Capítulo 14:"El Último Paso"

- Estas asustada…

Ella alzó la mirada y sus ojos castaños se posaron en los suyos. La expresión de culpablemente sorprendida era más que obvia. Suspiró cansada y se enderezó, sentándose completamente sobre la arena. El sol comenzaba a descender bajo el mar, el cielo se tornaba como una pintura casi surrealista, ya no era de un azul intenso, sino que casi toda la gama de colores cálidos se adueñaban de él. Daban deseos de quedarse por siempre así, y ahí. Pero había que volver... y su corazón se volvió a agitar ante la incertidumbre si ese amor seguiría tal como había sucedido en aquel paraíso. Volvió sus ojos a él, su corazón se regocijó al ver su expresión preocupada, cariñosa. No debía dudar de su amor… no debía…

Estiró su mano y alcanzó con sus dedos su mentón, lo acarició suavemente, al instante Inuyasha pareció relajarse y cerró los ojos. Su respiración se volvió intensa, entrecortada, y su cabeza siguió la mano de ella evitando que lo dejara. Al final Kagome terminó y dejó caer su mano sobre la arena. El hombre entreabrió los ojos y la observó con detenimiento. La joven había bajado la vista y estuvo un momento así, como si reflexionara mucho.

- Dímelo...

Kagome alzó la mirada nuevamente a él, conteniendo el aliento, pero sólo ver sus ojos preocupados y ansiosos en ella la hicieron tranquilizarse. No tenía porqué pensar de esa forma... sólo debía confiar... confiar en él... y en ella también. Sonrió.

- Pensaba en... mmmm... nada cambiará ¿verdad?

El hombre alzó una ceja, sin comprender claramente.

- A qué te refieres- Musitó, acercándose más a ella y poniendo aun más atención a sus palabras- ¿Qué sucede?

- Me refiero a que...- Suspiró con agobio, bajó la mirada y contempló la arena fina de la playa-... que seguiremos juntos... así...- Alzó los ojos a él contemplándolo fijamente-... como hasta... ahora.

La siguió mirando por un instante. Ella bajó la vista, avergonzada. Pensó que quizás estaba pidiendo demasiado, que esto del romance sería sólo aquí, sólo ahora, que luego en Tokio todo volvería a ser como antes. Se atrevió a mirarlo nuevamente, para saber de una vez lo que él le diría. Inuyasha seguía mirándola fijo, su cara no demostraba absolutamente nada, ni una emoción. Comenzó a sentirse nerviosa, estúpida y avergonzada. Hasta que observó una leve curva en esos labios varoniles y tentadores, que se esbozaron poco a poco hasta formar una sonrisa amplia y arrebatadora. La joven sintió que sus mejillas volvían a arder.

- Tonta… ¿es eso lo que te preocupa?- Alzaba una ceja y parecía estar a punto de reír. Avergonzada ella apretó los labios y bajó la vista. Inuyasha acercó su mano a su mandíbula y obligó a levantar sus ojos.- Por supuesto que todo será igual…

Ella sonrió y suspiró aliviada. Esto le demostraba lo mucho que lo amaba y lo doloroso que le producía el sólo imaginarse perderlo.

- Es que…sólo quería asegurarme…- Murmuró la joven.

- Pues te aseguro que seguiré queriéndote aquí, allá en cualquier tiempo y lugar… con lo que me costó acercarme a ti jajaja

- Tonto- Musitó haciéndose la ofendida y dándole un suave golpe en el hombro.

Inuyasha tomó sus muñecas y la inmovilizó, la tendió sobre la arena y la besó de forma apasionada. Kagome suspiró enamorada y feliz, se dejó besar y le respondió de igual forma para demostrarle que sus sentimientos eran fuertes y sinceros, como los de ese hombre. Cuando el beso cesó ella se quedó abrazada a él, sintiendo bajo la palma de sus manos la piel deliciosamente tibia de Inuyasha, mientras sus ojos se quedaban atrapados en el hermoso cielo del atardecer.

Volvieron al hotel justo cuando comenzaba a oscurecerse. Separarse, en aquel momento, fue demasiado doloroso e inquietante para ambos. A Kagome le costó deshacerse de la mano de Inuyasha que la retenía con igual impaciencia. Sonreía tontamente pero sentía que su corazón se oprimía de desesperación.

- Nos vemos en la cena- Murmuró Inuyasha.

La joven lo miró como un corderito a punto de ser sacrificado. Él se acercó y la besó una vez más, ella lo abrazó con fuerza deseando no separarse jamás de su lado. Inuyasha fue quien abandonó su boca primero y la observó con una sonrisa divertida.

- Después de la cena... ¿en tu habitación?

A Kagome se le subieron los colores a las mejillas y su piel reaccionó con un escalofrío. Jadeó y lo besó en la mejilla, antes de separarse murmuró junto a su oído.

- Mejor en la tuya...

