Capítulo 12: "Cuando llega el Amor"
Kagome creyó que se perdía en aquel mar ámbar de su mirada, jadeó, sabiendo que apenas podía respirar al imaginar el inminente beso que era más que obvio por como él acercaba el rostro al suyo. La joven creyó de pronto que se quedaba sin aliento.
Cuando los labios de Inuyasha tocaron los suyos paradójicamente su respiración se tranquilizó. Eso fue el principio, porque cuando ese hombre la besaba de forma tan suave, tan tenue, tan tierna, ella sentía que su cuerpo se llenaba de luz y de paz. Cerró los ojos y se dejó llevar por la caricia deliciosa que él le brindaba, le respondió con igual lentitud y devoción. Se aproximó más y posó ambas manos sobre su pecho, el calor de su cuerpo traspasó la camisa de él y le llegó a la palma de las manos, ardiéndole. Jadeó y el hombre deslizó sus manos tras su espalda, la acercó tanto a su pecho como si quisiera fundirse con ella, Kagome gimió y lo abrazó al cuello, en ese instante el beso tierno se volvió osado, hambriento, sediento.
Inuyasha perdió el control que siempre había empleado con ella, sus besos fueron eróticos que hicieron sonrojar a Kagome, la joven se cohibió e inconscientemente intentó apartarlo sólo un poco de ella, pero luego cedió ante el ímpetu, había algo que parecía de pronto haber despertado, quizás la misma impulsividad de él, su deseo, su pasión. La joven se acercó a él nuevamente pegando su cuerpo al suyo, Inuyasha avanzó junto con ella hasta el timón, acorralándola allí, Kagome sintió el manubrio en su espalda, se quejó suavemente y de inmediato Inuyasha se separó, la muchacha se rió y luego lo abrazó otra vez besándolo como antes, el hombre sonrió respondiéndole a sus besos una vez más, pero dejando que ahora se tranquilizara. Finalmente él abandonó su boca y la miró a los ojos, contemplándola fijamente, sus manos se enlazaron con suavidad a las suyas. Kagome lo imitó intentando imaginar, ahora que podía, en que era lo que Inuyasha pensaba en ese momento. El hombre la contemplaba fijamente, sus pupilas, como ya en ocasiones anteriores había hecho, parecía que quería leer su alma. Pasaron segundos eternos, al final la joven le sonrió al hombre dulcemente.
- ¿Qué?
Él siguió mirándola con fijeza, después suspiró y sus manos abandonaron las suyas. La muchacha lo contempló, miró ansiosa cada uno de sus movimientos. Esperó. Inuyasha desvió la vista hacia el mar, luego de pensarlo un momento suspiró y se llevó una mano al bolsillo de su pantalón, de ahí sacó algo blanco y pequeñito que empuñó en su mano y que cuando lo acercó a ella abrió. Kagome miró la tela que estaba doblada en cuadrado, sin reconocerla, alzó la vista a él frunciendo el ceño. Inuyasha esbozó una media sonrisa avergonzada.
- Es... tu pañuelo.
La muchacha arrugó más la frente.
- ¿Mío?
Inuyasha sonrió más y bajó la vista fijándola en el pañuelito.
- Es... el que utilizaste para vendarme la mano ¿recuerdas? Aquella vez que fuiste a dejarme al departamento...
A ella le brincó el corazón, lo miró impresionada, con los labios abiertos y sin entender por un segundo, luego reaccionó.
- Lo... lo conservaste...- Murmuró y entonces sus ojos se desviaron hacia la parte donde recordaba la cortadura, entre el índice y el pulgar de la mano que ahora sostenía su pañuelo, vio la fina y muy leve cicatriz, Kagome sintió una punzada en su corazón, ahora fue de dolor.
- Claro que sí... fuiste muy amable...- Murmuró él en voz baja y ronca, se acercó a ella más, la joven tomó finalmente el pañuelo y lo contempló.
Recordó aquella noche en que él estaba tan ebrio que ni siquiera podía mantenerse en pie.
- No estaba tan ebrio... después de todo...- Agregó Inuyasha como si adivinara su pensamiento.
Kagome alzó la mirada a él.
- ¿No?
