Capítulo 13: "Ultimo día en el Paraíso"
Ella se acomodó a su lado, de costado y observó su perfil perfecto. Aun no cabía de felicidad por haber escuchado a ese hombre que la quería. Sonreía como una tonta y hasta pensaba que quizás podría estar soñando. Hay momentos en la vida en que se ha imaginado tanto un momento, que, cuando este llega, no se es consciente muy de ello.
- De verdad...- Murmuró otra vez y entonces el hombre ladeó el rostro y sus ojos dorados se clavaron en su mirada-... ¿me amas?
Él le sonrió de inmediato, arrugó con levedad su frente y luego acercó una mano a su mejilla.
- Claro que te amo... ¿no me crees?
Kagome tragó apenas, su corazón latía como si fuera a estallar.
- Es que... bueno...- Respiró con fuerza y desvió por un momento la mirada, a veces creía que Inuyasha era capaz de leer su más íntimos pensamientos... pero... ¿qué importaba? No tenía secretos con él. Lo volvió a mirar y no pudo evitar comenzar a juguetear con el borde de la sábana con sus manos.-... es que... quizás es muy... pronto...
- Pero tú me amas también ¿o no?
La joven estiró con levedad sus labios, parecía una niña chiquita a la que sorprenden en una travesura vergonzosa.
- Bue... no... sí...
Inuyasha frunció más la frente, casi se asustó.
- ¿Si o no? Kagomee....
- Sí, sí- Afirmó la joven sonriendo- Lo siento... es que... vaya, pensaba que yo era la apresurada...
El hombre resopló aliviado, desvió la cabeza y sus ojos se posaron con nostalgia en el techo de la habitación. Kagome se acercó más a él y recostó la cabeza sobre su pecho.
- Quizás ninguno de los dos se dio cuenta... que desde el principio sentimos algo...
- Es probable...- Sonrió Inuyasha deslizando una mano tras la espalda de ella, sus dedos la acariciaron con una suavidad tan infinita que la estremeció-... pero fuimos tan tontos y testarudos que no nos dimos cuenta.
Ella cerró los ojos un instante y sus recuerdos la llevaron a aquel día, cuando lo conoció, luego, los encuentros casi casuales, lo que le provocaba... levantó el rostro y lo miró con contemplación.
- Eres lindo.
Inuyasha alzó una ceja, por primera vez ella lo vio levemente enrojecer, sus mejillas tan varoniles se tiñeron de un rubor que lo hicieron parecer más tierno y lindo aun de lo que parecía. Se abalanzó y lo abrazó buscando sus besos. Él se dejó hacer, derrotado se recostó en la cama mientras la joven se posaba sobre su pecho, dominándolo con su cuerpo menudo y pequeño. Sostuvo su cabeza enredando sus manos en su nuca, entre aquellos cabellos tan suaves que parecían de seda, la acercó más a su boca sintiendo el fuego de la pasión revivir en su cuerpo, ansiando desesperado sus besos, perdiendo el control la hizo rodar en la cama hasta dejarla a ella recostada y él sobre su cuerpo, dominándola. Apartó el rostro un par de centímetros observando su rostro perfecto y sereno, cuando ella entreabrió los ojos y le sonrió, Inuyasha no pudo evitarlo más y volvió a besarla ardiendo en deseo.
Sus manos acariciaron la espalda tibia de ella y recorrió con las yemas de sus dedos cada centímetro de su piel. El hombre deshizo el beso y lamió su cuello mientras Kagome se aferraba a su cuello como si de eso dependiera su vida. La joven lo sentía ardiente y posesivo, tierno y audaz que la estaba enloqueciendo, percibía un cúmulo de sensaciones que por momentos parecía no poder controlar, pero seguía así, ahí y ansiaba cada vez más y más. Sus caricias provocaban casi espasmos que refrenó mordiendo el hombro de Inuyasha. Él gimió ronco, casi como un animal que a Kagome sorprendió, lo miró entre expectante y ardiente pero se turbó cuando en vez de verlo quizás molesto, observó la sonrisa pícara y estremecedora, una sonrisa que ella no había visto antes.
- Eres... realmente impredecible...- Murmuró Inuyasha, con su voz tan gutural que la estremeció.
Sin querer las yemas de sus dedos se apegaron más a la piel de sus hombros, su cuerpo se acomodó bajo el suyo. Le arrugó la frente haciéndose la ofendida.