Cuando se apartó lo miró ansiosa y la sonrisa que él le brindó aplacó en parte sus ansias. Inuyasha besó sus nudillos y finalmente la soltó, yendo a su habitación. Kagome seguía sonriendo y suspirando, sentía que en ese instante estaba sobre una nube rosa y en un estado completamente somnoliento, tranquilo, feliz y delicioso.

Cuando entró a su habitación casi saltó al baño para darse una buena ducha. Obviamente recordó con ávido detalle todo lo vivido hasta el momento con Inuyasha, sobre todo esa noche, su primera noche de amor. Mientras se pasaba el shampoo por el cabello se detuvo consternada al recordar lo que le había dicho en el oído: "Mejor en la tuya". Sintió la cara arder de vergüenza y retuvo la risita nerviosa a pesar de estar sola. No sabía de dónde había salido eso... pensándolo bien... no sabía de dónde había salido la mujer que era ahora... suplicaba por los besos de Inuyasha, lo tentaba, seducía, lo enloquecía y lo manejaba casi a su antojo... y él se dejaba... y ella lo amaba... tanto...

Se vistió con su mejor vestido y se dejó el cabello suelto como a él le gustaba, cuando se miró una ultima vez en el espejo una sombra se posó sobre sus ojos y ella dejó de sonreír. Era la última noche en el paraíso y eso la entristecía y conmovía enormemente.

- Pero él dijo que me querría aquí, allá en cualquier tiempo y lugar...- Murmuró sonriendo.

No tenía qué temer ahora que Inuyasha se lo había asegurado. Sonrió y se pasó una mano por el flequillo. Después se irguió y se miró una vez más en el espejo. Satisfecha por lo que vio salió rápidamente de la habitación dirigiéndose al comedor.

Había mucha gente a esa hora, pues para la gran mayoría las vacaciones llegaban a su fin y esa era la última noche. Todos conversaban y había música de violines en vivo en el escenario. La iluminación era tenue, y en cada mesa habían candelabros que le daban un aspecto más íntimo al lugar. Miró ansiosa a su alrededor, buscándolo, reteniendo el aliento de la emoción. Cuando lo vio al fin, sonrió aliviada, pero en seguida borró la sonrisa de sus labios cuando se dio cuenta que sus amigos también la observaban. Cielos... los había olvidado por completo.

Caminó haciéndose la segura pero en verdad estaba algo nerviosa. Por un momento había olvidado a Sango y a Miroku creyendo que en ese lugar sólo existía Inuyasha y ella, nadie más. Pero ahí estaban sus amigos, los cuales la esperaban y a quienes debían decirle la verdad...

- Me cansa estar siempre a escondidas… ¿no crees que es hora de dejar de jugar y decirle a nuestros amigos a cerca de nuestra relación? Miroku al menos es mi mejor amigo… no me perdonaría si sigo callando…

Podía escuchar la voz de Inuyasha diciendo esas palabras... se le encogió más el estómago de los nervios. Dándose valor caminó a paso firme hasta ellos evitando posar sus ojos en Inuyasha, mentalizándose que todo iba a estar bien, que si pasaba esta prueba ya no tendría más de qué preocuparse. Respiró profundamente dándose ánimos y aceleró el paso. Cuando estuvo junto a ellos los saludó y se sentó rápidamente. Pensó que se tranquilizaría, pero ahora estaba más asustada que antes, Sango la miraba con fijeza y seriedad.

- Vaya que te ves bien, Kagome...- Dijo Miroku con un leve tono burlón-... dónde diablos estabas que no te hemos visto en... ¡dos días!

- Estábamos preocupados, pudiste haber avisado- Agregó Sango.

Ella los miró a ambos con algo de vergüenza. No sabía ni qué decir... quizás... comenzando a decir la verdad...

- Es extraño que Inuyasha también haya desaparecido en todo este tiempo, pero de él ni nos preocupamos tanto porque sabe lo que hace- Agregó Miroku.

- Yo también sé lo que hago...- Murmuró Kagome ya incómoda, revolviéndose en su silla y dándole una mirada suplicante a Inuyasha. Entonces él carraspeó, llamando la atención de sus amigos.

- No es necesario que sermoneen a Kagome como lo estaban haciendo conmigo poco antes que llegara... si me he quedado callado es porque la esperaba a ella para poder explicarles a ustedes la situación.

A la joven se le aceleró el corazón. No sabía porqué estaba tan nerviosa y asustada, porque al fin y al cabo era su vida, era adulta y era su decisión estar con la persona que quería.

Miró a sus amigos y tragó fuertemente.

Sango y Miroku observaban expectantes a Inuyasha, cuando éste terminó de hablar se produjo un silencio en la mesa, la muchacha apenas escuchaba la música de fondo y el murmullo de los demás comensales, luego de eso sus amigos la miraron a ella, en ese instante ya no escuchó nada más.

- Dinos Kagome... parece que vas a ser tu quien tendrá que dar la explicación...- Dijo de pronto su amiga y cuando lo dijo ella se sonrojó. Lo comprendió, por ese tono de voz, lo comprendió todo por la forma en que la observaba y por cómo apretaba los labios para no reír. Kagome miró a Miroku pero éste actuaba mejor que su novia. La muchacha sentía que le ardía la cara y entonces volvió a mirar a su amiga.

