Capítulo 10: "Malentendidos"
Mientras el agua helada de la ducha caía sobre su cuerpo, Inuyasha sólo lograba pensar en ella, la joven sacerdotisa amable y hermosa que le había confesado su verdad, la verdad de no existir nadie antes que él. El hombre torció la boca a modo de sonrisa casi fanfarrona. Era increíble tenerla entre sus brazos y que ella respondiera de la misma forma apasionada que la de él. Nunca lo hubiera imaginado... tampoco hubiera creído que él caería rendido a sus pies... por que lo estaba... la necesitaba, adoraba la forma en que lo miraba, le hablaba, lo enloquecía sus besos, sus caricias… todo…
Y ansiaba darle todo también.
Pero entonces frunció el ceño y el recuerdo de una mujer increíblemente hermosa pero manipuladora se adueñó de su pensamiento, borrando por completo el recuerdo de la joven sacerdotisa. Y entonces sintió su pecho oprimirse y una punzada en el corazón.
De pronto, todo el amor que sentía, el buen humor, el regocijo, desapareció para dar paso a la rabia, la angustia, la tristeza y luego la confusión.
Apretó la mandíbula, cerró la llave de la ducha, descorrió con fiereza la cortina y tomó la toalla que colgaba cerca. Se secó frotando con poca delicadeza, como si quisiera raspar la piel, quitándose todos aquellos recuerdos. Él había amado, había entregado todo por ella, por Kikyo… pero al final… se arrepintió de haber desnudado así su corazón…
Qué pasaba si ahora sucedía lo mismo… si daba todo, si… si se enamoraba de Kagome y le entregaba todo lo que tenía como lo había hecho con Kikyo… si la historia se repetía, si ella…
Pero eran distintas… tan distintas… no podía equivocarse nuevamente… no, la verdad es que estaba ansioso por estar con Kagome otra vez, esto era distinto, muy distinto, además aquella muchachita siempre había llamado su atención, tenerla ahora, recibir sus besos era algo que ni en sueños hubiera aspirado…
Un momento más tarde y terminando de vestir su ropa más cómoda, llamaron a la puerta y tuvo la loca idea que podría ser ella, pero se desilusionó bastante rápido cuando escuchó la voz de Miroku.
Hizo una mueca y abrió la puerta develando su rostro serio de siempre.
- Hola amigo- Miroku ni siquiera lo miró a la cara, entró a la habitación sin siquiera pedir permiso y se puso a hablar- Vengo a decirte que cenaremos a las 8... ¿te parece?
Sólo en ese instante lo miró pero lo que lo sorprendió fue la estela de perfume que había en la habitación. El hombre frunció el ceño y olisqueó el aire. Inuyasha cerraba la puerta y comenzaba a guardar la ropa que había sacado hacía un momento.
- Vaya… tan perfumado… - Se burló.
El de ojos dorados ni siquiera tomó en cuenta sus palabras, siguió ordenando y pensando en que después que su amigo se marchara iría a la habitación de Kagome, necesitaba estar a su lado… verla… besarla…
- ¡Ey! ¿qué te pasa?
Despertó de sus pensamientos y lo miró. Ni siquiera se acordaba que Miroku estaba ahí. Extraño y turbador… era primera vez que se sentía tan distraído.
- ¿Qué? ¿qué sucede?
- ¡Ya! ¡Lo descubrí! Tú andas ligando con alguien ¿verdad?
El rostro de Inuyasha era indescifrable, pero Miroku sonrió, como si eso en verdad lo complaciera.
- Siii, andas extraño... y mira ahora, todo perfumado... – Se acercó y lo abrazó con suma confianza-... cuéntame ¿esta hospedada en este hotel?
- Basta...- Masculló, soltándose de él y esquivando su mirada.
Miroku se quedó plantado en medio de la habitación, seguía sonriendo como idiota de sólo imaginar a su amigo entusiasmado con alguien... después de tanto dolor...
- No, no te enojes, si la verdad me alegro mucho.
Inuyasha, que había volteado para acomodar la ultima ropa en el ropero, volteó violentamente y lo miró directo frunciendo el ceño con gravedad.
- ¿Quién te ha dicho que estoy interesado en alguien?
Miroku lució turbado. Alzó una ceja no muy convencido.
- Ah ¿no?
Inuyasha resopló. Sentía que perdía el tiempo con él y la paciencia. Intentó tranquilizarse, tenía que sacárselo de encima pronto.