- ¿Y tú? Pensé que eras... demasiado serio y amargado para esto...
Inuyasha rió fuertemente y luego volvió a besarla en la boca. Con cada uno de sus besos ella volvía a sumergirse más y más en el éxtasis que le provocan sus caricias infinitas. La acunó contra su pecho sosteniéndola desde la espalda y levantándola con levedad hacia él con el loco deseo de fundirse con su cuerpo.
Ella enredó sus piernas en sus caderas incitándolo a la unión, Inuyasha apartó la boca y jadeó cuando Kagome se acomodó y lo atrapó presionándolo contra su sexo. El amor era casi con descontrol ahora y los dos se sorprendían gratamente en las conductas que estaba empleando el otro. Él pensaba que ella era demasiado pasiva e inocente como para comportarse como lo estaba haciendo ahora, ella había creído que él era demasiado amargado y gélido como actuar con el frenesí y el erotismo que ahora empleaba. Pero era así y les gustaba saber que la persona que tenían enfrente tenía más de una faceta. Y la faceta que estaban usando ahí era sin lugar a dudas la verdadera y la que más adoraban.
Kagome sintió la unión de forma que se quedó sin aliento. Ya no sentía el tenue dolor de antes, ahora éste fue reemplazado por un sentimiento de pura lujuria y placer. Quería abrazarlo, abrazarlo muy fuerte buscando el abrigo de su pecho.
Inuyasha la llevó al delirio nuevamente, a la casi inconsciencia y esta vez fue más aturdidor que la anterior. Antes, todo había sido más suave, más tierno y pausado, ahora el descontrol y la lujuria era lo que primaba y Kagome por primera vez experimentaba sensaciones que jamás en su vida había sentido.
Tardó segundos en recuperarse y volver a la realidad. Cuando entreabrió los ojos los colores brillantes y parpadeantes se disipaban en sus pupilas, las cosas volvían a tomar formas, los sonidos eran notorios, el mundo volvía a girar...
Ladeó el rostro y observó con detención a Inuyasha, que mantenía los ojos aun cerrados y respiraba con bastante fuerza. Ella sonrió apenas y suspiró. Cómo se regocijaba su corazón con tan sólo verlo. Se ladeó completamente a él y recostó parte de su pecho sobre el suyo, se cruzó de brazos y siguió observándolo con sumo interés. Entonces el hombre entreabrió la mirada y sus ojos dorados se clavaron en los suyos. El corazón de la joven saltó con fuerza cuando vio ese par de pupilas tan hermosas. Le brindó una sonrisa tranquila y él se la devolvió. No se dijeron nada por un instante ¿para qué? Sus miradas lo decían todo.
Kagome recostó finalmente su cabeza sobre su pecho y escuchó los latidos de su corazón. El mundo parecía haberse detenido nuevamente, pensó entrecerrando los ojos vencida por el sueño. Antes de quedarse dormida rogó por encontrarlo ahí mismo a la mañana siguiente... si Inuyasha pasaba la noche completa junto a ella sería la persona más feliz del mundo... aunque en realidad... ya lo era.
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El suave contacto que le provocaba su piel era la sensación más exquisita que había experimentado. Acercó el rostro y su nariz rosó los cabellos que se desparramaban sobre la almohada, rebeldes y sensuales. Aspiró el aroma de ellos llenándose los pulmones y evocando el recuerdo de la noche anterior. Su propia piel se estremeció cuando a sus oídos llegaron los suaves jadeos de Kagome.
Entonces se apartó y la observó con detención una vez más. La joven se encontraba acostada boca abajo, parte del rostro lo tenía cubierto por sus propios cabellos, la sábana le cubría apenas hasta la cintura, sus brazos descansaban bajo una mejilla ocultando así parte de sus pechos. Era una criatura hermosa, pensó él, y había algo que su sola presencia, su cercanía, le provocaba sentimientos hermosos, como si la vida a su lado fuera un tesoro maravilloso. Quizás era su alegría de vivir, su carisma, su preocupación por los demás, su alma noble, su manera de amar tan intensa... Se acercó y besó un hombro de la muchacha. Kagome arrugó la frente y se removió, musitó un par de palabras y cambió de posición, dándole esta vez la espalda. Inuyasha se volvió a acercar y antes que sus labios tocaran la piel de ella, sus ojos se posaron en el gran moretón que se marcaba como una mancha de tinta a la altura de la espalda baja. Casi se le cierra la garganta. Qué feo se veía eso, pensó consternado. Y antes siquiera de formular la pregunta de cómo había sido provocado recordó ese beso ardiente en el yate, cuando la acorraló contra el timón... y luego, ahí mismo, fuera de habitación, contra la puerta. Ya la sangre había comenzado nuevamente a correr por sus venas, recuperando en parte la tranquilidad perdida por un segundo en que se había imaginado lo peor. Hizo una mueca al darse cuenta que ella llevaba eso ahora por su culpa. Acercó un dedo con la intención de proporcionar una caricia en aquella marca, pero luego pareció cambiar de opinión y no se atrevió a tocarlo, se veía tan doloroso... y ella ni siquiera se había quejado.