- Si ya sabes no sé para qué preguntas tanto.

En ese instante, Sango y Miroku no lo soportaron más y comenzaron a reír, tan estruendosamente, que llamaron de inmediato la atención de todos. Inuyasha arrugó la frente sin comprender y miró a Kagome para preguntarle pero antes de hacerlo ella le respondió.

- Lo saben, se les nota, ahora sólo están jugando con nosotros.

Inuyasha apartó el rostro y observó a sus amigos, comprendiéndolo por completo. Se removió en la silla bastante incómodo mientras Kagome se cruzaba de brazos y esperaba a que se calmaran para preguntar lo inevitable: ¿Cómo diablos se habían enterado?

- Basta por favor...- Dijo de pronto Inuyasha, él no tenía tanta paciencia como la sacerdotisa y además estaba medio molesto-... ya basta.

La joven vio como sus amigos se tranquilizaban de inmediato. Estaba segura que si ella los hubiera callado ni caso le hubieran hecho pero... bueno... Inuyasha lucía bastante molesto después de todo, quizás por eso le habían hecho caso a él.

- Lo siento, lo siento...- Sonrió Miroku acomodándose en la silla. Sango bebió una copa de agua sólo para sofocar su rostro, que estaba casi rojo de tanto reír.

- Esto no es gracioso- Dijo Inuyasha visiblemente irritado ya.

Kagome iba a decir algo pero justo en ese momento el mesero les trajo sus pedidos. La muchacha no recordaba haber pedido, pero no le importó que les sirvieran un pescado asado con un extraño acompañamiento pero olía delicioso. Todos habían pedido lo mismo, después de todo. El mesero se fue y reinó un silencio incómodo otra vez en la mesa. Kagome tragó fuerte y miró a Inuyasha con congoja, éste sólo la miró para luego fruncir el ceño al observar a sus amigos.

- Bueno...- Ahora parecía él más relajado-... así que... supongo que no es sorpresa para ustedes que... Kagome y yo estemos juntos.

- Pues claro que no- Respondió Sango sonriendo y acercando el tenedor a su boca. – No ha sido muy difícil descubrirlo.

- Ah ¿no?- Musitó Kagome turbada.

- Pues...- Miroku entornó los ojos-... ustedes no han sido muy cautelosos que digamos. Si es que querían tenerlo en secreto déjenme decirles que no sirven para eso.

La muchacha apretó los labios, nerviosa y miró de reojo a Inuyasha que comenzaba a comer. Él parecía no importarle nada ahora. Volvió la mirada a Sango, avergonzada ¿¿cómo era eso de que no habían sido muy cautelosos?? Bebió un poco de agua sólo para ganar tiempo.

- De todas formas somos adultos y hacemos lo que queremos- Dijo Inuyasha con su voz tan autoritaria y ronca. Ella lo miró y deseó besarlo ahí mismo.

- Sí, claro que sí...- Sonrió Sango aun con una sonrisa burlona en los labios y observando a su amiga.

Kagome volvió a revolverse en el asiento y casi sentía que se sofocaba, de pronto hacía mucho calor allí y necesitaba aire fresco.

- Pero nos alegra, por supuesto...- Agregó Miroku levantando su copa con vino-... por su... romance, que sea tan bueno como el nuestro.

Inuyasha sonrió de medio lado. En eso último ni siquiera había que brindar, pues el romance, estaba seguro, era mucho mejor que lo que tenían ellos. Siguió comiendo como si nada y los otros lo imitaron. Kagome, a su lado, revolvió con su tenedor la comida sin sentir demasiado apetito. Era por las miradas intensas que sus burlones amigos le daban o porque comprendía que la relación de Inuyasha, a partir de ahora, comenzaba a tomar otro... rumbo, otro más, serio, por así decirlo, ya que no era un secreto. ¿Lo sentiría así Inuyasha? Volvió a mirarlo y en ese instante él ladeó el rostro y le sonrió. No pudo evitarlo, le respondió con una sonrisa amplia y vergonzosa, y volvió el rostro hacia el frente sintiendo el corazón como loco y las manos torpes. Ahhh Inuyasha... quizás no debería pensar tanto y sólo dejarse llevar... lo futuro... no tenía importancia ahora.

Alguien comenzó un tema con respecto al trabajo que debían retomar, el ambiente se distendió como antes en donde los cuatro charlaron como amigos, los de siempre, bromeando y lamentándose por tener que volver a la capital. La música esta vez cambió, un grupo de jóvenes hombres se posaron en el escenario y tocaron algo más alegre. Los murmullos de las personas aumentaron de volumen, se escuchaban risas y bromas, algunas parejas se deslizaron hacia el escenario y comenzaron a bailar. Ya en el postre Miroku conversaba con Inuyasha y Sango con Kagome. Ésta última, encontrando valor para retomar la conversación a cerca de su "relación" con Inuyasha, preguntó a su amiga algo que desde el principio la mataba de curiosidad.