- Bueno...- Murmuró, suavizando la voz-... ¿a qué venías?
Miroku se sentó en la cama, abrió más los ojos y retuvo una carcajada. Su amigo entornó los ojos. No había caso. Mentalizó contar hasta diez pero cuando llegó a esa cifra siguió el conteo... tenía unos deseos enormes de golpearle la cara.
- Miroku...- Bramó en lo bajo, mirándolo directamente con ojos casi asesinos.
El otro estalló en carcajadas sin importarle que bien podría su amigo romperle el cuello. Pero poco a poco Inuyasha se tranquilizó y suspiró derrotado ¿qué caso tenía? No iba a enfadarse con él, no lo iba a hacer, Miroku era un idiota y moriría idiota.
- Lo siento amigo jajajaja, lo siento jajaja... Se sentó en la cama y siguió riéndose-... jaja... es que... te delatas solo...
- Basta- Musitó ya sin ganas.
Miroku se rió un poco más y luego se tranquilizó, se pasó la mano por los ojos, si hasta lágrimas le habían sacado las carcajadas, después resopló y se puso de pie, se acercó a Inuyasha que estoicamente lo miraba ya sin ánimos.
- ¿Ves que estas distraído? Cuando entré a esta habitación te dije que cenaríamos a las 8.
- Ahh... eso...
Entornó los ojos y movió la cabeza negativamente.
- Anda, dime quien es, dame una pista.
La sangre caliente la sentía casi en la cabeza.
- ¿Por qué no te preocupas de conquistar bien a Sango y me dejas tranquilo?
Miroku se sorprendió y por fin dejó de sonreír. Tragó con fuerza y desvió el rostro hacia la pared, intentaba pensar en algo gracioso para romper el hielo pero realmente no se le ocurrió nada.
- Oye... – Musitó Inuyasha ya arrepentido.
El otro se volvió a mirarlo y luego se encogió de hombros, esbozó una débil sonrisa.
- Tienes razón... pero a veces es complicado hace entender a la persona que amas que confíe completamente en ti...- Chasqueó la lengua y cerró un ojos a modo cómplice-... pero trabajo en eso ¿sabes?- Sonrió- Quizás te lleves una sorpresa...
Suspiró una vez más y caminó hasta la puerta. Miroku no era un hombre rencoroso, así que volvió a sonreír volteando una vez más el rostro hacia él y con la mano en el pomo.
- No te creas que soy idiota, se nota a leguas que estas interesado en alguien... y no lo digo por los litros de perfume que te echaste encima jajaja
Inuyasha gruñó, tomó una almohada y se la lanzó, pero Miroku salió mucho antes que esta lo alcanzara.
Meditó lo que su amigo había dicho... y encontró que Kagome tenía razón, mejor era mantener el secreto entre ellos, sus amigos, por ahora, sólo molestarían, se entrometerían y olvidarían que ellos mismos están en problemas... no, lo mejor era que no supieran, Kagome tenía razón, sonrió luego con picardía... era más emocionante.
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- ¿Te gusta? Me lo compró en un pueblito que esta cerca del muelle... deberías conocerlo Kagome, es muy pintoresco, te gustará.
La joven sacerdotisa observaba maravillada el anillo de fina artesanía que decoraba el dedo de su amiga. No imaginaba a Miroku regalando algo así... bueno, no es que no regalase, pero esto...
- ¿Es tu anillo de compromiso?- Se aventuró a preguntar.
Sango sonrió con serenidad.
- Creo que... sí.
Kagome sonrió ampliamente y se abalanzó dándole un fuerte abrazo.
- ¡Oh! ¡Te felicito ¡te felicito!- Se separó y la miró emocionada, estudiándola. Sango lucía muy satisfecha. Eso le alegró, porque ver a una pareja tan bonita como la que formaba con Miroku merecían estar unidos- Entonces lo has aceptado.
- He sido algo tonta...- Murmuró Sango bajando la vista y contemplando el anillo de su dedo-... e infantil... el hecho que él mire a otras mujeres no significa nada... esta conmigo, me ama solamente a mí.
La sacerdotisa casi suspiró de satisfacción. Al fin había entendido, pero si se notaba a leguas que ese hombre la amaba demasiado y se preocupaba por ella, en los pocos días que ahí llevaban ya lo había demostrado de múltiples maneras. Kagome sabía que su amiga hacía lo correcto. Se sintió muy feliz por los dos, ya casi imaginaba la boda.
