Capítulo 11: "El Secreto de Inuyasha"

Aquel día fue eterno, y aunque recordaba claramente el: "Creo que es hora de confesarte mi historia... pero no aquí... y no ahora..." lo esperó con ansiedad y también algo de miedo. ¿qué era lo que Inuyasha ocultaba? ¿Cuál era el misterio en torno a Kikyo y él?

- No... no es lo que imaginas... no es lo que piensas... no es así...

¿Podía estar tan errónea? ¿podía haber malinterpretado su actitud? ¿estaba equivocada en todo? Pero... ¿cómo? ¡Eso significaba que todo el mundo estaba equivocado!

No podía ser cierto... era absurdo e increíble a la vez... pero... después que él había ido a su habitación, después de hablar como lo hizo... de mirarla como lo hizo... algo dentro de su pecho le decía que debía confiar... Inuyasha no podía estar mintiendo.

Por la tarde, casi al anochecer, se atrevió a bajar imaginando que quizás él se reuniría con sus amigos a la hora de cenar. Pero no había ninguno de los del grupo allí. Y se sintió más sola que nunca.

Miroku y Sango debía estar disfrutando de la vida, juntos y felices... e Inuyasha y ella estaban separados por las cosas que sus amigos habían comentado... no era justo y hasta sintió rabia por ellos. No, no era justo.

La próxima vez dejaría de hacer tanto caso a sus comentarios... la verdad es que ellos de alguna forma siempre estropeaban todo, diciendo cosas que no eran cierta, malinterpretando todo. Suspiró derrotada. Desearía poder ir a su habitación y trataría de hablar con Inuyasha, sin embargo, lamentablemente, él había dicho que ahora no ¿le habría dolido su desconfianza? Quizás era eso... quizás lo había lastimado, demasiado.

Se fue nuevamente a su habitación y se quedó observando el paisaje. Poco a poco el cielo se fue poblando de estrellas y algunas parejas salieron al exterior a disfrutar del lugar. Kagome abrió la ventana y reposó la cabeza en el marco, desolada y sintiéndose solitaria. La brisa de la noche ni siquiera la animó. Se quedó estática ahí con la mirada perdida en las estrellas y pensando en lo mucho que extrañaba a Inuyasha. Era de locos, no sabía porqué ansiaba estar a su lado, de esa manera tan... tan abrumadora, desesperante, casi agonizante. Y sí, podría ir ahora a su habitación sólo para que olvidara su estúpida explicación... pero no lo haría, respetaba demasiado su decisión...

Y entonces lo vio, su corazón se lo anticipó latiendo de pronto a mil, ella se incorporó y vio su silueta saliendo del hotel y dirigiéndose al sendero que conducía a la playa. Kagome lo observó y se mordió los labios de impotencia. Quizás en verdad estaba disgustado y la evitaba... miró el reloj y vio que eran casi las 3 de la madrugada. Muy tarde ya... él no dormía... y ella tampoco ahora podía hacerlo. ¡Cielos! ¿por qué le dolía tanto? ¿por qué el maravillo sueño se había agriado tanto?

- Creo... creo... que lo amo...- Gimió, y entonces ocultó el rostro entre sus manos.

Cuando dijo aquello sintió que un enorme peso se liberaba de su pecho, sin embargo, a pesar de eso, un dolor horrible en su corazón se había apoderado de él. Estaba enamorada... y... ¿qué sentiría Inuyasha por ella?

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La luz matutina del día la despertó de su tormentoso sueño. Al alzar la cabeza, casi sintió crujir el cuello, se llevó la mano a él y se lo sobó haciendo muecas y mirando a su alrededor. Se dio cuenta que se había quedado dormida ahí mismo, junto a la ventana, sentada en una silla con el marco de cabecera. Se movió y luego estiró brazos y piernas para después ponerse de pie. El cuerpo parecía acalambrado pero dejó de sufrir por el dolor cuando recordó lo que había sucedido el día anterior. Ojalá Inuyasha cumpliera su palabra y hoy le revelara todo. En realidad... ahora lo que necesitaba es que volviera a hablarle, era lo que más le importaba, más incluso que su antigua relación.