- Ya... en serio... cómo han adivinado lo de...- Se relamió los labios, nerviosa aún-... ¿Inuyasha y yo?

Sango sonrió.

- Yo tenía mis sospechas desde Tokio... desde aquella noche en que lo fuiste a dejar a tu departamento...

- ¡Oh! ¡Pero no!- Protestó la muchacha.

- Pero algo pasó a partir de ahí ¿verdad?

Kagome sólo pudo sonreír y recordar el beso de Inuyasha.

- En fin...- Prosiguió Sango dando un suspiro-... ustedes dos se comportaban de una forma muy extraña y pensé que estaba equivocada, que en verdad se odiaban y que Inuyasha podía ser un inmaduro... – Miró fijamente a la joven-... nos confundieron a Miroku y a mi, lo hicieron muy bien.

- Pero es que en realidad esa vez no teníamos nada... y... ¡hasta yo estaba confundida! ¡creí que él me odiaba! O se burlaba de mi...- Murmuró bajando la vista.

- Yo también pensé que podría burlarse de ti... por eso dije...- Sango suspiró pesadamente-... todas esas cosas que pudieron causarte daño...

La joven sacerdotisa la miró fijamente.

- No tuviste la culpa, yo también pensaba lo mismo.

- Bueno, el caso es que después ustedes desaparecieron, y cuando desaparecía uno también lo hacía el otro, sospechamos eso con Miroku así que decidimos observarlos y la verdad... bueno, ya era bastante notorio y evidente así que los dejamos... aunque admito que necesitaba saber si estabas con Inuyasha y no en otro lugar en esos dos días que no te vi... pero...

- ¿Pero? ¿nos viste acaso?

Sango se encogió de hombros.

- Iba a tu habitación y los vi esta misma tarde, en el pasillo.- Sonrió ampliamente- Y ya no tuve más dudas. Admito que aun temía que Inuyasha estuviera... – No dijo la palabra "jugando" porque por la expresión de Kagome supo que ésta lo había adivinado, así que prosiguió esta vez con más ánimos-... pero por lo que vi, él esta bastante prendado de ti, creo que lo de ustedes no es un amor de verano, es verdadero.

La miró fijamente y luego de un momento sonrió agradecida, así que posó su mano sobre la suya. Cómo ansiaba poder escuchar de alguien más esas palabras ¿por qué tenía que ser tan insegura? Quizás porque su amor por Inuyasha era más grande de lo que pensaba... y porque... porque era la primera vez que se enamoraba de esa forma... la primera vez que amaba a alguien.

Volvió a su habitación sólo para acicalarse. Se miró en el espejo y se complació de saber que ya todo estaba casi resuelto. Su relación con Inuyasha, el que lo supieran sus amigos, el que se alegraran por eso y el saber que él la esperaba en su habitación para compartir la última noche juntos en aquel inolvidable paraíso.

Su corazón rebozaba de infinita felicidad, lo que más le gustaba era quien había aclarado el asunto. Se acomodó el cabello y salió de su cuarto cerrando la puerta tras su espalda. Mientras caminaba se daba cuenta que era primera vez que iba a la habitación de él. Ni siquiera sabía donde estaba, bueno, Inuyasha le había dado las indicaciones en la cena pero aun así tardó en encontrarla. Se preguntó cómo sería. Como él era el único del grupo que no había hecho una reserva, imaginaba que le había tocado un lugar no del todo cómodo.

La habitación era la última y estaba bien apartada de las demás. Ella suspiró y se arregló una vez más el vestido que llevaba, tocó suavemente con sus nudillos y esperó nerviosa.

Al instante la puerta se abrió y apareció Inuyasha con una sonrisa lujuriosa.

- Pasa.

Ella entró y se sorprendió al mirar a su alrededor. A pesar de permanecer la habitación en penumbras, se podía ver claramente lo lujosa, exclusiva y amplia que esta era. Los ventanales que estaban al frente eran impresionantes y desde ahí se podía ver en toda su magnitud la tranquilidad del mar que todos esos días los recibió, confidentes de su amor.

- ¿Qué? ¿apuesto a que imaginabas que me tocaría un cuchitril?

Kagome lo miró boquiabierta.

- Bue... no... no era lo que esperaba, eso es cierto.

La puerta se cerró tras su espalda y la muchacha caminó a paso lento hasta la ventana. Junto a ella había una mesita de madera muy bien tallada y lacada con una hielera y dentro de ella champán y dos copas. Cuando volteó se fijó en el candelabro que estaba sobre un mueble y que era la única luz que había en el lugar. Sus ojos se posaron en los del hombre que tenía en frente y que la observaban con aquella mirada oscurecida por las sombras pero que ella conocía cual era. Era la misma en donde sus pupilas destellas casi fuego de pasión. Sonrió y se acercó más hasta que sus manos tocaron su pecho apenas cubierto por una delgada camisa blanca. El perfume de su loción la estremeció, como siempre. Aquel sólo aroma parecía adormecerla por completo, él deslizó sus manos por su cintura, sus labios se acercaron a su frente depositando un beso suave y tierno.