- Bebí mucho café gracias a Sango- Suspiró el hombre volteando y encogiéndose de hombros- Eso me ayudó bastante... así que...- De pronto volteó y clavó su mirada dorada en ella- ¿Por qué nunca has mencionado nada del beso que te di aquella vez?
La joven se quedó con los labios entreabiertos, la mirada absorta, el corazón casi se le había paralizado de la impresión y la sorpresa. Él sonreía, sonreía aun de forma tierna y a la vez seductora, del shock inicial de Kagome pasó luego a sentir taquicardia, las mejillas le ardían como si tuviera fiebre.
- Te...- Tragó apenas-... ¿te acuerdas de eso?
Inuyasha acercó una mano a su mejilla, él mismo se acercó a la joven, tanto, que su pecho fuerte se apegó al suyo, desde su altura, la miró fijamente sin quitar la sonrisa de sus labios.
- Perfectamente...- Musitó con su sonrisa burlona.
Ella estaba confundida.
- Pero... entonces...- Lo miraba sin comprender-... ¿por qué me besaste? ¿me confundiste con ella?
El hombre arrugó la frente, ofendido.
- Sabía perfectamente que no eras ella...
Kagome lo miró fijo.
- Me... besaste... ¿Por qué querías?
Él volvió a sonreír. Esa noche se sentía solo...
- Tenía deseos de hacerlo desde hacía tiempo...
Ella frunció la frente y estiró sus labios, fingiendo estar ofendida.
- Qué excusa tan tonta...
Inuyasha sólo sonrió.
- Pero no dijiste nada...
Kagome lo miró fijo esbozando una mueca.
- Tonto... claro que no dije nada ¡pensé que estabas borracho y no te acordabas!
El hombre rió con suavidad, ella se separó de su lado, caminó hasta el borde del yate, se sentó y guardó en el bolsillo de su bermuda el pañuelo que ya ni siquiera olía a su perfume...
Suspiró y miró el mar con nostalgia. Ni siquiera ahora notaba el vaivén de la embarcación, no sentía mareos, ni nada, al contrario, ahora sólo había paz y tranquilidad... bueno, después de la revelación de Inuyasha...
- No puedo creer... – Sonrió al horizonte-... lo... extraño que ha sido todo esto... siempre pensé que me odiabas... – Entonces lo miró-... y realmente yo alguna vez no sentí aprecio por ti.
El hombre puso su mejor cara de cachorro desvalido.
- Bueno... no te culpo, soy odioso a veces.
- Demasiado- Agregó ella.
Inuyasha se acercó a la joven y se arrodilló, le tomó ambas manos y las sostuvo entre las suyas.
- ¿Por qué... no dejamos todo eso en el pasado y... comenzamos a disfrutar del presente?
No pudo evitarlo, su corazón se llenó de un extraño calor placentero y reconfortante, le brindó de igual forma una sonrisa satisfactoria y agradecida.
- Me agradaría.- Respondió, perdiéndose en el cálido color de sus ojos.
Inuyasha infló su pecho, sintiéndose satisfecho. La brisa sopló una vez más sobre sus cabezas, algunas gaviotas volaron muy cerca de ellos, el sol pareció brillar mucho más en el cielo.
- No tenías que traerme hasta aquí para decirme toda la verdad...- Murmuró al fin Kagome, poniéndose de pie y mirándolo fijamente.- Es decir... el lugar es maravilloso pero no era necesario alejarnos tanto para eso.
El hombre esbozó una sonrisa pícara.
- ¿Acaso no te gusta este lugar?- Él se apartó y se desabotonó la camisa de una forma que a la joven provocó escalofríos. Juraría que estaba viendo a un estríper...
- Que... qué haces...- Balbuceó avergonzada.
- ¿Qué? ¿qué crees?- Mostró su pecho desnudo y la miró con inocencia- ¿Trajiste tu traje de baño?
La joven lo miró desconcertada y luego de la sorpresa estuvo a punto de decir algo inapropiado. Inuyasha se quitó lo pantalones, bajo ellos lucía una perfecta bermuda de color azul oscuro ni tan holgada ni tan ajustada pero que se ajustaba perfectamente bien a sus caderas estrechas.
- Estabas preparado...