Se fue al baño y se dio una ducha de agua helada, luego volvió a cambiarse, esta vez vistió pantaloncillos cortos hasta el muslo de color blanco y una blusa sin mangas algo holgada del mismo color, amarró su cabello a una coleta algo alta y se calzó sandalias por ser lo más cómodo y refrescante para un día que auguraba ser uno de los más calurosos desde que estaban ahí.

Echó un vistazo al reloj que no usaba y que desde había llegado siempre permanecía en su mesita de noche, y se dio cuenta que era algo temprano para desayunar. No es que tuviera hambre, sino porque era la excusa para poder verlo. No tenía otra alternativa porque ni siquiera sabía cual era su habitación... pero podría preguntar en la recepción... sí, eso iba a hacer. Respiró con profundidad, luego se miró en un espejo y se acomodó el flequillo, hizo una mueca, nunca se encontraba lo suficientemente bonita como para atraerlo... se mordisqueó los labios y desechó el pensamiento. No era hora de andar con inseguridades ahora o se acobardaría. Y no quería acobardarse, ya bastante había sentido aquella horrible agonía por no poder verlo.

Apartó el rostro del espejo y caminó a paso acelerado para salir de la habitación. Miró hacia el final opuesto del pasillo sólo para asegurarse, pero como era lógico nadie conocido apareció, después de todo era aun muy temprano. Bajó las escaleras casi corriendo y luego se dirigió a la recepción. La recepcionista era una mujer joven de cabello rubio esta vez y cara de boba, hablaba muy solícita con un caballero. Kagome no tuvo otra opción que esperar su tonta charla, movió los pies y las manos inquieta, acelerada, al borde de la desesperación... maldito turista ¿¿cómo se le ocurría preguntar tantas estupideces a esa mujer que a todas luces no sabía nada?? Sus mejillas se colorearon de pura rabia contenida, sin embargo, de pronto sintió el roce de una mano en la suya y antes de voltear ésta la encerraba entre la suya, supo por el calor, por la suavidad y la aspereza que era él, antes de mirarlo. Y entonces, cuando sus ojos se encontraron con el arrebatador ámbar de los suyos, se tranquilizó.

- Ven.

Fue todo lo que dijo, tironeando de ella hacia el exterior. Se dejó llevar sin protesta alguna, el corazón parecía revivir nuevamente y se llenaba de aquel exquisito calor que envolvía por completo su cuerpo.

Salieron al exterior y luego él soltó su mano, caminó a paso seguro hasta el automóvil gris que estaba en la entrada aun con el motor en marcha, abrió la puerta y le hizo una seña para que entrara.

Se había detenido y lo miraba sorprendida, sin comprender absolutamente nada. Esperaba que comenzara a hablar, no que la invitara a salir. Pero luego pensó que quizás ese era parte del plan, llevarla a algún lugar en donde pudieran conversar tranquilos y sin que sus amigos pudieran interrumpirlos. Se acercó y entró, Inuyasha cerró la puerta suavemente y rodeó el automóvil para entrar por el otro lado.

Cuando se sentó a su lado, Kagome lo observaba incrédula, él sólo la miró de reojo, estaba tan serio... sacó unas gafas de sol oscuras del bolsillo superior de su camisa y luego se abrochó el cinturón de seguridad. Al notar que no iba a hablar ella se aventuró a preguntar con suavidad, casi con ingenuidad.

- ¿Adónde vamos?

Lo vio tragar fuertemente, tensar la mandíbula, mover la llave del vehículo con seguridad absoluta y hacerlo encender.

El automóvil de movió primero lentamente, después con brutal aceleración. Kagome apretó los labios, lo miró frunciendo el ceño y esperando su respuesta.

- Ya verás.- Respondió al fin, y sus labios esbozaron una tenue mueca.

La joven tragó con fuerza y se sintió nerviosa.

- Pensé que íbamos a hablar.

- Eso haremos.

Ella resopló en respuesta a lo poco conforme de su respuesta. Lo contempló intentando dilucidar que era lo que se proponía. Agudizó su mirada en su rostro, en sus gestos, pero al cabo de unos minutos se dio por vencida y suspiró, volteando el rostro hacia la ventana y observando el asfalto de la carretera.