- Menos mal tenía ahorrado... aunque...- Murmuró y entonces se apartó sólo un poco para observarla-... daría todo lo que tengo por pasar días así contigo...

Kagome sonrió y lo besó apasionadamente, él la estrechó más contra su cuerpo respondiendo a sus besos con igual vehemencia. Inuyasha de pronto la tomó en brazos y caminó llevándola hasta la habitación. Kagome apartó su boca de la suya, la sangre corría vertiginosa en sus venas, la cabeza le daba vueltas, el corazón estaba a punto de salir de su pecho y aún así, tuvo la fuerza para bromear.

- ¿Qué?...- Murmuró mientras el hombre la miraba con atención aun sin soltarla de sus brazos- ¿No vamos a tomar champán?

Inuyasha sonrió de medio lado, eso la dejó sin aliento.

- Dejemos eso para otra ocasión...

La muchacha sonrió estando de acuerdo y recibió sus impetuosos besos mientras él la depositaba con suavidad en la blanda y descomunal cama...

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Volver a la capital fue en parte triste por dejar atrás todos aquellos momentos compartidos en tan corto tiempo en la isla. Pero las cosas habían cambiado para los cuatro drásticamente. La relación de Miroku y Sango se afianzó más de lo que ellos mismos esperaban y ya de vuelta comenzaban a hacer planes para la pronta boda. La iban a hacer en grande y es por eso que se dieron el tiempo de 3 meses para organizarla, ya que la joven enfermera quería tener todo dispuesto y organizada como era, le daba mucha importancia al vestido, la fiesta, el pastel y todo lo relacionado a un matrimonio. Menos mal ya vivían juntos, de otra forma la espera se hubiera prolongado aun más, para el pesar de Miroku. Pero eran felices y cada día soñaban por el futuro que los esperaba, juntos.

Kagome e Inuyasha se prometieron mil cosas a su llegada a Tokio. Y cada uno había retomado sus funciones en corto tiempo. Para la fortuna de Inuyasha encontró su antiguo trabajo ya que nadie había podido ocupar su vacante. Kagome, en un par de días más también comenzó a trabajar con bastante entusiasmo y ahínco en el museo.

Al principio todo estaba bien. Se juntaban a menudo después del trabajo y siempre los fines de semana. Con el tiempo, el trabajo de Inuyasha lo consumía por completo, ya casi siempre salía tarde, entonces la muchacha comenzó a ayudar en sus ratos libres a Sango.

Los fines de semana también ocuparon la agenda de Inuyasha y luego de un tiempo, un mes antes de la boda de sus amigos, todo comenzó a tambalear. No se veían y cuando lo hacían terminaban discutiendo por insignificancias.

La falta de comunicación comenzó a agravar aun más la relación. Las dudas e inseguridades de ambos parecían que los iba a enloquecer. La muchacha comprendió, que lo que habían vivido en la isla había sido sólo un sueño y se habían llevado tan bien porque allí no había responsabilidades, ni siquiera el tiempo importaba.

Kagome meditaba la situación en las noches y pronto comenzó a hacerlo en su trabajo. Estaba aterrada de este cambio. Amaba con todas sus fuerzas a Inuyasha, pero no comprendía y no podía evitar las peleas que se formaban entre ellos. Él pedía más de ella, más comprensión, más madurez. Ella no sabía qué hacer. Una joven inmadura como era no sabía cómo resolver la situación. Comenzó a dudar del amor de Inuyasha... él se desvivía en su trabajo, la dejaba de lado, eso no podía significar más que ya no era importante en su vida.

Una tarde salió más temprano del museo y fue directo al departamento de Inuyasha, deseosa de conversar de una vez por él y arreglar todo el asunto. Lo que la esperaba en una fría habitación era apenas un mensaje en la contestadora. Inuyasha saldría de viaje al extranjero, volvería en un par de semanas "Quizás esta separación nos convenga a ambos... te amo mucho, ya hablaremos cuando vuelva".

Se le formó un nudo doloroso en la garganta y lloró desconsolada por lo que fue una fría despedida. Quizás él había dejado de quererla... quizás todo había terminado...

Salió del departamento olvidando sus carpetas allí, sus pasos cansinos y sin rumbo en un principio la llevaron al departamento de su amiga. Allí, donde todo había comenzado. Sango, la que muy pronto se iba a casar con el hombre que amaba... la que en estos momentos preparaba con ilusión y felicidad su boda...

Sango estaba adornando unas invitaciones que ella misma había confeccionado en papel elegante y cintas de color rosa. Se sorprendió de ver a Kagome tan tarde en su departamento, pero la invitó a pasar. En ese momento Miroku aun no llegaba de su trabajo y ella estaba preparando las invitaciones. Le pidió ayuda a su amiga y esta aceptó.