Acercó entonces sus labios y los rozó contra el moretón. Luego lo besó con suma suavidad, el sabor de la piel de ella se empapó en sus labios y su nariz se llenó nuevamente de su olor íntimo que tanto había disfrutado la noche anterior. Se le aceleró el corazón y la sangre pareció hervir dentro de sus venas. Era como si hubiera probado un afrodisíaco o algo así... no lo entendía, lo único que sabía ahora con completa turbación y exaltación es que nuevamente tenía deseos de tener a Kagome entre sus brazos.
Se alejó para observarla nuevamente, en ese instante la joven se movió y se volvió hacia él, sus ojos que se mantenían cerrados se abrieron lentamente, Inuyasha no reaccionó de inmediato, sólo cuando ella esbozó una amplia sonrisa él lo captó.
- Malvada... estabas fingiendo todo este rato.
- No tanto...- Murmuró acurrucándose hacia él. Lo miró buscando su perdón aunque sabía que ese enojo era completamente falso.-... es que me gustaba que me observaras y me acariciaras así.
- Tonta...- Él la abrazó y tuvo el cuidado de no tocarla en su cardenal. Presionó su mano tras su espalda acercándola más a su cuerpo-... estaba viendo como te quedó allá atrás después del golpe con la perilla de la puerta.
Ella quiso tocarse pero él la detuvo de inmediato.
- Créeme, mejor ni lo intentes.
- No me duele.
Inuyasha alzó una ceja.
- No te hagas la valiente...- Masculló.
- No me hago la valiente- Respondió ella con soberbia.
El hombre sonrió con una sonrisa pícara y malévola. Deslizó la mano tras su espalda y la acercó fuerte a su cuerpo. Por supuesto aquel súbito ademán tenía doble propósito. Demostrarle que el cardenal que llevaba tras la espalda en verdad dolía y que ella era una testaruda y caprichosa por no aceptarlo... y segundo, sentir su cuerpo otra vez junto al suyo para apaciguar el calor que nuevamente lo estaba embargando.
El pequeño gritito que dio Kagome por el dolor fue apagado de inmediato por los besos que recibió. En una fracción de segundo tuvo la idea de golpearle la cara, pero sólo fue un súbito instante, porque sus besos ardientes, sus caricias tan suaves, sus murmullos tiernos de amor sobre su boca la hicieron olvidar todo otra vez.
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Era demasiado temprano aun para los huéspedes, sobre todo si era un domingo. Cuando salieron al pasillo entre risitas y tropiezos como dos niños torpes apenas se preocuparon de ser vistos. La verdad ninguno de los dos lo pensó. Estaban demasiados ensimismados en sus sentimientos por el otro, en la felicidad que los embargaba haber encontrado el amor verdadero en un lugar como ese… cuando ya ambos casi se habían dado por vencidos.
- Es una lástima que sea éste nuestro último día…-Murmuró ella recibiendo los rayos tibios de un sol matutino aun sobre el rostro.
En ese instante él la ayudó a subir al automóvil que estaba estacionado junto a la entrada del hotel. Cuando Inuyasha estuvo a su lado, sentado y se aprestaba a hacer funcionar el motor, la miró bajo las gafas oscuras que Kagome encontraba sexy y sonrió, alzando su ceja pícara.
- Podemos quedarnos más tiempo si lo prefieres…- El rostro de Kagome se ensombreció, el hombre sonrió más-… no tengo que volver al trabajo porque seguro ya me despidieron y tu… se supone que aun estas de vacaciones…
Kagome ladeó el rostro mirando por la ventanilla. Sus mejillas se enrojecieron por la proposición pero también por la vergüenza. Ella estaba ahí gracias a la caridad de Sango ¿Cómo iba a sobrevivir un día más sin ella? Y ni loca se quedaría para que él corriera con los gastos…
- Yo creo que…-Kagome suspiró apesumbrada y lo miró. El hombre tenía la vista fija en el camino, pero la escuchaba atentamente-… ya es suficiente… estamos viviendo un sueño, es hora de volver a la realidad.
