Capítulo 8: "Amor Secreto"
El viento soplaba trayendo el frío del océano, eso la hizo estremecer, apenas llevaba su blusa rosa sin mangas que no había tenido la preocupación de cambiar por otra más gruesa, se acercó más a su lado de forma disimulada buscando algo de calor. Él estaba sentado a su lado, la miró de reojo notando de inmediato su estado, se separó un poco de ella que lo miró contrariada y sin decir nada se quitó el sweater y se lo entregó.
- Póntelo.- Sugirió con suavidad.
Kagome recibió la prenda de lana suave y delgada entre sus dedos, lo miró a los ojos enternecida de su gesto. Tiempo antes, en aquellos días en que se enfadaba de su aparente frialdad, nunca hubiera pensado que ese hombre sería capaz de aquel gesto que sin querer hacía que el calor que sentía en su pecho se encendiera más, lo que provocó un suspiro. Tragó avergonzada y bajó la vista, colocándose la prenda.
- Gracias- Murmuró agradecida. Esperaba que Inuyasha no se hubiera dado cuenta de su suspiro.
- No me gustaría que enfermaras...- Dijo él y enfocó sus hermosos ojos dorados en los suyos, ella lo volvió a mirar-... ahora menos que nunca...- Agregó con voz ronca y pausada.
Kagome creyó que podría derretirse ahí mismo aunque hiciera frío. Le sonrió pero no estaba muy segura del significado de sus palabras, es decir, sí, pero no quería creer, hasta que él acercó su mano a su mejilla y posó su mirada en sus labios, entonces la muchacha supo que lo que tanto ansiaba su corazón se haría realidad, ambos acercaron sus rostros y se besaron una vez más.
Él le brindó un beso suave y pausado, le parecía increíblemente delicioso el sabor de los labios de ella, le recordaba la fruta madura, dulce y carnosa en verano, Inuyasha nunca había probado alguna vez besos así, por eso se tomaba el tiempo para saborearla con agónica lentitud.
Kagome sentía que perdía la noción del tiempo y el espacio, que de alguna forma ahora estaba completa, feliz y satisfecha, muy satisfecha de todo. Emocionada por su felicidad lo abrazó al cuello y ahondó el beso, de inmediato él le correspondió con aún más pasión e ímpetu, la mano de Inuyasha en su mejilla se deslizó tras la nuca de la joven, la acercó más hacia su pecho, deslizó su lengua dentro de su boca y la acarició con ella, Kagome suspiró en sus labios y le acarició el cuello, él gimió ronco provocando un fuego inesperado y perturbador en ambos.
Inuyasha deshizo el beso con dolorosa tortura, incluso se hubiera dado por vencido ya que ella parecía no dispuesta a dejarlo aun, pero él supo que si seguían así algo esa misma noche iba a pasar... y alguien como ella no necesitaba que pensara que esto sólo era un amor de verano. La miró con ojos ardientes de deseo, la boca húmeda de Kagome era una tentación que quería volver a probar, pero entonces tuvo la fuerza de voluntad de apartar el pensamiento de su mente y pensar en la prudencia por primera vez. No quería cometer el mismo error de siempre, Kagome era especial, distinta, merecía un trato diferente. Se puso de pie y la tomó de las manos para ayudarla a ella también.
- Ya es muy tarde.
- Oh... sí, cierto...- Respondió sonriente y avergonzada, apartándose el cabello del rostro.
Inuyasha la contempló y deseó arrepentirse de sus palabras, estaban tan lejos de todos, tan solos ahí en la playa y ella quería, lo notaba en su mirada y en la forma en que le hablaba ¿cómo podía estar sucediendo todo esto si apenas se conocían? ¿si días antes apenas podían tolerarse? Él hizo una mueca graciosa... bien, ambos habían fingido eso...
Le tomó la mano y le brindó una sonrisa. Ambos comenzaron a caminar de vuelta al hotel, junto a la orilla de la playa. No dijeron nada, pero había una promesa en el aire de que esa noche no hablarían de lo que los atormentaba.... ya habrían otros momentos... era la promesa secreta para verse una vez más.
Cuando entraron al hotel fue Kagome quien pareció volver a la realidad y se dio cuenta de lo muy tarde que debía ser. No había nadie en el vestíbulo y el recepcionista había cambiado, las luces se mantenían tenues, muy bajas debido a la hora, la joven recién miró la hora en el gran reloj que colgaba en la pared de la recepción.