- Pero ¿y tu? Anda, ¿por qué no quieres decirme la verdad?
Su rostro se contrajo seriamente, no la miró pero supo que Sango la observaba con suma insistencia. Se puso de pie de forma abrupta y algo nerviosa.
- Oye, siento mucha hambre, ya es hora ¿cierto?
- Ahh cierto...
Sango sonreía porque a pesar de que Kagome no le contaba nada estaba segura que le ocultaba algo importante. Nunca la había visto tan nerviosa ni tan evasiva... pero... ¿sería posible que estuviera interesada en alguien? Hacía mucho había tenido un novio y luego ella se había avocado completamente a sus estudios... de cierta forma pensó que Kagome le daba mucha más importancia a su rol de sacerdotisa y a sus estudios que a lo demás.... pero siempre la gente cambiaba... y más ahora que el tiempo había curado sus heridas y ya era casi una profesional... ¿pero quien sería el que la había entusiasmado de esa forma? ¿y tan pronto? Apenas llevaban un par de días en el hotel... no era posible que se entusiasmara de un hombre de esa forma en tan poco tiempo... quizás era otra cosa lo que la tenía así... pero ¿qué?
Cuando llegaron al comedor solamente Miroku estaba ahí. Se acercaron y Kagome observó el efusivo beso que su amiga y el que pronto iba a ser su esposo se dieron. Era notorio el cambio de actitud en ellos ahora. El hombre murmuró algo en el oído de la joven, esta sonrió y luego le dio un débil golpe en el pecho, los dos rieron.
- Kagome ya lo sabe, se lo he contado.
Miroku la miró y alzó una ceja.
- Ahhh bueno... eso no impide que celebremos ¿verdad?
- Claro que no- Respondió Kagome.
En ese momento un garzón trajo una bandeja con champán y copas. Se la dejó a su amigo y luego se marchó.
- Esperaremos a Inuyasha...- Explicó Miroku-... él no sabe nada.
- Ojalá no tarde- Respondió Sango.
Kagome miró a su alrededor, deseando que apareciera pronto, estaba extrañamente ansiosa.
- Capaz que ni se aparezca...- Dijo el hombre tomando la botella y comenzando a descorcharla-... creo que anda entusiasmado con alguien....
- ¿¿¿En serio???
Sango estaba sorprendida y luego de mirar a su novio desvió la vista hasta Kagome que se sonrojó y se le secó la garganta.
- Sí, así es... ya era hora... aunque...- Dejó la botella a un lado sin descorchar aun-... no creo que haya dejado de amar a Kikyo...
- Bueno... nunca se sabe ¿verdad, Kagome?- Preguntó Sango.
La joven no supo qué decir, pero por la mirada inquisidora, por la sonrisa burlona, por el tono malicioso... su amiga estaba sospechando... y se acercaba rápidamente a la verdad.
- No sé – Musitó al fin, acomodándose en la silla.
- No, yo sí sé y tú también lo sabes Sanguito... Inuyasha aun esta enamorado de ella ¿no ves que siempre la recuerda? Por eso se embriaga tanto... y va al departamento... vive con su fantasma, si apenas duerme...
Kagome había dejado de respirar casi, meditaba con terrible tristeza todo lo que su amigo decía, todo era verdad, ella misma era testigo de todo eso. Sus ojos se detuvieron en el cielo con nubes de color rosa y naranjas del atardecer.
- Pero... puede cambiar...- Dijo Sango.
- ¡Ja! Claro... pero no tan rápido- Arrugó el ceño-... de todas formas esta bien que este interesado en alguien, quizás lo que él ande buscando es una joven que lo haga olvidar y... que le de cariñitos... después de todo es hombre jajaja ¿hace cuanto esta sin una mujer?
- Cállate o me enojo- Respondió Sango, algo disgustada y observando atentamente a Kagome.
La joven sacerdotisa no dijo nada, seguía con la vista fija en el cielo. Aunque su amiga no sabía que la indiferencia que demostraba en ese momento era una fachada, sin querer Kagome casi lloraba por dentro.
La muchacha comprendió, que lo que Miroku decía era verdad, Inuyasha no había olvidado a la mujer con la cual iba a contraer matrimonio, era imposible que la olvidara si hacía poco aun se emborrachaba y sufría por su ausencia... entonces estaba con ella para olvidarla, porque era un hombre y necesitaba satisfacer sus deseos.