Inuyasha no dijo nada, sin lugar a dudas su respuesta era desconcertante para él. Pero ya hablaría luego con ella...
Diez minutos a velocidad prudente por la carreta fueron suficientes para el hombre que de pronto salió de ella siguiendo un camino de tierra. La muchacha no tuvo necesidad de preguntar a donde iban porque lo sabía de antemano. El automóvil siguió su ruta entre árboles autóctonos y grandes arbustos en dirección oeste. Hasta que Inuyasha se detuvo justo al final del camino de tierra. Cuando ambos salieron ella observó la arena suave que comenzaba justo ahí, al final del camino y el mar más adelante, cristalino, tranquilo y solitario.
- ¿Cómo sabías de esta playa?
Él caminó tras el automóvil y desde el maletero extrajo una canasta que habían preparado aquella misma mañana y una sombrilla de sol que pidieron a la recepción del hotel.
- Pregunté por ahí...- Cerró la puerta del maletero fuertemente y la miró con una sonrisa-... ¿qué te parece?
Kagome miró nuevamente la playa. Tan hermosa y tan solitaria... volvió el rostro a él esbozando una sonrisa con las mejillas encendidas.
- Me parece... perfecta.
- Ya lo sabía- Respondió el hombre, dándole un beso corto y súbito en los labios encontrándola desprevenida.
Se alejó con las cosas hasta cerca de la orilla. Kagome lo observó sintiendo aun los locos latidos de su corazón. Casi no podía creer lo que estaba pasando entre ellos... si hubieron momentos en que pensó que él la odiaba... ¿cómo podía estar pasando esto ahora? Era una oportunidad sin lugar a dudas que Kami le había dado. A ambos. Cuando sentían que todo estaba perdido... cuando creían que ya nada emocionante podría pasarles en la vida...
- ¿Kagome?
Él se quitó las gafas y la miró preocupado. La joven sonrió y se apresuró a ir a su lado llevando en su hombro un pequeño bolso con cosas que habían decidido cargar.
Habían tantas cosas aun desconocidas que no sabían del otro, sus vidas, sus sentimientos, su manera de pensar... tantas que todo lo que escucharon de la persona que tenían en frente en ese momento les complació saberlo.
Pero habían sombras de dudas e incertidumbre en Kagome. Miró a Inuyasha fijamente mientras sentía que las gotas de agua salada resbalan por su flequillo, caían por sus mejillas y se posaban en su boca. Él acercó su mano y pasó sus dedos por la última gota que resbala directo a su boca. Se acercó más y en un impulso íntimo y provocativo acercó sus dedos a la boca de ella para secarlos con sus labios.
La joven se estremeció y olvidó lo que tenía en mente. Más cuando el hombre se acercó aun más y la besó con hambrienta pasión. Quizás lo hacía a propósito, quizás no, aunque Kagome creyó que con lo astuto que él era bien podría ser lo primero. Estaba desviándola de su objetivo. Lo separó posando su mano sobre su pecho desnudo, el primer intento tuvo un efecto contrario a lo que pensó. Inuyasha la rodeó con su cuerpo y la dejó bajo él. Siguió besándola mientras sentía que la sangre comenzaba a arder dentro de sus venas. Casi aturdida por sus besos y sus caricias logró estoicamente separarlo volviendo a la realidad.
Enfadado levemente se separó y la miró a los ojos sin soltarla aun.
- ¿Pero qué diablos sucede?
- No finjas que no sabes. – Respondió ella frunciendo la frente- debemos hablar.
Él alzó su ceja que lo hacía lucir más sexy pero Kagome no se aminoró, siguió mirándolo fijamente, con seriedad. El hombre suspiró cansado y finalmente se separó de ella. Se sentó a su lado y se cruzó de piernas.
- Esta bien... es cierto... – Suspiró-... es hora de volver, aunque no quisiera... – Se encogió de hombros-... pero tampoco puedo evadir mis responsabilidades...- Hizo una mueca divertida sin mirar a la muchacha-... tendré suerte si no estoy despedido, en tiempos de crisis como la que tenemos ahora debería haber cuidado mi puesto en el trabajo... aunque ni loco me arrepiento de haber venido…
Kagome sonrió y posó su mano en su hombro.