3:30 Am
- Cielos... es muy tarde...- Murmuró.
Inuyasha no dijo absolutamente nada, la siguió hasta la habitación, la joven tembló cuando pasó la tarjeta por la cerradura para abrir la puerta, su sola presencia tras su espalda le provocaba sensaciones que deseaba controlar, rogó para que esta funcionara rápidamente, cuando la cerradura electrónica hizo su suave "bip" y la puerta se entreabrió, Kagome suspiró de alivio. Luego se giró y lo miró a él con intensidad, el Inuyasha que tenía enfrente era tan diferente al que creía que era, ese hombre la miraba directo a los ojos y luego acercó su mano a su cabello sólo para acariciarlo.
- Sí… si quieres puedes… pasar… un momento…-Tartamudeó ella, elevando un poco más la voz en la ultima palabra para que no pensara otra cosa. La verdad para Kagome es que aunque su cuerpo se comportaba como nunca antes, aun tenía miedo de todo eso…
El hombre alzó una ceja, luego suspiró cansado.
- Me gustaría… pero mejor descansa…- Sugirió, y esta vez acarició su flequillo-… espero que duermas bien.
Kagome apoyó su mano en la suya, lo miró con devoción.
- Espero que también duermas bien.
Inuyasha apartó la mano e hizo una mueca. Su lejanía le dolió el corazón a Kagome.
- No lo creo… hace tiempo no puedo dormir más que un par de horas…
Ella se sorprendió.
- ¡Oh! ¿por qué?
El hombre, que había desviado la vista de la muchacha, la enfocó nuevamente en Kagome, ella de inmediato notó el dolor que ocultaba. Inuyasha supo que su secreto poco valía ahora, suspiró otra vez cansado.
- Cuando se acerca el sueño comienzo a tener una terrible jaqueca… no se quita con nada… en parte… no es algo que siempre haya tenido... sino desde que...- Él se avergonzó, se humedeció los labios desviando una vez más la vista-… bueno, por eso bebía hasta emborracharme… a ver si lograba dormir bastante… - Después la enfrentó posando sus ojos dorados y oscuros en ella-… no es que quiera justificarme… lo poco que duermo es para sólo tener… pesadillas…
Kagome bajó la vista. Supo que soñaba con ella… el accidente tal vez… tuvo pena por él. Tragó. Bien, era comprensible que sufriera por la persona que había querido mucho y además iba a ser su esposa… no debía sentirse tan mal por eso... deseó con todas sus fuerzas poder hacer algo, ayudarlo...
- ¿Te duele la cabeza?
Él sonrió apenas.
- Sólo un poco…- Murmuró. Pero mentía, porque cada vez que comenzaba a sentir sueño su jaqueca se hacía presente haciéndose insoportable. Hubiera deseado no tener sueño para estar más tiempo con ella… pero Kagome necesitaba descansar, no podía ser tan desconsiderado y egoísta.
- Puedo… puedo ayudarte… si quieres…- Sugirió la muchacha.
- ¿Si?
Inuyasha sonrió de medio lado, ella se sonrojó de inmediato.
- Puede funcionar… pero… tienes que relajarte y… cierra los ojos…
La miró aun sonriente pero al ver la expresión de seriedad de Kagome dejó de hacerlo, dándose por vencido y no teniendo nada qué perder, le hizo caso cerrando los ojos e intentando relajarse, aunque sinceramente poco podía.
Kagome sonrió. Se sentía bien que un hombre como ese le hiciera caso de inmediato, parecía un cachorrito, pensó divertida.
- ¿Ya?- Preguntó él impaciente.
La muchacha dejó de sonreír, se sobó los dedos de las manos y las acercó luego a ambos lados de su sien.
- No aun… relájate… no pienses en nada… - Murmuró, mientras frotaba con suavidad su sien.
Aunque estaba escéptico y le costó apartar la mente de lo que sucedía a su alrededor, en cuanto sintió los dedos de ella en su piel se dejó hacer, como arcilla en manos de un experto alfarero, el dolor intenso de su cabeza comenzó poco a poco a desaparecer, a disiparse como la bruma, comenzó a experimentar un suave calor en su cabeza que se desparramó con lentitud por todo el cuerpo, de pronto Inuyasha sentía el cuerpo muy liviano, como si estuviera volando y el sueño se hizo casi insoportable. El dolor había desaparecido.
- Listo.