Se estremeció cuando recordó lo que había sucedido en la playa.
- Lamento la tardanza.
Su voz le desbocó el corazón de forma dolorosa, ni siquiera lo miró, saludó casi con inercia mientras Miroku le daba la noticia al hombre, Inuyasha se sentó a su lado, como siempre.
- Hablábamos de ti- Dijo Miroku y en ese momento descorchó el champan- No te preocupes, nada malo, solo queremos que seas feliz.
Inuyasha esbozó una leve sonrisa, miró de reojo a Kagome que tomaba su copa llena de champán, después él recibió la suya.
Brindaron por el compromiso, después les trajeron la comida. En tanto la conversación se centró en el paseo que había dado aquel día, en lo mucho que habían conocido, en algunas anécdotas, en los innumerables lugares de interés con que contaba la isla.
Kagome sólo escuchaba e hizo un par de comentarios, nada relevante, sólo para mantener la conversación. Inuyasha como siempre se mantuvo reservado y muy callado, pero estaba en todo momento alerta a ella, la muchacha que tenía a su lado, la que en ni un solo momento lo había mirado...
La velada transcurrió rápidamente, pronto anocheció. Los novios comenzaron a actuar muy melosos, la joven sacerdotisa supo que ya era hora de dejarlos solos. Luego del postre se puso de pie y se despidió, diciendo que se iba a dormir porque estaba muy cansada.
- Pero apenas son las 10, nadie se va a la cama a esa hora en vacaciones- Bromeó Miroku.
- Déjala tranquila- Lo interrumpió su novia.
Sango pensó que quizás se equivocaba, que Kagome en verdad no tenía a nadie y por eso se iba a la cama tan temprano. Cuando Miroku había hablado de Inuyasha pensó que había dado en el clavo, que esos dos se habían entendido. Pero luego pensó que Inuyasha si seguía tan enamorado de Kikyou (ya que sufría mucho por su ausencia) no estaría ligando con su mejor amiga sólo por tener una aventura y satisfacer sus instintos... si eso era así ¡lo mataría!
Los contempló durante la cena y los dos se comportaron tan indiferentes como siempre.
Inuyasha tragó fuerte y deseó que esa excusa fuera mentira. Esperó un momento prudente para que los demás no se dieran cuenta, pero la espera lo estaba poniendo de muy mal humor y ver a esos darse de arrumacos lo estaba empeorando. Se puso rápidamente de pie, la silla se arrastró en el piso provocando un ruido estrepitoso, los novios lo miraron molestos, a él poco le importó.
- Bueno, los dejo.
- ¿Te vas a dormir también?- Se burló Miroku.
Sango había clavado su mirada inquisidora en la de Inuyasha.
- No. Daré una vuelta por ahí.
Se marchó dejándolos solos. Sango pensó que en un momento más descubriría si en verdad o no esos andaban en algo... si era así tendría una discusión muy seria con Inuyasha. Nadie lastimaba a su amiga, nadie jugaba con ella.
La habitación estaba en penumbras, no tenía deseos de nada, la joven sacerdotisa se aproximó a la ventana y su mirada se detuvo en la oscuridad de la noche. El mar, tras el bosquecillo, parecía una inmensa masa negra y tranquila. Había luna allá afuera y hubiera sido bonito dar una caminata antes de dormir en la playa. Hubiera sido bonito... romántico...
Kagome sollozó y se mordió el labio. Estaba dando su corazón sin darse cuenta que podía salir lastimada... bueno, el amor era así, pero le dolía saber que estaba siendo usada en todo esto. Ella... ella sentía algo maravilloso y profundo por Inuyasha... y le hubiera dado su corazón y su alma si él se lo pidiera... pero... ¿y él? Miroku tenía razón... él no podía haber olvidado tan pronto a Kikyou si la amaba tanto, si la extrañaba tanto, si se emborrachaba todos los días por su ausencia...
De pronto, dos suaves golpes en la puerta la alertaron, supo de inmediato que era Inuyasha, obvio, conocía incluso hasta ese gesto. No, no quería verlo, no quería ni hablarle, nada, necesitaba alejarse de él o saldría horriblemente lastimada.
- ¿Kagome?- Murmuró Inuyasha con su voz ronca pero suave.
Ella corrió hasta la cama y se cubrió por completo. No había asegurado la puerta, pero no estaba segura si él sería capaz de entrar sin su autorización.
