia... ella siempre había sido tan tranquila... tan... incapaz de responder a un hombre de la forma en que lo estaba haciendo ahora. Lo miró y tuvo deseos que la abrazara y besara nuevamente. Quizás había mucho aun por aclarar, quizás la sombra de Kikyo rondaba aun a Inuyasha y él la recordaba... pero en ese momento sentía que él sólo pensaba y la miraba a ella, a Kagome Higurashi...

- Sí...- Respondió al fin, provocando la sonrisa triunfal de él.

- Gracias- Respondió Inuyasha suavemente y acercó sus labios a los suyos besándola agradecido. La sostuvo fuerte contra su pecho, como si deseara no separarse más de ella.

Continuará...


N/A: ¿Por qué Tackey & Tsubasa? jaja porque ellos cantan "Sotsugyou ~Sayonara wa Ashita no Tameni" y esa canción es la que aparece en el episodio en que Kikyo cae a un rio aparentemente "muerta" por Naraku e Inuyasha llora, sufre y la busca pero no la encuentra. Me da mucha pena ese episodio, no por Kikyo, porque ya estaba muerta, me dio pena por el dolor de Inuyasha pero más por el de Kagome... debe ser terrible darse cuenta que la persona que tanto se ama sufre por otra... mmm... bueno, esa canción es que la tocan en este fic mientras Kagome esta sollozando, por eso Sango dice que la letra le recuerda a Inuyasha y Kikyo.

Bueno, jugué aquí con las primeras impresiones, los malentendidos y prejuicios ¿quién no ha malinterpretado a alguien por sus gestos, por que no habla mucho, porque no nos mira, etc? pero en fin, no hay nada mejor que aclarar las cosas hablando o en este caso... besándose a escondidas jejeje (deliro, gomen)

Muchas gracias a todos por sus mensajes y por leer, gracias por su apoyo amigos, nos vemos pronto, cuídense mucho.

Lady Sakura Lee.