Con Inuyasha nunca se sabía, cualquier cosa se podía esperar de él. Sí, cualquier cosa.

Se volvió a mirarlo nuevamente y se sorprendió. Hubiera jurado que Inuyasha había sonreído maliciosamente. Sólo que fue antes de volver a pestañear ya no. ¿Se burlaba de ella? ¿O acaso estaba imaginando?

- Listo.- Dijo él, deteniendo el automóvil y apagando el motor.

Kagome miró hacia el frente y observó la marina. Aquel mismo lugar al cual habían acudido el primer día de este viaje cuando asistieron a las cuevas marinas en reemplazo de Miroku y Sango. Tuvo una mezcla de sentimientos. Lo primero fue el leve temor de estar otra vez en una embarcación y que esta navegara bajo las interminables y lúgubres cúpulas de piedra. Casi jadeó y pensó que se asfixiaba nuevamente.

- ¿Kagome?

La joven alzó la mirada y jadeó, pálida y casi sudorosa.

- ¿Eh?- Gimió apenas y sus labios le temblaron.

Inuyasha estaba en su puerta y esperaba ayudarla a salir, al verla tan alterada y nerviosa se inclinó y le desabrochó el cinturón, se inclinó tanto como pudo sólo para observar su rostro, él arrugó la frente, preocupado.

- ¿Qué te pasa?

La muchacha lo miró con la boca semi abierta, orgullosa como era tragó con fuerza y se hizo la valiente, negó con su cabeza rápidamente.

- Nada, nada.

El hombre la observó con cuidado, era obvio que no le creía. Se incorporó dándole paso a que ella saliera. Cuando Kagome estuvo ya a su lado pudo observar el sudor de su frente, la palidez de su rostro, el brillo inusitado en sus ojos. Él ya la había visto así antes... claro...

- ¿Tienes miedo?- Preguntó al fin elevando un poco la voz y fijando sus pupilas en las suyas.

La joven sólo pudo tragar, intimidada ante él. Inuyasha suspiró con suavidad y cerró la puerta del auto, la tomó de los hombros para mirarla a la cara, Kagome sólo se resignó a escuchar.

- No tienes porqué tenerlo, no iremos a las cuevas, si es lo que te preocupa.

La muchacha sonrió avergonzada.

- Podría... soportarlo, si quieres...

Él rio fuertemente y a Kagome siempre le sorprendía cuando Inuyasha lo hacía, es que sus risas no eran muy a menudo, pero se complació al pensar que aquellas escasas sonrisas que había visto, sobre todo las de este tipo, abiertas y francas, habían sido sólo en su presencia.

- No iremos a las cuevas ¿crees que me gusta verte sufrir?

Kagome echó un vistazo a la marina. Las embarcaciones tampoco eran su devoción, pero el mareo que estas le producían podría soportarlo, no eran nada en todo caso, con la sensación de claustrofobia. Resopló aliviada en parte y lo miró.

- ¿Y entonces?

Él esbozó una pequeña sonrisa.

- Te gustará, pero lamento que la única forma de llegar sea por mar.

Kagome se relamió los labios y volvió los ojos nuevamente a la marina. Allí habían muchas embarcaciones de todo tipo, turísticas, privadas, yates pequeños con un solo mástil, otros grandes y lujosos a motor...

- Entonces iremos en...- Musitó, dubitativa.

- En lo más cómodo posible.- Dijo él, posando su mano tras su espalda y obligándola a caminar en la dirección donde se encontraban las embarcaciones.

Inuyasha de pronto se adelantó a un grupo de 2 hombres que parecían estar muy cerca de un pequeño yate. Éstos, en cuanto vieron a Inuyasha acercarse, dejaron de conversar y se irguieron junto a la rampa que unía la embarcación con el muelle. Hablaron un par de segundos y uno de ellos osó mirar a Kagome. Inuyasha arrugó la frente y el otro desvió rápidamente la mirada e hizo una inclinación de cabeza cuando éste habló una vez más. Entonces el hombre de ojos dorados se volvió hacia la joven, se quitó las gafas y le tomó una mano.