- ¿Tu no?- Preguntó con fingida inocencia.
Lo fulminó con la mirada.
- Ni siquiera sabía a donde vendríamos...- Masculló, poniéndose de pie y sintiendo el calor ardiente del sol sobre su cabeza.
Inuyasha se acercó al borde de la embarcación, observó un par de segundos el mar y luego se lanzó a él. Kagome se acercó a la barandilla para cerciorarse que hubiera caído bien. Observó ansiosa el agua cristalina y no vio nada en el fondo. El corazón dio un brinco, se incorporó más en la barandilla turbada por no poder observar su silueta.
- ¿Inuyasha?- Murmuró con los ojos fijos en el mar- ¡¿Inuyasha?!- Gritó después, comenzando a sentir oprimido el pecho. - Pero dónde...- Tragó fuerte y luego dio un grito ahogado de susto.
Tenía las manos firmes en su cintura y el cuerpo húmedo y chorreante en agua tras suyo, un beso suave y mojado se había de improvisto estampado en su cuello. La ropa se le mojó y su blusa se pegó a su cuerpo de inmediato. Él la volteó y sus ojos libidos de deseo bajaron observándola de tal forma que ella se avergonzó, quiso apartarse pero Inuyasha la sujetó fuerte de una muñeca y la besó apasionadamente, Kagome se dejó hacer, dócil y suave y se dejó acercar al cuerpo masculino percibiendo y siendo consciente por primera vez de las formas varoniles de su cuerpo, de la respuesta que el suyo le daba ante el contacto de su piel, de sus caricias, sus besos... se sumergía en un mar de deliro, deseo y fuego...
- Basta...- Masculló el hombre apartando casi de forma violenta la boca de la suya y antes que la joven pudiera reaccionar y sin que la soltara de la cintura la arrastró al borde del yate y junto con ella se lanzó al mar.
Kagome ni siquiera supo lo que había sucedido hasta que estuvo bajo el agua, afortunadamente no estuvo bajo ella tanto rato ya que ni siquiera había tenido tiempo para ahorrar oxígeno. Se vio libre de la mano posesiva y salió a flote peinándose los cabellos que tenía sobre el rostro y escupiendo agua.
Lo escuchó reír tras suyo, se giró y sus ojos lo observaron con reproche, Inuyasha se acercó a ella nuevamente tomándola de la cintura con ambas manos, quiso esquivarlo pero él fue más rápido, lo que si pudo hacer fue esquivar su beso porque desvió el rostro aunque su enfado no era verdadero.
- Tonto... me asustaste...
- ¿Te preocupaste por mi?- Musitó él depositando sus labios en su cuello- ¿Es eso?
- Claro que me preocupé- Masculló ofendida ante la pregunta y entonces lo miró al fin a los ojos- Obvio que me preocupé... ¿qué creías?
El hombre le sonrió con ternura, sus manos se aferraron más a su cintura.
- Pues... me siento... halagado...
- Ni deberías... además...- La muchacha frunció el ceño-... siempre me has preocupado.
Inuyasha esbozó una pequeña sonrisa, de ese tipo que sólo a ella le brindaba.
- ¿En serio?
- Ajá...
Kagome lo abrazó al cuello con soltura apegándose fuerte a él.
- Supongo que ya se te quitó el enfado...- Murmuró Inuyasha, mirándola fijamente y esbozando aun su sonrisa. La joven lo observó apenas, luego su mirada se posó en los labios húmedos del hombre.
- Mmmm... un poco...
Él alzó una ceja pero esbozó una amplia sonrisa seductora.
- Qué rencorosa eres... si te hice un favor... te morías de calor ¿o no?
Kagome arrugó la frente. Sinceramente era otro el calor que la había estado torturando en el yate. Hizo una mueca y tragó fuerte, posando su mirada en el pecho desnudo de él.
- Eh... un poco...
- Entonces te hice un favor...- Se burló Inuyasha.
Kagome alzó la mirada y posó sus ojos en los de él.
- ¿Por eso me lanzaste al mar? Eso fue poco delicado...- Rezongó.