La voz suave de ella lo hizo volver a tierra, entreabrió los ojos con lentitud y sintiéndose realmente bien. Le sonrió agradecido. Se sentía como si hubiera nacido de nuevo. No tenía aquel peso en la espalda, ni el típico dolor de cuello debido a la tensión, absolutamente nada.
- Wow... es... increíble- Murmuró.
Kagome le sonrió feliz, se sentía muy satisfecha y orgullosa de poder ayudarlo de esa forma.
- Me alegro que haya funcionado... no sé porqué funciona...- Se encogió de hombros.
Inuyasha acercó su mano a su mejilla, su sólo contacto lograba que ella dejara de pensar y se estremeciera por completo.
- Una sacerdotisa... quizás existen, después de todo...
Se acercó ella hipnotizándola con la mirada, la joven se acercó posando sus manos sobre su pecho y se besaron otra vez. No importaba cuantas veces lo hicieran, la sensación era tan tentadora y sublime que bien podrían estar así toda la vida. Inuyasha la acercó más a él deslizando su mano por la cintura y después sosteniéndola de la espalda, Kagome recibió y brindó besos hasta el cansancio, poco a poco sentía arder la piel bajo la ropa, se acercó más a él mientras la boca de Inuyasha de apartaba de la suya para trazar un camino de besos en su mejilla, la barbilla y su cuello, la muchacha sonrió al principio porque tuvo cosquillas, luego jadeó y suspiró al sentir la lengua cálida contra su piel, las piernas parecieron debilitarse, sus manos se aferraron con fuerza a la camiseta de él para no caer, el hombre notó el temblor del cuerpo de ella, sus oídos fueron conscientes de los suspiros que Kagome daba debido a sus acciones, él se detuvo y se separó a duras penas. Suspiró una vez más. Ella entreabrió los ojos, su pecho aun subía y bajaba con evidente agitación.
- Bien... yo... es mejor que me vaya.
Kagome sabía que ni siquiera podía hablar ahora, aun estaba demasiado agitada y turbada por sentir todas aquellas cosas que eran completamente nuevas y a la vez intimidantes, así que sólo asintió con su cabeza, dándole la razón. Pero aunque él tenía intenciones de marcharse su rostro no lo denotaba, parecía que el dolor de cabeza había vuelto, su ceño se había fruncido y lucía aparentemente tenso y dubitativo. Finalmente Inuyasha esbozó una leve sonrisa y murmuró un ronco "buenas noches".
- Buenas noches- Respondió Kagome.
Pero no quería que se fuera y estaba segura que él también no deseaba alejarse ahora.
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- Oye... Kagome... ¿Kagome? Despierta por favor, llegaremos tarde... ¡vamos!
Estaba teniendo el sueño más increíble de su vida, ¿era un sueño? Los besos de ese hombre la estaban enloqueciendo y ella se aferraba más a su pecho buscando su calor y su pasión.
- Kagome... ¿te cuesta respirar? ¡Levántate!
Alguien la zarandeó del brazo, fue por eso que la figura de Inuyasha desapareció y ella se quedó sola, con la sensación dolorosa de vacío y ausencia. La playa oscura desapareció de su entorno y entonces lo que vio fue su propia habitación iluminada por el sol, eso le provocó en un principio ardor en los ojos, luego reconoció la voz de su amiga, enfocó la vista a un lado, Sango estaba sentada en la cama, mirándola impaciente. Entonces bostezó, aún tenía tanto sueño... y se sentó en la cama débil aun.
- ¿Sango? ¿qué... haces?
- ¿Qué no te acuerdas? ¡Íbamos a tener nuestra primera clase de buceo!
Lucía molesta e impaciente pero Kagome no se ofendió en lo más mínimo, tenía otras cosas qué pensar. Sonrió y se recostó en la cama pensando en el sueño y recordando lo de la noche anterior ¿o también había sido un sueño? Ya no estaba muy segura... pero tenía un extraño sabor en sus labios cuando los humedeció con su lengua, en ese instante su corazón latió fuerte y se sonrojó. Quizás sí había sido verdad todo...
- ¡Pero Kagome! ¡Lo prometiste! ¡Se nos hará tarde!
Ladeó el rostro y miró su reloj de pulsera que descansaba en la mesita de noche. Las 6:50 Am... por Kami Sama... con suerte había dormido 3 horas...
- Tengo sueño...- Se quejó y se puso la almohada sobre la cabeza. No, no estaba ni remotamente con deseos de levantarse, no aún, menos si era con Sango solamente... ese no era un estímulo para levantarse tan temprano de la cama.