Dando la espalda, escuchó que la puerta se abría y la luz del pasillo iluminó débilmente su habitación. Ella apretó los labios y tragó con fuerza. Sentía el corazón en la garganta.
Sentía la mirada quemante en su nuca, rogó para que se marchara pronto, casi no respiraba, en verdad se encontraba muy triste, muy desilusionada y confundida con todo esto... era como si de pronto el sueño se hubiera convertido en pesadilla. Le dolía demasiado... porque... sentía que la habían usado...
Él se dio por vencido y cerró la puerta dando un largo suspiro. Kagome se arropó más en la cama y sollozó. Había visto a Houyo sufrir por un amor no correspondido, ahora pagaba, pagaba dolorosamente por eso... quizás era su castigo.
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Sango logró evadir un momento a Miroku aludiendo ir al tocador, pero en realidad necesitaba comprobar fehacientemente su teoría. Se dirigió presurosa a la habitación de Kagome, si su amiga no estaba allí entonces tendría razones para sospechar, casi podía estar segura que esos dos andaban juntos, que de alguna forma Inuyasha era el culpable, que la había seducido o algo así. Pero pensándolo bien le parecía casi imposible que ese hombre sedujera a su amiga... bien... quizás Inuyasha no era el objeto de afecto de Kagome, quizás era otro y ojalá fuera así.
Tocó la puerta y preguntó.
- ¿Kagome? ¿estas despierta?
Esperó un segundo y luego la abrió. Y se sorprendió de ver a su amiga dormida en la cama. Apretó los labios y la cerró rápidamente. Ahora se sentía culpable. Había dudado de ella y estaba siendo demasiado entrometida... ahhh pero es que en verdad le preocupó que Kagome se hubiera involucrado con Inuyasha...
Bien... si Inuyasha andaba en enredos que bueno que fuera con alguien que no conocía... no es que no lo apreciara... pero Miroku le había abierto los ojos, él sólo buscaba a alguien para pasar el rato.
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En el desayuno, sólo tres fueron los que asistieron al comedor.
- Kagome no se siente muy bien... así que pidió servicio a la habitación- Dijo Sango, algo preocupada.
- ¡Oh! ¿esta enferma?- Preguntó Miroku engulléndose un buen trozo de pan y queso de cabra.
- No sé. Dice que no es nada... que sólo esta cansada.
- Ahh quizás quiere que la dejes tranquila... ella vino a descansar y tu lo único que quieres es que te acompañe a cuanta cosa se te ocurra...- Ella lo miró fijamente-... cariñito, somos pocos los que podemos seguir tu ritmo...
Sango entornó los ojos pero luego lo pensó mejor.
- Mmmm cierto... quizás tu puedas acompañarme de ahora en adelante...
- A donde quieras Sanguito, de ahora en adelante no nos separaremos más- Sonrió su novio.
Inuyasha se removió en su asiento, comenzaba a preocuparse. Sus amigos lo dejaron solo y él se paseó un momento por el jardín hasta que encontró el valor para ir a la habitación de ella y preguntar como estaba.
Golpeó suavemente y escuchó su voz.
- ¿Quién?
- Soy yo.- Respondió muy bajo, ronco.
Se produjo un leve silencio, él cada vez se impacientaba más, escuchó luego pasos que se acercaban, Kagome abrió la puerta y ambos se encontraron cara a cara.
A Inuyasha le turbó verla vestida, pensó que estaría en cama y enferma, pero la persona que tenía enfrente no lucía para nada así, al contrario, ella irradiaba demasiada energía, lo miraba fijamente con seriedad, el cuerpo tenso, los labios apretados, los ojos brillantes y casi atemorizantes, la observó mejor y descubrió lo enrojecido que estos estaban y también las oscuras sombras bajo ellos. Quizás sí estaba enferma.
- Quería... quería saber como te encontrabas...
- Muy bien- Respondió con sequedad alzando levemente la barbilla.
La miró sorprendido por su actitud. La estudió nuevamente sin importarle que pareciera descarado, necesitaba saber, descubrir qué diablos pasaba.
- ¿Qué quieres?- Contrarrestó Kagome otra vez sin compasión.
Él enfocó su mirada dorada en la suya, agudizándola, como si intentara leer su corazón.
- ¿Qué pasa contigo?- Le preguntó al fin, muy serio y con bastante poca paciencia.
- Nada.
Inuyasha resopló con fuerza.