El hombre la miró fijo, quietamente, el color de sus ojos se intensificó tanto que sorprendió a la joven. Pero se quedó callada, había algo extraño en su forma de mirar, en la tensión de los músculos de su cuerpo, incluso en la forma en que ahora la sostenía junto a él. Su corazón latió fuerte.
- No... no fue por eso...- Musitó finalmente él, ronco-... fue una excusa tonta esa... – acercó su mejilla a la suya, rozándola suavemente, Kagome retuvo el aliento, el tono suave y profundo de su voz, la forma en que la sostenía contra su pecho, el calor de su aliento... todo la estaba enloqueciendo, él prosiguió-... no fue... por eso...- Suspiró fuerte contra su oído-... la verdad... es que...
Hubo un silencio profundo, a la joven le pareció que de pronto el mundo se había detenido por completo. Apartó un poco el rostro, sólo para mirarlo a la cara y saber, comprender, que intentaba decirle. Inuyasha soltó una mano de su cintura y la elevó a su cuello, Kagome sintió la caricia de sus dedos sobre su piel, en aquel lugar sintió escalofríos. El vaivén del pecho de Inuyasha era fuerte, inquieto, pronto ella se dio cuenta de eso y le provocó lo mismo. Entreabrió los labios y jadeó, bajó la vista sin saber que era lo que estaba pasando. Sólo quería fundirse en sus brazos, perderse en su mirada, besarlo hasta el cansancio... enrolló sus piernas en su cadera, lo vio arrugar el ceño y casi palidecer, la muchacha se estrechó más fuerte a él y sus labios rozaron los suyos.
- Inuyasha...- Murmuró con suavidad.
- No me provoques.... Kagome...- Jadeó él.
La joven se acercó más y dejó descansar su cabeza sobre su hombro, sus manos comenzaron a juguetear con su nuca. Inuyasha resopló.
- ¿Me quieres?- Preguntó ella con inocencia pero expectación, mirándolo nuevamente a la cara.
Inuyasha la miró fijo, sonrió a Kagome al ver el rubor en sus mejillas.
- Claro.
Ella sostuvo la mirada, frunció los labios con levedad, a todas luces no le había gustado su respuesta.
- ¿Qué sucede?
Kagome desvió la vista al horizonte, no había ni una sola nube en el cielo, nada, salvo el mar tranquilo color turquesa que se mecía suavemente junto con ellos.
- Dices que sí como si yo fuera cualquier cosa...
Lo escuchó reír y entonces volvió a posar sus ojos en él, enfadada.
- No eres cualquier cosa... – Musitó Inuyasha con fervor-... claro que no... ¿¿por qué dudas de mi cuando sabes que me vuelves loco??
Ella lo miró con recelo y algo conmovida. Movió sus labios queriendo decir algo pero la mirada de él la enmudeció.
- ¿Ahora no dices nada? ¿es que acaso he dejado sin palabras a la inquieta y extrovertida Kagome Higurashi?
La joven lo miró apenas, con sus labios entreabiertos y aun sin saber qué decir, luego desvió la mirada, pareció pensar unos instantes, Inuyasha acercó sus labios al lóbulo de su oído, jugueteó con el sólo para provocarla, se apartó lentamente y la observó, su mirada dorada se detuvo en los labios temblorosos y amoratados de ellas, él frunció el ceño, preocupado, luego comenzó a nadar junto con ella en dirección al yate.
- Lo siento... creo que si seguimos aquí en el agua nos convertiremos en peces...
- No, quedémonos aquí...- Protestó ella. Pero ya era demasiado tarde, Inuyasha la había soltado para subir primero a la embarcación. Desde el agua Kagome observó al hombre que se inclinaba y le tendía la mano-... qué aburrido eres...
- No soy aburrido, sólo quiero cuidarte.- Sonrió.
Y le tomó la mano obligándola a subir. Había algo extraño en su forma de comportarse ahora, eso pensó la joven al observarlo sin importar que su cuerpo entero chorreara agua salada y obviando los sonidos vergonzosos de su intestino clamando por algo de comida.
Inuyasha desapareció bajo la cubierta y pronto volvió a aparecer con dos toallas en sus manos. Una se la brindó a ella, con la otra comenzó a frotarse él.
- ¿Desayunaste?