- ¡Pero cómo! Anoche te fuiste antes de que terminara el concierto y éste terminó a medianoche, cuando pasamos por fuera de tu habitación tenías las luces apagadas, estabas dormida ¿verdad? Así que dormiste bastante... a menos que no estuvieras en tu habitación y te fueras a otro lugar...
Pero lo último lo decía casi burlándose de ella, así que Kagome supo que su amiga no sabía nada de lo de Inuyasha...
- No... claro que no...- Murmuró. Y se sintió fatal por tener que mentirle. Se quitó la almohada de la cabeza con resignación – Bien, tardaré sólo un minuto, prometo que no demoraré ¿esta bien así?
- Perfecto, te espero afuera. Tienes 10 minutos, el mini bus debe estar esperándonos.
Le hizo sólo una mueca mientras salía de la cama. Entonces vio el sweater de él junto a su ropa en el suelo, puso cara de pánico y miró a su amiga que se ponía en ese momento de pie y se dirigía a la puerta. Kagome tomó rápidamente la ropa y se la llevó hacia el baño.
Cielos... esta mañana seguro se iba a hacer muy larga...
Eran 6 personas en total, además del experto en buceo, un hombre grande y fuerte que hablaba demasiado para ser tan temprano.
Kagome casi no oía, su mundo se centraba en los recuerdos hermosos de la noche anterior. Ahora ya no tenía dudas, aun tenía la sensación del roce de esos labios sobre su boca y el perfume inconfundible en su nariz del sweater que escondió en su baño. Era un perfume tan varonil...
Bajaron, el viento sopló suavemente, en el pequeño muelle había otro par de personas esperando quienes eran asistentes del instructor de buceo. Le dieron algunas lecciones teóricas, luego tuvieron que cambiarse y acarrear en sus espaldas los equipos de oxígeno, se introdujeron al agua para pasar a las lecciones prácticas. Después de un par de horas se los llevaron en un pequeño bote a motor hacia la isla de Shimoji-jima la cual estaba muy cerca de donde estaba, Irabu. Allí, decía el instructor, habían muchas cavernas submarinas en donde se podían ver peces de colores iguales a los del trópico, pero que había que tener cuidado con las mantas pues esas sí eran asesinas. De todas formas los iba a llevar a una caverna pequeña y de aguas bajas bastante segura.
Cuando volvieron al hotel aun no eran las 10 de la mañana, pero estaba molida, quizás le hacía falta más ejercicio.
Quedaron de verse en el comedor a desayunar, así que tomó una ducha y luego se cambió de ropas. Tardó en elegir algo bonito, era primera vez que tenía un dilema muy grande con la ropa, toda le parecía poco adecuada o atractiva, después de dudarlo mucho se vistió con su mejor vestido, uno de color verde muy claro, ligero, que le llegaba hasta las rodillas, se sujetaba de los hombros con simples breteles y era muy ajustado en la cintura. Cuando se miró en el espejo para cepillarse el cabello notó que el sol había hecho estragos en su rostro, este lucía rojo, ardiente y tirante que se lamentó horriblemente de no haber usado bloqueador solar ¿podía suceder algo peor? Era su culpa, por tener la cabeza en las nubes.
Bajó para encontrar a sus amigos que ya desayunaban, sintió aquel calorcito sofocante que se apoderaba de su cuerpo y que la delataba cuando llegaba a su rostro, el corazón latió descontrolado y sus miembros comenzaron a temblar. Resopló con fuerza y caminó hasta la mesa, se sentó en el lugar que estaba disponible, junto a Sango e Inuyasha, le dio una media mirada, él hizo lo mismo, pero la joven saludó a todos en general.
- Buenos días amigos.
- Vaya, Kagome, luces bonita con ese vestido pero tienes cara de estar muerta jajaja- Se burló Miroku mientras engullía un trozo de pan con carne y lechuga.
Ella sólo sonrió, avergonzada, mientras preparaba su taza de abundante café con leche. Percibía la mirada penetrante de Inuyasha, a su lado, eso la sofocaba, sentía que la cara le ardía, por el sol y por él, quizás parecía un tomate, qué vergüenza, miró de reojo al hombre, él estaba muy tranquilo a su lado, y sí, la observaba a veces, disimuladamente claro.
- Es que olvidé aplicarme bloqueador- Explicó mientras Miroku bromeaba una vez más.