- Vamos.

El corazón de ella brincó aceleradamente.

- ¿Adónde?

Inuyasha casi la arrastró al pequeño yate.

- Confía en mí.- Musitó, ayudándola a cruzar el pequeño puente que unía el muelle y la embarcación.

Ella lo hizo con cautela, con la cabeza llena de preguntas y dudas, pero esas las dejaría para después porque en verdad ahora confiaba en él ¿qué mal podría causar?

Inuyasha subió y desanudó la cuerda que sostenía el yate al muelle, caminó hasta donde estaban los controladores, la joven lo siguió y se posó a su lado. Observó como él hacía una serie de maniobras que no parecían tan complicadas, rugió un motor y la embarcación comenzó a alejarse de tierra, el hombre posó las manos en un manubrio similar al de los automóviles.

- Sabes conducir esta cosa...- Se mofó ella, sonriendo y mirándolo con atención.

- ¡Feh! Si supieras todas las cosas que me obligaron a hacer en mi trabajo...

- Jaja ¿acaso fuiste periodista de farándula y tenías que seguir a las estrellas de cine en botes a motor?- Se burló ella mientras se sentaba en un taburete en la orilla, no muy lejos de él.

- Bueno, seguir estrellas de cine no pero... esto es sólo parte del entrenamiento.

La joven lo siguió observando con detenimiento.

- ¿Qué clase de periodista eres?

Inuyasha sonrió de medio lado, casi con picardía.

- Uno muy obsesivo a veces...

Kagome sonrió y su mirada se quedó estancada en el hermoso perfil perfecto, bronceado, endurecido del hombre, como si fuera un poderoso imán que la atraía y que aunque quisiera, no podía apartar la vista de él. Pasó un rato más que prudente y aun así, entre la consciencia y la consciencia no pudo apartar la vista de ese hombre. Y ya no era su rostro, sino su cuerpo entero, sus movimientos, el vaivén del cabello que se mecía salvaje al viento...

- Espero que no estes enfadada conmigo por no haber aclarado el asunto ayer.

Kagome pestañeó varias veces volviendo a la realidad, Inuyasha seguía con la vista en el frente, muy concentrado, aunque no estaba segura si era por que necesitaba estar atento a la ruta que llevaba o porque estaba sumergido en sus pensamientos.

- Bueno...- Murmuró la joven, bajando la vista y jugueteando con sus dedos-... no exactamente...

Él la miró directo, cuando Kagome lo miró se le encogió el corazón.

- ¿No? ¿en serio?

- La verdad... – La joven tragó fuerte, sintió que sus mejillas le ardían de pronto-... sólo quería verte...

Él alzó ambas cejas, sorprendido, mantenía la boca semi abierta y la observaba fijo, como si ella hubiera dicho algo increíble o algo así.

- Entonces... ¿no estas enojada?- Musitó muy condescendiente, como un niño preocupado de recibir su castigo.

La muchacha sonrió suavemente.

- ¿Yo?... pues... no...- Hubiera querido decirle ahora que ayer había tenido el día para pensar en su actitud, en que le había dolido muchísimo más el no estar a su lado, no escucharlo ni verlo, que el pensar cosas terribles a cerca de él y lo que podría hacerle a ella. Si la estaba usando... si estaba jugando... ¿realmente le importaba? Pero le parecía increíble que fuera así, se había dado cuenta que en verdad él estaba interesado en ella... quizás había amado mucho a Kikyo... pero Inuyasha tenía el derecho aun a recordarla, sobre todo si habían estado a punto de compartir una vida... quizás para eso estaba ella, para sacarlo del agujero negro de los recuerdos y liberarlo ¿no? Se sentía con fuerzas para hacerlo, era una sacerdotisa, pero admitía aun así que eso le causaba miedo.

De pronto fue nuevamente consciente de su entorno. Inuyasha había detenido el pequeño yate, Kagome se puso de pie y se asomó a mirar el fondo del mar, se maravilló de la transparencia de las aguas, un cardumen de peces de colores nadaron cerca y desaparecieron un par de metros más allá, la joven miró hacia el frente, un trozo de arena blanca como la harina los esperaba solo a ellos dos, no había nadie más en el lugar salvo la vegetación espesa un par de metros tras la playa y las palmeras que se mecían por la brisa marina.