Kagome comenzó a amarrar las cintas sin decir una palabra, la otra hablaba sin parar a cerca de los preparativos enumerando detalles y contando anécdotas, de vez en cuando quejándose de la poca ayuda que obtenía de su prometido, aun así reía y se ilusionaba con lo que les deparaba el destino. Luego de un rato de monólogo se dio cuenta del estado de Kagome. La muchacha, sentada a su lado amarraba y amarraba las cintas con los labios apretados y los ojos empañados en lágrimas. Hasta ese momento, sabía en algo de los problemas por los cuales pasaban pero en ninguna ocasión su amiga le había pedido un consejo. Tampoco imaginó que lo de ellos era tan grave, todas las parejas pasan por crisis, sólo era cosa de conversar y arreglar el asunto.

- ¿Peleaste otra vez con Inuyasha?

La sacerdotisa suspiró y dejó la invitación sobre la mesa, se recostó en la silla y tragó con fuerza. No habló por un instante, mantenía mirada fija en el frente, absorta en un punto indeterminado en la habitación. Sango arrugó el ceño y la observó por primera vez, quitándose el velo de su propia preocupación y fijándose en ella. Sólo ahora reaccionaba. Kagome estaba pálida, más pálida de lo normal, tenía las mejillas casi hundidas, descoloridas sin su habitual sonrojo, bajo sus ojos tenía ojeras y también parecía estar más delgada, lo notaba, a pesar de que la muchacha llevaba un grueso abrigo.

- ¿Qué sucede? ¿estas trabajando mucho? El trabajo es bueno Kagome, pero cuando es en exceso es perjudicial.

Eso deberías decírselo también a Inuyasha...- Musitó, y esta vez ladeó el rostro y miró hacia afuera. La noche había llegado y caía una espesa llovizna de otoño.

- Lo sé... - Respondió Sango dando un suspiro-... lo sé... comprendo lo que les esta pasando... fue lo mismo que casi mató nuestra relación... falta de tiempo por el trabajo... falta de compromiso... de los dos... y miedo... de mi parte.

- Él quería casarse contigo...- Gimió Kagome sin mirarla y apretando los labios-... al menos eso quería Miroku...

- ¿Eso quieres? ¿casarte con Inuyasha?

Kagome hizo una mueca.

- No lo sé. Nunca hemos tocado ese tema... es demasiado pronto aun...

- Para el amor no importa el tiempo.- Respondió su amiga dándole una palmadita reconfortante en el hombro- Vamos Kagome, todo tiene solución, él esta loco por ti.

- Se marchó- Respondió apenas y en ese momento las lagrimas cayeron de sus ojos en abundancia, aun así se mantuvo firme, quizás porque se mantenía con la vista perdida allá afuera- Apenas me dejó un mensaje en su contestadora... creo que... ya no me quiere como antes...

Y entonces estalló en llanto y ocultó el rostro con sus manos. Sango se sorprendió y la consoló como pudo. No entendía porqué algo así podía afectarle tanto.

- No llores Kagome, estas exagerando, él te ama ¿por qué dudas? Y de todas formas... eres joven y bonita, si ese estúpido no se comporta como debe contigo entonces debes buscar alguien que valga realmente la pena... – Se mordió los labios cuando la muchacha lloró aun con más desconsuelo. A veces metía mucho la pata-.... ahh pero... no, Inuyasha te quiere, hablaré con ese idiota por ser tan insensible contigo, tranquilízate, no llores por esto...

Se quedó consolándola por un buen rato, hasta que la muchacha se quedó dormida en sus brazos. Consternada y apenada, Sango la dejó dormir y deseó asesinar a Inuyasha. Miroku llegó cerca de la medianoche, ambos hablaron en voz baja de lo sucedido, ninguno de los dos sabía que hacer, ni siquiera comprendían la situación.

- Yo creo que ella esta exagerando, sabe que Inuyasha tiene un trabajo así, tan demandante como el nuestro.

- Pero nosotros hicimos un acuerdo, solucionamos nuestros problemas y tomamos una decisión, casarnos- Dijo Sango.

- Quizás Kagome quiere casarse...- Musitó Miroku-... ¿crees que él no quiere por lo que le pasó con Kikyo?

- Ahh Kikyo ya es asunto olvidado, tonto, no creo que sea eso.

- ¿Y entonces?

Sango suspiró sin saber qué pensar.

- Creo que aquí hay un asunto más grave de lo que no estamos enterados... ¿por qué Kagome se comporta así? Es como... si tuviera miedo que él la dejara... ¿y porqué Inuyasha se porta así con ella? Parece que no toma en serio la relación, deberás hablar con él porque si le hace daño a mi amiga juro que soy capaz de cortarle los...

- Basta, basta...- Interrumpió él levantando una mano-... prometo que hablaré con él apenas llegue de su viaje... si serán inmaduros esos...

Su novia alzó una ceja. Quién hablaba de inmadurez... volvió a sala en donde había dejado a Kagome y se sorprendió de no encontrarla donde la había dejado. Suspiró y deseó que ella no hubiera escuchado la conversación, aunque lo que le preocupaba no era eso, si no el que se hubiera ido sola a esa hora... y en el estado en que se encontraba.