Sango comenzó a relatar lo que habían visto, lo fácil que había sido bucear, que deberían hacerlo todos quizás mañana y mientras hablaba mirando a su novio Inuyasha le habló y cuando él lo hizo ella lo miró directamente.
- ¿Cómo estas?
Sonrió.
- Bien... bien... ¿y tú?- Murmuró muy bajito y luego ladeó el rostro para ver si sus amigos los observaban pero afortunadamente no era así, Sango seguía relatando el viaje a la isla cercana- ¿Pudiste dormir?
- Como un bebé- Sonrió él llevándose la taza a los labios.- Gracias a ti.
Kagome sonrió satisfecha y orgullosa de sí misma.
- ¿Verdad Kagome?
Ladeó rápidamente el rostro, asustada.
- ¿Eh?- Apenas gimió.
- Que había muchos peces de colores ¿en qué estabas pensando?- Preguntó Sango frunciendo el ceño.
Tragó con fuerza.
- Ahhh sí, sí... muchos...
- ¿Ves? Y habían unas cavernas...
Sango siguió hablando y Miroku la alentaba preguntándole detalles, Kagome no se atrevía a mirar nuevamente a Inuyasha, bebió de su café con lentitud y segundos más tarde sintió un roce en su brazo, ladeó el rostro, era el brazo de Inuyasha, él la miró sonriendo.
- No has dormido nada... es mi culpa...
- No... no importa...
Sin querer suspiró y miró a sus amigos. Sango los estaba observando en ese instante, alzó las cejas cuando Kagome la miró, pero no dijo nada, Miroku en cambio se dirigió a su amigo.
- Oye Inuyasha, hay chicas bastantes bonitas en este hotel, no deberías perder el tiempo amigo, esta noche hay fiesta en la playa jajajaja.
Kagome bajó la vista, se sentía ofendida y dolida ahora, comió un trozo de pan integral que le supo a tierra, casi deseaba abofetear a Miroku por hacerle semejante propuesta...
- No, gracias... así estoy bien- Respondió Inuyasha.
- ¡Cómo que bien!- Protestó el otro, la sacerdotisa alzó levemente la vista sintiendo como se apoderaba la rabia de ella- No permitiré que estes solo, debes disfrutar...
Se rió y a Kagome eso le parecía como si se estuviera burlando de ella. ¡Miroku era un entrometido! Le dieron deseos de decirle que mejor se preocupara de sus cosas. Y lo que más le dolió fue que Inuyasha no dijera nada más...
- Kagome, recuerda que a mediodía nos llevarán a conocer la isla- Dijo de pronto Sango.
En ese momento Inuyasha carraspeó y la sacerdotisa supo que debía deshacerse de su amiga.
- Ehh... no... ¿sabes? Me siento... cansada aun... – Sango la miró desconcertada, ella se sintió mal pero sabía que valía la pena-... mejor ve con Miroku.
Miró a su amigo para que se diera por aludido, para que se mostrara contento de la oferta, efusivo, el hombre tardó un par de segundos en comprender, luego abrazó a su novia con alegría para alivio de Kagome.
- Ahhh pues claro queridita, yo te acompañaré ¿no ves como esta Kagome? A pesar de ser más joven que tu la pobrecita no puede seguirte el ritmo jajajaja.
Bien, no hacía falta de humillarla así. Se tragó la vergüenza sólo porque la estaba ayudando. Sango no se molestó demasiado, aceptó pero miró a su amiga con reticencia.
- Esta bien... sí, te ves muy cansada en todo caso, espero no vayas a enfermar.
Perfecto, se sentía muy feliz ahora... y mientras miraba de reojo a Inuyasha que en ese instante se llevaba la taza de café, casi podía ver que también sonreía. Kagome sonrió en su interior... esto de que... "lo que tuvieran", fuera secreto era lo más emocionante, gratificante, reconfortante y estimulante que le había pasado en la vida...
Continuará...
N/A: Desde ayer he estado intentando subir el capítulo pero fanfiction, para variar, esta con problemas, bueno, después de cientos de intentos aquí esta... lamento la tardanza, me ha tocado salir toda la semana y... las que viven en Chile sabrán que ya casi entramos a clases así que tampoco podré actualizar muy rápido... ya veremos, quizás la presión me haga hacerlo más rápido jaja, nunca se sabe.
Gracias nuevamente a todos por sus comentarios, los 200 mensajes me han ayudado y servido mucho, sí, uno necesita ánimos jeje, gracias por su apoyo.
Nos vemos, cuídense mucho.
Lady Sakura Lee