Sintió las manos en su cintura que la apartaron del borde de la embarcación, él la volteó hacia su pecho, la joven lo miró agitada y expectante.

- Veo que esta vez el viaje no te ha afectado... ¿verdad?- Inuyasha la recorrió con la vista lívida-... pues no, parece que esta vez no. No sé si alegrarme o entristecerme.

- Tonto- Respondió ella pegándole en el pecho. Pero se sorprendió de sí misma, Inuyasha tenía razón, esta vez el viaje por mar no le había afectado... quizás sufrir mareos no era tan grave como la claustrofobia. Sonrió orgullosa- Es porque... tal vez lo he superado...

Él alzó una ceja y la observó con seriedad. De pronto el agarre en su cintura ya no fue posesivo, sino que leve, un instante más tarde el hombre suspiró y se alejó, caminó con lentitud hacia el borde de la embarcación, ni siquiera se tambaleó cuando esta se meció producto del oleaje. Kagome sólo se sentó donde había estado y lo miró acongojada. Quizás no debería haber hecho un comentario que pudiera lastimarlo.

- Ya sé lo que todos piensan...- Murmuró Inuyasha, observando la playa, así que la joven sólo podía ver el perfil de su rostro-... y tienen razón de pensar así... les he dejado pensar todo eso... ni siquiera Miroku lo sabe... nadie lo sabe...- Entonces desvió la vista y la clavó en ella-... pero ahora lo sabrás tu.

Kagome casi retuvo el aliento. De pronto nada importaba, ni estar en el lugar tan hermoso en que estaban, en la brisa tibia, en el sol radiante, nada, salvo él.

- Qué... qué pasó...- Murmuró apenas.

El hombre desvió la vista nuevamente hacia la isla, pareció perderse en sus recuerdos, la muchacha veía cuando fruncía tanto la frente que se le formaban más de dos hileras de arrugas, se tensaba, lo notaba por la mandíbula dura, por las manos en puño, por la tensión de su cuello. Kagome se miró las manos, ni siquiera sabía qué hacer, salvo esperar, sólo deseaba que esto no fuera muy doloroso, aunque en parte estaba muy intrigada debido a las palabras de Inuyasha ¿qué significaba eso de que nadie sabía? ¿Qué había dejado que pensaran algo equivocado de él? ¿qué era? ¿qué había pasado entre esa mujer y él? ¿qué?

- Como tú fuiste indiferente conmigo, o eso me hiciste creer...- Murmuró al fin, dando un suspiro-... me fijé en ella... Kikyo... fue fácil establecer una relación...- Hizo una mueca burlona sin mirar aun a Kagome-... muy fácil...- La joven se estremeció, percibió que algo en aquellas palabras herían demasiado. De pronto Inuyasha volteó el rostro hacia ella y clavó su mirada en la suya, la joven casi sintió el corazón encogerse por completo-... lo tuve todo muy fácil... un cortejo... un compromiso... cariño...- Y la última palabra fue dicha en voz muy baja-... estabilidad... todo... o casi todo... quise hacerla mi esposa porque me proyecté con ella... fui ciego ¿sabes?

- ¿Por qué?- Musitó Kagome, desconcertada y sintiendo un nudo horrendo en la garganta.

Inuyasha estiró sus labios, luego los frunció y miró el suelo un momento. Parecía meditar mucho y también en parte avergonzarse de lo sucedido. Suspiró al cabo de un par de minutos con resignación, alzó el rostro y se aproximó a ella sentándose a su lado. Kagome deseó abrazarlo cuando lo tuvo a su lado, sin embargo no lo hizo, sólo lo miró, aunque lo que transmitía su mirada tenía el mismo efecto que un abrazo, Inuyasha lo percibió así. Le sonrió agradecido.

- ¿Por qué me miras así?- Preguntó él con suavidad y tocando su mejilla- Pareciera que...