- Bueno... pensarás que soy una aburrida por decirte e instarte a estas cosas... pero... supongo… que es hora de ser responsables... – Se relamió los labios y luego tragó con fuerza-... Sango pagó mi pasaje y estadía aquí, no puedo abusar más de ella, al contrario, ya quiero devolverle la mano de todo lo que ha hecho por mi.
Inuyasha sonrió enternecido y entonces se acercó a la muchacha, su mano se enredó en sus cabellos hasta posarlo tras su nuca, la mirada intensa y dorada de él se posó en la cálida y castaña de ella.
- Faltabas solamente tu para hacerme entrar en razón…- Sonrió de medio lado-… es cierto, hay que comenzar a ser responsable y hacer las cosas en serio.
- Así es- Sonrió ella ampliamente, satisfecha.
Él la siguió mirando con intensidad. Sus dedos se movieron bajo sus cabellos como si estuvieran dando un masaje que a Kagome pareció adormecer. No era esa su intención de todas formas, Inuyasha pensaba de forma reflexiva a cerca de su futuro.
Ella entrecerró los ojos dejándose llevar pero despertó cuando fue consciente que la mirada que aun la observaba no era la que reconocía antes de la pasión. Se enderezó y lo miró con atención esbozando una sonrisa.
- ¿Qué sucede ahora?
- Me cansa estar siempre a escondidas…- La sonrisa de Kagome desapareció-… ¿no crees que es hora de dejar de jugar y decirle a nuestros amigos a cerca de nuestra relación? Miroku al menos es mi mejor amigo… no me perdonaría si sigo callando…
La joven apretó los labios fuertemente. Sango… Sango… su amiga tampoco le perdonaría el que hubiese callado con algo tan importante… después de todo, eran como hermanas… oh pero… quizás se enojaría… Sango no tenía muy buen concepto de Inuyasha, incluso pensaba que él aun seguía enamorado de Kikyo y quizás creería que sólo la estaba usando… era lo que ella misma antes había pensado…
Cielos… era de cobardes pensar de esa forma… pero… sentía algo de miedo decírselo a Sango… suspiró con resignación. Estaba decidida, se lo diría, esa misma noche, cuando llegaran, ya que mañana en la madrugada partirían nuevamente a Tokio…
Y a propósito de eso… lo que tenía ahora con Inuyasha… ¿seguiría igual en la capital? Porque, como lo habían pensando ambos antes, esto era como un sueño. Los dos habían cedido a la soledad, al clima tropical, a la aventura y a la pasión… pero… ¿seguiría esto con la misma intensidad allá, lejos del paisaje paradisíaco en que se encontraban? Miró a Inuyasha algo asustada… quizás debería confiar más y no dudar… él había dicho que la amaba… debería confiar en que su amor seguiría intacto allá también…
Si tan sólo pudiera tranquilizar su corazón…
Continuará…
N/A: Hola a todos... sí, lo sé, ha sido harto tiempo, pero he estado avisando que tengo muchísimo trabajo. Cada día escribía un poquito, aunque había veces en que no escribía nada por tener la mente demasiado colapsada y también por cansancio. No ha sido culpa del trabajo completamente mi demora, han pasado otras cosas en mi vida también... cosas que perturban hasta lo infinito. Hoy mismo pasaron dos cosas muy tristes para mi... una, no me afecta directamente sino a una muy querida amiga a la cual, si me lee ahora, aun que no creo, me gustaría estar con ella siquiera para hacerle compañía porque quizás mis palabras serían en vano... y lo otro... un asunto mio solamente. En fin, el caso es que no ha sido con intención la demora, ya saben que sea como sea, completo el fic, que a todo esto solamente le queda un capítulo. Esta vez demoraré menos en actualizar, lo que tanto me perturbaba ya pasó... el trabajo pues... ahí ya veremos, debo ocupar mi cabecita en algo para no pensar mucho en lo otro.
Lo que queda de la historia es la verdad a sus amigos, sus reacciones y lo que les espera en la ciudad, si las cosas seguirán así, si no funcionarán, etc... ya verán. Agradezco a cada uno de ustedes por aguantar tanto y por dejarme su valioso comentario, ya saben que los leo todos, son sus ánimos ;) gracias por sus mensajes, por leer y por su apoyo incondicional, cuídense mucho, besos y abrazos a todos.
Lady Sakura Lee.