Lo miró como si hablara en hebreo. ¿Por qué se comportaba así ahora? Momentos antes hubiera jurado que la pasión en ambos era irresistible, que Inuyasha... a ella se le enrojecieron las mejillas...
- Mmm... no...- Musitó, quitándose el elástico de los cabellos que luego comenzó a secar.-... no tengo hambre de todas formas.
- Ven, hay comida allá abajo.
Le tomó la mano y la obligó a bajar esta vez con él. Bajo la cubierta no estaba tan oscuro como pensó. Quizás se debía a las varias ventanillas ovaladas que dejaban entrar la luz y el paisaje tranquilo de afuera.
- Siéntate, apuesto a que ni desayunaste.- Dijo Inuyasha de lo más distendido, lanzando la toalla a un rincón y abriendo un pequeño frigo bar adosado a la pared.
La joven se sentó en una de las dos sillas que rodeaban una mesa plegable, gracias al calor del ambiente su ropa ya comenzaba a secarse, se volvió a amarrar el cabello cuando este comenzó a tomar volumen debido al frizz.
- Bueno... no hace falta que te molestes tanto con esto de la comida...- Murmuró arrugando la frente y pensando si Inuyasha era tan desubicado como para romper un momento tan intenso entre ellos por esto. Era absurdo...
- ¿Cómo que no?- Se burló de él, dándole la espalda y hablando despreocupadamente- Es pasado mediodía y estoy seguro que ya tienes hambre.
Se dio vuelta y sobre ambas manos llevaba platos con carne fría. Le dejó uno a ella y luego se sentó y comió del propio. La joven lo observó con curiosidad y turbación. Pasaban mil pensamientos por su cabeza.
- Vamos, come...- Dijo él interrumpiendo sus pensamientos.
No pudo hacerlo, a pesar de que sentía hambre sabía que no sería capaz de tragar, menos digerir algo de comida. Había un pensamiento que la había alterado lo suficiente como para provocarle inapetencia. Quizás... Inuyasha... no la quería lo suficiente... no la... deseaba...
Se miró las manos delgadas y blancas, bajó la vista observando sus piernas igual de delgadas, recordó la hermosura casi irreal de Kikyo, su voz melodiosa, su mirada misteriosa y seductora, su cabellera perfecta, su porte de princesa del hielo...
La tarde avanzó lentamente, de pronto el ambiente había cambiado entre ellos. Inuyasha evitaba abrazarla demasiado, Kagome lo sentía, sabía ya que la firmeza de sus manos en su cintura no era posesiva, que sus besos se terminaban antes de que pudiera encenderle la sangre.
Volvieron al anochecer. Si en principio Kagome se había sentido completamente feliz ahora era todo lo contrario ¿cómo era posible que él la desconcertara tanto? ¿cómo? Había estado segura, "casi" segura que Inuyasha estaba más que interesado en ella... todo ese discurso de que siempre le interesó... y luego... lo que había pasado en esta isla entre ellos... su explicación a cerca de Kikyo... pero... ¿qué sentía por ella? ¿qué diablos sentía por ella exactamente? La joven se mordió los labios, porque ella ya sabía que lo amaba ¿pero y él? quizás estaba pidiendo, exigiendo demasiado.
Inuyasha la escoltó hasta la puerta de su habitación, ella no se atrevió a decir nada, ni siquiera a mirarlo, él tampoco habló y no se marchó de inmediato como la joven imaginaba, se quedaron ahí, en el pasillo semi oscuro del hotel, uno frente al otro, como si se tratara de dos desconocidos, sin siquiera mirarse. Hubo un momento en que Kagome suspiró frustrada, casi le dolía la garganta de lo triste que estaba, entonces lo escuchó respirar fuerte y de inmediato él se acercó rosándola con su pecho. Alzó los ojos y lo miró. Era tan perfectamente hermoso... varonil... que en ese instante pensó que no importaba el tiempo que tuviera que esperar, sería capaz de conquistarlo por completo, para que finalmente él fuera suyo, su mente, su corazón, su cuerpo entero. Porque era eso lo que ella quería. Lo deseaba.