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La lluvia había cesado, la bruma ahora y el frío se había apoderado de la ciudad. Kagome llegó a las puertas de su templo y se dejó caer en los escalones, sin fuerzas. No se atrevía a entrar a la casa, su humilde hogar en donde se encontraban su abuelo, su madre y su hermano, que seguramente ya dormían. ¿Qué dirían de ella? ¿qué pensarían? Le habían dado todo y ahora... ahora tendría que responder...

¿Y si Inuyasha la dejaba? ¿qué iba a hacer? Inuyasha no quería entender que la relación se estaba perdiendo por su trabajo, su exceso de trabajo... y su frialdad.

Cuando todo esto había comenzado, le temía a lo que dirían sus amigos, en lo que verdaderamente sentía Inuyasha... pero nunca pensó que a lo que debía temer era a cómo la relación se tornaría en la ciudad.

Se abrazó así misma ¿qué iba a hacer? lo amaba ahora más que nunca... y si él la dejaba... si Inuyasha ya no la quería... sollozó una vez más temerosa de su futuro. Qué iba a decirle a su madre... la mujer que había dado todo por ella, para que tuviera una educación, para que fuera una mujer completa digna de admiración e independencia...

- Kagome...

Alzó el rostro pálido y húmedo y creyó que estaba soñando. Comenzaba a lloviznar nuevamente y las gotitas de lluvia resbalaban del flequillo de su frente cayendo a sus pestañas largas pero varoniles.

- Inu... ¿Yasha?

Él se inclinó en frente suyo y le tomó las manos, sin querer ella las aferró con fuerza, deseando no estar soñando.

- No deberías estar aquí, mi amor...- Musitó él acercando su frente a la suya.

Esa actitud tan cariñosa la emocionó demasiado y sollozó otra vez. Quizás era una niña aun, pero no podía evitarlo...

- Pensé... que te habías ido...- Sollozó entre lagrimas mientras escondía el rostro en su pecho.

- Yo... – Él tragó con fuerza y la apartó con suavidad tomándola de los hombros solo para mirarla-... yo... me arrepentí a ultima hora... algo... algo... – Kagome dejó de respirar, lo miraba con fijeza, incapaz de poder hablar. El hombre suspiró-... he sido un estúpido... me he comportado tan... tan malditamente mal contigo...- Tragó con fuerza, la Manzana de Adán se agitó en su garganta-... te prometí mil cosas allá en la isla... y a la primera te dejé de lado por culpa de ese maldito trabajo...- Hizo una mueca graciosa con su boca-... que ni siquiera me gusta tanto...- La muchacha seguía mirándolo sin decir nada, las lagrimas que caían en sus marchitas mejillas le encogieron el corazón y tuvo la sensación de recibir una patada en el estómago. Deslizó su mano por su mandíbula, acariciándola, hasta enredar su mano entre sus cabellos.- ¿Por qué no me lo dijiste?

Ella sollozó una vez más sin poder responder ¿qué iba a decir? ¿qué tenía miedo? Si el miedo más se justificaba cada vez que peleaban, cada vez que él se consumía en su trabajo, cada vez que él la dejaba...

- Perdóname Kagome...- Musitó al fin acercando su boca a sus mejillas secando sus lagrimas- No llores, por favor ya no llores... ¿tenías miedo? ¿miedo de mi? Fue mi culpa, ahora lo entiendo... te amaba tanto que casi me aterré por eso... es una excusa estúpida pero... eso fue lo que sucedió ¿qué soy yo sin ti? No soy nada Kagome, nada.

Ella lo abrazó y él se puso de pie junto con ella. La estrechó con fuerza contra su cuerpo y se quedaron allí un momento. La muchacha finalmente suspiró y se atrevió a mirarlo. El color de sus mejillas había vuelto nuevamente, tragó y bajó la vista, aun sentía aquel nudo horroroso y doloroso en la garganta.

- Cómo... cómo sabes lo de...- Se mordió los labios y lo miró otra vez.

Inuyasha sonrió y se apartó un momento de ella, abrió su chaqueta y sacó de ella las carpetas que Kagome había olvidado en su departamento. La muchacha miró fijamente sus manos, las cuales extraían del fajo de documentos una pequeña cartulina con una imagen en blanco y negro.

- Por esto.

Ahí estaba, la imagen borrosa y distorsionada aun para sus ojos, pero claramente visible para los expertos, de una criatura de no más de 2 meses que se formaba en su vientre y que era la responsable de su baja de peso, de su palidez, de sus miedos y sus sensibilidades. Él... o ella, era la responsable.

- Por qué no me dijiste... ¿Qué estabas embarazada?

Kagome tragó con fuerza una vez más, se llevó las manos al vientre plano aun, sabiendo que la criatura necesitaba de todo su cariño y protección.

- Tenía miedo... y pensé que tu... que ya no... que nosotros...

El hombre la besó cortando sus explicaciones. La joven percibió en su beso los mismos sentimientos de antes, los de la primera vez allá en la isla cuando sólo ellos dos importaban y nada más, cuando su amor, a pesar de ser nuevo, se sentía verdadero y sincero.