- Mientes...- Masculló y entonces entró sin permiso a la habitación y cerró la puerta tras su espalda. Kagome lo miró sorprendida y retrocedió ante su paso. La careta de frialdad y aspereza desapareció.
- ¡Qué haces! ¡Sal de aquí! – Hubiera querido detenerlo pero ni siquiera se atrevía a acercarse a él- ¡Oh! por favor... Sango vendrá en cualquier momento... vete...
El hombre se detuvo en medio de la habitación. Kagome lo miraba dolida y temblorosa ahora, no había que ser un genio para saber que algo extraño estaba pasando... y él tenía algo que ver.
- Dime qué sucede ¿por qué te comportas así? De pronto me evades y...- Inuyasha tragó con fuerza. Se dio cuenta que le dolía su actitud, le dolía demasiado porque sentía un nudo en la garganta- ¿Qué pasa?
La joven respiraba con fuerza. Verlo ahí tan cerca había alterado demasiado su corazón. ¡Lo quería! Claro que lo quería.
- Sango va a venir...
- ¡Al diablo Sango!- Bramó enojado.
Ella lo miró atemorizada. Nunca lo había visto así, tan alterado. Se produjo un silencio terrible en la habitación. Inuyasha intentó tranquilizarse, comenzó a respirar más pausadamente disipando la rabia y la frustración, necesita hacerlo.
- Quiero... quiero saber qué sucedió... qué sucedió entre el momento que volvimos de la playa y la cena... qué fue lo que cambió.
Kagome casi sentía el sollozo en su garganta, tragó, la hiel era dolorosa y amarga, se mordisqueó el labio, nerviosa, desvió la mirada de la suya, sentía que le perforaba los ojos.
- Esto no va a funcionar... mejor vete... por favor...
La miró incrédulo, se movió luego inquieto.
- ¿Por qué dices que no va a funcionar?
Su voz era débil ahora, apenas un susurro. Kagome volvió a posar la mirada en la de él.
- Tu aun amas a esa mujer, yo sólo soy... – Enrojeció y volvió a alterarse-... sal de aquí, Sango va a venir.
- Sango no vendrá porque esta con Miroku- Respondió él con agresividad.
Ella no respondió, pero lucía nerviosa, dolida, casi a punto de llorar. Inuyasha resopló e intentó pensar ¿qué diablos estaba pasando? Imaginar que ella quisiera terminar con lo poco que tenían lo había turbado y alterado por completo. No, no quería hacerlo, no podía alejarse de ella, era... era absurdo, ilógico ¡no! ¿por qué? Si era tan feliz a su lado ¡no! No lo aceptaba ¡no!
- Yo no amo a Kikyo, eso es absurdo...- Murmuró al fin.
La joven volvió a desviar la vista e hizo una mueca.
- Ni siquiera duermes pensando aun por ella- Lo enfrentó al fin dándose valor- Sé que piensas en ella, te emborrachas por ella, lloras por ella...
El rostro de Inuyasha palideció. El silencio de él le confirmó a la muchacha que todo era cierto. Sentía su corazón destrozado.
- No... no es lo que imaginas... no es lo que piensas... no es así...
Kagome lo miró fijamente, sorprendida. Inuyasha la contempló un momento, estaba muy turbado y parecía buscar las palabras para explicarse. Luego el hombre resopló y entrecerró los ojos, caminó hasta la puerta dándole la espalda, cuando tomó el pomo volteó y la miró fijo, su rostro era el de antes, la miraba el Inuyasha seguro de sí mismo, el enigmático, serio.
- Creo que es hora de confesarte mi historia... pero no aquí... y no ahora...
Entonces se marchó, dejándola sola ahí en medio de la habitación, más confundida que nunca, pero con la promesa de imaginar que todo tenía una explicación, una explicación que le develara que no era juguete en sus manos... ansiaba eso... rogó por eso...
Continuará...
N/A: Hola, muchísimas gracias a todas las personas que me dejaron su comentario, aunque alguna dice por ahí que quizás no lo lea, se equivoca, si los leo, como no, si son mi estímulo y apoyo XDXDXD
Lamento la tardanza, les dije que comenzaba las clases... espero les haya agradado el capítulo, momentos así son necesarios para fortalecer la relación y ¡aclarar todo! jejeje
Gracias a todos por su apoyo y también a quienes leen, nos vemos pronto, cuídense mucho.
Lady Sakura Lee.