- ¿Qué me doliera?- Gimió ella.- Me duele... no me has contado la historia completa pero lo poco que me has dicho me hace sentir muy triste... sufriste... y no por las razones que todos creímos ¿verdad? Sólo ahora me doy cuenta... sólo ahora.

Inuyasha la miró tan fijo que Kagome sentía que podía leer sus pensamientos y también descubrir sus sentimientos.

- Yo la quise... la quise mucho... pero tal vez más quise una Kikyo idealizada... no me di cuenta que ella no era feliz a mi lado... no lo vi sinceramente... y ella dejó que me ilusionara... fui culpable también de no darme cuenta... cegarme...- Entrecerró la mirada y la mano que sostenía la mejilla de la muchacha se alejó de ella. Kagome casi gimió al ya no tener la calidez de su piel-... la boda estaba cerca... y todo estaba casi listo... faltaba muy poco... hasta que una tarde... una tarde la vi...- Suspiró con fuerza-.... con otro en un parque... no precisamente... conversando...

Kagome lo miró con los ojos muy abiertos pero tardó en comprender lo que Inuyasha le había revelado. Luego de que se produjo el silencio, de que su cerebro procesó sus palabras, lo comprendió y sintió hielo en la sangre.

Kikyou lo engañaba... lo engañaba... pero ¿Qué no se iban a casar? ¿no tenían fijada la fecha de la boda y todo eso?

- Pues sí...- Pronunció Inuyasha una vez más-... estando casi todo listo, con las invitaciones entregadas, los obsequios ya recibidos... con la ciega esperanza que la mujer que era mi mundo pronto iba a ser mi esposa... fue una gran... sorpresa... y desilusión...- De pronto Kagome vio como el rostro de Inuyasha se endurecía como piedra, la Manzana de Adán se agitaba fuerte en su garganta, la respiración fuerte y dolorosa- Y rabia... mucha rabia...

Las últimas palabras fueron casi un gruñido, como el que emite un animalito herido y rencoroso. Kagome posó sus manos sobre las suyas, sólo en ese momento él pareció volver a la realidad y se tranquilizó por completo al mirarla. Los ojos de la muchacha que tenía en frente tenían ese efecto, su matiz castaño y cálido podía derretir hasta el más frío corazón...

- Inuyasha...- Murmuró ella una vez más sólo para darle la fuerza y el apoyo que sabía debía necesitar.

Él entrecerró los ojos con fuerza.

- La esperé en el departamento... la enfrenté... sentía que el corazón se me había hecho pedazos... secretamente pensaba... creí que quizás había... malinterpretado algo... me aferré a una esperanza...- La voz se volvió más ronca-... pero no... Kikyo ni siquiera se inmutó, al contrario, pareció sentirse aliviada de que lo descubriera... dijo que jamás se casaría con un pobre diablo como yo... que me odiaba... me aborrecía por... por ser tan ciego... dijo mil cosas... insultos... dijo que le repugnaba... y perdí el control... – Él hizo una mueca-... la abofeteé... – Miró a Kagome con vergüenza-... no es algo... que... haya querido hacer... pero ella logró sacar lo peor de mi... y entonces se marchó... dijo que pagaría, que se lo contaría al otro tipo y se vengaría... que contara los minutos de mi vida... no es que le haya tenido miedo a eso, me preocupaba más el que saliera a la calle alterada como estaba y lastimada también, tenía que disculparme, a pesar de todo... a pesar de todo la quería y tenía la remota idea que podría recuperarla...- Volvió a esbozar una sonrisa amarga-... la seguí, la llamé, pero Kikyo no me hizo caso, arrancaba de mi como si fuera un demonio... y entonces... sucedió... - Miró a Kagome a los ojos-... un automóvil pasó y... ella no lo vio...

- Lo sé...- Murmuró la joven, dando un suspiro agotador. Se acercó más a él y apoyó la cabeza en su hombro-... lo sé... el accidente antes de la boda... todo eso lo sé... ahora entiendo tu dolor... lo que jamás nadie notó fue tu remordimiento ¿verdad?