- Reaccioné a último momento, algo me llamaba a ti y volví... cuando encontré tus cosas y vi esto lo comprendí... tu y...- Tocó el vientre de ella y sonrió-... nuestro niño me llamaba... lo siento, siento tanto haberme comportado así cuando te prometí todo allá en la isla...

Kagome volvió a abrazarlo recuperando el alma y la felicidad al cuerpo. La emoción casi le nublaba la razón y la hacía perder las fuerzas, se aferró a él evitando el desmayo que casi era inminente y lo miró.

- Entonces... ¿qué pasará con tu trabajo?

- Al diablo, si antes había renunciado, buscaré algo que me guste y en el cual tenga un horario que no sea esclavizante...

Ella estiró sus labios y acarició la solapa de su abrigo.

- Pero no quiero que te sacrifiques en cosas que no quieres hacer...

- Ya te dije que odio ese trabajo, te prometo que obtendré otra cosa mejor.

Kagome volvió a abrazarlo llena de felicidad.

- Una cosa más...- Dijo Inuyasha tomándola de la cintura y mirándola fijamente-... quiero casarme contigo... por favor, no pienses que es por el niño, es porque... me amargo cada noche cuando te vas y me quedo solo... no quiero estar más solo... por favor... cásate conmigo... mañana, ya, por favor, cambiemos nuestra vida de una vez.. ¿si?

La joven lo miró turbada y atragantada. La emoción que pronto la embargó la hizo llorar una vez más. Tanta felicidad era irreal. Sólo para cerciorarse de que no era un sueño, una ilusión, lo abrazó y lo besó con vehemencia. Le sorprendió la reacción de ella tan alegre, espontanea, en realidad era la Kagome que había recuperado su ánimo, de la cual se enamoró, la muchacha triste y alterada, sensible y temblorosa que había sido ese ultimo tiempo había sido por su propia culpa. Cómo se maldijo internamente haberle provocado toda esa incertidumbre y dolor. Le respondió a sus besos pero la apartó suavemente, ansioso, esperando su repuesta.

- ¿Y?... ¿qué me dices?- Alzó una ceja y le brindó una sonrisa pícara y arrebatadora- ¿Mañana?

- Sí... sí...- Respondió riendo y sollozando, dándole besos en la boca y en las mejillas- Mañana, mañana seré tu esposa.

El hombre la estrechó más fuerte sintiendo una felicidad inmensa en su pecho. La vida le había deparado pruebas y algunas las había fallado torpemente... había estado a punto de fallar nuevamente, pero algo lo había hecho abrir los ojos a ultimo momento, cuando todo parecía derrumbarse y estropearse por completo... había reaccionado porque aun la amaba, porque nunca había dejado de hacerlo y porque era primera vez que sentía algo así, tan fuerte por alguien... por eso ahora la quería a su lado, a ella y al fruto de su amor... por que así son las cosas... cuando llega el amor...

FIN.


N/A: Siempre me han dado pena escribir los finales, me entristecen por llegar a la palabra "fin"... pero sé que mis personajes al menos tienen, después de muchas complicaciones, lo que se merecen. Un final de amor feliz. Quizás la vida a veces nos hace dudar de eso, pensamos que sólo es en la fantasía, que estas cosas sólo pasan en las historias o películas, pero la experiencia de otros me ha demostrado que no es así, y es por eso que yo confío en que todos encontraremos a nuestro "Inuyasha" ¿verdad?

Agradezco infinitamente el apoyo, los mensajes, los ánimos de todos aquellos que me leen y escriben, en verdad sus comentarios fueron muy importantes e inspiradores para mi. Me ha costado escribir este fic más que nada por tiempo y por cosas que suceden en mi vida y me han desanimado, desviado de mis ideas. Por el exceso de trabajo, por como van las cosas hasta el momento, es que debo decirles que se me hace imposible escribir una "superproducción", esos fics de más de 20 capítulos. Soy sincera, creo que no podría llevarlo acabo a pesar de que tengo mil ideas para mil historias más... aunque... no sé, quien sabe, tampoco me niego rotundamente a eso puesto que muchas veces mis ansias por escribir me supera y me digo: "Al diablo todo que espere lo demás..." jaja... así que no sé... de todas formas agradezco su compañía y también por ser tan fieles a nuestros queridos personajes Inuyasha y Kagome. Yo los adoro y son los únicos que han logrado inspirarme todos estos años para escribir historias. No puedo escribir fics de otros personajes porque no me llenan. Inuyasha y Kagome sí.

Nos vemos y cuídense muchísimo, cualquier cosa ya conocen mi correo... si quieren publicar el fic o alguno de los otros en una página ruego dar sólamente el link. No quiero tener problemas por avisos de plagios y todas esas cosas que me incomodan tanto como a los que ya leyeron la historia.

Gracias por todo, besitos y abrazos a la distancia y... ¡Viva Inuyasha y Kagome!

Lady Sakura Lee

24 Mayo de 2009