- Qué diablos...- Masculló Inuyasha de pronto con una voz ronca y profunda que la desconcertó, antes de decir algo él la acorraló contra la puerta y la besó con aquella intensidad, aquella pasión que le había brindado en contadas ocasiones. ¿a qué estaba jugando? Hubiera querido apartarse pero por mucho orgullo que tenía no pudo hacerlo, al contrario, se apegó a él tanto que quiso fundir su cuerpo con el suyo, Inuyasha la rodeó con su brazo, casi la levantó del piso al besarla, la soltó con suavidad otra vez y la joven volvió a afirmar la espalda en la puerta, sin embargo calculó mal porque esta vez el pomo casi se enterró en su espalda, se quejó dolorosamente e Inuyasha de inmediato la soltó.
Esto era tener mala suerte, pensó Kagome mientras se sobaba la espalda.
- Oh... lo siento, lo siento...- Murmuró el hombre acercándose a ella queriendo ver bajo su blusa. La joven lo esquivó murmurando un par de cosas pero él logró deslizar su mano bajo su ropa y levantarla para ver la enrojecida marca del pomo que ardía y que comenzaba a tornarse levemente púrpura.-... Cielos... hay que poner algo frío ahí, entremos...
¿Cómo podía protestar? Inuyasha estaba preocupado... preocupado por ella... se dejaría mimar por él todo lo que quisiera.
La condujo hasta la cama en donde la joven se sentó, se levantó un poco la blusa mientras Inuyasha sacaba del frigo bar una lata de bebida helada, la cual acercó al casi moretón de ella. Se sentó a su lado mientras la sostenía.
- Creo que... tu espalda ha sufrido demasiado hoy...- Musitó dándole una sonrisa avergonzada.
Kagome suspiró. Él tenía razón... primero el timón del yate, ahora esto... justo cuando las cosas comenzaban a tornarse candentes... qué frustrada se sentía cada vez que todo terminaba de esa forma tan violenta, pasar del calor desenfrenado al frío y el alejamiento de su cuerpo.
- ¿Te duele?- Preguntó el hombre suavemente, de pronto, la joven lo miró y sólo ahí se dio cuenta lo cerca que estaban. Los dedos de él en su espalda, levantando su blusa le parecían de fuego, respiró fuerte, agitada, y lo único que pudo hacer fue negar con la cabeza. Inuyasha suspiró bajando un poco la vista y posándola en su espalda- Soy... impetuoso... no quiero que pienses de mi que... bueno... ya sé que hace poco tu y yo... pero es que...- Tragó fuerte, ahora estaba nervioso-... no sé que sucede... pero… yo… te deseo... locamente...
Ella lo miró, sorprendida.
- En... ¿en serio?
Él sólo se rió.
- Por favor...- Ahora la miró fijo, pero ella supo que estaba avergonzado-... sé que esto… puede ser precipitado…
- Ay, no me importa- Lo interrumpió la joven, volteándose y abrazándolo al cuello- Te quiero mucho Inuyasha… te amo… quédate conmigo… esta noche aunque sea…
La miró absorto, no podía creer lo que estaba escuchando, luego la abrazó y la tendió en la cama, acercó sus labios a su boca y susurró.
- Es todo lo que he querido escuchar de ti este día…
La besó, lo hizo con descontrol pero a la joven poco le importó, ni siquiera volvió a sentir el dolor en su espalda, todo pasó a segundo plano, sólo era consciente del peso de su cuerpo musculoso sobre el suyo, de cómo su piel ardía más al contacto de la de él. Respondió a sus besos ansiosa, se sentía en la gloria ahora, antes había dudado de Inuyasha, había creído que no era tan atractiva como para desearla, pero esto le confirmaba que sí, ese hombre sí la deseaba, a ella, solamente a ella.
Él desvió sus labios a su mejilla, dando besos cortos y húmedos en ella, Kagome jadeó, lo tenía aun fuertemente abrazado desde el cuello, Inuyasha besó su cuello con ternura, sus manos se deslizaron bajo la blusa que ella vestía, él se apartó sólo un poco y la observó, al no sentir ya sus besos la joven entreabrió los ojos, le ardía el rostro por completo y le daba la impresión que la habitación daba vueltas a su alrededor, tardó un segundo en posar su mirada en los ojos de Inuyasha, eran tan hermosos como siempre, no, más aun, brillaban.