- Remordimiento porque me sentí culpable de su muerte, a pesar de todo... – Musitó él muy bajo-... bebía para olvidar los recuerdos... deseaba que todo hubiera sido una pesadilla y la Kikyo que conocía hubiera sido siempre la misma... la quise mucho... por eso me dolió tanto perderla... no la amo ahora, la verdad... quizás nunca la amé verdaderamente... pero me duele todo lo que pasó... siempre pensé... que era mi culpa...

- Nunca fue tu culpa...- Agregó Kagome levantando la cabeza y mirándolo directamente-... no lo fue, reaccionaste ante su traición pero no fuiste culpable de su muerte... el culpable fue quien conducía y ella misma por salir así, tan llena de odio del departamento, cegada por la rabia y el rencor y con el único deseo de vengarse... nunca fue tu culpa...- Agregó y entonces posó una mano en su mejilla, la acarició suavemente mientras él entrecerraba los ojos dejándose llevar por el efecto tranquilizador de su cariño-... no lo fue...

Se quedaron mirando un instante que pareció eterno. Inuyasha se sintió de pronto liberado y tranquilo, el efecto que causó aquello fue notorio. Su rostro al fin se suavizó por completo, la postura de su cuerpo también se relajó, la mirada de volvió brillante, el matiz dorado pareció aclararse e incluso la amargura de su boca desapareció, ahora sonreía con levedad y aunque no sonriera, Kagome pensó que su sola mirada irradiaba tranquilidad y felicidad.

- Tienes razón... creo que me faltaba decir todo esto para darme cuenta que todo lo que pasó no fue mi culpa... desde que te volví a ver... siento que ya nada de eso importa realmente...– Sonrió-... quizás ahora deje de ver su fantasma en las noches y pueda reconciliar el sueño jajaja.

- ¿Por eso no duermes?

- Y me da jaqueca... – Alzó una ceja-... anoche tuve insomnio y estuve a punto de ir a tu habitación para que me hicieras ese masaje mágico que tienes. La otra vez funcionó de mil maravillas ¿sabes?

La joven se puso de pie muy contenta.

- ¡Oh! Pero puedo hacerlo ahora, si quieres...

Ella acercó ambas manos a su sien pero antes de tocarlo él la detuvo por las muñecas inmovilizándola.

- Ey, ahora no quiero que me hagas dormir- Sonrió.

- Pero es para tranquilizarte...- Protestó Kagome.

Inuyasha se puso de pie sin soltar sus muñecas, se acercó a ella rozando su pecho con el suyo, la mirada que le dio cortó la respiración de la joven, sentía el calor que emanaba su cuerpo envolviéndola e inmovilizándola, su mirada casi podía hipnotizarla, la forma en que la miraba le hacía hervir la sangre, provocaba que su corazón estuviera a punto de estallar, las fuerzas la abandonaban y se debilitaba...

- Ahora no quiero dormir, Kagome... hermosa Kagome...- Sonrió Inuyasha-... ahora sólo quiero vivir... por ti... mi amor...

Continuará...


N/A: Primero, lamento mucho la tardanza del capítulo, ya entré a clases y termino siempre cansada, también tengo algunas cosas que me sacan de mi concentración pero no se preocupen, son cosas de la vida nada más. Agradezco infinitamente a todas aquellas personas que me siguieron dejando sus comentarios, los leí todos, también a los que me leen y quienes apoyan desde el anonimato.

Como ya se dieron cuenta, el secreto de Inuyasha era el que Kikyo lo había traicionado y él se sentía culpable de su accidente. Nadie sabía eso, todos pensaban que él sufría por la muerte de ella, porque aun la amaba, pero en realidad él sentía remordimiento y culpa.

Ahora esta Kagome, que como dice nuestro héroe, desde que la volvió a ver ha estado recuperándose, gracias a ella, claro que Inuyasha necesitaba liberarse de su carga, contarlo de una vez por todas ¿a quien no le ha pasado que cuando cuenta un secreto propio, una culpa, un remordimiento, luego se siente liberado, mejor?

Bueno, los dejo pero antes de eso les aviso que a esta historia le queda muy poco, a lo sumo, unos 2 o 3 capítulos más, no estoy muy segura, pero prepárense. Gracias por leer hasta aquí amigos y nos vemos.

Lady Sakura Lee