- Kagome...- Murmuró él, a ella casi se le paralizó el corazón-... Kagome... eres... tan hermosa...
Había estado expectante a sus palabras, casi imaginaba que se iba a echar para atrás, pero cuando dijo que ella era bonita la felicidad se reflejó en su cara. Acercó su rostro al suyo y lo besó de improviso. A Inuyasha le sorprendió su impulsividad, pero la quiso más por eso, podía esperar cualquier cosa de ella, de Kagome, y todo lo que hacía o decía le agradaba, esta chica a la que había considerado tan esquiva en un principio, ahora le parecía simplemente perfecta... quizás pensaba eso... porque... cuando llega el amor...
Acarició la piel desnuda de su espalda, la joven se apartó de su boca y jadeó en su oído, eso lo excitó aun más, ejerciendo fuerza con sólo una mano la levantó desde la espalda dejándola casi sentada en la cama, ella lo miró turbada, pero Inuyasha lo que hizo fue quitar el elástico de sus cabellos y luego enredar su mano libre en ellos. La besó una vez más y mordisqueó sus labios sintiendo que se estaba descontrolando de puro deseo, pero Kagome estaba igual que él porque ella de pronto lo hizo girar sobre la cama y quedó sobre el hombre, la miró sonriendo maliciosamente mientras la muchacha le daba besos en el cuello y sus manos acariciaban su pecho duro y perfecto.
- Me estas volviendo loco...- Jadeó él entrecerrando los ojos y emitiendo sonidos de su boca que daba escalofríos a Kagome pero igualmente la alentaban más a seguir acariciando esa piel tan caliente, suave y dura a la vez. Le quitó la camiseta y depositó besos en las marcas de los músculos de su tórax, lamió su piel la cual le supo a gloria, la joven ni siquiera pensaba, todo lo que hacía era puro instinto y deseo. Bajo ella percibió la erección de Inuyasha, se movió provocándolo y sintió las manos de Inuyasha afirmadas en sus caderas acercándola más contra él, torturándolo, excitándolo hasta el límite de la consciencia.
El hombre de pronto se sentó en la cama y sin previo aviso abrió su blusa dejándola de inmediato desnuda y expuesta, los botones fueron a dar casi todos a un rincón de la oscura habitación, Kagome se sorprendió de su ferocidad y su impulsividad, nuevamente, luego rió junto con él que la devolvió a la cama, dominándola sin que ella se diera cuenta, pero ¿qué importaba? Estuviera en el lugar en que estuviera lo importante era estar con su querido Inuyasha... y dejarse amar por él.
El hombre besó sus pechos por sobre su brasier, la joven arqueó la espalda, el calor parecía haber aumentado en su cuerpo, sentía que la poca ropa que llevaba le era molesta, cómo deseaba arrancársela igual como Inuyasha lo había hecho con su blusa. Por el tacto comprobó que él estaba igual que ella, así que se aventuró a llevar las manos a los bordes de su pantalón, él se apartó y la miró, la intensidad de su mirada era como si le paralizara el corazón, estaba oscura ahora, oscura y profunda como una noche sin luna. Aquello no le permitió seguir con lo que tenía en mente, sus manos temblaron de torpeza que no pudo controlar, Inuyasha se acercó otra vez y la besó en el cuello, y mientras lo hacía, él mismo se quitó los pantalones y sus bóxer. Él la desnudó a ella por completo, Kagome seguía abrazada a él moviéndose bajo su cuerpo, cuando Inuyasha separó sus piernas la joven abrió los ojos y lo miró fijo.
El hombre estaba absorto en su tarea, pero sintió la mirada penetrante de ella y entonces le devolvió la mirada. Era extraño... muy extraño... nunca había hecho el amor mirando a una mujer a los ojos, sólo ahora se daba cuenta de eso... Cielos... esto era... diferente... muy diferente...
- ¿Por qué... por qué me miras así?- Preguntó en un susurro ronco y muy, muy profundo.
Ella sonrió.
- Porque... quiero ver... ver si el color de tus ojos cambia...
Inuyasha acercó sus labios a sus pechos, bebió de ellos, Kagome casi gritó de placer, enredó sus manos entre sus salvajes cabellos negros.
- Mi color no cambia...- Musitó el hombre levantándola nuevamente por la espalda y sentándola sobre él.
Estaba a horcajadas y quería unirse pronto a ese hombre, entre sus piernas sentía la humedad de su sexo y la suya propia, jamás había experimentado tal cosa, jamás había deseado a alguien como ahora deseaba a Inuyasha, lo abrazó al cuello y lo miró nuevamente.
- Yo te diré... si es así... o no...
El hombre sólo sonrió, sujetó sus caderas y la sentó sobre él. La joven gimió y sus uñas se enterraron en su cuello, Inuyasha murmuró algunas palabras para tranquilizarla y consolarla, luego de un instante ella se tranquilizó y comenzó a moverse sobre él. La joven se dejó llevar ante cada movimiento, se sentía aturdida y casi enloquecida, el placer era demasiado, consciente aun de la situación lo miró fijamente a él, sus pupilas no se apartaron de las del hombre comprobando el color de sus ojos, él la vio sonreír un par de veces, en otras parecía darse por vencida y enterrar su cabeza sobre su hombro.
Inuyasha la depositó con la cama y la muchacha cerró los ojos, continuó con ella con frenesí, hasta que ya no pudo más y acabó como nunca lo había hecho antes. Se quedó inmóvil sobre ella, su cabeza descansando sobre los senos desnudos de la joven que intentaba recuperar el aliento. Ninguno de los dos se movió por instante, Kagome, con sus ojos cerrados, veía como las luces de colores comenzaban a disiparse bajo los párpados. Finalmente el hombre movió lentamente su cabeza, la contempló y apartó los cabellos húmedos de su flequillo que estaban casi sobre sus ojos. La joven lo miró sintiendo una paz completa en su cuerpo y a su alrededor.
- Se vuelven del color del fuego...- Dijo de pronto, turbándolo, trayendo melodía a la silenciosa habitación.
- ¿Ah?
- Tus ojos- Aclaró Kagome, luego sonrió.
El hombre le devolvió la sonrisa.
- ¿En serio?
- Indudablemente ¿no lo sabías?
- Nadie me había dicho eso- Respondió, arrugando el ceño. En ese instante Kagome dejó de sonreír y desvió la vista hacia un lado. Notó su reacción- Oye...
La joven volvió a mirarlo y sonrió.
- Tonto... si no me importa.
Él dejó de sonreír, se apartó finalmente de ella y se sentó, desnudo, a un lado. Se puso una mano en el corazón y la miró solemne.
- Juro por mi vida que jamás me había sentido de la forma en que me siento ahora... esto es... insuperable.
La joven se puso en posición fetal, lo miró con atención.
- Mentiroso... yo ni siquiera sabía cómo...- Se mordió los labios y sintió las mejillas arder de vergüenza.
Inuyasha sonrió otra vez y se acercó junto a ella imitándola en la posición, estando frente a frente le acarició con suavidad la mejilla.
- Es en serio lo que digo... no sólo fue deseo, Kagome... quería tenerte entre mis brazos... sentirte mía... no fue sólo deseo... porque... cuando llega el amor...
La muchacha abrió un poco más los ojos, su corazón dio un brinco de gozo.
- Me... ¿¿me amas??
Él estaba serio, no dijo nada por un segundo, luego tomó una mano de ella, contempló sus dedos y luego se los besó.
- Completamente.- Respondió al fin.
Continuará...
N/A: He estado en verdad muy ocupada, tanto, que ni hay descanso el fin de semana, no es que haya dejado de lado el fic, escribo un poquito todos los días, pero no avanzo mucho por las otras cosas que debo hacer, ya saben ustedes que me gusta ser responsable con mis historias, como este capítulo ha salido medio extenso espero recompensarlas por la espera. Gracias a las que me comprenden jeje.
También agradezco a todos los que me dejaron su comentario en el capítulo anterior, a los que leen mi fic y siguen aun con los antiguos, gracias por todo y por su incondicional apoyo. Confirmado, este fic termina en 2 capítulos más, sí, llegaremos al 14 jeje.
Cuídense muchísimo y nos estamos viendo.
Lady
